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Oraciones interrogativas
1144 (389). Las proposiciones interrogativas, según se ha dicho antes (§ 164), son directas o indirectas: las directas no forman parte de otras como sujetos, complementos o términos; y en esto se diferencian de las indirectas. 1145 (390). En las interrogaciones directas, o se pregunta por medio de pronombres o adverbios interrogativos, o sin ellos:
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Pregúntase aquí por medio de los pronombres qué y quién, y del adverbio cuándo. En los ejemplos que siguen no es indicada la pregunta sino por el giro y la modulación de la voz, que corresponde a los signos ¿?.
1146 (391). Finalmente, o se hace uso de la interrogación directa para informarnos de lo que ignoramos, como en «¿Qué hora es?», «¿Quién llama?», o para expresar ignorancia o duda, verbigracia «¿Qué le habrán dicho, que tan enojado está con nosotros?», o para negar implícitamente lo mismo que parecemos preguntar, significándose entonces por qué, nada, por quién, nadie, por dónde, en ninguna parte, por cuándo, jamás, por cómo, de ningún modo, etc.
Dase a entender que no me ha quedado nada. Así en «¿Quién tal cosa imaginara?», se insinúa nadie, y en «¿Cómo podía yo figurarme semejante maldad?», se quiere decir que de ningún modo. Además, adoptamos el mismo giro para significar extrañeza, admiración, repugnancia, horror, como si dudásemos de la existencia de aquello mismo que produce tales efectos; pero la interrogación es en este caso una figura oratoria137. 1147 (392). Antes (§ 368, b) se ha visto que a las palabras y frases negativas se contrapone elegantemente el que de proposición subordinada, que rige entonces subjuntivo: «Nadie fue a verle, que no le encontrase ocupado». -326- Si hacemos, pues, implícita la negación por medio del giro interrogativo, diremos: «¿Quién fue a verle que», etc. 1148 (a). El qué, sustantivo neutro interrogativo, se adverbializa a veces: «¿Qué sabe el hombre cuándo se halla más próximo a gozar de su fortuna?» (Baralt y Díaz). Quitada la interrogación, expresaríamos el mismo pensamiento diciendo, de ningún modo sabe el hombre. 1149 (b). Una novedad en el uso del qué, sustantivo neutro interrogativo, es el construirse con el artículo; práctica que sólo tiene cabida cuando la interrogación se reduce a las solas palabras el qué:
Si se llenase la elipsis, sería preciso omitir el artículo, diciendo, por ejemplo, ¿qué es lo que corre por tu cuenta? (En este el qué, vemos verificado otra vez que el género neutro no se distingue del masculino en lo que toca a la concordancia del sustantivo con el adjetivo). 1150 (c). La conjunción sino, que generalmente supone negación anterior, se usa con mucha propiedad en interrogaciones de negación implícita, ligando sustantivos con qué y quién, adverbios y complementos de modo con cómo, de lugar con dónde, de tiempo con cuándo, etc.
1151 (d). Por un efecto de esta negación implícita sucede también que a la oración interrogativa se antepone a veces la conjunción ni cuando propiamente correspondía alguna de las otras conjunciones y, o. «Si éstas» (la oratoria, la poética, la amena literatura) «que servían más inmediatamente a las facultades privilegiadas, merecieron tan escasos premios, ¿cuál sería el que se destinaba a las ciencias naturales y exactas? ¿Y cuáles podían ser los progresos del teatro? ¿Ni quién había de aplicarse a un estudio tan difícil, tan apartado de la senda de la fortuna, si desatendido de las clases más elevadas y menospreciado de los que se llamaban doctos, era sólo el vulgo el que debía premiar y aplaudir sus aciertos?» (Moratín). Es claro que siendo virtualmente negativa la cláusula por el solo efecto de la interrogación, bastaba y en lugar de ni (como en la cláusula anterior), y por tanto hay en éste una especie de pleonasmo, en que la negación implícita se desemboza, por decirlo así, y deja de serlo. 1152 (e). En las interrogaciones indirectas la proposición subordinada puede servir de sujeto, término o complemento: «No se sabe qué sucederá», o «en qué vendrán a parar estas cosas»; sujeto, porque la construcción es cuasi-refleja, y la proposición subordinada significa -327- la cosa que no se sabe: «Vacilaba sobre si saliese o no»; término de la preposición sobre. «Los historiadores están divididos sobre a quién de ellos» (sus hermanos) «embistió primero el rey don Sancho» (Quintana); término de la misma preposición. «Nos preguntaron qué queríamos»; acusativo, porque la construcción es activa, y la proposición subordinada significa la cosa que se pregunta. «Considerad, señores, cuál quedaría yo en tierra no conocida, y sin persona que me guiase» (Cervantes); acusativo de considerad. 1153 (f). Toda proposición interrogativa indirecta pide una palabra interrogativa que la introduzca, como se ve en los ejemplos anteriores y se verá en los que iremos presentando. 1154 (g). El anunciativo que no precede a las proposiciones indirectamente interrogativas sino en dos casos: después del verbo decir, cuando significa preguntar: «Díjole que dónde quedaba su amigo»; «que cómo se hallaba en aquel paraje»; «que por dónde había sabido la noticia». «Digo, que qué le iba a vuesa merced en volver tanto por aquella reina Majimasa o como se llama» (Cervantes); «Me parece que había de burlar de mí y decir que qué San Pablo para ver cosas del cielo» (Santa Teresa). Y después del verbo preguntar: «Preguntole que de quién se quejaba»; «que adónde se dirigía»; «que quién le había traído allí»; «que si estaba determinado a partirse». Este qué después del verbo preguntar, es pleonástico, pero lo permite el uso. 1155 (h). La interrogación indirecta admite por lo regular indicativo o subjuntivo, pero no siempre indistintamente. Es una misma cosa decir: «No se sabe quién ha» o «haya dado la noticia»; bien que empleando el indicativo se afirma el hecho de haberse dado la noticia; el