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    Riquezas peruanas : colección de artículos descriptivos escritos para "La Tribuna"
     Modesto Basadre y Chocano
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Una momia muy antigua

Varias veces me ha indicado usted sus deseos de tener una relación del hombre cuyo cadáver se encontró en la provincia de Tarapacá, y en la Calichera y Salitrera de la Victoria, propiedad entonces de los señores Soruccos; voy a dar a usted los detalles, según me han sido comunicados.

El último puerto, que existe al Norte de la provincia de Tarapacá, es Pisagua. Más al Norte sólo existen las dos caletas de Huaina Pisagua y Camarones; pero son tan insignificantes, y de tan mal fondeadero que jamás han desembarcado por ellas, ni carga ni pasajeros. Huaina Pisagua era una población de los antiguos indios chongos, que han existido en toda esa parte de la costa, desde antes de la conquista; hoy no existe en esa caleta un solo habitante, y sólo quedan los restos de sus miserables casuchas, y un pozo de agua potable, obra de la antigüedad. Huaina Pisagua se halla en la embocadura de la quebrada de Camiña, también llamada Carhuiza, que desciende desde los altos del Volcán de Isluga, que se halla en constante y actual actividad. Unas veinte y   -27-   tantas leguas, arriba de Huaina Pisagua, se le une, a la quebrada de Camiña, la de Tiliviche, al lado izquierdo: esta quebrada también baja de las alturas inmediatas al Volcán de Isluga, y es conocida por el nombre de Berenguela, en su parte superior, por ser el de un plueblecito llamado así, existente en esas alturas.

Pisagua es población, como usted sabe, moderna: la elaboración del Salitre le ha dado en pocos años existencia; el ferrocarril emprendido por los señores Montero le ha dado prosperidad.

Pisagua es una población que existe en dos trozos; una parte fabricada al pie del cerro, y a orillas del mar; otra en la altura de ese cerro. Saliendo de Pisagua, por el ferrocarril, se van encontrando las oficinas salitreras siguientes: San Roberto, Gaspampa, Malpaso, Zavala, Zambrano, Aranibar, Bermudes, San Antonio, Asturrizaga, Zapiga, Rosario, Sacramento, San Lorenzo, (distinto de otro en el Sur de la provincia), San Juan, Dolores, Aguada. Del frente de este último punto se separa un ramal del ferrocarril hacia la derecha. Este ramal va a la oficina llamada Santa Rita, y adelante de esta se abra ese ramal en tres ramales: uno va a la oficina La Victoria, otro a la oficina Palacio, y otro a las oficinas Carolina y California. Entre las oficinas enumeradas, encontrará usted la oficina conocida con el nombre de la Victoria, que es donde se halló la Momia objeto de este artículo.

Gran novedad causó en ciertos círculos el hallazgo, en 1874, del hombre sepultado bajo la costra, allí llamada de la oficina Victoria, en esa parte de la provincia de Tarapacá, conocida con el nombre de Sal de Obispo. Para mí, era un descubrimiento de la más grande importancia, aficionado a estudios de esa clase. Inmediatamente me puse en contacto con el señor don Santiago Ugarte, administrador   -28-   de la oficina Victoria, y le dirigí una carta interrogatoria, cuya contestación va enseguida.

Datos respecto al esqueleto encontrado en el establecimiento Victoria.

1.º Sitio donde fue encontrado. -En una ladera, que forma la serranía de los terrenos salitreros, hacia el lado poniente, en una pequeña hoyada, que forma el terreno; a la profundidad de una vara más que menos.

2.º Motivo del hallazgo. -Habiendo practicado un pequeño tiro (desboque) hecho con motivo del trabajo de calicheras el año 74, fue que se verificó el hallazgo.

3.º Naturaleza o calidad del terreno. -De la superficie hacia abajo, tres cuartas (más o menos) son de la tierra que se denomina en estos lugares chuca3; en el sitio donde se encontró precisamente el esqueleto o momia, existe una cuarta de arena más o menos fina; y este se encontró medianamente cubierto de piedras informes de tamaño regular, restos de su casucha.

4.º Descripción del mismo. -El esqueleto, es innegable que es hombre; su tamaño se conoce que fue de un individuo más que mediano, pues, sus principales huesos son del siguiente tamaño: el fémur tiene 43 centímetros, la tibia 38 centímetros, y el húmero 33 centímetros

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-La cabeza o cráneo, es la parte más singular y digno de estudiarse; es de forma conoidea: de las tres regiones en que se considera dividida, sólo la región moral o superior, es la que está desarrollada extraordinariamente; las regiones intelectual y animal, deprimidas, el ángulo facial, obtuso.

En la actitud de la boca, se le observa una circunstancia o expresión bastante curiosa; parece que este infeliz hubiese espirado víctima de alguna muy grande desgracia, como ahogado; tiene la lengua entre los dientes, y estos muy apretados.

La posición que conserva, es la de una persona que duerme o descansa sobre su mano derecha.

Al tiempo de encontrarlo, tenía cubierta la cabeza de un gorro pequeño de paja y un sombrero amarillo del mismo material, de tejido tosco, y con un mechón de plumas de ave en el medio.

Es evidente que este individuo no usaba más abrigo que el antiguo y proverbial ropaje de plumas ceñido a la cintura, cuyo principal objeto es de todos conocido.

También es innegable que este fue pescador; se le ha encontrado junto a sus restos, lo siguiente: dos anzuelos curiosísimos; son hechos de espinas tan curiosamente dispuestas, que admira, verdaderamente el medio ingenioso de que se valió el constructor para haberlas doblado en el modo y forma de los conocidos en el día. Un cordel finamente torcido, de algodón y un poco de algodón natural; lo que indica que el mismo individuo sabía hilar esta sustancia con verdadero primor: todo guardado en una bolsa pequeña bastante bien tejida.

Todos los útiles de que se hace referencia en esta ligera narración, existen en este establecimiento.

Victoria, abril 22 de 1876.

Santiago Ugarte

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Por el anterior informe se impondrá usted, que el hombre fue hallado debajo de la chuca, materia al parecer volcánica, que en más o menos grosor se halla cubriendo la superficie de nuestra costa, desde el valle de Camaná hasta el Loa. En el territorio de Camaná a Islay se halla al parecer sobrepuesta, y su color blanquizco es muy notable. Mas al sur, la costra o chuca se halla cubierta de tierra o arena en más o menos profundidad. En Tacna se emplea como piedra de cantería, con poco buen resultado por su blandura. De Arica a Camarones cubre todo el territorio, en más o menos espesor. De Camarones al Sur cubre todo el territorio de la provincia, excepto en partes del Sur, en todas las partes allanadas, con la singularidad que algunos puntos como la pampa de la Noria al Soronal, se encuentran dos capas de chuca: una, casi petrificada, debajo de la cual se encuentra, el caliche, o base de la materia salitrera, y del grueso desde una vara hasta tres y cuarto; la otra, más delgada, en muchos puntos de cuatro a cinco pulgadas, sobrepuesta a una gran cantidad de arena, que cubre siempre la primera costra o chuca.

Aquí vienen las preguntas importantes siguientes:

1.ª ¿Qué clase de territorio es el de la provincia de Turapacá, que produce tanto salitre, yodo, borax, etc.?

2.ª ¿Qué clase de sustancias son el caliche, que se elabora para producir el salitre, yodo, etc.?

3.ª ¿Qué clase de sustancia es la costra o chuca, de qué materiales se compone -cómo ha venido a derramarse sobre tan vastos territorios- de dónde ha provenido?

4.ª ¿Hay, en el Perú, algún territorio que tenga alguna analogía o semejanza al territorio de Tarapacá?

Sin pretender tener conocimientos medianamente profundos en las ciencias, voy a dar a usted el fruto   -31-   de mis propias investigaciones e impresiones, tal cual las he verificado, tal cual las he experimentado.

Del grado 19 al grado 23 Sur, se extiende un vasto territorio, limitado al Este por la cordillera de los de los Andes; al Oeste por el Océano Pacífico. En esta larga extensión de territorio no se encuentran sino dos ríos que llevan al Océano su pequeñísimo caudal de agua: el río de Camarones y el Loa. El primero tiene sus vertientes en la cordillera, de Chulluncani, y en las faldas del volcán Mama-Huta. El segundo tiene sus vertientes principales al otro lado de los Andes, en las faldas del volcán Miño, corre del Norte al Sur por más de un grado de latitud, rompe la gran cadena de los Andes entre Chiuchiu y Calama, y desemboca al mar en casi la medianía de los grados 21 y 22: el Loa es el único río que yo conozco que ha roto la gran cadena de los Andes. Del Loa al Norte, pues, se extiende la provincia de Tarapacá, formando su límite Norte ese río de Camarones, que corre por una honda quebrada, y entra al mar un poco al Sur del grado 19.

En toda la costa de Tarapacá no se hallan campos o pampas inmediatas al mar: en toda ella casi el territorio forma cerros hasta la misma playa; por esta razón los tres ferrocarriles de Pisagua, Iquique y Patillos han tenido que hacer grandes zigzag o vueltas, para llegar a las alturas de Pisagua, Molle y las Higueras.

