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  José Matías Manzanilla

La personalidad del doctor José Matías Manzanilla que
hoy tenemos el honor de presentar a nuestros lectores en esta
«Galería de personajes ilustres peruanos amigos de
España», es sin disputa uno de los más brillantes oradores
parlamentarios contemporáneos, no solo del Perú sino de cualquier
parte del mundo calificado en justicia como uno de los primeros oradores de la
América, por la sublimidad de su talento, por la riqueza y variedad de
sus ideas y por su tempestuosa elocuencia. Aquellos que como nosotros hemos
tenido la dicha de ser amigo y haberlo tratado de cerca, sabemos cuánto
vale este gran hombre y cuánto se aprende estando
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a su
lado. Toda su elocuencia, todo su caudal de conocimientos expone con suma
sencillez y no hay que preguntarle como al poeta por qué canta;
él mismo no lo sabe; sería lo mismo que preguntar al arroyo por
qué murmura y al ruiseñor por qué en el callar de la noche
interrumpe el silencio de la naturaleza con su dulce y hermoso canto. El doctor
Manzanilla resplandece por su sencilla espontaneidad. En las ciencias se
necesita de reflexión profunda, pero en la oratoria se necesita
inspiración y por ello sus obras son creaciones de su espíritu.
Es lo mismo que si le preguntamos a un poeta la causa que le mueve a cantar y
al filósofo a producir bellas ideas, dirán que lo ignoran.
Así es el espíritu de este orador profundo que imagina, y da
forma sensible a sus grandes ideales.
Por eso los filósofos alemanes han pretendido siempre que la
estética ha de unir sintéticamente todos los sistemas
filosóficos.
La personalidad del doctor José Matías Manzanilla es
múltiple, es abogado, catedrático, político, publicista,
diplomático y orador parlamentario; tan eminente ciudadano es un gran
amigo de España. Allá en época no lejana cuando
visitó el viejo mundo le preguntaron los parlamentarios peruanos
qué partes del mundo visitaría, a los que contestó:
«Lo primero y principal será mi visita a España, la Madre
Patria, la patria de mis mayores, la tierra de mis ensueños, esa tierra
mil veces bendita porque ha producido el perfecto caballero noble y valeroso; y
después de haber vivido en su regazo algún tiempo, después
de haber gozado en el trato íntimo con esa raza de legendarios hispanos
que es la nuestra... pasaré a visitar París. Conocido esto, me
vuelvo al Perú, satisfecho va mi espíritu. Solo eso me llama ir
al viejo mundo».
Bendito sea todo aquel que como el doctor Manzanilla se expresa de
España en esta forma.
Este modo de pensar de este gran peruano, grande en todos conceptos
ha comprometido la gratitud de todos los españoles que deben ver en
él a un gran defensor de España, a un digno descendiente de
nuestra querida patria.
Este ilustre varón nació en Ica, cerca de Lima.
Recibido de abogado muy joven se consagró, a defender pleitos,
formándose en poco tiempo una posición envidiable, siguiendo la
dirección profesional de lo doctores Isaac y Lizardo Alzamora. Es
reputado como uno de los primeros y goza de gran prestigio de toda la
República; ha defendida causas valiosísimas y
ruidosísimas, algunas de las cuales llamaron la atención de la
prensa extranjera, por su intensidad o por la importancia de los intereses que
representaban, o de las teorías jurídicas que en ella se
sostuvieron. En la Universidad, es un catedrático que ha sabido
conquistarse una sólida reputación desde el año de 1896 en
que comenzó como profesor adjunto en la cátedra de
Economía Política en la Facultad de Ciencias Políticas,
siendo profesor principal del curso una eminencia universitaria el doctor Isaac
Alzamora. Al año siguiente obtuvo por concurso el título de
adjunto a esa importante cátedra y la de Legislación
Económica del Perú. Desde entonces hasta la fecha ha dictado este
curso durante 26 años seguidos. También ha dictado
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en la Facultad de Ciencias Políticas, la cátedra de Ciencia de
las Finanzas. Su cátedra de Economía Política goza de gran
popularidad debiendo decir que obtuvo en concurso el título de
catedrático principal de ella en el mismo año 1899 en la
época el gobierno del gran estadista don Nicolás de
Piérola.
En esa cátedra ha propagado la doctrina del intervencionismo
económico y ha sido francamente adversario del individualismo,
orientación que ha desarrollado después con especial acierto en
los diez proyectos de leyes obreras cuya formación le encomendara en
1904 el gobierno de don Manuel Candamo. En 1905 presentó al gobierno
estos trabajos que le mencionaron un voto de aplauso del poder ejecutivo; esta
fue la única recompensa que recibió en pago de ese trascendental
trabajo, que no estuvo sujeto a remuneración pecuniaria. El gobierno
hizo suyos esos proyectos y los remitió a las cámaras. En el
parlamento entre los debates más importantes en que ha intervenido,
citaremos el de la Ley de reparación de los accidentes del trabajo en
1905 y 1908 y en esos debates pronunció discursos que han merecido
elogios del doctor Alfredo Palacios el gran parlamentario y orador argentino,
en su libro
Por los trabajadores.
Tal fue la fama que adquirió el doctor Manzanilla que la Real
Academia de Legislación y Jurisprudencia de Madrid lo nombró
miembro de la misma, y el diploma se lo envió don Eduardo Dato, el gran
político español presidente de esa academia y autor de la Ley de
Accidentes del Trabajo, vigente en España.
La Legislación del Trabajo contiene la Ley n.º 1378 de
enero de 1911 sobre responsabilidad de los empresarios por los accidentes del
trabajo: la Ley 2290 modificando y ampliando la anterior, ley 2851 de 1918
sobre el trabajo de las mujeres y niños, la del descanso dominical, en
las empresas periodísticas; ley prohibiendo el trabajo en los domingos;
la de la obligación de las empresas, de tener habitaciones, escuelas y
asistencia médica para los obreros, y muchos otros proyectos. Ha sido
decano del Ilustre Colegio de Abogados de Lima y es Decano de la Facultad de
Ciencias Políticas y Económicas.
En la política ha sido Ministro de Relaciones Exteriores.
Diputado por la provincia de Ica y por la provincia de Lima; y Presidente de la
Cámara de Diputados en algunas legislaturas.
Es un orador que jamás se desconcierta ante ninguna
interrupción declarando por el contrario enfáticamente que los
interruptores son colaboradores y que al interrumpirlo lo honran
probándole que lo atienden. En su oratoria se distingue siempre por la
más alta tolerancia con todos sus adversarios. Nada de esto obedece a
cálculo, ni a sistema de táctica política sino que es
natural y espontánea manifestación de su espíritu,
compatible con aptitudes firmes y con rasgos de energía manifestados en
la tribuna y en la acción, en épocas bien recordadas del
Parlamento y de la política nacionales. Algunos de sus discursos
parlamentarios han aparecido en cuatro volúmenes. Estos discursos no
comprenden los de 1905 a 1909 sobre el proyecto de accidentes del
trabajo.
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En la sesión de la Cámara de Diputados del 14 de
noviembre de 1917 y en el debate habido sobre el dictamen de la Comisión
electoral sobre la incorporación de los diputados por Lima el
señor Alberto Ulloa gran periodista, elocuente y profundo orador
parlamentario, y que por razones políticas estaba distanciado del doctor
Manzanilla, decía lo siguiente:
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El señor Alberto Ulloa... Y no soy yo señores
diputados -cualesquiera que sea el honor que la Cámara quiera dispensar
a mi palabra- el que ha sintetizado y caracterizado con sus verdaderos colores
lo que significa para el Perú ese régimen de las calificaciones.
Es el más autorizado vocero, si puede decirse, de este Parlamento, es la
joya más valiosa de sus bancos de suyos prestigiosos; es la palabra o la
pluma, vibrantes, siempre, e invariablemente elocuentes del ilustre diputado
por Ica, doctor Manzanilla (Grandes aplausos)..., a quien en esta como en
cualquiera otra ocasión acompañarán seguramente a despecho
de sus actitudes políticas, de unos y otros tiempos, los aplausos de los
que en toda nacionalidad saben medir el valor intrínseco de los hombres
y apreciar lo que representan los espíritus cultos, en una sociedad como
la nuestra tan necesitada del ideal y tan despojada de la justicia (grandes
aplausos).
|
Estas son a grandes rasgos las líneas morales y
sentimentales de este egregio peruano, digno descendiente de la patria
española, que honra hoy las columnas de
El Diario Español de Buenos Aires.
A continuación insertamos uno de los más hermosos
discursos del doctor Manzanilla.
