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 Reseñas
 Ricardo López-Landy. El espacio novelesco en la obra
de Galdós. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica
del Centro Iberoamericano de Cooperación, 1979. 240
pp.
Stephen Miller
Landy's study is divided into three main
sections. The «Introducción» (pp. 7-36) states the
author's purpose and method, and places his work in the growing
field of investigations into the concept of space in the
novel. Only Doña Perfecta and Fortunata y Jacinta
are analyzed since Galdós' output is so voluminous
and cannot be treated in its entirety. Nonetheless, because
these two novels are very different, Landy's intention is
to arrive at conclusions which may have a wider application;
he hopes to «hacer resaltar ciertos aspectos del sistema
creativo de Galdós no puestos de relieve por métodos
más tradicionales» (p. 9). Employing the categories
developed by Edwin Muir in The Structure of the Novel (1928),
Landy titles the second section of his book «Doña
Perfecta: El espacio estrecho de la novela dramática»
(pp. 39-86). The third section is also nominally oriented
by Muir; the term «novela sintética» in Landy's «Fortunata
y Jacinta: El espacio amplio de la novela sintética»
(pp. 89-229) refers to the fusion of Muir's categories of
«dramatic novel» and «chronicle». The book ends with a bibliography
and table of contents. By «el concepto de 'espacio' de la
novela» Landy understands «la totalidad de ese mundo en donde
se sitúan y se desplazan los personajes y en donde
acontecen los sucesos imaginarios» (p. 10). This «compleja
realidad» comprises «el local o escenario físico»
and such non-physical elements as the many and varied psychological
states and changing points of view of the personages (p.
10). Moreover, the «espacio de la novela» not only «contains»
all these factors, but is their product, the «producto de
sinnúmero de procedimientos, que han de ser analizados
detalladamente en cada obra, con vistas a su interdependencia
orgánica» (p. 13). This last point is especially important.
There is an essential difference between asserting that a
work «contains» certain elements and tracing how the work,
an organic whole, arises from the synthesis of a «sinnúmero
de procedimientos». In view of this distinction it appears
that Landy's task in El espacio novelesco en la obra de Galdós
is as follows: he must generate the concepts and methods
to establish a common ground between very different kinds
of critical ideas. Should he fail to identify the structures
which integrate the multiplicity of spatial elements into
the larger, organic unity of the novels he studies, his book
will become a catalogue of such elements, not an explanation
of how they form «el espacio novelesco en la obra de Galdós».
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In an attempt to avoid this shortcoming' Landy invokes
Muir's structural concepts of «dramatic novel» and «chronicle»,
and then tries to adapt them to his purpose. In my judgment,
though, Landy makes a decisive false step at this juncture.
He omits both a detailed summary of Muir's ideas and, more
importantly, a reasoned presentation of their application
to his project. As a result the «sinnúmero» of spatial
elements Landy identifies constantly overwhelms any overall
concept(s) of novel structure. We do not learn how the notion
of «novelistic space» per se adds to our understanding of
the organic whole we and Landy assume any good novel to be.
El espacio novelesco en la obra de Galdós is not
a finished work; rather, it reveals many of the problems
to be resolved before the synthetic study Landy's title suggests
is a reality. Moreover, such a study would be necessarily
more inclusive in its treatment of Galdós' novelistic
production. Landy's title intimated that he was going to
discuss the principle of «novelistic space» in all or, at
least, much of Galdós. The next critic who undertakes
a similar project must, then, remember the reasons for the
limitations of El espacio novelesco en la obra de Galdós.
Mindful of them, he must mediate the distance between the
ideas of overall structure and «novelistic space» on one
hand, and, on the other, respect the different kinds of novel
found in the work of Galdós. Landy's insufficiently
developed distinction between «novela dramática» and
«novela sintética» would probably be as good a starting
point as any.
Texas A & M University
 Sara E. Schyfter. The Jew in the Novels of Benito Pérez
Galdós. Támesis Books Limited, London, 1978,
127 pp.
Denah Lida
Este tomo trata en seis capítulos y
una conclusión todo el mundo de personajes judíos,
de posible descendencia judaica, como Maxi Rubín,
y los que la autora llama «camouflaged», como Torquemada,
a quien ella se esfuerza por relacionar con el judaísmo
en una interpretación muy personal en que no todo
lector podrá acompañarla. El pensamiento de
la obra representa a la vez la depuración y la elaboración
de una tesis doctoral y de varios trabajos más breves
sobre los mismos temas. La variedad de observaciones novedosas
y de perspectivas nos obliga a comentar caso por caso. La
unidad de propósito reside, para nosotros, en la simpatía
que halla Schyfter de parte de Galdós hacia los personajes
estudiados. El primer capítulo, introductorio (pp.
