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Novela de la Illustre1 fregonaMiguel de Cervantes Saavedra -fol. 158v- -267- En Burgos, ciudad illustre2 y famosa, no ha muchos años que en ella viuian dos caualleros principales y ricos: el vno se llamaua don Diego de Carriazo, y el otro don Iuan de Auendaño3. El don Diego tuuo vn hijo, a quien llamó de su mismo nombre, y el don Iuan otro, a quien puso don Tomas de Auendaño. A estos dos caualleros moços, como quien han de ser las principales personas deste cuento, por escusar y ahorrar letras, les llamaremos con solos los nombres de Carriazo y de Auendaño. Treze años, o poco mas, tendria Carriazo, quando, lleuado de vna inclinacion picaresca, sin forçarle a ello algun mal tratamiento que sus padres le hiziessen, solo por su gusto y antojo se desgarró, como dizen los muchachos, de casa de sus padres, y se fue por esse -fol. 159r- mundo adelante, tan contento de la vida libre, que, en la mitad de las incomodidades y miserias que trae consigo, no echaua menos la abundancia de la casa de su padre, ni el andar a pie le cansaua, ni el frio le ofendia, ni el calor le enfadaua. -268- Para el todos los tiempos del año le eran dulce y templada primavera. Tambien dormia en paruas, como en colchones; con tanto gusto se soterraua en vn pajar de vn meson, como si se acostara entre dos sabanas de olanda. Finalmente, el salio tan bien con el assumpto de picaro, que pudiera leer cathedra4 en la facultad al famoso de5 Alfarache6. En tres años que tardó en parecer y boluer a su casa, aprendio a jugar a la taba en Madrid, y al rentoy en las ventillas de Toledo, y a pressa y pinta, en pie, en las barbacanas de Seuilla7. Pero con serle anejo a este genero de vida la miseria y estrecheza, mostraua Carriazo ser vn8 principe en sus cosas; a tiro de escopeta, en mil señales descubria ser bien nacido, porque era generoso y bien partido9 con sus camaradas. Visitaua pocas vezes las hermitas de Baco; y aunque beuia vino, era tan poco, que nunca pudo entrar en el numero de los que llaman desgraciados, que con alguna cosa que beuan demasiada, luego se les pone el rostro como si se le huuiessen xaluegado con bermellon y10 almagre. En fin, en Carriazo vio el mundo vn picaro virtuoso, limpio, bien criado, y mas que medianamente discreto. Passó por todos los grados de picaro, hasta que se graduó de maestro en las almadrauas de Zahara11, donde es el finibusterrae de la picaresca. ¡O picaros de -269- cozina, suzios, gordos y luzios; pobres fingidos, tullidos falsos, cicateruelos de Zocodouer y de la plaça de Madrid, vistosos12 oracioneros, esportilleros de Seuilla, mandilejos de la hampa, con toda la caterua inumerable13 que se encierra debaxo deste nombre picaro, baxad el toldo, amaynad el brio, no os llameys picaros si no aueys cursado dos14 cursos en -fol. 159v- la academia de la pesca de los atunes! ¡Alli, alli, que esta en su centro el trabajo, junto con la poltroneria! Alli esta la suziedad limpia, la gordura rolliza, la hambre prompta15, la hartura abundante, sin disfraz el vicio, el juego siempre, las pendencias por momentos, las muertes por puntos, las pullas a cada paso, los bayles como en bodas, las seguidillas como en estampa, los romances con estriuos, la poesia sin acciones16. Aqui se canta, alli se reniega, aculla se riñe, aca se juega, y por todo se hurta. Alli campea la libertad y luze el trabajo; alli van o embian muchos padres principales a buscar a sus hijos, y los hallan; y tanto sienten sacarlos de aquella vida, como si los lleuaran a dar la muerte. Pero toda esta dulçura que he pintado, tiene vn amargo azibar que la amarga, y es no poder dormir sueño seguro, sin el temor de que en vn instante los trasladan de17 Zahara a Berberia. Por esto las noches se recogen a vnas torres de la marina, y tienen sus atajadores y centinelas, -270- en confiança de cuyos ojos cierran ellos los suyos, puesto que tal vez ha sucedido que centinelas y atajadores, picaros mayorales, barcos y redes, con toda la turbamulta que alli se ocupa, han anochezido en España y amanecido en Tetuan. Pero no fue parte este temor para que nuestro Carriazo dexasse de acudir alli tres veranos a darse buen tiempo. El vltimo verano le dixo tan bien18 la suerte, que ganó a los naypes cerca de setecientos reales, con los quales quiso vestirse y boluerse a Burgos y a los ojos de su madre, que auian derramado por el muchas lagrimas. Despidiose de sus amigos, que los tenia muchos y muy buenos. Prometioles que el verano siguiente seria con ellos, si enfermedad o muerte no lo estoruasse. Dexó con ellos la mitad de su alma, y todos sus desseos entregó a aquellas secas arenas, que a el le parecian mas frescas y verdes que los campos -fol. 160r- Eliseos; y por estar ya acostumbrado de caminar a pie, tomó el camino en la mano, y sobre dos alpargates se llegó desde Zahara hasta19 Valladolid, cantando Tres anades, madre20. Estuuose21 alli quinze dias para reformar la color del rostro, sacandola de mulata a flamenca, y para trastejarse y sacarse del borrador de picaro y ponerse en limpio de cauallero. Todo esto hizo segun y como le dieron comodidad -271- quinientos reales con que llegó a Valladolid, y aun dellos reseruó ciento para alquilar vna mula y vn moço con que se presentó a sus padres, honrado y contento. Ellos le recibieron con mucha alegria, y todos sus amigos y parientes vinieron a darles22 el parabien de la buena venida del señor don Diego de Carriazo, su hijo. Es de aduertir que, en su peregrinacion, don Diego mudó el nombre de Carriazo en el de Vrdiales, y con este nombre se hizo llamar de los que el suyo no sabian. Entre los que vinieron a ver el rezien llegado, fueron don Iuan de Auendaño y su hijo don Tomas, con quien Carriazo, por ser ambos de vna misma edad, y vezinos, trauó y confirmó vna amistad estrechissima. Conto Carriazo a sus padres y a todos mil magnificas y luengas mentiras de cosas que le auian sucedido en los tres años de su ausencia. Pero nunca tocó, ni por pienso, en las almadrauas, puesto que en ellas tenia de contino puesta la imaginacion, especialmente quando