 Libro de los Engaños
Anónimo
[Nota preliminar: edición digital a partir de la
de Ángel González Palencia, Versiones castellanas
del Sendebar, Madrid, C. S. I. C., 1946.]
 Prólogo
El infante don Fadrique, fijo del muy noble aventurado
e muy noble rey don Fernando e de la muy santa reina, conplida
de todo bien, doña Beatriz, por quanto nunca se perdiese
el su buen nonbre, oyendo las razones de los sabios, que
quien bien faze nunca se le muere el saber, que ninguna cosa
non es por aver ganar la vida perdurable sinon profeçía,
pues tomó él la entençión en
fin de los saberes. Tomó una nave enderesçada
por la mar en tal que non tomó peligro en pasar por
la vida perdurable. E el omne, porque es de poca vida e la
çiençia es fuerte e luenga, non puede aprender
nin saber, mas cada uno aprende qual le es dada e enbiada
por la graçia que le es dada e enbiada de suso, de
amor, profeçía e fazer bien e merçed
a los que l'aman. Plogo e tovo por bien que aqueste libro
fuese trasladado de arávigo en castellano para aperçebir
a los engañados e los asayamientos de las mugeres.
Este libro fue trasladado en noventa e un años.
 Enxenplo del consejo de su muger
Avía un rey en Judea que avía nonbre Alcos.
E este rey era señor de gran poder, e amava mucho
a los omnes de su tierra e de su regno e manteníalos
en justiçia. E este rey avía noventa mugeres.
Estando con todas según era ley, non podía
aver de ninguna dellas fijo. E do jazía una noche
en su cama con una dellas, començó de cuidar
que quién heredaría su regno después
de su muerte. E desí cuidó en esto e fue muy
triste e començó de rebolverse en la cama con
muy mal cuidado que avía. E a esto llegó una
de sus mugeres, aquella qu'él más quería,
e era cuerda e entendida, e avíala él provado
en algunas cosas. E llegóse a él porque l'
veié estar triste, e díxol' que era onrado
e amado de los de su regno e de los de su pueblo: -¿Por
qué te veo estar triste e cuidado? Si es por miedo
o si te fize algún pesar, fázmelo saber e averé
dolor contigo. E si es otra cosa, non deves aver pesar tan
grande, ca, graçias a Dios, amado eres de tus pueblos
e todos dizen bien de ti por el gran amor que te an. E Dios
nunca te faga aver pesar e ayades la su bendiçión.
Estonçe dixo el Rey a su muger: -Piadosa, bienaventurada,
nunca quesiste nin quedeste de me conortar e me toller todo
cuidado quando lo avía, mas esto -dixo el Rey- yo,
ni quanto poder he, ni quantos ay en mi regno, non podrían
poner cobro en esto que yo estó triste. Yo querría
dexar para quando muriese heredero para que heredase el regno.
Por esto estó triste. E la muger le dixo: -Yo te
daré consejo bueno a esto. Ruega a Dios, qu'Él
que de todos bienes es conplido, ca poderoso es de te fazer
e de te dar fijo, si le pluguiere, ca Él nunca cansó
de fazer merçed e nunca le demandeste cosa que la
non diese. E después qu'Él sopiere que tan
de coraçón le ruegas, darte á fijo.
Mas tengo por bien, si tú quesieres, que nos levantemos
e roguemos a Dios de todo coraçón e que l'
pidamos merçed que nos dé un fijo con que folguemos
e finque heredero después de nos. Ca bien fío,
por la su merçed, que, si gelo rogamos, que nos lo
dará. E si nos lo diere, devémosnos pagar e
fazer el su mandado e ser pagados del su juizio e entender
la su merçed e saber qu'el poder todo es de Dios e
en su mano, e a quien quier' toller e a quien quier' matar.
E después que ovo dicho esto, pagóse él
dello e sopo que lo que ella dixo que era verdat, e levantáronse
amos e fiziéronlo así; e tornáronse
a su cama e yazió con ella el Rey. E empreñóse
luego, e después que lo sopieron por verdat, loaron
a Dios la merçed que les fiziera. E quando fueron
conplidos los nueve meses, encaeçió de un fijo
sano. E el Rey ovo gran gozo e alegría, e fue mucho
pagado d'él. E la muger loó a Dios por ende.
Desí enbió el Rey por quantos sabios avía
en todo su regno, que viniesen a él e que catasen
la ora e el punto en que nasçiera su fijo. E después
que fueron llegados, plógole mucho con ellos e mandóles
entrar ant'él, e díxoles: -¡Bien seades venidos!
E estudo con ellos una gran pieça, alegrándose
e solazándose. E dixo: -Vosotros, sabios, fágovos
saber: Dios, cuyo nonbre sea loado, me fizo merçed
de un fijo que me dio con que me esforçase mi braço
e con que aya alegría. E graçias sean dadas
a Él por sienpre -e díxoles-: catad su estrella
del mi fijo e vet qué verná su fazienda. E
ellos catáronle e fiziéronle saber que era
de luenga vida e que sería de gran poder, mas a cabo
de veinte años que l'avía de conteçer
con su padre por que sería el peligro de muerte.
Quando oyó dezir esto, fincó muy espantado.
Ovo gran pesar e tornósele en alegría, e dixo:
-¡Todo es en poder de Dios! ¡Que faga lo qu'Él toviere
por bien! E el Infante creçió e fízose
grande e fermoso e diole Dios muy buen entendimiento. En
su tienpo non fue omne nasçido tal commo él
fue. E después que él llegó a edat de
nueve años, púsolo el Rey aprender que l'mostrasen
escrevir, fasta que llegó a hedat de quinze años,
e non aprendié ninguna cosa. E quando el Rey lo oyó,
ovo muy gran pesar e demandó por quantos sabios avía
en su tierra e vinieron todos a él. E díxoles:
-¿Qué vos semeja de fazienda de mi fijo? ¿Non ay
alguno de vos que le pueda enseñar, e dalle he quanto
él demandase, e avrá sienpre mi amor? Estonçe
se levantaron quatro dellos que ý estavan, que eran
nueve çientos omnes. E dixo uno dellos: -Yo le enseñaré
de guisa que ninguno non sea más sabidor qu'él.
E dixo el Rey estonçes a un sabio que le dezían
Çendubete: -¿Por qué non le mostraste tú?
Dixo Çendubete: -Diga cada uno lo que sabe. E desí
fablaron en esto. E después díxoles Çendubete:
-¿Sabedes ál sinon esto?, ca todo lo conosçeré
yo e non curo ende nada, ca ninguno non ay más sabidor
que yo, e yo le quiero mostrar. E dixo al Rey: -Dadme lo
que yo pidiere, que yo le mostraré en seis meses que
ninguno non sea más sabidor qu'él. E estonçe
dixo uno de los quatro sabios: -Atal es el que dize e non
faze commo el relánpago que non llueve. E pues, ¿por
qué non le enseñaste tú ninguna cosa
en estos años que estuvo contigo, faziéndote
el Rey mucho bien? Él respondió: -Por la gran
piedat que avía d'él non le pud' enseñar,
que avía gran duelo d'él a lo apremiar porque
cuidava buscar otro más sabio que yo, pues que veo
que ninguno non sabe más que yo mostrase. E estonçe
se levantó el segundo maestro. Dixo: -Quatro cosas
son que omne entendido non deve loar fasta que vea el cabo
dellas: lo primero, el comer fasta que vea el cabo dello
que lo aya espendido el estómago; e el que va a lidiar
fasta que torne de la lidia; la mies fasta que sea segada
e la muger fasta que sea preñada; por ende, non te
devemos loar fasta que veamos por qué: mostrar tus
manos, fazer algo de tu boca e dezir algo por que farás
de su consejo e su coraçón. E dixo Çendubete:
-Que á en poder las manos con los pies e el oír
e el veer, e todo el cuerpo, tal es el saber con el coraçón
commo el musgano e el agua, que salle de buena olor; otrosí
el saber, quando es en el coraçón, faze bueno
todo el cuerpo. Dixo el terçero de los quatro sabios:
-La cosa que non le tuelle el estómago después
come con sus manos, que non aprende en niñez saberes;
e la muger, quando a su marido non á miedo nin teme,
nunca puede seer buena; el que dize la razón, si non
la entiende nin la sabe qué es, nunca tiene seso al
que la oye nin la puede después entender. E tú,
Çendubete, pues que non podiste enseñar al
niño en su niñez, ¿cómmo le puedes enseñar
en su grandeza? Dixo Çendubete: -Tú verás,
si Dios quesiere e yo bivo, que le enseñaré
en seis meses lo que non le enseñaría otrie
en sesenta años. E dixo el quarto de los maestros:
-Sepades que los maestros, quando se juntan, conosçen
los unos a los otros e despútanse los unos a los otros,
e las sabidurías que an non conosçe uno a otro
lo que dize. E dixo: -¿Farás lo que tú dizes?
