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    Gramática : gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos
     Andrés Bello ; prólogo de Amado Alonso
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Capítulo XV

Del género neutro


292 (151). Atendiendo a la construcción del adjetivo con el sustantivo, no hay más que dos géneros en castellano, masculino y femenino; pero atendiendo a la representación o reproducción de ideas precedentes por medio de los demostrativos, hay tres géneros: masculino, femenino y neutro.

Los sustantivos son generalmente reproducidos por demostrativos adjetivos, que sustantivándose toman las terminaciones correspondientes al género y número de aquéllos: «Estuve en el paseo», «en la alameda», «en los jardines», «en las ciudades vecinas», «y vi poca gente en él», «en ella», «en ellos», «en ellas». Pero hay ciertos sustantivos que no pueden representarse de este modo, y que por eso se llaman neutros.

293 (a). Primeramente, los demostrativos sustantivos se representan unos a otros. Si digo, por ejemplo, «Eso me desagrada», no puedo añadir, «Es preciso no pensar más en él», ni «en ella», sino «en ello». Así eso, masculino en cuanto pide la terminación masculina del adjetivo que lo modifica (eso es bueno, eso es falso), no es masculino ni femenino en cuanto a su reproducción o representación en el razonamiento; y por consiguiente es neutro bajo este respecto, porque neutro quiere decir ni uno ni otro, esto es, ni masculino ni femenino. Lo mismo sucede con otros varios sustantivos, como poco, mucho, algo, etc., que sin embargo de ser masculinos en su construcción con el adjetivo, tampoco pueden reproducirse sino por medio de sustantivos: «Poco tengo, pero estoy contento con eso»: no con ese; «Mucho me dijeron, pero apenas lo (no le) tengo presente»; «Algo intenta; algún día lo (no le) descubriremos»: eso reproduce a poco, lo a mucho y algo. En el discurso de esta gramática daremos a conocer otros sustantivos masculinos que en cuanto al modo de reproducirse en el razonamiento son del género neutro.

294 (b). Ahora nos contraeremos a una clase numerosa de sustantivos, llamados infinitivos, que terminan todos en ar, er, ir, y se derivan inmediatamente de algún verbo, como comprar de compro, vender de vendo, caer de caigo, existir de existo, morir de muero. Todos ellos son neutros: «Estábamos determinados a partir, pero hubo dificultades en ello, y tuvimos que diferirlo»: ello y lo representan a partir.   -96-   Si en lugar de un infinitivo hubiésemos empleado otro sustantivo; si hubiésemos dicho, verbigracia, estábamos determinados a la partida, hubiéramos continuado así: pero hubo dificultades en ella y tuvimos que diferirla. Y si en vez de a la partida se hubiese dicho al viaje, hubiera sido menester que en la segunda proposición se dijese en él, y en la tercera se hubiera podido poner diferirle o diferirlo, porque el acusativo masculino de él es le o lo.

Decimos: «El estar tan ignorante y embrutecida una parte del pueblo consiste en la excesiva desigualdad de las fortunas», construyendo a estar con el, que es la terminación masculina del artículo adjetivo; y sin embargo, no permite la lengua reproducir este sustantivo con le sino con lo. «No podemos atribuirlo a otra cosa». Varíese el sujeto de la primera proposición: dígase verbigracia el embrutecimiento de una parte del pueblo, y se permitirá decir en la segunda atribuirle146-56.

295 (c). Además, si tratamos de reproducir un conjunto de dos o más sustantivos que signifiquen cosas (no personas), podemos hacerlo muy bien por medio de sustantivos neutros, porque es propio de ellos significar, ya unidad, ya pluralidad colectiva: «¿Dónde están ahora» (dice Antonio de Nebrija) «aquellos pozos de plata que cavó Aníbal? ¿Dónde aquella fertilidad de oro? ¿Dónde aquellos mineros de piedras trasparentes? ¿Dónde aquella maravillosa naturaleza del arroyo que pasa por Tarragona, para adelgazar, pulir y blanquear el lino? Ningún rastro de esto se halla en nuestros tiempos». Esto reproduce colectivamente aquellos pozos, aquella fertilidad, aquellos mineros, aquella maravillosa naturaleza del arroyo. «Un solo interés, una sola acción, un solo enredo, un solo desenlace; eso pide, si ha de ser buena, toda composición teatral» (Moratín). Eso es un solo interés, una sola acción, etc. Y nótese que aun cuando fuesen de un solo género los sustantivos, pudiéramos reproducirlos del mismo modo; si en el primero de los ejemplos precedentes, en lugar de aquella fertilidad de oro y de aquella maravillosa naturaleza del arroyo, pusiésemos aquel oro tan abundante y aquel arroyo tan maravilloso, y si en el segundo omitiésemos una sola acción, no habría necesidad de variar el demostrativo eso. Así un conjunto de sustantivos que significan cosas es, para la reproducción de ideas, equivalente a un sustantivo neutro; bien que podemos reproducirlos también por ellos o ellas en el género que corresponda; por ellos si los sustantivos reproducidos son masculinos o de diversos géneros, por ellas si son femeninos. «Un solo interés, una sola acción, un solo enredo, un solo desenlace, toda composición teatral los pide». «Una sola pasión dominante, una completa concentración de interés, una trama hábilmente desenlazada, pocas fábulas dramáticas han acertado a reunirlas»57.

Si se trata de reproducir ideas de personas, las de un mismo sexo   -97-   son reproducidas colectivamente por el género correspondiente a él, las de sexos diversos, por el género masculino. «A la reina y a la princesa no pude verlas». «Al príncipe y a la princesa no pude verlos». Un conjunto de seres personales no podría ser reproducido por un sustantivo neutro.

296 (d). Sirven asimismo los demostrativos neutros para reproducir conceptos precedentes, que no se han declarado por sustantivos, sino por verbos, o por proposiciones enteras: «El alcalde, conforme a las instrucciones que llevaba, mandó al marqués y a su hermano que desembarazasen a Córdoba; tuvo esto el marqués por grande injuria» (Mariana): esto significa haber mandado el alcalde al marqués y a su hermano que desembarazasen a Córdoba. «¿No has echado de ver que todas las cosas de los caballeros andantes parecen quimeras, necedades y desatinos, y que son todas hechas al revés? Y no porque sea ello así, sino porque entre nosotros andan siempre encantadores» (Cervantes). Es como si dijéramos: no porque la cosa o la verdad del caso sea así, ni porque las cosas de los caballeros andantes sean hechas al revés, etc.

