 Reflexiones de un traductor audiovisual8
Xosé Castro Roig
A mí me llaman para
dar charlas en las universidades porque traduzco películas
y programas de televisión, y lo primero que debo recomendar
es que uno no debe dedicarse exclusivamente a una sola especialidad.
Yo soy traductor audiovisual y traductor informático,
y considero necesario diversificar la tendencia para no quedar
a merced del mercado. En el año 1992, por ejemplo,
hubo una huelga de actores de doblaje, y colegas míos
que tenían mucho trabajo como traductores audiovisuales
se quedaron en la calle de la noche a la mañana. Eso
puede pasar en cualquier sector. Una vez aclarado esto,
hay que reconocer que ahora mismo hay tanto trabajo que no
damos abasto los que estamos. Si se está bien preparado
y se tiene la intención de trabajar en la traducción
audiovisual, se trabaja. Hay paro y competencia como en todas
las demás profesiones, pero se siguen necesitando
buenos traductores, y quienes lo sean pueden vivir de esto.
Eso sí, hay que tomar medidas «activas». Podemos
empezar centrando nuestra atención en la composición
del currículo. Principalmente, ha de dar una información
básica sobre lo que se quiere ofrecer: una mera presentación
con la clara intención de conseguir una entrevista
posterior. Yo tuve que leer muchos cuando estuve trabajando
en la sucursal de una empresa internacional de traducción,
y ante tantos con contenido similar se acaba eligiendo uno,
a veces, por razones arbitrarias. Hay cuestiones caprichosas,
como el currículo en el que no se exige foto, y a
veces, acabas llamando al que la ha puesto. Y no digamos
si era una foto escaneada y metida en el documento de Word;
revela un nivel de conocimiento informático superior
a la media, aunque en realidad te lo haya hecho un amigo.
Ahora en serio, te quedas con el currículo que te
da la información más precisa, el que especifica
de qué idioma se traduce y a qué idioma se
traduce, eso sí, sin establecer niveles en el currículo.
Si catalogas tus conocimientos en «nivel medio» o «avanzado»
vas errado, ya que para traducir se presupone un «nivel avanzado»
siempre. A veces es mejor que un estudiante se calle ciertas
cosas. Cuando yo me trasladé a Madrid desde Galicia
para trabajar en la traducción, recorrí todos
los estudios de doblaje en busca de trabajo. ¿Para qué
esperar a que vinieran a buscarme a mí? Hay que acudir
a las fuentes de trabajo porque el contacto personal es esencial.
Yo quería ver a la persona que contrataba a los traductores.
Si me pedían que simplemente dejara el currículo
insistía en ver al responsable de contratación;
si me decían que no estaba, anunciaba que volvería
otro día o me esperaba en la puerta. ¡No tenía
otra cosa que hacer! De aquella búsqueda desesperada
salí con varios trabajos bajo el brazo. La imagen
de ti, el sonido de tu voz, son importantes, sin querer decir
que haya que ir de traje hablando con finura. Tenéis
que mirar qué cosas os pueden hacer descollar. Incluso
cuando no tienes más remedio que dejar el currículo
o enviarlo por correo, intenta remitirlo a un nombre y un
apellido concreto. Pueden tardar seis meses o un año
en ponerse en contacto contigo, porque cuando te dicen que
«ya tienen traductor» suele ser verdad. Pero el día
que ese traductor está enfermo o tienen una serie
de muchos capítulos que tienen que repartir entre
varios, llegó tu gran momento. La primera llamada
será muy importante; no se debe decir que no, porque
la urgencia está de tu parte. Diles que estás
muy ocupado, y establece tu tarifa. Se participa de la ley
de la oferta y la demanda. Las empresas siempre quieren pagarte
menos de lo que deberían, así que hay que equilibrar
la balanza entre el pundonor y la competencia desleal. Yo
puedo cobrar 11 pesetas por palabra en España porque
conozco el nivel de los honorarios aquí, pero con
mis clientes norteamericanos no se me ocurriría pedir
menos de diez centavos, unas diecisiete pesetas, que es lo
normal allí. Ahora, si te ofrecen seis pesetas en
España... es una tomadura de pelo. Hay que saber venderse,
se te exige calidad y si la das, se tiene que pagarla en
función del trabajo realizado. Pese a que el traductor
audiovisual es un lobo solitario, yo recomendaría
fomentar el asociacionismo. Una de las maneras de dignificar
la profesión es exigir, como grupo, un pago acorde
con la labor realizada. Desgraciadamente, yo tengo colegas
que se han convertido en una especie de funcionarios de la
traducción trabajando para los estudios de doblaje
a bajo precio; luego dicen que, para lo que les pagan, por
qué van a trabajar bien. Esto acaba afectando la calidad
de sus trabajos... y de sus vidas. Esto nos puede conducir
a hablar sobre aspectos de la preparación del traductor.
Estos colegas a los que me he referido a veces excusan los
errores cometidos aduciendo la escasez de tiempo disponible.
Pero igual que quien sabe escribir no comete una falta de
ortografía aunque escriba deprisa, exactamente lo
mismo debe suceder entre los profesionales de la traducción
audiovisual. Ciertos errores sintácticos se podrían
justificar, pero si yo escribo la palabra gratuito en dos
décimas de segundo, no se me ocurre acentuarla. Es
necesario, para empezar, ser un experto en ortotipografía,
y con este término incluyo todo lo relacionado con
abreviaturas, símbolos y puntuaciones. Resulta muy
saludable ser cartesiano en este y otros campos, dudar hasta
de lo que crees que sabes y corroborar tus conocimientos.
