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HispaniaVolume 73, Number 1, March 1990
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1990
Section I
Section 3
Mirta R. Zidovec SUNY,
Buffalo En el año 1585 Miguel de Cervantes Saavedra publica La Galatea iniciándose con esta novela pastoril en el mundo de la literatura. El género había sido cultivado con antelación por Montemayor, Alonso Pérez, Gil Polo y Gálvez de Montalvo. Parece ser que Cervantes es un mero continuador de un género que gozaba de cierta popularidad durante el Renacimiento, dado que ciertos aspectos de la técnica narrativa que este autor utiliza se encuentran también en los otros autores mencionados, Avalle-Arce notó esta aparente subordinación formal. Sin embargo, reconoce que la originalidad de Cervantes -en el tratamiento de un tema convencional- reside en «la intención que se infunde en lo imitado» (La novela pastoril 198). Cervantes -al igual que Montemayor- se enfrenta, en el tratamiento de la novela pastoril, con el problema de que el mundo y los ideales platónicos allí presentados, chocan con las exigencias propias del género narrativo. Mientras éste requiere acción, a causa de su dinamismo, aquél no la puede proveer, por tratarse de un mundo estático. Avalle-Arce dice que Montemayor resolvió este problema apelando a lo sobrenatural (68-69). Cervantes, por el contrario -demostrando poseer un fino conocimiento de la mente humana y una percepción del tiempo típicamente renacentista- lo hizo mediante el empleo de un juego pendular entre mundos opuestos. En La Galatea lo sobrenatural queda confinado a lo anecdótico -la aparición de Calíope en los funerales de Meliso- y se inserta en el mundo atemporal que se relaciona con el goce estético. Avalle-Arce analizó el problema planteado por la estructura dual de La Galatea -el mundo mítico y poético y la circunstancia real- y el movimiento pendular observado entre ambos. Este autor llega a la conclusión de que Cervantes fracasa en su intento de «recrear una realidad integral» porque «la armonía del cosmos poetizable no se logra, y a lo más que se llega es a adosar opuestos» (La novela pastoril 225). Esta crítica se divide en dos aspectos importantes que merecen ser analizados separadamente. En primer lugar, Cervantes fracasaría en su intento de recrear una realidad integral. Por ello, fracasaría también en la búsqueda de la recuperación de una armonía cósmica con claras reminiscencias platónicas. En segundo lugar, Cervantes sólo habría logrado «adosar opuestos». Con respecto al primer problema, el fracaso de Cervantes es más aparente que real. La realidad artística que Cervantes intenta plasmar a través del ejercicio riguroso de su arte no puede ser integral, en el sentido que quiere Avalle-Arce, porque este tipo de realidad no existe dentro del complejo macromundo de la narrativa cervantina. El arte de Cervantes consiste en crear la pluralidad de realidades a las que se enfrenta el hombre, las cuales se acoplan en un juego no siempre armónico. Esta es la última verdad a la que aspira el autor2. Para poder dar una forma artística a la pluralidad de realidades, Cervantes apela a la utilización de una serie infinita de micromundos -las historias interpoladas- dentro del infinito universo de la novela pastoril. Esta estructura encuentra sus bases filosóficas en las ideas de Giordano Bruno3. Este filósofo renacentista hizo de la idea de la infinidad de mundos dentro de un universo infinito la base de su filosofía. En Causa, Principio y Unidad llegó a la conclusión siguiente:
Esto nos lleva al segundo problema planteado por Avalle-Arce. En la estructura de La Galatea, Cervantes va más allá de una simple yuxtaposición de opuestos, como va, también más allá de la configuración de una simple novela pastoril. Este autor trata de encontrar el punto de unión entre dos mundos opuestos, que son recorridos incansablemente por la mente humana; el del eterno presente y el que se encuentra sumergido inexorablemente en el devenir del tiempo4. El juego pendular entre lo eterno y lo temporal -que se da a través de la estructura deliberada de La Galatea- es una expresión de las inquietudes temporales del hombre renacentista. El delicado tapiz de La Galatea se construye, entonces, sobre un fundamento de orden temporal que explica la estructura bipolar y las tensiones que ésta crea, como así también, la ubicación de las historias intercaladas y el destino final de algunos personajes. Demostrar estas premisas es el propósito fundamental de este trabajo. En la concepción del tiempo el hombre renacentista se diferenció profundamente del hombre medieval. Durante la Edad Media los cambios sociales fueron muy lentos y floreció consecuentemente la transmisión de mitos acerca de un pasado estático. La sociedad del medioevo -gobernada por la costumbre- no estaba capacitada para distinguir las diferencias entre el pasado y el presente. Por otra parte, esta mentalidad simbólica del hombre medieval lo apartaba del pensamiento causal, según observa el historiador Johan Huizinga (333-87). Después de la Edad Media cristalizan nuevos pensamientos filosóficos. Con el advenimiento de la nueva era se destruye, también, el andamiaje medieval que proveía al hombre de cierta seguridad. Este comienza a adquirir una nueva conciencia del paso del tiempo secular. Su visión del universo también sufre modificaciones. El hombre del Renacimiento veía al universo como una estructura que había dejado de ser sólida y permanente para pasar a ser «un universo... enteramente sujeto a la vicisitud» (Poulet 8). Es decir, éste es un universo en el que reina el tiempo y la idea de destrucción que éste conlleva por oposición a lo permanente o atemporal. La visión renacentista de un universo sujeto totalmente a la vicisitud se produce como consecuencia de una contracción progresiva de la realidad y una separación de los órdenes de existencia. Aristóteles contrajo el reino del ser definido por Platón. Su racionalización del mito de la creación dejó una realidad inmanente irrevocablemente dividida entre lo eterno y lo temporal, idea intemporal y realidad, teoría y práctica (Gunnell 228-29). Esta no era la solución platónica. Para Platón, el ser en el mundo poseía identidad en cuanto participaba del Ser fundamental. Esta era la solución corporizada en el mito integral, que al articularse tomaba en cuenta la diferenciación de los órdenes de existencia. Pero la solución platónica permitía salvar la brecha entre el Alma y los seres, la eternidad y el tiempo. Además Platón postulaba que el cosmos, el Estado y el hombre se mueven entre los polos del orden y el desorden. Pero el Hombre podía extender el orden al reino de las acciones humanas salvándose, de esta manera, del caos y la destrucción (Gunnell 226). Con Aristóteles la brecha se vuelve insalvable. El problema del dualismo creado por Aristóteles reside en lo siguiente: este filósofo despojó a lo Eterno platónico de realidad y ésta, a su vez, se redujo a lo inmanente. Se produjo así una tensión entre lo universal y lo particular, la esencia y la existencia, lo eterno y lo finito. Al dejar la eternidad de apoyar el mundo temporal en su realidad, lo temporal y lo atemporal entraron en colisión (Gunnell 228-32). En la Edad Media la Iglesia apareció como el pilar o punto de unión que podría salvar la brecha entre la eternidad y el individuo sumergido en el tiempo. Gunnell dice que su organización la hizo aparecer como «un orden impersonal y atemporal que ataba los dos órdenes de existencia y anulaba el pasaje del tiempo» [La traducción es mía] (242). Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos neoplatónicos de San Agustín, el tiempo y la eternidad comenzaron a tener una validez independiente. La síntesis intentada por Santo Tomás, a pesar de rivalizar con la síntesis platónica, también fracasó. Fe y razón, trascendencia e inmanencia, eternidad y tiempo se separaron y existieron uno al lado del otro en un estado de tensión que no se resuelve hasta el Renacimiento (Gunnell 240-45). El fin del escolasticismo medieval y el renacimiento de las letras se asocia con la figura del cardenal neoplatónico Nicolás de Cusa.
