 Oráculo manual y arte de prudenciaSacada de los Aforismos que se discurren en las obras de
Lorenço Gracián
Baltasar
Gracián
[Nota preliminar: Edición digital
a partir de la edición de Huesca, Juan Nogués,
1647 y cotejada con la edición crítica de Emilio
Blanco (Madrid, Cátedra, 1997).]
Publícala Don Vincencio Juan de Lastanosa, y la
dedica al Excelentíssimo Señor Don Luis Méndez
de Haro, Conde Duque. Con licencia. Impresso en Huesca,
por Juan Nogués. Año 1647
Aprobación del Padre M. Fr. Gabriel Hernández,
catredático de Theología de la Universidad
de Huesca, de la Orden de San Agustín
Visto he, por mandado del Ilustre Señor Dotor Gerónimo
de Arasqüés, canónigo de la Santa Iglesia
de Huesca, Oficial Eclesiástico y Vicario General
de su Obispado, este libro intitulado Oráculo manual
y arte de prudencia, sacada de las Obras de Lorenço
Gracián, que publica don Vincencio Juan de Lastanosa.
He admirado en tan poco cuerpo tanta alma. Es una quinta
essencia de la más recóndita prudencia, que
ya no se alimentan de otro los entendidos. Vense aquí
de una vez todas las obras deste Autor, y, si cada una de
por sí es un prodigio, todas aquí en delecto
harán una çifra de ellos. Siempre tuve por
dificultosa el Arte de Prudencia, pero quien supo hallar
reglas a la Agudeza pudo encargar preceptos a la Cordura.
No tiene cosa contra nuestra Santa Fe; antes, es un espejo
de la razón, moderna maravilla de aciertos. Ni es
escollo de las christianas costumbres, sino un discreto realce
de las acciones, en quien el Ingenio admire lo que el Juizio
logre. Éste es mi parecer. En el Convento de Nuestro
Padre San Agustín de Huesca. Março, a 11 de
1647. Fray Gabriel Hernández.
Vista la Aprobación
del Padre M. fray Gabriel Hernández, damos licencia
que se imprima el Oráculo manual y Arte de Prudencia.
El Doctor Gerónimo Arasqüés, Oficial
Vicario General.
Aprobación del Doctor Juan Francisco Andrés,
Chronista del Reino de Aragón
Leí atentamente, por orden del mui Ilustre Señor
don Miguel Marta, del Consejo de su Magestad, y su Regente
en la Real Chancillería de Aragón, los aforismos
que publica don Vincencio Juan de Lastanosa de las obras,
impressas y manuscritas, de Lorenço Gracián,
diligencia que merece no solamente la permissión de
la estampa, pero aplausos y admiraciones. Por esto, y porque
no se oponen a las regalías del Rei Nuestr o Señor,
pueden darse a la prensa. Assí lo siento, en Zaragoza,
24 de março, 1647. El Doctor Juan Francisco Andrés.
Imprimatur. Marta R.
Excelentíssimo Señor:
No tanto solicita este Oráculo prudencial el amparo
de Vuestra Excelencia quanto su autoridad; no la fortuna,
aunque grande, sino el merecimiento, que es mayor. Pretende
no parecer imposible en copia de preceptos, a vista de su
original en execuciones. Çifra todo un Varón
de prendas, y desçifra las que en Vuestra Excelencia
veneró, y de la que fue primero admiración
haze Arte. Sea escusa de su altivo destino a los pies de
Vuestra Excelencia la que fue lisonja ya al grande Macedón.
Presentávanle privilegio de Ciudadano suyo los de
la Culta Corinto, y pareciendo ridículo el servicio
al Conquistador de todo el mundo, doraron el hecho con este
dicho: que con ninguno avían usado de aquel género
de obsequio, sino con Hércules y con él. Séame
escusa que estas Obras a nadie las he consagrado, sino al
Rei Nuestro Señor, al Príncipe y a Vuestra
Excelencia, a quien depreco con propiedad el Cathólico.
Vale. Don Vincencio Juan de Lastanosa.
Fe de erratas.
[Al lector]
Ni al justo leyes, ni al sabio consejos; pero ninguno supo
bastantemente para sí. Una cosa me has de perdonar
y otra agradecer: el llamar Oráculo a este epítome
de aciertos del vivir, pues lo es en lo sentencioso y lo
conciso; el ofrecerte de un rasgo todos los doze Gracianes,
tan estimado cada uno, que El Discreto apenas se vio en España
quando se logró en Francia, traduzido en su lengua
y impresso en su Corte. Sirva éste de memorial a la
razón en el banquete de sus sabios, en que registre
los platos prudenciales que se le irán sirviendo en
las demás obras para distribuir el gusto genialmente.
1 Todo
está ya en su punto, y el ser persona en el mayor.
Más se requiere hoi para un sabio que antiguamente
para siete; y más es menester para tratar con un solo
hombre en estos tiempos que con todo un pueblo en los passados.
2 Genio y Ingenio. Los dos exes del lucimiento de prendas:
el uno sin el otro, felicidad a medias. No basta lo entendido,
deséase lo genial. Infelicidad de necio: errar la
vocación en el estado, empleo, región, familiaridad.
3 Llevar sus cosas con suspensión. La admiración
de la novedad es estimación de los aciertos. El jugar
a juego descubierto ni es de utilidad ni de gusto. El no
declararse luego suspende, y más donde la sublimidad
del empleo da objecto a la universal expectación;
amaga misterio en todo, y con su misma arcanidad provoca
la veneración. Aun en el darse a entender se ha de
huir la llaneza, assí como ni en el trato se ha de
permitir el interior a todos. Es el recatado silencio sagrado
de la cordura. La resolución declarada nunca fue estimada;
antes se permite a la censura, y si saliere azar, será
dos vezes infeliz. Imítese, pues, el proceder divino
para hazer estar a la mira y al desvelo. 4 El saber y
el valor alternan grandeza. Porque lo son, hazen inmortales;
tanto es uno quanto sabe, y el sabio todo lo puede. Hombre
sin noticias, mundo a escuras. Consejo y fuerças,
ojos y manos; sin valor es estéril la sabiduría.
5 Hazer depender. No haze el numen el que lo dora, sino
el que lo adora: el sagaz más quiere necessitados
de sí que agradecidos. Es robarle a la esperança
cortés fiar del agradecimiento villano, que lo que
aquélla es memoriosa es éste olvidadizo. Más
se saca de la dependencia que de la cortesía: buelve
luego las espaldas a la fuente el satisfecho, y la naranja
esprimida cae del oro al lodo. Acabada la dependencia, acaba
la correspondencia, y con ella la estimación. Sea
lición, y de prima en experiencia, entretenerla, no
satisfazerla, conservando siempre en necessidad de sí
aun al coronado patrón; pero no se ha de regar al
excesso de callar para que yerre, ni hazer incurable el daño
ageno por el provecho proprio. 6 Hombre en su punto. No
se nace hecho: vase de cada día perficionando en
la persona, en el empleo, hasta llegar al punto del consumado
ser, al complemento de prendas, de eminencias. Conocerse
ha en lo realçado del gusto, purificado del ingenio,
en lo maduro del juizio, en lo defecado de la voluntad. Algunos
nunca llegan a ser cabales, fáltales siempre un algo;
tardan otros en hazerse. El varón consumado, sabio
en dichos, cuerdo en hechos, es admitido y aun deseado del
singular comercio de los discretos. 7 Escusar vitorias
del patrón. Todo vencimiento es odioso, y del dueño,
o necio, o fatal. Siempre la superioridad fue aborrecida,
¡quánto más de la misma superioridad! Ventajas
vulgares suele disimular la atención, como desmentir
la velleza con el desaliño. Bien se hallará
quien quiera ceder en la dicha, y en el genio; pero en el
ingenio, ninguno, ¡quánto menos una soberanía!
Es éste el atributo rei, y assí qualquier
crimen contra él fue de lessa magestad. Son soberanos,
y quieren serlo en lo que es más. Gustan de ser ayudados
los príncipes, pero no excedidos, y que el aviso haga
antes viso de recuerdo de lo que olvidava que de luz de lo
que no alcançó. Enséñannos esta
sutileza los Astros con dicha, que aunque hijos, y brillantes,
nunca se atreven a los lucimientos del Sol. 8 Hombre inapassionable,
prenda de la mayor alteza de ánimo. Su misma superioridad
le redime de la sugeción a peregrinas vulgares impressiones.
No ai mayor señorío que el de sí mismo,
de sus afectos, que llega a ser triunfo del alvedrío.
Y quando la passión ocupare lo personal, no se atreva
al oficio, y menos quanto fuere más: culto modo de
aorrar disgustos, y aun de atajar para la reputación.
9 Desmentir los achaques de su nación. Participa
el agua las calidades buenas o malas de las venas por donde
passa, y el hombre las del clima donde nace. Deven más
unos que otros a sus patrias, que cupo allí más
favorable el Cenid. No ai nación que se escape de
algún original defecto: aun las más cultas,
que luego censuran los confinantes, o para cautela, o para
consuelo. Vitoriosa destreza corregir, o por lo menos desmentir
estos nacionales desdoros: consíguese el plausible
crédito de único entre los suyos, que lo que
menos se esperava se estimó más. Ai también
achaques de la prosapia, del estado, del empleo y de la edad,
que si coinciden todos en un sugeto y con la atención
no se previenen, hazen un monstro intolerable. 10 Fortuna
y Fama. Lo que tiene de inconstante la una, tiene de firme
la otra. La primera para vivir, la segunda para después;
aquélla contra la invidia, ésta contra el olvido.
La fortuna se desea y tal vez se ayuda, la fama se diligencia;
deseo de reputación nace de la virtud. Fue, y es hermana
de Gigantes la Fama; anda siempre por estremos, o monstros,
o prodigios, de abominación, de aplauso. 11 Tratar
con quien se pueda aprender. Sea el amigable trato escuela
de erudición, y la conversación, enseñança
culta; un hazer de los amigos maestros, penetrando el útil
del aprender con el gusto del conversar. Altérnase
la fruición con los entendidos, logrando lo que se
dize en el aplauso con que se recibe, y lo que se oye en
el amaestramiento. Ordinariamente nos lleva a otro la propria
conveniencia, aquí realçada. Freqüenta
el atento las casas de aquellos Héroes Cortesanos,
que son más teatros de la Heroicidad que palacios
de la vanidad. Ai Señores acreditados de discretos
que, a más de ser ellos oráculos de toda grandeza
con su exemplo y en su trato, el cortejo de los que los assisten
es una Cortesana Academia de toda buena y galante discreción.
12 Naturaleza y arte; materia y obra. No ai velleza sin
ayuda, ni perfección que no dé en bárbara
sin el realçe del artificio: a lo malo socorre y lo
bueno lo perficiona. Déxanos comúnmente a lo
mejor la naturaleza, acojámonos al arte. El mejor
natural es inculto sin ella, y les falta la metad a las perfecciones
si les falta la cultura. Todo hombre sabe a tosco sin el
artificio, y ha menester pulirse en todo orden de perfección.
13 Obrar de intención, ya segunda, y ya primera.
Milicia es la vida del hombre contra la malicia del hombre,
pelea la sagazidad con estratagemas de intención.