También es importante no caer en regionalismos e
intentar que nuestra traducción sea óptima
para toda España mediante la búsqueda de un
castellano neutro. Yo puedo ver una película y deducir
la zona de residencia del traductor. Hacer novillos, por
ejemplo, se expresa de manera distinta prácticamente
en cada provincia, pero lo adecuado sería utilizar
dicha expresión «normativa». Recuerdo la traducción
de una película de Woody Allen al español,
en la que Spanish Fly, un afrodisíaco, era traducido
con un término inventado, Trempantina, que revelaba
inmediatamente el origen catalán del traductor, pues
trempar significa «tener una erección», pero en el
resto del estado español sería difícilmente
inteligible. Además, somos transmisores de cultura,
lo cual es una responsabilidad muy grande. Tu amplitud de
conocimientos te hace más poderoso, te da más
seguridad para rebatir las malas traducciones y defender
la tuya. Debemos recordar que la traducción no son
sólo palabras, sino conceptos. Hay que tener formación
cultural, por lo que resulta muy importante leer sobre temas
diversos, mantener viva la preocupación por seguir
instruyéndose, ya que el mejor adjetivo que se le
puede aplicar a un traductor es el de curioso. Mi biblioteca
tiene desde el Corán a diccionarios jurídicos,
y mi ordenador encierra bases de datos sobre los moluscos
de las costas mediterráneas. Una diversidad temática
que te permite saber un poco de todo. Muy importante también
es tu cinefilia, porque esta profesión es, ante todo,
vocacional. Recuerdo cuando me dieron un documental de National
Geographic un lunes y lo querían traducido para el
miércoles. Al visionarlo, descubrí que era
sobre la flora y la fauna de Australia, y lo primero que
decían es que el 80% de las especies sólo existen
allí. Me tocaba buscar por Internet a alguna persona
que tuviera una granja con aquellos animales y que hubiera
recopilado los nombres de todas esas especies; sólo
así resolvería mis decenas de dudas. Tuve la
suerte de entrar en contacto por medio de la Red con el director
del Instituto australiano de conservación de la flora
y la fauna autóctonas. Un señor amabilísimo.
Capturé fotos del documental con una cámara
digital, se las envié, y me dio una lista con los
nombres de buena parte de ellos, ya que incluso había
algunos animales que no estaban recogidos ni en la documentación
del Instituto: sólo tenían el nombre en la
lengua aborigen. Tuve que recurrir al nombre científico
o latino. Por supuesto que tardé más de dos
días en hacer la traducción. Una ley tácita
de este sector es que los productores de doblaje siempre
falsean la fecha de entrega: te dicen que es «para anteayer».
Si tú les dices que no estás ocupado en este
momento, te pedirán lo suyo con urgencia. Esto ocurre
con otras profesiones también. Cuando llamas a un
fontanero, si lo puedes tener en cinco minutos, ¿para qué
vas a querer esperar cinco días? Por tanto, hay que
intentar hablar con el cliente, negociar. En nuestro caso
actuamos como proveedores, lo cual nos puede permitir incluso
el tuteo. Nosotros damos un servicio y nos pagan por él.
Si yo quiero dar un producto de calidad y digo que para dentro
de dos días es imposible, será el cliente quien
tenga que encontrarme una solución. Siempre pueden
aparecer un día o dos de más. Por cierto,
la labor del traductor no incluye el ajuste de los diálogos.
Ya sé que lo enseñan en la mayoría de
las universidades, y me parece muy bien, pero en el mundo
profesional no ocurre así. La mayoría de los
estudios no lo piden. En el convenio de Galicia, por ejemplo,
están especificadas la labor del traductor, la del
ajustador y la del director de doblaje por separado; paradójicamente
la mayoría de las veces el ajuste es realizado por
el director de doblaje, y le pagan más por ello. Más
paradójico aún resulta que en ninguna universidad
de Galicia, tercera comunidad autónoma en volumen
de trabajo para el sector audiovisual tras Madrid y Barcelona,
haya una sola asignatura dedicada a la traducción
audiovisual. El elemento clave en el proceso de doblaje
suele ser el ajuste de las labiales cuya pronunciación
se percibe con claridad en el plano visual. Las vocales abiertas
muy evidentes también son otro problema. En ambos
casos se condiciona tu traducción, y es mejor que
seas tú mismo quien lo solucione antes de dejarlo
en manos del director de doblaje que, en algunos casos, no
habla inglés y puede tomar una opción que desequilibre
el sentido del segmento. Algunas distribuidoras estadounidenses
tienen un supervisor de doblaje en su oficina central europea
que va cerciorándose de que los procesos se hacen
adecuadamente, pero tampoco puedes confiar en que vaya a
defender la integridad de tu texto. Con esto no quiero poner
en tela de juicio, ni mucho menos, la labor del director
de doblaje. Somos dos amigos «condenados a entenderse», por
lo que hay que intentar ayudarle. Por ejemplo, es importante
marcarle el texto que va en OFF (el personaje está
fuera de pantalla); así sabrá dónde
empieza y acaba el parlamento, y el ON cuando se alternan
cambios de plano durante una misma intervención. Y,
sobre todo evitar frases del estilo «¿Cuál es tu jodido
problema?», o acabaremos perpetuando un lenguaje ficticio
para el doblaje del cine y la televisión. He podido
comprobar que algunas series de producción propia
ya utilizan este tipo de lenguaje; imaginaos hasta dónde
llega la influencia del doblaje. Nuestro objetivo debe ser
que la traducción pase inadvertida, que interfiera
lo menos posible en la transmisión del mensaje. También
es cierto que otros aspectos tienen una repercusión
en la traducción de una película hasta el punto
de que, para bien o para mal, la condicionan drásticamente.
Con una película Disney, por ejemplo, un tiempo antes
de que se estrene ya se empieza a planear el merchandising,
por lo que los nombres de los personajes ya tienen una traducción
establecida antes de que se contrate el doblaje de la película.
Sobre las ocurrencias de algunas distribuidoras para los
títulos de las películas podríamos hablar
mucho. El muestrario es variopinto, con incorrecciones sintácticas
como El hombre que subió una colina y... (no se sabe
adónde la subió) hasta traducciones de elementos
culturales específicos no reconocibles como Todos
los hombres del presidente (All the president's men es una
referencia, indescifrable en España, a «All the king's
men» de Alicia en el país de las maravillas), pasando
por la dependencia del momento histórico del contexto
meta como cuando Some like it hot se tituló Con faldas
y a lo loco simplemente porque estaba de moda por aquellos
tiempos una canción titulada A lo loco. Hablando
de títulos, cuando indispensablemente registréis
vuestra traducción para el doblaje en la Sociedad
General de Autores Españoles (SGAE) con el objetivo
de poder cobrar derechos de autor, tened mucho cuidado con
las películas especialmente realizadas para la televisión.