7-14), intenta explicar el interés de Galdós
en el tema del judío en España y colocarlo
dentro de un contexto histórico. En una recopilación
breve (pp. 9 y ss.), que se remonta a la Reconquista, por
fuerza se simplifica demasiado -como ocurre también
en otros momentos (V. pp. 25 y 30)- y el conjunto resulta
algo superficial y, a veces, contradictorio. Dudo que «the
question of Galdós' personal belief has long
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puzzled
and intrigued critics» (p. 7), ni que su interés en
la religión, per se, haya sido muy fuerte. Más
probable parece que su «interest and preoccupation with Spanish
history and society» (p. 8) le hayan llevado a abarcar temas
religiosos entre la multitud de conflictos y dificultades
que afligen a la sociedad española decimonónica,
panorama que Galdós presenta en toda su extensión
y complejidad. En el primer tomo de su Galdós (Castalia,
1969) nos decía Montesinos que «el tema de la intolerancia...
estaba en el aire. Lo estaba en toda Europa desde hacía
tiempo, se debatía furiosamente en España durante
el período revolucionario y después» (p. 202).
Es hora, además, de conferirle su debida importancia
histórica y social a la anulación por la primera
República del decreto de expulsión de los judíos
y el consiguiente miedo equivocado, entre españoles
conservadores, a una invasión del tipo judío
más conocido entonces, es decir, el banquero alemán,
«hereje» que amenazaba atraer a las señoritas españolas
y perderlas. Un estudio de los novelones populares que circulaban
en España antes de la Revolución y después
-novelas de Nocedal, por ejemplo- nos revelará esta
preocupación y la imagen torcida que se tenía
del judío, que en esas obras suele ser joven, guapo,
rico y, a veces, perverso. Gran acierto el de Galdós
el presentarnos un Daniel Morton, alemán, guapo y
rico, pero judeo-español, refinado, sensible. Y ¡qué
curioso que predomine en la obra de don Benito el sefardí,
cuando el judío de las metrópolis y de la literatura
españolas de la época era el askenazí!
Los cinco capítulos centrales se dedican cada uno
a una o dos obras y a los personajes que la autora denomina
de estirpe judía. A nuestro parecer, los más
logrados son aquellos en que Galdós asienta claramente
la religión del personaje: Gloria (cap. II), Misericordia
(cap. V), Aita Tettauen y Carlos IV, en la Rápita
(cap. VI). De este grupo, diríamos que el estudio
de Daniel Morton es el más problemático, y
el de Almudena el de análisis más profundo
y satisfactorio. Y eso, no porque no esté bien desarrollado
el retrato de Morton, sino porque en una obra como Gloria
en que el autor ha puesto tanto empeño en enfrentar
el fondo más o menos comparable de los fieles del
catolicismo y del judaísmo, a diferencia de las dos
religiones como tales, el crítico no debe perder de
vista uno de esos dos elementos. El hacerlo le permite a
Schyfter presentarnos un Morton casi perfecto, moralmente
superior a sus adversarios (pp. 26-27), hecho bastante dudoso
para el lector que ve la intransigencia y la hipocresía
manifiestas igualmente de un lado y otro. Es más;
sin la tensión creada por la igualdad, la obra perdería
por lo menos su fuerza ideológica, ya que no se trata
aquí de lo estético. En cambio, en el estudio
de Almudena logra Schyfter integrar de manera original y
persuasiva leyendas y tradiciones judaicas en los dichos
y hechos del ciego, con lo cual tenemos una verdadera aportación
nueva y significativa a la comprensión de la obra.
Fortunata y Jacinta y la serie de Torquemada, en que «the
Jew appears obliquely or ironically» (p. 117), plantean dudas
más sustanciales en la medida en que Schyfter nos
presenta a Maxi Rubín y a Francisco Torquemada como
«the outsider, the misfit and the stranger» (p. 40), variadamente
como «two Jewish characters», como descendientes de conversos,
como conversos. A Maxi se refiere como schlemiel (p. 40 y
ss.) que acaba en «mystic and
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madman» (p. 41), como tonto
que llega a «holy fool» (p. 45), como «Quijote-Christ figure»
(pp. 45 y passim) aunque luego sea rival de Cristo (p. 50),
como «quasi-Jewish», «Jew» (p. 45), «mock-courtly lover»
(p. 46), San José y San Juan Bautista (p. 53). El
capítulo se titula «Maxi Rubín as 'schlemiel'»,
palabra ésta tomada del personaje inocente e inepto
de Adelbert von Chamisso, Peter Schlemihl, que vende al diablo
su sombra nada menos que a cambio de una bolsa de Fortunatus.