Quiero que me emuestres razón cómmo puede seer
que lo así puedes fazer. Dixo Çendubete:
-Yo te lo mostraré -dixo-. Mostrarle é en seis
meses lo que non le emostrara otro en sesenta años,
por guisa que ninguno non sepa más qu' él.
E yo non lo tardaré más de una ora, ca me fizieron
entender que en qualquier tierra qu'el regno fuese derechero
qu'el que non judgue los omnes, que los libre por derecho,
gelo faga entender, e non aya consejo que emiende a lo que
el rey fiziere; si lo provare la riqueza fue por un egualdat
e el físico fuere loçano con su fiesta, que
non la emuestres a los enfermos bien commo tienen; si estas
cosas fueren en la tierra, non devemos aí morar; pues
todo esto te he castigado yo otrie; e te fiz' saber que los
reyes tales son commo el fuego: si te llegares a él,
quemarte as, e si te arredrares, esfriarte as. Quiero yo,
señor, que si te yo mostrare tu fijo, que me des lo
que te yo demandare. E el Rey dixo: -Demanda lo que quisieres,
e si lo pudiere, fazerlo he, que non á cosa peor que
mentir, más que más a los reyes -e el Rey dixo-:
dime qué quieres. E dixo Çendubete: -Tú
non quieras fazer a otrie lo que non queriés que fiziesen.
E el Rey dixo: -Yo te lo otorgo. E fizieron carta del
pleito. E amos pusieron en quál mes e quál
ora del día se avía de acabar e metieron en
la carta quanto avía menester del día. Eran
pasadas dos oras del día, Çendubete tomó
este día el niño por la mano e fuese con él
para su posada e fiz' fazer un gran palaçio fermoso
de muy gran guisa e escrivió por las paredes todos
los saberes que l'avía de mostrar e de aprender: todas
las estrellas e todas las feguras e todas las cosas. Desí
díxole: -Esta es mi silla e ésta es la tuya
fasta que aprendas los saberes todos que yo aprendí
en este palaçio. E desenbarga tu coraçón
e abiva tu engeño e tu oír e tu veer. E asentóse
con él a mostralle. E traíanles allí
que comiesen e que beviesen. E ellos non salían fuera
e ninguno otro non les entrava allá. E el niño
era de buen engeño e de buen entendimiento, de guisa
que, ante que llegase el plazo, aprendió todos los
saberes que Çendubete, su maestro, avía escripto
del saber de los omnes. El Rey demandó por él
dos días del plazo. Quando llegó el mandadero
del Rey, díxole: -El Rey te quiere tanto que vayas
ant'él. Díxole: -Çendubete, ¿qué
as fecho?, ¿qué tienes? E Çendubete le dixo:
-Señor, tengo lo que te plazerá, que tu fijo
será cras, dos oras pasadas del día, contigo.
E el Rey le dixo: -Çendubete, nunca fallesçió
tal omne commo tú de lo que prometiste. Pues vete
onrado, ca meresçes aver gualardón de nos.
E tornóse Çendubete al niño, e díxole:
-Yo quiero catar tu estrella. E católa e vio qu'el
niño sería en gran cueita de muerte si fablase
ante que pasasen los siete días. E fue Çendubete
en gran cueita e dixo al moço: -Yo he muy gran pesar
por el pleito que con el Rey puse. E el moço dixo:
-¿Por qué as tú muy gran pesar? Ca si me mandas
que nunca fable, nunca fablaré. E mándame lo
que tú quesieres, ca yo todo lo faré. Dixo
Çendubete: -Yo fiz' pleito a tu padre que te vayas
cras a él, e yo non lo he de fallesçer del
pleito que puse con él. Quando fueren pasadas dos
oras del día, vete para tu padre, mas non fables fasta
que sean pasados los siete días. E yo esconderme he
en este comedio. E quando amanesçió otro día,
mandó el Rey guisar de comer a todos los de su regno
e fízoles fazer estrados do estudiesen e menestriles
que les tañyiesen delante. E començó
el niño a venir fasta que llegó a su padre,
e el padre llególo a sí e fablóle e
el moço non le fabló. E el Rey tovo por gran
cosa. Dixo al niño: -¿Dó es tu maestro? E
el Rey mandó buscar a Çendubete e sallieron
los mandaderos por lo buscar e catáronlo a todas partes
e non lo pudieron fallar. E dixo el Rey a los que estavan
con él: -Quiçá por aventura ha de mí
miedo e non osa fablar. E fabláronle los consejeros
del Rey e el niño non fabló. E el Rey dixo
a los que estavan con él: -¿Qué vos semeja
de fazienda de este moço? E ellos dixieron: -Seméjanos
que Çendubete, su maestro, le dio alguna cosa, alguna
melezina por que aprendiese algún saber, e aquella
melezina le fizo perder la fabla. E el Rey lo tovo por gran
cosa e pesól' mucho de coraçón.
 Enxenplo de la muger, en cómmo apartó al Infante
en el palaçio e cómmo, por lo que ella le dixo,
olvidó lo que le castigara su maestro
El Rey avía una muger, la qual más amava
e onrávala más que a todas las otras mugeres
qu' él avía. E quando le dixieran cómmo
le acaesçiera al niño, fuese para el Rey e
dixo: -Señor, dixiéronme lo que avía
acaesçido a tu fijo. Por aventura, con gran vergüença
que de ti ovo, non te osa fablar. Mas si quesieses, déxame
con él aparte. Quiçá él me dirá
su fazienda, que solía fablar sus poridades comigo,
lo que non fazía con ninguna de las tus mugeres.
E el Rey le dixo: -Liévalo a tu palaçio e
fabla con él. E ella fízolo así. Mas
el Infante non le respondié ninguna cosa que l' dixiese.
E ella siguiólo más e díxo'l: -Non
te fagas neçio, ca yo bien sé que non saldrás
de mi mandado. Matemos a tu padre e serás tú
rey e seré yo tu muger, ca tu padre es ya de muy gran
hedat e flaco, e tú eres mançebo e comiénçase
agora el tu bien; e tú deves aver esperança
en todos bienes más que él. E quando ella
ovo dicho, tomó el moço gran saña e
estonçes se olvidó lo que le castigara su maestro
e todo lo que l' mandara. E dixo: -¡Ay, enemiga de Dios!
¡Si fuesen pasados los siete días, yo te respondería
a esto que tú dizes! Después que esto ovo
dicho, entendió ella que sería en peligro de
muerte e dio bozes e garpiós' e començó
de mesar sus cabellos. E el Rey, quando esto oyó,
mandóla llamar e preguntóle que qué
oviera. E ella dixo: -Este que dezides que non fabla me
quiso forçar de todo en todo, e yo non lo tenía
a él por tal. E el Rey, quando esto oyó, creçiól'
gran saña por matar su fijo, e fue muy bravo e mandólo
matar. E este rey avía siete privados mucho sus consejeros,
de guisa que ninguna cosa non fazía menos de se consejar
con ellos. Después que vieron qu' el Rey mandava matar
su fijo, a menos de su consejo, entendieron que lo fazía
con saña porque creyera su muger. Dixieron los unos
a los otros: -Si a su fijo mata, mucho le pesará
e después non se tornará sinon a nos todos,
pues que tenemos alguna razón atal por que este infante
non muera. E estonçe respondió uno de los
quatro: -Maestros -dixo-, yo vos escusaré, si Dios
quisiere, de fablar con el Rey. Este privado primero fuese
para el Rey e fincó los inojos ante él, e dixo:
-Señor, non deve fazer ninguna cosa el omne fasta
que sea çierto d'ella, e si lo ante fizieres, errallo
as mal e dezirte he un enxenplo de un rey e de una su muger.
E el Rey dixo: -Pues di agora e oírtelo he.
 Cuento 1: Leo
El privado dixo: -Oí dezir que un rey que amava
mucho las mugeres, e non avía otra mala manera sinon
esta. E seié el Rey un día ençima de
un soberado muy alto e miró ayuso e vido una muger
muy fermosa e pagóse mucho d'ella. E enbió
a demandar su amor e ella dixo que non lo podría fazer
seyendo su marido en la villa. E quando el Rey oyó
esto, enbió a su marido a una hueste. E la muger era
muy casta e muy buena e muy entendida e dixo: »-Señor,
tú eres mi señor e yo só tu sierva e
lo que tú quesieres, quiérolo yo, mas irme
he a los vaños afeitar. »E quando tornó, diol'
un libro de su marido en que avía leyes e juizios
de los reyes, de cómmo escarmentavan a las mugeres
que fazían adulterio. E dixo: »-Señor, ley
por ese libro fasta que me afeinte. »E el Rey abrió
el libro e falló en el primer capítulo cómmo
devía el adulterio ser defendido, e ovo gran vergüença
e pesól' mucho de lo qu' él quisiera fazer.