Este filósofo y teólogo «aceptó a la eternidad y al tiempo, la fe y la razón como áreas diferenciadas pero a la vez complementarias de experiencia sin que ninguna impusiera límites sobre las otras en sus respectivas esferas» (Gunnell 244) [La traducción es mía]. Según Fraser, Nicolás de Cusa encontraba la síntesis de los opuestos, lo grande y lo pequeño, lo eterno y lo temporal, en Dios (Of Time, Passion, and Knowledge 20-30). Como vemos, casi todos los grandes sistemas filosóficos occidentales dirigen sus esfuerzos a intentar salvar la brecha abierta entre los dos órdenes de existencia. Los hombres del Renacimiento aprendieron, como Nicolás de Cusa, a vivir con ambos mundos. Para ellos, Dios sostenía la estructura universal y el hombre conocía el universo y lo ordenaba. Pero como el hombre siempre está propenso a caer en el desorden, el pensador renacentista se vio obligado a darle un nuevo sentido y un nuevo orden al universo y a los asuntos humanos; de lo contrario podía llegar a desaparecer en la infinitud del tiempo. El hombre, entonces, se transformó en un dios que actuaba en el mundo, encerrado en el tiempo y por el tiempo y forzado, por lo tanto, a crear orden ante el desorden creado por la fortuna y por la historia. El hombre renacentista combinaba la angustia que le producía su condición mortal con el gozo de ser el creador de su propio destino (Gunnell 244). En su búsqueda última utiliza el arte como herramienta de creación del orden y de su destino personal. El arte renacentista que aplica la mimesis, nos muestra universos donde el hombre ha logrado sustraerse al caos que es uno de los peligros que trae el tiempo. Cervantes compartía estas ideas y juega con ellas en La Galatea para repetirlas de forma más compleja en su obra maestra Don Quijote de la Mancha. Fraser dice que el artista ayuda al hombre a sumergirse en estados temporales de éxtasis -donde el tiempo parece no transcurrir- a través de la poesía, la música y la danza. Esta inmersión de la conciencia en lo atemporal le permite luego al hombre regresar al presente, con una nueva visión del mundo. La prosa, en cambio, al transmitir ideas dirigidas predominantemente al intelecto, no produce el éxtasis que le permite al hombre escapar de su percepción del devenir del tiempo (Time as a Conflict 281-82). Cervantes -como hombre con mentalidad renacentista y como artista creador- veía el tiempo y la eternidad como áreas complementarias de experiencia que recorría la mente humana. En concordancia con las ideas de Giordano Bruno trató, entonces, de encontrar el punto de unión de estos conceptos opuestos. Una de las técnicas que emplea en La Galatea para ello, es el balance entre prosa y verso, poesía y narrativa, que si bien constituyen una de las características de la novela pastoril, en última instancia representan la expresión de dimensiones temporales diferentes. La poesía de La Galatea expresa el mundo emotivo, atemporal, de los personajes y constituye por sí una cosmología indispensable para poder comprender el mundo de la prosa que transmite las ideas temporales de vicisitud e historia. La tensión provocada por las historias narradas en prosa se compensa con el momentáneo éxtasis atemporal producido por la poesía sobre el lector. La estructura dual de La Galatea -poesía y prosa- produce en el lector un vaivén mental entre dos modos temporales diferentes, logrando en su instancia final el goce estético5. Sin embargo, los logros de Cervantes como artista no se limitan a este aspecto exclusivamente. Otra de la técnicas utilizadas en la búsqueda del punto de unión entre lo temporal y la eternidad, consiste en la ubicación precisa y la función de las historias intercaladas. En La Galatea, Cervantes nos introduce en el mundo pastoril donde los pastores viven en la eternidad del tiempo primordial. Este mundo pastoril es en realidad un mundo mítico en el cual el tiempo no es tiempo en su devenir sino «tiempo intemporal», eterno presente. Janis P. Stout nos recuerda que la dimensión espacial es, convencionalmente, una metáfora de la dimensión temporal (110-11). En La Galatea este principio se cumple rigurosamente. En el espacio confinado a las «riberas del Tajo» se vive en eterna primavera y en él sólo caben las quejas de amor sin esperanza. En el monte que rodea a este espacio, en cambio, reina el tiempo en su devenir. Desde las primeras líneas en prosa de