Pero la autora quiere ser sensible a todas las facetas de
la compleja personalidad de Rubín y, curiosamente,
aunque concentra su interpretación en el insinuado
judaísmo inconsciente de Maxi, parece perder de vista
su intención original al ver en él una evolución
en la búsqueda de su identidad desde el judío,
al Quijote y a Cristo. Schyfter reconoce «[t]he failure to
find identity within these models» (p. 41), fracaso que lleva
a Maxi a la filosofía, al positivismo y al racionalismo.
Esa trayectoria, a su vez, sólo representa una fachada
-«different masks of the fool» (ibid.)- que acaba en el misticismo
y la locura. Ahora bien, aunque la conclusión coincida
con los datos novelísticos, la dificultad en seguir
a Schyfter por esa senda es doble: por un lado, el schlemiel
no suele ser capaz de toda la introspección que la
autora le atribuye a Maxi; por otro, Maxi se nos descubre
como algo más que un simple inepto y algo menos que
un profundo escudriñador de su alma. No obstante
el abuso de terminología y análisis casi-freudianos,
Schyfter apunta claramente a la interpretación del
personaje como tonto-cuerdo o cuerdo-tonto, el wise fool
o «holy fool» de la tradición literaria (pp. 43 y
passim). Creo que el profundizar en ese aspecto del carácter
de Maxi, por contrario que parezca al tema del libro y del
capítulo en cuestión, hubiera rendido frutos
importantes para nuestra comprensión del personaje,
de la novela, de Galdós y del tema del cuerdo-loco
o tonto. En cambio, los frecuentes paralelos con tipos entre
sí muy diversos (héroe/anti-héroe),
intercambios con historias y tradiciones, a veces invertidas
para el caso (Antiguo Testamento/Nuevo Testamento), y los
constantes vaivenes entre elementos no igualmente comparables
para todo lector, distraen de los iluminadores y sensibles
aciertos. Por ejemplo: si Maxi, al conocer a Fortunata, «essentially
suspends his quasi-Jewish identity in order to develop that
of Quijote and Christ» (p. 45) porque ha encontrado su ideal
y está «ready to embark upon a Christian and Cervantine
ordeal that is both a Passion and a madness» (p. 46), ¿dónde
quedan el «schlemiel» y el judío-inconsciente a lo
largo del relato que sigue? Igualmente desconcertante resultan
ciertas comparaciones a las cuales les faltan las salvedades
indispensables: «What Don Quijote does with Aldonza Lorenzo
in transforming her into Dulcinea del Toboso, Maxi effects
with Fortunata» (p. 46); es decir, crea de ella «an idealized
vision of virtue and dignity» (ibid.). Sí, con la
diferencia de que don Quijote es consciente de lo que hace,
acepta el ideal, cree en él y no le busca corporeidad,
sino lo contrario. En ocasiones el capítulo sobre
Torquemada puede dejar igualmente perplejo al lector. Nos
encontramos con que «converso» se usa en el sentido de 'cristiano
nuevo,' de 'cripto-judío,' de «unbelieving Jew», y
que Torquemada es a la vez «Jew» (passim) y «false converso»
(p. 66), «materialistic and unspiritual» (p. 68), aunque
busca una dimensión espiritual (p. 62). El lector
no puede menos que sentirse incómodo ante una interpretación
basada en
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una reconocida falsedad: un Torquemada «converso»,
según el título, que luego resulta «false converso».
Don Francisco «is modern man caught in a faithless universe,
struggling to accept a faith that eludes him» (p. 66). Por
un lado es «pueblo», pero se ha acomodado a la nueva clase
media (p. 69) -no menos, salvando las distancias, que un
Lazarillo de Tormes-; por otro es «alien» y «mythic converso»
(p. 58), según las circunstancias, y se le asemeja
a los bíblicos Abraham e Isaías tanto como
a otros personajes de Galdós. Por fin, la autora nos
invita a reconocer que, en el fondo, lo que significa todo
esto es que Torquemada es «a man without heritage» (p. 77).
De acuerdo, hasta cierto punto, con muchas de estas observaciones,
aisladamente perspicaces y originales, y quizá posibles
en algún conjunto o combinación parcial tratándose
de un ser complejo como «this very difficult and ambiguous
character» (p. 57). El conflicto surge al intentar unirlas
todas en un tejido sólido, no sólo entre sí,
sino a las que se hacen sobre otros personajes. Si Maxi y
Torquemada viven al margen de la sociedad, no menos les pasa
a Morton y a Almudena. Y no es que sólo los judíos
reconocidos u ocultos no estén integrados a la sociedad;
tampoco lo están la mayoría de las grandes
creaciones tanto de Galdós como de casi todo artista.