cual se enuncia algo dubitativamente por medio del subjuntivo. Pero cuando se hace relación al futuro y el agente de los dos verbos, subordinante y subordinado, es o puede ser uno mismo, hay una distinción importante: «No se sabe qué partido se tome», expresa que el que ha de tomarlo es el mismo que no sabe cuál, porque aún no ha elegido ninguno; y al contrario, «No se sabe qué partido se tomará», significa que son distintos los dos agentes, y que la elección del partido no está sujeta a la voluntad del que no la sabe. De la misma manera, «No sé si salga», conviene a la irresolución de la voluntad; y «No sé si saldré», a la sola duda del entendimiento; si digo salga, hago considerar la salida como una cosa sujeta a mi arbitrio; si digo saldré, doy a entender que es independiente de mí. 1156 (i). En las oraciones interrogativas cuánto se puede resolver en qué tanto y cuán en qué tan: «¿Qué tanto dista del puerto la ciudad?»; «Qué tan grande sea esta providencia, en ninguna manera lo podrá entender sino el que la hubiere experimentado» (Granada). Pero es de advertir que esta resolución apenas tiene uso fuera de las interrogaciones en que verdaderamente preguntamos, esto es, en que solicitamos una respuesta instructiva; y que de las oraciones exclamatorias -328- (que se reducen a las interrogativas, en cuanto se hacen por los mismos medios gramaticales), solamente la admiten las indirectas, como la precedente de fray Luis de Granada; a menos que demos otro giro a la frase, apartando el tan del qué: «¡Qué acción tan generosa aquélla!»; «¡Qué edificio tan bello!». Puede también callarse en las exclamaciones el tan, revistiéndose de su fuerza el qué: «¡Qué generosa acción!»; «¡Qué bello edificio!». 1157 (j). De la misma manera se resuelve cuál en qué tal; resolución aún más usual que la de cuánto en qué tanto, pues se extiende a todo género de proposiciones interrogativas y exclamatorias: «¡Qué tal será la obra en que tales aparejos hay!» (Granada). A veces esta resolución es obligada, pues no cabe decir: «¿Cuál le ha parecido a usted la comedia?», sino qué tal; lo que sin duda ha provenido de la necesidad de distinguir dos sentidos: con ¿cuál es la casa que usted habita?, se pregunta qué casa; con qué tal es la casa se preguntaría qué calidades tiene. 1158 (k). La misma diferencia debe hacerse cuando se hable de personas: «Si éstos son los vencedores, ¿qué tales serán los vencidos?», aludiendo a las calidades personales; «Si ellos no han sido los ejecutores del hecho, ¿cuáles o quiénes fueron?», aludiendo a la distinción de personas. 1159 (l). Qué y cuál, cuando se construyen con sustantivo o lo son ellos mismos, suelen usarse uno por otro: 1.º En poesía:
2.º Cuando se indica elección o preferencia «¿A qué» o «cuáles providencias puede apelarse sino a las más rigorosas?»; «¿Qué es más», o (como dijo Cervantes) «cuál es más, resucitar a un muerto o matar a un gigante?». En este sentido es más propio cuál. 1160 (m). Cuál excluye a qué, cuando es adjetivo que se construye con sustantivo tácito: «¿En cuál de las ciudades de España reside la corte?», entiéndese en cuál ciudad. «No se ha podido averiguar cuál sea la causa de los terremotos»: cuál causa (práctica, sin embargo, que no fue constantemente observada en los mejores tiempos de la lengua: «Si soy vuestro Señor, ¿qué es el temor que me tenéis?» (Granada); hoy se diría cuál es). «¿Qué es el peligro que os espanta, sino una infundada aprehensión?»: no sería propio cuál porque en el qué no se subentiende peligro; pero por una razón contraria diríamos: «En medio de tantas seguridades, ¿cuál es el peligro que os espanta?». 1161 (n). En las proposiciones exclamatorias son más frecuentes las elipsis que en las interrogativas: «¡Cuán grandes las maravillas de -329- la creación, y qué ciegos los que no alcanzan a ver en ellas el poder y sabiduría del Criador!». El verbo ser o estar es la palabra que generalmente se subentiende. 1162 (o). Las proposiciones exclamatorias no admiten el sentido de negación implícita que llevan a menudo las interrogativas; pero sucede no pocas veces que podemos emplear a nuestro arbitrio la interrogación implícitamente negativa o la exclamación, dando a cada una la modulación, y por consiguiente el signo ortográfico que le corresponde. «¡Qué tales serán los ríos que de tan caudalosas fuentes manan!», es propiamente una oración exclamatoria, como lo indican los signos; y la volveríamos interrogativa con negación implícita, diciendo qué tales no serán, porque como el sentido debe ser positivo, es necesario dar a la interrogación una forma aparentemente negativa, para que las dos negaciones se destruyan. «Qué no diría la Europa», es, como observa muy bien Salvá, casi lo mismo que «Qué diría la Europa»; toda la diferencia es de modulación y ortografía, por cuanto la primera estructura es interrogativa, y la segunda exclamatoria. Creo, pues, que en estos pasajes de Jovellanos: «¡Qué ejemplo tan nuevo y admirable de resignación no presentaron entonces a nuestra afligida patria tantos fieles servidores suyos!» y «¡Qué de privilegios no fueron dispensados a las artes!», la oración es propiamente interrogativa, y no están bien empleados los signos. 1163 (p). Las interrogaciones y exclamaciones indirectas están siempre asociadas a palabras o frases que significan actos del entendimiento o del habla, como saber, entender, decir, preguntar, etc. Daríase, por ejemplo, un giro indirecto a los ejemplos anteriores diciendo: «Ya se deja entender qué tales serán los ríos...»; «Se nos preguntó qué tales no serían los ríos...»; «Dijo que cuál era el peligro...». 1164 (q). Lo que, según lo dicho arriba (§ 364), significa el grado en que. Este sentido de cantidad es el que suele tomar esta frase en las exclamaciones, equivaliendo al sustantivo o adverbio cuanto: «¡Lo que ciega a los hombres la codicia!»; «¡Lo que vale un empleo!»; «La experiencia de cada día muestra lo deleznable que es la popularidad, y lo poco que tarda el pueblo en derribar sus ídolos»138. 