E puso el libro en tierra e sallóse por la puerta
de la cámara, e dexó los arcorcoles so el lecho
en que estava asentado. E en esto llegó su marido
de la hueste, e quando se asentó él en su casa,
sospechó que ý durmiera el Rey con su muger,
e ovo miedo e non osó dezir nada por miedo del Rey
e non osó entrar do ella estava, e duró esto
gran sazón. E la muger díxolo a sus parientes
que su marido que la avía dexado e non sabía
por quál razón. E ellos dixiéronlo a
su marido: »-¿Por qué non te llegas a tu muger?
»E él dixo: »-Yo fallé los arcorcoles del
Rey en mi casa e he miedo, e por eso non me oso llegar a
ella. »E ellos dixieron: »-Vayamos al Rey e agora démosle
enxenplo de aqueste fecho de la muger, e non le declaremos
el fecho de la muger e, si él entendido fuere, luego
lo entenderá. »E estonçes entraron al Rey
e dixiéronle: »-Señor, nós aviemos
una tierra e diémosla a este omne bueno a labrar,
que la labrase e la desfrutase del fruto d'ella. E él
fízolo así una gran sazón e dexóla
una gran pieça por labrar. »E el Rey dixo: »-¿Qué
dizes tú a esto? »E el omne bueno respondió
e dixo: »-Verdat dizen, que me dieron una tierra así
commo ellos dizen e quando fui un día por la tierra,
fallé rastro del león e ove miedo que me conbrié.
Por ende dexé la tierra por labrar. »E dixo el Rey:
»-Verdat es que entró el león en ella, mas
no te fizo cosa que non te oviese de fazer nin te tornó
mal dello. Por ende, toma tu tierra e lábrala. »E
el omne bueno tornó a su muger e preguntóle
por qué fecho fuera aquello. E ella contógelo
todo e díxole la verdat commo le conteçiera
con él, e él creyóla por las señales
quel' dixiera el Rey, e después se fiava en ella más
que non d'ante.
 Cuento 2: Avis
Enxenplo del omne e de la muger e del papagayo e de su
moça
»-Señor, oí dezir que un omne
que era çeloso de su muger, e conpró un papagayo
e metiólo en una jabla e púsolo en su casa,
e mandóle que le dixiese todo quanto viese fazer a
su muger e que non le encubriese ende nada, e después
fue su vía a recabdar su mandado, e entró su
amigo d'ella en su casa do estava, e el papagayo vio quanto
ellos fizieron. E quando el omne bueno vino de su mandado,
asentóse en su casa en guisa que non lo viese la muger.
E mandó traer el papagayo e preguntóle todo
lo que viera, e el papagayo contógelo todo lo que
viera fazer a la muger con su amigo. E el omne bueno fue
muy sañudo contra su muger e non entró más
do ella estava. E la muger cuidó verdaderamente que
la moça la descubriera e llamóla estonçes
e dixo: »-¿Tú dexiste a mi marido todo quanto yo
fize? »E la moça juró que non lo dixiera:
»-Mas sabed que lo dixo el papagayo. »E quando vino la
noche, fue la muger al papagayo e desçendiólo
a tierra e començóle a echar agua de suso como
que era luvia e tomó un espejo en la mano e parógelo
sobre la jabla, e en la otra mano una candela, e parávagela
de suso, e cuidó el papagayo que era relánpago;
e la muger començó a mover una muela, e el
papagayo cuidó que eran truenos; e ella estuvo así
toda la noche, faziendo así fasta que amanesçió.
E después que fue la mañana, vino el marido
e preguntó al papagayo: »-¿Viste esta noche alguna
cosa? »E el papagayo dixo: »-Non pud' ver ninguna cosa
con la gran luvia e truenos e relánpagos que esta
noche fizo. »E el omne dixo: »-En quanto me as dicho es
verdat de mi muger así commo esto. Non á cosa
más mintrosa que tú, e mandarte é matar.
»E enbió por su muger e perdonóla e fizieron
paz. »E yo, señor, non te di este enxenplo sinon
por que sepas el engaño de las mugeres, que son muy
fuertes sus artes e son muchos, que non an cabo' nin fin.»
E mandó el Rey que non matasen su fijo.
 Cuento 3: Lavator
Enxenplo de cómmo vino la muger al segundo día
ante el Rey llorando e dixo que matase su fijo
E dixo:
-Señor, non deves tú perdonar tu fijo, pues
fizo cosa por que muera; e si tú non lo matas e lo
dexas a vida, aviendo fecho tal enemiga, ca si tú
non lo matas, non escarmentaría ninguno de fazer otro
tal. E yo, señor, contarte é el enxenplo del
curador de los paños e de su fijo. Dixo el Rey:
-¿Cómmo fue eso? E ella dixo: -Era un curador de
paños e avía un fijo pequeño. Este curador,
quando avía de curar sus paños, levava consigo
su fijo, e el niño començava a jugar con el
agua. E el padre non gelo quiso castigar e vino un día
qu'el niño se afogó. E el padre, por sacar
el fijo, afogóse el padre en el piélago e afogáronse
amos a dos. »E, señor, si tú non te antuvias
a castigar tu fijo ante que más enemiga te faga, matarte
á.» E el Rey mandó matar su fijo.
 Cuento 4: Panes
De cómmo vino el segundo privado ante el Rey por
escusar al Infante de muerte
E vino el segundo privado
e fincó los inojos ante el Rey e dixo: -Señor,
si tú ovieses fijos, non deviés querer mal
a ninguno dellos. Demás que non as más de uno
señero e mándaslo matar apriesa ante que sepas
la verdat, e después que lo ovieres fecho, arrepentirte
as e non lo podrás cobrar e será el tu enxenplo
tal commo del mercador e de la muger e de la moça.
Dixo el Rey: -¿Cómmo fue eso? -Dígote, señor,
que era un mercador muy rico e era señerigo e apartado
en su comer e en su bever, e fue en su mercaduría,
e levó un moço con él, e posaron en
una çibdat muy buena e el mercador enbió su
moço a mercar de comer e falló una moça
en el mercado que tenié dos panes de adárgama,
e pagóse del pan, e conprólo para su señor.
E levólo e pagóse su señor de aquel
pan. E dixo el mercador a su moço: »-Sí te
vala Dios, que me conpres de aquel pan cada día si
lo fallares. »E el moço iva cada día a la
moça, e conprávale aquel pan e levávalo
a su señor. E un día falló la moça
que non tenía pan, e tornóse a su señor
e dixo que non fallava de aquel pan. E dixo el mercador que
demandase a la moça cómmo lo fazía aquel
pan. E el moço fue a buscar a la moça e fallóla,
e dixo: »-Amiga, mi señor te quiere alguna cosa que
quiere fazer. »E ella fue e dixo: »-¿Qué vos plaze?
»E el mercador le preguntó: »-Señora, ¿cómmo
fazedes aquel pan?, e yo faré fazer otro tal. »E
ella dixo: »-Amigo, señor, salieron unas anpollas
a mi padre en las espaldas e el fésigo nos dixo que
tomásemos farina de adárgama e que la amasásemos
con manteca e con miel e que gela pusiésemos en aquellas
anpollas, e quando uviésemos lavado e enxugado toda
la podre, que gela tirásemos. E yo tomava aquella
masa en escuso e fazíala pan, e levávalo aquel
mercado a vender e vendíalo. E, loado Nuestro Señor,
es ya sano e dexámoslo de fazer. »E el mercador dio
grandes bozes del gran asco que avía de aquel pan
que avía comido e quando vido que provecho ninguno
non tenía, dixo contra su moço: »-Mezquino,
¿qué faré que busquemos con que lavemos nuestras
manos e nuestros pies e nuestras bocas e nuestros cuerpos?
¿Cómmo los lavaremos? »E, señor, si tú
matas tu fijo, miedo he que te arrepentirás commo
el mercador. E, señor, non fagas cosa por que te arrepientas
fasta que seas çierto della.»
 Cuento 5: Gladius
Enxenplo del señor, e del omne, e de la muger, e
el marido de la muger, cómmo se ayuntaron todos
-Señor, fiziéronme entender de los engaños
de las mugeres. Dize que era una muger que avía un
amigo que era privado del rey, e avía aquella çibdat
de mano del rey en poder, e el amigo enbió a un su
omne a casa de su amiga que supies' si era ý su marido.
