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    Riquezas peruanas : colección de artículos descriptivos escritos para "La Tribuna"
     Modesto Basadre y Chocano
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Cascarilla y cascarilleros

Don Luis Jerónimo Fernández Cabrera, Bobadilla, Cerda y Mendoza, cuarto conde de Chinchón, salió de Cádiz en Agosto 14 de 1628, y vino a Panamá, nombrado Vicerrey del Perú, etc. Dicho caballero de los tantos apellidos, pasó de Panamá a Payta, y se embarcó en este último puerto para el Callao, mandando por tierra a su esposa la señora doña Francisca Enríquez de Rivera, hija del duque de Alcalá. Este Virrey será siempre más recordado, por haberse dado su nombre a la Cascarilla, que por sus demás servicios y hechos, buenos o malos. Se encargó del mando en Enero 14 de 1629, y gobernó hasta Diciembre 18 de 1638, o sean cerca de diez años.

Refiere la tradición, que habiéndose enfermado gravemente la virreina con tercianas malignas, una india sirviente suya, secretamente le suministró los polvos de la cascarilla -que sorprendida la india, se trató de quemarla, por haber, según se creía, envenenado a la virreina; pero que hallándose ya en el cadalso, se le salvó la vida, verificándose la maravillosa curación de la enferma, y resultando el descubrimiento, el único quizás efectivo, cuando es legítimo,   -149-   del específico contra las fiebres malignas10. De esta historia, verdadera o novelesca, resultó el que el célebre botánico Linneo, nombrase a la cascarilla Chinchona, y formase de sus clases una familia especial. Otros aseguran, que un indio de Loja, muy afecto al corregidor de ese partido, don Juan López Cañizares, participó a éste los benéficos resultados de la aplicación de cierta corteza de árbol, para curar las fiebres perniciosas; que López Cañizares comunicó el secreto a los Jesuitas, entusiastas y sabios Misioneros de esas comarcas; que estos lo comunicaron a Europa, donde ha sido muy conocida la corteza con el nombre Jesuits Bark, por muchos años. Sea como fuere la verdad, parece indudable que desde 1630 se conocían en Lima, como eficaz antídoto para las tercianas y demás fiebres, los polvos de la cascarilla traídos entonces de Loja. Del Perú se remitieron a Europa pequeñas cantidades de cascarilla; y en Roma, el Cardenal Lugo, (quien los recibió de los Jesuitas), por medio de su médico Sebastián Baldo, hizo usar y extender la fama del específico. A pesar de la fuerte oposición que varios médicos y otros hicieron al uso de la cascarilla, los maravillosos y benéficos resultados que su aplicación producía, fueron venciendo, poco a poco, las resistencias que se levantaban, muchas veces por interesados Sangredos. En 1671, Luis XIV, Rey de Francia, compró al médico inglés Talbot, el secreto de las frecuentes y maravillosas curaciones de fiebres que verificaba en París; ese secreto no era otra cosa que la conveniente aplicación de los polvos de Jesuits Bark, o sea la cascarilla peruana. Luis XIV cuidó de hacer conocer al público el específico.

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Solamente en 1738, o sean cien años después de la curación de la virreina de Chinchón en Lima, se vino a publicar por La Condamine, la descripción exacta del árbol de la cascarilla. La Condamine11 había sido mandado en 1735 con Godin, Bouguer y Jussien, a Quito, por el gobierno francés, para medir el arco del Meridiano y determinar la configuración exacta de la tierra.

El Rey de España Carlos III, en 1778, mandó a los naturalistas Hipólito Luiz y José Pavón; y el Rey de Francia, a Dombey, a examinar, recoger y especificar los árboles y plantas de sus vastos dominios en la América. Estos naturalistas publicaron en 1794, la famosísima obra que lleva su nombre. En dicha obra no se hace mención de la Chinchona Calisaya, porque, según entiendo, aun no era conocida. En 1788 regresaron a España estos comisionados, quienes en 1794, como he dicho, publicaron el Prodomus, y en 1798 comenzaron a publicar la Flora Peruviana et Chilensis, que se concluyó en 3 volúmenes, y que ha existido en nuestra Biblioteca, como un monumento de una labor, que tanto honra a sus autores; los grabados de ella son magníficos.

En 1790 Carlos III mandó otra expedición científica a las costas de Chile y del Perú, a bordo de la   -151-   corbeta Descubierta, y a órdenes de Malaspina. A bordo vino como naturalista don Teodoro Haenke, natural de Bohemia; era un hombre completamente consagrado a las ciencias. En 1792, Haenke regresó a España, de donde hizo nuevo viaje a Chile y al Perú en 1794, y desde esta fecha hasta el año de 1817, en que falleció en Cochabamba, se dedicó con asombroso entusiasmo a reconocer y recorrer todas las montañas, ríos, etc., de esta parte del Continente, y, en especial, del Alto Perú, hoy Bolivia. Pérdida muy grande han sufrido las ciencias al perderse, en Cochabamba, todos sus manuscritos, como consecuencia de la guerra de la Independencia. Haenke fue, según creo, el primero que dio a conocer con todos sus especiales caracteres y ventajosas aplicaciones, la cascarilla calisaya, originaria, según se creía, solamente en el territorio de Bolivia, y que hoy se sabe se encuentra también en el Perú, y en la parte de las montañas de Carabaya.

En 1846 vino al Perú el naturalista Weddel, inglés de nacimiento, pero desde joven educado en París. Weddel era comisionado por el Museo de Historia Natural de París, para hacer un estudio especial de la chinchona. Tuve el honor, para mí muy grande, de conocer al señor Weddel, y de darle cabalmente las muestras de la verdadera chinchona officinalis, que han sido grabadas en su obra sobre cascarillas. Weddel penetró a las montañas de Tambopata (San Juan del Oro) en ese mismo año, y también pasó a Bolivia.

A su regreso casó en Arequipa con la señorita Bolognesi, hermana de aquel honrado e ínclito Jefe, que quemó su último cartucho, en Arica, en Junio 5 de 1880. ¡¡Ardientes lágrimas se agolpan a mis ojos, al recordar la prematura muerte de mi amigo el coronel don Francisco Bolognesi, y la actual degradación de mi Patria!!

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En 1852, Weddel volvió al Perú y Bolivia, a seguir sus científicos estudios, y ha publicado sobre cascarillas la obra más completa que yo conozco sobre el particular, adornada con grabados de primera clase. En nuestra Biblioteca existía un ejemplar, obsequio grato de su autor; tan importante obra se ha perdido ya.

En 1860 el señor don Clemente Markham, inglés, vino a Lima, y de aquí pasó a Carabaya y Bolivia, comisionado por el sabio y previsor Gobierno de la Gran Bretaña, para conseguir semilla de la cascarilla calisaya, y conducirla a la Isla de Ceylán, y a las montañas Himalayas, y propagar allí sembríos de tan utilísima planta. El señor Markham, con la constancia de un inglés, y con los abundantes fondos que se le proporcionaron, logró por completo el objeto de su comisión; estudió la clase de terrenos que eran más convenientes para la plantificación y cultivo de esos árboles; en persona se dirigió al Ceylán e Himalaya, y ayudado de hábiles botánicos e inteligentes horticultores, formó grandes sembríos de cascarilla calisa, ya, que producen en notables cantidades, cada año más abundantes, las quinas y quininas, tan necesitadas en el Hindostan, y demás colonias inglesas, como igualmente en la Gran Bretraña, para la curación de fiebres.

Con motivo de las publicaciones hechas en Inglaterra sobre los resultados tan favorables del sembrío de cascarilla, y de su conveniente cultivo, varios inteligentes especuladores, han establecido en Bolivia chacras de cascarilla, formando sementeras en gran escala; buscando las mejores semillas de la calisaya legítima, y estableciendo el sistema adoptado para su cultivo en la India. Un señor alemán, don Oton Richter, ha formado una gran Hacienda de cascarilla en Yaní, quebrada por la cual baja uno de los muchos ríos que se desprenden de las grandes alturas del   -153-   Illampu en el departamento de La Paz, y provincia de Larecaja, (Bolivia). Y no se ha contentado con formar esa hacienda, sino que a su costa, ha abierto un ancho camino de herradura, que le permite el libre tráfico a los valles de Yaní, y facilita en algo también la entrada a los lavaderos de oro de Tipuani, etc.