A la distancia, más o menos, de tres a cuatro leguas de las orillas del mar se hallan algunos cerros elevados, como los de Huantajaya, Santa Rosa, Oyarvide, etc.; más adentro se hallan algunos llanos; luego se hallan cerros de cierta altura, como los de la Novia; y luego los grandes o inmensos llanos conocidos con el nombre de la Pampa del Tamarugal. Un examen y estudio detenido de estos llanos del Tamarugal, hacen concebir la idea, que un tiempo muy   -32-   remoto, esos llanos eran un brazo de mar, que separaba todos los terrenos al Oeste de la línea de la cordillera de los Andes -que ese brazo del mar, sea por las grandes cantidades de tierra y piedras que las torrentosas lluvias arrastraron de las alturas de los Andes a su seno, o sea por levantamientos de todo ese territorio, lo que es más probable, se secó y se cubrió, en épocas muy posteriores, de aguas y lagunas creadas por los ríos que bajaban de los Andes, y cuyos cauces existen a la vista, como imperecederos monumentos de edades y hechos muy lejanos. En épocas posteriores esos llanos formaban grandes bosques, cuyos restos se encuentran en La Tirana -en San Juan de la Soledad, etc.- cuyos petrificados o carbonizados troncos se hallan debajo de espesas capas de arena, en esos dilatados campos. ¡Qué cambio tan espantoso! Donde antes se veían verdes campos, cubiertos de grandes y abundantes arboledas -animados de seres dotados de vida, hoy no se contemplan sino inmensos y áridos desiertos, cubiertos de oscuras y ardientes arenas.

El territorio que se extiende de la Pampa del Tamarugal a orillas del mar, ha sido en diferentes épocas objeto de inmensas y trascendentales conmociones volcánicas.

En las inmediaciones de Pabellón de Pica, se notan señales que demuestran que en cinco ocasiones por lo menos, ha sido sumergido todo ese vasto territorio debajo de las aguas del mar. En poder del señor Croharé, francés, vecino de Iquique, he visto conchas de verdaderas ostras, arrancadas a las rocas de los altos de Huantajaya, y a una altura de tres mil pies sobre el actual nivel del mar. Yo mismo tengo en mi poder conchas marítimas, creo que son de la familia cardium, sacadas de esas alturas. En las inmediaciones de la estación de San Juan, ferrocarril de Iquique a la Novia, al romper la piedra arenisca,   -33-   para formar el terraplén, se encontró embebida en la roca una corbina petrificada, que fue llevada a Berlín según informes. En poder de usted mismo existe un pajarito que se encontró en la oficina San Pablo, debajo de la costra, que tenía allí más de unan vara de grueso, echado sobre su nido con dos huevecitos petrificados: ese pajarito de la familia penguinus, no ha podido existir allí si no hubiese sido la hoyada de San Pablo, en donde se encontró una antigua laguna. En las oficinas Yungay, Santa Laura, etc., al Norte de la Noria, se han encontrado grandes cantidades de pájaros muertos, debajo de esa costra, que parece que repentinamente hubiera derramádose sobre esos campos y sobre esos animales, sin darles tiempo de salvarse.

En la Oficina Soledad, dos leguas al sur de la Noria, y que corría a mi cargo, al abrir un camino carretero, por la falda de una loma, que domina la Oficina, encontré cantidad de huesos de pajaritos palmípedos, que demostraban la existencia de lagunas de agua en esas hoyadas. En la parte sur de esa provincia, en las Oficinas Ángeles y Esperanza, etc., no se halla la chuca o costra cubriendo el terreno; allí está el caliche a la superficie, o cubierto de cantidad de arena y tierra. En esta parte del territorio las lagunas han existido en gran número: hoy no, existe una sola con agua; y, sus fondos resecados se hallan cubiertos de capas de sal, más o menos gruesas.

Es innegable que en un tiempo muy remoto ha llovido, con más o menos intensidad, en esa parte del Continente. Lo demuestran claramente la gran cantidad de cauces de ríos, que se encuentran sobre su superficie: lo comprueban el gran número de lagunas de agua, cuyos linderos y profundidad se hallan plenamente demarcados, y que se encuentran a cada paso. Saliendo por el ferrocarril de Iquique a   -34-   la estación de Molle, se encuentra a la derecha un inmenso Médano de arena; ese Médano cubre el cauce de un río, que ha bajado de los altos de Huantajaya y ha desembocado al mar una milla antes de la caleta de Molle. Todo el cerro, desde la caleta al alto, se halla cubierto con el barro arrastrado por las aguas de esa laguna. La población de la Noria se halla situada al fondo de una laguna antigua: un resto muy pequeño de esa laguna se halla al voltear el cerro de la Oficina Sebastopol, y a inmediaciones de la Oficina La Católica, del señor Bacigalupi. La misma caleta de Molle tiene ese nombre por los molles (Schinus) que allí crecían a inmediaciones de las vertientes de agua dulce, que brotaban en ese punto: vertientes que abastecían de agua a la población de pescadores gentílicos, que vivían en las casas, que se hallan en el mismo alto y cuyos sepulcros, muchos llenos de curiosísimas obras de alfarería, se hallan a cada paso.

Ya he dicho que las pampas del Tamarugal han sido inmensos campos, cubiertos de árboles y vegetación. Repito que esta aserción está fundada sobre los grandes bosques de Tamarrugo, que aún existen, y sobre la gran cantidad de árboles que se encuentran sepultados debajo de capas, más o menos espesas de arena.

En un canchón existente en la Pampa del Tamarugal, perteneciente al señor Lecaros, vecino de Pica, se encontraron los huesos de un animal de grandes dimensiones. Canchón, en lenguaje local significa un terreno de más o menos extensión, que en la Pampa ha sido limpiado de la costra salina o gredosa que lo cubría, y sometido a ciertos trabajos agrícolas; el canchón a que me refiero del señor don Domingo Lecaros, se halla en el Cantón llamado Cuminalla, y sobre el camino recto de la Noria a Pica. Esos huesos en parte, fueron extraídos de la costra o chuca,   -35-   en que se hallaban embutidos, y me los traje a esta ciudad. De aquí han sido remitidos al Museo de Berlín por el conducto del señor Sokoloski, sin que hasta la fecha sepa el resultado de su clasificación. Los demás restos del animal han quedado en el mismo sitio en que se hallaron, por no haberme permitido los sucesos políticos dar paso alguno, para su debida extracción. Este gran animal no era el único, cuyos restos nos dan a conocer la existencia en esos vastos campos, de otros animales de familias no descritas y desconocidas. En un punto llamado la Rinconada, en el mismo camino de la Noria a Pica, ha existido una población y oficinas de beneficiar metales de plata de Huantajaya y Santa Rosa: hoy su Iglesia y casas se hallan derrumbadas, sus pozos de agua cegados y sus calles desiertas, no existe un solo habitante. Como a las dos leguas adelante, y hacia la derecha existe un lugarcito llamado Cabrería, y allí existe unos cuantos pastores de cabras, que mantienen éstas con alguna grama, que allí se produce, y las vainillas del Tamarrugo. En este punto de la Cabrería se han encontrado muchos huesos de grandes animales; algunos pasaron a poder del doctor Zapater Juez de 1ª Instancia de Tarapacá, hace algún tiempo; otros huesos aún han quedado sepultados en esas inmediaciones. ¿No será posible encontrar un verdadero amante de las ciencias, que proceda a hacer escarbar, en los puntos que indico, esas osamentas, y dé al público el resultado de sus investigaciones? El señor don Domingo Lecaros se halla actualmente en Pica, y varias veces me ha dicho que tendría la mayor satisfacción en coadyuvar a esas excavaciones y esclarecimientos.

Como ocho leguas al Sur de la Noria, existe el Soronal, que son restos de una antigua laguna, donde se halla alguna grama, y una diminuta chilca (Baccarts Fevillei). El agua es algo salobre, pero la toman   -36-   especialmente los ganados, que arriados de la República Argentina, cruzan desde Calama a la Noria, esos desolados campos.

En los mismos altos de Iquique, en las faldas del cerro Oyarvide, en las alturas de Choquemata, crecen algunas yerbas en los meses de Mayo a Octubre, producidas por las constantes neblinas, allí llamadas camanchacas, que humedecen de noche de un modo muy notable esos terrenos. En esos campos no escasea el Huanaco perseguido muchas veces por vecinos extranjeros de Iquique. En las cumbres de Choquemata han sido labradas las superficies de algunas rocas areniscas, en figuras de estanques, donde se depositan las aguas de esos copiosos rocíos de que he hablado. ¿Por quién, y cuándo se hicieron esas obras? Este misterio es hoy impenetrable.

Marchando con el ingeniero Arancibia de la Oficina de San Pablo a la de Santa Ana, nos fue preciso subir la altura, que separa las dos hoyadas, en las que se hallan situadas esas oficinas. Al llegar a la cumbre, hice notar al señor Arancibia, que toda esa altura se hallaba cubierta de grandes trozos de conglomerado, arrastrado por corrientes de agua, y algunos con pedazos de madera embutidos. ¿Cuándo han sido arrastrados esos conglomerados? ¿De dónde han podido provenir esas corrientes grandes de agua?

¿Cómo han podido llegar a esas alturas, esas enormes masas de conglomerados, mezclados con trozos de leña? Trataremos de dilucidar esto.

He dejado correr demasiado la pluma: el asunto a mi juicio, es de alguna importancia, y suplico a usted me preste su atención, para los artículos siguientes, en que trataré de seguir dando a usted, como he dicho, el resultado de mis investigaciones y de mis impresiones.