vio que se llegaua el tiempo donde auia prometido a sus amigos la buelta; ni le entretenia la caça en que su padre le ocupaua, ni los muchos, honestos y gustosos combites que en aquella ciudad se vsan, le dauan gusto; todo passatiempo le cansaua, y a todos los mayores que se le ofrecian, anteponia el que23 auia recebido en las almadrauas. Auendaño, su amigo, viendole muchas vezes -272- melancolico e imaginatiuo, fiado en su amistad, se atreuio a preguntarle -fol. 160v- la causa y se obligó a remediarla, si pudiesse y fuesse menester, con su sangre misma. No quiso Carriazo tenersela encubierta, por no hazer agrauio a la grande amistad que professauan; y assi le conto punto por punto la vida de la xauega24; y como todas sus tristezas y pensamientos nacian del desseo que tenia de boluer a ella, pintosela de modo, que Auendaño, quando le acabó de oyr, antes alabó que vituperó su gusto. En fin, el de la platica fue disponer Carriazo la voluntad de Auendaño de manera, que determinó de yrse con el a gozar vn verano de aquella felicissima vida que le auia descrito, de lo qual quedó sobre modo contento Carriazo, por parecerle que auia ganado vn testigo de abono, que calificasse su baxa determinacion. Trazaron ansimismo25 de juntar todo el dinero que pudiessen; y el mejor modo que hallaron fue que de alli a dos meses auia de yr Auendaño a Salamanca, donde por su gusto tres años auia estado estudiando las lenguas griega y latina, y su padre queria que passasse adelante y estudiasse la facultad que el quisiesse, y que, del dinero que le diesse, auria para lo que desseauan. En este tiempo, propuso Carriazo a su padre que tenia voluntad de yrse con Auendaño a estudiar a Salamanca. Vino su padre con tanto gusto en ello que, hablando al de Auendaño, ordenaron de ponerles juntos casa en Salamanca, -273- con todos los requisitos que pedian26 ser hijos suyos. Llegose el tiempo de la partida; proueyeronles de dineros, y27 embiaron con ellos vn ayo que los gouernasse, que tenia mas de hombre de bien que de discreto. Los padres dieron documentos a sus hijos de lo que auian de hazer, y de como se auian de gouernar, para salir aprouechados en la virtud y en las ciencias, que es el fruto que todo estudiante deue pretender sacar de sus trab[a]jos y vigilias, principalmente los bien nacidos. Mostraronse los28 hijos humildes y obedientes; lloraron -fol. 161r- las madres; recibieron la29 bendicion de todos; pusieronse en camino con mulas propias y con dos criados de casa, amen del ayo, que se auia dexado crecer la barba, porque diesse autoridad a su cargo. En llegando a la ciudad de Valladolid, dixeron al ayo que querian estarse en aquel lugar dos dias, para verle, porque nunca le auian visto ni estado en el. Reprehendiolos mucho el ayo seuera y asperamente la estada, diziendoles que los que yuan a estudiar con tanta priessa como ellos, no se auian de detener vna hora a mirar niñerias, quanto mas dos dias, y que el formaria escrupulo si los dexaua detener vn solo punto, y que se partiessen luego, y si no, que sobre esso, morena30. Hasta aqui se estendia la habilidad -274- del señor ayo o mayordomo, como mas nos diere gusto31 llamarle. Los mancebitos, que tenian ya hecho su agosto y su vendimia, pues auian ya robado quatrocientos escudos de oro, que lleuaua su mayor, dixeron que solo los dexasse aquel dia, en el qual querian yr a ver la fuente de Argales, que la començauan a conduzir a la ciudad por grandes y espaciosos aqueductos. En efeto, aunque con dolor de su anima, les dio licencia, porque el quisiera escusar el gasto de aquella noche y hazerle en Valdeastillas, y repartir las diez y ocho leguas que ay desde Valdeastillas32 a Salamanca en dos dias, y no las veynte y dos que ay desde Valladolid. Pero como vno piensa el bayo y otro el que le ensilla, todo le sucedio al reues de lo que el quisiera. Los mancebos, con solo vn criado, y a cauallo en dos muy buenas y caseras mulas, salieron a ver la fuente de Argales, famosa por su antiguedad y sus aguas, a despecho del caño Dorado, y de la reuerenda Priora, con paz sea dicho de Leganitos y de la estremadissima fuente Castellana, en cuya competencia pueden callar Corpa y la Pizarra -fol. 161v- de la Mancha33. Llegaron a Argales, y quando creyo el criado que sacaua Auendaño de las bolsas del cogin alguna cosa con que beuer, vio que sacó vna carta cerrada, diziendole que luego al punto boluiesse a la ciudad y se la diesse a su ayo, y que, en dandosela, les esperasse en la puerta del Campo. -275-Obedecio el criado, tomó la carta, boluio a la ciudad, y ellos boluieron las riendas, y aquella noche durmieron en Mojados34, y de alli a dos dias en Madrid, y en otros quatro se vendieron las mulas en publica plaça, y huuo quien les fiasse por seys escudos de prometido, y aun quien les diesse el dinero en oro por sus cabales. Vistieronse a lo payo, con capotillos de dos haldas35, çahones o çaraguelles, y36 medias de paño pardo. Ropero huuo, que por la mañana les compró sus vestidos, y a la noche los auia mudado de manera, que no los conociera la propia37 madre que los auia parido. Puestos, pues, a la ligera, y del modo que Auendaño quiso y supo, se pusieron en camino de Toledo ad pedem literae, y sin espadas, que tambien el ropero, aunque no atañia a su menester, se las auia comprado. Dexemoslos yr por aora, pues van contentos y alegres, y boluamos a contar lo que el ayo hizo quando abrio la carta que el criado le lleuó, y halló que dezia desta manera: «V. m. sera seruido, señor Pedro Alonso, de tener paciencia y dar la buelta a Burgos, donde dira a nuestros padres que auiendo nosotros sus hijos con madura consideracion considerado quan mas propias son de los caualleros las armas que las letras, auemos determinado de trocar a Salamanca38 por Bruselas, y a España por Flandes; -276- los quatrocientos escudos lleuamos, las mulas pensamos vender. Nuestra hidalga intencion y el largo camino, es bastante disculpa de nuestro yerro, aunque nadie le juzgará por tal, si no es cobarde. Nuestra partida es aora; la buelta sera quando Dios fuere seruido, el qual guarde a vuessa merced