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    Julieta y Romeo
     William Shakespeare ; traducidas fielmente del original inglés ... por Matías de Velasco y Rojas, Marqués de Dos Hermanas
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Acto tercero

      (594)

Escena I

(Una plaza pública.) (595)

(Entran MERCUCIO, BENVOLIO, un paje y criados.) (596)

BENVOLIO

     Por favor, amigo Mercucio, retirémonos. El día está caliente (597), los Capuletos en la calle, [y si llegamos a encontrarnos, será inevitable una contienda; pues con los calores que hacen, bulle la irritada sangre.] (598)

MERCUCIO

     Te pareces a esos (599) hombres que al entrar en una taberna nos sueltan la tizona sobre la (600) mesa, diciendo: ¡Dios haga que no te necesite!; y que, a efecto del segundo vaso, la tiran contra el sirviente, cuando, en verdad, no hay para qué.

BENVOLIO

     ¿Me parezco a esa gente?

MERCUCIO

     Vamos, vamos, tú, de natural, eres un pendenciero tan fogoso como no le hay en Italia; una nada te provoca a la cólera y, colérico, una nada te vuelve provocador (601).

BENVOLIO

     ¿Y a qué viene eso?

MERCUCIO

     Vaya, si hubiera dos de tu casta, en breve los echaríamos de menos; pues uno a otro se matarían. [¡Tú! Tú la emprenderías con un hombre por llevarte un pelo de más o de menos en la barba], le armarías contienda por estar partiendo avellanas, sin haber más razón que el ser de éstas el color de tus ojos. [¿Quién, sino un ente igual, se fijara en un pretexto semejante? (602) La cabeza se halla tan repleta de insultos, como lo está un huevo de sustancia; y eso que, a causa de riñas, está ya cascada, como un huevo vacío (603).] ¿No has buscado disputa a un hombre porque tosiendo en la calle despertaba a tu perro, que dormía al sol? ¿No la emprendiste contra un sastre porque llevaba su casaca nueva antes de las fiestas de Pascuas, y con otro porque una cinta vieja ataba sus zapatos nuevos? Y sin embargo, en lo de evitar cuestiones, ¿quieres ser mi preceptor? (604)

BENVOLIO

     Si yo fuera tan dado a pelear como tú, el primer venido podría comprar las mansas redituaciones de mi vida por el precio de un cuarto de hora.

MERCUCIO

     ¿Las mansas redituaciones? ¡Qué manso! (605)

(Entran TYBAL y otros.) (606)

BENVOLIO

     ¡Por mi vida! Ahí llegan los Capuletos.

MERCUCIO

     ¡Por mis pies! Poco me da.

TYBAL

     [Seguidme de cerca, pues voy a hablarles. -Salud,] caballeros; una palabra a uno de vosotros.

MERCUCIO

     ¿Una palabra a uno de nosotros? ¿Eso tan sólo? Acompañadla de algo; palabra y golpe a la vez.

TYBAL

     Bien dispuesto me hallaréis para el caso, señor, si me dais pie.

MERCUCIO

     ¿No podéis tomarlo [sin que os lo den?]

TYBAL

     Mercucio, tú estás de concierto (607) con Romeo.

MERCUCIO

     ¡De concierto! ¡Qué! ¿Nos tomas por corchetes? Si tales nos haces, entiende que sólo vas a oír disonancias. Mira mi arco, [mira el que te va a hacer danzar (608). ¡De concierto, pardiez! (609)

BENVOLIO

     Estamos discutiendo aquí en medio de una plaza pública; retirémonos a algún punto reservado, o (610) razonemos tranquilamente sobre nuestros agravios. De no ser así, dejemos esto; en este lugar todas las miradas se fijan en nosotros.

MERCUCIO

     Los hombres tienen ojos para mirar; que nos miren pues. Yo, por mi parte, no me muevo de aquí por complacer a nadie.]

(Entra ROMEO.) (611)

TYBAL

     En buen hora, quedad en paz, caballero. He aquí a mi mozo.

MERCUCIO

     Pues que me ahorquen, señor, si lleva vuestra librea. Marchad el primero a la liza, y a fe, él irá tras vos: en este sentido puede llamarle -mozo- vuestra señoría.

TYBAL

     Romeo, el odio (612) que te profeso no me permite otro mejor cumplido que el presente. -Eres un infame.

ROMEO

     Tybal, las razones que (613) tengo para amarte disculpan en alto grado el furor que respira semejante saludo. No soy ningún infame: con Dios pues. Veo que no me conoces (614).

TYBAL

     Mancebo, esto no repara las injurias que me has inferido; por lo tanto, cara a mí y espada en mano.

ROMEO

     Protesto que jamás te he ofendido, sí que te estimo más de lo que te es dable imaginar, mientras desconozcas la causa de mi afección. [Así, pues, bravo Capuleto -poseedor de un nombre que amo tan tiernamente como el mío- date por satisfecho.]

MERCUCIO

     ¡Oh! ¡Calma deshonrosa, abominable humildad! A lo espadachín (615) (616) se borra esto.

(Desenvaina.) (617)

     Tybal, cogedor de ratas, ¿quieres (618) dar unas pasadas?

TYBAL

     ¿Qué quieres conmigo?

MERCUCIO

     Buen rey de gatos (619), tan sólo una de tus nueve vidas, para envalentonarme con ella y después, según te las manejes conmigo, extinguir a cintarazos el resto de las ocho (620). ¿Queréis empuñar el acero y sacarlo de la vaina? (621) (622) Despachad, o si no, antes que esté fuera, os andará el mío por las orejas.

TYBAL (desenvainando.) (623)

     A vuestra disposición.

ROMEO

     Buen Mercucio, envaina la hoja.

MERCUCIO

     Ea, señor, vuestra finta.

(Se baten.) (624)

ROMEO

     Tira la espada, Benvolio; desarmémosles (625). -Por decoro, caballeros, evitad semejante tropelía (626). -Tybal -Mercucio - (627)El príncipe ha prohibido expresamente semejante tumulto en las calles de Verona. -Deteneos, Tybal; -¡Buen Mercucio! (628)

(TYBAL y los suyos desaparecen.) (629)

MERCUCIO

     ¡Estoy herido! ¡Maldición sobre las dos (630) casas! ¡Muerto soy! -¿Se ha marchado con el pellejo sano?

ROMEO

     ¡Qué! ¿Estás herido?

MERCUCIO

     Sí, sí, un rasguño, un rasguño; de seguro, tengo bastante. ¿Dónde está mi paje? -Anda, belitre, trae un cirujano.

(Vasa el paje.) (631)

ROMEO

     Valor, amigo; la herida no puede ser grave.