En mi primer artículo, aunque a la ligera he querido dar a usted una descripción de lo que he examinado   -37-   en la provincia de Tarapacá, respecto a su territorio, comprendido dentro de los límites de la Pampa del Tamarugal, y las orillas del mar; que es el terreno en el cual, como usted sabe se hallan los depósitos de nitrato, etc. El resto del territorio de esa provincia, es formado por valles, más o menos anchos, de mayor o menor extensión, que penetran en la masa de cerros de la Cordillera, y que producen papas, alfalfa etc., en limitadas cantidades. Sólo los valles de Pica y Matilla merecen especial descripción por sus valiosos viñedos. De ellos he hecho una especial publicación hace ocho años, y quizás la repita, por ser de alguna utilidad.

En mi artículo anterior, la 2.ª pregunta que me hacía era: ¿Qué clase de sustancia es el Caliche, que se elabora para producir el salitre, yodo etc?

En la provincia de Tarapacá, el Caliche, o sea la materia prima del Salitre, se encuentra desde la distancia de la orilla del Mar, en Sal de Obispo, cerca de Pisagua, a las cinco leguas más o menos; y sus depósitos oblicuan hacia el Este, hasta Zambrano; de este último punto se dirigen casi directamente al Sur, hasta San Lorenzo y San Juan de la Soledad, como 7 leguas al Sur de la Noria. Desde San Juan al Sur, deja de existir el Caliche, pero no se ha explotado; y solamente en la latitud de Patillos se hallan los inmensos depósitos de Los Ángeles y de la Esperanza, en que se halla el Caliche casi a la superficie, y sin estar cubiertos de la costra endurecida, que existe en todos los depósitos del Norte. ¡En la Esperanza, el Caliche es una masa compacta, y he visto parte de él del grueso o profundidad de tres varas! Creación natural la más maravillosa. Más al Sur debe igualmente existir depósitos de Caliche, pero yo no tengo conocimiento de su existencia sino a orillas del Loa y en el punto llamado el Toco, grado 22º, donde existe en gran cantidad. El Salitre, o sea nitrato   -38-   de soda, existe en el territorio de Antafagasta, pero no en caliche, tal cual se ve en Tarapacá, sino mezclado en grandes masas de barro, más o menos humedecido, y en los puntos conocidos allí con el nombre de Salinas.

Muy diversas opiniones, como usted sabe, han emitido los sabios respecto al modo como se ha formado el Caliche sea el trato de Soda en Tarapacá. Algunos han creído y sostenido, que el Caliche proviene de inmensos depósitos de algas marinas, creadas allí cuando esos terrenos se han hallado sumergidos bajo el nivel del Mar. Otros han sostenido que el Caliche es originado por filtraciones de los depósitos de huano, que contiene ácido nítrico, como si de Pabellón de Pica, que es donde existen las grandes huaneras, a orillas del Mar, pudieran filtrarse ácidos nítricos en bastante cantidad para formar, a la distancia de ocho o diez leguas al interior, los grandes bancos de Caliche existentes en las Salitreras. Otros han creído ser el Caliche, de origen volcánico. He notado que en las oficinas del Norte, los depósitos de Caliche se hallan verificados en hoyadas, es decir, en puntos denominados por alturas de alguna magnitud: en otras como las que se hallan a orillas de la Pampa del Tamarugal, como Peña Grande, Palma, Calacala, etc., se hallan, puede decirse, en campos llanos; otras, como las de la Noria, Santa Laura, San Juan de Gildemeister, la Soledad, en hoyadas más profundas que las del Norte; y otras, como los Ángeles y Esperanza en pampa rasa, sin ninguna proximidad de altura. Las circunstancias de hallarse completamente comprobado por las interpeladas capas de huano y conchas y arena en Pavellón de Pica, etc., el hecho de haber sido ese terreno sumergido varias veces debajo de las orillas del mar, de que en todas esas costas el sargaso (alga) crece en tan gran cantidad y es la planta que contiene yodo, me ha hecho creer que   -39-   el Caliche es la descomposición del sargaso, con mezcla de sales marítimas, sustancias volcánicas depositadas en las alturas, y filtradas a las hoyadas, en el curso de miles de años, por las aguas, producidas por abundantes camanchacas, como allí se llaman las grandes garúas que constantemente cubren esos campos.

Recuerdo que hacen muchos años vi a inmediaciones de la ciudad de Glasgow, Escocia, una fábrica para elaborar el Yodo, sustancia que en esa época era considerada como oro en polvo. Todo el material casi que allí se beneficiaba para conseguir el Yodo, eran grandes bultos de algas secas, conducidas del Norte de Irlanda. Este hecho, y el de existir en tan notables cantidades el Yodo, en el Caliche, me han hecho creer, que el Caliche en gran parte ha sido producido por depósitos de sargaso, sin que pueda pretender que mi opinión pueda servir de base para un convencimiento final sobre el particular.

El caliche, que yo he visto en Tarapacá es enteramente blanco, como el de Ángeles y Esperanza -es blanco con grandes manchas amarillentas y aun anaranjadas, como los de Soledad, San Juan, etc.; tiene puntas negras moradas, como los de Santa Laura, Limeña, etc. Estas descripciones no excluyen la existencia, en el caliche de todas las oficinas, de colores más o menos pronunciados como los que he indicado.

Desde el tiempo del coloniaje se beneficiaba el caliche con el objeto de emplear su producto en la fabricación de pólvora. En esos tiempos el caliche se molía a la mano en un batán de piedra: se hervía en una paila de cobre, de las fabricadas a martillazos en Oruro, y los productos eran conducidos, a lomo de mula, a los diferentes mercados o asientos minerales, donde casi exclusivamente se empleaba dicha pólvora, pues nuestros antepasados aún no habían   -40-   llegado a esa altura de progreso, que hace emplear la pólvora para matarse mutuamente.

En esos tiempos de absoluto ignorantismo, nuestros padres no tenían ni Constitución ni Congresos; y sin embargo eran tan atrasados que vivían contentos y dichosos, sin garantías escritas entonces, pero jamás ahora observadas; en esos tiempos en que con dos alguaciles, se hacía mejor el servicio de seguridad pública, que lo que lo hacen hoy tantísimos gendarmes, sanguijuelas de las entradas nacionales; en esos tiempos, en fin, en que sin duda alguna el grito de Independencia nacional hubiera hecho cesar todas las disensiones internas de nuestros pueblos; hubiera acallado las desordenadas ambiciones de nuestros pretendidos grandes hombres, y hubiera impulsado a todos para reunir todos sus esfuerzos, todo, todo su conato para sacudir la cadena del oprobio; en esos tiempos todos eran felices, todos hoy... Las opulentas minas del Potosí, las no menos ricas, pero no tan afamadas de Lipes, eran las que consumían en casi su totalidad, los productos salitreros de Tarapacá. Por los años de 1825 y 1826 vivía en Tacna un joven comerciante francés don Héctor Bacque: en sus viajes a Tarapacá reconoció las salitreras. La guerra dilatada de la Independencia había suspendido, o arruinado los trabajos de los asientos minerales -igual suerte corrían las labores de las salitreras de la Noria. En medio de esas ruinas, Bacque descubrió grandes riquezas para el porvenir, y estableció trabajos en la Noria, que hoy serían considerados ridículos. El nombre de Bacque es hoy olvidado en la provincia ¿quién sabe allí que Bacque fue el restaurador de la industria salitrera, el que llevó muestras e hizo conocer en Europa esos portentosos depósitos? Como tantos otros descubridores, como tantos bienhechores de la humanidad, su nombre se ha olvidado; sus huesos se hallan sepultados en Arica, ¡sin   -41-   una lápida humilde que lo recuerde! Tras de Bacque vinieron los Zavalas, los Smith, los Gildemeister, etc. La industria salitrera tomó tal incremento que se han exportado de Tarapacá hasta ocho millones de quintales, en un solo año. Esa gran industria ha servido de pasto a la hambruna de nuestros gobiernos: ¡ella ha traído sobre la Patria, la desolación, la ruina, el exterminio!

La Noria, donde había agua en abundancia, sirvió de centro para nuevos descubrimientos salitreros. En todas direcciones se irradiaron las exploraciones, y luego fueron reconocidos los ricos depósitos de Sal de Obispo, etc. al Norte; los del centro, como Argentina etc.; los del Sur, como Ángeles y Esperanza. La casi totalidad de los cateadores eran peones chilenos, fuertes y vigorosos, acostumbrados a pasar los desiertos de Chañarcillo, etc. Estos cateadores arrastraban los peligros y penalidades, la muerte misma, con estoica indiferencia.

Yo los he encontrado en esos desiertos, con dos barrilitos de agua, el charqui y tortas al rescoldo por todo alimento, siempre alegres, siempre contentos. Descubierto un rico depósito, han vendido generalmente los cateadores, por ínfimas sumas, lo que han producido a los compradores inmensas riquezas. Antes no escaseaban en esos vastos desiertos, los esqueletos de cateadores, víctimas quizás de un crimen, de una reyerta, quizás del hambre y de la sed.