como puede y estos sus menores discipulos -fol. 162r- desseamos. De la39 fuente de Argales, puesto ya el pie en el estriuo para caminar a Flandes. Carriazo y Auendaño.» Quedo Pedro Alonso suspenso en leyendo la epistola, y acudio presto a su balixa, y el hallarla bazia, le acabó de confirmar la verdad de la carta, y luego al punto, en la mula que le auia quedado, se partio a Burgos a dar las nueuas a sus amos con toda presteza, porque con ella pusiessen remedio y diessen traza de alcançar a sus hijos; pero destas cosas no dize nada el autor desta nouela, porque assi como dexó puesto a cauallo a Pedro Alonso, boluio a contar de lo que les sucedio a Auendaño y a Carriazo a la entrada de Illescas, diziendo que, al entrar de la puerta de la villa, encontraron dos moços de mulas, al parecer andaluzes, en calçones de lienço anchos, jubones acuchillados de angeo, sus coletos de ante, dagas de ganchos y espadas sin tiros; al parecer el vno venia de Seuilla y el otro yua a ella; el que yua, estaua diziendo al otro: «Si no fueran mis amos tan adelante, todavia me detuuiera algo mas a preguntarte mil cosas que desseo saber, -277- porque me has marauillado mucho con lo que has contado de que el conde ha ahorcado a Alonso Genis y a Ribera, sin querer otorgarles40 la apelacion»41. «¡O pecador de mi!», replicó42 el seuillano, «armoles el conde çancadilla y cogiolos debaxo de su jurisdicion, que eran soldados, y por contrabando se aprouechó dellos, sin que la Audiencia se los pudiesse quitar. Sabete, amigo, que tiene vn Berzebu en el cuerpo este conde de Puñonrostro, que nos mete los dedos de su puño43 en el alma; barrida esta Seuilla y diez leguas a la redonda de xacaros; no para ladron en sus contornos; todos le temen como al fuego, aunque ya se suena que dexará presto el cargo de Assistente, porque no tiene condicion para verse a cada paso en dimes ni diretes con los señores de la Audiencia.» «Viuan ellos mil años», dixo el que yua a Seuilla, «que son padres de los miserables y amparo -fol. 162v- de los desdichados; ¡quantos pobretes estan mascando barro, no mas de por la colera de vn juez absoluto, de vn corregidor, o mal informado, o bien apassionado! Mas veen muchos ojos que dos; no se apodera tan presto el veneno de la injusticia de muchos coraçones, como se apodera de vno solo»44. «Predicador te has buelto», dixo el de Seuilla, «y segun lleuas la retahila, no acabarás tan presto, y yo no te puedo aguardar; y esta noche -278- no vayas a posar donde sueles, sino en la posada del Seuillano, porque veras en ella la mas hermosa fregona que se sabe; Marinilla, la de la venta Tejada45, es asco en su comparacion; no te digo mas, sino que ay fama que el hijo del corregidor beue los vientos por ella; vno dessos mis amos que alla van, jura que al boluer que buelua al Andaluzia, se ha de estar dos meses en Toledo y en la misma posada, solo por hartarse de mirarla. Ya le dexo yo en señal vn pellizco, y me lleuo en contracambio vn gran torniscon; es dura como vn marmol y çahareña como villana de Sayago, y aspera como vna hortiga; pero tiene vna cara de Pasqua y vn rostro de buen año; en vna mexilla tiene el sol y en la otra la luna: la vna es hecha de rosas y la otra de claueles, y en entrambas ay tambien açuzenas y jazmines; no te digo mas, sino que la veas46, y veras que no te he dicho nada, segun lo que te pudiera dezir, acerca de su hermosura. En las dos mulas ruzias que sabes que tengo mias, la dotara de buena gana, si me la quisieran dar por muger; pero yo se que no me la daran, que es joya para vn arcipreste o para vn conde. Y otra vez torno a dezir que alla lo veras, y a Dios, que me mudo.» Con esto se despidieron los dos moços de mulas, cuya platica y conuersacion dexó mudos a los dos amigos que escuchado la auian, especialmente Auendaño, en quien la simple relacion que el moço de mulas auia hecho de la -279- hermosura de la fregona, desperto en el -fol. 163r- vn intenso desseo de verla. Tambien le desperto en Carriazo, pero no de manera que no desseasse mas llegar a sus almadrauas, que detenerse a ver las piramides de Egypto, o otra de las siete marauillas, o todas juntas. En repetir las palabras de los moços, y en remedar y contrahazer el modo y los ademanes con que las dezian, entretuuieron el camino hasta Toledo, y luego, siendo la guia Carriazo, que ya otra vez auia estado en aquella ciudad, baxando por la sangre de Christo, dieron con la posada del Seuillano47; pero no se atreuieron a pedirla alli, porque su trage no lo pedia. Era ya anochezido, y aunque Carriazo importunaua a Auendaño que fuessen a otra parte a buscar posada, no le48 pudo quitar de la puerta de la del Seuillano, esperando si acaso parecia la tan celebrada fregona. Entrauase la noche, y la fregona no salia; desesperauase Carriazo, y Auendaño se estaua quedo, el qual, por salir con su intencion, con escusa de preguntar por vnos caualleros de Burgos que yuan a la ciudad de Seuilla, se entró hasta el patio de la posada, y apenas huuo entrado, quando de vna sala, que en el patio estaua, vio salir vna moça, al parecer de quinze años, poco mas o menos, vestida como labradora, con vna vela encendida en vn candelero. No puso Auendaño los ojos en el vestido y trage de la moça, sino en su rostro, que le parecia -280- ver en el los que suelen pintar de los angeles; quedó suspenso y atonito de su hermosura, y no acerto a preguntarle nada; tal era su suspension y embelesamiento. La moça, viendo aquel hombre delante de si, le dixo: «¿Que busca, hermano?, ¿es por ventura criado de alguno de los huespedes de casa?» «No soy criado de ninguno, sino vuestro», respondio Auendaño, todo lleno de turbacion y sobresalto. La moça, que de aquel modo se vio responder, dixo: «Vaya, hermano, norabuena, -fol. 163v- que las que seruimos no hemos menester criados», y llamando a su señor, le dixo: «Mire, señor, lo que busca este mancebo.» Salio su amo, y preguntole que buscaua. El respondio que a vnos caualleros de Burgos que yuan a Seuilla, vno de los quales era su señor, el qual le auia embiado delante por Alcala de Henares, donde auia de hazer