  Acto III
El teatro representa un salón de un
antiguo castillo de moros. Cerca de los espectadores, y a su mano derecha, se
hallan situados el aposento de
MULEY CARIME y el de
ZULEMA, cuyas puertas están cubiertas con
tapices. En el mismo lado se ve un antiguo reloj, apoyado contra una columna; y
en el lado opuesto dos ventanas, por las que se descubre una parte de la villa,
alumbrada con el reflejo de la luna. En el fondo del salón, que termina
en arcos sustentados en columnas, se ven a entrambas manos dos escaleras
paralelas, que conducen a una galería transversal, elevada sobre el
nivel del teatro, y en cuyo promedio desemboca un largo corredor. Debajo de la
galería, entre las dos escaleras, se descubre la entrada de los
subterráneos, resguardada con verjas de bronce. Una gran lámpara,
colgada de la bóveda, alumbra una parte de la estancia.
Escena I
|
|
|
ABEN HUMEYA,
ZULEMA,
FÁTIMA, Mujeres y esclavas.
|
|
|
ABEN HUMEYA,
ZULEMA y
FÁTIMA están sentados en almohadones a
un lado del teatro; a cierta distancia se ve un grupo de mujeres y esclavas, de
las cuales una está cantando y las otras acompañándola con
tiorbas.
|
ROMANCE MORISCO
|
|
| Al dejar Aben Hamet |
|
| por siempre a su amada patria, |
|
| a cada paso que da |
|
| el rostro vuelve y se para; |
|
| mas al perderla de vista, |
|
| las lágrimas se le saltan; |
|
| y en estos tristes acentos |
|
| despídese de Granada: |
|
| «A Dios, hermoso vergel, |
|
| tierra del cielo envidiada, |
|
| donde por dicha nací, |
|
| donde morir esperaba; |
|
| de tu seno y de mi hogar |
|
| mi dura estrella me arranca; |
|
| y me condena a vivir |
|
| y a morir en tierra extraña... |
|
| Y pues por última vez |
|
| te miro en hora menguada, |
|
| ¡A Dios, Granada, por siempre! |
|
| ¡A Dios, patria de mi alma!...» |
|
|
|
| «Una y otra primavera, |
|
| errando triste en la playa, |
|
| las golondrinas veré |
|
| dejar la costa africana, |
|
| cruzar el mar presurosas, |
|
| tender el vuelo a Granada, |
|
| y el nido tal vez labrar |
|
| en el techo de mi casa... |
|
| ¡Ay, cuánta envidia os tendré, |
|
| Avecillas fortunadas, |
|
| y cuán gozoso mi suerte |
|
| por vuestra suerte trocara! |
|
| Mas vuestra misma ventura |
|
| vendrá a renovar mis ansias, |
|
| sin que en la vida me quede |
|
| ni consuelo ni esperanza...» |
|
| Calló el moro; dio un suspiro; |
|
| y al trasponer la montaña, |
|
| por última vez repite: |
|
| «¡A Dios, patria de mi alma!...»5 |
|
|
|
Escena II
|
|
|
ABEN HUMEYA,
ZULEMA,
FÁTIMA.
|
|
|
A las primeras palabras que pronunció
ZULEMA, levántase
FÁTIMA, y hace que se retiren las
MUJERES y
ESCLAVAS.
|
|
|
ZULEMA.-
Ese romance tiene un acento tan sentido, tan tierno, que llega
al corazón y le lastima... No le oigo cantar ni una sola vez sin que se
me salten las lágrimas...
|
|
|
AUN HUMEYA.-
Es que tú misma como que te complaces en esa tristeza,
que cada día va en aumento a costa de tu felicidad y de la
mía.
|
|
|
ZULEMA.-
Al contrario, hago cuanto está de mi parte por alejar de
mi alma todo lo que puede afligirme...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Tienes algún disgusto, algún pesar
secreto?...
|
|
|
ZULEMA.-
¿Secretos para contigo?... ¿Hablas de veras? En mi
vida he tenido un pensamiento que no sea tuyo. Mas ni yo misma puedo explicar
la causa de esta melancolía que me consume... Con frecuencia me sucede,
durante el curso del día, estar ansiando que llegue la noche, por
descansar siquiera; y si llego a cerrar los ojos, cansada ya y rendida, no hay
sueño triste ni imagen espantosa que no venga a atormentarme, hasta que
despierto sobresaltada... Anoche mismo...; pero no quiero entristecerte.
¡A bien que te veo junto a mí y mi padre descansa allí
tranquilo!
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Mas ahora, ¿qué tienes que temer?...
|
|
|
ZULEMA.-
(Tomándole la mano con
cariño.) ¿Qué tengo que temer?... ¡Tú
no amas, Aben Humeya, tú no amas!... Ahora recuerdo, y con cierta
ternura, la vida sosegada que disfrutábamos en nuestra casa de campo;
allí no tenías enemigos ni rivales; contribuías a la dicha
de muchos; y todo cuanto nos rodeaba anunciaba la paz y la ventura... Pues, a
pesar de todo, ¿lo creerás?, aun allí mismo hallaba
motivos de estar con zozobra... ¡Qué diferencia, querido
mío, qué diferencia! Los pesares de ayer me parecen hoy el colmo
de la dicha... Te lo confieso ingenuamente: desde que ha cambiado nuestra
suerte; desde que te veo rodeado de ese vano esplendor, que tantos peligros
encubre, no preveo sino un cúmulo de desgracias... ¿Eres
tú más dichoso?... Tú no me dirás la verdad; ya lo
sé.
|
|
|
FÁTIMA.-
Pues yo, por mi parte, estoy muy contenta al verme hija de un
rey..., todos me lo dicen; y tengo tanto gusto en oírlo... Lo
único que no puedo sufrir es este castillo..., no sé qué
tiene, tan triste y tan opaco, que me acongoja el alma. ¡Cuánto
más hermosa y alegre era nuestra casa de campo!... Toda ella la andaba
yo, lo mismo de noche que de día; ¡pero aquí no
haría otro tanto por nada del mundo!