Puede asegurarse, que ni uno solo de esos cateadores ha vivido con comodidades; todos han muerto en la miseria; entre tanto, con su trabajo y audacia han formado las inmensas fortunas de muchísimos pudientes, que han olvidado por completo los nombres de los descubridores de los veneros de esas riquezas, de que tanto gozan. La ciega fortuna a unos llena de riquezas y esplendores a otros los tiene siempre sumidos en la desgracia y miseria.

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Descubierto un terreno con caliche, en cantidad considerada como suficiente, el primer trabajo era conseguir agua para los usos de la oficina. En todos los alrededores de la Noria, y en las oficinas inmediatas a las Pampas del Tamarugal, el agua se ha hallado muy inmediata a la superficie de la tierra. En la Noria se ha hallado el agua a tres varas de profundidad; en Calacala y San Pablo, inmediatas a la Pampa del Tamarugal, el agua se ha hallado a doce y quince varas de profundidad. En San Agustín, el pozo tiene 136 varas de profundidad; en San Juan, tiene como 80 varas.

He visto a los señores Osvaldo y Gustavo Pflucker labrar el pozo de Santa Ana, y también al señor Vetter el de San Juan, y anotaré los puntos siguientes.

Rota la costra que cubre, como he dicho, casi todos los terrenos del Norte y centro, y que en Santa Ana y San Juan tiene un espesor de cinco a siete pies, se encontraron capas de tierra vegetal color de ladrillo subido; enseguida, arenas con restos marinos, piedras redondeadas, es decir, arrastradas por corrientes de agua, y aun rocas con depósitos de sal común. Desde las sesenta varas se ha comenzado a hallar humedad, y luego las aguas filtradas han sido ya en tanta abundancia, que ha sido preciso armar un torno para extraerlas. En un pozo inmediato al de San Juan, de la pertenencia de don Juan Diles (apodo), de Hidalgo, al romper una roca arenisca, que entorpecía el trabajo, sobrevino un torrente de agua tan fuerte, que con dificultad pudieron los peones escaparse de ser ahogados. Formado el pozo, se procedía a establecer la oficina, y a fabricar la casa y almacenes, con trozos de chuca cuadrados, unidos con barro, como si fuesen trozos de piedra de cantería.

Todos los establecimientos para elaborar salitres en alguna notable cantidad, tienen poderosas máquinas   -43-   de vapor, con las cuales sacan el agua de los pozos, más o menos profundos, según he indicado, trituran el caliche en pedazos de tamaño corriente, para entrar a los cachuchos, y ser allí beneficiados con el mismo vapor, para elevar las aguas viejas, que serán objeto de posterior explicación, a las alturas convenientes, para que sirvan a los nuevos beneficios, etc., etc.

En algunas oficinas pequeñas no existen máquinas de vapor, porque su plantificación demandaría grandes desembolsos. En esas pequeñas oficinas se emplea el sistema llamado de paradas; y se dice que tal oficina tiene tantas paradas, cuantos fondos tiene de fierro para hacer hervir el caliche, y elaborar el salitre en la forma que después explicaré.

Existe en la gran mayoría de los habitantes de Tarapaca, la idea de que las aguas que en más o menos cantidad, y a diversas profundidades, que se hallan en el territorio de la Provincia, provienen de las aguas del Río Desaguadero, y como usted sabe, este río tiene su origen en la Laguna Titicaca; y al lado Sur o extremo de la más pequeña de las tres lagunas, que forman un total llamado Titicaca. De allí corre con dirección Sur Este, hasta vaciar sus aguas en la Laguna llamada Poopo y también el Choro, en cuyo centro existe la Isla, conocida con el nombre de Pansa. En las inmediaciones de la población llamada Pampa Aullagas, situada a orillas de la Laguna Poopo, pasan las aguas, debajo de un puente natural de gran extensión de largo, y vuelven a salir a la superficie en las inmediaciones del pueblecito llamado Lusí; de allí corren las aguas rumbo Oeste, hasta perderse en la lagunita llamada Copaiza; y allí se ve que todas las aguas se sumergen en la tierra, para no salir más a la superficie. La circunstancia, pues, de ser todo el territorio alrededor de Poopo y Copaiza, esencialmente salino y salitroso, y de perderse   -44-   una cantidad considerable de aguas en esos puntos, ha hecho concebir esa idea, a mi juicio, completamente errónea o infundada. Yo creo que las aguas de la Pampa del Tamarugal, y que en tanta abundancia se hallan en las oficinas, tienen su origen en las lluvias de las cordilleras, que comienzan, por lo general, en Noviembre, y siguen su estación, a veces, hasta Abril.

En Enero de 1877 fueron tan copiosas las lluvias en la cordillera, que por la Quebrada de Tarapacá y otras inmediatas, bajaron verdaderos ríos a la Pampa del Tamarugal, cortaron las comunicaciones, y pusieron en inminente peligro la existencia de algunas oficinas inmediatas a la Pampa, como la Carolina del señor don Fernando López, y la Dolores del señor Cobos.

En la Laguna de Copaiza no sólo entran las aguas del Desaguadero, sino también las abundantes del Río Lauca, que corre de los altos del Valle de Azapa (Valle de Arica); las del Río Cosapa y las del Río Choquecota, en cuyas orillas han existido trabajos de minas de oro. Varias veces se ha proyectado el conducir las aguas del Río Lauca al Valle de Azapa, cuyos maravillosos terrenos son tan feraces. Algún día, gozando esos pueblos de la bienhechora paz, podrán llevar adelante tan benéfica empresa. ¿Quién sabe si la Sociedad Minera Lipez, que pretende llevar la línea férrea de Arica a Oruro, acometa tan magna obra, llenando a esos pueblos de inmensos bienes y llenando sus cajas de positivas y perdurables riquezas?

Al recordar el Río Lauca, se me viene a la memoria un precioso animalito que abunda en esos páramos; me refiero a la chinchilla, tan buscada por su piel. En el Perú, desde las cabeceras del río Tambo, Departamento de Arequipa, hasta los campos de Calama, la chinchilla es abundante, y su piel es de la clase más fina.

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Más al Sur no escasea la chinchilla, pero es mucho menos fina. La chinchilla es un animalito del tamaño de un conejo de Castilla, pero he visto una que era mucho más grande que un gato.

El cuero de esta enorme chinchilla, la presenté a la señora Elvira Derteano de Krüger. Es muy buscada por su piel y su carne, que es igual a la de la gallina: blanca, tierna y sabrosa. Abunda en esas cordilleras, y es perseguida en sus agujeros por el hurón, animal que se introduce por las más pequeñas aberturas. El hurón, de la familia Mustela, se encuentra en todas nuestras cordilleras: los indios han logrado domesticarlo; y les sirve para la caza de la chinchilla, y también de la viscacha. Mi señor padre tenía muchas relaciones con la indiada de las Provincias de Carangas y Lipez; y era el gran exportador de cueros de chinchilla por el puerto de Arica; hubo año en que exportó más de tres mil docenas de cueros. Hoy han escaseado muchísimo las chinchillas, por la gran caza que de ellas han hecho los naturales.

La chinchilla es de la familia muy rara conocida con el nombre de Yerboidae, y división laniger. Por lo general tiene diez a doce pulgadas de largo desde la punta de la nariz a la raíz de la cola: ésta se halla cubierta de cerdas, y es de largo como de seis pulgadas. El color de la chinchilla es plomo, con mucha lana blanca hacia la barriga. Son consideradas como de mejor calidad las que tienen el lomo de color plomo subido y aun negro. El pelo es tan fino como la seda. La chinchilla tiene las orejas redondas como la O; se mantiene con yerbas de la cordillera, y es muy viva y recelosa. Vive siempre en parajes muy fríos de los Andes.

Los terrenos calicheros, por lo general en estos campos, se hallan cubiertos de chuca, que ya he dicho, los cubre con una capa, desde una vara hasta   -46-   tres de espesor. Algunos creen que esa chuca o costra, ha sobrevenido como mazamorra, arrojada por los volcanes, como en otros puntos lo han sido las lavas y traquitas; otros creen, que en épocas en que esos campos se han hallado sumergidos bajo el nivel de los mares, esa sustancia (la chuca), ha sido lentamente depositada, en lo que era entonces fondo del mar. La chuca contiene notables cantidades de cal, yeso, arena, etc.; es de color ceniciento en la superficie, color blanco en el interior, con muestras de formación cristalina como el mármol. Mi opinión es que esas sustancias, en estado líquido, han corrido de las altísimas Cordilleras en épocas muy lejanas, y en forma de mazamorra o lloclla, y cuando en esos puntos llovía con gran violencia. Esta opinión, derivada del examen prolijo que he hecho del terreno, se halla, en mi humilde juicio, comprobada por la abundancia, de rocas redondeadas, de conglomerado, de arena, etc., que se encuentran mezclados en la chuca o costra. Esta opinión se halla corroborada por los restos de pájaros, huano, sustancias marinas, conchas, y el hombre mismo, cuya momia existe en mi poder, que han sido cubiertos por esas mazamorras líquidas, en esas tan remotas épocas.

