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España en el Perú


Esteban M. Cáceres





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Esteban M. Cáceres

Autor de esta obra


Esteban M. Cáceres nació en Málaga que es una de las capitales andaluzas en España. Joven ingresó al Conservatorio de «María Cristina de Málaga». Conservatorio que es sostenido por la nobleza malagueña, y allí recibió los primeros conocimientos de la música y piano bajo la dirección del maestro Cava. A la vez ingresó en el Instituto Provincial donde cursó la instrucción media. La afición que sentía por la música, hizo que abandonara los estudios superiores que inició en   -8-   la Universidad de Granada a la que ingresó en la Facultad de Farmacia, trocando al segundo año los estudios de Ciencia por los de Filosofía y Letras.

Cumplida su obligación con el Estado español que exige el servicio militar obligatorio, sirvió en el Regimiento de Extremadura N.º 15 de guarnición en Cádiz, siendo jefe de él, el coronel don José Vital y Donayre: hace poco más de treinta años, llegó al Perú radicándose en Arequipa, dedicando sus energías al comercio. La música siempre la cultivaba, pero no como profesión.

A pesar de su corta edad fue nombrado director de la Sociedad Musical de Santa Cecilia de esa ciudad mistiana. Para la enseñanza de la música, sentía atracción irresistible y él inició a sus hijos en el divino arte de la música, siendo profesor de los mismos. Hace 14 años que con sus referidos hijos, hizo una gira artística por Bolivia, Chile y Perú, y en la prensa de esos países como en la de Arequipa, Puno, Mollendo Callao y Lima, se registran las críticas más hermosas en favor de los entonces artistas infantiles.

El Departamento de Arequipa, por conducto del prefecto señor Alvizuri, fueron propuestos ante el Supremo Gobierno para que terminaran sus estudios musicales en un conservatorio europeo, a cuyo ofrecimiento, el autor de este libro y maestro de esos artistas infantiles, se opuso, pues él quería enseñarles solamente.

Hace seis años que inició en el violoncello a su hija Angélica, niña de 7 años y llamó justamente la atención de todo el Perú en el concierto que ofreció íntegro a Pro-Marina por conducto de su presidente capitán de navío don José E. de Mora, hoy contralmirante, hasta merecer el ofrecimiento del presidente don José Pardo de mandarla a Europa.

Son notables sus artículos publicados en El Comercio, La Prensa y La Crónica sobre Pedagogía Musical y Estética Musical, lo mismo que un estudio que publicó en El Comercio el 26 de junio y 2 de julio de 1920 sobre el efecto de la música en la enajenación mental.

Dedicado al estudio de la música incaica, el 26 de febrero de 1921 sustentó en la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, una conferencia sobre la música incaica, auspiciada esta por el sabio maestro e ilustre rector de la misma doctor Javier Prado y Ugarteche, conferencia que calificó el Rector en un hermoso e improvisado discurso de «interés nacional» y que el señor Cáceres merecía la gratitud de todos los peruanos, calificativos estos, que le volvió a repetir el señor presidente de la República señor Augusto B. Leguía en el Palacio de Gobierno el 23 de marzo de ese mismo año al terminar la misma conferencia, para la que fue solicitado por el Jefe del Estado.

En mérito a estos triunfos, la Sociedad de Bellas Artes de Lima, el 10 de mayo de ese año de 1921 lo eligió Socio Honorario, primera distinción dada a un músico extranjero en este país.

En las fiestas del centenario representó un drama incaico titulado Yahuar-Huaccac (llora sangre) y reconstruyó la Orquesta de   -9-   Quenas que debió existir en la época incaica, la que tuvo su apoteosis el 6 de agosto de ese año en la Escuela Militar de Chorrillos ante el héroe de Verdún general Mangín que vino como embajador de Francia en esas fiestas.

En junio de 1921 descubrió los semitonos de la Quena con lo que ese instrumento producía ya la escala cromática, haciendo su primer ensayo con notable éxito en la Banda de la Escuela Militar de Chorrillos.

Es inventor de un sistema de Taquigrafía Musical muy útil para los directores de orquesta, haciendo de este invento una exposición durante el mes de marzo de 1919 en el almacén de música de la Casa Guillermo Brandes de Lima. En setiembre llevó a la escena el hermoso drama nacional incaico titulado Yahuar-Huaccac con notable éxito. Tiene también escrita una comedia incaica intitulada La guerra Chanca, aun inédita.

En agosto de 1922 editó la Historia de las teorías generales de la música, obra que fue recibida con el aplauso de los inteligentes como el gran escritor (Clovis), primero y después por el inteligente e ilustrado escritor (Racso). Ese mismo año fue nombrado corresponsal de El diario español de Buenos Aires en Lima, cargo que hasta ahora desempeña con el aplauso general por su campaña en pro del acercamiento espiritual de España con estas repúblicas de origen hispano. También fue corresponsal de La Bolsa de Arequipa en 1903 a 1907.

EDITORES



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Prólogo

Todo lo que se haga entre nosotros por despertar la afición a la música y facilitar su enseñanza, es acto laudable, porque contribuye al perfeccionamiento de la cultura nacional. Por eso es digno de alabanza el maestro Esteban M. Cáceres, que ha publicado en un volumen esmeradamente impreso, la historia de las teorías generales de la música.

El libro del señor Cáceres es un texto de música con incursiones en el campo de la musicología superior, pues al ocuparse de la historia de este arte y de la instrumentación, desarrolla conceptos que se extienden más allá de los estrechos límites de un simple manual de enseñanza.

La Historia de las teorías generales de la música, son el coronamiento de una vida dedicada a la propaganda de la cultura musical en el Perú, pues aunque el señor Cáceres es español, ama de veras a nuestro país y lo ha demostrado en diversas oportunidades defendiendo al Perú y la causa peruana, primero en Arequipa tomando las armas en el Batallón Universitario que comandaba el doctor Calixto Hernández cuando en esa época se temió una guerra con el Ecuador, y después en el extranjero en los diarios argentinos y principalmente en El Diario Español de la capital bonaerense de los que es activo y fecundo corresponsal. Además, su amor por el Perú lo patentizó nuevamente en Mollendo el año de 1903 cuando la peste bubónica azotó ese puerto, llegando el pánico de sus moradores al grado superlativo. No había persona alguna que quisiera aislarse en el Lazareto y ya existían cadáveres insepultos. En estas circunstancias tan apremiantes es cuando el señor Cáceres ofreció aislarse en el Lazareto, como jefe del mismo, en el que estuvo dos meses, salvando con su abnegación y altruismo muchas vidas peruanas, actos propios de la Raza Española, y que le valieron ser recomendado al Supremo Gobierno por el doctor Ramón E. Ribeyro que fue enviado a ese puerto a estudiar esa peste, además el vecindario de Mollendo, le entregó en un banquete, una hermosa medalla de oro.

El libro de que nos ocupamos ahora, es la tercera obra del señor Esteban M. Cáceres sobre música, habiendo antes un tratado de Pedagogía Musical y Estética Musical y otro interesante y novedoso tratado de Taquigrafía Musical.

El señor Cáceres es, sobre todo, conocido entre nosotros, por sus estudios sobre la primitiva música incaica, habiendo sustentado en la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, varias brillantes conferencias de alta cultura musical auspiciadas por el sabio maestro y   -12-   rector de la misma doctor Javier Prado y Ugarteche, conferencias en las que expuso entre otras cosas, sus originales puntos de vista sobre la armonía usada por los pueblos antiguos del viejo mundo comparada con la que usaron los antiguos peruanos, y sobre los instrumentos de armonía que usaron los antiguos peruanos y los indios de ahora, presentándolos, objetivamente, a la consideración del selecto público que se había congregado para escucharlo.

El señor Cáceres, que es socio honorario de la Sociedad de Bellas Artes de Lima, ha instrumentado varias piezas musicales empleando quenas peruanas entre los instrumentos de la orquesta como prácticamente lo probó en la banda de la Escuela Militar de Chorrillos, orquesta incaica que oyó entusiasmado el héroe de Verdún, general Mangín, el 6 de agosto de 1921, trabajando así de modo práctico y eficaz, por la propaganda de la música aborigen peruana.