Como sugerimos antes, en el capítulo V que trata
de Almudena es donde el conocimiento que tiene Schyfter de
la tradición judaica y sus observaciones finas se
aplican a la interpretación del personaje de manera
sólida y consecuente. Sólo surge la duda cuando
hay alguna incursión en el terreno de las hipótesis
cósmicas: por ejemplo, la presentación de Benina
como figura mesiánica. Nos parece indispensable al
significado de la obra que Benina quede personalmente libre
de todo enlace con el judaísmo para que se puedan
establecer los lazos comunes a las tres religiones en lo
esencial auténtico de la verdad de cada una. Y en
la comparación con Gloria falta notar la intolerancia
de ambas partes en esa novela frente a la tolerancia inherente
de Benina y Almudena en Misericordia, donde, además,
la palabra clave es caritas, valor mucho más limitado,
si no ausente, en Gloria. En general, los comentarios del
capítulo sobre los dos episodios resultan menos discutibles
que algunos otros, si bien no alcanzan el nivel del análisis
de Almudena, como tampoco llegan los personajes a la estatura
del ciego (V. nuestro artículo «El habla de los sefardíes
en Galdós», Galdós Studies II, Támesis,
1974, pp. 29-33). También aquí se tropieza
con alguna contradicción de menor importancia que
otras: judíos supersticiosos -¿no hay supersticiones
en todos los pueblos y, en particular, no lo son Benina y
otros católicos?-; actitud hacia el dinero y la pobreza
-difícil compaginar las actitudes de Yohar, de Almudena
y de Torquemada-; etc. Para resumir, a pesar de las reservas
hechas y de otras acerca de la ironía de don Benito,
que no siempre parece captar Schyfter, de la distinción
entre autor y narrador, de quién «habla» por Galdós,
de qué creía u opinaba el novelista, nos hallamos
ante una obra rica en observaciones y de conocimiento de
cultura judaica que abunda en atisbos originales que influyen
en nuestra apreciación de las novelas estudiadas.
Brandeis University
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 Brian J. Dendle. Galdós: The Mature Thought. The Kentucky
University Press, 1980
Alfred Rodríguez
One is instantly disappointed
by the book being reviewed. The very promising title is immediately
qualified to mean merely Galdós' 'mature political
thought'. Perhaps an author should not be faulted for failing
to provide what his title initially appears to offer, but
in this case the choice of words, «mature thought», is so
devastatingly inappropriate that it should be noted. Unhappily,
Dr. Dendle's title, its unqualified generalization, implies
that the 'mature thought' of one modern Spain's most powerful
creative minds was totally devoid of transcendental objectives
and/or conclusions. Professor Dendle's hypothesis, cogently
(if disappointingly) expressed in his introduction, is that
Galdós' mature political thought is consciously interwoven
into the texts of the last three Series of Episodios nacionales.
There is little to argue with, at least generally, with such
an hypothesis. So many are the parallels between the political
ambience of post-'98 Spain and the historical matter dealt
with in the Third, Fourth and Fifth Series (separatism, Africa,
chaos in the political parties, caciquismo, unfulfilled promises
of reform, strong-man aspirations, etc.) that, as the author
incessantly points out, much of what Galdós states
with reference to the historical past novelized may well
be applied to events and situations in his own day. Dr.
Dendle documents his hypothesis via the sheer accumulation
of seemingly valid parallels between the novelistic text
and the historical record of the years during which Galdós
labored over the second segment of his Episodios (1898-1912).
Nevertheless, when it comes down to specifics, to the almost
impossible task of establishing a direct relationship between
contexts that are necessarily distinct, between a specific
past as narrated and a specific present as lived by Galdós,
professor Dendle is all too often required either to be exceedingly
cautious («in all likelihood», «like that perhaps», «perhaps
in part», etc.) or excessively forceful («obviously has in
mind», «terms readily applicable», «obviously intended»,
etc.). In either case, the difficulty involved in the scholar's
procedure on the level of specifics is explicit in his language.
Moreover, even if one grants Dr. Dendle a fair measure of
success in proving his point regarding Galdós' projection
of his views about a Spanish present onto the canvas of the
novelized past, there is frankly very little derived therefrom
that is new, heretofore unknown, in Galdós' mature
(if constantly imprecise and shifting) political thought.
The book under review may well be recommended, on the other
hand, for a historical research that clarifies and enriches
future readings of the last three Series of Episodios nacionales.