Descubierto el terreno con caliche, por los cateadores, establecida la maquinaria, y puesto corriente el pozo de agua: establecidas las oficinas convenientes, se da principio al trabajo rompiendo la costra, y poniendo en estado de explotación el caliche. Sobre la costra se hacen, con barretas bien acerados, agujeros redondos, como de veinticinco pulgadas de diámetro, hasta perforar el total grosor de la costra, y encontrar la tierra vegetal, que cubre el caliche en pequeñas cantidades. Alcanzada la tierra, se hace bajar un muchacho, por el agujero, al fondo; éste, por medio de capachos de cuero, hace sacar alguna cantidad   -47-   de tierra, y en el hueco o taza, deposita tanta pólvora cuanta sea precisa, según el grosor de la costra, para romperla y volarla. La cantidad de pólvora la indica el capataz de la punta de barreteros, que han roto la costra; y es operación delicada, pues mucha pólvora haría volar a demasiada distancia los trozos de costra, y poca, rompería la costra sin removerla lo suficiente. Según el número de barreteros, y según el grosor de la costra, se preparan tantos tiros, y como cada tiro tiene su guía especial, a las cinco de la tarde se prenden las guías, y en rápida sucesión revientan las cargas de pólvora, rompiendo las costras y removiendo sus destrozados pedazos. Al día siguiente, los mismos barreteros, con gran cantidad de palancas de fierro, mueven los trozos de costra y descubren el caliche, que muchas veces rompen con sus barretas, pero que en otras tienen que emplear la pólvora, por hallarse muy cristalizado el caliche, circunstancia que lo endurece mucho. El Administrador de la Oficina, en atención a la dureza y grosor de la costra, abona a los barreteros a tanto la carretada de caliche que extrajeran; sistema racional, pues se abona al peón según su empeño y contracción al trabajo. Cada cuadrilla de barreteros recibe de la Oficina las herramientas y la pólvora necesarias para su diario trabajo, y con sus esfuerzos y buena suerte, gana competente jornal. La pólvora cuesta en las oficinas donde se elabora, como S. 2.80 centavos plata el quintal. El caliche, en muchos casos, se halla en mantos, es decir, en grandes capas tendidas sobre las rocas; en otros, se halla el caliche en trozos más o menos grandes, pero aislados. En algunos puntos los depósitos de caliche se parecen a anchas vetas perpendiculares de metal, pero lo general es que sean mantos. Los barreteros, al caliche con color amarillo o anaranjado, lo llaman «azufrado», otro con pintas   -48-   más o menos pronunciadas, color chocolate, lo llaman achancacado y otro color blanco y liviano, muy quebradizo, lo llaman fofo. Estos nombres o clasificaciones son muy generales en las oficinas todas.

El caliche sacado de su depósito, es roto con combas en pedazos del tamaño de una cabeza. En todas las oficinas hay un mayordomo, que a caballo recorre las labores de los barreteros, y que con el mayor esmero inspecciona los trabajos, e impide que los peones se lancen a extraer el caliche, antes de haber removido o afianzado bien los trozos de costra, que algunas veces quedan pendientes, pues los barreteros se dedican a extraer el caliche, debajo de esos trozos de costra, sin las debidas precauciones, y quedan aplastados debajo de los escombros. En la Soledad tenía un chileno mayordomo de esas labores, hombre inteligente y muy digno, y no faltaron desgracias por la excesiva incuria, y falta de obedecer órdenes por parte de la peonada chilena, que es la que casi exclusivamente hace el trabajo de la Pampa, por su mayor fuerza y denuedo.

Algunas oficinas contratan el caliche con cuadrillas particulares de tres o cuatro barreteros y otros tantos peones. En algunos casos la oficina da las herramientas, pólvora, etc., a la cuadrilla, a señalados precios: en otros pocos, las cuadrillas se proporcionan todo, a mi ver, es más ventajoso a las oficinas el trabajo por cuadrillas particulares, aún cuando la explotación del terreno no se hace de un modo sistemático, sino que trabajan sólo el territorio muy abundante de caliche, según los ensayos que hacen, dejando lo demás abandonado.

El caliche se beneficia por paradas, o por oficinas de máquinas de vapor. En las oficinas de paradas, el caliche es roto con combas de fierro, en pedazos pequeños, del tamaño, poco más o menos, de un huevo de gallina: es hervido en fondos de fierro de   -49-   diversos tamaños, según la fortuna del industrial, de 4 a 5 pies de diámetro, por otros tantos de profundidad, y se hace hervir con carbón de piedra, hasta que tenga el cocimiento conveniente, es decir, hasta que el agua caliente haya disuelto el salitre contenido en el caliche. El agua así saturada con salitre, se hace correr a unas bateas donde se enfría, cristalizándose el salitre al fondo de dichas bateas. Se dice que una oficina tiene tantas paradas, cuantos fondos de fierro emplee en elaborar salitre, por el sistema que le indico. La producción de cada fondo, siendo el caliche de una riqueza salitrera media, es de cincuenta quintales de salitre al día.

Parece que como tres cuartas partes del salitre que se exporta de Tarapacá, es elaborado por máquinas de vapor. Los ferrocarriles de Pisagua a Negreiros, hasta donde se ha trabajado antes, y el de Iquique a la Palma y Alto de la Soledad, han dado inmenso ensanche a la explotación del salitre, proporcionando medios convenientes de trasporte, para las grandes máquinas que se han plantificado. Hay máquinas que pueden elaborar hasta 2500 quintales al día como La Limeña: otras hasta 1500 quintales o 2000 quintales como San Jaan, Soledad, Solferino, etc. Sólo con máquinas tan poderosas ha podido elevarse la explotación hasta 8000000 de quintales, en un solo año. Esas máquinas son todas movidas por vapor; este poderoso vapor elabora el salitre, mueve grandes bombas, que extraen de profundos pozos el agua tan esencial, distribuyéndola en todas partes de la Oficina, según sus necesidades; y produce la fuerza necesaria para los trabajos de carpintería, herrería, fundiciones, etc., que existen y son tan necesarias en cada Oficina.

El caliche extraído de las minas, es conducido en trozos a la Oficina, y el punto de ella donde se halla situada la acendradera (crusher). Algunas oficinas   -50-   no emplean la acendradera: hacen desmenuzar los trozos de caliche con combas de fierro. La acendradera es la mismo máquina que hemos visto, movida por vapor, rompiendo piedras en esta plaza de Lima, y también en el camino del Callao. Los peones lanzan en el hueco de la acendradera los trozos grandes de caliche: la acendradera los tritura, y por medio de una especie de buzón cae el caliche destrozado, en pequeños pedazos, a los carros que se hallan colocados abajo. Llenados los carros convenientes, según la capacidad del cachucho, el caliche destrozado es conducido por línea férrea, al costado del citado cachucho, donde se deposita el caliche obtenido, por medio de unas llaves, en el fondo de cada carro. Los cachuchos son fondos de fierro, más o menos largos y profundos, según las ideas del propietario. Los cachuchos de la Soledad tenían las dimensiones siguientes, y eran formados de planchas de fierro de la mejor calidad:

30 pies de largo.
6 ídem de ancho.
6 ídem de profundidad.

En cada cachucho se depositan de 500 a 600 quintales de caliche triturado, según su calidad, pues el caliche macizo tiene mucho más peso, en menos volumen, que el llamado fofo. El cachucho tiene un piso falso, formado de planchas de fierro, y cubierto dicho piso de agujeritos de menos de dos líneas de diámetro. Por debajo de este piso falso, pasan cañerías de fierro, que conducen el vapor caliente de los calderos a los cachuchos: estas cañerías también están llenas de agujeritos más pequeños que los del piso falso; estando del todo vacío el cachucho, se llena su fondo de agua vieja hasta llegar al nivel del piso falso, el cual se halla dividido por la mitad, en   -51-   toda su longitud. Sobre la sustancia llamada agua vieja, después escribiré.

Encima del piso falso, se pone el caliche triturado en la forma que ha indicado; se abren las llaves que conducen el vapor de los calderos, y se da principio a la elaboración química, digamos, del caliche. Según los grados de calor que tenga el vapor, hierve el agua vieja al fondo del cachucho, con más o menos rapidez, deshaciendo el caliche, cuya masa penetra violentamente: este hervor extrae el salitre contenido en el caliche. Este hervor dura de una a dos horas, según el grado de calor del vapor. El sobrestante de los cachuchos tiene un salímetro que es una especie de tubo de fierro, que llenan del líquido; si en el salímetro se nota grados 108 ó 110, paran la elaboración o el cocimiento, abren las llaves convenientes, que tienen los cachuchos, y hacen correr el líquido por medio de cañerías de fierro, a los chuyadores. Sobre el residuo de caliche que queda en los cachuchos, se echa otra cantidad de agua vieja, y se hace hervir nuevamente, removiendo el residuo del caliche con grandes palancas de fierro, para que el agua vieja penetre al total de dicho residuo. Esta nueva mezcla se hace hervir hasta que el salímetro señale 90 ó 92 grados; conseguido esto, se hace correr este líquido, como el anterior, a los chuyadores. El residuo que queda, se llama ripio, y es sacado de los cachuchos por los peones, con lampas, y arrojado al campo en carretas. Este ripio, según ensayo, que he ordenado se haga, tiene todavía una ley de mas o menos un 20% de salitre. Más tarde esos ripios serán explotados, como lo son los desmontes de las mismas. El ripio es sacado de los cachuchos, por peones que se cubren los pies de muy gruesas telas, para precaverse los pies del excesivo calor del ripio, desnudándose por completo en la parte superior del cuerpo. La limpia de los cachuchos, es decir, la extracción   -52-   del ripio, es una operación muy laboriosa: el sudor corre a torrentes del cuerpo de los peones, y es preciso tomar enseguida, con ellos, las precauciones convenientes para evitarles graves resfríos; estos peones eran generalmente bolivianos.

