DICCIONARIO DE LA LITERATURA CUBANAPPADILLA, Heberto (Puerta de Golpe, Pinar del Río, 20.1.1932). Cursó parte de la primaria en Pinar del Río. En Artemisa (Pinar del Río) terminó la enseñanza elemental y estudió el bachillerato. Dirigió dos revistas estudiantiles, Paladín Colegial (1945) y Repórter (1946). Cursó tres años de la carrera de Derecho en la Universidad de la Habana. Visitó a Estados Unidos entre 1949 y 1952 y entre 1956 y 1959. En Nueva York trabajó como profesor de español del Berlitz School of Languages, de 1957 a 1959. En 1961 ganó mención en el Concurso Casa de las Américas por su libro de poemas El justo tiempo humano. Fue redactor y corresponsal, en Londres, de la agenda informativa Prensa Latina, redactor y corresponsal del Periódico Revolución, redactor de la revista Novedades de Moscú, director-gerente de CUBARTIMPEX (1964-1965) y representante en Europa del Ministerio de Comercio Exterior. Trabajó como investigador en el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas. Ha viajado además por México, Venezuela, los países centro-americanos, parte de África y de Asia. Ha colaborado en Lunes de Revolución, Granma, El Mundo, Cuba, La Gaceta de Cuba, Unión, Casa de las Américas, El Corno Emplumado, Pájaro Cascabel (México); Cormorán y Delfín (Argentina); Ínsula, Índice (España); Europe, Les Lettres Nouvelles, L'Arc, Les Temps Modernes (Francia); Literatura Extranjera (Unión Soviética). En 1968 fue premiado su libro de poemas Fuera del juego en el Concurso UNEAC. Al editarse el libro se hizo constar, en un prólogo de la institución, el carácter contrarrevolucionario de algunos poemas. Ha hecho traducciones o versiones poéticas de autores ingleses, franceses, alemanes, rusos, rumanos, suecos. Sus poemas han sido traducidos al inglés, al francés, al italiano, al alemán, al polaco, al ruso, al sueco, al danés, al chino, etcétera. Trabajó en el Instituto Cubano del Libro. Después de abandonar el país, ha mantenido una actitud hostil hacia la Revolución. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Las rosas audaces [Poesía]. La Habana, Eds. Los Nuevos, 1948. El justo tiempo humano [Poesía]. La Habana, Eds. Unión, 1962; [2a. ed.] Id. La hora [Poesía]. La Habana, Eds. La Tertulia, 1964 [i.e. 1965] (Cuadernos de poesía, 10). Fuera del juego [Poesía]. La Habana, UNEAC, 1968. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Dalton, Roque. «El justo tiempo humano», en Casa de las Américas. La Habana, 2 (13-14): 56-58, jul.-oct., 1962. G[arcía] H[ernández] A[drián], «[El justo tiempo humano]», en Pueblo y Cultura. La Habana, (8): 29, 1962. Piñera, Virgilio.«Apuntes sobre la poesía de Heberto», en La Gaceta de Cuba. La Habana, 1 (6-7): 14, jul., 1962. Simo, Ana María. «El justo tiempo humano», en Unión. La Habana, 4 (1): 143-148, ene.-mar., 1965. Páginas (La Habana, [¿-?];1937-1938). Revista mensual de cultura moderna. Todos los números vistos corresponden a su segunda época, pues de la primera no se ha localizado ninguno. Se sabe, por testimonio personal de Ángel Augier, que de esta primera época aparecieron pocos ejemplares. La segunda época comenzó en octubre de 1937. Su consejo de dirección estaba integrado por Manuel García Mayo, Ángel I. Augier, Mirta Aguirre, Julio Le Riverend, Justo Albert Luaces, D. González Martín y Guillermo Estrada. La revista circuló con el lema de Fernando Ortiz «Fe viva en la Cultura; energía incansable en la Acción, y disciplina cívica en la Conducta». En el editorial titulado «Ideario» se expresaba: «Surge de nuevo a la vida y a la lucha -la revista Páginas. Aspira con entusiasmo de neófita, pero también con recta dirección ideológica de sus redactores, a no ser una revista más, sino a convertirse, modestamente, en unas cuantas páginas de firme orientación, donde se recoja la tradición histórica y cultural de Cuba, desde un ángulo visual contemporáneo, sin falseamientos sectarios, sin capillitas de «élites», sino como expresión vibrátil de un grupo de hombres jóvenes de espíritu, que sienten como propios los males colectivos.» Y más adelante señalan que «nuestra Revista Páginas reproducirá, en la medida de lo posible, artículos, párrafos y extractos de libros, etc., de escritores cubanos del pasado, y cuya lectura será a modo de un material de documentación que ponemos al alcance de las nuevas generaciones que, habiendo recogido el legado heroico, tratan de mantener y de llevar a su meta esta tradición histórica y cultural». Anunciaban que también publicarían «artículos contemporáneos, tanto de escritores ya conocidos como de los nuevos que integran la revista, y en los cuales, unos y otros, que nos honran con su apoyo intelectual, que nos ayudan en la ardua tarea de sostenerla y difundirla, plantearán ante nuestros lectores aquellos temas que, a su entender, tengan significación cultural, ya sean económicos, históricos y literarios». Aparecieron en sus páginas poemas, cuentos, trabajos de diversa índole y de crítica literaria, estos últimos en su sección «Sobre libros». Entre sus colaboradores figuran Fernando Ortiz, Nicolás Guillén, Luis Felipe Rodríguez, Adrián del Valle y Salvador García Agüero. En el último número publicado (6), correspondiente al mes de marzo, se anunciaba la formación de la Editorial Páginas, que estaría dirigida por un consejo de dirección formado por Juan Marinello, Ángel I. Augier y Carlos Rafael Rodríguez. Páginas de Rosa (La Habana [1894]-[Id.?]). «Periódico de modas, literatura y crónica de salones», se lee en el primer ejemplar visto, correspondiente al 30 de enero de 1894. Fue dirigida por Dolores (seud. de Fermina de Cárdenas viuda de Armas). Su administrador propietario fue justo J[osé] de Cárdenas. Aparecía tres veces al mes. Los ejemplares localizados son pocos y están en muy mal estado. Publicó poesías, traducciones de noveletas inglesas y francesas, pequeñas biografías y noticias sociales y de modas. Entre sus colaboradores figuraban Aurelia Castillo de González, Juana Borrero, Pedro Santacilia, Rafael Montoro, Luisa Pérez de Zambrana, José de Atinas y Céspedes, Raimundo, Cabrera, Pablo Hernández y Lola Rodríguez de Tió. El último ejemplar visto (número 15) corresponde al 15 de junio de 1894. PÁGINAS LITERARIAS. Desde los mismos inicios de la prensa periódica en Cuba, la literatura hizo su aparición en las publicaciones periódicas y ocupó un lugar importante. Así, son conocidas las numerosas producciones poéticas y de otras manifestaciones literarios que vieron la luz en la que puede considerarse -pues las anteriores no fueron más que esbozos- la primera publicación periódica del país, el Papel Periódico de la Havana. Toda la prensa cubana del siglo XIX dedicó espacio más que considerable a las diversas manifestaciones literarias de autores nacionales, e incluso de extranjeros, muchos de ellos traducidos, fundamentalmente, del francés. Abundaron en los periódicos cubanos de dicho siglo las secciones poéticas, de folletín y las críticas literarias, estas últimas, por lo general, en las secciones de comunicados durante la primera mitad del siglo y en la mayor parte de los casos firmadas con seudónimos. Pero no es hasta el siglo XX que nuestros periódicos dedican páginas enteras a cuestiones literarias, dándoles a las mismas títulos que hacían referencia, casi siempre, al día de la semana en que aparecían y al título de la publicación que las prohijaba. Estas páginas jugaron, junto a los suplementos literarios que también editaban algunos de los más importantes diarios cubanos, un importante papel en la divulgación de las creaciones literarias de los autores nuevos, por hacer llegar a más amplios círculos de lectores dichas creaciones, debido a la mayor circulación de la prensa diaria. Estas notas que presentamos sólo pretenden ser un intento de aproximación al tema -virgen hasta el momento-, no una relación exhaustiva en lo cuantitativo ni crítica en lo cualitativo. A mediados de la primera década del siglo XX, escasos años después de la instauración de nuestro primer gobierno pseudorrepublicano tras casi tres años de intervención norteamericana, encontramos las primeras páginas literarias en la prensa habanera, a la que en buena medida nos hemos circunscrito. A fines de agosto de 1907 el Diario de la Familia -que en ese momento se encontraba en su segunda época y era dirigido por José Curbelo- comienza a publicar los sábados su «Página literaria». Todo parece indicar que al frente de la misma se hallaba el escritor Ramiro Hernández Portela. Poemas, cuentos, crónicas, artículos sobre literatura y arte, notas bibliográficas, abundan en esta página que salió hasta finales del año mencionado. Sus colaboradores más frecuentes fueron Arturo R. de Carricarte, Manuel S. Pichardo, M. Lozano Casado, Ramiro Hernández Portela, Fernando de Zayas, Alfonso Hernández Catá, L. Frau Marsal, José Manuel Carbonell, entre otros. También mantuvo este diario, como casi todos los de su época, su «Página para las damas», en la que además de secciones y materiales especialmente dedicados a la mujer, veían la luz producciones de índole literaria. En el mismo año de 1907 apareció «Los lunes de El Triunfo», de más larga vida y regularidad que la anterior, en la cual se publicaban, como en aquélla, poemas, cuentos, crónicas, artículos de contenido literario e histórico y notas sobre cine y teatro. Entre sus colaboradores se contaron Conde Kostia (seud. de Aniceto Valdivia), Roger de Lauria (seud. de Ramón Rivera Gollury), Bonifacio Byrne, Arturo R. de Carricarte, Francisco Caamaño de Cárdenas, S[alvador] Quesada Torres y otros. Hacia 1913 se intentó dar en esta página «...una idea del estado de las letras en los países de Hispanoamérica [...]», con lo cual dejaron de verse en sus trabajos, casi por completo, las firmas de autores nacionales, y abundaron las de escritores representativos de las letras de esos países. Aunque no era literaria, pues el periódico tenía por estos años un importante suplemento literario semanal, la página «Lecturas del hogar», de El Mundo -la cual era dirigida por Carmela Nieto de Herrera-, insertaba a menudo trabajos de carácter literario y contó ocasionalmente con la colaboración de escritores tan prestigiosos como Enrique José Varona, Rafael Montoro, Juan Gualberto Gómez, Alfredo Martín Morales, Jesús Castellanos, Fernando Ortiz, Mario Muñoz Bustamante, Manuel Serafín Pichardo, Fernando de Zayas y otros. Con una regularidad notable apareció por varios años, desde los inicios de la segunda década, la página «Los domingos de El Cubano Libre», de la ciudad de Santiago de Cuba. De contenido similar a las antes mencionadas, esta página resulta de vital importancia para el conocimiento de las tendencias poéticas nacionales durante el período. En la misma vieron la luz los manifiestos modernistas redactados por el destacado poeta oriental José Manuel Poveda -renovador de nuestra poesía conjuntamente con el también oriental Regino Boti y el matancero Agustín Acosta-. Los colaboradores de la página fueron fundamentalmente escritores de la Propia Provincia o ligados culturalmente a ella, entre los que cabe mencionar a Poveda y a Boti, así como a Luis Felipe Rodríguez, Armando Leyva, Marco Antonio Dolz, Ducazcal (seud. de Joaquín Navarro Riera), Miguel Galliano Cancio, Rafael G. Argilagos, Arturo Clavijo Tisseur, Enrique Cazade, Pedro Alejandro López, Higinio J. Medrano, Francisco H. Lorié Bertot, Pedro Yodú Griñán. Otros colaboradores conocidos fueron Agustín Acosta, José G. Villa, Bonifacio Byrne, Enrique Gay Calbó, Sergio Cuevas Zequeira, Max Henríquez Ureña, José Antonio Rodríguez García y Juan. J. Geada- Hacia mediados de 1916, el dejar de publicarse El Cubano Libre los domingos, su página literaria dejó de aparecer y comenzó entonces la «Sabatina literaria», sección que no llegaba a tomar la página completa y que mantenía contenido casi idéntico a «Los domingos...», pero con menor calidad: El veterano diario La Lucha publicaba en 1910 la página «Lecturas del domingo», dedicada fundamentalmente al teatro extranjero y en la que colaboraba asiduamente Max Henríquez con ensayos y artículos de crítica literaria y artística. Además se incluían en esta página poemas en verso y en prosa, cuentos, textos de conferencias y artículos sobre música. Sus colaboradores fueron, entre otros, José Manuel Poveda, Bernardo G. Barros, José A. González Lanuza, José G. Villa, Ramiro Hernández Portela. Esta que comentamos fue una página de importancia, pero no gozó de una regular y larga vida. «Los sábados de La Prensa» -después «Los domingos de La Prensa»-, tampoco alcanzó prolongada existencia durante la segunda década del siglo, pero contó con la colaboración de José Antonio Ramos y Arturo R. de Carricarte -quienes firmaban, respectivamente, las secciones «Desde la Puerta del Sol» y «Cartas del domingo»-, así como de Pedro Alejandro López, Luis Rodríguez Embil, Carlos Prats y Jesús J. López, entre otros. Esta página insertaba la sección «Los que empiezan» -dedicada a dar a conocer autores noveles, entre los que se destacaban, por la frecuencia de su colaboración, Raoul Alpízar y Rafael Vignier-, la cual incluía a su vez la subsección «Ahorrando papel y sobre, en la que se orientaba críticamente a los jóvenes que enviaban sus trabajos a la sección. La «Página literaria de La Noche» -posteriormente denominada «Los domingos literarios de La Noche»- comenzó en mayo de 1913, bajo la dirección de Bernardo J. Jambrina, escritor y actor español, y tuvo una regularidad notable, a la vez que alcanzaba una trayectoria bastante prolongada, pues aún en la década de los años veinte veía la luz. Colaboraciones de Regino E. Boti, Medardo Vitier, Bonifacio Byrne, José Manuel Poveda, René Lufríu, Agustín Acosta, Alfonso Camín, Pedro Alejandro López, Armando Leyva, Héctor A. Poveda, Emilia Bernal, Paulino G. Báez, Miguel Ángel Macau, Higinio J. Medrano, Luis Rodríguez Embil, Mariano Albaladejo, M. Rodríguez Rendueles, aparecieron en esta página. El diario habanero Heraldo de Cuba, que dirigía Manuel Márquez Sterling, tuvo casi desde sus inicios la página «Heraldo literario», que aparecía en la edición dominical del periódico y que después pasó a la de los lunes. Entre sus colaboradores se contaron José Manuel Poveda, Federico Uhrbach, Miguel de Marcos, Enrique José Varona, Diwaldo Salom, Manuel Fernández Cabrera, Salvador Salazar, José Manuel Carbonell, Mariano Albaladejo, Berta Arocena y otros. «De la cantera intelectual: Literatura y arte» se titulaba en sus primeros tiempos la página literaria de El Imparcial, en la cual se publicaban fragmentos de novelas, cuentos, poemas, notas bibliográficas y otros trabajos de interés literario. Entre 1917 y 1918 apareció regularmente esta página -cuyo título cambió después por el de «Domingos literarios» y que, según parece, fue dirigida por José de la Luz León-, con colaboraciones de José de la Luz León, José Manuel Poveda, Armando Leyva, Pedro Alejandro López, Higinio J. Medrano, José Fatjó Specht (seud. Demócrito). En octubre de 1924, al entrar a trabajar Rubén Martínez Villena en el periódico El Heraldo, que dirigía Gustavo Gutiérrez, se le encomienda la responsabilidad de la página literaria del mismo -«Los lunes de El Heraldo»-, que venía saliendo desde junio de dicho año. En el artículo que, bajo el título de «Propósito», firmaba Martínez Villena en la primera página bajo su dirección, expresaba que la misma «...no será una página de literatura sólo para literatos. Para ellos procuraré tener el manjar exquisito. para los no preparados pretende hacer obra de preparación. Será, pues, selecta sin pedantería; educacional, sin que aparezca pedagógica; y por orden de grados, cubana, latinoamericana y cosmopolita. Y juvenil y libre, sobre todo». Sólo tres semanas estuvo al frente de la página, pues problemas surgidos con la dirección del periódico a raíz de los editoriales que también escribía, le hicieron renunciar. Se ocupó entonces de la misma Mariblanca Sabas Alomá, quien introdujo la sección «Contestando al lector». Colaborado. res de esta página fueron muchos de los compañeros minoristas de Villena, entre ellos Andrés Núñez Olano, Regino Pedroso, Enrique Serpa, María Villar Buceta, Juan Marinello, Ramón Rubiera, así como Eduardo Avilés Ramírez, Ciana Valdés Roig, Gonzalo Mazas Garbayo, Gustavo Sánchez Galarraga y otros. Bajo la responsabilidad de Andrés Núñez Olano aparecía también desde mediados de 1924 la página «La vida literaria», publicada por el periódico El Sol y en la que escribían Rubén Martínez Villena, Armando Leyva, Regino Pedroso, Enrique Serpa, Guillermo Martínez Márquez, Alberto Lamar, Ramón Rubiera, Eduardo Avilés Ramírez, María Villar Buceta, Juan Marinello, Francisco José Castellanos, Arturo Alfonso Roselló, Felipe Pichardo Moya, José Z. Tallet, Federico de Ibarzábal y numerosos escritores extranjeros, fundamentalmente de Latinoamérica. Una de las más importantes páginas literarias de esta década fue la publicada en El Diario de Cuba, periódico de Santiago de Cuba que dirigía Eduardo Abril Amores. Bajo la dirección de Juan Ramón Breá, quien contaba con la ayuda de Julián Mateo y Francisco Palacios Estrada, esta página -cuyo título era «Página literaria del Grupo H»- apareció regularmente los lunes durante los meses de junio a septiembre de 1928 y fue el vehículo de expresión del grupo de escritores de vanguardia de la ciudad, entre los que se encontraban Alberto Santa Cruz Pacheco, Manuel Palacios Estrada, Lino Hourruitiner y el dominicano Lucas Pichardo. Otros colaboradores y contertulios esporádicos fueron Max Henríquez Ureña, Rafael Esténger y Leonardo Griñán Peralta. De carácter más o menos literario fue también la página «Ideales de una raza», cuyo responsable era Gustavo E. Urrutia y que alcanzó notoriedad histórica por haberse publicado en ella, en 1930, los hoy famosos Motivos de son de nuestro poeta nacional Nicolás Guillén. Respecto a esta página no ofrecemos más detalles, ya que ha sido tratada en la parte correspondiente a los Suplementos literarios de esta obra, pues se incluía en el llamado Suplemento literario del Diario de la Marina, que a fines de la década del veinte dirigía el escritor de izquierda José Antonio Fernández de Castro. Efímera vida tuvo, en 1934, la página «Lecturas del lunes» -después titulada «Lecturas del domingo»-, que publicaba el periódico Acción. Por la renovación integral de Cuba, el cual era órgano del partido político ABC y estaba dirigido por Jorge Mañach. Al cabo de varias semanas fue suspendida su publicación por comenzar a editar el periódico un suplemento dominical. En su segunda época (que se inició en 1939) el periódico no tuvo página o suplemento literarios, sino secciones fijas que trataban estas cuestiones. Esto mismo, o la dedicación de suplementos semanales a los temas literarios y culturales, es lo normal hacia las décadas del cuarenta y del cincuenta. En los más importantes diarios pueden encontrarse páginas en las que las cuestiones literarias, históricas y culturales ocupan todo el espacio; sin embargo, a las mismas no se las denomina de manera especial, como ocurre con las que hasta aquí se han mencionado. Varios días después de comenzar a publicarse el periódico Revolución -tras el triunfo revolucionario del 1º de enero de 1959-, destina una página, que no siempre era la misma, a cuestiones literarias y artísticas. La misma aparecía bajo el título «Nueva generación» y con el lema «Generación va / y generación viene, / mas la tierra / siempre permanece». Según se explicaba en la nota introductoria del primer, día en que salió, era continuación de la revista de igual título luego de nueve años de la aparición de su último número y once de su fundación. Y en otra nota publicada en dicha ocasión se señalaba: «Esta página de Revolución -periódico revolucionario y de la Revolución- está dedicada a la nueva generación. Aquella que se ha forjado en la lucha y que contempla la paz con el espíritu de combate y el sentido deportivo que solamente procura la guerra.» Poemas, cuentos, pequeñas obras teatrales, artículos de contenido político, entrevistas, notas sobre pintura, teatro y literatura veían la luz en esta página que llegó a salir diariamente y que después pasó a ser semanal y alternó con otra titulada «R[evolución] en el arte / en la literatura», hasta la desaparición de ambas en marzo de ese mismo año al iniciar el periódico la edición de su suplemento semanal Lunes de Revolución. Colaboradores de esta página que venimos comentando fueron Sergio A. Rigol, Roberto Branly, Manuel Díaz Martínez, Roberto Fernández Retamar, Ángel Arango, Georgina Herrera, H[umberto?] A[renal?], Matías Montes Huidobro, Rine Leal, Frank Rivera, Serafina Núñez, Alcibíades Poveda, Santiago Cardosa Arias, Fausto Masó, Alcides Iznaga, Fornarina Fornaris, entre otros. Otra página literario-cultural publicó el periódico Revolución, ésta desde mediados de 1964. Se titulaba «Página 3» y aparecía tres veces a la semana. Tenía como objetivo, según se expresaba en la primera que vio la luz (el 21 de agosto del año citado), «... dar a conocer a los lectores de Revolución la creación de los escritores e informar de los más importantes acontecimientos culturales. Por consiguiente daremos a la publicidad artículos, críticas sobre teatro, cine, danza, música, libros, comentarios, crónicas, cuentos cortos y poesías que ya estamos solicitando». Entre los colaboradores de la página se contaron David Camps, María Luz de Nora (seud. de Loló de la Torriente), Salvador Bueno, César Leante, Ana Núñez Machín, José Forné Farreres, Fernando G. Campoamor, Oscar Hurtado, Gloria Parrado, César López, Natividad González Freire, Rogelio Llopis, Rogelio Luis Bravet, entre otros muchos. Además se publicaban en esta página, que aun aparecía, ahora irregularmente, cuando el periódico Revolución dejó de editarse -al refundirse con Hoy para dar lugar a Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en octubre del 1965-, textos de conocidos autores extranjeros, generalmente en páginas dedicadas especialmente a tratar las literaturas y otros problemas de sus países respectivos. Una página literaria interesante fue también, con posterioridad al triunfo de la Revolución en enero de 1959, la publicada por el periódico Prensa Libre a partir del 6 de diciembre de 1960. «Página 2...» era el título de la misma, y fue órgano de expresión del grupo «Novación literaria», formado por escritores de la provincia de Camagüey. La página, sin embargo, no limitaba su espacio a los trabajos de los integrantes del grupo, sino que daba cabida a todo tipo de colaboraciones siempre que las mismas reunieran «las exigencias mínimas en forma y contenido» y llevaran «un mensaje de solidaridad revolucionaria». Diariamente aparecía esta página, en la que se publicaban poemas, cuentos, artículos sobre cuestiones literarias, políticas, cinematográficas, teatrales y sobre otros temas de carácter cultural. Entre sus colaboradores figuraron Luis Suardíaz, David Fernández, Noel Navarro, Francisco de Oraá, Samuel Feijóo, Aldo Menéndez, Manuel Navarro Luna, Joaquín G. Santana, Belkis Cuza Malé, Orlando Alomá y otros. País, El (La Habana, 1868) «Periódico político, literario, económico, agrícola y mercantil», se lee en el primer ejemplar revisado (número 2), correspondiente al 19 de abril. Era dirigido por Francisco Javier Cisneros. Su periodicidad fue diaria. En la página 161 del Catálogo de publicaciones periódicas cubanas de los siglos XVIII y XIX (La Habana, Biblioteca Nacional «José Martí», Depto. Colección Cubana, 1965) se expresa que sucedió a La Opinión. Fue un periódico de contenido variado: noticias nacionales y extranjeras, asuntos mercantiles, tráfico portuario, religión; también publicó folletines, crítica literaria, poemas, traducciones y discursos de destacados literatos cubanos y españoles residentes en la isla. Entre sus colaboradores figuran Rafael María Merchán, Luis Victoriano Betancourt, Luisa Pérez de Zambrana, Antonio López Prieto, Francisco, Antonio y Manuel Sellén, Julia Pérez Montes de Oca, Mercedes Matamoros Úrsula Céspedes de Escanaverino, José Fornaris, J[osé] J[oaquín] Govantes, Domitila García, Antonio Enrique de Zafra, José Joaquín Palma, Leopoldo Turla, Ramona Pizarro y El hijo del Damují (seud. de Antonio Hurtado del Valle). Se insertaron en sus páginas trabajos, en especial poemas, de conocidos escritores latinoamericanos como Ricardo Palma, Guillermo Blest Gana y Rafael Pombo. El último número publicado (217) correspondió al 22 de diciembre de 1868. En él se insertaba una nota «Al público» en la que se expresaba: Circunstancias de todos conocidas, causas enteramente agenas [sic] a nuestra voluntad, nos ponen en la necesidad de suspender por ahora la publicación de este periódico. No siéndonos aún permitido tratar, con amplia libertad las cuestiones que consideramos más importantes y vitales para el país, estando aun indefinida según noticia positivas que hemos recibido por el último correo la época en que podamos hacerlo, y obligados nosotros por otra parte cuando se nos ataca a renunciar por completo a toda defensa o a reducirnos a dar contestaciones inconexas y truncas, mutiladas por mano extraña, siempre hostil a nuestros principios, a pesar de ser estos los mismos que hoy rigen en la Península, nuestra posición ha llegado a hacerse insostenible. Esperando, pues, mejores tiempos ponernos hoy término a nuestras tareas, dando gracias a nuestros constantes favorecedores por su eficaz y entusiasta apoyo, sin el cual hace argo tiempo hubiéramos arrojado de las manos la pluma, arma inútil en circunstancias como las nuestras, pues sólo pudiéramos hoy emplearla sin obstáculo, haciendo un papel a que no se prestan nuestra dignidad ni nuestras convicciones. A vegetar en la impotencia a que se nos ha reducido, preferimos guardar el más absoluto silencio.» País, El (V. Triunfo, El) Paisaje, El (V. Triunfo, El) Palabra, La (La Habana, 1935). «Diario del Pueblo por el Pueblo y para el pueblo» se lee en el primer ejemplar localizado (número 2), correspondiente al 22 de enero. de 1935. Ángel Augier refiere en su conferencia «Los trabajos y los días» -publicada en la Revista de la Bibliateca Nacional «José Martí» (La Habana, 61, 3a. época, 12 (2): 86, may,ago., 1970)-, que el primer número correspondió al 1º de enero. Fue dirigido por Juan Marinello. Formaron parte de su redacción, entre otros, Salvador García Agüero, José Manuel Valdés Rodríguez, Ángel Augier y Regino Pedroso, éste último como corrector de pruebas. En el número 33, fechado el 27 de febrero de 1935, apareció una nota titulada «¡Primera mujer que dirige un diario en nuestro país!», en la que se refería: «Reunido el Consejo de Redacción de La Palabra, acordó, en vista de la prisión de nuestro Director, doctor Juan Marinello, designar para que lo sustituya, mientras dure su prisión, a la doctora Ofelia Domínguez Navarro, conocida ampliamente por las masas de Cuba, por cuya liberación se ha distinguido. Así mismo queremos aclarar, que con motivo de los trastornos ocasionados por la prisión de varios de nuestros, redactores, nos hemos visto impedidos de dar a la publicidad los artículos, URSS de que [es] autor, nuestro compañero Valdés Rodríguez, que también fue condenado por Urgencia. El Problema Agrario en Cataluña a cargo de [Joaquín] Cardoso -condenado también- y 8 de Marzo, artículos que daremos en nuestra edición de mañana» [sic]. El encarcelamiento a que fueron sometidos el director y algunos otros miembros del consejo de redacción está relacionado con la supresión de la revista Masas (véase), acusada de realizar «propaganda sediciosa». La Palabra fue -como señala Ángel Augier en su artículo «Evocación necesaria»- el «primer diario de los comunistas cubanos»; afirma además que «fue también el primer periódico cubano que situó en plano principal informativo las actividades sindicales y las cuestiones obreras». Luchó contra la discriminación racial. Ayudó a divulgar los éxitos de la Revolución de Octubre. Publicó los domingos, el Magazine semanal de La Palabra, de carácter cultural y de entretenimiento, a cargo de Ángel Augier, en el que publicaron poemas, notas teatrales y cinematográficas, materiales históricos y filosóficos. Colaboraron, tanto en el periódico como en el magazine, Carlos Rafael Rodríguez, Mirta Aguirre, Marcelino Arozarena, Aurora Villar Buceta, J. Chelala Aguilera, Carlos Montenegro, Martín Castellanos y Ladislao González Carbajal. Figuraron trabajos de algunos intelectuales extranjeros como Rafael Alberti, Miguel Otero Silva, y H. G. Wells. El último número revisado (39) correspondió al 6 de marzo de 1935. Refiere Augier en su artículo citado que la clausura de La Palabra impuso «la creación de un nuevo órgano periodístico, el semanario Resumen, en el que se volcó la redacción del diario». BIBLIOGRAFÍA Augier, Ángel. «Evocación necesaria», en El Mundo. La Habana, 65 (21 821): 4, feb. 23, 1967.|| Ordenada la detención del Dr. Marinello y registrada la redacción de La Palabra», en Ahora. La Habana 3 (431): 1, 2, ene. 12, 1935. || «Socialistas criollos y La Palabra», en La Palabra. La Habana, 1 (5): 1, ene. 25, 1935. Palenque Literario, El (V. Mundo Literario, El) Palenque Universitario, El (La Habana, 1887-[1888]). Periódico ilustrado de ciencias, artes, literatura, política, sport y actualidades. órgano de los estudiantes de la isla de Cuba. El primer número correspondió al 7 de octubre. Se editaba los días 7, 17 y 27 de cada mes. Fungía como director Pedro N. Castro y como redactores Manuel E. Catalán, Ramón Álvarez, Carlos Caballero, Gerónimo Rodríguez, Florentino Argudín y Enrique J. Fontanills. Desde el número 6 cesó en la dirección Pedro N. Castro. Aparecía entonces sólo la lista de redactores. Anunciaban en el primero y segundo números una lista de colaboradores, entre los que se destacan Pablo Hernández, José González Lanuza, José Antonio Frías, Antonio Govín, Enrique Hernández; Miyares, Fermín Valdés Domínguez, José María Carbonell, Pablo Desvernine, Rafael Montoro, Antonio Sánchez de Bustamante, Carlos de la Torre y Huerta y Rafael Fernández de Castro. En el «Prospecto» publicado en el primer número expresaba el director, además de otras observaciones, lo siguiente: «Procuraremos armonizar en cuanto sea posible la ciencia, las ates y la literatura, no descuidando ni un momento todo aquello que se relacione con los intereses de la juventud estudiosa a la que tendremos el corriente de todo el progreso que en la Metrópoli y en el Extranjero se realice, bien por la clase docente, bien por la discente [sic]... Daremos cabida en nuestras columnas, sintetizando lo suficiente para darlos a conocer sin que ocupen mucha extensión, los Decretos y Leyes que a la enseñanza se contraigan [...].» Prometían además a los suscriptores que no eran estudiantes, «... obsequiarles con colecciones escogidas de poesía, con artículos críticos por algún conocido literato, o con cuadros cromo-litográficos [...]». En efecto, publicaron trabajos de diversa índole: química, derecho mercantil, educación, medicina, lecciones de metafísica, crítica a libros de diversas materias, y también poesías, noticias teatrales y cuentos. Colaboraron en la revista, además de los ya mencionados, Enrique José Varona, Alejandro M. López, Leopoldo Cancio, Herminio C. Leyva, Aniceto Valdivia, Ramón Mayorga, Ginés de Parapapilla y Eduardo de Palacio. El último número encontrado (23) corresponde al 17 de mayo de 1888.PALMA, José Joaquín (Bayamo, Oriente, 11.9.1844-Guatemala, 2.8.1911). Cursó la enseñanza primaria en las escuelas de los conventos de San Francisco y de Santo Domingo. En el Colegio «San José», dirigido por José María Izaguirre, estudió la segunda enseñanza. Poco después de termina sus estudios secundarios fundó, con Francisco Maceo Osorio, el periódico La Regeneración, donde publicó sus primeros poemas. Se incorporó a la revolución de 1868 desde sus inicios y trabajó, en la zona de Bayamo, en el reclutamiento de hombres. Fue designado entre los regidores del Ayuntamiento libre de la ciudad por las fuerzas cubanas que tomaron la villa. Presentó una moción a favor de la abolición de la esclavitud con Ramón Céspedes Borrero. Fue ayudante y hombre de confianza de Carlos Manuel de Céspedes. Fue uno de los principales redactores de El Cubano Libre, editado primeramente en Bayamo y más tarde en la manigua. En 1873 se trasladó a Jamaica con la misión de allegar fondos para la causa cubana. Pasó más tarde a Nueva York, al Perú y a otros países de Suramérica. Residió alternativamente en Guatemala y en Honduras. En este país desempeñó labores educacionales y trabajó como secretario del Presidente de la República, Marco Aurelio Soto. Ayudó a los cubanos dispersos por el extranjero, entre ellos a Máximo Gómez. Recibió diversos homenajes, como el premio por su oda «A Honduras, en su Primera Exposición Nacional» y la medalla de oro que le entregó el presidente de la nación en 1879, por sus virtudes como patriota y como poeta. Adquirió la ciudadanía hondureña. Viajó por Europa con Marco Aurelio Soto y con Ramón Rosa después que aquél cesó en la presidencia. Un año después regresó a Guatemala. Se vio precisado a trabajar en la construcción del canal de Panamá. De nuevo en Guatemala, se trasladó a Jamaica, de donde habla recibido la noticia de la enfermedad de su esposa. Durante esta última etapa de su estancia en Guatemala, fue director de la Biblioteca Nacional y catedrático de literatura española en la Facultad de Derecho. Se hizo ciudadano guatemalteco. Escribió su himno nacional. Retornó a Cuba al instaurarse la República en 1902. Rechazó el nombramiento para un alto cargo y aceptó la representación de Cuba en Guatemala. Durante su estancia en Centroamérica fue un gran animador de la cultura. Volvió a Cuba en 1906. Murió en el desempeño de su cargo. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Carta a Hilario Cisneros. Octubre 9, [s.l], 1870. || Carta a Hilario Cisneros. Diciembre 24. Kingston, 1870. || Carta a Hilario Cisneros. Junio 5. Kingston, 1971. 9 Poesías. Precedidas de un pról. de Ramón Rosa, de una alocución de Marco Aurelio Soto y de varias cartas [de Adolfo Zúñiga, Antonio Zambrana y José Martí]. Tegucigalpa, Tipografía Nacional, 1882; «José Joaquín Palma», por Rafael Spínola. Pról. de Ramón Rosa. Alocución de Marco Aurelio Soto. Cartas de Adolfo de Zúñiga, Antonio Zambrana y José Martí. «José Joaquín Palma», por Manuel de la Cruz. «Fotograbado», por Rubén Darío. Guatemala, Tipografía Nacional, 1901; Santiago de Cuba, Imp. Arroyo, 1936 Biblioteca popular de cultura cubana, 2); 3a. ed. Cartas de Rubén Darío, Ramón Rosa, José Martí, Manuel de la Cruz [y] Lisandro Sandoval. Guatemala, Eds. El Librero de Guatemala, 1950; Guatemala, Editorial del Ministerio de Educación Pública, 1951; Antología, intro. y notas de José María Chacón y Calvo. La Habana, Ministerio de Educación. Dirección de Cultura, 1951 (Cuba. Dirección de Cultura. Cuadernos de cultura, 9a. serie 3).|| Patria y Mujer [Poesías]. La Habana, Imp. La Prueba, 1916 (Biblioteca Cuba, 10). BIBLIOGRAFÍA PASIVA Alcover, Antonio Miguel. «Poesías de J. J. Palma [...]», en Cuba y América. La Habana, 7, 5 (105): 524-525, oct., 1901. || Ardura, Ernesto. «Los restos de Palma», en Revista Cubana. La Habana, 28: 258-259, ene.-jun., 1951. || Augier, Ángel I. «Presencia de Palma», en su Cuba y Rubén Darío. Con el ensayo de una bibliografía cubana de y sobre Rubén Darío por Francisco Mote. La Habana, Academia de Ciencias. Instituto de Literatura y Língilística, 1968, p. 17-30. || Azcuy Alón, Fanny. José Joaquín Palma: toda una vida. Trabajo leído por el académico correspondiente en Bejucal. La Habana, Imp. 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En Matanzas dirigió el colegio La Empresa entre 1837 y 1841. En 1837 publicó, con José Antonio Echeverría, el Aguinaldo Habanero, donde dio a conocer algunas de sus composiciones. En 1838 fundó, con el mismo Echeverría, el periódico El Plantel. Al año siguiente comenzó a trabajar en la redacción de El Álbum. Asistía a la tertulias literarias de Domingo del Monte. Sé graduó de abogado en la Universidad de la Habana en 1842. En el Diario de la Marina publicó su novela «El ermitaño del Niágara», de 1845. Colaboró en Rimas Americanas, Diario de la Habana, El Artista, Diario de Avisos, Diario de la Marina, y Revista de la Habana. En esta última dio a conocer su trabajo «Cantares de Cuba» (1854), en el que esboza el estudio de la poesía popular cubana. En 1855 sufrió prisión por sus ideas anexionistas. Más tarde, y hasta su muerte, desempeñó el cargo de secretario del Camino de Hierro de Villanueva. Utilizó el seudónimo Bachiller Alfonso de Maldonado. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Atributos a la hermosura. Octavas. La Habana, Imp. del Gobierno, 1833. || Poesías del Bachiller Alfonso de Maldonado (seud.). La Habana, Imp. del Gobierno, 1834. || La prueba; o, La vuelta del cruzado. Drama en un acto. La Habana, Imp. Palmer, 1937. || La peña de los enamorados. Leyenda dramática en tres cuadros. La Habana, Imp. Literaria, 1839.|| Aves de paso [Poesía]. La Habana, Imp. Literaria, 1841. || Melodías poéticas. La Habana, Imp. del Gobierno y Capitanía General, 1843. || Hojas caídas [Poesías]. La Habana, Imp. del Diario de Avisos, 1844. || Una escena del descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón. Oda sinfónica. Letra de [...]. Música del Sr. Mro. Botessini. La Habana, Imp. del Faro Industrial, 1848. ||Obras de Ramón de Palma. T. 1. Poesías líricas. Pról. de Anselmo Suárez y Romero. La Habana, Imp. del Tiempo, 1861. 11 Cuentos cubanos. Introd. de A. M. Eligio de la Puente. La Habana, Cultural, 1928 (Colección de libros cubanos, 4). || Alegoría de Ramón de Palma sobre la polémica entre Luz y Don J. J. Reyes. 1834 y 1835 [s.l., s.a.]. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Carbonell, José Manuel. «Ramón de Palma y Romay (1812-1860)», en su La poesía lírica en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. T. 2. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928, p. 229-231 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 2); «Ramón de Palma y Romay», en su La poesía revolucionaria en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. Tomo único. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928, p. 59 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 6); «Ramón de Palma y Romay, en su La prosa en Cuba. Recopilación dirigida, Prologada y anotada por [...]. T. 2. La Habana, Imp. Montalvo y Cárdenas, 1928, p. 3-15 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 13). || El compadre, seud. de?. «Aves de paso, por Ramón de Palma», en Noticioso y Lucero de la Habana. 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En el centro, un mote de tres palabras: Cuba libre i republicana.» Fue un periódico dedicado casi exclusivamente a la publicación de artículos relativos a la independencia de Cuba; en ocasiones divulgó trabajos sobre la educación pública en Estados Unidos. En algunas oportunidades aparecieron en sus páginas poemas de Teurbe Tolón. Publicó además, también de manera ocasional, composiciones poéticas firmadas con los seudónimos Anacaona, Caonabo y Eldifonso Jubilao. El último número revisado (5) corresponde al 6 de abril de 1855. J. J. E. Casasús expresa en la página 458 de su obra La emigración cubana y la independencia de la patria (La Habana, Editorial Lex, 1955), que a este periódico le siguió otro, también dirigido por Teurbe Tolón, denominado El Cometa, cuyo primer número correspondió al 16 de abril de 1855. Papel Periódico de la Havana (La Habana, 1790-1864). Fue fundado a iniciativa del gobernante español don Luis de las Casas, quien fue uno de sus redactores principales, junto con Diego de la Barrera, Tomás Romay y José Agustín Caballero. El primer número correspondió al 24 de octubre, y en él se insertaba un«Prospecto» en el que se decía: «En las ciudadespopulosas son de muy grande utilidad los papeles públicos en que se anuncia a los vecinos quanto [sic] ha de hacerse en la semana referente a sus intereses o a sus diversiones. La Havana cuya población es ya tan considerable echa menos uno de estos papeles que dé al Público noticias del precio de los efectos comerciables y de los bastimentos, de las cosas que algunas personas quieren vender o comprar, de los espectáculos, de las obras nuevas de toda clase, de las embarcaciones que han entrado o han de salir, en una palabra de todo aquello que puede contribuir a las comodidades de la vida. El deseo de que nuestros compatriotas disfruten quantas [sic] puedan proporcionarse nos mueve a tomarnos el trabajo de escribir todas las semanas medio pliego de papel en que se recojan las explicadas noticias. A imitación de otros que se publican en la Europa comenzarán también nuestros papeles con algunos retazos de literatura, que procuraremos escoger con el mayor esmero. Así declaramos desde ahora que a excepción de las equivocaciones y errores, que tal ves [sic] se encontrarán en nuestra obrilla, todo lo demás es ageno [sic], todo copiado. Los aficionados que quisieren adornarla con sus producciones se servirán ponerlas en la Librería de D. Francisco Seguí que ofrece imprimirlas, quando [sic] para ello hubiere lugar y no se tocaren inconvenientes, conservando oculto o publicando el nombre del autor según éste lo previniere. Todo el que deseare vender o comprar alguna casa, estancia, esclavos, hacienda, o cualquier otra cosa, avíselo en la mencionada Librería de D. Francisco Seguí, y sin que le cueste cosa ninguna se participará al público en uno de estos papeles. Sentiríamos sobre manera que alguno se figurase que nos dedicamos a escribirlos tan solo con la mira de evitar los fastidios de la ociosidad. No carecemos de ocupaciones capaces de llenar la mayor parte del tiempo. Aquellos ratos de descanso que es preciso sucedan a las tareas del estudio son los que sacrificamos gustosamente a nuestra Patria, como sacrificó los suyos el eloquente [sic] Tulio a su amigo Tito Pomponio Ático. Prefiera el amor de nuestra Patria a nuestro reposo: Havana tú eres nuestro amor, tú eres nuestro Ático: esto te escribimos no por sobra de ocio, mas por un exceso de patriotismo. Haec scripsi non oii abundantia, sed amoris ergate.» Los diez números que vieron la luz en 1790 tuvieron una periodicidad semanal. A partir del año siguiente salió dos veces a la semana, los jueves y los domingos. En el número correspondiente al 5 de febrero de 1792 el «Redactor» ofrece el público un «Discurso sobre el Periódico», en el que amplía los objetivos de la publicación: «Sería superfluo que yo digese [sic] qual [sic] debe ser el principal objeto del Periódico o Papel público. Creo que, fuera de lo que es vulgo, nadie lo ignora; y si hemos visto que en algunos se ha gastado lastimosamente el tiempo con meras puerilidades, esto no nace de ignorarse el fin de su instituto. A mi ver consiste en que hasta ahora no ha habido quien quiera dedicarse a introducir en ellos, a más de las noticias útiles, alguna materia continuada de las que ilustran el entendimiento o de algunas bellas invenciones honrosas a la Patria, e interesantes a los deberes de la Sociedad. Así se practica con el Periódico de Madrid y de otros pueblos civilizados. Atacar los usos y costumbres que son perjudiciales en común, y en particular corregir los vicios, pintándolos con sus propios colores, para que mirados con horror se detesten; y retratar en contraposición el apreciable atractivo de las virtudes, serían en mi concepto unos asuntos muy adecuados al objeto del Periódico. El Gobierno, que conociendo toda su importancia lo ha establecido y sostiene con laudable zelo [sic]; presenta un poderoso estímulo, y abre puerta bastante a los literatos para que introduzcan en él algunas útiles producciones, y las continúen. En este pueblo no faltan hombres de esta clase, cuya fortuna o bienes, y su vida privada les proporciona tiempo para dedicarse a esta tarea literaria. Sería pues de desear que algunos de estos individuos se uniesen a trabajar por semanas alternativamente, o según quisiesen acordarlo. Con el tiempo tendrían sin duda la satisfacción de ver alguna enmienda en las costumbres y vicios contra que declamasen, o la de entretener con utilidad, instruir o adelantar en otras materias de carácter estimable que quisiesen tomar por asunto. Siempre se sacaría alguna ganancia, y quando [sic] menos obtendrían justamente el aprecio y gratitud del Público unos ciudadanos cuyos discursos conspiraban al común beneficio.» Del año 1793 se han localizado solamente siete ejemplares. En ese año, al constituirse la Sociedad Patriótica de la Havana, Las Casas le cedió a dicha institución la dirección y administración del periódico. Se nombró una diputación integrada por Agustín de Ibarra, Joaquín Santa Cruz, Antonio Robredo y Tomás Romay, quienes, tuvieron a su cargo lo relacionado con la publicación; contó además con el aporte de José Agustín Caballero, que colaboró en la redacción del Papel desde su fundación. No se han visto números de los años 1794 y 1795. En el primero visto del año 1796, correspondiente al 3 de enero, aparece inmediatamente después del título de la publicación y de la fecha, el nombre de D. R. González, quien fue, según suponemos, el redactor en aquellos momentos. Varios autores coinciden en señalar que en el número 31 de 1797 (de este año no se ha visto ningún ejemplar) se insertó un nuevo plan de redacción, mediante el cual se dividía el trabajo entre un mayor número de socios y se encargaba a doce de ellos, que entraban por turno mensual, su realización. Para conocimiento del público se ponía en el encabezamiento del periódico el nombre del diputado redactor, aunque de esta forma ya aparecía, como lo hemos indicado, desde 1796, o quizás desde antes de ese año. Así, los individuos que compusieron la diputación del periódico en el año 1797 fueron: en enero, Don Alonso Benigno Muñoz; en febrero, Don Tomás Romay; en marzo, Don Juan González; en abril, Don Antonio Robredo; en mayo, Don José Agustín Caballero; en junio, Don Domingo Mendoza; en julio, Don José Antonio González; en agosto, Don Agustín de Ibarra; en septiembre, Don Nicolás Calvo; en octubre, Don Juan Manuel O'Farrill; en noviembre, Don Francisco de Arango y Parreño, y en diciembre, Don José Arango. En el número correspondiente al 13 de junio de 1799 se publicó en forma de suplemento una comunicación firmada por el secretario de la Real Sociedad Patriótica, Alfonso de Viana, en la que se explica que, después de emplear varios sistemas para asegurar la mejor organización del Papel Periódico, se habían tomado medidas. Dice textualmente lo siguiente: «La última [medida] fue encargar su redacción al cuidado