La Galatea, Cervantes nos advierte su
intención de sacar a los pastores de su eterno presente, donde todo
cambio es imposible. El narrador informa al lector que a Elicio «los
discursos del tiempo,
consumidor y
renovador de las humanas obras, le trujeron
a términos que tuvo por dichosos los
infinitos y desdichados en que se
había visto» (16) [El énfasis es
Lo hasta aquí delineado explica la ubicación y el tema de la primera historia intercalada que ha provocado la perplejidad de la crítica por su contenido de violencia. Avalle-Arce dice que los cánones poéticos que condenaban la violencia pastoril no eran desconocidos por Cervantes. Sin embargo, el autor los viola expresamente cuando permite el asesinato de Carino por Lisandro (Introducción a La Galatea xi). Cervantes provoca deliberadamente el desmoronamiento de los cánones poéticos porque persigue un fin ulterior que se encuentra más allá del simple esquema pastoril. Su propósito es poner en contacto a estos dos mundos extremos, el atemporal y el histórico que coexisten en la mente humana. Cervantes encuentra el punto de unión entre los dos mundos con la contemplación del asesinato de Carino porque, como dice Fraser, el hombre adquiere la idea de lo temporal a través de su contacto circunstancial con la muerte (Of Time... 422). Elicio y Erastro, los pastores enamorados de Galatea, están juntos cantando sus quejas de amor. En este mundo estático la rivalidad amorosa no puede plantearse en términos violentos. Despojados de las bajas pasiones humanas, tienen la capacidad de verse el uno al otro en su real dimensión y por ello es posible la amistad. El espacio estático del mundo pastoril se asemeja al mundo antiguo, el que sólo encontraba significado a su existencia a través de la transmisión oral de los mitos. El hombre -gracias a esa visión mítica- gozaba de una perfecta orientación. Pero esta paz bucólica se ve súbitamente alterada por la irrupción violenta de dos pastores que se persiguen, asesinando uno de ellos al otro, en presencia de Elicio y Erastro. Lisandro y Carino han salido corriendo de un bosque situado a «espaldas» de los pastores Elicio y Erastro. Aquí tenemos la primera referencia explícita de la oposición radical de estos dos mundos. El monte es además el símbolo del caos primordial en el que el mundo histórico siempre está propenso a caer. La introducción violenta de los conflictos temporales en el mundo idílico del pastor provoca el desasosiego de los pastores, porque la muerte ha traído consigo la noción de temporalidad. Gunnell dice que después de esta experiencia el hombre no puede volver a ser parte «del orden de las cosas naturales», ni un solo grupo de símbolos puede abarcar sus múltiples experiencias (7). El asesinato perturba mucho más a Elicio que a Erastro, porque aquél representa al pastor «ideal», mientras que este último -como bien anota Avalle-Arce- posee cualidades que lo aproximan a la realidad histórica. Por eso es Elicio quien sale inconscientemente en busca de Lisandro. Elicio no ha entrado totalmente en contacto con el tiempo en su devenir histórico, que es lo que da nacimiento a la conciencia de una condición humana, pero se interna en «la espesura de un espeso bosque adelante» (La Galatea 30). La palabra clave aquí es adelante, porque ese bosque que representaba el caos temporal opuesto a la inmovilidad del eterno presente, se presenta ahora como posibilidad futura para Elicio. Este pastor volverá a encontrar a Lisandro, pero al comienzo sólo puede escuchar su voz que sale de unas «apretadas zarzas» (31), y no puede verlo, porque ambos están situados en dimensiones temporales diferentes. Elicio escucha como el mal de Lisandro no tiene remedio, porque no es de la clase «de los que el tiempo suele curar» (31). Esto indica un proceso de desintegración total como consecuencia de la violencia de las fuerzas desatadas en el conflicto. Por otra parte es un símbolo renacentista del tiempo como causante de decrepitud y decadencia irreversibles (Fraser, Of Time... 407). El amor, la amistad, el interés, los celos, el
engaño, la venganza y la muerte -todos elementos que aparecen en esta
historia- son símbolos de las funciones del tiempo retratadas por el
arte. Pero Fraser afirma que estos símbolos nos dicen más sobre
las preocupaciones temporales del hombre que sobre el arte y los artistas (Of Time... 409). La preocupación temporal de Cervantes