Professor Dendle's meticulous labors in this respect, even
when limited to those events novelized which have a parallel
presence in Galdós' present, will allow the non-historian
reader a richer and more meaningful approach to many of the
significant segments of modern and contemporary Spanish history
which constitute the subject matter of the Third, Fourth
and Fifth Series of the Episodios nacionales.
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Galdós:
The Mature Thought contributes significantly, as well, to
our appreciation of Galdós as historian, and will
undoubtedly influence any future judgements in this regard.
In the process of underscoring the numerous parallels that
exist between the past novelized by Galdós and the
socio-economic and political circumstances of the present
from which he wrote, professor Dendle's work clearly outlines
the novelist's motivations and tendencies in the selection
of themes, events and characters created and/or depicted
in the late Episodios nacionales.
The University of New Mexico
Jacques Beyrie. Galdós et son mythe.-I: Libéralisme
et christianisme en Espagne au XIXème siècle
(1843-1873). II: Romantisme et sources vives du «Naturalisme»
galdosien (1860-1880). III: Notes. Thèse présentée
devant l'Université de Toulouse II le 30 janvier 1976.
Paris, Librairie Honoré Champion, 1980. I: 402 pp.
II: 386 pp. III: 343 pp.
Carmen Menéndez Onrubia
De la magnitud de la obra
puede dar ya una idea el simple encabezamiento de esta reseña,
pero conviene desarrollar su contenido para hacernos una
idea de hasta qué punto es útil y al mismo
tiempo concentradora de esfuerzos y de perspectivas. Comienzo
por su aspecto exterior. La obra, los dos volúmenes
de contenido serán organizados en cuatro libros a
su vez. El primero de ellos estudia los años de estancia
de Galdós en su tierra natal, lo que voy a denominar
las raíces insulares de Galdós y su primera
gran crisis sentimental de adolescente. Va desde 1843 hasta
1862. El segundo libro (1863-1873) trata de la segunda gran
crisis, la derrota de sus ideales democráticos embarcados
en el fracaso de las esperanzas suscitadas por la «gloriosa»
revolución de 1868, la frustrada regeneración
sociopolítica española. Al mismo tiempo va
haciendo un repaso exhaustivo de la actividad periodística
de Galdós de esos años en La Nación
(1865-1868), Las Cortes (1868-1869) y posteriormente en La
Revista de España y en El Debate. El tercer libro
proyecta todos estos contenidos anteriores de tipo biográfico,
psicológico, sociopolítico e ideológico
sobre los primeros escritos literarios de Galdós (Un
hombre fuerte, Un joven de provecho), narrativos (La sombra,
La Fontana de Oro, El audaz) y hace un estudio del importante
papel que tiene para Galdós la primera serie de los
Episodios Nacionales, como aprendizaje de narrador, como
investigación de la realidad histórico-social
nacional y como proyección moralizante centrada en
la clase media española, para intentar suscitar en
ella los sentimientos de civismo y de honradez nacional que
demostró no tener a partir de 1869, cuando ya se preveía
el fracaso de aquella gloriosa revolución. En el
cuarto libro desarrolla Beyrie la evolución por la
que Galdós va saliendo del romanticismo que ha primado
en su comportamiento y en sus escritos del sexenio liberal
hasta el rechazo definitivo de ese mundo ideal e irreal de
los deseos por una inclinación gradual y cada vez
más manifiesta
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hacia el mundo real que se iba imponiendo
y caracterizándose por su palpable y agobiante materialismo.
En el recorrido de este trayecto analiza la importancia decisiva
que tiene la imposición de la Restauración
en las obras de estos años (1875-1880), comenzando
por la segunda serie de los Episodios nacionales, para seguir
identificando este proceso a través de Doña
Perfecta, las dos partes de Gloria, Marianela y La familia
de León Roch, a través del cual Galdós
se va viendo abocado a la etapa de sus novelas contemporáneas.