de dos de sus socios de conocida literatura, que la han desempeñado por espacio de un año. Pero hallándose dichos señores [quizás se refiera a Romay, Caballero o Félix Varela] muy ocupados para seguir cumpliendo con tal obligación, la Sociedad Patriótica pedía que le presentasen, por memorial, solicitudes para la plaza fija de redactor, que tendría a su exclusivo cargo todo lo relacionado con la preparación de los números del Papel.» Obtuvo la plaza Manuel de Zequeira y Arango, quien comenzó sus labores el 14 de agosto de 1800. Diversos temas se abordaron en el Papel Periódico: morales y sociales, sobre educación, urbanismo, modas, cultura, espectáculos públicos, crítica social. Publicó poemas, discursos sobre diferentes materias, decretos oficiales, noticias del interior de la isla y de Europa, trabajos sobre ciencias físicas y naturales, nuevos descubrimientos científicos, observaciones meteorológicas. Colaboraron en sus páginas José María Peñalver, José Anselmo de la Luz, M. García, J. B. Galainena, y Manuel de Zequeira, quien firmó con los seudónimos El redactor, Armenan Queizel, Ezequiel Armuna, Anselmo Erquea y Gravina, Raquel Yum Zenea, Izmael Raquenue, El observador de la Habana y Z.M.Z. También aparecieron trabajos firmados con los seudónimos El amigo de los esclavos (seud. de José Agustín Caballero), Lisarda, El Forastero, El amigo del duende y Zamacola. El último número visto corresponde al 25 de abril de 1805. Al final de los volúmenes que contienen los números publicados en 1790, 1791 y 1792, aparecen los índices respectivos. Preparado por Fermín Peraza y Sarauza fue publicado un «Índice del Papel Periódico de La Havana», que apareció en la Revista Bimestre Cubana (La Habana, 51-67, 1943-1951). Compilado por Cintio Vitier, Fina García Marruz, Feliciana Menocal y Araceli García Garranza, miembros del Depto. de Colección Cubana de la Biblioteca Nacional «José Martí», se ha confeccionado también su índice, el cual se encuentra a disposición del público en dicho departamento. Continuación del Papel Periódico de la Havana fue El Aviso. Papel periódico de la Havana, cuyo primer número vio la luz el 2 de junio de 1805. Era redactado por Tomás Agustín Cervantes. Su periodicidad era trisemanal. En él aparecieron artículos costumbristas y sobre moral. Algunos trabajos sobre música, educación, teatros, también hallaron cabida en sus páginas, así como letrillas, fábulas, noticias de Cuba y de Europa, estadísticas, movimiento portuario, adelantos agrícolas y notas sobre ciencias e historia. Entre sus colaboradores figuran J. Hdez., Ramiro Nazito (seud. de Mario Ortiz), Patán Marrajo (seud. de J. B. de Arazoza), Manuel Zequeira, quien publicó unas décimas con su seudónimo El Marquez [sic] Nueyas, Ciriaco Arango, Miguel de Arriaga, el guatemalteco Simón Bergaño y Villegas, Juan Bernardo O'Gavan, Joseph Antonio de la Ossa y Tomás Romay. Su publicación se extendió hasta el 29 de diciembre de 1808. Fermín Peraza Sarauza preparó y publicó el Índice de El Aviso (1805-1808) (La Habana, Eds. Anuario Bibliográfico Cubano, 1944), correspondiente al tomo 5 de la colección Biblioteca del Bibliotecario, que él mismo dirigía. Sucesor de este periódico fue El aviso de la Habana. Papel periódico literario-económico, que comenzó el 1º de enero de 1809, con la misma periodicidad que el anterior y dirigido, igualmente, por Tomás Agustín Cervantes, quien firmaba sus trabajos con el seudónimo El redactor. Publicó los mismos materiales que su antecesor y los colaboradores fueron también los mismos. A ellos hay queagregar El reparón y Un patriota. Publicó algunas composiciones de los poetas españoles Juan Nicasio Gallego y Juan Bautista de Arriaza. En agosto de 1810 dejó de publicarse. El último ejemplar visto correspondió al día 19 de mes citado. Fermín Peraza Sarauza preparó y publicó el Índice del Aviso de la Habana (1809-1810) (La Habana, Eds. Anuario Bibliográfico Cubano, 1944), correspondiente al tomo 7 de la ya mencionada colección Biblioteca del Bibliotecario. Continuación de este periódico fue el Diario de la Habana, cuyo primer número salió el lº de septiembre de 1810. A lo largo de su existencia el título de esta publicación sufrió algunos cambios. Mantuvo el ya mencionado hasta el 22 de julio de 1812, año en que también amplió su formato. Se leía debajo del título: «Este periódico de la real Sociedad patriótica está destinado para la publicación de asuntos de oficio.» Fue Diario del Gobierno de la Habana desde el 23 de julio de 1812, con la siguiente caracterización: «Por la real Sociedad Patriótica, en que se publican todas las noticias y asuntos de oficio y otras materias literarias con arreglo, a su prospecto.» En 1820, alrededor del mes de abril, el título del periódico era Diario Constitucional de la Habana. Se lee Diario del Gobierno de la Habana en el número correspondiente al 10 de diciembre de 1823, aunque no puede precisarse si ésta es la fecha en que comienza con tal título, ya que se han visto números sueltos. Desde este fecha el formato se hace más pequeño. Entre el lº de febrero de 1825 y el 3 de febrero de 1848 se publicó con su título original de Diario de la Habana. Fue dirigido, de 1810 a 1816, por Tomás Agustín Cervantes; de 1816 a 1824 por José de Arazoza; de 1824 a 1831 por Antonia de la Cámara, viuda de Arazoza, y desde 1831 por José Toribio de Arazoza. Divididas las páginas del periódico en «Parte Oficial» y «Parte no oficial», además de algunas otras secciones, trató en la primera sobre comercio, política europea, movimiento del puerto, decretos, tribunales, asuntos económicos; en la no oficial aparecieron poemas, folletines, «Ramilletes habaneros» -especie de crónicas sobre la sociedad capitalina-, acontecimientos teatrales, noticias culturales de Europa, discursos, crítica literaria, artículos geográficos, históricos, científicos, de costumbres, sobre las sociedades de instrucción y recreo. Desde el año1836 dio a conocer en el número primero de cada año un resumen de los acontecimientos más notables del año anterior. A partir de 1840 aumentaron lo noticias de los pueblos del interior del país, que se detallaban en la sección «Boletín cubano», más tarde denominada «Correo de la Isla». Figuraron en sus páginas, además, comentarios sobre las literaturas europeas, biografías de hombres notables y un sin número de trabajos sobre vías de comunicación; guerras; piratería marítima; terremotos; huracanes; incendios; explosiones; grandes acontecimientos históricos, como las guerras napoleónicas, de independencia de América y la denominada guerra «carlista» de España. Colaboraron en sus páginas, además de otros muchos escritores, Ramón Vélez Herrera, J. F. Fresneda, Tomás Romay, Ildefonso Estrada y Zenea, Ramón de Palma, Manuel Orgallez, Narciso Foxá, Rafael de Cárdenas, Miguel Teurbe Tolón, El Lugareño (seud. de Gaspar Betancourt Cisneros), Gertrudis Gómez de Avellaneda, Felipe Poey, José Güell y Renté, Miguel de Cárdenas y Herrera (M. de C. y H.), Felicia (Virginia Felicia Auber). El último número publicado correspondió al 2 de febrero de 1848. José Andrés Martínez Fortún y Foyo ha publicado, en una edición mimeografiada, Diario de la Habana en lamano; índice y sumarios (años de 1812 a 1848) (La Habana, 1955). Sucedió a este periódico el titulado Gaceta de la Habana, cuyo primer número apareció el 3 de febrero de 1848. José Toribio de Arazoza, que fue su director, publicó en dicho número un artículo titulado «Al público», en el cual expresaba entre otras observaciones lo siguiente: «La munificencia de la escelsa [sic] Reina que rige hoy los destinos de nuestra magnánima Nación se ha dignado concederme la publicación de este periódico en los términos en que tengo el honor de ofrecerle al público de la Habana, con cuyo amparo comienza en este día, bajo el gobierno del ilustre General [se refiere a Leopoldo O'Donell], a quien tanto debe el país y a quien tanto tienen que agradecer cuantos por el orden legal se acojen [sic] a su protectora autoridad y benevolencia. Mi difunto padre D. José de Arazoza, cuya memoria es para mí tan honrosa, dedicó sus servicios a este público en la redacción del Diario de la Habana, y mientras estuvo a su frente mereció siempre la protección de las autoridades y la distinción general. Desde 1831 se sirvió mi señora madre encargarme la dirección de dicho periódico, y para desempeñarla no he hecho más que seguir la senda trazada por mi señor padre, cabiéndome por ello la honra de que tanto el Gobierno como el público me hayan dispensado las más altas consideraciones y otorgado el más cordial beneplácito. Y al ofrecer ahora mis servicios a este mismo público en la nueva empresa que tomo sobre mis hombros, a cuyo frente me ha colocado la inmensa bondad de nuestra augusta Reina, sólo me alienta la esperanza de que continuará dispensándome la misma protección que hasta aquí.» Y más adelante añade: «Nada me toca decir tampoco sobre la marcha del periódico. El mismo sistema de circunspección que ha observado el que hasta ahora he dirigido, será el que ha de seguir la Gaceta: y los colaboradores con que cuenta la Redacción me hacen esperar desde luego que en manera alguna se apartará el periódico de esta senda.» Hasta alrededor de mediados de 1864 el periódico, que continuó apareciendo diariamente, mantuvo la mismas características del Diario de la Habana. Siguieron las mismas secciones, los folletines y «Ramilletes», la «Parte oficial», la «Parte Judicial», la «Parte económica», y continuó publicando poesías y discursos. Se creó una nueva sección, «Ciencia, literatura y amenidades» que trataba sobre diferentes asuntos culturales y de actualidad. También apareció «Gacetín local», «Gacetín religioso» y «Variedades». Los colaboradores fueron, en general, los mismos, aunque a sus nombres hay que agregar los de Antonio E[nrique] de Zafra y Wenceslao de Sotolongo, entre otros. A mediados de 1864, como ya hemos señalado, fueron escaseando las colaboraciones literarias, hasta convertirse la Gaceta en un diario puramente de información oficial, circunscrito a las diferentes actividades de gobierno. Entre 1898 y 1902 salió el periódico con texto en inglés y en francés; ese último año su título varió a Gaceta oficial de la República de Cuba, con el subtítulo de «periódico oficial del Gobierno de la República de Cuba. En ese mismo año asumió su dirección Rafael de Arazoza y Verdugo. Continuó apareciendo ininterrumpidamente hasta 1968. Con posterioridad ha visto la luz con,una frecuencia irregular. Mantiene su característica de publicación dedicada a dar a conocer las leyes, disposiciones, acuerdos, etcétera, del gobierno de la República de Cuba. BIBLIOGRAFÍA Chacón y Calvo, José Ma. «Los orígenes de la poesía en Cuba», en sus Ensayos de literatura cubana. Madrid, Editorial Saturnino Calleja, 1922, p. 13-82; «La Poesía honciona en el Papel Periódico», en El periodismo en Cuba. Libro conmemorativo del Día del Periodista. La Habana, Imp. Pérez Sierra, 1941, p. 59-63. Gay-Calbó, Enrique. «Los redactores del Papel Periódico» en El Nuevo Mundo. Suplemento del periódico El Mundo. La Habana, 2 (52): 2, nov. 24, 1940. Lazo, Raimundo. «El sesquicentenario del Papel Periódico de la Habana», en Revista Iberoamericana. México, 3 (5): 117-121, feb., 1941. Le Riverend, Julio. «La economía de transición en el Papel Periódico», en El Nuevo Mundo. Suplemento del periódico El Mundo. La Habana, 2 (52): 2, nov. 24, 1940. Llaverías, Joaquín. «La fundación del Papel Periódico», en El Nuevo Mundo. Suplemento del periódico El Mundo. La Habana, 2 (52): 2, nov. 24, 1940. Peraza, Fermín. «El Papel Periódico de la Havana», en Bibliography. Washington, 2a. época, 8 (4): 368-378, oct.-dic., 1958. Portuondo, José Antonio. «La crítica literaria en el Papel Periódico de la Havana», en El Nuevo Mundo. Suplemento del periódico El Mundo. La Habana, 2 (52): 2, nov. 24, 1940. Roig de Leuchsenring, Emilio. La literatura costumbrista cubana de los siglos XVIII y XIX. T. 1. Los periódicos: el Papel Periódico de la Havana. T. 2. Los Periódicos: los continuadores del Papel Periódico. La Habana, Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, 1962 (Colección histórica cubana y americana, 23 y 24). Roig de Leuchsenring, Emilio, y otros. El sesquicentenario del Papel Periódico de la Habana. La Habana, Municipio de la Habana, 1941 (Cuadernos de historia habanera, 20). PARRADO, Gloria (Cascorro, Camagüey, 17. 1. 1927). En 1941 comenzó a escribir poemas y cuentos. Terminó sus estudios en la Escuela Profesional de Comercio en 1946. Viajó a los Estados Unidos (1951-1952). En 1954 escribe su primera obra de teatro. Formó parte de un círculo teatral de Nuestro Tiempo. Sus piezas Juicio de Aníbal (1958), La espera (1959), La brújula (1959 y 1961), Arriba, arriba (1961), etcétera, fueron repre. sentadas en teatros de La Habana. Obtuvo mención en el Concurso Casa de las Américas de 1961 por su obra La paz en el sombrero. Publicó cuentos y artículos en Revolución. Ha tomado cursos sobre dirección teatral y actuación. Trabajó en el Teatro Nacional y en el Departamento de Asesoría Literaria del CNC. Desempeñó el cargo de dramatista en la Dirección de Teatro del CNC. Es autora del guión cinematográfico Papeles son papeles (1966). BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Teatro. La Habana, Eds. Unión, 1966. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Estorino, Abelardo. «Teatro de Gloria Parrado», en Unión. La Habana, 5 (3): 168-170, jul.-set., 1966. Leal, Rine. «La brújula» y «Dos estrenos en la Sala Arlequín», en su En primera persona (1954-1966). La Habana, Instituto del Libro, 1967, p. 117-119 y 128-130, resp. PARREÑO, José Julián (La Habana, 11.12.1728-Roma, 1.11.1785). Tío de Francisco de Arango y Parreño. En 1743 se trasladó a México e ingresó en la Compañía de Jesús. Fue profesor en el Instituto San Ignacio de Loyola (1745). Fue profesor de retórica en 1754. Enseñó filosofía en el Colegio máximo de San Pedro y San Pablo (1756) y teología en el Colegio de San Ildefonso de Puebla. Se fue a Italia en 1767 y continuó estudios en Roma.Se destacó en la oratoria sagrada, de la que se le considera reformador. Falleció en el convento Val-humbrosa. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Funerales de ta ciudad de México a la Sra. Reina Da. María Amalia. México, 1761. El ilustre y Real Colegio de Abogados, patrón de las causas y derechos de Ntra. Señora de Guadalupe. Sermón que en la primera fiesta a su Titular dixo el día 3 de diciembre de 1761. México, Real Colegio de San Ildefonso, 1762. Panegírico de Nuestra Señora de Guadalupe de México, en la primera tiesta que celebraron los abogados como a su especial patrona. México, 1762. Eloquientiae praecepta. Romae, 1778. Novena en honra de Nuestra Señora de los Dolores, que con el renombre de las Aguas, venera el religiosísimo Convento Real de Jesús María de esta Ciudad de México, en donde un singular milagro dio motivo a esta advocación. México, Herederos de Felipe de Zúñiga y Ontiveros, 1794. Anales de cuatro años desde 1782 hasta 1785 [¿s.l., s.a.?]. Carta a los Sres. habaneros, sobre el buen trato de los negros esclavos. Roma [s.a.]. Certamen poético para noche de Navidad de 1754, proponiendo al niño jesús bajo la alegoría de cometa [México, s.a.?]. De scribendi cacohete. Romae [s.a.?]. Expositio librorum Melchioris Cani de locis theologicis [s.l., s.a.?]. Historia Concilii Chalcedomencis [¿s.i., s.a.?]. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Cavo, Andrés. De vita Josephi Juliani Parreuni Havanensis. Romae, Ex officina Salomoniana, 1792. Decorme, Gerard. La obra de los jesuitas mexicanos durante la época colonial. 1572-1767 (Compendio histórico). T. l. Funciones y obras. México, D. F., Antigua Librería Robredo de J. Porrúa, 1941. Pimental, Prancisco. «Padre José Julián Parreño, en su Obras completas. T. 5. México, D. F., Tipografía Económica, 1904, p. 392-393. Pasatiempo, El (Matanzas, 1833-1834). Revista. El Primer número correspondió al 7 de diciembre. Afirma Israel M. Moliner en la página 6 de su índice cronológico de la prensa en Matanzas (Matanzas, Imp. García, 1955) que su director fue Antonio C. Ferrer y que se imprimía en la imprenta de Tiburcio Campe. En la revista no hemos encontrado el nombre de Ferrer en ningún sitio. El de Campe sí figura, además de como impresor, como editor de la publicación e incluso todas las notas que aparecen dirigidas «al público» están firmadas por él. Cada número expresaba: «Este periódico se publica todos los sábados, y se reparte gratis a los señores que están abonados en Matanzas al Diario de la Habana.» Posteriormente su periodicidad fue bisemanal. Se señalaba en el primer ejemplar: «A la parte política seguirán variedades, anécdotas y artículos de literatura. En esta última clase daremos lo nuevo y mejor que llegue a nuestra manos; y en las otras traduciremos de los impresos estranjeros [sic] lo que más puede escitar [sic] el interés de los lectores.» Y más adelante se exponía: «Para llenar el lugar destinado a la poesía, hemos rogado a Desval, Dorilo y Delio, nuestros amigos, se encarguen de llenar los deseos del público que aplaude sus trabajos felices [...]. Daremos también las noticias que convengan al comercio: anunciaremos la salida y entrada de buques, los sobordos de éstos y los precios corrientes de la plaza. En noticias políticas todos los sábados haremos un resumen de las que se hayan recibido en la semana. En todo prometemos exactitud y veracidad; y cuando se agoten nuestros materiales o nos falten las fuerzas para seguir en la obra, con franqueza y respeto lo diremos así a nuestro juez, que es el público.» Publicó traducciones, anécdotas de carácter histórico, poemas, máximas y pensamientos, trabajos que reflejaban la situación política de España, cuentos, narraciones, crítica y teoría literaria y modas. La mayoría de las colaboraciones están firmadas con seudónimos: Delio (seud. de Francisco Iturrondo), Desval (seud. de Ignacio Valdés Machuca), Dorilo (seud. de Manuel González del Valle), Dulcidio, Dalmiro, Plácido (seud. de Gabriel de la concepción Valdés), de quien señala Moliner en su ya mencionado trabajo que fue precisamente en esta revista donde publicó sus primeros poemas, Fileno (seud. de Anacleto Bermúdez), Antriso (seud. de Diego Fernández Herrera), Ben-Alí, Coridon y Floralbo. Se hacen constar las colaboraciones de José Victoriano Betancourt y Ramón Vélez Herrera. En el número 54, correspondiente al 31 de julio de 1834, aparece una nota de Tiburcio Campe en la que señala que dejaría la dirección del periódico, por motivos de enfermedad, en manos de «varios señores que se han prestado a mis súplicas». Añade también que los nuevos redactores editarán próximamente El Pasatiempo en La Habana, «... sin que por ello deje de seguir repartiéndose en Matanzas [...]». Anunciaba un amplio plan de mejoras y modificaciones. Todo parece indicar que Campe no abandonó la dirección del periódico, pues en el último nútilero Publicado (72), correspondiente al 30 de septiembre de 1834, señala en una nota «Al Público» lo siguiente: «Desde hoy suspendo la publicación de este periódico, porque no puedo consagrarme a él, a causa de que mis enfermedades continúan [...].» Señala que «Los individuos que tomaron parte en la empresa desde el mes anterior, tienen hoy atenciones de importancia más grave, y ya no les es posible seguir honrándome con su poderosa ayuda». Aclara además que no ha tenido ningún problema con el gobierno, tal y como algunos comentaron, y que la única razón de suspender la publicación es por sufrir «padecimientos tan agudos como prolongados». Al final de la nota afirma que una vez mejorada su salud dará «principio a otro periódico que, con la aprobación del escelentísimo [sic] señor capitán-general, y con el título de Diario de Avisos, saldrá en la Habana desde el lº de noviembre próximo [...]. Antonio Bachiller y Morales anota en la página 233 del tomo 2 de su obra Apuntes para la historia de las letras y de la instrucción pública en la isla de Cuba (La Habana, Academia de Ciencias de Cuba. Instituto de Literatura y Lingüística. 1971) que «Fue el primer periódico que se ocupó de las cuestiones políticas a que daba lugar la guerra civil y tuvo una extensa suscripción en la capital». Entre los números 38 y 39 la revista publicó una hoja impresa que contiene un índice de los trabajos aparecidos en los primeros treinta y ocho números publicados. Patria (New York, 1892-1898). Periódico fundado y dirigido por José Martí. El primer número correspondió al 14 de marzo, y en él se insertó un artículo-programa debido al propio Martí y titulado «Nuestras ideas», en el que se expresaba, entre otras consideraciones: «Nace este periódico por la voluntad y con los recursos de los cubanos y puertorriqueños independientes de New York, para contribuir, sin premura y sin descanso, a la organización de los hombres libres de Cuba y Puerto Rico, en acuerdo con las condiciones y necesidades actuales de las Islas, y su constitución republicana venidera; para mantener la amistad entrañable que une, y debe unir, a las agrupaciones independientes entre sí, y a los hombres buenos y útiles de todas las procedencias, que persistan en el sacrificio de la emancipación, o se inicien sinceramente en él, para explicar y fijar las fuerzas vivas y reales del país, y sus gérmenes de composición y descomposición, a fin de que el conocimiento de nuestras deficiencias y errores, y de nuestros peligros, asegure la obra que no bastaría la fe romántica y desordenada de nuestro patriotismo; y para fomentar y proclamar la virtud, dondequiera que se le encuentre. Para juntar y amar, y para vivir en la pasión de la verdad, nace este periódico. Más adelante explica que «La guerra es un procedimiento político, y que este procedimiento de la guerra es conveniente en Cuba, porque con ella se resolverá definitivamente una situación que mantiene y continuará manteniendo perturbada el temor en ella, porque por la guerra, en el conflicto de los propietarios del país, ya pobres y desacreditados entre los suyos, con los hijos del país, amigos naturales de la libertad, triunfará la libertad indispensable al logro y disfrute del bienestar legítimo». También señala que «...este periódico viene a mantener la guerra que anhelan juntos los héroes de mañana, que sacaron ilesa de la lección de los diez años su fe en el triunfo; la guerra única que el cubano, libre y reflexivo por naturaleza, pide y apoya, y es la que, en acuerdo con la voluntad y necesidad del país, y con las enseñanzas de los esfuerzos anteriores, junte en sí, en la proporción natural, los factores todos, deseables o irremediables de la lucha inminente [...].» En un suelto aparecido en el propio número, y en el que se advierte asimismo el estilo de Martí, se expresa que Patria «...Es un soldado. Para el adversario mismo será parco de respuestas y en vano se le querrá atraer a escaramuzas inútiles, porque cada línea de los periódicos de la libertad es indispensable para fundarla: aun el adversario hallará en nosotros más bálsamo que acero. El arma es para herir, y la palabra para curar lo heridas. Pero en nuestro campo no reconocemos adversario: Nuestra virtud nos escucha, y nos envolvemos en ella». Y resalta que «Con cariño de hermano, y con el respeto con que se han de mover en esta hora solemne de creación las cosas públicas, nos ponemos el lado de los periódicos que mantienen con tesón indómito, y con sacrificio y desinterés, la independencia de la patria». En otra parte de dicho primer número aparece un artículo en el que se explica el lema del periódico y el carácter que tendrían los trabajos que en él se insertarían. Se expresa lo siguiente, entre otras ideas: «Ni los tiempos nos han cansado, ni las equivocaciones, y en cuanto en estas columnas aparezca se habrá de ver el sosiego de quienes no tienen más consejero que la devoción al país, ni más premio que el que ordena, en horas difíciles, la indispensable vigilancia. Todo lo vemos, y a todo estamos. Reunidos en un mismo espíritu los batalladores de siempre, los de la guerra y los de la emigración, los recién llegados y los infatigables, los de una y otra comarca, los de una y otra edad, los de una ocupación y otra, buscamos lema para este periódico de todos y le llamamos Patria.» Se destaca además que en él escribirán «...el magistrado glorioso de ayer y los jóvenes pujantes de hoy, el taller y el bufete, el comerciante y el historiador, el que prevé los peligros de la república y el que enseña a fabricar las armas con que hemos de ganarla. En Patria publicaremos «La situación política» que refleje, de adentro y de afuera, cuanto cubanos y puertorriqueños necesitan saber del país; los «Héroes» que nos pintarán los que no se han cansado aún de serlo; los «Caracteres» de nuestro pueblo, de lo más pobre como de lo más dichoso de la vida, para que no caiga la fe de los olvidadizos; la «Guerra», o crónica de ella, en relación unas veces, en anécdotas otras, por donde a chispazos se vea nuestro poder en la dificultad y nuestra firmeza en la desdicha; la «Cartilla Revolucionaria», donde se enseñará, desde el zapato hasta el caer muerto, el arte de pelear por la independencia del país: a vestirse, a calzarse, a curarse, a fabricar cápsulas y pólvora, a remendar las armas. Contará Patria los trabajos y méritos de los puertorriqueños y cubanos, y la vida social de los ricos y de los pobres. Se verá la fuerza entera del país en sus páginas. Y cuanto en Patria se escriba ha de nacer del deseo de aprovechar, con el don inevitable de la palabra, la acción rápida en que será posible y necesario el silencio, no del prurito femenil que en la ocasión gloriosa no ve más que la tribuna floreada o las palmas envanecedoras. En la fundición habla el obrero sobre el mejor modo de fundir la espada». Patria, además de incluir muchas noticias procedentes de los clubes revolucionarios en la emigración, contó con los artículos de fondo redactados Por Martí, aunque la mayoría no aparecían firmados. En ellos está presente la lucha desplegada por los cubanos a favor de la causa independentista, la postura clara y enérgica de Martí contra el autonomismo y el anexionismo y su preocupación por unir a los revolucionarios. Junto con Martí figuraron además como redactores del periódico, Tomás Estrado Palma, Benjamín Guerra, Manuel Sanguilly, Gonzalo de Quesada y Aróstegui, el puertorriqueño Sotero Figueroa, Manuel de la Cruz, Francisco de Paula Coronado y Manuel Moré. También fueron redactores Juan Fraga, Emilio Leal, Abelardo Agramonte, Federico Sánchez, Rafael Serra y Ramón Luis Mirando. En cuanto a su periodicidad, primero fue semanal, y desde el 5 de octubre de 1895 (número 183) hasta su desaparición, bisemanal. La administración de Patria fue ocupada, sucesivamente, por J. A. Agramonte, F. L. Peña, D. Rosell, Gonzalo de Quesada, Sotero Figueroa, Enrique José Varona, Enrique Hernández Miyares, Luis Garzón Duany y Manuel Moré. En el ejemplar de Patria correspondiente al 17 de junio de 1895 (número 166)apareció una nota de última hora que en forma lacónica expresaba: «Al entrar en prensa el presente número recibimos la cruel certidumbre de que ya no existe el Apóstol ejemplar, el maestro querido, el abnegado José Martí. Patria, reverente y atribulada, dedicará todo su número próximo a glorificar al patriota,a enaltecer el inmortal.» Ocupó entonces la dirección del periódico Enrique José Varona, quien apareció como tal a partir del número 189, correspondiente al 23 de octubre de 1895. Se mantuvo en el cargo hasta la primera quincena de agosto de 1897, pues en el número 318 de fecha 25 de agosto de dicho año, aparece como editor responsable Eduardo Yero Buduén. Varona quedó formando parte principal de la redacción casi hasta el final del periódico. En el número 495 (28 de septiembre de 1898) apareció una nota en la que se informaba que «Por tener que ausentarse para Santiago de Cuba el señor Eduardo Yero Buduén, cesa desde hoy en su cargo de Editor de Patria». No hay constancia de quién sustituyó a Yero en la dirección del periódico, aunque Tomás Estrado Palma, en su carácter de delegado del Partido Revolucionario Cubano, había asumido la dirección y administración del periódico desde tiempo antes. Al ausentarse Enrique José Varona de los Estados Unidos, en septiembre de 1898, su función en Patria, que consistía en redactar los editoriales, pasó a ser ocupada por Nicolás Heredia, quien se mantuvo con tal responsabilidad -y no con la de director, como se ha dicho en algunas oportunidades-, hasta el fin de la publicación. A partir del número 168 (2 de julio de 1895) se expresaba, en la parte inferior del título, «Periódico fundado por José Martí», y desde el número 176 (24 de agosto de 1895) en adelante: «Órgano oficial de la Delegación del Partido Revolucionarío Cubano. Periódico fundado por José Martí.» Como ya se ha expresado, Patria tuvo varias secciones fijas. Una de ellas estaba dedicada, permanentemente, a publicar las Bases del Partido Revolucionario Cubano y los miembros de su Directorio. En otra se insertaban comunicados de interés general, relacionados con las asociaciones del Partido Revolucionario Cubano. También mantuvo las secciones «Algo de todo», «Las noticias», «Pinchazos», «Tiquis miquis». «Fuego graneado» y «Notas de la colonia». Patria publicó también suplementos en hojas sueltas con discursos de Martí, Carlos Roloff, Carlos Baliño, trabajos de Rafael Ma. Merchán, Fidel G. Pierra, partes de operaciones militares, caricaturas de Ricardo de la Torriente, etcétera. Aparecieron, en varias oportunidades, folletines que divulgaron las constituciones de Estados Unidos y Centro y Suramérica. Otros colaboradores de Patria fueron Fermín Valdés Domínguez, Enrique Loynaz del Castro, F[rancisco] J[avier] Cisneros, Augusto de Armas, José de Armas y Cárdenas, Carlos A. Boissier, Carlos Baliño, Francisco Javier Balmaseda, Luis Alejandro Baralt, Juan Bellido de Luna, Bonifacio Byrne, Esteban Borrero Echeverría, Néstor L. Carbonell, Carlos de la Torre, Antonio y Francisco Selén, Lola Rodríguez de Tió, Martín Morúa Delgado, Domingo Méndez Capote, Enrique Villuendas, Diwaldo Salom, Ramón Meza, Perfecto Lacoste y Alfredo Zayas. Muchas colaboraciones aparecieron firmadas con los seudónimos Yucayo, Turquino, Uno que ve claro, Nemo (seud. de Alfredo Zayas), Jiquí, Justus, El corresponsal, Un expedicionario Jicarita, Cacarajícara (seud. de Enrique HernándezMiyares) y Un autonomista desencantado. El último número publicado fue el 522, y correspondió al 31 de diciembre de 1898. Se despidió del público con un artículo de Nicolás Heredia titulado «Obra terminada», en el que se decía, entre otras cosas: «La notable circular publicada no hace muchos días en este sitio por el Ministro Plenipotenciario de la República y Delegado del Partido Revolucionario Cubano, ha sido la señal para la disolución de todos los organismos que en los países extranjeros han venido trabajando con armoniosa actividad y desinterés nunca excedido en la obra titánica de la independencia de la patria. Vértebra importantísima de esos organismos, esta publicación iniciada el 14 de marzo de 1892, sigue la ley común y en el presente número, último de su colección, dirije [sic] un adiós expresivo y cariñoso a sus lectores. Mas noes, por cierto, la amarga despedida de los que, al dejar de vivir, se llevan al sepulcro la sombra melancólica de un ensueño evaporado o de alguna ilusión desvanecida, completando con la muerte moral el forzoso de su existencia material. Patria no concluye de ese modo. Fundada por el inmortal José Martí como instrumento de una aspiración acariciada por la inmensa mayoría de los cubanos, al verla convertida en realidad -y precisamente en el momento en que se baja de la fortalezas de la Habana la bandera de Castilla- pone fin a sus tareas como el guerrero pone el hierro en la vaina al ver a su enemigo derribado.» Joaquín Llavería incluye, en las páginas 104 y 112 de su trabajo «Los periódicos de Martí», aparecido en Boletín del Archivo Naciond (La Habana, 27 1-6), ene.-dic., 1928), un índice que contiene las firmas, seudónimos y anagrama de todos los que colaboraron en esta publicación. Incuestionablemente, la labor desarrollada por el periódico Patria en el seno de la emigración cubana en los Estados Unidos y en gran parte del Caribe y del continente suramericano, su decidida orientación latinoamericanista de alcance continental, la unidad inquebrantable con que nucleó a las filas revolucionarias y su demostrada intransigencia ante el problema de la libertad de Cuba, constituyeron factores fundamentales de la Revolución organizada por Martí y el Partido Revolucionario Cubano. BIBLIOGRAFÍA «Cómo nació el periódico Patria», en Bohemia. La Habana, 61 (6) :4-9, feb. 7, 1969). Leygonier, José. «A 75 años de distancia. Patria, el último periódico que fundó el apóstol Martí», en El Mundo del Domingo. Suplemento del periódico El Mundo. La Habana, : 10-11, mar. 12, l967. Llanes Miqueli, Rita. El periódico Patria como expresión del programa y las doctrinas del Partido Revolucionario Cubano. La Habana, Consejo Nacional de Cultura. Centro de Documentación, 1975 (Monotemática, 8). Llaverías, Joaquín. Los periódicos de Martí. Con una carta de los doctores Francisco de Paula Coronado y Emeterio S. Santovenia, de la Academia de la Historia de Cuba. La Habana, Imp. Pérez Sierra, 1929, p. 71-125. Quesada y Miranda, Gonzalo de. «Patria de New York», en Universidad de la Habana. La Habana, 30 (177): 115-133, ene.-feb., l966. Ripoll, Carlos. Patria: El periódico de José Martí; Registro general (1892-1895). New York, Eliseo Torres & Sons, 1971. Vignier, Enrique. «Patria: una trinchera de ideas», en Revolución y Cultura. La Habana, (29): [s.p.] ene., 1975. PATRIA (V. Boletín de la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano) Patria Libre, La (La Habana, 1869). Semanario democrático-cosmopolita. El primero y único ejemplar publicado correspondió al 23 de enero. Las investigaciones realizadas en torno a este periódico han permitido concluir que el mismo fue dirigido por José Martí y que éste no es el autor del artículo de fondo con que se inicia la publicación, el cual apareció sin firma. En dicho artículo se expresa, entre otros comentarios: «No haya temor de que pensemos como vulgarmente se cree, que el pedazo de tierra en que hemos nacido constituya para nosotros la patria. Educados en la regeneradora escuela del Salvador, la palabra patria pierde para nosotros toda significación desde el momento en que no encontramos en ella amor, libertad, fraternidad. En la esfera de los principios, la tolerancia nos lleva hasta la abnegación, y poco importa que el que estreche nuestra mano haya nacido aquende o allende los mares. Podremos no convenir alguna vez en la forma que se dé al desenvolvimiento en la vida práctica a cualquiera de los principios que forman el símbolo de un pueblo libre, y por lo tanto progresista; pero de seguro que para resistir a la oposición que se nos haga, no habremos de apelar ni a la violencia ni a la injuria, pues antes que caer en ese delito de lesa libertad preferiremos siempre guardar el más profundo silencio.» Y señalan: «Firmes en nuestras creencias, ni habremos de volver la espalda como el soldado que cobardemente abandona su puesto en la hora del peligro, ni habremos de renegar de la razón, aceptándola humildemente siempre que no sea la fuerza, ni la violencia las que nos la impongan. Queremos la razón con la razón, y a ella habremos de apelar hasta que, agotada nuestra paciencia la pasión sea el árbitro supremo de nuestras acciones.» Y termina el artículo con esta exhortación: «Trabajemos todos como hermanos sin rivalidad y sin odios por convertir en verdad eterna lo que hoy parece mentira efímera. Unamos nuestros brazos y corazones para ser más fuertes; porque aunque la tierra de Promisión está muy cerca el camino es escabroso y, podemos no llegar si la tea de la discordia y no la de la fe es la que guía nuestros pasos. El amor, la libertad, la fraternidad, esa es la Patria.» Entre otros trabajos que aparecen figuran «La última razón». «¿Por qué la revolución tiene derecho al orden?» -ambos de contenido patriótico- y «Lógica marinera», que refuta un editorial del Diario de la Marina. Las dos últimas páginas del periódico están destinadas a reproducir el poema dramático Abala, de José Martí.BIBLIOGRAFÍA Giralt, José A. «Martí y La Patria Libre», en Bohemia. La Habana, 22, 22 (4): 17 y 62, ene. 26, 1930. Llaverías, Joaquín. Los periódicos de Martí. Con una carta de los doctores Francisco de Paula Coronado y Emeterio S. Santovenia, de la Academia de la historia de Cuba. La Habana, Imp. Pérez Sierra, 1929. Roig de Leuchsenring, Emilio. «Los dos primeros periódicos de Martí y los únicos publicados en La Habana», en Bohemia. La Habana, 60 (36): 8-10, sep. 6, 1968. Patriota Americano, El (La Habana, 1811-1812). Obra periódica por tres amigos, amantes del hombre, la patria y la verdad. El primer número correspondió al mes de enero. Fue redactado por Simón Bergaño (Veristasphilo y Philalethes), José del Castillo (Patriophilo y Philopatris) y Nicolás Ruiz (Philantropo y Homophilo), según aparece en las notas manuscritas insertadas en el primero y el segundo tomo de la colección consultada, que perteneció a la biblioteca de Vidal Morales. La primera nota hace referencia a los seudónimos Philalethes, Philopatris y Philantropo, pero la segunda -firmada por J. G. C., quien, según afirma Llaverías en la página 51 del tomo 2 de su obra Contribución a la historia de la prensa periódica (La Habana, Talleres del Archivo Nacional de Cuba, 1959), era José Gabriel del Castillo- señala a cada redactor con los dos seudónimos respectivos arriba señalados. Afirma Jacobo de la Pezuela, en la página 34 del tomo 1 de su Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la isla de Cuba (Madrid, Imp. del Establecimiento de Mellado, 1863), que en la redacción de la publicación tomaron parte también Francisco de Arango y Parreño y su primo José Arango. Se publicaron dos tomos. El primero constó de 24 números y el segundo de 32. Según Pezuela en su citada obra, veía la luz una vez a la semana, aunque una nota aparecida al final del tomo primero anunciaba que en el tomo 2 saldrían «dos notas de a pliego cada semana». En la «Advertencia» aparecida en el primer ejemplar se lee, entre otras cosas, lo siguiente: «Las materias serán varias, pero siempre relativas a la reforma general del estado, y en particular de esta preciosa isla, de cuya historia política y natural, presentaremos algunos ensayos útiles a la prosperidad.» En la «Advertencia» insertada a comienzos del segundo tomo se expone: «Tres son los objetos principales que nos proponemos en la publicación de esta obra, a saber: lº presentar todos los materiales útiles y curiosos que encontremos y que se nos remitan, para formar con ellos una historia completa de esta isla. 2º dar lo más selecto de cuanto llegue a nuestras manos sobre moral, política y literatura. 3º que el mérito de las materias que insertamos, no dependa sólo de las circunstancias.» Esta pequeña publicación editada durante uno de los periodos en que España dio a Cuba libertad de imprenta, resulta de gran valor. En ella aparecieron, por primera vez, datos estadísticos referentes a Cuba, además de artículos sobre leyes, política, economía, moral, historia, comercio, filosofía y legislación. Reprodujo varios capítulos de la historia de Cuba de José Martín Félix de Arrate. En la página 200 del tomo 2 de su Apuntes para la historia de las letras y de la instrucción pública en la isla de Cuba (La Habana, Instituto de Literatura y Língüística. Academia de Ciencias de Cuba, 1971), Antonio Bachiller y Morales señala: «Es sin duda el mejor periódico de su especie publicado hasta entonces en la Habana.» Comenta Pezuela, en la misma página de su ya citado libro, lo siguiente: «Los vicios de la legislación y la administración de las posesiones ultramarinas, se vieron combatidos con tanto vigor como decoro en muchos artículos notables, y en otros, hasta la historia de la isla empezó a desentrañarse con escelentes [sic] glosas y deducciones de las viejas crónicas de Arrate y de Urrutia. Pero aun no estaba preparada la masa del público habanero para esas lecturas serias y juiciosas.» En el último número publicado, correspondiente al mes de diciembre, aparece una «Advertencia» en la que se señala: «Con este número concluimos el 29 tomo del Patriota Americano. Intentábamos continuar esta obra, a lo menos hasta acabar de publicar las noticias y memorias que tenemos sobre la isla de Cuba, que seguramente agradarían. Pero el corto número de los que nos han favorecido, aun que [sic] por una pone lisongea [sic] nuestro amor propio por ser casi todos de las personas más conocidas en esta ciudad por su buen gusto, instrucción y talento, sin embargo no es suficiente a cubrir los costos de imprenta &c. Esta circunstancia nos prueba que aún no ha llegado época propia para esta clase de obras.» Y más adelante: Con todo el deseo de servir a la patria, y nuestro agradecimiento a los señores subcriptores [sic] por la liberalidad con que nos han favorecido, nos obliga a dexar [sic] la subscripción [sic] abierta, resueltos a volver a la empresa por difícil y penosa que sea, siempre que haya un número de subscriptores [sic] suficiente.» Carlos M. Trelles inserta, en la página 75 del torno 1 de su Bibliografía Cubana del Siglo XIX (Matanzas, Imp. de Quirós y Estrada, 1911), una relación de los capítulos publicados. Bajo la responsabilidad de Araceli García Carranza se ha confeccionado su índice, que puede ser consultado en las gavetas de la hemeroteca del Depto. de Colección Cubana de la Biblioteca Nacional «José Martí». PATRONATO DEL TEATRO Fue fundado en La Habana en mayo de 1941. Según expresa Natividad González Freire en la página 27 de su Teatro cubano (1927-1961) (La Habana, Ministerio de Relaciones Exteriores, 1961). «Surgió esta institución con el deliberado propósito de propiciar el teatro moderno, escogiendo los mejores autores -de reconocido valor mundial y contemporáneo para sus representaciones» Se representaron también piezas de autores cubanos no comprometidos con el teatro comercial. Entre sus fundadores figuraron Luis Alejandro Baralt, Rafael Suárez Solís, Francisco Ichaso, y José Manuel Valdés Rodríguez. Organizó también concursos anuales como estímulo a los autores nacionales. En sus inicios, las representaciones teatrales eran exclusivas para los socios de la institución y se efectuaban primero en el teatro América y luego en el Auditórium (hoy «Amadeo Roldán»). Posteriormente se representaron las obras para el público en general. En la Sala Talía comenzaron a representar funciones diarias, que se caracterizaron por sus buenos montajes y recursos escenográficos notables, ya que contaron con ciertas posibilidades económicas que les facilitaron la contratación de un equipo de técnicos competentes. Crearon desde 1946 el Premio Talía, que era entregado a las más notables actuaciones del año. Como expresa Max Henríquez Ureña en la página 391 del tomo 2 de su Panorama histórico de la literatura cubana (La Habana, Edición Revolucionaria, 1967), «Esta institución es la que alcanza más larga vida entre todas las que fueron creadas con el mismo propósito». Hacia 1957 comenzó a decaer. Al triunfo de la Revolución sus actividades fueron transferidas al Consejo Nacional de Cultura. BIBLIOGRAFÍA Ramírez, Arturo. «El Patronato del Teatro en el cuarto aniversario de su fundación», en Carteles. La Habana, 27 (6): 30-31, jun. 6, 1946. 9 Varona, E. A. de. «Un aniversario», en Artes. La Habana, 1 (2): 8, jul., 1944. PAVÓN TAMAYO, Luis (Holguín, Oriente, 31. 3.1930). Cursó la primaria y el bachillerato en su pueblo natal. Desempeñó diversos trabajos, entre ellos el de profesor de literatura. Se graduó de abogado en la Universidad de la Habana en 1955. Tomó parte activa en movimientos estudiantiles y juveniles. Participó en la lucha contra la tiranía de Batista como militante de la Juventud Socialista. Publicó poemas y diversos trabajos en publicaciones clandestinas. Fue detenido en varias ocasiones por sus actividades revolucionarias. Al triunfo de la Revolución, en 1959, desempeñó funciones en los Tribunales Revolucionarlos. Fue jefe de redacción. y más tarde director de la revista Verde Olivo, de la Dirección Política de las FAR. Ha colaborado en Unión, Mujeres y Cuadernos Hispanoamericanos. En 1966 ganó el Premio Granma con su libro de poemas Descubrimientos. Entre 1967 y 1969 fue profesor de la Escuela de Periodismo de las FAR. Ostentó el grado de capitán de las FAR. Ha viajado a la Unión Soviética, República Popular China, Bulgaria, Canadá, Checoslovaquia y Alemania. Director del Consejo Nacional de Cultura. Algunos de sus artículos han sido traducidos al ruso, al inglés y al italiano, y sus poemas al inglés y al francés. BIBLIOGRAFÍA Selección de poesías. Pról. del Dr. Francisco García Benítez. Holguín (Oriente), Gobierno Municipal Revolucionario. Dirección de Cultura 1960. || Descubrimientos. La Habana, Eds. Granma, 1967. Pay-Pay (La Habana, 1913- ? ). Revista gráfica semanal. El primer número publicado correspondió el 24 de julio. Era dirigida por R. Lillo, A. G. Otero y L. Frau Marsal. Su subtítulo varió posteriormente a «Semanario artístico y de información gráfica. A partir del número 21, correspondiente al 18 de diciembre de 1913, se amplió su formato. El título de la publicación proviene del japonés antiguo, y su significado es victoria. En sus páginas aparecieron cuentos, poemas, trabajos literarios, notas de arte, música, teatro y deportes, además de un rico material fotográfico. Mantuvo las secciones «Cuentos Cubanos» y «Nuestros Profesores». En la primera de ellas colaboraron destacados escritores cubanos de este género, y en la segunda se biografiaba a destacados profesores e intelectuales nacionales. Entre sus colaboradores figuran Miguel de Carrión, Alfonso Hernández Catá, Arturo R. de Carricarte, Manuel Sanguily, Luis Rodríguez Embil, M[anuel] Márquez Sterling, Emilio Bobadilla, Raimundo Cabrera, Max Henríquez Ureña, Agustín Acosta, Enrique Hernández Miyares, Néstor Carbonell, Enrique José Varona, Alfredo Zayas, Enrique Fontanills, Fernando Ortiz, Rafael Suárez Solís, Luis Felipe Rodríguez, Álvaro de la Iglesia, Aurelia Castillo de González, Salvador Salazar, José A. González Lanuza, Antonio Iraizoz, Juan J. Remos, Sergio Cuevas Zequeira, M. Lozano Casado, Orestes Ferrera, M. Fernández Cabrera y José M. Collantes. El último número revisado (40) corresponde al 8 de mayo de 1914. PAZ, Albio (Finca El Naranjito, Zulueta, Las Villas, 8.5.1937).Dejó inconclusos los estudios primarios y muy joven comenzó a trabajar en la agricultura, la construcción, fábricas y comercios. En 1960 ingresó en la Escuela Provincial de Teatro de La Habana, en la que se graduó en 1964. Después ha trabajado como actor en el Conjunto Dramático Nacional, Taller Dramático Nacional, Taller Dramático y Teatro Escambray. Han sido estrenadas, por el grupo Teatro Escambray, sus obras La vitrina (1971), El paraíso recobrado (1973), Tres historias del paraíso (1974) y El rentista (1975), las dos primeras bajo la dirección del propio autor. Ha viajado a México. En 1975 obtuvo, por su obra La vitrina, el premio especial al mejor texto cubano representado en el Panorama de Teatro Cubano. BIBLIOGRAFÍA PASIVA «Premios del Panorama», en Juventud Rebelde. La Habana,: 2, sep. 22, 1975. || Vázquez, Omar. «Clausurado anoche el Panorama de Teatro», en Granma. La Habana, 11 (224): 4, sep, 22, 1975. PEDROSO, Regino (Unión de Reyes, Matanzas, 5.4.1896). Cursó la primera enseñanza en diversas escuelas públicas. Abandonó los estudios a los trece años de edad. Trabajó como aprendiz de carpintería, en diversas labores agrícolas, en una constructora de acero y en un taller ferroviario. Como tal fue afiliado de la Hermandad Ferroviaria de Cuba, y dentro de ella, del sector Pro Unidad, el de militancia más radical. Publicó sus primeros poemas en El Fígaro, Castalia y Chic en 1919 ó 1920. En 1927 publicó, en el suplemento literario del Diario de la Marina, su poema «Salutación fraterna al taller mecánico», con el que se inicia en Cuba la poesía social de orientación clasista. En 1930, después de haber quedado cesante ese mismo año en el taller ferroviario, comenzó a trabajar en la redacción del periódico La Prensa. Fue redactor y corrector de pruebas en Ahora. En La Palabra fue también corrector de pruebas. Colaboró además en Bohemia, Social, Revista de Avance, Carteles, El Mundo, El País; New Masses, The Survey Graphic, Opportunity, The West Indian Review, Poetry Quarterly (norteamericanas) y Le Journal des Poètes (belga). Formó parte del consejo de dirección de la revista Masas, órgano de la Liga Antiimperialista de Cuba. En 1935 es condenado a seis meses de prisión, conjuntamente con los demás integrantes de la dirección de Masas, por sus actividades antiimperialistas. Militó en Defensa Obrera Internacional. Obtuvo el premio nacional de poesía en 1939 por su libro Más allá canta el mar. Trabajó hasta 1959 en la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación. Fue consejero cultural de Cuba en la República Popular China y en México. Ha viajado por Europa y el norte de África. Recientemente colaboró en Unión y en Anuario L/L. Es autor de cuentos y del ensayo «Rubén Martínez Villena: el poeta y el hombre».Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, portugués, ruso, chino, checo, italiano, alemán, búlgaro, rumano, yidish. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Nosotros. Poemas. La Habana, Editorial Trópico, 1933. || Antología poética (1918-1938). La Habana, Imp. Molina, 1939. || Más allá canta el mar... Poema. La Habana, Imp. La Verónica, 1939. || Bolívar, sinfonía de libertad. Poema. La Habana, P. Fernández, 1945. || El ciruelo de Yuan Pei Fu. Poemas chinos. La Habana, P. Fernández, 1955. || Poemas. Pról. de Nicolás Guillén. Antología. La Habana, Eds. Unión, 1966. || Obra poética. «Regino Pedroso y la nueva poesía cubana», por FéIix Pita Rodríguez. La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1975. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Arozarena, Marcelino. «[Regino Pedroso]», en Revista de la Biblioteca Nacional. La Habana, 63, 3a. época, 14 (3): 38-39, set.-dic., 1972. || Augier, Ángel. «[Regino Pedroso]», en Revista de la Biblioteca Nacional. La Habana, 63, 3a. época, 14 (3): 47-48, set.-dic., 1972. || Aza Montero, Alberto. «Poesía revolucionaria cubana. El libro de Pedroso» en Orto. Manzanillo (Oriente), 22 (2 y 3): 22, feb.-mar., 1933. || Ballagas, Emilio. «Nota sobre Regino Pedroso», en Revista Cubana. La Habana, 31 (1): 83-85, ene.-mar., 1957. || Bianchi Ross, Ciro. «Regino Pedroso, el poeta proletario» [Entrevista], en Cuba Internacional. La Habana, 7 (70): 50.53, jun., 1975. || Bueno, Salvador. «Regino Pedroso y los comienzos de la poesía social en Cuba», en El Mundo del Domingo. Suplemento del Periódico El Mundo. La Habana, 65 (21 854): 6, abr. 2, 1967; «Regino Pedroso», en Bohemia. La Habana, 62 (32): 4-10, ago. 7, 1970; «En la Presentación de Regino Pedroso», en Revista de la Biblioteca Nacional. La Habana, 63, 3a. época, 14 (3): 33-36, set.-dic., 1972. || Caillet Bois, Julio. «Regino Pedroso (1896)» en su Antología de la Poesía hispanoamericana. 2a. ed. Madrid, Aguilar, 1965, p. 1276. || Casáus Víctor. «Regino Pedroso: tirar la primera piedra», en Unión. La Habana, 5 (2): 188-191, abr.-jun., 1966. || Díaz Martínez, Manuel. «Regino Pedroso», en La Gacela de Cuba. La Habana, 6 (57): 12, abr. 1967. || «En este número», en Revista de Avance La Habana, 3, 4 (35): 187, jun., 1929. || Esténger, Rafael. «El ciruelo de Yuan-Pei-Fu» en Diario de La Marina. La Habana, 123 (163): 4-A, jul. 12, 1955. || Fernández de Castro, José Antonio. «Regino Pedroso», en Social, La Habana, 15 (10): 51, oct., 1930. || Fernández Retamar, Roberto. «Poesía social que proviene directamente del vanguardismo. Regino Pedroso (1896)», en su La Poesía contemporánea en Cuba (1927-1953). La Habana, Orígenes, 1954, p. 65-67; «[Regino Pedroso]», en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana, 63, 3a. época, 14 (3): 47, set.-dic., 1972. || Florit, Eugenio. Regino Pedroso, poeta cubano», en Revista Bimestre Cubana. La Habana, 71: 251-254, 2º semestre, 1956. || González L., Waldo. «Regino Pedroso, poeta militante», en Bohemia. La Habana, 67 (28): 25, jul. 11, 1975. || Guerra Flores, José. «Los poemas chinos de Regino Pedroso (El ciruelo de Yuan-Pei-Fu)», en El Mundo Ilustrado. Suplemento del periódico El Mundo. La Habana, 56 (17 795): 11, ago., 1957. || Guillén, Nicolás. «Regino», en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana, 63, 3a. época, 14 (3): 50-53,. set.-dic., 1972. || Lazo, Raimundo. «En el homenaje al poeta Regino Pedroso» en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana, 63, 3a. época, 14 (3): 39-41, set.-dic., 1972. || Lizaso, Félix y José Antonio Femández de Castro. «Regino Pedroso», en su La poesía moderna en Cuba (1882-1925). Antología crítica, ordenada y publicada por [...]. Madrid, Editorial Hernando, 1926, p. 380. || Mañach, Jorge. «Glosas. Regino Pedroso: Nosotros» y «Algo más sobre Nosotros», en El País, La Habana, 11 (34 y 36): 2 y 2, feb. 3 y 5, 1933, resp. || Martínez Villena, Rubén. «Semblanza crítica», en Diario de la Marina. La Habana, 95: 34, oct. 30, 1927. || Marré, Luis. «[Regino Pedroso]», en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana, 63, 3a. época, 14 (3): 46, set.-dic., 1972. || Novás, Benito. «Nosotros. Un poeta proletario», en El Mundo. La Habana sección dominical, 22: 2, feb. 19, 1933. || Pita Rodríguez, Félix.«Gente de hoy. 'Regino Pedroso'», en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana, 63, 3a. época, 1-4 (3): 41-43, set.-dic., 1972; «Regino Pedroso, pionero de una nueva poesía», en Revolución y Cultura. La Habana, (17): 3-8, ene., 1974. || Portuondo, José Antonio. «Influencia de la Revolución de Octubre en el desarrollo literario de Cuba», en La Gaceta de Cuba. La Habana, (82): 6-8, abr.-may., 1970; «Regino Pedroso y el estridentismo» en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana, 63, 3a. época, 14 (3): 48-50, set.-dic., 1971 || Roa, Raúl. «A Regino», en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana, 63, 3a. época, 14 (3): 36-38, set.-dic., 1972. || Sabas Alomá, Mariblanca. «Regino Pedroso, poeta proletario», en Carteles. La Habana, 19 (15): 40, abr. 9, 1933. || Selva, Mauricio de la. «Regino Pedroso. Poemas [...]», en Cuadernos Americanos. México, D. F., 27 (5): 278-280, sep.-oct., 1968. || Torriente, Loló de la. «Regino Pedroso: sutil y malicioso», en Alerta. La Habana, 20 (135): 4, jun. 9, 1955; «Regino en el tiempo», en El Mundo del Domingo. Suplemento del Periódico El Mundo. La Habana, 65 (21 575): 5, may. 8, 1966; «Memoranda nostálgica a Regino Pedroso», en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana, 63, 3a. época, 14 (3): 43-46, set.-dic., 1972. || Valdés Rodríguez, José Manuel. «Regino Pedroso: el primer poeta proletario cubano», en El Mundo. Sección dominical. La Habana, 32 (10 766): 2, mar. 12, 1933. || Vitier, Cintio. «Regino Pedroso», en su Cincuenta años de poesía cubana (1902-1952). Ordenación, antología y notas por [...]. La Habana, Ministerio de Educación. Dirección de Cultura, 1952, p. 180-181. Pensamiento, El (Matanzas, 1879-[1880]). Revista quincenal de ciencias, literatura, bellas artes, crítica seria e intereses generales. El primer número correspondió al 15 de agosto. Fue dirigida por Nicanor A. González En el «Introito» aparecido en el primer número expresaba el director, entre otras observaciones en torno a la publicación, lo siguiente: «Las bellas artes, la literatura y la crítica razonada tienen en nuestra lista de colaboradores paladines que han hecho ya sus pruebas, por las que han merecido aplausos de propios y extraños. Muchos y muy buenos trabajos tenemos en nuestro poder para dar vida a El Pensamiento [...].» Y más adelante añadía: «... tenemos algunas reliquias literarias salvadas del oleaje del tiempo, que daremos a nuestros lectores en prueba del aprecio que nos merece el apoyo con que garantizan la existencia de nuestra publicación. Entre esos tesoros figura una serie de cartas del primer poeta cubano-, del inmortal Heredia; que reproduciremos de un periódico que se publicaba en la Habana hace medio siglo [...]. Reproduciremos además otros muchos trabajos en prosa y en verso, con cuya inserción en El Pensamiento queremos tributar público testimonio de admiración a sus autores, y refrescar su memoria en los corazones de todos los que amen las glorias patrias». Publicó poemas, narraciones, trabajos sobre arte, historia, crítica literaria. Los adelantos científicos del mundo fueron reflejados en sus páginas. Dieron a conocer artículos sobre meteorología, geografía, educación, ciencias naturales, y extractos de trabajos publicados en revistas extranjeras. Afirma Carlos M. Trelles en la página 41 del tomo 6 de su Bibliografía cubana del siglo XIX (Matanzas, Imp. de Quirós y Estrada, 1914), que «Es una de las mejores revistas que se han publicado en Matanzas». Destacados intelectuales cubanos colaboraron en sus páginas, entre ellos, Enrique José Varona, Rafael María de Mendive, Antonio Bachiller y Morales, Esteban Borrero Eche. verrfa, Antonio Zambrana, Emilio Blanchet, Federico Milanés, Nicolás Heredia, Enrique Piñeyro, Vidal Morales y Morales, José Varela Zequeira, Bernardo Costales y Sotolongo, Francisco y Antonio Sellén, Mercedes Matamoros, Bonifacio Byrne, Eusebio Guiteras, Luis Victoriam Betancourt, Benjamín y Octavio Giberga, Sebastián Alfredo de Morales. Antonio Govín, Augusto E. Madara y Catalina Rodríguez de Morales. El último ejemplar revisado (número 16) correspondió al 31 de marzo de 1880. Trelles afirma en su ya mencionada obra que la publicación duró huta septiembre de 1880. BIBLIOGRAFÍA [«El Pensamiento]» en Diario de la Marina. La Habana, 40 (83): [2] ago. 23, 1879. || «El Pensamiento», en El Triunfo. La Habana, 2a. época, 2(201): [2] ago. 24, 1879. Pensamiento Crítico (La Habana, 1967-1971). Revista. Comenzó a publicarse en febrero. Su periodicidad, salvo algunas excepciones, fue mensual. Fue dirigida por Fernando Martínez. Contó con un consejo de dirección integrado por Aurelio Alonso, José Bell Lara, Jesús Díaz, Thalía Fung y Ricardo J. Machado. Posteriormente, estos dos últimos cesaron en sus funciones. A partir del número 44, correspondiente a septiembre de 1970, se incorporó al consejo Mireya Crespo. En el machón de la revista aparecía siempre una nota que decía, entre otras cosas, lo siguiente: «Pensamiento Crítico responde a la necesidad de información que sobre el desarrollo del pensamiento político y social del tiempo presente tiene hoy la Cuba revolucionaria.» En efecto, fue una publicación dedicada al análisis de variados fenómenos sociales, vistos éstos desde diferentes ángulos: filosóficos, políticos, económicos. Publicó, en su generalidad, artículos y ensayos inéditos o trabajos aparecidos en diferentes publicaciones extranjeras, así como también capítulos o fragmentos de libros y discursos, casi siempre de nuestros dirigentes revolucionarios. Publicó también trabajos de crítica literaria, dirigida siempre hacia libros de autores cubanos. Se reseñaron libros de contenido político e histórico. Esta sección apareció a veces con el nombre de «Notas de lecturas». Muchos números se publicaron con la sección «Documentos», creada desde el número 7 «para el lector interesado en conocer y valorar desde la Revolución, materiales de importancia histórica». Publicó notas sobre cine cubano y teatro. Varios números, de carácter monográfico, fueron dedicados al estudio de algunos continentes, otros a aspectos teóricos del marxismo, y uno a Ernesto «Che» Guevara, como homenaje. Entre los que hicieron crítica literaria o reseñas sobre libros históricos figuran Víctor Casáus, Eduardo López Morales, Julio Travieso, Guillermo Rodríguez Rivera, Eduardo Castañeda, Juan Pérez de la Riva y José A. Tabares. El último número aparecido (53) correspondió a junio de 1971. BIBLIOGRAFÍA Campuzano Luisa. «¿Un nuevo estilo? Una nueva revista: Pensamiento Crítico» en Revista de la Biblioteca Nacional «José Martí», La Habana, 58, 3s. época, 9 (2): 103-105, abr.-jun., 1967.|| Meza, Josefina. «¿Qué es Pensamiento Crítico», en Juventud Rebelde. La Habana,: 2, mar. 9, 1967. || «El primer número de Pensamiento Crítico», en El Mundo. La Habana, 65 (21 851): 4, mar. 30, 1967.|| «Ya está en la librerías Pensamiento Crítico», en Granma. La Habana, 3 (80): 2, mar. 27, l967. Pensil, El (Santiago de Cuba [1907]-1908; 1909-1910). «Revista quincenal ilustrada. Ciencias, artes y letras», se lee en el primer ejemplar revisado (número 6), correspondiente al 30 de noviembre de 1907. Era dirigida y administrada por Juan F. Sariol. Del año antes citado sólo se han visto dos números, el ya mencionado y el 7, del 15 de diciembre. De 1908 se ha visto sólo el número 9, del 15 de enero. No se ha localizado otro hasta el 15 de septiembre de 1909, con numeración independiente y ahora en su segunda época. Se expresaba en dicho ejemplar: «Después de un largo espacio de tiempo, vuelve El Pensil a las arduas luchas del arte y de la idea; y vuelve con el mismo programa y con las mismas pretensiones; pero con más energías y fe inquebrantable para sostener la lucha, que, como la anterior, será cruenta y penosa.» Seguía siendo dirigida por Sariol. Su formato se amplió. El subtítulo varió: primero era «Revista ilustrada», más tarde fue «Revista ilustrada. Ciencias, artes y letras»; nuevamente fue «Revista ilustrada» y por último «Revista ilustrada de literatura y arte». Su periodicidad fue quincenal y durante varios números decenal. Aparecieron en sus páginas cuentos, poemas, prosa poética, crítica literario, traducciones de poetas y prosistas extranjeros, noticias teatrales y notas de arte. Tuvo varias secciones fijas, como «Vida literaria», que reflejaba el movimiento Intelectual cubano e internacional, y «Página extranjera», dedicada a publicar composiciones en prosa y verso de destacados escritores europeos y latinoamericanos. Colaboraron en sus páginas José Manuel Poveda, Regino E. Boti, Enrique Gray Calbó, Max Henríquez Ureña, José Manuel Carbonell, Armando Leyva, Miguel Macau, Recaredo Répide, Pedro Alejandro López, José G. Villa, Ubaldo R. Villar, Eulogio Horta, Rafael G. Argilagos, M[anuel] Isidro Méndez, M. Lozano Casado, Ducazcal (seud. de Joaquín Navarro Riera), Juan Jerez Villarreal, Héctor A. Poveda, Ernesto L. Giraudy, Fabio Fiallo, Arturo Aguiar Castro, Fernando Torralva y Lino Dou. Desde el número 21, correspondiente al 31 de octubre de 1910, la revista cambia su nombre por Renacimiento, con el subtítulo de «Revista de arte». En dicho número se expresaba: «Nos guía un programa literario y artístico por cuya realización luchamos hoy y lucharemos cada vez más briosamente. Se ha agrupado en derredor nuestro, como en derredor de una bandera, toda la legión joven y valiosa que hoy anhela hacer vibrar y hacer oír la robusta voz lírica de Oriente. Significamos el primer esfuerzo encaminado a despertar, en la primera provincia cubana, la conciencia de su personalidad.» Y añadían: «Conserva su mismo formato, y, desde luego, la misma Redacción, el mismo Consejo Directivo.» En efecto, la revista continuó apareciendo con la mismas características e igual periodicidad. Entre otros colaboradores se destaca Agustín Acosta. El último número revisado (25) corresponde al 31 de diciembre de 1910. Peregrino, El (Madrid, 1912-[Id.?]).Revista quincenal. Arte. Historia. Literatura. Fue su único redactor José de Armas (Justo de Lara). El primer número apareció el 15 marzo, y en él se expresa: «Su redactor la escribe, ante todo, para su solaz y entretenimiento, sin grandes ambiciones, pero sí animado de buenas ideas para la propaganda del arte, principalmente español, y de la literatura española y extranjera.» En efecto, fue una publicación dedicada casi en su totalidad a divulgar cuestiona referentes al arte, sobre todo a la pintura. En cada, número aparecían reproducidos varios cuadros del pintor español a que se hiciera referencia en sus páginas. También publicó crítica literaria, tanto de libros editados en España como en Cuba, así como noticias culturales curiosas o de actualidad. Algún espacio fue dedicado a tratar cuestiones musicales, teatrales, políticas e históricas. El último ejemplar encontrado (número 4) corresponde al 1º de mayo de 1912. PÉREZ CABRERA, José Manuel (Ia Habana, 9.9.1901-Id., 28.8.1969). Se graduó de Doctor en Derecho Civil (1922) y en Filosofía y Letras (1924) en la Universidad de la Habana. Fue profesor titular de geografía e historia universales en los institutos de segunda enseñanza de La Habana y del Vedado entre 1925 y 1959. Fue profesor fundador y decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva. Ocupó la Dirección de Enseñanza de la Secretaría de Educación y fundó y dirigió su órgano oficial, la Revista de Educación. Ha colaborado en Revista de la Facultad de Letras y Ciencias de la Universidad de la Habana, Diario de la Marina, La Lucha, América, Revista de Historia de América (México), Missionalia Hispánica (Madrid), Hispanic American Historicd Review (EE.UU.). Fue director de publicaciones y secretario de la Academia de la Historia de Cuba, presidente del Instituto Cubano Costarricense de Cultura y miembro correspondiente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Es autor del ensayo «Los orígenes del teatro inglés». En colaboración con José I. Rasco Bermúdez escribió Los grandes creadores de la nacionalidad cubana. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Don Luis de las Casas. Conferencia leída en el Ateneo de La Habana el día 6 de abril de 1924. La Habana, Cuba Intelectual, 1927. || Las costas de Cuba (contribución al estudio de la geografía física de Cuba). La Habana, Cultural, 1929. || Lecciones de geografía de Cuba. La Habana, Editorial Minerva, 1930. || Estudios y conferencias. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1934. || Un emisario del Rey José. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1935.|| Estudios históricos. La Habana, 1935-1943. || El maestro Fray Genónimo de Valdés, Obispo de Cuba. La Habana [s.i.], 1935. || Discursos leídos en la recepción pública del Dr. José Manuel Pérez Cabrera la noche del 6 de febrero de 1936. Contesta en nombre de la corporación el Dr. Tomás de Jústiz y del Valle. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1936. || Vida y martirio de Luis de Ayestarán y Moliner (1846-1870). Discurso leído por [...] en la sesión solemne celebrada el 10 de octubre de 1936. La Habana, Imp, El Siglo XX, 1936. || El texto de lectura de Luz y Caballero. La Habana, Biblioten de Autores Cubanos, 1937.|| El capitán Hernando de Soto, Gobermador de la isla Fernandina de Cuba, Adelantado de la Florida. Discurso leído por [...] en la sesión solemne celebrada el 30 de mayo de 1931, en conmemoración del IV centenario del inicio de la jornada de la Florida. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1939. || Francisco de Poda Santander. Discurso leído en la sesión solemne celebrada el 6 de mayo de 1940, en conmemoración del primer centenario de la muerte del ilustre libertador y estadista colombiano. La Habana, El Siglo XX, 1940. || En torno al bojeo de Cuba. La Habana, Imp. Cárdenas, 1941. || Calixto García. Discurso leído por [...] en la salón solemne celebrada la noche del día 11 de diciembre de 1942, cuadragésimo cuarto artíversarlo de la muerte del ilustre Mayor General del Ejército Libertador. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1942. || El cincuentenario del Partido Revolucionario Cubano. Discurso leído en la sesión solemne celebrada el 10 de abril de 1942, en conmemoración del 509 aniversario de la Proclamación del Partido Revolucionario Cubano. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1943. || José María Aguirre. Discurso leído por [...] en la sesión solemne celebrada el 21 de agosto de 1943, en conmemoración del primer centenario del nacimiento del ilustre Mayor General, jefe del Quinto Cuerpo del Ejército Libertador. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1943. || Plácido y la conspiración de 1844. La Habana, Revista de la Habana, 1944. || Una cubana ejemplar, Marta Abreu de Estévez. Discurso leído por [...] en la sesión solemne celebrada el 13 de noviembre de 1945, en conmemoración del Primer centenario del nacimiento de la ilustre benefactora y patriota cubana. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1945.|| La juventud de Juan Gualberto Gómez. Discurso leído por [...] en la sesión solemne celebrada el 10 de octubre de 1945. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1945. || Evocación y elogio de Juan Clemente Zamora. La Habana, Imp. Ramiro F. Moría, 1947. || Los Primeros esbozos biográficos de Céspedes. Discurso leído por [...] en la sesión solemne celebrada el 10 de octubre de 1947. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1947. || Diego Vicente Tejera, escritor y patriota. Discurso leído en la sesión solemne celebrada el 30 de noviembre de 1948, conmemorativa del primer centenario del nacimiento del ilustre poeta cubano. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1948. || Miranda en Cuba (1780-1783). Discurso leído en la sesión solemne celebrada el 28 de marzo de 1950, en conmemoración del segundo centenario del nacimiento del ilustre precursor de la independencia hispanoamericana. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1950. || Hombres y glorias del 51. Discurso leído por [...] en la sesión solemne celebrada el día 31 de agosto de 1951, conmemorativa del primer centenario de los trágicos sucesos de 1851. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1951. || Dos José Toribio Medina, ciudadano y gloria de América. Discurso leído por [...] en la sesión solemne celebrada. el día 21 de octubre de 1952, en conmemoración del centenario del nacimiento del gran erudito e historiador chileno. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1952. || La Academia de la Historia y el centenario de Martí. Discurso leído por [...] en la sesión celebrada de clausura del centenario de José Martí, celebrada el día 27 de enero de 1954.La Habana Imp. El Siglo XX, 1954. || Martí y el «Proyecto Ruz». Discurso leído por [...] en la sesión celebrada el día 27 de enero de 1955, conmemorativa del natalicio de José Martí. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1955. || Un libelo anticespedista. Discurso leído en la sesión solemne de apertura del año académico 1956-1957, celebrada el 9 de octubre de 1956. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1956 (Academia de la Historia de Cuba). || Un héroe del 24 de febrero: el General Saturnino Lora y Torres. Discurso leído en 12 sesión solemne celebrada el 25 de noviembre de 1958, conmemorativa del primer centenario del nacimiento del ilustre patriota cubano. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1958. || Fundamentos de una historia de la historiografía cubana. La Habana, Academia de la Historia de Cuba, 1959 (Informes y dictámenes, 1). || Historiografía de Cuba. México, D. F., Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1962. || Un gran editor del siglo XVIII, El capitán don Diego de Barrera y Navarro. Sobretiro de la Revista de Historia de América. La Habana, 1965. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Chacón y Calvo, José María. «La historiografía de Cuba del Dr. José Manuel Pérez Cabrera», en Boletín de la Academia Cubana de la Lengua. La Habana, segunda época, 11 (1): 224.228, ene.-dic., 1964. || Hatuey, seud, de Max Henríquez Ureña. «Historiografía de América», en Listín Diario. Santo Domingo, may. 21, 1964.|| Ponce de León, Néstor. «Historiografía de la Isla de Cuba. Prólogo», en Revista de la Biblioteca Nacional. La Habana, 3, 5 (1-6): 99-102, jul. 31-dic. 31, 1911, resp. || Remos, Juan J. «Los historiadores cubanos.» en Diario de las Américas». Miami (EE.UU.), jul. 1º, 1963. PÉREZ CISNEROS, Guy (París, 7.6.1915-La Habana, 2.9.1953). Se educó en Burdeos. Adolescente aún se trasladó a Cuba. Cursó estudios de filosofía y letras en la Universidad de la Habana. En 1934 ingresó en el servicio diplomático. Ocupó cargos en el Ministerio de Estado, en la Unión Interamericana del Caribe, en la Comisión Cubana de Cooperación Intelectual y en la Comisión Cubana de la UNESCO. Participó, como representante cubano, en conferencias y asambleas de la ONU y de otros organismos internacionales. Fue miembro del Colegio Nacional de Periodistas y de la Sociedad Cubana de Derecho Internacional. Fue codirector, con José Lezama Lima, de Espuela de Plata. Ocupó la jefatura de redacción de Grafos Havanity. Colaboró en Grafos, Social, Información, Verbum y Orígenes, así como en otras publicaciones nacionales y extranjeras. Fue un importante y activo promotor del movimiento plástico cubano. Publicó trabajos de crítica de arte, sobre política y sobre literatura. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA La obra del pintor Ravenet [La Habana, 1944]. || Pintura y escultura en 1943. La Habana, Imp. Úcar, García, 1944. || Presencia de seis escultores. Exposición. La Habana, 1944. || Características de la evolución de la pintura en Cuba. Siglos XVI, XVII, XVIII, y primera mitad del XIX. La Habana, Ministerio de Educación. Dirección de Cultura, 1959. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Díaz Martínez, Manuel «[Característica de la evolución de la pintura en Cuba, de Guy Pérez Cisneros]», en Nuestro Tiempo. La Habana, 5 (30): [13-14] jul.-ago., 1959. || Juan, Adelalda de. «Características de la evolución de la pintura en Cuba de Guy Pérez Cisneros, en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana, 3a. época, 1 (1-4): 98-101, ene.-dic., 1959. Labrador Ruiz, Enrique. «Pérez Cisneros», en su El pan de los muertos. La Habana, Universidad Central de Las Villas. Depto. de Relaciones Culturales, 1958, p. 85-89. Riaño Jauma, Ricardo. «Guy Pérez Cisneros», en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana, 2a. serie, 4 (4): 95-99, oct.-dic., 1953. PÉREZ DE ZAMBRANA, Luisa (Finca «Melgarejo», El Cobre, Oriente, 25.8.[1835?]-Regla, Habana, 25.5.1922). Estudió las primeras letras con sus padres. Su primer poema impreso, «Amor matemo», escrito a los catorce años de edad, fue publicado en el periódico El Orden en 1852, conjuntamente con unos versos de Manuel Borges Navarro dirigidos a la poetisa, en los que se hacía resaltar sus posibilidades como escritora. A su alrededor se formó una tertulia de escritores orientales, atraídos por su personalidad. Tras la muerte de su padre (1852), su familia se trasladó a Santiago de Cuba. Allí amplió sus relaciones intelectuales y colaboró con alguna frecuencia en El Orden, El Diario, El Redactor y Semanario Cubano (1855). En Brisas de Cuba (La Habana, 1855) y en La Abeja (Trinidad, Las Villas, 1856) aparecieron también sus colaboraciones. Su casa volvió a ser en Santiago centro de reuniones y veladas artísticas. Por esos días fue declarada socia de mérito de la Sección de Literatura de la Sociedad Filarmónica. Su primer libro fue enviado a los más importantes intelectuales del país. Leído por Ramón Zambrana y tras una carta que éste envió a la poetisa a propósito del libro, comenzó una correspondencia que culminó en matrimonio. Se trasladó con su esposo a La Habana. Su nombre ganó popularidad. Colaboró en Kaleidoscopio -revista fundada y dirigida por Zambrana-, La Habana, Cuba Poética, Álbum cubano de lo bueno y de lo bello, La Verdad Católica, etcétera. En 1860, en el acto de homenaje del Liceo de la Habana a la Avellaneda, le tocó el honor de ceñir la frente de la poetisa con la corona de laurel. Publicó algunos capítulos de su novela «Angélica y Estrella» en los folletines de El Siglo (1864) y de El Mercurio (1876). Su episodio histórico «La hija del verdugo» apareció en Revista del Pueblo (1865). En Diario de la Marina publicó la primera parte de la novela «Los Gracos». Colaboró además en Cuba literaria, La Reforma (Guanabacoa, la Habana) y Ofrenda al Bazar de la Real Casa de Beneficencia (1864). Frecuentaba las tertulias celebradas en la casa de Nicolás Azcárate. Tras la muerte de su esposo (1866), quedó en una precaria situación económica con sus cinco hijos. Entre 1866 y 1899 fallecieron éstos. En 1908 el Ayuntamientode La Habana le concedió una pensión que alivió insuficientemente sus necesidades materiales. Ya casi olvidada, el Ateneo de la Habana le ofreció un homenaje en 1918 cm la participación de Enrique José Varona y José María Chacón y Calvo. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Poesías de la Señorita Da. Luisa Pérez y Montes de Oca. Pról. de Federico García Copley. Santiago de Cuba, Imp. de M. A. Martínez, 1856 [i.e. 1857]. Poesías. Pról. de Gertrudis Gómez de Avellaneda. La Habana, Imp. El Iris, 1860. Poesías. (Publicadas e inéditas). «Al lector, por Enrique José Varona. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1920. Brisas de Senserenico. Poesía. Santiago de Cuba, Publicación Hebdomadaria, 1936 (Biblioteca popular de cultura cubana, 8). Elegías familiares. «Luisa Pérez», por José Martí. «La más insigne elegíaca de nuestra lírica», por Enrique José Varona. «Luisa Pérez de Zambrana (semblanza)», por José María Chacón y Calvo. La Habana, Secretaría de Educación. Dirección de Cultura, 1937 (Cuadernos de cultura, 3a. serie, 6). Angélica y Estrella. Novela. La Habana, Imp. P. Fernández, 1957 (Colección los Zambrana, 13). Poesías completas (1953-1918). Ensayo preliminar, compilación, ordenación, tabla de variantes y notas de Ángel Huete. La Habana, Imp. P. Fernández, 1957 (Colección los Zambrana, 11). Prólogo al libro Anatomía del corazón por Teodoro Guerrero. Habana, 1867. La Habana, Imp. P. Fernández, 1957. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Becali, Ramón. «Muere olvidada la poetisa», en La Noche. La Habana, 9 (146): 2, may. 26, 1922. || Bueno, Salvador. «Luisa Pérez», en El Mundo. La Habana, 66 (22 133): 2, feb. 23, 1968. Cabrera, Raimundo. «Luisa Pérez», en su Cuba y sus jueces (rectificaciones oportunas). 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Con Orestes Ferrara y otros publicó el Anuario Estadístico de la República de Cuba (1914). Fue fundador de la Revista de Historia Cubana y Americana. Colaboró en The Cuban Interpreter, La Opinión Cubana, Publicaciones of the Southern History Association, La Reforma Social, Cuba Contemporánea. El Fígaro. Trabajó en diversas comisiones económicas y fue representante en Londres del Comité Cubano de Estabilización del Azúcar. Perteneció a diversas instituciones. Es autor del catálogo de la biblioteca del Dr. Antonio Govín y Torres, publicado en 1924, y de Fuentes de información sobre los mercados azucareros (1960). BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Apuntes de libros y folletos impresos en España y en el extranjero que tratan expresamente expresamente de Cuba, desde principios del siglo XVII hasta 1812 y las disposiciones de gobierno impresas en la Habana desde 1753 hasta 1800. La Habana, Tipografía de C. Martínez, 1907. Guide to the Materials for American History in Cuban Archives. Washington, D.C., Carnegie Institution, 1907. Bibliografía de la Revolución de Yara. Folletos y libros impresos de 1868 a 1908. Historia y política, biografías, masonería, asuntos eclesiástico-políticos, esclavitud, asuntos económicos, asuntos administrativos, literatura patriótica. La Habana, Imp. Avisador Comercial, 1908. Estudio sobre las ideas políticas de José Antonio Saco. La Habana, Imp. Avisador Comercial, 1908. Biografía de Miguel Jerónimo Gutiérrez, revolucionario y poeta cubano. Precedida de un escrito por el coronel Fernando Figueredo Socarrás. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1912. La soberanía de Cuba. Trabajo leído en la sesión de la Sociedad Cubana de Derecho Internacional el 26 de enero, 1917. La Habana, [s.i.], 1917. Miguel Jerónimo Gutiérrez (1822 1871). La Habana, Imp. El Siglo XX, 1919; 2a. ed. Con una colección de poesías. Precedida de un escrito Por Fernando Figueredo Socarrás. La Habana, Editorial Hércules, 1957. The United Nations - What Kind of Partnership. [Washington], 1946. La situación del mercado azucarero mundial en los años 1953 a 1957. La Habana, Editorial Cénit, 1957. Consumo y producción mundiales de azúcar en los últimos años. La Habana, Imp. Úcar García, 1958. El convenio internacional del azúcar, 1954 a 1959. La Habana, Imp. Cárdenas, 1959. Fuentes de información sobre los mercados azucareros. La Habana, Imp. Cárdenas, 1960. British Book Plates. Description of a Collection of over 11,000 Examples with 41 Illustrations. Havana [Imp. Nacional], 1962. PÉREZ SARDUY, Pedro (Santa Clara, 13.5.1943). Cursó la primaria y cuatro años de bachillerato en su ciudad natal. Por esa época desempeñó diversos oficios. Estudió agrimensura (1957-1960) y un año de mecánica automotriz. En La Habana, en 1962, tomó un curso de asesor literario. Entre 1962 y 1963 trabajó como tal en el Consejo Provincial de Cultura de Santa Clara. Ingresó en la Escuela de Letras de la Universidad de Las Villas en 1962. Al año siguiente, en la de La Habana, recomenzó sus estudios. Tres años más tarde los abandonó. Ha trabajado como traductor de francés en el CNC, en la Casa de las Américas y en la Embajada de Guinea. Ganó mención en el Concurso Casa de las Américas 1966 con su libro de poemas Surrealidad, y en el de la UNEAC, en 1967, con su poemario inédito Como una piedra que rueda. Ha colaborado en Unión, Bohemia, RC, Casa de las Américas, Cultura '64, La Gaceta de Cuba, El Caimán Barbudo y Juventud Rebelde. Poemas suyos han sido traducidos al francés. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Surrealidad. La Habana, UNEAC, 1967. BIBLIOGRAFÍA PASIVA B.C.M. «Como una piedra que rueda. Mención poesía», en La Gaceta de Cuba. La Habana, 6 (62): 5, dic., 1967-ene., 1968. PÉREZ VALERO, Rodolfo (Guanabacoa, Habana, 3.5.1947). Cursó estudios y desempeñó diversas labores en Guanabacoa. Fue alumno de la Escuela Nacional de Arte, de Cubanacán. En 1970 se integró al Grupo Teatral «Rita Montaner», en el que ha trabajado como actor y como asistente de dirección. Con su novela No es tiempo de ceremonias ganó el premio del concurso de novela policíaca XV Aniversario del Triunfo de la Revolución, de 1974, convocado por la Dirección Política del Ministerio del Interior. Es autor de una obra de teatro sobre los hechos de Playa Girón. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA No es tiempo de ceremonias. Pról. de José Martínez Matos. La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1974. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Barbán, José H. «No es tiempo de ceremonias», en El Caimán Barbudo. La Habana, 2a. época (86): 20-21, ene., 1975. Garzón Céspedes, Francisco. «Enfrentamiento con un enigma. Rodolfo Pérez Valero define la novela policíaca», en El Caimán Barbudo. La Habana, 2a. época (86): 20-21, ene., 1975. Marques [Bernardo]. «Del género policíaco. El premio opina», en Bohemia. La Habana, 66 (10): 29, mar. 8, 1974. Rodríguez Sosa, Fernando. «Sí es tiempo de novelar», en Bohemia. La Habana, 67 (2): 29, ene. 10, 1975. Román, Enrique «Nuevos tiempos para la novela policíaca. No es tiempo de ceremonias [de] Rodolfo Pérez Valero», en Moncada. La Habana, 9 (6):41-42, oct. 1974. PÉREZ Y MONTES DE OCA, Julia (Finca «Melgarejo», El Cobre, Oriente, 11.4.1839-Artemisa, Pinar del Río, 25.9.1875). Vivió algunos años en el lugar de su nacimiento. Muy joven aún colaboró en El Redactor, de Santiago de Cuba. En 1858 pasó a La Habana con su hermana Luisa, al casarse ésta con Ramón Zambrana. Colaboró en El Kaleidoscopio (1859) y en Álbum cubano de lo bueno y lo bello (1860), donde se publicaron tres poemas que no fueron incluidos en la edición de sus poesías. El Conde de Pozos Dulces publicó poemas suyos en El Siglo. En La Moda Ilustrada, de Cádiz, también aparecieron sus poemas. En 1863 fue leída, en el Liceo de Guanabacoa, su composición «El arroyo seco». Frecuentó las tertulias de Azcárate y tomó parte en algunas de sus representaciones teatrales como actriz. Uno de sus papeles lo representó en el proverbio dramático Antes que te cases mira lo que haces, de Navarrete y Romay. Era aficionada a la astronomía. Cultivó la pintura. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Poesías. Barcelona, Gorgas, 1875. Poesías completas. La Habana, P. Fernández, 1957. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Araña, Bertoldo, seud. de José Fornaris. «Julia Pérez de Montes de Oca», en Camafeos. La Habana, ent. 18 :136-138, 1865. Carbonell y Rivero, José Manuel. «Julia Pérez y Montes de Oca (1839-1875), en su La poesía lírica en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. T. 3. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928. p. 402-403 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 3). Feijóo, Samuel. «Joya del campo», en su Azar de lecturas. Crítica. La Habana. Universidad Central de Las Villas, 1961, p. 52-56. Lezama Lima, José. «Julia Pérez y Montes de Oca», en su Antología de la poesía cubana. T. 2. La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1965, p. 208-209. Vitier, Cintio. Lo cubano en la poesía. La Habana, Universidad Central de La Villas, 1958, p. 215-222. Zambrana, Ramón. Soliloquios. La Habana, Imp. La Intrépida, 1865, p. 103-104. Zambrana de Fernández, Malleen. «Acerca de las poesías de Julia Pérez Montes de Oca», en Colección Los Zambrana. T. 14. La Habana, Imp. P. Fernández, 1958, p. 111-114. PÉREZ Y RAMÍREZ, Manuel María (Santiago de Cuba, 11.1.1772-Id., 16.12.1852). Fue educado en el Seminario de San Basilio el Magno, de Santiago de Cuba. Perteneció al Regimiento de Infantería. Con el grado de subteniente se trasladó a la Florida (EE.UU.) y a Santo Domingo, donde participó en varias acciones de guerra. Se retiró cm el grado de capitán en 1796. A partir de ese año residió un tiempo en La Habana, donde trabó amistad con el poeta Manuel de Zequeira. Ejerció gran influencia en Félix Varela. En Santiago de Cuba fundó El Canastillo (1810), El Eco Cubensi (1811), El Ramillete de Cuba (1812), Actas Capitulares de Cuba (1813), Miscelánea Liberal de Santiago de Cuba (1821), Periódico Nacional de Santiago de Cuba (1822), El Redactor Liberal Cubano (1823), El Dominguillo [1824?] -semanario de crítica que consagró al género festivo-, Diario de Santiago de Cuba, El Látigo de Cuba y El Cubano Oriental, los tres en 1836. Fue redactor de El Noticioso y colaboró en La Minerva de Cuba, Miscelánea de Cuba y El Observador de Cuba. En todas las publicaciones que fundó, especialmente en las tres últimas, defendió tendencias liberales y progresistas. Envió correspondencias al Faro Industrial de la Habana (1849) y colaboró además en El Redactor, de Santiago, en el que era responsable de la sección «Efemérides», y en El Pasatiempo. Dirigió la Memorias de la Sociedad Económica de Amigos del País, de Santiago. Compuso autos sacramentales, a los que puso música Esteban Salas. Su drama Marco Curcio -como la casi totalidad de sus trabajos y poemas- se ha perdido. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Carbonell, José Manuel. «Manuel María Pérez y Ramírez (1781-1853)», en su La poesía lírica en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. T. 1. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928, p. 219-220 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, l).|| Lezama Lima, José. «Manuel María Pérez y Ramírez», en su Antología de la poesía cubana. T. 1. La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1965, p. 353-354. || López Prieto, Antonio. «Manuel María Pérez y Ramírez», en su Parnaso Cubano. Colección de poesías selectas de autores cubanos desde Zequeira a nuestros días precedida de una introducción histórico-crítica sobre el desarrollo de la poesía en Cuba, con biografías y notas críticas y literarias de reputados literarios. T. 1. La Habana, Ed. Miguel de Villa, 1881, p. 150-151. || Martínez Arango, Felipe. «Pérez y Ramírez, Manuel María (1781-1852)», en su Próceres de Santiago de Cuba. Índice biográfico alfabético. Trabajo presentado al IV Congreso Nacional de Historia. Pról. de Leonardo Griñán Peralta. La Habana, Imp. de la Universidad de la Habana, 1946, p. 141. || Soto Paz, Rafael. «Manuel Pérez Ramírez», en su Antología de periodistas cubanos. 35 biografías. 35 artículos. La Habana, Editora de Publicaciones, 1943, p. 27-28; «Un siglo justo de su muerte», en Bohemia. La Habana, 45 (2): 123, 127, ene. 11, 1953. Perinola, La (La Habana, 1812). Según consta en el tomo 2 de la obra de Joaquín Llaverías Contribución a la historia de la prensa periódica (La Habana, Talleres del Archivo Nacional de Cuba, 1959) -de donde hemos tomado los datos que exponemos a continuación por no haber podido consultar ningún ejemplar del periódico-, el primer número apareció el 25 de febrero, como podemos ver en el facsímil que se reproduce en la página 2. Antonio Bachiller y Morales, por su parte, señala en la página 201 del tomo 2 de su obra Apuntes para la historia de las letras y de la instrucción pública en la isla de Cuba (La Habana, Academia de Ciencias de Cuba. Instituto de Literatura y Lingüística, 1971), que el primer número vio la luz el 2 de febrero de 1812. Fue dirigido por José de Arazoza, quien firmó sus artículos con su conocido seudónimo El patán marrajo. En el programa aparecido en el primer número se proponía el editor lo siguiente: En un tiempo en que después de tanto silencio se ha desatado la lengua para hablar a banderas desplegadas de lo que se piensa, de lo que se ve y se oye; en un tiempo en que tantos escritores buenos o malos, pigmeos o gigantes han cortado sus plumas para llenar el papel y fatigar las prensas con discursos de toda especie; en un tiempo, digo, en que deben brillar los buenos ingenios en beneficio de sus conciudadanos, ¿no parecerá atrevimiento que un patán abandonando la soledad y el cultivo de su hacienda, se Introduzca de hoz y coz en esta ciudad, nada menos que a escribir sobre materias muy agenas [sic] del que no sabe otra cosa que coger el harado [sic] y formar cuatro surcos? Mi objeto no es otro que el de hablar con la debida moderación de cuanto se me antoje en los días que me parezca, una o dos veces a la semana, tres o cuatro veces al mes [...].» Y más adelante expresa: «Mi ánimo es el de ridiculizar el vicio con los más negros colores. En el retrato que de él se haga no faltará tal vez algún vicioso que se apropie la pintura, y creyendo mala fe y malignidad en el autor, prorrumpa en quexas [sic] que no deben producir otro efecto que el de su delación y hacerse reo sin ser llamado a juicio.» También señala: «Mi estilo ya se sabe que es ramplón, machucho, y de siete suelas sin andar con frases lampiñas, no rodeos que sólo se usan en la gente culta y en las oraciones inaugurales; y como yo no entiendo de letras, para mí son muy gordas todas aquellas figuras retóricas. Se ha titulado este papel La Perinola para traber [sic] al retortero a los viciosos y hacerles dar más vueltas que las que se dan en el juego del cinco por uno.» Manifiesta Llaverías, en la página 5 de su mencionada obra, que fue «un semanario liberal, satírico, con una literatura de mal gusto, dedicada principal mente a denunciar los vicios». La colección tiene en total nueve números, el último de los cuales corresponde al 23 de abril de 1812. Llaverías inserta en las páginas 5 y 7 de su ya citada obra un índice de los números publicados. BIBLIOGRAFÍA Llaverías, Joaquín. «[La Perinola]», en su Contribución a la historia de la prensa periódica. T. 2. Prefacio de Elías Entralgo. La Habana, Talleres del Archivo Nacional de Cuba, 1959, p. 3, 5 y 9 (Publicaciones del Archivo Nacional de Cuba, 48). PERIODISMO La introducción de la prensa periódica en Cuba se atribuye el Conde de Ricla, bajo cuyo gobierno comenzó a editarse -según refiere el historiador español Jacobo de la Pezuela en el tomo tercero de su Historia de la isla de Cuba (Madrid, Imp. de Bailly-Baillière, 1878) y en el también tercer tomo de su Diccionario geográfico, estadístico, histórico, de la isla de Cuba (Madrid, Imp. del Establecimiento de Mellado, 1863)- una Gazeta hada mayo de 1764. Expresa Pezuela, único investigador que asegura haber visto algún ejemplar de esta publicación, que la misma salía los lunes, que se editaba en la imprenta de Blas de los Olivos, llamada entonces de la Capitanía General, y que publicaba noticias políticas y comerciales, así como disposiciones de gobierno y anuncios sobre las entradas y salidas de los buques que fondeaban en el puerto de La Habana. También afirma Pezuela que su publicación debió cesar a los dos años, pues en los documentos de los dos gobiernos posteriores al de Ricla no se encuentran rastros de la misma. De la existencia de otra publicación periódica en este mismo año da noticias el propio Pezuela, aunque dice que no ha visto ningún ejemplar de la misma. Se trata de El Pensador con un contenido similar al de la anterior, que salía los miércoles y era redactada por los abogados Santa Cruz y Urrutia, a quienes José Augusto Escoto identifica -en su trabajo «El Pensador (1764) primer periódico habido en Cuba», incluido en la obra de Rafael Soto Paz, Antología de periodistas cubanos. 