1165 (r). En las interrogaciones indirectas y en las exclamaciones de ambas clases es notable el giro que por un idiotismo de nuestra lengua podemos dar al artículo definido y al relativo que, precedido de preposición: «¡De los extravíos que es capaz una imaginación exaltada!». El orden natural sería ¡los extravíos de que! o ¡de qué extravíos! «Sé al blanco que tiras» (Cervantes); «Era cosa de ver con la presteza que los acometía» (el mismo); «Bien me decía a mí mi corazón del pie que cojeaba mi señor» (el mismo). Se podría decir en el mismo sentido a qué blanco, con qué presteza, de qué pie; pero si se dijese el blanco a que, la presteza con que, el pie de que, despojaríamos a la -330- oración de la énfasis que caracteriza a las frases interrogativas y exclamatorias288-138. 1166 (s). Las proposiciones interrogativas y exclamatorias que hacen de sujeto, conciertan siempre con el singular del verbo, ya sea una o muchas juntas; por lo que sería mal dicho: «No se sabían cuántos eran», en lugar de no se sabía; y tengo por errata o descuido el plural con que principia este pasaje de Martínez de la Rosa: «Viéronse entonces aún más que en el largo trascurso de aquella tenacísima guerra, lo que pueden el valor y la destreza»; donde, aun dejando de mirar como una interrogación indirecta la cláusula lo que pueden, significando esto la cosa vista, se debería decir viose, concertando este verbo con el sujeto lo.
Cláusulas distributivas
1167 (393). Llamo cláusulas distributivas, alternativas o enumerativas, aquellas en que se contraponen acciones distribuidas entre varios agentes, lugares, tiempos; o se presentan varias suposiciones que recíprocamente se excluyen; o se enumeran las varias fases de un hecho; sentidos diferentes, que reunimos aquí, porque se exprimen muchas veces por unos mismos medios gramaticales. 1168 (394). Las suposiciones alternativas se indican naturalmente por la conjunción o, o por un verbo en el modo optativo: «No pudieron curarle los médicos, o porque -331- fueron llamados tarde, o porque no conocieron la enfermedad»; lo que suele variarse diciendo, «Sea porque fueron... sea porque no conocieron»; o «Sea que fueron... sea que no conocieron». Pueden también combinarse ambos medios: «O fuese que se habían consumido las provisiones, y no había esperanzas de recibirlas de afuera, por la fuerza y vigilancia de los sitiadores, o fuese que después de tantos meses de sitio comenzase a desfallecer el ánimo de la guarnición, se determinó al fin», etc. Puede asimismo suprimirse el verbo de la segunda frase optiva: «O fuese que se habían consumido... o que comenzase». Y en todos casos es arbitrario callar o expresar la conjunción o en el primer miembro, o si hay muchos, en todos menos el último. Finalmente, en lugar de o se emplea también la frase conjuntiva o bien; y si en ésta se calla la conjunción se revestirá de su fuerza el adverbio: «Bien fuese la edad, bien el rigor de la disciplina lo que había debilitado sus fuerzas». 1169 (395). Las enumeraciones y distribuciones se expresan naturalmente por medio de los adjetivos uno, otro, y de varias palabras o frases que pueden hacer este oficio sin salir de su acepción propia: «Unos cantaban, otros tañían diversos instrumentos, otros bailaban»; «En una parte se oían tristes lamentos, en otra desesperadas imprecaciones»; «Parte venían armados de espadas y lanzas, parte solamente de palos y piedras, parte inermes»; «Perecieron casi todos; parte a filo de espada; parte a manos del hambre y de la miseria»; «Cerca sonaban las voces de los combatientes; lejos se reiteraban los lelilíes agarenos» (Cervantes). 1170 (396). Pero además de estos medios naturales y comunes, hay otros más expresivos, suministrados por palabras demostrativas e interrogativas. «¿No has visto tú representar alguna comedia adonde289 se introducen reyes, emperadores y pontífices, caballeros, damas y otros diversos personajes? Uno hace el rufián, otro el embustero, éste el mercader, aquél el soldado, otro el discreto, otro el enamorado simple, y acabada -332- la comedia, y desnudándose de los vestidos de ella, todos los recitantes quedan iguales» (Cervantes). «Quiénes viajaban a pretender beneficios, quiénes se encaminaban a recibir su educación en el colegio de Bolonia, quiénes militaban en los tercios», etc. (Navarrete, citado por Salvá). «Hombres y mujeres, viejos y niños, fueron desorejados o desollados vivos; a quiénes hacía quitar el cutis de los pies y caminar sobre vidrios o guijarros; a quiénes mandaba coser espalda con espalda; a quiénes hacía mutilar de uno o dos miembros o de las facciones del rostro» (Baralt y Díaz). «Descubrieron los rostros poblados de barbas; cuáles rubias, cuáles negras, cuáles blancas, y cuáles albarrazadas» (Cervantes). «Vieron un abrigo que podía llamarse puerto, y en él hasta diez o doce bajeles; dellos chicos, dellos medianos, y dellos grandes» (Cervantes): parte de ellos. «El campamento presentó luego una escena de espantosa confusión, donde todos, exagerándose el peligro, corrían desolados y sin saber a qué punto; cuáles, como valerosos, para hacer frente al mal, cuáles, como cobardes, para evitarlo huyendo» (Baralt y Díaz). «Éste la maldice y la llama antojadiza, varia y deshonesta; aquél la condena por fácil; tal la absuelve y perdona, y tal la vitupera, uno celebra su hermosura, otro reniega de su condición, y en fin, todos la deshonran y todos la adoran» (Cervantes). «Cuál buscaba al amanecer entre los montones de muertos horrendamente heridos o mutilados el cadáver de un padre; quién el de un hijo o de un hermano; aquélla el de un esposo o de un amante; otros los de sus amigos o protectores» (el duque de Rivas). «Aquí se queja un pastor, allí se desespera otro, acullá se oyen amorosas canciones» (Cervantes). «Aquí se pelea por la espada, allá por el caballo».
