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Acto IVEscena I ¿El jueves, señor? El plazo es bien corto. Mi padre Capuleto lo quiere así y nada tengo de calmudo para entibiar (952) su premura (953). Decís que no conocéis los sentimientos de la joven: torcido es el modo de obrar, no me agrada. Julieta llora sin medida la muerte de Tybal y, por lo tanto, apenas la he hablado de amor; pues en casa de lágrimas no se sonríe Venus. Ahora bien, señor, su padre estima peligroso el que ella dé tal latitud a su pesar y, en su cordura, activa nuestro consorcio, para contener ese diluvio de llanto que, harto amado (954) por Julieta en sil aislamiento, puede alejar de su mente la compañía (955). Ésta, ya lo sabéis, es la causa de su presteza. Quisiera ignorar el motivo que debiera entibiarla. -Ved, señor, ahí viene Julieta hacia mi celda. ¡Dichoso encuentro, señora y esposa mía! (957) Tal saludo cabrá, señor, cuando quepa llamarme esposa (958). Puede, debe caber, amor mío, el jueves próximo. Será lo que debe ser. Sentencia positiva es ésa. ¿Venís a confesaros con Fray Lorenzo? Responder a esto sería confesarme con vos. No le ocultéis que me amáis. Os haré la confesión de que le amo. Igualmente, estoy. seguro, le confesaréis que me amáis. Si tal hago, más precio tendrá la declaratoria hecha en vuestra ausencia que delante de vos. ¡Infeliz criatura! Tu rostro se halla bien alterado por las lágrimas. El lloro ha conseguido sobre él victoria débil; pues bien poco valía antes de sus injurias. Mas que las lágrimas le ofendes tú con semejante respuesta. Lo que no es una calumnia, señor, es una verdad (959), y lo que he dicho, dicho lo tengo a mi (960) faz (961). Tu faz es mía y la has calumniado. Quizás sea así, pues no me pertenece. -Santo padre, ¿os halláis desocupado al presente, o tendré que venir a veros a la hora de vísperas? (962) El tiempo es mío al presente, mi grave (963) hija. -Señor, debemos (964) pediros que nos dejéis solos. ¡Dios me preserve de turbar la devoción! -Julieta, el jueves, temprano, iré a despertaros. Adiós hasta entonces, y recibid este santo beso (965). ¡Oh! (966) Cierra la puerta y, hecho esto, ven a llorar conmigo: ¡acabó la esperanza, el consuelo (967), la protección! (968) ¡Ah, Julieta! Ya conozco tu pesar; [él me lleva a un extremo que me saca de juicio.] Sé que debes, sin que nada pueda retardarlo, desposarte con ese conde el jueves próximo. Padre, no me digas que sabes del caso sin manifestarme cómo puedo impedirlo. [Si en tu sabiduría, no cabe prestarme ayuda, declara solamente que apruebas mi resolución, y con este puñal voy a remediarlo al instante. Dios ha unido mi corazón al de Romeo, tú nuestras manos, y antes que esta mano, enlazada por ti a la de Romeo, sirva de sello a otro pacto (969), antes que mi corazón fiel, con desleal traición, se dé a otro, esto acabará con ambos.] Alcanza [pues de tu vieja, dilatada experiencia] algún consejo que darme al presente, o, mira: este sangriento puñal se enderezará decisorio entre mi vejación (970) y yo, resolviendo como árbitro lo que la autoridad (971) de tus (972) años y tu ciencia no atraiga a la senda del verdadero honor. No así dilates el responder; la muerte se me dilata (973) si tu respuesta no habla de salvación (974). Detente, hija; entreveo cierta clase de esperanza que requiere una resolución (975) tan desesperada como desesperado es el mal que deseamos huir. Si tienes la energía de (976) querer matarte (977) antes que ser la esposa del conde Paris, no es, pues, dudoso que osarás intentar el remedo de la muerte para rechazar el ultraje a que haces cara con la muerte misma, en tu afán de evitarlo (978). Y pues tienes ese valor, voy a ofrecerte recurso. ¡Oh! Antes que casarme con Paris, manda que me precipite desde las almenas de esa (979) torre, que discurra por las sendas de los bandidos, que vele donde se abrigan serpientes; encadéname con osos feroces (980) (981) o encuádrame (982) por la noche en un osario