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(Sonriéndose.) - No eres
muy valiente, Fátima...; yo creía que las hijas de los reyes no
tenían miedo.
|
|
|
FÁTIMA.-
No es miedo lo que tengo; de veras lo digo; ¡pero he
oído contar cosas tan espantosas!... En este mismo castillo vivió
algún tiempo
Abdilehí el Zagal, a quien maldijo
el cielo por haber prestado ayuda al rey de Castilla...; hasta la piedra en que
solía sentarse se ha vuelto más negra que el humo...; pero lo que
más pavor me causa son esas manchas de sangre de que están
salpicadas las paredes... Yo no quiero a los cristianos... ¡Nos han hecho
tanto mal!... Pero (Dios me lo perdone) cuando recuerdo su degüello, como
que siento lástima...
|
|
|
ZULEMA.-
Calla, hija, calla...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Déjala..., cuando la estoy oyendo, no pienso en nada del
mundo.
|
|
|
FÁTIMA.-
El primer favor que tengo que pediros es que no nos quedemos
aquí..., no seremos felices hasta que perdamos de vista estos muros...
¡Si hubierais oído lo que me decía esta mañana mi
esclava, la vieja egipcia!... Dentro de seis lunas, a más tardar, nos
veremos ya en Granada... ¡A fe mía que entonces no tendré
miedo, y no volveréis a hacer burla de mí...; a media noche he de
recorrer todo el palacio de la Alhambra!
|
|
|
ZULEMA.-
¿Has perdido el juicio, muchacha?
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Déjala por tu vida... ¿Qué te decía
la esclava, hija mía?
|
|
|
FÁTIMA.-
¡Oh! me anunciaba montes y maravillas; y yo le
rogué mil veces que me lo repitiera... «Tu padre, me dijo, se
verá en breve señor de Andalucía, y echará a los
cristianos más allá de Sierra Morena... Por lo que hace a
ti...» Lo que me pronosticó a mí, no me atrevo a
decirlo.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Y por qué?... ¿Era acaso algo malo?...
|
|
|
FÁTIMA.-
¡Malo!, a buen seguro que no; me ha predicho que me
casaré con un gran príncipe... Pero no por eso me apartaré
de vuestro lado, madre mía; mi esposo y yo viviremos en Generalife.
|
|
|
ZULEMA.-
Sin gana me haces reír... En mi vida te he visto tan
alegre.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
También tengo yo mucho gusto en verte a ti menos
triste.
|
|
|
ZULEMA.-
(Volviéndose con inquietud hacia
la galería del fondo.) ¿Qué ruido es
ése?...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
No es nada...; tal vez el viento, que silba en ese
corredor.
|
|
|
ZULEMA.-
Me parecía haber oído pasos...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Y quién pudiera venir a estas horas?
|
|
|
ZULEMA.-
¡Qué sé yo!... Pero me parece como que oigo
rumor más cerca...
(Escuchan con suma
atención.) No me engañaba, alguien viene...
|
|
|
(ABEN ABÓ y
ABEN FARAX se presentan a la salida del corredor, y
aguardan a que
ZULEMA y
FÁTIMA se retiren.)
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Son Aben Abó y Farax.
|
|
|
ZULEMA.-
¿Y qué buscan aquí? Con sólo verlos
me he inmutado toda.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
No tienes por qué asustarte... Ve a recogerte sin el
menor recelo.
|
|
|
ZULEMA.-
A Dios..., hasta mañana.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Hasta mañana... y que te halle yo más alegre.
|
|
|
(Vase
ZULEMA, dejando entrever su inquietud;
ABEN HUMEYA se muestra distraído, como si se le
hubiese ocurrido de pronto un triste pensamiento.)
|
|
|
FÁTIMA.-
¿Y esta noche no hay para mí un beso?...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(Besándola.) Sí,
hija mía..., con toda mi alma.
|
|
|
FÁTIMA.-
Toda la noche voy a estar soñando con el palacio de la
Alhambra.
|
|
|
(Vase, mostrando viveza y regocijo.)
|
Escena III
|
|
|
ABEN HUMEYA,
ABEN ABÓ,
ABEN FARAX.
|
|
|
Entran los dos últimos con paso lento y
aire misterioso, y cada uno de ellos se coloca a un lado de
ABEN HUMEYA.
|
|
|
ABEN ABÓ.-
Te traemos, Aben Humeya, una nueva fatal...
|
|
|
ABEN FARAX.-
Y nos vemos forzados a traspasar con ella tu corazón.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(Con suma presteza.) ¿Ha
muerto mi padre?
|
|
|
ABEN ABÓ.-
Aun estaba ayer vivo.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Pues nada tengo que temer; acabo de separarme en este instante
de mi esposa y de mi hija.
|
|
|
ABEN ABÓ.-
¡Ah! esa misma esposa y esa hija son las que van acostarte
lágrimas de sangre...
|
|
|
ABEN FARAX.-
Su felicidad y la tuya acabaron ya para siempre.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Qué decís?... ¡No más
misterios!... Aun la mayor desdicha la prefiero a esta incertidumbre.
|
|
|
ABEN ABÓ.-
Cuando toques la realidad...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
No importa; quiero saber cuanto haya... Decídlo.
|
|
|
ABEN ABÓ.-
(A
FARAX.) A ti te toca...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Y por qué no lo haces tú?...
|
|
|
ABEN ABÓ.-
Ya adivinarás el motivo, cuando sepas el crimen y el
culpable.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(Con
impaciencia.) ¿Qué crimen, qué culpable?
|
|
|
ABEN ABÓ.-
Han tratado de vendernos con la traición más
negra...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Y por qué temes descubrirla?
|
|
|
ABEN ABÓ.-
Si temo, es sólo por ti...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¡Por mí!... Haces mal, Aben Abó, en tomarte
ese cuidado... Si hay peligros, los arrostraré; si hay culpables,
sabré castigarlos.
|
|
|
ABEN ABÓ.-
Mucho tiempo te ha de temblar la mano, antes que descargues el
golpe...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Decid el nombre del reo, y el rayo no será más
pronto.
|
|
|
ABEN ABÓ.-
Muley Carime... ¿Qué es eso?... ¿Mudas de
color?... Vuelve en ti, Aben Humeya...
|
|
|
ABEN FARAX.-
Nos da lástima verte así.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(Quédase durante unos momentos
desconcertado y confuso; pero recobrándose luego, dice con tono
grave.)
¿Y en qué indicios se funda tan extraña
sospecha?
|
|
|
ABEN ABÓ.-
¡Ojalá que no fuesen más que indicios!...