Indicad claramente el título original, porque hay
cadenas que han llegado a emitir la misma película
hasta con cinco títulos traducidos distintos. Eso
me sucedió a mí con un telefilme titulado originalmente
A Russian Holiday. Cuando uno va a registrar su traducción
se encuentra con que alguien ya ha registrado como propia
tu traducción. Entonces te toca demostrar que el texto
es tuyo y hacer que cambien al titular. Yo tengo la suerte
de que la persona encargada de verificar esto me suele creer,
porque sabe que soy traductor y no la voy a engañar.
¡Pero fijaos hasta qué punto se depende de circunstancias
tan arbitrarias para reclamar lo que es tuyo! Depende de
quién te toque en ventanilla... Pero también
se da el caso de que haya películas hasta con cuatro
traductores distintos. Una distribuidora te puede llamar
para que traduzcas el doblaje mientras que para la subtitulación
de las copias en versión original llaman a otro traductor.
Esto se debe a que el director del estudio quiere tener contentos
al mayor número posible de profesionales. No se aplica
ningún criterio lingüístico. Más
tarde, la cadena de televisión que tiene los derechos
de antena puede encargar la traducción de la subtitulación
a una tercera persona (no se atreven a realizar un nuevo
doblaje porque resultaría polémico). Pero además,
en la edición en DVD se da otra subtitulación
distinta. Si se mantuviera el inicial, tendrían que
pagar derechos a la empresa que lo hizo anteriormente, así
que les compensa encargárselo a quienes habitualmente
le realizan este trabajo. Un mero asunto de proveedores.
Sorprendentemente, sólo se cobran derechos por la
traducción para el doblaje y no para la subtitulación
ya que, como en España se reacciona únicamente
a posteriori, sobre esta práctica cada vez más
importante desde la implantación de las plataformas
digitales no hay nada legislado. Y eso que la subtitulación
es cada vez más aceptada en este país que históricamente
prefiere el doblaje. Fijaos cómo se subtitulan las
canciones en muchas películas, algo de lo que tiene
siempre la última palabra el cliente final (cadena
de televisión o distribuidora cinematográfica).
Hay algunas que te dicen que no lo hagas salvo que la letra
sea relevante para el argumento. Televisión Española,
por el contrario, tiene la norma de que toda canción
debe ser subtitulada. Y, como caso curioso, recordar que
durante mucho tiempo no parecían darse cuenta en Tele
5 de que las canciones de la serie Ally McBeal estaban relacionadas
con lo que sucedía en el episodio. De repente alguien
cayó en la cuenta, y ya empezaron a subtitular. La
traducción para la subtitulación también
presenta obstáculos específicos difíciles
de salvar. Si pensáis en la escena de Misterioso asesinato
en Manhattan en la que están tramando un plan sentados
a una mesa mientras la cámara se mueve a su alrededor
con un movimiento de trávelin, recordaréis
que todos hablan a la vez. Es la mayor pesadilla del traductor,
porque hay que decidir quién lleva el hilo argumental,
cuál es el texto individual más importante
para el desarrollo del argumento, porque no puede aparecer
el parlamento de los cuatro personajes al mismo tiempo si
sólo hay dos renglones. Al otro extremo del abanico
de las dificultades está el monólogo extenso
de un sólo personaje que hay que dividir en varios
subtítulos. Para indicar al espectador que una frase
queda cortada y continúa en el siguiente subtítulo
muchos estudios agregan puntos suspensivos a la última
palabra del subtítulo anterior. Algunos estudios también
ponen puntos al inicio del siguiente subtítulo, con
lo que da la impresión de que se van repartiendo puntos
suspensivos como con un salero. Personalmente aconsejé
cambiar esta norma habitual a dos de mis clientes porque
me parecía absurdo que aparecieran puntos suspensivos
al final y también al principio, puesto que el espectador
ya disponía de esta información. Como conclusión
quiero recalcar que las tres prioridades para una agencia
de traducción son: profesionalidad, rapidez y calidad.
Tenéis la suerte de poder estudiar una carrera que
os prepare para la profesión, y os debe ayudar mucho
ser licenciados. Más allá de un par de líneas
en vuestro currículo, tener una formación útil
posee un gran valor competitivo en la búsqueda de
trabajo. Pero recordad que al revisor de tus traducciones
acabará importándole poco o nada si eres licenciado
o no, si tienes siete años o siete meses de experiencia,
en el caso de que tengas fallos garrafales. Por eso no tengáis
miedo de preguntar al cliente. Recuerdo que una vez encargué
una traducción bastante compleja de quince mil palabras
sobre aeronáutica a un señor que me recomendó
un amigo. Era lunes y le dije que la quería para el
viernes. Pasó la semana sin que me remitiera ninguna
pregunta, y cuando el viernes por la mañana me la
entregó, me puse a temblar. Mi revisión de
su trabajo no hizo más que confirmar esa impresión:
un traductor menos en mi agenda. Incluso en situaciones extremas,
no se debe aceptar trabajo traductor de áreas de conocimiento
para las que no se esté preparado. Yo nunca me atrevería
a traducir las instrucciones de una máquina de hemodiálisis.
Incluso cuando un estudio de doblaje con el que no he trabajado
antes me contrata para una traducción de una película,
lo primero que hago es preguntar por las marcas y otras costumbres
del estudio. No dudéis en preguntar, porque lo más
saludable de esta profesión es dudar siempre. Dudar
para aprender.