vn negocio que les importaua, y que junto con esto le mandó que se viniesse a Toledo y le esperasse en la posada del Seuillano, donde vendria a apearse, y que pensaua que llegaria aquella noche o otro dia a mas tardar. Tan buen color dio Auendaño a su mentira, que a la cuenta del huesped passó por verdad, pues le dixo: «Quedese, amigo, en la posada, que aqui podra esperar a su señor hasta que venga.» «Muchas mercedes, señor huesped», respondio Auendaño, «y mande vuessa merced que -281- se me de vn aposento para mi y vn compañero que viene conmigo, que esta alli fuera, que dineros traemos para pagarlo tan bien49como otro.» «En buen ora», respondio el huesped, y boluiendose a la moça, dixo: «Costanzica50, di a Arguello que lleue a estos galanes al aposento del rincon, y que les eche sabanas limpias.» «Si hare, señor», respondio Costança, que assi se llamaua la donzella, y haziendo vna reuerencia a su amo, se les quitó51 delante, cuya ausencia fue para Auendaño lo que suele ser al caminante ponerse el sol y sobreuenir la noche lobrega y escura. Con todo esto, salio a dar cuenta a Carriazo de lo que auia visto y de lo que dexaua negociado. El qual, por mil señales, conocio como su amigo venia herido de la amorosa pestilencia, pero no le quiso dezir nada por entonces, hasta ver si lo merecia la causa de quien nacian las extraordinarias alabanças y grandes hiperboles con que la belleza de Costança sobre los mismos cielos leuantaua52. Entraron, en fin, en la posada, y la Arguello, que era vna muger de hasta quarenta y -fol. 164r- cinco años, superintendente de las camas y adereço de los aposentos, los lleuó a vno, que ni era de caualleros, ni de criados, sino de gente que podia hazer medio entre los dos estremos. -282-Pidieron de cenar; respondioles Arguello que en aquella posada no dauan de comer a nadie, puesto que guisauan y adereçauan lo que los huespedes traian de fuera comprado; pero que bodegones y casas de estado auia cerca, donde sin escrupulo de conciencia podian yr a cenar lo que quisiessen53. Tomaron los dos el consejo de Arguello, y dieron con sus cuerpos en vn bodego, donde Carriazo cenó lo que le dieron y Auendaño lo que con el lleuaua, que fueron pensamientos e imaginaciones. Lo poco o nada que Auendaño comia, admiraua mucho a Carriazo. Por enterarse del todo de los pensamientos de su amigo, al boluerse a la posada, le dixo: «Conuiene que mañana madruguemos, porque antes que entre la calor estemos ya en Orgaz.» «No estoy en esso», respondio Auendaño, «porque pienso, antes que desta ciudad me parta, ver lo que dizen que ay famoso en ella, como es el sagrario, el artificio de Iuanelo, las vistillas de san Agustin, la huerta del Rey y la Vega»54. «Norabuena», respondio Carriazo; «esso en dos dias se podra ver.» «En verdad que lo he de tomar de espacio55, que no vamos a Roma a alcançar alguna vacante.» «Ta, ta», replicó Carriazo, «a mi me maten, amigo, si no estays vos con mas desseo de quedaros en Toledo, que de seguir nuestra començada romeria.» -283-«Assi es la verdad», respondio Auendaño, «y tan impossible sera apartarme de ver el rostro desta donzella, como no es possible yr al cielo sin buenas obras.» «¡Gallardo encarecimiento», dixo Carriazo56, «y determinacion digna de vn tan generoso pecho como el vuestro! ¡Bien quadra vn don Tomas de Auendaño, hijo de don Iuan de Auendaño57, cauallero, lo que es bueno; rico, lo que basta; moço, lo que -fol. 164v- alegra; discreto, lo que admira, con enamorado y perdido por vna fregona que sirue en el meson del Seuillano!» «Lo mismo me parece a mi que es», respondio Auendaño, «considerar vn don Diego de Carriazo, hijo del mismo cauallero, del habito de Alcantara, el padre, y el hijo a pique de heredarle con su mayorazgo, no menos gentil en el cuerpo que en el animo, y con todos estos generosos atributos, verle enamorado ¿de quien si pensays?, ¿de la reyna Ginebra?, no por cierto, sino de la almadraua de Zahara, que es mas fea, a lo que creo, que vn miedo de santo58 Anton»59. «Pata es la trauiessa, amigo», respondio Carriazo; «por los filos que te heri me has muerto; quedese aqui nuestra pendencia, y vamonos a dormir, y60 amanecera Dios y medraremos.» «Mira, Carriazo, hasta aora61 no has visto a Costança; en viendola, te doy licencia para que -284- me digas todas las injurias o reprehensiones que quisieres.» «Ya se yo en que ha de parar esto», dixo Carriazo. «¿En que?», replicó Auendaño. «En que yo me yre con mi almadraua, y tu te quedarás con tu fregona», dixo Carriazo. «No sere yo tan venturoso», dixo Auendaño. «Ni yo tan necio», respondio Carriazo, «que por seguir tu mal gusto dexe de conseguir el bueno62 mio.» En estas platicas llegaron a la posada, y aun se les passó en otras semejantes la mitad de la noche. Y auiendo dormido, a su parecer, poco mas de vna hora, los desperto el son de muchas chirimias que en la calle sonauan. Sentaronse en la cama y estuuieron atentos, y dixo Carriazo: «Apostaré que es ya de dia, y que deue de hazerse alguna fiesta en vn monasterio de nuestra Señora del Carmen63 que esta aqui cerca, y por esso tocan estas chirimias.» «No es esso», respondio Auendaño, «porque no ha tanto que dormimos que pueda ser ya de dia.» Estando en esto, sintieron llamar a la puerta de su aposento, y preguntando quien llamaua, respondieron de fuera diziendo: «Mancebos, -fol. 165r- si quereys oyr vna braua64 musica, leuantaos y assomaos a vna reja que sale a la calle, que -285- esta en aquella sala frontera, que no ay nadie en ella»65. Leuantaronse los dos, y, quando abrieron, no hallaron persona, ni supieron quien les auia dado el auiso; mas porque oyeron el son de vna harpa, creyeron ser verdad la musica, y assi en camisa, como se hallaron, se fueron a la sala66 donde ya estauan otros tres o quatro huespedes puestos a las rejas67; hallaron lugar, y de alli a poco, al son de la harpa y de vna vihuela, con marauillosa voz, oyeron cantar este soneto, que no se le passó de la memoria a Auendaño:
No fue menester que nadie les dixesse a los dos que aquella musica se daua por Costança, pues bien claro lo auia descubierto el soneto, que sono de tal manera en los oydos de Auendaño, -286- que diera por bien empleado, por no auerle oydo, auer nacido sordo y estarlo todos los dias de la vida que le quedaua, a causa que desde aquel -fol. 165v- punto la començo a tener tan mala, como quien se halló traspassado el coraçon de la rigurosa lança de los zelos; y era lo peor que no sabia de quien deuia o podia tenerlos. Pero presto le sacó deste cuydado vno de los que a la reja estauan, diziendo: «¡Que tan simple sea este hijo del corregidor, que se ande dando musicas a vna fregona!; verdad es que ella es de las mas hermosas muchachas que yo he visto, y he visto muchas69, mas no por esto auia de solicitarla con tanta publicidad.» A lo qual añadio otro de los de la reja: «Pues, en verdad, que he oydo yo dezir por cosa muy cierta70, que assi haze ella cuenta del, como si no fuesse nadie; apostaré que se esta ella agora durmiendo a sueño suelto detras de la cama de su ama, donde dizen que duerme, sin acordarsele71 de musicas ni72 canciones.» «Assi es la verdad», replicó el otro, «porque es la mas honesta donzella que se sabe, y es marauilla que, con estar en esta casa de tanto trafago, y donde ay cada dia gente nueua, y andar por todos los aposentos, no se sabe della el menor desman del mundo.» Con esto que oyo Auendaño, tornó a reuiuir y a cobrar aliento para poder escuchar otras -287- muchas cosas, que al son de diuersos instrumentos los musicos cantaron, todas encaminadas a Costança, la qual, como dixo el huesped, se estaua durmiendo, sin ningun cuydado. Por venir el dia, se fueron los musicos, despidiendose con las chirimias. Auendaño y Carriazo se boluieron a su aposento, donde durmio el que pudo hasta la mañana, la qual venida, se leuantaron los dos, entrambos con desseo de ver a Costança; pero el desseo del vno era desseo curioso, y el del otro desseo enamorado. Pero a entrambos se los cumplio Costança, saliendo de la sala de su amo, tan hermosa, que a los dos les parecio que todas quantas alabanças le auia dado el moço de mulas, eran cortas y de ningun encarecimiento. Su vestido era vna saya -fol. 166r- y corpiños de paño verde, con vnos ribetes del mismo paño. Los corpiños eran baxos, pero la camisa alta, plegado el cuello, con vn cabeçon labrado de seda negra, puesta vna gargantilla de estrellas de azabache, sobre vn pedaço de vna73 coluna de alabastro, que no era menos blanca su garganta; ceñida con vn cordon de san Francisco, y de vna cinta pendiente al lado derecho, vn gran manojo de llaues; no traia chinelas, sino çapatos de dos suelas colorados74, con vnas calças, que no se le parecian sino quanto por vn perfil mostrauan tambien ser coloradas. Traia trançados los cabellos con vnas cintas blancas -288- de hiladillo, pero tan largo el trançado, que por las espaldas le passaua de la cintura; el color salia de castaño y tocaua en rubio, pero al parecer tan limpio, tan ygual y tan peynado, que ninguno, aunque fuera de hebras de oro, se le pudiera comparar. Pendianle de las orejas dos calabazillas de vidrio, que parecian perlas; los mismos cabellos le seruian de garbin y de tocas. Quando salio de la sala, se persignó y santiguó, y con mucha deuocion y sossiego hizo vna profunda reuerencia a vna imagen de nuestra Señora, que en vna de las paredes del patio estaua colgada; y alçando los ojos, vio a los dos, que mirandola estauan, y apenas los huuo visto, quando se retiró, y boluio a entrar en la sala, desde la qual dio vozes a Arguello que se leuantasse. Resta aora por dezir que es75 lo que le parecio a Carriazo de la hermosura de Costança; que de lo que le parecio a Auendaño, ya esta dicho quando la vio la vez primera; no digo mas, sino que a Carriazo le parecio tan bien76 como a su compañero; pero enamorole mucho menos, y tan menos, que quisiera no anochezer en la posada, sino partirse luego para sus almadrauas. En esto, a las vozes de Costança, salio a los corredores la Arguello, con otras dos mozetonas, tambien criadas de casa, -fol. 166v- de quien se dize que eran gallegas, y el auer tantas, lo requeria -289- la mucha gente que acude a la posada del Seuillano, que es vna de las mejores y mas frequentadas que ay en Toledo. Acudieron tambien los moços de los huespedes a pedir cebada; salio el huesped de casa a darsela, maldiziendo a sus moças, que por ellas se le auia ydo vn moço que la solia dar, con muy buena cuenta y razon, sin que le huuiesse hecho menos, a su parecer, vn solo grano. Auendaño que oyo esto, dixo: «No se fatigue, señor huesped; deme el libro de la cuenta, que, los dias que huuiere de estar aqui, yo la tendre tan buena en dar la cebada y paja que pidieren, que no eche77 menos al moço que dize que se le ha ydo.» «En verdad que os lo agradezca, mancebo», respondio el huesped, «porque yo no puedo atender a esto, que tengo otras muchas cosas a que acudir fuera de casa. Baxad, daros he el libro, y mirad que estos moços de mulas son el mismo diablo, y hazen trampantojos vn celemin de cebada, con menos conciencia que si fuesse de paja.» Baxó al patio Auendaño, y entregose en el libro, y començo a despachar celemines como agua, y a assentarlos por tan buena orden, que el huesped, que lo estaua mirando, quedó contento, y tanto, que dixo: «Pluguiesse a Dios que vuestro amo no viniesse, y que a vos os diesse gana de quedaros en casa, que a fe que otro gallo os cantasse, porque el moço -290- que se me fue, vino a mi casa aura ocho meses roto y flaco, y aora lleua dos pares de vestidos muy buenos, y va gordo como vna nutria. Porque quiero que sepays, hijo, que en esta casa ay muchos prouechos, amen de los salarios.» «Si yo me quedasse», replicó Auendaño, «no repararia mucho en la ganancia, que con qualquiera cosa me contentaria, a trueco de estar en esta ciudad, que me dizen que es la mejor de España.» «A lo menos», respondio el huesped, «es de las78 mejores y mas abundantes que ay -fol. 167r- en ella; mas otra cosa nos falta aora, que es buscar quien vaya por agua al rio, que tambien se me fue otro moço que, con vn asno que tengo famoso, me tenia rebosando las tinajas y hecha vn lago de agua la