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Al gran señor de l'Asia y venerado
A ti, de alegres vides coronado,
A ti en los versos dulce y numeroso,
A tu divina frente ¡oh poderoso
Aunque en soberbias ondas se revuelva
Baña llorando el ofendido lecho
Castiga el cielo a Tántalo inhumano,
Con presto curso y con veloz denuedo
Con prodigioso ejemplo de osadía
Contienden por morir en importunas
Con una lumbre en la mayor del día,
Crece el insano ardor, crece el engaño
Cuando en horror medroso y ciego espanto
De Alejandro el trasunto, muda historia
De la astuta Licori a los umbrales
De la fenisa reina importunado
Del gran Pompeyo el enemigo fuerte
Del vencedor huyendo, a Lesbos deja
Después qu'en tierno llanto desordena
Detén un poco la cobarde espada,
El griego vencedor que tantos años
El jabalí de Arcadia, el león Nemeo,
El que soberbio a no temer se atreve
El triste fin, la suerte infortunada,
En la pequeña luz de Sesto pone
Enrique, cuatro veces el estío
En segura pobreza vive Eumelo
Este soberbio monte y levantada
Expuesta en firme escollo al mar insano
Julia, si de la Parca el furor ciego
Labra Artemisa el grande mausoleo,
La horrible sima con espanto mira
«Desiertas selvas, monte yerto y frío;
«¿A quién me quejaré del
cruel engaño,
«Tú, de la noche gloria y ornamento,
«Victorioso laurel, Dafnes esquiva,
Las armas tomó aprisa el esforzado
La tirana codicia del hermano,
Mientras llevado de un delfín piadoso
Mientras que de Cartago las banderas
Mira con cuánta prisa se desvía
No los mármoles rotos que contemplo,
No temas, o bellísimo troyano,
Ofrece al fuego la engañada diestra
Oprime el Etna ardiente a los osados
Osaste alzar el temerario vuelo
Otras dos veces del furioso Noto
Presenta ufano a César victorioso
Pudo con diestra lira y dulce canto
Pudo quitarte el nuevo atrevimiento,
Pues ya del desengaño la luz pura
Si pudo de Anfión el dulce canto
Si sobre su cabeza ve pendiente
Sobre el sepulcro del ilustre griego,
Sube gimiendo con mortal fatiga
Tú, a quien ofrece el apartado Polo,
Vierte alegre la copia en que atesora
Viví, y en dura piedra convertida,
Vuelta en cenizas Troya, y su tesoro
Ya el fuerte joven, que con muestra hermosa
Yo vi del rojo sol la luz serena
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