Nunca obra lo que indica, apunta, sí, para deslumbrar;
amaga al aire con destreza y executa en la impensada realidad,
atenta siempre a desmentir. Echa una intención para
assegurarse de la émula atención, y rebuelve
luego contra ella venciendo por lo impensado. Pero la penetrante
inteligencia la previene con atenciones, la azecha con reflexas,
entiende siempre lo contrario de lo que quiere que entienda,
y conoce luego qualquier intentar de falso; dexa passar toda
primera intención, y está en espera a la segunda
y aun a la tercera. Augméntase la simulación
al ver alcançado su artificio, y pretende engañar
con la misma verdad: muda de juego por mudar de treta, y
haze artificio del no artificio, fundando su astucia en la
mayor candidez. Acude la observación intendiendo su
perspicacia, y descubre las tinieblas revestidas de la luz;
desçifra la intención, más solapada
quanto más sencilla. Desta suerte combaten la calidez
de Pitón contra la candidez de los penetrantes rayos
de Apolo. 14 La realidad y el modo. No basta la substancia,
requiérese también la circunstancia. Todo lo
gasta un mal modo, hasta la justicia y razón. El bueno
todo lo suple: dora el no, endulça la verdad y afeita
la misma vejez. Tiene gran parte en las cosas el cómo,
y es taúr de los gustos el modillo. Un vel portarse es la gala del vivir, desempeña singularmente todo
buen término. 15 Tener ingenios auxiliares. Felicidad
de poderosos; acompañarse de valientes de entendimiento
que le saquen de todo ignorante aprieto, que le riñan
las pendencias de la dificultad. Singular grandeza servirse
de sabios, y que excede al bárbaro gusto de Tigranes,
aquel que afectava los rendidos Reyes para criados. Nuevo
género de señorío, en lo mejor del vivir
hazer siervos por arte de los que hizo la naturaleza superiores.
Ai mucho que saber y es poco el vivirlo, y no se vive si
no se sabe. Es, pues, singular destreza el estudiar sin que
cueste, y mucho por muchos, sabiendo por todos. Dize después
en un Consistorio por muchos, o por su voca hablan tantos
sabios quantos le previnieron, consiguiendo el crédito
de Oráculo a sudor ageno. Hazen aquéllos primero
elección de la lición, y sírvenle después
en quintas essencias el saber. Pero el que no pudiere alcançar
a tener la sabiduría en servidumbre, lógrela
en familiaridad. 16 Saber con recta intención.
Asseguran fecundidad de aciertos. Monstrosa violencia fue
siempre un buen Entendimiento casado con una mala voluntad.
La intención malévola es un veneno de las perfecciones
y, ayudada del saber, malea con mayor sutileza: ¡infeliz
eminencia la que se emplea en la ruindad! Ciencia sin seso,
locura doble. 17 Variar de tenor en el obrar. No siempre
de un modo, para deslumbrar la atención, y más
si émula. No siempre de primera intención,
que le cogerán la uniformidad, previniéndole,
y aun frustrándole las acciones. Fácil es de
matar al buelo el ave que le tiene seguido, no assí
la que le tuerze. Ni siempre de segunda intención,
que le entenderán a dos vezes la treta. Está
a la espera la malicia; gran sutileza es menester para desmentirla.
Nunca juega el taúr la pieza que el contrario presume,
y menos la que desea. 18 Aplicación y Minerva.
No ai eminencia sin entrambas, y si concurren, excesso. Más
consigue una medianía con aplicación que una
superioridad sin ella. Cómprase la reputación
a precio de trabajo; poco vale lo que poco cuesta. Aun para
los primeros empleos se deseó en algunos la aplicación:
raras vezes desmiente al genio. No ser eminente en el empleo
vulgar por querer ser mediano en el sublime, escusa tiene
de generosidad; pero contentarse con ser mediano en el último,
pudiendo ser excelente en el primero, no la tiene. Requiérense,
pues, naturaleza y arte, y sella la aplicación.
19 No entrar con sobrada expectación. Ordinario
desaire de todo lo mui celebrado antes, no llegar después
al excesso de lo concebido. Nunca lo verdadero pudo alcançar
a lo imaginado, porque el fingirse las perfecciones es fácil,
y mui dificultoso el conseguirlas. Cásase la imaginación
con el deseo, y concibe siempre mucho más de lo que
las cosas son. Por grandes que sean las excelencias, no bastan
a satisfazer el concepto, y como le hallan engañado
con la exorbitante expectación, más presto
le desengañan que le admiran. La esperança
es gran falsificadora de la verdad: corríjala la cordura,
procurando que sea superior la fruición al deseo.
Unos principios de crédito sirven de despertar la
curiosidad, no de empeñar el objecto. Mejor sale quando
la realidad excede al concepto y es más de lo que
se creyó. Faltará esta regla en lo malo, pues
le ayuda la mesma exageración; desmiéntela
con aplauso, y aun llega a parecer tolerable lo que se temió
extremo de ruin. 20 Hombre en su siglo. Los sugetos eminentemente
raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían,
y muchos, aunque le tuvieron, no acertaron a lograrle. Fueron
dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa
siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son
al uso. Pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno; y
si este no es su siglo, muchos otros lo serán.
21 Arte para ser dichoso. Reglas ai de ventura, que no toda
es acasos para el sabio; puede ser ayudada de la industria.
Conténtanse algunos con ponerse de buen aire a las
puertas de la fortuna y esperan a que ella obre. Mejor otros,
passan adelante y válense de la cuerda audacia, que
en alas de su virtud y valor puede dar alcançe a la
dicha, y lisonjearla eficazmente. Pero, bien filosofado,
no ai otro arbitrio sino el de la virtud y atención,
porque no ai más dicha ni más desdicha que
prudencia o imprudencia. 22 Hombre de plausibles noticias.
Es munición de discretos la cortesana gustossa erudición:
un plático saber de todo lo corriente, más
a lo noticioso, menos a lo vulgar. Tener una sazonada copia
de sales en dichos, de galantería en hechos, y saberlos
emplear en su ocasión, que salió a vezes mejor
el aviso en un chiste que en el más grave magisterio.
Sabiduría conversable valióles más
a algunos que todas las siete, con ser tan liberales. 23
No tener algún desdoro. El sino de la perfección.
Pocos viven sin achaque, assí en lo moral como en
lo natural, y se apassionan por ellos pudiendo curar con
facilidad. Lastímase la agena cordura de que tal vez
a una sublime universalidad de prendas se le atreva un mínimo
defecto, y basta una nube a eclipsar todo un Sol. Son lunares
de la reputación, donde para luego, y aun repara,
la malevolencia. Suma destreza sería convertirlos
en realces. Desta suerte supo César laurear el natural
desaire. 24 Templar la imaginación. Unas vezes
corrigiéndola; otras ayudándola, que es el
todo para la felicidad, y aun ajusta la cordura. Da en tirana,
ni se contenta con la especulación, sino que obra,
y aun suele señorearse de la vida, haziéndola
gustosa o pessada, según la necedad en que da, porque
haze descontentos o satisfechos de sí mesmos. Representa
a unos continuamente penas, hecha verdugo casero de necios.
Propone a otros felicidades y aventuras con alegre desvanecimiento.
Todo esto puede, si no la enfrena la prudentíssima
sindéresis. 25 Buen entendedor. Arte era de artes
saber discurrir: ya no basta, menester es adevinar, y más
en desengaños. No puede ser entendido el que no fuere
buen entendedor. Ai zaoríes del coraçón
y linces de las intenciones. Las verdades que más
nos importan vienen siempre a medio dezir; recíbanse
del atento a todo entender: en lo favorable, tirante la rienda
a la credulidad; en lo odioso, picarla. 26 Hallarle su
torcedor a cada uno. Es el arte de mover voluntades; más
consiste en destreza que en resolución: un saber por
dónde se le ha de entrar a cada uno. No ai voluntad
sin especial afición, y diferentes según la
variedad de los gustos. Todos son idólatras: unos
de la estimación, otros del interés y los más
del deleite. La maña está en conocer estos
ídolos para el motivar, conociéndole a cada
uno su eficaz impulso: es como tener la llave del querer
ageno. Hasse de ir al primer móbil, que no siempre
es el supremo, las más vezes es el ínfimo,
porque son más en el mundo los desordenados que los
subordinados. Hásele de prevenir el genio primero,
tocarle el verbo después, cargar con la afición,
que infaliblemente dará mate al alvedrío.
27 Pagarse más de intensiones que de extensiones.
No consiste la perfección en la cantidad, sino en
la calidad. Todo lo mui bueno fue siempre poco y raro, es
descrédito lo mucho. Aun entre los hombres los Gigantes
suelen ser los verdaderos Enanos. Estiman algunos los libros
por la corpulencia, como si se escriviessen para exercitar
antes los braços que los ingenios. La extensión
sola nunca pudo exceder de medianía, y es plaga de
hombres universales por querer estar en todo, estar en nada.
La intensión da eminencia, y heroica si en materia
sublime. 28 En nada vulgar. No en el gusto. ¡O, gran sabio
el que se descontentaba de que sus cosas agradassen a los
muchos!: hartazgos de aplauso común no satisfazen
a los discretos. Son algunos tan camaleones de la popularidad,
que ponen su fruición no en las mareas suavíssimas
de Apolo, sino en el aliento vulgar. Ni en el entendimiento,
no se pague de los milagros del vulgo, que no passan de espantaignorantes,
admirando la necedad común quando desengañando
la advertencia singular. 29 Hombre de entereza. Siempre
de parte de la razón, con tal tesón de su propósito,
que ni la passión vulgar, ni la violencia tirana le
obliguen jamás a pisar la raya de la razón.
Pero ¿quién será este Fenis de la equidad?,
que tiene pocos finos la entereza. Celébranla muchos,
mas no por su casa; síguenla otros hasta el peligro;
en él los falsos la niegan, los políticos la
dissimulan. No repara ella en encontrarse con la amistad,
con el poder, y aun con la propria conveniencia, y aquí
es el aprieto del desconocerla. Abstrahen los astutos con
metafísica plausible por no agraviar, o la razón
superior, o la de estado; pero el constante varón
juzga por especie de traición el dissimulo; préciase
más de la tenacidad que de la sagacidad; hállase
donde la verdad se halla; y si dexa los sugetos, no es por
variedad suya, sino dellos en dexarla primero. 30 No hazer
professión de empleos desautorizados. Mucho menos
de quimera, que sirve más de solicitar el desprecio
que el crédito. Son muchas las setas del capricho,
y de todas ha de huir el varón cuerdo. Ai gustos exóticos,
que se casan siempre con todo aquello que los sabios repudian:
viven mui pagados de toda singularidad, que aunque los haze
mui conocidos, es más por motivos de la risa que de
la reputación. Aun en professión de sabio no
se ha de señalar el atento, mucho menos en aquellas
que hazen ridículos a sus afectantes, ni se especifican,
porque las tiene individuadas el común descrédito.
31 Conocer los afortunados, para la elección; y
los desdichados, para la fuga. La infelicidad es de ordinario
crimen de necedad, y de participantes: no ay contagión
tan apegadiza. Nunca se le ha de abrir la puerta al menor
mal, que siempre vendrán tras él otros muchos,
y mayores, en celada. La mejor treta del juego es saberse
descartar: más importa la menor carta del triunfo
que corre que la mayor del que pasó. En duda, acierto
es llegarse a los sabios y prudentes, que tarde o temprano
topan con la ventura. 32 Estar en opinión de dar
gusto. Para los que goviernan, gran crédito de agradar:
realce de soberanos para conquistar la gracia universal.