E entró aquel omne e pagóse d'él e él
d'ella porque era fermoso; e ella llamólo que jaziese
con ella, e él fízolo así e vio que
tardava su señor el mançebo, e fue a casa del
entendedera, e llamó e dixo el mançebo: »-¿Qué
faré de mí? »E ella dixo: »-Ve, e escóndete
aquel rincón. »E el señor d'él entró
a ella, e non quiso qu'el amigo entrase en el rincón
con el mançebo. E en esto vino el marido, e llamó
a la puerta e dixo al amigo: »-Toma tu espada en la mano
e párate a la puerta del palaçio e amenázame
e ve tu carrera e non fables ninguna cosa. »E él
fízolo así e fue e abrió la puerta a
su marido, e quando vio su marido estar el espada sacada
al otro en la mano, fabló e dixo: »-¿Qu' es esto?
»E él non respondió nada, e fue su carrera.
E el marido entró al palaçio a su muger e dixo:
»-¡Ay, maldita de ti! ¿Qué ovo este omne contigo
que te salle denostando e amenazando? »E ella dixo: »-Vino
ese omne fuyendo con gran miedo d'él e falló
la puerta abierta, e entró su señor en pos
d'él por lo matar, e él dando bozes que l'
acorriese. E después qu'él se arrimó
a mí, paréme ante él, e apartélo
d'él que non lo matase, e por esto va de aquí
denostando e amenazándome. Mas, sí me vala
Dios, non me inchalá. »El marido dixo: »-¿Dó
está este mançebo? »-En aquel rincón
está. »E el marido salió a la puerta por ver
si estava el señor del mançebo o si era ido.
E quando vio que non estava allí, llamó al
mançebo e dixo: »-Sal acá, que tu señor
ido es su carrera. »E el marido se tornó a ella bien
pagado, e dixo: »-Feziste a guisa de buena muger, e feziste
bien, e gradéscotelo mucho. »-E, señor, non
te di este enxenplo sinon que non mates tu fijo por dicho
de una muger, ca las mugeres, ayuntadas en sí, an
muchos engaños. E mandó el Rey que non matasen
su fijo.
 Cuento 6: Striges
Enxenplo de cómmo vino la muger al Rey al terçero
día, diziéndole que matase su fijo
E vino
la muger al terçero día e lloró e dio
bozes ante el Rey, e dixo: -Señor, estos tus privados
son malos e matarte an, así commo mató un privado
a un rey una vez. E el Rey dixo: -¿Cómmo fue eso?
E ella dixo: -Era un rey e avía un fijo que amava
mucho caçar, e el privado fizo en guisa que fuese
a su padre e pidiese liçençia que les dexase
ir a caça; e ellos idos amos a dos, travesó
un venado delante, e díxole el privado al niño:
»-Ve en pos de aquel venado fasta que lo alcançes
e lo mates, e levarlo as a tu padre. »E el niño fue
en pos del venado, atanto que se perdió de su conpaña,
e yendo así, falló una senda e ençima
de la senda falló una moça que llorava e el
niño dixo: -¿Quién eres tú? «E la
moça dixo: »-Yo só fija de un rey de fulana
tierra, e venía cavallera en un marfil con mis parientes,
e tomóme sueño e caí d'él, e
mis parientes non me vieron, e yo desperté e non sope
por dó ir. E madrugando en pos dellos fasta que perdí
las pies. »E el niño ovo duelo d'ella e levóla
en pos de sí. E ellos yendo así, entraron en
un aldea despoblada, e dixo la moça: »-Desçéndeme
aquí que lo he menester, e venirme he luego para ti.
»E el niño fízolo así. E ella entró
en el casar e estuvo una gran pieça. E quando vio
el niño que tardava, desçendió de su
cavallo e subió en una pared e paró mientes
e vio que era diabla que estava con sus parientes, e dezíales:
»-Un moço me traxo en su cavallo e felo aquí
do lo traigo. »E ellos dixieron: »-Vete adelante con él
a otro casar fasta que te alcançemos. »E quando el
moço esto oyó, ovo gran miedo, e desçendió
de la pared e saltó en su cavallo. E la moça
vínose a él e cavalgóla en pos d'él,
e començó a tremer con el miedo della. E ella
dixo: »-¿Qué as que tremes? »E él le dixo:
»-Espántome de mi conpañero, que he miedo
que me verná d'él mal. »E ella dixo: »-¿Non
lo puedes tú adobar con tu aver, que tú te
alabaste que eras fijo de rey e que tenía gran aver
tu padre? »Él le dixo: »-Non tiene aver. »-E más
te alabaste que eras rey e gran prínçipe- e
el diablo le dixo-. Ruega a Dios que te ayude contra él
e serás librado. »E dixo él: »-Verdat dizes,
e fazerlo he. »E alçó sus manos contra Dios,
e dixo: »-¡Ay, señor Dios, ruégote e pídote
por merçed que me libres deste diablo e de sus conpañeros!
»E cayó el diablo detrás, e començó
enbarduñar en tierra, e queriése levantar e
non podié. E estonçe començó
el moço a correr quanto podié, fasta que llegó
al padre muerto de sed, e era mucho espantado de lo que viera.
»E, señor, non te di este enxenplo sinon que non
te esfuerçes en tus malos privados. Si no me dieres
derecho de quien mal me fizo, yo me mataré con mis
manos.» E el Rey mandó matar su fijo.
 Cuento 7: Mel
Enxenplo del terçero privado, del caçador
e de las aldeas
E vino el terçero privado ante el
Rey e fincó los inojos ant' él e dixo: -Señor,
de las cosas, quando el omne non para mientes en ellas, viene
ende grande daño; e es atal commo el enxenplo del
caçador e de las aldeas. E dixo el Rey: -¿Cómmo
fue eso? Dixo él: -Oí dezir que un caçador
que andava caçando por el monte, e falló en
un árbol un enxanbre, e tomóla e metióla
en un odre que tenía para traer su agua. E este caçador
tenía un perro, e traíalo consigo. E traxo
la miel a un mercador de un aldea que era açerca de
aquel monte para la vender. E quando el caçador abrió
el odre para lo mostrar al tendero, e cayó d'él
una gota, e posóse en él una abeja. E aquel
tendero tenía un gato, e dio un salto en el abeja,
e matóla; e el perro del caçador dio salto
en el gato e matólo; e vino el dueño del gato
e mató al perro; e estonçes levantóse
el dueño del perro e mató al tendero porque
l' matara al perro; e estonçes vinieron los del aldea
del tendero e mataron al caçador, dueño del
perro; e vinieron los del aldea del caçador a los
del tendero, e tomáronse unos con otros e matáronse
todos que non fincó ý ninguno; e así
se mataron unos con otros por una gota de miel. »E, señor,
non te di este enxenplo sinon que non mates tu fijo fasta
que sepas la verdat por que non te arrepientas.
 Cuento 8: Fontes
Enxenplo de cómmo vino la muger e dixo que matase
el Rey a su fijo, e diole enxenplo de un fijo de un rey,
e de un su privado cómmo lo engañó
E díxole la muger: -Era un rey e avía un
privado e avía un fijo, e casólo con fija de
otro rey. E el Rey, padre de la Infante, enbió dezir
al otro rey: -Enbíame tu fijo e faremos bodas con
mi fija, e después enbiarte mandado. E el Rey mandó
guisar su fijo muy bien e que fuese fazer sus bodas e que
estudiese con ella quanto quisiese. E desí enbió
el Rey aquel privado con su fijo, e así fablando uno
con otro alongáronse mucho de su conpaña e
fallaron una fuente, e avía tal virtud que qualquier
omne que beviese d'ella que luego se tornava muger; e el
privado sabía la virtud que tenía la fuente,
e non lo quiso dezir al Infante. E dixo: »-Está aquí
agora fasta que vaya a buscar carrera. »E falló él
la carrera andándola a buscar, e fuese por ella e
falló al padre del Infante. E el Rey fue muy mal espantado,
e dixo: »-¿Cómmo vienes así, sin mi fijo o
qué fue d'él? »E el privado dixo: »-Creo
que lo comieron las bestias fieras. »E quando vio el Infante
que tardava el privado e que non tornava por él, desçendió
a la fuente a lavar las manos e la cara, e bevió del
agua, e fízose muger. E estuvo en guisa que non sabía
qué fazer nin qué dezir nin dó ir. E
a esto llegó a él un diablo e dixo que quién
era él, e él le dixo: »-Fijo de un rey de
fulana tierra. »E díxole el nonbre derecho e contól'
la falsedat que le fiziera el privado de su padre. E el diablo
ovo piedat d'él porque era tan fermoso, e díxole:
»-Tornarme he yo dueña, commo tú eres, e a
cabo de quatro meses tornarme he commo dantes era. »E el
Infante lo oyó, e fizieron pleito, e fue ý
el diablo. »Otrosí vino en lugar de muger preñada,
e dixo el diablo: »-Amigo, tórnate commo dante, e
yo tornarme he commo ante era. »E dixo el Infante: »-¿Cómmo
me tornaré yo así, que quando yo te fiz' pleito
e omenaje yo era donzella e virgen, e tú eres agora
muger preñada? »E estonçes se razonó
el Infante con el diablo ante sus alcalles, e fallaron por
derecho que vençiera el Infante al diablo. Estonçes
se tornó el Infante omne, e fuese para su muger e
levóla para casa de su padre, e contógelo todo
commo le acaesçiera. E el Rey mandó matar al
privado porque dexara al Infante en la fuente. »E por ende
yo he fiuza que me ayudará Dios contra tus malos privados.»