MERCUCIO

     No, no es tan profunda como un pozo, ni tan ancha como una puerta de iglesia (632); pero hay con ella (633), hará su efecto. Ven a verme mañana y me hallarás

hombre-carga (634). Créemelo para este mundo, estoy en salsa (635). -¡Maldición sobre vuestras dos casas! ¡Pardiez (636), un perro, una rata, un ratón, un gato, rasguñar un hombre a muerte! (637) ¡Un fanfarrón, un miserable, un bellaco que no pelea sino por reglas de aritmética! ¿Por qué diablos viniste a interponerte entre los dos? Por debajo de tu brazo me han herido.

ROMEO

     Creí obrar del mejor modo.

MERCUCIO

     Ayúdame, Benvolio, a entrar en alguna casa, o voy a desmayarme. -¡Maldición sobre vuestras dos casas! Ellas me han convertido en pasto de gusanos. -Lo tengo, y bien a fondo. -¡Vuestra parentela! (638)

(Vanse MERCUCIO y BENVOLIO.)

      (639)

ROMEO

      (640) (641)

     Por causa mía, este hidalgo, el próximo deudo del príncipe, mi íntimo amigo, ha recibido esta (642) herida mortal; mi honra está manchada por la detracción de Tybal, ¡de Tybal, que hace una hora ha emparentado conmigo! (643) ¡Oh, [querida] Julieta! Tu belleza me ha convertido en un ser afeminado, ha enervado en mi pecho el vigoroso valor.

(Vuelve a entrar BENVOLIO.) (644)

BENVOLIO

     ¡Oh! ¡Romeo, Romeo, el bravo Mercucio ha muerto! Esta alma generosa ha demasiado pronto desdeñado la tierra y volado a los cielos.

ROMEO

     El negro destino de este día a muchos más (645) se extenderá: éste solo inaugura el dolor, otros lo darán fin (646).

(Entra de nuevo TYBAL.) (647)

BENVOLIO

     Ahí vuelve otra vez el furioso Tybal.

ROMEO

     ¡Vivo! ¡Triunfante! (648) ¡Y Mercucio matado! ¡Retorna a los cielos, prudente moderación (649), y tú, furor de sanguínea mirada (650), sé al presente mi guía! (651) Ahora, Tybal, recoge para ti el epíteto de infame, que hace poco me diste. El alma de Mercucio se cierne a muy poca altura de nosotros (652), aguardando que la tuya le haga (653) compañía. O tú o yo, o los dos juntos tenemos que ir en pos de ella.

[TYBAL

     Tú, miserable mancebo, que eras de su partido en la tierra, irás a su lado.

ROMEO

     Esto lo va a decidir.]

(Se baten. Cae TYBAL.)

BENVOLIO

     ¡Huye, Romeo, ponte en salvo! (654) El pueblo está en alarma, Tybal matado. Sal del estupor (655): el príncipe va a condenarte a muerte si te cogen. ¡Parte, huye, sálvate!

ROMEO

     ¡Oh! ¡Soy el juguete (656) de la fortuna!

BENVOLIO

     ¿Por qué estás aún ahí?

(Vase ROMEO.)

(Entran algunos CIUDADANOS.) (657)

(658)PRIMER CIUDADANO

     ¿Qué rumbo ha tomado el que mató a Mercucio? Tybal, ese asesino ¿por dónde ha huido?

BENVOLIO

     Tybal, Tybal yace ahí.

PRIMER CIUDADANO

     Alzad, señor, seguidme; os requiero en nombre del príncipe; obedeced.

(Entran el PRÍNCIPE y su séquito, MONTAGÜE, CAPULETO, las esposas de estos últimos y otros.)

      (659)

PRÍNCIPE

     ¿Dónde están los viles (660) autores de esta contienda?

BENVOLIO

     Noble príncipe, yo puedo relatar todos los desgraciados pormenores de esta fatal querella. Ése que veis ahí, muerto a manos del joven Romeo, fue el que mató al bravo Mercucio, tu pariente.

LADY CAPULETO

     ¡Tybal, mi primo! ¡El hijo de mi hermano! ¡Doloroso cuadro! (661) ¡Ay! ¡La sangre (662) de mi caro deudo derramada! -Príncipe, si eres justo para con nuestra sangre, derrama la sangre de los Montagües. -[¡Oh, primo, primo!] (663)

PRÍNCIPE

     Benvolio, ¿quién dio principio a esta sangrienta (664) querella?

BENVOLIO

     El que muerto ves ahí, Tybal, acabado por la mano de Romeo. Romeo le habló con dulzura, le suplicó que pesase lo fútil de la cuestión (665) (666), le hizo fuerza también con vuestro sumo coraje. Todo esto, dicho en tono suave, con mirada tranquila, en la humilde actitud de un suplicante, no consiguió aplacar la indómita saña de Tybal, que, sordo a la paz, asesta el agudo acero al pecho del bravo Mercucio: éste, tan lleno como él de fuego, opone a la contraria su arma mortífera, y con un desdén marcial, ya aparta de sí la muerte con una mano, ya la envía con la otra a Tybal, cuya destreza la rechaza a su vez. Romeo grita con fuerza: ¡Deteneos, amigos! ¡Amigos, apartad! y con brazo ágil y más pronto que su palabra, dando en tierra con las puntas homicidas, se precipita entre los contendientes; pero una falSa estocada de Tybal se abre camino bajo el brazo de Romeo y acierta a herir mortalmente al intrépido Mercucio (667). El matador huye acto continuo; mas vuelve a poco en busca de Romeo, en quien acababa de nacer el afán de venganza, y uno y otro se embisten como un relámpago: tan es así, que antes de poder yo tirar mi espada para separarlos, el animoso Tybal estaba muerto. Al verle caer, su adversario escapó. Si ésta no es la verdad, que pierda la vida Benvolio.

LADY CAPULETO

     Es pariente de los Montagües, el cariño le convierte en impostor (668) (669), no dice la verdad. Como veinte de ellos combatían en este odioso encuentro, y los veinte juntos no han podido matar sino un solo hombre. Yo imploro justicia, príncipe; tú nos la debes. Romeo ha matado a Tybal, Romeo debe perder la vida.

[PRÍNCIPE

     Romeo mató a Tybal, éste mató a Mercucio: ¿quién pagará ahora el precio de esta sangre preciosa?

MONTAGÜE (670)

     No Romeo, príncipe; él era el amigo de Mercucio. Toda su culpa es haber terminado lo que hubiera extinguido el ejecutor: la vida de Tybal.]