Ésta sola es la ventaja del mandar: poder hazer más
bien que todos. Aquéllos son amigos que hazen amistades.
Al contrario, están otros puestos en no dar gusto,
no tanto por lo cargoso quanto por lo maligno, opuestos en
todo a la divina comunicabilidad. 33 Saber abstraher,
que si es gran lición del vivir el saber negar, mayor
será saberse negar a sí mesmo, a los negocios,
a los personages. Ai ocupaciones estrañas, polillas
del precioso tiempo, y peor es ocuparse en lo impertinente
que hazer nada. No basta para atento no ser entremetido,
mas es menester procurar que no le entremetan. No ha de ser
tan de todos, que no sea de sí mesmo. Aun de los amigos
no se ha de abusar, ni quiera más de ellos de lo que
le concedieren. Todo lo demasiado es vicioso, y mucho más
en el trato. Con esta cuerda templança se conserva
mejor el agrado con todos, y la estimación, porque
no se roza la preciosíssima decencia. Tenga, pues,
libertad de genio, apassionado de lo selecto, y nunca peque
contra la Fe de su buen gusto. 34 Conocer su realce Rei:
la prenda relevante, cultivando aquélla, y ayudando
a las demás. Qualquiera huviera conseguido la eminencia
en algo si huviera conocido su ventaja. Observe el atributo
Rei, y cargue la aplicación: en unos excede el juicio,
en otros el valor. Violentan los más su Minerva, y
assí en nada consiguen superioridad: lo que lisongea
presto la passión desengaña tarde el tiempo.
35 Hazer concepto. Y más
de lo que importa más. No pensando se pierden todos
los necios: nunca conciben en las cosas la metad; y como
no perciben el daño, o la conveniencia, tampoco aplican
la diligencia. Hazen algunos mucho caso de lo que importa
poco, y poco de lo que mucho, ponderando siempre al rebés.
Muchos, por faltos de sentido, no le pierden. Cosas ai que
se devrían observar con todo el conato y conservar
en la profundidad de la mente. Haze concepto el sabio de
todo, aunque con distinción caba donde ai fondo y
reparo; y piensa tal vez que ai más de lo que piensa,
de suerte que llega la reflexión adonde no llegó
la aprehensión. 36 Tener
tanteada su fortuna: para el proceder, para el empeñarse.
Importa más que la observación del temperamento,
que si es necio el que a quarenta años llama a Hipócrates
para la salud, más el que a Séneca para la
cordura. Gran arte saberla regir, ya esperándola,
que también cabe la Espera en ella, ya lográndola,
que tiene vez y contingente; si bien no se le puede coger
el tenor, tan anómalo es su proceder. El que la observó
favorable prosiga con despejo, que suele apasionarse por
los osados; y aun, como vizarra, por los jóvenes.
No obre el que es infeliz, retírese, ni le dé
lugar de dos infelicidades. Adelante el que le predomina.
37 Conocer y saber usar de las varillas. Es el punto más
sutil del humano trato. Arrójanse para tentativa de
los ánimos, y házese con ellas la más
dissimulada y penetrante tienta del coraçón.
Otras ai maliciosas, arrojadizas, tocadas de la yerva de
la invidia, untadas del veneno de la passión: rayos
imperceptibles para derribar de la gracia, y de la estimación.
Cayeron muchos de la privança superior y inferior,
heridos de un leve dicho déstos, a quienes toda una
conjuración de murmuración vulgar y malevolencia
singular no fueron vastantes a causar la más leve
trepidación. Obran otras, al contrario, por favorables,
apoyando y confirmando en la reputación. Pero con
la misma destreza con que las arroja la intención
las ha de recibir la cautela y esperarlas la atención,
porque está librada la defensa en el conocer y queda
siempre frustrado el tiro prevenido. 38 Saberse
dexar ganando con la fortuna. Es de taúres de reputación.
Tanto importa una vella retirada como una vizarra acometida;
un poner en cobro las hazañas quando fueren vastantes,
quando muchas. Continuada felicidad fue siempre sospechosa;
más segura es la interpolada, y que tenga algo de
agridulce, aun para la fruición. Quanto más
atropellándose las dichas, corren mayor riesgo de
deslizar y dar al traste con todo. Recompénsase tal
vez la brevedad de la duración con la intensión
del favor. Cánsase la fortuna de llevar a uno a cuestas
tan a la larga. 39 Conocer
las cosas en su punto, en su sazón, y saberlas lograr.
Las obras de la naturaleza todas llegan al complemento de
su perfección; hasta allí fueron ganando, desde
allí perdiendo. Las del Arte, raras son las que llegan
al no poderse mejorar. Es eminencia de un buen gusto gozar
de cada cosa en su complemento: no todos pueden, ni los que
pueden saben. Hasta en los frutos del entendimiento ai esse
punto de madurez; importa conocerla para la estimación
y el exercicio. 40 Gracia
de las gentes. Mucho es conseguir la admiración común,
pero más la afición; algo tiene de estrella,
lo más de industria; comiença por aquélla
y prosigue por ésta. No basta la eminencia de prendas,
aunque se supone que es fácil de ganar el afecto,
ganado el concepto. Requiérese, pues, para la venevolencia,
la beneficencia: hazer bien a todas manos, buenas palabras
y mejores obras, amar para ser amado. La cortesía
es el mayor hechizo político de grandes personages.
Hase de alargar la mano primero a las hazañas y después
a las plumas, de la oja a las ojas, que ai gracia de Escritores,
y es eterna. 41 Nunca exagerar. Gran asunto de la atención,
no hablar por superlativos, ya por no exponerse a ofender
la verdad, ya por no desdorar su cordura. Son las exageraciones
prodigalidades de la estimación, y dan indicio de
la cortedad del conocimiento y del gusto. Despierta vivamente
a la curiosidad la alabança, pica el deseo, y después,
si no corresponde el valor al aprecio, como de ordinario
acontece, rebuelve la expectación contra el engaño
y despícase en el menosprecio de lo celebrado y del
que celebró. Anda, pues, el cuerdo mui detenido, y
quiere más pecar de corto que de largo. Son raras
las eminencias: témplese la estimación. El
encarecer es ramo de mentir, y piérdese en ello el
crédito de buen gusto, que es grande, y el de entendido,
que es mayor. 42 Del Natural Imperio. Es una secreta fuerça
de superioridad. No ha de proceder del artificio enfadoso,
sino de un imperioso natural. Sugétansele todos sin
advertir el cómo, reconociendo el secreto vigor de
la conatural autoridad. Son estos Genios señoriles,
Reyes por mérito y Leones por privilegio inato, que
cogen el coraçón, y aun el discurso, a los
demás, en fe de su respeto. Si las otras prendas favorecen,
nacieron para primeros mobles políticos, porque executan
más con un amago que otros con una proligidad. 43
Sentir con los menos y hablar con los más. Querer
ir contra el corriente es tan impossible al desengaño
quanto fácil al peligro. Sólo un Sócrates
podría emprenderlo. Tiénese por agravio el
disentir, porque es condenar el juizio ageno. Multiplícanse
los disgustados, ya por el sugeto censurado, ya del que lo
aplaudía. La verdad es de pocos, el engaño
es tan común como vulgar. Ni por el hablar en la plaza
se ha de sacar el sabio, pues no habla allí con su
voz, sino con la de la necedad común, por más
que la esté desmintiendo su interior. Tanto huye de
ser contradicho el cuerdo como de contradezir: lo que es
pronto a la censura es detenido a la publicidad della. El
sentir es libre, no se puede ni debe violentar; retírase
al sagrado de su silencio; y si tal vez se permite, es a
sombra de pocos y cuerdos. 44 Sympatía con los
Grandes varones. Prenda es de Héroe el convinar con
Héroes: prodigio de la naturaleza por lo oculto y
por lo ventajoso. Ai parentesco de coraçones, y de
genios, y son sus efetos los que la ignorancia vulgar achaca
bevediços. No para en sola estimación, que
adelanta benevolencia, y aun llega a propensión: persuade
sin palabras, y consigue sin méritos. Aila activa,
y la ai pasiva; una y otra felizes, quanto más sublimes.
Gran destreza el conocerlas, distinguirlas y saberlas lograr,
que no ai porfía que baste sin este favor secreto.
45 Usar, no abusar, de las reflexas. No se han de afectar,
menos dar a entender. Toda arte se ha de encubrir, que es
sospechosa, y más la de cautela, que es odiosa. Úsase
mucho el engaño; multiplíquese el rezelo,
sin darse a conocer, que ocasionaría la desconfiança;
mucho desobliga y provoca a la vengança, despierta
el mal que no se imaginó. La reflexión en el
proceder es gran ventaja en el obrar: no ai mayor argumento
del discurso. La mayor perfección de las acciones
está afiançada del señorío con
que se executan. 46 Corregir su Antipatía. Solemos
aborrecer de grado, y aun antes de las previstas prendas.
Y tal vez se atreve esta inata vulgarizante aversión
a los varones eminentes. Corríjala la cordura, que
no ai peor descrédito que aborrecer a los mejores:
lo que es de ventaja la simpatía con Héroes
es de desdoro la antipatía. 47 Huir los Empeños.
Es de los primeros assuntos de la prudencia. En las grandes
capacidades siempre ai grandes distancias hasta los últimos
trances: ai mucho que andar de un extremo a otro, y ellos
siempre se están en el medio de su cordura; llegan
tarde al rompimiento, que es más fácil hurtarle
el cuerpo a la ocasión que salir bien della. Son tentaciones
de juizio, más seguro el huirlas que el vencerlas.
Trae un empeño otro mayor, y está mui al canto
del despeño. Ai hombres ocasionados por genio, y aun
por nación, fáciles de meterse en obligaciones;
pero el que camina a la luz de la razón siempre va
mui sobre el caso: estima por más valor el no empeñarse
que el vencer, y ya que haya un necio ocasionado, escusa
que con él no sean dos. 48 Hombre con fondos, tanto
tiene de persona. Siempre ha de ser otro tanto más
lo interior que lo exterior en todo. Ai sugetos de sola fachata,
como casas por acabar, porque faltó el caudal: tienen
la entrada de palacio, y de choza la habitación. No
ai en estos donde parar, o todo para, porque, acabada la
primera salutación, acabó la conversación.
Entran por las primeras cortesías como cavallos Sicilianos,
y luego paran en silenciarios, que se agotan las palabras
donde no ai perenidad de concepto. Engañan éstos
fácilmente a otros, que tienen también la vista
superficial; pero no a la astucia, que, como mira por dentro,
los halla vaciados para ser fábula de los Discretos.
49 Hombre juicioso y notante. Señoréase
él de los objectos, no los objectos dél. Sonda
luego el fondo de la mayor profundidad; sabe hazer anotomía
de un caudal con perfección. En viendo un personaje,
le comprehende y lo censura por essencia. De raras observaciones,
gran desçifrador de la más recatada interioridad.
Nota acre, concibe sutil, infiere juicioso: todo lo descubre,
advierte, alcança y comprehende. 50 Nunca perderse
el respeto a sí mismo. Ni se roze consigo a solas.