La labor del señor Cáceres en pro de la cultura musical es, pues meritoria, porque el perfeccionamiento del espíritu artístico de un pueblo es siempre deseable. El arte no es ficción inútil de desocupados, sino realidad social importantísima, porque en sus manifestaciones se resumen el genio de las razas y los ideales colectivos.

La verdadera fuerza de las asociaciones humanas es la unidad espiritual, harmonía de inclinaciones diferentes dentro de la conciencia progresista de un destino común. En logro de esta harmonía colaboraron de consuno la moral, que disciplina las conductas, la ciencia que hermana las inteligencias, y el arte que unifica los sentimientos.

La unidad de ideas y de preceptos no basta, la verdadera unidad anímica es sentimental, pues solo cuando los hombres sienten al unísono, actúan solidariamente y suministran a las colectividades la base de apoyo para el desenvolvimiento de una verdadera alma nacional. Por eso la importancia del arte en la educación humana es tan grande. La música ocupa lugar prominente en las artes, desde el punto de vista de su influjo pedagógico, y el mito de Orfeo expresa la eficacia de la melodía para domeñar la fiera que hay en los hombres y enternecerla y depurarla.

Cooperar a la difusión de la música, entre nosotros, y al desenvolvimiento de las aficiones musicales, es cooperar al progreso del espíritu social en una de sus formas más refinadas. Y los hombres que como el maestro Cáceres, dedican sus energías y conocimientos a obra tan laudable, son dignos de estímulo y aplauso. Pero la obra del señor Cáceres es más vasta y fecunda, pues ha dedicado lo mejor de sus energías a robustecer los vínculos de solidaridad y de afecto que existen entre el Perú y España. Con tan noble propósito se ha impuesto la laudable tarea de dar a conocer a los españoles, las personalidades peruanas más notables que abrigan en su pecho el santo amor por la madre patria española. Aprovechando la oportunidad que le brinda su calidad de corresponsal de El Diario Español de Buenos Aires, envía a ese prestigioso periódico artículos de fondo presentando al gran público español radicado en la Argentina, a los principales políticos, escritores, periodistas, profesionales y hombres públicos   -13-   del Perú que han trabajado en pro del aproximamiento de la gran familia iberoamericana. Como esta desinteresada propaganda del señor Cáceres fuese adquiriendo cada vez mayor importancia, decidió reunirla y completarla, con la biografía de españoles distinguidos radicados entre nosotros, siendo la obra que acaba de publicar titulada España en el Perú, el fruto de sus esfuerzos en pro del robustecimiento de la amistad peruano-española. Completan la obra España en el Perú un estudio profundo sobre las grandes razas que los españoles conquistadores del siglo XVI encontraron en el Perú, Ecuador y Colombia comparándolas entre sí.

Tal es la personalidad del señor Esteban M. Cáceres, español que ama de veras al Perú, su segunda patria, tal es su importante obra. Los hombres que como el señor Cáceres orientan su vida hacia la realización de un ideal elevado, como lo es el anhelo de robustecer los vínculos solidarios entre España y el Perú, merecen protección y alabanza.

Óscar Miró Quesada

(Racso)



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Dos palabras

Llevado de gran entusiasmo patriótico, acepté el cargo de corresponsal de El Diario Español de Buenos Aires en Lima, fundando en seguida en las columnas de dicho diario, una sección titulada «España en el Perú: Galería de personajes ilustres peruanos amigos de España, y españoles distinguidos radicados en el Perú, amigos de esta república». El fin que me propuse, no fue otro sino el de estrechar aun más, si es posible, no solo la simpatía de los peruanos hacia España, mi patria, sino especialmente hacer despertar en los corazones peruanos la cantidad de sangre española que circula por sus venas de la que dan prueba de ello en todas las manifestaciones públicas, por su virilidad, entereza y rebeldía contra las humillaciones; haciendo a la vez revivir en los corazones españoles su tradicional cariño hacia el Perú.

Esta idea patriótica me la sugirió el hermoso e hispanófilo discurso de mi distinguido amigo el doctor Óscar Miró Quesada que pronunció en el banquete que el 17 de mayo de 1922 diera en el Casino Español de esta capital, la colonia española, en celebración del natalicio de nuestro augusto y querido monarca el rey don Alfonso XIII, discurso que lo hice reproducir íntegro en las columnas de El Diario Español de Buenos Aires.

Esta labor patriótica que voluntariamente me impuse, comprendí desde el primer momento, como me lo aseguraban algunos de mis distinguidos amigos peruanos a quienes comuniqué mi resolución, alentándome en la obra, que era muy laudable el fin que perseguía; pero a la vez, yo mismo, había pensado mil veces que, las abstracciones metafísicas, y las altas y elevadas ciencias, no eran para mi espíritu, y que en vano pretendería volar por donde suelen volar las águilas. Yo comprendí desde el principio, que solo he nacido para recoger las flores que se caen de la imaginación del poeta, y las ideas que se desprenden de la mente de los filósofos para presentarlas toscamente vestidas con un ropaje vulgar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires.

Así es como he conseguido formar este mi primer volumen que hoy tengo el honor de presentar a mis lectores exhibiendo en él los valores representativos en todos los ramos. Como no es posible que en un solo volumen estén todos los peruanos ilustres que son amigos de España, porque ello necesitaría de varios y grandiosos volúmenes; hoy solo presento una selección de los mismos, continuando en lo sucesivo formando nuevos libros. En este como en los demás adaptaré el orden alfabético.

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Por la «Galería de honor» que he formado en las columnas del indicado Diario Español, y cuyas biografías forman el fundamento de este libro; han desfilado ilustres peruanos amigos de España haciendo de ellos un dibujo moral y material; el presidente de la República, ministros de Estado, diplomáticos insignes, políticos de primera fila, sacerdotes en quienes se hermanan una profunda ciencia con una eminente virtud, hombres de estudiosidad, de ciencia y sabiduría sin par, así como del comercio, la banca, como también hombres representativos de las clases productivas del Perú; y seguirán desfilando en lo sucesivo, formando nuevos volúmenes, para que así sean conocidos los peruanos de sangre española que forman en la primera fila de todos los iberoamericanos, que constituyen la gran tercera España en la América.

Por la misma «Galería de honor» han desfilado también, y seguirán desfilando, todos los españoles radicados en el Perú, representativos de las ciencias, artes, letras, clero, periodismo, comercio e industrias, que, con su talento, laboriosidad y honradez, han contribuido y contribuyen ahora a dar esplendor al Perú, y a la vez, han dado y dan honra y gloria a la patria querida, formando estos, la segunda España; pues la primera España es formada por la España territorial, o sea, la cuna en que nos meció al nacer, y en cuyo seno se guardan las cenizas venerandas de nuestros padres y progenitores.

Mis artículos, no hay duda que han hecho revivir en el pueblo español su tradicional cariño hacia el Perú; y la lectura de los mismos, de algunos que han sido trascritos en los diarios de esta Metrópoli, han despertado el cariño que de antaño se sentía por la madre patria, como podría testificarlo por la multitud de testimonios de eminentes personalidades peruanas y españolas que he recibido y con esa lectura, han sentido de nuevo correr por sus venas a torrentes la noble sangre española, que, si estuvo un tanto adormecida, fue por la incuria o negligencia de aquellos que debieron haberlo intentado antes que yo.

Ya he publicado suficientes artículos biográficos en las columnas de El Diario Español y reproducido algunos en El Comercio y La Crónica, pero estos artículos, sin duda, han pasado en unos, como el vuelo del ave por los aires, o como el soplo del viento por la arena: han sido tal vez en otros, como flores de un día, como latidos del corazón, o como reflejos fugaces del sentimiento; y si no han sido todo esto, si por su elevación, patriotismo, y por su trascendencia han merecido en algunos, algo más; el periódico por su naturaleza, los ha condenado a vivir tan solo una aurora. Pero es justo declarar que eminentes personalidades peruanas de Lima y españolas de Madrid y Buenos Aires, me han alentado siempre a seguir esta mi labor patriótica, porque la han considerado como la más trascendental y beneficiosa para el acercamiento hispanoamericano.