PRÍNCIPE

     Y por esa culpa, le desterramos inmediatamente de Verona. Las consecuencias de vuestros odios me alcanzan (671) (672); mi sangre corro por causa de vuestras feroces discordias; pero yo os impondré tan fuerte condenación que a todos os haré arrepentir de mis quebrantos. No daré oídos a defensas ni a disculpas; ni lágrimas, ni ruegos alcanzaran gracia (673); [excusadlos pues. Que Romeo se apresure a salir de aquí, o la hora en que se le halle será su última.] Llevaos ese cadáver y esperad mis órdenes. La clemencia que perdona al que mata, asesina.

(Vanse todos.)



Escena II

      (674) (675)

(Un aposento en la casa de Capuleto.) (676)

(Entra JULIETA.) (677)

JULIETA

     Galopad, galopad (678), corceles de flamígeros cascos hacia la mansión (679) de Febo: un cochero tal como Faetón os lanzaría a latigazos en dirección al Poniente y traería inmediatamente la lóbrega noche (680) (681). -[Extiende tu denso velo, noche protectora del amor, para que se cierren los errantes ojos (682) y pueda Romeo, invisible, sin que su nombre se pronuncie, arrojarse en mis brazos. La luz de su propia belleza basta a los amantes para celebrar sus amorosos misterios (683); y, dado que el amor sea (684) ciego, mejor se conviene con la noche. Ven, noche majestuosa (685), matrona de simples y sólo negras vestiduras; enséñame a perder, ganándola, esta partida en que se empeñan dos virginidades sin tacha (686). Cubre con tu negro manto mis mejillas, do la inquieta sangre se revuelve (687), hasta que el tímido amor, ya adquirida confianza (688) en los actos del amor verdadero, sólo vea pura castidad. ¡Ven, noche! ¡Ven, Romeo! Ven, tú, que eres el día en la noche; pues sobre las alas de ésta aparecerás más blanco que la nieve recién caída sobre las plumas de un cuervo (689). Ven, tú, la de negra frente, dulce, amorosa noche, dame a mi Romeo (690); y cuando muera (691), hazlo tuyo y compártelo en pequeñas estrellas: la faz del cielo será por él tan embellecida que el mundo entero se apasionará de la noche y no rendirá más culto al sol esplendente. - (692)¡Oh! He comprado un albergue de amor, pero no he tomado posesión de él, y aunque tengo dueño, no me he entregado aún. Tan insufrible es este día como la tarde, víspera de una fiesta, para el impaciente niño que tiene un vestido nuevo y no puede llevarlo. ¡Oh! ahí llega mi nodriza.]

(Entra la NODRIZA, con una escala de cuerdas.) (693)

     Ella me trae noticias: sí, toda boca que pronuncie el nombre de Romeo, sólo por ello, habla un estilo celeste. -Y bien, nodriza, ¿qué hay? -¿Qué tienes ahí? ¿La escala que te mandó traer Romeo? (694)

NODRIZA

     Sí, sí, la escala.

(Arrojándola al suelo.)

JULIETA

     ¡Cielos! ¿Qué pasa? ¿Por qué te tuerces las manos?

NODRIZA

     ¡Oh, infausto día! (695) ¡Muerto, muerto, muerto! ¡Estamos perdidas, señora, estamos perdidas! ¡Día aciago! ¡Ya no existe, le han matado, está sin vida!

JULIETA

     ¿Cabe tal crueldad en el cielo?

NODRIZA

     Si no en el cielo, cabe en Romeo. -¡Oh! ¡Romeo, Romeo! -¿Quién lo hubiera pensado? - ¡Romeo!

JULIETA

     ¿Qué demonio eres tú para atormentarme así? Semejantes lamentos son para aullarse en el horrible infierno. ¿Se ha suicidado Romeo? Responde únicamente (696), y este simple monosílabo envenenará más pronto que la mortífera mirada del basilisco. Cierra esos ojos que dicen sí, a pesar tuyo, o si el aparece en ellos, yo sucumbo (697). ¿Está muerto? Di . ¿No lo está? Di no. Breves sonidos determinen mi dicha o mi desgracia (698).

NODRIZA

     He visto la herida, la he visto con mis ojos. -¡Dios me perdone! (699) -Aquí, sobre su pecho varonil. Un lastimoso cadáver, un lastimoso, ensangrentado cadáver; pálido, pálido cual ceniza, todo impregnado (700) de sangre, de cuajarones de sangre. -Al verlo me desmayé.

JULIETA

     ¡Quiebra, oh corazón mío! ¡Pobre fallido, quiebra para siempre (701)! ¡En prisión mis ojos! ¡No penséis más en ser libres! (702) ¡Vil polvo, vuelve a la tierra; cesa al punto de moverte y en un (703) mismo pesado ataúd comprímete con Romeo! (704)

NODRIZA

     ¡Oh, Tybal, Tybal, mi mejor amigo! ¡Oh, cortés Tybal, leal hidalgo! ¡Que haya sobrevivido yo para verte muerto!

JULIETA

     ¿Qué tormenta es ésta que así sopla (705) de dos bandas opuestas? (706) ¿Asesinado Romeo y Tybal muerto? ¿Mi caro primo (707) y mi esposo, más caro aún? ¡Que la (708) terrible trompeta anuncie, pues (709), el juicio final! ¿Quién existe, si faltan esos dos hombres?

NODRIZA

     Tybal ha muerto y Romeo está desterrado. Romeo, matador de Tybal, está desterrado.

JULIETA

     ¡Oh, Dios! -¿La mano de Romeo ha vertido la sangre de Tybal?

NODRIZA (710)

     Sí, sí; ¡día fatal!, sí (711).

JULIETA

     ¡Oh, alma de víbora, oculta bajo belleza en flor! ¿Qué dragón habitó nunca tan hermosa caverna? ¡Agradable tirano! ¡Angélico demonio! (712) ¡Cuervo con plumas de paloma! (713) ¡Cordero de lobuna saña! (714) (715) ¡Despreciable sustancia de la más divina forma! ¡Justo opuesto de lo que apareces con razón, condenado (716) santo, honorífico traidor! -¡Oh, naturaleza! ¿Para qué reservabas el infierno cuando albergaste (717) el espíritu de un demonio en el paraíso mortal de un cuerpo tan encantador? ¿Volumen contentivo de tan vil materia fue jamás tan bellamente encuadernado? (718) ¡Oh! ¡Triste es que habite la impostura tan brillante palacio!

NODRIZA

     No hay sinceridad, ni fe, ni honor en los hombres; todos son falsos, perjuros, hipócritas. - (719)¡Ah! ¿Dónde está mi paje? Dadme un elixir. -Estos pesares, estas angustias, estas penas me envejecen. ¡Oprobio sobre Romeo!

JULIETA

     ¡Maldita sea tu lengua (720) por semejante deseo! Él no ha nacido para la deshonra. La vergüenza se correría de aposentarse en su frente; pues es un trono donde puede coronarse el honor, único monarca del universo mundo (721). ¡Oh, qué inhumana he sido en calumniarle!