Sea su misma entereza norma propria de su rectitud, y deva
más a la severidad de su dictamen que a todos los
extrínsecos preceptos. Dexe de hazer lo indecente
más por el temor de su cordura que por el rigor de
la agena autoridad. Llegue a temerse, y no necessitará
del ayo imaginario de Séneca. 51 Hombre de buena
Elección. Lo más se vive della. Supone el buen
gusto y el rectíssimo dictamen, que no bastan el estudio
ni el ingenio. No ai perfección donde no ai delecto;
dos ventajas incluye: poder escoger, y lo mejor. Muchos de
ingenio fecundo y sutil, de juicio acre, estudiosos y noticiosos
también, en llegando al elegir, se pierden; cásanse
siempre con lo peor, que parece afectan el errar, y assí
éste es uno de los dones máximos de arriba.
52 Nunca descomponerse.
Gran assunto de la cordura, nunca desvaratarse: mucho hombre
arguye, de coraçón coronado, porque toda magnanimidad
es dificultosa de comoverse. Son las passiones los humores
del ánimo, y qualquier excesso en ellas causa indisposición
de cordura; y si el mal saliere a la voca, peligrará
la reputación. Sea, pues, tan señor de sí,
y tan grande, que ni en lo más próspero, ni
en lo más adverso pueda alguno censurarle perturbado,
sí admirarle superior. 53 Diligente y Inteligente.
La diligencia executa presto lo que la inteligencia prolixamente
piensa. Es passión de necios la prisa, que, como no
descubren el tope, obran sin reparo. Al contrario, los sabios
suelen pecar de detenidos, que del advertir nace el reparar.
Malogra tal vez la ineficacia de la remissión lo acertado
del dictamen. La presteza es madre de la dicha. Obró
mucho el que nada dexó para mañana. Augusta
empressa, correr a espacio. 54 Tener
bríos a lo cuerdo. Al León muerto, hasta las
liebres le repelan. No ai burlas con el valor: si cede al
primero, también avrá de ceder al segundo,
y deste modo hasta el último. La misma dificultad
avrá de vencer tarde, que valiera más desde
luego. El brío del ánimo excede al del cuerpo:
es como la espada, ha de ir siempre envainado en su cordura,
para la ocasión. Es el resguardo de la persona: más
daña el descaecimiento del ánimo que el del
cuerpo. Tuvieron muchos prendas eminentes, que por faltarles
este aliento del coraçón, parecieron muertos
y acabaron sepultados en su dexamiento, que no sin providencia
juntó la naturaleza acudida la dulçura de la
miel con lo picante del aguijón en la aveja. Nervios
y güessos ai en el cuerpo: no sea el ánimo todo
blandura. 55 Hombre de espera. Arguye gran coraçón,
con ensanches de sufrimiento. Nunca apressurarse ni apassionarse.
Sea uno primero señor de sí, y lo será
después de los otros. Hase de caminar por los espacios
del tiempo al centro de la ocasión. La detención
prudente sazona los aciertos y madura los secretos. La muleta
del tiempo es más obradora que la açerada claba
de Hércules. El mismo Dios no castiga con bastón,
sino con saçón. Gran dezir: «el Tiempo y yo,
a otros dos». La misma Fortuna premia el esperar con la grandeza
del galardón. 56 Tener buenos repentes. Nacen de
una prontitud feliz. No ai aprietos ni acasos para ella,
en fe de su vivacidad y despejo. Piensan mucho algunos para
errarlo todo después, y otros lo aciertan todo sin
pensarlo antes. Ai caudales de antiparístasi, que,
empeñados, obran mejor: suelen ser monstros que de
pronto todo lo aciertan, y todo lo yerran de pensado; lo
que no se les ofrece luego, nunca, ni ai que apelar a después.
Son plausibles los prestos, porque arguyen prodigiosa capacidad:
en los conceptos, sutileza; en las obras, cordura. 57
Más seguros son los pensados. Harto presto, si bien.
Lo que luego se haze, luego se desaze; mas lo que ha de durar
una eternidad, ha de tardar otra en hazerse. No se atiende
sino a la perfección y sólo el acierto permanece.
Entendimiento con fondos logra eternidades. Lo que mucho
vale, mucho cuesta, que aun el más precioso de los
metales es el más tardo y más grave. 58
Saberse atemperar. No se ha de mostrar igualmente entendido
con todos, ni se han de emplear más fuerças
de las que son menester. No aya desperdicios, ni de saber,
ni de valer. No echa a la presa el buen cetrero más
rapiña de la que ha menester para darle caça.
No esté siempre de ostentación, que al otro
día no admirará. Siempre ha de aver novedad
con que luzir, que quien cada día descubre más,
mantiene siempre la expectación y nunca llegan a descubrirle
los términos de su gran caudal. 59 Hombre de buen
dexo. En casa de la Fortuna, si se entra por la puerta del
plazer, se sale por la del pesar, y al contrario. Atención,
pues, al acabar, poniendo más cuidado en la felicidad
de la salida que en el aplauso de la entrada. Desaire común
es de afortunados tener mui favorables los principios y mui
trágicos los fines. No está el punto en el
vulgar aplauso de una entrada, que essas todos las tienen
plausibles; pero sí en el general sentimiento de una
salida, que son raros los deseados. Pocas vezes acompaña
la dicha a los que salen: lo que se muestra de cumplida con
los que vienen, de descortés con los que van. 60
Buenos dictámenes. Nácense algunos prudentes:
entran con esta ventaja de la sindéresis conatural
en la sabiduría, y assí tienen la metad andada
para los aciertos. Con la edad y la experiencia viene a sazonarse
del todo la razón, y llegan a un juicio mui templado.
Abominan de todo capricho como de tentación de la
cordura, y más en materias de estado, donde por la
suma importancia se requiere la total seguridad. Merecen
éstos la asistencia al governalle, o para exercicio
o para consejo. 61 Eminencia en lo mejor. Una gran singularidad
entre la pluralidad de perfecciones. No puede aver Héroe
que no tenga algún extremo sublime: las medianías
no son assunto del aplauso. La eminencia en relevante empleo
saca de un ordinario vulgar y levanta a categoría
de raro. Ser eminente en professión Humilde es ser
algo en lo poco; lo que tiene más de lo deleitable,
tiene menos de lo glorioso. El excesso en aventajadas materias
es como un carácter de soberanía: solicita
la admiración y concilia el afecto. 62 Obrar con
buenos instrumentos. Quieren algunos que campee el extremo
de su sutileza en la ruindad de los instrumentos: peligrosa
satisfación, merecedora de un fatal castigo. Nunca
la bondad del ministro desminuyó la grandeza del Patrón;
antes, toda la gloria de los aciertos recae después
sobre la causa principal, assí como al contrario el
vituperio. La fama siempre va con los primeros. Nunca dize:
«aquél tuvo buenos o malos ministros», sino: «aquél
fue buen o mal Artífice». Aya, pues, elección,
aya examen, que se les ha de fiar una imortalidad de reputación.
63 Excelencia de primero. Y si con eminencia, doblada.
Gran ventaja jugar de mano, que gana en igualdad. Huvieran
muchos sido Fenis en los empleos a no irles otros delante.
Álçanse los primeros con el mayorazgo de la
fama, y quedan para los segundos pleiteados alimentos; por
más que suden, no pueden purgar el vulgar achaque
de imitación. Sutileza fue de prodigiosos inventar
rumbo nuevo para las eminencias, con tal que assegure primero
la cordura los empeños. Con la novedad de los assuntos
se hizieron lugar los sabios en la matrícula de los
heroicos. Quieren algunos más ser primeros en segunda
categoría que ser segundos en la primera. 64 Saberse
escusar pesares. Es cordura provechosa ahorrar de disgustos.
La prudencia evita muchos: es Lucina de la felicidad, y
por esso del contento. Las odiosas nuevas, no darlas, menos
recebirlas: hánseles de vedar las entradas, si no
es la del remedio. A unos se les gastan los oídos
de oír mucho dulce en lisonjas; a otros, de escuchar
amargo en chismes; y ai quien no sabe vivir sin algún
cotidiano sinsavor, como ni Mitrídates sin veneno.
Tampoco es regla de conservarse querer darse a sí
un pesar de toda la vida por dar plazer una vez a otro, aunque
sea el más proprio. Nunca se ha de pecar contra la
dicha propria por complazer al que aconseja y se queda fuera;
y en todo acontecimiento, siempre que se encontraren el hazer
plazer a otro con el hazerse a sí pesar, es lición
de conveniencia que vale más que el otro se disguste
aora que no tú después y sin remedio. 65
Gusto relevante. Cabe cultura en él, assí
como en el ingenio. Realça la excelencia del entender
el apetito del desear, y después la fruición
del posseer. Conócese la altura de un caudal por la
elevación del afecto. Mucho objecto ha menester para
satisfazerse una gran capacidad; assí como los grandes
vocados son para grandes paladares, las materias sublimes
para los sublimes genios. Los más valientes objectos
le temen y las más seguras perfecciones desconfían;
son pocas las de primera magnitud: sea raro el aprecio. Péganse
los gustos con el trato y se heredan con la continuidad:
gran suerte comunicar con quien le tiene en su punto. Pero
no se ha de hazer professión de desagradarse de todo,
que es uno de los necios extremos, y más odioso quando
por afectación que por destemplança. Quisieran
algunos que criara Dios otro mundo y otras perfecciones para
satisfación de su extravagante fantasía.
66 Atención a que le salgan bien las cosas. Algunos
ponen más la mira en el rigor de la dirección
que en la felicidad del conseguir intento, pero más
prepondera siempre el descrédito de la infelicidad
que el abono de la diligencia. El que vence no necessita
de dar satisfaciones. No perciben los más la puntualidad
de las circunstancias, sino los buenos o los ruines sucesos;
y assí, nunca se pierde reputación quando se
consigue el intento. Todo lo dora un buen fin, aunque lo
desmientan los desaciertos de los medios. Que es arte ir
contra el arte quando no se puede de otro modo conseguir
la dicha del salir bien. 67 Preferir los Empleos plausibles.
Las más de las cosas dependen de la satisfación
agena. Es la estimación para las perfecciones lo que
el favonio para las flores: aliento y vida. Ai empleos expuestos
a la aclamación universal y ai otros, aunque mayores,
en nada expectables: aquéllos, por obrarse a vista
de todos, captan la benevolencia común; éstos,
aunque tienen más de lo raro y primoroso, se quedan
en el secreto de su imperceptibilidad, venerados, pero no
aplaudidos. Entre los Príncipes, los vitoriosos son
los celebrados, y por esso los Reyes de Aragón fueron
tan plausibles por guerreros, conquistadores y magnánimos.
Prefiera el varón grande los célebres empleos
que todos perciban y participen todos, y a sufragios comunes
quede imortaliçado. 68 Dar entendimiento. Es de
más primor que el dar memoria, quanto es más.
