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    Hamlet : tragedia
     de Guillermo Shakespeare ; traducida é ilustrada con la vida del autor y notas críticas por Inarco Celenio [L. Fernández de Moratín] ; edición digital de Juan Antonio Ríos Carratalá
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Notas

160.       Aquí repite Hamlet lo que ha dicho otras veces: culpa su inacción y hace nuevos propósitos de venganza. Las reflexiones de su discurso, o son inoportunas, o encierran malísima doctrina. Fortimbrás que emprende la conquista de un país, que no vale cinco ducados y vio sacrificar veinte mil hombres por un capricho, es un frenético, y su ejemplo no debe ser imitado de ningún Príncipe justo, ni aplaudido de quien tenga sana razón. Los locos y los héroes desprecian igualmente la vida; la diferencia está en que aquellos, la exponen por pequeños motivos, y éstos, (apreciándola en todo lo que vale) hacen de ella voluntario sacrificio, cuando la necesidad de las circunstancias, su obligación, la privada o la común utilidad lo exigen. En tiempo de Shakespeare duraban generalmente recibidas en Europa estas opiniones absurdas, que confundían la temeridad con el valor; Cervantes en su obra inmortal del Quijote dio el primer golpe al sistema caballeresco; la filosofía y las artes, rectificando las ideas y suavizando las costumbres, han acabado lo que él empezó. Sería deseable, no obstante, que por evitar un mal no cayésemos en otro, igualmente funesto; pero, ¿quién sabrá fijar a la opinión sus debidos límites? Ni ¿cuándo el hombre llegará a perfeccionarse sin corromperse?

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161.       Vase Horacio.

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162.       Estos versos y todos los que siguen en el presente acto, los canta OFELIA.

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163.       Dando risotadas.

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164.       En estos versos se alude a una costumbre popular muy antigua en Inglaterra. Las muchachas solteras tenían gran cuidado de ponerse a la ventana o salir a la calle en el primer día de Mayo al rayar el alba, y el joven que las veía primero, aquel creían que fuese el que la fortuna las destinaba para marido u galán.

En una Comedia de Cervantes intitulada Pedro de Urdemalas se hace mención de otra práctica vulgar en España, muy semejante a la que se acaba de referir. Las mozas casaderas se ponían a la ventana en la noche de San Juan, con el cabello suelto, y un pie desnudo dentro de un barreño lleno de agua, y estaban atentas a escuchar el primer nombre que dijesen en la calle, suponiendo que así debía llamarse el que había de ser su marido. A esto aluden los siguientes versos de Benita en la citada Comedia.

Yo por conseguir mi intento

Los cabellos doy al viento,

y el pie izquierdo a una bacía

llena de agua clara y fría,

y el oído al aire atento.

Eres noche tan sagrada

que hasta la voz que en ti suena,

dicen que viene preñada

de alguna ventura buena

quien la escucha guardada.

Haz que mis oídos toque

alguna que me provoque

a esperar suerte dichosa. Etc.

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165.       Se entristece y llora.

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166.       Con mucha viveza y alegría.

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167.       La locura de Ofelia, aunque de nada sirve a la acción principal, es un episodio que produce en la representación admirable efecto. No se caracteriza como la del Príncipe, con bufonadas, ni chocarrerías, ni indirectas amargas; la demencia de Ofelia es verdadera, la de Hamlet mal fingida. La muerte de Polonio inopinada y cruel llena su alma sensible de aflicción, turba su entendimiento, y en cuanto hace y dice lo manifiesta. Se va al campo, y teje guirnaldas y festones de flores y yerbas, que amontona sin elección, con ellos se corona y adorna, vaga inquieta de una parte en otra, sin hallar en nada placer, solloza y ríe, se enfada, tal vez; pero a nadie ofende; pisa y trastorna cuanto halla al paso, enmudece melancólica y prorrumpe después, cantando versos que aprendió en tiempo más feliz, unos alusivos al estado de su corazón, y otros en que no se ve conexión ni objeto; a todos saluda cariñosa, con todos reparte los rústicos dones que lleva en la falda; a cada momento se distrae, habla de su padre y suspira, se acuerda de su hermano, desea verle, y cuando le ve no le conoce. Su risa, sus cantares, su furor, su alegría, sus lágrimas, su silencio, son toques felices de un gran pincel, que dio a esta figura toda la expresión imaginable.

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168.       A HORACIO.

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169.       Suena a lo lejos un rumor confuso, que se irá aumentando durante la escena siguiente.

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     de Guillermo Shakespeare ; traducida é ilustrada con la vida del autor y notas críticas por Inarco Celenio [L. Fernández de Moratín] ; edición digital de Juan Antonio Ríos Carratalá
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