Hubiéramos podido cerrar los ojos.
|
|
|
ABEN FARAX.-
No son indicios, sino pruebas.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Pero, son ciertas?
|
|
|
ABEN FARAX.-
Irrefragables.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Hay testigos?
|
|
|
ABEN ABÓ.-
Uno.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Y ése le acusa?...
|
|
|
ABEN ABÓ.-
No, que le condena.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Puede engañarse...
|
|
|
ABEN ABÓ.-
No puede.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
O desear su perdición...
|
|
|
ABEN ABÓ.-
A toda costa quisiera salvarle.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Es amigo suyo?
|
|
|
ABEN ABÓ.-
Aun más.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Quién es, pues?
|
|
|
ABEN ABÓ.-
Él mismo. Puedes guardar esa carta, si quieres...; ya es
público su contenido.
|
|
|
(Entrega un papel a
ABEN HUMEYA, quien lo lee para sí, dejando
entrever su turbación.
ABEN ABÓ y
ABEN FARAX le observan con el mayor ahínco, en
tanto que él permanece inmóvil, con los ojos clavados en la
carta.)
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(En un momento de distracción,
mientras está cavilando.) ¡Desventurada... no te
engañaba tu corazón! ¡Bien tienes que llorar!...
(Fija la atención en el papel, como
si volviese a leerle.)
|
|
|
ABEN FARAX.-
Ved cómo aun conservaban esperanzas de volvernos a
someter al yugo... No aguardaban sino un momento de flaqueza para remachar
nuestros grillos.
|
|
|
ABEN ABÓ.-
Mas, por lo menos, no puede tachársele de ingrato... No
te echaba en olvido, Aben Humeya... Solicitaba tu indulto, y se proponía
salvar a tu familia, a costa de nuestra libertad... El ejemplo de Boabdil,
disfrutando en África sus infames tesoros, parecía tentador a los
ojos del pérfido...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(Con tono severo.) Basta.
¿Cómo ha caído en vuestras manos este pliego?...
|
|
|
ABEN FARAX.-
Lara, que era el portador, le ha dejado en el camino.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Dónde le habéis hallado?
|
|
|
ABEN FARAX.-
(Con frialdad.) Sobre su
cadáver.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Y así habéis quebrantado, con una
emboscada alevosa?...
|
|
|
ABEN FARAX.-
Proseguid, Aben Humeya... ¿Porqué os
detenéis?... Cuando se acaba de desbaratar una traición indigna,
cabe oír a sangre fría reconvenciones y cargos. Nosotros
habíamos visto al enviado castellano en plática misteriosa con
Muley Carime, y hasta habíamos cogido algunas palabras sueltas...;
conocíamos a fondo a ese viejo apocado; sabíamos sus designios,
sus antiguos vínculos con Mondéjar... Seguros estábamos de
que no dejaría escapar la única ocasión con que la suerte
parecía brindarle; y tampoco debíamos desperdiciar nosotros la
sola que ya nos quedase para arrancarle la máscara y confundirle...
¿Es culpa nuestra por ventura el que ese castellano orgulloso haya
preferido morir antes que ceder?... Durante su agonía, quiso el cielo
que descubriese el crimen por los mismos medios con que procuraba ocultarle; y
sólo después de su muerte fue cuando hallamos bajo su mano ese
pliego fatal.
(Coloca su mano sobre el pecho, como para
imitar la acción de
LARA.)
|
|
|
ABEN ABÓ.-
Por cierto que no deja ni asomo de duda; el delito está
patente; el mismo reo le ha sellado con su mano...
|
|
|
ABEN FARAX.-
Y debe en breve sellarle con su sangre.
|
|
|
ABEN ABÓ.-
¿Hay alguien que lo dude?... Todo lo hemos aventurado por
salir de tan odiosa esclavitud... ¡Y dejaríamos expuesta nuestra
suerte a las tramas de algunos traidores!... Nadie será osado a
proponérnoslo; no sabríamos nosotros tolerarlo.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Tampoco tolero yo advertencias ni amenazas... Ya habéis
cumplido con vuestro deber; yo cumpliré con el mío. Idos.
|
|
|
ABEN ABÓ.-
No ha sido nuestra intención dirigiros advertencias ni
amenazas... Mas, ¿es seguro empezáis tan pronto a reputar como
insulto el recordaros vuestros juramentos?...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
No los he echado en olvido, para que sea menester
recordármelos.
|
|
|
ABEN ABÓ.-
Quien vacila al cumplirlos, no está ya lejos de
olvidarlos.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Aun menos lejos está de castigar a un insolente.
¡Idos... idos!...
(Apártase, descubriendo su ira.
FARAX coge del brazo a
ABEN ABÓ, y se le lleva
consigo.)
|
|
|
ABEN ABÓ.-
(Deteniéndose un poco en medio del
camino.) ¡Cuánto me cuesta refrenar mi justa
indignación!
|
|
|
ABEN FARAX.-
Vamos, y no malgastemos el tiempo... Ve a ponerte al frente de
nuestros parciales... Yo voy a posesionarme de las salidas secretas del
castillo.
|
|
|
ABEN ABÓ.-
(Al alejarse.) ¡Pronto
volveré!
|
|
|
(Vanse.)
|
Escena IV
|
|
|
ABEN HUMEYA.
|
|
|
Aparece muy agitado: ya se pasea
apresuradamente, ya se para de pronto; corta sus discursos, y vuelve luego a
proseguirlos; muestra, en fin, de todos modos las dudas e incertidumbre con que
está batallando su ánimo.
|
|
|
[ABEN HUMEYA.- ]
¿Qué has hecho, desdichado, qué has
hecho?... ¡Me has entregado indefenso en manos de mis enemigos... Pero no
lo habrás hecho impunemente, no; ¡yo arrojaré tu cabeza
sangrienta a la cara de esos audaces! ¿Y por qué dudo ni un
momento siquiera?... ¡Nos ha vendido; pues que muera!... ¿Cabe
nada más justo?... Este ejemplar contribuirá también a
impedir otras tentativas culpables, cerrará la boca a mis émulos,
afirmará mi trono... Mas, ¿es seguro que lo afirme?... ¡En
mi familia, en mis hogares, va a mostrarse a los pueblos indignados el primer
traidor a la patria; desde el mismo cadalso llamará
hijos suyos a mis propios hijos!... Tal vez
es eso lo que con más afán anhelan esos pérfidos; les
duele en el alma no verme ya humillado a los ojos del pueblo, para socavar con
el desprecio mi autoridad reciente, mientras hallan ocasión de
derribarla. Desean verme sonrojado, al pronunciar el nombre del reo, y que
vuelva a mi casa, lleno de dolor y vergüenza, para hallar, en vez de
consuelo, las quejas y reconvenciones de mi afligida esposa... No; ¡viva,
viva!... Es preciso salvar al padre de mi mujer... y que el gozo de mis
enemigos no sea tan colmado. Pero ¿de qué arbitrio valerme? Ellos
se apresurarán a divulgar la traición; a la hora ésta ya
se sabe la muerte de Lara y la carta que han hallado en su seno. Me
estrecharán a que presente la prueba del delito... ¿Cómo
los desmiento yo? La más leve contradicción, la menor demora me
perdería a los ojos de un pueblo arrebatado, suspicaz, que acaba de
romper sus hierros, y que sufre a duras penas aún la sombra de mando...