297 (e). Finalmente, empleamos los demostrativos neutros para reproducir un nombre bajo el concepto de predicado. Por ejemplo: «Le preguntó (don Quijote al primero de los galeotes) que por qué pecados iba de tan mala guisa. Él respondió que por enamorado. -¿Por eso no más? -replicó don Quijote»: Eso quiere decir enamorado. «Éste, señores, va a galeras por músico y cantor. -¿Pues cómo? ¿Por músicos y cantores van también a galeras?»: Músicos y cantores son aquí predicados del sustantivo tácito los hombres; y si Cervantes, en lugar de expresarlos de nuevo, se hubiera limitado a reproducirlos por medio de un demostrativo, hubiera dicho por eso.

298. Lo es el demostrativo que de ordinario representa nombres como predicados, modificando a soy, estoy, parezco, u otros verbos de significación análoga: «Todos se precian de patriotas; y sin embargo de que muchos lo parecen, ¡cuán pocos lo son!»: Lo quiere decir patriotas, y hace a patriotas predicado de muchos y pocos, modificando a parecen y son. «Hermoso fue aquel día, y no lo fue menos la noche». «Excesivas franquezas pueden ser perjudiciales, pero siempre lo será más un monopolio». Lo quiere decir hermosa, perjudicial, reproduciendo como predicados los adjetivos hermosa, perjudiciales, con la variación de género y número que corresponde a los sustantivos noche y monopolio. «La Alemania está hoy cubierta de ciudades magníficas, donde antes lo estaba de impenetrables bosques»: de impenetrables bosques es un complemento que modifica a cubierta, representado por lo, que hace a este adjetivo predicado de Alemania, sujeto tácito de estaba.

299 (f). Como un complemento puede equivaler a un adjetivo, síguese que puede ser reproducido por un demostrativo neutro, bajo el concepto de predicado: «Si esta aventura fuere de fantasmas, como me lo va pareciendo, ¿adónde habrá costillas que lo sufran?» (Cervantes);   -98-   me lo va pareciendo quiere decir me va pareciendo de fantasmas; este complemento, reproducido por lo, se hace predicado de esta aventura, sujeto tácito de va.

300 (g). Y si un adverbio puede resolverse en un complemento que equivalga a un adjetivo, podrá reproducirse de la misma manera: «Amadís fue el norte, el lucero, el sol de los valientes... Siendo pues esto así, como lo es, el caballero andante que más le imitare, estará más cerca de alcanzar la perfección de la caballería» (Cervantes); lo es quiere decir es así, es de este modo, es tal; predicado de esto, sujeto tácito del verbo es.

301 (h). No se debe reproducir como predicado un nombre que sólo se halla envuelto en otra palabra: «Desistiose por entonces del ataque de Jesús-María; pero lo fueron otros puntos de importancia» (el duque de Rivas): lo quiere decir atacados, envuelto, escondido, por decirlo así, en ataque. Por la misma razón me parecería algo violenta esta frase: «No se pudieron desembarcar las mercaderías, pero lo fue la gente», dando a lo el valor de desembarcada, envuelto en desembarcar147. En los escritores de ahora dos siglos, lejos de evitarse estas reproducciones viciosas, se buscaban y se hacía gala de ellas, representando con el lo adjetivos que era preciso desentrañar de otras palabras en que estaban envueltos.

El lo representativo de predicados, es el caso complementario acusativo de ello148.

302 (152). Son, pues, neutros los sustantivos esto, eso, aquello, ello o lo; mucho, poco, algo; y los infinitivos de los verbos, como cantar de canto, comer de como, partir de parto. Equivale a un neutro una serie de sustantivos que significan cosas y que se reproducen colectivamente. Y damos el mismo valor a los conceptos precedentes expresados por verbos y proposiciones, y a los que se reproducen como predicados149.




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Capítulo XVI

Pronombres relativos, y primeramente el relativo que


303 (a). Analizando el ejemplo siguiente: «Las estrellas son otros tantos soles; éstos brillan con luz propia»; se ve que se compone de   -99-   dos proposiciones: las estrellas es el sujeto, y son otros tantos soles el atributo de la primera; éstos (adjetivo sustantivado) es el sujeto, y brillan con luz propia el atributo, de la segunda.

Éstos reproduce el sustantivo soles precedente, y enlaza en cierto modo la segunda proposición con la primera; pero este enlace es flojo y débil; echamos menos una conexión más estrecha. Las enlazaremos mejor sustituyendo a éstos la palabra que: «Las estrellas son otros tantos soles que brillan con luz propia». Que tiene el mismo significado que éstos; es un verdadero demostrativo; pero se diferencia de los demostrativos comunes en que la lengua lo emplea con el especial objeto de ligar una proposición con otra.

304 (153). Llámanse relativos los demostrativos que reproducen un concepto anterior, y sirven especialmente para enlazar una proposición con otra. El de más frecuente uso es que, adjetivo de todo género, número y persona. En el navío que viene de Londres es de género masculino, número singular y tercera persona; en vosotras que me oís es de género femenino, número plural y segunda persona. Debemos siempre concebir en él, no obstante su terminación invariable, el género, número y persona del sustantivo reproducido, que se llama su antecedente.

305 (154). Que puede ser sujeto, término y complemento. En todos los ejemplos anteriores es sujeto; es complemento acusativo en la casa que habitamos, y término en las plantas de que está alfombrada la ribera.