casa. Y vna de las causas porque los moços de mulas se huelgan de traer sus amos a mi posada, es por la abundancia de agua que hallan siempre en ella, porque no lleuan su ganado al rio, sino dentro de casa beuen las caualgaduras en grandes barreños.» Todo esto estaua oyendo Carriazo, el qual, viendo que ya Auendaño estaua acomodado y con oficio en casa, no quiso el quedarse a buenas noches, y mas que consideró el gran gusto que haria a Auendaño si le seguia el humor; y assi dixo al huesped: «Venga el79 asno, señor huesped, que tambien sabre yo cinchalle y cargalle80, -291- como sabe mi compañero assentar en el libro su mercancia.» «Si», dixo Auendaño, «mi compañero Lope Asturiano seruira de traer agua como vn principe, y yo le fio.» La Arguello, que estaua atenta desde el corredor a todas estas platicas, oyendo dezir a Auendaño que el fiaua a81 su compañero, dixo: «Digame, gentilhombre, y ¿quien le ha de fiar a el, que, en verdad, que me parece que mas necessidad tiene de ser fiado que de ser fiador?» «Calla, Arguello», dixo el huesped, «no te metas donde no te llaman; yo los fio a entrambos, y, por vida de vosotras, que no tengays dares ni tomares con los moços de casa, que por vosotras se me van todos.» «Pues que», dixo otra moça, «¿ya se quedan en casa estos mancebos?, para mi santiguada, que, si yo fuera camino con ellos, que nunca les fiara la bota.» «Dexese de chocarrerias, señora gallega», respondio el huesped, «y haga su hazienda y no se entremeta con los moços, que la molere a palos.» «Por cierto, sí», replicó la gallega, «¡mirad que joyas para codiciallas!; pues en verdad que no me ha hallado el señor mi amo tan juguetona con los moços de casa ni de fuera, para -fol. 167v- tenerme en la mala piñon82 que me tiene; -292- ellos son vellacos, y se van quando se les antoja, sin que nosotras les demos ocasion alguna. ¡Bonica gente es ella, por cierto, para tener necessidad de apetites que les inciten a dar vn madrugon83 a sus amos quando menos se percatan!» «Mucho hablays, gallega hermana», respondio su amo; punto en boca, y atended a lo que teneys a vuestro cargo.» Ya en esto tenia Carriazo enjaezado el asno, y, subiendo en el de vn brinco, se encaminó al rio, dexando a Auendaño muy alegre de auer visto su gallarda resolucion. He aqui tenemos ya -en buena hora se cuente- a Auendaño hecho moço del84 meson, con nombre de Tomas Pedro, que assi dixo que se llamaua, y a Carriazo con el de Lope Asturiano, hecho aguador, transformaciones dignas de anteponerse a las del narigudo poeta85. A malas penas acabó de entender la Arguello que los dos se quedauan en casa, quando hizo designio sobre el Asturiano y le marcó por suyo, determinandose a regalarle de suerte que, aunque el fuesse86 de condicion esquiua y retirada, le boluiesse mas blando que vn guante. El mismo discurso hizo la gallega melindrosa sobre Auendaño, y como las dos, por trato y conuersacion, y por dormir juntas, fuessen grandes amigas, al punto declaró la vna a la otra su determinacion amorosa, y desde aquella noche determinaron de dar principio a la conquista -293- de sus dos desapassionados amantes; pero lo primero que aduirtieron fue en que les auian de pedir que no las auian de pedir zelos por cosas que las viessen hazer de sus personas; porque mal pueden regalar las moças a los de dentro, si no hazen tributarios a los de fuera de casa. «Callad, hermanos», dezian ellas, como si los tuuieran presentes y fueran ya sus verdaderos mancebos o amancebados, «callad y tapaos los ojos, y dexad tocar el pandero a quien sabe, y que guie la dança quien -fol. 168r- la entiende, y no aura par de canonigos en esta ciudad mas regalados que vosotros lo sereys destas tributarias vuestras.» Estas y otras razones desta sustancia y jaez dixeron la gallega y la Arguello; y en tanto caminaua nuestro buen Lope Asturiano la buelta del rio por la cuesta del Carmen, puestos los pensamientos en sus almadrauas y en la subita mutacion de su estado. O ya fuesse por esto, o porque la suerte assi lo ordenasse, en vn paso estrecho, al baxar de la cuesta, encontro con vn asno de vn aguador que subia cargado, y como el descendia y su asno era gallardo, bien dispuesto y poco trabajado, tal encuentro dio al cansado y flaco que subia, que dio con el en el suelo, y, por auerse quebrado los cantaros, se derramó tambien el agua, por cuya desgracia el aguador antiguo, despechado y lleno de colera, arremetio al aguador moderno, que aun se estaua cauallero, y, antes que se desemboluiesse -294- y apeado87, le auia pegado y assentado vna dozena de palos, tales, que no le supieron bien al Asturiano. Apeose, en fin, pero con tan malas entrañas, que arremetio a su enemigo y, assiendole con ambas manos por la garganta, dio con el en el suelo, y tal golpe dio88 con la cabeça sobre vna piedra, que se la abrio por dos partes, saliendo tanta sangre, que penso que le auia muerto. Otros muchos aguadores que alli venian, como vieron a su compañero tan mal parado, arremetieron a Lope y tuuieronle assido fuertemente, gritando: «¡Iusticia, justicia, que este aguador ha muerto a vn hombre!», y a buelta destas razones y gritos, le molian a moxicones y a palos; otros acudieron al caydo, y vieron que tenia hendida la cabeça y que casi estaua espirando. Subieron las vozes de boca en boca por la cuesta arriba, y en la plaça del Carmen dieron en los oydos de vn alguazil, el qual, con dos corchetes, con mas ligereza que si bolara, se puso en el lugar de la pendencia, a tiempo -fol. 168v- que ya el herido estaua atrauesado sobre su asno, y el de Lope assido, y Lope rodeado de mas de veynte aguadores que no le dexauan rodear, antes le brumauan las costillas de manera, que mas se pudiera temer de su vida que de la del herido, segun menudeauan sobre el los puños -295- y las varas aquellos vengadores de la agena injuria. Llegó el alguazil, apartó la gente, entregó a sus corchetes al Asturiano, y, antecogiendo a su asno y al herido sobre el suyo, dio con ellos en la carcel, acompañado de tanta gente, y de89 tantos muchachos que le seguian, que apenas podian hender por las calles. Al rumor