En vez de salvarle yo, me llevaría consigo en su caída... Pues
¡perezca, perezca él solo! Mas no acierto a salir de este
círculo fatal; la mancha de su castigo va a recaer sobre mi esposa,
sobre mis hijos, sobre mí... Va a morir siendo el blanco de la ira del
cielo, de las maldiciones de cien pueblos, de los insultos de una turba
desenfrenada... ¡Y yo, su amigo, su huésped; yo, que aun hoy mismo
le apellidaba
padre, tendré que firmar su muerte,
que presenciarla, que aplaudirla!... ¡No; no podría yo sobrevivir
a humillación tan grande! Es forzoso impedirla a toda costa... ¡Un
medio... un medio..., uno solo..., sea cual fuere, y le abrazo al instante!
(Volviéndose hacia el aposento de
MULEY CARIME.) ¡Ah! no es tu vida,
miserable, no es tu vida la que detiene y embaraza mis pasos; ¡te
arrastro como un cadáver, que me han atado estrechamente al cuerpo!
¿Y por qué no me desprendo de él?... Puedo y debo hacerlo;
lo haré. ¡No más indecisión, no más dudas; de
un solo instante puede pender mi suerte... Antes que esos malvados tengan
tiempo de volver en sí; mientras deliberan y traman el plan para
perderme, confundamos sus proyectos con un golpe decisivo... ¿No me
pedíais ahora mismo, no me intimabais con tono imperioso la muerte del
culpable?... Pues bien; aguardad un instante, voy a dejaros satisfechos...; mas
llevará consigo vuestras esperanzas, y las hundirá en el
sepulcro.
|
Escena V
|
|
|
ABEN HUMEYA,
ALIATAR.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¡Aliatar!... ¡Aliatar!...
(Preséntase el esclavo negro,
asomándole un puñal por la faja.) ¿Dónde
están los demás esclavos?
|
|
|
ALIATAR.-
En el patio del castillo.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Estás solo?
|
|
|
ALIATAR.-
Solo.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Nadie nos oye?
|
|
|
ALIATAR.-
Nadie.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Ve, y despierta a Muley Carime... Que venga al punto;
aquí le aguardo.
(Mándale con una seña que
se acerque, y después le dice en secreto:) Tú te
colocarás allá en lo hondo, en lo más oscuro, al
desembocar del corredor... Si le ves salir quedándome yo...
pásale el pecho.
(El esclavo parte con
precipitación.) ¡Aguarda!
(Después de una breve pausa.)
Tu cabeza pende del secreto.
|
|
|
(El
ESCLAVO contesta inclinando sumisamente el cuerpo, y
vase al punto.)
|
Escena VI
|
|
|
ABEN HUMEYA.
|
|
|
Paséase en silencio, suelta las palabras
que siguen, y después se echa en los cojines, abatido y
caviloso.
|
|
|
[ABEN HUMEYA.- ]
¡Durmiendo está con el mayor sosiego... y tal vez
ahora mismo sueña que es feliz!... ¡Conserva tu sueño,
desventurado; consérvale otro instante siquiera!... ¡Vas a
despertar por la última vez!...
|
|
|
(En el intervalo que media entre ambas escenas,
el
ESCLAVO cruza el teatro, y va a colocarse en el puesto
indicado, de suerte que le divisen a lo lejos los espectadores.)
|
Escena VII
|
|
|
ABEN HUMEYA,
MULEY CARIME.
|
|
|
MULEY CARIME.-
¿Qué motivo tan urgente te ha obligado a llamarme
a estas horas?...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Un asunto muy grave, que tengo precisión de
consultaros.
|
|
|
MULEY CARIME.-
Y has querido aprovechar el silencio y la soledad de la noche...
o tal vez ese asunto importante debe estar resuelto antes que raye el
día...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(Señalando el reloj de la
sala.) ¡Mirad allí, mirad!
|
|
|
MULEY CARIME.-
Acaba de dar la una...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Pues antes que dé otra hora, ya ese grave asunto se
verá terminado.
|
|
|
MULEY CARIME.-
¡Terminado!...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¡Y para siempre!
(Quédanse en silencio unos
instantes.)
|
|
|
MULEY CARIME.-
Me parece que estás muy pensativo, Aben Humeya... A pesar
de tus conatos, veo claramente que te aflige una grave pena.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Es un secreto fatal...
|
|
|
MULEY CARIME.-
¿Y por qué tardas en confiármelo?...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
No tengáis tanto afán por saberlo... Siempre tiene
que pesar sobra mi corazón, y no vais a poder con él.
|
|
|
MULEY CARIME.-
Mas, ¿qué secreto es ése?... ¡Ah!
bien te lo había yo dicho: ni el engrandecimiento ni el poder alcanzan a
darnos en el mundo un solo día feliz; has perdido la paz del
ánimo, has comprometido tu suerte; lo has sacrificado todo por un pueblo
inconstante, que te abandonará cuando apremie el peligro...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Y al que he jurado defender aun a costa de mi vida... ¿Lo
habéis oído, Muley Carime?...