NODRIZA

     ¿Habláis bien del que ha matado a vuestro primo?

JULIETA

     ¿Debo hablar mal del que es mi esposo? ¡Ah! ¡Mi dueño infeliz! ¿Qué lengua hará bien a tu nombre (722), cuando yo, desposada hace tres horas contigo, le he desgarrado? -Mas ¿por qué, perverso, diste muerte a mi primo? Ese perverso primo hubiera matado a mi esposo. Dentro, lágrimas insensatas, volved a vuestra nativa fuente; a la aflicción pertenece el acuoso tributo que por error ofrecéis a la alegría. Mi consorte, a quien Tybal quería matar, está vivo; y Tybal, que quería acabar con mi consorte, está muerto. Todo esto es consolante; ¿por qué lloro pues? -Una palabra he oído más siniestra que la muerte de Tybal, ella me ha asesinado. Bien quisiera olvidarla; pero, ¡ah!, pesa sobre mi memoria, cual execrables faltas sobre las almas de los pecadores. ¡Tybal está muerto y Romeo -desterrado! Este desterrado, esta sola palabra -desterrado, ha matado diez mil Tybales (723). Harta desgracia era, sin necesidad de otras, la muerte de Tybal; y si es que los crueles dolores se recrean en juntarse, e indispensablemente deben marchar subseguidos de otras penas, ¿por qué después de haber dicho -«Tybal ha muerto», no ha proseguido ella y tu padre, o y tu madre, o bien y tu padre y tu madre? Esto hubiera excitado en mí un ordinario (724) dolor (725). Pero, tras la muerte de Tybal, venir con el agregado (726) Romeo está desterrado, decir esto, es matar, es hacer morir, de un golpe, padre, madre, primo, consorte y esposa. -¡Romeo desterrado! -Ni fin, ni límite, ni medida, ni determinación tiene esta frase (727) mortal; no hay ayes que den la profundidad de este dolor (728). -¿Dónde están mi padre y mi madre, nodriza?

NODRIZA

     Lloran y gimen sobre el cadáver de Tybal, ¿queréis ir donde están? Yo os conduciré.

JULIETA

     ¿Bañan con lágrimas las heridas de aquél? (729) (730) El destierro de Romeo hará correr las mías cuando estén secas las de ellos (731). Recoge esas cuerdas. -Pobre escala, hete aquí engañada, lo mismo que yo; pues mi bien está desterrado. Al puente del amor anudó él tu extremidad (732); pero yo, aún virgen, virgen viuda moriré. Escala, nodriza, venid; voy a mi lecho nupcial. Que la muerte, en vez de Romeo, tome mi virginidad.-

NODRIZA

     Id de seguida a vuestra alcoba: yo buscaré a Romeo, para consolaros; sé bien dónde está. Oíd, vuestro bien se hallará aquí esta noche; corro a encontrarle; oculto está en la celda de Fray Lorenzo.

JULIETA

     ¡Oh, vele! Entrégale este anillo y dile que venga a darme el último adiós.

(Vanse.)



Escena III

      (733) (734)

(La celda de Fray Lorenzo.) (735)

(Entran FRAY LORENZO y ROMEO.) (736)

FRAY LORENZO (737)

     Adelante, Romeo; avanza, hombre tímido. La inquietud (738) se ha adherido con pasión a tu ser y has tomado por esposa a la calamidad (739).

ROMEO

     ¿Qué hay de nuevo, padre mío? ¿Cuál es la resolución del príncipe? ¿Qué nuevo, desconocido infortunio anhela estrechar lazos conmigo?

FRAY LORENZO

     Hijo amado, harto habituado estás a esta triste compañía. Voy a noticiarte el fallo del príncipe.

ROMEO

     ¿Cuál menos que un Juicio Final es su final sentencia?

FRAY LORENZO

     Un fallo menos riguroso ha salido de sus labios; no el de muerte corporal, sí el destierro de la persona.

ROMEO

     ¡Ah! ¿El destierro? Ten piedad, di la muerte. La proscripción es de faz más terrible, mucho más terrible que la muerte (740): no pronuncies esa palabra.

FRAY LORENZO

     De aquí (741), de Verona, estás desterrado. No te impacientes; pues el mundo es grande y extenso.

ROMEO

     Fuera del recinto de Verona, el mundo no existe; sólo el purgatorio, la tortura, el propio infierno (742). Desterrado de aquí, lo estoy de la tierra, y el destierro terrestre es la eternidad. [Sí, la proscripción es la muerte con un nombre supuesto:] llamar a ésta destierro, es cortarme la cabeza con un hacha de oro y sonreír al golpe que me asesina.

FRAY LORENZO

     ¡Oh grave (743) pecado! ¡Oh feroz ingratitud! Por tu falta pedían la muerte las leyes de Verona; pero el bondadoso príncipe, interesándose por ti, echa a un lado lo prescrito y cambia el funesto muerte en la palabra destierro: ésta es una insigne (744) merced y tú no la reconoces.

ROMEO

     Es un suplicio, no una gracia. El paraíso está aquí, donde vive Julieta: los gatos, los perros, el menor ratoncillo, el más ruin insecto, habitando este edén, podrá contemplarla; pero Romeo no. -Más importancia que él, más digna representación, más privanza (745), disfrutarán las moscas, huéspedes de la podredumbre (746). Ellas podrán tocar las blancas, las admirables manos de la amada Julieta (747) y hurtar una celeste dicha de esos labios que (748), aun respirando pura y virginal modestia, se ruborizan de continuo, tomando a falta los besos que ellos mismos se dan (749). (750)¡Ah! Romeo no lo puedo; está desterrado. Las moscas pueden tocar esa ventura, que a mí me toca huir (751). Ellas son entes libres, yo un ente proscripto. ¿Y dirás aún que no es la muerte el destierro? (752) (753) ¿No tenías, para matarme, alguna venenosa mistura, un puñal aguzado, un rápido medio de destrucción, siempre, en suma, menos vil que el destierro? (754) ¡Desterrado! ¡Oh, padre! Los condenados pronuncian esa palabra en el infierno en medio de aullidos. ¿Cómo tienes el corazón, tú, un sacerdote, un santo confesor, uno que absuelve faltas y es mi patente amigo, de triturarme con esa voz -desterrado?

FRAY LORENZO

     ¡Eh! Amante insensato (755) (756), escúchame solamente una palabra (757).

ROMEO

     ¡Oh! ¿Vas a hablarme aún de destierro?

FRAY LORENZO

     Voy a darte (758) una armadura para que esa voz no te ofenda (759). La filosofía, dulce bálsamo de la adversidad, que te consolará aun en medio de tu extrañamiento.