de la gente, salio Tomas Pedro y su amo a la puerta de casa, a ver de que procedia tanta grita, y descubrieron a Lope entre los90 dos corchetes, lleno de sangre el rostro y la boca; miró luego por su asno el huesped, y viole en poder de otro corchete que ya se les auia juntado. Preguntó la causa de aquellas prisiones; fuele respondida la verdad del sucesso; pesole por su asno, temiendo que le auia [de perder], o a lo menos hazer91 mas costas por cobrarle que el valia. Tomas Pedro siguio a su compañero, sin que le dexassen llegar a hablarle vna palabra; tanta era la gente que lo impedia, y el recato de los corchetes y del alguazil que le lleuaua. Finalmente, no le dexó hasta verle poner en la carcel y en vn calaboço con dos pares de grillos, y al herido en la enfermeria, donde se halló a verle curar, y vio que la herida era peligrosa y mucho, y lo mismo dixo el cirujano. El alguazil se lleuó a su casa los dos asnos, -296- y mas cinco reales de a ocho que los corchetes auian quitado a Lope. Boluiose a la posada lleno de confussion y de tristeza; halló al que ya tenia por amo con no menos pesadumbre que el traia, a quien dixo de la manera que que daua su compañero, y del peligro de muerte en que estaua el herido, y del sucesso de su asno. Dixole mas, que a su desgracia se le auia añadido -fol. 169r- otra de no menor fastidio, y era que vn grande amigo de su señor le auia encontrado en el camino, y le auia dicho que su señor, por yr muy de priessa y ahorrar dos leguas de camino, desde Madrid auia passado por la barca de Azeca92, y que aquella noche dormia en Orgaz, y que le auia dado doze escudos que le diesse, con orden de que se93 fuesse a Seuilla, donde le esperaua. «Pero no puede ser assi», añadio Tomas, pues no sera razon que yo dexe a mi amigo y camarada en la carcel y en tanto peligro; mi amo me podra perdonar por aora, quanto mas que el es tan bueno y honrado, que dara por bien qualquier94 falta que le hiziere, a trueco que no la haga a mi camarada.» «Vuessa merced, señor amo, me la haga de tomar este dinero, y acudir a este negocio; y en tanto que esto se gasta, yo escriuire a mi señor lo que passa, y se que me embiará dineros que basten a sacarnos de qualquier peligro.» -297-Abrio los ojos de vn palmo el huesped, alegre de ver que en parte yua saneando la perdida de su asno. Tomó el dinero y consolo a Tomas, diziendole que el tenia personas en Toledo de tal calidad, que valian mucho con la justicia, especialmente vna señora monja, parienta del corregidor, que le mandaua con el pie; y que vna lauandera del monasterio de la tal monja, tenia vna hija, que era grandissima amiga de vna hermana de vn frayle, muy familiar y conocido del confessor de la dicha monja, la qual lauandera lauaua la ropa en casa, «y como esta pida a su hija, que si pedira, hable a la hermana del frayle que hable a su hermano, que hable al confessor, y el confessor95 a la monja, y la monja guste de dar vn villete, que sera cosa facil, para el corregidor, donde le pida encarecidamente mire por el negocio de Tomas, sin duda alguna se podra esperar buen sucesso. Y esto ha de ser con tal, que el aguador no muera, y con que no falte vnguento -fol. 169v- para vntar a todos los ministros de la justicia, porque, si no estan vntados, gruñen mas que carretas de bueyes.» En gracia le cayo a Tomas los ofrecimientos del fauor que su amo le auia hecho, y los infinitos y rebueltos arcaduzes por donde le auia deriuado; y aunque conocio que antes lo auia dicho de socarron que de inocente, con todo esso le agradecio su buen animo, y le entregó el dinero, con promessa que no faltaria mucho -298- mas, segun el tenia la confiança en su señor, como ya le auia dicho. La Arguello, que vio atrayllado a96 su nueuo cuyo, acudio luego a la carcel a lleuarle de comer, mas no se le dexaron ver, de que ella boluio muy sentida y mal contenta, pero no por esto disistio de su buen proposito. En resolucion, dentro de quinze dias estuuo fuera de peligro el herido, y a los veynte declaró el cirujano que estaua del todo sano; y ya en este tiempo auia dado traza Tomas como le viniessen cinquenta escudos de Seuilla, y sacandolos el de su seno, se los entregó al huesped con cartas y cedula fingida de su amo; y como al huesped le yua poco en aueriguar la verdad de aquella correspondencia, cogia el dinero, que por ser en escudos de oro le alegraua mucho. Por seys ducados se apartó de la querella el herido; en diez y en el asno y97 las costas sentenciaron al Asturiano; salio de la carcel, pero no quiso boluer a estar con su compañero, dandole por disculpa que, en los dias que auia estado preso, le auia visitado la Arguello y requeridole de amores, cosa para el de tanta molestia y enfado, que antes se dexara ahorcar, que corresponder con el desseo de tan mala hembra; que lo que pensaua hazer era, ya que el estaua determinado de seguir y passar adelante con su proposito, comprar vn asno, y vsar el oficio de aguador en tanto que estuuiessen98 -299- en Toledo, que con aquella cubierta no seria juzgado ni preso por vagamundo99; y que, con sola vna carga de agua, se podia andar todo el -fol. 170r- dia por la ciudad a sus anchuras, mirando bobas. «Antes mirarás hermosas que bobas en esta ciudad, que tiene fama de tener las mas discretas mugeres de España100, y que andan a vna su discrecion con su hermosura; y si no miralo por Costanzica, de cuyas sobras de belleza puede enriquezer, no solo a las hermosas desta ciudad, sino a las de todo el mundo.» «Paso, señor Tomas», replicó Lope, «vamonos poquito a poquito en esto de las alabanças de la señora fregona, si no quiere que, como le tengo por loco, le tenga por herege.» «¿Fregona has llamado a Costança, hermano Lope?», respondio Tomas, «Dios te lo perdone y te trayga a verdadero conocimiento de tu yerro.» «¿Pues no es fregona?», replicó el Asturiano. «Hasta aora le101 tengo por ver fregar el primer plato.» «No importa», dixo Lope, «no auerle visto fregar el primer plato, si le has visto fregar el segundo, y aun el centesimo.» «Yo te digo, hermano», replicó Tomas, «que ella no friega, ni entiende en otra