E el Rey mandó matar su fijo.
 Cuento 9: Senescalcus
Enxenplo del quarto privado, e del bañador e de
su muger
E vino el quarto privado, e entró al Rey
e fincó los inojos ante el Rey, e dixo: -Señor,
non deve fazer omne en ninguna cosa fasta que sea bien çierto
de la verdat, ca quien lo faze ante que sepa la verdat, yerra
e faze muy mal, commo acaesçió a un bañador
que se arrepintió quando non le tovo pro. El Rey
le preguntó: -¿Cómmo fue eso? Dixo: -Señor,
fue un infante un día por entrar en el baño,
e era mançebo, e era tan grueso que non podía
ver sus mienbros por dó eran. E quando se descubrió,
violo el vañador, e començó a llorar.
»E díxole el Infante: »-¿Por qué lloras?
»E dixo: »-Por tú ser fijo de rey, commo lo eres,
e non aviendo otro fijo sinon a ti, e non ser señor
de tus mienbros, así commo son otros varones; ca yo
bien creo que non puedes jazer con muger. »E el Infante
le dixo: »-¿Qué faré yo que mi padre me quiere
casar? Non sé si podré fazimiento con muger.
E el Infante dixo: »-Toma agora diez maravedís, e
veme a buscar una muger fermosa. »E el vañador dixo
en su coraçón: 'Terné estos diez maravedís,
e entre mi muger con él, ca bien sé que non
podrá dormir con ella.' »E estonçes fue por
ella. E el Infante durmió con ella, e el vañador
començó de atalear cómmo yazía
con ella con su muger. E el Infante rióse. E el vañador
fallóse ende mal, e dixo: »-¡Yo mesmo me lo fize!
»E estonçes llamó su muger e dixo: »-Vete
para casa. »E ella dixo: »-¿Cómmo iré, ca
le fiz' pleito que dormiría con él toda esta
noche? »E quando él esto oyó, con cueita e
con pesar, fuese a enforcar, e así se mató.
»E, señor, non te di este enxenplo sinon que non
mates tu fijo.»
 Cuento 10: Canicula
Enxenplo del omne e de la muger e de la vieja e de la perrilla
«-Señor, oí dezir que un omne a su muger fizieron
pleito e omenaje que se toviesen fieldat. E el marido puso
plazo a que viniese, e non vino a él. E estonçes
salió a la carrera, e estando así, vino un
omne de su carrera, e viola e pagóse d'ella, e demandóle
su amor. E ella dixo que en ninguna guisa que lo non faría.
Estonçes fue a una vieja que morava çerca d'ella,
e contógelo todo cómmo le conteçiera
con aquella muger, e rogóle que gela fiziese aver,
e que le daría quanto quisiese. E la vieja dixo que
le plazié, e que gela faría aver. »E la vieja
fuese a su casa, e tomó miel e masa e pimienta, e
amasóla toda en uno, e fizo d'ella panes. Estonçes
fuese para su casa de aquella muger, e llamó una perrilla
que tenié e echóle de aquel pan, en guisa que
non lo viese la muger. E después que la perrilla lo
comió, enpeçó de ir tras la vieja, falagándosele
que le diese más e llorándole los ojos con
la pimienta que avié en el pan. E quando la muger
la vio así, maravillóse, e dixo a la vieja:
»-Amiga, ¿viestes llorar así a otras perras, así
commo a ésta? »Dixo la vieja: »-Faze derecho, que
esta perra fue muger, e muy fermosa, e morava aquí
cabo mí, e enamoróse un omne d'ella, e ella
non se pagó d'él, e estonçes maldíxola
aquel omne que la amava, e tornóse luego perra. E
agora, quando me vio, menbrósele d'ella, e començóse
de llorar. »E estonçes dixo la muger: »-¡Ay, mezquina!
¿Qué faré yo, que el otro día me vio
un omne en la carrera e demandóme mi amor e yo non
quis'? E agora he miedo que me tornaré perra, si me
maldixo. E agora ve, e ruegal' por mí, que le daré
quanto él quesiere. »Estonçes dixo la vieja:
»-Yo te lo traeré. »E estonçes se levantó
la vieja, e fue por el omne. E levantóse la muger
e afeitóse; e estonçes se asomó a casa
de la vieja, a ver si avía fallado aquel omne que
fuera a buscar. E la vieja dixo: »-Non lo puedo fallar.
»E estonçes dixo la muger: »-Pues, ¿qué faré
yo? »Estonçes fue la vieja, e falló al omne,
e dixo: »-Anda acá, que ya fará la muger todo,
todo quanto yo quisiere. »E era el omne su marido e non
lo conosçía la vieja, que venía estonçes
de su camino. E la vieja dixo: »-¿Qué darás
a quien buena posada te diere e muger moça e fermosa,
e buen comer e buen bever, si quieres tú? »E él
dixo: »-¡Par Dios, si querría! »Fuese ella delante,
e él en pos d'ella, e vio que lo levava a su casa,
e sospechó que lo levava a su casa e para su muger
mesma, e sospechó que lo fazía así toda
vía, quando él saliera de su casa. E la vieja
mala entró en su casa e dixo: »-Entrad. »Después
qu'el omne entró, dixo: »-Asentadvos aquí.
»E católa al rostro. E quando vio que su marido era,
non sopo ál qué fazer, sinon dar salto en sus
cabellos. E dixo: »-¡Ay, don putero malo!, ¿esto es lo que
yo e vós pusiemos, e el pleito e omenaje que fiziemos?
Agora veo que guardades las malas mugeres, e las malas alcauetas.
»E él dixo: »-¡Guay de ti!, ¿qué oviste comigo?
»E dixo su muger: »-Dixiéronme agora que viniés',
e afeitéme, e dixe a esta vieja que saliese a ti,
por tal que te provase si usavas las malas mugeres, e veo
que aína seguiste la alcauetería. ¡Mas jamás
nunca nos ayuntaremos, nin llegarás más a mí!
»E dixo él: »-¡Así me dé Dios su graçia
e aya la tuya, commo non cuidé que me traía
a otra casa sinon la tuya e mía, si non non fuera
con ella, e aun pesóme mucho quando me metió
en tu casa, que cuidé que esto mesmo farás
con los otros! »E quando ovo dicho, rascós' en su
rostro, e ronpiólo todo con sus manos, e dixo: »-¡Bien
sé que esto cuidariés tú de mí!
»E ensañóse contra él. E quando vio
que era sañosa, començóla de falagar
e de rogar que l' perdonase, e ella non lo quiso perdonar
fasta que l' diese gran algo. E él mandóle
en arras un aldea que avía. »E señor, non
te di este enxenplo, sinon a qu'el engaño de las mugeres
que non an cabo nin fin. E mandó el Rey que non matasen
su fijo
 Cuento 11: Aper
Enxenplo de cómmo vino al quinto día la muger,
e dio enxenplo del puerco e del ximio
E vino la muger al
quinto día, e dixo al Rey: -Si me non das derecho
de aquel infante e verás qué pro te ternán
estos tus malos privados. Después que yo sea muerta,
veremos qué farás con estos tus consejeros
e, quando ante Dios fueres, ¿qué dirás, faziendo
atan gran tuerto en dexar a tu fijo a vida e non querer fazer
d'él justiçia?, ¿e cómmo lo dexas a
vida por tus malos consejeros e por tus malos privados, e
dexas de fazer lo que tiene pro en este siglo? Mas yo sé
que te será demandado ante Dios, e dezirte lo que
acaesçió a un puerco una vez. Dixo el Rey:
-¿Cómmo fue eso? -Dígote, señor, que
era un puerco, e yazía sienpre so una figuera e comía
sienpre de aquellos figos que caién d'ella. E vino
un día a comer e falló ençima a un ximio
comiendo figos. E el ximio, quando vido estar al puerco en
fondón de la figuera, echól' un figo, e comiólo
e sópole mejor que los qu'él fallava en tierra.
E alçava la cabeça a ver si le echaría
más; e el puerco, estando así atendiendo al
ximio, fasta que se le secaron las venas del pescueço
e murió de aquello. E quando esto ovo dicho, ovo
miedo el Rey que se mataría con el tósigo que
tenía en la mano, e mandó matar su fijo.