Todo ello, en fin, reconstruido unificando la proyección
personal y la sociopolítica como polos dialécticos
entre los que se va fraguando y madurando la psicología
del autor y su trayectoria literaria. Finalmente habría
que añadir que estos contenidos se desarrollan en
41 capítulos, más cuatro de conclusiones y
balances correspondientes a cada uno de los libros, y que
en la presentación de cada capítulo, y en el
índice final de los mismos, hace el autor una cumplida
síntesis de los temas fundamentales que trata. A los
dos primeros volúmenes acompaña un tercero
de notas que contiene en sus páginas alrededor de
3.500 o 4.000 notas que se reparten en más de 100
por capítulo, lo cual puede dar idea aproximada del
importante respaldo documental en que se apoya la investigación
realizada. En este volumen de notas, e igualmente para facilitar
la lectura y la consulta, hay dos anotaciones de las correspondencias,
por capítulos y número, y por volumen y página
a que corresponden. Cada uno de estos libros presenta importantes
aportaciones para el conocimiento de Galdós y de sus
aptitudes literarias precisamente en los comienzos de su
dedicación. Y esto no sólo porque el libro
de Berkowitz, al menos en España, sea raro y esté
necesitado de una reedición, sino porque en bastantes
aspectos le supera desde el momento que trabaja sobre un
período mucho más reducido de la biografía
galdosiana, en exactitud, continuidad, documentación
y coherencia de contenidos, aunque, en este aspecto último,
la edición tenga una faceta negativa propia del hecho
de ser simplemente una tesis, un estudio de investigación
publicado tal cual. La exposición peca de la exagerada
presencia de una actitud analítica que coarta el desarrollo
de las ideas claves y el crecimiento de éstas a lo
largo de la vida y obra galdosiana que se va siguiendo. Creo
que éste es un trabajo de futuras profundizaciones
y parcelaciones, impropias con seguridad de la mecánica
de la tesis, pero necesarias en cuanto que podrían
producir una fuerte renovación de perspectivas beneficiosas
para los estudios galdosianos y los del siglo XIX en general.
Sobre las líneas generales de coherencia que mantiene
la obra de Beyrie quisiera hacer hincapié, ya que
me parece una de sus mejores aportaciones: A) Ambiente
insular a mediados del siglo XIX Comienza Jacques Beyrie
en los siete primeros capítulos del primer libro dando,
paso a paso, un panorama político social, económico
y religioso de las Islas, retrotrayendo su carácter
típicamente insular desde la propia conquista castellana
del siglo XVI y destacando su original, pacífica y
en cierta manera democrática evolución durante
siglos. La mínima repercusión de los conflictos
fratricidas del período isabelino y la intensa elevación
socioeconómica de las
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Islas por la progresiva generalización
de los recursos propios naturales nuevos como la cochinilla
y la vid, son los elementos básicos de un auge en
todos los campos en el que sin dejar de existir las clases
sociales y las diferentes ideologías que éstas
conllevaban, se vivía en un ambiente de cómodo
liberalismo y no se llegó en absoluto a los trágicos
resultados peninsulares allá por los años de
mediados de siglo cuando nacía Galdós. Es
necesario tener en cuenta esta base socio-económica
para comprender al mismo tiempo el intenso ambiente cultural
de raigambre ilustrada y la existencia, incluso, de la típica
«sociedad de amigos del país» propia del siglo anterior.
Ahí están J. E. Doreste y López Botas,
el obispo Tavira, Graciliano Alfonso, Domingo J. Navarro,
la familia de los Martínez Escobar, que no sólo
alargan durante el siglo XIX de las Islas las actitudes del
liberalismo y del enciclopedismo dieciochesco, sino que lo
hacen renacer en la práctica y dentro de la sociedad
canaria mediante las lecturas y traducciones de literatos
y filósofos franceses y grecolatinos y en su comercio,
industria y agricultura mediante todas las actuaciones propias
de aquella Sociedad de Amigos del País que fomenta
estas actividades mediante exposiciones, extensiones culturales
y otras entidades financieras. No tardará en producirse
dentro de este ambiente un gran florecimiento económico
sustentado con recursos propios a diferencia de lo que sucedía
en la corte por aquellos mismos años, puramente ficticio
y aupado por la inversión masiva de capitales extranjeros
en nuestras fuentes de riqueza más productivas. Empapándose
de ese ambiente benéfico, viene Galdós a la
existencia y ya no se podrá quitar nunca, por mucho
que cambien las circunstancias de su vida, esa aureola de
liberalismo, democracia, honradez y fusionismo social que
acompañará a Galdós hasta su muerte.
B) El fanatismo El carácter
de Galdós, en principio, se identifica con el liberalismo
canario y persistirá en sus actitudes y comportamientos
durante toda su vida. Sólo que no tendrá una
evolución lineal en su desarrollo y sufrirá
opresiones frustrantes de parte de su familia, primero, y
de parte de los encargados del desarrollo político
nacional después, durante el sexenio liberal. El
primer enfrentamiento, liberalismo contra fanatismo, lo sufrirá
Galdós en el seno de su propia familia de una forma
continuada a lo largo de su infancia. El señor Beyrie
se detiene a describir esta situación agobiante y
desequilibradora y la estudia utilizando un método
psicológico que parece sumamente objetivo, ya que
consiste en acumular, por un lado, los datos biográficos
fidedignos que se han conservado de la vida canaria de Galdós
y de su familia, creando una especie de cuadro sintomático.
A éste le aplica después los diagnósticos
que representantes ilustres de la psicología han dado
sobre tales indicios (Gregorio Marañón, M.