35 biografías, 35 artículos (La Habana, Empresa Editora de Publicaciones, 1943, p. 211-218)- como Gabriel Beltrán de Santa Cruz e Ignacio José de Urrutia y Montoya. Hecha la referencia a las dos primeras publicaciones periódicas -que, enmarcadas en los años inmediatamente posteriores a dominación inglesa en La Habana, tenían contenido y objetivos eminentemente mercantiles, condicionados por la vida económica de la colonia y menos por completo a las inquietudes culturales de la Isla, inquietudes aún imprecisas-, podemos continuar estas notas sobre el periodismo cubano haciendo mención de la Gaceta de la Havana (1782-1783), de cuyo primer número tenemos noticias a través del tomo 7 del Archivo del General Miranda (Caracas, Editorial Sur-América, 1930). En las páginas 188-190 de dicho tomo, Francisco Miranda no sólo comenta el contenido de este primer número de la Gazeta de la Havana -que vio la luz el 8 de noviembre del año citado-, sino que se extiende en consideraciones críticas sobre el mismo y sobre el ordenamiento un tanto caprichoso y poco lógico de las noticias aportadas. No será hasta 1790 que se abran nuevos rumbos para el periodismo cubano. En efecto, el 24 de octubre de dicho año, a instancias del Gobernador General de la Isla, Don Luis de las Casas, aparece el primer número del Papel Periódico de la Havana, cuya publicación quedó el cabo del tiempo bajo la responsabilidad de la Sociedad Econónómica de Amigos del País de la Habana. En el Papel Periódico no sólo queda reflejada la economía de la época, cuestión estudiada por Julio Le Riverend, sino también el ambiente cultural que comenzaba a florecer en la capital de la isla como consecuencia de la política de Carlos III. La literatura aflora en sus diversas manifestaciones, incluida la crítica literaria. Sus redactores, que dedicaban al periódico sus horas de descanso, fueron todos figuras prominentes de la época, es decir, representantes de la burguesía criolla en ascenso. Posteriormente sufriría diferentes cambios de título, formato y contenido, hasta que en 1848, al tomar el título de Gaceta de la Habana, fue perdiendo su carácter comercial y literario y quedó como órgano del gobierno, antecesor de nuestra actual Gaceta oficial. La etapa de inicios del periodismo en Cuba, que comienza precisamente con el Papel Periódico de la Havana -pues los anteriores ni tuvieron larga vida ni real importancia, además de que apenas se conservan ejemplares que permitan determinar su contenido-, se extiende hasta alrededor de 1828. Esta etapa pudiera estar caracterizada por las grandes figuras que en ella y por ella trabajan hasta hacer de la prensa expresión real de los intereses de la burguesía criolla, detentadora del poder económico, así como por actuar como medio de étita y de cuitura, de difusión mercantil, de desarrollo agrícola y de propagarda política abierta o disfrazada, pues todos los escritos, antes de su publicación, debían pasar bajo una rígida censura eclesiástica. Pocas fueron las publicaciones editadas antes de 1812, año en que se decreta la libertad de imprenta. Entre ellas se destacan El Regañón de la Havana, El Criticón de la Havana, El mesajero político-económico literario de la Habana y El Patriota Americano. Todas ellas participan de las características antes mencionadas de esta etapa inicial. Hay quemencionar también el primer periódico de Santiago de Cuba -donde había sido introdudda la imprenta en 1792 por Matías Alqueza-, titulado El Amigo de los cubanos (1805-? ) y fundado por la Sociedad Económica de Amigos del País de la ciudad. A éste siguieron otros como El Canastillo (1814-? ), del destacado poeta oriental Manuel María Pérez y Ramírez. En este período aparece también el primer periódico técnico editado en Cuba, El Filarmónico Mensual de la Habana (1812-[Id.?]), bajo la dirección de Francisco Frías, quien inicia así la larga y fructífera trayectoria de nuestra prensa musical. Los diversos movimientos liberales ocurridos en España durante el primer cuarto del siglo XIX posibilitaron que la libre expresión del pensamiento fuera una realidad al ponerse en vigencia la constitución liberal y decretarse la libertad de imprenta. El año 1812, en que esta medida se adopta en Cuba, marca la eclosión en nuestra arena periodística de una serie de publicaciones de tipo político, en las que la crítica alcanza caracteres violentos, desde una óptica satírica las más de las veces. Si se revisa la importante obra de Antonio Bachiller y Morales, Apuntes para la historia de las letras y de la instrucción pública en la isla, de Cuba, se notará lo que afirmamos: frente a algo más de veinte publicaciones entre 1781 y 1811, Bachiller anota más de veinte también, pero sólo en 1812, a las que hay que añadir las que continuaron del año anterior. Entre esas publicaciones cabe mencionar La Perinola, fundada y dirigida por el impresor José de Arazoza, quien firmaba los trabajos con el seudónimo El patán marrajo; La Cena, Diario Cívico, Mercurio Habanero y El lince, que según Llaverías fue la primera que se publicó después de conocerse en Cuba el decreto sobre libertad de imprenta y sin que éste rigiera aún oficialmente. Al año siguiente, y todavía bajo la libertad de imprenta, continuó este tendencia político-satírica con El Filósofo Verdadero y El Esquife. La mayoría de los trabajos aparecidos en estas publicaciones eran firmados con seudónimos, muchos de los cuales permanecen aún sin identificar. En 1820, después de varios años en que la prensa languidece, hay un resurgimiento. Son numerosos los periódicos liberales y constitucionalistas hasta 1823, aunque siempre el número será menor que en el anterior período liberal de 1812. Ya de antes venían publicándose las Memorias de la Real Sociedad Económica de la Habana -que aparecieron con diferentes títulos hasta finales del siglo-, y se había publicado también (en 1812) el primer periódico de Puerto Príncipe (Camagüey), fundado y editado por Mariano Seguí, introductor de la imprenta en la ciudad. Respecto al título original de este periódico, que salió hasta 1816, no están de acuerdo los investigadores de nuestra prensa; sí es incuestionable que el lo de junio de 1813, fecha en que se publicó el número cinco de su tercer tomo, llevaba el título de Espejo de Puerto Príncipe, según el facsímil que reproduce Llaverías en la página 39 del tomo 1 de su Contribución a la historia de la prensa periódica. Se afirma que en 1810 ya salía el Espejo en forma manuscrita, y que había sido fundado por Antonio Guerra y Gordo. En la propia ciudad comenzó a editarse en 1819 la Gaceta de Puerto Príncipe, órgano oficial del gobierno militar, donde publica su primer artículo Gaspar Betancourt Cisneros, más conocido por su seudónimo El Lugareño. Este periódico, bajo diferentes títulos y con varios cambios en su periodicidad, continuó saliendo hasta 1848, en que se fusionó con El Fanal. Entre las publicaciones que ven la luz en 1820 se destacan El Argos, de carácter político y literario, que escribían José Fernández Madrid y José Antonio Miralla, de nacionalidad colombiana y argentina, respectivamente; La Lira de Apolo, primer periódico escrito enteramente en verso en nuestro país, según Llaverías; Diario liberal y de variedades de la Habana; El Mosquito, de carácter burlesco y censurador, y Corbeta Vigilancia, primer periódico de Trinidad (Las Villas), que, según parece, fue fundado por Cristóbal Murtra, introductor de la imprenta en la ciudad, quien solicitó y obtuvo permiso para publicarlo. Bachiller y Morales, por su parte, afirma que el primer periódico de esta ciudad fue El Correo Semanal, publicado ese mismo año por Julián Castiñeira, quien, según el propio Bachiller, introdujo el folletín en la publicaciones del país. Todo parece indicar que estas dos últimas publicaciones son realmente una, que, bajo diferentes títulos, formatos y variada periodicidad (hasta convertirse en diario), continuó saliendo hasta después de comenzada la Guerra de los Diez Años el 10 de octubre de 1868. Otras publicaciones importantes de la tercera década de este siglo XIX fueron La Minerva, considerada una de la mejores de la época por su contenido y formas elegantes; Biblioteca de Damas, redactada por José María Heredia; El Observador Habanero, de carácter político, científico y literario, con conocidos colaboradores; El Americano Libre, de contenido fundamentalmente político, aunque dio cabida a poesías; El Revisor Político y Literario, sustituta de la anterior; Andes de ciencia, agricultura, comercio y artes, desde cuyas páginas sostuvo su redactor, el español Ramón de la Sagra, una encendida polémica con José Antonio Saco en torno a las poesía de Heredia. El más importante de los periódicos de esta etapa es, posiblemente, El Habanero, de Félix Varela, a pesar de que sólo vieron la luz siete números, publicados entre 1824 y 1826 en Filadelfia y Nueva York. Varela inicia así no solamente la tradición de nuestra prensa editado por los emigrados en el extranjero, y fundamentalmente en los Estados Unidos -que alcanzarla su máxima expresión con el periódico Patria, fundado por José Martí en 1892 para coadyuvar a la preparación de la «guerra justa y necesaria»-, sino que nos ofrece, desde sus páginas, la primera manifestación revolucionaria de carácter periodístico entre nosotros, a través de los numerosos trabajos políticos que tienden a lograr la separación definitiva de nuestra isla del coloniaje español. Su circulación, como es obvio, era no sólo prohibida, sino perseguida ferozmente por las autoridades españolas. Las publicaciones de esta primera etapa del periodismo cubano tuvieron, por lo general, poca duración. Su formato era pequeño, sin que pueda definirse claramente la separación entre lo que hoy llamamos periódico y lo que conocemos por revista, pues ni siquiera la periodicidad, bastante irregular -aunque frecuentemente era semanal-, permite esta separación. Tipográficamente reflejan el estado de atraso en que se encontraba la imprenta en nuestra isla a comienzos del siglo XIX, aunque en algunas -hay aciertos apreciables en cuanto a la composición. En un trabajo publicado en 1846 en el periódico matancero La Aurora -y que se reprodujo en las páginas 147-153 de la edición de El Periodismo en Cuba correspondiente a 1944- el destacado novelista cubano Cirilo Villaverde señalaba que el año 1830 marcaba para Cuba el advenimiento de la «memorable era periodística», que él entendía había sido una «era de oro para la juventud que comenzaba a saludar la literatura, y que acabó a fines de 1839», en que llegó la era de los periódicos. Según Villaverde, toda esta labor fue desastrosa para la literatura cubana, pues la facilidad que existía para publicar en estos periódicos y obras por entregas llevaba al facilismo, al exceso de producción, a la cantidad en detrimento de la calidad. Sin embargo, al pasar los años, no podemos dejar de señalar que este período fue fundamental en el desarrollo de nuestra literatura. A través de las publicaciones del mismo logra cohesión el movimiento romántico. Se dan a conocer nuestros autores fundamentales de la época: Milanés, Plácido, Manzano, Suárez y Romero, Echeverría, Del Monte, los González del Valle, Palma y el propio Villaverde, entre otros. Hace su aparición la música y las publicaciones comienzan a verse ornadas por figurines y litografías, a la vez que el arte tipográfico alcanza un mayor desarrollo. Es cierto que las publicaciones tenían vida efímera, que eran empeños superiores a las fuerzas de los individuos que los emprendían y al medio en que se desarrollaban, pero no es menos cierto que hoy asombra la constancia de muchos, el afán por convertir a nuestra capital en un centro irradiador de cultura, tanto hacia el interior del país -donde la situación era, como es de esperarse, mucho peor- como hacia el extranjero, con lo que se pretendía demostrar el grado de cultura que alcanzaba el país frente a aquellos que lo mantenían como colonia. O sea, que las publicaciones de este período, desde sus posibilidades, que se limitaban al marco de las bellas artes, realizaron una importante labor de afirmación de los valores nacionales criollos. Contradiciendo a Villaverde, marcamos 1928 como el año en que se inicia una nueva etapa del periodismo cubano, por considerar que con la aparición de la Aurora de Matanzas, en dicho año, se produce un cambio importante en nuestra prensa periódica de la época. Este periódico, que contó en sus páginas con las firmas renombradas de la literatura cubana hasta el momento y que extendió su publicación hasta 1857 -año en que, después de refundirse con otro periódico matancero, El Yumurí, salió como Aurora del Yumurí-, era en sus inicios órgano de la Diputación Patriótica y fue el primer periódico cubano que publicó crónicas de guerras extranjeras; según Bachiller, contribuyó notablemente al avance del periodismo cubano, tanto por su contenido como por la belleza de las formas. En 1829 se publicaron La Moda; o, Recreo semanal del bello sexo y El Nuevo Regañón de la Habana, dedicado a la crítica de costumbres y en el que hizo sus primeras incursiones en la literatura el bibliógrafo cubano Antonio Bachiller y Morales. Al año siguiente vio la luz la primera publicación de carácter netamente romántico: El Puntero Literario. 1831 marca la aparición de tres publicaciones de enorme trascendencia: la Revista y repertorio bimestre de la isla de Cuba, el Lucero de la Habana y El Eco, primer periódico de Villaclara (Santa Clara). La primera (que a partir de su segundo número tomó el título con que es conocida, Revista Bimestre Cubana, al incorporarse a la Comisión de Literatura de la Sociedad Económica de Amigos del País) estuvo, al poco tiempo de iniciada su salida, bajo la dirección de José Antonio Saco. Presentó en sus páginas materiales de la más diversa índole. Por la calidad de sus colaboradores, así como por la de los trabajos incluidos, esta revista quedó inscrita en la historia de nuestro periodismo como uno de los más exitosos esfuerzos editoriales del pasado siglo, no sólo en Cuba, sino también en todo el mundo de habla hispano. El Lucero de la Habana, que introdujo notables mejoras, se refundió con el Noticioso Mercantil -que venía saliendo desde 1913 con diferentes títulos-, y salió como El Noticioso y Lucero de la Habana, del cual se afirma que fue la primera empresa periodística. Tuvo diversos cambios en su formato, tamaño, titulo y viñeta. Este periódico -que se publicó hasta 1844- ofrecía información bastante detallada sobre diversos aspectos de interés para la época, tanto en lo económico, político e histórico, como en lo cultural. El Eco fue fundado por Manuel Sed y José Manuel de la Torre, y contó con la colaboración de destacados escritores de la ciudad y del resto del país. En 1834 se introdujo la imprenta en Sancti Spíritus (Las Villas) y comenzó a publicarse -por iniciativa de la Diputación Patriótica de la Sociedad Económica de Amigos del País de la Habana, el primer periódico de la ciudad, El Fénix, que con una interrupción en 1840, continuó saliendo hasta después de comenzada la Guerra de los Diez Años. Con la llegada a Cuba del general Tacón y la puesta en práctica de la política de mano dura a través de las «facultades omnímodas», los periódicos se apartan del tratamiento de los temas políticos y abordan la literatura, ya que se implanta la censura previa y sólo se autorizan periódicos que no toquen los temas políticos, filosóficos, religiosos y sociales, siempre contando con la previa autorización soberana. Podían conseguirse licencias para imprimir obras por entregas. El primero en entrever y aprovechar esta solución fue Mariano Torrente, quien en 1836 publicó su Biblioteca selecta de amena instrucción, en la que incluyó trabajos de la más diversa índole, pero ninguno que se relacionase directamente con Cuba. Esta solución adoptada por Torrente tuvo inmediatamente numerosos adeptos y comenzaron a proliferar las obras de «amena literatura» por entregas, generalmente dedicadas a las damas, de las cuales Villaverde, en el artículo suyo a que antes aludimos, sólo salva El Álbum, La Siempreviva y las primeras entregas de El Plantel. La primera, que tuvo su antecedente en la Miscelánea de útil y agradable recreo, tiene la importancia de haber publicado las primeras novelas cubanas, debidas a Ramón de Palma -uno de sus editores- y a Villaverde. La Siempreviva, «dedicada a la juventud habanera», tiene el extraordinario mérito -aparte de los que le otorgan la calidad de los autores y los trabajos presentes en sus páginas-, de haber publicado la primera versión de la conocida novela cubana Cecilia Valdés. Las entregas iniciales de El Plantel, que aparecieron bajo la dirección de Ramón de Palma y José Antonio Echeverría, contaron con una nutrida y selecta colaboración criolla, la cual desapareció a partir de la cuarta entrega, cuando, por problemas con el editor, los ya mencionados directores dejaron la publicación. Los españoles José María Andueza y Mariano Torrente se hicieron cargo entonces de dirigirla. A pesar de que los escritores cubanos cesaron en su colaboración, esta segunda etapa de El Plantel tiene enorme importancia por haber sido en sus páginas donde se empleó por primera vez, según se afirma, la técnica litográfica en nuestro país. Otras publicaciones literarias de esta etapa fueron Recreo literario, La, Mariposa, La Cartera Cubana -a la que se unieron Palma y Echeverría cuando se separaron de El Plantel-, La Guirnalda (Matanzas), Ensayos Literarios (Santiago de Cuba), El Colibrí, El Álbum Cubano y Et Artista. Importante fue también la aparición del Repertorio Médico Habanero (18401845), fundado por Nicolás J. Gutiérrez y redactado por Ramón Zambrana y Luis Costales, con el cual se inicia la prensa médica en el país. Al comenzar a publicarse en 1841 el Faro Industrial de la Habana, reaparece el tema político en la prensa cubana. De este periódico -que además de los trabajos y secciones propias de un diario de la época incluía bastante material sobre el movimiento cultural de la capital, contemplado su aspecto literario- se ha dicho que fue el primer defensor de los intereses netamente cubanos, por lo cual en 1851 fue suspendido por el gobierno. En 1841 surge también La Prensa, que, a pesar de las numerosas colaboraciones de escritores cubanos que vieron la luz en sus páginas, era defensor de los intereses españoles. No puede estudiarse esta etapa del periodismo cubano sin mencionar siquiera al Diario de la Marina, surgido en 1844 como un desprendimiento de El Noticioso y Lucero. A través de toda su larga trayectoria, el Diario de la Marina se destacó siempre por su tenaz defensa de los intereses anticubanos, por el espíritu reaccionario de su orientación y por el combate,. abierto o solapado, a toda noble idea surgida del pueblo o con vistas a la mejoría de su situación. Otros importantes periódicos de esta etapa fueron el Diario de Avisos (1844-1845), de contenido mercantil, económico y literario, y del que se afirma que fueron sus directores Narciso Foxá y José M. Zayas; El Fanal (1844-?), que era órgano oficial del cabildo de Puerto Príncipe y defensor de los intereses españoles; El Orden (Santiago de Cuba), que después se fusionó con El Redactor, de la propia ciudad, y salió como El Diario Redactor. A fines de 1845 comienza a publicarse en Cienfuegos (Las Villas) -donde Francisco Murtrahabía introducido la imprenta en dicho, año- la Hoja Económica, único periódico de la cindad hasta 1855. La tercera etapa del periodismo cubano le inicia a partir de 1851, marcada por la profundización de las divergencias político-ideológicas entre cubanos y españoles; divergencias que se manifiestan tanto en la prensa nacional como en la que publican los cubanos en el extranjero, fundamentalmente Estados Unidos. Las distintas vertientes del pensamiento cubano de la época, que tampoco respondía a un fin único, varían desde las posiciones reformistas, que querían conservar la subordinación a España bajo condiciones más favorables para el desarrollo económico de la isla, hasta las radicalmente independentistas, pasando por las abolicionistas y las que propugnaban la anexión al vecino del norte. La prensa independentista está representada en principio por La Voz del Pueblo Cubano, del que sólo llegaron a salir tres números que bastaron para desconcertar a las autoridades españolas y para poner de manifiesto el patriotismo y la valentía de su editor, Eduardo Facciolo, quien, sorprendido en la imprenta clandestina en que se editaba el periódico en los momentos en que se preparaba su cuarto número, fue apresado y posteriormente condenado a la pena de muerte, en garrote vil. Con su muerte nace el primer mártir del periodismo cubano y se inicia la mejor tradición de nuestra prensa clandestina revolucionaria. La prensa cubana en el extranjero es, en esta etapa, numerosa. Se destacan periódicos como La Verdad, de tendencia anexionista, redactado por Miguel Teurbe Tolón, a quien se debe también la edición de otras importantes publicaciones como El Cubano y El Cometa, ambas de Nueva York. En ellos, al igual que en todos los periódicos de índole política publicados por cubanos en el extranjero por estos años, la literatura se presenta, con una regularidad notable, como arma política y como medio de satirizar a los colonialistas españoles. También de carácter Político se publicaron en Nueva York El Filibustero y El Eco de Cuba. Importantes desde el punto de vista literario fueron La América, que después cambió su título por el de América Ilustrada y posteriormente se refundió con El Mundo Nuevo, y El Correo de Nueva York. No faltaron también las publicaciones españolas cuyo objetivo era contrarrestar los propósitos de la prensa cubana en la emigración. Tenían un mayor radio de acción, pues a ellas sí les estaba permitido entrar y circular libremente por el país. Se destaca, por su constancia y rudeza en los ataques, La Crónica, de Nueva York. La prensa española en Cuba está representada en esta etapa por los ya mencionados Diario de la Marina y La Prensa, que sale hasta mediados de 1870, en que se fusiona con La Voz de Cuba, periódico que había fundado en 1868 el periodista español Gonzalo Castañón y que fue órgano del más reaccionario e intransigente integrismo español. No puede dejar de mencionarse El Moro Muza (1859), fundado y dirigido en sus comienzos por Juan Martínez Villergas, y que tiene la importancia, a pesar de lo reaccionario de sus planteamientos y la dureza de sus ataques a la idea de la separación de Cuba de España, de haber popularizado al personaje Liborio, del dibujante Víctor Patricio de Landaluze, que posteriormente se convertiría en la más cabal expresión gráfica de nuestro pueblo. El año 1862 marca la aparición en la palestra pública de El Siglo, que al año siguiente se convirtió casi oficialmente en órgano de los reformistas cubanos de la última etapa anterior al 68. Fue un periódico político, partidista, que tenía como objetivo formar la opinión pública para convencer al gobierno colonial de la necesidad y conveniencia de un cambio de régimen. Poco tiempo después de iniciada la guerra en octubre del 68 y luego de cambiar su título en varias ocasiones, desapareció esta importante publicación de la que se ha dicho que fue el mejor periódico político de Cuba y que propugnó y defendió las reformas político-social y económico-administrativas con tal fuerza de razones que habría de servir, al finalizar la guerra, como escuela y modelo a la prensa autonomista. En el interior del país se destacan, además de algunos de los ya mencionados, que continuaron su salida adaptándose a los nuevos requerimientos y definiendo su posición política a favor o en contra de la independencia, según los intereses a que respondían, La Alborada, segundo periódico de la ciudad de Santa Clara; El Alba de Villaclara, de la misma ciudad; Álbum Güinero, de la villa de Güines, en la provincia habanera; El Duende, de Matanzas; La Esperanza y La Fe, de Guanabacoa y Regla, respectivamente, poblaciones ambas de la Habana. Desde el punto de vista literario, las numerosas publicaciones que surgen en este período están marcadas aún por el romanticismo, pero hay un afán por superar el mal tono, los excesos y los artificios propios de esta escuela en la época, que lastraban en ese momento nuestra literatura. La etapa se inicia en este sentido con Las Flores de las Antillas, de 1852. Tanto por su expreso afán de encauzar adecuadamente la creación y el gusto literarios de sus contemporáneos como por la introducción de novedosos y excelentes medios de impresión -factores que le permitieron hacer veladas críticas al régimen imperante y que han hecho a su vez que se le considere «el monstruo editorial del siglo XIX»-, sobresalió la Revista de la Habana, que inició su publicación en 1853, tuvo entre sus directores a Rafael María Mendive y salió hasta 1857, en que desapareció ahogada por las condiciones políticas y la crisis económica de dicho año. También en 1853 aparece El Almendares, que tiene la importancia de presentar en sus páginas trabajos inéditos de autores cubanos, así como el haber eliminado las malas traducciones románticas que tanto abundan en otras publicaciones de la época. Otras destacadas revistas de la década del 50 del pasado siglo fueron La Guirnalda Cubana, Brisas de Cuba, Floresta Cubana, que después cambió su título por el de La Piragua, donde se publicaron los trabajos de los cultivadores de la poesía siboneyista; El Cesto de Flores, La Civilización, El Liceo de la Habana, órgano de la institución de su nombre, y La Habana, a la cual se unió posteriormente El Kaleidoscopio. La década siguiente se inicia con el Álbum cubano de lo bueno y lo bello, importante revista dirigida por Gertrudis Gómez de Avellaneda durante su estancia en Cuba y en la que colaboraron las más afamadas plumas cubanas del momento. En esta década sobresalen publicaciones como Cuba Literaria, Ensayos Literarios, El Correo Habanero, Camafeos, El Ateneo, La Infancia, esta última dedicada a los niños. A todas ellas hay que añadir las publicadas en el interior del país, entre las que cabe mencionar La Abeja (Trinidad), Murmurios del Cauto (Santiago de Cuba), El Céfiro (Camagüey) y El Liceo de Santa Clara, órgano oficial del instituto de su nombre. Ninguna de las anteriores publicaciones de la década del 60, sin embargo, alcanza el relieve de la Revista Habanera, que dirigieron Juan Clemente Zenea y Enrique Piñeyro y que salió entre 1861 y 1863. Publicación para minorías, se ubicó preferentemente en el terreno de la crítica, dio a conocer en nuestro medio las hasta entonces casi desconocidas literaturas nórdicas y comentó ampliamente, con criterios francos y exentos de paternalismo, las obras cubanas de la época, acentuando así una cubanía que le costó ser suspendida por el gobierno colonial. Un dato de la prensa de esta etapa, que no puede soslayarse por la trascendencia que conlleva, es el surgimiento de la prensa obrera. En 1865 comienza a publicarse el semanario La Aurora, «dedicado a los artesanos», que trataba los problemas del naciente proletariado, fundamentalmente de los tabaqueros, desde una óptica reformista, a la vez que daba cabida en sus páginas a numerosas producciones literarias. Con el inicio de la revolución el 10 de octubre de 1868 principia la prensa de la manigua, de la que son máximos exponentes en esta etapa El Cubano Libre, fundado por Carlos Manuel de Céspedes al tomar Bayamo el 18 de octubre de 1868 y que fue dirigido en su primera etapa por el Poeta José Joaquín Palma; La Estrella Solitaria, fundado, dirigido y redactado por Rafael Morales, más conocido por Moralitos, quien en medio de precarias condiciones imprimía su periódico, en el que se exponían criterios políticos que enjuiciaban la labor de quienes dirigían la revolución; El Boletín de la Guerra, impreso en Camagüey, que después cambió su título por el de La República y fue órgano oficial del gobierno. La prensa mambisa, cuya vida estuvo siempre en peligro por los azares de la guerra y por la escasez de recursos con que se contaba para sostenerla, rindió una heroica faena durante la Guerra de los Diez Años y mantuvo informados a los integrantes del Ejército Libertador acerca del desarrollo de las hostilidades, de los acuerdos del gobierno y de otras cuestiones de interés para ellos, a la vez que inflamaba los ánimos de los combatientes con las estrofas patrióticas y los discursos de los dirigentes de la revolución. Desde las mismas ciudades pudo también la juventud manifestarse libremente después que el general Dulce decretó la libertad de imprenta en enero de 1869. Surgen entonces multitud de Periodiquillos de vida efímera -en la mayor parte de los casos no pasaron del primer número-, entre los que cabe destacar La Patria Libre y El Diablo Cojuelo, en los cuales participa el joven José Martí, ya como colaborador, ya como director. Con esta labor inicia Martí su entrega total al periodismo como vía para hacer llegar sus nobles ideales al resto de sus conciudadanos. El período de libertad de imprenta levantó los ánimos de los capitalinos. Finalmente, los intereses reaccionarios terminaron por imponerse y Dulce no tuvo más remedio que anular la medida dictada. Con la aparición de El Triunfo -fundado a raíz del Pacto del Zanjón por el abogado y escritor andaluz Manuel Pérez de Molina- se inicia la prensa autonomista, que caracteriza en gran medida a todo el período que se extiende desde 1878 hasta fines de siglo y que reviste importancia fundamental para el periodismo cubano, no por su orientación político-ideológica, sino por las grandes figuras que aporta a nuestra prensa. El periodismo adquiere un desarrollo notable, que beneficia, a su vez, al desarrollo del ensayo y la crítica literaria. Las campañas autonomistas, por otra parte, mantienen en constante actividad al periodismo político. Son numerosas y violentas las polémicas entre los autonomistas -que se escudan en El Triunfo- y los integristas, que se defendían y atacaban desde La Voz de Cuba y posteriormente desde las columnas de La Unión Constitucional, órgano del partido del mismo nombre. El Triunfo, que bajo varios títulos salió hasta el 31 de diciembre de 1898, fecha en que cesó la dominación española en Cuba, tuvo como director, al poco tiempo de iniciar su salida, al gran escritor y periodista Ricardo del Monte, y contó entre sus redactores y colaboradores a las más renombradas plumas del momento. Al igual que El Triunfo, La Discusión -fundado por Adolfo Márquez Sterling- necesitó adoptar diferentes títulos para evadir las condenas del tribunal de imprenta, hasta que tomó el definitivo de La Lucha, con el cual salió hasta alrededor del año 1930. Aunque se afirma que no hizo nunca declaraciones concretas de fe autonomista, se le señala como uno de los periódicos seguidores de esta tendencia Política, no obstante haber aparecido en sus páginas numerosos trabajos de conocidos separatistas. Otra importante publicación autonomista fue La Comedia Política, semanario de corte satírico. En el resto de la isla también se publicaron, en casi todas las poblaciones importantes, periódicos autonomistas. Frente a ellos continuó la labor de la prensa española, intransigente y reaccionaria, desde diversos periódicos (ya mencionados) y sobre todo desde el Diario de la Marina y Don Circunstancias, semanario satírico fundado por el vallisoletano Juan Martínez Villergas -conocido ya por publicaciones anteriores de idéntico carácter- después de la creación del partido autonomista y desde cuyas páginas este escritor -el que un coterráneo suyo consideraba el «satírico más agresivo de su época»- combatía tanto las aspiraciones reformistas como las separatistas. Frente a ambas tendencias -la autonomista y la integrista- se ubicaba la prensa revolucionaria, ya desde la misma isla, ya desde el extranjero, en este último caso con la novedad de que su radio de acción se ha ampliado mucho más que en períodos anteriores, abarcando ahora numerosas regiones de Estados Unidos, así como otros varios países de América Latina y de Europa. Dondequiera que hubo colonias de emigrados cubanos, éstos dieron a la luz publicaciones para expresar sus anhelos y propagar sus ideales independentistas. Entre todas se destaca, en primer término, Patria (1892-1898), periódico editado en Nueva York por José Martí, quien lo fundó y dirigió hasta su heroica muerte en los, campos de Oriente, con el fin de coadyuvar a través de sus páginas a la magna tarea que se había impuesto el Partido Revolucionario Cubano, también fundado por él en 1892, de alcanzar mediante la lucha armada la total independencia de Cuba y Puerto Rico del coloniaje español. Ya antes había fundado Martí publicaciones como la Revista Venezolana, de la que sólo aparecieron dos números, editados en Caracas, y- La Edad de Oro, que fue editada en Nueva York y «dedicada a los niños de América», y es ejemplo poco común de lo que debe ser la literatura infantil. También era ya Martí, en el momento en que funda Patria, uno de los más conocidos periodistas de América, gracias a sus trabajos en importantes publicaciones de Norteamérica -The Sun y The Hour-, en publicaciones en lengua española que en este país veían la luz -El Economista Americano, El Avisador Hispanoamericano y La América, todas de Nueva York- y en algunas de las más conocidas de América Latina, tales como la Revista Universal y El Partido Liberal (México), La Nación (Buenos Aires) y La Opinión Nacional (Caracas), en todas las cuales dejó una copiosa, instructiva y alertadora colaboración. Así, con esta larga experiencia en las lides periodísticas y con un espíritu y fuerza de voluntad enormes, se entregó Martí a la ardua tarea que significaba la edición de un periódico como Patria, de profundas raíces antimperialistas, en los propios Estados Unidos. Además de todas las informaciones relacionadas con los clubes revolucionarios cubanos en Estados Unidos, así como posteriormente con las noticias sobre la guerra en Cuba, en las páginas de Patria se publicaron importantes trabajos de diversa índole debidos a la pluma de Martí -muchos de ellos en forma anónima-, así como colaboraciones de numerosos escritores revolucionarios cubanos. Otras importantes publicaciones cubanas en el extranjero fueron El Yara, que editaba José Dolores Poyo en Cayo Hueso; La Ilustración Cubana, de corte literario, que se redactaba en La Habana y se editaba en Barcelona (España); América en París, como la anterior, revista de índole literaria con colaboración excelente; El Porvenir (Nueva York), El Expedicionario (Tampa), que dedicaba bastante espacio a la literatura además de ofrecer informaciones sobre la revolución en Cuba y sobre las actividades de los emigrados y del club de que era órgano oficial; La Doctrina de Martí (Nueva York), El Intransigente (Key West) y la Revista de Cayo Hueso. En Cuba, la prensa revolucionaria de esta etapa está representada dignamente, con anterioridad al Grito de Baire, por la figura de Juan Gualberto Gómez. En su periódico La Fraternidad publicó su trabajo «Por qué somos separatistas», que lo llevó de nuevo a la cárcel y significó un gran beneficio para la causa independentista al anular la sentencia el Tribunal Supremo de España y declarar, asimismo, totalmente lícita la propaganda separatista siempre que no incitara a la rebelión. Al dejar de publicarse La Fraternidad a comienzos de la década del 90, Juan Gualberto Gómez sacó La Igualdad (1892-[1895]), considerado el más célebre de sus periódicos. La encendida pluma de este patriota cubano no descansó en la divulgación de la tesis separatista, en la preparación y organización de la llamada «raza de color», en la lucha contra el integrismo y el autonomismo. Poco después de comenzada la revolución que organizara y dirigiera Martí a través del Partido Revolucionario Cubano, surge nuevamente la prensa mambisa. Reaparece El Cubano Libre, gracias a la gestión de Antonio Maceo y bajo la dirección de Mariano Corona Ferrer, quien al finalizar la guerra continuó editándolo en Santiago de Cuba. Otros importantes periódicos de esta etapa insurreccional fueron Las Villas, que se editaba en la zona de Sancti Spíritus; La Independencia, editado en Manzanillo, y en cuyas páginas colaboraron, entre otros, Manuel de la Cruz y Enrique Loynaz del Castillo; Patria y Libertad, y otro Boletín de la Guerra, que fundó en Camagüey Salvador Cisneros Betancourt y al que sucedió La Verdad. Como se ha afirmado, la prensa en la manigua respondió plenamente a los intereses revolucionarios de la época y se convirtió en una importante trinchera de ideas que contribuyó en enorme medida a la consecución de la independencia. La prensa de carácter literario alcanza, en esta etapa que reseñamos, logros notables, ya en el aspecto de su contenido, ya en lo relacionado con su formato, presentación y demás elementos técnicos. En torno a publicaciones tan valiosas como la Revista de Cuba y su sucesora la Revista Cubana, dirigidas, respectivamente, por José Antonio Cortina y Enrique José Varona, se nucleó toda una generación de críticos y ensayistas de diversas tendencias, que tenían como objetivo fundamental la investigación de los orígenes del desajuste nacional, tanto en el plano político como en el cultural, desde los presupuestos del positivismo. A las tertulias y reuniones celebradas en torno a la Revista de Cuba acudían las más renombradas figuras del ambiente cultural cubano del momento, las cuales prestaban también su colaboración a la revista. Importante fue asimismo la revista Hojas Literarias, personal esfuerzo de Manuel Sanguily, quien la redactaba íntegramente, aunque por excepción dio cabida en ella a algunos trabajos de Enrique Piñeyro. El Fígaro, que inició su salida en 1885 como «Semanario de sports y de literatura. Órgano del base-ball», devino prontamente -al quedar bajo la dirección de Rafael Bárzaga y Manuel Serafín Pichardo, a quienes auxiliaba, desde su puesto de administrador, Ramón A. Catalá, posteriormente máximo responsable de su publicación y sostenimiento hasta bien entrado el siglo siguiente-, en una importante revista literaria que se adscribió, junto a La Habana Elegante -fundada dos años antes, dirigida primeramente por Antonio del Monte y después por Enrique Hernández Miyares-, al movimiento literario más avanzado de su época: el modernismo. En las páginas de ambas revistas quedó recogida la producción, tanto en prosa como en verso, de los más connotados representantes de este movimiento, tanto cubanos -Casal, Juana Borrero y los hermanos Uhrbach, entre otros- como del resto de Latinoamérica -Darío, Gutiérrez Nájera, Díaz Mirón, Icaza, Santos Chocano, Nervo y otros-. Junto a ellos estuvieron los críticos y ensayistas como Varona, Sanguily, Montoro, Nicolás Heredia, Ricardo del Monte, Justo de Lara, Conde Kostia, Fray Candil. Son importantes también, en esta etapa, La Habana literaria; La Familia, de matiz españolizante, pero con la colaboración de conocidos escritores cubanos; En el hogar; El Mundo Literario, después titulada El Palenque Literario; El Almendares, diario fundado por Diego Vicente Tejera y dirigido por Pablo Hernández y que dedicaba dos de sus cuatro páginas a trabajos sobre arte, literatura y otras cuestiones de interés para la mujer, a la que iba dedicado, y que contó con una excelente colaboración, incluida la de José Martí; El Museo, de variado contenido cultural, con amplio material literario y notables reproducciones de cuadros famosos; La Lotería, después titulada El Hogar, que salió hasta 1926; Cuba Intelectual, casi toda redactada por su director José Antonio Rodríguez García; El Eco de Cuba; El Eco de las Damas; La Ilustración de Cuba; El Curioso Americano, de carácter histórico, dirigida por Manuel Pérez Beato, quien en el siglo XX volvió a publicarla irregularmente hasta finales de la cuarta década; Las Avispas, fundada, dirigida y redactada por Justo de Lara; La Joven Cuba, en cuyas páginas comenzó su labor periodística Jesús Castellanos. El siglo XIX cierra, desde el punto de vista literario, con la publicación de Cuba y América y Cuba Libre. La primera, editada en Nueva York por Raimundo Cabrera, fue vocero de la causa independentista; al cesar la dominación española en Cuba pasó a imprimirse en La Habana, donde continuó publicándose hasta 1917. La segunda, que comenzó en 1899 y salió hasta 1910, estuvo dirigida siempre por Rosario Sigarroa. En esta etapa que analizamos es evidente el auge de la prensa obrera, que no siempre sigue el camino adecuado. Revisando el trabajo de José Rivero Muñiz, «Los orígenes de la prensa obrera en Cuba» -que fue publicado en 1960 en la Revista de la Biblioteca Nacional «José Martí»-, anotamos la existencia de más de veinte publicaciones obreras entre el Zanjón y el final del siglo. De todas ellas -la mayor parteas cuales corresponde a la capital y en segundo término a la provincia de Las Villas- la más importante es, sin dudas, El Productor, periódico «consagrado a la defensa de los intereses económico-sociales de la clase obrera», del que fue director Enrique Roig San Martín, destacado líder obrero de idea marxista bien definida. El Productor fue una de las primeras publicaciones -si no la primera proletaria como vehículo de difusión de las nuevas ideas sociales y de lucha por las mejoras que la clase obrera reclamaba. Fue también, según se afirma, la primera publicación obrera que abogó por la independencia de Cuba. Es imposible terminar esta etapa sin referirse a La Política Cómica, que aunque alcanzó su mayor popularidad en el siglo XX, comenzó a publicarse en 1894. Es importante, a pesar de que se considera el suyo un humorismo fácil y de escaso valor artístico, por haber prohijado el tipo de Liborio -creado por el dibujante español Landaluze- y haberlo convertido en expresión característica del campesinado cubano. Esta labor se debió a su dibujante Ricardo de la Torriente, uno de sus fundadores. Se dice que La Política Cómica llegó a ser, ya en el siglo XX, el órgano humorístico de mayor circulación en la América Latina. Con el advenimiento del siglo XX comienza una nueva etapa dentro de la evolución de nuestra prensa periódica. Dicha etapa, que se extenderá hasta 1958, se inicia bajo la ocupación del país por las tropas yanquis, y transcurre, a partir de 1902, en las condiciones impuestas por la penetración en la economía cubana del capital norteamericano, con todas las implicaciones de diversa índole que este colonialismo de nuevo cuño trae aparejadas, incluida, por supuesto, la penetración en el ámbito ideológico-cultural. Pueden determinarse varios caminos tomados por nuestra prensa periódica durante esta etapa, pero lo más generalizado es que los periódicos, luego de alcanzar una adecuada presentación gracias a los avances tecnológicos Y a la mejor utilización de los recursos artísticos y gráficos, aumenten el número de sus páginas de forma considerable, a la vez que la información suministrada presenta mayor variedad temática, más amplio radio de acción y más rapidez en la difusión de las noticias sobre acontecimientos de toda clase ocurridos en cualquier lugar del mundo. El periodismo adquiere cada vez más un carácter informativo, pero la ideología dominante -que es la que posee los recursos económicos y técnicos-, lo utiliza como medio de desinformación, o sea, que adultera la verdad en aras de su mantenimiento en el poder. Se evidencia también en esta etapa la transición del periódico de ideas-expresión personal de figuras notables- al periódico de empresa, a la vez que la diferencia entre columnistas y editorialistas se hace más patente, según avanza el siglo, y la noticia se reelabora, en muchas ocasiones, con un sentido creativo. Abundan los periódicos ocasionales, generalmente de base política, fruto de intereses personales, de agrupaciones o de partidos, que fenecen apenas transcurre la motivación que los hizo nacer. El sensacionalismo, la crónica roja y la social caracterizan en buena medida a la prensa seudorrepublicana. A todo esto debemos añadir, a partir del triunfo de la Revolución de Octubre en Rusia, una señalada tendencia al anticomunismo, solapado o abierto, según las condiciones en que se produce la publicación que lo expresa. Frente a esta tendencia se situaron siempre publicaciones de izquierda, tanto obreras como estudiantiles e intelectuales, que aún cuando en la gran mayoría de las ocasiones disponían de escasos recursos financieros y tipográficamente no eran siempre de la mejor clase, jugaron un papel fundamental en el desenmascaramiento de las falsedades de la prensa burguesa, en la defensa de los intereses del proletariado y del campesinado, en la orientación más certera de las luchas por reivindicaciones sociales y en la solidaridad con otros pueblos del mundo. Siete periódicos que se publicaban desde antes de la instauración de la seudorrepública continuaron su trayectoria durante la misma hasta por lo menos la década del cincuenta. Diario de la Marina, «decano de la prensa cubana», comenzó el siglo bajo la dirección de Nicolás Rivero; desde 1919 fue dirigido por su hijo, José Ignacio Rivero y más tarde, hasta su desaparición, por el hijo de éste último. En esta etapa continuó siendo órgano de la reacción, defensor de los intereses españoles -secundado en los comienzos del siglo por La Unión Española, El Comercio y El Avisador Comercial, fundados en buena medida por capital hispano- y fue también vocero principal del anticomunismo, aunque hacia finales de la tercera década prohijó un importante suplemento literario que dirigió José Antonio Fernández de Castro y en el que aparecieron las más conocidas firmas de la vanguardia literaria, artística y política de Cuba y de Latinoamérica, entre estas últimas la de José Carlos Mariátegui. The Havana Post, fundado en 1899 por el norteamericano George Brandt, era órgano de la colonia norteamericana, y hacia 1907 publicaba una edición en español que estaba bajo la responsabilidad de Arturo R. de Carricarte. El Mundo, cuyo primer número apareció el 11 de abril de 1901, fue fundado, y dirigido en sus inicios, por Rafael Govín, a quien sucedió prontamente José Manuel Govín. Con El Mundo -Primer periódico de empresa de tipo moderno- se inicia la era del periodismo moderno en Cuba. Introdujo el grabado y la crónica social diarios, y fue el primero que Presentó tricomías y anuncios a colores en la prensa diaria. También fue el primer periódico a ocho columnas y el iniciador de la impresión mecánica en nuestro país. Hacia 1904 comenzó a publicar un importante suplemento dominical