 Los códigos de significación del lenguaje cinematográfico
y su incidencia en traducción
Frederic Chaume Varela
Universitat Jaume I
 1. Introducción
La traducción audiovisual es una modalidad de traducción
que refleja con suma nitidez la necesidad de utilizar enfoques
pluridisciplinares para acercarse con rigor a su objeto de
estudio. En efecto, los textos audiovisuales, por su carácter
híbrido, tanto desde el punto de vista textual y genérico
-es difícil delimitar dónde acaba un género
y empieza otro-, como desde el punto de vista de sus variadísimos
contenidos, así como, especialmente, desde el punto
de vista de los múltiples códigos de significación
que operan simultáneamente en la producción
de sentido, incitan al analista a emplear enfoques diversos
para intentar comprender mejor tanto la relación entre
los elementos que configuran su objeto de estudio, como las
claves textuales y contextuales para la transferencia de
estos elementos a otra lengua y cultura. En este artículo
propongo que para el análisis de los textos audiovisuales
con finalidades traductológicas son necesarias, al
menos, las aportaciones teóricas de la Teoría
de la Traducción y las aportaciones teóricas
de los llamados Estudios Cinematográficos (Film Studies).
Ambas disciplinas resultan claves en la exégesis de
los textos audiovisuales y se tornan necesarias para la comprensión
del entramado sígnico de estos textos. Si bien resulta
innecesario justificar la pertinencia de la Teoría
de la Traducción en cualquier aplicación o
descripción traductológica, sí parece
conveniente resaltar aquellos aspectos que los estudios sobre
comunicación audiovisual destacan en el análisis
del texto audiovisual y cuyo conocimiento puede incidir directamente
sobre las operaciones de traducción. Para ello, procederemos
a justificar en primer lugar el porqué de un modelo
de análisis, en segundo lugar describiremos someramente
los diferentes acercamientos que han recibido los textos
audiovisuales desde el punto de vista de la traducción,
y en tercer lugar manifestaremos nuestra propuesta de modelo
de análisis traductológico basado en los códigos
de significación del lenguaje cinematográfico,
con una ejemplificación de la incidencia de estos
códigos en las operaciones de traducción, de
modo que seamos capaces de delimitar las zonas de intersección
entre estas disciplinas y nuestro análisis textual
se vea beneficiado de ambos acercamientos.
 2. Justificación de un modelo de análisis
Un modelo de análisis se justifica desde la necesidad
de acercarse a un objeto de estudio de manera sistemática
y a través de una mirada descriptivista. Si el modelo
de análisis tiene, además, perspectivas docentes,
puede también utilizarse en la enseñanza del
objeto de estudio. En el caso de la traducción audiovisual,
actividad que desde su nacimiento, en general, fue ignorada
por los círculos académicos y que se ha desarrollado
estrictamente en sectores profesionales, la necesidad de
un modelo de análisis de los textos audiovisuales
con finalidades traductológicas es, si cabe, más
urgente. Tras la implantación de las licenciaturas
en traducción e interpretación en toda España
y la creciente inclusión en el currículum del
traductor de asignaturas y cursos sobre traducción
audiovisual, las demandas de un modelo de análisis
de los textos audiovisuales pensado desde la traducción
son todavía más explícitas. Un modelo
de análisis fundamentado en criterios sistemáticos,
además, es lo que debe diferenciar la investigación
y la enseñanza de la traducción en la universidad
frente a la tradicional enseñanza autodidáctica
tan extendida en este sector. Tal modelo debe contar con
el objetivo de acercarse al objeto de estudio desde aproximaciones
sistemáticas, con una metodología basada en
criterios intersubjetivos (regularidades, normas). Y si pretendemos
que nos sea útil para la enseñanza de la traducción,
el modelo debe ser capaz también de a) dotar al traductor
de herramientas (estrategias y técnicas de traducción)
con las que afrontar su tarea y b) intentar reducir al máximo
la improvisación (no la creatividad). La automatización
del proceso traductor por parte del profesional en activo,
sin embargo, hace innecesario cualquier modelo para la práctica
laboral en aquellos traductores formados autodidácticamente,
puesto que, por un lado, el traductor profesional ya tiene
asentadas inconscientemente las estrategias y técnicas
de traducción ante una tipología más
o menos común de problemas y, por otro, la práctica
profesional no permite análisis académicos
por razones de tiempo. Sin embargo, el estudiante de traducción
(como el de cualquier otra disciplina) sí necesita
criterios de aproximación a su objeto de análisis
para su formación. No se pretende, por tanto, que
el aprendiz de traductor aplique un modelo de análisis
sistemático cuando se enfrente a la práctica
profesional, sino que aprenda a analizar el texto origen
y automatice las relaciones entre su análisis y las
estrategias de traducción.
 3. Modelos de análisis
Pocos son los autores que explícitamente han elaborado
un modelo de análisis pensado con propósitos
traductológicos en el ámbito de la traducción
audiovisual. Los recogidos más abajo, por tanto, no
son todos modelos de análisis propiamente dichos (o,
tal vez, sus autores no los reconocerían como tales),
sino líneas de investigación del texto audiovisual
con intenciones metodológicas. Sin embargo, he creído
oportuno agrupar estas líneas bajo la denominación
de modelos de análisis porque, en mayor o menor medida,
sientan las bases y los fundamentos de lo que podría
acabar siendo una propuesta de modelo de análisis
traductológico. En algunos casos esta intención
está explícita mientras que, en otros, se trata
más bien de propuestas metodológicas sobre
las que basar la investigación en traducción
audiovisual. Los primeros estudios sobre el texto audiovisual
desde perspectivas traductológicas centran su atención
en aquellos aspectos específicos del texto que lo
diferencian de otros tipos de textos. Se trata de investigaciones
que proponen más o menos explícitamente un
acercamiento metodológico basado en las restricciones
con las que el traductor se enfrenta al intentar transferir
la información de un texto audiovisual a otra lengua.
En este sentido, cabe señalar los pioneros trabajos
de Titford (1982) y Mayoral, Kelly y Gallardo (1988), en
donde se apuntan con nitidez las restricciones fundamentales
que operan en el proceso de traducción de textos audiovisuales,
y el modelo de Zabalbeascoa (1993), que añade una
dimensión más y aporta la idea de prioridades
de traducción (desde una perspectiva funcional) en
un eje simétrico al de las restricciones. Un segundo
paso en el trabajo de estos autores podría consistir
en tender puentes entre las restricciones observadas y las
estrategias de traducción que permitan superar los
problemas que plantean. Uno de los acercamientos que pretende
incorporar los resultados de la Teoría de la Traducción
y el Análisis del Discurso es el basado en el análisis
de géneros y tipos de textos audiovisuales. En este
sentido cabe destacar los trabajos de Agost (1997, 1999),
o los trabajos parciales sobre un género determinado
como, por poner un solo ejemplo, el de Franco (2001). Estos
estudios inciden en el análisis previo del texto origen
según el género audiovisual en el que se enmarca,
de modo que, una vez reconocidas las características
del mismo, sea posible establecer «els problemes principals
que planteja la seua traducció» (Agost, 1997). Queda
aún un largo camino para, una vez establecidas esas
características genéricas, comprobar su eficacia
y aplicabilidad en las operaciones de traducción.