En la misma provincia de Larecaja existe un valle llamado Zongo, en el cual la familia del finado señor don Manuel Ballivian, tenía grandes posesiones. En ese valle existían no pequeñas cantidades de árboles de la cascarilla, que han sido cortados y explotados: los propietarios señores Ballivianes, y otros, han tratado de formar, en esos puntos, nuevos sembríos, y hoy día hay bien fundadas esperanzas de que no se agotará, como era de temerse, la producción en Bolivia de tan importante articulo de exportación.

Haenke, según informes, fue el primero que hizo conocer las especiales cualidades febrífugas de la calisaya, existente en ese entonces (principios de este siglo) en las montañas de Apolobamba, departamento de Caupolicán, en Bolivia, en abundantes cantidades. A consecuencia de la guerra de la Independencia, y los trastornos sobrevinientes hasta la exaltación al mando supremo de Bolivia, del General don Andrés Santa Cruz, la exportación de cascarilla de Bolivia fue limitada; sólo en 1831 se estableció la gran compañía exportadora de cascarillas, bajo la inmediata dirección del señor don Francisco Heros12. En años posteriores, y cuando subió al mando   -154-   el General don José Ballivian, se formó una nueva Compañía que dirigían en La Paz, los señores don Pedro Portal y don Jorge Tezanos Pinto; compañía que fue favorecida por muy notables utilidades.

La mayor parte de los numerosos valles que existen al lado Este de la gran cadena de los Andes, que se extienden desde los altos de Vilcanota y Coololo al Illampu o Illimani, y que corre al Sur hasta perderse en los llanos al Sur de Cochabamba y Potosí, se hallan favorecidos con abundantes manchas de cascarilla calisaya. En lenguaje local, una mancha, de cascarilla, significa la agrupación de veinte o más árboles de cascarilla; y el hallazgo de una mancha es una verdadera riqueza para los cascarilleros.

Saliendo de nuestro pueblo de Cojata, hacia el Este, a las 12 leguas se halla el pueblo de Pelechucos, antes departamento de La Paz y provincia de Caupolicán. Para llegar a Pelechucos hay necesidad de pasar por el pie del gran nevado llamado Coololo, el que se deja a la derecha, y tiene una altura de 17900 pies. Este pueblo de Pelechucos tiene la particularidad de que por sus calles y chacras corren abundantes y cristalinas acequias de agua, algunas de gran anchura, y sobre las calles sirven de puentes, grandes trozos o lozas de pizarra. Pelechucos se halla situado   -155-   sobre un ramal del río Tuiche-ramal, a la vez, del Cacas-ramal, a la vez, del Bení. Otro ramal del Cacas es el río Mapiri, a cuyas orillas se produce un cacao tan afamado como el de Paucartambo (Cuzco). Un ramal del Mapirí es el río Apolobamba, que corre por la población de ese nombre. El vasto territorio que se extiende entre los ríos Mapirí y Tuiche, ha sido el campo feraz y productivo de miles de quintales de cascarilla calisaya, exportada de Bolivia, durante cincuenta años; siendo Apolobamba y Eten, población no muy lejana, los centros de la exportación indicada. Al Norte se ha extendido el corte a los ríos Tequexe y Madidi; pero las dificultades de la extracción, han retardado algo el beneficio. El Madidi es el mismo río que en Carabaya es conocido con el nombre de San Juan del Oro, y, a veces, con el de Tambopata. Este río tiene su origen en el territorio del Perú, y en la cordillera que separa la quebrada de Saqui (Perú) de la de Puina (Bolivia); corre como cincuenta a sesenta leguas hacia el Norte, y luego hace una vuelta hacia la derecha, y aumentando con varios riachuelos, se forma el Madidi ya indicado.

En las quebradas de dicho río de Tambopata, se hallan establecidos los cortes de cascarilla calisaya del Perú, y se han extraído no pequeñas cantidades de esa corteza. En 1846 llegó Weddel hasta el Yanamayo (Río Negro), que es un ramal de Tambopata, y en su gran obra existe un grabado, que da una idea cabal de la arbolada, etc., de esa localidad. A ese mismo punto llegó en 1860, Markham, cuando, como he indicado, marchó a recoger la semilla de la cascarilla para conducirla a la India. De diferentes partes del Perú, he visto cortezas consideradas como cascarilla: de ellas me ocuparé después, pero la única cascarilla calisaya verdadera, que yo he visto, es la extraída de Carabaya, y de las quebradas de San Juan   -156-   del Oro, o sea, Tambopata. Del Cuzco y de un punto de ese departamento, llamado Cajamarquilla, he visto cortezas muy parecidas a la legítima cascarilla, pero le faltaba lo esencial, cual era la sal quina, que hace el verdadero valor de la calisaya.

Las cascarillas de Loja (Ecuador), y de Cartagena (Nueva Granada), que yo he examinado, son inferiores a la calisaya, como lo demuestra la gran diferencia de precio en los mercados de Europa y Estados Unidos. De Cartagena he visto muestras parecídisimas a la calisaya, pero, según entiendo, tienen menor cantidad de quina, y se diferencian de la calisaya, además, en no tener espinas -de estas espinas me ocuparé después, por ser una cualidad especial de la cascarilla calisaya, y que facilita su reconocimiento.

Últimamente se ha extendido en Bolivia el corte de la cascarilla, a los valles al Norte de Apolobamba, a los de Yungas y a los de Cochabamba. He conocido a un señor Rada, que estableció esa industria en Cavinas, y aún mas al Norte; las cascarillas que logró reunir, las embarcó en el Beni, y después en el Madera, y las condujo así al Amazonas y ciudad del Pará. Según me dijo el señor Rada en ésta, de vuelta de su viaje del Pará a Europa, la expedición le fue muy favorable. Cavinas es una Misión de los Padres Franciscanos, situada a inmediaciones de la embocadura del Madidi en el Beni. Los indios de la comarca son altos y muy bien formados; he visto a varios de ellos en 1859, en el convento de San Francisco, de La Paz, donde me los presentaron los Padres Sáenz y Comas. Cavinas tiene gran nombradía en La Paz, por el excelente cacao que produce. Todas las cascarillas, falsas o verdaderas, pertenecen, como el café, a la familia que, los botánicos llaman Rubiáceas, y a la tribu o división Chinconeas. Estas cascarillas son consideradas falsas o verdaderas, porque   -157-   las llamadas falsas no tienen ninguno de los alcaloides que deben tener las cortezas, que producen las curas de las fiebres paludinas y periódicas. Entre las cascarillas que se consideran falsas, las más notables son la cascarilla blanca y la ovalifolia, clasificadas por el naturalista Mutis: la cascarilla llamada noval por Mutis; varias de las especies clasificadas por Guibourt, procedentes de Loja; las cascarillas exportadas del Cuzco, y antes de Carabaya, que producen una sustancia especial, a la que los químicos han puesto el nombre de Aricina, por haber sido esas cascarillas exportadas por el puerto de Arica: las cascarillas varias exportadas de las montañas de Huamalies, Chanchamayo y Huánaco, etc. Las cascarillas verdaderas, que a la vez contienen las sales conocidas con los nombres de Quinina y Chincoñina, tienen, en más o menos cantidad, esas sales, y, por consiguiente, el antídoto verdadero y eficaz para todas las fiebres paludinas. Estas cascarillas se consiguen en Bolivia y en la provincia de Carabaya, del Perú, de árboles hasta de veinticinco pies de altura, y de dos a tres pies de diámetro en el tronco. No sé que clase de árboles son los que producen en Cartagena y Loja, cascarillas, que también contienen Quinina y Chinconina; pero creo que serán, poco más o menos, iguales a los que he indicado, en cuanto a su altura y grosor. Como mi objeto es hacer un estudio, solamente, de la cascarilla calisaya nuestra, y del sistema que se emplea para conseguirla y beneficiarla, me contraeré, a solo la explotación de la verdadera cascarilla calisaya, tal como la he visto en las montañas donde se produce; y de los sistemas empleados para conseguirla, y prepararla para su exportación.

Nuestro hábil y entusiasta naturalista Raimondi, describe así la cascarilla calisaya: «La familia de las Rubiáceas, comprende vegetales herbáceos, arbustos   -158-   y árboles elevados; sus hojas son opuestas, o verticaladas, y provistas de extípulos interpeciolares, sus flores auxiliares o casi terminales, tienen el cáliz soldado con el ovario, y la corola monopétala, regular, isostenión, de cuatro a cinco divisiones. El ovario es inferior, presenta dos, cuatro, cinco o más celdillas, y sostiene un estilo simple, rematado por un estigma de tantos lóbulos, cuantas son las celdillas del ovario. El fruto es muy variado, puede ser una baya, una cápsula, o una drupa de semillas solitarias o numerosas, provistas de un albumen cárneo o carnoso. Trousseau y Pidoux describen así a la cascarilla calisaya: «Cáliz adherente, limbo de cinco dientes, corola monopétala, infundibuliforme, de cinco divisiones, tubo cilíndrico y anguloso, cinco estambres insulsos en lo interior del tubo, ceja oval, prolongada, coronada por los dientes del cáliz, bilocular y bivalva; celdas que contienen muchas simientes membranosas en sus orillas. Árboles grandes con tallo leñoso, de hojas y ramas opuestas, y flores dispuestas en panojas tirsiformes». Las flores que yo he visto de la calisaya, son blancas, de poca y especial fragancia, y son dispuestas en figura de corimbo.