En las relaciones anteriores, he hablado varias veces del agua conocida en las oficinas con el nombre de agua vieja. Esta es uno de los elementos más esenciales para la elaboración del salitre. El agua vieja se elabora haciendo hervir una cantidad de agua de los pozos con caliche, o con salitre, de baja ley. Un químico ha hecho por encargo mío, varios ensayos sobre las sustancias que tienen en solución las aguas viejas, y también las aguas naturales de algunos pozos de la Provincia, y se han dado los resultados siguientes:

Aguas naturales de Soledad, Santa Clara, San Juan, San Agustín, Santa Ana, mezcladas.

Reacción poco ácida: 1,0

contienen:
Sulfato de soda ..................................... 2070
» » magnesia ..................................... 490
» » cal ..................................... 2590
Cloruro de sodio ..................................... 3200
Alumina
y fierro
..................................... 470
8733

Más o menos todas las aguas de los pozos tienen igual composición. El agua del Pozo de Almonte, Pampa de Tamarugal, es mucho más pura, conteniendo menos sal y sodio.

El agua vieja ensayada ha dado los resultados siguientes:

Reacción neutra

1000 c. c. contiene 571.38 sales, como sigue:

Nitrato de soda ..................................... 42130
Sulfato de ídem ..................................... 1830
» » magnesia ..................................... 2.70
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Cloro de sodio con señas de yodo ..................................... 98,48
Cal ..................................... 45

Las sustancias más nocivas que contienen las aguas de los pozos, son la sal y la cal. En la oficina Esperanza (Sur), la sal destruye rápidamente los calderos que allí se emplean: en las oficinas del Norte no es tan nociva la sal, por ser menos abundante. En las oficinas del Norte la cal, en los calderos, se pega a los costados de ellos, como residuo o sedimento, y en determinado tiempo, rellena el interior y los quema, palabra esta especial, que significa que el caldero, al aplicársele el fuego, se funde en la parte donde no existe, el líquido (agua), y sí sustancia sólida como es la cal. El ferrocarril de Iquique ha visto malograrse muchas de sus máquinas, por la quema de sus calderos, desgracia producida por la cal que contienen en cantidad notable, las aguas del Pozo de Almonte, del cual se surte.

Hasta ahora el único medio que parcialmente ha producido provecho, es el uso del Salitron, sustancia que se forma de la manera siguiente:

En un punto conveniente de la oficina, se forma un círculo de piedra y cal, como horno de quemar, del diámetro de 10 a 12 pies y de 3 de profundidad; este círculo tiene a un lado y al fondo, una abertura que da a un depósito más bajo, del diámetro de 6 y 7 pies y de 2 de profundidad. Mezclada bien una cantidad de salitre de baja ley, con una cantidad de cisco de carbón de piedra, se deposita en el círculo grande y se le prende fuego. La mezcla arde con extraordinaria violencia y se liquida, arrojando humo y vapores de tinte rosado en gran abundancia. Los peones remueven el líquido bien con palancas de fierro, y una vez bien fundido, abren la apertura, el salitron corre al depósito más bajo, absorbiendo   -54-   el aire atmosférico en gran abundancia. Enfriada en el depósito más chico, la masa formada es rota en pedazos de un pie, poco más o menos, y se halla en estado de ser empleada en la purificación de las aguas. El salitron bien beneficiado tiene un tinte verde muy pronunciado, y tiene gran cantidad de porosidades, como las lavas de muchos volcanes, y en especial, (entre las que conozco) de las que cubren el Alto de Puno, desde esa ciudad al pueblo de Paucarcollo. En las oficinas, el agua, por medio de las grandes bombas, es conducida de la profundidad de los pozos, a unos grandes tanques. Sobre la superficie de los tanques, se hallan puestos unos atravesaños que sostienen unas bateas de fierro cuadradas, y del tamaño de 30 pulgadas de largo por 15 de ancho y 8 de profundidad. En el centro de la batea se deposita un trozo de salitron, y la boca de desagüe de la bomba, cae sobre esa batea y ese salitron.

Esta boca de la bomba se puede alargar o acortar, según sea preciso llenar los tanques, uno después de otro. Al salir el agua de los pozos es cristalina, parece no contener sustancia alguna extraña, pero tan pronto como cae el chorro sobre el salitron, se descompone y toma un color blanquisco, arrojando rápidamente sedimentos de cal, que se depositan al fondo de la batea: llena la batea de cal, es reemplazada por otra, y el agua algo purificada cae al tanque de donde es conducida, según las necesidades, a otras partes de la oficina. El salitron es un carbonato de soda; y como todas las aguas de esos campos tienen en más o menos cantidad, como he indicado a U., sulfato de magnesia y de cal en solución, al tocar las aguas al salitron, se disuelve el carbonato de soda; el ácido carbónico del salitron se combina con la magnesia y con la cal; y se forman carbonatos indisolubles, que se precipitan, dándole   -55-   el agua el color lechoso ya indicado; y el ácido sulfúrico del sulfato de la magnesia y de la cal, se combina con la soda del salitron, formándose en el acto sulfato de soda, que queda en solución en el agua, y es a la vez incoloro en ella. En toda mezcla de disolución calina, si el cambio de los elementos resultara un compuesto soluble y en otro indisoluble, habrá, sin duda, doble descomposición.

Ya que he hablado del beneficio solo del salitron, no será demás indique ahora cómo se elabora, en esas Pampas, la pólvora que se emplea en tanta cantidad en el beneficio del caliche. A cien libras de salitre de ley 94, por ejemplo, se echan siete u ocho libras de azufre refinado, importado de Italia; después de ser bien pulverizado, se agregan 25 libras de carbón de madera, siendo preferido el confeccionado del sauce. Todos estos elementos, digamos, se mezclan y muelen bien, y después de cernido todo en tamices idóneos, se mezcla con un poco de agua, y se pone a secar al sol. El precio antes era S. 2.80 centavos plata el quintal de pólvora.

Tan pronto como el líquido salitroso ha sido depositado en los chuyadores, por medio de las cañerías que unen los cachuchos a dichos chuyadores, se echa al líquido unos cuantos puñados de estiércol cernido, de mula, para precipitar las materias terrosas, que en disolución contienen los líquidos salitrosos citados. Los chuyadores son más grandes tanques de fierro, de veinte a veinticinco pies cuadrados, y de tres pies de profundidad. Depositadas al fondo del chuyador dichas materias terrosas, se hace correr el líquido por cañerías correspondientes, de los chuyadores a las bateas de fierro de enfriar. Rellenas éstas se echa a cada batea un puñado de harina.

El líquido salitroso, cuando pasa de los cachuchos a los chuyadores, tiene un color ladrillo claro, debido a las materias terrosas que tiene en solución; en   -56-   los chuyadores, precipitadas las materias terrosas, toma un color amarillerito, así como el color de la paja del trigo; en las bateas, con la harina, toma un tinte verdoso muy bello, tan subido a veces como el verde de una esmeralda. ¿Qué motivo tiene el líquido salitroso para tomar ese tinte bello verde con la mezcla de la harina? No he encontrado una explicación satisfactoria.

Las bateas de fierro para enfriar por completo el líquido salitroso, son de diversos tamaños; por lo general, son de 16 ó 18 pies de largo, por 8 ó 10 de ancho, y 2 de profundidad: son de fierro de mejor calidad.

El líquido salitroso depositado en las bateas, se enfría rápidamente, por la gran extensión de ellas. Primeramente se forman sobre la superficie, globulillos que, examinados, parecen formados de aceite; estos se aumentan y forman una tenue costra de salitre ya cristalizado; un muchacho con una pala de madera, rompe esa cristalización, la que en trozos cae al fondo de la batea, e inmediatamente comienza, a la vista, la cristalización general de todo el líquido salitroso, depositándose el salitre en su estado de pureza, en el fondo. Si el tiempo es muy frío, esta cristalización se puede verificar en poco más de veinticuatro horas. Concluida totalmente la cristalización, según el conocimiento del administrador de las bateas, se abren las llaves de las bateas, para conducir el agua vieja, que es el líquido sobrante, a determinados tanques, de donde dicha agua vieja es conducida, por medio de bombas, a señalados depósitos, en una parte superior de la máquina, para extraer de estos depósitos el agua vieja necesaria a las nuevas elaboraciones que se practiquen. El salitre depositado en cada batea, se amontona en el centro de ella, para que escurra toda el agua vieja que contiene, y después de seco, se arroja, por medio de palas,   -57-   al cuadro centro de las bateas, que se llama cancha, en la cual se extiende para que el sol lo seque bien, y encostalado sea conducido a los puertos, para su embarque y exportación.

Al hacer correr de los chuyadores el líquido salitroso, ha quedado en el fondo de cada uno, una cantidad de una materia rojiza y terrosa que se llama Borra. Esta es extraída de allí y arrojada al campo en muchas oficinas; en otras, las mejor elaboradas o manejadas, esa materia es sometida a una nueva elaboración, en una parte separada de la maquinaria, y se consigue produzca, en no pequeña cantidad, salitre de baja ley, que se emplea en la fábrica de pólvora, en la confección de salitron, etc.

