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  Fortunato Quezada

Honramos hoy las columnas de El Diario Español, apuntando algunos datos biográficos, sobre la personalidad de un joven y talentoso médico peruano, muy sincero y fervoroso
admirador de España, el doctor don Fortunato Quezada, quien en su corta, pero brillante actuación profesional, tiene ya conquistado
un sólido prestigio como cirujano y maestro universitario.
Nació el doctor Quezada en la ciudad de Trujillo, el 5 de marzo de 1895. Fueron sus padres el señor Alberto Quezada, distinguido
caballero limeño y la señora Carmen Larrea de Quezada, de la culta sociedad de Chiclayo.
Desde las aulas universitarias se destacó la personalidad del doctor Quezada, como una promesa de actividad útil y bienhechora.
Dotado de clara inteligencia, espíritu investigador e infatigable en el estudio, cursó con lucidez los primeros años de su
carrera imponiéndose a la consideración de sus condiscípulos y maestros ganándose al mismo tiempo, su franca simpatía.
Como estudiante, fue en 1917 presidente fundador de la Federación de Estudiantes del Perú, institución a la que dedicó sus
juveniles entusiasmos y prestigió con su decisión y talento.
El 26 de julio de 1917 presidente fundador de la Facultad de Medicina de Lima, y el nueve de setiembre del mismo año sus méritos
lo llevan a desempeñar el puesto de Jefe de Servicio del Hospital de San Bartolomé.
El 10 de diciembre después de lucidas pruebas y una interesante
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tesis que fue inserta en los Anales universitarios, se graduó de doctor en medicina en la ilustre escuela de San Fernando.
Meses más tarde, en abril de 1920, cuando la vieja Universidad de San Marcos volvía a su vida normal, después de la efervescencia
renovadora que agitó sus claustros en pro de nuevas orientaciones y métodos de enseñanza, el doctor Quezada recién egresado
de las aulas y contando solo veinticinco años de edad, fue llevado por la opinión unánime de alumnos y maestros a ocupar la
Cátedra de Anatomía Descriptiva de la Facultad de Medicina. Su talento, su saber y sus dotes de maestro probaron luego el
acierto de esa elección.
El 13 de mayo de 1922 sucede al doctor Gastañeta en el desempeño de la cátedra de Anatomía Topográfica correspondiente al
cuarto año de medicina, imprimiendo modernas orientaciones al plan del curso, como muy bien lo expresara en su brillante lección
de apertura con estas frases: «Reunamos e independicemos el concepto legendario, clínico y aplicativo de la anatomía macroscópica, tanto descriptiva como
topográfica, que es una hermosa leyenda en la instrucción quirúrgica».
En el mismo año reemplaza al doctor Gastañeta por haber sido llevado este distinguido maestro a ocupar el Decanato de la Facultad,
como Jefe del Servicio de Cirugía de la sala de San Juan de Dios, en el Hospital Dos de Mayo.
Finalmente el doctor Quezada ha sido elegido miembro de la Academia Nacional de Medicina y de la Sociedad Peruana de Cirugía.
Pero no solo en la cátedra como maestro y en la clínica al lado del enfermo, ha sido fecunda la labor del doctor Quezada sino
que ha aportado a la medicina peruana una extensa bibliografía sobre temas interesantísimos pudiendo señalar entre otros las
siguientes obras y opúsculos: un volumen de 146 páginas insertado en la revista universitaria sobre el «Ensayo de Metodología
Química». La Muerte súbita entre nosotros, volumen de 82 páginas: estudio fisio-patológico de 50 casos autopsiados. Hacia una Anatomía Nacional, insertado por la Crónica médica de Lima; volumen de 76 páginas publicado en 1919. «Estudio anatómico del cráneo tallado por Gavilán»; trabajo publicado por
los Anales de la Facultad de Medicina en 1920; Revista Universitaria, año de 1920. «Las ciencias biológicas en Perú independiente», folleto de 16 páginas solicitado y publicado por Mercurio Peruano en la edición del Centenario. «Esbozo etio-patogénico de la muerte súbita por dilatación aguda al estómago con oclusión duodenal»,
trabajo publicado en los Anales de la Facultad de Medicina, año de 1919. «Dilatación quística del hopato-colédoco por estenosis del segmento pancreático»; insertado en la crónica médica;
«Heridas de bala de la pleura y el pulmón», publicado en la Crónica médica en abril de 1920. «Nuevas ideas sobre el shock en cirugía». «Apendicectomías retrógradas o de la base a la punta», publicado por los Anales Hospitalarios en el año de 1922.
Tal es a grandes rasgos la labor proficua realizada por el doctor Fortunato Quezada y que gustosos damos a conocer a los
lectores de El Diario Español de Buenos Aires.
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  Pedro José Rada y Gamio

Persistiendo en nuestra tarea de presentar en las columnas de El Diario Español de Buenos Aires a los iberoamericanos de sangre española nacidos en el Perú; hoy tenemos el agrado de presentar al doctor
Pedro José Rada y Gamio que está emparentado con la más alta nobleza española, pues es sobrino de don Juan Mariano de
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Goyeneche y Gamio, conde Huaqui y duque de Gamio. A tan excelsas cualidades, reúne nuestro biografiado su gran talento puesto
al servicio de la patria en multitud de ocasiones. Después de terminar con lucidez sus estudios de jurisprudencia en la Universidad
de Arequipa, en 1911 fue nombrado encargado de negocios ante la Santa Sede, cargo que ejerció hasta principios de 1918. De
regreso al Perú, fue elegido diputado por Arequipa, y en marzo de 1921, fue nombrado ministro de Fomento cuando faltaban apenas
cinco meses para la fecha del Centenario de la Independencia Nacional. Desplegó tal actividad, que logró con muy reducidos
recursos organizar perfectamente todo el vasto y complicado programa de fiestas de esa conmemoración clásica. En el ministerio
de fomento luchó por mejorar las condiciones higiénicas y de salubridad que encontró en las formas más deplorables con la
fiebre amarilla en el norte del Perú, la bubónica en el Callao, el paludismo en la ciudad de Lima y en todos los valles de
la costa. Reorganizó los servicios de inmigración; puso término al desbarajuste de ciertos servicios públicos. Estimuló
el desenvolvimiento de la agricultura y la ganadería. Es miembro correspondiente de las Reales Academias Españolas de la
Lengua, de la Historia y de Legislación y de Jurisprudencia de Madrid; de la Academia Colombiana de jurisprudencia y de la
Academia de los Arcades de Roma. Es Comendador de la Orden Pontificia de San Gregorio Magno y miembro del ilustre Colegio
de Abogados de Lima.
Además, el doctor Rada y Gamio tiene una extensa y valiosísima bibliografía. Actualmente es Ministro de Gobierno y Policía.
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  Enrique de la Riva Agüero