«El diablo me pone ante los ojos aquí, allá, acá no, sino acullá, un talego lleno de doblones, que me parece que a cada paso le toco», etc. (Cervantes). (Nótese que este adverbio acullá apenas se usa sino en oraciones distributivas, como las precedentes). 1171. Úsanse de la misma manera: Ya... ya. Ahora... ahora (que se sincopa frecuentemente en ora... ora). Tal vez... tal vez (en el sentido de ya... ya). Tan presto... tan presto (en el mismo sentido). Cuándo... cuándo (en el mismo sentido). Dónde... dónde (por aquí... allí), etc.
1172. Conviene advertir que si se trata de dos cosas, o de más de dos, pero reducidas a dos por el modo de presentarlas, es más propio emplear el uno y el otro con artículo definido, para designarlas consecutivamente: «De sus dos hijos el uno se dedicó a las armas y el otro a las letras»; «De sus cuatro hijos, los dos... y los otros dos». Pero si se habla de más de dos individuos o colecciones, lo más propio es suprimir el artículo, excepto cuando en la construcción se llega a la última de las cosas de que se trata, siendo determinado su número: «Había tres aldeas a la orilla del río; una antigua de numeroso vecindario, otra recién poblada, la otra arruinada y desierta». -334-
Cláusulas absolutas
1173 (397). Llámanse cláusulas absolutas aquellas que constan de un sustantivo modificado y no tienen conexión gramatical con el resto de la sentencia290, supliéndoseles el gerundio siendo, estando, teniendo, llevando u otro semejante: «Quince fueron en número los que allí se juntaron, curiosos e impacientes de saber el intento a que eran convocados en estación tan rigorosa; los montes cubiertos de nieve, embotadas las fuerzas y el brío, en silencio las armas» (Martínez de la Rosa): estando los montes, etc. «Cuenta con ir bien apercibidos, los vestidos con buenos soforros, y la jacerina debajo» (el mismo): llevando los vestidos, etc., donde es de notar que pueden juntarse con el gerundio tácito, no sólo adjetivos (cubiertos, embotadas), sino complementos (en silencio, con buenos soforros), y adverbios (debajo). «El rey de Castilla se volvió a Sevilla, salva y entera la fama de su valor, no obstante los malos sucesos que tuvo» (Mariana): llevando salva, etc. 1174 (a). A veces el sustantivo de estas frases es un que anunciativo o una proposición interrogativa indirecta: «El rey, visto que no podía tomar por fuerza la villa, mandola escalar una noche con gran silencio» (Mariana).
1175 (b). Cállase a veces el sustantivo por hallarse a poca distancia: «Se trató de amoblar el palacio, y amoblado, se trasladaron a él los tribunales». Gil y Zárate, hablando de Lope de Vega, dice así: «Flojo, desmayado, incorrecto, prosaico muchas veces, sus eminentes cualidades, que dirigidas por el arte se hubieran fortalecido para mostrarse en todo su esplendor, degeneraron en los vicios a que toda virtud está cercana». -335-1176 (c). En las cláusulas absolutas entra a menudo un participio adjetivo, o un adjetivo de aquellos cuyo significado es parecido al de los participios: Limpias las armas, llenos los requisitos legales; pero los ejemplos anteriores manifiestan que otros adjetivos, y hasta complementos y adverbios, pueden hallarse en construcción con el gerundio tácito. 1177 (d). Ni el gerundio, mientras no se expresa, ni mucho menos el participio, admiten afijos o enclíticos; así, aunque decimos «Siéndole dada la carta», «Teniéndoles comunicado el suceso», no podemos decir en cláusulas absolutas: «Dádale la noticia, aguardamos su resolución», «Comunicádoles el suceso, partimos»140. 1178 (e). En estas locuciones se antepone casi siempre al sustantivo el adjetivo o lo que hace sus veces, sobre todo si la cláusula absoluta está a la cabeza de la oración; por lo que en prosa parecería algo violento, «El palacio amoblado, se trasladaron a él los tribunales». Exceptúanse ciertas breves frases que tienen la sanción del uso: «Esto dicho, se retiraron». Otra excepción es la de aquellos sustantivos con los cuales puede subentenderse en vez del gerundio la preposición con: «Oraba siempre, las rodillas en el suelo, sin estrado ni sitial» (Rivadeneira); «¿Quién te trajo hasta ponerte en un patíbulo, las manos enclavadas, el costado partido, los miembros descoyuntados, las venas agotadas, los labios secos, y todo finalmente despedazado?» (Granada); «Bajó al esquife un brioso mancebo de poco más de veinte y cuatro años, vestido a lo marinero de terciopelo negro, una espada dorada en las manos, y una daga en la cinta» (Cervantes). 1179. Es elegante la misma práctica en descripciones que recapitulan circunstancias ya referidas: «Yendo pues de esta manera, la noche oscura, el escudero hambriento, y el amo con gana de comer, vieron», etc. (Cervantes). 1180 (f). Las cláusulas absolutas contribuyen no poco a la concisión del estilo. Martínez de la Rosa las emplea a cada paso en su Hernán Pérez del Pulgar.