306 (155). La proposición de que el relativo adjetivo forma parte, especifica unas veces y otras explica. En este ejemplo: «Los muebles de que está adornada la casa que habitamos, son enteramente conformes al gusto moderno», la proposición que habitamos (en que se calla el sujeto nosotros) especifica al sustantivo casa; y la proposición de que está adornada la casa, especifica al sustantivo muebles. La primera depende de la segunda, y ésta de la proposición independiente los muebles son enteramente conformes al gusto moderno. Pero en el ejemplo siguiente: «Ella, que deseaba descansar, se retiró a su aposento», la proposición que deseaba descansar no especifica sino explica a ella, y por eso se dice aquí ella y no la. Sucede muchas veces que en la recitación   -100-   el sentido especificativo no se distingue del explicativo, sino por la pausa que suele hacerse en el segundo, y que en la escritura señalamos con una coma. En «Las señoras, que deseaban descansar, se retiraron», el sentido es puramente explicativo, se habla de todas las señoras. Quitando la coma en la escritura, y suprimiendo la pausa en la recitación, haríamos especificativo el sentido, porque se entendería que no todas sino algunas de las señoras, deseaban descansar, y que sólo éstas se retiraron. Si suprimiésemos señoras, sustantivando el artículo, diríamos en el sentido explicativo ellas, que, y en el especificativo las que.

307 (156). La proposición especificativa se llama subordinada, y la proposición de que ésta depende subordinante. La proposición explicativa se llama incidente, y la de que ésta depende principal. Las proposiciones incidentes son en cierto modo independientes, y así es que sin alterar en nada el sentido del anterior ejemplo, se podría decir: «Las señoras deseaban descansar y se retiraron».

308 (157). Se llama oración toda proposición o conjunto de proposiciones que forma sentido completo: de que está alfombrada la ribera es proposición perfecta, pero no es oración.

309 (158). Una proposición que respecto de otra es principal o subordinante, respecto de otra tercera puede ser incidente o subordinada. En este caso se halla en uno de los ejemplos anteriores la proposición de que está adornada la casa, subordinante respecto de que habitamos, y subordinada con relación a los muebles son, etc.

310 (a). A veces el relativo reproduce varios sustantivos a un tiempo: «Quien quisiere saber qué tan grandes sean las adversidades y las calamidades y pobreza que están guardadas para los malos, lea», etc. (Granada).

311 (b). A veces también el relativo que reproduce dos antecedentes a un tiempo, y se le agregan expresiones demostrativas para dar a cada antecedente lo que le pertenece: «Adornaron la nave con flámulas y gallardetes, que ellos azotando el aire, y ellas besando las aguas, hermosísimas vista hacían» (Cervantes).

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312 (159). En todos los ejemplos anteriores el relativo que es un adjetivo, aunque sustantivado. Mas así como de los demostrativos adjetivos este, ese, aquel y él o el, nacen los sustantivos neutros esto, eso, aquello y ello o lo, del relativo adjetivo que nace el sustantivo neutro que, semejante en la forma, pero de diferente valor, como vamos a ver.

«Esto que te refiero es puntualmente lo que pasó». Que reproduce a los sustantivos neutros esto y lo; por consiguiente es también un sustantivo neutro, porque es propio de los neutros el ser representados por sustantivos de su género y no por terminaciones adjetivas150.

«Servir a Dios, de que depende nuestra felicidad eterna, debe ser el fin que nos propongamos en toda la conducta de nuestra vida». El primer que reproduce al infinitivo servir a Dios; por consiguiente es neutro, porque los infinitivos lo son. En efecto, de que significa aquí de esto; sin que haya entre las dos expresiones otra diferencia que el de servir la primera, y no la segunda, para ligar más estrechamente una proposición con otra.

«Llamáronla (los españoles) isla de San Juan de Ulúa, por haber llegado a ella el día del Bautista, y por tener su nombre el general; en que andaría la devoción mezclada con la lisonja» (Solís). En que es en esto, y reproduce la proposición anterior, como si se dijese que en haberse dado aquel nombre a la isla andaría, etc.

313 (a). El que sustantivo puede, como los demostrativos esto, eso, etc. (151c), reproducir colectivamente varios sustantivos que significan cosas. «Quitáronle los bandoleros las joyas y dineros que llevaba, que era todo lo que le quedaba en el mundo». Aquí el que significa esto. Pero podría también decirse que eran, y entonces el que significaría esta ropa y dinero, y sería adjetivo plural.

314 (160). El neutro que tiene también, como es propio de los demostrativos de su género, el oficio de reproducir nombres precedentes bajo el concepto de predicados. «El suelo de Holanda, cruzado de innumerables canales, de estéril e ingrato que era, se ha convertido en un jardín continuado» (Jovellanos): es como si se dijese, de estéril e ingrato   -102-   (eso era) se ha convertido, etc., reproduciendo a estéril e ingrato como predicados de él, esto es, de el suelo de Holanda, sujeto tácito de era. Eso era y que era significan una misma cosa, con la sola diferencia de enlazarse estrechamente las proposiciones por medio del que; mientras que diciendo eso era, quedaría esta proposición como desencajada y formaría un verdadero paréntesis.

315 (a). La misma construcción aparece en don N., cónsul que fue de España en Valparaíso; expresión que, sustituyendo un demostrativo común al relativo, se resuelve en don N., cónsul (lo fue de España en Valparaíso), donde los complementos de España, en Valparaíso, modifican a lo, que representa a cónsul, y lo hace predicado de él, sujeto tácito de fue.

«Se me hace escrúpulo grande poner o quitar una sola sílaba que sea» (Santa Teresa): que sea, llenando la elipsis, es que ello sea o que lo que se pone o se quita sea; y apenas es necesario decir que el relativo, como el demostrativo que se le sustituye, reproduce a una sola sílaba bajo el concepto de predicado del sujeto ello151.

Hemos visto al neutro que hacer los varios oficios de sujeto, complemento, término y predicado, pero en todos ellos reproduciendo conceptos precedentes y formando un elemento de la proposición incidente o subordinada. Ahora vamos a verle ejercer una función inversa.

316 (161). El sustantivo que pertenece muchas veces a la proposición subordinante y no reproduce ninguna idea precedente, sino anuncia una proposición que sigue: «Que la tierra se mueve al rededor del sol es cosa averiguada», es como si dijéramos, esto, la tierra se mueve al rededor del sol, es, etc.; toda la diferencia entre esto y que se reduce a que empleando el primero quedarían las dos proposiciones flojamente enlazadas. Proposición subordinante, que es una cosa averiguada; proposición subordinada, señalada por el que anunciativo, la tierra se mueve al rededor del sol. Que es el sujeto de la proposición subordinante58.