Aun a costa de mi vida...
|
|
|
MULEY CARIME.-
¿Y a qué fin me diriges esas palabras?...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Os ruego meramente que las peséis.
|
|
|
MULEY CARIME.-
No te comprendo...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Pues ahora vais a comprenderme. Todo lo he sacrificado por
redimir del yugo a estos pueblos...; vos mismo acabáis de decirlo; y
ellos, a su vez, han depositado en mí su confianza, su poder, su futura
suerte... ¿Cumplirán sus promesas?... ¡Dios lo sabe!... Yo
sé que cumpliré las mías.
|
|
|
MULEY CARIME-
¿Y quién te dice?...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
No me interrumpáis. Yo tengo un padre anciano, cuya vida
me importa mucho más que mi vida... Está entre las garras de mis
enemigos, cargado de cadenas, con la cuchilla a la garganta. Lo sé, lo
sabía cuando di la señal contra sus verdugos; y ellos saben
también el medio de vengarse de mí.
|
|
|
MULEY CARIME.-
Mas, ¿por qué te anticipas a sentir las desgracias
antes de que sucedan?...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Escuchadme un instante, voy a concluir. Yo he agravado el
peligro en que se halla mi padre; cada golpe que descargo puede acelerar su
muerte; y, sin embargo, no he vacilado un punto. ¡Pensad, pensad vos
mismo si habrá algo en el mundo que pueda contenerme!
|
|
|
MULEY CARIME-
¿Por qué me echas esas miradas?...
¿Qué quieres decirme con ellas?
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Ya que os he mostrado hasta el fondo de mi corazón, voy a
consultaros sobre aquel grave asunto... y adivinaréis desde luego
cuáles pueden ser las resultas. En nuestro mismo seno hay un
traidor...
|
|
|
MULEY CARIME.-
¡Un traidor!... ¿Lo sabes de cierto?
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
De cierto. Vos mismo vais también a quedar convencido.
¿Qué castigo merece?...
|
|
|
MULEY CARIME.-
¿Tiene hijos?...
|
|
|
(ABEN HUMEYA se queda callado.)
|
¿No me contestas, Aben Humeya?
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
No los tendrá mañana.
|
|
|
MULEY CARIME.-
(Aparte.) ¡Qué
recuerdo, Dios mío!...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Parece que os turbáis.
|
|
|
MULEY CARIME.-
No por cierto... ¡Compadezco a ese desdichado, soy padre
como él!
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Bien se echa de ver que os inspira mucha compasión...
¿Sabéis por ventura quién sea?
|
|
|
MULEY CARIME.-
¿Y cómo quieres que lo sepa?...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Recapacitad un poco..., recorred vuestra memoria...; tal vez el
corazón os ayudará también...
|
|
|
MULEY CARIME.-
Más fácil sería que tú me lo
dijeses...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿Queréis forzarme a ello?
|
|
|
MULEY CARME.-
Yo no te fuerzo, antes te lo suplico.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Y por mi parte haría el mayor sacrificio a trueque de
evitarlo.
|
|
|
MULEY CARIME.-
¿Y por qué te cuesta tanto pronunciar el nombre
del reo?
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¡Porque al salir de mi boca lleva consigo la sentencia de
muerte!
|
|
|
MULEY CARIME.-
¡La sentencia de muerte!
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Y en el mismo instante.
|
|
|
MULEY CARIME.-
(Con voz alterada.) Mucho me
compadece ese desgraciado, te lo confieso...; mas, puesto que estás
empeñado en decirme su nombre...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Al contrario, no vais a oírle.
|
|
|
MULEY CARIME.-
¿No?
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Vais a verle con vuestros propios ojos.
|
|
|
(ABEN HUMEYA le muestra abierta la
carta;
MULEY CARIME la aparta con la mano.)
|
|
|
MULEY CARIME.-
Basta.
(Después de un corto intervalo, y al
mismo tiempo que mira a
ABEN HUMEYA, señalándole el aposento
de su mujer.)
¿Eres tú el único depositario de este
secreto?
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
También lo saben otros.
|
|
|
MULEY CARIME.-
¿Quién?
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Aben Abó y Farax.
|
|
|
MULEY CARIME.-
Ya sé la suerte que me espera.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¿La sabéis?
|
|
|
MULEY CARIME.-
Y la aguardo tranquilo.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(Echa una ojeada alrededor de la sala,
saca del seno un pomo de oro, le abre y se le da.) Tomad, y salvaos.
(Vuelve a otro lado el rostro y se arroja
sobre los almohadones.)
|
|
|
MULEY CARIME.-
(Toma el pomo, bebe el veneno y clava los
ojos en
ABEN HUMEYA; después se acerca a él
y le dice:) ¡Tú reinarás!
(Ambos permanecen durante unos instantes
en la misma actitud.) ¡Escúchame, Aben Humeya, escucha!...
Me conoces muy tarde... demasiado tarde... ¡Te habías equivocado
en el concepto de que me tenías; pero tu corazón me está
haciendo en este instante plena justicia; él propio me venga, y te
humilla ante mí...; tu mano temblaba más que la mía al
coger el veneno. ¡Muy lejos estaba yo de querer a nuestros opresores...
los aborrecía con toda mi alma, tanto como tú, aun más
todavía... Me han hecho más tiempo infeliz...; pero era padre,
Aben Humeya, era padre, y veía en riesgo a mis hijos...
¡Desventurado! ¡Por tu esposa y por tu hija temblaba, cuando
tú me acusabas, de flaqueza!...
(Reprimiendo su enternecimiento.)
El amor a mis hijas me cuesta la vida; ya lo ves, Aben Humeya, muero
por salvarlas... Mas no quisiera llevar al sepulcro el pesar de haber hecho en
balde tamaño sacrificio... ¿Quieres prometérmelo?...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(Levantándose.) yo...
¿Qué puedo hacer en eso?...
|
|
|
MULEY CARIME.-
Empéñame tu palabra... y veré más
tranquilo acercarse mi última hora.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Si depende de mí...
|
|
|
MULEY CARIME.-
De ti depende.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Pues prometo hacerlo...
|
|
|
MULEY CARIME.-
Y vas a jurarlo en mis manos. Mas, ¿qué movimiento
es ése? Soy yo quien te la presento primero..., estréchala, Aben
Humeya; estréchala sin temor..., aun no está fría!
(Cógele la mano.)
Escúchame ahora... ¡No tiembles y escucha! El estruendo de
las armas va a penetrar muy luego en estas sierras...; los guerreros
pelearán, no lo dudo; ¡pero sus infelices familias!... Por Dios,
no expongas a mi hija, no expongas a la tuya a todos los horrores de una guerra
de exterminio... ¿Cuál sería su suerte si tú
llegaras a faltar? ¡Mira mi destino, Aben Humeya, siempre mi destino!