Preposiciones
1181 (398). Las preposiciones castellanas más usuales son a, ante, bajo, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, sobre, tras. 1182. Añádese so, cuyo empleo está en el día limitado a unas pocas frases (so color, so pretexto, so pena, so capa); -336- cabe, enteramente anticuado291; mientras y pues, que dejan a menudo el oficio de preposiciones141; y los adverbios antes mencionados (afuera, adentro, arriba, abajo, adelante, atrás, antes, después), que toman el carácter, aunque no el lugar de la preposición, posponiéndose al nombre (§ 189, a)142. 1183. El adverbio relativo cuando suele emplearse también como preposición, cuando la guerra, por en el tiempo de la guerra. 1184. Podemos asimismo agregar a éstas algunas que lo son imperfectamente: como excepto, salvo, durante, mediante, obstante, embargante143. 1185 (a). Muchas preposiciones, y acaso todas, han sido en su origen palabras de otra especie, particularmente nombres. Y como esta metamorfosis no ha podido ser instantánea, sucede a veces que una palabra ha perdido en parte su primitiva naturaleza, y presenta ya imperfectamente, y como en embrión, los caracteres de otra, habiendo quedado, por decirlo así, en un estado de transición. 1186 (b). Excepto era un participio que variaba de terminación para los diferentes géneros y números, como hoy se usa exceptuando; pero hecho indeclinable, y limitado a cláusulas absolutas, que principian regularmente por un adjetivo (§ 397, e), tomó la apariencia de preposición (excepto un niño, una niña, unos pocos hombres, algunas mujeres), y sin embargo no ha sido completa la transformación, pues no se construye, como las genuinas preposiciones, con los casos terminales de los pronombres, no decimos excepto mí, ti, sí, sino excepto yo, tú, él. 1187 (c). De cláusulas absolutas, como salvo el derecho, salva la honra, salvas las vidas y propiedades, se deriva de la misma manera el indeclinable salvo, que a semejanza de excepto, cuyo significado se apropia, no admite los casos terminales, pues no se dice salvo mí sino salvo yo. Pero salvo recobra otras veces su primitivo significado de participio adjetivo, variando de terminación y colocándose antes o después, cerca o lejos del sustantivo: «Salieron solamente con la vida salva»; «Pocos quedaron salvos»292. A excepto y salvo se da muchas veces por término el -337- anunciativo que: «Se les restituyó en el ejercicio de sus derechos, excepto» o «salvo que se les nombró un interventor para la administración de los bienes». Dánseles también complementos por término:
«Con todos se usó de indulgencia, excepto con los que habían excitado el motín». Y asimismo proposiciones subordinadas: «No es lícito dar a otro la muerte, excepto» o «salvo cuando es absolutamente necesario para nuestra propia defensa». 1188 (d). Estas dos palabras pueden también considerarse como conjunciones, en cuanto ligan elementos análogos, y la misma observación debe hacerse con respecto al adverbio menos, cuando equivale a excepto o salvo: «Todos, excepto» o «salvo» o «menos uno, fueron sentenciados a muerte»; «A nadie se mostró severo, excepto» o «salvo» o «menos a los homicidas»; «Con todos se usó de indulgencia, excepto» o «salvo» o «menos con los que habían turbado la tranquilidad pública»294. 1189 (e). Del empleo de mediante y durante en cláusulas absolutas ha procedido asimismo el uso preposicional que hoy tienen. «Durante los meses de invierno»; «mediante los buenos oficios de sus amigos». Pero mediante se pospone a veces: Dios mediante. Ni uno ni otro se juntan con los casos terminales de los pronombres; y tampoco se usa construirlos con el nominativo: durante yo y mediante yo, disonarían tanto como durante mí, mediante mí; y aunque eso en durante pueda explicarse por la circunstancia de no expresarse con él la duración de las personas, sino de las cosas, no cabe decir lo mismo de mediante, que puede aplicarse a personas o cosas, bien que mucho menos frecuentemente a personas. 1190 (f). Otras dos preposiciones imperfectas y originadas, como las anteriores, de cláusulas absolutas, son obstante y embargante; pero tienen la especialidad de que los complementos formados con ellas son siempre modificados por el adverbio no: «No obstante» o «no embargante los ruegos y empeños de varias personas principales, fue condenado a destierro perpetuo». El primero es, incomparablemente, de más uso; y callado el término toma el carácter de conjunción adversativa: «Compuestas (las asambleas públicas de las naciones septentrionales) de guerreros ignorantes y groseros, no había más elocuencia que la facundia -338- natural de cada orador sin arte ninguno, y apelando a las pasiones más bien que al raciocinio o a las galas del buen decir. No obstante, asistían con frecuencia a ellas obispos ilustrados, formados por los escritos de los Santos Padres, y aun de los oradores antiguos» (Gil y Zárate): no obstante esto, no obstante que no había en ellas elocuencia. 1191 (g). Algunas preposiciones dejan a veces el carácter de tales y se vuelven adverbios, como bajo y tras cuando modificadas por un complemento con de equivalen a debajo y detrás: «Bajo de la cama», «Tras de la puerta». «Preguntó que cómo aquel hombre no se juntaba con el otro hombre sino que siempre andaba tras dél» (Cervantes). Tras él hubiera sido más propio. 1192 (h). Dejando a los diccionarios la enumeración de los varios significados que toma cada preposición, y de los verbos que las rigen, nos limitaremos a unas pocas observaciones generales sobre el modo de usarlas. 1193. 1.