He reunido, como en un ramo de hermosas flores variadas cuyos perfumes deliciosos saturan la atmósfera del ambiente español tanto de España como de las repúblicas de origen hispano; los artículos biográficos de algunos talentosos peruanos ilustres amigos de España   -17-   que he publicado en las columnas de El Diario Español de Buenos Aires. Coleccionados estos artículos, apelo a la condensación de los mismos, esto es, a la segunda manifestación del escritor, que es la de formar un volumen, que, aunque generalmente tiene las mismas cualidades y defectos que los artículos periodísticos, tiene este la inmensa ventaja, que vive más, porque las personas tan distinguidas que en él figuran, y el fin tan elevado a que este libro está consagrado, hace pensar que tal vez, él será leído, unos por curiosidad y otros como los hijos de los biografiados, lo leerán tal vez, mil veces, y será eternamente conservado en su biblioteca, siquiera como símbolo de nuestra nacionalidad hispana, cuya gloriosísima historia, jamás ha sido igualada por nación alguna; historia, que todos los patriotas debemos divulgar para que llegue a conocimiento de las nuevas generaciones en la América y se sepa, que nuestra querida España ha sido la más grande, la más heroica de todas las naciones, que ha sido la mártir de la historia, que, por espacio de más de siete siglos, estuvo dando su generosa sangre para salvar a la Europa de la barbarie; que ha sido la más grande, porque descubrió en el seno de los mares un mundo tan hermoso como su rica e inagotable fantasía, plantando en este nuevo mundo el árbol de la Cruz con lo que se ensanchó el mundo del Cristianismo; y que, no solamente le pertenece el honor de haber dado América al mundo, sino a heroicidad de la exploración que duró varios siglos y que ninguna otra nación ha igualado en región alguna; que ha sido la más valiente porque en la batalla de las Navas de Tolosa (en Andalucía), libró al mundo de la cimitarra de los almohades, y en Lepanto de la cimitarra de los turcos; que ha sido la más guerrera y valiente porque venció a Carlo Magno el guerrero más grande de la Edad Media, a Francisco I, el guerrero más grande del Renacimiento, y a Napoleón, el guerrero más grande de la Revolución.

Además contiene esta obra nacional España en el Perú, al elemento representativo y laborioso de la colonia española en el Perú, y un estudio que he hecho sobre las grandes razas americanas que encontraron los conquistadores españoles en el siglo XVI en el Perú, Ecuador y Colombia.

He aquí, en síntesis, lo que contiene mi obra España en el Perú, que hoy presento a mis lectores, como un homenaje mío al Perú en el día de la raza.

Y para terminar diré a los americanos parafraseando al poeta:


No quiero más gloria ni más hazaña
que una sonrisa... para mi dulce España.


Lima, 12 de octubre de 1923.                






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Augusto B. Leguía


Esta fotografía ha sido especialmente obsequiada por el señor Presidente de la República al señor Esteban M. Cáceres para esta obra España en el Perú.

 
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Cuando Dios renovó la creación rasgando el velo que ocultaba la América, la descubrió para que en su terreno virgen, en sus bosques hermosísimos y en medio de su colosal naturaleza, brotara con más fuerza que en la vieja Europa la idea de la libertad. Esta nueva creación no tenía precedentes históricos y por ello quiso Dios que la albergara en su seno la España noble y valerosa del siglo XVI. Aunque es un hecho reconocido por la historia que los piratas escandinavos habían descubierto y hecho algunas expediciones a la América mucho antes de que los españoles la descubrieran, esto es, antes del siglo X, estos piratas no hicieron sino acampar, practicar la piratería, sin construir pueblos, ni nada hicieron ni añadieron a los conocimientos del mundo para merecer el título de exploradores. El honor de dar América al mundo pertenece solo a España, y no solamente el honor del descubrimiento, sino el de la exploración que duró varios siglos y que ninguna otra nación ha igualado en región alguna. Es una historia que fascina y sin embargo los historiadores y los encargados de hacerla conocer a todo el mundo y en especial a los iberoamericanos, no lo han hecho para defender a España de los cargos injustos y gratuitos que solo la ignorancia y la malicia, puede propalar y aceptar... La conquista y la colonización del Perú, como de toda la América en siglo XVI, es sin disputa alguna el acontecimiento más extraordinario y trascendental que registra la historia. Más que a las armas y al caballo, la conquista y colonización de la América, se debió a otras manifestaciones de la inmensa superioridad moral e intelectual, como disciplina y estrategia, marchas y combates a la perseverancia y energía desplegada en el vencimiento de obstáculos inauditos y de inmensas dificultades; a la mezcla, tanto de mezquinas pasiones, como de anhelos nobilísimos y grandiosos; a la sed insaciable del oro, al lado de los más puros y nobles ideales de la gloria personal y del engrandecimiento de la patria española; a la fiebre de caballerescas aventuras embellecidas, por el misterio de lo desconocido; y a la fervorosa abnegación del caballero y del apóstol que afrontaron toda suerte de peligros con la espada y con la cruz para ensanchar el mundo del Cristianismo. A esta raza sin igual del caballero y del creyente apóstol, privilegio exclusivo del suelo hispano, pertenece nuestro biografiado que hoy tenemos el honor de presentar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, personaje peruano ilustre que heredó de sus nobles antepasados, el valor y la fe, dando pruebas de todo ello en muchas ocasiones, ya como militar en la guerra del 79, ya como presidente del Perú; es también un fervoroso creyente, condiciones ambas muy esenciales para saber y poder gobernar.

Nuestro biografiado es el excelentísimo señor presidente del Perú, don Augusto B. Leguía cuya familia es de origen vasco, y se radicó en el Perú en la segunda mitad del siglo XVIII. El fundador de esta familia en el Perú fue don Eustaquio Leguía, que vino comisionado por el rey don Carlos III para establecer en Chiclayo el estanco del tabaco,   -22-   naipes y papel sellado. Hijos de don Eustaquio fueron los patriotas don José, don Romualdo y don Santiago Leguía y Meléndez, que, como colaboradores del prócer don Pascual Saco tuvieron importante papel en la proclamación de la independencia de Lambayeque, el 27 de diciembre de 1820. Don José Leguía, hijo de don Eustaquio, tronco de esta respetable familia, contrajo matrimonio con doña Águeda Haro y Cotera, dueña de la hacienda «Cayaltí», y tuvo como hijos al doctor Germán Leguía y Haro, cuyo primogénito es el doctor Germán Leguía y Martínez, actual presidente del consejo de ministros y ministro de gobierno y policía, y a don Nicanor Leguía y Haro, que casado con doña Carmen Salcedo y Taforó, perteneciente esta dama a una de las más antiguas familias españolas y más distinguidas radicadas en el Perú, fue padre del presidente mandatario nuestro biografiado el señor don Augusto B. Leguía. Este distinguido peruano nació en Lambayeque el día 19 de febrero de 1863 en donde inició su instrucción completándola desde los trece años en Valparaíso en el colegio inglés de Goldfinch aud Blühm, hasta fines del año 1878 que regresó a Lambayeque. En febrero de 1879 llegó a Lima e ingresó a la casa comercial de los señores Enrique S. y Carlos A. Prevost... Declarada la guerra del 79 el actual presidente de la República, que apenas contaba 16 años de edad, fue uno de los primeros en alistarse en el ejército, siendo acuartelado hasta diciembre de 1880 en que se dirigiera al primer reducto de Miraflores (cerca de Lima), en donde peleó con la clase de sargento segundo a las órdenes del coronel de Guardia Nacional don Manuel Lecea acaudalado comerciante de la calle de Bodegones y jefe del batallón número 2 de la reserva. El 8 de diciembre de 1890, contraía el señor Leguía matrimonio con la señorita Julia Swayne y Mariátegui, digna nieta del ilustre prócer de la independencia nacional, señor don Francisco Javier Mariátegui. Son sus hijos los señores Augusto, José y Juan, y las señoritas Lola Virginia, Carmen Rosa y María Isabel Leguía Swayne.