Ahora mismo temo y tiemblo por ti... Mas en tu mano está templar mi
amargura si llevo conmigo la esperanza de haber logrado mi intento... Yo
había cuidado de fletar en cuanto vi que amenazaban estas revueltas un
barco tunecino, que se halla surto en el puerto de Adra. En pocas horas puede
llegarse a él, y en otras pocas puede llevar a Tánger a tu mujer
y a tu hija...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Bien está; lo haré.
|
|
|
MULEY CARIME.-
Y yo confío en tu palabra. ¡Dentro de mí
mismo llevo el convencimiento de que no te atreverías a
engañarme!
|
Escena VIII
|
|
|
ABEN HUMEYA,
MULEY CARIME,
EL PARTAL, algunos
MORISCOS vienen por el corredor.
|
|
|
PARTAL.-
(Gritándole de lejos.)
¡Ponte en salvo, Aben Humeya, ponte en salvo!...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¡Huir yo!... ¿Dónde está el
enemigo?
|
|
|
PARTAL.-
Ya ha salvado el río, ya se acerca... pero no es
él quien te amenaza, sino nuestros guerreros sublevados.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¡Es posible!
|
|
|
PARTAL.-
Han cundido entre ellos las inculpaciones más atroces;
dicen que tu tío Aben Juhar ha vendido al enemigo el paso del
río; que tú has sido su cómplice...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¡Yo!...
|
|
|
PARTAL.-
Se habla sin rebozo de la traición de Muley Carime...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¡Ah!... ya descubro la mano de los pérfidos... pero
poco les durará el gozo...
(Va a salir.)
|
Escena IX
|
|
|
ABEN HUMEYA,
MULEY CARIME,
EL PARTAL,
EL XENIZ,
ALIATAR, algunos
MORISCOS y un tropel de
ESCLAVOS.
|
|
|
EL XENIZ.-
(Casi sin aliento, desde lo alto de la
galería.) ¿A dónde vas?... ¡Detente!... No
hay que perder un solo momento... Ya vienen a asaltar el castillo... Hasta
tienen la avilantez de pedir tu cabeza...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
Voy yo mismo a llevársela. ¡Mis armas!
|
|
|
(ALIATAR va corriendo a
buscarlas.)
|
Escena X
|
|
|
Los dichos, excepto
ALIATAR.
|
|
|
EL XENIZ.-
Aben Abó y Farax acaudillan a los sublevados...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¡Mis armas!... ¿En dónde están mis
armas?
|
|
|
(Otros dos
ESCLAVOS van por ellas.)
|
|
|
PARTAL.-
Aun tenemos una retirada segura por ese camino
subterráneo...
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¡Mis armas!
|
Escena XI
|
|
|
Los dichos.
ALIATAR.
|
|
|
Saca
ALIATAR un alfanje y un puñal, y los da a
ABEN HUMEYA.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(Desnudando el acero, y arrojando lejos
la vaina.) Mucho tengo que agradecerte, destino mío... voy a
derramar con mi propia mano la sangre de esos dos traidores o a morir como
rey.
|
Escena XII
|
|
|
MULEY CARIME,
ZULEMA.
|
|
|
ZULEMA.-
(Al abrir la puerta.)
¿Qué ruido es ése? ¡Sois vos!
|
|
|
MULEY CARIME.-
(Aparte.) ¡Mi hija!...
¡Dios mío!
|
|
|
ZULEMA.-
Me pareció que había oído la voz de
mí esposo... En este mismo instante estaba pensando en los dos.
|
|
|
MULEY CARIME.-
¡En los dos!
|
|
|
ZULEMA.-
¿Por qué no?... Yo nunca separo a entrambos en mi
pensamiento ni en mi corazón... ¡Todas las noches, antes de
dormirme, ruego a Dios por vos y por él!
|
|
|
MULEY CARIME.-
¡Zulema!...
|
|
|
ZULEMA.-
Me parece que estáis contristado, y que os cuesta trabajo
contener vuestras lágrimas... ¿Nos amenazan más
desdichas?...
|
|
|
MULEY CARIME.-
No te inquietes..., sólo tengo que decirte que voy a
ausentarme...
|
|
|
ZULEMA.-
¡Ausentaros!... ¿Y qué causa tan urgente
puede obligaros a ello?
|
|
|
MULEY CARIME.-
Es necesario, hija mía...
|
|
|
ZULEMA.-
¿Lo sabe mi esposo?
(MULEY CARIME no responde.)
¡Ah! no me queda duda, él es quien os lo ha mandado...
Pero no se verificará, no; yo sabré impedirlo.
(Va a ir al instante, mostrando
resolución y confianza.)
|
|
|
MULEY CARIME.-
(Con tono grave.) Detente...
¿A dónde vas?
|
|
|
ZULEMA.-
(Con abatimiento.) En busca de mi
esposo... ¿No me es lícito rogarle por mi padre?
|
|
|
MULEY CARIME.-
Es inútil, mi querida Zulema..., del todo
inútil...
|
|
|
ZULEMA.-
No lo creáis; es el único favor que le he pedido;
y a él le consta lo mucho que yo os amo... ¡Lejos de vos, lo digo
con toda mi alma, no podría yo sobrellevar la vida!
|
|
|
MULEY CARIME.-
¿Y a qué vienen ahora esas lágrimas?...
|
|
|
ZULEMA.-
No lloro...; pero me siento enternecida siempre que se me ocurre
un pensamiento muy triste... ¡Dios, Dios sabe lo que le he pedido mil
veces!...
(Coge con la mayor ternura la mano de su
padre.) Y me lo concederá..., sí, me lo
concederá... Ya he llorado a mi madre, a mi pobre madre..., y el
corazón me dice que no tendré que llorar más que a
ella.
|
|
|
MULEY CARIME.-
(Desasiéndose de su hija, y
echándose en el sofá.) ¡Esto ya es demasiado, Dios
mío, demasiado!... Ten lástima de un padre...
(Después de un corto
intervalo.) Ven, Zulema, acércate...
|
|
|
ZULEMA.-
(Con viveza.) ¿No os
iréis?...
|
|
|
MULEY CARIME.-
Es preciso, hija mía...
|
|
|
ZULEMA.-
Pero, a lo menos, volveréis pronto...
|
|
|
MULEY CARIME.-
¡Pronto!
|
|
|
ZULEMA.-
Mas, ¿qué quiere decir esa amarga sonrisa?... La
sangre se me ha helado en las venas.
|
|
|
MULEY CARIME.-
Tengo necesidad de recogerme un poco..., es fuerza separarnos.
(Levantándose.) Tus
palabras me traspasan el corazón; y no tengo la fortaleza necesaria...