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317 (162). Otras veces este que sustantivo y anunciativo es complemento o término: «Los animales se diferencian de las plantas en que sienten y se mueven»: en que es en esto; que es término de la preposición en.

«Los fenómenos del universo atestiguan que ha sido criado por un ser infinitamente sabio y poderoso»: atestiguan que es atestiguan esto; que es la cosa atestiguada; complemento acusativo de atestiguan152.

318 (a). Pueden, pues, los relativos, no sólo reproducir un concepto precedente, sino anunciar un concepto subsiguiente; en lo que no se diferencian de los otros demostrativos, pues decimos: «Las cuatro partes del mundo son éstas: Europa, Asia, África y América».

319 (b). El que anunciativo es neutro, y, como todos los neutros, concierta con la terminación masculina del adjetivo: «Es falso que le hayan preso»; «No es justo que le traten así». Pero lo más notable, y lo que prueba, a mi ver, demostrativamente, que nuestro género neutro existe sólo en cuanto a la representación de conceptos, y en cuanto a la concordancia se confunde con el masculino, es la construcción del que anunciativo con la terminación masculina del artículo: «El que los montes se reproducen por sí mismos», dice Jovellanos que es cosa averiguada; «Parecieron estas condiciones duras; ni valió, para hacerlas aceptar, el que Colón propusiese contribuir con la octava parte de los gastos» (Baralt y Díaz). En efecto, desde que el artículo, en vez de construirse con el que, lo reproduce, ya no decimos él, sino ello. «Se espera que tantos escarmientos le arredrarán, pero no hay que contar con ello». Ni vale decir que el artículo se refiere, no al que sino a la proposición subordinada, que especifica a éste; porque siempre sale lo mismo: una proposición subordinada es masculina en su concordancia, y neutra en su reproducción, como sucede con los infinitivos.

320 (163). Los pronombres relativos pasan a interrogativos acentuándose. «¿Qué pasajeros han llegado?»: el qué es aquí adjetivo y forma con pasajeros el sujeto de la   -104-   proposición. «¿Qué ha sucedido?»: el qué hace de sujeto y es un sustantivo, porque envuelve el significado de cosa o cosas. «¿Qué es la filosofía?»: este qué tiene aquí el mismo significado, y por consiguiente es sustantivo, pero se adjetiva sirviendo de predicado a filosofía y de modificativo a es. «¿Qué noticias trajo el vapor?»: qué, adjetivo; qué noticias, complemento acusativo de trajo. «¿Qué aguardamos?»: qué, sustantivo, equivalente a qué cosa o qué cosas, y complemento acusativo de aguardamos. «¿A qué partido nos atenemos?»: qué, adjetivo; qué partido, término de la preposición a. «¿En qué estriban nuestras esperanzas?»: qué, sustantivo y término de la preposición en.

321 (164). La interrogación en los ejemplos anteriores es directa, porque la proposición interrogativa no es parte de otra. Si la hacemos sujeto, término o complemento de otra proposición, la interrogación será indirecta, y no la señalaremos en la escritura con el signo ?, sino sólo con el acento del pronombre. «No sabemos qué pasajeros han llegado»; «Preguntaban qué noticias traía el vapor»; «Ignoro en qué estriba su esperanza». En estos tres ejemplos la proposición interrogativa indirecta es acusativo, porque significa la cosa no sabida, preguntada, ignorada. Si dijésemos: «Qué noticias haya traído el correo es hasta ahora un misterio», la proposición interrogativa indirecta sería sujeto del verbo es, y si dijésemos: «Están discordes las opiniones sobre qué partido haya de tomarse», la haríamos término de la preposición sobre.

322 (a). De lo dicho se sigue que un complemento puede tener por término, no sólo un sustantivo, un predicado, un adverbio, un complemento, sino también una proposición interrogativa indirecta, pero es porque las proposiciones interrogativas indirectas hacen en la oración el oficio de sustantivos.




Las expresiones relativas el que, lo que

323 (165). Las expresiones el que, la que, los que, las que, lo que, se deben considerar una veces como compuestas   -105-   de dos palabras distintas, y otras como equivalentes a una sola palabra.

324 (166). En el primer caso el artículo está sustantivado y sirve de antecedente al relativo: «Los que no moderan sus pasiones son arrastrados a lamentables precipicios»: los es los hombres, antecedente de que y sujeto de son, y se prefiere esta forma abreviada a la íntegra ellos, porque la proposición que sigue especifica. «Lo que agrada, seduce»: lo (sustantivo, porque de suyo envuelve la idea de cosa o cosas) es antecedente de que y sujeto de seduce; se dice lo, no ello, por causa de la proposición especificativa que sigue. Siempre que las expresiones dichas se componen verdaderamente de dos palabras distintas, el artículo pertenece a una proposición y el relativo a otra.

325 (167). En el segundo caso el artículo no es más que una forma del relativo, por medio de la cual se determina si es sustantivo o adjetivo, y cuál es, en cuanto adjetivo, su género y número. «La relación de las aventuras de don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes Saavedra, en la que los lectores vulgares sólo ven un asunto de entretenimiento, es un libro moral de los más notables que ha producido el ingenio humano» (Clemencín). El la de la que no hace más que dar una forma femenina y singular al que; la y que son un solo elemento gramatical, un relativo que pertenece todo entero a la proposición incidente, donde sirve de término a la preposición en; y el antecedente de este relativo es la relación, que con la frase verbal es un libro, etc., a la cual sirve de sujeto, compone la proposición principal. «Los reos fueron condenados al último suplicio; lo que causó un sentimiento general»; el lo de lo que no hace más que determinar el carácter sustantivo y neutro del relativo; así lo y que componen un solo elemento, que hace de sujeto en la proposición incidente, y reproduce (como suelen hacerlo los neutros) todo el concepto de la proposición principal, como si se dijese, el haber sido condenados los reos al último suplicio causó, etc.