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Discurso del doctor José
Matías Manzanilla
Sesión de la Cámara de Diputados de 19 de octubre de
1917
El señor Manzanilla.- Señor Presidente: Los aplausos
tributados en mañana de hoy a las elocuentes palabras del señor
Ulloa; los fundamentos del dictamen suscrito el año 13 por la
Comisión de Legislación del Trabajo; la subsistencia de
idéntico criterio en la Comisión del mismo ramo de la presente
Legislatura; el apoyo que ofrece mi ilustre compañero de mandato por
Ica, señor Maúrtua, al presentar unas interesantes adiciones; y
los requerimientos, perennes y unánimes, dentro y fuera del Parlamento,
para que expidamos la ley que discutimos, después de haberla hecho
esperar doce años su turno en nuestros debates, exoneran a la
Cámara de la molestia de oír el desarrollo de los motivos
jurídicos y económicos determinantes de la necesidad de protejer
el trabajo industrial de la mujer y del niño.
En el estado actual de la Ciencia Jurídica y de la Ciencia
Económica, de la Fisiología y de la Higiene, de la
Legislación y de la Educación, nadie tiene la audacia, o el
egoísmo, o la ignorancia, de negar la urgencia de la obra del Legislador
para protejer a la mujer y al niño, apareciendo la falta de amparo legal
al trabajo de la una y del otro, como algo contradictorio con todas las
tendencias de la acción de la sociedad y de la acción de los
Poderes Públicos,
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en movimiento progresivamente acelerado
para mejorar las condiciones higiénicas de la existencia humana e
impedir el despoblamiento de la nación; para asistir a título
obligatorio y no a mero título voluntario, a la infancia desvalida, a la
maternidad desamparada y a las familias numerosas; para combatir el alcoholismo
y la tuberculosis; para dotar al hombre con las aptitudes primarias
susceptibles de proporcionarle bienestar y eficacia en el esfuerzo por el hecho
de haberle dado en la niñez instrucción elemental,
instrucción técnica e instrucción post-escolar; y para
constituir todas las garantías conducentes a protejer a las mujeres y a
los niños, sistema de protección vinculado en anteriores tiempos
a conceptos de humanidad y de piedad y unido en los tiempos presentes a las
concepciones concretas de la justicia, de la pública conveniencia, de la
moral y del porvenir de la raza y del país. (Aplausos).
Esta es la cuestión, señores diputados; y el criterio
para resolverla consiste en sacarla del campo del fenómeno
exclusivamente individual y en integrarla dentro del sistema de ideas sobre la
salud y sobre el progreso sociales, necesitamos de niños robustos y
mujeres sanas, de modo que protejerlos es función imprescindible de los
poderes públicos, propensos, sin embargo, en el Perú, a abdicar
de estas excelsas funciones y a entregar al niño a la tutela
única del padre, a la mujer al amparo, a veces despótico, del
marido y al obrero a la fortuita benevolencia del empresario, olvidando que el
padre, en medio de la miseria, puede tomar al hijo como una mercancía;
que el marido, exigiendo obediencia, puede convertir a la mujer en un forzado
del trabajo para aprovechar de sus salarios; y que la masa de los empresarios
desconociendo sus conveniencias durables y futuras de tener obreros numerosos y
fuertes, puede dar pábulo a su egoísmo, inaccesible a la
necesidad de considerar cosa sagrada, lejos del comercio de los hombres, los
brazos del niño infeliz y los de la mujer en los días posteriores
y anteriores al alumbramiento.
No basta, entonces, señor Presidente, la simple espontaneidad
social y es indiscutible la urgencia de que el Estado defina reglas
jurídicas del trabajo infantil y femenino, evolucionando así en
el oficio que tradicionalmente le corresponde de garantizar el derecho. Pues
bien, el Estado garantiza el derecho al protejer a la mujer y al niño
con normas legales para su actividad industrial. Esta función es clara,
pero es distinta de la función cumplida en los Códigos Civiles
cuando estatuyen sobre el poder paterno incólume e intangible, mientras
no haya prueba del hecho del abuso; y cuando estatuyen sobre el poder marital,
omnímodo mientras dura el matrimonio. Por consiguiente, las reglas del
Derecho Civil, que son represivas y no son preventivas, porque exigen la prueba
del incumplimiento de los deberes del padre o del marido para liberar a la
mujer o al niño de la opresión paterna o del despotismo marital,
resultan esas reglas de Derecho Civil ineficientes para amparar en la lucha por
la existencia a la mujer y al niño; y resultan, además, arcaicas,
en la hora que vivimos, de intensas intervenciones y no de abstenciones del
Estado.
Si estuviéramos acordes en estas ideas generales,
probablemente al debate quedaría circunscrito a las cuestiones de
detalle y al criterio acerca de la conveniencia de reducir o de ampliar la ley
dentro de la órbita de su adaptación a nuestro medio industrial y
a nuestro medio social.
Desde este punto de vista el diputado que habla encarecía a
sus estimados colegas que se dignaran colaborar en la ley, observándola
y criticándola
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para aclararla y mejorarla. Escapemos a
poner en las iniciativas sobre el bien público y sobre las
transformaciones de la vida jurídica el amor propio del autor y
escaparnos, Señor Presidente, a la tendencia morbosa y perturbadora de
sentir malestar ante las más suaves contradicciones, susceptibilidad
incomprensible en un cuerpo deliberante, expuesto al marasmo y al suicidio, sea
por el hábito de debates excesivos, sea por falta de gusto para sostener
los debates indispensables.
Además, las leyes de carácter social para imponerse
espiritualmente al criterio de los magistrados judiciales, imbuidos con
frecuencia en los conceptos estáticos de la tradición
jurídica y para imponerse a los gobiernos prontos a contemporizar con
los intereses creados, antes de sentir el ardiente soplo de las ideas
renovadoras de la justicia, han de ser claras en sus textos, luminosas en su
intención, justificadas en sus fundamentos y analizadas, desde esta
tribuna, en sus cláusulas, en sus palabras, en sus sílabas, si
fuese posible. Sean, pues, bien venidas todas las observaciones. Las
observaciones de los señores diputados han de contribuir a que el
proyecto en debate, al convertirse en ley, resista el peligro de que el
egoísmo e el ignorante digan con desdén: esto pertenece
aun al limbo de las abstracciones, tiene sólo el reflejo de un
voto platónico, es el concepto puro de la remota idealidad. (Aplausos).
Que no se diga esto, señores. Y para que no pueda decirse, iniciemos el
debate, determinando los ejes de la ley; y analicemos el radio de su
aplicación, el mínimo de la edad, el máximo de las horas
de labor, los límites provenientes de la naturaleza y de las
circunstancias del trabajo, las sanciones por los hechos infractorios de la ley
y las organizaciones para vigilar su ejecución.
La ley, señores diputados, comprende los servicios del Estado
y todas las ocupaciones industriales por cuenta ajena, desde la industria
manufacturera a las industrias extractivas, desde la industria comercial a la
industria de transportes; y sólo deja fuera de su aplicación a la
agricultura, cuando carece de máquinas y al trabajo familiar cuando
está vigilado por los padres o tutores, siendo inoficioso desenvolver
las razones para amparar el trabajo infantil y femenino en las fábricas,
en las minas, en los almacenes y las oficinas de comercio, en las oficinas
públicas y en los ferrocarriles y bastando enunciar que la medida
excluyente de ciertas labores agrícolas y del trabajo familiar, es
medida provisional, subordinada, ya para mantenerla, ya para derogarla, a las
lecciones de la experiencia sobre los resultados de esta legislación en
los campos donde vamos a ensayarla.
Al legislar sobre la materia en debate, el segundo núcleo de
ideas está alrededor de la edad del niño; y según nuestro
proyecto hay prohibición de trabajar antes de los catorce años;
hay libertad completa desde los dieciocho años salvo algunas
excepciones; y hay autorización también excepcional a los doce
años, previo el hecho de comprobar la aptitud física y la aptitud
intelectual, de donde aparece que es lícita la labor del niño de
doce años sólo como un caso de excepción y que la edad de
catorce años es la línea divisoria entre lo prohibido y lo
permitido, entre el trabajo tolerado y el intolerable, entre el trabajo acorde
con el interés de la sociedad y el trabajo antisocial, efecto de la
miseria de los padres o del espíritu de expoliación de los
empresarios.
El criterio para permitir el trabajo a los catorce años
radica en el dato
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fisiológico de aparecer entonces la
pubertad; de cesar a los catorce años, según la ley peruana, la
obligación escolar; de eximir de culpa el Código Penal del
Perú a los menores de quince años a no ser la prueba de su
discernimiento al practicar el delito; de constituir punto de referencia en el
antiguo Reglamento sobre Localización de Servicios en las minas y en el
Reglamento de Policía Minera, la edad de 14 años; de aproximarse
a las edades previstas en el Reglamento de Explotaciones Agrícolas en la
montaña, que hubo de prohibir el empleo de niños menores de doce
años y de fijar en seis horas diarias el máximo de la labor de
los menores de quince años; y de establecer, en fin, las legislaciones
extranjeras el tipo de los catorce años, aunque haya discrepancia, sea
aumentando la edad, sea disminuyéndola.