El gran deseo que agita nuestra vida, el ideal que perseguimos incansable en nuestro camino, la estrella que vemos fija siempre
en nuestros horizontes y en nuestra conciencia, en la unidad de todos los españoles, es la unidad de todos los iberoamericanos
en confederación con la madre patria, España, levantadas todas ellas sobre los mismos derechos fundamentales, unidas al pie
de un mismo altar, con los ojos puestos en un mismo Dios, que recuerdan una misma cuna, y que hablan una
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misma lengua. Este es el fin que perseguimos al fundar en las columnas de este diario esta «Galería de honor».
Hoy presentamos a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, a uno de los peruanos más distinguidos, a uno de los iberoamericanos más fervorosos amigos de España, al
doctor Enrique de la Riva Agüero, que es abogado, diplomático, publicista, político y orador parlamentario; nuestro biografiado
nació en Lima el año de 1857, y es nieto del gran mariscal don José de la Riva Agüero. Ingresó a la Universidad en
1875 y se recibió de abogado en 1883.
El curso normal de la vida ha sido en el Perú, reemplazando hombres con otros hombres y colocando en los primeros puestos
de las diversas funciones nacionales, a quienes se han instruido después de la guerra del Pacífico de 1879 a 1883. Hoy son
los niños del año 79, los que tienen las funciones representativas del país, excepto algunas figuras ya incorporadas en esta
«Galería de honor» y algunas otras que vamos a incorporar, entre las cuales consideramos a don Enrique de la Riva Agüero,
el primer estudiante que después de fundada por Manuel Pardo la Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas, recibió
en ella el título de doctor, siendo inmediatamente nombrado catedrático adjunto de los cursos de Derecho Constitucional
y de Derecho Administrativo.
Seguramente, no obstante su estudiosidad y capacidad y sus aptitudes para hablar y escribir, no tenía aficiones a la enseñanza
universitaria, pues prefirió dedicarse a la diplomacia y a la política, dejando, de cuando en cuando alguna huella universitaria
de su talento. Así en el Ateneo leyó un notable trabajo sobre «El Consejo de Estado», y en la Facultad de Ciencias Políticas,
hizo bello discurso en contra del «Derecho de conquista».
Riva Agüero desciende de políticos, era sobre todo político, y por eso es en la escena pública donde desenvuelve su personalidad,
habiendo sido joven aun, ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno de Nicolás de Piérola y habiendo sido, entonces
también presidente del Consejo de Ministros.
Después fue senador, y puede decirse que fue uno de los primeros senadores del Perú, no solo por su inteligencia, sino por
su independencia, pues combatió un proyecto de empréstito presentado por el gobierno de don José Pardo en 1905, a pesar de
ser amigo político y personal de él.
Más tarde fue jefe del Civilismo Independiente y volvió a ser ministro de Relaciones Exteriores y presidente del Consejo de
Ministros, cuando don José Pardo volvió a ser Presidente de la República en 1915.
Se creía en esa época, que Riva Agüero sucedería a Pardo en la jefatura del Estado, más tuvo la debilidad y el error de gobernar
sin presupuesto, lo cual, como es natural, hizo difícil su mantenimiento, en el rol del gran eje de la política. En efecto,
Riva Agüero gobernó su presupuesto, pero el presidente Pardo, después de conservarlo unos cuantos meses en el gabinete, lo
reemplazó ante la necesidad de escapar a los debates que en el Parlamento iba a producir que Riva Agüero, legalmente responsable
de su política, permaneciese en su portafolio.
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Las posibilidades, y más que eso, las probabilidades de ser candidato a la presidencia de la República se esfumaron, pues,
a consecuencia de gobernar sin presupuesto, pero Riva Agüero, probó una vez más la sinceridad de su espíritu, porque dejó
el ministerio antes de reunirse el Parlamento donde quiso aparecer dando disculpas impropias de la altivez de su espíritu.
Comprendió Riva Agüero su error y cubriéndose con su toga, como un romano, se retiró a su hogar, dejando definitivamente la
escena política. En realidad, si las cosas no hubieran seguido esta trayectoria, y si se hubieran mantenido en la línea iniciada
en 1910, lo natural hubiera sido ver a Enrique de la Riva Agüero, figurar entre los más notables candidatos a la presidencia
de la República, altísimas funciones a las que hubiera llevado excepcionales cualidades de capacidad, de carácter y de conocimientos
en la política internacional, conocimientos adquiridos en el desempeño de la cancillería del Perú, en el estudio permanente
de las cuestiones teóricas y prácticas del Derecho de gentes, en el desempeño de la Legación del Perú en la República Argentina,
y, por último en España cuando ante el rey don Alfonso fue el representante autorizado y simpático del gobierno peruano.
En todas partes dejó rastros de su caballerosidad y del amor al Perú, este digno descendiente de la madre patria España.
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  Edgardo Rebagliati

Presentamos a los lectores de El Diario Español a uno de los jóvenes escritores peruanos que más se distinguen por su talento. Su nombre es toda una promesa; ha dado ya
hermosas demostraciones de inteligencia, de contracción al estudio y de alto fervor por las letras.
Desde el año 1914 ha formado parte de diversas redacciones de diarios y revistas y ha librado brillantes campañas periodísticas.
Ha sido redactor principal de La Prensa hasta el año 1921 y es actualmente redactor de las revistas Mundial y Aire Libre.
El doctor Edgardo Rebagliati es abogado de los Tribunales de la República y ha conseguido halagadores éxitos en su profesión.
Sus estudios los siguió en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima y se distinguió durante
su vida universitaria por la rebeldía de su espíritu y por su afán renovador. Egresó de la de la Facultad el año 1920 y se
graduó de abogado ante la Corte
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Superior de Lima el 7 de enero de 1922. Durante su época de estudiante el doctor Edgardo Rebagliati mereció el honor de formar
parte, por voluntad de la mayoría de sus compañeros de estudio, de la misión universitaria enviada por el Perú a la ciudad
de La Paz en misión de acercamiento y confraternidad. En esa misión desempeñó el cargo de secretario y fue uno de sus más
destacados miembros.
Recientemente el gobierno del país le designó para ejercer una de las secretarías de la Embajada Extraordinaria del Perú ante
los Estados Unidos del Brasil con motivo del primer centenario de la independencia de aquel pueblo hermano. Toda la compleja
labor intelectual de esa misión, que presidió el ilustre político y hombre público don Juan de Dios Salazar y Oyarzábal, estuvo
confiada al doctor Edgardo Rebagliati que supo cumplirla con talento y con discreción.
El desempeño de tan importante cargo, que reviste excepcional significado, puesto que el doctor Edgardo Rebagliati lo desempeñó
cuando apenas contaba 27 años de edad le dio al joven escritor oportunidad de conocer las repúblicas de Chile, Argentina,
Uruguay y Brasil y de incrementar mediante su conocimiento el acervo de su cultura.
Una vida tan intensa y tan honrosa le da derecho al doctor Edgardo Rebagliati para figurar entre los representativos de la
nueva generación peruana y por ello digno de ser presentado a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires.
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  Emilio Rodríguez Larraín

Hoy tenemos el honor de presentar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires en esta «Galería de honor», a uno de los iberoamericanos más entusiastas y defensores de la madre patria,
al inteligente y distinguido peruano Emilio Rodríguez Larraín.
Nuestro biografiado nació en Lima el 16 de octubre de 1873. Hijo del respetable caballero señor don Manuel Rodríguez y de
la virtuosa matrona doña Emilia Larraín. Hizo sus estudios de instrucción media, sucesivamente en el seminario de Santo Toribio
y en el Colegio Nacional de Guadalupe, ingresando a estudiar derecho en la Universidad de Lima el año de 1891 y optó el grado
de doctor en Jurisprudencia obteniendo a la vez el título de abogado en 1900. Durante sus estudios facultativos desempeñó
la superintendencia de la Bolsa Mercantil y la secretaría de la Cámara de Comercio siendo presidente
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de esta institución el eminente estadista peruano don Manuel Candamo, personalidad que le dispensaba todo su afecto y su
más amplia confianza.
En 1901, gobernando el Perú don Eduardo López de Romaña, ingresó por consejo especial del señor Candamo en la función administrativa
del país aceptando la importante comisión gubernamental de Visitador General de Hacienda, con el fin de estudiar y controlar
el estado económico financiero de las Juntas Departamentales, Municipios, Sociedades Públicas de Beneficencia, Tesorerías
Fiscales y Colegios Nacionales; en el desempeño de esta delicada misión dio pruebas de energía y carácter poco comunes,
corrigiendo errores, suprimiendo prácticas viciosas y rutinarias, llegando el caso de tener que aplicar el más severo correctivo
legal por causa de defraudación pecuniaria. Esa comisión le permitió recorrer la casi totalidad del territorio nacional, excepto
el puerto amazónico de Iquitos.
Por aquella época, durante una estada en Lima, la Compañía Nacional de Recaudación le confió el difícil encargo de organizar
la importante sección de recaudo de las rentas departamentales del Perú.
Poco después de haber asumido la presidencia de la República don Manuel Candamo, en septiembre de 1903, fue nombrado el doctor
Rodríguez Larraín prefecto del departamento de Huancavelica, a los 30 años de edad, circunstancia esta verdaderamente excepcional
y que discrepaba con todos los precedentes, pues la práctica consuetudinaria consistía en designar prefectos, a ciudadanos
ya en edad madura, pero el presidente Candamo en este como en otros puntos, rompió los antiguos moldes, determinando gobernar
con elemento joven, inteligente y capaz; y hubo de escoger, con feliz acierto, al doctor Rodríguez Larraín para la elevada
función prefectural, en la cual nuestro biografiado exhibió su amplia capacidad de ejemplar funcionario de gobierno, permaneciendo
en el cargo durante un año. A fines de 1904 el gobernante de entonces, apreciando también las revelantes aptitudes del doctor
Rodríguez Larraín, lo designó para ejercerla en esa época difícil la prefectura del departamento de Huánuco, circunscripción
que era el núcleo político del doctor A. Durand, jefe del partido liberal, tenaz opositor de las candidaturas Candamo y Pardo
en 1903 y 1904 respectivamente. Gran tino demostró el gobierno en la designación, porque el joven prefecto Rodríguez Larraín
hizo con discreción y talento, magnífica administración política, logrando permanente tranquilidad en el departamento cuyo
manejo se le había confiado, gobernándolo más de un año a satisfacción general de todos los huanuqueños.
En 1906 reasumió la visitaduría general de Hacienda hasta junio de 1909, en que el Presidente de la República don Augusto
B. Leguía, conocedor de las preclaras dotes del doctor Rodríguez Larraín le llamó para hacerlo su secretario privado, acompañándole
hasta la terminación de su período presidencial el 24 de setiembre de 1912. Continuó
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como secretario privado del presidente don Guillermo E. Billinghurst, por dos meses, siendo en seguida nombrado como Encargado
de Negocios del Perú en la República de Panamá, cargo diplomático que desempeñó dignamente hasta noviembre de 1913.
El 4 de enero de 1914, aceptó la dirección de administración (subsecretario de Hacienda, en otros países), elevado cargo que
hubo de renunciar el 3 de febrero; pero la renuncia no le fue admitida por la Junta de Gobierno instalada el 4 de febrero,
continuando en el ejercicio de sus importantes funciones hacendarias y administrativas hasta el 18 de agosto de 1915 fecha
en la cual el cambio de gobierno lo determinó a permanecer al margen de la función pública, abriendo su prestigioso bufete
profesional de abogado.
Desde principios de 1917, fue uno de los prominentes y ardorosos iniciadores en el país de la candidatura de don Augusto B.
Leguía a la presidencia de la República para el período gubernamental 1919 a 1923; al efecto publicaba artículos de hábil
y eficaz propaganda auspiciadora de dicha candidatura, la cual triunfó en los comicios populares de mayo de 1919. Fue uno
de los principales y arriesgados ciudadanos que encabezaron y ejecutaron el movimiento político de la madrugada del 4 de julio
de 1919, que llevó al poder supremo de la nación a don Augusto B. Leguía, siendo elegido en agosto de ese año diputado nacional
por las provincias de Huánuco y Ambo. Reunida en septiembre la asamblea constituyente, intervino el doctor Larraín principalmente
en el gran debate sobre la reforma de la constitución política del Perú, destacándose desde entonces como orador de estilo
castizo moderno, doctrinario y principista; su austeridad y rectitud como legislador no ha sido ni es óbice para que amengüe
su leal y firme adhesión al Jefe del Estado, de quien es uno de sus mejores amigos.
El doctor Rodríguez Larraín es una de las sólidas mentalidades peruanas contemporáneas; su erudición y sus profundos conocimientos
en filosofía, finanzas, sociología, derecho y ciencias económicas, es de todos sabida; en asuntos administrativos, es, en
fin, verdadera autoridad.
Nuestro biografiado ha desempeñado, además, importantes cargos públicos dentro del movimiento hacendario, comercial del país;
habiendo sido durante el bienio 1913-1915 Presidente del Directorio de la Compañía Peruana de Vapores, Director de la Compañía
Recaudadora de Impuestos Fiscales, Director de la Compañía Explotadora del Guano para la Agricultura Nacional y Director de
algunas otras sociedades anónimas de la importancia de las ya mencionadas. Con este motivo, no podemos dejar de hacer mención
de su patriótica y vibrante actitud en defensa de la marcha y subsistencia de la Compañía Peruana de Vapores. El doctor Rodríguez
Larraín, en sesión memorable de accionistas, y en la que hubimos de ser testigos presenciales, evitó, haciendo uso de sus
reconocidas energías, la liquidación de esta gran empresa nacional, que en un arranque de interés particular, los accionistas
todos secundando a los bonistas, en número que representaba
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la mayoría del capital, determinaron la disolución de la compañía. A lo cual el citado doctor se opuso en forma que levantó
la airada protesta hacia su persona, y en proporciones que hasta la policía tuvo que intervenir en protección suya. En tal
ocasión, como la compañía quedase acéfala, porque directores y gerente renunciaron los cargos, el doctor Rodríguez Larraín,
usando de su carácter y funciones de Director General de Finanzas Públicas, dirigió solo, durante dos meses la marcha de la
compañía, hasta que llegó a constituir un nuevo directorio, compuesto de notables elementos del comercio y que fue nombrado
por resolución gubernamental. En este camino del decidido apoya a la Compañía Peruana de Vapores, lo hemos visto todos, después,
defendiendo airosa y denodadamente los intereses de tan simpática empresa peruana.
Tal es, a grandes rasgos, la personalidad del doctor Rodríguez Larraín, sincero admirador y amigo de la madre patria España,
y, uno de los exponentes de la actual intelectualidad nacional peruana.
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  Eleodoro Romero