ROMEO

     ¿Extrañamiento otra vez? -¡En percha la filosofía! Si no puede crear una Julieta, trasponer una ciudad, revocar el fallo de un príncipe, para nada sirve; ningún poder tiene; no hables más de ella.

FRAY LORENZO

     ¡Oh! Esto me prueba que los insensatos no tienen oídos.

ROMEO

     ¿Cómo habrían de tenerlos, cuando los cuerdos carecen de ojos?

FRAY LORENZO

     Discutamos (760), si lo permites, sobre tu situación.

ROMEO

     Tú no puedes hablar de lo que no sientes. Si fueras tan joven como yo, el amante de Julieta (761), casado de hace una hora, el matador de Tybal; si estuvieses loco de amor como yo, y como yo desterrado, entonces podrías hacerlo, entonces, arrancarte los cabellos y arrojarte al suelo, como lo hago en este instante, para tomar la medida de una fosa que aún está por cavar.

(Tocan dentro.) (762)

FRAY LORENZO

     Alza, alguien llama; ocúltate, buen Romeo (763).

ROMEO

     ¿Yo? No, a menos que el vapor de los penosos ayes del alma, en forma de niebla, no me guarezca de los ojos que me buscan (764).

(Dan golpes.)

FRAY LORENZO

     ¡Escucha cómo llaman! -¿Quién está ahí? -Alza, Romeo, vas a ser preso. -Aguardad un instante. -En pie, huye a mí gabinete. -(Llaman de nuevo.) (765) Ahora mismo. -¡Justo Dios! (766) ¿Qué obstinación (767) es ésta? - (768)Allá voy, allá voy. (Continúan los golpes.) ¿Quién llama tan recio? ¿De parte de quién venís? ¿Qué queréis?

NODRIZA (desde dentro.) (769)

     Dejadme entrar y sabréis mi mensaje. La señora Julieta es quien me envía.

FRAY LORENZO (abriendo.)

     Bien venida entonces.

(Entra la NODRIZA.) (770)

NODRIZA

     ¡Oh! Bendito padre, ¡oh! decidme, bendito padre, ¿dónde está el marido de mi señora, dónde, está Romeo?

FRAY LORENZO

     Helo ahí, en el suelo, ebrio de sus propias lágrimas.

NODRIZA

     ¡En igual estado (771) que mi señora, en el mismo, sin diferencia!

FRAY LORENZO

     ¡Oh! ¡Funesta simpatía, deplorable semejanza! (772) (773)

NODRIZA

     Así cabalmente yace ella, gimiendo y llorando, llorando y gimiendo (774). -Arriba, arriba si sois hombre; alzad. En bien de Julieta, por su amor, en pie y firme. ¿Por qué caer en tan profundo abatimiento? (775) (776)

ROMEO

     ¡Nodriza! (777)

NODRIZA

     ¡Ah, señor! ¡Señor! Sí (778), la muerte lo acaba todo.

ROMEO

     ¿Hablas de Julieta? ¿En qué estado se encuentra? Después que he manchado de sangre la infancia de nuestra (779) dicha, de una sangre que tan de cerca participa de la suya, ¿no me juzga un consumado asesino? ¿Dónde está? ¿Cómo se halla?¿Qué dice mi secreta esposa de nuestra amorosa miseria? (780) (781)

NODRIZA

     ¡Ah! Nada dice, señor, llora y llora (782), eso sí. Ya cae sobre su lecho, ya se levanta sobresaltada (783), llamando a Tybal, ¡Romeo!, grita enseguida; [y enseguida cae en la cama otra vez.]

ROMEO (784)

     Cual si ese nombre fuese el disparo de un arma mortífera que la matase, como mató a su primo la maldita mano del que le lleva. -¡Oh! (785) dime, religioso (786), dime en qué vil parte de este cuerpo reside mi nombre, dímelo, para que pueda arrasar la odiosa morada.

(Tirando de su espada.) (787)

FRAY LORENZO

     Detén la airada mano. ¿Eres hombre? (788) Tu figura lo pregona, mas tus lagrimas son de mujer y tus salvajes acciones manifiestan la ciega rabia de una fiera (789). ¡Bastarda hembra de varonil aspecto! ¡Deforme monstruo de doble semejanza! (790) Me has dejado atónito. Por mí santa orden, creía mejor templada tu alma. ¡Has matado a Tybal! ¿Quieres ahora acabar con tu vida? (791) ¿Dar también (792) muerte a tu amada, que respira en tu aliento (793), [haciéndote propia víctima de un odio maldito? ¿Por qué injurias a la naturaleza, al cielo y a la tierra? Naturaleza, tierra y cielo, los tres a un tiempo te dieron vida; y a un tiempo quieres renunciar a los tres (794). ¡Quita allá, quita allá! Haces injuria a tu presencia, a tu amor, a tu entendimiento: con dones de sobra, verdadero judío, no te sirves de ninguno para el fin, ciertamente provechoso, que habría de dar realce a tu exterior, a tus sentimientos, a tu inteligencia (795). Tu noble configuración es tan sólo un cuño de cera, desprovisto de viril energía; tu caro juramento de amor, un negro perjurio únicamente, que mata la fidelidad que hiciste voto de mantener; tu inteligencia, este ornato de la belleza y del amor, contrariedad al servirles de guía (796), prende fuego por tu misma torpeza, como la pólvora en el frasco de un soldado novel, y te hace pedazos en vez de ser tu defensa (797).] ¡Vamos, hombre, levántate! Tu Julieta vive, tu Julieta, por cuyo caro amor yacías inanimado hace poco. Esto es una dicha. Tybal quería darte la muerte y tú se la has dado a él; en esto eres también dichoso. [La ley, que te amenaza con pena capital, vuelta tu amiga, ha cambiado (798) aquélla en destierro: otra dicha tienes aquí.] Un mar de bendiciones llueve sobre tu cabeza, la felicidad, luciendo sus mejores galas, te acaricia; pero tú, como una joven obstinada y (799) perversa, te muestras enfadada (800) con tu fortuna y con tu amor. Ten cuidado, ten cuidado; pues las que son así, mueren miserables. Ea, ve a reunirte con tu amante, según lo convenido; sube a su aposento, ve a darle consuelo. Eso sí, sal antes que sea de día (801), pues ya claro, no podrás trasladarte a Mantua, [donde debes permanecer hasta que podamos hallar la ocasión de publicar tu matrimonio, reconciliar a tus deudos, alcanzar el perdón del (802) príncipe y hacerte volver con cien mil veces más dicha que lamentos das al partir (803).] Adelántate, nodriza: saluda en mi nombre a tu señora, dila que precise a los del castillo, ya por los crueles pesares dispuestos al descanso, a que se recojan. [Romeo va de seguida.] (804)

NODRIZA

     ¡Oh Dios! Me habría quedado aquí toda la noche para oír saludables consejos. ¡Ah, lo que es la ciencia! -Digno hidalgo (805), voy a anunciar a la señora vuestra visita.