La cascarilla calisaya se presenta en el comercio bajo dos clases: calisaya tabla y canuto. La tabla se presenta en tablas de corteza, cuya longitud varía desde quince a veinte pulgadas, ancho dos o tres, del grueso de dos a cinco líneas: estas últimas, es decir, las más gruesas, son, por lo general, producto de árboles añejos. El canuto es el producto de las ramas delgadas; y a esta cascarilla no se quita la corteza exterior, como a la tabla. La cascarilla calisaya tiene un gusto muy amargo y astringente; su color interior es amarillo anaranjado, con tinte rojo, la tabla quebrada se parte por igual, sin que la fractura deje puntas. Puesta la tabla en la parte interior, contra los rayos del sol, indica puntos relumbrantes:   -159-   pasada la mano por esa superficie, penetran en el epidermis cantidad de espinitas, que se desprenden fácilmente de la corteza; especialidad que no tiene ninguna otra cascarilla conocida por mí. La cascarilla tabla calisaya, en la parte exterior de la primera corteza, es decir, la adherida al tronco, que es la que se exporta, tiene hendiduras en figura de pequeñas conchas; el centro de estas conchas es de color rojo subido, con tinte café, los bordes de las hendiduras o conchas son de un color morado con tinte de sangre de toro -de allí su nombre calisaya o culisalla, que significa morado. La cascarilla calisaya tiene dos cortezas: una interior, la pegada al tronco, que es la que se aprovecha y forma la cascarilla tabla de exportación, y otra, la corteza, exterior o epidermis, que es de un color gris, se halla cubierta con más o menos cantidad de líquenes parásitos, y que se bota cuando se beneficia el árbol, según lo explicaré después, cuando trate de ese punto.

La cascarilla calisaya es la que da mayor cantidad de quinina, que es el verdadero remedio contra las fiebres; y debe producir de 3 y 4 por ciento de quinina, es decir, que cien libras de cascarilla calisaya legítima deben producir de tres a cuatro libras de quinina pura y comercial. Sólo se beneficia la cascarilla tabla para la producción de quinina, la cascarilla calisaya canuto, generalmente se emplea como cortante, dándose bien pulverizada, como bebida o en infusión.

El individuo o sociedad que pretenda establecer la industria del corte de cascarilla, si no conoce el sistema, tiene forzosamente que buscar un capataz o administrador que haya ya entrado a la montaña; sea baqueano, es decir, esté acostumbrado a esa clase de labores, y pueda manejar la gente o peonada, que se va a poner a sus órdenes. En Charasani o Pelechucos, se hallan, a mi juicio, los mejores baqueanos   -160-   para esta industria. En Sandia, Sina o Quiaca, también los hay, pero recomiendo con preferencia los primeros. Ese baqueano administrador tiene sus subordinados de dos o tres sotas, según él número de peones cortadores o apiris, que son los peones cargadores. Los apiris o peones cargadores, se dividen en dos partidos: unos, que son los que cargan la cascarilla cortada, desde el punto que se ha hecho el corte, al depósito central; y los apiris que introducen los víveres, según sean las necesidades. El depósito central es algún punto a distancia del corte, hasta el cual pueden entrar llamas o burros (¡allí llamados vizcaínos! sin duda, por lo condescendiente de su carácter) a sacar la cascarilla a la población, donde se halle establecido el almacén grande, que recibe toda la cascarilla cortada, la empaca y la exporta a la costa; y que, a la vez, sirve para remitir de él, todos los víveres y especies que necesiten los cortadores en la montaña. Un administrador, tres o cuatro baqueanos subalternos, que sean diestros en el corte y diestros también en los rumbos de la montaña; seis u ocho cortadores más, y cuarenta apiris, creo que formarían una partida competente. El administrador y peones irán vestidos como más les convenga: llevan muy poca ropa, pero tienen sus dos ollas grandes de fierro, sus bien templadas hachas y cuchillos puntiagudos, de hoja ancha en común. Su yesquero y mecha de azufre, pues el fósforo allí es perdido en el acto, por la humedad.

Vamos a exponer el sistema que yo establecí, y que creo que podrá servir de base para futuros especuladores, variándolo según sean las circunstancias.

El almacén central se pone en el Crucero (Carabaya), en Pelechucos o Apolobamba (Bolivia.) De ese almacén central, del Crucero, por ejemplo, se manda la gente a Poto, 14 leguas, a Coasa 9, a Saqui 5, llevando hasta este último punto, en llamas   -161-   o burros, las herramientas, víveres, etc. Como últimamente, el movimiento de los cascarilleros ha hecho que se compongan los caminos, las llamas o burros pueden, según me dicen, entrar hasta Yanamayo (Carabaya), que son como veinte leguas más adelante de Saqui. En Bolivia, mi peonada ha logrado entrar con burros y diestras mulitas, criadas en las haciendas de Azángaro y Huancané, hasta Apolobamba y Eten, con la mayor facilidad. De Yanamayo, donde se hace un almacén de depósito, parten los peones, río abajo, en busca de cascarilla. Los baqueanos se suben a los árboles más altos, a las lomas o alturas, donde no exista espesa arboleda, y dirigen la vista en todas direcciones si logran distinguir, a más o menos distancia, algunos árboles cuyas hojas relumbran al moverse, bajan al momento y se dirigen hacia el punto donde hayan sido vistas esas hojas relumbrantes, que precisamente son de árboles de cascarilla calisaya.

A veces las direcciones dadas por el baqueano no son del todo exactas, y hay que hacer nuevos rumbeos hasta hallar la mancha, es decir, la agrupación de varios árboles de cascarilla, de diferentes edades y tamaños. Hallada la mancha, se busca un lugar, el más inmediato, que no esté cubierto de arboleda, se prefiere la playa más o menos ancha de un riachuelo; y sobre ese terreno o playa se asienta el campamento: así se evita el que el yaguar (tigre), se arrastre por los matorrales y encubra sus alevosos ataques. El administrador, hallada la mancha, destaca la gente inmediatamente, unos al corte de la cascarilla, otros al establecimiento del campamento, y a recoger leña. Si el árbol es grande, se le señalan dos hacheros; si es delgado, uno es bastante. Los cortadores hachan el árbol lo más inmediato a tierra; tumbado el árbol, pican la corteza hasta penetrar a la parte leñosa o tronco, y a la distancia de   -162-   ocho a quince pulgadas, según lo permita la ramazón. Picada la corteza, la rayan en líneas paralelas de dos a tres pulgadas de ancho; introducen las puntas de sus cuchillos de hoja ancha, en las rayas, y levantan la cabeza de un trozo de corteza; levantada la corteza, la toman con la mano, la desprenden del tronco del árbol, y sobre él mismo le dan un fuerte golpe, con el cual, en el acto, se desprende la corteza interior, que es de un color blanquizco, y expide una especie de leche de la corteza exterior, que es por afuera gris y se halla cubierta, en los árboles viejos, de líquenes en abundancia.

Sacado así un trozo de la corteza, se sigue la misma operación con todo el resto de la corteza del tronco del árbol, y de las ramas gruesas: las ramas delgadas también se pelan, y la corteza se suelta al lado de los árboles, donde al secarse se encanuta, como los trozos de canela. La corteza interior es la cascarilla tabla; la corteza encanutada es la cascarilla canuto; la corteza exterior se usa para quemar. En el campamento se aplana bien un trecho del terreno; sobre ese terreno aplanado se extienden los trozos de la cascarilla tabla en hileras, unas al través de las otras, hasta la altura de una vara, la cual permite la circulación del aire por enmedio de los trozos de corteza, y la seca; y esos montones se cubren con paja u hojas de palma, para evitar el agua de la lluvia, en cuanto sea posible. Beneficiados todos los árboles de esa manera, se busca otra mancha, y así sucesivamente, se van mudando campamentos, según los puntos donde se hallen los árboles; y la buena o mala suerte de los cortadores, que son interesados en el mayor producto, por la mayor gratificación que reciben.