Mas si a los catorce años aparece la edad del trabajo
lícito, quedan aun inaccesibles al niño algunas
ocupaciones peligrosas, entre otras, la ocupación de conducir
vehículos, tarea de extrema intensidad, que exige el potencial
dinámico de un hombre adulto; que compromete los intereses
públicos cuando falta al conductor energía y experiencia; y que
pudiendo acarrear responsabilidades civiles y penales, ha de estar a cargo de
personas con capacidad legal para soportarlas.
Después de la indicación sobre el mínimum de
edad, fijémonos en que el tiempo de labor, cuyo máximum ha de ser
de seis horas diarias, para los niños de catorce años y de 8
horas diarias para los menores entre catorce y dieciocho años y para las
mujeres, tiene base experimental, pues ahí están los hechos para
acreditar la ruina fisiológica de las mujeres y de los niños
entregados a tareas que extenúan. Es un atentado contra la naturaleza
imponer a la mujer y al menor de dieciocho años una jornada de trabajo
que exceda de ocho horas, porque los fenómenos químicos, origen
de la fatiga, intoxican el organismo y para eliminar estos venenos, el
organismo demanda reposo, especialmente la estructura fisiológica
delicada de la mujer y la estructura incompleta del niño, sin la virtud
por su delicadeza o por su endeblez, del poder de auto-eliminación
rápida de las materias tóxicas que queman y deterioran los
tejidos.
Me abstengo de continuar en el orden de consideraciones que acabo de
exponer para alejarme de la fascinación de usar de un lirismo envuelto
en riesgos para quien careciendo de aptitudes intenta la sobriedad en la
palabra, aunque la defensa de la mujer y del niño predispone a
magníficas ornamentaciones retóricas, desgraciadamente bien lejos
de mis hábitos de polémica y de mis métodos de
expresión. (Grandes aplausos).
Así es, señor Presidente, que la mujer y el
niño, dogmaticemos, esto es más fácil, dogmaticemos, la
mujer y el adolescente menor de diez y ocho años, deben de trabajar el
máximum de ocho horas diarias y el menor de catorce años, el
máximo de seis horas diarias, sin que en conjunto excedan sus labores
semanales de cuarenta y cinco horas en un caso y de treinta y tres horas en
otro caso, a fin de otorgar a esta categoría de trabajadores el
beneficio de la semana inglesa, para que aprovechen los niños y las
mujeres, desde las dos de la tarde del sábado en preparar sus ropas del
domingo, en hacer sus compras y en gozar de un descanso ininterrumpido hasta el
lunes siguiente. Y al inclinarnos por la semana inglesa, nosotros, imbuidos en
los principios de la civilización Occidental, estaremos distantes
aun de las leyes japonesas que alguna vez nuestro excelente colega
señor Pérez, invocaba en la Cámara al mostrar un librito
de Kaito Kasiro, diciendo: ¡esta es la ley del Japón! Valga el
recuerdo para referir que la ley japonesa
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establece el descanso
de cuarenta y dos horas continuas, desde el medio día del sábado
hasta la mañana del lunes, a favor de las mujeres y de los niños,
como podrían descansar en el Perú si uniéramos la semana
inglesa con el reposo dominical.
En cuanto a la naturaleza de los trabajos, los niños menores
de 10 y 8 años y las mujeres han de estar libres de las tareas
nocturnas, subterráneas y peligrosas. Es claro que al legislar sobre los
trabajos nocturnos, riesgosos y subterráneos, nuestras discrepancias
serán sólo sobre detalles de apreciación, por ser de
evidencia que el esfuerzo de noche, a igualdad de tiempo y de intensidad,
acarrea desperdicio más considerable de energías
fisiológicas que los esfuerzos diurnos; por haber la certidumbre de que
las faenas peligrosas suponen capacidad y responsabilidad difíciles de
encontrar en los niños; y por pertenecer a las verdades de buen sentido
que las labores del subsuelo exigen el pleno vigor de las arterias y del
músculo cardiaco, robustez que falta aun a los niños y que
ya no tienen los viejos.
La taxativa para los trabajos subterráneos ha de ser
específica y expresa, pero la caracterización y la
enumeración de los trabajos peligrosos es inevitable entregarlas al
resorte del Gobierno y desprenderlas del campo de las funciones del Legislador
por estar en inminencia de movilidad el riesgo del trabajo. En efecto, el
trabajo, peligroso de hoy, si acaso progresaren los aparatos, los
órganos y los procedimientos de protección, dejaría de ser
peligroso mañana, o, por lo menos, declinaría el peligro. El
riesgo de las labores en un lugar, puede desaparecer o disminuir en otro lugar;
consecuencia, para no incurrir en el vicio de exceso de legislación y
para no realizar la obra infecunda de previsiones aleatorias, es útil
dejar al Gobierno que determine la naturaleza y las condiciones del trabajo
susceptible de recibir el calificativo de peligroso. El Gobierno habrá
de estimar que hay peligro en el trabajo para poner máquinas en
movimiento; en el trabajo para la reparación y construcción de
altos edificios; en el trabajo de los acróbatas y gimnastas; y, en fin,
en todas las formas de actividad donde el riesgo profesional del infortunio del
obrero arroje un coeficiente superior al tipo medio de los peligros comprobados
por las estadísticas de la industria.
Conjuntamente con el tiempo y con la naturaleza del trabajo,
consideremos entre las circunstancias en que él ha de realizarse el
estado del embarazo y el del aburrimiento. Es incontestable la necesidad social
y el deber humano de impedir las labores femeninas en los días de la
crisis suprema de la mujer y del niño. Si la mujer en cinta es una
enferma, que la sociedad por su propio interés ha de cuidar, las meras
abstracciones lógicas nos llevarían a liberarla del trabajo desde
la hora inicial de la concepción, hasta la época del
restablecimiento de sus órganos, cuarenta días después del
parto. Pero, como la sociedad no vive de lógica sino de realidades y
como la prohibición por todo el tiempo del embarazo equivaldría a
declarar el trabajo inaccesible a la mujer, contentémonos con impedirlo
en los días inmediatos anteriores y posteriores al alumbramiento,
fundándonos antes que en los motivos individuales de conmiseración
o de filantropía, en los grandes motivos colectivos de la salud, del
progreso y del porvenir de la sociedad.
La protección a la madre es cuestión social, a
consecuencia de llevar en sus senos el futuro del mundo. Abandonar a la madre,
es el abandono del niño.
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El trabajo que extenúa a
la mujer en cinta, da el niño raquítico, niño que tiene al
nacer peso inferior al del niño cuya madre pudo descansar en el
período de la gestación y niño que tiene en su contra las
probabilidades de vivir, según lo comprueba el número enorme de
niños muertos en los primeros días de nacidos, al extremo de
correr entonces el ser humano más riesgo de muerte que al llegar a los
ochenta años de edad.
La desaparición alarmante de los seres humanos en los
primeros momentos de la vida, reconoce entre sus causas sociales el abandono
que la sociedad hace de la mujer que alumbra; y es a título de defensa
colectiva, en contra de un mal social, que emergen la prohibición y las
limitaciones al trabajo femenino.
¿Por qué el Estado va incurrir en la política
contradictoria de favorecer la inmigración, de atribuir importancia
nacional y económica al acrecentamiento del número de pobladores
y de sanear los campos y las ciudades para acrecer la fuerza vegetativa de la
raza, y no la de amparar las labores de la mujer en cinta ni ha de protejer al
niño a quien la muerte acecha? Integra evidentemente el problema de la
población el amparo al trabajo infantil y femenino; y así resulta
que a las razones sentimentales y de orden moral para legislar a favor de la
mujer y del niño, es incontrarrestable unir motivos, concretos de
conveniencia pública. Mas sería para la mujer un presente griego
liberarla del trabajo por razones de la maternidad y desconocerla su derecho a
los salarios en la época del descenso. Son dos principios que se
completan: el principio de suspender el trabajo de la mujer en los días
inmediatamente anteriores y posteriores al alumbramiento y el principio de
continuar con su salario. Si la Cámara vota la regla prohibitiva del
trabajo, ha de votar, también, el derecho de una cuota aparte del
salario, mientras subsista la imposibilidad legal de trabajar; y si la
Cámara no está resuelta a exigir del empresario el pago de una
cuota aparte de los salarios, debe abstenerse de privar a la mujer del trabajo,
única expectativa de ganarlos y, con ellos, de vivir.