ROMEO

     Sí, y di a mi bien que se prepare a reñirme (806).

NODRIZA

     Tomad, señor, este anillo que me encargó entregaros. Daos prisa, no tardéis; pues se hace muy tarde.

(Vase la NODRIZA.) (807)

ROMEO

     ¡Cuánto este don reanima mi espíritu!

FRAY LORENZO

     [¡Partid; feliz noche! Dejad a Verona antes que sea de día, o al romper el alba salid disfrazado. Toda vuestra fortuna depende de esto (808)-] (809) Permaneced en Mantua; yo me veré con vuestro criado, quien de tiempo en tiempo os comunicará todo lo que aquí ocurra (810) de favorable para vos. [Venga la mano; es tarde.] ¡Adiós, [feliz noche!]

ROMEO

     Si una alegría superior a toda alegría no me llamara a otra parte, sería para mí un gran pesar separarme de ti tan pronto. [Adiós.] (811) (812)

(Vase.)



Escena IV

      (813) (814)

(Un aposento en la casa de Capuleto.) (815)

(Entran CAPULETO, la señora CAPULETO y PARIS.) (816)

CAPULETO

     Han acontecido, señor, tan desgraciados sucesos que no hemos tenido (817) tiempo de prevenir a nuestra hija. Considerad, ella profesaba un tierno afecto a su primo Tybal, y yo también. Sí, helaos nacido para morir (818). -Es muy tarde; ella no bajará esta noche. Os respondo que a no ser por vuestra compañía ya estaría en la cama hace una hora.

PARIS

     Tan turbio tiempo no presta tiempo al amor. Buenas noches, señora, saludad en mi nombre a vuestra hija.

LADY CAPULETO

     Con placer, y mañana temprano sabré lo que piensa. El pesar la tiene encerrada (819) esta noche.]

CAPULETO

     Señor Paris (820), me atrevo a responderos del amor de mi hija (821). Pienso que en todos conceptos se dejará guiar por mí; digo más, no lo dudo. -Esposa, pasad a verla antes de ir a recogeros; instruidla sin demora del amor de mi hijo Paris; y prevenidla, escuchadme bien, que el miércoles próximo. -Mas poco a poco; ¿qué día es hoy?

PARIS

     Lunes, señor.

CAPULETO

     ¿Lunes? ¡Ah! ¡Ah! Sí, el miércoles es demasiado pronto: que sea el jueves. -Decidla que el jueves se casará con este noble conde. -¿Estaréis dispuesto? ¿Os place esta precipitación? (822) No haremos gran ruido. Un amigo o dos (823); -pues, parad la atención: hallándose tan reciente el asesinato de Tybal, podría pensarse que nos era indiferente como deudo, si nos diésemos a grande algazara. En tal virtud, tendremos una docena de amigos, y punto final. Pero, ¿qué decís del jueves?

PARIS

     Señor, quisiera que el jueves fuese mañana.

CAPULETO

     Vaya, retiraos. Queda pues aplazado para el jueves. -Vos, señora, id a ver a Julieta antes de recogeros, preparadla para el día del desposorio. -Adiós, señor. -¡Hola! ¡Luz en mi aposento! Id delante. Es tan excesivamente tarde que dentro de nada diremos que es temprano (824). -Buenas noches (825).

(Vanse.)



Escena V

      (826)

(Alcoba de Julieta.) (827)

(Entran ésta y ROMEO.) (828)

JULIETA

     ¿Quieres dejarme ya? Aún dista el amanecer (829): fue la voz del ruiseñor y no la de la alondra la que penetró en tu alarmado oído (830). Todas las noches canta sobre aquel granado (831). Créeme, amor mio, fue el ruiseñor.

ROMEO

     Era la alondra, la anunciadora del día, no el ruiseñor. Mira, mi bien, esos celosos resplandores que orlan, allá en el Oriente, las nubes crepusculares (832): las antorchas de la noche se han extinguido (833) y el riente día trepa (834) a la cima de las brumosas montañas. Tengo que partir y conservar la vida, o quedarme y perecer.

JULIETA

     Esa luz no es la luz del día, estoy segura, lo estoy: es algún meteoro que exhala el sol, para que te sirva de hachero esta noche (835) y te alumbre en tu ruta hacia Mantua. Demórate, así, algo más; no tienes precisión de marcharte (836).

ROMEO

     Que me sorprendan, que me maten, satisfecho estoy con tal que tú lo quieras. No, ese gris resplandor no es el resplandor matutino, es sólo el pálido reflejo (837) de la frente (838) de Cintia (839); no, no es la alondra la que hiere con sus notas la bóveda celeste a tan inmensa altura de nosotros. Más tengo inclinación (840) de quedarme que voluntad de irme. Ven, muerte; ¡bienvenida seas! Así lo quiere Julieta. -¿Qué dices, alma mía? (841) Platiquemos; la aurora no ha lucido.

JULIETA

     Sí, sí, parte, huye, vete de aquí. Es la alondra la que así desafina, lanzando broncas discordancias, desagradables sostenidos. Propalan que la alondra produce melodiosos apartes (842); no es así, pues que deshace el nuestro. La alondra se dice que ha cambiado (843) de ojos con el repugnante sapo: ¡oh! quisiera en este momento que hubieran también cambiado de voz (844); (845) pues que esta voz, atemorizados, nos arranca de los brazos al uno del otro (846) y te arroja de aquí con sones (847) que despiertan al día (848). ¡Oh! Parte desde luego; la claridad aumenta más y más.

ROMEO

     ¿Más y más claridad? Más y más negro es nuestro infortunio.

(Entra la NODRIZA.) (849)

NODRIZA

     ¡Señora!

JULIETA

     ¿Nodriza?

NODRIZA

     La señora condesa se dirige a vuestro aposento: es de día, estad sobre aviso, ojo alerta.

(Vase la NODRIZA.) (850)

JULIETA

     En tal caso, ¡oh ventana!, deja entrar el día y salir mi vida (851).

ROMEO

      (852)¡Adiós, adiós! Un beso, y voy a bajar.

(Empieza a bajar.) (853)

JULIETA

     ¡Amigo, señor, dueño mío! ¿así me dejas? (854) Necesito nuevas tuyas a cada instante del día, pues que muchos días hay en cada minuto (855). ¡Oh! Por esta cuenta, muchos años pesarán sobre mí cuando vuelva a ver a mi Romeo (856) (857).