De la cascarilla, en cierto estado de seca, se forman tercios de más o menos setenta libras; esos tercios son conducidos al punto donde se ha establecido   -163-   el segundo depósito, por los apirís o cargadores a hombros. Cada tercio es forrado en bayeta del país al sacarlo, tanto para favorecerlo del aguacero, cuanto para evitar en lo posible la quebrazón y merma. De ese segundo depósito, la cascarilla es conducida en burros o llamas, al depósito número 1, donde se enchurla, en la forma que después explicaré. Ínter los cortadores benefician la cascarilla, otros, como he dicho, preparan el campamento y recogen leña, que en todos esos puntos se halla en abundancia, ya sea de las ramas secas de los árboles, ya de los árboles o arbustos, arrastrados por los torrentes de los ríos. En el centro del terreno señalado como campamento, se depositan los víveres y la cascarilla, según se va explotando; ese campamento de noche es rodeado de grandes fogatas, para alejar al tigre, que constantemente ronda esos campamentos. En el campamento se hace el servicio, constante, de noche, de montar guardia, tanto para despertar a los peones, si se vislumbra en la oscuridad las dos candelitas, que son los relumbrantes ojos del tigre, cuanto para sostener las fogatas, agregando leña a ellas. El olor de la chalona asada (carnero helado) es muy atractivo al tigre. Los víveres, que por lo común se hacen conducir los cascarilleros, son los siguientes: chalona, chuño, papa helada, maíz tostado; sin tostar brota en el acto -quina tostada y molida, que es un excelente alimento en la montaña; coca del Cuzco o del mismo Carabaya, etc., etc. Es preciso tener muy bien distribuido el servicio de los apiris de víveres-. La demora en la introducción de víveres, sea por desertarse los apiris, como acontece a veces, sea por violentas crecientes de los ríos, que impiden el paso, o cualquiera otra causa, produce fatales resultados. Existía en Tacna un argentino, señor Castellanos, que estableció en Carabaya una labor de oro, arreglando con sus corresponsales   -164-   en el Crucero y Coasa, las convenientes remesas de víveres.

Los apiris se desertaron del Crucero a Coasa, y de esta última población no le remitieron tampoco los víveres acordados. En la labor se comenzó a experimentar escasez, y Castellanos mandó la mitad de su gente a Coasa, a buscar víveres. Los ríos crecieron; esta parte de la gente no pudo llegar a la labor. A Castellanos se le huyeron los peones restantes, tomando las alturas, y abandonándolo por completo. Castellanos, con un hijito suyo de seis años de edad, al fin abandonaron la labor y se dirigieron hacia Coasa, llegan a un río con extraordinaria corriente, no le pueden pasar; a un lado se halla Castellanos con su niño, al otro, los peones con víveres, de vuelta de Coasa; es imposible pasar por las terribles corrientes, algunos peones, al fin, se resuelven a rodear las alturas y buscar algún vado a gran distancia, y llegan a la choza que con ramas de árboles había construido Castellanos, y lo encuentran cadáver con su hijo casi muerto a su lado -ese niño milagrosamente salvado vivía en Tacna hace poco; su madre es una señora Vildoso de esa ciudad. En casos parecidos los cascarilleros han tenido mucho que sufrir. A veces se han alimentado con el cogollo de la palma que es una comida muy exquisita. En la montaña hay una palma que en su punta produce una especie de vaina, de largo de casi dos varas; para recoger esa vaina acostumbran hachar el árbol, y dentro de esa vaina se halla una sustancia parecida a hojas largas de palma, de un color blanquizco, y que son excelente comida; el gusto es lechoso, como de leche cuajada.

A veces los cascarilleros tienen la buena suerte de encontrar una chacra de achira silvestre; la raíz es abundante y harinosa, parecida al camote. He visto plantas de achira silvestre, en la montaña, de la altura   -165-   de ocho pies. Esta raíz creo crece en la campiña de Lima; tiene una semilla muy dura, negra retinta, y es del tamaño de una alberja; las hojas son como las del plátano.

Repito, la carencia de los suficientes víveres en las montañas de Carabaya, puede destruir las mejores establecidas labores, sean de oro o cascarilla, y es preciso asegurar debidamente la constante introducción de ellos.

Las crecientes en Carabaya arrastran consigo tan gran abundancia de tierra gredosa, que es imposible a la gente tomar a veces el agua de los ríos o riachuelos. En estos casos se buscan algunas vertientes, las que no escasean; pero no faltan casos en que hasta las vertientes se hallan cenagosas; y en tales circunstancias es preciso buscar alguna mancha o aglomeración de Tocoro, para apagar la sed. El Tocoro es una caña de color verde muy oscuro, del alto de cuatro o cinco varas y con canutos de tres o cuatro pulgadas de largo y menos de dos de diámetro; cada canuto contiene una buena cantidad de agua limpia y muy fresca, que es muy grato beber. El Tocoro tiene espinas, y al cortarlo es preciso precaverse de ser herido por ellas.

Conducida la cascarilla al gran depósito, se procede a enchurlarla. Para esta operación es preciso tener un cajón de buena madera, de cinco pies de largo, tres de ancho y tres de profundidad. De bayeta blanca del país o de crudo, se forma la camisa, o sea una manta que cubra todo el interior del cajón, y que dé una cantidad bastante para cubrir por encima la cascarilla depositada dentro del cajón. Sobre la camisa y en el fondo del cajón, se ponen dos hileras de cascarilla tabla, de las tablas que se hallen más grandes y gruesas; se ponen encima y alrededor del cajón, otras tablas, llenándose el centro con las tablas más delgadas, las rotas y el polvo, que no   -166-   es en pequeña cantidad de la cascarilla. Esta operación se sigue hasta que de la cascarilla depositada dentro del cajón, se hayan puesto ciento cincuenta libras netas. Puesta esta cantidad, se cose la camisa por encima y se saca el bulto a un lado para formar otro.

Con un cuero grande de vaca o novillo, se pueden enchurlar dos bultos de cascarilla, dividiendo el cuero por la mitad. El medio cuero se tiende sobre el suelo con el pelo para arriba; se pone al medio el bulto de la cascarilla, y se doblan las puntas del cuero sobre el centro del bulto. Con una aguja de cuatro pulgadas de largo, fabricada del mejor acero, y con tiras del mismo cuero, se cose éste por el centro y una de las cabezas de la churla; la otra cabeza se pone después, pero con el pelo para afuera, para marcar la churla en esa parte, con un fierro candente, y sobre ese pelo la marca comercial y especial del comerciante que remite la cascarilla. La marca de la Compañía de Cascarillas de La Paz (Bolivia) era tan conocida, que los que elaboraban la quinina en Europa, sin mas examen que la marca, la preferían a todas las otras, teniendo seguridad de obtener lo mejor, en calidad y peso, en esa mercancía.

El bulto de cascarilla, así forrado en cuero, es ya llamado churla, y se pone a secar al sol. El enero, al paso que se secaba, iba apretando y minorando el bulto, hasta que quedaba reducido a la mitad casi de su antigua mole. En este estado se remitían las churlas a Arica o Islay, para ser exportadas al extranjero.

Se me olvidaba indicar, que agotados los árboles de la cascarilla en los territorios de Apolobamba, etc., en Bolivia, los cascarilleros, se dedicaron a desenterrar y pelar las raíces de los árboles cortados anteriormente. Esas cortezas de raíces fueron remitidas, en no pequeñas cantidades, a los mercados de   -167-   Europa, donde no se pudieron colocar a buenos precios, por carecer de la quinina esencial.

Antes de concluir no estará de más explique el sistema que se emplea hoy para explotar los árboles de la Calisaya, sistema que no dudamos deberá aceptarse en Bolivia, etc. De cada árbol, cada año, se separa una parte de la corteza, y el tronco en la parte de la cual se ha quitado la corteza, se cubre con una cantidad de musgo bien húmedo: al poco tiempo, la corteza lentamente comienza a cubrir la parte del tronco privada de ella, y así se va haciendo lentamente hasta explotar toda la corteza antigua.