 Cuento 12: Canis
Enxenplo del quinto privado, e del perro e de la culebra
e del niño
E vino el quinto privado ante el Rey
e dixo: -¡Loado sea Dios! Tú eres entendido e mesurado,
e tú sabes que ninguna cosa deve fazerse apresuradamente
ante que sepa la verdat e, si lo fiziere, fará locura
e, quando lo quisiere emendar, non podrá, e conteçerle
á así commo a un dueño de un perro una
vez. E dixo el Rey: -¿Cómmo fue eso? E él
dixo: -Señor, oí dezir que un omne que era
criado de un rey, e aquel omne avía un perro de caça
muy bueno e mucho entendido, e nunca le mandava fazer cosa
que la non fiziese. E vino un día que su muger fue
veer sus parientes, e fue con ella toda su conpaña,
e dixo ella a su marido: »-Sey con tu fijo que yaze durmiendo
en la cama, ca non tardaré allá, ca luego seré
aquí. »El omne asentóse cabo su fijo. Él
seyendo allí, llegó un omne de casa del rey
que l' mandava llamar a gran priesa. E el omne bueno dixo
al perro: »-Guarda bien este niño, e non te partas
d'él fasta que yo venga. »E el omne çerró
su puerta e fuese para el Rey. »E el perro yaziendo çerca
del niño, vino a él una culebra muy grande,
e quísolo matar por el olor de la leche de la madre.
E quando la vio el perro, dio salto en ella e despedaçóla
toda. E el omne tornó aína por amor de su fijo
que dexava solo. E quando abrió la puerta, abriéndola,
salió el perro a falagarse a su señor por lo
que avía fecho, e traía la boca e los pechos
sangrientos. E quando lo vio tal, cuidóse que avía
matado su fijo e metió mano a un espada, e dio un
gran golpe al perro, e matólo. E fue más adelante
a la cama, e falló su fijo durmiendo, e la culebra
despedaçada a sus pies. E quando esto vio, dio palmadas
en su rostro e ronpióselo, e non pudo ál fazer,
e tóvose por malandante que lo avía errado.
»E, señor, non te conteza atal en tus fechos, ca
después non te podrás arrepentir. Non mates
tu fijo, que los engaños de las mugeres non an cabo
nin fin.»
 Cuento 13: Pallium
Enxenplo de la muger, e del alcaueta, del omne e del mercador,
e de la muger que vendió el paño
-Señor,
oí dezir que avía un omne que, quando oía
fablar de mugeres, que se perdía por ellas con cueita
de las aver. E oyó dezir de una muger fermosa, e fuela
buscar, e falló el lugar donde era. E estonçes
fue a un alcaueta, e díxole que moría por aquella
muger. »E dixo la vieja alcaueta: »-Non fiziestes nada
en venir acá, que es buena muger, e non ayas fiuza
ninguna en ella, sí te vala Dios. »E él le
dixo: »-Faz en guisa que la aya, e yo te daré quanto
tú quisieres. »E la vieja dixo que lo faría
si pudiese: »-Mas -dixo-, ve a su marido, que es mercador,
si le puedes conprar de un paño que trae cubierto.
»E él fue al mercador e rogógelo que gelo
vendiese, e él óvogelo mucho a duro de vender.
E adúxolo a la vieja, e tomó el paño
e quemólo en tres lugares, e dixo: »-Estáte
aquí agora en esta mi casa, que non te vea aquí
ninguno. »E ella tomó el paño e doblólo
e metiólo so sí. E fue allí do seié
la muger del mercador e, fablando con ella, metió
el paño so el cabeçal, e fuese. E quando vino
el mercador, tomó el cabeçal para se asentar,
e falló el paño, e tomólo e cuidó
que el que lo mercara que era amigo de su muger, e que se
le olvidara allí el paño; e levantóse
el mercador e firió a su muger muy mal, e non le dixo
por qué ni por qué non. E levó el paño
en su mano e cubrió su cabeça la muger, e fue
para casa de sus parientes, e sópolo la vieja alcaueta,
e fuela ver, e dixo: »-¿Por qué te firió tu
marido de balde? »E dixo la buena muger: »-Non sé,
a buena fe. »Dixo la vieja: »-Algunos fechizos te dieron
malos, mas, amiga, ¿quieres que te diga verdat? Darte é
buen consejo. En mi casa ay un omne de los sabios del mundo,
e si quesiéredes ir a ora de biésperas comigo
a él, él te dará consejo. »E la buena
muger dixo que le plazía. E venida fue ora de biésperas,
e vino la vieja por ella, e levóla consigo para su
casa. E metióla en la cámara adonde estava
aquel omne, e levantóse a ella e yazió con
ella. E la muger, con miedo e con vergüença,
e callóse; e después qu'el omne yazió
con ella, fuese para sus parientes. E el omne dixo a la vieja:
»-Gradéscotelo mucho e darte é algo. »E dixo
ella: »-Non ayas tú cuidado que lo que tú
feziste yo lo aduré a bien, mas ve tu vía e
fazte pasadizo por su casa, do está su marido. E quando
él te viere, llamarte á, e preguntarte á
por el paño que qué lo feziste. E tú
dile que te poseste cabo el fuego e que se te quemó
en tres lugares, e que lo diste a una vieja que lo levase
a sorzir e que lo non viste más nin sabes d'él.
E fazerme é yo pasadiza por aí, e di tú:
'Aquella di yo el paño', e llámame, ca yo te
escusaré de todo. »E estonçes fue e falló
al mercador e dixo: »-¿Qué feziste el paño
que te yo vendí? »E dixo él: »-Asentéme
al fuego e non paré mientes e quemóseme en
tres lugares, e dilo a una vieja mi vezina que lo levase
a sorzir, e non lo vi después. »E ellos estando en
esto, llegó la vieja e llamóla e dixo al mercador:
»-Esta es la vieja a quien yo di el paño. »E llamóla,
e dixo que qué fiziera el paño. E dixo ella:
»-A buena fe, sí me vala Dios, este mançebo
me dio un paño a sorzir, e entré con ello so
mi manto en tu casa, e en verdat non sé si se me cayó
en tu casa o por la carrera. »E dixo: »-Yo lo fallé.
Toma tu paño e vete en buena ventura. »Estonçes
fue el mercador a su casa e enbió por su muger a casa
de sus parientes, e rogóla que l' perdonase, e ella
fízolo así. »E, señor, non te di este
enxenplo sinon que sepas qu'el engaño de las mugeres
qu'es muy grande e sin fin.» E el Rey mandó que non
matasen su fijo.
 Cuento 14: Simia
Enxenplo de cómmo vino la muger al sescito día,
e diol' enxenplo del ladrón e del león, en
cómmo cavalgó en él
E vino la muger
al sesto día, e dixo al Rey: -Yo fío en Dios
que me anparará de tus malos privados commo anparó
una vez un omne de un león. E el Rey dixo: -¿Cómmo
fue eso? E ella dixo: -Pasava un gran recuero por cabo
de un aldea, e entró en ella un gran ladrón
e muy malfechor; e ellos, yendo así, tomóles
la noche, e llovió sobre ellos muy gran luvia, e dixo
el recuero: »-Paremos mientes en nuestras cosas non nos
faga algund mal el ladrón. »E a esto vino un ladrón,
e entró entre las bestias, e ellos non lo vieron con
la gran escuredat, e començó de apalpar quál
era la más gruesa para levarla; e puso la mano sobre
un león, e non falló ninguna más gruesa
nin de más gordo pescueço que él, e
cavalgó en él, e dixo el león: »-Esta
es la tenpestad que dizen los omnes. »E corrió con
él toda la noche fasta la mañana. E quando
se conosçieron el uno al otro, avíanse miedo.
E el león llegó a un árbol muy cansado,
e el ladrón travóse a una rama, e subióse
al árbol con gran miedo del león. E el león
fuese muy espantado, e fallóse con un ximio, e díxol':
»-¿Qué as, león, o cómmo vienes así?
»E el león dixo: »-Esta noche me tomó la
tenpestad, e cavalgó en mí; fasta en la mañana
nunca cansó de me correr. »El ximio le dixo: »-¿Dó
es aquella tenpestad? »E el león le mostró
el omne ençima del árbol. E el ximio subió
ençima del árbol, e el león atendió
por oír a veer qué faría, e el ximio
vio que era omne, fizo señal al león que viniese,
e el león vino corriendo. E estonçes abaxóse
un poco el omne, e echól' mano de los cojones del
ximio e apretógelos tanto fasta que lo mató,
e echólo al león. E desí quando el león
esto vido, echó a foír e dixo: »-¡Loado sea
Dios, que me escapó desta tenpestad! »E dixo la muger:
»-Fío por Dios que me ayudará contra tus malos
privados, así commo ayudó al ladrón
contra el león.» E el Rey mandó matar su fijo.