ª Si el sentido pide dos complementos de preposiciones diferentes con un mismo término, es necesario expresarlas ambas, reproduciendo el término. Peca, pues, contra la sintaxis, «Lo que depende y está asido a otra cosa» (Diccionario de Valbuena, citado por Salvá); porque depender rige de, mientras asido se construye con a; siendo por tanto necesario: «Lo que depende de otra cosa y está asido a ella». «El camino real de que se trata» (dice otro respetable escritor) «no debe ni ha necesitado mucho del arte»; del arte se hace régimen común de los verbos debe y ha necesitado, siendo así que deber pide a y necesitar, de; era menester otro giro, como «no debe ni ha pedido mucho al arte». Si un sustantivo es, por sí solo, acusativo y término de preposición expresa, debemos también ponerlo de manifiesto en ambas funciones, primero directa y luego reproductivamente: «Se trató de refutar y hacer ver la futilidad de todas las razones alegadas en contra»; pésima sintaxis, es preciso: «Se trató de refutar las razones alegadas en contra, y hacer ver la futilidad de todas ellas». Cervantes contravino alguna vez a esta regla: «¡Cómo qué! ¿Es posible que una rapaza, que apenas sabe menear doce palillos de randas, se atreva a poner lengua y a censurar las historias de los caballeros andantes?»; el acusativo las historias, régimen propio de censurar, no lo es de poner lengua, que pide complemento con en. «Cosas que tocan, atañen, dependen y son anexas a la orden de los caballeros andantes»; el complemento a la orden, que cuadra bien a tocan, atañen y son anexas, es rechazado por dependen que no pide a sino de. Pero esta regla es de menos rigor en el diálogo familiar. 1194. 2.ª Aun cuando no sólo se identifican los términos sino las preposiciones mismas, es necesario, repitiendo la preposición, reproducir el término, siempre que no se presenten los dos complementos de un modo semejante respecto de las palabras que los rijan. «La poesía vive y saca de las imágenes materiales su mayor gala y hermosura», no parecería bien; porque además de vive y saca sigue de las imágenes materiales, -339- régimen de ambos verbos a la vez, y luego su mayor gala y hermosura, régimen peculiar de saca. Puede aceptarse «La poesía vive, y saca su mayor gala y hermosura, de las imágenes materiales», pero no quedamos todavía satisfechos, porque el complemento con de se refiere por una parte al verbo vivir solo, por otra al verbo sacar modificado por el acusativo su mayor gala y hermosura. Es mucho mejor construir la sentencia de este modo: «La poesía vive de las imágenes materiales, y saca de ellas su mayor gala y hermosura». 1195. 3.ª Con el acusativo y el dativo, formados ambos por la preposición a, y por un mismo sustantivo, basta expresar una sola vez la preposición y el término: «Da toda especie de socorros y alienta con sus palabras a los menesterosos y desvalidos». 1196. 4.ª Blanco White y Jovellanos probaron a introducir en castellano la práctica de que se vale la lengua inglesa en el caso de dos preposiciones diferentes con términos idénticos; la cual consiste en callar el término con la primera preposición y expresarlo con la segunda: «Providencias exigidas por, y acomodadas al estado actual de la nación»; «Todo lo cual fue consultado a y obtuvo la aprobación de la junta» (ambos ejemplos son de Jovellanos, citado por Salvá). Pero hasta ahora no parece haber hecho fortuna este giro, que los mismos escritores ingleses no miran como elegante. 1197. 5.ª Notaremos de paso que en los modos del verbo no es menos necesaria que en las preposiciones la consecuencia de régimen. Se pecaría contra esta regla diciendo, por ejemplo: «Estamos seguros y nos alegramos de que tenga esas intenciones el gobierno»; porque estamos seguros pide tiene y no tenga. Extiéndese lo mismo a toda palabra o frase en que influyen diversas causas de régimen. 1198. 6.ª Hay una que otra frase en que el uso autoriza la inconsecuencia. Dícese «Esta casa es mayor o tan grande como la de enfrente», sin embargo de que no puede decirse mayor como, sino mayor que; entre las dos especies de régimen se prefiere la que cuadra con la más cercana de las palabras que las piden: es mayor o tan grande como; es tan grande o mayor que. Cervantes contravino a esta regla: «Mis pensamientos, mis suspiros, mis lágrimas, mis buenos deseos, mis acometimientos, pudieran hacer un volumen mayor o tan grande que el que puedan hacer todas las obras del Tostado». Apéndice
Régimen de las preposiciones,
conjunciones e interjecciones 1199 (a). Las preposiciones castellanas no tienen propiamente régimen, porque régimen supone elección; así un verbo rige un modo o un complemento particular, porque hay varios modos y multitud de complementos; al paso que con todas las preposiciones lleva el término -340- una forma invariable; es a saber, la del caso terminal en los pronombres declinables, y la forma única de los nombres que no se declinan por casos: de mí, por mí, etc. De la casa, por la casa, sin la casa, etc.295 1200 (b). Las conjunciones carecen de régimen, ligando palabras, cláusulas u oraciones, no tienen influencia sobre ninguna de ellas. 1201 (c). La interjección tiene a menudo régimen, el más frecuente es el de nominativo, que se usa muchas veces como vocativo: «¡Ah infelices!»; «¡Oh patria!»; «¡Alerta, soldados!». 1202. También es frecuente el complemento con de, como puede verse en los ejemplos del número 52. 1203. Ojalá equivale a Dios quiera, y rige por consiguiente proposición subordinada en el modo subjuntivo común, de la misma manera que los verbos que significan deseo: «¡Ojalá que la buena causa triunfe!»; «¡Ojalá no paren en desgracia s sus temeridades!».