A los lectores de El Diario Español de Buenos Aires presentamos hoy al doctor Eleodoro Romero que es abogado, catedrático, delegado del Perú en la Liga de la
Naciones y vocal de la Corte Suprema de Justicia. El doctor Eleodoro Romero, en unión de su hermano Eulogio Romero formaron
un estudio de abogado de lo más notable en el Perú. De ese estudio salió Eleodoro Romero a la vocalía de la Corte Suprema
de Justicia, llevando a ella gran bagaje de antecedentes de sabiduría y probidad. Ha sido profesor de Derecho Civil y profesor
de Historia del Derecho Peruano en la Facultad de Jurisprudencia; ha sido Decano de esa misma Facultad; ha sido Decano del
Colegio de Abogados; ha sido Ministro de Justicia, Instrucción y Culto; ha sido Delegado del Perú a la Sociedad de las Naciones.
Principió su carrera en 1886 en el puesto de Secretario de la Municipalidad de Lima, y de ese empleo pasó a ser primer secretario
de la Legación del
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Perú en Italia, ejerciendo sus funciones diplomáticas en 1890 y 1891. Al regresar al Perú en 1892 se dedicó de lleno al ejercicio
de la abogacía, ejerciéndola con breves interrupciones hasta 1922 en que fue electo por el Congreso Vocal de la Corte Suprema.
Cuando en 1899, durante el período presidencial de don Eduardo Romaña fue Ministro de Instrucción, reunió el Congreso de Higiene
Escolar, cuyas conclusiones constituyen un honor para el Perú.
Nuestro biografiado es de la época del doctor Lizardo Alzamora, doctor Carlos Wiesse, doctor Enrique de la Riva Agüero y de
otros notables ciudadanos, que ocupan hoy las primeras posiciones públicas. Son ellos los rezagos de las generaciones,
que después de cumplir sus deberes patrióticos recibieron sus títulos académicos al finalizar la guerra del Pacífico en 1883.
He aquí la ilustre personalidad del doctor Eleodoro Romero que hoy honra las columnas de El Diario Español de Buenos Aires.
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  Godofredo Ruiz Eldredge

Persistiendo en nuestra labor patriótica por el acercamiento espiritual de nuestra querida España con esta república, continuamos
presentando los valores representativos del Perú en todas las faces de su vida progresiva. Ya han desfilado por esta «Galería
de honor» valores representativos de las Ciencias, Letras, Ejército, Diplomacia, Banca, etc., y hoy tenemos el honor de presentar
a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, al distinguido peruano representativo de la industria y del comercio, el señor Godofredo Ruiz Eldredge.
Nuestro biografiado nació en Lima el 7 de junio de 1876, hijo de don Mariano Ruiz y de la señora Francisca Eldredge. Hizo
sus estudios en el Colegio Labarthe y en su propio hogar con el pedagogo Jiques y Navarrete, y desde muy joven se dedicó al
comercio.
La guerra civil que se inició en 1894/1895 contra el gobierno del General Cáceres, le inflamó su sangre, y, abandonando las
labores comerciales e industriales, tomó parte en ella en favor de la coalición concurriendo
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a la batalla de Lima el 17 de marzo de 1895, dando muestras de valor y serenidad. Afiliado al partido liberal, tomó parte
en todas las revoluciones organizadas por Augusto Durand jefe del Partido Liberal al cual desde entonces pertenece.
En 1909 fue preso y encarcelado en la penitenciaría por la revolución del famoso 29 de mayo de ese año que encabezara tan
descabelladamente Isaías de Piérola, prisión esta que fue injusta, porque nuestro biografiado, lejos de estar comprometido
en ese golpe de estado, lo censuró y lo condenó.
Tomó sí, parte muy activa en la revolución del 4 de febrero de 1914 contra el Presidente Billinghurst y en las conspiraciones
contra la dictadura del general Óscar Benavides.
Formó parte de la convención de los partidos políticos que en 1915 proclamara la candidatura de don José Pardo a la Presidencia
de la República.
En 1919 fue elegido diputado por Huari en donde goza de gran popularidad, triunfando en estas elecciones a pesar de haber
tenido en contra el elemento oficial de esa época. No se incorporó al Congreso por el golpe de Estado del 4 de julio que disolvió
el Poder Legislativo, convocando él, a nuevas elecciones. Desde entonces se consagró por completo al comercio e industrias,
alejándose de la política.
La energía, carácter y constancia de nuestro biografiado guarda gran paralelo con la de sus progenitores los hispanos, y a
ello se debe el progreso que ha alcanzado en el comercio y la posición brillante que ocupa en la sociedad.
He aquí diseñada la personalidad de este distinguido peruano, que siente correr por sus venas la sangre noble y valerosa
de aquellos esforzados paladines, los conquistadores de la América.
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  Alberto Salomón