Unas vezes se ha de acordar y otras advertir. Dexan algunos
de hazer las cosas que estuvieran en su punto, porque no
se les ofrecen; ayude entonces la advertencia amigable a
concebir las conveniencias. Una de las mayores ventajas de
la mente es el ofrecérsele lo que importa. Por falta
desto dexan de hazerse muchos aciertos. Dé luz el
que la alcança, y solicítela el que la mendiga:
aquél con detención, éste con atención;
no sea más que dar pie. Es urgente esta sutileza quando
toca en utilidad del que despierta. Conviene mostrar gusto,
y passar a más quando no vastare; ya se tiene el No, váyase en busca del Sí con destreza, que las
más vezes no se consigue porque no se intenta. 69
No rendirse a un vulgar humor. Hombre grande el que nunca
se sugeta a peregrinas impressiones. Es lición de
advertencia la reflexión sobre sí: un conocer
su disposición actual y prevenirla, y aun decantarse
al otro extremo para hallar, entre el natural y el arte,
el fiel de la sindéresis. Principio es de corregirse
el conocerse; que ai monstros de la impertinencia: siempre
están de algún humor y varían afectos
con ellos; y arrastrados eternamente desta destemplança
civil, contraditoriamente se empeñan. Y no sólo
gasta la voluntad este excesso, sino que se atreve al juizio,
alterando el querer y el entender. 70 Saber negar. No
todo se ha de conceder, ni a todos. Tanto importa como el
saber conceder, y en los que mandan es atención urgente.
Aquí entra el modo: más se estima el no de
algunos que el sí de otros, porque un no dorado satisfaze
más que un sí a secas. Ai muchos que siempre
tienen en la voca el no, con que todo lo desazonan. El no es siempre el primero en ellos, y aunque después todo
lo vienen a conceder, no se les estima, porque precedió
aquella primera desazón. No se han de negar de rondón
las cosas: vaya a tragos el desengaño; ni se ha de
negar del todo, que sería desauciar la dependencia.
Queden siempre algunas reliquias de esperança para
que templen lo amargo del negar. Llene la cortesía
el vacío del favor y suplan las buenas palabras la
falta de las obras. El No y el Sí son breves de dezir
y piden mucho pensar. 71 No ser desigual, de proceder
anómalo: ni por natural, ni por afectación.
El varón cuerdo siempre fue el mismo en todo lo perfecto,
que es crédito de entendido. Dependa en su mudança
de las causas y méritos. En materia de cordura, la
variedad es fea. Ai algunos que cada día son otros
de sí; hasta el entendimiento tienen desigual, quánto
más la voluntad, y aun la ventura. El que ayer fue
el blanco de su sí, hoi es el negro de su no, desmintiendo
siempre su proprio crédito y deslumbrando el ageno
concepto. 72 Hombre de resolución. Menos dañosa
es la mala execución que la irresolución. No
se gastan tanto las materias quando corren como si estancan.
Ai hombres indeterminables, que necessitan de agena premonición
en todo; y a vezes no nace tanto de la perplexidad del juizio,
pues lo tienen perspicaz, quanto de la ineficacia. Ingenioso
suele ser el dificultar, pero más lo es el hallar
salida a los inconvenientes. Ai otros que en nada se embaraçan,
de juicio grande y determinado; nacieron para sublimes empleos,
porque su despexada comprehensión facilita el acierto
y el despacho: todo se lo hallan hecho, que después
de aver dado razón a un mundo, le quedó tiempo
a uno destos para otro; y quando están afiançados
de su dicha, se empeñan con más seguridad.
73 Saber usar del desliz. Es el desempeño de los
cuerdos. Con la galantería de un donaire suelen salir
del más entrincado laberinto. Hurtásele el
cuerpo airosamente con un sonriso a la más dificultosa
contienda. En esto fundava el mayor de los grandes Capitanes
su valor. Cortés treta del negar, mudar el verbo;
ni ai mayor atención que no darse por entendido.
74 No ser intratable. En lo más poblado están
las fieras verdaderas. Es la inaccessibilidad vicio de desconocidos
de sí, que mudan los humores con los honores. No es
medio a propósito para la estimación començar
enfadando. ¿Qué es de ver uno destos mostros intratables,
siempre a punto de su fiereça impertinente? Entran
a hablalles los dependentes por su desdicha, como a lidiar
con tigres, tan armados de tiento quanto de rezelo. Para
subir al puesto agradaron a todos, y en estando en él
se quieren desquitar con enfadar a todos. Aviendo de ser
de muchos por el empleo, son de ninguno por su aspereza o
entono. Cortesano castigo para éstos: dexarlos estar,
hurtándoles la cordura con el trato. 75 Elegir
idea Heroica. Más para la emulación que para
la imitación. Ai exemplares de grandeza, textos animados
de la reputación. Propóngase cada uno en su
empleo los primeros, no tanto para seguir, quanto para adelantarse.
Lloró Alexandro no a Aquiles sepultado, sino a sí
mismo, aun no bien nacido al lucimiento. No ai cosa que assí
solicite ambiciones en el ánimo como el clarín
de la Fama agena: el mismo que atierra la invidia alienta
la generosidad. 76 No estar siempre de burlas. Conócese
la prudencia en lo serio, que está más acreditado
que lo ingenioso. El que siempre está de burlas nunca
es hombre de veras. Igualámoslos a éstos con
los mentirosos en no darles crédito: a los unos por
rezelo de mentira, a los otros de su fisga. Nunca se sabe
quándo hablan en juizio, que es tanto como no tenerle.
No ai mayor desaire que el contino donaire. Ganan otros
fama de dezidores y pierden el crédito de cuerdos.
Su rato ha de tener lo jovial, todos los demás lo
serio. 77 Saber hazerse a todos. Discreto Proteo: con
el docto, docto, y con el santo, santo. Gran arte de ganar
a todos, porque la semejança concilia benevolencia.
Observar los genios y templarse al de cada uno; al serio
y al jovial, seguirles el corriente, haziendo política
transformación: urgente a los que dependen. Requiere
esta gran sutileza del vivir un gran caudal; menos dificultosa
al varón universal de ingenio en noticias y de genio
en gustos. 78 Arte en el intentar. La necedad siempre
entra de rondón, que todos los necios son audazes.
Su misma simplicidad, que les impide primero la advertencia
para los reparos, les quita después el sentimiento
para los desaires. Pero la cordura entra con grande tiento.
Son sus batidores la advertencia y el recato, ellos van descubriendo
para proceder sin peligro. Todo arrojamiento está
condenado por la Discreción a despeño, aunque
tal vez lo absuelva la ventura. Conviene ir detenido donde
se teme mucho fondo: vaya intentando la sagacidad y ganando
tierra la prudencia. Ai grandes vaxíos hoi en el trato
humano: conviene ir siempre calando sonda. 79 Genio Genial.
Si con templança, prenda es, que no defecto. Un grano
de donosidad todo lo sazona. Los mayores hombres juegan también
la pieça del donaire, que concilia la gracia universal;
pero guardando siempre los aires a la cordura, y haziendo
la salva al decoro. Hazen otros de una gracia atajo al desempeño,
que ai cosas que se han de tomar de burlas, y a vezes las
que el otro toma más de veras. Indica apacibilidad,
garavato de coraçones. 80 Atención al informarse.
Vívese lo más de información. Es lo
menos lo que vemos; vivimos de fe agena. Es el oído
la puerta segunda de la verdad y principal de la mentira.
La verdad ordinariamente se ve, extravagantemente se oye;
raras vezes llega en su elemento puro, y menos quando viene
de lejos; siempre trae algo de mixta, de los afectos por
donde passa; tiñe de sus colores la passión
quanto toca, ya odiosa, ya favorable. Tira siempre a impressionar:
gran cuenta con quien alaba, mayor con quien vitupera. Es
menester toda la atención en este punto para descubrir
la intención en el que tercia, conociendo de antemano
de qué pie se movió. Sea la reflexa contraste
de lo falto y de lo falso. 81 Usar el renovar su lucimiento.
Es privilegio de Fénix. Suele envejezerse la excelencia,
y con ella la fama. La costumbre desminuye la admiración,
y una mediana novedad suele vencer a la mayor eminencia envejecida.
Usar, pues, del renacer en el valor, en el ingenio, en la
dicha, en todo: empeñarse con novedades de vizarría,
amaneciendo muchas vezes como el Sol, variando teatros al
lucimiento, para que en el uno la privación y en el
otro la novedad soliciten aquí el aplauso, si allí
el desseo. 82 Nunca apurar, ni el mal, ni el bien. A la
moderación en todo reduxo la sabiduría toda
un sabio. El sumo derecho se haze tuerto, y la naranja que
mucho se estruja llega a dar lo amargo. Aun en la fruición
nunca se ha de llegar a los extremos. El mismo ingenio se
agota si se apura, y sacara sangre por leche el que esquilmare
a lo tirano. 83 Permitirse algún venial desliz.
Que un descuido suele ser tal vez la mayor recomendación
de las prendas. Tiene su Ostracismo la invidia, tanto más
civil quanto más criminal. Acusa lo mui perfecto de
que peca en no pecar; y por perfecto en todo, lo condena
todo. Házese Argos en buscarle faltas a lo mui bueno,
para consuelo siquiera. Hyere la censura, como el rayo, los
más empinados realces. Dormite, pues, tal vez Homero,
y afecte algún descuido en el ingenio, o en el valor,
pero nunca en la cordura, para sossegar la malevolencia,
no rebiente ponzoñosa: será como un echar la
capa al toro de la invidia para salvar la inmortalidad.
84 Saber usar de los enemigos.
Todas las cosas se han de saber tomar, no por el corte, que
ofendan, sino por la empuñadura, que defiendan; mucho
más la emulación. Al varón sabio más
le aprovechan sus enemigos que al necio sus amigos. Suele
allanar una malevolencia montañas de dificultad,
que desconfiara de emprenderlas el favor. Fabricáronles
a muchos su grandeza sus malévolos. Más fiera
es la lisonja que el odio, pues remedia éste eficazmente
las tachas que aquélla disimula. Haze el cuerdo espejo
de la ojeriza, más fiel que el de la afición,
y previene a la detracción los defectos, o los enmienda,
que es grande el recato quando se vive en frontera de una
emulación, de una malevolencia. 85 No
ser Malilla. Achaque es de todo lo excelente que su mucho
uso viene a ser abuso. El mismo codiciarlo todos viene a
parar en enfadar a todos. Grande infelicidad ser para nada;
no menor querer ser para todo. Vienen a perder éstos
por mucho ganar, y son después tan aborrecidos quanto
fueron antes deseados. Rózanse destas malillas en
todo género de perfecciones, que, perdiendo aquella
primera estimación de raras, consiguen el desprecio
de vulgares. El único remedio de todo lo extremado
es guardar un medio en el lucimiento: la demasía ha
de estar en la perfección y la templanza en la ostentación.
Quanto más luze una antorcha, se consume más
y dura menos. Escasezes de apariencia se premian con logros
de estimación. 86 Prevenir
las malas vozes. Tiene el vulgo muchas cabeças, y
assí muchos ojos para la malicia y muchas lenguas
para el descrédito. Acontece correr en él alguna
mala voz que desdora el mayor crédito; y si llegare
a ser apodo vulgar, acabará con la reputación.
Dásele pie comúnmente con algún sobresaliente
desaire, con ridículos defetos, que son plausible
materia a sus hablillas, si bien ai desdoros echadizos de
la emulación especial a la malicia común; que
ai vocas de la malevolencia, y arruinan más presto
una gran fama con un chiste que con un descaramiento. Es
mui fácil de cobrar la siniestra fama, porque lo malo
es mui creíble y cuesta mucho de borrarse. Escuse,
pues, el varón cuerdo estos desaires, contrastando
con su atención la vulgar insolencia, que es más
fácil el prevenir que el remediar. 87 Cultura,
y aliño. Nace bárbaro el hombre, redímese
de bestia cultivándose. Haze personas la cultura,
y más quanto mayor. En fe della pudo Grecia llamar
bárbaro a todo el restante universo. Es mui tosca
la ignorancia; no ai cosa que más cultive que el saber.