de carácter literario-cultural titulado El Mundo Ilustrado. Posteriormente editaría, con diversos títulos, varios suplementos de idéntica índole a través de su larga vida. En el interior del país abarcaron el período seudorrepublicano, después de haber comenzado a publicarse antes del 20 de mayo de 1902, los siguientes periódicos: El Fénix (Sancti Spíritus, Las Villas), que comenzó en 1894, fundado por Evaristo Taboada, quien por la defensa de las ideas liberales fue deportado a África, lo que motivó el receso de la publicación hasta fines de 1897, en que reapareció al regresar Taboada al país; La Correspondencia (Cienfuegos, Las Villas), fundado a finales de 1898 por León Ichaso, Cándido Díaz y Florencio R. Velis con el fin de defender el ideario español; La Voz del Pueblo (Guantánamo, Oriente), fundado en 1899 por José Vázquez Savón, y El Camagüeyano, fundado en 1900 por Walfredo Rodríguez Blanca, quien lo dirigió hasta su muerte en 1935, año en que pasó a dirigirlo su hijo. Continuaron su salida durante la seudorrepública, pero sin avanzar tanto en ella como los anteriormente mencionados, periódicos tan importantes como La Discusión, que reapareció en 1898 y estuvo bajo la dirección de Manuel María Coronado; El Nuevo País, título adoptado por El País, de Ricardo del Monte, al cese de la dominación española; La Lucha, el veterano periódico de Antonio San Miguel, que salió hasta 1931 y que en 1919 tuvo a Miguel de Carrión como subdirector, y que se prestigió siempre con los trabajos de Conde Kostia, a la vez que contó durante varios años con los editoriales de Juan Gualberto Gómez. Surgidos ya en plena seudorrepública, otros periódicos importantes fueron Cuba y El Triunfo, ambos aparecidos en 1907 bajo las direcciones respectivas de Ricardo del Monte y Modesto Morales Díaz; La Prensa, que se inició en 1909 y era dirigido por Carlos E. Garrido; El Día, fundado en 1911 por varios periodistas que se separaron de Cuba; La Noche, que comenzó en 1912 bajo la dirección de Marco Antonio Dolz, a quien le sucedió en 1913 Antonio Iraizoz; Heraldo de Cuba, que inició su publicación en 1913 y fue dirigido por Manuel Márquez Sterling, quien en 1915 lo cedió a Orestes Ferrara y fundó entonces La Nación; El País, fundado en 1922 por Alfredo Hornedo para la defensa de sus intereses; El Heraldo, que comenzó a aparecer en 1923 y de cuya página literaria fue responsable Rubén Martínez Villena, quien también redactó sus editoriales por corto tiempo; Ahora -que después de haber publicado diez números en 1931, reapareció a fines de 1933 y duró hasta comienzos de 1935-, siempre bajo la dirección de Guillermo Martínez Márquez, se subtituló durante un período «El Periódico de la Revolución» y presentó en sus páginas, además de todas las secciones propias de un diario de información general, numerosos artículos de contenido político, económico, histórico y social, así como trabajos de crítica e historia literarias, cuentos y poesías -muchos de los cuales veían la luz en su suplemento dominical-, con colaboradores tan renombrados como Pablo de la Torriente Brau, Juan Marinello, Raúl Roa, Emilio Roig de Leuchsenring, Regino Pedroso, Ofelia Domínguez Navarro, José Manuel Valdés Rodríguez, Rafael Suárez Solís, Andrés Núñez Olano y otros. Información, fundado por Santiago Claret en 1931 y más tarde dirigido por L. Frau Marsal, salió hasta después del triunfo de la Revolución el lº de enero de 1959, al igual que El Crisol -que inició su publicación en 1934- y Prensa Libre -que comenzó en 1941 y fue fundado y dirigido por Sergio Carbó-. Alerta, que apareció a partir de 1935, desapareció junto con la tiranía batistiana en enero de 1959, al igual que Tiempo -del asesino Rolando Masferrer-, cuyos talleres fueron asaltados e incendiados por el pueblo por sus campañas difamatorias y demagógicas durante la dictadura de Batista. Frente a esta prensa burguesa-cuya única excepción sería Ahora- hay que situar la preocupada por la defensa de los intereses del proletariado, por la unificación de sus fuerzas y por la orientación clasista de las luchas emprendidas. Hay que mencionar los diferentes periódicos publicados por las organizaciones de izquierda, entre ellos Justicia y Bandera Roja, órganos del Partido Comunista, con etapas clandestinas e innumerables dificultades para su edición y circulación; La Palabra, «Diario del pueblo, por el pueblo y para el pueblo», que comenzó a publicarse en enero de 1935 y tuvo corta vida, pero tiene la importancia de haber sido el primer diario de los comunistas cubanos; Línea, órgano de la organización de abierto carácter antimperialista Ala Izquierda Estudiantil (A.I.E.), que salió irregularmente entre 1931 y 1937. La más importante de estas publicaciones, por su regularidad y larga duración, resulta el periódico Noticias de Hoy, que, como órgano primero del Partido Unión Revolucionaria Comunista y luego del Partido Socialista Popular -nombres que adoptó por esta época nuestro Partido Comunista-, comenzó a publicarse el 16 de mayo de 1938, bajo la dirección de Augusto Miranda. Una prueba de la importancia que el proletariado daba a su periódico la tenemos en el hecho de que mediante suscripción popular pudo Noticias de Hoy tener sus talleres propios, los cuales fueron asaltados en varias ocasiones por las fuerzas represivas de los regímenes de turno hasta que finalmente el periódico fue clausurado durante la dictadura de Batista. Fuera del ámbito capitalino la situación de la prensa seudorrepublicana fue, por lo general, precaria. Los periódicos tenían una vida corta, preñada de dificultades de todo tipo, que hacían su salida irregular. Só1o en las capitales de provincia y en otras ciudades importantes, con una vida cultural más o menos intensa, lograron sobrevivir durante largo tiempo algunos periódicos como los que ya mencionamos, a los que habría que añadir otros como El Cubano Libre, que continuó publicando en Santiago de Cuba, apenas terminada la dominación española, el mismo director que lo había mantenido en circulación durante toda la guerra del 95, o sea, Mariano Corona Ferrer. Desde 1905 El Cubano Libre tuvo como jefe de redacción a Joaquín Navarro Riera, más conocido por su seudónimo Ducazcal, y varios años después incluía, en su edición dominical, una importante página literaria en que publicaban los escritores más notables de la ciudad y del resto de la provincia. Del Diario de Cuba, cuya publicación comenzó en 1917, en Santiago de Cuba y bajo la dirección del periodista oriental Eduardo Abril Amores, se afirma que fue el primer periódico de provincias que rompió los viejos moldes del periódico de pueblo para hacerse gran periódico de intereses generales. En 1928 el Diario de Cuba destinó una página de su edición dominical a la publicación de los trabajos de los integrantes del grupo de escritores vanguardistas de la ciudad, conocido como Grupo H. Otros periódicos del interior del país, de extensa trayectoria durante la seudorrepública, los cuales hacia mediados de siglo tenían ya más de veinticinco años de existencia, fueron El Sol (Marianao); El Imparcial, del que era director en 1915 el destacado ensayista Fernando Lles, y El Republicano, ambos de la ciudad de Matanzas; El Comercio, de Cienfuegos, El Pueblo, de Ciego de Ávila, provincia de Camagüey, y El Eso de Tunas (Victoria de las Tunas), El Tanameño (Sagua de Tánamo), El Pueblo (Banes) y Orientaciones (Manzanillo), todos ellos de la provincia de Oriente. Al nacer la seudorrepública, solamente El Fígaro -y tal vez Cuba y América, el tenaz esfuerzo personal de Raimundo Cabrera, que logró mantener su revista hasta 1917- podía considerarse una revista como las conocemos hoy. Bajo la égida de Pichardo y Catalá -pero fundamentalmente gracias a este último- El Fígaro continuó saliendo hasta comienzos de la cuarta década del siglo, los últimos años con una irregularidad que era índice de su languidecimiento, a pesar de que, sabiamente, Catalá fue adaptándola a los nuevos tiempos y abrió sus puertas a los escritores integrantes de las nuevas promociones surgidas durante la etapa. Pocas publicaciones estrictamente literarias tuvieron a mano los escritores cubanos de la primera década del siglo para dar a conocer sus producciones. Cabe mencionar, en primer término, a Azul y Rojo. También es destacable Letras, que presentó en sus primeros números un formato novedoso para la época. Continuó la publicación de Cuba Libre el ya mencionado semanario de Rosario Sigarroa. También reapareció, en su segunda época, Cuba Intelectual, de nuevo bajo la dirección de José Antonio Rodríguez García. Del interior del país merecen citarse El Pensil, de Santiago de Cuba, que dirigía Juan F. Sariol; Hero, de Sancti Spíritus (Las Villas), que aunque reflejó poco la vida cultural cubana y de la ciudad en que se editaba, resultó un serio esfuerzo editorial que aún en 1944 se mantenía; Iris, de Pinar del Río, de carácter más local y vida irregular. También son de destacar otras revistas editadas por estudiantes de la segunda enseñanza, en la cuales la literatura ocupaba lugar preferente y en las que se dieron a conocer al público futuros escritores de renombre en las letras nacionales. Puede citarse por su importancia El Estímulo, que fundó en Santiago de Cuba José Manuel Poveda, a quien se debe también la fundación de otra revista de igual título al trásladarse a La Habana. En esta primera década es justo reconocer el valor de revistas como Cuba Pedagógica, que incluía materiales literarios, el Boletín de los Archivos de la Isla de Cuba -posteriormente titulado Boletín del Archivo Nacional-, que ha vuelto a publicarse después de varios años sin aparecer, y la Revista de la Biblioteca Nacional, cuya primera época se extendió entre 1909 y 1912 y estuvo bajo la dirección de Domingo Figarola Caneda. En el aspecto literario, la segunda década del siglo está marcada en gran medida por dos grandes publicaciones: Revista Bimestre Cubana y Cuba Contemporánea, ambas con colaboración de primera línea y dedicadas a cuestiones histórico-literarias, que en la segunda se orientan más al estudio profundo de los problemas nacionales en sus diversas facetas, aunque sin plantear posibles soluciones ni tomar una actitud política militante, lo que no obsta para que los treinta y nueve volúmenes que completó puedan ser considerados un esfuerzo provechoso y el más alto exponente de la labor de la primera generación republicana. También se destaca, aunque en una medida mucho menor dada la importancia de las anteriores, Arte. Revista universal, dedicada en sus inicios a cuestiones artísticas, pero que después amplió el espacio a las manifestaciones literarias. En esta década, en la que surgen instituciones oficiales de carácter cultural que se proyectan a través de todo el período que abarca la seudorrepública, comienzan también las publicaciones oficiales de dichas instituciones, entre las que cabe destacar los Anales de la Academia Nacional de Artes y Letras y los Anales de la Academia de la Historia, ambas dedicadas a la publicación de los discursos, conferencias, actas de sesiones y demás documentos oficiales de sus respectivas entidades. La década que reseñamos también se ve invadida por un nuevo tipo de revista que va apropiándose de los más recientes adelantos técnicos en la tipografía, la ilustración y la composición, a la vez que va tomando características de lo que desde entonces se conoce como magazine. Se recoge en estas publicaciones, de manera bastante completa, la actualidad cultural, se reproducen gráficamente aquellos acontecimientos más relevantes y se ofrece una información variada y amena, que abarca los más disímiles aspectos de la vida moderna, incluida la inevitable crónica social; todo ello como reflejo del afán de la seudoburguesía de verse retratada en los momentos en que alcanzaba mayor auge económico y entregaba cada vez más el país a la codicia del imperialismo yanqui. El Propio año 1910 comienza Bohemia, que aunque nunca reunió del todo las características de magazine, puede considerarse dentro de esta línea, sobre todo en sus inicios, cuando era una revista eminentemente literaria que aún no podía competir con El Fígaro, ni en calidad ni en aceptación. Pero poco a poco fue ganando terreno y, cuando a raíz de la muerte de su fundador le sucedió su hijo en la dirección, logró convertirse en una importante revista gráfica de actualidad, más bien dirigida a sectores populares, de la que nunca ha estado ausente por completo la literatura y en la que han colaborado los más importantes escritores nacionales. Pero las verdaderas revistas tipo magazine, las que resumen en sí las características propias de este tipo de publicación, comienzan en 1913 con Gráfico, que dirigió en sus inicios Conrado W. Massaguer y que estaba dedicada fundamentalmente a la información mundial a través de la fotografía, aunque dio cabida a trabajos de diversa índole relacionados con la literatura y la historia. Social, también dirigida durante toda su trayectoria por Massaguer, comenzó en 1916 y ha sido considerada como el más grande alarde que se ha hecho en Cuba de revista de alto tono, tanto en el campo literario como en el gráfico. La presencia de Emilio Roig de Leuchsenring en la dirección literaria de la misma posibilitó la aparición en sus páginas de los trabajos de los más jóvenes escritores de la época, agrupados a partir de 1923 en torno al Grupo Minorista que encabezaba Rubén Martínez Villena. Todas las actividades y manifiestos de los minoristas vieron la luz en Social, donde paradójicamente podía encontrarse la reseña gráfica de una fiesta de la alta sociedad frente a un texto de José Carlos Mariátegui, índice revelador de que la burguesía que pagaba la revista sólo se preocupaba por buscarse en sus páginas, sin importarle el resto. Chic. La Revista de lujo, que comenzó en 1917 y, con alguna interrupción, salió hasta 1959. También intentaba recoger en sus páginas los acontecimientos más destacados de la sociedad habanera de la época y, como Social, dedicó espacio considerable a las manifestaciones artísticas y literarias, para lo cual contó con una excelente colaboración. Otra revista importante surgida en esta década, con características similares a las anteriores y como ellas de larga vida, fue Carteles, fundada en 1919 por Óscar H. Massaguer. Como Bohemia, cuya compañía editora pasó a ser también propietaria de Carteles en 1954, esta publicación describe una trayectoria que va desde una revista fundamentalmente artístico-literaria hasta ser una de las más leídas revistas de actualidad del país. Su tónica siguió siendo más cultural que la de Bohemia; se destaca en este sentido su interés por la publicación de los mejores cuentistas cubanos y norteamericanos. En el interior del país hay, en esta época, un auge cultural de enorme trascendencia que se manifiesta en el surgimiento de numerosas publicaciones, a través de las cuales un grupo de escritores -encabezados por figuras de primer orden en nuestra lírica, como los poeta orientales José Manuel Poveda y Regino E. Boti y el matancero Agustín Acosta- intenta renovar nuestra poesía. Entre otras publicaciones que no tuvieron larga vida, merecen mención revistas como Oriente Literario, de Santiago de Cuba, que además de reflejar la actualidad cultural de la ciudad incluía material literario de los escritores de la provincia y del resto del país; El Estudiante, de Santa Clara, que al igual que la de idéntico título que se publicó por estos años en Pinar del Río, era de carácter literario y presentaba entre sus colaboradores a escritores jóvenes de la ciudad y del resto del país. No tan destacada como las anteriores, pero también literaria, fue Brisas del Yayabo, «consagrada a la ciudad de Sancti Spíritus» y editado en la Habana. Sobre todas estas publicaciones resalta Orto, de Manzanillo (Oriente). Fundada y dirigida por su propietario, Juan Francisco Sariol, gran animador de la cultura, comenzó a salir en 1912; frente a todo tipo de adversidades y contratiempos propios de empresa de esta índole, mantuvo su salida hasta 1957, con cambios de periodicidad, de subtítulos de directores y redactores. Alrededor de este revista se nucleó un grupo de jóvenes con inquietudes intelectuales y artísticas que se conoce como Grupo Literario de Manzanillo, el cual, con su aliento y afán de lucha, dio cuerpo definitivo a Orto. Las revistas dedicadas a la defensa de los intereses de la raza negra así como a la lucha por la igualdad racial -aunque desde una posición que, vista con la perspectiva actual, no resulta la más adecuada-, también proliferan desde esta década. Se reflejan en las mismas las actividades de las llamadas sociedades de color, y se destacan aquellas figuras de la raza negra que alcanzaron posiciones relevantes en nuestra historia y en nuestra cultura. Entre estas revistas merece citarse Minerva, que comenzó en 1910 y era considerada sucesora de otra publicación de igual título, «dedicada a la mujer de color», que había aparecido en La Habana entre los años 1888 y 1889. Otro tipo importante de publicación es la que recoge las actividades de la masonería en el país a la vez que brinda variada información cultural y social, fundamentalmente de los propios integrantes de las logias que las publicaban. Por encima de la mayoría de las publicaciones de esta clase se destaca Evolución, que se publicó quincenalmente entre 1914 y 1921 en La Habana. No puede darse por concluida la reseña de esta década sin hacer referencia a la revista Arquitectura, que inició su salida en 1917 y que, después de varios períodos de interrupción y de haber variado su título y formato más de una vez, tomó el definitivo título de Arquitectura. Cuba, con el que aún aparece. Aunque ha centrado su atención durante toda su existencia en cuestiones relacionadas con la arquitectura y las artes que le son afines, ha incluido también en sus páginas materiales de tipo literario e histórico y ha contado con la colaboración de destacados escritores, artistas, historiadores y críticos de arte cubanos. Motivados por el período de «vacas flacas», por la desmoralización creciente de los gobiernos de turno, por el entronizamiento del robo y el pillaje como bases del sistema, por la penetración cada vez mayor del capital norteamericano -lo que va unido a una persistente intromisión en los asuntos internos del país- y por las precarias condiciones sociales de las masas trabajadoras a comienzos de la década del veinte, a las que se suman trascendentales acontecimientos como la Revolución de Octubre en Rusia y otros movimientos nacionalistas y antimperialistas en el resto del mundo, los trabajadores determinan agruparse en organizaciones sindicales y partidistas que, aunque de variadas tendencias, coinciden en la búsqueda de soluciones efectivas a sus problemas, lo que finalmente los lleva a tratar de buscar solución al problema nacional y de ahí al señalamiento y enfrentamiento del principal causante de los mismos: el imperialismo yanqui. Esta labor tiene que apoyarse necesariamente en medios de difusión de las nuevas ideas, por lo que la prensa juega un papel importante en este sentido. De ahí que abunden las publicaciones obreras que defienden intereses de los sectores específicos que las editan, pero que a la vez se solidarizan con el resto de los trabajadores del país y del extranjero, todo ello con marcada tendencia de izquierda, aunque con matices que revelan el estado de confusión que reinaba en la época. Así, son de destacar, entre otras, revistas como Espartaco, de Carlos Basilio, y Aurora, que comenzó en 1921, tuvo larga vida y era publicada por el sector gastronómico, con la colaboración de destacados intelectuales de izquierda. También los estudiantes y los intelectuales jóvenes jugaron un papel importante en las luchas sociales de la década del veinte. Entre las publicaciones de estos sectores es necesario mencionar Alma Mater, de la que fue administrador en sus primeros tiempos Julio Antonio Mella y que se convirtió posteriormente en órgano de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), a la vez que contó siempre con la presencia de relevantes figuras de izquierda de nuestra literatura; Juventud, que fue fundada por Julio Antonio Mella en 1923 y que aparecía como «Revista de los estudiantes renovadores de la Universidad de La Habana»; Venezuela Libre, que comenzó a publicarse en 1925 y que, aunque tenía un consejo de dirección, era dirigida realmente por Rubén Martínez Villena, quien también dirigió América Libre, continuación de la anterior; Atuei -de tendencia aprista y de carácter más literario que las dos anteriormente mencionadas-, que fue como ellas sobresaliente por la dureza de sus ataques al dictador Machado, lo que motivó su clausura y la persecución de quienes la editaban. Desde el punto de vista literario, tanto las nuevas publicaciones que surgen a comienzos de la tercera década como algunas de las ya citadas que continuaron su exitosa publicación -fundamentalmente Social, que ya por esta época había desplazado a El Fígaro por completo-, abren sus páginas a la nueva promoción de escritores que más tarde se agrupará en torno al minorismo y a la Revista de Avance. Son muestras de ello publicaciones como Castalia. Antología de poetas y Smart, en las que colaboran escritores que comenzaban a sobresalir en las letras nacionales, como Martínez Villena, Serpa, Núñez Olano y otros. En la Gaceta de Bellas Artes, que publicaba el Club Cubano de Bellas Artes, se daba cabida a trabajos que recogían el acontecer cultural de la nación en sus variadas manifestaciones. Publicada por la Sociedad del Folklore Cubano -y bajo la dirección de Fernando Ortiz, a quien auxiliaba un nutrido y selecto grupo de redactores-, comenzó en 1924 la importante revista Archivos del Folklore Cubano, pionera del estudio sistemático y profundo de este campo de nuestra cultura. También como revista especializada de gran trascendencia y larga duración pudiera citarse Cervantes, editada por Ricardo Veloso en su Librería Cervantes -después Cultura, S.A.- y dedicada a la reseña bibliográfica y a la divulgación de la literatura española. Especializada en el estudio de la vida y la obra de José Martí, la Revista Martiniana, que dirigió Arturo R. de Carricarte, comenzó en1921 y publicó abundante material inédito de nuestro Apóstol. Bajo el título de Martí, y dirigida por Gabriel García Galán, se inició en 1929 una revista infantil de extensa trayectoria. Del interior del país hay que mencionar Lis, que dirigió en Camagüey nuestro poeta nacional Nicolás Guillén; Fraternidad y Amor, de Guanabacoa (La Habana), con trabajos sobre problemas sociales, de tendencia socialista, además de abundante material literario; El Chofer de Cuba, editada en la capital oriental y que, aunque aparecía como «Órgano de la Asociación de Conductores de Automóviles», dedicaba espacio considerable a trabajos literarios de escritores de Cuba y del resto de la América hispana; Antenas, de corte vanguardista, publicada en Camagüey; Revista de Oriente, de Santiago de Cuba, casi exclusivamente dedicada a la literatura y que, como indicaba ella misma, estaba «Abierta a toda noble manifestación del espíritu»; Archipiélago, también de la capital oriental, que dirigía Max Henríquez Ureña y que era órgano de la Institución Hispano Cubana de Cultura de la provincia. Entre todas las revistas literarias surgidas en la década, la más importante resulta, sin lugar a dudas, la conocida como Revista de Avance, a cuyo alrededor se nuclearon casi todos los escritores cubanos jóvenes de la época, lo que hace que sus páginas aparezcan hoy un tanto desiguales en su contenido ideológico y estético, en su explicación de la problemática cubana. Recoge trabajos literarios de la más alta calidad, tanto de escritores ya consagrados como de algunos que recientemente se iniciaban en las tareas literario-culturales. De contenido político, con una marcada tendencia humorística, fue Crítica, semanario surgido al calor de la lucha contra Machado en 1929, así como La Semana, de Sergio Carbó. La agudización de la lucha contra la dictadura machadista a comienzos de la década del treinta impone la supremacía de la publicación política, generalmente de corta vida y en mucha ocasiones editada clandestinamente, pues la rígida censura de prensa, unida a la persecución constante y al asesinato, impiden la libre circulación de las publicaciones que se oponen al régimen dictatorial. Son abundantes, además, las revistas obreras y estudiantiles, opuestas al régimen y con un evidente matiz antimperialista. Es de destacar, junto a otras ya mencionado con anterioridad -tales como Alma Mater, Línea, etcétera-, Juventud, de Cienfuegos (Las Villas), que dirigían Carlos Rafael Rodríguez y Jorge A. González. Como órganos literarios continúan publicaciones de gran envergadura, como Social, a la vez que surgen otras de pequeño formato, tímida presentación y efímera existencia, como Aventura en Mal Tiempo, de Santiago de Cuba -cuyo título es en sí ya una denuncia de la situación del país y de lo que significaba su aparición-, y Hélice. Hojas de arte nuevo, ambas iniciadas en 1932. A raíz de la caída de Machado se inicia una época feliz para las publicaciones literarias y sociales de izquierda, que aumentan considerablemente su número, aunque no alcanzan a estabilizarse por completo, ya por falta de recursos, ya porque en muchas ocasiones las persecuciones y los atropellos a sus editores continuaron, con igual o mayor fuerza que durante el machadato, después de las maniobras contrarrevolucionarias de la reacción, encabezada por Batista en contubernio con los amos imperialistas y la burguesía nacional. Se llegó incluso al encarcelamiento de editores y redactores de algunas publicaciones, entre ellas Masas, que se editaba en 1934 como órgano de la Liga Antimperialista de Cuba. Varios de los responsables de su publicación -Juan Marinello, Regino Pedroso y José Manuel Valdés Rodríguez, entre otros -fueron acusados de hacer «propaganda sediciosa» y condenados a seis meses de prisión. Otras revistas importantes, aparecidas con posterioridad a la caída de Machado en agosto de 1933, fueron Atalaya, que editaban en Remedios (Las Villas) los hermanos Alejandro y Othón García Caturla; Índice, que dirigía Alfredo del Valle y que presentaba colaboración de calidad; Grafos, lujosamente impresa, de carácter gráfico, que se sale de las antes mencionadas, pues estaba dedicada a la alta sociedad habanera, aunque contó con la colaboración de conocidas figuras de las letras nacionales; Polémica, cuyo cuerpo de redacción integraban, entre otros, Raúl Roa y Pablo de la Torriente Brau y que destinaba sus páginas a la literatura y a trabajos que abordaban la problemática universitaria; Claxon, de carácter obrero y literario; Síntesis, editada en Güines (Habana) y con abundante material literario de autores locales; Adelante, divulgadora de las creaciones artísticas y literarias del negro, aunque no limitó a éste su radio de acción; Horizontes, de Sancti Spíritus (Las Villas), dedicada a la literatura, el arte y la historia locales; Proa, de Artemisa (Pinar del Río), órgano del grupo de igual nombre, que dirigía Fernando G. Campoamor; El Porvenir, de índole obrera, pero con bastante espacio consagrado a la literatura; Mediodía, cuyo comité editor integraban, entre otros, Nicolás Guillén, Aurora Villar Buceta, Carlos Rafael Rodríguez, Ángel Augier y José Antonio Portuondo, y que posteriormente salió en forma semanal y cambió su tónica de literaria a política, sin abandonar rasgos de su primeros números; Baraguá, dirigida por José Antonio Portuondo, de contenido político, cultural y literario; Cúspide, de carácter literario, con excelente colaboración y que se editaba en el central Mercedita, de La Habana; Páginas, que en su primera etapa presentaba un consejo de dirección integrado por Ángel Augier, Mirta Aguirre y Julio Le Riverend, y que se dedicaba a los problemas culturales y constituyó después la editorial del mismo nombre; Futuro Social, publicación obrera del sector gastronómico, con trabajos sobre la guerra civil española, a la que también dedicaba el grueso de sus páginas Facetas de Actualidad Española, con nutrida colaboración nacional; El Comunista, dirigida por Blas Roca y órgano del Partido Unión Revolucionaria Comunista, después Partido Socialista Popular, más tarde llamada Fundamentos, título con el que salid hasta 1953, con excelente colaboración de escritores de izquierda y enfoque marxista en el estudio de nuestras realidades. Antes de cerrar esta década hay que referirse a otras publicaciones como Universidad de La Habana, que inició en 1934 su extensa y continuada trayectoria, en la que presentó notables trabajos sobre disciplinas diversas, firmados por autores conocidos, pero que, durante su etapa seudorrepublicana, evidenció una frialdad académica que tendía a alejarla de la realidad nacional; Revista Cubana, que, fundada en 1935 por José María Chacón y Calvo, y editada por la Dirección de Cultura de la Secretaría de Educación, tuvo larga vida y dedicó sus páginas preferentemente al ensayo y la crítica, para lo cual contó con una nutrida y selecta colaboración nacional y extranjera; Lyceum, cuya primera etapa comienza en 1936 y que se dedicaba a reseñar las actividades de la Sociedad Lyceum y a reproducir conferencias auspiciadas por la misma, pronunciadas por destacadas personalidades de nuestro ámbito cultural, así como por distinguidos intelectuales que visitaban el país: Revista Bibliográfica Cubana, que, dedicada a cuestiones relativas a la disciplina que le daba título, publicó interesantes trabajos de reconocidos especialistas cubanos en la materia; América, publicada por la Asociación de Escritores y Artistas Americanos, con demasiado material reproducido de publicaciones extranjeras y abundante en firmas de menor importancia junto a las de conocidas figuras del campo cultural cubano y latinoamericano. También hay que destacar la aparición en esta década de dos importantes publicaciones anuales: El Periodismo en Cuba. Libro conmemorativo del Día del Periodista, cuyo primer volumen vio la luz en 1935, reapareció en 1938 y salió ininterrumpidamente hasta la década del cincuenta, editada por el Directorio del Retiro Periodista, con trabajos sobre historia de la prensa cubana, sobre el estado de la misma y sobre las actividades del sector y de las organizaciones que agrupaban a sus integrantes, y Anuario Bibliográfico Cubano, redactado, editado y distribuido por su director, Fermín Peraza, en el que se incluía toda la labor editorial del año en Cuba y que después cambió su título por el de Bibliografía Cubana. Por último hay que referirse a una publicación surgida en 1939, con la cual se inicia un nuevo camino dentro de las publicaciones literarias cubanas. Se trata de Espuela de Plata, cuyos directores fueron José Lezama Lima, Guy Pérez de Cisneros y Mariano Rodríguez. Alrededor de esta revista, dedicada especialmente a la poesía, se aglutinó un grupo de escritores con inquietudes literarias afines y que alcanzaría coherencia definitiva en torno a la figura del propio Lezama Lima y su revista Orígenes. A Espuela de Plata siguieron, ya en la década del cuarenta, publicaciones que continuaron, desarrollándola cada vez más, la tendencia de extrañamiento de la realidad circundante, a la vez que iniciaban la búsqueda, en el pasado, de los orígenes de nuestra problemática, no con el afán de enfrascarse en la solución práctica de la misma, sino con el objetivo de analizarla y asumirla estéticamente. Son muestras de esta línea, revistas como Poeta, dirigida por Virgilio Piñera; Clavileño, cuyos editores eran, entre otros, Cintio Vitier, Eliseo Diego y Fina García Marruz, hoy alejados de aquellas preocupaciones juveniles; Nadie Parecía. Cuaderno de lo bello con Dios, co-dirigida por Ángel Gastelu y Lezama Lima; Fray Junípero. Cuadernos de la vida espiritual, al cuidado de Emilio Ballagas y «más dedicada a la vida contemplativa que a la activa». En todas, la poesía ocupa la mayor atención, debido a que sus editores y colaboradores más asiduos eran fundamentalmente poetas. También es destacable en las mismas la presencia de numerosos artistas plásticos cubanos, cuyos dibujos y viñetas ornan portadas y páginas interiores. Las traducciones y colaboraciones eran, por lo general, inéditas. La calidad de los escritores cubanos que aparecían en sus páginas y la presentación sobria y artística de sus ejemplares -en los que era de notar la ausencia de anuncios comerciales, tan frecuentes en las publicaciones cubanas de toda índole, anteriores y posteriores-, dan a todas estas revistas calidades innegables dentro de nuestras publicaciones literarias. Los tanteos que las revistas anteriores emprenden culminan con Orígenes, cuyos editores iniciales fueron Lezama Lima, Mariano Rodríguez, Alfredo Lozano y José Rodríguez Feo. En sus páginas, que asimilan todos los rasgos positivos de las revistas ya citadas que la precedieron, se dan a conocer en Cuba las últimas corrientes literarias y artísticas europeas. En esta publicación, el grupo de escritores y artistas plásticos que seguían sus lineamientos estéticos, tenían una fuerte y poderosa tribuna desde donde mantener y defender sus posiciones. En un sentido completamente opuesto al seguido por todas estas revistas de comienzos de la década del 40, se manifestaron publicaciones de izquierda como Dialéctica, «Revista continental de teoría y estudios marxistas» que, bajo la dirección de Carlos Rafael Rodríguez, salió desde mediados de 1942 hasta 1945 y que contó con la colaboración de escritores como Juan Marinello, José Antonio Portuondo, Emilio Roig de Leuchsenring, Luis Felipe Rodríguez y Ángel Augier, y Gaceta del Caribe, que inició su salida en 1944 «con el afán de servir a la cultura en esta parte del mapa con un limpio espíritu solidario hacia los pueblos con los que estamos hermanados en el Caribe». Integraban su comité editor figuras destacadas de a intelectualidad cubana de izquierda, como Nicolás Guillén, José Antonio Portuondo, Ángel Augier, Mirta Aguirre. En su corta trayectoria esta revista publicó importantes trabajos críticos, históricos y literarios de escritores cubanos, en los que éstos ahondaron en la interpretación de nuestras realidades con una certera visión. En el mismo sentido que la Gaceta del Caribe se orientaron publicaciones obreras como Liberación Social. Por la cultura de los trabajadores, que dio atención preferente a los problemas culturales, para lo cual contó con la colaboración de renombrados escritores cubanos, y la revista Cuba y la URSS, órgano del Instituto de Intercambio Cultural Cubano-Soviético, que divulgaba noticias sobre diversos aspectos de la vida en la Unión Soviética, a la vez que constituía un puente solidario entre los trabajadores e intelectuales cubanos y sus iguales soviéticos, empeñados en la reconstrucción del país después de la cruenta y victoriosa guerra contra el fascismo. Revistas literarias importantes de la década que nos ocupa fueron, entre otras, Archivo José Martí, «consagrada exclusivamente a la divulgación de la vida y de la obra de José Martí», que desde el segundo número fue editada por la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación y estuvo al cuidado de Félix Lizaso; Libros Cubanos, dedicada a cuestiones de bibliografía cubana, bajo la dirección de Ángel Augier y con colaboración de especialistas en la materia; Archipiélago. Una voz de tierra adentro para el continente, que se editaba en Caibarién (Las Villas) y publicaba fundamentalmente poesía; Cooperación, de orientación izquierdista, que se publicaba en Guanabacoa e incluía trabajos de escritores de la villa, preferentemente; Acento. En la provincia con la cultura, de Bayamo (Oriente), no admitía anuncios comerciales y contaba con una buena colaboración nacional; Germinal, patrocinada por el Círculo de Amigos de la Cultura y luego órgano de la Asociación de Grabadores de Cuba, que se dedicaba a la divulgación de las actividades artísticas, incluidas entre éstas las literarias; Prometeo, de divulgación teatral, con colaboración de primera y que realizaba un concurso teatral anual; Inventario, polémica revista de carácter artístico y literario; Mensuario de arte, literatura, historia y crítica, bajo la dirección de Raúl Roa y auspiciada por la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, con renombrados colaboradores nacionales; Lyceum, que reapareció en su segunda época en 1949 y continuó idéntica línea que en la primera etapa, ahora dando mayor importancia a las cuestiones relativas a la mujer y de interés para ellas. También son de destacar en esta década publicaciones de índole cultural como el Boletín de la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano -que más tarde tomó el título de Patria, con el que aún continúa editándose-, en la que se publicaban trabajos sobre diversas facetas de la vida y la obra martianos y notas sobre las actividades de la asociación que la publicaba; Premio Varona, publicación anual del Ministerio de Defensa Nacional, que salió durante los años 1945 y 1947, y en la que aparecían los trabajos ganadores del concurso que le daba título; Boletín de la Asociación Cubana de Bibliotecarios, que reseñaba las actividades de la entidad que la editaba a la vez que informaba sobre cuestiones de bibliotecología y literatura; Revista de la Biblioteca Nacional, cuya segunda época se inició en 1949, ahora bajo la dirección de Lilia Castro de Morales. En la década del cincuenta son destacables publicaciones literarias y culturales como Estudios, dirigida por Marcelo Salinas, en cuyas páginas, de tendencia anarquista, se refleja la confusión ideológica, política y estética de la época; Galería, boletín de la Galería de Artes Plásticas de Santiago de Cuba, que se dedicaba casi exclusivamente a esta manifestación artística, con especial atención a las actividades que, relacionadas con la misma, tenían lugar en la ciudad; Noticias de Arte, que ofrecía una panorámica de las manifestaciones culturales de su momento, tanto nacionales como extranjeras; Atenea, órgano oficial del Ateneo de Cienfuegos; Boletín de la Comisión Nacional Cubana de la UNESCO, que intentaba recoger las múltiples actividades en los campos de la ciencia, la educación y la cultura en Cuba; Boletín de la Academia Cubana de la Lengua, en cuyas páginas se recogían los discursos de las sesiones de la entidad, noticias sobre las actividades de la misma y otros trabajos y notas bibliográficas; Memoria de Alfonso Hernández Catá, dirigida por Antonio Barreras y dedicada exclusivamente a la publicación de trabajos de y sobre Hernández Catá; Cuba Bibliotecológica, órgano oficial de la Asociación Nacional de Profesionales de Biblioteca, con trabajos sobre la especialidad y actividades y problemas del grupo que la editaba; Signo, de Cienfuegos (Las Villas) que dirigían Alcides Iznaga y Aldo Menéndez, con excelentes colaboraciones inéditas de autores nacionales; Noverim, de la Universidad de Villanueva, de carácter variado, con colaboración de profesores de la institución; Ciclón -fundada y dirigida por José Rodríguez Feo a raíz de su rompimiento con Lezama Lima y con la línea esteticista de Orígenes-, de carácter polemizante y crítico, con colaboración de escritores extranjeros y nacionales jóvenes; Presencia de contenido literario-cultural; Islas que comenzó en 1958, publicada por la Universidad Central de Las Villas y bajo la dirección de Samuel Feijóo. También continuaron, durante la década que nos referimos, las publicaciones obreras e intelectuales de izquierda, entre las que cabe mencionar La Última Hora -inició su salida como diario a fines de 1950, se convirtió en «Un semanario cubano independiente» a comienzos de 1952 y pasó a editarse mensualmente a mediados de 1953-, que criticaba en sus páginas al régimen capitalista y reflejaba los más sobresalientes acontecimientos de la lucha del proletariado en la época, a la vez que destacaba fechas y personalidades históricas socialistas -cubanas y extranjeras-, ofrecía una visión de la actualidad cultural cubana y daba a conocer poemas, cuentos y otros artículos sobre literatura y asuntos de interés general, firmados todos estos trabajos por figuras como Juan Marinello, Mirta Aguirre -quien fue su subdirectora y jefe de redacción-, Gaspar Jorge García Galló, Alfredo Guevara, Sergio Aguirre, Félix Pita Rodríguez, Raúl Valdés Vivó, Jacinto y Pelegrín Torras; Orientación Social, de Santiago de Cuba, que divulgaba el pensamiento y la acción de José Martí; Nuestro Tiempo, que comenzó en 1954 como órgano de la sociedad cultural del mismo nombre y a cuyo alrededor se agruparon escritores y artistas revolucionarios, quienes desarrollaron una importante labor en la divulgación de nuestro más genuino patrimonio cultural; Mensajes Marxistas, publicación mimeografiada, «órgano de los intelectuales y artistas que tienen al marxismo como ideología», que trataba sobre temas políticos, artísticos y literarios. Por último, no puede terminar esta reseña de las publicaciones periódicas en el período seudorrepublicano sin hacer referencia a los numerosos periódicos de sencilla factura que circulaban clandestinamente durante la última etapa de este período, o sea, durante los siete años de la dictadura de Batista. Publicaciones como Son los mismos, El Acusador y El Aldabonazo, fueron antecedentes directos de Revolución, órgano nacional del Movimiento 26 de Julio. Como órgano provincial del mismo aparecía, en cada provincia, Sierra Maestra. También es destacable Vanguardia Obrera, de Oriente, dirigido a los obreros y con un profundo contenido ideológico. Se desarrolló además una nueva etapa de Alma Mater, iniciada a los pocos días del golpe de estado del 10 de marzo de 1952. Mella, que aparecía desde 1944 como órgano de la Juventud Socialista, fue suspendido en 1953 y desde el año siguiente salió clandestinamente hasta el triunfo de la Revolución. También a raíz de la suspensión de Hoy después de los sucesos del Moncada (1953), reapareció Carta Semanal, órgano informativo de los militantes del Partido Socialista Popular, que ya había visto la luz durante los años 1950-1951, cuando también fue clausurado Hoy. El más importante de estos periódicos fue, sin duda, por su trascendencia histórica, El Cubano Libre, fundado a instancias del Che en la Sierra Maestra como una continuación de los periódicos de igual título fundados por Céspedes y Maceo, respectivamente, durante las dos guerras de liberación nacional del pasado siglo en Cuba. Desde sus páginas se informaba de las victorias del Ejército Rebelde, se desenmascaraba a los asesinos y servidores del tirano y se reproducían discursos y orientaciones de la Comandancia General de la Revolución. El propio Che Guevara firmaba la sección «Sin balas en el directo», con el seudónimo Franco Tirador. Hubo también periódicos de los demás frentes de lucha y organizaciones revolucionarias empeñadas en la batalla común contra la tiranía de Batista. El triunfo de la Revolución el 1º de enero de 1959, marca la fecha en que se inicia la declinación de la prensa burguesa. Ante los ataques abiertos o solapados de la misma a los planteamientos y orientaciones de los máximos dirigentes revolucionarios, así como ante la desinformación y la tergiversación intencionada de la problemática cubana de la época, en una evidente actitud contrarrevolucionaria, los trabajadores de algunos periódicos responden con la inserción de pequeñas notas -conocidas como coletillas- en las que expresan su desacuerdo con lo que los cables de las agencias noticiosas imperialistas manifiestan -con el fin de desacreditar la obra de la Revolución en el exterior- y los directores de los periódicos permiten publicar. En 1960 desaparece definitivamente el Diario de la Marina. Ya con el fin de la tiranía habían cesado su publicación periódicos como Alerta y Tiempo. En los años siguientes irán desapareciendo otros diarios, como Información, El Crisol y Prensa Libre. A los pocos días del triunfo revolucionario comienza a editarse en La Habana el periódico Revolución, «órgano del Movimiento Revolucionario "26 de julio"», que venía saliendo clandestinamente desde la etapa insurreccional. También en ese año reaparece Hoy, el diario de los comunistas cubanos, cuya salida había sido prohibida a raíz de los Sucesos del Moncada en 1953, ocasión en la que, además, sus talleres fueron asaltados por las fuerzas represivas del régimen dictatorial. El ya veterano periódico El Mundo continuó ininterrumpidamente su publicación hasta que, en 1968, un incendio destruyó sus talleres. Estos tres periódicos, a través de sus suplementos Lunes de Revolución, Hoy Domingo y El Mundo del Domingo, brindarían una importante colaboración en la divulgación de las creaciones literarias y de las actividades culturales, educativas, sociales y de otro tipo en nuestro país. Revolución y Hoy se fundieron en 1965 bajo el título de Granma, a raíz de la Constitución del Primer Comité Central del Partido Comunista de Cuba y como órgano del mismo. El objetivo era concentrar los recursos humanos y materiales de los dos periódicos de orientación política que se editaban entonces. En este mismo año, apenas tres semanas después de la antes mencionada fusión, se produce la salida de Juventud Rebelde, que aparece por las tardes, orientado por la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y dedicado fundamentalmente a la juventud. De carácter nacional, se ha venido publicando Los Trabajadores, órgano oficial de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). En el interior del país fueron desapareciendo también los escasos periódicos que se publicaban. En la actualidad salen diariamente El Guerrillero (Pinar del Río), Girón (Matanzas), Vanguardia (Santa Clara), Adelante (Camagüey), Ahora (Holguín, Oriente) y Sierra Maestra (Santiago de Cuba). Además se editan, por los buroes regionales de prensa, publicaciones que recogen las actividades más destacadas de la región durante un período. El triunfo de la Revolución no sólo determinó la desaparición paulatina de los órganos de expresión de la burguesía, sino que significó la irrupción de nuevas formas de encarar las tareas periodísticas y, por ende, eliminó de la prensa revolucionaria -expresión de los intereses de la clase proletaria en el poder- los falsos, insidiosos y desinformadores comentarios de las agencias de prensa del mundo capitalista, así como las crónicas rojas y sociales, los artículos y comentarios insulsos, las abundantes páginas destinadas a anuncios clasificados y comerciales, típicos de la sociedad de consumo y, lo que es más importante, el