Nuestro biografiado, el señor Leguía, jamás había sido político, pues dedicado al comercio estaba alejado de la vida política hasta la iniciación del período presidencial del señor Manuel Candamo, quien lo llamó para desempeñar la Cartera de Hacienda, en donde se reveló con excepcionales condiciones para el manejo de la cosa pública. Transformado en muy corto tiempo en el financista indispensable, fue llamado nuevamente como Ministro de Hacienda del primer gabinete del presidente don José Pardo gabinete cuya jefatura ejerciera brillantemente. Que fue acertada la dirección que el señor Leguía diera a las finanzas, lo comprueba el paralelo entre el presupuesto que aquel encontró y el que dejó. Las entradas de la Nación sumaban en 1903, catorce y medio millones de soles, y mediante la organización de las rentas esas entradas ascendieron en 1907 a cerca de treinta millones de soles. No se concretó el señor Leguía a la labor silenciosa del gabinete, porque personalmente se percataba de las necesidades de las oficinas fiscales, y dictaba con celeridad y eficacia las medidas que esas necesidades exigían. Llamado a las cámaras se improvisó orador, y después   -23-   de haber sostenido prolongadas y ardorosas controversias, mereció por la abundancia y fuerza de sus razones, que el ingeniero don Joaquín Capelo leader de la oposición demócrata, exclamara hidalgamente: Al fin tenemos un ministro de Hacienda.

Pocos prestigios como el del señor Leguía, se formaron en el Perú con más celeridad y consistencia; por eso fue que apenas hacía cuatro años desde que aquel ingresara en la vida política, cuando el país entero lo designaba ya como candidato único a la presidencia de la República, solio que ocupó sin opositor alguno el 24 de septiembre de 1908.

Cuatro años de luchas y amarguras sin tregua fueron aquellos en que el señor Leguía rigiera los destinos del Perú. Mas esas luchas y amarguras por equitativa compensación, coadyuvaron a revelar en nuestro biografiado, cuales eran las aptitudes y energías latentes de este insigne estadista. Si en el Ministerio de Hacienda se destacó vigorosamente como financista egregio, en el solio presidencial, reveló como muy pocos, el don de mando, el don de conducir las multitudes.

Si en el orden de la política interna, fue agitado el gobierno del señor Leguía en cuanto a las relaciones internacionales, puede decirse y asegurarse que jamás atravesó el Perú una situación más álgida. En 1908, el incidente de la corona en que hiciera culminar este mandatario la dignidad del país; la ruptura de relaciones con Chile en 1910; la repatriación de los peruanos vejados y desheredados por la chilenización en 1911. Todos los actos del gobierno del señor Leguía respondieron a una orientación fija, previsora y altiva orientación en que el actual mandatario fuera brillantemente secundado por los cancilleres Melitón F. Porras (1908-1910) y Germán Leguía y Martínez (1911-12). El señor don Augusto B. Leguía es un panamericanista convencido: siempre embarcó generosamente su ánimo, la iniciación y sostenimiento de relaciones fraternales con los demás pueblos del continente, y de modo principal con los fronterizos al Perú.

El ejército tuvo en el señor Leguía un gran propulsor de progreso y estímulo, lo mismo que la marina. No fue este mandatario como otros gobernantes que sin ningún plan general se dedican a la construcción de tramos ferrocarrileros, con el solo y único objeto de satisfacer vanidades personales e intereses de círculo, pues su política ferroviaria respondió a una idea sistemada, a un programa bien pensado, inaugurando los ferrocarriles de Ancón a Huacho y Sayán, los de Tumbes a Puerto Pizarro, de Yonán a Chilete y de Ilo a Moquegua. A su iniciativa y espíritu emprendedor hay que citar: la comunicación inalámbrica de Lima con Iquitos, el aumento de 9500 a 15000 kilómetros de red telegráfica; la creación de la Estación Sanitaria de la Isla de San Lorenzo y del Asilo de la infancia de la Magdalena; el establecimiento de la asistencia pública de Lima y del Callao; la canalización   -24-   del Rímac; el Estanco del Tabaco y los Alcoholes; la reorganización de las aduanas en las que pusiera en vigencia el arancel de derechos específicos; el embellecimiento de Lima con las estatuas de Raimondi y Candamo; la apertura del museo Raimondi; la formación del denominado Parque Zoológico; los mercados de Piura, Huacho y Arequipa; el alumbrado eléctrico de Huarás, Iquitos, Matucana, Ayacucho, Sicuani, Ica y Mollendo; el agua potable de Trujillo, Huacho, Callao, Jauja y Chincha; y la reforma de las escuelas de Artes y Oficios y de Ingenieros, escuelas a la primera de las cuales enriqueció con nuevos talleres.

Desde la aurora del 4 de julio de 1919, golpe de estado que llevó al poder al señor Leguía, muy grandes han sido los obstáculos opuestos a su gobierno; pero este caudillo, embebecida su alma noble como los antiguos hispanos en la contemplación y grandeza de su patria futura que forja sin tregua ni reposo pese a quien pesare y cueste a quien costare, famosa expresión suya que ha llevado a la práctica sin vacilaciones ni contemplaciones, ni deteniéndose siquiera a contemplar las amenazas y juramentos de los conjurados a los que a todos ha vencido con una tenacidad férrea que hace recordar a sus antepasados los hispanos del siglo XVI; pero todo ello exento de las crueldades que los enemigos políticos le achacan, ciñéndose a la ley en su aspecto más riguroso cual lo exigía su propia conservación, pues le quedó amarga experiencia del famoso 29 de mayo, que por exceso de bondad casi es víctima de la revolución encabezada por don Isaías de Piérola.

A tan excelsas cualidades de este ilustre presidente del Perú, reúne la de ser un amoroso hijo de la madre patria (España), ya que él se vanagloria de llevar en sus venas la sangre noble y valerosa de aquellos titanes hispanos que con la espada y con la cruz ensancharon el mundo del Cristianismo. Para que los lectores de El Diario Español conozcan perfectamente a este gran patriota, inserto a continuación el discurso contestación que dio al representante del rey de España en las fiestas del centenario en 1921, discurso que publicaron todos los diarios. He aquí el hermoso e hispanófilo discurso:

Excelentísimo señor embajador:

Con satisfacción singular recibo la autógrafa que lo acredita en la alta calidad de embajador extraordinario y plenipotenciario especial de S. M. el Rey de España en el primer centenario de nuestra emancipación política; así como el saludo que vuestro ya célebre monarca dirige a la capital del Perú, y el valioso presente muestra el ingenio hispano, con que ha querido distinguirme. La nobleza e hidalguía, nunca desmentidas, de la raza española, palpitan en esos tres amables rasgos de su antigua deferencia por el Perú. La madre patria, la patria común de estos pueblos, que ella, como bien habéis dicho, descubrió y conquistó con su legendario esfuerzo, y exaltó a la cristiandad y a la civilización,   -25-   viene en la persona de su escogido representante a solidarizarse con nuestro regocijo. Si las necesidades sociológicas del crecimiento del gobierno propio, trajeron querella deplorable entre esa madre y sus hijos, jamás pudieron extinguir ni extinguieron en estos la gratitud y el amor que arde en nuestra alma para con la nación excelsa que no vio ponerse el sol en sus inmensos dominios. Irreductibles son, como habéis manifestado, los vínculos que nos unen; somos sangre de vuestra sangre, vuestros hijos un día predilectos; prueba viva de vuestra gigantesca expansión en el espacio, concreción pasmosa de vuestras glorias en tiempo.

¿Cómo habríais de haber faltado, en esta oportunidad tan solemne como grata para el Perú, vosotros, nuestros tutores de ayer, nuestros hermanos mayores de hoy, nuestros amigos de siempre? Fiesta deslucida hubiera sido ésta que se avecina ya, sin vuestra presencia; fiesta que, si es peruana, es española también; ya que, las glorias de los hijos refluyen sobre la madre; ya porque esta última, en sus pasajeras desazones con aquellos, puso siempre el sello inconfundible de su grandeza, su heroicidad y su civismo. Abrazo inmenso y afectuoso es este que, a vuestro arribo, os dan todos los hijos del Perú. Esta morada es vuestra. Tornáis a la casa solariega propia, vieja y conocida. Estad seguro de que en ella podéis hallaros como en la patria misma. Los peruanos somos españoles por la sangre, por la tradición, por la fe, por la lengua, por todo cuanto sirve de timbre y distintivo a una raza. Sentaos, pues a nuestro hogar; sois sus huéspedes predilectos. Laborad aquí por el afianzamiento de los vínculos que nos confunden en una inmensa nacionalidad, aunque distribuida en diversas reparticiones políticas; labor en que os secundaremos entusiastamente, forticando nuestra unión con los lazos de la intelectualidad, la convivencia económica y el desarrollo comercial. Transmitid la expresión de estos sentimientos del pueblo y el gobierno peruanos, a la vez que mi reconocimiento personal al hombre clarividente y generoso, magnánimo y noble que entre las llamaradas del general incendio, salvó a su pueblo de los horrores de la guerra, ahorrándole sacrificios y lágrimas; transmitidle asimismo, los votos que aquí todos formulamos por la grandeza y prosperidad de la nación española y por la felicidad de su soberano; y vos señor embajador, recibid las seguridades del contento con que os reconozco en vuestra calidad de digno personero de la madre España en el Perú.