ROMEO

     Adiós; en cuantas ocasiones haya, amada mía, te enviaré mis recuerdos.

JULIETA

     ¡Oh! ¿Crees tú que aún nos volveremos a ver?

ROMEO

     No lo dudo (858); y todos estos dolores harán el dulce entretenimiento de nuestros venideros días.

JULIETA (859)

     ¡Dios mío! Tengo en el alma un fatal presentimiento. Ahora, que abajo (860) estás, me parece que te veo como un muerto en el fondo de una tumba (861). O mis ojos se engañan, o pálido apareces.

ROMEO

     Pues créeme, mi amor, de igual suerte te ven los míos. El dolor penetrante deseca nuestra sangre (862). ¡Adiós! ¡Adiós!

(Desaparece ROMEO.) (863)

[JULIETA (864)

     ¡Oh fortuna! ¡Fortuna! La humanidad te acusa de inconstante. Si inconstante eres, ¿qué tienes que hacer con Romeo, cuya lealtad es notoria? (865) Sé inconstante, fortuna; pues que así alimentaré la esperanza de que no le retendrás largo tiempo, volviéndole a mi lado.

LADY CAPULETO (desde dentro.)

     ¡Eh! ¡Hija mía! ¿Estás levantada?

JULIETA

     ¿Quién llama? ¿Acaso, la condesa mi madre? ¿Es que tan tarde no se ha acostado aún, o que se halla en pie tan de mañana? (866) (867) ¿Qué extraordinario motivo la trae aquí?] (868) (869)

(Entra LADY CAPULETO.) (870) (871)

LADY CAPULETO

     ¡Eh! ¿Qué tal va, Julieta?

JULIETA

     No estoy bien, señora.

LADY CAPULETO

     ¿Siempre llorando la muerte de vuestro primo? ¡Qué! ¿Pretendes quitarle el polvo de la tumba con tus lágrimas? Aunque lo alcanzaras, no podrías retornarle la vida. Basta pues; un dolor moderado prueba gran sentimiento; un dolor excesivo, al contrario, anuncia siempre cierta falta de juicio.

JULIETA

     Dejadme llorar aún una pérdida tan sensible.

LADY CAPULETO

     Haciéndolo, sentirás la pérdida, sin sentir a tu lado al amigo por quien lloras.

JULIETA

     Sintiendo de tal suerte la pérdida, tengo a la fuerza que llorarle siempre.

LADY CAPULETO

     Vaya, hija, lloras, no tanto por su muerte, como por sabor que vive el miserable que le mató.

JULIETA

     ¿Qué miserable, señora?

LADY CAPULETO

     Ese miserable (872) Romeo.

JULIETA (873)

     Entre un miserable y él hay muchas millas de distancia. ¡Perdónele Dios! (874) Yo le perdono con toda mi alma y, sin embargo, ningún hombre aflige tanto como él mi corazón.

LADY CAPULETO

     Sí, porque vive el traidor asesino (875).

JULIETA

     Cierto, señora, lejos del alcance de mis brazos. ¡Que no fuera yo sola la encargada de vengar la muerte de mi primo!

LADY CAPULETO

     Alcanzaremos venganza de ella, pierde cuidado: así, no llores más. -Avisaré en Mantua, donde vive ese vagabundo desterrado -a cierta persona que le brindará una eficaz poción (876) (877), con la que irá pronto a hacer compañía a Tybal, y entonces, me prometo que estarás satisfecha.

JULIETA

     Sí, jamás me hallaré satisfecha mientras no vea a Romeo (878) -muerto- está realmente mi pobre corazón por el daño de un pariente. -Señora (879), si pudieseis hallar un hombre, tan sólo para llevar el veneno, yo lo prepararía de modo que, tomándolo Romeo, durmiera en paz sin retardo. -¡Oh! ¡Cuánto repugna a mi corazón el oírle nombrar y no poder ir hacia él. -¡Y no vengar el afecto que profesaba a mi primo (880) sobre la persona del que lo ha matado! (881)

LADY CAPULETO

     Halla tú los medios, y yo encontraré el hombre (882). Ahora, hija mía, voy a participarte alegres noticias.

JULIETA

     Sí, en tan preciso (883) tiempo, la alegría viene a propósito. Por favor, señora madre, ¿qué nuevas son ésas?

LADY CAPULETO

     Vaya, hija, vaya, tienes un padre cuidadoso, un padre que, para libertarte de tu tristeza, ha preparado un pronto día de regocijo, que ni sueñas tú ni me esperaba yo.

JULIETA

     Sea en buen hora (884), ¿qué día es ése, señora?

LADY CAPULETO

     Positivamente, hija mía, el jueves próximo, bien de mañana, el ilustre, guapo y joven hidalgo, el conde Paris (885), en la iglesia de San Pedro, tendrá la dicha de hacerte ante el altar (886) una esposa feliz (887).

JULIETA

     ¡Ah! Por la iglesia de San Pedro y por San Pedro mismo, no hará de mí ante el altar (888) una feliz esposa. Me admira tal precipitación; el que tenga que casarme antes que el hombre que debe ser mi marido me haya hecho la corte (889). Os ruego, señora, digáis a mi señor y padre que no quiero desposarme aún, y que, cuando lo haga, juro (890) efectuarlo con Romeo, a quien sabéis que odio, más bien que con Paris. (891)Éstas son nuevas realmente (892).

LADY CAPULETO

     Ahí viene vuestro padre, decidle eso vos misma [y ved cómo lo recibe de vuestra boca.]

(Entran CAPULETO y la NODRIZA.) (893) (894)

[CAPULETO

     Cuando el sol se pone, el aire (895) gotea rocío (896); mas por la desaparición del hijo de mi hermano llueve en toda forma (897).] ¿Cómo, cómo, niña, [una gotera tú? ¿Siempre llorando?] ¡Tú un chaparrón eterno! (898) De tu pequeño cuerpo haces a la vez un océano, una barca, un aquilón (899); pues tus ojos, que mantienen un continuo flujo y reflujo de lágrimas, son para mí como el mar, tu cuerpo es (900) la barca que boga en esas ondas saladas, el aquilón tus suspiros que, luchando en mutua furia con tus (901) lágrimas, harán, si una calma súbita no sobreviene, zozobrar tu cuerpo, batido por la tempestad (902). -¿Qué tal, esposa? (903) ¿Le habéis significado nuestra determinación? (904)

LADY CAPULETO

     Sí, pero ella no quiere (905), ella os da las gracias, señor (906). ¡Deseara que la loca (907) estuviese desposada con su tumba!

CAPULETO

     [Poco a poco, entérame, mujer, entérame (908).] ¡Cómo! ¿no quiere, no nos da las gracias? ¿No está orgullosa, [no se estima feliz de que hayamos hecho que un tan digno hidalgo, no valiendo ella nada, se brinde esposo suyo?]