anticomunismo y las falacias de la llamada «libertad de expresión», proclamada como una de las bases de la democracia representativa. A la vez, la Revolución facilitó el surgimiento de una nueva tónica en la información, que ahora se basa en las cuestiones de más interés para nuestro pueblo, en las cuestiones que reflejen los avances y logros en los diversos campos del quehacer revolucionario: la defensa, la producción, la educación, los deportes, la cultura, las artes y todo tipo de nuevas tareas que la construcción del socialismo reclama de las masas trabajadoras. La difusión de la actividades del Partido -como guía del camino a seguir-, de la lucha ideológica, de las ideas marxista-leninistas, así como la contribución al rescate de nuestros valores nacionales en las diversas esferas y la divulgación de los éxitos alcanzados por nuestra Revolución, tanto interna como externamente, han sido también logros fundamentales de la prensa en el período revolucionario. Las revistas de carácter general están representadas hoy por la ya veterana Bohemia, la publicación de más continuada trayectoria en la prensa cubana en la actualidad. Después que Miguel Ángel Quevedo, su director, abandonó el país a principios de la década del sesenta, Bohemia fue incorporando a sus páginas, paulatinamente, el nuevo estilo periodístico propio de la prensa revolucionaria, y es ahora una revista de información variada que recoge el acontecer nacional en sus diferentes manifestaciones, pero que también profundiza en el conocimiento de las realidades de otros pueblos y regiones del mundo y que presta valiosos servicios en la difusión de materiales docentes. Además, la literatura ha continuado como una constante en sus páginas, unida a las demás artes. Verde Olivo, órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, aparece también semanalmente desde 1959, editada por la Dirección Política de las FAR. Aunque es una revista dedicada a cuestiones relativas a la vida militar en sus diferentes facetas, ha presentado siempre trabajos de índole literario-cultural, como poesías, cuentos, críticas teatrales, artículos de carácter histórico y literario. Dedicadas a la mujer -con informaciones sobre modas, recetas culinarias, consejos de belleza, etcétera, pero también con cuentos, novelas, poesías, artículos de interés cultural y otros sobre las nuevas tareas que la Revolución ha encomendado a las mujeres para lograr su incorporación masiva al proceso creador que vive hoy nuestro pueblo-, se publican Mujeres, orientada y distribuida por la Federación de Mujeres Cubanas, y Romances, que venía editándose desde 1936 y que, poco a poco, fue cambiando su tónica de revista de frivolidades femeninas. Otras publicaciones que ya alcanzan más de diez años y son editadas por organizaciones políticas, de masas, laborales o culturales, son Con la Guardia en Alto, de les Comités de Defensa de la Revolución; Cuba Internacional, editada por la Agencia Prensa Latina, sucesora de Cuba -que a la vez sustituyó a INRA, que dirigía Antonio Núñez Jiménez y era publicada por el Instituto Nacional de Reforma Agraria-, que bajo sus diferentes títulos ha publicado siempre reportajes de índole variada sobre aspectos diversos de nuestra economía, historia, cultura, etcétera; Cine Cubano, que es publicada por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica y se ha especializado en cuestiones relativas a los diferentes aspectos del quehacer cinematográfico, preferentemente cubano y latinoamericano, aunque también ha dado cabida en sus páginas; a artículos en que escritores cubanos y extranjeros abordan el tema de las relaciones entre el cine, la cultura y la literatura; Boletín informativo de la Comisión Nacional Cubana de la UNESCO, que recoge en sus páginas todas las actividades que se realizan en el país relacionadas con los campos que la organización, abarca y cuantos avances se producen en los mismos en Cuba y en el extranjero; Alma Mater, que con diferentes formatos ha continuado publicándose desde su reaparición en 1959, y que recoge las actividades de los estudiantes universitarios. Aunque ya desaparecidas, pero con importancia literaria o cultural, merecen mencionarse Lunes de Revolución, importante suplemento literario publicado por el periódico Revolución entre 1959 y 1961, en el cual se recogió gran parte de la producción literaria de los primeros momentos de la Revolución y se dieron a conocer numerosos autores noveles; Edita, boletín mensual de la Editorial Nacional de Cuba, que reseñaba las publicaciones nacionales y publicaba fragmentos de obras; Artes Plásticas, publicada por la Dirección General de Cultura del Ministerio de Educación, con artículos críticos e informativos sobre las materias que su título indica, fundamentalmente en Cuba; Actas del Folklore, boletín del Centro de Estudios del Folklore del Teatro Nacional de Cuba, con trabajos relativos a este aspecto de nuestra cultura; Cuba en la UNESCO, que publicaba textos de carácter literario e histórico y dedicó números especiales a figuras intelectuales sobresalientes del país; Cuba Socialista, importante revista teórica, que, aunque destinada a difundir las experiencias de la Revolución Cubana entre cuadros y militantes revolucionarios, también dio cabida en sus páginas a trabajos de interpretación marxista de nuestra historia, discursos, comentarios y reseñas de libros y publicaciones, y tuvo como miembros integrantes de su consejo de dirección a nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro, y al Presidente de la República, Dr. Osvaldo Dorticós; Nueva Revista Cubana, editada por la Dirección General de Cultura del Ministerio de Educación, con trabajos de carácter científico, cultural, económico, político, social, educativo, creaciones literarias y reseñas de libros, todos ellos firmados por conocidos escritores cubanos y algunos extranjeros; Pueblo y Cultura, publicada por el Consejo Nacional de Cultura y dedicada a cuestiones artísticas y literarias y a la divulgación de las actividades desarrolladas por el organismo que la editaba; Mensajes, boletín mimeografiado de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, que divulgaba en su primera etapa textos marxistas sobre estética y en la segunda publicaba trabajos literarios y sobre otras manifestaciones artísticas y notas acerca del movimiento cultural nacional e internacional; Cultura '64, publicada por la delegación provincial de Oriente del Consejo Nacional de Cultura y con información sobre el quehacer cultural, presente y pasado, de Santiago de Cuba, y con colaboración abundante de escritores de la provincia; Vida Universitaria, revista editada por la Comisión de Extensión Universitaria de la Universidad de La Habana, que ya venía publicándose desde 1950 y que recoge en sus páginas las diversas labores de la Universidad, cuestiones políticas nacionales y numerosos trabajos literarios de profesores y alumnos del alto centro docente; Pensamiento Crítico, que, según expresión propia, respondía «a la necesidad de información que sobre el desarrollo del pensamiento político y social del tiempo presente tiene hoy la Cuba revolucionaria», y que dedicó sus páginas a la publicación de artículos y ensayos de contenido polémico, muchos de ellos reproducidos de publicaciones extranjeras, así como discursos, fragmentos de obras y reseñas de libros de contenido político o histórico. Desde hace años vienen apareciendo, con regularidad y calidad notables, publicaciones como El Caimán Barbudo -que inició su salida en 1966 como suplemento cultural del Periódico Juventud Rebelde y que después ha quedado como publicación independiente-, con formato de tabloide y contenido variado, pero preferentemente literario, orientado en especial hacia la juventud, tanto por las materias de que trata como por el peso fundamental que a las colaboraciones de escritores jóvenes se da en sus páginas; Casa de las Américas -que aparece bimestralmente bajo la dirección de Roberto Fernández Retamar y editada por la institución cultural del mismo nombre-, dedicada a la publicación de ensayos de interpretación histórica y literaria de la problemática latinoamericana, a dar a conocer poemas, cuentos, fragmentos de novelas, críticas literarias y otros trabajos de interés literario y cultural de escritores cubanos, latinoamericanos y europeos, y a la función de estrechar las relaciones culturales entre Cuba y los demás países de América Latina; La Gaceta de Cuba, que, con formato de tabloide y publicada por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba desde 1962 -editada ahora mensualmente bajo la dirección de Nicolás Guillén-, ha presentado durante su trayectoria, al igual que la anteriormente mencionadas, varios consejos de reacción y comités de colaboración integrados por destacados escritores cubanos y ha publicado todo tipo de información cultural y abundante material de índole literaria y sobre las actividades de la Unión de Escritores; Islas, que hasta mediados de1968 tuvo como responsable de edición a Samuel Feijóo, publicada por la Universidad Central de Las Villas desde 1958 y que ha dedicado sus páginas a la divulgación del folklore de la provincia y a la publicación de tesis de grado, trabajos de investigación de profesores y alumnos de la Universidad y obras de la literatura cubana poco conocidas o inéditas; Revista de la Biblioteca Nacional «José Martí», desde 1959 en su tercera época, una de las revistas cubanas con más años de fundada en la actualidad (se inició en 1909) -aunque su publicación estuvo suspendida entre 1912 y 1949-, que publica trabajos de interés literario, histórico, artístico y bibliográfico -preferentemente sobre temas cubanos-, a la vez que da a conocer las actividades de la Biblioteca; Unión, revista de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, bajo la dirección de Otto Fernández, que da cabida en sus páginas a trabajos literarios de autores nacionales, aunque también publica numerosos textos de escritores extranjeros, fundamentalmente de países socialistas; Universidad de La Habana, que ha continuado su salida y, con varios cambios de formato en el período, se ha dedicado a la publicación de trabajos de diverso carácter, preferentemente relacionados con las disciplinas humanísticas, a la vez que se ha vinculado de manera estrecha a la problemática nacional de la época. De aparición más reciente que todas las anteriores y también de importancia, son Anuario Martiano, publicado por la Sala Martí de la Biblioteca Nacional «José Martí», en cuyas páginas se han incluido importantes colaboraciones que aclaran facetas de la vida y la obra de nuestro Apóstol, y se han publicado trabajos inéditos suyos y una bibliografía de todo lo que de él o sobre él se publica en el año, tanto en Cuba como en el extranjero; Catálogo, boletín mimeografiado de la Biblioteca «Elvira Cape», de Santiago de Cuba, que trata sobre aspectos de la historia, la literatura y las artes, fundamentalmente de la propia ciudad, y que incluye además secciones de bibliografía técnica y científica; Conjunto, publicada por la Casa de las Américas y dedicada al teatro latinoamericano, que incluye en sus páginas obras inéditas de autores dramáticos del continente y ofrece además panoramas informativos sobre el desarrollo de la actividades teatrales en América Latina; Revolución y Cultura, que en su segundo etapa, como órgano del Consejo Nacional de Cultura -en la primera (1967-1970) intentaba ser vehículo de las tendencias actuales del arte y la literatura dentro y fuera de Cuba, así como analizar el papel del intelectual en la sociedad del presente-, recoge trabajos de creación literaria y otros dedicados a la divulgación de las diversas actividades de nuestro mundo cultural; Santiago, editada por la Universidad de Oriente, que incluye en sus páginas ensayos, poemas, cuentos, entrevistas y otros trabajos de interés literario, histórico y artístico; Signos, que aunque impresa en La Habana, es órgano del Departamento de Investigaciones de la Expresión de los Pueblos, radicado en la provincia de Las Villas, en cuyas páginas se publican trabajos sobre las manifestaciones del folklore cubano y extranjero; Taller -antes Taller Literario-, publicado por los estudiantes de la Escuela de Letras de la Universidad de Oriente, que ha tenido una periodicidad irregular y ha presentado en sus páginas, por lo general, creaciones y otros trabajos literarios de alumnos de la propia escuela, así como notas sobre la vida cultural de la Universidad. A todas estas publicaciones habría que añadir la innumerable cantidad de boletines, generalmente de modesto formato y en muchos casos mimeografiados, que recogen las actividades de los Talleres Literarios de las distintas regiones del país, así como las creaciones de diverso tipo de los escritores agrupados en los mismos. BIBLIOGRAFÍA Abril Amores, Eduardo. «El periodismo en Oriente», en Álbum del cincuentenario de la Asociación de Repórters de La Habana. 1902-1952. La Habana, Editorial Lex, 1952, p. 78-80.|| Alcover, Antonio, Miguel El periodismo en Sagua. Sus manifestaciones (Apuntes para la historia del periodismo cubano). La Habana, Tipografía La Australia, 1901.|| Aragonés y Machado, Alberto. El periodismo en las Villas. Cienfuegos (Las Villas), Imp. Casas, 1953.|| Arango, Rodolfo. «Periodismo humorístico», en El Periodismo en Cuba. 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La finalidad de este anuario era sintetizar la vida del periodismo cubano durante el año precedente, pero además dio a conocer trabajos relacionados con los orígenes y desarrollo de la prensa cubana, publicó biografías, reseñas, anécdotas, trabajos históricos y literarios y algunos cuentos y poemas. Colaboraron en sus páginas Emilio Roig de Leuchsenring, Joaquín Llaverías, Nicolás Guillén, Gustavo Robreño, Andrés Núñez Olano, E. González Manet, Arturo Alfonso Roselló, Enrique Serpa, Armando Leyva, Rafael García Bárcena, Arturo R. de Carricarte, César Rodríguez Expósito, Antonio Penichet, Joaquín Navarro Riera (Ducazcal), Julio Le Riverend, Rafael Esténger, Emeterio S. Santovenia, José María Chacón y Calvo, Enrique Gay Calbó, Gonzalo de Quesada y Miranda, Antonio Iraizoz, Fernando Llés, José Conangla Fontanills, Jorge Mañach y Rafael Suárez Solís. En el volumen correspondiente al año 1952, entre la páginas 101 y 122, apareció un trabajo firmado por Enrique H. Moreno titulado «Nuestro índice», que recoge «el índice alfabético de los ciento cincuenta autores que han colaborado, con la cronología de su labor de cada uno». El último volumen encontrado corresponde al año 1957. Periodista, El (La Habana, 1948; l950-?). Tabloide. Vocero del Colegio Provincial de Periodistas de La Habana. El primer número correspondió al mes de mayo. Fue dirigido en sus inicios por Guillermo Rubiera Rodríguez, después por Jorge Quintana y posteriormente por José A. Barbeito Precede. En el ejemplar inicial aparecía un «Saludo» en el que se expresaba, entre otras cosas, lo siguiente: «Surge a la circulación El Periodista, no tan sólo como una necesidad imperativa de divulgar las tareas que se realizan por nuestra Junta de Gobierno Provincial, o las actividades personales de colegiados, que se distinguen en las batallas del saber humano, sino como consecuencia directa e indubitable de la experiencia obtenida en recientes luchas. Era imprescindible que la Junta de Gobierno Provincial tuviera su órgano de publicidad. Su trinchera modesta, pero tan irreductible como justas fueran sus razones de existencia. Para que nuestro grito fuera más nuestro, pero a la vez más grito también, estamos hoy en la calle.» Se ha revisado en forma consecutiva hasta el número 5, correspondiente a septiembre de 1948. El siguiente número encontrado (9), que corresponde a julio de 1950, trae como subtítulo «Órgano oficial del Colegio Provincial de Periodistas de La Habana» y presenta un formato menor. En una nota titulada «Reaparece El Periodista», se lee: «Para cumplir un acuerdo de la Junta de Gobierno del Colegio Provincial de la Habana que había dado vida a El Periodista, esta publicación vuelve a salir. Las razones por las que dejó de publicarse no son del caso comentar. Lo importante es que El Periodista está de nuevo en la calle [...].» En los primeros cinco números editados en esta etapa aparecen, además de informaciones a los periodistas colegiados, cuentos, poemas y trabajos sobre arte. Se encuentran colaboraciones de Emilio Ballagas, Enrique Serpa, Gustavo Robreño, Félix Pita Rodríguez, Rafael Suárez Solís, Félix Soloni, Andrés Núñez Olano, Rafael Marquina, Manuel Márquez Sterling, Regino Pedroso, Nicolás Guillén, Juan Luis Martín, Manuel Millares Vázquez y Lino Novás Calvo. Se advierte en los números de 1950 en adelante que el tabloide se convierte, exclusivamente, en portavoz de los problemas internos del Colegio Provincial de Periodistas, así como también que empieza a publicar textos sobre cuestiones de carácter político. El último ejemplar localizado corresponde al 10 de abril de 1952. Periquito, El (Matanzas [1868]-?). «Periódico de los niños cuya lectura puede ser útil a muchos que ya han dejado de serlo», dice en el primer número encontrado (17), correspondiente al 20 de diciembre de 1868. Tenía una periodicidad semanal. Era dirigido por Ildefonso Estrada y Zenea. Solamente se han localizado siete números, en los que aparecen cuentos, poemas, adivinanzas literarias y trabajos sobre ciencias, historia, filosofía y teología. Mantuvo la sección «Diccionario de los niños», dedicada a la divulgación de preceptos morales, religiosos y sociales, así como instrucciones y máximas para desarrollar una buena educación. Figuraron en sus páginas colaboraciones del director, firmadas con las iniciales I. de E. y Z., de Antonio López Prieto y de Cecilia del Castillo y León. El último número localizado (26) corresponde al 21 de febrero de 1869. Se ha hallado otro ejemplar, de formato similar e igual director y subtítulo, correspondiente a la época 7, número 9, del lº de marzo de 1874. PEROJO, José del (Santiago de Cuba, ?.1853-Madrid, 17.10.1908). Estudió el bachillerato en Santander, España. Amplió sus estudios de filosofía y jurisprudencia en Francia, Inglaterra y Alemania. Obtuvo el doctorado en Filosofía en la Universidad de Heidelberg. Se especializó en la obra de Kant. Fue uno de los promotores del neokantismo en España. En 1880 fundó en Madrid la Revista Contemporánea, de orientación científica. Entre 1886 y 1905 fue cuatro veces diputado a Cortes, a las que asistió como representante del Partido Autonomista Cubano. Fundó y dirigió además La Opinión (1886), Nuevo Mundo (1894), El Teatro (1900). Fue redactor de El Progreso. Colaboró en El País, Revista Europea y Revista de España. Un trabajo suyo sobre Schopenhauer fue publicado en el periódico alemán Philosophishe Monatshefte, que dio a conocer además una biografía suya. Se destacó como conferenciante. Fue el primer traductor al castellano del texto completo de la Crítica de la razón pura, de Kant, publicada en Madrid en 1883. Tradujo, además, en colaboración con Enrique Camps, La descendencia del hombre y la selección en relación al sexo, de Darwin. Falleció cuando hacía uso de la palabra en las Cortes, de las que a la sazón era diputado por Islas Canarias. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Ensayos sobre el movimiento intelectua1 en Alemania. Madrid, Imp. de Medina y Navarro [1875]. || La colonization espagnole [sic]. Conférence de 10 septembre 1883. (Exposition internationale d'Amsterdam). Amsterdam, Schroeder, 1883. || Cuestiones coloniales. I. España como nación colonizadora. II. Relaciones políticas entre las colonias y la Madre Patria. Discurso. Madrid, Imp. de M. G. Hernández, 1883. || Ensayos de política colonial. Madrid, Imp. de M. Ginesta, 1885. || La cuestión de Cuba. Discursos parlamentarios por [...] en las sesiones del 9 y 14 de mayo de 1887. Madrid, Imp. de los hijos de J. A. García, 1887. || Comercio de España con las repúblicas hispano-americanas. Lo que es. Lo que debía ser. Ponencia en la sesión cuarta del Congreso Geográfico Hispano-portugués-americano. Madrid, Tipografía Franco-española, 1892. || Ensayos sobre educación. Madrid, Imp. Nuevo Mundo, 1907. || La educación española. Discursos pronunciados en el Congreso de los Diputados los días 18 y 19 de diciembre de 1904. || La pedagogía y la política. Madrid, Imp. de Nuevo Mundo, 1908. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Hernández Catá, Alfonso. «José del Perojo», en El Fígaro. La Habana, 23 (48): 585, dic. 18, 1907. || Martínez Arango, Felipe. «Perojo y Figueras, José del (1852-1908)», en su Próceres de Santiago de Cuba. Índice biográfico alfabético. Trabajo presentado al IV Congreso Nacional de Historia. Pról. de Leonardo Griñán Peralta. La Habana, Imp. de la Universidad de la Habana, 1946, p. 141-142. || Vitier, Medardo. «José del Perojo», en su La filosofía en Cuba. México, D.F., Fondo de Cultura Económica, 1948, p. 169-180. Pétalos (Guantánamo, Oriente, 1912-[1913?]). «Revista decenal ilustrada. Ciencias, artes y letras», se lee en el primer ejemplar visto (número 2), correspondiente al 20. de octubre de 1912. Fue dirigida y administrada por Angelina Castellanos Díaz. Durante varios números Sara Isalgué fue su redactora. Publicó poemas, cuentos, prosa poética, crítica literaria y trabajos sobre educación femenina y música. Aparecieron también en sus páginas noticias teatrales de la ciudad. Entre sus colaboradores figuraron Fernando Torralva, Higinio J. Medrano, Pedro A. López, Rafael G. Argilagos, Daniel N. Bertrán (Pierrot), Rafael y Eduardo Pullés y Luis M. Catalá. Reprodujo composiciones de varios poetas latinoamericanos, como Julio Flores, Salvador Rueda, José Santos Chocano y Rubén Darío. Algunas colaboraciones fueron firmadas bajo los seudónimos Bravonel (seud. de Manuel Lozano Casado) y Dr. Oka. El último número visto corresponde al 30 de marzo de 1913. PEZUELA, Jacobo de la (Cádiz, España, 24.7.1811-La Habana, 3.10.1882).Cursó estudios en el Colegio de San Mateo, de Madrid, el, Colegio de Escoceses, de Valladolid, estudió dos años de latinidad y de lengua inglesa entre 1823 y 1825. Se trasladó a Burdeos. Fue alumno del Colegio Real de Angulema y se graduó de Bachiller en Letras en Montpellier (1828). Regresó a España con su padre en 1829. Ingresó en las armas en 1833. Como ayudante de campo del teniente general don Gerónimo Valdés y con el grado de teniente coronel, llegó a La Habana en 1841. Fue nombrado socio de número de la Real Sociedad Económica de la Habana en 1842 por su Ensayo histórico de la Isla de Cuba. Desempeñó el cargo de coronel del regimiento de Matanzas y ocupó las tenencias de gobierno de Sagua la Grande y de San Julián de Güines, en Las Villas y la Habana respectivamente. En 1847 se trasladó a Europa. Se dedicó a buscar datos sobre Cuba en España, Francia e Inglaterra. Tras su regreso a Cuba tuvo que marcharse de nuevo, en 1850, al ser destituido de sus cargos por el nuevo gobernador, Gutiérrez de la Concha. Regresó en 1852 al ser relevado el gobernador. Entre 1853 y 1856 dirigió el periódico semanal Anales y Memorias de la Real Junta de Fomento y Real Sociedad Económica de la Habana, donde publicó sus trabajos «Estado actual de la esclavitud en los Estados Unidos» y «Situación actual de la Turquía», entre otros. Se retiró del ejército en 1854. Ese mismo año, al ser nombrado nuevamente Gutiérrez de la Concha, se marchó a España. Ingresó en la Real Academia de la Historia en 1865. Era miembro de la Sociedad Universal de Ciencias de París, de la Sociedad Geográfica de Madrid y de la de Londres. Como colaboración a la Crónica general de España escribió su Crónica de las Antillas (1871). En la Revista de España (1872) publicó su monografía «El Conde de Aranda», parte integrante de su inédita Historia de todos los capitanes generales de Cuba, desde la creación de este cargo. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Ensayo histórico de la Isla de Cuba. New York, Imp. Española de R. Rafael, 1842. || Sitio y rendición de la Habana en 1762. Con un plano de la plaza de la Habana. Madrid, Imp. de M. Rivadeneyra, 1859. || Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la Isla de Cuba. Madrid, Imp. del Establecimiento de Mellado - Imp. del Banco Industrial y Mercantil, 1863-1866. 4 t. || Necesidades de Cuba. Madrid, Imp. Banco Industrial y Mercantil, 1865 || Historia de la Isla de Cuba. Madrid, Carlos Bailly-Baillière, 1868-1878. 4 t. || Cómo vio Jacobo de la Pezuela la toma de la Habana por los ingleses. Cuatro capítulos de su Historia de la Isla de Cuba y un fragmento de su Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la isla de Cuba. Nota preliminar por Emilio Roig de Leuchsenring. La Habana, Oficina del Historiador de la Ciudad, 1962 (Colección del bicentenario de 1762, 4). BIBLIOGRAFÍA PASIVA Bachiller y Morales, Antonio. «Bibliografía. Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la isla de Cuba por D. Jacobo Pezuela. T. 1.», en El Siglo. La Habana, 2 (193): 2-3, ago. 13, 1863. || Funtanellas, Carlos. «D. Jacobo de la Pezuela historiador de Cuba (1812 [sic]-1882)», en Estudios de la historiografía americana. México, D.F., El Colegio de México, 1948, p. 433-478. || Montoro Valdés, Rafael. Trabajos históricos, jurídicos y económicos. La Habana, Cultural, 1930, p. 29-35 (Obras, 3). || Pérez Cabrera, José Manuel. «Los clásicos de la historia de Cuba. II. Jacobo de la Pezuela»,- en su Historiografía de Cuba. México. D. F., Instituto Panamericano de Geografía e Historia, l962, p. 203-225 y 242-246 (Publicaciones, 262). || Remos, Juan J. «La obra histórica de Pezuela», en Revista de la Biblioteca Nacional. La Habana, segunda serie, 6 (1): 59-62, ene.-mar., 1955. PICHARDO, Esteban (Santiago de los Caballeros, Santo Domingo, 26.12.1799-La Habana, ?.1879). Su familia se trasladó a Cuba en 1801 a causa de la cesión que España hizo a Francia de su isla de origen. Después de una breve estancia en Baracoa (Oriente) se trasladaron a Puerto Príncipe (Camagüey). En la Audiencia Pretorial de Santo Domingo, en esta ciudad, su padre desempeñó un cargo. Inició sus estudios en esta misma villa. Se graduó de bachiller en el Seminario San Carlos, en La Habana, en 1815. En Camagüey se graduó de derecho en 1821. En su juventud viajó por Estados Unidos, las Antillas y Europa. Envuelto en un proceso judicial por un equívoco surgido en la aduana española en 1825, huyó a Francia. Ejerció su profesión en Guanajay (Pinar del Río), La Habana, Matanzas, Puerto Príncipe, Santa Clara y Santiago de Cuba. Fue secretario de la Comisión Territorial y de la Comisión Provincial del Censo. Fue premiado por la Academia de Ciencias de La Habana, de la que fue académico de mérito. Era socio de la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Dejó sin concluir una serie de trabajos iniciados y otros en proyecto. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Notas cronológicas sobre la Isla. La Habana, 1822. || Miscelánea poética. Poesías. La Habana, Imp. de Díaz de Castro [1822?]; La Habana, Imp. de la Universidad de Antonio M. Valdés, 1928. || Itinerario general de los caminos principales de la Isla de Cuba. La Habana, Imp. de Palmer, 1828. || Diccionario provincial de voces cubanas. Matanzas, Imp. de la Real Marina, 1836; Diccionario provincial casi razonado de voces cubanas. 2a. ed. notablemente aum. y corr. La Habana, Imp. de M. Soler, 1849; 3a. ed. notablemente aum. y corr. La Habana, Imp. La Antillana, 1862; 4a. ed. corr. y aum. La Habana, Imp. El Trabajo, 1875; Pichardo novísimo; o, Diccionario provincial casi razonado de vozes [sic] y frases cubanas. Novísima ed. corr. y ampliamente anotada por Esteban Rodríguez Herrera. La Habana, Selecta, 1953. || Estadística y geografía judicial de Matanzas. Matanzas, Imp. de Gobierno y Real Marina, 1838. || Geografía de la Isla de Cuba. La Habana, Establecimiento Tipográfico de M. Soler, 1854-1855. 4 t. || Caminos de la isla de Cuba. Itinerarios. La Habana, Imp. Militar de M. Soler, 1865. 3 t. || El fatalista. Novela cubana. La Habana, Imp. Militar de M. Soler, 1866. || Nueva Carta geotopográfica de la Isla de Cuba. La Habana, Imp. Militar, 1870. || Gran carta geo-corotopográfica de la Isla de Cuba. 1849 a 1862 [¿s.l., s.a.?]. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Cárdenas Rodríguez, José María. «Breves reparos al diccionario de Pichardo», en Revista Cubana. La Habana, 6: 393-404, 1887. || «Entierro de Don Esteban Pichardo», en Revista de Cuba. La Habana, 6: 100, 1879. || «Esteban Pichardo», en Revista de Cuba. La Habana, 6: 90-92, 1879. || Massip. Salvador. Esteban Pichardo. 1799-1879. La Habana, Editora de Libros y Folletos, 1941. || Valdivia, Humberto. El geógrafo cubano. Estudio biográfico y crítico sobre Esteban Pichardo Tapia. La Habana, Editorial Alberto Soto [s.a.]. 2 t. || Varona, Enrique José. «Diccionario provincial de voces y frases cubanas. 4a. ed.», en La Enseñanza. La Habana, 1 (3): 29-333, nov. 1, 1875. PICHARDO, Francisco Javier (Puerto Príncipe, 13.3.1873-La Habana, ?.1941). Se educó en el colegio de los Padres Escolapios de su ciudad natal. Entre 1891 y 1898 publicó diversas narraciones en publicaciones periódicas de Camagüey. Se graduó de bachiller en 1894. Viajó a México en 1896. Tras su permanencia de más de un año en territorio mexicano, regresó a Cuba para incorporarse a las filas insurrectas cubanas, a las que se sumó en 1898 junto con dos hermanos. Terminada la contienda, recibió su licenciamiento en 1899. Trabajó en el primer censo de la República y en las oficinas de un central azucarero de su provincia natal. Colaboró en Letras, La Discusión, Azul y Rojo, Bohemia, El Fígaro. Escribió piezas teatrales breves. Su labor pública en la Administración de Hacienda lo apartó de la literatura. Sus últimas producciones, dispersas en publicaciones periódicas, datan probablemente de los primeros años de la década de 1820. Hizo traducciones al español de poemas de Les trophées, de José María Heredia, en cuyas versiones trabajó durante algún tiempo. Utilizó los seudónimos Kaolino, Tarás, Pacarchio y las iniciales F. P. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Voces nómadas [Poesía]. La Habana, Imp. La Universal, 1908. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Carbonell, José Manuel. «Francisco de Jesús Pichardo», en su La poesía lírica en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. T. 5. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928, p. 7-8 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 5). || Lizaso, Félix y José Antonio Fernández de Castro. «Francisco J. Pichardo», en su La poesía moderna en Cuba (1882-1925). Antología crítica, ordenada y publicada por [...]. Madrid, Editorial Hernando, 1926, p. 169-170. || Suardíaz, Luis. «Francisco Javier Pichardo cien años después», en Revolución y Cultura. La Habana, (13): 3-10, ago., 1973. || Vitier, Cintio. «Francisco J. Pichardo», en su Cincuenta años de poesía cubana (1902-1952). Ordenación, antología y notas de [...]. La Habana, Ministerio de Educación. Dirección de Cultura, 1952, p. 34. PICHARDO MOYA, Felipe (Camagüey, 18.10.1892-La Habana, 30.3.1957). Durante sus años de estudiante en el Instituto de la Habana publicó sus primeros poemas en la página literaria de Cuba y fundó, con José María Chacón y Calvo, Mariano Brull, Gustavo Sánchez Galarraga y otros, la Sociedad Filomática. Con su poema «Visión del istmo» obtuvo un accésit en los Juegos Florales Hispano-cubanos de 1915. Se graduó de abogado en la Universidad de la Habana. Poco después, en 1917, se trasladó a su ciudad natal y comenzó a ejercer su profesión en el bufete de su hermano mayor. Fue profesor de literatura y director del Instituto de Camagüey. Fue jefe de redacción de Gráfico y redactor de Heraldo de Cuba. Colaboró en Letras, Actualidades, Cuba Contemporánea, Revista Cubana, Social, El Fígaro. Trabajó como periodista en Avance. Fue miembro de la Academia Cubana de la Lengua. Obtuvo por oposición un alto cargo en el Tribunal de Cuentas. Es autor de las obras de teatro «Alas que nacen; farsa que quiere ser trágica» (Cuba Contemporánea. La Habana, 32: 50-65, 1923), «Agüeibaná», tragedia del tiempo de los indios taínos de Cuba (Revista de Arqueología. La Habana, 3 (5): 26-66, 1941) y «La oración», farsa de los viejos tiempos (Revista Cubana. La Habana, 15: 108-136, 1941). Es autor, además, de la edición y el estudio crítico de Espejo de paciencia [1942], de Silvestre de Balboa, y del ensayo «La cubanidad en nuestra poesía anterior a Heredia», publicado en Memoria del Cuarto Congreso del Instituto Internacional de Literatura (1949). Es considerado uno de los precursores de la poesía negrista en Cuba por sus poemas «La comparsa» y «Filosofía del bronce». BIBLIOGRAFÍA ACTIVA La ciudad de los espejos y otros poemas. Camagüey, Imp. Gutenberg, 1925. || La oración; farsa de los viejos tiempos... Separata de Revista Cubana. La Habana, 1941. || Canto de isla. Poema. La Habana, Úcar, García, 1942. || Caverna, costa y meseta. Interpretaciones de arqueología indocubana. La Habana, J. Montero, 1945 (Biblioteca de historia, filosofía y sociología, 17). || Los indios de Cuba en su tiempos históricos. Trabajo leído en recepción pública la noche del 28 de septiembre de 1945. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1945. || Cuba precolombina. Un texto para maestros y alumnos. La Habana, Editorial Librería Selecta, 1949. || Los aborígenes de las Antillas. México, D.F., Fondo de Cultura Económica, 1956. || El primer caney explorado en Cuba. Tirada aparte de la Miscelánea de estudios dedicados a Fernando Ortiz por sus discípulos, colegas y amigos. La Habana, 1956. || Poesías. «En memoria de Felipe Pichardo Moya», por José María Chacón y Calvo. «Elogio de Felipe Pichardo Moya», por Juan Fonseca y Martínez. «Recuerdo de Felipe Pichardo Moya», por Agustín Acosta. La Habana, Ed. de la Academia Cubana de la Lengua, 1959. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Álvarez Conde, José, «Felipe Pichardo Moya: su vida y su obra», en Revista de la Junta Nacional de Arqueología y Etnología. La Habana, época 5a., número único: 83-93, dic., 1961. || Carbonell, José Manuel. «Felipe Pichardo Moya (1892)», en su La poesía lírica en Cuba. Recopilación, dirigida, y prologada y anotada por [...]. T. 5. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928, p. 348 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 5). || Chacón y Calvo, José María. «Hechos y comentarios. Felipe Pichardo Moya», en Diario de la Marina. La Habana, 125 (79): 4-A, abr. 2, 1957; «Felipe Pichardo Moya» en El Mundo. La Habana, 66 (21 866): 1, 2, abr. 16, 1967. || González Freire, Natividad. «Teatro histórico-social: Felipe Pichardo Moya», en su Teatro cubano contemporáneo (1928-1957). La Habana, Talleres Tipográficos Sociedad Colombista Panamericana, 1958, p. 69-76. || Lizaso, Félix y José Antonio Fernández de Castro. «Felipe Pichardo Moya», en su La poesía moderna en Cuba (1882-1925). Antología crítica, ordenada y publicada por [...]. Madrid, Editorial Hernando, 1926, p. 281-282. || Roa, Raúl. «Felipe Pichardo Moya», en su 15 años después. La Habana, Editorial Librería Selecta, 1950, p. 553. || Vitier, Cintio. «Felipe Pichardo Moya», en su Cincuenta años de poesía cubana (1902-1952). Ordenación, antología y notas de [...]. La Habana, Ministerio de Educación. Dirección de Cultura, 1952, p. 92. PICHARDO VIÑALS, Hortensia (La Habana, 22.1.1904). Se graduó en la Escuela Normal para Maestros de La Habana en 1921 y se doctoró en Pedagogía en 1924. También se doctoró, en 1934, en la Facultad de Filosofía y Letras, en la que realizó estudios de la especialidad Geográfico-Histórica. Llevó a cabo trabajos de investigación sobre temas cubanos en mapotecas y archivos de Estados Unidos, en el Archivo Nacional, en la Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País, en el Archivo Municipal y el Museo de Santiago de Cuba. De 1944 a 1962 fue profesora de historia en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Víbora (La Habana). En este centro dirigió el Museo de Historia y Geografía y ofreció charlas y conferencias sobre temas históricos nacionales y sobre medios técnicos para la enseñanza de la historia. Concurrió a todos los congresos nacionales de historia como miembro titular de la Sociedad Cubano de Estudios Históricos Nacionales e Internacionales. Asistió además a los congresos nacionales de la Federación y el Colegio de Doctores en Ciencias y en Filosofía y Letras. En 1961 pasó a la Universidad de la Habana, donde ha ocupado las cátedras de Técnica de la Investigación Histórica e Historiografía de Cuba. Formó parte de la primera delegación de profesores universitarios que visitó los países socialistas (1961-1962). Participó en el Seminario para conmemorar el IV centenario de la muerte de fray Bartolomé de las Casas (1966). Ha colaborado en Alma Cubana, Revista Bimestre Cubana, Instituto de la Víbora, Revista Lyceum, Islas, Revista de la Biblioteca Nacional «José Martí», Bohemia, Santiago, Anuario Martiano y otras publicaciones periódicas. En colaboración con su esposo, Fernando Portuondo, publicó En torno a la conquista de Cuba y compiló los Escritos (1974) de Carlos Manuel de Céspedes. Ha prologado o anotado la Carta de relación de la conquista de Cuba (19-), de Diego Velázquez; Diario del primer viaje; parte referente a Cuba (19-), de Cristobal Colón; Descripción de la Isla de Cuba (1973), de Nicolás Joseph de Ribera; la Constitución de Jimaguayú (19-). Ha compilado y anotado Lecturas para jóvenes (1960), Lecturas para niños (l962) y Naturaleza, agricultura, trabajo (1968), de José Martí; Cartas a Francisco Carrillo (1971), de Máximo Gómez y Documentos para la Historia de Cuba (1965-1973), en varios volúmenes. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Mercedes Matamoros, su vida y su obra, La Habana, 1952. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Méndez, Manuel Isidro. «[Mercedes Matamoros, su vida y su obra, de Hortensia Pichardo]», en Revista de la Biblioteca Nacional. La Habana, 2a. serie, 7 (3):185-186, jul.-sep., 1956. || Rodríguez, Pedro Pablo. «Cartas de Máximo Gómez a Francisco Carrillo», en Universidad de La Habana, La Habana, (196-197): 365-368, 1972. PICHARDO Y ARREDONDO, Próspero (Santa Clara, 25.6.1874-[La Habana, ?]). Se graduó de Bachiller en Artes en su ciudad natal. Muy joven aún se inició en la literatura y el periodismo. Radicado en La Habana, comenzó a publicar en la revista El Hogar. Fue redactor del Diario de la Familia, El Fígaro, La Discusión, etcétera. Fue cronista social en el periódico El Mundo desde su fundación en 1901. Alejado del periodismo desde 1908, ingresó en el cuerpo consular como vicecónsul adscrito al Consulado General en Rotterdam (Holanda). Ocupó cargos en Saint-Nazaire (Francia, 1911-1912), Vigo (España, 1912-1915), Jamaica (1915-1918), Japón (1918-1920 y 1921-1923) y Checoslovaquia. A principios de 1935 cesó en sus funciones de diplomático. Usó el seudónimo Florimel. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Párrafos y estrofas [Pról. de Manuel Márquez Sterling]. La Habana, Imp. La Musical, 1904. || Arte y vida. Álbum de la sociedad habanera. Colección de sonetos, crónicas sociales. Pról. de Conde Kostia, seud. de Aniceto Valdivia. La Habana, Imp. Mercantil, 1907. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Collantes, José. «Gente nueva. Próspero Pichardo Arredondo», en El Fígaro. La Habana, 15 (41): 417, nov. 5, 1899. || García Garófalo Mesa, Manuel. «Próspero Pichardo y Arredondo», en su Los poetas villaclareños. La Habana, Imp. J. Arroyo, 1927, p. 203-205. PICHARDO Y PERALTA, Manuel Serafín (Santa Clara, 12.10.1863-Madrid, 13.3.1937). Cursó la primaria en su ciudad natal. Se doctoró en Leyes en la Universidad de la Habana. Fue fundador, con Ramón A. Catalá, de El Fígaro (1885). Colaboró desde muy joven en diversas publicaciones periódicas, entre ellas La Lucha. Actuó como miembro sustituto de la Convención Constituyente y fue secretario de la Sala de Gobierno de la Audiencia de La Habana. En 1909 ingresó en el cuerpo diplomático como secretario de la Legación de Cuba en Madrid, donde residió desde entonces. Creó y presidió la Asociación de la Prensa de Cuba. Era miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras, la Academia Cubana de la Lengua -creada por iniciativa suya-, la Real Academia Hispanoamericana de Cádiz, etcétera. Trabajó como secretario general de la Comisión Internacional de Tecnología y Bibliografía, de Madrid. Obtuvo condecoraciones de Francia e Italia. Al morir ocupaba el cargo de consejero-ministro de la Embajada de Cuba en Madrid. Utilizó el seudónimo El Conde Fabián. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA La ciudad blanca. Crónicas de la Exposición Colombiana de Chicago. Prefacio de Enrique J. Varona. La Habana, Imp. La Propaganda Literaria, 1894: La Habana, Imp. La Moderna [s.a.] (Biblioteca de El Fígaro, 5). || Cuba a la República. Poemas en dos cantos. Con una carta de Diego Vicente Tejera. La Habana, Tipografía El Fígaro, 1902. Canto a Villa Clara. La Habana, Imp. de Ruiz, 1907. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Carbonell, José Manuel. «Manuel Serafín Pichardo y Peralta (1863)», en su La poesía lírica en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...] T. 4. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928, p. 351-353 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 4). Carducci Teisser, P. «Galería biográfica internacional: Manuel Serafín Pichardo, poeta cubano», en El Fígaro. La Habana, 23 (20): 233, may., 1907. Catalá, Raquel. «Honores al director de El Fígaro. Homenaje de Villaclara a Pichardo», en El Fígaro. La Habana, 23 (16): 184, abr., 1907. Chacón y Calvo, José María». Evocación de Pichardo La Habana, Imp. Molina, 1938. Darío, Rubén. «Manuel Serafín Pichardo», en El Fígaro. La Habana, 35 (20-21): 586, may. 26-jun. 2, 1918. Esténger, Rafael. «Manuel Serafín Pichardo», en su Cien de las mejores poesías cubanas. 2a. ed. aumentada con un ensayo preliminar y la inclusión de poetas actuales. La Habana, Eds. Mirador, 1948, p. 282. González, Joaquín. «Pichardo en Villaclara, honores resonantes a nuestro director Pichardo, en su pueblo natal» y «Grandes fiestas en Villaclara en honor de Pichardo», en El Fígaro. La Habana, 30 (15 y 16): 178-179 y 187, abr., 1914, resp. Henríquez Ureña, Pedro. «El modernismo en la poesía cubana, en su Selección de ensayos. Selección y pról, de José Rodríguez Feo. La Habana, Casa de la Américas, l965, p. 9-10 (Colección literaria latinoamericana, 20). Lezama Lima, José. «Manuel Serafín Pichardo», en su Antología de la poesía cubana. T. 3. La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1965, p. 430-431. Lizaso, Félix y José Antonio Fernández de Castro. «Manuel Serafín Pichardo», en su La poesía moderna en Cuba (1882-1925). Antología crítica, ordenada y publicada por [...]. Madrid, Editorial Hernando, 1926, p. 138-139. Magariños, Santiago. «Poetas americanos. Manuel Serafín Pichardo», en Diario de la Marina, La Habana, 96 (242): 18, ago. 30, 1938. Morales, Alfredo Martín. «Manuel S. Pichardo», en El Fígaro. La Habana, 19 (26): 320-321, jun., 1903. Montesino, Francisco. «Leyendo a Pichardo», en Diario de la Marina. La Habana, 69 (61): 6, mar. 11, 1908. Trelles, Carlos M. «Un Poeta cubano en Chicago», en Revista Cubana. La Habana, 19: 289-305, 1894. Vitier, Cintio. «Manuel Serafín Pichardo», en su, Cincuenta años de poesía cubana (1902-1952). Ordenación, antología y notas por [...]. La Habana, Ministerio de Educación. Dirección de Cultura, 1952, p. 23. PIEDRA-BUENO, Andrés de (Unión de Reyes, Matanzas, 3.4.1903-La Habana, 19.9.1958). Cursó el bachillerato en el Colegio de Belén. Se graduó de abogado en la Universidad de la Habana en 1924. Obtuvo diversos premios y galardones literarios, entre ellos el de la Academia Nacional de Artes y Letras y el de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, en el concurso de las Bodas de Plata de la República (1927), por su poema Lápida heroica. Fue empleado del Consejo Corporativo creado por el régimen de Batista. Asistió, en representación suya, al Primer Congreso de Arte, celebrado en Santiago de Cuba en 1939, y a la II Reunión Interamericana del Caribe, en Ciudad Trujillo (República Dominicana). Representó al Ministerio de Defensa en el Primer Congreso de Archiveros, Bibliotecarios y Conservadores de Museo del Caribe, así como en el Primer Congreso Histórico Municipal Interamericano, ambos en 1942. Era miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras y del Instituto de Previsión y Reformas Sociales. Recopiló y prologó la antología Pasión de Cuba (La Habana, Ministerio de Educación. Dirección de Cultura, 1947). Con Yolanda Lleonart es coautor de Artigas (La Habana, Sociedad Colombista Panamericana, 1945). Es autor de una versión al español del poema Martí, de Eliezer Aronowsky, escrito en yidisch y traducido literalmente por A. Marcus Matterin. Poemas suyos han sido traducidos al yidisch por Aronowsky. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Vas spirituale [s.l.], 1924. Lápida heroica. Poema premiado por la Academia Nacional de Artes y Letras en su certamen poético de asunto patriótico, correspondiente al curso académico 1925-1926. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1927; 3a. ed. La Habana, El Avisador Comercial, 1929. En el camino. Poesías. La Habana, Editorial Hermes, 1926. Pascualita. Versos a una niña que nació poeta. La Habana, Imp. Carasa, 1933. Blanca Nieves. Poema. La Habana [s.i.], 1938. Del niño al libro. La Habana, Imp. P. Fernández, 1939; Santiago de Cuba, 1939. Martí, mensaje biográfico. La Habana, Eds. del Instituto Cívico Militar, 1939; 2a. ed. Id., 1953; Id., 1955; 4a. ed. Id., 1956. Matanzas y sus poetas. Conferencia. La Habana, P. Fernández, 1939. Obras completas. La Habana, Imp. P. Fernández, 1939. 2 v. Versos. La Habana, P. Fernández, 1939. Yolandia. Poemas. La Habana, P. Fernández, 1939. Don Bosco. Poema. La Habana, Talleres de la Institución Inclán P.P. Salesianos, 1941; Buenos Aires, Sociedad Editora Internacional, 1941. Evocación de Byrne y Martí americanista. La Habana, Tipografía de la Institución Inclán, 1942. Canto de fe, patria y amor. La Habana, La Verónica, 1943. Oriente. Poema. La Habana, P. Fernández, 1943. Tabaco. Poema. La Habana, P. Fernández, 1944. América y la post-guerra. Ensayo. La Habana, Ed. W. M. Jackson, 1945. Literatura cubana; síntesis histórica. La Habana, Editorial América, 1945. Maceo. Síntesis biográfica. La Habana, Ed. del Instituto Cívico Militar [de] Ceiba del Agua, 1945. López del Valle, pincelada biográfica. La Habana, 1946. El epigrama en Cuba. La Habana, Tipografía Villegas, 1947. Medalla del centenario; las hermanas de la Caridad de la Casa de Beneficencia y Maternidad de la Habana. La Habana, Tipografía Villegas, 1947. América en Martí. Montevideo, Editorial Florensa C. Lafon, 1949. La poesía, umbral y dosel de la historia. Trabajo leído en recepción pública el día 22 de diciembre de 1949. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1949 (Academia de la Historia de Cuba). Cuba en la bandera. La Habana, Tipografía La Universal, 1950. Mayía La Habana [s.i.], 1950; La Habana, Centro Superior Tecnológico del Instituto Cívico Militar, 1957. Camino de gloria. La Habana, Sociedad Colombista Panamericana, 1951. Marta Abreu, Marta de Cuba. La Habana, Imp. El Sol, 1951. Lanuza. Proemio por Miguel Ángel Céspedes. La Habana, Editor Juan González, 1953. Semblanza de Ignacio Agramonte. La Habana, Eds. del Instituto Cívico-Militar, 1953; 2a. ed. Id. Siempre Martí. La Habana, Publicaciones de la Biblioteca Nacional, 1953. La virgen María en la literatura cubana. (Ed. del Boletín de las Provincias Eclesiásticas de Cuba). La Habana Imp. Albino Rodríguez, 1955. Horizontes de 1a Isla. La Habana, Artes Gráficas del Instituto Cívico Militar, 1958. Antología poética. 1903-1958. Selección y ordenamiento de Yolanda Lleonart y Oscar Fernández de la Vega. La Habana, Talleres Tipográficos Alfa, 1960. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Álbum recuerdo a Andrés de Piedra Bueno. Matanzas [s.i.], 1934. Andrade Coello, Alejandro. «El Martí de Piedra Bueno», en Hero. Sancti-Spíritus (Las Villas), 35 (9): [3-4] set., 1942. «Andrés de Piedra-Bueno. Martí», en América. La Habana, 40 (2 y 3): 95, ago.-set., 1953. Carbonell, José Manuel. «Andrés de Piedra Bueno (1903)», en su La Poesía lírica en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. T. 5. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928, p. 532-533 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 5). Martínez Bello, A[ntonio]. «Tabaco, de Piedra-Bueno», en El Fígaro. La Habana, 2 (5): 12, may., 1944. Parrabere, Arnaldo Pedro. Cuba y Uruguay estrechados por dos poetas: Dr. Andrés de Piedra Bueno [y] Yolanda Lleonart. Montevideo [s.i.], 1943. PIEDRA DÍAZ, Francisco Sixto (Cercanías de Cárdenas, Matanzas, 5.9.1861-Cárdenas, 3.5.1918). Obligado por la necesidad de trabajar, dejó inconclusos sus estudios primarios. A los dieciséis años de edad vio publicado su primer poema en el Boletín Mercantil, de Cárdenas. Trabajó como tabaquero en Jovellanos y Colón, en la provincia de Matanzas, y en Tampa (Florida, EE.UU.). Desde Estados Unidos colaboró con los insurrectos cubanos. Regresó a Cuba después de terminada la guerra en 1898. Fue premiado en los juegos florales de la Asociación de la Prensa de Oriente, en Santiago de Cuba (1914). BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Crepusculares. Décimas. Cárdenas (Matanzas), M. Aragón, 1904. || Quejumbrosas. Poesías. La Habana, Imp. Rambla, Bouza, 1919. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Carbonell, José Manuel. «Francisco Sixto Piedra (1861-1918)», en su La poesía lírica en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. T. 4. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928, p. 307 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 4); «Francisco Sixto Piedra (1861-1918)», en su La poesía revolucionaria en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. Tomo único. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1928, p. 362 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 6). || Dollero, Adolfo. «Piedra y Díaz, Francisco S.», en su Cultura cubana (La provincia de Matanzas y su evolución). La Habana, Imp. Seoane y Fernández, 1919, p. 163-164. PIEDRA MARTEL, Manuel (Cifuentes, Las Villas, 25.9.1868-La Habana, 7.8.1954). Cursó estudios de arte. Abandonó su educación y su trabajo y se incorporó a la guerra libertadora de 1895. Al terminar la guerra había alcanzado el grado de coronel del Ejército Libertador. En la República Dominicana ocupó el cargo de coronel del Estado Mayor del Cuartel General del Ejército. Tras su regreso a Cuba, trabajó en la aduana y en la Cámara de Representantes. Sufrió prisión en 1905 por asuntos políticos. Volvió a República Dominicana como cónsul y encargado de negocios de Cuba. Más tarde, ya en Cuba y bajo el gobierno de José Miguel Gómez, ocupó la jefatura de la policía de La Habana con el grado de brigadier. Fue director del censo. Representó a Cuba en Guatemala como cónsul y encargado de negocios. Bajo el régimen de Machado fue designado ministro plenipotenciario de Cuba en América Central. Más tarde ocupó el mismo cargo en China. Era miembro de la Academia de la Historia de Cuba. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Mis primeros treinta años; memorias, infancia y adolescencia. La Guerra de independencia. La Habana, Editorial Minerva, 1943; 2a. ed. Id., 1944; 3a. ed. Id., 1945. || Juan Rius Rivera y la independencia de Cuba. Trabajo leído por el académico correspondiente en Marianao, provincia de la Habana [...] en recepción pública, la noche del 10 de abril de 1945. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1945. || Campañas de Maceo en la última Guerra de Independencia. La Habana, Editorial Lex, 1946. || Memorias de un mambí. La Habana, Editora del Consejo Nacional de Cultura, 1966; [2a. ed.], La Habana, Instituto del Libro, 1968. BIBLIOGRAFÍA. PASIVA Carbonell, José Manuel. «Manuel Piedra y Martell (1868)», en su La prosa en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. T. 3. La Habana, Imp. Montalvo y Cárdenas, 1928, p. 511-512 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 14). || Costa, Octavio Ramón. «Memorias de un héroe (Manuel Piedra)», en su Suma del tiempo [Artículos, ensayos, discursos, conferencias]. La Habana, Úcar, García, 1951, p. 17-21. || Otero, José Manuel. «Libros. Memorias de un mambí», en Granma. La Habana, 3 (64): 8, mar. 8, 1967. PIERRA DE POO, Martina (Camagüey, 8.2.1833-La Habana, 31.5.1900). Comenzó a escribir desde muy joven. A los quince años publicó un poema en El Fanal. En 1851 fue sancionada a permanecer fuera de su provincia por considerársela implicada en el levantamiento encabezado por su pariente inmediato, Joaquín de Agüero, a quien hizo llegar un soneto patriótico como adhesión a la causa de la independencia. Su poema «A la muerte de Joaquín de Agüero» alcanzó gran popularidad entre los cubanos independentistas. Confiscados todos los bienes a su familia, se trasladó a La Habana en 1859. Actuó como protagonista en los dramas La trenza de sus cabellos y Borrascas del corazón, de Rodríguez Rubí, representados en el Liceo de La Habana. En el Liceo de Guanabacoa y en la Sociedad del Pilar trabajó también como actriz y como declamadora. Colaboró en Brisas de Cuba, El Fígaro, La Familia, La Ilustración Cubana, Álbum cubano de lo bueno y lo bello, El Hogar, Cuba y América, etcétera. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Blas, Gil, seud. de José Socorro León. «Martina de [sic] Pierra de Poo», en Camafeos. La Habana: 49-53 [jun. 25] 1865. || García de Coronado, Domitila. «Martina Pierra de Poo», en su Álbum poético fotográfico de escritoras y poetisas cubanas. Escrito en 1868 para la Señora Doña Gertrudis Gómez de Avellaneda por [...]. Reproducción de la 3a. ed., dedicada a la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales, y a la Sociedad Económica de Amigos del País, comenzada en 1914. La Habana, Imp. de El Fígaro, 1926, p. 76-86. || González Curquejo, Antonio. «Martina Pierra de Poo», en su Florilegio de escritoras cubanas. Recopilación de [...]. Pról. de Raimundo Cabrera. T. 2. La Habana, La Moderna Poesía, 1913, p. 11. Pinar del Río (Pinar del Río, 1947- ?). Revista. Órgano oficial del Comité «Todo por Pinar del Río». El primer número correspondió al mes de mayo. Su periodicidad fue mensual. Fue dirigida hasta el número 5, correspondiente al mes de septiembre de 1947 por Efraín Martínez Andreu, a quien sucedió Simón Padrino. Fungía entonces como subdirector Abel Prieto Morales. Después apareció dirigida por «Todos los miembros del Comité». A partir del número 13 (septiembre de 1948) varió en su formato. Publicó poemas, cuentos, crítica literaria y trabajos de historia, música y arte. Tuvo varias secciones fijas: «Divulgaciones médicas», «Literatura», «Educación», «Bocetos históricos» y «Ribetes del terruño». Figuraron entre sus colaboradores Enrique Labrador Ruiz, Armando Maribona, Salvador Bueno, Gustavo Eguren, Armando Álvarez Bravo, Heberto Padilla, M[anuel] Isidro Méndez, Armando Guerra y Eugenio Florit. El último número revisado (39) corresponde a noviembre de 1950. Pincel Habanero, El (La Habana-Guanabacoa, 1863-[1868?]; [¿1878-1881?]). Periódico quincenal, científico y literario. El primer número correspondió al 15 de octubre. Su director fue Miguel Wenceslao Enamorado. La mayoría de los ejemplares aparecieron con el epígrafe «Nada hay de otro autor, amigo mío: todo es original, y todo es mío». Se han visto, ininterrumpidamente, los ejemplares correspondientes a los años comprendidos entre 1863 y 1868. De 1878 se ha visto un número (157), correspondiente a una «Nueva Serie», con el subtítulo de «Periódico literario y científico»; de 1879 se han visto cinco ejemplares (163, 171, 173, 174 y 175). Excepto el primero, el resto está editado en Guanabacoa. De 1880 a 1881 se han localizado dos ejemplares (190 y 203, respectivamente), ambos editados de nuevo en La Habana. Al parecer fue siempre quincenal. No fue una revista propiamente literaria, pues publicó trabajos sobre jurisprudencia, economía política, moral y agricultura. Pero también dio a conocer poesías, novelas por capítulos, piezas teatrales y trabajos sobre gramática. A pesar de que, según el epígrafe, la revista fue escrita por su director, y así se advierte al leerla, aparecieron colaboraciones de varios autores, hoy desconocidos. Algunos trabajos fueron firmados con los seudónimos El guagiro [sic] de Almendares y El localista matraca. El último número revisado (203) corresponde al lº de marzo de 1881. PINEDA BARNET, Enrique (La Habana, 28.10.1933). Cursó la primaria y el bachillerato en La Habana. Fue cantante de radio, actor de teatro y libretista de televisión. Obtuvo el premio nacional en el Concurso «Hernández Catá» de 1953 por su cuento «Y más allá la brisa». Fue alumno del grupo Teatro Estudio (1958-1959), profesor de arte dramático en el Departamento de Cultura del Ejército Rebelde (1959) y maestro voluntario en la Sierra Maestra (1959-1960). Jurado en el Primer Concurso de Obras Teatrales del Ejército Rebelde (1960). Formó parte de la delegación cubana a la Conferencia de Punta del Este (Uruguay, 1962). Trabajó como profesor del Seminario de Dramaturgia del CNC. Fue funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores. Su obra teatral El juicio de la quimbumbia recibió mención en el Concurso Casa de las Américas 1964. Ha viajado a Chile, Argentina, Brasil, Antillas Menores, España, Unión Soviética. Sus colaboraciones han aparecido en El País Gráfico, Talía, Nuestro Tiempo, Ciclón, El Mundo, Noticias de Hoy, Sierra Maestra, Trabajo, Revolución, Cine Cubano, Granma, El Orientador Revolucionario, Bohemia, El Caimán Barbudo, Unión, Casa de las Américas, Cuba, La Gaceta de Cuba, todas de La Habana, así como en El Konsomol de Moscú, Tiempos Nuevos, Gaceta Literaria, Literatura y Vida, Pantalla Soviética, Izvestia, Pravda (Unión Soviética) y L'Unita (Italia). Ha participado en diversos encuentros y festivales cinematográficos, como el de Pesaro (Italia, 1968) y el de Karlovy Vary (Checoslovaquia, 1968). Dirigió los filmes Giselle (1965), David (1967), Cosmorama, La Gran Piedra, Aire Frío, Fuenteovejuna, Che y Guairas. Es coguionista de Soy Cuba y de Crónica cubana. Director de cine y profesor de actuación en el ICAIC. Ejerce la crítica cinematográfica. Poemas y relatos suyos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, portugués, ruso, checo y ucraniano. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Pineda Barnet, Enrique. 7 cuentos para antes de un suicidio. La Habana, Imp. Arroyo, 1953. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Bueno, Salvador. «David», en El Mundo. La Habana, 66 (21 961): 4, ago. 5, 1967. || Maestri, José Aníbal. «Un libro de cuentos y un suicidio frustrado, obra del Sr. E. Barnet», en El Avance. La Habana, 19 (74): 8, mar. 28, 1953. PIÑA, Ramón (La Habana, ?.1819-Madrid, ?.1861). Comenzó a escribir desde muy joven. En 1845 publicó diversos artículos de costumbres. Colaboró en Revista de la Habana con sus comentarios titulados «Leyes atenienses» (1857) y con su novela Gerónimo el honrado. Trelles la atribuye también la novela El Dr. Lañuela [1860]. Fue jurisconsulto y auditor honorario. Colaboró en Anales de la Isla de Cuba. Diccionario administrativo, económico, estadístico y legislativo, de Félix Erenchun. Tradujo del francés El doctor Herbau, de Julio Sandeau, y del inglés Frank Mi1dmay; o, El oficial de marina, de Federico Marryat, y Cartas al presidente sobre la política exterior o interior de la Unión y efectos que causa en la condición del pueblo y del Estado, de Henry C. Carey. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA No quiero ser conde. Comedia en dos actos y en prosa. La Habana, Imp. de J. Palmer, 1838. || Una sobrina en España. Comedia en tres actos. La Habana, 1838. || Dios los cría y ellos se estorban. Comedia. La Habana, 1848. || Las equivocaciones. Comedia en tres actos y en verso. La Habana, Imp. de Torres, 1848. || Gerónimo el honrado. Novela. Pról. de M. Cañete. Madrid, 1857; 2a. ed. Id., 1859. || Historia de un bribón dichoso. Novela. Pról. de Francisco Cutanda. Madrid, Imp. M. Tello, 1860; 2a. ed. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1863. BIBLIOGRAFÍA PASIVA «Las equivocaciones», en El Artista. La Habana, 1 (2): 26, ago. 20, 1848. || Guiteras, Eusebio. «Historia de un bribón dichoso. Novela original de D. Ramón Piña», en Revista Habanera. La Habana, 1: 27-39, 1861. || P[iñeyro] E[nrique]. «Historia de un bribón dichoso. Novela por Don Ramón Piña [...]», en Revista del Pueblo. La Habana, segunda época, (5): 36-38, dic. 15, 1865. PIÑEIRO SERRA, Abelardo (La Habana, 26.11.1926). En 1945 matriculó derecho en la Universidad de la Habana. Antes de terminar el segundo año abandonó los estudios y se marchó a Estados Unidos. Más tarde, tras su regreso a Cuba, se graduó de abogado. Trabajó en el Tribunal de Urgencia. Vivió cuatro años en Europa. A fines de 1961 regresó a Cuba y comenzó a trabajar en la Imprenta Nacional. Su novela El descanso mereció voto particular en el Concurso Casa de las Américas de 1962. Ha colaborado en Lunes de Revolución, La Gaceta de Cuba, Unión, Casa de las Américas. Cultiva también el teatro. Actualmente reside en la República Democrática Alemana. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA En mi barrio. La Habana, Eds. La Tertulia, 1961 (Colección Cuadernos de poesía, 2). || El descanso [Novela]. La Habana, Eds. Unión, 1962. || Cartas tunecinas. La Habana, El Barco Negro, 1963. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Branet, Rogelio Luis. «Lo que Cuba lee. El descanso [...] Novela de guagüeros», en Bohemia. La Habana, 55 (11): 19, mar. 15, 1963. || Cirilo, seud. de ?. «Un choque con la realidad. Abelardo Piñeiro: El descanso [...]», en Rotograbado de Revolución. Suplemento del periódico Revolución. La Habana: 10, jun. 17, 1963. || Martínez Herrera, Alberto. «El descanso... Retribuido», en La Gaceta de Cuba. La Habana, 2 (20): 15, jun. 18, 1963. PIÑERA, Virgilio (Cárdenas, Matanzas, 4.8.1912-La Habana, 18.10.1979). Estudió la primaria en Cárdenas. En 1925 pasó con su familia a Camagüey, donde cursó el bachillerato. Se estableció en La Habana en 1938. En 1940 obtuvo el título de doctor en Filosofía y Letras en la Universidad. Fundó y dirigió la revista Poeta (1942). En Buenos Aires, donde vivió durante catorce años, trabajó como funcionario del consulado cubano, como corrector de pruebas y más tarde como traductor de la editorial Argos. Ha viajado por toda América Latina, Estados Unidos y Europa. Colaborador en Espuela de Plata, Grafos, Clavileño, Ultra, Orígenes, Gaceta del Caribe, Lyceum, Universidad de la Habana, Lunes de Revolución, La Gaceta de Cuba, Unión. En Buenos Aires colaboró, en Sur, Hoy, Realidad, Mundo Argentino y Anales de Buenos Aires. Ha colaborado además en Lettres Nouvelles y en Les Temps Modernes, de París. Con José Rodríguez Feo fundó Ciclón en 1955. Fue director de Ediciones R (1960-1964). Obtuvo el premio de teatro del Concurso Casa de las Américas de 1968 por su obra Dos viejos pánicos. Es autor de la selección y las notas de Teatro del absurdo, antología en la que se recogen piezas de Ionesco, Beckett, Pinter, Mrozek. Ha traducido Juan Azul, de Jean Giono; Así habló el tío, de Jean Price Mars, y Tribálicas, de Henri Lopes, entre otras obras. Tomó parte en la traducción de Ferdydurke, del polaco Witold Gombrowicz. Algunos de sus cuentos y de sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano, alemán, ruso, húngaro, polaco, etcétera. Cuentos fríos fue traducido al francés. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Las furias. Poesía. La Habana, Cuadernos Espuela de Plata, 1941. || El conflicto. Un cuento. La Habana, Cuadernos Espuela de Plata, 1942. || La isla en peso. Poesía. La Habana, Tipografía García, 1943. || Poesía y prosa. La Habana, Ed. Serafín García, 1944. || La carne de René. Novela. Buenos Aires, Eds. Siglo Veinte, 1952. || Cuentos fríos. Buenos Aires, Editorial Losada, 1956. || Aire frío (Tres actos). Ed. Inaugural Extraordinaria. La Habana, Editorial La Milagrosa, 1959 (Escena cubana, 3). || Teatro completo. La Habana, Eds. Revolución, 1960. || Pequeñas maniobras [Novela]. La Habana, Eds. Revolución, 1963. || Cuentos. La Habana, Eds. Unión, 1964. || Presiones y diamantes [Novela]. La Habana, Eds. Unión, 1967. || Dos viejos pánicos. Teatro. La Habana, Eds. Casa de las Américas, 1968. || La vida entera [Poesía]. La Habana, Eds. Unión, 1969. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Agüero, Luis. «Libros. Diálogo con Virgilio Piñera», en Bohemia. La Habana, 56 (35): 23, ago. 28, 1964. || Aguirre, Mirta. «Virgilio Piñera: La isla en peso, un poema», en Gaceta del Caribe. La Habana, 1 (3): 30, may., 1944. || Bianco, José. «Piñera narrador...», en Casa de las Américas. La Habana, 10 (59): 211, mar.-abr., 1970. || Bueno, Salvador. «Virgilio Piñera. 1.914", en su Antología del cuento en Cuba (1902-1952). La Habana, Ministerio de Educación. Dirección de Cultura, 1953, p. 245. || Camps, David. «Dos viejos pánicos produce pánico», en La Gaceta de Cuba. La Habana, 6 (64): 13, abr.-may., 1968. || Casey, Calvert. «Una segunda mirado a Aire frío», en La Gaceta de Cuba. La Habana, 2 (16): 14, abr., 1963. || Claro, Elsa. «Un festival y el otro», en La Gaceta de Cuba. La Habana, 5 (53): 9, oct.-nov., 1966. || Fernández Retamar, Roberto. «Generaciones van generaciones vienen...», en La Gaceta de Cuba. La Habana, 1 (3): 4-5, may., 1962. || González Freire, Natividad. «Virgilio Piñera (1914)», en su Teatro cubano contemporáneo (1928-1957). La Habana, Sociedad Colombista Panamericana, 1958, p. 178-182. || Leal, Rine. «Dos farsas cubanas del absurdo», en Ciclón. La Habana, 3 (2): 65-67, abr.-jun., 1957; «Electra Garrigó", en Lunes de Revolución. Suplemento. La Habana, No. extra: 24, mar. 20, 1960; «Virgilio Piñera», en su Teatro cubano en un acto. Antología. La Habana, Eds. R, 1963, p. [243-248]; «V. P. o el teatro como ejercicio mental», en La Gaceta de Cuba. La Habana, 3 (34): 2-3, abr. 5, 1964. || López, César. «El aire en el remolino», en La Gaceta de Cuba. La Habana, 6 (58): 11, 15, may., 1967; «Chiclets, canasta, presiones y diamantes», en Unión. La Habana, 6 (3): 131-134, jul.-set., 1967. || Llopis, Rogelio. «Pequeñas maniobras [de] Virgilio Piñera», en Casa de las Américas. La Habana, 4 (24): 106-107, may.-jun.,1964; «Recuento fantástico», en Casa de las Américas. La Habana, 7 (42): 148-155, may.-jun., 1967. || Nalaret, Niso. «Cuentos fríos [de] Virgilio Piñera», en Ciclón. La Habana, 3 (1): 62-65, ene.-mar., 1957. || Montes Huidobro, Matías. «Virgilio Piñera: Teatro completo», en Casa de las Américas. La Habana, 1 (5): 88-90, mar.-abr., 1961. || Moro, Lilliam. «Los cuentos de Virgillo», en Unión. La Habana, 4 (1): 148-152, ene.-mar., 1965. || «Otra vez Electra Garrigó», en La Gaceta de Cuba. La Habana, 3 (33): 24, mar. 20, 1964. || Plazuelos, Raúl. «Presiones y diamantes», en El Mundo. La Habana, 66 (21 951): 4, jul. 25, 1967. || Pérez Sarduy, Pedro. «Virgilio Piñera y los dos viejos», en La Gaceta de Cuba. La Habana, 6 (63): 3, feb.-mar., 1968. || Rodríguez Feo, José. «Una alegoría de la carne», en Ciclón. La Habana, 1 (1): 43, ene., 1955; «Hablando de Piñera», en Lunes de Revolución. Suplemento. La Habana, (45): 4-6, feb. 1, 1960. || Vitier, Cintio. «Virgilio Piñera: Poesía y prosa», en Orígenes. La Habana, 2 (5): 47-50, primavera, 1945; «Virgilio Piñera», en su Diez poetas cubanos. 1937-1947. Antología y notas de [...]. La Habana, Eds. Orígenes, 1948, p. 79-80; «Virgilio Piñera», en su Cincuenta años de poesía cubana (1902-1952). Ordenación, antología y notas por [...]. La Habana, Ministerio de Educación. Dirección de Cultura. 1952, p. 334. PIÑEYRO. Enrique (La Habana, 19.12.1839-París, 11.4.1911). Cursó estudios en diversas escuelas públicas y en el Colegio El Salvador (1850-1856). En 1855 fue nombrado profesor de Geografía y de Latinidad en el mismo colegio. Comenzó sus estudios de jurisprudencia en la Universidad de la Habana en 1856. Se graduó de bachiller y más tarde, en 1859, de Licenciado en Filosofía. En El Salvador ocupó las cátedras de Historia y de Literatura hasta 1869. Concluyó sus estudios de derecho en la Universidad Central de Madrid entre 1861 y 1862. Fue vicedirector del colegio entre 1862 y 1867. Por esos años se destacó como orador. En 1863 se graduó de Licenciado en Jurisprudencia. Ejerció como abogado, juez de paz y alcalde mayor. Dirigió la Revista del Pueb1o (1865-1866). Abandonó el país a principios de 1869 a causa de la guerra de independencia, que había estallado pocos meses antes. En Nueva York fue secretario de la Legación de Morales Lemus, agente general y ministro de Cuba en Armas en Estados Unidos. Dejó de ocuparse de este cargo, aunque sin abandonarlo, al comenzar a dirigir el periódico La Revolución (1869 1870), órgano de la Junta Cubana en Nueva York. Fundó y dirigió El Mundo Nuevo (1872), que más tarde se unió a La América Ilustrada. A fines de 1874 visitó diversos países de América del Sur para obtener ayuda en dinero y armas para la revolución cubana. Fue nombrado socio correspondiente de la Adadernia de Bellas Letras de Santiago de Chile en 1875. Se trasladó más tarde a Portugal y luego a Francia. Regresó a Nueva York a fines de 1875. Durante su ausencia del país fue juzgado por las autoridades españolas y condenado a muerte. Después de un viaje por Italia, regresó a Cuba en 1879 acogido a la amnistía de la Paz del Zanjón. Su estancia en Cuba por esos años se vio perturbada por la falta de garantías y de libertad, por lo que se marchó de nuevo a Estados Unidos. Pasó a Europa en 1881. En 1882, tras una breve estancia en Cuba de quince días, se radicó definitivamente en París. Colaboró en Brisas de Cuba, El Regañón, Liceo de la Habana, Prensa de la Habana, Álbum cubano de lo bueno y lo bello, El Porvenir del Carmelo, Diario de la Marina, Revista Habanera, Cuba Literaria, Revista de conocimientos útiles y amenos, El Siglo, Revista crítica de ciencias, literatura y artes, El Ateneo, El Triunfo, El Pensamiento, La Habana Elegante, Revista de Cuba, Revista Económica, El Almendares, El Argumento, El Fígaro, Hojas Literarias, Cuba y América, La Discusión, El Mundo, Revista de la Facultad de Letras y Ciencias; El Ferrocarril (Chile); El Telegrama y El Periódico Nuevo (Bogotá); Cuba en Europa (Barcelona); La Verdad, La América y Patria (New York) y Annales de La Faculté de Lettres de Bordeaux et des Universités du Midi. Bulletin Hispanique. En París, después del establecimiento de la República en 1902, fue consultor de la Legación Cubana. Realizó una importantísima labor como crítico literario. Su libro El romanticismo en España fue traducido el inglés con el título The Romantics of Spain (Liverpool, Institute of Hispanic Studies, 1934). Utilizó los seudónimos Gargantúa, P. Niño y Atta Troll. Firmaba además con sus iniciales E. P. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Biografía del General San Martín. New York, Imp. La Revolución, 1870. || Morales Lemus y la Revolución de Cuba. New York, M. M. Zarzamendi, Impresor, 1871; [2a. ed. ?]. Con un estudio preliminar por Enrique Gay Calbó. Homenaje de la ciudad de la Habana a Enrique Piñeyro en el centenario de su nacimiento. 1839-1939. La Habana, Municipio de la Habana, 1939 (Cuadernos de historia habanera, 18); La Habana, Universidad de la Habana, 1969. || Estudios y conferencias de historia y literatura. Nueva York, Imp. de Thompson y Moreau, 1880. || Poetas famosos del siglo XIX. Sus vidas y sus obras. Madrid, Librería Gutenberg, 1883. || Manuel José Quintana (1772-1857). Ensayo crítico y biográfico. París, A. Briquet, 1892. || Vida y escritos de Juan Clemente Zenea. París, Garnier, 1901; La Habana, Editorial del Consejo Nacional de Cultura, 1964. || Hombres y glorias de América. París, Garnier, 1903. || Gertrudis Gómez de Avellaneda. Sobretiro de Bulletin Hispanique. París, 1904. || El romanticismo en España. París, Garnier [1904=?]. || Biografías americanas: Simón Bolívar, el general S. Martín, José Morales Lemus, José Joaquín de Olmedo, Daniel Webster, José Francisco Heredia, Gabriel de la Concepción Valdés. París, Garnier, 1906. || Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido). La Habana, Imp. de El Fígaro, 1906. || José María Heredia. París, Albert Fontemoing, 1907. || Cómo acabó la dominación de España en América. París, Garnier [1908]. || Cienfuegos. Separata de Bulletin Hispanique. París, Albert Fontemoing, 1909. || Blanco White. Extrait du Bulletin Hispanique de Janvier-Mars et Avril-Juin 1910. París, Albert Fontemoing [1910?]. || Notas críticas. Recopilación y pról. de Antonio Iraizoz. La Habana, Ministerio de Educación. Dirección de Cultura, 1947 (Cuba. Dirección de Cultura. Cuadernos de cultura, 7a. serie, 5). || Ayacucho y Santiago de Cuba. Parte histórica de un discurso-conferencia, pronunciado en París, el 20 de mayo de 1905 [s.l., s.a.]; La Habana, 1945. || Bosquejos, retratos, recuerdos (Obra póstuma). París, Editorial Garnier [s.a.]; Id. [1911?] La Habana, Editorial del Consejo Nacional de Cultura, 1964. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Bueno, Salvador. «Los grandes críticos: Piñeiro, Merchán, Justo de Lara» [seguido de una discusión sobre el tema] en Cuadernos de la Universidad del Aire del Circuito CMQ. La Habana, 4 (48): 383-391, mar. 2, 1953; Enrique Piñeyro y la crítica literaria. La Habana, Ministerio de Educación, Instituto Nacional de Cultura [1957?]. || [¿Cabrera, Raimundo?]. «Enrique Piñeyro. Vida y escritos de Juan Clemente Zenea [...]», en Cuba y América. La Habana, 5 (97): 370, feb., 1901. || Carbonell, José Manuel. «Enrique Piñeyro (1839-1911)», en su La oratoria de Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. T. 1. La Habana, Imp. Montalvo y Cárdenas, 1928, p. 205-207 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 7); «Enrique Piñeyro y Barry (1839-1911)», en su La prosa en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. T. 3. La Habana, Imp. Montalvo y Cárdenas, 1928, p. 69-70 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 14). || [Carrera, Rafael Ramón de]. «Estudios y conferencias por Enrique Piñeyro I [y] II», en El Repertorio. La Habana, 1 (6 y 7): 65-69 y 79-81, ene. 8 y 16, 1881, resp. || Castellanos, Jesús. «Piñeyro en su casa», en El Fígaro. La Habana, 25 (50): 620, dic. 12, 1909. || «El compañero de Zenea», en Revista Habanera. La Habana, 2 (21): 181-182, ago. 30, 1914. || Córdova y de Quesada, Federico de. Enrique Piñeyro, historiador. Discurso leído en la Academia de la Historia de Cuba, en la sesión solemne celebrada el 3 de agosto de 1944. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1944. || Cruz, Manuel de la. «Enrique Piñeyro», en su Cromitos cubanos (Bocetos de autores hispanoamericanos). La Habana, Est. Tip. La Lucha, 1892, p. 163-190; «Manuel José Quintana (1772-1872) [sic] Ensayo crítico y biográfico por Enrique Piñeyro», en su Estudios literarios. Madrid, Editorial Saturnino Calleja, 1924, p. 233-249 (Obras de Manuel de la Cruz, 1). || Chacón y Calvo, José María. «El centenario del nacimiento de Enrique Piñeyro», en Revista Cubana. La Habana, 14: 226-227, jul.-dic., 1940. || «Enrique Piñeyro», en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana, 3, 5 (1-6): 107-116, jul.-dic., 1911. || Figarola Caneda, Domingo. Bibliografía de Enrique Piñeyro. Con una introd., notas y un complemento por [...]. 2a. ed. La Habana, El Siglo XX, 1924. || Heredia, Nicolás. «Zenea según Piñeyro», en El Fígaro. La Habana, 17 (14): 150, abr. 14, 1901. || Iraizoz y del Villar, Antonio. Enrique Piñeyro; su vida y sus obras. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1922; Enrique Piñeyro. Notas críticas. La Habana, Ministerio de Educación. Dirección de Cultura, 1947 (Cuadernos de cultura, 7a. serie, 5). || Lara, Justo de, seud. de José de Armas y Cárdenas. «Enrique Piñeyro», en El Fígaro. La Habana, 24 (44): 560, nov. 1º, 1908. || Martín Morales, Alfredo. «Piñeyro y su último libro» en Letras. La Habana, 2a. época, 4 (16): 186-187, oct. 25, 1908. || Montoro, Rafael. «La poesía lírica en Cuba en el siglo XIX. Poetas famosos del siglo XX. Sus vidas y sus obras, por Enrique Piñeyro [...]», en su Obras. T. 2. V. 1. La Habana, Cultural, 1930, p. 285-315. || Morel-Fatio, Alfred. «Morel-Fatio y el libro del Sr. Piñeyro» [sobre el libro Manuel José Quintana. 1772-1857], en Revista Cubana. La Habana, 14, 568-571, dic., 1891. || «Piñeyro», en La Discusión. La Habana, 2 (274): 2, nov. 29, 1880. || Rodríguez Alemán, Marlo A. «Enrique Piñeyro», en Revista Cubana. La Habana, 24: 375-398, ene.-jun., 1949. || Rodríguez Embil, Luis. «El Sr. Piñeyro y su último libro. Impresiones», en Letras. La Habana, 1: 12-13, nov., 1905. || [Rodríguez García, José Antonio]. «Revista de impresos. El romanticismo en España por Enrique Piñeiro» en Cuba y América. La Habana, 8, 16 (4): 102-103, jul. 24, 1904. || Sanguily, Manuel. «Quintana», en Revista Cubana. La Habana, 14: 451-482, nov., 1891; Enrique Piñeyro. La Habana, A. Dorrbecker Impresor, 1927 (Obras de Manuel Sanguily, 4). || Suárez Ruiz, Emilio. «Enrique Piñeyro», en Aurora. Cárdenas (Matanzas), 1 (1): 2, abr. 30, 1911. || Trujillo, Enrique. «Enrique Piñeyro», en su Álbum de El Porvenir. New York, 3: 109-112, 1892. || Varona, Enrique José. «Estudios y conferencias de historia y literatura por Enrique Piñeyro», en Revista de Cuba. La Habana, 8: 562-565, dic., 1880; «Hombres y glorias de América», en El Fígaro. La Habana, 19 (5): 54, feb. 1º, 1903; «Leyendo a Piñeyro. (El romanticismo en España)», en El Fígaro. La Habana, 20 (36): 462, set. 4, 1904. || V[elasco] C[arlos]. «Piñeyro: su obra póstuma», en La Discusión. La Habana, 24 (210): 2, jul. 28, 1912. Piragua, La (La Habana, 1856-1857). Periódico de literatura, dedicado a la juventud cubana. El primer número apareció el 1º de julio. Fue dirigido por José Fornaris y Joaquín Lorenzo Luaces. Su periodicidad fue semanal. En un prospecto aparecido en las últimas páginas del último número de La Floresta Cubana (véase), revista que fue antecedente de La Piragua, se consigna que ésta sería un «Periódico de literatura, con retratos, danzas y figurines», y además, formulaban sus editores lo que se proponían con la nueva revista. Al respecto consignaban: «... [La piragua] es una embarcación indígena: los naturales la ceñían con palmas y flores para atravesar, ya las riberas del Yumurí, ya las ondas del Cauto: esto quiere decir que nos ocuparemos con preferencia de la literatura cubana. La piragua es formada de una sola pieza del corazón de los árboles; esto indica que nosotros sólo tendremos una idea, sin variar jamás. En la piragua llevaba el hombre primitivo el alimento de su existencia, y nosotros llevamos el sustento de los corazones sensibles y de las imajinaciones [sic] ardientes. En la piragua, en fin, bogaban las vírjenes [sic] de ojos negros y piel tostada, coronadas de lirios blancos. Venid, pues, hijas de la Cuba actual, venid a cruzar con nosotros el lago encantado de la Poesía erótica, el sombrío golfo de la elejía [sic], el inmenso océano de la novela, el saltador arroyo de las anacreónticas, la corriente de lágrimas de los areítos del Siboney... La Piragua, en una crónica, llevará a nuestras lectoras, anécdotas, noticias, modas, versos, flores, Sc. La adornarán danzas, figurines y retratos.» Fue en esta revista, cuyas entregas periódicas constituyeron un tomo, donde la corriente siboneyista tuvo sus expresiones mayores, a pesar de que no toda la publicación estuvo dedicada a dar cabida a las manifestaciones en prosa y verso de esta corriente literaria, pues también publicó composiciones románticas que caen fuera de los moldes siboneyistas. Hay, como en todas las publicaciones de la época, trabajos sobre ciencias naturales, de asuntos gramaticales e idiomáticos, que eran continuación de trabajos aparecidos en la revista La Floresta Cubana. Como ejemplo de estos trabajos se encuentran los de Felipe Poey. Además, publicaba noticias culturales, breves reseñas de libros y publicaciones periódicas, etcétera. Colaboraron en sus páginas, además de sus directores, Pedro Santacilia, Antonio Bachiller y Morales, Manuel Costales y Govantes, Pedro («Perucho») Figueredo, Francisco Iturrondo, José Socorro de León, Tristán de Jesús Medina, Rafael María de Mendive, Federico Milanés, Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé), Ramón Zambrana, Juan Clemente Zenea (Adolfo de la Azucena), Ramón Vélez Herrera, Felipe López de Briñas, Francisco Javier Angulo y Guridi, Emilio Blanchet, Miguel de Cárdenas y Chávez e Ignacio María de Acosta. Al final del volumen consultado aparece un índice de las materias publicadas, así como el nombre de sus autores. Preparado por Feliciana Menocal, con la colaboración de Araceli García-Carranza, se ha publicado su índice analítico, aparecido en Índices analíticos (La Habana, Biblioteca Nacional «José Martí». Depto. Colección Cubana, 1964, p. 101-107). BIBLIOGRAFÍA [Menocal, Feliciana]. «La Piragua», en Índices analíticos. La Habana, Biblioteca Nacional «José Martí». Depto. Colección Cubana, 1964, p. 87-90, 92-94, 96-99; «La Piragua y el siboneyismo», en Revista de la Biblioteca Nacional «José Martí». La Habana [3a. serie] 4 (2): 5-13, abr.-jun., 1964. PITA, Santiago (La Habana,?. [¿l693-1694?]-Id., [1?] 1755). Pertenecía a las familias Pita de Figueroa y Pérez Borroto y Recio, de las más antiguas y destacadas de la ciudad. No hay datos acerca de su infancia y primera juventud. En mayo de 1719 en la Parroquial Mayor de La Habana, contrajo matrimonio con Catalina María de Hoces y Córdoba. Era capitán de una de las compañías del Batallón de Milicias de La Habana, probablemente desde antes de la fecha de su boda. Se sabe asimismo, por documentos legales, que en 1731 y en 1735, mantenía su residencia habanera. Formó parte de la expedición que salió de La Habana a fines de mayo o principios de junio de 1742 contra las posesiones inglesas de Nueva Georgia (San Agustín de la Florida), en cuyas acciones se destacó notablemente. Regresó a la isla en agosto de ese mismo año. En enero de 1743 es elegido segundo alcalde ordinario de La Habana. En 1744 es electo procurador de pobres. Su comedia -única obra suya de que se tiene noticia y que fue atribuida durante años al fraile José Rodríguez Ucres, Ucares o Uscarés (conocido como Capacho y al que se atribuyeron también obras escritas por Gregorio Uscarrel)- fue representada por compañías de cómicos en España y América. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA El príncipe jardinero, y fingido Cloridano. Comedia sin fama, del [...]. Sevilla, Imp. Real, Casa del Correo Viejo [173-]; Comedia famosa. El príncipe jardinero, fingido Cloridano. Valencia, Imp. de la Viuda de Joseph de Orga, Calle de la Cruz Nueva, junto al Real Colegio del Señor Patriarca, 1761; Madrid, Imp. y Librería de Andrés de Sotos, Calle de Bordadores, frente de San Ginés [17-]; Valencia, Imp. de José Ferrer de Orga, 1813; El príncipe jardinero, y fingido Cloridano. Comedia en tres actos. Id., 1820; El príncipe jardinero y fingido Cloridano. Comedia en tres jornadas y en verso. Madrid-Barcelona, Librería de la Viuda Razola - Librería de Saurí, 1840; Comedia en tres actos, de Un ingenio de la Habana. Valencia, José Ferrer de Orga, 1840; Comedia en tres jornadas y en verso. La Habana, Imp. Cubana, 1842; Comedia en tres actos de Un ingenio de la Habana. Ed. revisada por Juan J. Remos y Enrique Larrondo. Con una introd. del primero [La Habana], Eds. de la revista Ideas, 1929; Comedia sin fama del [...]. Estudio preliminar, edición y notas de José Juan Arrom. Sociedad Económica de Amigos del País. La Habana, Imp. de Úcar García, 1951; Id. La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1963. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Arrom, José Juan. «Consideraciones sobre El príncipe jardinero y fingido Cloridano», en su Estudios de literatura hispanoamericana. La Habana, Úcar García, 1950, p. 33-70; El teatro de Hispanoamérica en la época colonial La Habana, Anuario Bibliográfico Cubano, 1956, p. 160-162. Chacón y Calvo, José María. Los orígenes de la poesía en Cuba. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1913, p. 33-35. González Freire, Natividad. «El príncipe jardinero a través de la crítica», en Islas. La Habana, 3 (2): 247-254, ene.-abr., l961. Menéndez y Pelayo, Marcelino. Historia de la poesía hispano-americana. T. 1. Madrid, Librería General de Victoriano, 1911, p. 217. Smith, Octavio. «Para una vida de Santiago Pita», «Santiago Pita: el guerrero (La expedición de 1742)», «Algo más sobre Cicognini», «De si hizo o no vida de metrópoli el primer dramaturgo cubano» y «Paisaje con un alcalde al fondo», en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana, 60, 64, 65, 65 y 66, 3a. época, 11, 15, 16, 16 y 17 (3, 2, 1, 2, y 1): 147-160, 159-169, 69-76, 161-170 y 97-123, sep.-dic., l969, may.-ago., 1973. ene.-abr., 1974, may.ago., 1974 y ene.-abr., 1975, resp. Viajero, el, seud. de?. «Señor Redactor», en Papel Periódico de la Havana. La Habana, (54): 214-216, jul. 7, 1791. PITA RODRÍGUEZ, Félix (Bejucal, Habana, 18.2.1909). Hizo los estudios primarios en la escuela pública de su pueblo natal. Entre 1926 y 1927 viajó por México y Guatemala, donde trabajó como ayudante de un vendedor de bisuterías y tónicos milagrosos. Colaboró en el suplemento literario del Diario de la Marina. Publicó poemas («Romance de la muerte del As de Bastos», «Penumbra») en Revista de Avance. Durante estos años de vida bohemia y aventurera visitó a París (1929), Italia (1930), España (1931) y Marruecos (1932). Durante su visita a Francia estuvo en contacto directo con el surrealismo. Fue miembro de la delegación cubana al II Congreso de Intelectuales para la Defensa de la Cultura, celebrado en 1937, durante la guerra civil española, en Valencia, Madrid, Barcelona y París. Viajó a Bélgica en 1938. De regreso en París, fue nombrado jefe de redacción de La Voz de Madrid (1938-1939). Regresó a Cuba a principios de 1940. Entre 1940 y 1943 fue director del magazine dominical del periódico Noticias de Hoy, órgano oficial del Partido Socialista Popular. La Asociación de la Crónica Radial e Impresa lo eligió el mejor autor dramático del año 1943. En 1944 fue puesta en escena, en el Teatro Principal de la Comedia -y poco después en el Teatro Nacional- y bajo la dirección de Paco Alfonso, su obra El relevo, estampa dramática en un acto, dividida en cinco cuadros, sobre la resistencia china antijaponesa. Obtuvo el premio internacional «Hernández Catá», en 1946, por su cuento «Cosme y Damián». Escritor de radio y televisión, trabajó para la radio de Buenos Aires (1949) y para la radio y la televisión de Caracas (1958-1959). Ha viajado por la Unión Soviética, la República Popular China, la República Popular Democrática de Viet Nam. Ha colaborado en Social, Orto, Revista de Oriente, Grafos, Noticias de Hoy, Carteles, Bohemia, El Mundo, Casa de las Américas, La Gaceta de Cuba, Unión y El Nacional (Caracas). Ha sido jurado en los concursos Casa de las Américas, UNEAC, 26 de julio, David -de la Unión de Escritores y Artistas- y MININT. Fue presidente de la Sección de Literatura de la UNEAC. Su cuento «San Abul de Montecallado» fue llevado al cine en México. Ha traducido, del francés, diversos textos de literatura vietnamita. Sus cuentos, ensayos y trabajos críticos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, alemán, polaco, vietnamita, checo, albanés, chino, ruso, búlgaro y húngaro. BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Joaquín Ordoqui. Biografía de una voluntad. La Habana, Tipografía Flecha, 1943. Romance de América la bien guardada. La Habana, Talleres Tipográficos Mirador Literario, 1943. San Abul de Montecallado [Cuento]. México, Colección Lunes, 1945. Corcel de fuego. Poesía, Pról. de Ángel Augier. La Habana, F. Ayón, 1948. Tobías [Cuento]. La Habana, Editorial Lex, 1955. Literatura comprometida, detritus y buenos sentimientos. Conferencia dictada en la Sociedad Lyceum de la Habana el 27 de junio de 1956. La Habana, Empresa Editora de Publicaciones, 1956. Carlos Enríquez. La Habana, Editorial Lex, 1957. Cuentos. Godfrey, Illinois (EE.UU.), Monticelle College Edition, 1960. Esta larga tarea de aprender a morir y otros cuentos. Illinois, Monticelle College Edition, 1960. Las crónicas. Poesía bajo consigna. Pról. de Heberto Padilla. La Habana, Eds. La Tertulia, 1961; La Habana, Eds. Nuevo Mundo, 196l; [3a. ed.] La Habana, Empresa Consolidada de Artes Gráficas, 1963. Cuentos completos. La Habana, Eds. Unión, 1963. Las noches. La Habana, La Tertulia, 1964 (Cuadernos de poesía, 9). Poemas y cuentos. Pról. de Ángel Augier. La Habana, Eds. Unión, 1965. La poesía en Viet-Nam. Saludando la Jornada Internacional de Solidaridad con Viet-Nam. Matanzas, C.N.C. Delegación Provincial, 1966. Niños de Viet Nam [Cuentos]. La Habana, Instituto del Libro, l968. Viet-Nam; notas de un diario. La Habana, Eds. Unión, 1968. Historia tan natural [Poesía]. La Habana, Eds. Unión, 1971. Elogio de Marco Polo. La Habana, Instituto Cubano del Libro, 1974. BIBLIOGRAFÍA PASIVA Agostini, Victor. «Félix Pita Rodríguez, escritor y trotamundos», en El Bancario. La Habana, 4 (1 ): 28-29, set., 1947. Álvarez Bravo, Armando. «Poemas y cuentos», en Unión. La Habana, 4 (4): 169-171, oct.-dic., 1965. Baeza, Francisco. «Elogio de un elogio apasionado en Unión. LA Habana, 14 (1): 149-152, mar., 1975. Bianchi Ross, Ciro. «Elogio de Marco Polo», en Cuba Internacional. La Habana, 6 (61): 68, set., 1974. 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Se graduó de bachiller en el Instituto de Santa Clara en 1895. Colaboró en La República Cubana (París, 1896) y fue corresponsal en Europa, entre 1897 y 1906, de Cuba y América (Nueva York). En la Universidad de Lieja obtuvo el título de Ingeniero Electricista (1906). En 1907 revalidó el título en la Universidad de la Habana. Fue profesor de francés en el Instituto de Pinar del Río (1910-1914), en el que se graduó de agrimensor en 1913. Fue fundador de la Sociedad Geográfica de Cuba, la que presidió entre 1928 y 1936, y de la Sociedad de Oceanografía de Cuba (1943). Perteneció a la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales y al Ateneo, de La Habana, así como a la Academia Nacional de Ciencias de México, a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, a la Association des Ingenieurs sortis de l'Ecole de Liege, etcétera. En 1945 obtuvo el título de la Escuela Profesional de Periodismo «Manuel Márquez Sterling». Fundó Cathedra, Boletín de la Sociedad Cubana de Ingenieros, Revista de la Sociedad Geográfica de Cuba. Colaboró en Cuba y América (1907), El Fígaro (1917-1919), Havana Yacht Club (1925), L'Illustration (París, 1928-1939), Revista Bimestre Cubana, Bohemia, Carteles. Viajó por Estados Unidos, España, Francia, Inglaterra, Holanda, Suiza, Alemania occidental. Es autor de trabajos científicos (Determinación del rendimiento de las máquinas electrodinámicas de corriente continua, 1907; Introducción a la oceanografía, 1943) y de la primera novela de ficción científica escrita en Cuba, titulada La corriente del golfo.BIBLIOGRAFÍA ACTIVA Decadencia de Cienfuegos como plaza mercantil. Causas que la originan y medios para combatirla. La Habana, Imp, P. Fernández, 1919. La corriente del golfo. Novela. La Habana, Imp. El Fígaro, 1920. Rompiendo lanzas. Versos. La Habana, Imp. Gastón Burgay, 1920. La cruz de Lieja. Novela. La Habana, A. Serrano, 1923. El estudio del mar. La Habana, A. Serrano, 1923. Juramento a la bandera. La Habana, Imp. de Rambla Bouza, 1926. Flor de manigua. Novela. La Habana, Imp. y Papelería de Rambla, Bouza, 1926. El sargazo del oro. Novela cubana. La Habana, Eds. Avance, 1938; 2a. ed. La Habana, Editora de Libros y Folletos, 1959. Accidentes de aviación y algunas de sus causas ignoradas. Conferencia dictada en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, el 13 de febrero de 1948. La Habana, Editora de Libros y Folletos, 1948. Consideraciones sobre los atributos de la soberanía cubana: la bandera, el escudo, el himno y la moneda. La Habana [s.i.], 1951. Donación del diario íntimo de la Dra. María Luisa Dolz y Arango, a la Biblioteca Nacional el 28 de junio de 1954. La Habana, Cárdenas, 1954. La fuerza del mar. Trabajo presentado en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, el 8 de junio de 1956. La Habana, 1956. La ciencia y el arte, los factores del éxito. Discurso leído en la sesión solemne de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, con motivo de celebrarse el 94 aniversario de su fundación, el 19 de mayo de 1955. La Habana, Imp. Universidad de la Habana, 1957. Los horizontes de Julio Verne. Conferencia leída en el «Círculo de Amigos de la Cultura Francesa», el 19 de noviembre de 1955 con motivo de cumplirse ese año el cincuentenario de la muerte del gran novelista francés. La Habana [s.i.], 1957. BIBLIOGRAFÍA PASIVA El caballero bobemio, seud. de?. «Juan Manuel Planas», en Bohemia. La Habana, 12 (8): 12, 21, feb. 20, 1921. Cancio, César. «Juan Manuel Planas», en El Fígaro. La Habana, 30 (19-20): 546, may.