Observaciones sobre el uso de algunos adverbios,
preposiciones y conjunciones
Ha parecido conveniente reunir en este capítulo preposiciones, adverbios y conjunciones por la facilidad con que estas palabras se transforman unas en otras296. 1204 (a). Ahora bien, ahora pues: frases adverbiales que pasan a conjunciones de las llamadas continuativas, porque anuncian que continúa y se desenvuelve un pensamiento. Gil y Zárate muestra que hay en el alma cierta imagen de lo que llamamos hermoso y perfecto, la cual en su totalidad no se asemeja a nada de cuanto percibimos con los sentidos; y sigue después así: «Ahora bien, si existe en la mente del artista un tipo ideal de la belleza, ¿existirá también un criterio que dé a conocer si los objetos se acercan más o menos a aquel modelo? En otros términos, ¿existirá un buen gusto?». -341-1205 (b). Antes, adverbio de tiempo. Hácese conjunción de las llamadas correctivas, que rectifican una idea precedente:
Antes es aquí o más bien. Dícese en el mismo sentido antes bien, y cuando la corrección es una completa contradicción, antes por el contrario. «No respondía, ni menos daba muestras de flaqueza, antes bien besaba humilde la mano de su padre, y le pedía su bendición, seguro de llevar con ella la del cielo» (Martínez de la Rosa). 1206. Con el anunciativo que forma una frase adverbial relativa, que suele pasar a conjunción, y deja entonces la idea de prioridad de tiempo para tomar el sentido de más bien, más propiamente que: «Con voz, antes basta y ronca que sutil y delicada, dijo», etc. (Cervantes); «No daba espacio de un bocado a otro, pues antes los engullía que los tragaba» (Cervantes). 1207 (c). Apenas... cuando: frase adverbial relativa: «Apenas le vi, cuando me dirigí a él». Por la elipsis de cuando, adquiere apenas la fuerza de un adverbio relativo, y la que era proposición subordinante se vuelve subordinada: «Apenas le vi, me dirigí a él»; es evidente que apenas, usado de este modo, equivale a la frase en el momento que. En el mismo sentido se dice: No bien... cuando, y aún no... cuando, y no... cuando: «No bien estuvo formada la tropa, cuando», etc.; «Aún no hubo andado una pequeña legua, cuando», etc. (Cervantes); «No se hubo movido tanto cuanto, cuando», etc. (el mismo); «No hubo andado cien pasos, cuando», etc. (el mismo). Y con no bien sucede lo mismo que con apenas, callándose el cuando. 1208. 1. Apenas... cuanto más: «Apenas creo que pueda pensarse cuanto más escribiese» (Cervantes). En este modo de hablar es indiferente decir más o menos. Empleando el primero de estos adverbios, apenas conserva su significado positivo; como si dijésemos, difícilmente puede pensarse, cuánto más difícilmente escribirse; empleando el segundo, hacemos a apenas en cierta manera negativo, como si el sentido fuese no puede pensarse, cuanto menos escribirse. De aquí proviene la construcción apenas... sino: «Apenas dormía, sino después de un largo y laborioso ejercicio». 1209. 2. Apenas no, que usó Cervantes («Apenas el caballero no ha acabado de oír la temerosa voz, cuando», etc.), es construcción que no debe imitarse. 1210. 3. Se ha introducido recientemente, tomada de la lengua francesa, la frase apenas si, que se encuentra con bastante frecuencia en las obras de Martínez de la Rosa: «Apenas si se oía el confuso rumor de los pasos». No creo deba desecharse, porque se ajusta bien a la significación de los elementos que la componen, y la elipsis que la acompaña es natural y expresiva: si se oía, era apenas. -342-1211 (d). Arreo: adverbio que debe agregarse a las preposiciones pospuestas, en frases como: «Término lleva de quejarse un mes arreo» (Cervantes), todo un mes, día por día. «Lo cual hizo cuarenta y seis días arreo» (Rivadeneira), cuarenta y seis días seguidamente. 1212 (e). Así... que, de manera que: «Así le afeaban las verrugas el rostro, que en viéndole Sancho, comenzó a herir de pie y de mano» (Cervantes). 1213. 1. Así que, de manera que: frase conjuntiva. Entra en la clase de las conjunciones llamadas raciocinativas, y más específicamente consecuenciales, porque anuncian en lo que sigue una deducción o consecuencia de lo que precede: «Sé más de libros de caballerías, que de las súmulas de Villalpando; así que, si no está en más que en esto, seguramente podéis comunicar conmigo lo que quisiéredes» (Cervantes). 1214. 2. Así que, luego que: frase adverbial relativa, la tengo por introducida recientemente: «Así que se supo aquel acontecimiento, sonó por todo el ámbito del reino un grito de sorpresa». Se decía, y aún se dice, en el mismo sentido, y mejor a mi ver, así como144. 1215. 3. Así es que, frase conjuntiva que anuncia la continuación de un pensamiento o una comprobación que de él se hace. Después de haber dicho que la invención oratoria es la que reúne todas las ideas, todos los materiales de que se ha de componer el discurso, pudiéramos añadir: «Así es que esta parte no depende tanto del arte, como del talento y de la instrucción del orador». Tal es el empleo legítimo de la frase; de que algunos se sirven malamente en la significación de así es como, diciendo verbigracia, «Así lo hago, porque así es que me enseñaron». 