He aquí la dificultad de esta ley. Envuelve esta ley, como
todas las leyes de trabajo, una carga para el Estado o para las empresas, o
para unas y otro. Es así como las leyes sociales, por su influencia en
la repartición de las riquezas y en las finanzas públicas,
reflejan sobre el bienestar general; y es así como realizan la obra
democrática de proteger a los débiles, entregándoles
directa o indirectamente algo de las ganancias de las clases poderosas,
(aplausos), advirtiendo, señores, que acerca del número de
días de descanso y de la cuota, aparte del salario, necesitamos
flexibilidad en nuestro criterio, a fin de intentar la armonía entre
esos dos antagónicos intereses individuales, sin sacrificio del gran
interés colectivo, consistente en impedir el trabajo de la mujer en
cinta y de proporcionarla su pan y su abrigo en la época del reposo,
gravámenes que han de soportar las empresas, mientras carezcamos de
instituciones de seguros sobre la Maternidad o de Sociedades Mutuas para
auxiliarla; y gravámenes a los cuales, por vía de
artículos adicionales al actual proyecto, hemos de agregar el gasto de
establecer salas-cunas para el depósito de los niños lactantes
por el tiempo que sus madres trabajen, adición
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ya
contemplada por quien está usando de la palabra, cuando antes de pedirla
departía con nuestro vicepresidente, señor Balta.
Admitamos, pues, señores diputados, lo inevitable de imponer
gravámenes a los empresarios al crear derechos al trabajador; y
admitamos también la necesidad de garantir el derecho con previsiones
para precaver la malicia, pronta a ambular entre las empresas
invitándolas a eludir su doble obligación: la del reposo y la del
salario. El Legislador, ha de preveer la malicia y ha de dificultar a los
empresarios que despidan a la mujer en cinta para sustraerse al pago del
salario, imponiéndoles que lo abonen antes de despedirla y que abonen,
además, las posibles indemnizaciones contractuales.
En el orden de la penalidad por infringir la ley, hay las multas,
sin detenerme a sostener, o a modificar su escala, y su cuantía, objeto
de interesante crítica por Alberto Ulloa Sotomayor, jurisconsulto y
periodista de renombre, no obstante de estar aun en los albores de su
vida profesional; y en el sistema de los órganos de vigilancia y de
ejecución de la ley, hay el juez de primera instancia, el alcalde
municipal, el subprefecto de la provincia, todos los ciudadanos provistos de la
acción popular para velar por el trabajo de la mujer y del niño,
las asociaciones protectoras de la infancia y de la maternidad, la
inspección de Higiene Social, iniciativa feliz del eminente diputado
señor Maúrtua, y, finalmente, en el futuro, para alcanzar la
observación rigorosa de todas las leyes obreras, habrá la
Inspección General del Trabajo, sobre la que espero, antes de presentar
un proyecto a la Cámara, someterlo a los señores Barrós,
Secada, Gamarra y Vinelli, miembros de la Comisión de estudio de las
iniciativas sobre cuestiones sociales.
Y concluyo, Sr. Presidente, con la tarea de exponer los ejes de una
ley, exenta, en su factura y en su intención, de dogmatismos, de
espíritu abstracto, de exageraciones sistemáticas incomprensiones
sobre la realidad social e industrial de nuestro país; de una ley que
representa el minúsculo intervencionismo del Legislador, al compararla
con diversas leyes extranjeras, al compararla con el estado actual de las
teorías económicas y jurídicas, al compararla con los
votos de las asambleas científicas; y de una ley, que siendo
mínima no puede expresar el total pensamiento de quienes asistimos a la
hora presente de intensas transformaciones en la concepción de la
solidaridad y del derecho.
Quiera el Destino colocar el proyecto en debate en la gran avanzada
del sistema de protección a la mujer y al niño. Quiera el
Destino, Sr. Presidente, dar oportunidades al Parlamento del Perú para
detener su visión en el régimen de la enseñanza popular;
en la necesidad de difundir la enseñanza técnica entre los
obreros adolescentes; en el deber del Estado para contribuir al refectorio, a
los vestidos y a los libros escolares; en el anhelo democrático de la
instrucción post-escolar; en la educación de los niños
anormales; en el establecimiento de tribunales para niños delincuentes;
en el derecho de los hijos del amor a ser reconocidos y legitimados; en el
derecho de investigar la paternidad para imponer al padre desalmado deberes
sacros, consecutivos a un hecho natural; (aplausos prolongados) en establecer
el divorcio, imitando al Uruguay, donde la legislación
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de
la Roma Antigua, que consagraba el despotismo del hombre para el repudio de la
mujer, transformose en la posibilidad de la mujer para repudiar al marido; en el
otorgamiento de la emancipación femenina, en el orden civil y en orden
político; y, en fin, en las múltiples formas sociales para
asistir a los débiles y para atenuar sus miserias. (Aplausos).
La ley protectora del trabajo de la mujer y del niño, anuncia
la existencia de un pueblo que progresa. La civilización es una
capitalización, capitalización de dinero, de generosos
sentimientos, de garantías jurídicas, de adelantos materiales y
morales, pero suele arrastrar en sí la acumulación de
egoísmos, de explicaciones, de infamias. Toca a los legisladores el rol
de contribuir a la obra de capitalizar el bien y de facilitar que la
civilización irradie su grandeza y su luz para desvanecer las miserias y
las sombras que suelen disminuirla y opacarla.
(Grandes y estruendosos aplausos en los bancos de los diputados y
en la barra).
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  Celestino Manchego Muñoz

Nació en el distrito de Córdova, de la provincia de
Castrovirreyna, el 6 de abril de 1887. Hijo del señor José
Froilán Manchego y de la señora María Cruz Muñoz.
Cursó la segunda enseñanza en los colegios nacionales de Ica y
Ayacucho. Hizo sus estudios facultativos en las Universidades de Lima, Cuzco y
Arequipa. Durante su vida de universitario se dedicó a la
enseñanza, fue profesor en Lima en varios planteles de
instrucción.
En el año de 1907 fue nombrado profesor del Colegio Nacional
de Ciencias del Cuzco, cargo que regentó durante cinco años; como
profesor en ese plantel, por su consagración a la enseñanza, se
le otorgó el año 1909, un diploma de honor por todas las
instituciones locales.
-122-
En 1910 fue elegido vicepresidente del
Centro Universitario del Cuzco. En 1912 fue inspector de Instrucción de
la Provincia de Castrovirreyna. En 1913 candidato a la diputación en
propiedad por esta misma provincia. En esta campaña política puso
en evidencia su espíritu batallador; sostuvo vigorosamente la lucha
política contra el candidato oficial. Los actos de fuerza que se
ejercitaron contra él, lejos de deprimir el entusiasmo, le sirvieron de
vivo estímulo para mantener con mayor firmeza su credo político.
Su candidatura provocó gran corriente de opinión y como recurso
político se le tomó preso, sindicándolo como
revolucionario. Después de permanecer en la cárcel de
Castrovirreyna se le trasladó a Huancavelica, lugar del que fugó,
haciéndose presente en la capital de la República con el fin de
demandar la nulidad del proceso electoral. Informó en la Corte Suprema
defendiendo sus elecciones. Su actitud fue enérgica para condenar los
actos de fuerza que se pusieron en uso para impedir su triunfo. El fallo del
Tribunal le fue adverso.
En el año 1913, a raíz de la deportación del
señor don Augusto B. Leguía, fue reducido a prisión
nuevamente y trasladado a la cárcel de Guadalupe, acusado como
revolucionario por la Zona Militar de la Segunda Región.
Informó ante el Consejo de Oficiales Generales y debido a su
defensa consiguió su libertad.
En 1914, fue designado delegado por el Concejo Provincial de
Huancavelica ante la Junta Departamental. Instalada dicha Junta fue elegido
Vicepresidente de ella. En este mismo año 1914, con ocasión de la
revolución política del 4 de febrero, actuó al lado del
primer Vicepresidente de la República, señor don Roberto
Leguía. Fue en comisión política a los departamentos del
sur de la República, en compañía del doctor don Juan de
Dios Salazar y Oyarzábal. También en este mismo año (1914)
se recibió de abogado en la Universidad de Arequipa, obteniendo la nota
más alta. Presentó como tesis «La descentralización
electoral», y sostuvo la conveniencia de mantener la intervención
de la Corte Suprema en la revisión de los procesos electorales. En 1915
se presentó como candidato de oposición a la diputación
suplente por Huancavelica, concurrió a la Corte Suprema a defender su
elección y obtuvo fallo aprobatorio de su proceso.