He aquí diseñada a grandes rasgos la sugerente figura de este ilustre mandatar o en el Perú, que está llamado en los futuros tiempos a aumentar la gran constelación de los gobernantes patriotas, constelación que ha de ser el faro de las generaciones futuras que han de ver en él, al gran patricio de carácter férreo en la reivindicación de Tacna y Arica, ejemplo que todos los peruanos deben imitar, sirviendo este ejemplo de estímulo para la prosecución constante de la defensa de la integridad peruana.

Y cuando en las épocas futuras se busquen modelos de presidentes batalladores y patriotas que se lanzaron a mantener muy alto el honor   -26-   nacional, llevados tan solo del amor a su patria, venciendo las resistencias y dificultades que le sembraban en el camino los enemigos políticos cual a los titanes hispanos del siglo XVI y cuando la posteridad llegue a decir algo del carácter férreo, tenacidad y constancia de nuestro biográfico, entonces se verá en el señor don Augusto B. Leguía, la noble personalidad del caballero y del presidente de la república, gran luchador de voluntad indomable, que honra hoy las columnas de El Diario Español y a la vez al esforzado defensor de la madre patria, pues él se llama con orgullo español, por la sangre, por el idioma y por la fe.



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Isaac Alzamora

Así como en el divino arte de la música, cuando se sabe que se va a oír obras del inmortal Beethoven se estremece uno de placer porque los ultranerviosos sentimos las sacudidas de la tempestad, bastante antes de que el trueno retumbe en el espacio y de que el rayo rasgue las nubes flagelándolas violentamente; así mismo sucede cuando el biógrafo, por casualidad, encuentra reunidas en una misma persona el talento múltiple en grado máximo como sucede con nuestro biografiado el doctor Isaac Alzamora.

Todos los hombres de talento, tanto en el Perú como fuera de él, han agotado los epítetos laudatorios del diccionario en honor de este coloso en el «foro», en la «cátedra» y en el «Parlamento». No hay adjetivos ni ditirambos que se haya dejado de usar en su alabanza.

En la oratoria, en esos discursos famosos que electrizó a las muchedumbres y que desde el principio del mundo, estos discursos fueron   -28-   las primeras canciones; en el doctor Isaac Alzamora, ellos adquirieron la importancia de lo que en música llamamos sinfonía, que es esta una especie de poema épico musical y es de todas las composiciones instrumentales, la más noble, la más bella y por consiguiente la más difícil de tratar. En sus discursos, con ese talento múltiple con que fue dotado por la Naturaleza, el doctor Alzamora, podía abandonarse a los caprichos de su imaginación, describir los elementos, y prestar a su alma un lenguaje abstracto e impersonal. Por eso es que en su vida pública arrebataba unas veces con su oratoria, y otras veces embelesaba con las formas caprichosas del lenguaje que empleaba; vertiginosas a ratos, con frecuencia de anhelosa expectación.

El germen divino de la inspiración y el gran talento, lo reveló Isaac Alzamora desde que fue alumno de la Universidad, talento nada común y muy superior a sus años, al extremo de haber podido formar un pequeño curso de derecho civil sobre las explicaciones de Pedro Gálvez, eminente profesor en esa materia, que llegó a ocupar el decanato de la Facultad de Jurisprudencia, que fue presidente del Consejo de Ministros, que fue ministro plenipotenciario del Perú en Francia y que fue uno de los miembros de la comisión que hizo el actual, Código civil.

Con la gran reputación adquirida como alumno de la Universidad y con la circunstancia de haberse recibido de abogado a los veintiún años de edad, entró Alzamora como opositor al concurso para la cátedra de Filosofía. Sus pruebas fueron brillantísimas y naturalmente resultó aprobado por unanimidad de votos pero como habían también otros aprobados, la cátedra no le fue dada a él, en cambio se le ofreció la cátedra de Religión en la Facultad de Filosofía y Letras, ofrecimiento que Alzamora se negó a admitir.

Después fue secretario de la Legación del Perú en Chile; y al regresar al Perú, a consecuencia del nuevo plan de estudios en la Facultad de Letras, fue nombrado catedrático de Psicología y Lógica, cátedra que desempeñó desde 1875 hasta 1881. Esta enseñanza por su profundidad y por la sugestión sobre los alumnos, ha dejado honda huella en los claustros universitarios.

Al fundarse la Facultad de Ciencias Políticas en 1875, fue catedrático adjunto del curso de economía política y finanzas; y en 1877, fue nombrado profesor principal de dicha materia, que desempeñó hasta 1883 de suerte que Isaac Alzamora fue al mismo tiempo que profesor de Filosofía, profesor de Ciencia Económica, llamando también intensamente la atención del público universitario y del país por sus conocimientos de esa ciencia.

Llegó a ser decano de la Facultad de Ciencias Políticas y decano de a Facultad de Letras, pero se separó primero de la enseñanza y después de la dirección universitaria porque su tiempo le fue absorbido por la defensa de grandes pleitos y por su alta posición política.

En la defensa de pleitos estuvo en la primera línea por su probidad, por el concepto de su deber profesional, por su diligencia, por su conocimiento de las leyes escritas, por su conocimiento de la ciencia   -29-   jurídica, por su talento extraordinario y por la elocuencia que tuvieron sus oraciones forenses, modelos de claridad y de sugestión sobre los oyentes y sobre los jueces.

Esta vida profesional de Isaac Alzamora desarrollose hondamente desde su época de recepción de abogado hasta 1899 en que fue electo y llegó a ser primer vicepresidente de la República.

La gran posición política de la primera vicepresidencia de la República, ocupola Isaac Alzamora después de ser diputado, ministro de Relaciones Exteriores, miembro de la comisión consultiva de este mismo ramo, miembro de la Junta Directiva del Partido Civil y de haber esparcido por todos los ámbitos del país sus luminosas ideas de bien público y de haber dado la prueba tangible en su acción política de la rectitud y de la energía de su espíritu.

En la Cámara de diputados fue uno de los hombres políticos que supo afrontar las situaciones más difíciles en defensa de sus convicciones y de los intereses legítimos del Partido Civil. Así en la legislatura de 1890 arremetió vigorosamente en contra del presidente de la Cámara de diputados que logró, no obstante la actitud de Isaac Alzamora, hacer una mayoría que arrebató la presidencia de la República a Francisco Rosas, elegido por el país; y así se le vio también en el seno de las comisiones y en el seno del Congreso insistir vigorosamente en la forma de solucionar grandes asuntos diplomáticos del Perú. Los discursos parlamentarios de Alzamora en este orden, están en la primera línea de todos los discursos que en cualquier tiempo se hayan pronunciado en la tribuna del Parlamento del Perú. A consecuencia de la elevación al cargo de Presidente de la República del grande e inolvidable estadista Manuel Candamo, presidente del Partido Civil sucediole Alzamora en la dirección de este histórico partido, dirección que fue el origen de su retiro de la vida política.

En efecto, Alzamora encontrábase de jefe del partido civil cuando improvistamente murió Candamo y surgió la candidatura de José Pardo, presidente del Consejo de ministros de Candamo. Esta circunstancia dividió al Partido Civil; y entonces Isaac Alzamora renunció la presidencia del partido y se retiró a la vida privada, de la que no ha querido salir, a pesar de las solicitaciones de sus innumerables y constantes amigos.

Isaac Alzamora, desde esa época, o sea, desde 1904, se ha alejado de la vida activa de la política, cuando estaba en la plenitud de sus fuerzas mentales y de su energía y carácter para haber dirigido al Gobierno del Perú. Poco después de esa época, Alzamora se fue a Nueva York y allí ha permanecido sin más intermitencia que su viaje a Londres para desempeñar la Legación del Perú en Inglaterra, cuando en 1918 hubo de creerse indispensable que ahí prestara sus servicios, servicios que no rehusó prestar aunque le importaban grandes sacrificios personales.