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326 (a). El que anunciativo se junta a veces, según ya hemos notado, con la terminación masculina del artículo, como cuando dice Villanueva: «No podía yo mirar con indiferencia el que se infamase mi doctrina». Los dos elementos no forman entonces una palabra indivisible; el artículo adjetivo conserva su naturaleza de tal, como en el infamar o la infamia; y sin embargo, ambos pertenecen a una misma proposición, como siempre lo hacen el sustantivo y su artículo.

327 (b). Cuando el artículo se combina con el relativo formando un elemento gramatical indivisible, deberían ambos escribirse como una sola palabra, elque, laque, a la manera que lo hacen los franceses en lequel, laquelle153.




El relativo quien

328 (168). En lugar de las expresiones el que, la que, los que, las que, ya formen dos palabras o una sola, empleamos muchas veces el sustantivo quien, quienes, cuando el relativo se refiere a persona o cosa personificada: «La culpa no fue tuya, sino de quien te aconsejaba»: este quien quiere decir la persona que, y es un relativo que lleva en sí mismo su antecedente. «Fuimos a saludar al gobernador de la plaza, para quien traíamos carta de recomendación»: para quien es para el que, y su antecedente es el gobernador; el quien no lleva, pues, envuelto su antecedente, que está en la proposición principal.

329 (a). El uso moderno del relativo quien es algo diferente del que vemos en los escritores castellanos hasta después de la edad de Cervantes y Lope de Vega: «Quiérote mostrar las maravillas que este transparente alcázar solapa, de quien yo soy alcaide y guarda mayor perpetuo, porque soy el mismo Montesinos, de quien la cueva toma nombre» (Cervantes). El uso del día autoriza el segundo de estos quien, porque se refiere a persona; pero no el primero, porque le falta esa circunstancia. «Podéis bautizar vuestros sonetos y ponerles el nombre que quisiéredes, ahijándolos al preste Juan de las Indias o al Emperador de Trapisonda, de quien hay noticia que fueron famosos poetas»   -107-   (Cervantes). Hoy diríamos de quienes, porque damos a quien dos terminaciones, singular y plural, como a veces lo hizo Cervantes: «Ves allí, Sancho, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quienes» etc.59

330 (169). Quien, sin embargo, no se limita hoy tan estrictamente a personas, que no se refiere algunas veces a cosas, cuando en éstas hay cierto color de personificación, por ligero que sea. Así no tienen nada de repugnante para nuestros oídos estos versos de Rioja:


«A ti, Roma, a quien queda el nombre apenas,
Y a ti, a quien no valieron justas leyes,
Fábrica de Minerva, sabia Atenas»,


ni aquellos en que dice Ercilla, hablando de la codicia:


«Ésta fue quien halló los apartados
Indios de las antárticas regiones»154.


331 (170). Cuando quien no lleva en sí mismo su antecedente, no puede ser sujeto de una proposición especificativa; no se podría, pues, decir, el hombre quien vino. Sirve sí a menudo de sujeto en las proposiciones explicativas: «Esta conducta (de Gonzalo de Córdoba) fue la que en la batalla de Albuhera le granjeó la alabanza del general; quien, dando al ejército las gracias de la victoria, aplaudió principalmente a Gonzalo; cuyas hazañas, decía, había distinguido por la pompa y lucimiento de sus armas» (Quintana).

332 (171). Cuando lleva envuelto su antecedente, pertenece parte a una proposición, y parte a otra:


«Las virtudes son severas,
Y la verdad es amarga:
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Quien te la dice te estima,
Y quien te adula te agravia».


(Meléndez)                


De los dos elementos de quien, el antecedente es sujeto de estima y agravia, y el relativo es sujeto de dice y adula.

333 (172). Quien se hace interrogativo acentuándose. Equivale entonces a qué persona, y puede ser sujeto, predicado o término: «¿Quién ha venido?», «¿Quién era aquella señora?», «¿A quién llamas?», «¿Con quiénes estaban?». La interrogación puede ser también indirecta: «No sabemos quién ha venido». «Se preguntó quién era la señora».




El relativo posesivo cuyo

334 (173). Cuyo, pronombre adjetivo, que es a un tiempo posesivo y relativo, equivale a de que o de quien, en el sentido de posesión o pertenencia; como suyo equivale a de él, de ella, de ellos, de ellas, de ello: «El árbol, cuyo fruto comimos; a cuya sombra estábamos sentados; cuyos ramos nos defendían del sol; cuyas flores perfumaban el aire». «Lo más alto a cuya consecución nos es dado aspirar».

335 (174). Hácese interrogativo acentuándose: «¿Cúyo es aquel hermoso edificio?», «¿Cúyos eran los versos que se recitaron en la clase?».

336 (a). Esta práctica es extremadamente limitada, ya porque cuyo debe referirse a personas, y ya porque (según el uso corriente) sólo tiene cabida en predicados que modifiquen al verbo ser, como en los ejemplos anteriores. No creo que sean aceptables en el día las construcciones: «¿Cúyo buque ha naufragado?», «¿Cúya casa habitas?», «¿A cúya protección te acoges?», sin embargo de recomendarlas su precisión y sencillez, y la autoridad de nuestros clásicos.


«Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?».


(Garcilaso)                


«¿A cúyo servicio está (un hijo) más obligado que al del padre que le engendró?».


(Granada)                


337 (b). Cúyo se emplea asimismo en interrogaciones indirectas: «Entre la cena le preguntó don Rafael que cúyo hijo era» (Cervantes). Ésta es una regla general para todas las palabras interrogativas, por lo que no la repetiremos sino cuando haya algo especial que notar.





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Capítulo XVII

Los demostrativos tal, tanto, y los relativos cual, cuanto


338 (175). Entre los pronombres demostrativos debemos contar a tal y a tanto. El primero es de una sola terminación para ambos géneros.

339 (176). Tal significa lo mismo que semejante, y tanto lo mismo que igual, refiriéndose uno y otro a lo que precede, o a lo que inmediatamente sigue; la demostración de tal recae sobre la cualidad, y la de tanto sobre la cantidad o el número.

«En llegando este lenguaje al vulgo de los soldados, como los tales de ordinario no miran más adelante que a su provecho, comenzaron a pensar» etc. (Coloma): los tales quiere decir los hombres semejantes a éstos, de esta cualidad, de esta clase.