1216 (f). Aun, adverbio de tiempo, equivalente a todavía o hasta ahora. De aquí pasó a sugerir una gradación de ideas que, ya expresa, ya tácita, termina en la palabra o frase a que lo anteponemos: «Conmoviose al verle, y aun se le arrasaron los ojos de lágrimas»; «Desnudos de todo recurso, y aun abandonados de sus amigos, no desesperaron por eso»; «Provee a los menesteres de los suyos económica y aun escasamente»; «Había resuelto no ceder, arriesgarlo todo y aun perecer si fuese necesario»; en estos ejemplos la gradación es expresa; en los que siguen es tácita: «Aun en la indigencia conservaba toda su dignidad»; como si se dijese, «Se portó noblemente en el poder, descendió a la vida privada sin abatirse, y aun en la indigencia», etc. «Aun las horas de la noche eran negadas al reposo»: todas las horas del día y aun las horas de la noche, etc. La gradación implícita variará mucho por supuesto, según los diferentes casos; pero algo semejante a ella entrevería siempre el entendimiento, aunque de un modo indistinto y vago, en este uso de aun. 1217. Aun, en este sentido de gradación, pertenece a una especie particular de elementos gramaticales que pudieran llamarse cuasi-afijos, porque se anteponen a toda clase de palabras modificando su significado y sirviendo como de partículas prepositivas. Así, en el sentido de que -343- hablamos, la énfasis de aun no sólo recae sobre adjetivos, verbos, adverbios y complementos, como es propio de los adverbios, sino también sobre sustantivos, según se ve en el último de los ejemplos anteriores. 1218. Aun cuando es una frase adverbial relativa, en que aun conserva la idea de gradación: «La vida del hombre está llena de cuidados y zozobras, aun cuando más nos halaga la fortuna»; «Aun cuando todos conspiren a un fin, es necesario que obren de concierto, para que alcancen lo que se proponen». Aquí se ve que esta frase adverbial puede regir indicativo o subjuntivo según las circunstancias. Pero el construirla con indicativo en el sentido de aunque es verdad que («Aun cuando ha llegado bueno, se resiente de las fatigas del viaje»), es una práctica moderna que no debe, a mi parecer, imitarse. 1219. Combínase con ni en las oraciones negativas: «No sólo no le viste ni le sustenta, pero ni aun le abre sus puertas». Dejando sólo el último grado de la escala, diríamos: «Ni aun de los suyos se fía»; «Ni aun en el destierro y la indigencia se le vio perder su dignidad». Callando el adverbio aun, se revestiría de su fuerza el ni: Ni de los suyos; Ni en el destierro y la indigencia. 1220. Aun bien que: frase relativa adverbial y elíptica: «Aun bien que yo casi no he hablado palabra» (Cervantes): afortunadamente sucede que...145. 1221 (g). Aunque, adverbio relativo, equivalente a sin embargo de que. Rige indicativo o subjuntivo, bien que no indistintamente. «Tengo de salir aunque llueva», es una expresión propia, no sólo en boca del que piensa en una lluvia futura, que puede verificarse o no, sino del que ve llover y está en el acto de salir. «Aunque estaba lloviendo a cántaros, insistieron en ir al baile»; es indispensable el indicativo. «Bien pudiste venir, aunque lloviese», aquí por el contrario, aun cuando se tratase de una lluvia pasada y cierta, sonaría mejor el subjuntivo. Es más fácil sentir que explicar el valor peculiar de las formas modales según los diferentes casos. 1222. 1. Cállase a menudo el verbo ser o estar en la proposición subordinada: «Aunque anciano y enfermo, trabajaba incesantemente»: aunque era anciano y estaba enfermo. 1223. 2. Al adverbio relativo aunque, se contraponen a menudo los complementos demostrativos sin embargo de eso, no obstante eso, con todo eso y otros de valor semejante (o como se dice elípticamente, sin embargo, no obstante, con todo), que repiten el significado de aunque sin el elemento relativo: «Las memorias del castillo de Bellver, aunque por lo demás ofrezcan poco cebo a la curiosidad, pueden con todo satisfacer el gusto de los que desean conocer a fondo la historia de la media edad» (Jovellanos). Esta duplicación de ideas es análoga a la de tanto, cuanto; tal, cual; así como, así también; y otras que se han señalado en varios lugares de esta gramática, usadas en castellano y en todas las lenguas. -344-1224. 3. Los referidos complementos se emplean a menudo como conjunciones que ligan dos oraciones independientes: «Vamos ahora a los accesorios de nuestra obra, dejando a un lado los de madera o fierro, de que no me curé, porque conducen poco para la historia de las artes; diré, sin embargo, que en el gran número de puertas y ventanas del castillo, se nota estar todas trabajadas sobre una misma idea, con gran gusto y diligencia» (el mismo). «Gastado el pavimento, fue reemplazad | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||