Esta personalidad en todos los tiempos ha de ser considerada en la primera línea de las personalidades históricas del Perú; y no solo en el Perú, sino en cualquier país del mundo, su gran talento, su gran   -30-   carácter, su probidad, su elocuencia, la definición de sus ideas y la simpatía que sabe inspirar, le habrían dado un lugar eminente entre los espíritus más excelsos.

Tal es la noble personalidad del doctor Isaac Alzamora que hoy tenemos el honor de presentar en esta «Galería de honor» a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires. El doctor Alzamora nació en Lima el 3 de junio de 1850, hijo del doctor José María Alzamora y de la respetable señora Josefa Mayo. Su ilustre progenitor, el fundador de la familia Alzamora en el Perú, fue el bizarro capitán de ejército español, don José Alzamora y Ursino que fue dueño de la Hacienda «San Juan» en el camino de Chorrillos a Lurín; este valeroso soldado fue bisabuelo de nuestro biografiado, padre del talentoso doctor Blas José Alzamora. El doctor Alzamora es miembro correspondiente de la Real Academia de Legislación y de Jurisprudencia de Madrid.

He aquí diseñada a grandes rasgos la importantísima personalidad de este distinguido peruano, honra y prez de la patria peruana, que, cual estrella refulgente de primera magnitud, ha de ser siempre el faro de las generaciones por venir que miraran en él un ejemplo constante que imitar y un estímulo más para la prosecución de aquellos que se dedican la noble carrera del Foro, que es la del derecho de la Humanidad, y cuya estela luminosa irradiará siempre resplandeciente en la jurisprudencia peruana.



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Lizardo Alzamora

Hoy honramos las columnas de El Diario Español de Buenos Aires presentando a nuestros lectores a una de las figuras de más relieve en la vida republicana del Perú. Lizardo Alzamora es por su estirpe de las clases que han alimentado y enaltecido el Foro del Perú. En efecto, es nieto de Blas José Alzamora, fiscal de la Corte Suprema del Perú en 1874, y es hermano de Isaac Alzamora que ya hemos presentado en esta «Galería de honor», y de Román Alzamora, muerto en plena juventud en 1883, cuando era decano de la Facultad de Jurisprudencia y Catedrático en ella de los cursos de Historia de Derecho Peruano y de Derecho Romano y de ambos cursos, también llegó a ser profesor Lizardo Alzamora, cuando solo tenía 25 años de edad. Además, nuestro biografiado enseñó en la Facultad de Jurisprudencia el curso de Derecho Civil.

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Esta enseñanza de las ciencias jurídicas la ejercitó Lizardo Alzamora desde 1883 hasta 1910, o sea por 27 años, y es en este tiempo, por sus altas condiciones de maestro que llegó a integrar en su patrimonio social la simpatía y el agradecimiento de la juventud.

Lizardo Alzamora fue profesor titular después de rendir grandes pruebas en el concurso para proveer la cátedra de Derecho Romano; e inmediatamente sus colegas de la Facultad de Jurisprudencia, le eligieron subdecano primero y después decano, importantísimo cargo para el que fue varias veces reelecto.

También ha sido rector de la Universidad de San Marcos, y en estas funciones, ha dejado hondas huellas de su espíritu reformador, abierto a todos los progresos, y apto a realizarlos, merced a su temperamento donde hay la bella alianza de la energía y de la templanza, de la acción y del pensamiento. Nuestro biografiado renunció su cátedra y se apartó de la dirección de la Universidad para concretarse exclusivamente a las labores judiciales en la Corte Suprema de Justicia, institución a la que pertenece desde 1911, sin que su elección hubiera tenido opositores, pues el Parlamento no presentó ningún candidato en oposición a él.

Su reputación de hombre justo y de hombre de ciencia se ha acrecentado en el ejercicio, durante once años de sus funciones de vocal de la Corte Suprema de Justicia, a cuya cabeza se encuentra hoy, pues fue electo presidente de dicho alto cuerpo en 1912 y acaba de ser reelecto para el desempeño del mismo cargo para este año de 1923. Ha contribuido eficazmente en sus fallos como vocal de la Corte Suprema a la aplicación elevada y justa de las leyes sobre responsabilidad de los empresarios por los accidentes del trabajo.

Lizardo Alzamora ha sido ministro de Justicia, Instrucción y Culto en 1901, presidente de la Junta Departamental de Lima en 1894, 95 y 96; primer vicedirector de la Sociedad de Beneficencia Pública en 1911 y 1912; miembro del Concejo Provincial de Lima desde 1886 hasta 1890; y secretario de primera clase de la Legación del Perú en Italia en 1892. Agrégase a estos servicios, que ha sido ministro plenipotenciario y enviado extraordinario del Perú en Holanda y que por donde quiera que pase, ya en las funciones públicas, ya en la vida social le rodea un ambiente de simpatía y de respeto.

Por eso es que frecuentemente su nombre ha figurado en la primera línea de quienes pueden ser presidente de la república; por eso que en 1890, fue presidente de la juventud civilista, organizada para combatir la candidatura oficial de Morales Bermúdez; y por ello es que los partidos de oposición en 1912, lo lanzaron de candidato a la primera vicepresidencia de la República. Entonces se vio el espectáculo de que en forma espontánea, sin insinuaciones de parte de Alzamora, fue su nombre el eje de una gran batalla nacional y parlamentaria, pues obtuvo espontáneamente, volvemos a decirlo, la mitad menos uno de los votos del Parlamento para la primera vicepresidencia de la República. Si él hubiese insinuado seguramente habría sido electo y habría llegado   -33-   a ser jefe del Estado, eliminando las acerbas luchas que se desarrollaron en el país en 1914.

Por último y expresamente para lo último hemos dejado el decir, que una de las pruebas de la actividad del carácter y de la generosidad de corazón de Lizardo Alzamora, encuéntrase en el hecho de que fue por muchísimos años, cumplido y entusiasta comandante de una compañía de bomberos.

He aquí la ilustre personalidad de nuestro biografiado el doctor Lizardo Alzamora, verdadero iberoamericano, pues desciende de aquellos capitanes hispanos que con su inimitable valor descubrieron y conquistaron un mundo. Nació en Tarma el 11 de setiembre de 1858, hijo de don José María Alzamora y de doña Josefa Mayo. Hizo sus estudios en el colegio nacional de Guadalupe y en la Universidad de Lima. Fue uno de los alumnos más sobresalientes de San Carlos, obteniendo un año la contenta en suerte con el doctor Eleodoro Romero, su condiscípulo. Se recibió de abogado en 1883, el 28 de noviembre, y fue el primer abogado que rindió examen y obtuvo título después de la desocupación de Lima por los chilenos. Es sobreviviente de la batalla de Miraflores a la que concurrió con el grado de sargento mayor, secretario del coronel Juan Martín Echenique que comandaba el ejército de reserva.

Su ilustre progenitor, el fundador de la familia Alzamora en el Perú, fue el bizarro capitán del ejército español don José Alzamora y Ursino, que fue dueño de la hacienda San Juan en el camino de Chorrillos a Lurín, y padre del talentoso doctor Blas José Alzamora, una de las lumbreras más poderosas del foro peruano, abuelo este de nuestro biografiado doctor Lizardo Alzamora, que honra hoy las páginas de El Diario Español de Buenos Aires.



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Carlos A. Bambarén

Persistiendo siempre en nuestro ideal por la conquista del pensamiento de los iberoamericanos hasta conseguir el acercamiento espiritual de los mismos con nuestra querida España, hoy presentamos a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, a uno de los jóvenes médicos peruanos de más talento, y de gran amor hacia la madre patria, demostrándolo en miles de oportunidades. Este distinguido intelectual que es gloria y prez de la patria peruana, es un paladín defensor de nuestros derechos; él, es, el doctor don Carlos A. Bambarén.

Entre la pléyade de jóvenes médicos que integran la intelectualidad moderna y progresista del Perú, se destaca vigorosamente la figura de este médico peruano. Su reciedumbre de carácter y acendrado amor a la ciencia, de que fueron lumbreras en este país, entre otros, los Unánue y los Odriozola, queda patentizada en su carrera, corta aun pero rica de jugosos frutos de madurez espléndida, que lo hacen una relevante personalidad como médico y como catedrático.