«Ella (doña Violante, reina de Castilla) no estaba muy segura; en tanta manera pervierte todos los derechos la execrable codicia de reinar» (Mariana): en tanta manera quiere decir en una manera igual a esto que acaba de decirse, en la inseguridad de la reina se da la medida de la manera en que la codicia de reinar pervierte los derechos.

«A ruegos del rey de Castilla le envió (el de Aragón) diez galeras de socorro con el vicealmirante Mateo Mercero; y dende a algunos días le socorrió de otras tantas con el capitán Jaime Escrivá, ambos caballeros valencianos» (Mariana): tantas significa iguales en número a las antedichas.

340 (177). Tal y tanto son asimismo sustantivos neutros, como esto, eso y aquello; y carecen entonces de plural.

«Para destruir alguna ciudad o provincia no hay tal como sembrarla de pecados y vicios» (Rivadeneira): no hay cosa tal; la demostración recae sobre lo que va inmediatamente a decirse.

«Hizo el rey de Francia que debajo de juramento le prometiese (Beltrán de Got, después Clemente V) poner en ejecución las cosas siguientes: que condenaría y anatematizaría la memoria de Bonifacio octavo; que restituiría en su dignidad cardenalicia a Pedro y a Jacobo de Casa-Colona, que por Bonifacio fueron privados del capelo; que le concedería los diezmos de las iglesias por cinco años; y conforme a esto otras cosas feas y abominables para la dignidad pontifical; pero tanto puede el deseo de mandar» (Mariana): tanto es cosas iguales a éstas.

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341 (178). Solemos a veces indicar bajo la imagen de semejanza o de igualdad el concepto de identidad (que es propio de los demostrativos este, ese, aquel); pero con cierta énfasis sobre la cualidad o sobre la cantidad o número de las cosas.

«La salutación que el mejor maestro enseñó a sus favorecidos, fue que cuando entrasen en alguna casa dijesen, paz sea en esta casa; y otras muchas veces les dijo, mi paz os doy, mi paz os dejo, paz sea con vosotros, bien como joya y prenda de tal mano» (Cervantes): de tal mano es de aquella mano, de una mano divina. «El campo quedó por los escitas; los muertos llegaron a doscientos mil; muchos los prisioneros, y entre ellos el rey Bayaceto, espanto poco antes de tantas naciones» (Mariana): esto es, de aquel gran número de naciones.


«Quien pudiera pintar el gran contento,
El alborozo de una y otra parte,
El ordenado alarde, el movimiento,
El ronco estruendo del furioso Marte,
Tanta bandera descogida al viento,
Tanto pendón, divisa y estandarte,
Trompas, clarines, voces, apellidos,
Relinchos de caballos y bufidos!».


(Ercilla)                


Como si dijera aquel gran número de banderas, pendones, etc.; ejemplo notable por la énfasis de muchedumbre que va envuelta en el singular de tanto; sin embargo de que ordinariamente la demostración del singular de este adjetivo recae sobre la cantidad continua, y la del plural sobre el número.

«Cuando el cuadrillero tal oyó, túvole por hombre falto de seso» (Cervantes). «Estoy (dijo Sancho) por descubrirme, y ver en qué parte estamos. -No hagas tal -respondió don Quijote» (el mismo). Tal en estos dos ejemplos es sustantivo, y significa propiamente tal cosa, semejante cosa; pero se toma en el mismo concepto de identidad que significaríamos diciendo, esto oyó, no hagas eso; bien que indicando algo de notable en el hecho o dicho155.

«Hablando con Sancho le dijo (la duquesa): -Advertid, Sancho amigo, que doña Rodríguez es muy moza y que aquellas tocas más las trae por autoridad que por los años. -Malos sean los que me quedan por vivir -dijo Sancho-, si lo dije por tanto» (Cervantes). Por tanto es por eso.

342 (179). Tal, significando identidad, se junta a menudo con el artículo: «El tal caballo ni come, ni duerme,   -111-   ni gasta herraduras» (Cervantes). El tal es este de que se trata.

«Mire, señor -dijo Sancho-, que aquí no hay encanto ni cosa que lo valga; que yo he visto por entre las verjas una uña de un león verdadero; y saco por ella que el tal león, cuya debe de ser la tal uña, es mayor que una montaña» (Cervantes); el tal es este, y la tal, esta.

«¿Qué dijera el señor Amadís si lo tal oyera? (Cervantes); si eso oyera.

343 (180). Cual no se diferencia de tal, ni cuanto de tanto, sino en que son relativos, esto es, en que sirven para enlazar proposiciones.

«Algunos malsines, hombres malos, cuales tienen muchos los palacios, afirmaban al rey que la reina su mujer era bastarda, y que con aquel casamiento se afeaba la majestad real» (Mariana): si ponemos tales por cuales, la proposición incidente formará un paréntesis flojamente enlazado con la proposición principal; pero el sentido será el mismo.

344 (181). Tal y cual se contraponen a menudo: «Tal suele ser la muerte, cual ha sido la vida»; hay en este ejemplo un elemento repetido: semejante la muerte, semejante la vida; esta repetición es el medio de que se vale la lengua para expresar la semejanza recíproca de las dos cosas comparadas.

345 (182). Hemos visto que tal puede equivaler a este; cual toma el mismo sentido de identidad, equivaliendo a que: «Ofreció Gomerón que a su vuelta entregaría el castillo, dejando entre tanto órdenes secretas, cuales se verán a su tiempo» (Coloma). Cuales tiene aquí el sentido de que, bien que con cierta énfasis sobre la calidad de aquellas órdenes. Pero lo más ordinario, en este sentido de identidad, es combinar el artículo definido con cual, como antes vimos que se combinaba con tal. Desaparece entonces la énfasis, y el cual, lo cual, se hacen enteramente sinónimos de que.

«Hay otra gloria mayor, que es la que llaman esencial, la cual consiste en la visión y posesión del mismo Dios» (Granada). «Pidió Cortés a sus capitanes que discurriesen sobre la materia, encomendando   -112-   a Dios la resolución; lo cual encargó muy particularmente a fray Bartolomé de Olmedo» (Solís).