en el tratamiento de estos temas se refleja en el uso
Elicio comprende que la voz que oye pertenece al pastor asesino, y la canción que éste canta contiene los conceptos del tiempo con su consiguiente dolor y desesperanza:
Elicio no puede comprender el sentido oculto de estos versos que en cierta medida remedan la oposición ya señalada, y a los que debería interpretar como una advertencia. Él penetra en el mundo de Lisandro y, al hacerlo, sale a «un pequeño prado... a manera de teatro» (34-35), donde se encuentra con el pastor inmovilizado en una pose estatuaria. Estas escenas en las que diferentes personajes son descritos a través de elementos tomados de la escultura tienen en La Galatea una gran belleza plástica. Cervantes nos recuerda simultáneamente que el arte es el medio que emplea el hombre para fijar el instante, capturando así una fracción del tiempo que, por su misma naturaleza, es inabarcable. Cuando Elicio penetra en el escenario donde Lisandro está inmovilizado -en una pose de ataque que es la condensación de su historia de violencia y muerte- el espectador pasivo que él representa se incorpora a un nuevo micro-mundo regido por coordenadas temporales diferentes. Por un instante Elicio asumirá un papel activo; no solo inducirá a Lisandro a proseguir su historia sino que además introduce modificaciones en la manera de narrar. Elicio le indica a Lisandro la lectura de la carta que éste había enviado a Leonida ante el intento de este último de omitirla (35). Pero Elicio no puede dejar de ser afectado por ese mundo temporal al que se verá expuesto. Usando las palabras de Louis Le Roy vertidas en On the Vicissitude of Affairs, podemos decir que para Elicio «the memory and knowledge of the past [la historia narrada por Lisandro] is the instruction of the present and the warning of the future» [cit. en Burke (88)]. Lisandro, por su parte, al aceptar las sugerencias del espectador, inicia un movimiento de abandono de su marco de referencia para pasar insensiblemente al mundo atemporal de los pastores, al final de su narración. Tenemos así el mundo mítico, atemporal (Elicio) puesto en contacto con el mundo histórico, temporal (Lisandro) e influyendo el uno sobre el otro a través de la fina línea del arte. Aunque se declara que Lisandro y Leonida son pastores, su linaje no es enteramente pastoril, y la historia se encuadra dentro del género de la novella italiana. Lisandro pertenece a la nobleza y esto le permitirá aspirar al amor de Leonida, hija también de padres ricos y nobles y poseedora de una hermosura sin igual. Este mundo -que al comienzo goza de la paz y la perfección de lo atemporal- se ve súbitamente alterado por la envidia, un elemento de orden temporal que produce la división del pueblo y la enemistad entre las familias de los futuros amantes. La suerte -otra de las formas de la Fortuna- produce el enamoramiento trágico. El desarrollo normal de este micromundo se ve así alterado por las vicisitudes del tiempo, representado por Fortuna. Las acciones que emprenden los personajes de esta primera historia -haciendo ejercicio de su libre albedrío- los conducen al fracaso y a la muerte. A primera vista podría inferirse que la posición de Cervantes frente al destino es fatalista, pero en realidad, lo que este escritor quiere poner en evidencia es que sus personajes fracasan porque sus acciones no están en concordancia con las nuevas exigencias temporales. Esta última idea es una expresión del pensamiento renacentista dominante, como veremos más adelante. Lisandro y Crisalvo -el hermano de Leonida y el enamorado de Silvia- traban amistad interesadamente con Carino -el astuto pariente de esta última- olvidando que las vicisitudes del tiempo habían provocado su enemistad mortal. Crisalvo había humillado a Carino en una pelea, y el hermano de Elicio lo había vencido en amores. Ambos personajes emplean una táctica que no está en consonancia con las nuevas condiciones que, de algún modo, ellos contribuyeron a crear, y por eso fracasan. El suyo es un error de cálculo. Carino, en cambio, porque es astuto, espera el momento propicio para efectuar su venganza, y triunfa. Dice el narrador que
Esta primera historia intercalada encuentra
su paralelo en otra historia posterior -la de