Pero aun la misma sabiduría fue grossera, si desaliñada.
No sólo ha de ser aliñado el entender, también
el querer, y más el conversar. Hállanse hombres
naturalmente aliñados, de gala interior y exterior,
en concepto y palabras, en los arreos del cuerpo, que son
como la corteza, y en las prendas del alma, que son el fruto.
Otros ai, al contrario, tan grosseros, que todas sus cosas,
y tal vez eminencias, las deslucieron con un intolerable
bárbaro desaseo. 88 Sea
el trato por mayor, procurando la sublimidad en él.
El varón grande no deve ser menudo en su proceder.
Nunca se ha de individuar mucho en las cosas, y menos en
las de poco gusto; porque aunque es ventaja notarlo todo
al descuido, no lo es quererlo averiguar todo de propósito.
Hase de proceder de ordinario con una hidalga generalidad,
ramo de galantería. Es gran parte del regir el dissimular.
Hase de dar passada a las más de las cosas, entre
familiares, entre amigos, y más entre enemigos. Toda
nimiedad es enfadosa, y en la condición, pesada. El
ir y venir a un disgusto es especie de manía; y comúnmente
tal será el modo de portarse cada uno, qual fuere
su coraçón y su capacidad. 89 Comprehensión
de sí. En el Genio, en el Ingenio; en dictámenes,
en afectos. No puede uno ser señor de sí si
primero no se comprehende. Ai espejos del rostro, no los
ai del ánimo: séalo la discreta reflexión
sobre sí. Y quando se olvidare de su imagen exterior,
conserve la interior para enmendarla, para mejorarla. Conozca
las fuerças de su cordura y sutileza para el emprender;
tantee la irascible para el empeñarse. Tenga medido
su fondo y pesado su caudal para todo. 90 Arte
para vivir mucho: vivir bien. Dos cosas acaban presto con
la vida: la necedad o la ruindad. Perdiéronla unos
por no saberla guardar, y otros por no querer. Assí
como la virtud es premio de sí misma, assí
el vicio es castigo de sí mismo. Quien vive aprisa
en el vicio acaba presto de dos maneras; quien vive aprisa
en la virtud nunca muere. Comunícase la entereza del
ánimo al cuerpo, y no sólo se tiene por larga
la vida buena en la intensión, sino en la misma extensión.
91 Obrar siempre sin escrúpulos de imprudencia.
La sospecha de desacierto en el que executa es evidencia
ya en el que mira, y más si fuere émulo. Si
ya al calor de la passión escrupulea el dictamen,
condenará después desapassionado a necedad
declarada. Son peligrosas las acciones en duda de prudencia;
más segura sería la omissión. No admite
probabilidades la cordura: siempre camina al mediodía
de la luz de la razón. ¿Cómo puede salir bien
una empressa que, aun concebida, la está ya condenando
el rezelo? Y si la resolución más graduada
con el nemine discrepante interior suele salir infelizmente,
¿qué aguarda la que començó titubeando
en la razón y mal agorada del dictamen? 92 Seso
trascendental: digo en todo. Es la primera y suma regla del
obrar y del hablar, más encargada quanto mayores y
más altos los empleos. Más vale un grano de
cordura que arrobas de sutileza. Es un caminar a lo seguro,
aunque no tan a lo plausible, si bien la reputación
de cuerdo es el triunfo de la fama: vastará satisfazer
a los cuerdos, cuyo voto es la piedra de toque a los aciertos.
93 Hombre universal. Compuesto de toda perfección,
vale por muchos. Haze felicíssimo el vivir, comunicando
esta fruición a la familiaridad. La variedad con perfección
es entretenimiento de la vida. Gran arte la de saber lograr
todo lo bueno; y pues le hizo la naturaleza al hombre un
compendio de todo lo natural por su eminencia, hágale
el arte un universo por exercicio, y cultura del gusto y
del entendimiento. 94 Incomprehensibilidad de caudal.
Escuse el varón atento sondarle el fondo, ya al saber,
ya al valer, si quiere que le veneren todos. Permítase
al conocimiento, no a la comprehensión. Nadie le averigüe
los términos de la capacidad, por el peligro evidente
del desengaño. Nunca dé lugar a que alguno
le alcançe todo: mayores efectos de veneración
causa la opinión y duda de adónde llega el
caudal de cada uno que la evidencia dél, por grande
que fuere. 95 Saber entretener
la expectación: irla cevando siempre. Prometa más
lo mucho, y la mejor acción sea envidar de mayores.
No se ha de echar todo el resto al primer lance: gran treta
es saberse templar, en las fuerças, en el saber, y
ir adelantando el desempeño. 96 De
la gran sindéresis. Es el trono de la razón,
basa de la prudencia, que en fe della cuesta poco el acertar.
Es suerte del Cielo, y la más deseada por primera
y por mejor: la primera pieça del arnés con
tal urgencia, que ninguna otra que le falte a un hombre le
denomina falto; nótase más su menos. Todas
las acciones de la vida dependen de su influencia, y todas
solicitan su calificación, que todo ha de ser con
seso. Consiste en una conatural propensión a todo
lo más conforme a razón, casándose siempre
con lo más acertado. 97 Conseguir y conservar
la reputación. Es el usufructo de la fama. Cuesta
mucho, porque nace de las eminencias, que son tan raras quanto
comunes las medianías. Conseguida, se conserva con
facilidad. Obliga mucho y obra más. Es especie de
magestad quando llega a ser veneración, por la sublimidad
de su causa y de su esfera; pero la reputación substancial
es la que valió siempre. 98 Cifrar la voluntad.
Son las passiones los portillos del ánimo. El más
plático saber consiste en dissimular; lleva riesgo
de perder el que juega a juego descubierto. Compita la detención
del recatado con la atención del advertido: a linces
de discurso, xibias de interioridad. No se le sepa el gusto,
porque no se le prevenga, unos para la contradición,
otros para la lisonja. 99 Realidad y apariencia. Las cosas
no passan por lo que son, sino por lo que parecen. Son raros
los que miran por dentro, y muchos los que se pagan de lo
aparente. No basta tener razón con cara de malicia.
100 Varón desengañado: Christiano sabio,
Cortesano filósofo. Mas no parecerlo, menos afectarlo.
Está desacreditado el filosofar, aunque el exercicio
mayor de los sabios. Vive desautorizada la ciencia de los
cuerdos. Introdúxola Séneca en Roma, conservóse
algún tiempo cortesana, ya es tenida por impertinencia.
Pero siempre el desengaño fue pasto de la prudencia,
delicias de la entereza. 101 La metad del mundo se está
riendo de la otra metad, con necedad de todos. O todo es
bueno, o todo es malo, según votos. Lo que éste
sigue, el otro persigue. Insufrible necio el que quiere regular
todo objecto por su concepto. No dependen las perfecciones
de un solo agrado: tantos son los gustos como los rostros,
y tan varios. No ai defecto sin afecto, ni se ha de desconfiar
porque no agraden las cosas a algunos, que no faltarán
otros que las aprecien; ni aun el aplauso destos le sea materia
al desvanecimiento, que otros lo condenarán. La norma
de la verdadera satisfación es la aprobación
de los varones de reputación, y que tienen voto en
aquel orden de cosas. No se vive de un voto solo, ni de un
uso, ni de un siglo. 102 Estómago para grandes
vocados de la fortuna. En el cuerpo de la prudencia no es
la parte menos importante un gran buche, que de grandes partes
se compone una gran capacidad. No se embaraça con
las buenas dichas quien merece otras mayores; lo que es ahíto
en unos es hambre en otros. Ai muchos que se les gasta qualquier
mui importante manjar por la cortedad de su natural, no
acostumbrado ni nacido para tan sublimes empleos; açedáseles
el trato, y con los humos que se levantan de la postiza honra
viene a desvanecérseles la cabeça. Corren gran
peligro en los lugares altos, y no caben en sí porque
no cabe en ellos la suerte. Muestre, pues, el varón
grande que aun le quedan ensanches para cosas mayores, y
huiga con especial cuidado de todo lo que puede dar indicio
de angosto coraçón. 103 Cada uno la magestad
en su modo. Sean todas las acciones, si no de un Rei, dignas
de tal, según su esfera; el proceder Real, dentro
de los límites de su cuerda suerte: sublimidad de
acciones, remonte de pensamientos. Y en todas sus cosas represente
un Rei por méritos, quando no por realidad, que la
verdadera soberanía consiste en la entereza de costumbres;
ni tendrá que invidiar a la grandeza quien pueda ser
norma della. Especialmente a los allegados al trono pégueseles
algo de la verdadera superioridad, participen antes de las
prendas de la magestad que de las ceremonias de la vanidad,
sin afectar lo imperfecto de la inchaçón, sino
lo realçado de la substancia. 104 Tener tomado
el pulso a los empleos. Ai su variedad en ellos: magistral
conocimiento, y que necessita de advertencia; piden unos
valor y otros sutileza. Son más fáciles de
manejar los que dependen de la rectitud, y más difíciles
los que del artificio. Con un buen natural no es menester
más para aquéllos; para éstos no basta
toda la atención y desvelo. Trabajosa ocupación
governar hombres, y más, locos o necios: doblado sesso
es menester para con quien no le tiene. Empleo intolerable
el que pide todo un hombre, de horas contadas y la materia
cierta; mejores son los libres de fastidio juntando la variedad
con la gravedad, porque la alternación refresca el
gusto. Los más autorizados son los que tienen menos,
o más distante, la dependencia; y aquél es
el peor que al fin haze sudar en la residencia humana y más
en la divina. 105 No cansar. Suele ser pessado el hombre
de un negocio, y el de un verbo. La brevedad es lisongera,
y más negociante; gana por lo cortés lo que
pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos vezes bueno;
y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas
essencias que fárragos; y es verdad común que
hombre largo raras vezes entendido, no tanto en lo material
de la disposición quanto en lo formal del discurso.
Ai hombres que sirven más de embaraço que de
adorno del universo, alajas perdidas que todos las desvían.
Escuse el Discreto el embaraçar, y mucho menos a grandes
personajes, que viven mui ocupados, y sería peor desazonar
uno dellos que todo lo restante del mundo. Lo bien dicho
se dize presto. 106 No afectar la fortuna. Más
ofende el ostentar la dignidad que la persona. Hazer del
hombre es odioso, bastávale ser invidiado. La estimación
se consigue menos quanto se busca más; depende del
respeto ageno; y assí no se la puede tomar uno, sino
merecerla de los otros y aguardarla. Los empleos grandes
piden autoridad ajustada a su exercicio, sin la qual no pueden
exercerse dignamente. Conserve la que merece para cumplir
con lo substancial de sus obligaciones: no estrujarla, ayudarla
sí, y todos los que hazen del hazendado en el empleo
dan indicio de que no lo merecían, y que viene sobrepuesta
la dignidad. Si se huviere de valer, sea antes de lo eminente
de sus prendas que de lo adventicio; que hasta un Rei se
ha de venerar más por la persona que por la extrínseca
soberanía. 107 No mostrar satisfación de
sí. Viva ni descontento, que es poquedad, ni satisfecho,
que es necedad. Nace la satisfación en los más
de ignorancia y para en una felicidad necia, que, aunque
entretiene el gusto, no mantiene el crédito. Como
no alcança las superlativas perfecciones en los otros,
págase de qualquiera vulgar medianía en sí.