En 1916 fue elegido Alcalde Municipal de Huancavelica y reelegido
el año siguiente. Su actuación como alcalde fue activa,
progresista y llena de iniciativas. Se distinguió por su
protección a la clase obrera. En el elemento popular llegó a
tener gran arraigo de simpatía. En 1917, fue candidato a la
senaduría en propiedad por el Departamento de Huancavelica, en
compañía del señor general don César Canevaro. Tuvo
como contendor al señor don Amador del Solar, presidente del Senado, en
aquel entonces, que buscaba su reelección, y al señor Federico
Elguera. En esta campaña el Gobierno, empeñado en conseguir el
triunfo de sus candidatos, puso en ejercicio todos los recursos que estaban a
su alcance. La campaña fue activa, violenta y apasionada,
desplegándose, por una y otra parte, energía, entusiasmo y
-123-
firmeza. Este proceso ha sido una de las campañas
políticas que más ha agitado el ambiente del Departamento de
Huancavelica y su recuerdo es siempre objeto de vivos comentarios. Se dedujo la
nulidad de las elecciones. Informó Manchego Muñoz ante la Corte
Suprema y consiguió la nulidad de las elecciones. En este mismo
año (1917) se incorporó a la Cámara de Diputados, como
suplente de la provincia de Huancavelica. Actuó en las filas de
oposición. Intervino en los debates de la Ley Orgánica de
Instrucción, en la acusación contra el gabinete Riva Agüero,
por la tragedia de Palcaro. Interpeló al Ministro de Fomento sobre la
ruta que debía seguir el ferrocarril de Huancayo a Ayacucho. Sostuvo la
conveniencia: de que dicho ferrocarril pasase por la ruta de Huancavelica. En
esta legislatura presentó el proyecto sobre el voto femenino, que sobre
este asunto, es la primera iniciativa que se ha formulado ante el parlamento
nacional. En el año de 1918 volvió a incorporarse como diputado
suplente por Huancavelica. Actuó en el mismo grupo de la minoría.
Impugnó la transacción del asunto de la «Brea y
Pariñas». Tuvo intensa intervención en los debates de esa
legislatura. En este mismo año (1918) se organizaron comités
políticos para llevar a la Presidencia al señor don Augusto B.
Leguía. Fue designado presidente del Comité leguiísta del
Departamento de Huancavelica. Hizo gira por todas las provincias del
Departamento y organizó los comités leguiístas
provinciales. En ese mismo año fue designado jefe del partido
constitucional en el departamento de Huancavelica.
En 1919 se presentó como candidato de oposición a la
diputación en propiedad por la provincia de Castrovirreyna. El
régimen imperante ofreció todo género de dificultades para
impedir su triunfo. Obtuvo a pesar de esta circunstancia, éxito en su
campaña electoral.
Pedida la nulidad de su elección, la Suprema designó
el 5 de julio para la vista de la causa. En estas condiciones vino la
revolución política del 4 de julio del 19, que derrocó al
gobierno del señor Pardo. Con el nuevo régimen volvió a
luchar, obteniendo nuevamente su elección como diputado nacional por la
provincia de Castrovirreyna. Instaladas las Juntas Preparatorias, en el mes de
setiembre, fue incorporado en la primera Junta, en razón de haber sido
candidato unipersonal. Formó parte de la Comisión encargada de
calificar las credenciales de los representantes.
En la Asamblea Nacional que dictó la Constitución del
Estado de 1919, fue miembro de la Comisión de Plebiscito. En esta misma
Asamblea presentó nuevamente el proyecto de ley sobre el sufragio
femenino.
Instalado el Congreso ordinario de 1919, fue designado miembro de
la Comisión Principal de Presupuesto, por varios años
sucesivos.
En 1920, fue reelegido Alcalde Municipal de la provincia de
Castrovirreyna y elegido para el año siguiente (1921). En este mismo
año (1920) fue designado Presidente de la Comisión Auxiliar de
Legislación, cargo que ha desempeñado hasta el año de
1922.
En 1922 fue elegido concejal por la capital de la República.
Instalado
-124-
el Concejo fue designado Síndico de Rentas. Su
actuación al frente de la Sindicatura se distingue por su actividad y
acierto. Se esfuerza por dar nueva orientación a la Hacienda Municipal.
El Concejo te ha tributado algunos votos de aplauso. Es miembro fundador de la
Junta de Defensa del Niño, habiendo asistido como tal a la primera
Conferencia que sobre tan delicado problema ha tenido lugar en el
Perú.
En el mismo año (1922), la Sociedad Geográfica de
Lima, institución de alto prestigio científico, lo incorpora a su
seno, como socio activo. Es también miembro del Jurado de Maternidad que
funciona en la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima.
Últimamente ha sido elegido segundo Vicepresidente de la Cámara
de Diputados, por una inmensa mayoría de votos. Los elementos de los
distintos círculos sociales y políticos, le ofrecieron con este
motivo un banquete de simpatía, así como los estudiantes del
departamento de Huancavelica.
Manchego Muñoz es político joven, apasionado y
ardoroso pero firmemente leal a su bandera; tal vez es exagerado en la
crítica y agresivo en la polémica; pero con todo, es un
espíritu sano, un espíritu caballeresco, un patriota de
sentimiento y de acción cívica; tiene apreciables dotes
oratorias; voz aguda; mímica educada; potencialidad dialéctica en
la argumentación; pero es demasiado fogoso en el debate contradictorio y
tiene ese marcado espíritu de intransigencia política que
distingue a los luchadores del credo radical; es evidentemente una de las
figuras simpáticas del actual parlamento de la «Patria
Nueva».
En los últimos debates, principalmente en la cuestión
ferrocarrilera, hemos podido observar en Manchego Muñoz cierta
evolución en su temperamento oratorio; lo hemos hallado más
sereno, más respetuoso con el adversario; hidalgo con el
contradictor.
Manchego Muñoz ha figurado como candidato al Ministerio de
Guerra, a raíz del voto de extrañeza dado por el Senado al doctor
Óscar C. Barrós, por la simple tramitación de un pedido,
voto que si algo de extraño tiene, es para el propio Senado que no supo
tener ese gesto cuando se hería de muerte el principio de la inmunidad
parlamentaria; es decir su vida misma.
(De
Parlamentarios del Perú
Contemporáneo).
-125-
  Foción A. Mariátegui

La distinguida personalidad del señor Foción A.
Mariátegui, que es presidente de la Cámara de Diputados, en el
orden político, cada día va adquiriendo mayores relieves por el
talento que ha demostrado en la Cámara a que pertenece. Hoy honramos las
columnas de
El Diario Español de Buenos Aires,
presentando a tan distinguido peruano.
Nuestro biografiado que ha sido juzgado en
Parlamentarios del Perú
Contemporáneo, reproducimos con agrado lo que en tan importante
obra está escrito. De familia ilustre por su intelectualidad y alcurnia,
cuyos miembros han figurado en el parlamento, en las Cortes de Justicia, en los
torneos del saber y en las luchas ardorosas de la política, alguno de
cuyos miembros comandaron escuadras y
-126-
dieron vida a
páginas enteras de los tiempos pretéritos de nuestro parlamento;
nuestro biografiado es hijo del general don Foción Mariátegui,
emparentado por lo tanto con la familia Swayne, siendo por esto natural su
ardorosa vinculación leguiísta, aquí donde no hay partidos
organizados, sino el caudillaje que arrastra a los sectores de la familia o de
la amistad.
Mariátegui se incorporó al Congreso constituyente,
realizada la evolución de la «Patria Nueva» por el
éxito revolucionario del «4 de julio», habiendo sido elegido
canónicamente diputado por Tahuamanu, provincia del nuevo departamento
del Madre de Dios, y de hecho se improvisó
leader de la mayoría gobiernista.
Se dice y es lo cierto, que es muy difícil la improvisación de un
leader, que necesita ser la
encarnación viva de la tradición legislativa, de los casos
reglamentarios, de los precedentes políticos; pues Mariátegui ha
venido a ser la excepción que confirma la regla. Su intervención
parlamentaria es atinada y discreta; no se enfrenta a la oleada adversa de la
polémica; pero sí la desvía con inteligencia y
espíritu conciliador; ha salvado al régimen de muchos conflictos,
y el mayor elogio de su actuación parlamentaria, es que a pesar de ser
convencido leguiísta, goza de marcadas simpatías personales en
los círculos opositores de la «Patria Nueva».
Mariátegui no simpatizó jamás con la
política extremista del
premier Leguía y Martínez,
por ser partidario de la concordia y de la armonía, y esta
política moderna y sana de nuestro biografiado, se puede decir que ha
alcanzado el más completo éxito con el apartamiento del expresado
señor Leguía y Martínez de la jefatura del gabinete y de
la cartera de Gobierno y Policía.
¡Qué educador tan severo y rígido es la
historia!: todos los autócratas han caído así ruidosamente
y han sido víctimas de los mismos actos de fuerza que ellos ejercitaron
en las alturas del poder; lo que falta es, para que la historia se repita, que
Leguía y Martínez sea deportado, dureza que no deseamos para
ningún compatriota, para que así, lejos de la frontera de la
patria, pueda saborear las angustias del ostracismo que sufren todavía
muy distinguidos ciudadanos, del Ejército unos, del Parlamento otros,
pero todos hijos predilectos de esta patria libre que nos legaron nuestros
próceres. Mariátegui está, por decirlo así, en el
principio de su vida parlamentaria y política.