En la oficina Soledad, que tenía a mi cargo, encontré que se botaba la Borra. A costa de dos mil soles en bateas y cañerías, establecí el sistema de beneficiarla, y en menos de seis meses, saqué en salitre el total costo de las bateas y cañerías empleadas en su elaboración.

El piso de las canchas se forma del ripio sobrante de los cachuchos, cubierto de una gruesa capa de borra, sobrante de los chuyadores.

La capa de borra queda tan endurecida, que parece formada de cimiento romano.

El salitre secado bien en la cancha, se encostala en sacos de tres quintales, que son los que conducen los trenes del ferrocarril de cada oficina al puerto, o en sacos de seis arrobas, que son los que conducen las mulas, llevándolos por carga de la oficina al puerto.

El ferrocarril antes no llenaba sus compromisos con el público: ha habido casos en que el salitre de una oficina ha existido depositado sobre la línea, para ser conducido al puerto, por doce meses, sufriendo los propietarios enormes daños, con la destrucción de los sacos, requemados por el sol, y las consiguientes   -58-   enormes mermas; reclamos se hacían: la Empresa hacía lo que tenía por conveniente.

En algunas oficinas se elabora la potasa y yodo. En la Limeña, cantón de la Noria, la potasa era elaborada en gran cantidad. El yodo era elaborado en las siguientes oficinas:

Cantón Pisagua -San Antonio (al mes, más o menos), 30 quintales.

Ídem Noria -Limeña (ídem) 80 quintales.

Ídem ídem -Paposo (ídem ídem) 30 qqs.

Ídem ídem -San Carlos (ídem ídem) 50 qqs.

Ídem ídem -Argentina (ídem ídem) 30 qqs.

Ídem Soledad -Esmeralda (ídem) 15 qqs.

Ídem ídem -Soledad (ídem ídem) 40 qqs.

El yodo fue descubierto en 1811, por el químico Courtois; y Gay Lussac, en 1813, publicó un tratado muy científico y completo sobre él.

El salitre varía de ley desde 88 y 97, variación debida a la gran cantidad de sal marítima, que contienen los caliches de algunos terrenos, especialmente los inmediatos a la pampa del Tamarugal.

El yodo se elaboraba en la Soledad, en la forma siguiente: En una oficina especial, se hallaba una especie de mesa, más grande que la de un billar, cubierta toda de planchas gruesas de plomo, metal que no sufre deterioro por la acción del azufre. En un extremo de la mesa se hallaba situado un pequeño horno, en cuyo porte superior estaba incrustado un depósito forrado con ladrillos, y del cual salía un embudo de plomo, que era conducido a un depósito de agua.

El azufre, fuese purificado y traído de Europa, o fuese del que se explota en la misma provincia, y de que me ocuparé después, era depositado en la cantidad necesaria, y mezcladas ambas clases de azufre, en conocidas proporciones en el depósito incrustado de ladrillos, se aplicaba el fuego al horno y los grandes   -59-   vapores del azufre, eran conducidos al agua depositada, formándose ácido sulfúrico de ley tal. El que elaboraba el yodo, guardaba el mayor secreto sobre los métodos empleados para producir este ácido y también el yodo; pero pude cerciorarme de las labores, hasta cierto punto. Inmediato a la mesa citada, se hallaba fuertemente establecido, un gran depósito redondo de madera, formado de gruesos tablones muy bien unidos y ligados con sendos sunchos de fierro. En el centro de este gran depósito, existía perpendicular, un batidor, al que podía hacerse mover con alguna rapidez, por medio de un mango. Por medio de una cañería se depositaba, en el gran tanque, que tenía como 3 varas de diámetro, una cantidad de agua vieja conducida de un tanque superior; a esa agua vieja se le echaba una cantidad conveniente del acido sulfúrico, ya allí elaborado, y ambas sustancias eran removidas y bien mezcladas por el batidor perpendicular, movido por dos hombres, dando vueltas al mango. A proporción que se iban mezclando el agua vieja y el ácido sulfúrico, se desprendían ligeros vapores violetas, de la superficie de los líquidos, formando bellísimas colores y vistas, parecidas a los colores de los buches de las palomas, resplandecientes de violeta con oro; mezcladas bien las materias expresadas, se dejan asentar por un tiempo determinado; después se removían bien, y el líquido se hacía correr por medio de una canaleja de plomo, a bolsas fabricadas de telas gruesas; estas bolsas tienen la figura de moldes de pan de azúcar; el líquido echado a cada una destila por el fondo a un recipiente, quedando en la bolsa depositado el yodo, en forma de una sustancia negra y polvorosa. El líquido destilado es agua vieja, muy saturada de azufre, toma un color café subido, y es conducida al depósito general de toda el agua vieja, para todos los usos posteriores de las oficinas. Concluida la destilación   -60-   de las bolsas, se saca la materia yodura, y se hace secar, formando de ella panes, en forma de ladrillo, para su oportuna destilación en los jarrones correspondientes.

En otra parte de la oficina de yodo, existe una cantidad de jarros muy grandes de losa ordinaria, parecidos a una serio de teteras, que tienen un pico en un lado y por el otro un agujero, unidas por medio de los picos de la una con la anterior.

En un horno especial, se depositan los ladrillos de yodo convenientes, y se aplica un fuerte fuego; y los ladrillos de yodo despiden un vapor abundante, color violeta subido, cuyo vapor va pasando de un jarrón, en figura, como he dicho, de tetera, al otro, por medio de los picos que los unen, depositando los vapores una sustancia al parecer de acero, y en figuras de cabezas diminutas de lanza, que es el yodo purificado y mercantil. Este yodo se reúne, se encajona o se embarrila, con el peso de cien libras, y se exporta. La materia que queda en el depósito es una sustancia de color naranja subido, con un olor muy pronunciado de azufre: esta sustancia última no tiene valor mercantil.

En esta elaboración de yodo, he dicho que en la misma provincia de Tarapacá existe el azufre. En efecto, en toda la cordillera, desde el pueblo de Huatacondo, a los altos del volcán Isluga, existen grandes depósitos de azufre natural. Este mineral es traído de los depósitos, y visto a la distancia, parece un trozo de pizarra color plomo: examinado con detención, se halla lleno de cristales diminutos y como venas de azufre puro. He quemado un trozo de ese mineral, con peso de diez onzas, prendiéndole fuego al aire libre: ha quemado sin llama, expidiendo muchos vapores blanquiscos; el residuo de ceniza han sido cuatro onzas, lo que da un sesenta por cielito de azufre puro, y otras materias volatizadas por   -61-   el fuego. Según informes de algunos vecinos de Pica, el azufre en esas cordilleras se halla en inmensas cantidades. Su valor en las oficinas variaba de 2 a 3 soles quintal.

Antes de concluir este asunto del yodo, no será demás indicar que, como ya he dicho, esta sustancia de tantísima aplicación en la medicina y en las artes, tenía un valor como el oro en polvo. En efecto, antes de las grandes producciones de yodo en las salitreras de Tarapacá, la onza de yodo tenía el valor mercantil de cuatro libras esterlinas; hoy, debido a la enorme producción que he indicado, vale como un chelín la misma onza.

La provincia de Tarapacá, bendecida por la Providencia con abundantes producciones naturales, sería poderosísima sin existir el salitre. En el vasto territorio de la pampa del Tamarugal, existe el Borax, en ilimitadas cantidades. En el terreno entre el antiguo pueblo de la Rinconada; y el nuevo de la Cabrería, he hallado el Borax en grandes cantidades, y en trozos del tamaño de un garbanzo al de un huevo de paloma. Mi primo don Gaspar Cornejo, en Iquique, me ha demostrado trozos de Borax, extraídos al Este de la laguna Huasco, del tamaño de un huevo de gallina, asegurándome existir ilimitados depósitos de esa antes tan valiosa sustancia mineral, en todos esos terrenos entre la laguna Huasco y la Cordillera. Minerales de cobre abundan en toda la provincia.

En la misma pampa de Iquique, el finado don Juan Williamson, dio principio a varias labores de cobre: en Cavancha existe una vena recién abierta.

Al extremo Sur de la provincia existe una gran bahía llamada Chipana: unas diez o doce leguas al Este, existe la laguna de Chipana, de agua salobre. Desde el Sur de esa al río Loa existen los cerros conocidos con el nombre de Paquica. En todos   -62-   esos cerros se han trabajado antiguamente vetas de oro, con más o menos provecho.

Un señor Tejada, Cónsul Argentino en Iquique, me ha demostrado trozos de cuarzo aurífero de los cerros esos, con oro nativo a la vista; el cuarzo, contrario al cuarzo aurífero de Huayllura, era completamente saturado de fierro oxidado. En los altos de Iquique existen, hacia el Norte, vetas de oro en cuarzo de poco producto, a la superficie, pero que podrían dar grandes resultados, quizás, a la profundidad.

El ya citado señor Tejada, me ha dicho, que en esos trabajos auríferos de Paquica, se encuentran aún casas techadas, y también una Iglesia, con su campana de bronce; que en las casas encontró libros y papeles, por los cuales constaba que esas labores fueron sostenidas hasta el año de 1816, en que los cruceros de los chilenos, recién formada su Escuadra, frecuentaban esos mares; y obligaron a los mineros a suspender sus trabajos.