 Cuento 15: Turtures
Enxenplo del seseno privado, del palomo e de la paloma,
que ayuntaron en uno el trigo en su nido
E vino el seseno
privado, e fincó los inojos ante el Rey, e dixo:
-Si fijo non ovieses, deviés rogar a Dios que te lo
diese. Pues, ¿cómmo puedes matar este fijo que Dios
te dio, e non aviendo más deste? Ca, si lo matas,
fallarte as ende mal, commo se falló una vez un palomo.
Dixo el Rey: -¿Cómmo fue eso? Dixo: -Señor,
era un palomo e una paloma e moravan en un monte e avían
ý su nido, e en el tienpo del agosto cogieron su trigo
e guardáronlo en su nido, e fuese el palomo en su
mandado, e dixo a la paloma que non comiese del trigo grano
mientra que durase el verano. 'Mas -díxole- vete a
esos canpos e come deso que fallares, e quando viniere el
ivierno, comerás del trigo, e folgarás.' »E
después vinieron las grandes calores, e secáronse
los granos, e encogiéronse e pegáronse. E quando
vino el palomo, dixo: »-¿Non te dixe que non comieses grano,
que lo guardases para el ivierno? »E ella juróle
que non comiera grano nin lo començara poco nin mucho.
E el palomo non lo quiso creer. E començóla
de picar e de ferirla de los onbros e de las alas, atanto
que la mató. E paró mientes el palomo al trigo
e vio que creçía con el relente, e que non
avía menos ni más. E él fallóse
mal porque mató a la paloma. »E, señor, he
miedo que te fallarás ende mal, así commo se
falló este palomo, si matas tu fijo, qu'el engaño
de las mugeres es la mayor cosa del mundo.»
 Cuento 16: Elephantinus
Enxenplo del marido, e del segador e de la muger e de los
ladrones que la tomaron a traiçión
-Señor,
oí dezir un enxenplo de un omne e de una muger, e
moravan en un aldea, e el omne fue arar e la muger fízole
de comer de panizo un pan, e levógelo a do arava.
E yendo por gelo dar, dieron salto en ella los ladrones,
e tomáronle el panizo. E uno de los ladrones fizo
una imagen de marfil por escarnio, e metióla en la
çesta, e ella non lo vio. E dexáronla ir, e
fuese para su marido, e quando abrió el marido la
çesta, vio aquello: »-¿Qué aquí traes?
»E ella cató e vio que los ladrones lo avían
fecho, e ella dixo: »-Ensonava esta noche entre sueños
que estavas ante un alfayate, e que te pesava muy mal. E
estonçe fui a unos omnes que me lo ensolviesen este
ensueño, e ellos me dixieron que fiziese una imagen
de panizo, e que la comieses e que serías librado
de quanto te podría venir. »E este ensueño
dixo el marido que podría ser verdat. »E tal es el
engaño e las artes de las mugeres, que non an cabo
nin fin.» E el Rey mandó que non matasen su fijo.
Enxenplo de cómmo vino la muger al seteno día
ant'el Rey quexándose, e dixo que se quería
quemar, e el Rey mandó matar su fijo apriesa, antes
qu'ella se quemase
E quando vino al seteno día,
dixo: -Si este mançebo oy non es muerto, oy seré
descubierta. E esto dixo la muger: -Non ay ál sinon
la muerte. Todo quanto aver pudo diolo por Dios a pobres,
e mandó traer mucha leña e asentóse
sobre ella. E mandó dar fuego enderredor, e dezir
que se quería quemar ella. E el Rey, quando esto
oyó, ante que se quemase, mandó matar al moço.
Llegó el seteno privado e metióse delante del
moço e de aquel que l' quería matar, e omillósele
al Rey, e dixo: -Señor, non mates tu fijo por dicho
de una muger, que non sabes si miente o si dize verdat. E
tú avías atanta cobdiçia de aver fijo,
commo tú sabes, e pues que te fizo Dios plazer, non
le fagas tú pesar.
 Cuento 17: Nomina
Del enxenplo de la diableza e del omne e de la muger, e
de cómmo el omne demandó los tres dones
»-E
señor, oí dezir que era un omne que nunca se
partía de una diableza e ovo d'ella un fijo, e fue
así un día que ella que se quería ir,
e dixo: »-Miedo he que nunca me veré contigo, mas
ante quiero que sepas tres oraçiones de mí,
que quando pidieres a Dios tres cosas, averlas as. »E mostról'
las oraçiones, e fuese la diableza e él fuese
muy triste, porque se le fue la diableza, para su muger,
e díxol': »-Sepas que la diableza que me tenía,
que se me fue, e pesóme ende mucho del bien que sabía
por ella, e emostróme tres oraçiones con que
demandase tres cosas a Dios que las avería, e agora
conséjame qué pida a Dios e averlo he. »E
la muger le dixo: »-Bien sabes verdaderamente que puramente
amás los omnes a las mugeres, e páganse mucho
de su solaz. Por ende ruega a Dios que te otorgue d'ellas.
»E quando se vido cargado d'ellas, dixo a la muger: »-¡Confóndate
Dios que esto por el tu consejo se fizo! »E dixo ella:
»-¿Aún non te quedan dos oraçiones? E agora
ruega a Dios que te las tuelga, pues tanto pasas con ellas.
»E él fizo oraçión e tolliéronse
luego todas, e non fincó ý ninguna. E él,
quando esto vio començó de dezir mal a su muger,
e dixo ella: »-Non me maldigas que aún tienes una
oraçión, e ruega a Dios que te torne commo
de primero. »E rogó a Dios que lo tornase commo de
primero, e tornól' commo de primero. E así
se perdieron las oraçiones todas. »Por ende te dó
por consejo sinon que non mates tu fijo, que las maldades
de las mugeres non an cabo nin fin; e desto darte é
un enxenplo.» E dixo el Rey: -¿Cómmo fue eso?
 Cuento 18: Ingenia
Enxenplo del mançebo que non quería casar
fasta que sopiese las maldades de las mugeres
-E señor,
dixiéronme que un omne que non quería casar
fasta que sopiese e aprendiese las maldades de las mugeres
e los sus engaños. E anduvo tanto fasta que llegó
a un aldea e dixiéronle que avié buenos sabios
del engaño de las mugeres, e costól' mucho
aprender las artes. Díxol' aquel que era más
sabidor: »-¿Quieres que te diga? Jamás nunca sabrás
nin aprenderás acabadamente los engaños de
las mugeres fasta que te asientes tres días sobre
la çeniza, e non comas sinon un poco de ordio, pan
de ordio e sal, e aprenderás. »E él le dixo
que le plazía, e fízolo así. Estonçes
posóse sobre la çeniza, e fizo muchos libros
de las artes de las mugeres. E después que esto ovo
fecho, dixo que se quería tornar para su tierra e
posó en casa de un omne bueno. E el huésped
le preguntó de todo aquello que levava, e él
le dixo dónde era e cómmo se avía asentado
sobre la çeniza de mientra trasladara aquellos libros,
e cómmo comiera el pan de ordio, e cómmo pasara
mucha cueita e mucha lazeria, e trasladó aquellas
artes. E después qu'esto le ovo contado, tomólo
el huésped por la mano, e levólo a su muger,
e díxol': »-Un omne bueno é fallado que viene
cansado de su camino. »E contól' toda su fazienda
e rogóle que l' fiziese algo fasta que se fuese esforçando,
ca estonçes era flaco. E después qu'esto ovo
dicho, fuese a su mandado, e la muger fizo bien lo que l'
castigara. Estonçes començó ella de
preguntalle qué omne era e cómmo andava. E
él contógelo todo, e ella quando lo vio, tóvolo
por omne de poco seso e de poco recabdo porque entendió
que nunca podía acabar aquello que començara,
e dixo: »-Bien creo verdaderamente que nunca muger del mundo
te pueda engañar nin es a enparejar con aquestos libros
que as adobado. »E dixo ella en su coraçón:
'Sea agora quam sabidor quisiere que yo le faré conosçer
el su poco seso, en que anda engañado. ¡Yo só
aquella que lo sabré fazer!' »Estonçes lo
llamó e dixo: »-Amigo, yo só muger mançeba
e fermosa e en buena sazón, e mi marido es muy viejo
e cansado e de muy gran tienpo pasado que non yazió
comigo. Por ende, si tú quisieses e yazieses comigo,
que eres omne cuerdo e entendido, e non lo digas a nadie.