Mariátegui es en su Cámara un esgrimista famoso de la
ironía, se puede decir que este gesto de su espíritu, es su
más decisiva arma; con ella desorienta al adversario, y aunque su falta
de calor en el verbo, más efecto de su posición de miembro de la
mayoría que de insuficiencia oratoria, no le permite vencerlo, en cambio
lo desvía; y cuando la frase vibrante del contradictor oposicionista ha
logrado la expectación y el recogimiento del auditorio, viene su palabra
sutil y refinada a desbaratar el castillo levantado por la retórica del
contradictor. Sin embargo, hay que convenir que su papel de
leader lo ejercita más con
habilidad y cultura, en los pasillos del Congreso, que en el calor del
debate.
-127-
  Aníbal Maúrtua

Va llegando el fin de mi trabajo para formar el primer volumen de mi
obra nacional titulado
España en el Perú, en la que,
aunque imperfectamente, he presentado en esta «Galería de
honor» a un grupo selecto de distinguidos peruanos representativos del
Perú en el poder, en la diplomacia, parlamento, magistratura, foro, y
con el único fin de que sean conocidos y admirados por el elemento
español de la Metrópoli argentina y aun de la misma
España, reviviendo con esto el cariño que de antaño se
tenían como hermanos todos los que somos de la misma Madre nuestra
querida España.
Este mi ideal patriótico, no es utópico, porque no en
vano suceden los más graves y trascendentales hechos de la historia; no
en vano España descubrió a América. Cuando sucede un hecho
en esta clase, un hecho que es como un faro levantado por Dios en las riberas
infinitas de los tiempos, cuyo curso no acaba nunca, ese hecho forzosamente ha
-128-
de trascender a muchos siglos, ha de influir en muchas
generaciones, ha de vivir a perpetuidad, salvando esas grandes hileras de
sepulcros donde yacen tantos pueblos enterrados, levantándose a la
inmortalidad como si los bañara la luz de aquellas ideas eternas que
Platón veía flotar en la mente de Dios...
Este mi ideal patriótico ha de predominar con el tiempo, y
ni los españoles y americanos con sus errores lo podrán borrar
nunca, y más bien se agruparán en torno de la madre patria para
formar una gran confederación hispana que dirija con más acierto
el derecho de la humanidad en la América española primero, y
más tarde en todo el Universo.
Defensores de este derecho, son a mi juicio en primer
término, el espíritu que se anida en todos los corazones
peruanos, galardón que conservan de sus progenitores los hispanos del
siglo XVI, y que en todo momento y en toda cuestión lo han demostrado
hasta en sus más recónditas rencillas políticas.
Uno de estos defensores es el doctor Aníbal Maúrtua
que hoy tenemos el honor de presentar en esta «Galería de
honor» a los lectores de
El Diario Español de Buenos Aires.
Nuestro biografiado pertenece a la familia peruana Maúrtua que desciende
de una antigua y noble familia vascuence. En América solo existe en el
Perú; veamos al progenitor.
Al conde don Joseph de Maúrtua, Grande de España y
Consejero de Carlos III, confiose a mediados del siglo XVIII, una alta
comisión regia en los virreinatos de Méjico y del Perú, y
aunque lo acompañaron varios parientes, bien pronto estos se
extinguieron. El Conde de Maúrtua, en el ejercicio de su cargo
pasó a Ica, donde casó y dejó como sucesor a don
José María de Maúrtua, que se educó en
España, regresando al Perú en el primer cuarto del siglo XIX.
Aquel notabilísimo abogado figura en el expediente de
beatificación del padre Rojas (Padre Guatemala) por sus
avanzadísimos principios filosóficos. Dejó siete hijos
todos abogados y poetas, uno de ellos el doctor don José de Dios de
Maúrtua, padre del doctor Hermógenes Maúrtua, padre de
nuestro biografiado el doctor Aníbal Maúrtua, quien nació
en Huánuco el 29 de setiembre de 1874, cuando su padre ejercía el
cargo de médico titular de aquel departamento. Hizo sus primeros
estudios en el «Colegio Nacional de Minería» de su tierra
natal y completó su educación preparatoria en el «Colegio
Lima» bajo la dirección del reputado pedagogo doctor Pedro A.
Labarthe. En la Universidad Mayor de San Marcos cursó letras, ciencias
políticas y jurisprudencia desde 1895 a 1901, alcanzando siempre notas
honrosas y la amistad de sus maestros. Dio examen para ejercer la
profesión de abogado el 12 de enero de 1902 ante el Tribunal de
Apelaciones de Lima, que por especial deferencia, le recibió el
juramento de ley en el mismo momento de la prueba, cuando era reglamentario
esperar la calificación en acuerdo posterior.
Es miembro activo del Colegio de Abogados, de la Sociedad
Geográfica, de la Unión Nacionalista, de la Asociación
Nacional Pro-Indígena
-129-
y de muchas otras asociaciones
científicas y cívicas del Perú; miembro correspondiente de
la Society of Internacional Law de Washington, de la American Academy Policial
and Social Science de la Universidad de Philadelfia y de la Fundación
Carnegie para la paz internacional; socio corresponsal de la Sociedad
Geográfica de Río Janeiro; miembro honorario de la Sociedad
Científica Argentina; socio honorario de la Sociedad Geográfica
de México; socio activo y tesorero de la Sociedad Peruana de Derecho
Internacional correspondiente de la Fundación Carnegie; oficial de
instrucción pública de Francia; ex catedrático de Derecho
Internacional Público y actual profesor de Finanzas en la Universidad de
Lima.
A los 15 años de edad se inició en el periodismo
fundando
El Minero, periódico radical y pedagogo
con verdadero espíritu nacionalista. Ha colaborado en todos los diarios
y revistas de Lima y extranjero, haciendo siempre nuestro biografiado
propaganda con tendencias panamericanistas, que en esa época era un
atrevimiento propagar estas ideas (desde 1891).
Las obras y publicaciones del doctor Maúrtua han sido
más estudiadas en el exterior que en el mismo Perú.
De su labor diplomática existe mucho inédito en los
archivos de la Cancillería y solamente se conoció en 1910,
durante las discusiones parlamentarias sobre el tratado de límites del 9
de setiembre de 1909, que el doctor Maúrtua había conseguido
salvar todo el territorio que media entre los ríos Shambuyaou, Acre,
Purús y el meridiano del Río Cujar. Se ignora también, que
en más de una vez, logró el fracaso del
A. B. C., cuya historia corre escrita en la
conferencia que el 9 de julio de 1914 ofreció el doctor Aníbal
Maúrtua, a beneficio de la «Sociedad Obrera de Solidaridad
Latino-Americana».
En el Congreso Panamericano de Río Janeiro (1906) como en el
Congreso Panamericano de Buenos Aires (1910) actuó como secretario de la
delegación del Perú en cuyas actuaciones internacionales
prestó servicios que se recomendaron remarcablemente por los jefes de
aquellas misiones.
El doctor Maúrtua cuenta en su foja de servicios al
país, el honor de haber sido el primer Secretario de Embajada en nuestro
escalafón diplomático; porque, desde la Independencia hasta 1910,
el Perú no había acreditado «Embajadas» ante
ningún gobierno extranjero. En 1910, las circunstancias internacionales,
que más tarde referirá la historia, obligaron a la
Cancillería peruana a acreditar al señor Eugenio Larrabure y
Unánue, primer vicepresidente de la República, como embajador
extraordinario para concurrir al primer Centenario de la Independencia de la
República Argentina. El doctor Aníbal Maúrtua, fue el
primer secretario de aquella Embajada.
En 1911, el Gobierno del Perú, lo acreditó nuevamente
como agente y abogado en el Tribunal Arbitral Peruano-Colombiano, que
debió funcionar en Río de Janeiro bajo la presidencia del
barón de Río Branco, renunciando al poco tiempo sus cargos
diplomáticos y
-130-
regresando el doctor Maúrtua al
país trayendo aquellas valiosísimas negociaciones que hasta hoy
constituyen los problemas vitales del Perú, dedicándose al
estudio de su profesión de abogado.
Al crearse la provincia de Pachitea en 1918, los ciudadanos de
aquella progresista sección territorial, recordando que el doctor
Maúrtua, desde 20 años pasados, había apoyado el
respectivo proyecto, lo proclamaron candidato a la diputación, llegando
a elegirlo por aclamación en mayo de 1919. Desde entonces la labor
parlamentaria del doctor Maúrtua, ha sido intensa. Triunfó como
político discreto, patriota y ultranacionalista desde el primer
día que ingresó a la Cámara joven en 1919. Más
tarde, en la asamblea nacional y en la Cámara de Diputados, el doctor
Maúrtua no ha actuado como diputado novel, sino como un verdadero
leader nacionalista, ajeno a consignas
políticas y guiado solamente por los dictados de su patriotismo y vasta
cultura jurídica.