Siempre fue útil, a más de cuerdo, el rezelo,
o para prevención de que salgan bien las cosas, o
para consuelo quando salieren mal; que no se le haze de nuevo
el desaire de su suerte al que ya se lo temía. El
mismo Homero dormita tal vez, y cae Alexandro de su estado
y de su engaño. Dependen las cosas de muchas circunstancias;
y la que triunfó en un puesto, y en tal ocasión,
en otra se malogra; pero la incorregibilidad de lo necio
está en que se convirtió en flor la más
vana satisfación, y va brotando siempre su semilla.
108 Atajo para ser persona: saberse ladear. Es mui eficaz
el trato. Comunícanse las costumbres y los gustos.
Pégase el genio, y aun el ingenio sin sentir. Procure,
pues, el pronto juntarse con el reportado; y assí
en los demás genios, con éste conseguirá
la templança sin violencia: es gran destreza saberse
atemperar. La alternación de contrariedades hermosea
el universo y le sustenta, y si causa armonía en lo
natural, mayor en lo moral. Válgase desta política
advertencia en la elección de familiares y de famulares,
que con la comunicación de los extremos se ajustará
un medio mui discreto. 109 No ser acriminador. Ai hombres
de genio fiero, todo lo hazen delito, y no por passión,
sino por naturaleza. A todos condenan, a unos porque hizieron,
a otros porque harán. Indica ánimo peor que
cruel, que es vil, y acriminan con tal exageración,
que de los átomos hazen vigas para sacar los ojos:
cómitres en cada puesto, que hazen galera de lo que
fuera Elisio; pero si media la passión, de todo hazen
estremos. Al contrario, la ingenuidad para todo alla salida,
si no de intención, de inadvertencia. 110 No aguardar
a ser Sol que se pone. Máxima es de cuerdos dexar
las cosas antes que los dexen. Sepa uno hazer triunfo del
mismo fenecer; que tal vez el mismo Sol, a buen lucir, suele
retirarse a una nube porque no le vean caer, y dexa en suspensión
de si se puso o no se puso. Hurte el cuerpo a los ocasos
para no rebentar de desaires; no aguarde a que le buelvan
las espaldas, que le sepultarán vivo para el sentimiento,
y muerto para la estimación. Jubila con tiempo el
advertido al corredor cavallo, y no aguarda a que, cayendo,
levante la risa en medio la carrera. Rompa el espejo con
tiempo y con astucia la belleza, y no con impaciencia después
al ver su desengaño. 111 Tener amigos. Es el segundo
ser. Todo amigo es bueno y sabio para el amigo. Entre ellos
todo sale bien. Tanto valdrá uno quanto quisieren
los demás; y para que quieran, se les ha de ganar
la voca por el coraçón. No ai hechiço
como el buen servicio, y para ganar amistades, el mejor medio
es hazellas. Depende lo más y lo mejor que tenemos
de los otros. Hase de vivir, o con amigos o con enemigos.
Cada día se ha de diligenciar uno, aunque no para
íntimo, para aficionado, que algunos se quedan después
para confidentes, passando por el acierto del delecto.
112 Ganar la pía afición, que aun la primera
y suma Causa en sus mayores assuntos la previene y la dispone.
Éntrase por el afecto al concepto. Algunos se fían
tanto del valor, que desestiman la diligencia; pero la atención
sabe bien que es grande el rodeo de solos los méritos,
si no se ayudan del favor. Todo lo facilita y suple la benevolencia;
no siempre supone las prendas, sino que las pone, como el
valor, la entereza, la sabiduría, hasta la discreción.
Nunca ve las fealdades, porque no las querría ver.
Nace de ordinario de la correspondencia material en genio,
nación, parentesco, patria y empleo. La formal es
más sublime en prendas, obligaciones, reputación,
méritos. Toda la dificultad es ganarla, que con facilidad
se conserva. Puédese diligenciar, y saberse valer
della. 113 Prevenirse en la fortuna próspera para
la adversa. Arbitrio es hazer en el Estío la provisión
para el Invierno, y con más comodidad. Van varatos
entonces los favores, ai abundancia de amistades. Bueno es
conservar para el mal tiempo, que es la adversidad cara,
y falta de todo. Aya retén de amigos y de agradecidos,
que algún día hará aprecio de lo que
aora no haze caso. La villanía nunca tiene amigos:
en la prosperidad porque los desconoce, en la adversidad
la desconocen a ella. 114 Nunca competir. Toda pretensión
con oposición daña el crédito. La competencia
tira luego a desdorar, por desluzir. Son pocos los que hazen
buena guerra, descubre la emulación los defectos que
olvidó la cortesía. Vivieron muchos acreditados
mientras no tuvieron émulos. El calor de la contrariedad
aviva o resucita las infamias muertas, desentierra hediondezes
passadas y antepassadas. Comiénçase la competencia
con manifiesto de desdoros, ayudándose de quanto puede
y no deve; y aunque a vezes, y las más, no sean armas
de provecho las ofensas, haze dellas vil satisfación
a su venganza, y sacude esta con tal aire, que haze saltar
a los desaires el polvo del olvido. Siempre fue pacífica
la benevolencia y benévola la reputación.
115 Hazerse a las malas condiciones de los familiares;
assí como a los malos rostros: es conveniencia donde
tercia dependencia. Ai fieros genios que no se puede vivir
con ellos, ni sin ellos. Es, pues, destreza irse acostumbrando,
como a la fealdad, para que no se hagan de nuevo en la terribilidad
de la ocasión. La primera vez espantan, pero poco
a poco se les viene a perder aquel primer horror, y la reflexa
previene los disgustos, o los tolera. 116 Tratar siempre
con gente de obligaciones. Puede empeñarse con ellos,
y empeñarlos. Su misma obligación es la mayor
fiança de su trato, aun para varajar, que obran como
quien son, y vale más pelear con gente de bien que
triunfar de gente de mal. No ai buen trato con la ruindad,
porque no se halla obligada a la entereza; por esso entre
ruines nunca ai verdadera amistad, ni es de buena lei la
fineza, aunque lo pareza, porque no es en fe de la honra.
Reniegue siempre de hombre sin ella, que quien no la estima,
no estima la virtud; y es la honra el trono de la entereza.
117 Nunca hablar de sí. O se ha de alabar, que
es desvanecimiento, o se ha de vituperar, que es poquedad;
y, siendo culpa de cordura en el que dize, es pena de los
que oyen. Si esto se ha de evitar en la familiaridad, mucho
más en puestos sublimes, donde se habla en común,
y passa ya por necedad qualquier apariencia della. El mismo
inconveniente de cordura tiene el hablar de los presentes
por el peligro de dar en uno de dos escollos: de lisonja,
o vituperio. 118 Cobrar fama de Cortés, que basta
a hazerle plausible. Es la cortesía la principal parte
de la cultura, especie de hechizo, y assí concilia
la gracia de todos, assí como la descortesía
el desprecio y enfado universal. Si ésta nace de
sobervia, es aborrecible; si de grosería, despreciable.
La cortesía siempre ha de ser más que menos,
pero no igual, que degeneraría en injusticia. Tiénese
por deuda entre enemigos para que se vea su valor. Cuesta
poco y vale mucho: todo honrador es honrado. La galantería
y la honra tienen esta ventaja, que se quedan: aquélla
en quien la usa, ésta en quien la haze. 119 No
hazerse de mal querer. No se ha de provocar la aversión,
que aun sin quererlo, ella se adelanta. Muchos ai que aborrecen
de valde, sin saber el cómo ni por qué. Previene
la malevolencia a la obligación. Es más eficaz
y pronta para el daño la irascible que la concupiscible
para el provecho. Afectan algunos ponerse mal con todos,
por enfadoso o por enfadado genio; y si una vez se apodera
el odio, es, como el mal concepto, dificultoso de borrar.
A los hombres juiziosos los temen, a los maldizientes aborrecen,
a los presumidos asquean, a los fisgones abominan, a los
singulares los dexan. Muestre, pues, estimar para ser estimado,
y el que quiere hazer casa haze caso. 120 Vivir a lo plático.
Hasta el saber ha de ser al uso, y donde no se usa, es preciso
saber hazer del ignorante. Múdanse a tiempos el discurrir
y el gustar: no se ha de discurrir a lo viejo, y se ha de
gustar a lo moderno. El gusto de las cabeças haze
voto en cada orden de cosas. Ésse se ha de seguir
por entonces, y adelantar a eminencia. Acomódese el
cuerdo a lo presente, aunque le parezca mejor lo passado,
assí en los arreos del alma como del cuerpo. Sólo
en la bondad no vale esta regla de vivir, que siempre se
ha de platicar la virtud. Desconócese ya, y parece
cosa de otros tiempos el dezir verdad, el guardar palabra;
y los varones buenos parecen hechos al buen tiempo, pero
siempre amados; de suerte que, si algunos ai, no se usan
ni se imitan. ¡O, grande infelicidad del siglo nuestro, que
se tenga la virtud por estraña y la malicia por corriente!
Viva el Discreto como puede, si no como querría. Tenga
por mejor lo que le concedió la suerte que lo que
le ha negado. 121 No hazer negocio del no negocio. Assí
como algunos todo lo hazen cuento, assí otros todo
negocio: siempre hablan de importancia, todo lo toman de
veras, reduziéndolo a pendencia y a misterio. Pocas
cosas de enfado se han de tomar de propósito, que
sería empeñarse sin él. Es trocar los
puntos tomar a pechos lo que se ha de echar a las espaldas.
Muchas cosas que eran algo, dexándolas, fueron nada;
y otras que eran nada, por aver hecho caso dellas, fueron
mucho. Al principio es fácil dar fin a todo, que después
no. Muchas vezes haze la enfermedad el mismo remedio, ni
es la peor regla del vivir el dexar estar. 122 Señorío
en el dezir y en el hazer. Házese mucho lugar en todas
partes, y gana de antemano el respeto. En todo influye, en
el conversar, en el orar, hasta en el caminar; y aun el mirar
en el querer. Es gran vitoria coger los coraçones.
No nace de una necia intrepidez, ni del enfadoso entretenimiento,
sí en una decente autoridad nacida del genio superior
y ayudada de los méritos. 123 Hombre desafectado.
A más prendas, menos afectación, que suele
ser vulgar desdoro de todas. Es tan enfadosa a los demás
quan penosa al que la sustenta, porque vive mártir
del cuidado, y se atormenta con la puntualidad. Pierden su
mérito las mismas eminencias con ella, porque se juzgan
nacidas antes de la artificiosa violencia que de la libre
naturaleza, y todo lo natural fue siempre más grato
que lo artificial. Los afectados son tenidos por estrangeros
en lo que afectan; quanto mejor se haze una cosa se ha de
desmentir la industria, porque se vea que se cae de su natural
la perfección. Ni por huir la afectación se
ha de dar en ella afectando el no afectar. Nunca el Discreto
se ha de dar por entendido de sus méritos, que el
mismo descuido despierta en los otros la atención.