Muchos de estos acercamientos al texto audiovisual tienen
también una vocación docente. Entre los trabajos
que inciden en la especificidad del texto audiovisual desde
perspectivas didácticas cabe señalar los de
Bartrina y Espasa (en prensa a, y en prensa b, por ejemplo)
que se caracterizan por analizar el texto audiovisual tanto
desde una vertiente profesional (situaciones reales de traducción,
prescripciones), como desde la vertiente técnica propia
de esta modalidad (proceso global del trabajo), como desde
la vertiente más ideológica y cultural (políticas
lingüísticas, por ejemplo), aspectos que condicionan
las operaciones de traducción. De manera horizontal,
estas vertientes se analizan en los géneros audiovisuales
traducidos más frecuentemente bajo la mirada discursiva
de las dimensiones contextuales postuladas por Hatim y Mason
(1990). Los estudios descriptivos también han incidido
directamente en el análisis de los textos audiovisuales
para la traducción. La metodología del polisistema
ha dado sus frutos en trabajos descriptivistas que han elaborado
modelos de análisis de los textos audiovisuales desde
el punto de vista del texto traducido y no de su índice
de fidelidad con respecto al texto origen. Así, cabe
señalar los modelos propuestos por Díaz Cintas
(1998) o Izard (1999), que inciden no sólo en el análisis
de los elementos lingüísticos y textuales del
texto meta, sino en los elementos macrotextuales que pueden
ofrecer una descripción del marco histórico,
económico y social en el que se produce el texto meta
y en el que tienen lugar las operaciones de traducción,
desde la presentación del producto traducido, hasta
el análisis del modelo de lengua empleado o las relaciones
entre diferentes géneros y traducciones. En esta línea
se sitúan también los estudios de carácter
histórico de Ballester (1999 y en prensa) y de Gutiérrez
(1999 y en prensa), bien centrados en cuestiones macrotextuales
(políticas, económicas, razones de la autocensura,
etc.), bien en cuestiones microtextuales concretas producto
de las decisiones de los aparatos censores o también
de la autocensura (como las interesantes unidades de segmentación
del texto origen y del texto meta censurado, del modelo de
Gutiérrez). En otro grupo se incluyen aquellos modelos
de análisis textual con vistas a la traducción
general, que se aplican a un corpus de traducción
audiovisual (Herbst, 1987; Delabastita, 1989; o Whitman,
1992). El modelo de Herbst (1987) está centrado en
los problemas de sincronía labial y en los de lo que
denomina sincronía nuclear, término que subsume
tanto la sincronía quinésica, como la sincronía
de las sílabas tónicas de la traducción
con los momentos en que el actor de pantalla realza su parlamento.
Además es un modelo basado en la equivalencia de género,
de calidad textual (text quality), de contenido (más
que de forma), de variabilidad lingüística y
de contexto cultural. El modelo de Delabastita (1989) está
basado en los procedimientos de construcción textual
de la retórica clásica (repetitio, adiectio,
substractio, detractio, substitutio, transmutatio) en los
códigos de significación verbales y no verbales
transmitidos por el canal acústico y el canal visual.
El modelo de Whitman (1992) es un modelo ecléctico
que incluye desde cuestiones semánticas y sintácticas,
hasta problemas de registro, pragmáticos y culturales.
Ninguno de ellos es un modelo de análisis textual
pensado exclusivamente para los textos audiovisuales, aunque
todos ellos se han configurado y parten del análisis
de un corpus de textos audiovisuales, y su aplicación
y validación, hasta donde conoce el autor de estas
líneas, se ha realizado solamente en textos audiovisuales.
En este trabajo reivindicamos una nueva posibilidad de análisis
de los textos audiovisuales desde el punto de vista de la
traducción, a saber, el análisis de los textos
atendiendo a los códigos de significación del
lenguaje cinematográfico. Con ello, pretendemos establecer
un puente ente los estudios traductológicos y los
estudios fílmicos, y comprobar la validez del conocimiento
de los componentes cinematográficos para las operaciones
de traducción audiovisual.
 4. Hacia un marco de análisis basado en los códigos
de significación del lenguaje fílmico
Los factores de análisis apuntados por los autores
mencionados más arriba (así como otros que
por razones de espacio no podemos incluir) son todos necesarios
para el análisis global de un texto. Un marco de análisis
que pretenda dar cuenta de los elementos de significación
de un texto debe, por tanto, observar tanto los factores
externos al texto (profesionales, históricos, de recepción,
de comunicación, de medio de exhibición, etc.),
como aquellos factores de traducción «general» que
compartiría el análisis de cualquier texto
desde una perspectiva traductológica (problemas lingüísticos,
contextuales, pragmáticos, culturales, etc.) Sin embargo,
muchos de los aspectos que singularizan a la traducción
audiovisual no están precisamente incluidos en estos
dos ámbitos. El texto audiovisual es un constructo
semiótico compuesto por varios códigos de significación
que operan simultáneamente en la producción
de sentido. Un filme se compone de una serie de signos codificados
y articulados según unas reglas sintácticas.
Su tipología, su modo de organización y el
significado que todo ello comporta dan como resultado un
entramado semántico que el espectador desconstruye
para comprender el sentido del texto. Al traductor, más
allá de los análisis semióticos del
texto audiovisual, le interesa conocer el funcionamiento
de cada uno de los códigos de significación
y su posible incidencia en la traducción. En este
último apartado, apuntaremos los códigos de
significación que pueden incidir directamente en la
traducción y ejemplificaremos cada uno de ellos.