Tú llenas de amargura mis últimos momentos...
|
|
|
ZULEMA.-
(Con sobresalto.) ¡Los
últimos!...
|
|
|
MULEY CARIME.-
(Volviendo sobre sí.) Los
últimos que me quedan antes de separarnos...
(La abraza con la mayor ternura.)
A Dios, Zulema, quédate con Dios. ¡Él será tu
padre... como lo es de todos los desdichados!
|
|
|
ZULEMA.-
¿Qué quieren decir esas palabras misteriosas, ese
acento tan desconsolado?... ¿Tal vez os amenaza algún
riesgo?...
|
|
|
MULEY CARIME.-
No, hija, ninguno...
|
|
|
ZULEMA.-
Sin duda os aflige algún triste presentimiento...
¡Si os viese yo en este instante por la última vez! ¡Ah! no,
padre mío, no; de aquí no saldréis...
(Échase de pronto a los pies de su
padre y abraza sus rodillas.)
|
|
|
MULEY CARIME.-
Déjame, hija, déjame..., por Dios te lo pido...;
me estás haciendo sufrir mil veces la agonía de la muerte.
|
|
|
ZULEMA.-
Aguardad siquiera a que amanezca... Pasaremos juntos algunas
horas más... ¡Prepararé mi ánimo a esta
separación cruel!...
|
|
|
MULEY CARIME.-
No, hija, no puede ser...; ya me están aguardando...
|
|
|
(Dan las dos en el reloj de la sala;
MULEY CARIME se muestra como herido de un rayo, y cae
sobre los almohadones.)
|
|
|
ZULEMA.-
¿Por qué os habéis estremecido?...
(Mirando al reloj.) Es el reloj,
que acaba de dar la hora...
(Volviendo hacia su padre.) Mas,
¿qué veo?... Habéis perdido el color, y estáis todo
inmutado... Claváis en mí los ojos, y ni siquiera derraman ya una
lágrima...
(Levántase despavorida.)
¡Aben Humeya!... ¡Aben Humeya!...
(MULEY CARIME pone su mano en la
boca de su hija como para impedirle que grite; ella la aparta con
horror.)
¡Dios mío!... ¡Está su mano
helada!...
|
|
|
MULEY CARIME.-
¡Hija mía... hija!
|
|
|
ZULEMA.-
Respirad, respirad libremente...; no nos separaremos...; donde
quiera que vayáis, os seguiré yo.
(MULEY CARIME la mira con
extrema ternura y cogiéndole la mano la aplica a su corazón.)
Sí, ya lo sé...; ahí estoy..., ahí
estoy para siempre...
|
|
|
MULEY CARIME.-
(Con un hondo quejido.)
¡Para siempre!
(Expira.)
|
|
|
ZULEMA.-
¡Padre... padre! ¿No me respondéis?...
¡No conocéis ya a vuestra hija! ¡Ven, Aben Humeya, ven a
socorrerme...; mi padre ha muerto!
|
|
|
(Cae postrada a los pies de
MULEY CARIME. Después de un breve silencio
óyense a lo lejos, hacia el fondo del teatro, algunos tiros de arcabuz,
y luego resuenan golpes repetidos hacia el lado del aposento de
ZULEMA.)
|
Escena XIII
|
|
|
Los dichos.
FÁTIMA, la
ESCLAVA VIEJA, mujeres y esclavas.
|
|
|
(Salen todas con la mayor
consternación.)
|
|
|
MUJERES Y ESCLAVAS.-
(Al tiempo de salir.)
¡Salvémonos!
|
|
|
(Corriendo hacia
ZULEMA.)
|
¡Madre!...
(Al ver a
MULEY CARIME, vuélvese atrás
horrorizada, y va a acogerse junto a la esclava vieja.) ¡Ay, Dios
mío!...
|
|
|
ESCLAVA VIEJA.-
No te asustes, Fátima...; es sólo un desmayo.
|
|
|
(Las
MUJERES y las
ESCLAVAS acuden a
ZULEMA y la levantan; una de ellas desprende su velo y
lo echa sobre la cabeza de
MULEY CARIME;
FÁTIMA se arroja en brazos de su madre, que por
el pronto no da señales de vida. Redoblan con más fuerza los
golpes.)
|
|
|
UNA DE LAS MUJERES.-
¡Escuchad..., escuchad! Van a echar la puerta al suelo...;
ya se oye el ruido de las armas...
|
|
|
MUJERES Y ESCLAVAS.-
¡Huyamos!
|
|
|
FÁTIMA.-
¡Venid, madre, venid!
|
|
|
ZULEMA.-
(Vuelve poco a poco en sí, y mira
como asombrada en derredor.) ¡Eres tú, hija mía!...
¡Sí, no hay duda; tú eres! ¡Te estoy viendo, te toco,
te escucho en mi seno...; al fin logro llorar...
(Se deshace en lágrimas, abrazada
de
FÁTIMA.)
|
|
|
ESCLAVA VIEJA.-
¡Venid, por Dios os lo ruego, venid! El menor retardo
pudiera costaros la vida.
|
|
|
ZULEMA.-
¿Dónde está mi esposo?
|
|
|
ESCLAVA VIEJA.-
Va a volver al instante.
|
|
|
ZULEMA.-
¿Dónde está?
|
|
|
ESCLAVA VIEJA.-
Ha ido a apaciguar el tumulto.
|
|
|
ZULEMA.-
Voy a buscarle.
|
|
|
FÁTIMA.-
(Deteniéndola.) ¿A
dónde vais?
|
|
|
ESCLAVA VIEJA.-
Ocultémonos en esos subterráneos; y en logrando
escapar por el pronto, él vendrá después a salvarnos.
|
|
|
MUJERES Y ESCLAVAS.-
¡Ocultémonos!...
|
|
|
(La
ESCLAVA VIEJA va delante;
ZULEMA la sigue, apoyada en su hija, y rodeada de
mujeres y esclavas. Al mismo tiempo que van a entrar en el subterráneo,
sale de él Aben Farax, seguido de gran número de conjurados, con
sables desnudos y hachas ardiendo; las mujeres esclavas arrojan un grito y
huyen despavoridas, arrollando consigo a Fátima y a Zulema; pero
ésta se desase de ellas y se queda sola en medio del teatro.)
|
Escena XIV
|
|
|
ZULEMA,
ABEN FARAX, conjurados.
|
|
|
ABEN FARAX.-
(Con acento fuerte, al tiempo de
salir.) ¿Dónde está el tirano? ¡Quizá
va huyendo con esas mujeres; pero no se librará de la muerte!