La confederación de los pueblos hispanoamericanos con la madre patria (España) es la gran necesidad del día. Es necesario
a todo trance que nuestra grandeza española, que el espíritu español no se queden allá en la península ibérica, perdidos como
nuestros ríos en el mar, en el océano del tiempo, que todo lo esteriliza, es necesario que de una vez se decida nuestra querida
España a fomentar la unión de estas repúblicas entre sí, primero; para llegar cuanto antes a la confederación anhelada tanto
por los españoles de España, cuanto por los mismos iberoamericanos. Debe primero reunir a estos pueblos, enlazar su comercio
con el de España; estableciendo una paz duradera entre los diferentes estados de origen hispano, señalando sus límites por
medio de «grandes conferencias diplomáticas», contribuyendo también a civilizar al salvaje que aun queda en las selvas que
descubrieron y exploraron los titanes españoles del siglo XVI; y propagando estas grandes
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ideas, sería coronar nuestra obra en la América, pedida y sostenida hace tiempo por nosotros, en las columnas de El Diario Español de Buenos Aires.
Nosotros no podemos renunciar a las ideas que tenemos sobre los grandes y maravillosos destinos de nuestra grandiosa nacionalidad
hispana. Hoy España tiene dos campos abiertos donde poder ejercer su maravillosa actividad, el África y la América. En la
primera, su obra es de fuerza, es de conquista, porque las tribus bárbaras que rasgan nuestro pabellón en la costa africana
parece como que piden con su audacia la única educación que es posible darles, la educación por medio de las balas;
el único bautismo posible por ahora, que para su salvación pueden recibir, «el bautismo de la sangre». En cambio nuestra
obra en la América, es más plácida y serena es de «predicación», de «amor y de fraternidad».
Para esta predicación encuentra España grandes y entusiastas colaboradores tales como el actual ministro de Relaciones Exteriores,
doctor Alberto Salomón, que hoy tenemos el honor de presentar en esta «Galería de honor», a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires.
Este distinguido peruano nació en el Callao (Lima) en noviembre de 1870, hijo de don Juan Salomón y de doña Magdalena Osorio
de Salomón. Hizo sus estudios en el Instituto Lima, en el Seminario de Santo Toribio y en el Convictorio Peruano, ingresando
después a la Universidad de San Marcos en la que fue un alumno sobresaliente cursando las Facultades de Letras, Ciencias Políticas
y Jurisprudencia, recibiéndose de abogado en 1902. Dado su indiscutible mérito en 1905 fue nombrado catedrático adjunto de
Economía Política en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Mayor de San Marcos. En 1908 fue nombrado catedrático
principal interino de Derecho Constitucional, cátedra que desempeñó lucidamente hasta 1911, en que ingresó al parlamento formando
parte de la Cámara de Diputados como representante por la provincia de Andahuaylas.
El doctor Salomón se ha revelado en la tribuna parlamentaria como un leader de gran visión política, por su elocuencia, energía y firmeza en sus discursos que lo presentan como orador de sólida lógica
y clara argumentación.
En 1914 dio al país una muestra de su carácter y de sus convicciones. En uno de los días del mes de marzo de ese año por los
acontecimientos políticos del «4 de febrero», fuerzas armadas impedían a determinados representantes el acceso al congreso.
El doctor Salomón trató varonilmente de forzar el paso que le cerraban las turbas asalariadas, siendo herido de un balazo
en la frente, llevándolo sus amigos políticos al consulado de Bolivia en donde se le hizo la primera curación. No obstante
el delicado estado de salud y la excitación nerviosa de que estaba poseído, se hizo conducir en una camilla al Congreso a
fin de contribuir con su presencia a formar el quorum en esa sesión tan importante que debía realizarse. Terminada esta, los congresistas amigos y gran parte de pueblo lo acompañaron
al Hospital Francés
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cargando la camilla sus mismos compañeros de Cámara y seguido por miles de personas que hondamente emocionados lo acompañaban.
Desde el 4 de octubre de 1929 está frente del portafolio de Relaciones Exteriores cargo para el que lo señaló unánimemente
la opinión pública al dejar ese alto sitial el doctor Melitón F. Porras.
Estos son a grandes rasgos las líneas morales y sentimentales de este distinguido peruano que entre muchas condecoraciones
de los Estados europeos, ostenta la Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica, como amoroso descendiente de la noble
España.
A continuación inserto el hermoso discurso Americanista, en su fondo hispanófilo, que pronunciara el doctor Salomón en el
99.º aniversario de la Batalla de Junín, al pie de la estatua de Bolívar, pues en la misma España, a este héroe se le va a
levantar una estatua.
Señor Presidente de la República:
Señores:
Por acertada iniciativa de los dignos representantes diplomáticos de las cuatro repúblicas que, con el Perú forman la constelación
bolivariana, estaba acordado congregarnos aquí el 6 de agosto último, 99.º aniversario de la homérica jornada de los centauros
de Junín que, por feliz y sugestiva coincidencia, es también la fecha magna de Bolivia.
Intentábamos en tal día rendir el homenaje de nuestro amor aquilatado por el tiempo y el análisis, al héroe inmortal que,
por la magnitud y trascendencia de su obra, la sabiduría de su consejo y la devoción abnegada de su corazón puesto al servicio
de estos pueblos, constituye el más austero de los vínculos que los une en el presente y el más fuerte acicate que los ha
de guiar en lo futuro.
Desgraciadamente un hecho infausto e inesperado en la vida de una gran nación amiga y hermana con la cual nos ligan tan estrechos
lazos de admiración y afecto que sus dolores han de repercutir necesariamente como propios en nuestros corazones, nos obligó
a aplazar -inclinados ante la tumba del ilustre presidente Harding- el sencillo homenaje que hoy venimos a rendir al genial
caraqueño. Inútil es recordaros que la nueva fecha escogida posee también un magnífico significado histórico, pues en ella
conmemoramos un centenario inolvidable; el del desembarco en el Callao del héroe cuyo recuerdo y cuya gloria nos ha reunido
en esta plaza con que nuestra gratitud escucha aun el eco de sus pasos, rodeado de muchedumbres delirantes cuando se dirigía
al recinto augusto de las leyes, ora a asumir el mandato supremo en días terribles de lucha y desconcierto, ora a renunciar
cumplida la obra de libertad e independencia que al Perú trajo a la cabeza de ínclitos guerreros que desde los llanos bravíos
de Venezuela, las mesetas andinas de Nueva Granada y los hondos valles del Ecuador vinieron a sumar sus esfuerzos con el de
nuestros propios luchadores, de los hombres del Alto y Bajo Perú, y de los que, nacidos a orillas del Plata, trasmontaron
la adusta cordillera para completar y asegurar la obra iniciada por el gran caudillo del sur.
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La palabra cálida y elocuente del ilustre Ministro de Colombia, llena del fervor americanista que todos le reconocemos
y sustentada por la autoridad moral de su noble vida de repúblico, expresará dentro de breves instantes todo el alcance que
le demos a esta solemne actuación. Cúmpleme tan solo deciros que la corona de bronce que, en nombre de las cinco repúblicas
bolivarianas, colocamos hoy en este pedestal, simboliza no solo el afecto colectivo de estos pueblos por la memoria de Bolívar
-a él se le puede citar sin adjetivos- sino también la realización ya casi palpable del ensueño bolivariano, de la idea fecunda
y avasalladora que fue como la fuerza motriz de su genio, que inspiró sus proyectos para alcanzar la independencia americana,
que retempló su espíritu en las horas amargas de la derrota y que orientó invariablemente sus concepciones de estadista
y de filósofo; el convencimiento de que estos pueblos estaban llamados a altísimos destinos en la vida de la humanidad y que
para cumplir su providencial misión les era indispensable mantener la paz y el orden internos y estimular la armonía y el
espíritu de fraternidad entre todas las naciones del continente.
En verdad, señores, no es tan sólo el recuerdo del guerrero victorioso el que nos ha reunido aquí. Si grande fue la obra de
su espada no le cede en valor y en trascendencia la de su espíritu de conductor y de vidente, el precursor del ideal panamericano,
el genio político que concibió antes que nadie el anfictionado americano y reunió en Panamá el primer Congreso de las Repúblicas
del nuevo Mundo; el legislador que buscó, empeñoso, fórmulas constitucionales que, sin estrangular la libertad de los ciudadanos,
permitiesen el establecimiento de gobiernos fuertes capaces de conservar la tranquilidad y el orden público, tiene hoy tanto
derecho a nuestros afectos y a nuestros homenajes como el héroe epónimo que cantó nuestro Olmedo y que se impuso a la admiración
del mundo en las gloriosas jornadas de Carabobo y Boyacá, de Pichincha y de Junín.
Señores:
Es fuente inagotable de nobles estímulos y de fe en el porvenir contemplar la realidad actual afirmativa de que comenzamos
a ser dignos del Libertador, pues ya entran nuestros países por las sendas del orden y fraternal armonía en las que él deseaba
impulsarnos hacia la realización de sus destinos. Y así estos pueblos van correspondiendo a la memoria del héroe lleno de
energías y visión profética que, aun vencido y acorralado en La Puerta, escribía a Pueyrredón, director supremo de las
provincias del Plata, para anunciarle una próxima victoria definitiva e invitarle a cooperar a la unidad de Sud América;
porque, según él, todos los americanos «debían tener una sola patria». Y por todo esto, venimos aquí, unidos en un santo anhelo
americanista, altas las frentes y ensanchados los corazones, a expresarle a este solitario de la gloria, nuestra gratitud
y nuestro afecto y a evocar su figura radiante para decirle, llenos de esperanza, que sus vaticinios están cumpliéndose; que
el eje de la civilización universal se irradia hacia los pueblos que creó su genio, y con ellos «crece en los siglos la
gloria de su inspiración y de su obra».
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  Remigio B. Silva