cosa, que en102 su labor, y en ser guarda de la plata labrada que ay en casa, que es mucha.» -300-«Pues ¿como la llaman por toda la ciudad», dixo Lope, «la fregona illustre103, si es que no friega?; mas sin duda deue de ser que, como friega104 plata, y no loza, la dan nombre de illustre105. Pero dexando esto a parte, dime, Tomas, ¿en que estado estan tus esperanças?» «En el de perdicion», respondio Tomas, «porque en todos estos dias que has estado preso, nunca la he podido hablar vna palabra, y a muchas que los huespedes le dizen, con ninguna otra cosa responde que con baxar los ojos y no desplegar los labios; tal es su honestidad y su recato, que no menos enamora con su recogimiento, que con su hermosura. Lo que me trae alcançado de paciencia, es saber que el hijo del corregidor, que es moço brioso y algo atreuido, muere por ella, y la solicita con musicas, que pocas noches se passan sin darsela, y tan al descubierto, que en lo que -fol. 170v- cantan la nombran, la alaban y la solenizan. Pero ella no las oye, ni desde que anocheze hasta la mañana no sale del aposento de su ama, escudo que no dexa que me passe el coraçon la dura saeta de los zelos.» «Pues ¿que piensas hazer con el impossible que se te ofreze en la conquista desta Porcia, desta Minerua y desta nueua Penelope, que en figura de donzella y de fregona te enamora, te acobarda y te desuanece?» «Haz la burla que de mi quisieres, amigo -301- Lope, que yo se que estoy enamorado del mas hermoso rostro que pudo formar naturaleza, y de la mas incomparable honestidad que aora se puede vsar en el mundo. Costança se llama, y no Porcia, Minerua o Penelope; en vn meson sirue, que no lo puedo negar; pero ¿que puedo yo hazer, si me parece que el destino, con oculta fuerça, me inclina, y la eleccion con claro discurso me mueue a que la adore?» «Mira, amigo, no se como te diga», prosiguio Tomas, «de la manera con que amor el baxo sujeto desta fregona, que tu llamas, me le encumbra y leuanta tan alto, que viendole no le vea, y conociendole le desconozca. No es possible, que, aunque lo procuro, pueda vn breue termino contemplar, si assi se puede dezir, en la baxeza de su estado; porque luego acuden a borrarme este pensamiento su belleza, su donayre, su sossiego, su honestidad y recogimiento, y me dan a entender que debaxo de aquella rustica corteza deue de estar encerrada y escondida alguna mina de gran valor y de merecimiento grande. Finalmente, sea lo que se fuere, yo la quiero bien, y no con aquel amor vulgar con que a otras he querido, sino con amor tan limpio, que no se estiende a mas que a seruir y a procurar que ella me quiera, pagandome con honesta voluntad lo que a la mia, tambien honesta, se deue.» A este punto dio vna gran voz el Asturiano, y como exclamando dixo: «¡O amor platonico!, -302- ¡o fregona illustre!106 ¡o felicissimos tiempos los nuestros, -fol. 171r- donde vemos que la belleza enamora sin malicia, la honestidad enciende sin que abrase, el donayre da gusto sin que incite, y la baxeza del estado humilde obliga y fuerça a que le suban sobre la rueda de la que llaman fortuna! ¡O pobres atunes mios, que os passays este año sin ser visitados deste tan enamorado y aficionado vuestro!, pero el que viene, yo hare la enmienda de manera, que no se quexen de mi los mayorales de las mis desseadas almadrauas.» A esto dixo Tomas: «Ya veo, Asturiano, quan al descubierto te burlas de mi; lo que podias hazer, es yrte norabuena a tu pesqueria, que yo me quedaré en mi caza107, y aqui me hallarás a la buelta; si quisieres lleuarte contigo el dinero que te toca, luego te lo dare, y ve en paz, y cada vno siga la senda por donde su destino le guiare.» «Por mas discreto te tenia», replicó Lope, «y tu, ¿no vees que lo que digo es burlando? Pero ya que se que tu hablas de veras, de veras te seruire en todo aquello que fuere de tu gusto. Vna cosa sola te pido, en recompensa de las muchas que pienso hazer en tu seruicio, y es que no me pongas en ocasion de que la Arguello me requiebre ni solicite; porque antes rompere con tu amistad, que ponerme a peligro de tener la suya. ¡Viue Dios, amigo, que habla mas -303- que vn relator, y que le huele el aliento a rasuras desde vna legua; todos los dientes de arriba son postizos, y tengo para mi que los cabellos son cabellera, y, para adobar y suplir estas faltas, despues que me descubrio su mal pensamiento, ha dado en afeytarse con aluayalde, y assi se xaluega el rostro, que no parece sino mascaron de yeso puro!» «Todo esso es verdad», replicó Tomas, «y no es tan mala la gallega que a mi me martiriza; lo que se podra hazer, es que esta noche sola estes en la posada, y mañana comprarás el asno que dizes y buscarás donde estar, y assi huyras los encuentros de Arguello [y yo quedaré] -fol. 171v- sugeto108 a los de la gallega y a los irreparables de los rayos de la vista de109 mi Costança.» En esto se conuinieron los dos amigos y se fueron a la posada, adonde de la Arguello fue con muestras de mucho amor recebido el Asturiano. Aquella noche huuo vn bayle a la puerta de la posada, de muchos moços de mulas que en ella y en las conuezinas auia. El que tocó la guitarra fue el Asturiano; las bayladoras, amen de las dos gallegas y de la Arguello, fueron otras tres moças de otra posada; juntaronse muchos emboçados, con mas desseo de ver a Costança que el bayle; pero ella no parecio ni salio a verle, con que dexó burlados muchos desseos. De tal manera tocaua la guitarra Lope, que dezian que la hazia hablar. -304-Pidieronle las moças, y con mas ahinco la Arguello, que cantasse algun romance; el dixo que, como ellas le baylassen al modo como se canta y bayla en las comedias, que le cantaria, y que para que no lo errassen, que hiziessen todo aquello que el dixesse cantando, y no otra cosa. Auia entre los moços de mulas baylarines, y entre las moças ni mas ni menos. Mondó el pecho Lope escupiendo dos vezes, en el qual tiempo penso lo que diria, y como era de presto, facil y lindo ingenio, con vna felizissima corriente, de improuiso començo a cantar desta manera:
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