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Notas220. Este nuevo personaje es un cortesano zalamero que afecta cultura y elegancia en el hablar, con poquísimo caudal de talento: así que vierte los dos o tres periodos que llevaba estudiados, se atasca y no sabe qué decir. La presente escena no es más trágica que las anteriores: las voces y frases afectadas de que usa Enrique (en el original se llama Osrick), las réplicas y correcciones de Hamlet, la altercación sobre si el tiempo es caluroso o frío, las instancias cariñosas para que se ponga el sombrero, la burla que de él hace imitando su estilo ponderativo y crespo, son chistes cómicos que sólo tienen el defecto de no ser oportunos. Si el autor no hubiese hecho morir de mala muerte a Polonio, Ricardo y Guillermo, cualquiera de ellos hubiera desempeñado este papel sin necesidad de aumentar personajes; cuyo número, si es excesivo, aun cuando sea necesario, embaraza mucho la fábula. En esta hay treinta y dos interlocutores: no es fácil hacer nada bueno con tanta gente. 221. La voz común de que el corazón no es traidor, carece de fundamento: después de ocurrido un mal se dice que lo anunciaba el corazón, pero antes de suceder no lo adivina. Los presentimientos que anuncian desgracia o felicidad son casi siempre vanos, y si tal vez aciertan, es casualidad no más. La prudencia es la única luz que en tal obscuridad nos guía, y esta nos abandona a lo mejor, y nos engaña. Nuestro destino es ignorar lo que sucederá después, y cuando nos obstinamos en penetrarlo, pasamos de la ignorancia al error. Dispóngase el ánimo a cualquier fortuna, hágase fuerte para sufrir los golpes de la adversidad, aparte de si al temor que anuncia desdichas que no vendrán, o si vienen, nos hace incapaces de tolerarlas; y pues vivimos bajo la mano de una Providencia irresistible, sólo nuestra fortaleza hará menor el número de los males. Tal es la opinión de Hamlet. 222. Hace que HAMLET y LAERTES se den la mano. 223. Al acercarse la catástrofe, hace el autor más amable al protagonista. Hamlet, reconociendo el exceso que cometió, pide perdón a Laertes de haberle ofendido. Su candor y su generoso proceder hacen saltar más la perfidia de sus enemigos que le preparan una muerte tan alevosa. 224. Traen los criados una mesa, y en ella cuando lo manda CLAUDIO, ponen jarros y copas de oro que llenan de vino. CLAUDIO, y GERTRUDIS se sientan junto a la mesa, y todos los demás según su clase ocupan los asientos restantes. Quedan en pie los criados que sirven las copas, HAMLET y LAERTES que se disponen para batallar, y HORACIO y ENRIQUE en calidad de jueces o padrinos. 225. ENRIQUE presenta varios floretes. HAMLET toma uno, y LAERTES escoge otro. 226. Habiendo visto ya la escena de la sepultura y los mojicones, no parecerá tan extravagante como lo es en efecto, el haber introducido un desafío de espada para desenlazar una tragedia. La reina muere por una equivocación, tomando la copa del veneno que estaba prevenido para Hamlet; y es de admirar en esto la falta de precaución de Claudio, y el poco esfuerzo que hace para impedir que beba la reina, a quien ciertamente no quería matar, Laertes muerte también por otra casualidad: ni se alcanza cómo pudo verificarse naturalmente el trueque de las espadas, lo cual (como observa Johnson) más parece un recurso de la necesidad, que un rasgo de arte. 227. Batallan HAMLET y LAERTES. 228. CLAUDIO echa una perla en la copa y bebe, alarga después la copa a HAMLET, y él rehúsa tomarla. Suena a lo lejos ruido de trompetas y cañonazos. 229. Vuelven a batallar.
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