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Copacabana

Ya he dicho que del río Desaguadero al pueblo de Zepita, hay dos leguas de distancia. También he dicho que hacia la derecha de Zepita, y a distancia de seis leguas, se halla el pueblo de Yunguyo, en el cual se celebra una regular feria el día 15 de Agosto de cada año. Yunguyo tiene dos regulares iglesias; y en el cementerio de ellas se hallan plantados, por los Jesuitas antiguos, algunos Queñuas, (Polilepis racimosa), llamada así porque la corteza es formada de unas delgadísimas hojas, como de papel, puestas unas sobre otras. Algunos de estos árboles se hallan en casi todos los cementerios de esas iglesias, y son los únicos árboles conocidos en los llanos de esas poblaciones. A la derecha de Yunguyo, y a la distancia como de una legua, se halla Caccsani, que es una pequeña población sobre una altura o loma, y que allí forma la línea divisoria entre los territorios del Perú y Bolivia. Como ya he dicho, las casas de los peruanos y bolivianos, se hallan entremezcladas, distinguiéndose sólo por el color rojo con que se hallan pintadas las de los primeros. Los terrenos propiedades   -169-   de esos indígenas, también se hallan entremezclados del modo más singular. El territorio de Copacabana es una península, que al Norte se halla limitada por el estrecho de Tiquina, al Sur por la altura de Caccsani, al Oeste por las aguas de la gran laguna de Títicaca, y al Este por las aguas de la tercera y más pequeña laguna. En ese territorio o península, se hallan los siguientes aillos (divisiones territoriales) pertenecientes al Perú. Aychuya, Ullaraya, Unicachi, Silabaya, comenzando al Oeste hacia el Este. Luego viene un pequeño territorio boliviano, y siguen los aillos peruanos Turuna, Calata y Oje, el ultimo al Este, y lindante ya con el tercer lago.

Al Norte de esos aillos peruanos, se halla el distrito y pueblo de San Pablo, bolivianos; al Oeste de San Pablo, está el aillo peruano Chiquipata, y hacia el Sur de éste, el aillo Chichilaya. Si es absolutamente absurda esta delineación de terrenos peruanos y bolivianos, ese absurdo aún es más notable en los terrenos de Toocollo y Yooseque, que son dos aglomeraciones de cinco casas el primero, y de seis el segundo, y que pertenecen a peruanos, rodeadas por completo, al Norte de Caccsani, por territorios bolivianos.

Esos dos grupos de casas se hallan a la izquierda del camino real de Yunguyo a Copacabana, poblaciones que distan como dos leguas la una de la otra. En sesenta años de Independencia, no se ha podido arreglar esa frontera, dando lugar a constantes luchas entre los habitantes, por cuestiones de pastos y linderos.

Copacabana es un antiguo y muy afamado Santuario, dependiente del Obispado de La Paz. Copacabana es una población boliviana, que tendrá en su recinto como un millar de habitantes. Se halla situada sobre la meseta de una altura, y se halla a 13160 pies sobre el nivel del mar.

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Los alrededores de Copacabana se hallan muy cultivados, y sus campos producen papas, cebada, ocas (oxelis tuberosa) en grandes cantidades. El clima es excelente, aunque algo frío; y tiene excelente puerto a sus inmediaciones hacia el Oeste, en las orillas del Lago Grande.

Lo que hace notable a Copacabana es la Virgen Milagrosa, que no se halla expuesta a la adoración de los fieles, en la iglesia, sino en el Camarín, detrás del gran altar mayor. El templo de Copacabana, obra de los Jesuitas, es muy grande y suntuoso, formándole cuadro los cerros que se hallan a su retaguardia, y que se hallan cubiertos de paja verde, en muchos meses del año. El templo tiene en el cementerio, y al frente de la portada, tres grandes cruces de piedra Berenguela, o sea alabastro: la del centro es mucho más grande que las otras dos. El templo se halla dividido en tres naves, y en su interior se halla adornado con bellas esculturas y pinturas. Antes del año 1825 tenía una araña de plata maciza, que ostentaba trescientos sesenta y cinco candelabros, por otros tantos días que tiene el año; y sobre el brazo de cada candelabro se hallaban grabados el día del mes, y los nombres de los santos correspondientes a ese día. Esta gran araña se le adjudicó al general Sucre, a cuenta de los sueldos devengados en Colombia; la honrada y digna conducta de Sucre, cuando después se encargó del mando supremo de la República de Bolivia, borró por completo la indignación de los vecinos por tal despojo de la araña.

Otro jefe, al servicio entonces de Colombia, también se hizo adjudicar el riquísimo collar de bellas perlas, que adornaba el cuello de la Virgen de Copacabana, también a cuenta de sueldos devengados en Colombia.

La señora de ese jefe asistió a un baile en La Paz, ostentando sobre su garganta, ese collar de perlas;   -171-   al día siguiente amaneció con una fuerte angina, y quedó con la garganta tan cerrada, que jamás pudo pasar después alimento, que no fuesen liquido: aquí tenemos un milagro que hará callar la boca a los incrédulos mofadores.

La Iglesia ocupa un lado de la plaza; inmediato a ella se halla el Hospicio, vasto tambo hospedería, donde se alojaban gratis los innumerables devotos que, desde Buenos Aires y otras partes de la América del Sur, acudían a las renombradas fiestas de Copacabana. Se asegura que en algunos años, los devotos han ascendido hasta 30000.

El camarín se halla detrás del altar mayor, y hay necesidad de subir como veinte y tantas aradas para llegar a él, y otras tantas para bajar. Los devotos suben andando, puede decirse, sobre sus rodillas, dichas gradas, y del mismo modo las bajan al otro lado. Un amigo mío de Puno, después de muchos años de casado, tuvo una niñita; ésta se le enfermó gravemente, e hizo un voto de ir a pie de Puno a Copacabana, en romería; subir las citadas gradas sobre sus rodillas, hacer decir tantas misas, etc.; verificó el viaje, gastó mucho dinero, y a la vuelta encontró a la niñita muerta; sin duda, le faltó la fe bastante, y por eso tuvo mal resultado su viaje.

El camarín tendrá como doce varas de largo, y como ocho o nueve de ancho: no lo pude medir. Escasa luz penetra en él, y su oscuro empapelado, más oscuro aún, por el constante humo del incienso, hacen que sea difícil distinguir bien los objetos allí contenidos. Las paredes se hallan cubiertas, puede decirse, de cuadros de poco valor artístico, y de innumerables piernas, brazos, ojos, etc. de oro y plata, votos de enfermos o estropeados. En la testera del Camarín, se halla la renombrada imagen de la Virgen de Copacabana; tendrá, cuando más, como cuatro pies de altura, lujosísimamente vestida, y con una   -172-   corona de oro sobre la cabeza; esta corona, al parecer, se halla cubierta de preciosas joyas; y digo el parecer porque allí mismo se me dijo que no habían faltado sacerdotes, que faltando a su sagrado deber, habían cambiado diamantes por cristales; esto podrá haber sucedido en épocas lejanas, pero no es de creerse suceda, cuando después, según se me ha dicho, se han encargado los Padres Recoletos de La Paz, de la custodia y conservación del Santuario.

A la derecha del Camarín, se halla un organito, remitido desde París por el general Santa Cruz, muy devoto de esa imagen de Copacabana. Yo mismo lo remití de Arica a Copacabana, por orden de Santa Cruz.

La Virgen está guardada en una especie de alcoba, y por delante se halla puesta una hilera de balaustres, que se dice ser de plata maciza. Los Melgarejos y Dazas, a pesar de sus patrióticos instintos, no se han atrevido a inventariar esos valiosos depósitos de la ardiente fe de los millares de devotos que frecuentan Copacabana. El inventario les hubiera costado muy caro.

El Santuario de Copacabana, según tradición, tuvo su origen en una imagen de la Virgen, que se dice encontró en ese punto el indio Titu-Yupanqui, descendiente de los Incas, en el año de 1582. Los Jesuitas aceptaron el hallazgo como un milagro del Cielo; y ayudados por la constante y ardiente fe de esos pobladores, en pocos años levantaron ese suntuoso Templo, el Hospicio y las capillas, que se hallan en las cuatro esquinas de la plaza mayor. Con la expulsión de los Jesuitas, decayó en gran parte el lujoso culto de la imagen milagrosa; y llegaron a arruinarse el Hospicio y demás edificios. Durante la administración del general Santa Cruz en Bolivia, volvió a tomar incremento la romería; gran número de devotos con valiosas ofrendas, acudían a las fiestas.   -173-   Posteriormente volvió a decaer el Santuario, hasta que se hicieron cargo de él los Padres Recoletos, según me dicen. Bajo su económica y digna administración, ha vuelto a recuperar casi toda su grandeza antigua.