Hemos visto que desde la Antigüedad el mundo estrictamente temporal era considerado con recelo porque implicaba el riesgo constante de la destrucción. El hombre renacentista, sin embargo, confiaba en sus propias fuerzas para mantener el orden dentro de la sociedad. Para la mentalidad renacentista el devenir del hombre y su suerte final no dependía de una fuerza externa sino de un poder interior. Cervantes comparte estas ideas puesto que en los micromundos que él crea siempre hay un espacio para el ejercicio del libre albedrío como medio de contrarrestar las fuerzas del destino. Esto no significa que este autor niegue la ingerencia del destino (Fortuna) en los asuntos humanos sino que cree -como Maquiavelo-que las consecuencias funestas de los cambios de la fortuna obedecen a las decisiones erróneas de los hombres. Por otra parte, el triunfo de los personajes inescrupulosos de estas dos historias en espejo es una confirmación de estas ideas. La forma cervantina de observar y analizar la actuación de la fortuna en la vida de los hombres que permite, sin embargo, el análisis y el cálculo por parte de estos últimos, llevando a unos al fracaso y a otros al éxito, tiene su fundamento en las ideas de El Príncipe. En el capítulo 25 -intitulado «How Far Human Affairs Are Governed by Fortune, and How Fortune Can be Opposed»- Maquiavelo expresa sus preocupaciones temporales. Este autor cree que sólo aquéllos que adaptan sus métodos a los cambios que ineluctablemente trae el tiempo prosperan, mientras que aquéllos cuya política se opone a las demandas de los mismos fracasan (cit. en Burke 77-78). A través de las historias de Carino y de Leonarda, Elicio y Galatea entran en contacto con un mundo donde predomina el claroscuro. En este mundo solo tienen éxito aquéllos que saben manipular y adaptarse a los cambios temporales. Cervantes sugiere que también Leonida -para lograr la satisfacción de su amor- emplea un método equivocado. Lisandro dice que ella «debía considerar... la traición que a sus padres hacía, ... y cuan mala cuenta daba de la opinión que de ella en el pueblo se tenía» (47). Estas palabras en boca de su enamorado, provocan la perplejidad del lector porque reflejan el enjuiciamiento de una conducta que el mismo Lisandro provocó. Lo que ocurre es que a Leonida, el autor también le concede el espacio necesario para ejercitar una elección de su destino adecuada a las condiciones imperantes en ese momento, que son el no carecer de familia y gozar de una buena reputación. Cervantes, a través del narrador, disculpa a Leonida por «simple» y «enamorada», pero no deja de notar que aceptó el engaño de Carino «con menor recelo del que convenía» (49). Cervantes nos está diciendo que los personajes tenían el poder de cambiar los acontecimientos trágicos si hubieran emprendido otras rutas de acción. Todas estas faltas de concordancia entre las acciones adecuadas y el tiempo oportuno para ejercerlas, provocan el desorden que acarrea la destrucción de este pequeño universo. Se produce así el retorno al caos primordial. Maquiavelo piensa que esta amenaza de disolución -siempre presente en el mundo renacentista- obedece a enormes cambios, que el ser humano no puede anticipar, pero que son experimentados por los hombres de todos los tiempos. El hombre del Renacimiento -a pesar de su angustia existencial- era básicamente optimista porque confiaba en las potencias de su ser. El creía que podía escapar de un destino trágico si se abocaba a una búsqueda constante del orden y ejercía adecuadamente su libre albedrío. Estos son los conceptos con los cuales trabaja Cervantes. Cervantes ha enfrentado bruscamente los mundos de Elicio y
Lisandro con la intención de crear una suprarealidad, abarcadora e
integradora de los aspectos míticos y temporales de la mente humana. Su
propósito final es que en ella el hombre encuentre nuevas vías de
acción para la solución de sus problemas y a la vez logre escapar
con éxito de las asechanzas del tiempo. En la creación de esa
suprarealidad Cervantes utiliza como sus herramientas, las imágenes en
espejo. Esta técnica permite la confrontación de los dos aspectos
mencionados en sus instancias más irreductibles, formando la base a
partir de la cual el hombre -sometido a los avatares del tiempo-