repleto de rechinantes esqueletos humanos, de fétidos trozos de amarillas y descarnadas calaveras; mándame entrar en una fosa recién cavada y envuélveme con un cadáver en su propia mortaja (983) (984), ordéname cosas que me hayan hecho temblar al escucharlas (985), y las llevaré a cabo sin temor ni hesitación para permanecer, la inmaculada esposa de mi dulce bien (986). Oye, pues: vuelve a casa, [muéstrate alegre, presta anuncia al enlace con Paris. Mañana es miércoles; mañana por la noche haz por dormir sola,] no dejes que la nodriza te haga compañía en tu aposento. Así que estés en el lecho (987), toma este frasquito y traga el destilado licor que guarda. Incontinenti correrá por tus venas todas un frío y letárgico humor, que dominará los espíritus vitales; ninguna arteria conservará su natural movimiento; por el contrario, cesarán de latir (988); ni calor, ni aliento alguno testificarán tu existencia; [el carmín de tus labios y mejillas bajará hasta cenicienta palidez (989); caerán las cortinas de tus ojos como al tiempo de cerrarse por la muerte el día de la vida. Cada miembro, de ágil potencia despojado (990), yerto, inflexible, frío, será una imagen del reposo eterno.] En este fiel trasunto de la pasmosa muerte (991) permanecerás cuarenta y dos horas completas (992) y, al vencerse, te despertarás como de un sueño agradable. Así, cuando por la mañana venga el novio para hacerte levantar del lecho, yacerás muerta en éste. Según el uso de nuestro país, ornada entonces de tus mejores galas, descubierta en el féretro (993), serás llevada al antiguo panteón (994) donde reposa toda la familia de los Capuletos. Mientras esto sucede, antes que vuelvas en ti, instruido Romeo por mis cartas de lo que intentamos, vendrá aquí: él y yo velaremos tu despertar (995) y la propia noche te llevará tu esposo a Mantua. Este expediente te salvará de la afrenta que te amenaza si un fútil capricho (996) (997), un terror femenino, no viene en la ejecución a abatir tu valor. Dame, ¡oh, dame!, no hables de temor (998). Toma, adiós. Sé fuerte y dichosa en la empresa. Enviaré sin dilación a Mantua un religioso que lleve mi mensaje a tu dueño (999). ¡Amor! ¡Dame fuerza! La fuerza me salvará. ¡Adiós, mi querido padre! Escena II Invita a las personas cuyos nombres están inscritos aquí. Maula, ve a alquilarme veinte cocineros (1004) hábiles. Ni uno malo tendréis, señor, pues veré si pueden lamerse los dedos. ¿Cómo probarlos de este modo? Vaya, señor, es un mal cocinero el que no puede lamerse los dedos; por consecuencia, el que no consiga hacer tal cosa, no viene conmigo (1005). Ea, vete. [Bien mal preparados estaremos esta vez.-] ¡Eh! ¿Ha ido mi hija a ver al Padre Lorenzo? (1007) Sí, por cierto. Bueno, quizá pueda él hacer algo en bien suyo. Es una impertinente, una terca bribona. Ved, ahí llega de la confesión (1009), con semblante alegre (1010). ¿Qué hay, señorita obstinada? ¿Dónde se ha estado correteando? (1011) (1012) Donde he aprendido a arrepentirme del pecado de terca desobediencia a mi padre y a sus mandatos. El santo Lorenzo me ha impuesto el caer aquí de rodillas e implorar (1013) vuestro perdón (1014). -¡Perdón, concedédmelo! En lo adelante me guiaré constantemente por vos. Que se vaya por el conde, id e instruidle de lo que pasa. Quiero que este vínculo quede estrechado mañana temprano. He encontrado al joven conde en la celda de Fray Lorenzo y le he acordado cuanto pudiera un decoroso afecto (1015) sin traspasar los límites de la modestia. Vaya, eso me alegra, eso está bien. Levantaos; la cosa está en regla. -Tengo que ver al conde; sí, pardiez; id, os digo, y traedle aquí. -Ciertamente, Dios antepuesto, toda nuestra ciudad debe grandes obligaciones a este santo y reverendo padre. Nodriza, ¿queréis seguirme a mi gabinete y ayudarme a escoger el traje de etiqueta que juzguéis a propósito para vestirme mañana? No, no, hasta el jueves; hay tiempo bastante. Id, nodriza, id con ella. (A Lady