Hacen algunos años que era Prefecto de Puno, un general muy conocido, y que en un lugar llamado Ayayacas, se apareció de repente una imagen que el cura de ese territorio, provincia del Cercado, aseguraba ser muy milagrosa. Hiciera milagros o no, el resultado es que en muy corto tiempo se levantó en ese sitio, con dinero recolectado allí, una iglesia, a la cual acudían con asombroso empeño, toda la indiada de los pueblos de Achaya, Caminaca, Pupujá, etc., haciendo muchas fiestas, y dando no pequeñas sumas de dinero, como ofrendas al citado cura. Los curas de todas las parroquias alrededor comenzaron a sentir grandes atrasos; los dineros que los indios o vecinos de sus parroquias gastaban en Ayavacas, eran emolumentos que dejaban ellos de recibir. El referido señor Prefecto comisionó al Subprefecto de Azángaro, para que se constituyese en Ayavacas, tomase todos los datos convenientes a la milagrosa imagen, que tantos perjuicios acarreaba a los párrocos, que en forma legal y con papel sellado, reclamaban contra las romerías de Ayavacas, y expidiese el informe correspondiente. Constituido el tal Subprefecto, mozo entonces de poca fe, alegrón y vivaracho, en el Santuario de Ayavacas, no le fue muy difícil averiguar la verdad, y encontrar al ignorante y chabacano pintor de la imagen milagrosa, valiéndose para ello de ofertas, y nada más que ofertas, de ciertos recetarios que Diego Portales, con asombroso buen resultado, supo aplicar positivamente en Chile. Sin duda, que el informe del tal Subprefecto, no sería muy favorable al cura mencionado, cuando el Prefecto, que no entendía de encubrir milagros de   -174-   esa clase, y que sabía cortar todo nudo gordiano, luego, luego, con su valiente y retemplada espada, ordenó la inmediata demolición del Santuario, previa traslación a una Iglesia conveniente de la imagen consabida. Este fin trágico tuvo la romería de Ayavacas; y los arruinados restos de su Iglesia aún atestiguan la enérgica y desinteresada protesta de los curas inmediatos. Por lo dicho, se ve que no era milagrosa la aparición de la imagen de Ayavacas, o que por el curso del tiempo, se había amortiguado por completo la fe en los mandatarios modernos de esos pueblos.

Es tradición, que a las inmediaciones de Copacabana, o, según otros, en el mismo punto donde se halla el actual Camarín de la Virgen, existía en épocas remotas un templo, que contenía un ídolo adorado por los antiguos gentiles. Sobre esto existen algunas historias extravagantes, pero no he podido conseguir datos positivos y dignos de publicarse: parece que era una especie de oráculo de Delfos. En las inmediaciones existen edificios muy antiguos, anteriores, al parecer, a la época de la conquista; pero en tal estado de ruina, que casi no se puede formar idea de su forma, y de los objetos a que eran dedicados. La tradición asegura eran habitaciones de los sacerdotes del ídolo citado.

En la punta Oeste de la península de Copacabana, existen los grandes depósitos de carbón de piedra, que se explotan en la actualidad, y cuyo producto sirve para el consumo de los dos vaporcitos, propiedad del Gobierno del Perú que surcan las aguas de las lagunas. Ese punto se llama Llampaputa, y será, a no dudarlo, andando los tiempos, centro de fábricas y talleres, por la abundancia de ese combustible. Al frente de Llampaputa, se hallan las islas Sagradas de Coati y Titicaca, cuna y residencia de Manco Capac y de Mama Ocllo, los fundadores del   -175-   Gran Imperio de los Incas. En esas islas se hallan las ruinas de sus templos y palacios. Antiguos y modernos historiadores y viajeros, se han ocupado de ellas, dando minuciosas relaciones y exactos planos. Inútil sería de mi parte escribir cosa alguna sobre ellas, en vista de lo mucho que se ha publicado ya sobre el particular.



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Pica y Canchones

Saliendo de la Noria (Tarapacá), rumbo Sureste, se pasa por la oficina Sacramento; luego se pasa una pampa, y se baja al abandonado pueblecito de la Rinconada, que, como he dicho, tuvo su importancia en la época de la boya de las minas de plata de Huantajaya y Santa Rosa. Pasando la Rinconada, a la izquierda, se halla el villorrio llamado la Cabrería; de la Noria a la Cabrería habrá sus cinco o seis leguas de distancia.

Siguiendo la marcha por la Pampa del Tamarugal, hacia el Este, se halla el camino a la Tirana, que se separa a la izquierda.

Siguiendo la marcha rumbo a Pica, se llega al punto llamado Callas, donde han formado sus canchones don Mariano Barreda y el francés Digoy; estas propiedades encontré en ruinas. De Callas a Cuminalla, habrá como tres o cuatro leguas de distancia; el camino pasa por una pampa blanquizca, con terrenos saturados de materias salinas, y donde sólo se hallan algunos algarrobos, algunas diminutas chilcas (beccaris), y corta y escasa grama. Cuminalla   -177-   es un punto donde tienen sus canchones de labranza varios vecinos, siendo uno de los principales don Juan Bautista Gallegos.

Los terrenos se hallan, en muchas partes, cubiertos de costras salinas y gruesas, que por la ardiente acción del sol, se han quebrado en pedazos de menos de una vara en cuadro. Escogido un terreno con el objeto de elaborar un canchón de sembrío, la primera operación es levantar esos trozos de costra, y con ellos formar cercos; estos cercos, por lo general, tienen una altura desde tres y medio pies a cinco, y tienen de ancho como una vara. Algunos han formado verdaderas paredes, uniendo las costras con barro, pero esto es una excepción. Limpiado así el terreno de esos trozos de costra, se divide su superficie en una serie de canchones, paralelos los unos con los otros. Cada canchón tiene de largo una cordelada, que son cien varas; son pocos los de más extensión. El ancho de los canchones varía desde 3 varas a 25; los canchones del ancho de 5 varas son los más comunes. Entre canchón y canchón se deja sin remover un espacio que varía también de 3 a 5 varas, pocos tienen hasta 8 ó 10. Sobre este espacio intermediario, se arroja la tierra aún salobre, que se saca de los dos canchones a los dos lados, formando con esa tierra arrojada una especie de loma. La tierra se arroja de los canchones a esa loma, hasta encontrar las primeras humedades. Halladas éstas a la profundidad de una a una y media varas, se remueve bien el terreno, se guanea con el estiércol de los animales domésticos; los más acomodados emplean el guano de Pabellón de Pica o Huanillos, y se siembran los terrenos. Las plantas que más progresan son el algarrobo, la alfalfa, los melones y sandías; los árboles frutales no progresan; esto se atribuye al agua que corre subterránea y que es algo salobre. A mi juicio, proviene esto, en gran   -178-   parte, por el excesivo frío de las noches y del intolerable calor del medio día; diferencia que destruye la vitalidad de las plantas.

Como he dicho, las humedades se hallan de 3 a 5 pies; pero por lo general, se hallan a 3 pies de profundidad. El alfalfa da hasta cuatro cortes por año y es de la mejor calidad; se asegura que cada cordelada (100 por 5) de quinientas varas cuadradas, da cuatro quintales de alfalfa seca en cada corte, o sean diez y seis quintales al año, que allí mismo se vende de 12 a 14 reales plata el quintal. Del mes de Abril al de Agosto, sólo se da un corte, por ser estación de frío; en los otros siete meses, los de agua en la cordillera y de calor, se dan tres cortes. Algunos preguntarán: ¿qué influjo tienen las aguas de la Cordillera, sobre los terrenos de los canchones? La contestación es muy sencilla, pues se reduce a asegurar, sin temor de equivocarse, que todas las aguas que circulan por la pampa del Tamarugal, provienen de filtraciones de esa cordillera, y que en dicha pampa son más o menos abundantes las aguas según hayan sido más o menos abundantes los aguaceros o nevadas en la cordillera, en los meses de aguas, que son desde Noviembre a Abril.

Recogida el alfalfa, cuidan los propietarios de limpiar bien el terreno de toda mala yerba, y algunos lo barren para evitar que las yerbas secas no ahoguen los nuevos brotes. Se ha notado últimamente que las humedades de la pampa se van profundizando notablemente; esto se atribuye a varias causas; la verdadera, a mi juicio, es la menor cantidad de agua que en muchos años atrás a la época presente, cae sobre las cordilleras, ya sea como lluvia o nevada.

Desde Cuminalla, mirando hacia la cordillera, se pueden distinguir los cortos sembríos de la Calera, en la loma hacia la izquierda; y en la loma hacia la derecha, el pueblo y sembríos de la Matilla.

  -179-  

Cuminalla es el cantón en que existen los canchones del señor Lecaros, en los que se ha encontrado la osamenta de ese gran animal, del que ya he hablado. Hoy existe en Berlín.