Porot, Paul Osterrieth, Melanie Klein). De esta manera se
llega a vislumbrar de una forma poco dudable las raíces
de uno de los traumas más persistentes en la persona
y en la obra de este escritor, el fanatismo. Las circunstancias,
especialmente las económicas, adversas para la familia
Galdós, han exacerbado el carácter de doña
María de los Dolores. El benjamín de la casa
que era don Benito, será el que más profunda
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huella reciba de esta proyección autoritaria de su
madre. Estuvo más tiempo bajo su tutela y sufrió
con mayor intensidad el influjo de su madre. A ello se unía
el hecho de que fue el que requirió más cuidados
durante su infancia debido a su naturaleza enfermiza, y además
el único que pudo colmar las esperanzas de doña
María. Su afán de triunfo también se
había disparado: necesitaba una persona pura que demostrara
que se podía triunfar y ser famoso y ganar dinero
en la vida sin envilecerse, como había hecho el hermano
que hasta hace poco era su ojito derecho, José María
Galdós, gran triunfador de las tierras cubanas, pero
con un terrible pecado a su espalda: el haber tenido una
hija natural con Adriana Tate, su consuegra y viuda del padre
de su yerno y de su nuera, los Hurtado de Mendoza. C) La
corrupción Mucho de la rectitud moral de la madre
debió quedar en el ánimo del adolescente Galdós.
Así lo detecta Beyrie en el estudio que dedica a sus
obras escolares El pollo o Un viaje redondo. Encuentra en
ellos una actitud sarcástica, irónica, desenmascarando
la realidad. La actitud esencialmente moralista del joven
escritor contra la corrupción moral. A través
de la holgura económica que entró con los Hurtados
en casa, también entró la corrupción.
Con la llegada de Adriana Tate y de su hija natural Josefina
o Sisita, doña María convirtió el cinturón
de castidad que rodeaba su casa en muralla con foso, aunque
no pudo evitar que fuera de la fortaleza de la calle Cano,
Sisita en La Matanza y Benito al lado en El Lentiscal, se
conocieran y enamoraran. Amores imposibles. Habían
nacido de la corrupción moral de Adriana y José
María y fracasarían entre el fanatismo de una
madre y la corrupción moral del tío que pronto
se llevaría a Sisita y la casaría por conveniencias
en Cuba. Galdós a su vez se encontraba en la posición
ambigua de haberse enamorado de una prima y de una sobrina
a la vez. Su madre no le permitiría seguir esas relaciones
de ninguna manera. Primero porque la tal Sisita para doña
María era la personificación del pecado y de
la corrupción; en segundo lugar, porque un matrimonio
precipitado daría al traste con todas sus ilusiones
y esperanzas. Así ocurrió. Galdós sale
en septiembre de 1862 precipitadamente, apenas acabados los
exámenes de bachillerato en dirección del calvario,
hacia oriente, mientras que su novia, Sisita, hacía
lo mismo pero hacía occidente, hacia Cuba. D) Corrupción
y fanatismo en el sexenio liberal En este segundo libro
pormenoriza Beyrie los pasos por los que Galdós viene
a caer en su segunda y definitiva crisis de ideales. Estudia
su progresiva aclimatación a la Corte a través
del grupo de canarios, numeroso y representativo, como buenos
frutos que eran del ambiente socioeconómico descrito
más arriba. A través de ellos se inicia en
el periodismo y se va asimilando al ambiente revolucionario
que entonces ya estaba cuajando en la Corte. Hace el señor
Beyrie un interesante estudio de las relaciones de Galdós
con el krausismo
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que supera y puntualiza muchas de las teorías
hasta ahora defendidas. Se le reconoce adherido a los ideales
renovadores y regeneracionistas del krausismo, pero totalmente
opuesto a la manipulación de los Juanes Bragas de
Pipaón, los progresistas que en su carrera hacia el
poder no dudaban en utilizar y tergiversar en su propio beneficio
todo lo que tuviera entonces algo de prestigio. Ahí
están caracterizados Benigno Carballo Wangüemert,
director de Las Canarias, y su secretario Fernando León
y Castillo, en los persistentes gordo y flaco de los dibujos
de Galdós. Esta también era una forma de hacer
literatura a través de la expresión plástica.
Así se ridiculiza a los dos representantes más
notorios entre los de su ambiente de lo que era la adaptación
de las ideas krausistas al pensamiento de la Unión
Liberal: total libertad individual para desarrollarse aprovechando
todas las circunstancias favorables sin ningún miramiento
social; armonía universal del individuo y del estado,
en la que cada uno debía tender a desarrollarse sin
limitaciones entre sí ni de parte del prójimo
y, finalmente, el nefasto liberalismo que nos terminará
llevando a la destrucción internacional, el «laissez
faire, laissez passer», según frase ya consagrada.