JULIETA

     No orgullosa de lo alcanzado, sí agradecida a vuestro esfuerzo (909). Jamás puedo estar orgullosa de lo que detesto (910); mas sí obligada a lo mismo que odio cuando es indicio de amor (911).

CAPULETO

     ¡Cómo, cómo! ¡Cómo, cómo! ¡Respondona! (912) (913) ¿Qué significa eso? Orgullosa y agradecida -desobligada -y sin embargo, no orgullosa (914) -[Oíd, señorita remilgada:] (915) no me vengáis con afables agradecimientos, con hinchazones de orgullo; antes bien, aprestad (916) vuestras finas piernas para ir el jueves próximo a la iglesia de San Pedro, en compañía de Paris, o te arrastraré hacia allí sobre un zarzo. ¡Fuera de aquí clorótica [materia!] ¡Fuera, miserable! ¡Cara de sebo! (917)

LADY CAPULETO

     [¡Vaya, anda, anda! ¿Estás sin sentido?]

JULIETA

     Querido padre, [os pido de rodillas que me oigáis, [con calma,] producir [sólo una frase.]

CAPULETO

     [¡Llévete el verdugo, joven casquivana, refractaria criatura»!] Te lo repito: o ve a la iglesia el jueves, o nunca vuelvas a presentarme la cara. Ni una palabra, ni una réplica, muda la boca; tienen mis dedos tentación. -Señora, creíamos pobremente bendecido nuestro enlace porque Dios nos había dado (918) tan sólo esta única hija; pero veo ahora que ésa una está de sobra y que hemos tenido en ella una maldición (919). ¡Desaparezca, miserable! (920)

NODRIZA

     ¡Que Dios, desde el cielo, la bendiga! -Hacéis mal, señor, en tratarla así.

CAPULETO

     ¿Y por qué, señora Sabiduría? Retened la lengua, madre Prudencia; id a parlotear con vuestros iguales.

NODRIZA

     No digo ninguna indignidad.

CAPULETO

     ¡Ea, vete con Dios! (921) (922)

NODRIZA

     ¿No se puede hablar? (923)

CAPULETO

     ¡Silencio, caduca farfullera! Reserva tus prédicas para tus comadres de banquete; pues aquí no necesitamos de ellas.

LADY CAPULETO

     Os acaloráis demasiado.

CAPULETO

     ¡Hostia divina! (924) (925) Eso me trastorna el juicio. De día, de noche, a cada hora, a cada minuto (926), en casa, fuera de casa, solo o acompañado, durmiendo o velando, mi único afán ha sido el casarla, y hoy, que he hallado un hidalgo de faustosa (927) alcurnia, que posee bellos dominios (928), joven, de noble educación (929), lleno, como se dice, de caballerosos dones, un hombre tan cumplido como puede un corazón desearlo (930) (931)... -venir, una tonta, lloricona criatura, una quejumbrosa muñeca a responder cuando se le presenta su fortuna: [Yo no quiero casarme, -] No puedo amar (932), -Soy demasiado joven, -Os ruego que me perdonéis. -Sí, si no queréis casaros, os perdonaré; id a holgaros donde os plazca, no habitaréis más conmigo. Fijaos en esto, pensad en ello, no acostumbro chancearme. El jueves se acerca; poned la mano sobre el corazón, aconsejaos. Si sois mi hija, mi amigo os alcanzará; si no lo sois, haceos colgar, mendigad, pereced de hambre, morid en las calles; pues, por mi alma, jamás os reconoceré; nada de cuanto me pertenece se empleará jamas en vuestro bien. Contad con esto (933), reflexionad; no quebrantaré mi palabra (934).

(Vase.)

JULIETA

     ¿No existe, no hay piedad en el cielo que penetre la profundidad de mi dolor? ¡Oh tierna madre mía, no me arrojéis lejos de vos! Diferid este matrimonio por un mes, por una semana; o, si no lo hacéis, erigid mi lecho nupcial en el sombrío (935) monumento que Tybal reposa.

LADY CAPULETO

     No te dirijas a mí, pues no responderé una palabra. Haz lo que quieras, todo ha concluido entrelas dos.

(Se marcha.)

JULIETA

     ¡Dios mío! -Nodriza, ¿cómo precaver esto? Mi marido está en la tierra, mi fe en el cielo: ¿cómo esta fe puede descender aquí abajo, si no es que mi esposo me la devuelve desde arriba, abandonando el mundo? -Dame consuelo, aconséjame. -¡Ay, ay de mí! ¡Que el cielo ponga en práctica engaños contra un tan apacible ser como yo! -¿Qué dices? ¿No tienes una palabra de alegría, algún consuelo, nodriza? (936)

NODRIZA

     Sí, en verdad, hele aquí: Romeo está desterrado, y apostaría el mundo contra nada (937) a que no osará jamás venir a reclamaros, y a que, si lo hace, será indispensablemente a ocultas. [En vista de esto, pues que al presente la situación es tal,] opino que lo mejor para vos sería casaros con el conde (938). ¡Oh! ¡Es un amable caballero! Romeo es un trapo a su lado. [Un águila, señora, no tiene tan claros (939) (940), tan vivos, tan bellos ojos como tiene Paris]. ¡Pese a mi propio corazón, creo que es una dicha para vos este segundo matrimonio! [Está muy por encima del primero y, prescindiendo de esto], vuestro primer marido no existe (941), lo que equivale a tanto como a tenerle viviente en la tierra (942) (943) sin que le poseáis.

JULIETA

     ¿Hablas de corazón?

NODRIZA

     Y también de alma, o que Dios me castigue (944) (945).

JULIETA

     Amén.

NODRIZA

     ¿Qué? (946)

JULIETA

     Vaya, me has consolado maravillosamente. Entra y di a la condesa que, habiendo disgustado a mi padre, he ido a la celda de Fray Lorenzo a confesarme y a alcanzar absolución.

NODRIZA

     Corriente, iré a decirlo; en esto obráis cuerdamente.

(Vase.) (947)

JULIETA

     ¡Vieja condenada! ¡Perverso (948) Satanás! ¿Cuál es peor pecado: inducirme así al perjurio, o improperar a mi señor con esa propia lengua que tantos millares de veces le ha puesto por encima de toda comparación? -Anda, consejera; tú y mi corazón han hecho eterna ruptura. -Voy a visitar al monje, para ver el recurso que me ofrece. Si todo medio falla, tengo el de acabar conmigo.

(Vase.)

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    Julieta y Romeo
     William Shakespeare ; traducidas fielmente del original inglés ... por Matías de Velasco y Rojas, Marqués de Dos Hermanas
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