Entre los vecinos notables del puerto del Callao (Perú) se destaca en primera línea, como un ejemplo de laboriosidad y constancia,
el conocido escritor y hombre público local Remigio B. Silva, que hoy tenemos el honor de presentar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires.
Si tomáramos su actuación en el campo del trabajo, desde sus juveniles años como norma de su carácter emprendedor e irreductible,
ella podría servir de pauta, de modelo, a las nuevas generaciones de estas democracias hispanoamericanas, que tienden a formar
de la energía y el deber, la más sólida base para su próximo engrandecimiento.
Cuenta en su tronco ancestral Remigio B. Silva, por parte de doña Jesús Fernández, una vinculación estrecha con la madre España.
Y de ahí, seguramente arranca el acendrado amor de Silva a todo lo que se refiere a la metrópoli donde halló vida la hermosa
lengua de Cervantes.
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En la ciudad de Trujillo, fundada por el audaz conquistador Francisco Pizarro vio la luz primera el año 1876 nuestro actual
biografiado.
Su padre, el ilustre marino don José Manuel Silva, hijo este, a su vez, del coronel Remigio Silva, gran patriota, corresponsal
del prócer San Martín en Lima. Parece que la adversidad, que a muchos amilana, hubiera sido la piedra de toque para probar
el temple de alma de Remigio B. Silva.
En efecto, casi niño, apenas a la edad de dieciséis años, tiene que truncar sus estudios de la Escuela Naval, para lanzarse
a la lucha por la existencia.
Un timbre de orgullo para el adolescente, había que bregar para el sostenimiento de sus ancianos padres, abatidos momentáneamente
por la enfermedad y la pobreza.
Y vemos entonces a Silva ingresar a la Empresa del Muelle y Dársena, la más poderosa en su género, en el Perú; y de allí,
paso a paso, a fuerza de tenacidad y buen comportamiento, consigue el puesto de secretario general, puesto que se disputaban
personalidades con influencias políticas y mil recomendaciones diversas, cuando acababa de cumplir la edad de veintiún años.
Esa empresa se halla constituida por capitales franceses. Era lógico que el idioma francés se manejara en ella. Pues bien
Silva, con intuición del porvenir con esa visión de los caracteres fuertes, apenas ingresado a ella, inicia su aprendizaje
de tal lengua, y llega al cabo a dominarla tanto como la suya propia. He aquí otro ejemplo que no tiene que envidiar a aquellos
caracteres sajones que con tanta profusión describe Marden en una de sus obras.
También la raza hispanoamericana presenta, como este, multiplicidad de casos de voluntad y firmeza.
A cualquiera otro que no hubiera sido de tal temple de alma hubiera bastado la relativa comodidad del puesto conquistado.
Pero ese temple de dinamismo constante impelía a Silva hacia otro orden de cosas, hacia otro sendero donde pudiera ser útil
a sus conciudadanos. Y lleno de entusiasmo y fe se lanza a las lides comunales. Ingresa al municipio como concejal, y dentro
del Concejo es nombrado síndico de rentas.
Su labor es infatigable; ordena, escudriña, cautela y saca a la luz pública lo que él no encontraba conforme. En esa lucha
de que se ocupa la prensa de 1910 sufre ataques y malevolencias; tiene los consabidos enemigos de esa clase de campos de batalla.
Pero él no se arredra, a todos hace frente, refleja su pensamiento en números; muestra matemáticamente, el estado de las rentas
municipales, pide sanción, pide reforma, se vale del folleto, de los diarios. Y cuando ya, en lo más álgido de la lucha piensan
vencerlo, consigue el más hermoso triunfo moral que pueden apetecer los que no buscan más satisfacción en la victoria,
que la conciencia del deber cumplido.
El concejal Remigio B. Silva cosecha ese gran triunfo moral cuando es sacado del local de la municipalidad en hombros del
pueblo, tras una sesión borrascosa (12 de diciembre de 1910), y es llevado
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entre grandes vítores la plaza Independencia, en donde pronuncia un discurso y dice, entre otras cosas, lo siguiente: «Estoy resuelto a ir adelante; y ya que vosotros, artesanos honrados me ofrecéis vuestro valioso concurso, estad seguros que
no desmayaré un solo instante».
Aparte de la anotada, Silva se ha dedicado a trabajos literarios y periodísticos. Tiene la vocación del escritor; la rueda
de la fortuna acaso truncó en él todo el vuelo que habría podido alcanzar en la profesión periodística. Desde el año 1896
ha estado en correspondencia con los escritores argentinos Luis Berisso, Emilio Berisso y José Ingenieros. Ha colaborado en
periódicos argentinos y uruguayos.
La Comisión de Fiestas Patrias le otorgó una medalla de oro (año 1898) por el enorme éxito que obtuvo con la lectura de su
composición poética titulada «En el día de la Patria», en una velada que se llevó a cabo el 28 de julio de aquel año. Ha colaborado
en los siguientes diarios nacionales: El Comercio, El Tiempo, El Callao, El Porvenir, y en varias importantes revistas literarias. Y además ha formado parte del cuerpo de redacción de alguna de ellas. En abril
de 1899 fue aceptado como miembro del ateneo de Lima a propuesta de su presidente, el malogrado hombre público doctor Javier
Prado y Ugarteche y del entonces secretario señor Clemente Palma.
Ha hecho campañas nacionalistas en defensa de la raza y de ciertos imperialismos.
Su labor periodística citada se halla dispersa, ya firmada con su propio nombre ya con el seudónimo de René Ghil.
Sin embargo, como ya se ha indicado, ha publicado algunos folletos útiles y opúsculos con algunas poesías. Remigio B. Silva,
alma grande con sentimientos de niño, es un adorador ferviente de las musas... y de vez en cuando suele viajar ideamente hasta
las cumbres del Parnaso.
Casi niño, muestra el estado de su alma en estos endecasílabos asonantes, que son fragmentos de una composición titulada «Mi
Credo»:
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Mi religión: el Bien; mi patria, el mundo. |
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Mi eterno paraíso: la Esperanza... |
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Abdico de los dioses y me postro |
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ante aquel que da un pan en la desgracia... |
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Hay en la labor comunal de Silva una página interesante, digna de párrafo separado.
En 1909 publicó en un volumen (tomo I) de más de 500 páginas, la Legislación Municipal. En esa obra se hallan coleccionadas las ordenanzas, tarifas, contratos, leyes y resoluciones del Honorable Concejo Provincial
del Callao; trabajo este que hace suponer una enorme labor de paciente investigación.
La impresión se hizo en la imprenta del Municipio, con la autorización del alcalde y el beneplácito de los señores concejales.
El autor presentó su obra con esta dedicatoria: «Al Honorable
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Concejo Provincial del Callao dedico y obsequio el presente trabajo como testimonio del respeto que me inspira la Institución
Municipal».
Pero él mismo, llevado de ese su espíritu de combate por la verdad y el orden, escribió un prólogo catilinario, del cual
reproducimos el siguiente trozo:
Hemos llegado al extremo de tener que rogar, que suplicar, para conseguir nada más que el cumplimiento de un deber. Se ha
perdido a este respecto toda noción de moral. Con rarísimas excepciones, en las oficinas públicas no se encuentra ni amor
al trabajo ni espíritu de orden, ni deseos de servir los intereses de la colectividad. Desgraciadamente es en los municipios
donde más se nota esta falta de rectitud y de justicia, y donde más se hacen sentir sus deplorables efectos. El empleado
no tiene respeto por el jefe, ni el jefe tiene consideración por el empleado. Si hay algo que necesita urgente y radical reforma,
es la administración pública en el Perú. Se tiene por lo general tan pobre idea de todo lo que tiende al bien común,
que es muy difícil encontrar quien, seria y abnegadamente se preocupe de cumplir con su deber, cautelando los intereses generales
como propios, etc.
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Ante tan ruda franqueza, el resquemor fue unánime. Y ¡oh! asombro de estos siglos... Su prólogo fue objeto de un auto de fe
en el mismo patio del municipio...
Una ola de encontrados remolidos fue el epílogo de ese caso sin precedente en la historia del municipio chalaco. La opinión
pública acompañó a Silva, y este siguió en la brecha alentado por la gente de orden y por sus innatos nobles sentimientos.
Siendo síndico de rentas presentó un proyecto para hacer el plano «ideal» del Callao. Fue discutido, aprobado y aplaudido,
pero desgraciadamente no se ha realizado hasta la fecha.
Otro de sus importantes proyectos ha sido el de pavimentación, que ha corrido igual suerte que el anterior.
Además han fracasado, por falta de comprensión de aquellos a quienes iban dirigidos, los siguientes: formación del margesí
de los bienes municipales; compra de los llamados terrenos de la Mar Brava, en 1898, cuando se hubieran podido conseguir a
17 centavos la vara cuadrada; hoy valen dos y tres soles la vara; expropiación de la fábrica del gas y algunos otros.
Cuenta Remigio B. Silva a su haber con los siguientes cargos públicos: delegado ante la antigua Liga de Defensa Nacional,
delegado de las extintas Juntas Departamentales. Organizador de la primera fiesta veneciana que se realizó con gran éxito
en la bahía del Callao en celebración del siglo XX.
Miembro honorario o activo de gran parte de las instituciones humanitarias del Callao. Director de la Cámara de Comercio.
Director de la Beneficencia Pública. Miembro de la instalación de la Caja de Ahorros del Callao. Inspector de la misma. Candidato
a la senaduría suplente por el Callao en 1915. Miembro de la comisión nombrada por el gobierno para el estudio del desarrollo
de las Cooperativas en
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el Perú. Miembro de la comisión para la celebración del centenario en el Callao. Tesorero del Comité «Aeroplano Callao».
Secretario del Comité de Empresas Navieras y de la Dársena. Miembro corresponsal de la Sociedad Geográfica de Lima, y
de la Sociedad Geográfica de México. Condecorado por el gobierno francés con las palmas académicas en 1916. Vicecónsul de
Bélgica y delegado del Comité Peruano Belga del Perú.
Y finalmente Remigio B. Silva, ha sido el organizador, el alma de la actual Cooperativa de la Dársena. Esta institución, fundada
en 1917 con solo 27 artículos, pagándose las acciones a razón de 20 centavos quincenales, cuenta hoy con un establecimiento
en que se expenden más de ochocientos artículos de primera necesidad (inclusive medicamentos) y se ha departido hasta la fecha
a los accionistas un dividendo anual de 8 por ciento.
Esta puede decirse que es la gran obra de Silva, porque ella redunda positivamente en beneficio de las clases trabajadoras.
Tal es a grandes rasgos la biografía de este batallador sincero, sin tacha, como hombre público, honorable como hombre de
trabajo, y ejemplar en su vida privada, ya como noble amigo, ya como digno padre de familia. Su labor intensiva y múltiple,
puede sintetizarse en dos palabras: «Vida y Trabajo». En esas dos palabras que son el título que ha dado Samuel Smiles a uno
de sus más famosos libros.
Que la vida de este hijo de la patria peruana, de este admirador y descendiente del tronco hispano, sirva de modelo a las
generaciones que se alzan en esta joven república llamada, en un remoto cercano, a ser, por a riqueza de su suelo y la constancia
de sus hijos, una de las más grandes y progresistas de la América Española...
He aquí un peruano que da honra y gloria a su patria y a su raza.
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  Salvador del Solar