Muy joven todavía, pues, solo cuenta 30 años, y después de brillantes estudios, se recibe de médico y cirujano en 1918; y al año siguiente de 1919, se doctora en medicina. Sus tesis fueron los siguientes trabajos, que merecieron justos y favorables comentarios dentro y fuera del Perú, y se reprodujeron en publicaciones médicas de París, Madrid, Barcelona, New York, Buenos Aires, Habana y otros más.

«Etiología de la parálisis general y su tratamiento específico» e   -35-   «Ideas actuales sobre Etiopatogenia y tratamiento de las llamadas epilepsias esenciales». Por esa misma fecha obtiene en concurso, el puesto de jefe de Clínica de la cátedra de Clínica Médica que regentaba el sabio maestro doctor Ernesto Odriozola en la Facultad de Medicina. Poco después, fue encargado internamente de la regencia de la cátedra de Medicina Legal, donde se dio oportunidad para que resaltasen palpablemente las dotes científicas del doctor Bambarén, explicando desde su cátedra las más modernas lecciones sobre el curso señalado, que cimentan su fama como excelente maestro.

Pero siempre incesante en su ardua labor intelectual, cercenando al descanso las horas que le dejan libres sus tareas profesionales, se doctora en la Facultad de Ciencias, y es nombrado profesor de Biología General, inaugurando la enseñanza de esta materia en la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, es decir, en la más vieja Universidad de toda la América. Nuestro biografiado ha tenido también a su cargo el curso de Higiene en la Facultad de Medicina, donde desarrolló un programa novedoso, dictando por primera vez los temas de eugenesia integral e higiene mental.

El doctor Carlos A. Bambarén, ejerce actualmente las siguientes representaciones y cargos que acreditan, una vez más, la importancia de sus merecimientos.

Miembro titular y secretario de la Academia Nacional de Medicina; miembro de número de la «Asociación Peruana» para el progreso de la Ciencia; miembro del comité de redacción del Tratado Ibero-Americano de Medicina Interna, que dirige el profesor Fidel Fernández Martínez, de Granada; socio activo de la Sociedad Geográfica de Lima; bibliotecario vitalicio de la Sociedad Médica «Unión Fernandina»; médico asistente del hospital «Dos de Mayo», el primero de índole beneficiaria en Lima; secretario del comité peruano del «Sexto Congreso Médico Latino-Americano»; secretario organizador del «Comité peruano del Primer Congreso español de reorganización sanitaria»; redactor jefe de la Crónica Médica publicación médica, que hace 39 años aparece en el Perú y capitán de sanidad militar.

Como muestra de la enorme labor periodística de divulgación científica del doctor Bambarén, damos una relación de las revistas médicas extranjeras en que ha colaborado hasta la fecha, además de haberlo hecho en todas las de igual índole en este país: (en España) El Siglo Médico, Higia, La Medicina Ibera, Los Progresos de la Clínica, de Madrid; La Gaceta Médica Catalana de Barcelona; La Gaceta Médica del Sur, de Granada; La Especialidad práctica, La Clínica Moderna, de Zaragoza. En la Argentina: Archivos de Criminología, Psiquiatría y Medicina Legal, y La Semana Médica de Buenos Aires; En Cuba: La Crónica Médico-Quirúrgica, y Vida Nueva de la Habana.

Empero donde más resalta su entusiasmo científico internacional es en la intensiva campaña que ha llevado a cabo en el Perú para dar a conocer de preferencia, la importancia de la Medicina española, reproduciendo o extractando artículos de los siguientes médicos y sabios de España:

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Santiago Ramón y Cajal, Sebastián Recassens, Gregorio Marañón, Gustavo Pittaluga, R. Lafora, Enrique Fernández Sanz, César Juarros, Luis Urrutia, Santiago Carro, J. Goyanes, L. Moya, J. Blanc y Fortacin, Manuel Márquez, J. Menacho, y con la mayoría de ellos sostiene activa correspondencia epistolar sobre cuestiones científicas. Es profundo su conocimiento de la bibliografía médica española que cita abundantemente en sus disertaciones docentes y trabajos científicos. La madre patria le debe mucho, en este sentido, a este joven médico, que no hace por otra parte sino tributar un homenaje merecido a la sabia España, tan desconocida por muchas de sus hijas emancipadas a causa de la falta de propaganda para la divulgación de su ciencia.

En la Gaceta de Cataluña hemos leído la transcripción de algunos de los párrafos de un importante artículo del doctor Bambarén, publicado en un gran rotativo limeño; párrafo de los cuales en corroboración de lo dicho, copiamos lo que signe:

Las escasas noticias que llegan de España y la desentendencia con que las oficinas de información mundial comunican los hechos científicos, son las razones para que se ignore aquí un acontecimiento trascendental que ha tenido por escenario una ciudad de España, por actor al bacteriólogo más eminente de estos tiempos: Jaime Ferrán de Barcelona.



He aquí, pues, diseñada a grandes rasgos la sugerente figura de este joven médico peruano, llamado a aumentar en los futuros tiempos esa constelación de cultores de la ciencia médica en este país; constelación que ha de ser el faro de las generaciones por venir, que mirarán en ellos un ejemplo que imitar y un estímulo más para la prosecución de las investigaciones de esa ciencia, que es la constante defensora de la salud de la humanidad.

Y así cuando en las épocas pretéritas de mañana, que son las actuales de hoy, se busquen modelos de batalladores que se lanzaron al esfuerzo de la especulación científica, llevados por ese su solo amor a la ciencia, venciendo resistencias y dificultades del medio, cual los titanes hispanos del siglo XVI; cuando la posteridad llegue a decir algo del carácter y constancia de este joven médico; entonces se verá en Bambarén la doble personalidad del investigador científico y la del luchador de voluntad indomable para alcanzar la meta por entre rachas de adversidad que le cerraban el paso.



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Anselmo V. Barreto

Persistiendo siempre en nuestro ideal patriótico en pro de la conquista espiritual de nuestros hermanos de siempre, los iberoamericanos, buscándolos en este continente con el corazón rebosando de amor y con la rama de oliva de la paz, para estrechar con ellos nuestro espíritu, y dar así vida a la savia del árbol de nuestra antigua nacionalidad española; hoy presentamos en esta «galería de honor» a uno de los más talentosos, peruanos, a una de las figuras representativas de más relieve en la vida republicana del Perú. Y no se crea que nuestro ideal sea un lirismo patriótico, o que esto obedezca a algún fin utilitario o comercial, no, porque el espíritu de las naciones como el de los individuos, tiene sed insaciable de verdad y de justicia, y, cuando no hay medios de apagar esa sed, el espíritu, como el árbol, como la flor, desfallecen y mueren si les falta el rocío. Este es el fin patriótico que yo me he propuesto al crear esta «Galería de honor»; hacer revivir tanto en el pueblo español como en los iberoamericanos su tradicional cariño y hacer que en estos se inflame la sangre noble y valerosa que circula por sus venas de aquellos sus progenitores los hombres más grandes y más valientes, los españoles del siglo XVI.

Nuestro biografiado es el doctor Anselmo V. Barreto, hijo del doctor Anselmo M. Barreto, y de doña Rosario León de Barreto, nació en Lima el 17 de octubre de 1865.

Después de notables estudios universitarios coronados con una sabia monografía sobre el régimen legal de la mujer en el Perú, entró el doctor Anselmo V. Barreto, en 1888 al ejercicio de la abogacía, la que abandonó rápidamente para dar pábulo a sus hondas inclinaciones por la magistratura judicial, iniciándose en el cargo de juez interino de Lima, siendo después agente fiscal en el Callao, vocal de la Corte Superior, y vocal de la Corte Suprema de la República, cargo para el que fue electo por el Parlamento en el año 1909. A los 21 años de su recepción profesional llegaba, pues, el doctor Barreto a las eminentes funciones de la vocalía en la Corte Suprema, y llegaba con dos circunstancias: primera, en plena juventud, pues en realidad es uno de los abogados que ha obtenido joven aun ese alto cargo; y segunda, con el aplauso general expresado en la importantísima elección con que lo favoreció el Parlamento y en las manifestaciones de simpatía que a esa elección acompañaron.