»E quando ella ovo dicho, cuidó que le dezía
verdat e levantóse e quiso travar d'ella, e dixo:
»-Espera un poco, e desnudémonos. »E él desnudóse,
e ella dio grandes bozes e garpiós' e recudieron luego
los vezinos, e ella dixo ante que ellos entrasen: »-¡Tiéndete
en tierra; si non, muerto eres! »E él fízolo
así, e ella metiól' un gran bocado de pan en
la boca, e quando los omnes entraron, pescudaron que qué
oviera. E ella dixo: »-Este omne es nuestro huésped
e quísose afogar con un bocado de pan e bolviénsele
los ojos. »Estonçes descubriólo e echól'
del agua por que acordase. Él non acordava en todo
esto, echándol' agua fría, e alinpiándole
el rostro con un paño blanco. Estonçes saliéronse
los omnes e fuéronse su carrera, e ella dixo: »-Amigo,
¿en tus libros ay alguna tal arte commo ésta? »E
dixo él: »-En buena fe, nunca la vi nin la fallé
tal commo ésta. »E dixo ella: »-Tú gasteste
ý mucha lazeria e mucho mal día, e nunca esperes
ende ál, que esto que tú demandas nunca lo
acabarás tú nin omne de quantos son nasçidos.
»E él, quando esto vio, tomó todos sus libros,
e metiólos en el fuego, e dixo que de más avía
despendido sus días. »E yo, señor, non te
di este enxenplo sinon que non mates tu fijo por palabras
de una muger.» E el Rey mandó que non matasen su
fijo.
De cómmo al otavo día fabló el
Infante e fue ant'el Rey
E quando vino el otavo día
en la mañana ante que saliese el sol, llamó
el Infante a la muger que lo servía en aquellos días
que non fablava, e dixo: -Ve, e llama a fulano qu'es más
privado del Rey e dile que venga quanto pudiere. E la muger,
en que vido que fablava el Infante, fue muy corriendo e llamó
al privado. E él levantóse e vino muy aína
al Infante, e él lloró con él e contól'
por qué non fablara aquellos días, e todo quanto
le conteçiera con su madrastra: -E non guaresçí
de muerte sinon por Dios e por ti, e por tus conpañeros
que me curaron de ayudar bien e lealmente a derecho. ¡Dios
vos dé buen gualardón por ello, e yo vos lo
daré si bivo e veo lo que cobdiçio! E quiero
que vayas corriendo a mi padre e que le digas mis nuevas
ante que llegue la puta falsa de mi madrastra, ca yo sé
que madrugará. El privado fue muy rezio corriendo
desque lo vido así fablar, e fue al Rey e dixo: -Señor,
dame albriçias por el bien e merçed que te
á Dios fecho, que non quiso que matases tu fijo, ca
ya fabla; e él me enbió a ti. E non le dixo
todo lo qu'el Infante le dixiera, e dixo el Rey: -Ve muy
aína e dil' que se venga para mí el Infante.
E él vino, e omillósele e dixo el Rey: -¿Qué
fue que estos días non fablaste, que viste tu muerte
a ojo? E dixo el Infante: -Yo vos lo diré. E contóle
todo commo le acaesçiera, e cómmo le defendiera
su maestro Çendubete que non fablase siete días:
-Mas de la muger te digo de quando me apartó, que
me quería castigar, e yo díxele que yo non
podía responder fasta que fuesen pasados los siete
días. E quando esto oyó, non sopo otro consejo
sinon que me fiziésedes matar ante que yo fablase.
Enpero, señor, pídovos por merçed, si
vos quisiéredes, e lo toviéredes por bien,
que mandásedes ayuntar todos los sabios de vuestro
regno e de vuestros pueblos, ca querría dezir mi razón
entre ellos. E quando el Infante esto dixo, el Rey fue muy
alegre, e dixo: -¡Loado sea Dios, por quanto bien me fizo,
que me non dexó fazer tan gran yerro que matase mi
fijo! E el Rey mandó llegar su gente e su corte.
E después que fueron llegados, llegó Çendubete
e entró al Rey, e dixo: -Omíllome, señor.
E dixo el Rey: -¿Qué fue de ti, mal Çendubete,
estos días? Ca poco fincó que non maté
mi fijo por lo que le tú castigaste. E dixo Çendubete:
-Tanto te dio Dios de merçed, e de entendimiento,
e de enseñamiento, por que tú deves fazer la
cosa quando sopieres la verdat, más que más
los reyes señaladamente por derecho devés seer
seguros de la verdat, e más que los otros; e él
non dexó de fazer lo que le yo castigué. E
tú, señor, non devieras mandar matar tu fijo
por dicho de una muger. E dixo el Rey: -¡Loado sea Dios
que non maté mi fijo, que perdiera este siglo e el
otro! E vosotros, sabios, si matara mi fijo, ¿cúya
sería la culpa? ¿Si sería mía, o de
mi fijo, o de mi muger, o del maestro? Levantáronse
quatro sabios, e dixo el uno: -Quando Çendubete vido
el estrella del moço en cómmo avía de
ser su fazienda, no se deviera esconder. E dixo otro: -Non
es así commo tú dizes, que Çendubete
non avía ý culpa, que tenía puesto tal
pleito con el Rey que non avía de fallesçer.
Deviera ser la culpa del Rey, que mandava matar su fijo por
dicho de una muger, e non sabiendo si era verdat o si era
mentira. Dixo el terçero sabio: -Non es así
commo vosotros dezides, que el Rey non avía ý
culpa, que non ay en el mundo fuste más frío
que el sándalo, nin cosa más fría que
la carofoja, e quando los buelven uno con otro, anse de escalentar
tanto que salle dellos fuego. E si él fuese firme
en su seso, non se bolverié por seso de una muger,
mas pues era muger qu'el Rey amava, non podié estar
que non la oyese. Mas la culpa era de la muger, porque con
sus palabras lo engañava e fazía dezir que
matasen su fijo. E el quarto dixo que la culpa non era de
la muger, mas que era del Infante que non quiso guardar lo
que l' mandara su maestro, que la muger, quando vido al niño
tan fermoso e apuesto, ovo sabor d'él, mas quando
se apartó con él, e ella quando entendió
que fablava el Infante, entendió que sería
descubierta a cabo de los siete días de lo qu'el Infante
dezía, e ovo miedo que la mataría; por ello,
curó de lo fazer matar ante que fablase. E Çendubete
dixo: -Non es así commo vos dezides, qu'el mayor
saber que en el mundo ay es dezir. E el Infante dixo: -Fablaré,
si me vos mandáredes. E el Rey le dixo que dixiese
lo que quisiese. El Infante se levantó e dixo: -Dios
loado, que me feziste ver este día e esta ora, que
me dexeste mostrar mi fazienda e mi razón. Menester
es de entender la mi razón, que quiero dezir el mi
saber, e yo quiérovos dezir el enxenplo desto.
 Cuento 19: Lac venenatum
Enxenplo del omne e de los que conbidó, e de la
mançeba que enbió por la leche, e de la culebra
que cayó la ponçoña
E los maestros
le dixieron que dixiese, e él dixo: -Dizen que un
omne que adobó su yantar e conbidó sus huéspedes
e sus amigos e enbió su moça al mercado por
leche que comiesen, e ella conpróla e levóla
sobre la cabeça; e pasó un milano por sobre
ella, e levava entre sus manos una culebra e apretóla
tanto de rezio con las manos, que salió el venino
della e cayó en la leche, e comiéronla, e murieron
todos con ella. E agora me dezid: ¿cúya fue la culpa
porque murieron todos aquellos omnes? E dixo uno de los
quatro sabios: -La culpa fue en aquel que los conbidó
que non cató la leche que les dava a comer. E el
otro maestro dixo: -Non es así commo vós dezides,
qu' el que los huéspedes conbida non puede todo catar
nin gostar de quanto les dava a comer, mas la culpa fue en
el milano que apretó tanto la culebra con las manos,
que ovo de caer aquella ponçoña. El otro respondió:
-Non es así commo vosotros dezides, ca el milano
non avía ý culpa, porque comía lo que
solía comer, demás non faziendo a su nesçesidat.
Mas la culebra ha la culpa, que echó de sí
la ponçoña. E el quarto dixo: -Non es así
commo vosotros dezides, que la culebra non á culpa,
mas avía la culpa la moça, que no cubrió
la leche quando la traxo del mercado. Dixo Çendubete:
-Non es así commo vosotros dezides, que la moça
non avía ý culpa, ca non le mandaron cobrir
la leche; nin el milano non avía ý culpa, ca
comía lo que avía de comer; nin la culebra
non avía ý culpa, que iva en poder ageno; nin
el huésped non ovo ý culpa, qu' el omne non
puede gostar tantos comeres quantos manda guisar. Estonçes
dixo el Rey a su fijo: -Todos estos dizen nada, mas dime
tú cúya es la culpa. El Infante dixo: -Ninguno
destos non ovo culpa, mas açertóseles la ora
en que avién a morir todos. E quando el Rey oyó
esto, dixo: -¡Loado sea Dios, que non me dexó matar
mi fijo! Estonçes dixo a Çendubete el Rey:
-Tú as fecho mucho bien, e nos as fecho para fazerte
mucha merçed, pero tú sabes si á el
moço más de aprender, emuéstragelo e
avrás buen gualardón. |