 4.1. El código lingüístico
Es obvio que sin la presencia en el texto del código
lingüístico no hablaríamos de traducción
propiamente dicha. También es cierto que el código
lingüístico es un código de significación
que comparten todos los textos susceptibles de ser traducidos,
con lo cual su análisis no es específico de
una orientación audiovisual. Sin embargo, aquello
que particulariza al código lingüístico
de los textos objeto de este estudio es que, en los filmes,
series de televisión, dibujos animados y ciertos anuncios
publicitarios, nos encontramos ante un discurso elaborado
escrito que ha de parecer oral y espontáneo (escrito
para ser oralizado como si no hubiera sido escrito, según
la ya clásica clasificación de Gregory y Carroll,
1979). El equilibrio entre un discurso escrito y la necesidad
de que lo escrito parezca oral y espontáneo no es
fácil de conseguir. Los libros de estilo de aquellas
televisiones que se han preocupado del lenguaje audiovisual
(Mendieta, 1995, Televisió de Catalunya, 1997) suelen
contener especificaciones y consejos para el traductor en
este ámbito. En una investigación anterior
(Chaume, 2001), ofrecía los rasgos particulares de
cada nivel lingüístico y concluía con
que en cada uno de ellos se pretendía una intersección
entre aquellos rasgos propios de la lengua estándar
(evitar las elisiones y relajaciones fonéticas, o
evitar las concordancias incorrectas por analogía,
o evitar la segmentación de los enunciados y las elisiones
de conectores) y aquellos rasgos propios de los registros
orales coloquiales que dotan al texto de verismo y agilidad
(uso abundante de interjecciones, topicalización,
y especialmente fomento de la creación léxica
espontánea, de la intertextualidad, del uso de clichés
y fórmulas estereotipadas, de argots sociales y profesionales,
etc.). En conclusión, se trata de aprender a rescribir
un guión, que resulte, al menos, tan verosímil
como el original, manteniendo el equilibrio señalado.
El resto de problemas que puede presentar un texto audiovisual
desde el prisma de la traducción en el terreno lingüístico
(juegos de palabras, uso simultáneo de varias lenguas,
elementos culturales) son compartidos por otras modalidades
de traducción, con lo que no nos detendremos en su
análisis.
 4.2. Los códigos paralingüísticos
El traductor que también realiza el ajuste o la
adaptación, especialmente en el caso de la traducción
para televisión, debe conocer una serie de símbolos
que ha de incluir en su traducción y cuyo uso es convencional
entre los adaptadores. Muchos de estos símbolos corresponden
a la representación de rasgos suprasegmentales. En
la modalidad de doblaje, por ejemplo, las risas se suelen
representar con una (R) entre paréntesis, los gestos
(diferenciadores, alternantes, etc.) con una (G) entre paréntesis
y los silencios y pausas con una barra inclinada (/). En
subtitulación existen ciertos usos ortotipográficos,
como los puntos suspensivos, los cortes de subtítulo,
el uso de la cursiva, etc., que también se emplean
para representar los signos paralingüísticos.
La topicalización de un elemento también puede
ser una técnica de traducción que sirva para
marcar una cualidad primaria de la voz (volumen, tono -de
protesta, por ejemplo-).
 4.3. El código musical y el código de efectos
especiales
Las canciones que aparecen en los filmes suelen exigir
una adecuación de la traducción a los ritmos
de la música según los cuatro ritmos poéticos
de la retórica clásica (ritmo de cantidad,
ritmo de intensidad, ritmo de tono y ritmo de timbre). El
análisis de la letra de una canción no se puede
efectuar al margen de los pentagramas que la acompañan.
Asimismo, en el terreno de la adaptación, y también
en el de la subtitulación, las canciones funcionan
como signo de puntuación narrativo y suelen ir acompañadas
de un corte de take o de un cambio de subtítulo. La
representación de la letra de una canción,
además, en la modalidad de subtitulación, suele
conllevar el uso de la cursiva, un uso ortotipográfico
convencional entre la profesión. Por último,
el traductor también suele representar aquellos efectos
especiales que no se encuentran registrados en la banda sonora
del filme (mediante un signo convencional, como la G, o mediante
la explicitación del efecto entre paréntesis,
en la modalidad del doblaje).
 4.4. El código de colocación del sonido
Es el último de los códigos que se transmiten
por el canal acústico con incidencia directa en las
operaciones de traducción. El sonido puede ser diegético
(perteneciente a la historia) o no diegético (el que
proviene de narradores en off, por ejemplo). También
puede encontrarse en campo (asociado a la visión de
la fuente sonora) o fuera de campo, cuando su origen no está
presente en el encuadre y por tanto, no es visible simultáneamente
con la percepción del sonido. En estos casos, el traductor
de doblaje que también realiza la adaptación
marca con el símbolo (ON) el sonido que se encuentra
en campo (códigos lingüístico y paralingüístico),
y con el signo (OFF) aquel que se halla fuera de campo. Asimismo,
existen otros símbolos que marcan variaciones del
sonido y que pueden ser útiles para el técnico
de sonido: el símbolo (DE) introduce un parlamento
pronunciado por un actor que se encuentra de espaldas a la
cámara (el técnico de sonido suele añadir
un símbolo de reverberación en estos casos),
o el símbolo (DL) suele introducir parlamentos pronunciados
por personales alejados de la cámara (con el efecto
sonoro correspondiente). En la modalidad de subtitulación,
el uso de la cursiva, por ejemplo, también puede marcar
el sonido que provenga fuera de campo.
 4.5. Los códigos iconográficos
El primero de los códigos de significación
transmitidos por el canal visual, el código iconográfico,
presenta el problema de la representación de iconos,
índices y símbolos en doblaje y subtitulación.
La norma general con respecto a los signos iconográficos
suele ser no traducirlos (no representarlos lingüísticamente)
a no ser que vayan acompañados de una explicación
verbal o que su desconstrucción sea esencial para
la comprensión o el desenlace de la historia. En estos
casos, los traductores intentar bien representar lingüísticamente
el icono en la traducción, bien hacer alguna referencia
indirecta a él en los diálogos (por ejemplo,
sustituir un deíctico que nombre al símbolo,
por su nombre).