Agreguemos, que su candidatura a la Corte Suprema estuvo en el ambiente, desde que fue elegido por el Paramento Fiscal interino de la Corte Suprema, derrotando en esta elección al candidato oficial del   -38-   gobierno. Como en el tiempo en que desempeñó interinamente la fiscalía dio grandes pruebas de su competencia jurídica y como además había sido decano del Colegio de abogados de Lima, estaba llamado por la opinión pública a ser vocal de la Corte Suprema de Justicia del Perú.

En este cargo, el transcurso de 12 años, ha confirmado su gran reputación de sabiduría y de rectitud; y durante los años de 1918 y 1919 supo introducir notables reformas en el funcionamiento de los Tribunales, aprovechando de la acción que le daba el hecho de ser presidente de dicha corte.

Siendo presidente de la Corte Suprema, fue nombrado miembro de la delegación peruana en la Sociedad de las Naciones y ministro plenipotenciario y enviado extraordinario del Perú ante el rey de España. En estas altas funciones sirvió con dignidad, con talento y con patriotismo al país, habiéndose deplorado su dimisión que realizó para volver a su cargo judicial.

Su nombramiento en el servicio diplomático, fue recibido con el aplauso público pues el país sabía la preparación del doctor Barreto para estas delicadas funciones, porque lo había visto actuar como miembro de la comisión panamericana en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

A todos los anteriores datos biográficos es ineludible unir, dos hechos importantes: primero, el doctor Anselmo V. Barreto, en plena juventud fue ministro de Justicia, Instrucción, Culto y Beneficencia y segundo, ha sido miembro de la comisión que redactó el Código de Procedimientos Civiles.

La vasta experiencia del doctor Barreto y la circunstancia de estar aun en la plenitud de sus fuerzas, lo constituyen en factor de primer orden para el progreso del Perú.

He aquí diseñada a grandes rasgos la importante personalidad del doctor Anselmo V. Barreto, cuya probidad, talento y rectitud de conciencia, han de servir de faro y de estímulo, pues todos ven en tan esclarecido peruano, una gloria nacional, un digno descendiente de la madre patria, España.



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José María Barreto

Hoy tenemos el honor de presentar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires a uno de los iberoamericanos más fervoroso defensor de la madre patria el señor José María Barreto, que siempre ha trabajado por el acercamiento peruano-español, trabajo patriótico este, que le valió que el rey don Alfonso, el Gobierno y las principales instituciones de España le concedieran títulos honoríficos.

Por su labor de acercamiento continental mereció ser condecorado por los gobiernos de Venezuela y de Cuba, con el busto del Libertador y con la Encomienda de la Cruz Roja respectivamente.

Por sus trabajos históricos y literarios ha alcanzado las distinciones de ser nombrado miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia y de la Real Sociedad Geográfica de Madrid.

Pertenece a la Academia de la Historia de Colombia, al Instituto Histórico Geográfico del Brasil; a la Sociedad Geográfica y al Círculo   -40-   de Bellas Artes de Bolivia; a la Asociación del Derecho Internacional de Washington; al Ateneo del Salvador; a la Academia Latina y a la Sociedad de Historia Internacional de Francia; a la Real Academia de Artes y Letras de Cádiz y a la Unión Ibero-Americana de Madrid.

Es socio honorario de la Cruz Roja Española la que le ha concedido su medalla de oro, y posee también la medalla de la «Renaissance Nationale» de Francia.

Es miembro del Instituto histórico del Perú y del Ateneo y Sociedad Geográfica de Lima. Ha formado parte del Comité directivo de la Asociación Nacional Pro-Marina.

En 1915 fue nombrado delegado del Gobierno de Venezuela y de la Real Sociedad Geográfica de Madrid al XIX Congreso de Americanistas que se reunió en Washington y que debía reunirse también en Bolivia.

Actualmente es secretario de primera clase de la Legación de Perú en Francia.

Nuestro biografiado nació en Tacna el 16 de noviembre de 1875.

He aquí a grandes rasgos la distinguida personalidad de este ilustre peruano gran defensor de los derechos de la madre patria, como que por sus venas corre a torrentes la noble sangre española.



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Neptalí Benvenutto

Con verdadera fruición hemos leído la obra Parlamentarios del Perú contemporáneo, que de un modo causal ha llegado a nuestras manos. Su autor es el joven Neptalí Benvenutto, prestigioso periodista y escritor atildado y fino. Pero nos hemos preguntado, ya que hemos observado al joven Benvenutto ¿quién es este distinguido escritor? Este talentoso escritor desciende por la línea materna del señor Joaquín Pichert que fue capitán de las Reales guardias españolas, y por lo tanto de la nobleza ibérica.

Aunque por la línea paterna es de origen itálico, el joven Benvenutto es un verdadero iberoamericano, uno de los más entusiastas defensores de la madre España.

Con este título, es que hoy tenemos el honor de presentarlo a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires.

La obra del señor Benvenutto que comentamos, está escrita en estilo familiar y sencillo y para que nuestros lectores se den cuenta cabal,   -42-   vamos a extractar una de sus hermosas páginas. Esta página corresponde a uno de los hombres a quien yo más quiero, a quien yo más admiro en este mundo, a mi amigo el doctor José Matías Manzanilla, por la alteza de su talento que nadie puede medir como aquellos que lo hemos conocido de cerca; por la riqueza y variedad de sus ideas en las cuales he aprendido tanto; por su tempestuosa elocuencia en que se oyen todas las gigantescas aspiraciones de nuestro siglo, considerado como el mejor orador parlamentario del Perú; y por el recuerdo de tantas pruebas de cariño y deferencia a mi persona. El doctor Manzanilla pertenece como todos los grandes hombres a una ciudad pequeña; él nació en una ciudad pequeña del Perú, Ica, cerca de Lima; y recordando la historia, vemos que 72 ciudades diversas dieron 72 filósofos griegos que fueron los fundadores del pensamiento humano; que la dialéctica nació en Megara, que la metafísica nació en Elea, la gran ciencia platónica no la podríamos separar del Iliso, del Pireo, del Hibla y del Himeto, de aquellas cimas que miraba Sócrates en su agonía, doradas por el sol inspirador de la Ática como su alma por la esperanza de la inmortalidad; así la pequeña ciudad de Ica ha producido en la mayoría de sus hijos, el gran talento y la elocuencia como en las antiguas ciudades griegas.

Dice Benvenutto en esta hermosa página:

Nosotros los más modestos, los últimos soldados de esta brillante legión de escritores peruanos, invocamos la benevolencia del maestro ilustre. Él, que lleva siempre su espíritu superior enmarcado en su fino, clásico y exquisito don de gentes, sabrá dispensarnos, ya que su corazón vive abierto para el obrero del músculo y para el obrero del pensamiento.

Los hechos y los triunfos políticos, parlamentarios y docentes de Manzanilla, no son para tratarse, por su vastedad e importancia, dentro de las estrechas páginas de nuestra galería, sino para llenar con vivos colores una obra toda de historia parlamentaria de la República.

Es en el campo universitario, donde se preparó la figuración política de Manzanilla y de casi toda la pléyade de parlamentarios y políticos que llenan las páginas de nuestra galería: Existía en la universidad desde el tiempo del coloniaje, una institución estudiantil llamada el Convictorio Carolino, formada por los alumnos de todas las facultades universitarias que se reunían con cierta eventualidad en el General de San Carlos a deliberar sobre temas de política nacional interna y externa. Manzanilla descolló cuando fue alumno de la Universidad en el histórico Convictorio Carolino donde se discutía con la lucidez de un verdadero parlamento los temas de Estados, al mismo tiempo que se ejercitaban en el tiro de guerra.



Más adelante dice Benvenutto:

Manzanilla en el gobierno de Candamo en 1904, se le encomendó la formación de lo que podemos llamar un código de leyes obreras, sosteniendo los postulados avanzados de la nueva escuela socialista en oposición a la clásica que niega el riesgo profesional. Manzanilla volvió al parlamento como diputado por Lima iniciado el gobierno de don José Pardo; y de facto se hace el primer leader parlamentario de la mayoría gubernista de aquella época, que   -43-   sostenía batallas verdaderamente campales de elocuencia y de predominio político, con la briosa minoría demócrata de que fueron jefes los doctores Sousa y Gazzani. Manzanilla vuelv