La personalidad del señor Salvador del Solar que hoy presentamos a nuestros lectores de El Diario Español de Buenos Aires, nació en Lima en el año 1873, hijo del doctor Pedro Alejandrino del Solar y de la matrona doña Rosario Cárdenas.
En Parlamentarios del Perú
contemporáneo encontramos lo que sigue:
Salvador del Solar hizo sus estudios preparatorios en el «Convictorio Peruano» ingresando después a la Escuela de Ingenieros
hasta obtener su título profesional, siendo muchos años ingeniero adscrito a la Junta Departamental de Lima y haciendo con
tal carácter el trazo
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de los caminos más importantes que unen esta capital con las provincias colindantes.
Apenas salido de la adolescencia, se dio de alta en las fuerzas coalicionistas del sur, habiendo formado parte de los guerrilleros
que combatieron en Moquegua y en Tarata a órdenes del valeroso coronel Pacheco Céspedes, contra las aguerridas fuerzas caceristas.
Ingresó al parlamento durante el primer gobierno de Pardo, como diputado suplente y después como propietario por la provincia
de Castrovirreyna del departamento de Huancavelica, habiendo sostenido agitadas luchas electorales con prestigiosos elementos
regionales de dicha provincia, como el actual representante doctor Manchego Muñoz.
En su Cámara presidió muchos años, la comisión de Obras Públicas, redactando luminosos dictámenes; fue miembro prestigioso
del bloque parlamentario, que le llevó a la segunda vicepresidencia de la Cámara baja en 1913.
Solar tomó parte principal y activa en la elección convencional que llevó al poder por segunda vez al doctor José Pardo, a
quien acompañó en su política, hasta la caída de su gobierno.
Solar, es hermano del distinguido repúblico doctor don Amador del Solar que figura como uno de los posibles candidatos a la
próxima presidencia de la república.
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Estas son las líneas morales de este distinguido iberoamericano gran defensor de la madre patria España.
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  Amador del Solar

Continuando nuestra patriótica y desinteresada labor por el acercamiento espiritual de los iberoamericanos con nuestra querida
España, hasta llegar algún día al acercamiento material que forme una sola gran nación España con todas sus hijas de ayer,
hermanas queridas de hoy, las repúblicas hispanoamericanas, presentamos a nuestros lectores de El Diario Español de Buenos Aires, al distinguido peruano señor Amador del Solar, político y orador parlamentario, que nació en Lima en el
año de 1836. Hijo del ilustre don Pedro Alejandrino del Solar, que tan brillante papel hizo en la guerra del Pacífico, primero,
y después en la restauración de las garantías políticas vulneradas por
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el gobierno del año de 1895, oponiéndose a la oposición del militarismo como primer vicepresidente de la república, presidencia
que debió ocupar legalmente por fallecimiento del presidente general Remigio Morales Bermúdez; ha heredado nuestro biografiado
el talento y las virtudes cívicas de tan noble progenitor. Vencedora la causa noble de su ilustre padre, junto al que actuó
en esa campaña que dirigió don Nicolás de Piérola como delegado supremo, volvió a Lima triunfante, siendo uno de los principales
actores que lucharon en la coalición contra el régimen militar. En 1896 fue elegido diputado por Castrovirreyna y en 1899
fue nombrado plenipotenciario del Perú en Bolivia, arreglando entonces el régimen aduanero por Cojata e iniciando negociaciones
para el arreglo directo del pleito de límites pendiente. En 1906 fue Ministro de Gobierno. En 1911 fue elegido senador por
Huancavelica. En 1916 fue elegido presidente del Senado hasta el año de 1917, que se retiró de la política, ausentándose
del país, habiendo desempeñado en 1919 el cargo de Ministro Plenipotenciario del Perú en la República Argentina, de donde
regresó a Europa. Ha sido uno de los representantes al Congreso que con mayor elevación y patriotismo ha desempeñado sus funciones,
mereciendo no solo la aprobación de sus electores, sino también la de sus compañeros de cámara.
Ha tomado parte en casi todos los debates importantes y especialmente en los económicos. Es autor de varios proyectos y entre
otros uno que reforma el poder judicial. Es también autor de los dos últimos reglamentos interiores de la Cámara de Senadores.
He aquí diseñada la importante personalidad del señor amador del Solar, digno descendiente de sus ilustres progenitores los
valerosos y nobles hispanos, que con su ejemplo, virtudes y valor, señalaron el camino que han seguido en todos los ramos
del saber humano los peruanos, predilectos hijos de la noble España.
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  César Soto