 4.6. Los códigos fotográficos
El traductor que realiza el ajuste, así como el
traductor de subtítulos, también representan
en la traducción los cambios en la iluminación,
los cambios de perspectiva, o el uso del color (en sí
mismo o frente al blanco y negro). Los cambios de iluminación
pueden ir acompañados del uso de los símbolos
ON (sonido en campo), OFF (fuera de campo) o SB (el personaje
está en campo pero no se visualiza su boca), con la
correspondiente relajación en el ajuste por parte
del traductor y de los actores. También pueden obligar
a utilizar diferentes usos ortotipográficos en subtitulación
(cursiva, orden de los subtítulos según los
personajes, etc.). Los cambios de perspectiva en los filmes
de ciencia ficción o en representaciones oníricas,
por ejemplo, pueden llevar consigo un uso erróneo
de ciertos símbolos de doblaje (los que marcan los
signos proxémicos). El uso intencionado del blanco
y negro frente al color, por ejemplo, puede querer significar
desde cambios del mundo real al mundo imaginario (el caso
de El Mago de Oz) o la voluntad de querer narrar una historia
despojada de todo artificio, como en ciertos filmes de Woody
Allen. El uso del color como marca semiótica también
puede incidir directamente en la traducción (un color
que convencionalmente tiene un significado en una cultura,
como los diferentes colores del luto, o un juego de palabras
en el que se incluya un color que a su vez se visualiza en
pantalla, con lo que la solución se verá restringida
o subordinada a este código visual).
 4.7. El código de planificación
El código de planificación es especialmente
significativo en la modalidad de doblaje. En los primeros
y primerísimos planos, por convención, el traductor
debe encontrar un texto que se ajuste a los movimientos de
apertura y cierre de los labios del personaje que en esos
momentos aparezca en pantalla. Se trata de la consecución
de la llamada sincronía fonética. Este ejercicio
requiere creatividad, parecida a la que se requiere en la
confección de una rima. El traductor debe mantener
la impresión de verosimilitud haciendo encajar las
vocales abiertas y las consonantes bilabiales en aquellos
instantes en que el personaje de pantalla que se encuentra
en primer o primerísimo plano abre visiblemente la
boca o cierra los labios, para pronunciar una vocal o una
consonante bilabial respectivamente. En estas ocasiones,
la necesidad de conseguir una buena sincronía labial
guía las soluciones de traducción. Por fortuna
para el traductor, estos casos no son muy numerosos en los
textos audiovisuales. En subtitulación no existe la
exigencia explícita de cumplir con la sincronía
fonética. Sin embargo, el uso de determinados planos
también puede afectar directamente a la traducción.
Por ejemplo, si un cartel aparece filmado en primer plano,
el espectador que desconoce la lengua origen espera que se
le ofrezca una traducción de ese cartel. En caso contrario
puede perder temporalmente el hilo de la narración.
Sin embargo, si el cartel no aparece en primer plano, su
convivencia con otros signos en la escena disminuye la pertinencia
de la información que contiene, con lo que su traducción
no es funcionalmente tan necesaria.
 4.8. Los códigos de movilidad
Entre los códigos de movilidad, resultan de especial
interés apara el traductor los signos proxémicos,
los signos cinéticos y los movimientos de articulación
bucal de los personajes de pantalla. La proxémica,
en el caso de los textos audiovisuales, debe ocuparse tanto
de la distancia de los personajes entre sí, como de
la distancia de los personajes con la cámara. Este
último aspecto se plasma, por un lado, tanto en los
primeros y primerísmos planos que hemos tratado en
el apartado anterior, como en los planos generales y de conjunto
en que se perciba al personaje o personajes retratados en
una posición muy lejana. En estos últimos casos,
las convenciones del doblaje españolas aconsejan anotar
el símbolo (DL), que significa de lejos, y que advertirá
al actor de doblaje que no es necesario un ajuste perfecto
en términos de isocronía (duración equivalente
del enunciado original con el enunciado meta). El símbolo
(DE), que significa de espaldas, se utiliza cuando el personaje
se encuentra de espaldas a la cámara, y tiene la misma
función que el anterior. En subtitulación,
cuando el traductor se enfrenta ante varios parlamentos enunciados
simultáneamente, la distancia de los personajes que
los pronuncian con respecto a la cámara puede ser
el criterio de selección del enunciado a subtitular.
Es decir, cuando varios personajes hablan simultáneamente
pero el traductor sólo puede representar uno de los
enunciados en un subtítulo, el criterio de selección
puede ser elegir aquel enunciado del personaje que se encuentra
más cerca de la cámara (y del espectador),
puesto que probablemente su grado de cercanía sea
motivado y tenga que ver con la pertinencia de lo que narra.
Respecto a la representación de los signos quinésicos,
en el doblaje el traductor debe observar los movimientos
de los personajes de pantalla para que su traducción
se adecue al significado convencional que transmiten estos
signos. Así, el signo quinésico que representa
la negación con la cabeza debe ir acompañado
de una frase negativa en la traducción. En otros casos,
es aconsejable la topicalización de algún elemento
en la traducción para que aparezca simultáneamente
con el gesto que el personaje realiza. Respeto a la representación
de la articulación bucal, la apertura y cierre de
las bocas de los personajes de pantalla marcan la duración
en tiempo y, aproximadamente, el número de sílabas
de los enunciados del texto meta. Es decir, la traducción
de cada enunciado debe caber en el tiempo que al actor de
pantalla le cueste pronunciar el enunciado original, desde
el momento en que se observa la primera articulación
bucal, hasta el momento en que se cierra la boca de manera
definitiva. Es lo que conocemos con el término de
isocronía, o duración equivalente de los enunciados
del texto origen y los enunciados del texto meta. De nuevo,
el respeto a la isocronía en un doblaje persigue mantener
el efecto realidad y hacer el producto más verosímil.
En subtitulación, este procedimiento se conoce con
el término más amplio de sincronización:
se intenta que la presencia de un subtítulo en pantalla
coincida más o menos con el texto origen que le da
razón de ser, aunque su consecución no es,
ni mucho menos, tan estricta como en la modalidad de doblaje.