Los sentimientos amistosos del doctor Maúrtua por la madre
patria España, que pueden calificarse como veneración por la
tierra de sus mayores, se han manifestado siempre en su propaganda
periodística y en sus relaciones intelectuales. Por mucho tiempo, muy
joven, fue asiduo corresponsal en Lima de los eminentes estadistas
españoles Canalejas, Dato, Unamuno, Beltrán y Róspide,
Labra, Fernández Prida, Márquez de Olivar y otros personajes que
constituyen el exponente de la intelectualidad española.
En la asamblea nacional, como secretario de la Comisión
Diplomática, en unión del infortunado doctor Valcárcel,
presidente de dicha Comisión, «propuso que el 12 de octubre fuese
declarado día de fiesta cívica en el Perú en
celebración de la Fiesta de la Raza, lo que quedó consagrado por
ley especial». Más tarde, en octubre de 1922, propuso en
unión de otros diputados, que se erigiese una «estatua a la Reina
Isabel de Castilla cuyos bajorrelieves ostentaran las efigies de los virreyes
del Perú». Con motivo de la promulgación de esta ley, el
Ministro de España en el Perú, expresó al diputado por
Pachitea doctor Maúrtua en nota especial, su cordial
congratulación.
Y para terminar, últimamente, al discutirse el presupuesto
nacional en abril del año corriente, observando que el ministerio del
ramo quedaba sin partida para acreditar una legación de primera clase
ante el rey de España, el diputado por Pachitea, doctor Maúrtua
propuso y obtuvo la consideración de una partida permanente con ese fin,
y el de efectuar una propaganda intensa por el mayor acercamiento espiritual y
económico entre el antiguo virreinato del Perú y la madre
patria.
He aquí dibujados los sentimientos hispanófilos de
este ilustre peruano que hoy presentamos a los lectores de este diario y que
honra las columnas de
El Diario Español de Buenos Aires.
-131-
  Gregorio Mercado

Continuando siempre la misión voluntaria que hace mucho
tiempo nos impusimos por el acercamiento de España con estas
repúblicas de origen hispano, presentando en esta «Galería
de honor» a los personajes de mayor figuración social y
política, para que sean conocidos por el pueblo español en la
América y de la misma España; hoy tenemos el honor de presentar
al egregio ciudadano doctor Gregorio Mercado, vocal interino de la Corte
Suprema de Justicia en el Perú.
Nuestro biografiado el doctor Mercado nació en el pueblo de
Combapata de la provincia de Canchis en el Departamento del Cuzco. Fueron sus
padres el señor Gregorio Mercado que se distinguió en los
claustros de la Universidad de Lima, donde hizo sus estudios, y la
señora Micaela Rojas. Las nobles prendas de esta, depararon a sus
restos, sepultura en la iglesia del referido pueblo, al pie de la virgen del
Rosario, patrona del lugar.
Gregorio Mercado terminó sus estudios profesionales de
jurisprudencia
-132-
en la Universidad Mayor de San Marcos, obteniendo
las «contentas» de Bachiller en la Facultad de Letras y de
licenciado en la de Jurisprudencia, recibiéndose de abogado el 3 de
setiembre de 1885 ante la Corte Superior de Lima que lo aprobó por
unanimidad, dedicándose a la defensa de pleitos. Como abogado dio
pruebas de un talento excepcional y un gran conocimiento de las leyes escritas,
recordándose una de las mejores defensas una causa procedente de
Arequipa entre los comerciantes Gilardi y Capelletti, la que ganó por su
notabilísimo informe jurídico ante la Corte Suprema en favor de
su defendido Capelletti.
En diciembre de 1906 fue nombrado Juez del Crimen de Lima en donde
ha dejado luminosa estela de honradez y probidad amparando la justicia en donde
quiera que esta estaba.
Habiéndose convertido la Comisaría de Ate (Lima) en
una inquisición a donde se enviaban a los detenidos con el fin de que
confesaran su delincuencia, dominados por el dolor del martirio, el celoso, el
íntegro Juez del Crimen, doctor Gregorio Mercado en mayo de 1915,
procesó al Jefe de la Sección de Investigaciones de la
Intendencia de Policía y a varios agentes secretos de la misma.
Quedó suprimido por algunos años aquel tenebroso
paraje, pero revivió en 1918 en «La Pólvora». Sabedor
de este nuevo crimen el celoso juez doctor Mercado por las revelaciones de un
preso a quien tomaba su instructiva, en mayo del propio año, se
constituyó en el Parque Central de «La Pólvora» a las
9 de la mañana para practicar «una vista de ojos».
Encontró 26 detenidos, inspeccionó las huellas de maltratos que
ostentaban muchos de ellos, así como el local, y estuvo actuando
declaraciones hasta cerca de las 7 de la noche. Regresó a pie a su
juzgado y a las 10 de esa misma noche expidió auto decretando la
libertad de 24 de los secuestrados.
El Subprefecto de la Provincia, después de cumplir la orden,
dirigió mi oficio al Juez Instructor reconociendo «que su criterio
de Juez ceñido estrictamente a la Ley, no le permitía encontrar
excusa al procedimiento». Terminadas las diligencias del caso
enjuició al Intendente de Policía, a tres Comisarios, a un
Comandante y a un Subteniente. De los doce considerandos del auto que
dictó al respecto, el undécimo dice así: «Que por
ser los casos de insuficiencia de la Ley poco frecuentes e incontables, como
las arenas, los avances de la arbitrariedad, es principio inconcuso de Derecho
Público, que los mandatos de aquella deben ser acatados, ora amparen al
poderoso o al desvalido, al hombre de bien o al delincuente: consistiendo el
gran amparo que acuerda al último, en la prohibición que
establece de que se le prive por más de 24 horas de su libertad sin
mandato de Juez competente. El martilleo repetido con que se consignan esta
garantía, antemural contra seculares abusos, la Constitución del
Estado, el Código Penal y la Ley de Habeas Corpus, y sus ampliatorias;
patentiza que el legislador ha resuelto poner término definitivo, a la
propensión tenebrosa que conduce, a muchas autoridades de policía
a tornar en verdadera "Bastilla", cualquiera mansión, donde
sea fácil aislar las quejas o los gritos de
-133-
las
víctimas». Con el recto proceder del juez doctor Mercado
«Ate» y «La Pólvora» dejaron de ser
«Bastilla».
En abril de 1922 fue nombrado vocal titular de la Corte Superior de
Justicia y en febrero de este año el Congreso de la Nación lo
eligió vocal interino de la Corte Suprema de justicia.
He aquí diseñada a grandes rasgos la importante
personalidad del doctor Gregorio Mercado distinguido iberoamericano, amoroso de
sus progenitores los hispanos que con la espada y con la cruz ensancharon el
mundo del Cristianismo, y que a tan excelsas cualidades reúne su gran
talento, gran carácter y una probidad inmaculada que le ha hecho
acreedor a la estimación general.
-134-
  Raúl O. Mata
Entre la pléyade de personajes ilustres peruanos que
integran el poder judicial en el Perú, se destaca vigorosamente la
personalidad del doctor Raúl O. Mata, por su probidad y conocimiento de
las leyes.
La presencia del doctor Mata en la Corte Superior de la que es
vocal muy ilustrado, es una prenda segura para todo litigante que a la par de
sus compañeros de la Corte, administran sapiente y justiciera
sanción. De ello lo atestiguan todos los que litigan ante ese Tribunal
de Justicia, que es uno de los hermosos baluartes en que se conserva
incólume la autonomía e independencia de que deben gozar los
tribunales de justicia.
El doctor Raúl O. Mata que es oriundo del Departamento de
Cajamarca, de esa hermosa población que se hizo notable en la historia
de la Conquista por la muerte que allí recibió el Inca Atahualpa,
y que marca el principio de la efectiva dominación española, es
verdadero iberoamericano, que, une en amoroso lazo, su tierra nativa con la de
aquellos esforzados españoles que en son de conquista entraron en la
histórica ciudad de Cajamarca el 15 de noviembre del año 1532. La
historia nos dice que estos eran solamente 170, los que sufriendo mucho
frío al doblar aquella empinada sierra, llegaron al séptimo
día a la vista de Cajamarca situada en un lindo valle ovalado, donde
estaba el Inca con abrumador número de guerreros.
El triunfo de los españoles en toda la conquista de
América, no hay duda que fue el premio que quiso dar Dios a
España por aquella grandiosa epopeya de siete siglos, en que los
españoles detuvieron a los árabes en Covadonga, a los Almoravides
en Toledo, a los Almohades en las Navas; y a los Beni-merises en el Salado
hasta llegar a Granada, para que desde lo alto de las Torres Bermejas se
descubriera la cima de los Andes, e iluminando Dios a un hombre sublime como
Colón y a una reina Católica, viera el primero desde la nave de
su fe, los celajes del nuevo mundo con que soñaba su mente, viendo la
luz incierta del mundo que descubrió.
La presentación que hoy hacemos del doctor Raúl O.