Frecuentemente hemos presentado a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires en esta «Galería de personajes ilustres peruanos amigos de
España», a médicos insignes, jurisconsultos de renombre, políticos de primera fila y hombres de estudiosidad y de sabiduría
sin par, pero con menos frecuencia hemos presentado a quienes aman a España en el seno de las clases productoras del Perú.
Hoy vamos a colocar en esta «Galería de honor» a uno de esos hombres representativos del Perú, a César Soto, tipo de caballerosidad,
de probidad y de esfuerzo incansable; y estas condiciones de caballero, de hombre bueno y hombre de talento, las ha desarrollado
en pro de la industria, y de todos los grandes intereses públicos de su país.
Con las teorías y la cultura de un buen aprendizaje de humanidades, nuestro biografiado fue durante 20 años el empleado de
Tomás Valle, italiano inteligentísimo y uno de los hombres más prestigiosos de negocios y de empresa del Perú desde 1880
a 1910. El instinto guió a Valle para adivinar en el joven Soto, las ricas cualidades de que estaba
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adornado; y la experiencia hízole confirmar las adivinaciones del instinto. Y así el joven César Soto, pasó progresivamente
de empleado de modesta jerarquía a alto empleado de absoluta confianza, para llegar a ser el apoderado general de Valle.
Su cultura teórica, se había enriquecido mientras tanto; y el joven Soto alcanzaba a dominar las lenguas extranjeras y las
altas combinaciones de la matemática financiera, nutriendo su espíritu en las horas que la juventud habitualmente dedica al
deleite y al descanso.
Todo esto tuvo su recompensa, porque la probidad, el trabajo, el talento y la experiencia en la vida, le abrieron la ruta
de la riqueza, pues hoy César Soto tiene un cuantioso capital, y además de cuantioso respetable, por radicar su origen
en la virtud de la labor extenuante y de la severa economía ¡La Virtud! encarnose en César Soto la virtud al amasar su capital
y encarnarse en él, al empleado. Testificándolo sus numerosos trabajadores de la hacienda «Monterrico Grande», de la que es
gerente y el más grande copropietario. Ahí en Monterrico Grande existen escuelas, habitaciones, asistencia médica, métodos
perfeccionados de cultivo, buenos salarios, estímulo perenne para los obreros en forma de primas por buena conducta, indemnizaciones
superiores a las que fijan las leyes por accidentes del trabajo y, en fin, hay el ejemplo vivo del cumplimiento de las funciones
simpáticas de la riqueza. La riqueza ha de bajarse para consolar la miseria y César Soto, modestamente, cristianamente, sin
que su mano izquierda conozca el acto de su mano derecha, derrama dos tesoros: el de su dinero y el de su consuelo. Trabajo
y amor al prójimo. Y sigue y seguirá trabajando César Soto porque el dinamismo creador de su acción es incontenible. César
Soto, es un hombre eficiente: su vida es lección de eficiencia; es el hombre a quien uno de sus biógrafos se refería diciéndole:
«A ti que sorbistes lágrimas y dolores con la entereza de Scévola y la dulzura de Cristo; a ti que remordiendo tristezas escondidas
y desfallecimientos mortales, barrías los abrojos de tu camino y en las moles de granito que se alzaban a tu paso, te labrabas
un escabel: a ti que me distes tu alma noble, tu sangre triste y un hilito imperceptible de tu luz».
Estas son a grandes rasgos las líneas morales y sentimentales de este distinguido peruano, digno descendiente de hispanos
del siglo XVI, cuya voluntad férrea y virtudes excelsas solo encuentran parangón con aquellos valerosos y nobles españoles,
que con la espada y con la cruz ensancharon el mundo del cristianismo, dando a la humanidad regenerada un paraíso con el
descubrimiento de América.
Nuestro biografiado, el distinguido peruano César Soto, nació en Ica, pequeña ciudad ubicada cerca de Lima y de la que como
en las antiguas ciudades de la Grecia que dio los más grandes filósofos que fueron los fundadores del pensamiento humano,
así, de Ica, han salido los más grandes hombres, los más grandes filósofos del Perú, los más famosos oradores.
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  Dalmace Moner Tolmos

El coronel Dalmace Moner Tolmos es, por sus actos y lo tenía que ser por su estirpe, fervoroso amigo de España, pues tanto
su padre don Ramón Tolmos como su madre doña Paula Marañón nacieron en tierra española.
Nuestro biografiado el coronel Tolmos nació en Ica, hermosa y riente ciudad ubicada al sur de Lima, suelo privilegiado por
la naturaleza el que a la par que produce una exuberante vegetación, es una de las provincias del Perú que mayor número de
talentos ha producido en todos los ramos del saber humano. En este suelo tan privilegiado nació y se educó nuestro biografiado
el que siendo capitán del ejército peruano, le sorprendió en la República Argentina la declaración de la guerra del Pacífico
el año de 1879, abandonando los negocios particulares que en el suelo argentino lo retenía y dando prueba de la efervescencia
de su sangre hispana, regresó al Perú para defender con su pecho
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el ultraje inferido por el agresor del Mapocho, concurriendo a las campañas y a las batallas durante esta terrible guerra
del Pacífico. Fue varias veces herido gravemente llegando a obtener por acciones de la guerra diversos ascensos hasta el de
teniente coronel; y cuando ya
con esta clase militar firmose la paz con Chile y estableciose en Lima el gobierno que la había suscrito, el teniente coronel
Tolmos fue uno de los primeros en negarse a reconocer ese gobierno, y en seguir «la bandera de la Breña», levantada en la
cordillera de los Andes por el general Cáceres, quien al ocupar el poder ejecutivo en 1886, nombró al teniente coronel
Tolmos adjunto militar de la Legación del Perú en España, cargo donde tuvo oportunidades de acentuar el amor por la patria
de sus progenitores.
Después de regresar al Perú, el gobierno del general Cáceres, conociendo que el señor Tolmos era un soldado de excepcional
cultura y de magníficas dotes para las funciones administrativas; hízole director general de Obras Públicas, dirección donde
hubo de prestar importantes servicios y de donde pasó al consulado general del Perú en Bélgica, desempeñándolo durante los
períodos presidenciales de Morales Bermúdez, de Piérola y de Romaña.
En los últimos días del gobierno del señor Romaña regresó al Perú, y, al regresar, en la época del gobierno de don Manuel
Candamo, fue ascendido por el poder legislativo a la clase de coronel, sorprendiéndonos que aun no sea general no obstante
sus méritos y sus aptitudes.
Después de ser coronel don Dalmace Moner Tolmos, fue en 1905 jefe de la zona militar de Lima y en 1907 prefecto de Arequipa,
recordándose aun en este viril e importante departamento la gestión prefectural del coronel Tolmos.
Más tarde fue senador por el departamento de Ica, y salió del Senado para ejercer la representación diplomática en los Estados
Unidos del Brasil.
El nombramiento diplomático del coronel Tolmos tuvo el valor de la consagración de sus grandes aptitudes diplomáticas desarrolladas
en la legación del Perú en España y en el consulado del Perú en Bélgica, capacidad unida a sus condiciones de hombre de mundo,
y su cultura por conocer varios idiomas, por haber realizado numerosísimos viajes y por haber tenido prolongadas residencias
en Londres, en París y Boston.
Tocole al coronel Tolmos representar al Perú en Río Janeiro, durante el centenario peruano; y aun se recuerda en la sociedad
fluminense la esplendidez de las fiestas que el diplomático peruano supo ofrecerla, como se recuerda, también su obra de cordialidad
para el acrecentamiento de los vínculos fraternales existentes entre el Perú y el Brasil.
El coronel Tolmos es miembro de la sociedad de Beneficencia Pública de Lima y de la sociedad Geográfica; y tiene gran número
de condecoraciones, entre ellas la de la Legión de Honor de Francia y la de Leopoldo de Bélgica.
Por último, es imposible prescindir, no obstante el carácter sumario
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de estos datos, de que el coronel Tolmos tuvo la idea de dotar al Perú de una escuela de agricultura y que fue él, quien
seleccionó y contrató en Bélgica el personal de ingenieros agrónomo y de químicos llamados a iniciar la enseñanza de ese instituto.
En esta tarea estuvo bien afortunado el señor Tolmos, porque todos los profesores elegidos por él, supieron fundar una institución
que ha dado y continúa dando óptimos frutos; y algunos de sus profesores, después de cumplir con sus compromisos, contribuyeron
y contribuyen, como empresarios y como propietarios al desarrollo agrícola e industrial del Perú.
Los servicios del señor Tolmos, en orden de la enseñanza agrícola, fueron seguidos por su empeño para que en el Perú hubiera
fábrica de proyectiles; y con tal fin el gobierno le encomendó que vigilara en Bélgica el aprendizaje técnico de un grupo
de jóvenes peruanos en la fabricación de cartuchos para fusil, personal que bien educado en aquella nación, regresó al Perú
dando pruebas prácticas de lo útil de la iniciativa del coronel Tolmos y del celo con que había vigilado la educación de los
futuros armeros y pirotécnicos del ejército peruano.
El coronel Tolmos, es, pues, naturaleza vigorosa mentalmente y muy activo en la acción; y su mente y sus actos fueron ante
todo por la patria. Su patriotismo no es de palabras, sino de hechos en los campos de batalla y en la vida cívica.
He aquí a grandes rasgos diseñada la importante figura de este distinguido peruano que corre por sus venas la noble y valerosa
sangre española.
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  Lizardo S. Ugarte