 4.9. Los códigos gráficos
Asimismo, existen convenciones y normas de traducción
para representar el lenguaje escrito que aparece en pantalla.
Visualmente también percibimos lenguaje escrito, en
forma de títulos, didascalias, textos y subtítulos.
La presencia en un filme de estos cuatro géneros convencionales
incide directamente en la traducción, puesto que la
mayoría de las veces el traductor debe transferir
su significado al texto meta, con las restricciones formales
que cada uno de ellos conlleve. La tabla que sigue a continuación
resume las convenciones en el formato elegido para la transferencia
de los códigos gráficos: | Género → | Didascalias | Títulos | Textos | Subtítulos | | Modalidad ↓ | | | | | | DOBLAJE | Voz en Off | Voz en Off | Voz en Off | Subtitulado | | Subtitulado | Subtitulado | Subtitulado | | | Inserción de un nuevo
texto | Inserción de un nuevo
texto | Inserción de un nuevo
texto | | | SUBTITULACIÓN | Subtitulado | Subtitulado | Subtitulado | Subtitulado |
Su traducción vendrá
condicionada tanto por las instrucciones del cliente (que
puede querer o no traducir ciertos códigos), como
por la relevancia del título en cuestión en
la obra (algo que también estará relacionado
con el plano en que aparezcan -código de planificación-,
el icono en que se enmarquen o la presencia simultánea
de otros iconos en pantalla -códigos iconográficos-,
la iluminación de la escena en cuestión -código
fotográfico-, etc.).
 4.10. Los códigos sintácticos (el montaje)
Ser consciente de las asociaciones icónicas puede
ayudar al traductor a entender mejor el texto audiovisual,
a entender la relación de las escenas entre sí,
a comprender mejor el planteamiento y desarrollo de la trama,
y el funcionamiento narrativo del filme. El procedimiento
de asociación elegido por el autor puede repercutir
en la traducción de diversas maneras: la repetición
visual señalada verbalmente puede solucionarse con
un pronombre, con un sinónimo o una elipsis en la
narración verbal; los recursos visuales que muestran
analogía o contraste pueden tener un correlato verbal
que paralelamente designe el recurso visual (sinónimos,
antónimos, hiperónimos, hipónimos, metáforas,
etc.); la asociación por proximidad puede llevar consigo
una colocación verbal habitual, y la presentación
visual de la información (según el orden canónico
de tema y rema, o según el orden contrario), puede
exigir el mismo tipo de presentación verbal de la
situación. Y no sólo una colocación
verbal habitual, como la manera de referirse, durante un
filme, por ejemplo, a los buenos y a los malos, en secuencias
alternas unidas por proximidad. También ocurre con
«colocaciones musicales», es decir, con tonadillas que suenan
de fondo cuando aparece un determinado personaje. En la serie
de dibujos animados norteamericana The Mini-Monsters, por
ejemplo, se escucha una tonadilla diferente para cada uno
de los monstruos cuando estos aparecen en primer plano, con
lo que se consigue identificar a cada monstruo con una tonadilla
(divertida, antigua, siniestra, etc.). Asimismo, son de especial
interés los llamados los signos de puntuación
audiovisuales, es decir, fundidos en negro, cortinillas,
iris, yuxtaposiciones, etc. Generalmente la presencia de
estos signos recomiendan al traductor un corte de take en
la modalidad del doblaje, o un cambio de subtítulo
en la modalidad de subtitulación. El enfoque con
que hemos pretendido analizar el texto audiovisual se ha
basado en conjugar la teoría de la traducción,
el análisis del discurso y, en especial, la teoría
de los medios audiovisuales, y de él cabe concluir
que el código lingüístico, pese a su papel
preponderante, es sólo un código más
en juego en la construcción y posterior trasvase de
los textos audiovisuales. Para el traductor resulta de extrema
pertinencia el conocimiento del funcionamiento de todos los
códigos de significación presentes en los textos
audiovisuales. En especial, y además del análisis
global que la detección de estos códigos permite,
al traductor le interesa la incidencia de los diferentes
códigos de significación en el código
lingüístico, ya que es este el único que
puede manipular, en la mayoría de las ocasiones. Una
traducción que no contemple todos los códigos
en juego es necesariamente una traducción parcial.
En el presente trabajo hemos apuntado algunas de las características
de los códigos de significación que integran
la red de significado de un texto audiovisual y algunas de
las repercusiones de su semanticidad en la traducción.
En especial, es de sumo interés para el analista observar
la interacción entre todos los códigos de significación,
puesto que dicha interacción singulariza la potencialidad
semántica del texto audiovisual y su textura o gramaticalidad.
El significado de cada uno de los códigos, así
como especialmente, el significado extra que se produce mediante
la interacción de los diferentes códigos de
significación en cada momento, dota a los textos audiovisuales
de su particular idiosincrasia y resume la especificidad
de los textos objeto de este estudio. El funcionamiento
entre imagen y palabra, la interacción de los dos
sistemas de significación del texto audiovisual, se
manifiesta en términos de cohesión y de coherencia
entre las dos narraciones simultáneas, la visual y
la verbal, de modo que el traductor se ve obligado a poner
en práctica estrategias de traducción capaces
de transmitir no sólo la información que contiene
cada narración y cada código -como se ha apuntado
a lo largo de este trabajo-, sino el sentido que irrumpe
como fruto de su interacción: un valor añadido
(Chion, 1993) o un significado extra (Fowler, 1986:69 y ss.)
que va más allá de la mera suma de ambas narraciones,
y cuyas implicaciones en traducción, por razones de
espacio, no podemos tratar aquí:
La conversión de las palabras en piezas arquitectónicas
de una imagen global obliga a considerar verbalismo e iconismo
simultáneamente, en una especie de nuevo alfabeto
híbrido surgido del despojo de las propiedades primigenias
de ambas manifestaciones sígnicas.
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¡Doble o nada! : Actas de las I y II Jornadas de doblaje y subtitulación de la Universidad de Alicante
John D. Sanderson (ed.)
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