-jun., 1919. Carbonell, José Manuel. «Juan Manuel Planas y Saínz (1877)», en su La prosa en Cuba. Recopilación dirigida, prologada y anotada por [...]. T. 2. La Habana, Imp. Montalvo y Cárdenas, 1928, p. 149-150 (Evolución de la cultura cubana. 1608-1927, 13). Hermann, seud. de Emilio Roig de Leuchsenring. «Rompiendo lanzas. Versos por Juan Manuel Planas», en Social. La Habana, 6 (5): 73, may., 1921. Lauria, Roger de, seud. de Ramón Gollury. «La corriente del golfo, novela por Juan Manuel Planas», en Bohemia. La Habana, 11 (45): 5, nov. 7, 1920. Moya, Rogerio. «La primera novela cubana de ficción científica», en Granma. La Habana, 5 (104): 5, may. 2, 1969. Plantel, El (La Habana, 1838-1839). Con el subtítulo «Ciencias. Literatura. Artes», esta importante revista fue dirigida en lo que puede considerarse su primera etapa (hasta la tercera entrega), por Ramón de Palma y José Antonio Echeverría. La primera entrega se repartió en septiembre;su periodicidad fue irregular. En el prospecto aparecido en la edición del Diario de La Habana correspondiente al 22 de agosto de 1838, sus directores expresaban que difundirían «conocimientos útiles en todas las clases de la sociedad, haciendo aplicación de las ciencias y las artes a nuestra industria y nuestras necesidades. Dar a conocer curiosidades naturales, científicas, artísticas e históricas, con preferencia de la América, y en particular de la isla de Cuba. Publicar artículos biográficos de las personas que más se hayan distinguido en nuestro suelo desde su descubrimiento, y dar noticias de hombres célebres de los demás países. Generalizar principios de moral, de educación y de derecho civil, haciendo conocer, a los que no estén al cabo de ellos, los deberes del hombre; sin escluir [sic] la religión como espinosa y delicada, pues nuestro objeto no es promover dudas ni controversias, sino apoyar la fe y las doctrinas del Evangelio. Facilitar el conocimiento de los negocios comunes de la vida, enseñando sus trámites y diligencias, y la intervención en ellos de los ministerios y tribunales. Todo será redactado en lenguaje claro y sencillo, y los artículos irán ilustrados con láminas, siempre que lo exija la materia, sin señalar coto al número y tamaño de ellas, aunque nunca serán menos de cuatro en cada entrega. Como nuestro objeto es interesar a toda clase de lectores, se dedicará una parte de la obra a literatura y amenidades, comprendiendo en éstas la música y la moda; y para más captarnos la protección y benevolencia de las damas, incluiremos cada dos entregas un figurín, copiado del periódico más reciente de París, y grabado por el mejor artista que se encuentre». Estos fines fueron cumplidos en lo que ya denominamos primera etapa de la revista. Aparecieron trabajos originales sobre educación primaria, estudios literarios, temas sobre arquitectura, industria, historia, comercio, ciencias naturales y filosofía. También publicaron poemas, cuentos, pequeñas piezas teatrales y noticias culturales. Fueron sus colaboradores habituales en esta etapa, Domingo del Monte, Felipe Poey, Pedro Alejandro Auber, José Jacinto Milanés, Manuel José Carrera, Pedro Morilla, Nicolás José Gutiérrez y el Curioso Parlante (seud. del costumbrista español Ramón de Mesonero Romanos), cuyas colaboraciones aparecieron a partir de la quinta entrega, cuando ya Palma y Echeverría se habían separado de la publicación, después de haber salido la tercera entrega, por problemas con Ramón Oliva, editor de la publicación. Éste se asoció entonces con los españoles José María de Andueza y Mariano Torrente, quienes fueron sus directores, aunque este cambio en la dirección no se manifestó en las entregas siguientes. Comienza entonces, a partir de la cuarta entrega, lo que llamaríamos segunda etapa de El Plantel. La totalidad de los cubanos que habían colaborado en sus páginas cesaron de hacerlo, pasando a escribir en ellas colaboradores españoles, la mayoría de los cuales firmaba con seudónimos. Los suscriptores, que habían rebasado el número de mil, suma considerable para la época, fueron dándose de baja paulatinamente. La publicación fue decayendo. Su última entrega, la décima, correspondió a agosto de 1839. Es necesario destacar que fue El Plantel la primera revista en Cuba que utilizó la litografía. Su técnica comenzó a utilizarse en la segunda etapa de la revista. En la primera se utilizó solamente el grabado en madera o xilografía. Bajo la responsabilidad de Feliciana Menocal se confeccionó el «Índice general de El Plantel», publicado en la Revista de la Biblioteca Nacional «José Martí» (La Habana [3a. época] 3 (1-4): 165-172, ene.-dic., 1961). BIBLIOGRAFÍA Echeverría, J[osé] A[ntonio]. «[Cartas que tratan sobre El Plantel]», en Centón epistolario de Domingo del Monte. T. 3. 1836-1838. Con un prefacio, anotaciones y una tabla alfabética por Domingo Figarola-Caneda. La Habana, Imp. El Siglo XX, 1926, p. 251-252, 256-258. Llaverías, Joaquín. «[El Plantel]», en su Contribución a la historia de la prensa periódica. T. 2. Prefacio de Elías Entralgo. La Habana, Talleres del Archivo Nacional de Cuba, 1959, p. 53, 55, 57, 59-68 (Publicaciones del Archivo Nacional de Cuba, 48). Menocal, Feliciana. «Índice general de El Plantel», en Revista de la Biblioteca Nacional «José Martí». La Habana, [3a. época] 3 (1-4): 160-161 y 163, ene.-dic., 1961. Palma, Ramón de y José Antonio Echeverría. «Manifestaciones que hacen al público los directores de El Plantel», en Diario de La Habana. La Habana, (361): 2, dic. 28, 1838. Pluma, La (La Habana, 1876-[1877?]; [1883] ? ). Periódico semanal dirijido [sic] y redactado por varios jóvenes entusiastas, de buen humor y sin pretensiones. El número prospecto apareció el 26 de marzo y el primer ejemplar vio la luz el 7 de mayo. El último ejemplar revisado del año 1876 (33) corresponde al 17 de diciembre. El 11 de febrero de 1877 la publicación «reaparece», ahora en su segundo año, con un formato mayor e igual subtítulo. El último ejemplar consultado de este período (número 13) es de fecha 13 de mayo de 1877. En el primer número de su segunda época, que apareció el 17 de junio de 1877, se anota: «Al aparecer nuevamente en la arena periodística, después de una no corta ausencia [...].» De esta época, el último ejemplar revisado (número 9) corresponde al 12 de agosto de 1877. Después de esta fecha hay otro número localizado, que a su vez es el último consultado, correspondiente a la «Época II» (Año 1, número 5), del 18 de febrero de 1883, y que lleva como subtítulo «Semanario humorístico». A lo largo de esta accidentada trayectoria, publicó cuentos, poemas, crítica literaria, notas sobre aspectos teóricos del arte, traducciones, artículos sobre religión y folletines novelescos. Entre sus colaboradores figuran Ramón Vélez Herrera, Rafael María de Mendive, Eusebio Valdés Domínguez, Ramón Codina, Julia Pérez Montes de Oca, Julio Rosas (seud. de Francisco Puig y de la Puente), A. Nónimo, Otelo, Torcuato D. Artola y Odracir. POBEDA Y ARMENTEROS, Francisco (V. POVEDA Y ARMENTEROS, Francisco) POESÍA Pese a la pretendida existencia de una lírica precolombina, los orígenes de la poesía en Cuba es preciso situarlos hacia principios del siglo XVII, en que, si aceptamos su antenticidad, fue compuesto el poema épico Espejo de paciencia (1608), del escritor canario radicado en Cuba, Silvestre de Balboa Troya y Quesada. Ningún testimonio de la primitiva poesía de la isla nos ha quedado y sólo podemos conjeturar que ésta debió haber sido similar a la de los areítos de los indios de la Española, sin influencia alguna en el desarrollo de la lírica en los países antillanos de habla hispana.El poema de Balboa sigue las huellas de la épica italianizante de Ercilla y sus continuadores -en especial las de Luis Barahona de Soto, autor de «Las lágrimas de Angélica»-, tal como ha señalado Felipe Pichardo Moya, y si bien su valor poético es escaso, no deja de tener interés para nosotros, tanto por razones literarias como extraliterarias. Bajo la tramoya mitológica renacentista subyace en el poema la expresión de una incipiente cubanía, presente en los motivos de la naturaleza tropical enumerados en forma ingenuamente encantadora. Por otra parte, la obra refleja con fidelidad especular aspectos de la vida cotidiana y la composición social de la época, de ahí que su valor documental y sociológico trascienda el meramente literario. Especial interés para el estudio de los orígenes de nuestra poesía reviste la presencia de los seis sonetos laudatorios que sirven de pórtico al poema de Balboa, pues denotan la existencia en el país, en época tan temprana, de una vida literaria insospechable en las condiciones de desarrollo social imperantes en la isla. Los sonetos, el poema de Balboa y el motete supuestamente cantado en 1604 en la iglesia de Bayamo -que sería entonces la primera manifestación poética escrita en Cuba que nos haya llegado- fueron incluidos por el obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz en su Historia de la Isla y Catedral de Cuba y copiados con posterioridad por el novelista e historiador José Antonio Echeverría en 1837, gracias al cual nos ha sido dado conocer el poema. Más de siglo y medio median entre el Espejo de paciencia y la aparición de las verdaderas primeras voces de la lírica cubana. Las expresiones Poéticas escritas a lo largo del siglo XVIII, que nos han llegado provenientes de versificadores como Juan Miguel Castro Palomino, José Rodríguez Ucres (conocido como Capacho), Félix Veranés, José Surí y Águila, Mariano José de Alva y Monteagudo, Lorenzo Martínez de Avilera y José del Socorro Rodríguez, entre otros, son de escaso valor artístico y su importancia histórica es también relativa. A fines del siglo XVIII, sin embargo, la isla entra en un período de ingentes transformaciones económicas y sociales que van a influir poderosamente sobre el desarrollo cultural del país, hasta entonces prácticamente nulo. En 1790, por iniciativa del nuevo Capitán General de la isla, Don Luis de las Casas, comienza a publicarse el Papel Periódico de la Havana; en 1793 es fundada la Sociedad Económica de Amigos del País, que tan importante papel desempeñó en el desarrollo de nuestra cultura en el siglo XIX. En este ambiente propicio producen sus obras los tres primeros poetas de verdadera importancia entre nosotros. Son ellos Manuel de Zequeira, Manuel Justo Rubalcava y Manuel María Pérez y Ramírez, los tres Manueles de nuestra lírica. Manuel María Pérez y Ramírez, cuya producción poética prácticamente se ha perdido, ha quedado en la poesía cubana por su soneto «El amigo reconciliado», curioso precedente del famoso poema de Sully Proudhome, «Le vase brisé.» Zequeira y Rubalcava, pese al retoricismo que lastra la mayor parte de su producción poética, ocupan un sitial destacado dentro de la lírica isleña por ser los primeros que logran plasmar poéticamente con acierto un incipiente sentimiento de cubanía, expresado en el orgullo con que celebran la naturaleza cubana, en especial su flora. La «Oda a la piña», de Zequeira, y la «Silva cubana» -donde el poeta hace salir airosas a las frutas cubanas en su confrontación con las europeas-, atribuida a Rubalcava, son las dos composiciones más importantes del período neoclásico (véase NEOCLASICISMO), movimiento al que se adscriben los tres poetas mencionados y que va a prolongarse aproximadamente hasta la tercera década del siglo XIX, década en la que, con José María Heredia, hace su entrada el romanticismo en la lírica de habla hispana. Fuera de «Los tres Manueles», la figura más representativa del neoclasicismo entre nosotros es la de Ignacio Valdés Machuca (seud. Desval), quien en 1819 publicó el primer tomo de poesía impreso en Cuba: Ocios poéticos. La poesía de Desval, artifidosa y carente de emotividad, poco o nada puede emocionar al lector contemporáneo. En cambio, debe agradecérsele su labor como animador de la cultura y el mecenazgo ejercido sobre la juventud aficionada a las letras de la época. José María Heredia no sólo será la primera figura de gran importancia en la lírica cubana, sino además una de las más destacadas del romanticismo de lengua hispana, que inicia con él su expresión poética (véase ROMANTICISMO). Pero a esta condición de iniciador, que por sí sola bastaría para consagrarlo, añade Heredia la gloria de haber sido el primer cantor de la libertad de la patria y el primer poeta en sufrir destierro por su causa. Con él nace la poesía civil en Cuba, que será una de las directrices más importantes de la lírica cubana en el siglo XIX hasta culminar en la obra poética impar de José Martí. Poeta desigual, lastrada su obra en gran parte todavía por el influjo retoricista del neoclasicismo, dejó Heredia, sin embargo, poemas tan notables como «En el teocalli de Cholula» «Niágara», el «Himno del desterrado», «La estrella de Cuba» y «A Emilia», que por encarnar los anhelos de libertad de todo un pueblo trascendieron las propias limitaciones políticas de Heredia e hicieron alcanzar a su figura categoría de símbolo patriótico para los cubanos del siglo XIX. En el proceso evolutivo de la lírica del romanticismo en Cuba es posible distinguir dos momentos. Uno inicial -que marca el comienzo y el auge del movimiento-, cuyos representantes más destacados resultan Heredia, Plácido (seud. de Gabriel de la Concepción Valdés), José Jacinto Milanés y Gertrudis Gómez de Avellaneda, y un segundo momento en el que Rafael María de Mendive, Joaquín Lorenzo Luaces, Juan Clemente Zenea y Luisa Pérez de Zambrana representan, a la vez, la plenitud del movimiento y una apertura hacia nuevos derroteros poéticos más avanzados. Por supuesto, esta división tiene mayormente una importancia metodológica, pues el estudio detenido de la producción de estos autores nos demuestra que regresiones y anticipaciones de la norma estética es posible detectarlas en cualquiera de ellos. Gabriel de la Concepción Valdés es, pese a las numerosas influencias neoclásicas en su obra, un verdadero temperamento romántico. Su defectuosa formación cultural y las dificultades económicas por las que atravesó, que lo obligaron a prodigar su talento en poemas de ocasión, imposibilitaron que su pluma nos diera las producciones de alto valor literario que, dado su talento, hubieran brotado de seguro en condiciones materiales más favorables. Con todo, Plácido es autor de un romance antológico dentro del romanticismo de habla hispana -«Jicotencalt»-, justamente alabado por Marcelino, Menéndez y Pelayo, y de varias letrillas («La flor de la caña», «La flor del café») en las que logra, con gran frescura, cubanizar esta forma de la poesía tradicional española. Estos poemas, su «Plegaria a Dios» -compuesta poco antes de su trágica ejecución- y alguno que otro soneto es lo que realmente perdura de la producción poética de Plácido, pero bastan para hacerlo ocupar un sitial de primer orden entre los poetas románticos cubanos. Como Plácido, José Jacinto Milanés procede de la pequeña burguesía, por lo que su formación resulta igualmente autodidacta (aunque el nivel cultural de Milanés, quien llegó a dominar el francés y el italiano, era indudablemente superior al del autor de «Jicotencalt»). Injustamente subvalorada la importancia de su obra durante años, la figura de Milanés ha ido ganando el interés de los críticos, que en los últimos años han vuelto sus ojos al estudio directo de su obra sin dejarse influir por juicios que en su momento respondieron a criterios retóricos decimonónicos, hoy de relativa importancia, y que continuaron repitiéndose por comodidad. Lo cierto es que, en la actualidad, si bien no puede rechazarse el calificativo de «desigual» aplicado a su poesía, podemos pensar que son pocos los poemas de nuestro romanticismo que hayan aportado notas tan personales a la lírica cubana como Milanés, quien en sus mejores momentos es el autor más cercano a la sensibilidad contemporánea de todos los románticos de la primera generación. Poemas como «La madrugada», «De codos en el puente», «El mendigo», «El beso», «Después del festín» o la «Epístola a Ignacio Rodríguez Galván», podrán presentar lamentables caídas, pero permiten, a la vez, darnos cuenta de cuán indudablemente poeta fue este desdichado hombre de trágico destino personal, autor de uno de los más bellos poemas cubanos del siglo XIX: «La fuga de la tórtola». Gertrudis Gómez de Avellaneda sirve de puente entre la primera y la segunda generación románticas, especialmente en lo tocante al cuidado de la forma, que hizo de ella una verdadera orfebre del verso anticipadora de muchas de las conquistas métricas del modernismo, como brillantemente hizo resaltar en su artículo «La Avellaneda como metrificadora» ese otro noble maestro de la forma que fue Regino Boti. Con todo, pese a ser mujer, la ausencia de ternura en su poesía contrasta con la casi femenina sensibilidad de un Milanés; el grueso de su poesía se resiente de una gelidez y falta de espontaneidad no conocidas por Plácido. No tuvo, tampoco, la elevada inspiración de Heredia ni su sentido de identificación con 1a naturaleza, sin que, por otra parte, llevara a su verso las hondas preocupaciones patrióticas del cantor del Niágara, que han hecho tan trascendental su poesía. Vista desde nuestra altura, su producción poética rara vez logra emocionarnos y nos parece incuestionable que sus méritos son mayores como dramaturga, novelista o corresponsal (su extraordinario epistolario amoroso posee latente una gran intensidad poética, ajena a la mayor parte de sus versos). Mas, con todo, seríamos injustos si al establecer nuestra valoración dejáramos de considerar el contexto histórico-literario en que se movió y el peso considerable de la influencia en él de esa fascinante personalidad femenina que fue Gertrudis Gómez de Avellaneda. Paralelamente a la obra de estos primeros poetas románticos, una serie de líricos menores dejan en sus obras el testimonio de que una poesía nacional va afirmando cada vez más su personalidad. Francisco Iturrondo, autor de la importante silva «Rasgos descriptivos de la naturaleza cubana» (1831) -todavía de filiación neoclásica, pero ya presentes en ella numerosos elementos románticos-, profundiza la directriz del conocimiento insular a través de la plasmación poética de su naturaleza, iniciada por Zequeira y Rubalcava. En la misma dirección de Iturrondo, Francisco Poveda y Armenteros logra verdadera intensidad poética cuando describe en forma inusitada en nuestra lírica los árboles cubanos. Poveda y Armenteros fue el primero en tomar el campesino como tema poético, con lo que inaugura una corriente nativista que tendrá en El Cucalambé (seud. de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo) su mas alto representante. En estas circunstancias históricas en que comienza a cristalizar el sentimiento de nacionalidad, Domingo del Monte, una de las personalidades más influyentes de la época, escribe con propósito popularista sus Romances cubanos, entre los que sobresalen «El desterrado del hato» y «El montero de la sabana». Pero Del Monte, a diferencia de Poveda y Armenteros -quien, pese a su deficiente formación cultural, poseía una innegable sensibilidad poética-, carecía de dotes líricas para fecundar el género, y la propia elección del romance como forma métrica evidencia su miopía artística y su acercamiento externo a una poesía popular que ya había hecho de la espinela renacentista su vehículo expresivo idóneo. Esta indagación en temas vernáculos va a cristalizar poéticamente en dos directrices fundamentales que a menudo se imbrican: criollismo y siboneyismo (véanse CRIOLLISMO y SIBONEYISMO). Criollistas se muestran Ramón Vélez Herrera, quien dejó dos hermosos ejemplos en esta dirección: «La pelea de gallos» y «La flor de la pitahaya»; Ramón de Palma, Miguel Teurbe Tolón y, en algunas zonas de su poesía, poetas importantes como Plácido, Milanés, Luaces y la propia cabeza del movimiento siboneyista, José Fornaris. El siboneyismo encuentra precedentes en el neoclásico Desval, pero como movimiento no alcanza verdadera coherencia hasta la publicación en 1855 de los Cantos del siboney, de Fornaris, libro que conoció ediciones y popularidad sin precedentes en nuestra poesía. La piragua, revista fundada y dirigida por Fornaris y Luaces, devino órgano de expresión del movimiento. Pese a la superficialidad de las composiciones y a la carencia de sustentación histórica del movimiento, éste no deja de tener interés como forma encontrada por los poetas para expresar su repulsa al régimen español y afirmar nuestra nacionalidad veladamente a travésde la poesía, de donde resulta, entre otras razones, la inmensa popularidad que gozó en su momento. La síntesis poética de ambas corrientes la logró con gran frescura y originalidad Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (seud. El Cucalambé), quien en su único libro, Rumores del Hórmigo (1856), que ha conocido hasta el presente numerosísimas ediciones, supo expresar como nadie los anhelos de nuestro campesinado al no haber cantado para el guajiro, sino desde él, como en frase afortunada afirma Cintio Vitier en Lo cubano en la poesía. Sus versos acompañaron fielmente al mambí en sus guerras de independencia, y hoy su gloria mayor estriba en que sus décimas se hayan fundido con los cantares anónimos de su pueblo y continúen siendo entonadas por éste como cosa suya más de un siglo después de su muerte. Un caso excepcional en la lírica cubana resulta el de Juan Francisco Manzano, el poeta esclavo autor de unos apuntes autobiográficos que constituyen uno de los documentos más estremecedores contra la esclavitud escritos en el siglo XIX. La obra poética de Manzano, que como es sabido obtuvo la libertad mediante el rescate pagado por los concurrentes a la tertulia de Domingo del Monte, es sumamente breve y en ella descuellan dos hermosos sonetos: «A la ciudad de Matanzas después de una larga ausencia» y «Mis treinta años», de contenido autobiográfico este último, conocedor de varias traducciones. Probablemente aterrado por la brutal represión a sus hermanos de raza con motivo de la llamada Conspiración de la Escalera, Manzano dejó de escribir tras ser liberado y nos dejó sin la posibilidad de conocer qué derroteros seguiría su poesía futura. Hacia mediados de siglo se torna ostensible que el énfasis en lo declamatorio, el efectismo y la sensiblería a que se entregaron numerosos poetas románticos, conducían a nuestra poesía a un peligroso estancamiento. Versificadores como Francisco Orgaz, Narciso Foxá, José Gonzalo Roldán, Felipe López de Briñas, Francisco Javier Blanchié, Antonio Vinajeras y otros, provocaron con sus excesos e incorrecciones una saludable salida al paso, conocida en nuestra lírica como la reacción del «buen gusto», por parte de los poetas que van a formar el núcleo de avanzada de la segunda generación romántica: Mendive, Luaces, Zenea y Luisa Pérez de Zambrana. La personalidad rectora de esta reacción fue Rafael María de Mendive, quien a través de sus orientaciones en la tertulia de su casa, en las revistas que dirigió, y de modo especial con su obra lírica, influyó poderosamente sobre el movimiento poético de su época. En compañía de Ramón Zambrana, José Gonzalo Roldán y Felipe López de Briñas, publicó Mendive en 1853 la colección Cuatro laúdes, y en 1860 y 1883 sendas ediciones de sus poesías. Sin llegar a ser un gran poeta, Mendive es un hábil artesano del verso que sobresale en el plano de composición de sus poemas y anticipa ya en ellos los nuevos modos poéticos de expresión que estarían llamados a ser inaugurados en lengua española por su más preclaro discípulo: José Martí. Un lustro más joven que Mendive, Joaquín Lorenzo Luaces es uno de los más interesantes poetas de su generación. Su inquietud como creador lo hizo incursionar en las más disímiles temáticas (intentó cubanizar la anacreóntica, cultivó la poesía filosófica, la moral y la criollista, se unió a Fornaris en la aventura siboneyista e hizo aproximaciones a la poesía proletaria). Su búsqueda incesante de la perfección y su incontrolada tendencia a la ampulosidad restan emoción a sus poemas y convierten algunas de sus odas en verdaderos discursos rimados quintanescos. De su obra mantienen vigencia dos odas de oculta inspiración patriótica -«La caída de Misolonghi» y la «Oración de Matatías»- y algunos de los mejores sonetos escritos en Cuba -«La salida del cafetal», «La muerte de la bacante»-, en los que se encuentran ya elementos francamente parnasianos, prefiguradores de esta directriz tan importante en la poesía de Julián del Casal. Sensibilidad poética excepcional poseyó Juan Clemente Zenea, el más notable de los poetas de la segunda generación romántica y uno de los líricos cubanos más destacados. Zenea, excelente conocedor del francés, acusa en sus versos la benéfica influencia de Musset y otros autores franceses. En su relativamente breve obra hay no pocas composiciones mediocres y otras con caídas lamentables, pero en sus mejores momentos (véase la bellísima antología de poemas y fragmentos de algunos de ellos realizada por Mariano Brull) ninguno de nuestros románticos lo supera en intensidad poética. Salvo por la de Bécquer, su poesía amorosa no se ve superada en la lírica romántica de habla hispana. Como poeta civil aportó los más nobles acentos a esta directriz con posterioridad a Heredia, lo que nos haría lamentar aún más su deleznable postura política en caso de esclarecerse de modo afirmativo su traición a la patria, tal como de modo amargo parece desprenderse de la lectura del proceso judicial que culminó con el fusilamiento en el Foso de los Laureles del autor de «Fidelia», «Nocturno», «Recuerdo», «En días de esclavitud» y otros poemas que lo sitúan entre los líricos más importantes del romanticismo de habla hispana. Luisa Pérez de Zambrana será la de mayor longevidad tanto biológica como literaria de estas cuatro figuras que conforman el núcleo de avanzada dentro de la lírica de nuestra segunda generación romántica. Sesenta y seis años de producción poética, en los que su trágico destino personal (muerte de su esposo y de sus cinco hijos) hizo evolucionar aquella poesía inicial de rara sencillez y ternura hasta hacerla alcanzar los más sobrecogedores acentos elegíacos de la literatura cubana. Las llamadas «Elegías familiares», por la hondura de su contenido patetismo, por la pureza del lenguaje, por los hallazgos poéticos encerrados en ellas, escapan a las normas de su época y atestiguan cuán grande fue la sensibilidad atesorada por esta noble mujer abiertamente admirada por Martí, quien vio en ella la más alta poetisa de la América de su tiempo. Colaboran también en forma destacada a la revitalización de nuestra poesía, Julia Pérez Montes de Oca -hermana menor de Luisa Pérez de Zambrana- quien nos dejó en «Abril», «Al campo» y otras composiciones, muestras de su delicada sensibilidad; los hermanos Francisco y Antonio Sellén, quienes desarrollaron una valiosísima labor como traductores (Heine, Mickiewicz, Byron, Isaías Tegner, Wilkie Collins, Nathaniel Hawthorne, Stevenson, Musset, son algunos de los autores vertidos al español por ellos); Issac Carrillo y O'Farril, autor del nostálgico poema «Connais-tu le pays...?», frecuentemente antologado, y Alfredo Torroella, elogiado por Martí y Luisa Pérez de Zambrana. La nota patriótica no dejó de estar presente en la producción de nuestros poetas románticos. En 1858, por iniciativa de Pedro Santacilia, un grupo de autores publicó en Estados Unidos un volumen en el que recogieron diversas composiciones bajo el título de El laúd del desterrado. Integraban esta antología los ya fallecidos Heredia y Teurbe Tolón; José Agustín Quintero, buen traductor de Longfellow y Friedrich Rückert; Pedro Santacilia, quien, como Luaces, expresó veladamente las ansias de libertad de nuestro pueblo en su «Salmo»; Pedro Ángel Castellón, Leopoldo Turla y Juan Clemente Zenea. Años más tarde, prologó Martí un breve volumen, Los poetas de la guerra (1893), formado con composiciones escritas durante la Guerra de los Diez Años por un grupo de poetas menores, entre los cuales sobresalía José Joaquín Palma, poeta zorrillesco apegado extemporáneamente a los moldes románticos, que después de la guerra del 68 residió la mayor parte de su vida en Centro América. Tras la Guerra de los Diez Años y hasta la aparición del modernismo en Cuba con Martí y Casal, se abre un período de transición en el que no descuellan figuras poéticas de primera magnitud. En 1879 aparece Arpas amigas, selección de poemas de diversos autores que incluía a poetas de la generación anterior, como los hermanos Sellén y Luis Victoriano Betancourt, antologado por Martí en Los poetas de la guerra. A ellos se unían los más jóvenes Enrique José Varona y Esteban Borrero Echeverría, quienes se destacaron más por su labor humanística y filosófica que como líricos; José Varela Zequeira y Diego Vicente Tejera, excelente traductor de Petöfi, Heine y Leopardi y el de mayor calidad poética del grupo. A esta etapa de transición pertenecen también Enrique Hernández Miyares, gran animador de la cultura, que ha quedado en la poesía cubana fundamentalmente por su hermoso y polémico soneto «La más fermosa», que le valió una acusación de plagio; Manuel Serafín Pichardo, sonetista de calidad («El gallo»), y las poetisas Aurelia Castillo de González, quien se distinguió como traductora de D'Annunzio y Carducci, entre otros poetas, Nieves Xenes, la puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió y Mercedes Matamoros, la de mayor temperamento poético entre ellas, excelente sonetista que, en El último amor de Safo, colección de veinte sonetos eróticos, desafió la moral de su época y se convirtió en una precursora de la poesía de este tipo, cultivada en nuestro siglo por Juana de Ibarbouru, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Delmira Agustini. Cabe a Cuba el orgullo de haber aportado al movimiento modernista (véase MODERNISMO) dos de sus figuras más preclaras: José Martí y Julián del Casal. Hoy se encuentra ya fuera de toda duda que el iniciador del movimiento, tanto en prosa como en verso, lo fue José Martí, quien inaugura los nuevos modos de expresión en la lírica de habla hispana con Ismaelillo en 1882. Su genio político, que lo llevó a ser el alma de una guerra libertadora y a formular el pensamiento político más avanzado entre todos los americanos de su tiempo, hizo culminar en su poesía la directriz patriótica iniciada por Heredia. Su genio poético extraordinario plasmó en sus Versos libres una poesía totalmente inusitada para su época -con resonancia en personalidades poéticas tan auténticas como Miguel de Unamuno y César Vallejo- y cuya vigencia perdura hasta nuestros días. Su identificación absoluta con el pueblo, por último, lo hizo crear, haciendo suyo el puro caudal de la poesía popular española, sus Versos sencillos (1891), el punto más. alto de la poesía popularista en la lírica hispana del siglo XIX. Hoy su obra poética, la más trascendente producida entre nosotros, atrae sobre sí como ninguna otra el estudio de todos los hispanistas del orbe para gloria de nuestra patria. Si Martí encarna como nadie el ideal del artista comprometido con su pueblo, Julián del Casal resulta el arquetipo del creador que encuentra en el arte el modo de evadirse del medio social que lo enajena. Si el optimismo revolucionario preside vida y obra de Martí, el pesimismo y la melancolía presidirán las de Casal. Gran amante de la belleza baudeleriana, abrevó en las fuentes de simbolistas y parnasianos, y pese a lo temprano de su muerte, dejó una obra de renombre continental. Baudelaire, Leconte de Lisle, José María de Heredia -el autor de Los trofeos-, son las influencias predominantes en su poesía, en la cual pueden encontrarse las principales características tanto formales como temáticas del modernismo. En los veinte años que median entre la muerte de Casal y la aparición de Arabescos mentales (1913), de Regino E. Boti, la poesía cubana, pese a ser éste el momento de esplendor del modernismo, va sumiéndose gradualmente en una honda crisis. Muertos prematuramente los dos discípulos más talentosos de Casal -el poeta cubano de expresión francesa Augusto de Armas y la adolescente de extraordinaria sensibilidad poética que fue Juana Borrero- el modernismo en Cuba se ensaya tan tímida y mediocremente con relación a otras literaturas de Hispanoamérica, que llegó a ser cuestionada su verdadera existencia. Carlos Pío Uhrbach, discípulo sin altos vuelos de Casal y novio de Juana Borrero, murió en combate en nuestra guerra de independencia. Su hermano Federico, mejor dotado para la poesía que Carlos Pío, no viene a producir una obra importante hasta 1916, en que publicó Resurrección, uno de los mejores libros de poesía publicados en las dos primeras décadas de nuestro siglo. De los poetas de la primera generación republicana recogidos en voluminosa -y concebida con escaso rigor selectivo- antología Arpas cubanas (1904), fruto de los esfuerzos de Enrique Hernández Miyares, Francisco Díaz Silveira y el mediocre José Manuel Carbonell, sólo se salvan René López, cuya vida desordenada y muerte prematura no le permitieron legarnos la obra madura a la que por su talento parecía llamado, y Dulce María Borrero, cuya poesía -al igual que la de su hermana Juana- cuenta con valiosos aciertos descriptivos. Figura también en la antología Bonifado Byrne, puente entre esta generación y la anterior, quien pese a poemas de delicada factura como «Los muebles» o «Cual sería», será siempre para nuestro pueblo el poeta de «Mi bandera», por haber sabido expresar en él el sentimiento de rebeldía popular contra la ingerencia del imperialismo norteamericano en nuestro destino. No incluyó esta antología, sin embargo, a Francisco Javier Pichardo, cuya poesía mejor contiene notas de diluida protesta social que desarrollarán con mayor aliento autores de generaciones futuras. La renovación poética, curiosamente, no se produjo en la capital. En las primeras décadas del siglo, una intensa vida cultural -si bien dada nuestra condición de país subdesarrollado se trató siempre de una porción minoritaria de intelectuales- fue desarrollándose en las provincias. Matanza y Oriente fueron aquellas en que el movimiento literario produjo sus mejores frutos, aunque en Las Villas no dejó de ser intensa la actividad cultural y numerosas publicaciones periódicas locales dieron cabida a la producción de los jóvenes creadores. En Matanzas, el movimiento se centró en la revista El Estudiante, dirigida por Plácido Martínez; entre los poetas de aquel momento merecen ser mencionados los hermanos Fernando y Francisco Lles, Mariano Albaladejo, Hilarión Cabrisas y sobre todo Agustín Acosta,, quien con Ala (1915) dio al movimiento modernista en Cuba uno de sus libros fundamentales. En Oriente fue donde el modernismo alcanzó mayor coherencia estética, gracias en especial a la extraordinaria labor renovadora de los dos más altos poetas del primer cuarto de siglo: Regino E. Boti y José Manuel Poveda. Los jóvenes poetas, entre los que se contaban, entre otros, Ángel Alberto Giraudy, Fernando Torralva, Luis Vázquez de Cuberos, Juan Jerez Villarreal, Héctor Poveda, el dominicano Sócrates Nolasco, Luis Felipe Rodríguez, Julio Girona y Pedro Alejandro López, tuvieron en revistas como El pensil, Renacimiento, Orto, Oriente Literario, Oriente y Bohemia y 1a página dominical de El Cubano Libre sus principales órganos de expresión. En 1913 dos acontecimientos contribuyeron a darle unidad y difusión a las ideas estéticas del grupo: el homenaje a Julián del Casal, con motivo del cual José Manuel Poveda redactó los primeros manifiestos del modernismo en Cuba, y la aparición de Arabescos mentales, de Regino E. Boti, libro que marca un hito dentro de la poesía cubana. Desde su «aldea» guantanamera, Boti talló en silencio el diamante de su poesía. Su obra lírica publicada, desde Arabescos mentales hasta Kindergarten (1930), evidencia una acendrada voluntad de estilo que lo llevó a renovarse incesantemente desde su inicial etapa modernista hasta Kodak-Ensueño (1928) y Kindergarten, libros de corte vanguardista en los que pueden rastrearse anticipaciones de la antipoesía contemporánea. El mar y la montaña (1921) representa su plenitud poética y constituye uno de los más hermosos libros de poesía publicados en Cuba. Hastiado del medio social que lo circundaba, Regino E. Boti dejó de publicar en 1930 y mantuvo inédita su cuantiosa producción lírica escrita hasta su muerte, en 1958. Un solo libro bastó para consagrar a José Manuel Poveda como maestro de la poesía en Cuba. En Versos Precursores, que apareció en 1917 y constituye el fruto más logrado de nuestro postmodemismo, se encuentran en germen las distintas directrices por las que discurrirá en el futuro nuestra lírica. Al igual que en Boti, a quien lo unió en un tiempo una entrañable amistad, de la cual queda como fruto el extraordinario epistolario cruzado entre ambos, la altiva y exquisita sensibilidad poética de Poveda chocaba con el chato y mezquino medio social en que históricamente quedaron enmarcados. Decepcionado, abandonado por los que un día lo llamaron amigo, replegado en sí mismo, murióJosé Manuel Poveda sin haber alcanzado aún su madurez como hombre y sin poder coronar su existencia con la obra del «mañana» que anunció en el proemio de su libro ejemplar. En la década del veinte, los distintos «ismos» agrupados bajo el término común de vanguardismo (véase VANGUARDISMO) hacen irrupción en nuestra poesía, pero circunstancias históricas tan determinantes como la tremenda agudización de las contradicciones en el seno de la sociedad tras la gran crisis capitalista posterior a la primera guerra mundial, hacen que la poesía cultivada en Cuba durante esa década, si bien por parte de los más jóvenes se pronunció «por el arte nuevo en sus distintas manifestaciones», se detenga poco en la pura experimentación a la que en otras literaturas se entregaron creacionistas, dadaístas, ultraístas, etcétera... La honda crisis sufrida en el país tras el período de la llamada «danza de los millones» provocó una viva reacción en nuestros intelectuales, cuya expresión más significativa fue el surgimiento del Grupo Minorista (véase). Una amarga repulsa de lo cotidiano encuentra distintas vías de expresión estética -en ocasiones tangenciales, en otras antagónicas-, que tornan sumamente complejo el establecimiento de directrices generales en el período. Una de ellas será la corrierte intimista iniciada en la década anterior por Mariano Brull en La casa del silencio (1916), y que encuentra en Juan Marinello (Liberación, 1927) y en los hermanos Dulce María y Enrique Loynaz a sus más destacados cultivadores. Otra, representada fundamentalmente por Ramón Rubiera, Andrés Núñez Olano, Enrique Serpa y Rafael Esténger, paga deuda aún al modernismo y muestra marcada impronta simbolista. En algunos, la repulsa al medio adquiere una acentuada nota irónica, a veces sentimental, que en María Villar Buceta (Unanimismo, 1927), en cierta zona de la poesía de Rubén Martinez Villena («Canción del sainete póstumo») y en especial en la obra de José Zacarías Tallet (La semilla estéril, 1951) encuentra su más feliz expresión. Pero el despertar del movimiento obrero, al cual se vincula la juventud universitaria capitaneada por el líder extraordinario que fue Julio Antonio Mella; la fundación del Partido Comunista de Cuba por el propio Mella y Carlos Baliño; la influencia decisiva de la Revolución de Octubre en este proceso de concientización política de las masas; el comienzo de la lucha contra la tiranía de Machado; la ardiente prédica de Rubén Martínez Villena, y la gran crisis mundial capitalista de finales de la década del veinte, son factores que condicionan el impetuoso surgimiento de una poesía social de nuevo tipo, con una clara proyección antimperialista. El «Poema de los cañaverales», de Felipe Pichardo Moya, y sobre todo La Zafra, de Agustín Acosta, publicados ambos en 1926, sirven de precedente a esta corriente poética que inicia en realidad Regino Pedroso con la publicación, un año más tarde, en la Revista de Avance, de su «Salutación fraterna al taller mecánico». Desde su inicio hasta el triunfo de la Revolución cubana, se vio enriquecida la poesía social con los aportes de poetas vinculados a la causa del proletariado, como Nicolás Guillén, Manuel Navarro Luna, Ángel Augier, Mirta Aguirre y Félix Pita Rodríguez, entre otros. A Nicolás Guillén correspondería la gloria de sacar la temática de la corriente de poesía negra (véase Afrocubana, Literatura), comenzada en 1928 por Ramón Guirao («Bailadora de rumba») y José Zacarías Tallet («La rumba»), cultivada también por Emilio Ballagas en una zona de su poesía («Elegía de María Belén Chacón», «Para dormir un negrito») y llevada a su más afortunada expresión estética dentro de esta línea de poesía negra, aún sin mayor trascendencia social, por el propio Guillén (Motivos de son, 1930; Sóngoro cosongo, 1931), de su etapa inicial externa y pintoresquista y dotarla de un contenido social que aseguró su trascendencia. Esta preocupación social se acentuó cada vez más en sus libros posteriores hasta hacerse expresión consustancial de su poesía, admirada hoy universalmente. Coincidente con el inicio de esta directriz social, a fines de la década del veinte comienza el cultivo de la llamada «poesía pura», en el sentido de la tesis propuesta por el abate Bremond. Mariano Brull, Eugenio Florit y Emilio Ballagas, en la zona más importante de su poesía, son las figuras representativas de esta directriz, que dejó libros de alta calidad estética como Poemas en menguante (1928) y Sólo de rosa (1941), de Brull; Trópico (1930) y Doble acento (1937), de Florit, y Júbilo y fuga (1931) y Sabor eterno (1939), de Ballagas. Esta directriz esteticista alcanzará su mayor esplendor durante las dos décadas siguientes. La frustración del proceso revolucionario de 1933; la toma artera del poder por el fascismo en España; el terrible impacto de la segunda guerra mundial; la corrupción de los gobiernos «auténticos» y el clima asfixiante para la poesía vivido bajo la tiranía batistiana, inciden en que una gran parte de los poetas surgidos en esta etapa opten por el hermetismo y la evasión como forma de expresar su repudio al medio social en que se hallaban inmersos. Esta generación -llamada «trascendentalista» por Roberto Fernández Retamar- tuvo su guía en José Lezama Lima -cuyo libro Enemigo rumor (1937) fue quizás la más importante obra de esta tendencia- y su órgano de expresión en la revista Orígenes (1944-1956), dirigida al igual que Verbum (1937), Espuela de Plata (1939) y Nadie Parecía (1942) por el propio Lezama. Son sus figuras más destacadas Ángel Gastelu, Virgilio Piñera, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Eliseo Diego, Octavio Smith y Lorenzo García Vega. En lo teórico, el aporte más valioso de esta generación lo constituye Lo cubano en la poesía (1958), obra de Cintio Vitier, el más brillante crítico de este grupo generacional. En sus páginas expresa su amorosa visión de nuestra poesía, presidida por la concepción idealista común al grupo. Merece destacarse también la labor desarrollada en estas dos décadas anteriores a la Revolución por poetas como Samuel Feijóo, quien en unión de Aldo Menéndez y Alcides Iznaga, se esforzó en dignificar el cultivo de la poesía en Las Villas; Ernesto García Alzola, también cuentista destacado; Rafaela Chacón Nardi y los más jóvenes poetas vinculados a Orígenes, Roberto Fernández Retamar y Fayad Jamís, quienes pese a su juventud contaban ya con una obra de apreciable calidad estética en vísperas del proceso revolucionario. El triunfo de la Revolución cancela esta etapa de auge formalista en nuestra lírica, que ya había comenzado a perder terreno en la obra de los más jóvenes poetas surgidos en la década del cincuenta, quienes encuentran en el proceso revolucionario la fuente de inspiración temática para expresar la nueva circunstancia social que los conmueve. Las páginas de Lunes de Revolución, suplemento literario semanal del periódico Revolución, La Gaceta de Cuba y las revistas Casa de las Américas y Unión, comienzan a llenarse de colaboraciones de una nueva promoción de poetas que en número ingente dan a conocer sus obras. A autores de reputación establecida, como los mencionados Roberto Fernández Retamar y Fayad Jamís, se unen en estos primeros años de la Revolución; entre otros, Rolando Escardó y José A. Baragaño, muertos ambos prematuramente, Roberto Branly, Pablo Armando Fernández, Luis Suardíaz, Heberto Padilla, Raúl Luis, José Martínez Matos, Adolfo Menéndez Alberdi, César López, Luis Marré, Francisco y Pedro de Oraá, Luis Pavón, Manuel Díaz Martínez. Hacia la segunda mitad de la década del sesenta irán dándose a conocer -fundamentalmente a través de los concursos UNEAC, David, «26 de Julio» y «13 de Marzo», que se unen, entre otros muchos convocados anualmente, al de la Casa de las Américas, creado en los albores de la Revolución- nuevas promociones de poetas, entre los cuales se cuentan Alberto Rocasolano, Domingo Alfonso, Tania Díaz Castro, Georgina Herrera, Adolfo Suárez, Rolando López del Amo y Efraín Nadereau, entre los de mayor edad, y Guillermo Rodríguez Rivera, Nancy Morejón, Víctor Casáus, Eduardo López Morales, Sigifredo Álvarez Conesa, Luis Rogelio Nogueras, Lina de Feria, Belkis Cuza, Miguel Barnet, David Fernández, Helio Orovio, Raúl Rivero, Pedro Pérez Sarduy, Jesús Cos Causse, Héctor de Arturo, Rafael Hernández, Roberto Díaz, Excilia Saldaña, Francisco Garzón Céspedes y Osvaldo Navarro, entre los más jóvenes, así como un número ingente de autores, en aumento constante, que cada día se dan a conocer. Paralelamente a la labor de estos jóvenes poetas, autores de generaciones anteriores han continuado enriqueciendo su obra con ejemplar espíritu de renovación, como prueba la valiosa obra producida a partir del triunfo de la Revolución por Nicolás Guillén, Ángel Augier, Félix Pita Rodríguez, Samuel Feijóo, Mirta Aguirre y algunos de los poetas más importantes de Orígenes, como Cintio Vitier, Fina García Marruz y Eliseo Diego, quienes han logrado expresar con gran calidad literaria sus vivencias dentro del proceso revolucionario. BIBLIOGRAFÍA Arias, Salvador. «La poesía en la neocolonia. Visión de la Isla», en Bohemia. La Habana, 57 (36): 26-27, sep. 3, 1965. || Bueno, Salvador. Contorno del modernismo en Cuba. Conferencia pronunciada en la Universidad del Aire el día tres de septiembre de 1950. La Habana, 1950. || Campuzano, Luisa. «Visión de la isla. 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