Capuleto.) Nosotros, a la iglesia mañana. Nuestra provisión será incompleta: ya es casi de noche (1016). ¡Calla, mujer! Yo andaré vivo y todo irá bien, te lo garantizo. Ve tú al lado de Julieta, ayúdala a ataviarse; yo no me acostaré esta noche. -Dejadme solo; haré de ama por esta vez (1017). -¡Qué! ¡Hola! -Todos han salido. Bien, yo propio iré a ver al conde Paris, a fin de que esté listo para mañana. Mi corazón se halla dilatado en extremo desde que esa trastrocada criatura de tal modo ha vuelto en sí. Escena III Sí, este traje es el mejor. -Mas... te lo ruego, buena nodriza, déjame sola esta noche; pues necesito orar mucho (1021) para conseguir que el cielo mire propicio mi situación, que, bien sabes tú, es viciada y pecaminosa. ¡Qué! ¿Estáis afanada? ¿Necesitáis mi ayuda? No, señora, tenemos elegidas todas las galas que exige mañana mi posición. Si lo tenéis a bien, consentid que permanezca sola y que la nodriza vele con vos esta noche; pues, estoy segura, tenéis toda vuestra gente ocupada en este tan atropellado preparativo. Buenas noches. Vete al lecho y reposa, porque lo necesitas. Id en paz. Dios sabe cuándo nos volveremos a ver! (1023) [Siento correr por mis venas un frío, extenuante temblor, que casi hiela el fuego vital (1024) (1025). Voy a hacerlas volver, para que me den fuerza. -¡Nodriza! -¿Qué habría de hacer aquí? Preciso es que yo sola ejecute mi horrible escena. -Ven, pomo (1026).-] ¿Y si este brebaje ningún efecto obra? (1027) ¿Tendré a la fuerza que casarme con el conde? (1028) No, no; -esto lo impedirá. -Reposa ahí, tú. -(Escondiendo un puñal en su lecho.) (1029) (1030) Mas, ¿si fuera un veneno que me hubiese sutilmente preparado el monje para causarme la muerte, a fin de no verse deshonrado por este matrimonio, él, que primero me desposó con Romeo? Lo tomo, aunque, bien mirado, no puede ser; pues siempre ha sido tenido por un hombre santo. No quiero alimentar tan mal pensamiento (1031) (1032). -¿Y si, ya depuesta en la tumba, salgo del sueño antes que, venga a libertarme Romeo? ¡Terrífico lance éste! ¿No sería, en tal caso, sufocada en esa bóveda, cuya boca inmunda jamás inspira un aire puro, muriendo en ella ahogada antes que llegara mi esposo? Y, suponiendo que viva, ¿no es bien fácil que la horrible imagen de la muerte y de la noche, juntamente con el pavor del lugar, -en un semejante subterráneo, una antigua catacumba, donde, después de tantos siglos, yacen hacinadas las osamentas de todos mis enterrados ascendientes, donde Tybal, ensangrentado, aun recién sepulto (1033), se pudre en su mortaja; donde, según se dice, a ciertas horas de la noche se juntan los espíritus... -¡Ay! ¡Ay! ¿No es probable que yo, tan temprano vuelta en mí -en medio de esos vapores infectos, de esos estallidos (1034) que imitan los de la mandrágora que se arranca de la tierra y privan de razón a los mortales que los oyen.- ¡Oh! (1035) Si despierto, ¿no me volveré furiosa (1036), rodeada de todos esos horribles espantos? ¿No puedo, loca, jugar con los restos de mis antepasados, arrancar de su paño mortuorio al mutilado Tybal y, en semejante frenesí, con el hueso de algún ilustre pariente, destrozar, cual si fuera con una porra, mi perturbado cerebro? ¡Oh! ¡Mirad! Paréceme ver la sombra de mi primo persiguiendo a Romeo, que le ha cruzado por el pecho la punta de una (1037) espada. -Detente, Tybal, detente. -Voy, Romeo (1038); bebo esto por ti (1039). Escena IV Eh, nodriza, tomad las llaves e id a buscar más especias. En la repostería (1043) piden más dátiles y membrillos (1044). ¡Vamos, levantaos, en pie, en pie! El gallo ha cantado por segunda vez; ha sonado el toque matutino (1046), son las tres. Cuidad de la pastelería, buena Angélica (1047), [que no se repare en gastos.] Andad, andad (1049), maricón (1050), andad con Dios; idos a la cama; de seguro estaréis enfermo mañana (1051), por haber velado esta noche. ¡Bah! (1052) No, ni sombra de eso. Otras noches he pasado en vela por causas menores y