Entre la pléyade de jóvenes intelectuales que se levantan resplandeciente en el Perú, y que son una continuidad de aquellos
hispanos nacidos en este suelo con la idea de la libertad y del derecho, se destaca vigorosamente la figura del doctor Lizardo
S. Ugarte, por su talento probidad y carácter.
Nuestro biografiado que nació en Arequipa, fue hijo del bizarro coronel Vicente Ugarte, militar de brillante figuración, uno
de los últimos representativos del viejo ejército moldeado en las severas ordenanzas españolas, y como tal, todo lealtad y
disciplina, como abnegación y honor, y de la señora María Bejarano, dama de acrisolada y revelantes virtudes, y, una de los
últimos vástagos de la noble y linajuda familia de los Lasso de la Vega Mogrovejo que se radicaran en Arequipa en el año 1540.
El doctor Ugarte hizo sus estudios primarios en el Colegio «Barrós» de esta ciudad de Lima, y su instrucción media en el Colegio
Labarthe, ingresando en el año 1900 a la Universidad Mayor
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de San Marcos, donde hizo los cursos de Filosofía y Letras, Jurisprudencia y Ciencias Políticas y Administrativas, Facultad
esta última donde obtuvo la «Contenta de Bachiller y fue sorteado en la de Doctor».
Ingresó a la vida pública del país como afiliado al Partido Constitucional, donde prontamente se le eligió secretario de la
Directiva Central. Fue adjunto de dicho partido ante la junta Electoral Nacional y, en ese carácter, a pesar de su corta edad,
fue el alma de la campana hecha para anular la imposición electoral que se quiso hacer para sacar triunfante la candidatura
Aspíllaga contra la que con fuerza avasalladora se enfrentó la de don Guillermo Billinghurts. Elegido diputado suplente,
por la provincia de Urubamba ante el Congreso Nacional demostró la rectitud de su carácter y el valor de sus convicciones,
enfrentándose a la política del presidente provisorio general Benavídez, siendo uno de los pocos que combatió la ley de situación
militar, preveyendo que con ella iba a desaparecer la disciplina y el orden en el ejército, ya que se entregaba al elemento
surgido en el cuartelazo que motivó la caída de Billinghurts.
Continuó actuando en el partido Constitucional hasta el nuevo golpe de estado del 4 de julio de 1919 que llevó al poder
a don Augusto B. Leguía y en las primeras elecciones que se realizaran, presentó su candidatura a la Diputación por Huarochirí,
pero combatido por el oficialismo no pudo ingresar al Parlamento, a pesar de haber ganado la elección; retirándose entonces
de la política.
Se encuentra dedicado en la actualidad al ejercicio de su profesión de abogado, en la que se iniciara bajo la hábil dirección
del notable jurisconsulto, el doctor Mariano N. Valcárcel; y su contracción y la forma impecable en que viene actuando
le ha valido el que el Tribunal, desde hace varios años, lo eligiera juez suplente de la Capital puesto que siempre ha desempeñado
con brío, carácter y rectitud, distinguiéndose por su campaña para reprimir las extralimitaciones de los funcionarios policiales
en orden a las garantías individuales.
En la defensa de pleitos está considerado entre los notables abogados, por su conocimiento de las leyes escritas y por la
elocuencia de sus informes. Ha publicado diversos estudios de derecho y de economía política, entre los cuales tuvo gran acogida
una monografía sobre
los trust.
He aquí diseñada a grandes rasgos la importante personalidad de este distinguido peruano, verdadero iberoamericano, gran defensor
de sus progenitores los hispanos.
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  [Horacio H. Urteaga]

Como no siempre los hombres que imponen admiración por su talento y por su civismo merecen ser estimados y admirados por los
demás, siente el biógrafo cierta complacencia cuando por casualidad se reúnen en el biografiado el talento y el patriotismo.
Esto sucede en el doctor Horacio H. Urteaga, que hoy tenemos el honor de presentar a nuestros lectores. El doctor Urteaga
es un escritor de una cultura extraordinaria, y su pluma siempre la ha puesto al servicio de la verdad y de la justicia. Además
es abogado, político y catedrático de
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la Universidad Mayor de San Marcos. Entre los escritores de talento y nombradía que abundan en este país, se destaca vigorosa
la figura del doctor Urteaga, que forma a la cabeza de ellos una constelación de investigadores de la historia incaica,
constelación que ha de ser el faro que guiará a las generaciones por venir, y servirá de estímulo para la prosecución
de las investigaciones históricas de la raza incaica que con tanto entusiasmo como talento, trata en todas sus obras nuestro
biografiado el doctor Horacio H. Urteaga.
A tan excelsas cualidades reúne la de ser un amoroso hijo de la madre España, pues es descendiente por línea paterna de don
Ascencio Esteban Urteaga, de la nobleza vascongada que fue corregidor en Cajamarca.
En los estudios históricos que ha publicado el doctor Urteaga, encontramos la siguiente crítica que hace del Licenciado Polo
de Ondegardo, que refleja el amor a la madre patria, y al Perú.
No supo el Licenciado que al buscar los groseros cimientos de la política imperial, iba a escribir las primorosidades del
«orfebre» y que trabajando con el anhelo de encontrar la verdad, encarnó su dictamen una protesta contra la injusticia. Servía
así a su patria con creces; pues no solo representó lo que el genio español tenía entonces «de organizador y expansivo», sino
lo que poseía de sapiente y humano. En su dictamen se trasparenta el carácter noble de la raza. Para él, la conquista no había
de ser la tala de territorios, ni el aniquilamiento de las razas aborígenes; no, la conquista era para ese hombre ilustrado
y humano la absorción en la raza vencedora, de lo que en la vencida hubiera de aprovechable. Pero no vamos a juzgar de la
nobleza del arma de la raza española, compulsando sus valores negativos, patrimonio de todas las épocas y de todos los pueblos,
muy al contrario, como observamos que de la relatividad de los guarismos morales, los del mal tienen mayor suma de contingencia
si los errores y las faltas abrieron surco, dejaron también estela de luz, los beneficios y las virtudes, y hay que buscar
en esa hidalguía ingénita del español, en ese generoso espíritu altruista de la raza, en ese afán de novedad y brillo
por aspiraciones idealistas, la remota simiente de las mejores cualidades del mestizo del Perú. En la liquidación de los valores
morales del régimen español, acciones e ideas como las de Ondegardo, representan toda una reivindicación, y cuando se considera
la eterna fecundidad de la justicia y del deber, el olvido se encarga de ocultar el daño «ante el mérito del sembrador».
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He aquí diseñada a grandes rasgos la relevante figura de este distinguido peruano que es gloria y prez de la patria que lo
vio nacer, y a la vez es un defensor de nuestros derechos. Este distinguido ciudadano nació en la ciudad de Cajamarca el año
de 1877 del matrimonio del doctor José A. Urteaga y de la señora doña Tomasa López. Hizo sus estudios de primera y segunda
enseñanza en los colegios del Arco y Nacional de San Ramón y desde muy joven se dio a conocer por sus aficiones literarias
e históricas. En 1897 vino a Lima a continuar su instrucción superior cursando las facultades de Derecho
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y Letras, obteniendo en esta última «el alto premio de la Contenta del Doctorado».
Como muestra de la enorme labor histórica antigua del Perú, damos una relación, siendo sus principales obras El Perú, Bocetos históricos, con prólogo del doctor Javier Prado, sabio maestro rector que fue de esta Universidad, el nunca bien llorado ilustre amigo
del que escribe este artículo, obra que, fue premiada con medalla de oro por el Concejo Provincial de Lima en 1914: La escritura en el antiguo Perú, estudio monográfico, inserto en uno de los boletines de la Sociedad geográfica y en edición separada; Historia de la América, Historia de la Edad Media, Historia antigua del Oriente, Extirpación de la industria en el Perú, Historia de los Incas, Informaciones sobre el Perú antiguo, Las idolatrías de los indios Yungas, Relación de la conquista del Perú, Las posesiones geográficas de las tribus que formaron el imperio de los Incas, Fragmento de una historia de Trujillo, etc. Además ha hecho publicaciones en las siguientes revistas: Prismas, Ilustración peruana, Variedades, Actualidades, Lecturas, Lima Ilustrado, Revista histórica, Boletín de la Sociedad Geográfica, El Ateneo de Lima, y en los diarios El Comercio, La Crónica, La Prensa, El Diario, El Bien Social.
Estas son a grandes rasgos las líneas morales y sentimentales de este distinguido peruano que siente con orgullo circular
en sus venas la sangre noble, y valerosa de sus progenitores los hispanos.
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  Luis S. Ugarte

Hoy tenemos el agrado de presentar a los lectores de El Diario Español de Buenos Aires, a uno de los artistas más inspirados que dotó la naturaleza en esta antigua metrópoli que formó el antiguo
virreinato del Perú. Nuestro biografiado es el señor Luis S. Ugarte, notabilísimo pintor. El arte en la concepción de este
artista, no se ocupa nunca del objeto mismo, sino de la presentación del objeto; no expresa el mundo en cuanto es, sino en
cuanto es considerado por su espíritu selecto y concebido por su imaginación. Él sabe que el arte tiende a la alta vida espiritual
que encierra el mundo y no solamente a lo que hiere a los sentidos, sino en la medida en que penetra en su alma que es la
fuente de la emoción.
Este artista cuya reputación no necesita ditirámbicas canciones para ser conocida, porque está bien cimentada, nació en Lima
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