Dos vezes es eminente el que encierra todas las perfecciones
en sí, y ninguna en su estimación; y por encontrada
senda llega al término de la plausibilidad. 124
Llegar a ser deseado. Pocos llegaron a tanta gracia de las
gentes, y si de los cuerdos, felicidad. Es ordinaria la tibieza
con los que acaban. Ai modos para merecer este premio de
afición: la eminencia en el empleo y en las prendas
es segura; el agrado, eficaz. Házese dependencia de
la eminencia, de modo que se note que el cargo le huvo menester
a él, y no él al cargo; honran unos los puestos,
a otros honran. No es ventaja que le haga bueno el que sucedió
malo, porque esso no es ser deseado absolutamente, sino ser
el otro aborrecido. 125 No ser libro verde. Señal
de tener gastada la fama propria es cuidar de la infamia
agena. Querrían algunos con las manchas de los otros
dissimular, si no labar, las suyas; o se consuelan, que es
el consuelo de los necios. Huéleles mal la voca a
éstos, que son los albañares de las inmundicias
civiles. En estas materias, el que más escarba, más
se enloda. Pocos se escapan de algún achaque original,
o al derecho, o al través. No son conocidas las faltas
en los poco conocidos. Huiga el atento de ser registro de
infamias, que es ser un aborrecido padrón y, aunque
vivo, desalmado. 126 No es necio el que haze la necedad,
sino el que, hecha, no la sabe encubrir. Hanse de sellar
los afectos, ¡quánto más los defectos! Todos
los hombres yerran, pero con esta diferencia, que los sagazes
desmienten las echas, y los necios mienten las por hazer.
Consiste el crédito en el recato, más que en
el hecho, que si no es uno casto, sea cauto. Los descuidos
de los grandes hombres se observan más, como eclipses
de las lumbreras mayores. Sea excepción de la amistad
el no confiarla los defectos; ni aun, si ser pudiesse, a
su misma identidad. Pero puédese valer aquí
de aquella otra regla del vivir, que es saber olvidar.
127 El despejo en todo. Es vida de las prendas, aliento
del dezir, alma del hazer, realce de los mismos realces.
Las demás perfecciones son ornato de la naturaleza,
pero el despejo lo es de las mismas perfecciones: hasta en
el discurrir se celebra. Tiene de privilegio lo más,
deve al estudio lo menos, que aun a la disciplina es superior;
passa de facilidad, y adelántase a vizarría;
supone desembaraço, y añade perfección.
Sin él toda belleza es muerta, y toda gracia, desgracia.
Es trascendental al valor, a la discreción, a la prudencia,
a la misma magestad. Es político atajo en el despacho,
y un culto salir de todo empeño. 128 Alteza de
ánimo. Es de los principales requisitos para Héroe,
porque inflama a todo género de grandeza. Realça
el gusto, engrandeze el coraçón, remonta el
pensamiento, ennoblece la condición y dispone la magestad.
Dondequiera que se halla, se descuella, y aun tal vez, desmentida
de la invidia de la suerte, rebienta por campear. Ensánchase
en la voluntad, ya que en la possibilidad se violente. Reconócela
por fuente la magnanimidad, la generosidad y toda heroica
prenda. 129 Nunca quexarse. La quexa siempre trae descrédito.
Más sirve de exemplar de atrevimiento a la passión
que de consuelo a la compassión. Abre el passo a quien
la oye para lo mismo, y es la noticia del agravio del primero
disculpa del segundo. Dan pie algunos con sus quexas de las
ofensiones passadas a las venideras, y pretendiendo remedio
o consuelo, solicitan la complacencia, y aun el desprecio.
Mejor política es celebrar obligaciones de unos para
que sean empeños de otros, y el repetir favores de
los ausentes es solicitar los de los presentes, es vender
crédito de unos a otros. Y el varón atento
nunca publique ni desaires ni defectos, sí estimaciones,
que sirven para tener amigos y de contener enemigos. 130
Hazer, y hazer parecer. Las cosas no passan por lo que son,
sino por lo que parecen. Valer y saberlo mostrar es valer
dos vezes. Lo que no se ve es como si no fuesse. No tiene
su veneración la razón misma donde no tiene
cara de tal. Son muchos más los engañados que
los advertidos: prevaleze el engaño y júzganse
las cosas por fuera. Ai cosas que son mui otras de lo que
parecen. La buena exterioridad es la mejor recomendación
de la perfección interior. 131 Galantería
de condición. Tienen su vizarría las almas,
gallardía del espíritu, con cuyos galantes
actos queda mui airoso un coraçón. No cabe
en todos, porque supone magnanimidad. Primero assunto suyo
es hablar bien del enemigo, y obrar mejor. Su mayor lucimiento
libra en los lances de la venganza: no se los quita, sino
que se los mejora, convirtiéndola, quando más
vencedora, en una impensada generosidad. Es política
también, y aun la gala de la razón de estado.
Nunca afecta vencimientos, porque nada afecta, y quando los
alcança el merecimiento, los dissimula la ingenuidad.
132 Usar del reconsejo. Apelar a la revista es seguridad,
y más donde no es evidente la satisfación;
tomar tiempo, o para conceder, o para mejorarse: ofrécense
nuevas razones para confirmar y corroborar el dictamen. Si
es en materia de dar, se estima más el don en fe de
la cordura que en el gusto de la presteza; siempre fue más
estimado lo deseado. Si se ha de negar, queda lugar al modo,
y para madurar el No, que sea más sazonado; y las
más vezes, passado aquel primer calor del deseo, no
se siente después a sangre fría el desaire
del negar. A quien pide aprisa, conceder tarde, que es treta
para desmentir la atención. 133 Antes
loco con todos que cuerdo a solas: dizen políticos.
Que si todos lo son, con ninguno perderá; y si es
sola la cordura, será tenida por locura: tanto importará
seguir la corriente. Es el mayor saber a vezes no saber,
o afectar no saber. Hase de vivir con otros, y los ignorantes
son los más. Para vivir a solas: ha de tener o mucho
de Dios o todo de bestia. Mas yo moderaría el aforismo,
diziendo: antes cuerdo con los más que loco a solas.
Algunos quieren ser singulares en las quimeras. 134 Doblar
los requisitos de la vida. Es doblar el vivir. No ha de ser
única la dependencia, ni se ha de estrechar a una
cosa sola, aunque singular. Todo ha de ser doblado, y más
las causas del provecho, del favor, del gusto. Es trascendente
la mutabilidad de la Luna, término de la permanencia,
y más las cosas que dependen de humana voluntad, que
es quebradiza. Valga contra la fragilidad el retén,
y sea gran regla del arte del vivir doblar las circunstancias
del bien y de la comodidad: assí como dobló
la naturaleza los miembros más importantes y más
arriesgados, assí el arte los de la dependencia.
135 No tenga espíritu de contradición, que
es cargarse de necedad y de enfado; conjurarse ha contra
él la cordura. Bien puede ser ingenioso el dificultar
en todo, pero no se escapa de necio lo porfiado. Hazen estos
guerrilla de la dulce conversación, y assí
son enemigos más de los familiares que de los que
no les tratan. En el más sabroso vocado se siente
más la espina que se atraviessa, y eslo la contradición
de los buenos ratos; son necios perniciosos, que añaden
lo fiera a lo bestia. 136 Ponerse bien en las materias,
tomar el pulso luego a los negocios. Vanse muchos o por las
ramas de un inútil discurrir, o por las ojas de una
cansada vervosidad, sin topar con la substancia del caso.
Dan cien bueltas rodeando un punto, cansándose y cansando,
y nunca llegan al centro de la importancia. Procede de entendimientos
confusos, que no se saben desembarazar. Gastan el tiempo
y la paciencia en lo que avían de dexar, y después
no la ai para lo que dexaron. 137 Bástese a sí
mismo el sabio. Él se era todas sus cosas, y llevándose
a sí lo llebava todo. Si un amigo universal basta
hazer Roma y todo lo restante del Universo, séase
uno esse amigo de sí proprio, y podrá vivirse
a solas. ¿Quién le podrá hazer falta si no
ai ni mayor concepto ni mayor gusto que el suyo? Dependerá
de sí solo, que es felicidad suma semejar a la entidad
suma. El que puede passar assí a solas, nada tendrá
de bruto, sino mucho de sabio y todo de Dios. 138 Arte
de dexar estar. Y más quando más rebuelta la
común mar, o la familiar. Ai torbellinos en el humano
trato, tempestades de voluntad; entonces es cordura retirarse
al seguro puerto del dar vado. Muchas vezes empeoran los
males con los remedios. Dexar hazer a la naturaleza allí,
y aquí a la moralidad. Tanto ha de saber el sabio
médico para recetar como para no recetar, y a vezes
consiste el arte más en el no aplicar remedios. Sea
modo de sossegar vulgares torbellinos el alçar mano
y dexar sossegar; ceder al tiempo aora será vencer
después. Una fuente con poca inquietud se enturvia,
ni se bolverá a serenar procurándolo, sino
dexándola. No ai mejor remedio de los desconciertos
que dexallos correr, que assí caen de sí proprios.
139 Conocer el día aziago, que los ai: nada saldrá
bien; y, aunque se varíe el juego, pero no la mala
suerte. A dos lances convendrá conocerla y retirarse,
advirtiendo si está de día o no lo está.
Hasta en el entendimiento ai vez, que ninguno supo a todas
horas. Es ventura acertar a discurrir, como el escrivir bien
una carta. Todas las perfecciones dependen de sazón,
ni siempre la belleza está de vez; desmiéntese
la discreción a sí misma, ya cediendo, ya excediéndose;
y todo para salir bien ha de estar de día. Assí
como en unos todo sale mal, en otros todo bien y con menos
diligencias. Todo se lo halla uno hecho, el ingenio está
de vez, el genio de temple, y todo de estrella. Entonces
conviene lograrla y no desperdiciar la menor partícula.
Pero el varón juizioso no por un azar que vio sentencie
definitivamente de malo, ni al contrario, de bueno, que pudo
ser aquello desazón y esto ventura. 140 Topar
luego con lo bueno en cada cosa. Es dicha del buen gusto.
Va luego la aveja a la dulçura para el panal, y la
vívora a la amargura para el veneno. Assí los
gustos, unos a lo mejor y otros a lo peor. No ai cosa que
no tenga algo bueno, y más si es libro, por lo pensado.
Es, pues, tan desgraciado el genio de algunos, que entre
mil perfecciones toparán con solo un defecto que huviere,
y esse lo censuran y lo celebran: recogedores de las inmundicias
de voluntades y de entendimientos, cargando de notas, de
defectos, que es más castigo de su mal delecto que
empleo de su sutileza. Passan mala vida, pues siempre se
zeban de amarguras y hazen pasto de imperfecciones. Más
feliz es el gusto de otros que, entre mil defectos, toparán
luego con una sola perfección que se le cayó
a la ventura. 141 No escucharse.
Poco aprovecha agradarse a sí, si no contenta a los
demás, y de ordinario castiga el desprecio común
la satisfación particular. Débese a todos el
que se paga de sí mismo. Querer hablar y oírse
no sale bien; y si hablarse a solas es locura, escucharse
delante de otros será doblada. Achaque de señores
es hablar con el bordón del «¿digo algo?» y aquel
«¿e?» que aporrea a los que escuchan. A cada razón
orejean la aprobación o la lisonja, apurando la cordura.
También los hinchados hablan con Eco, y como su conversación
va en chapines de entono, a cada palabra solicita el enfadoso
socorro del necio «¡bien dicho!» 142 Nunca por tema seguir
el peor partido porque el contrario se adelantó y
escogió el mejor. Ya comiença vencido, y assí
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