nunca me sentí indispuesto. Cierto, habéis sido una comadreja (1053) en vuestra juventud, [mas yo velaré al presente que no veléis de ese modo.] ¡Genio celoso, genio celoso! (1055) Y bien, muchacho, ¿qué traéis ahí? Útiles para el cocinero, señor; mas no sé qué. Date prisa, date prisa. Truhán, trae troncos más secos; llama a Pedro, él te enseñará dónde hay. Señor, tengo una cabeza que los hallará: [nunca molestaré a Pedro por semejante cosa.] ¡Cuerpo de Cristo! Bien dicho. He ahí un tuno (1058) divertido. ¡Ja! Tú serás cabeza de tronco. - (1059)Por mi vida (1060), es de día. El conde no tardará en presentarse aquí con la música; pues así lo prometió. (Música en el interior.) (1061) Siento que se aproxima. -¡Nodriza! -¡Esposa!-¡Vamos, ea! -¡Nodriza! Ea, digo. Id, id a despertar a Julieta y aderezadla; yo voy a hablar con Paris. -¡Vamos, daos prisa, daos prisa! El novio ha llegado ya. Apresuraos os digo (1063) (1064). Escena V ¡Señora! ¡Eh, señora! ¡Julieta! -Duerme profundamente, estoy segura. -¡Eh! paloma mía; ¡Eh, mi niña! -¡Vergüenza! ¡La dormilona! -¡Eh! amor mío, soy yo. ¡Mi dueña! ¡Dulce corazón! ¡Eh, señora novia! ¡Qué! ¿Ni una palabra? Tomáis vuestra parte adelantada (1068), dormís una semana, porque el conde Paris, me consta lo que digo, está descansado (1069) en que bien poco descansaréis la noche próxima. -¡Dios me perdone! Sí, alabado sea (1070). ¡Cuán profundo es su sueño! Es absolutamente preciso que la despierte (1071). -¡Señora, señora, señora! (1072) Sí, dejad que el conde os sorprenda en el lecho: él os avivará de seguro. -¿Me equivoco? ¡Qué es esto! ¡Vestida! ¡Con la ropa toda! ¡Y caer de nuevo! Tengo que despertaros sin falta. ¡Señora, señora, señora! (1073) -¡Ay!, ¡ay! ¡Socorro!, ¡socorro! ¡Mi señora está muerta! ¡Oh! ¡Siempre infausto día aquél en que nací! -¡Hola! Un poco de espíritu. -¡Señor amo! ¡Señora condesa! ¿Qué ruido es éste? ¡Oh! ¡Desdichado día! ¿Qué ocurre? ¡Mirad, mirad! (1074) ¡Oh! ¡día angustioso! ¡Ay de mí, ay de mí! ¡Hija mía! ¡Mi única vida! Despierta, abre los ojos, o moriré contigo. -¡Socorro!, ¡socorro! -¡Pide socorro! Por decoro, haced salir a Julieta; el conde ha llegado. ¡Está muerta! Ha finado; ¡Está muerta! ¡Aciago día! ¡Día aciago! ¡Está muerta, muerta, muerta! (1075) (1076) ¡Oh! Dejadme verla. -Se acabó, ¡ay de mí! Está fría, su sangre no corre, sus miembros están rígidos: ha tiempo que la vida se ha apartado de estos labios. La muerte pesa sobre ella, cual una intempestiva helada sobre la más dulce flor de la pradera (1077) (1078). ¡Maldito tiempo! (1079) ¡Desdichado anciano! (1080) (1081) ¡Lamentable día! ¡Funesto instante! La muerte que de aquí me la lleva para hacerme gemir, encadena mi lengua, embarga mi voz (1082). Ea, ¿se halla lista la novia para ir a la iglesia? Dispuesta para ir, mas para no volver nunca. ¡Oh, hijo mío! (1084) La noche, víspera de tus desposorios, la ha pasado la muerte con tu prometida (1085). Mira (1086) do yace, ella, la flor, en sus brazos desflorada (1087). Mi yerno es el sepulcro (1088), el sepulcro es mi heredero; ¡él se ha casado con mi hija! (1089)Moriré y le dejaré cuanto tengo (1090): vida, fortuna, todo es de la muerte (1091). (1092)¿He deseado tanto tiempo ver esta aurora para que sólo (1093) me ofrezca un semejante espectáculo? ¡Día desdichado y maldito! ¡Miserable, odioso día! ¡Hora la más infausta que ha visto el tiempo en todo el laborioso curso (1094) de su peregrinación! ¡Una sola, una pobre, única y amante (1095) hija, un solo ser, mi alegría y mi consuelo, y la muerte cruel me le arrebata de aquí! ¡Oh, dolor! ¡Oh, angustioso, angustioso, angustioso día! ¡El más lamentable, el más doloroso que nunca jamás vieron mis ojos! (1096) ¡Oh, día! ¡Día, día! ¡Día aborrecible! ¡Nunca fue visto otro tan negro como tú! ¡Oh, doloroso, doloroso día! ¡Seducido, divorciado, ofendido, traspasado, asesinado! Muerte execrable, ¡me has hecho traición! ¡A ti, cruel, desapiadada, debo mi ruina total! (1097) -¡Amor mío, mi vida! -¡Vida no, sólo amor en la muerte! ¡Escarnecido, congojado, aborrecido, deshecho, acabado! ¡Oh, triste momento! ¿Por qué has venido tú a destruir, a matar al presente nuestro solemne júbilo? -¡Hija, hija mía! -¡Mi alma, mi hija no!