Mata a los lectores de
El Diario Español, es como homenaje a
las bellas cualidades que adornan a tan distinguido peruano, verdadero
iberoamericano, una de las personalidades representativas del Perú, en
el Foro y en los Tribunales de Justicia.
-135-
  José Antonio Miró Quesada

Continuando con todo entusiasmo nuestra labor patriótica y
desinteresada por el acercamiento espiritual de nuestra querida España
con
-136-
estas repúblicas iberoamericanas, y para mí
especialmente con el Perú; hoy tenemos el honor de presentar a los
lectores de
El Diario Español de Buenos Aires, a una
de las personalidades más respetables y venerables, al talentoso
periodista don José Antonio Miró Quesada a quien se le considera
el patriarca del periodismo en el Perú.
En efecto, aunque nuestro biografiado nació en
Panamá; el 19 de enero de 1845, su familia está radicada en el
Perú desde el año de 1847, es decir a los dos años de vida
se incorporó a la nacionalidad peruana y ha logrado que su gran talento
y virtudes cívicas, cual los arquitectos de la Edad Media y en su
época más reciente en la familia Bach en Alemania que el mundo
presencie otra vez la sucesión de aquellas grandes dinastías de
intelectuales que se trasmitían de padres a hijos la antorcha del
Arte.
Este es un espectáculo digno de ser admirado por su belleza,
ver perpetuarse este talento y virtudes cívicas, nada comunes, en
individuos de un mismo apellido. Si nos remontamos hasta el progenitor, el
fundador de la familia Miró Quesada; retrocedemos a mediados del siglo
XVIII en el que llegó de la Península Ibérica el bizarro
oficial del ejército español, don Francisco G. Miró casado
con doña Ana Meyner, muriendo en la alta clase de general de brigada del
ejército de Su Majestad Católica. Un nieto suyo llamado
Tomás se casó en 1831 con la señora Josefa de Quesada,
hija de don Miguel de Quesada, (español, andaluz) y doña Catalina
Velarde panameña, hija de un general español.
Desde los días del progenitor hasta hoy, la luz encendida y
guardada en el cerebro por todos estos hombres ilustres, ha pasado de mano en
mano, siempre creciendo, siempre brillante. Los antepasados de la familia
Miró Quesada la han conservado resplandeciente hasta los sucesores de
nuestro biografiado, que han aumentado su brillantez, y hoy por hoy, forzoso es
decirlo, estos han extendido sus beneficios y miles de personas están
siguiendo sus huellas.
Empecemos por el mayor de los hijos, Antonio, que es abogado,
político de alto vuelo, gran orador, y tal vez el periodista de talento
más asombroso en la vida republicana del Perú. La pluma en las
manos de este eminente periodista es arma de mejor temple que el acero de la
espada, su talento, mejor capital que toda la riqueza material, y su
inteligencia, un poder más dominante que toda fuerza; condiciones
esenciales estas que abren el camino del poder y de la gloria.
El segundo de los hermanos Luis, es uno de los obreros del
pensamiento, que más se han distinguido y se distinguen entre las
figuras representativas del Perú. Es abogado, catedrático de
Pedagogía en la Facultad de Letras donde hoy es subdecano y su
representante en el Consejo de la Facultad, alto cuerpo que tiene a su cargo la
dirección universitaria. Es periodista de ideas profundas y actualmente
director de
El Comercio por ausencia de su hermano el
distinguido hombre público Antonio Miró Quesada.
El tercero de los hermanos es Aurelio, eminente hombre de ciencia,
ingeniero de minas y profesor de la Escuela de Ingenieros. Ha sido ingeniero
del Concejo Municipal, delegado del Perú en la convención
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azucarera de Bruselas y miembro del Consejo Superior de
Minería. En Búfalo, fue secretario de la Delegación
peruana durante la exposición. Ha sido Cónsul General del
Perú en Bruselas y concejal del Municipio de Lima.
El cuarto de los hermanos es Óscar que es ahogado,
conferencista, periodista y notable escritor; es catedrático de
Sociología en la Facultad de Filosofía y Letras y
catedrático de Derecho Penal especial en la Facultad de
Jurisprudencia.
El quinto y último hermano es Miguel que es colaborador
artístico en
El Comercio de que todos ellos son
propietarios; y nuestro biografiado, el fundador.
Completan la familia Miró Quesada una niña, la
inteligente Pepita, esposa hoy del distinguido peruano don Pedro García
Irigoyen. La esposa y madre de esta pléyade de intelectuales es la
distinguida matrona señora Matilde de la Guerra. Estos hijos ilustres
sirven de pedestal de oro a la figura venerable e inmaculada de nuestro
biografiado don José Antonio Miró Quesada.
Nuestro biografiado ha sido director de
El Comercio hasta el año de 1905 en que
se apartó definitivamente de la dirección del diario. Su obra
periodística es muy notable y abarca un período de más de
un tercio de siglo largo e interesante período de la vida del
Perú.
Habiendo consagrado la mejor parte de su vida a
El Comercio puede sentirse satisfecho de su
obra, pues el decano de la prensa nacional ha respondido a sus esfuerzos
convirtiéndose en periódico de gran prestigio y de mucha
popularidad.
La importancia y prestigio de este diario la encontramos en las
siguientes líneas traducidas de la obra en inglés, obra escrita
por el ingeniero Enock, titulada
Perú que dice: «En Lima se
publican varios periódicos. El primero entre ellos es
El Comercio fundado en 1893. Lo que es el
Times para la Gran Bretaña así es
El Comercio para el Perú. Este
periódico ha sostenido siempre la causa de las libertades
públicas, luchando por el progreso del país. Trabajó por
la abolición de la esclavitud de los negros, consiguiéndose tan
importante reforma social a fines de 1855. También sostuvo
El Comercio los derechos de los indios y ha
contribuido en grande escala a su mejoramiento. El espíritu de
tolerancia y de buen juicio desplegado en sus columnas, le ha ganado la
confianza del público, y es órgano del cual está
justamente orgulloso el Perú».
En la obra
Biógrafo americano de Ventura Seoane
encontramos estos datos biográficos que reproducimos, sobre don
José Antonio Miró Quesada.
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No hay problema político, económico o correspondiente
a otra faz de la vitalidad peruana, que durante su permanencia al frente del
diario, como redactor, sobre todo después de muerto en 1898 el doctor
Carranza, no haya planteado y dilucidado, con su estilo sencillo y clara
exposición, incurriendo una que otra vez en error u apasionamiento o,
porque no hay espíritu constantemente ecuánime e infalible, pero
demostrando
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siempre a más de versación
enciclopédica, talento, buena fe y honradez de
propósitos.
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He aquí diseñada a grandes rasgos la importante
personalidad de don José Antonio Miró Quesada, digno descendiente
de sus antepasados los hispanos que en el siglo XVI cuando cada nación
en la Europa traía un tesoro común a la humanidad, en que
Alemania dio una nueva religión, la religión de la conciencia
libre; la Francia la nueva Filosofía, la filosofía del sentido
común; la Italia el Arte de la humanidad, uniendo el cristianismo con
las formas clásicas; Polonia los nuevos cielos que describe
Copérnico; nuestra querida España, dio los grandes guerreros, los
grandes navegantes y conquistadores de la historia, que dieron un nuevo
Paraíso para la humanidad regenerada y completaban los hispanos la
renovación de las ideas con la renovación de la naturaleza en el
descubrimiento de la América.
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  Antonio Miró Quesada

Continuando en nuestros propósitos a fuer de español,
para conseguir el acercamiento espiritual de esta República con
España, propósito que hemos concebido y llevado a debido efecto
con abnegación y patriotismo y completamente ajeno a todo interés
mezquino y material; hoy presentamos a los lectores de
El Diario Español en esta
«Galería de honor», a uno de los más preclaros
ciudadanos del Perú, a una de las inteligencias más robustas, al
señor doctor don Antonio Miró Quesada, que es abogado,
político de alto vuelo, gran orador, y tal vez el periodista de talento
más asombroso en la vida republicana del Perú. La pluma en las
manos de este eminente periodista es arma de mejor temple que el acero de la
espada, su talento, mejor capital que toda la riqueza material y su
inteligencia, un poder más dominante que toda fuerza, condiciones
esenciales estas, «que abren el camino del poder y de la
gloria».
Los anales de la historia antes del descubrimiento de la imprenta,
solo contienen batallas y conquistas; todos los hombres que caminaban y
deslumbraban eran guerreros; la fuerza por todas partes
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era
dueña de la riqueza, señora del poder, y monopolizadora de la
gloria y tan solo podían escalar las eminencias sociales,
aquellos que habían nacido con aptitudes militares y puños de
hierro. Pero, apareció la imprenta y con esta el periodismo, poniendo en
manos de los hombres inteligentes, una escala para trepar a todas las alturas,
y una arma para vencer todas las resistencias.
Como elemento democrático, el periodismo of |