|
|
|
ZULEMA.-
¿A quién buscas, monstruo sanguinario?
|
|
|
ABEN FARAX.-
(Sin parar la atención en
ZULEMA.) ¡Entrad a hierro y fuego, y
registradlo todo!
|
|
|
(Va a partir seguido de algunos
CONJURADOS; los demás se van precipitadamente
por varias puertas.)
|
|
|
ZULEMA.-
(Poniéndose delante.) No;
de aquí no pasarás. Tú buscas a mi esposo para darle
muerte.
|
|
|
ABEN FARAX.-
(Señalando, el
cadáver.) ¡A tu esposo! Di más bien al asesino de
tu padre.
|
|
|
(Desvíala con violencia, y desaparece al
punto, seguido de los que se habían quedado con él.)
|
Escena XV
|
|
|
ZULEMA.
|
|
|
[ZULEMA.- ]
(Quédase al punto inmóvil,
como sobrecogida y pasmada; después va volviendo en sí, y luego
cae en una especie de delirio.) No hay duda; él ha sido...,
él ha sido...; todo lo recuerdo ahora, todo lo veo claro; hasta el fondo
del abismo veo... ¡Este relámpago, me ha abierto los ojos; pero
también me los ha abrasado!
(Vaga por el teatro en la mayor
agitación.) ¡Aben, Humeya... Aben Humeya!... ¡No es
tu esposa, no; la hija de Muley Carime es quien te llama!
|
Escena XVI
|
|
|
ZULEMA,
ABEN HUMEYA, algunos
MORISCOSy una turba de
ESCLAVOS.
|
|
|
Vense entrar huyendo y derrotados a muchos
MORISCOS y
ESCLAVOS, que se dispersan en el teatro y se escapan
por todas partes.
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(Desde lo hondo del corredor.)
¡Aguardad, cobardes, aguardad un momento...; tened siquiera ánimo
para verme morir!
|
|
|
ZULEMA.-
(Corriendo a su
encuentro.) ¡Vuélveme mi padre, Aben Humeya;
vuélveme mi padre!
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(Sorprendido y
turbado.) ¿Qué quieres, desdichada?...
|
|
|
ZULEMA.-
¡Mi padre! ¿Qué has hecho de mi padre?
¡No lo sabes! Ven, ven conmigo...; pronto le hallaremos...
(Coge del brazo a
ABEN HUMEYA, queriendo conducirle por fuerza hacia
donde está
MULEY CARIME.)
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¡Que me pierdes, Zulema, y te pierdes!
¡Déjame!
|
|
|
ZULEMA.-
¡No, no te suelto!... Mientras tenga vida, no he de dejar
de pedirte mi padre!
|
Escena XVII
|
|
|
ZULEMA,
ABEN HUMEYA,
ABEN ABÓ, conjurados.
|
|
|
Suena gran estrépito y vocerío en
el fondo del teatro;
ABEN ABÓ es el primero que se presenta seguido
de muchos conjurados.
|
|
|
ABEN ABÓ.-
¡Deteneos!
(Hace una seña a los suyos, mira
de hito en hito a
ABEN HUMEYA, y en seguida le dice:)
¡Al fin te encuentro, Aben Humeya!
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(Con un acento que la cólera
ahoga.) ¡Ven, traidor, ven...; aun tengo libre esta mano para
pasarte el corazón!
|
|
|
(ZULEMA, fuera de sí,
continúa asida a
ABEN HUMEYA y quiere apartarle de la pelea.
ABEN ABÓ le acomete con ímpetu; el sable
de
ABEN HUMEYA se desprende de su mano herida, va a
cogerle del suelo y
ABEN ABÓ le descarga un golpe
terrible.)
|
|
|
ABEN ABÓ.-
¡Muere!
|
|
|
ZULEMA.-
(Poniéndose de por medio.)
¡No!
|
|
|
(Cae herida mortalmente. Al mismo tiempo se oye
un tiro detrás de
ABEN HUMEYA, que al sentirse herido va a dar un paso
amenazando a
ABEN ABÓ, y cae desplomado.)
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
¡Ay!
|
Escena
XVIII
|
|
|
ABEN HUMEYA,
ABEN ABÓ,
ABEN FARAX, gran número de conjurados.
|
|
|
Salen por todas partes los conjurados con armas
y antorchas.
|
|
|
MUCHOS CONJURADOS.-
¡Muera el tirano!¡Muera!
|
|
|
OTROS.-
¡Viva Aben Abó!
|
|
|
TODOS.-
(Excepto
ABEN FARAX y los de su bando.) ¡Viva
nuestro rey!
|
|
|
ABEN FARAX.-
¡Ya buscáis otro yugo!
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(En la
agonía.) ¡Muero contento..., pronto me seguirás, y
asesinado también...; a estos traidores les lego mi venganza!
|
|
|
ABEN ABÓ.-
¿Qué estás ahí diciendo, miserable?
¡Arrastradle a esos subterráneos, y que en ellos halle su
sepulcro!
|
|
|
(Un grupo de conjurados rodea a
ABEN HUMEYA, y se le llevan moribundo.)
|
|
|
ABEN HUMEYA.-
(Hace señas con su mano
ensangrentada, como si llamase a
ABEN ABÓ, y clama con voz
desfallecida:) ¡Ven, Aben Abó, ven... Ya te aguardo!...
(Expira y le entran al punto en el
subterráneo.
ZULEMA, al escuchar la voz de su esposo, se
arrastra un breve espacio, como queriendo seguirle, y cae luego
exánime.)
|
|
|
ZULEMA.-
¡Aben Humeya!
|
Escena XIX
|
|
|
ABEN ABÓ,
ABEN FARAX, conjurados.
|
|
|
MUCHOS CONJURADOS.-
¡Viva Aben Abó!
|
|
|
OTROS.-
¡Viva nuestro rey!
|
|
|
ABEN ABÓ.-
No, guerreros míos, no...; marchemos contra el enemigo; y
en medio de sus filas asentaré la corona en mis sienes.
|
|
|
(Va a partir con ademán resuelto; Aben
Farax le grita en medio del teatro:)
|
|
|
ABEN FARAX.-
¡Aben Abó!... Mira: ¿ves este reguero de
sangre? Ese es el camino del trono.
|
FIN DEL DRAMA

Aben Humeya o La rebelión de los moriscos
Francisco Martínez de la Rosa ; edición de Marisa Payá Lledó
|







|
|