¡Muerta estás! (1098) (1099) -¡Ay! ¡Mi hija no existe, y con ella se han hundido mis alegrías! ¡Eh, por decoro, apaciguaos! El remedio de la desesperación (1100) no se halla en desesperaciones como las presentes. (1101)El cielo, lo propio que vos, tenía su parte en esta bella criatura; Dios la posee ahora por completo, y la bien librada en ello es la doncella. Salvar no podíais de la muerte la parte que os tocaba, en tanto que el cielo conserva la suya en vida eternal. Vuestro sumo fin era realzarla; sí, que ella se encumbrase, vuestro paraíso; y ahora, que más alta que las nubes se encuentra, a la misma altura del cielo, ¿estáis llorando? ¡Oh! Tan inverso es este amor que sentís por vuestra hija, que os desesperáis porque la veis dichosa. No es la mejor casada la que vive largo tiempo en maridaje; la mejor casada es la que muere joven esposa (1102) (1103). Enjugad esas lágrimas, esparcid vuestro romero sobre la bella difunta y, conforme al uso, llevadla a la iglesia, adornada de sus más brillantes atavíos (1104); [pues aunque la débil (1105) naturaleza nos pida a todos llanto,] el lloro de la naturaleza excita el sonreír de la razón. Todos (1106) nuestros preparativos de fiesta pasan a prestar oficio de pompa fúnebre: las vihuelas harán de lúgubres campanas, esta alegre celebración nupcial se cambiará en grave, funerario (1107) banquete, los himnos festivos en melancólicas endechas y nuestros ramos de novia adornarán el ataúd de un cadáver. (1108)Todo en lo contrario se trasforma. Retiraos, señor -y vos, señora, seguid a vuestro esposo. -Salid, señor Paris. -Disponeos cada uno a acompañar hasta su sepulcro este bello cadáver. El cielo, por cierto acto pecaminoso, se os muestra sombrío: no le irritéis más contrariando su voluntad suprema. Por mi alma, bien podemos guardar nuestras flautas y marcharnos. ¡Ah! Buena, honrada gente, guardadlas, guardadlas; pues bien veis que es éste un caso triste (1111). Sí, a fe mía, el caso no es nada bueno. ¡Ah! ¡Músicos, músicos! ¡Contento del corazón! ¡Contento del corazón! (1117) Si queréis que viva, tocad (1118) ¡Contento del corazón! (1119) ¿Por qué Contento del corazón? ¡Ah! Músicos, porque el mío toca Mi corazón está lleno de tristeza (1120) (1121). ¡Oh! Tocadme alguna alegre letanía para consolarme (1122). Ninguna letanía (1124) por nuestra parte. No es ahora ocasión de tocar. ¿No queréis, pues? No. Bien, yo os la daré de ley. ¿Qué nos vais a dar? Nada de dinero, Por vida mía; solfa (1126) sí; os daré el solfista (1127). Pues yo el corchete. En tal caso, os plantaré (1128) la daga del corchete en la cabeza. No soporto corchetes; os haré re, os haré fa. ¿Notáis lo que digo? Si me hacéis re, si me hacéis fa, nota ya soy (1129). (1130)Por favor, poned la daga en la vaina y a luz la imaginación (1131). (1132)En guardia, entonces, contra mi imaginación. Voy a envainar mi daga de hierro y a daros duro con el (1133) hierro de la inteligencia. Contestadme racionalmente (1134).
(1136)¿Por qué son argentino? ¿Por qué música de son argentino? Di, Simón Cuerda de Tripa (1137). En verdad, señor, porque la plata tiene un sonido agradable. ¡Lindo! (1139) -¿Por qué? Vos, Hugo Rebeck (1140) (1141). Digo -son argentino, porque los músicos tocan por plata. ¡Lindo también! (1142) -¿Vos, qué decís, Santiago Alma de Violín? (1143) Por mi vida, no sé qué decir. ¡Oh! ¡Perdonadme! Sois el cantor: yo hablaré por vos. Se dice música de son argentino, porque hombres de vuestra especie (1144) rara vez alcanzan oro (1145) por su tocar.
¡Qué maligno truhán es ese hombre! ¡Que lo cuelgue el verdugo! (1149) -Ven, entremos aquí; aguardaremos por los del duelo y comeremos mientras (1150).
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