Contra estas ideas defendidas en efímeros periódicos
de la época como La Razón, Revista Ibérica
y La razón española, partidarios todos del
oportunismo y la corrupción de los nuevos liberales,
comenzó luchando Galdós. Canarias le había
formado en un liberalismo puro; el grupo canario de Madrid
le impulsa hacia el oficio de escribir, primero a través
del periodismo, siempre desde una perspectiva moralizante
y de crítica de las falsedades y de los abusos. Sin
embargo, la corrupción moral que, so capa de patriotismo
y de libertad, guiaba a estos nuevos medradores de los predios
nacionales era imparable. Utilizaron la revolución
en su propio provecho, obligando con este acto de fuerza
a los conservadores a pactar con ellos, y se sentaron luego
a esperar que el fanatismo desbordado de los románticos
republicanos hiciera el resto. Resulta patético atender
a un Galdós director de El debate, defendiendo casi
en solitario unos logros de democracia en los que ya nadie
en el fondo confiaba. Por último, en los dos últimos
libros del estudio se pueden seguir los primeros pasos de
su dedicación definitiva a la narrativa. Se ha dicho
generalmente que Galdós escoge este camino como consecuencia
de su fracaso en los intentos teatrales. Aunque ello no deja
de ser verdad, pienso que sólo lo es en parte. Quiero
aclarar aquí, aunque el señor Beyrie no lo
toca directamente, que para Galdós en el verano de
1869 la narrativa es el único medio de hacer reflexionar
al público y hacerle volver la vista hacia los senderos
de la democracia. El teatro para Galdós es un medio
de impulsar, de acelerar el movimiento, no un medio de producirlo.
Por eso me atrevo a pensar: primero, que Un hombre fuerte
y Un joven de provecho son obras anteriores a 1868, propias
de todo el movimiento revolucionario en el que se veía
ascender a los oportunistas de la Unión Liberal y
de los progresistas; y, segundo, que si la revolución
del sexenio liberal hubiese triunfado, Galdós hubiera
seguido escribiendo teatro, como siguió escribiendo
novela. El cuarto libro está dedicado a estudiar
a través de la obra escrita el proceso de maduración,
el primer gran proceso en su psicología y en sus principios
sociopolíticos, es decir, el paso de ese romanticismo
íntimo y sincero que le caracterizó durante
el sexenio, hacia una etapa de madurez en la que se va
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progresivamente
enfrentando y tomando conciencia de la realidad casi grotesca
de la Restauración, llena de mediocridad y corrupciones
en sus mismas bases. Corrupción moral y fanatismo
son los dos demonios persistentes en su vida y en su obra.
Corrupción y fanatismo son también los dos
demonios persistentes de la historia nacional desde sus orígenes
más legendarios; los dos polos de todo el desarrollo
de la humanidad con la que Galdós conectó a
través de su obra. Jacques Beyrie ha pretendido,
por así decirlo, racionalizar, descubrir los ingredientes
íntimos de esta gran figura que es Galdós dentro
de la literatura española y universal: Galdós
como autor poco conocido aún en el fondo, Galdós
como personaje venerado y venerable en la cultura española.
Yo quisiera añadir a estos objetivos logrados su identificación
vivencial y literaria de estos dos tópicos del existir
humano, el de la sinrazón del fanatismo y el del envilecimiento
moral. Hacia 1897 don Luis Bello entrevista a Galdós.
Este acaba de exponer su opinión de que todo escritor
tiene tres momentos en su producción cara a los lectores.
En el primero, debido a la novedad, se produce el triunfo
más tumultuoso y agobiante. En el segundo, el escritor
pierde la rémora de los lectores ansiosos sólo
de novedades y, ya más en solitario, se puede enfrentar
con el arte de escribir y construir su obra de madurez, su
obra clásica. El tercero es el que el autor no ve
porque pertenece a la posteridad. «Yo creo, don Benito -dice
Bello- que usted puede estar tranquilo». «Y si no lo estuviera,
apostilla Galdós, sería igual. Sostenerse mucho
tiempo en el primer momento es difícil. Estas cosas
abruman. Adivinar el último es entretenido. Yo imagino,
sin embargo, un tiempo en que cambiarán de parecer
los que hoy empiezan a verme como un viejo maniático,
obstinado en tomar en serio las luchas del siglo XIX, y en
ver por todas partes supervivencias del absolutismo». Madrid,
C.S.I.C.
Anales galdosianos [Publicaciones periódicas]. Año XVII, 1982
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