Deseo dar a usted algunos informes, respecto al Cóndor, y terciar, como dicen, en la controversia que se suscitó entre el célebre Audubon, el sabio francés Ornitologista de los Estados Unidos, y Waterton, el renombrado viajero inglés de las Guayanas. Sostiene Andubon, que el Cóndor descubre la carroña, que constituye su alimento, exclusivamente por el ejercicio de la vista; Waterton sostiene, que la efluvia de la carroña, esparcida por la atmósfera, es la que conduce al Cóndor al punto donde se halla depositada.

El Cóndor (Sarcorhamphos), nombre que le han designado los naturalistas4, es el mayor de los pájaros conocidos, y sobre él se han escrito las más   -63-   increíbles relaciones. Algunos han asegurado que los han visto de más de veinte pies de extensión, de la punta de una ala a la punta de la otra, y de una fuerza tal, que con sus garras podrán levantar al aire una vaca. Yo no he visto estas maravillas. El Cóndor más grande que he visto, ha medido diez a once pies de largo, de la punta de una ala a la punta de la otra, y jamás los he visto levantar en sus garras, ni un carnero siquiera. Parado el Cóndor, tendrá una altura, cuando más, de cuatro pies, de la punta de la cabeza erguida al suelo. El macho es de plumaje negro, con plumas de color plomo en las alas; tiene una gran golilla de plumón blanco, alrededor del pescuezo, y toda la parte del pico se halla cubierta de carúnculas carnosas, que le dan cierto aspecto feroz. La hembra es de menor tamaño y de color plomo las alas y espalda, con mezcla de plomo y negro en el pecho; no tiene golilla blanca y las carúnculas son poco pronunciadas; pone dos huevos más grandes que los del pavo, color blanquisco, con pintas cafés y amarillas, sobre unos pocos palitos o yerbas secas, en lugar muy apartado. Los pichones se hallan cubiertos de un abundante plumón color café con leche.

El naturalista José Monlan, en su obra sobre Zoología, publicada en Barcelona, en 1874, y en la librería de Juan Bastinos e Hijos, asegura, página 370, que el Cóndor sólo habita en las cordilleras más elevadas, y que jamás baja a los llanos. El señor Monlan se ha equivocado completamente: el Cóndor cabalmente es escaso en las cordilleras, y muy abundante en las costas, como en las pampas de Tarapacá, Lomas de la Costa, y, en especial, en nuestras playas, y en los puntos donde se hallan situadas las Loberías marítimas. En las Cordilleras de los Andes, y que corren a lo largo de nuestras costas, se hallan a veces, en los Andes del Illampu e Illimani,   -64-   jamás los he visto. Contrayéndome ahora a la controversia entre Anduvon y Waterton, diré lo siguiente, y creo que mis palabras serán ratificadas por el testimonio de todos los que han manejado oficinas salitreras en Tarapacá. En todas esas oficinas mueren muchas mulas, ya sean de las oficinas mismas, o ya de los arrieros que conducen el salitre elaborado en ellas, a los puertos de la costa. Esas oficinas, como he tenido ocasión de exponer, son fabricadas en hoyadas; en ellas son arrojadas, a alguna distancia, las mulas muertas, para que el olor de la carroña no cause daño a la peonada. El excesivo calor en esos campos, muy pronto produce rápida putrefacción en el animal muerto; y antes de veinticuatro horas acuden al festín muchos Cóndores. El animal muerto no ha podido ser distinguido ni desde el borde de la hoyada; en el espacio no se distingue ni un solo Cóndor, cuando se ha arrojado el animal muerto al campo, y, sin embargo, en pocas horas, acuden los Cóndores al festejo.

Para cerciorarme más, he hecho el ensayo siguiente: he hecho arrojar a una angosta hoyada, de donde se había sacado caliche, una mula muerta, cuya carola quedaba casi cubierta con los trozos de costra que la rodeaban, y, sin embargo, han acudido los Cóndores a saciar su voracidad. Era imposible distinguir la mula muerta a pequeña distancia; sólo la excesiva efluvia de la carroña, diseminada por la atmósfera, ha podido guiar al Cóndor al punto conveniente. El Cóndor se atraganta de carroña hasta casi no poder volar; los peones argentinos, en la Soledad, los atropellaban a caballo, y como para emprender el vuelo tenían que correr a volapié a alguna distancia, los laceaban con facilidad. A mi juicio, pues, Waterton ha tenido razón en sus asertos.

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Harán algo más de mil años, históricamente hablando, como si dijésemos ayer, que los valerosos hijos de Suecia, Noruega y Dinamarca, con sus bajeles infectaban y saqueaban las costas de las hoy pudientes naciones de Europa. La Inglaterra fue conquistada por el rey Danés Canuto; los Normandos (hombres del norte) se posesionaron del Norte de Francia o Normandía; y más tarde la batalla de Hastings (1066) les dio la posesión de esa Inglaterra, hoy tan poderosa nación. A mediados del siglo IX, ya habían establecido colonias en Islandia, y en 986 Erie Rauda (el Rojo) colonizó la tierra Sur de la Groenlandia, llamando su nueva posesión Battalid. Siguieron nuevas colonias: se establecieron poblaciones en Ericsford, Heriuslfiord, Rafusfiord, etc.; esos campos hoy cubiertos de nieve y de eternos hielos, eran llanos verdes con abundante vegetación de allí el nombre Groenland -tierra verde. Las colonias de Groenlandia adquirieron notable prosperidad, según los continuos datos que en Europa se recibían de ellas. Hacen como quinientos años que se ignoran por completo los sucesos que dieron fin y muerte, digamos, a esos establecimientos. Aún la situación verdadera y topográfica de todos ellos, es ignorada. Varias expediciones se han hecho con el objeto de explorar esos territorios, y adquirir datos sobre su completa destrucción.

Gaarhe, danés; Scoresby, el ilustrado ballenero inglés, y otros, en repetidas ocasiones, han en vano intentado penetrar al interior de las murallas de hielo que cubren la costa Este de esas inhospitalarias regiones. Últimamente el notable sabio Norden Koild, ha dirigido sobre esas costas, y en persona, una expedición, con el exclusivo objeto de averiguar los motivos de la ruina y desaparición de esos establecimientos; dicha expedición aún no ha regresado a Copenhague. Este Nordenkoild es el mismo que   -66-   últimamente, en el buque Vega, se dio a la vela de Dinamarca, por primera vez logró pasar por el norte de los continentes de Europa y Asia, y arribó a Yokohama, Japón, de donde pasó al Mediterráneo, por el estrecho de Suez, y de allí volvió a Copenhague. Esta memorable investigación de Nordenkoid, me trae a la memoria una expedición aún ignorada de la gran mayoría del público, pero que creo es digna de referirse aquí, y es la siguiente: Hacen algunos meses que el buque de la Escuadra Imperial de Alemania, Moltke, buque muy conocido en el Callao, donde ha estado algunas veces, condujo a la desierta isla de Georgia, a ocho sabios y cuatro sirvientes, con el objeto de estudiar sendas cuestiones climatológicas y astronómicas importantes. A esta expedición se le han proporcionado, por su Gobierno, casas de madera, víveres conservados, cabras y bueyes, etc., como para una residencia de poco más de doce meses. Georgia es una isla muy grande, desierta, cubierta de eternos hielos y nieve, que se halla al Este del Estrecho de Magallanes. No tiene un solo animal terrestre, y sus campos cubiertos de nieve, son nada más que rocas y tierra: sólo en algunos muy pequeños y abrigados recodos, crece un poco de musgo y líquenes. Abundan las focas y aves marítimas. Sus brumosas y desoladas costas, son de difícil acceso. El señor Vernhagen, después conde de Porto Seguro, Ministro residente en Lima, del Imperio del Brasil, escribió aquí una notable y documentada obra, comprobando haber sido esa isla descubierta, a principios del siglo XVI, por Américo Vespucio, el navegante que robó a Colón el honor de dar su nombre a estos continentes. Después, en 1777, creo, que la descubrió el capitán Cook, memorable navegante inglés, quien le dio su nombre actual.

Aseguran las crónicas antiguas, que Biarne, hijo de Heriuslfd, navegando de Dinamarca hacia estas   -67-   nuevas colonias, fue alcanzado por fuertes tempestades, y arrojado al Sur, donde descubrió tierras planas con alturas cubiertas de bosques -era el Continente de la América del Norte. Leif, hijo de Eric, en 1000, descubrió una tierra a la que llamó Helluland (tierra llana), y una isla cubierta de bosque, a la que llamó Markland (tierra con árboles). Leif estableció una colonia; y como más al Sur descubriese viñedos, llamó a las comarcas esas Vinland (tierras de viñas). Las relaciones de Leif y del alemán Tyrker, hacen creer que los territorios descubiertos forman hoy los estados de Massachusetts y Rhode Island; los descubrimientos anteriores a Leif, se cree son Labrador, Nova Scotia y Nova Hamphire.

En 1002, Thowald, hermano de Leif, descubrió el Cabo Cod (Bacalao), y murió en un encuentro con los numerosos naturales. En 1006, Thorfinn y Snorre Thorbrandson, llegaron a las entonces prósperas colonias de Groenlandia, y en 1007 se dieron a la vela en sus buques, hacia el Sur, y solo en 1011 regresaron de Vinland, abandonando esas colonias a consecuencia de la constante hostilidad de los natural