Matilla daba el título de Marqués a la familia Loaiza, en un tiempo opulentos mineros de Huantajaya y Santa Rosa.

La Calera se halla situada sobre el camino real de Bolivia a la Tirana, pueblo del cual me ocuparé después.

Se asegura que los señores Hart, Hermanos, tratan de conducir las aguas de la Calera, por medio de cañerías de fierro, al puerto de Iquique, en virtud de un contrato celebrado antes entre el Gobierno del Perú y el señor don Federico Torrico, y hoy traspasado a dichos señores Hart. A la derecha de Cuminalla se hallan muchos canchones abandonados por falta de humedad; los llaman Challac-poso.

De Cuminalla a Matilla, hay cinco leguas de distancia; el camino pasa por una pampa llana, en la antigüedad cubierta, de espesos bosques de algarrobales. Existen muchos medanos en la pampa, formados por las finas arenas, que los vientos del Sur han arrojado de esas grandes pampas, que se extienden hasta las orillas del río Loa. Los médanos y arenas cubren grandes cantidades de leña seca y destrozada.

Matilla es una población pequeña, con una iglesia; es viceparroquia de Pica, se halla situada sobre la loma derecha de la quebrada o valle de Quisma. Matilla tiene chacras de alfalfa y maíz; pero lo principal de su agricultura consiste en sus bien cuidados viñedos.

La uva se produce en parrales, y bien atendidas cepas. Las bodegas se hallan en gran parte maltratadas por el terremoto del 13 de Agosto de 1868.

Matilla es regada por agua de socavones, y por   -180-   la de unas pequeñas vertientes del valle de Quisme.

Al tratar de Pica, describiré los socavones llamados por los naturales Puquios, palabra en Aimará, que significa vertiente de agua.

De Matilla a Pica hay una legua de distancia, por un camino llano aunque algo arenoso. Pica tiene una iglesia con dos naves, y una torre separada del cuerpo del templo: cosa igual sucede en Lampa, pueblo del departamento de Puno.

Desde Agosto de 1868, Pica se halla con muchas casas derrumbadas. En esta población existen muchos parrales y viñedos, muchos árboles frutales y buena alfalfa; los vinos de Pica tienen gran nombradía.

Las chacras y viñedos han ascendido allí a la categoría de haciendas, y se hallan cercados de ese árbol espinoso, especial al territorio Sur de la República, y que se conoce con el nombre de chañal.

En tiempo de la conquista, Pica era pueblo más habitado, y existían y aún existen campos o terrenos llamados de comunidad, pertenecientes a los indios puros originarios. Los conquistadores tomaron en cuenta el sistema empleado por los indígenas para regar sus campos, y empleando sistemas y elementos más aventajados, corrieron al cuerpo de los cerros areniscos, que circundan a Pica, sendos socavones con los cuales lograron cortar las filtraciones de agua que subterráneamente por ellos corrían, consiguiendo así sacar parciales cantidades de agua, para sus proyectadas haciendas.

Los socavones son obra de mucho mérito, y a la vez, de notable costo. Han corrido a tajo abierto una distancia de cincuenta a cien varas, sobre la superficie del terreno, enseguida una corrida subterránea de dos a tres varas de elevación, dos a tres de ancho, y de largo hasta de mil quinientas varas, hasta encontrar el agua; a la vez, sobre la   -181-   línea de rumbo del socavón subterráneo, han tenido que correr lumbreras, que comunicasen con la labor abajo, para dar aire a los trabajadores. Así han recorrido con socavones subterráneos, y piques o pozos perpendiculares, a la línea del socavón, muy grandes distancias, que, como he dicho, me aseguran han alcanzado hasta 1500 varas de largo. He examinado en Pica cuatro socavones; el uno llamado el Resbaladero, es una gran obra; su última rectificación la hizo el finado don Juan Quiroz y Correa, y costó más de 10000 soles plata a sus propietarios, dando con sus nuevos trabajos una mitad más de su antiguo caudal de agua. Otro llamado Ánimas, se hallaba muy mal tenido, con gran cantidad de fango en el estanque, que servía de receptáculo al agua; parece que hacían más de veinticinco años que no se hacía la limpia del socavón o estanque.

Los productos de vinos de Pica, Matilla y Quisme, según los datos que ahí pude recoger, son los siguientes, como término medio de cinco años:

PICA
Botijas.
Finca de José Manuel Loayza ..................................... 400
« « Cumiña ..................................... 220
« « Ignacio Almonte ..................................... 220
« « Jesús Marín ..................................... 210
« « Domingo Lecaros ..................................... 300
« « Vicente Bustos ..................................... 160
« « Los señores Luzas ..................................... 200
« « Santa Cruz ..................................... 80
« « Miraflores ..................................... 210
« « S. Bermúdez ..................................... 500
« « Varios pequeños propietarios ..................................... 400
2900

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MATILLA
Botijas.
Señores Zavala ........................................................... 200
« Quisucala ........................................................... 70
« Mariano Loayza ........................................................... 80
« Manuel Loayza ........................................................... 80
« E. Roldán ........................................................... 100
« Botijería ........................................................... 150
« Dávalos ................................................. 70
« Loayzas ........................................................... 200
Varios ........................................................... 150
1100

QUISME
Quisme 100
Señor Quisucala ........................................................... 50
« Vicentelo ........................................................... 40
« Mendoza ........................................................... 40
« Morales ........................................................... 40
« Mollo ........................................................... 30
« Pino ........................................................... 40
« Riveros ........................................................... 70
« Modestios ........................................................... 130
« Choque ........................................................... 40
« Miranda ........................................................... 80
« Guagama ........................................................... 10
« Cayo ........................................................... 40
« Olcay ........................................................... 30
« Segalan13 ........................................................... 80
Varios ........................................................... 150
1000

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RESUMEN
Pica ......................................................................... 2900
Matilla ......................................................................... 1100
Quisme ......................................................................... 1000
5000

Cada botija de vino más o menos, se vende desde siete a treinta soles plata, y se calcula que el producto, más o menos importa al año como 50000 soles; estos lugares no tienen más producción mercantil que dichos vinos.

Pica, Matilla y Quisme tendrán una población, a mi juicio, cuando más de dos mil quinientas personas, incluso transeúntes.

Saliendo de Pica, con rumbo al Oeste y con dirección a la Tirana, se pasa por las fincas de Cumiña y Santa Cruz; se baja una lomada algo arenosa, y se dirige hacia los altos, que separan los espolones de la cordillera de las alturas de la Rinconada y la Noria. De Pica a los canchones, que se elaboraban por cuenta del Gobierno, una de las locuras de la Administración Pardo, hay como siete leguas. Bajando de Pica a la Pampa, se lleva el rumbo Oeste Norte-Este, y con dirección a unos cuatro muy grandes algarrobos, que de muy gran distancia se distinguen; junto a los algarrobos existe un cementerio, de este punto el rumbo es al Norte. Los Canchones del Gobierno fueron tres, y tal fue su inutilidad, que el Gobierno tuvo que cederlos a las Municipalidades, creo, de Iquique y Pica, las que según recuerdo no quisieron hacerse cargo de ellos; se aseguraban habían costado al Gobierno como 150000 soles plata.

  -184-  

De los Canchones estos, se toma rumbo hacia el Norte, al pueblo de la Tirana, pasando el camino por muchos canchones y casitas de vecinos. Estos campos antiguamente han sido cubiertos de grandes bosques de algarrobo y matorrales, que hoy se hallan secos y enterrados en gran parte bajo capas de arena.

Los pueblos inmediatos tienen una verdadera mina, en esos árboles enterrados, y sacan de ellos leña en gran cantidad, convirtiendo alguna parte en carbón, de gran precio en las oficinas salitreras para el beneficio de pólvora etc.

La retama abunda en esos campos, y como desde medio día sopla un fuerte viento del Sur, esas plantas han ido formando cerritos o médanos de arena, que constituyen las únicas alturas que se pueden distinguir en esos llanos.

Al aproximarse a la Tirana, se encuentra un bosque de verdes y grandes algarrobos, único resto de aquel inmenso bosque, que en remotas épocas ha cubierto estas pampas. Media legua antes de llegar a la Tirana se halla una antigua y arruinada Iglesia; hoy sirve de cementerio. Más allá se encuentran muchos y arruinados hornos de quemar metales, restos de la época de riqueza de Guantajaya y Santa Rosa.

La Tirana, antigua población, centro de residencia de los ricos y numerosos mineros de Guantajaya y de Santa Rosa, es un montón de ruinas, y todo demuestra la más completa desolación. De los cientos de oficinas de beneficiar metales de plata, sólo existe una en tísica existencia; le faltan los metales que le daban vida.