346 (a). Tenemos por consiguiente dos modos de variar la forma del relativo que, adaptándola a los diversos géneros y números: el primero, de que hemos hablado arriba (§ 167), consiste en anteponer el artículo; el segundo, en combinar el artículo con el relativo de cualidad156.

347 (b). La construcción de cual con el artículo, desconocida, si no me engaño, en castellano antes del siglo XIV60, se hizo después muy socorrida, y por la facilidad con que se presta al enlace de las proposiciones distinguiendo el género y número de los antecedentes, dio lugar a aquellos interminables períodos que después se hicieron de moda, llenando páginas enteras, con tanta fatiga de la atención y del aliento.

348 (183). Cuanto tampoco se diferencia de tanto sino en que, como relativo, sirve para enlazar proposiciones. Además de emplearse como adjetivo bajo diferentes formas, que se aplican a los varios géneros y números, se usa como sustantivo neutro bajo la forma cuanto.


«Cuanto contento encierra
Cantar su herida el sano,
Y en la patria su cárcel el cautivo,
Y entre la paz la guerra,
Tanto en cantar mi libertad recibo».


(Lope)                


Es como si dijera igual contento encierra... igual contento recibo. «Accediose a todo cuanto el pueblo exigía»: a todas las cosas, cosas iguales el pueblo exigía. «Cuanto pidió, tanto obtuvo»: iguales cosas pidió, iguales obtuvo. En los dos últimos ejemplos, cuanto es sustantivo neutro, como sus antecedentes todo y tanto.

349 (a). La contraposición de cuanto a tanto es frecuente, y en ella la repetición de un elemento sustancialmente idéntico es el medio de que se vale la lengua para indicar la igualdad de las dos cosas entre sí, como contraponiendo tal y cual se indica la semejanza recíproca. La contraposición de los puros demostrativos a los relativos, por la que repitiéndose un mismo elemento bajo dos formas, se indica una relación recíproca, es frecuente en castellano, como iremos viendo; y no lo ha sido menos en las lenguas madres latina y griega.

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350 (184). Cuanto lleva a veces envuelto su antecedente: «Cuantos entraron en la nave perecieron», esto es, tantos hombres cuantos. Pero lo más notable en el uso de este adjetivo es el posponérsele a menudo el antecedente: «A despecho de la misma envidia y de cuantos magos vio Persia, ha de poner su nombre en el templo de la inmortalidad» (Cervantes). De tantos magos cuantos vio Persia hubiera sido el orden natural. La involución del antecedente es frecuentísima en el sustantivo: «Cuanto se le dijo fue en vano»: desenvolviendo el antecedente diríamos tanto cuanto o todo cuanto, expresiones equivalentes a todo lo que.

351 (185). Cual y cuanto se usan como interrogativos acentuándose: «¿Cuál de estos dos edificios te parece mejor?», «¿Cuántos buques han sido tomados al enemigo?», «¿Cuál es más, resucitar a un muerto o matar a un gigante?», «¿Cuánto falta para terminar la obra?». Cuál y cuánto son sustantivos en estos dos últimos ejemplos.




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Capítulo XVIII

De los sustantivos neutros


352 (186). Además de los demostrativos esto, eso aquello, ello o lo, tal, tanto, que, cual y cuanto, y de los infinitivos, como cantar, vender, partir, hay otros varios sustantivos neutros significativos los unos de cantidad, como todo, mucho, más, menos, demasiado, bastante, asaz, harto, poco y destinados los otros a expresar ciertos conceptos generales como algo, nada, nonada, uno, otro, al.

353 (a). Como la forma de algunos de estos sustantivos los expone a ser equivocados con los adjetivos de que provienen, y como bajo esta misma forma pasan frecuentemente a las funciones adverbial y conjuntiva, es necesaria alguna atención para distinguir sus varios oficios (§ 53, 2.ª). Su uso propio aparecerá suficientemente en los ejemplos.

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354 (b). «Todo nos habla de Dios: en todo resplandece su poder y sabiduría». «No pretendas ser juez, si no tienes fuerza para romper por todo y castigar la maldad». «Dios lo ha criado y lo conserva todo». Es visto que todo, sustantivo, significa toda cosa o todas las cosas; siendo de notar que cuando sirve de complemento acusativo le agregamos lo, que es otro neutro en complemento acusativo.

355 (c). «Mucho se espera de su prudencia». «Unos tienen más y otros menos; pero nadie cree tener demasiado, ni bastante». «Harto os he dicho; pensadlo».

356 (d). Asaz significa bastante porción, bastante número: «Don Quijote se le ofreció con asaz de discretas y comedidas razones» (Cervantes).

357 (187). «Algo ha sucedido que ignoramos». «Nada veo que puede causarnos inquietud». Algo es alguna cosa o algunas cosas; nada, ninguna cosa.

358 (a). Nonada es también lo mismo que ninguna cosa. «Tenía que decir muy poco o nonada» (Santa Teresa)157.

359 (b). «La suma de todo lo que enseña Machiavello acerca de la simulación del príncipe, se cifra en formar un perfectísimo hipócrita, que diga uno y haga otro» (Rivadeneira): una cosa y otra cosa158.

360 (c). Al, apenas usado en el día, es adjetivo en lo al (lo otro, lo demás, lo restante); lo es el único sustantivo con que podemos construirlo, y por consiguiente carece de plural. Es sustantivo neutro en estos ejemplos:

«Ellas (las yeguas de los arrieros yangüeses) que tenían más ganas   -115-   de pacer que de ál» (Cervantes); esto es, de otra cosa. «Non vos lo digo porque os acuitedes ni mostredes mal talante; que el mío non es de ál, que de serviros» (Cervantes). Clemencín, cuya autoridad en punto a corrección de lenguaje es de las más respetables, no ha tenido escrúpulo de usar esta voz: «La hermosura y atractivos de las andaluzas en ál consisten que en lo blanco de la tez y en lo rubio de los cabellos»61.