La introducción de otras historias y otros tiempos, de violencia humana y de conflicto, de cursos de acción correctos y erróneos constituyen para los pastores que las escuchan, enseñanzas que los ayudarán a escapar del confinamiento del eterno presente hacia un futuro de cambio. Se nota una evolución de los personajes principales, ya que Galatea llegará a aceptar y justificar el uso de la violencia por Artandro, quien rapta a Rosaura (2: 140), y Elicio estará dispuesto a defender a Galatea apelando a la fuerza. El intercambio de cartas entre Elicio y Galatea constituye la imagen invertida del intercambio de cartas entre Lisandro y Leonida y señala el comienzo de un nuevo ciclo temporal al que los pastores ideales se han incorporado. Estructuralmente, las cartas de Elicio y Galatea cierran un período a la vez que inician otro diferente. Dada la capacidad que tiene la mente humana de vagar entre lo eterno y lo temporal, Cervantes trató de encontrar el punto de unión donde se producía el paso de un mundo al otro y lo consiguió a través del perfecto balance entre prosa y poesía, las técnicas del espejo y la ubicación de las historias intercaladas. Con La Galatea Cervantes logró escapar del confinamiento a que lo sometía la estructura de la novela pastoril. Él demuestra, también, tener una preocupación mucho mayor con los efectos que el paso del tiempo (representado por Fortuna) provoca en la vida de los hombres y el modo que éstos perciben y resuelven los conflictos creados por aquél antes de profundizar en los designios del amor. Por esto, La Galatea posee un dinamismo que falta en otras novelas del género. Las preocupaciones temporales del hombre renacentista quedan expresadas a través de la comparación entre el mundo mítico, sin acción y sin conflictos, de los pastores atemporales y el mundo de la historia, que se halla siempre sujeto a la vicisitud y -dado su precario equilibrio- a la destrucción y al caos. Pero en el mundo histórico el hombre dispone del libre albedrío como una herramienta que le permite poder oponerse con éxito a los ineludibles reveses de fortuna que el tiempo suele traer. En el ejercicio de este libre albedrío, el éxito o el fracaso depende de que las acciones que emprendan los hombres estén en consonancia con las nuevas exigencias temporales. Con esto Cervantes demuestra no ser un escritor puramente intuitivo sino estar al tanto de las nuevas orientaciones filosóficas y concordar con ellas. Cervantes prometió en varias ocasiones concluir La Galatea pero no lo hizo, quedando ésta como una obra abierta. A pesar de que el cura de Don Quijote reconoce que Cervantes propuso algo con esta novela y no concluyó nada, la verdad es que al final de la misma los pastores están ya listos para ser arrojados de su eterno presente. Si han conseguido asimilar las enseñanzas de la historia o no, ya nunca lo sabremos, porque la respuesta murió con Cervantes.
OBRAS CITADAS
Avalle-Arce, Juan Bautista. La novela pastoril. Madrid: Revista de Occidente, 1959. ___. Introducción, La Galatea. Madrid: Espasa-Calpe S. A., 1968. 2 Tomos. Bruno, Giordano. Cause, Principle and Unity. Trans. J. Lindsay. London: Background Books, 1962. Burke, Peter. The Renaissance Sense of the Past. New York: St. Martin's Press, 1969. Cervantes Saavedra, Miguel de. La Galatea. 2 Tomos. Madrid: Espasa-Calpe, S. A., 1968. Dudley, Edward. «Don Quijote as Magus. The Rhetoric of Interpolation». Bulletin of Hispanic Studies 49 (1972): 356-68. Fraser, J. T. Of Time, Passion, and Knowledge. Reflections on the Strategy of Existence. New York: George Braziller, 1975. ___. Time as Conflict. A Scientific and Humanistic Study. Basel, Stuttgart: Birkhduser, 1978. Gunnell, John G. Political Philosophy and Time. Middletown, Connecticut: Wesleyan University Press, 1968. Huizinga, Johan. El otoño de la Edad Media. Trad. José Gaos. Madrid: Revista de Occidente, S. A., 1973. Le Rey, Louis. Of the Interchangeable Course of Things in the Whole World. Trans. Robert Ashley. London: Charles Yestweirt, 1594. Maquiavelli, Niccoló. The Discourses of Niccoló Maquiavelli. Trans. Lesley J. Walker. Boston: Rutledge, 1975. Maquiavelo, N. The Prince. (1514). Trans. G. Bull (1961). Poulet, Georges. Studies in Human Time. Baltimore: The John Hopkins Press, 1956. Stout, Janis P. The Journey Narrative in American Literature. London, England: Greenwood Press, 1983. Vasari, Giorgio. Le Vite De'piu Eccellente Pittori, Scultori e Architettori nelli Redazione del 1550 e 1568. Ed. Rossana Dettarini vol. 3. Firenze: Sanzoni Editore 1966.
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