Aun cuando, como es probable, las minas de Guantajaya y Santa Rosa, volviesen a un estado grande de producción, por haberse profundizado las labores, que es la obra que debe realizarse, la   -185-   Tirana no volvería a su antigua grandeza, pues los metales de esas minas irán a Iquique para su beneficio, por su mucha mayor proximidad al mar, por las ventajas, del inmediato ferrocarril.

Los descendientes de los antiguos mineros, sin embargo aún no se olvidan de la Tirana; a sus expensas se ha levantado una muy bonita Iglesia, aún no concluida. En la Tirana sólo encontré a un señor Contreras, único beneficiador existente de metales; los jóvenes actuales de esa población tienen a menos el aprender tal oficio; prefieren ocuparse de tocar la guitarra o bailar la chilena.

Por un olvido no me he ocupado del vallecito de Quisma, de que sólo he hecho pasajera mención.

El valle de Quisma es muy angosto; en algunos puntos no tendrá sino 200 varas de ancho; es regado por varias reducidas vertientes, que se reúnen en pequeños estanques, y a pesar de su reducida agricultura mantiene una numerosa población. Produce vino, de que ya he hablado; y unos higos muy pequeños, pero sobremanera dulces y agradables.

Saliendo de la Tiraca hacia la Noria, se lleva rumbo al oeste, dejándose a la izquierda el cerro Alto de la Rinconada. El camino es llano, pero arenoso, cubierto de muchos algarrobos. De la Tirana hay tres leguas a la Boca de la Quebrada de Pasos. De la base de los cerros, que forman esa quebrada, se ha sacado algún caliche; esto dio lugar a que esa Quebrada fuese objeto de un gran negocio. Todo el plano de la Quebrada se halla cubierto de una lloclla o avenida de agua barrosa, sobre toda su extensión, que será como de una milla de ancho. De Pasos a la Noria hay como tres leguas de distancia, y el camino sube por una cuesta algo pendiente. Al llegar a la cumbre de esa cuesta, se hallan varias bocas de minas de plata, hoy abandonadas;   -186-   de la cumbre hacia la Noria se hallan varias bocas minas, también demostrando algunos grandes trabajos por sus abundantes demontes.

La Noria no tiene iglesia, pero sí una gran población; ha nacido de los antiguos trabajos locales de salitre, y después de la plantificación de la gran oficina La Limeña tiene como mil quinientos habitantes, y muchas y buenas tiendas de comercio. La mayor parte del ganado, que en no corta cantidad se consume aquí, es arreado desde la República Argentina.

La Noria está rodeada de muchas oficinas salitreras, de máquinas y paradas, y es centro de las líneas de ferrocarril, que se dirigen al Sur para reunir los salitres, que las oficinas producen en esa dirección.

La Noria tiene abundante agua potable para sí y para sus oficinas salitreras. Tiene dos fondas que no sobresalen por la limpieza y aseo; y que aún dejan mucho que desear en sus provisiones y cocina; pero que en fin sirven para transitorio descanso del fatigado caminante.

Poco antes de la Noria, yendo de Iquique, se abre a la izquierda la línea férrea que debía unir Iquique a Pisagua, dando la vuelta por Pozo Almonte, y todas las oficinas salitreras hasta ese Puerto. En la época en que estuve allí, por los de años de 1875, 1876 y 1877 faltaba alguna distancia, creo que eran como catorce leguas, para unir ambas líneas. Esa unión no presentaba dificultades u obstáculos, pues el terreno es completamente llano y aún blando, fácilísimo para formar terraplenes, en caso de ser necesarios.



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Tiaguanaco

En el departamento de la Paz, Bolivia, existe el territorio de una provincia llamada Ingavi, y en esta un Distrito con el nombre de Tiaguanaco, cuya capital es el pueblecito del mismo nombre, distante como 9 leguas del río Desaguadeio; que como ya he tenido motivo de expresar, en uno de mis artículos anteriores, (Una momia muy antigua), conduce las aguas del gran lago de Titicaca al de Aullagas, rumbo sur, formando en alguna parte de su curso la línea divisoria entre las Repúblicas del Perú y Bolivia.

La meseta en la cual se halla situada la citada gran laguna del Titicaca, y en los terrenos acarreados que forman esos campos, tendrá una longitud como de doscientas leguas de largo, desde la parte norte de la Pampa de Umabamba (véase mi artículo Calaguayas) al territorio alto de Leñas, Departamento de Potosí; y como unas setenta u ochenta leguas de ancho, desde la línea de la cordillera del Illampú a la cordillera del Tacora y Guallatiri, (véase mi artículo, (Una momia muy antigua). Esta meseta sólo es comparable, en su gran extensión, con la del   -188-   Thibet (Asia); o la del lago Salado, Utah (Estados Unidos de la América del Norte). La laguna Titicaca, considerada la más alta del globo, sobre el nivel del mar, existe a 12164 pies de elevación, y jamás se congela, a pesar de su extraordinaria altura. Monte Blanco y otros picos, con sempiternas nieves en los Alpes, etc., no tienen tan grande altura.

El Pueblo de Tiaguanaco se halla establecido a una altura de 12200 pies, o sean 36 pies sobre el nivel de la laguna; y los vastos campos, que lo rodean, como ya he dicho, han sido antes lechos de la misma laguna, en épocas muy remotas. Esos vastos campos son formados por terrenos de acarreo; y la vasta concha subterránea existente, ha sido rellenada en millares de años con piedras redondeadas, arenas y tierra arcillosa, arrastradas y conducidas de altas serranías, y por fuentes corrientes de agua, en épocas muy antiguas. Esas serranías han desaparecido; pero sus escombros, sus piedras, los conglomerados, que han rellenado esa concha, son imperecederos, constantes monumentos que demuestran su antigua existencia. Las lavas del alto de Puno a Paucarcolla, la traquita, en grande existencia en Vilque, Tiquillaca y Sacuyo; la traquita inmediata a la misma ciudad de la Paz, la inmediata al Desaguadero, dan signos y pruebas visibles de la existencia de antiguos y grandes volcanes, cuyos cráteres se hallan hoy sumergidos en las profundidades de esa gran Laguna.

Inmediatos a ese pueblo de Tiaguanaco se hallan las memorables ruinas de ese nombre, que justamente han llamado la atención de los cronistas y viajeros, desde la época de la conquista, que han sido examinadas y estudiadas por gran número de sabios viajeros; y sobre cuyo verdadero orden no se puede afirmar, sino sólo exponer opiniones, más o menos aventuradas.

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Las ruinas de Tiaguanaco pueden considerarse como formando cinco cuerpos; nos ocuparemos detalladamente de ellos, con arreglo a los apuntes formados sobre los sitios mismos.

1.ª La Fortaleza ha sido un vasto edificio cuadrado, con dos o tres cuerpos sobrepuestos, uno encima del otro; cada cuerpo ha sido circunvalado por una sólida muralla de piedra bien labrada, muy semejante en su construcción a la Fortaleza templo de Méjico, y a las ruinas de Quecap, (véase Momia muy antigua). Estas ruinas han sido excavadas en muchos lugares, en busca de ocultos tesoros, y de las murallas, que las forman se han extraído grandes cantidades de piedras labradas, para construir los actuales edificios de Tiaguanaco, como son la iglesia, etc. En casi el centro de las construcciones se halla un depósito de agua, parecido al que existía y aún existe en Chillimihani. ¿De dónde viene esa agua? ¿De dónde brota ese manantial constante? Todos los terreños alrededor son llanos; y la laguna de Titicaca se halla, como he indicado, treinta y seis pies de nivel más bajo; muy digno de examen es pues ese manantial de agua.

Al Oeste de este gran edificio, se halla un otro trabajo, construido en figura rectangular, y que sirve como de apéndice a la llamada Fortaleza: se halla en ruinas.

Rumbo Noreste de la Fortaleza, se halla el edificio llamado Templo; que tiene trescientos ochenta pies de ancho por cuatrocientos cincuenta y cinco de largo, todas las medidas son de pies ingleses. Esta construcción se halla circunvalada por líneas de piedras paradas, en gran parte son labradas; estas piedras de diferentes tamaños, pues varían de ocho a diez pies de alto, de dos a cuatro pies de ancho; y de dos a dos y medio de grueso; todas ellas son de roca arenisca colorada que abunda en el camino del Desaguadero   -190-   a Puno, y forma casi la totalidad de las orillas de la Laguna al Sur; cubriendo las capas de carbón de piedra, allí abundantes. Examinando con detenci&oacu