361 (188). Es raro en los más de los sustantivos neutros construirse con artículo; pero lo hacen a menudo los infinitivos, y no sólo con los artículos definido e indefinido, sino con otros adjetivos; y entonces o conservan su carácter, construyéndose como el verbo de que provienen, verbigracia el comer manjares exquisitos, el levantarse temprano, el hablar bien, «aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura», como dice Cervantes; o se vuelven sustantivos ordinarios, dejando las construcciones verbales: el vivir mío (en vez de el vivir yo), el murmurar de las fuentes (en lugar de el murmurar las fuentes). Varios infinitivos toman plural en este caso, como placeres, dares y tomares, pareceres, cantares, etc.62

362 (a). El anunciativo que es otro de los neutros que se construyen a menudo con el artículo, según lo dicho arriba (§ 162, b).

363 (b). Ni son los infinitivos los únicos neutros que deponen el carácter de tales. Así todo, significando el conjunto de todas las partes, es reproducido por él y le o lo: «No vemos más que una mínima parte del gran todo; cuanto alcanzamos a percibir en él, es como un átomo en la universalidad de las cosas creadas». «El todo es mayor que cualquiera de las partes que le o lo componen».

364 (c). Nonada con el artículo indefinido toma el género femenino; una nonada es locución hiperbólica para significar una cosa mínima. Dábasele también plural: «Calle, abuela, y sepa que todas las cosas que me oye son nonadas» (Cervantes)63.

365 (d). Nada, significando la inexistencia de todo, toma el artículo femenino: «Es difícil concebir la nada». Con el artículo indefinido significa una cosa de ínfimo valor, y es ambiguo; pues aunque se dice corrientemente una nada, no creo que Samaniego se expresase mal en aquellos versos:


«El apetito ciego,
¡A cuántos precipita,
Que por lograr un nada
Un todo sacrifican!».







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Capítulo XIX

De los adverbios


(189). Los adverbios se dividen por su significación en varias clases:

366. Adverbios de lugar: cerca, lejos, enfrente, detrás, arriba, encima, abajo, debajo, dentro, fuera, afuera, etc.

367. Adverbios de tiempo: antes, después, luego, despacio159, apriesa o aprisa, aún, todavía, siempre, nunca, jamás, etc.

368. Adverbios de modo: bien, mal, apenas, recio (reciamente), paso (en voz baja), bajo (lo mismo), quedo (blandamente, con tiento, sin hacer ruido), alto (en voz alta), buenamente, fácilmente, justamente, y casi todos los adverbios en mente.

369 (a). Los adverbios de esta terminación son frases sustantivas adverbializadas; o si se quiere complementos en que se calla la preposición; que para el caso es lo mismo. Justamente, sabiamente, quiere decir, de una manera justa, de una manera sabia; mente en estas frases significa manera o forma.

370 (b). Cuando se juntan dos o más adverbios en mente ligados por conjunción expresa o tácita, pierden todos la terminación, menos el último: temeraria y locamente; clara, concisa y correctamente; salieron las aldeanas graciosa pero modestamente vestidas. Diríase de la misma manera tan graciosa cuanto, o tan graciosa como, o más graciosa que modestamente.

371. Adverbios de cantidad: mucho, poco, harto, bastante, además160, demasiado, más, menos, algo, nada, etc.,   -117-   a los cuales podemos añadir totalmente, enteramente, casi, mitad, medio161, y otros.

372. Adverbios de afirmación: ciertamente, verdaderamente, etc.

373. Adverbios de negación: no, tampoco, nada, nunca, jamás162, etc.

374. Adverbios de duda: acaso, tal vez, quizá o quizás, etcétera.

375 (a). Algunos adverbios pospuestos hacen el mismo oficio que las preposiciones, formando complementos, como en cuesta arriba, río abajo, tierra adentro, mar afuera, meses antes, días después, años atrás, camino adelante. «El cielo, conmovido de mi desgracia, avivó el viento y llevó el barco, sin impelerle los remos, el mar adentro» (Cervantes).

376 (b). Varios de los adverbios de cantidad no son otra cosa que sustantivos neutros adverbializados: «Agradecemos mucho las honras que se nos hacen»; «Harto le hemos aconsejado; pero él se cura poco de consejos»; «Es en sus determinaciones algo imprudente, y a veces nada cuerdo»163. También se usan a menudo como adverbios de cantidad las frases sustantivas un poco, un tanto, algún tanto, y otras: «Turbeme algún tanto» (Cervantes).

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377 (c). Otros adverbios hay que son originalmente adjetivos o complementos con preposición: verbigracia alto, bajo, recio, claro, quedo (originalmente adjetivos); apenas164, acaso, despacio (de espacio), encima, enfrente, amenudo64, abajo, adentro, afuera (complementos).

378 (d). Es notable la síncopa de mucho cuando modifica adjetivos, adverbios o complementos, precediéndoles. Dícese me esfuerzo mucho, mucho siento; y está muy enfermo, muy arrepentido, muy cerca, muy lejos, muy a la vista, muy en peligro. Subentendiéndose la palabra modificada, es necesaria la forma íntegra: está enfermo, y mucho; fueron aplaudidos, pero no mucho.

379 (e). Recientemente se apocopa en recién antes de participios: un país recién poblado, un niño recién nacido, los recién llegados165.

380 (190). Hay asimismo gran número de adverbios demostrativos, cuyo significado se resuelve en complementos a que sirve de término alguno de los pronombres este, ese, aquel, combinado con un nombre de lugar, tiempo, cantidad o modo.

381. Adverbios demostrativos de lugar: aquí (en este lugar), ahí (en ese lugar), allí (en aquel lugar), acá (a este lugar), allá (a ese o aquel lugar), acullá (en aquel lugar, ordinariamente en contraposición a otros lugares ya indicados).

«Me hallo muy bien aquí». «Mira que corres peligro ahí». «Ya había salido usted de Londres cuando yo estuve allí». «Venid acá. -Allá vamos». «Meses hace que no veo mi quinta; hoy me propongo ir allá». «Aquí se juega, allí se canta, acullá se baila». Tal es el valor que regularmente solemos dar a estos adverbios, sin que por eso dejen algunas veces de aplicarse al movimiento los en i, como acá y allá a la s