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    Historia natural, civil y geográfica de las naciones situadas en las riveras del río Orinoco
     autor el padre Joseph Gumilla
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Historia natural, civil y geografica de las naciones situadas en las riveras del rio Orinoco

José Gumilla






ArribaAbajoTomo I

Portada del tomo I

  —III→  

ArribaAbajoPrologo para inteligencia de la obra

Práctica es corriente la de aquellos ricos Misioneros1, que en la América Meridional, con el beneficio del agua, exâminan las entrañas de la tierra, entresacando de ella las preciosidades del oro, seguir cuidadosos la vena y veta mas fecunda y rica, apartando á un lado la tierra, que ó estorba ó impide la consecucion del tesoro que se busca; mas ya conseguido éste, no desprecian ni echan en olvido aquella tierra, al parecer abandonada, ántes bien la benefician con mucho cuidado y no poca utilidad. No de otra manera la sutíl pluma y caudalosa eloqüencia del Padre Joseph Casani formó la Historia General, así de la Provincia, como de las Misiones que la Compañía de Jesus tenia en el Nuevo Reyno de Granada, Tierra-Firme de la América Meridional, entresacando con destreza las mas preciosas noticias de los manuscritos originales, y apartando todas aquellas que pudieran ocasionar digresion molesta, ó interrumpir el precioso hilo de su Historia: este material ó terreno (digámoslo así) abandonado, he determinado cultivar, suave y fuertemente compelido de los ruegos de muchas personas, á quienes no puedo disgustar, y cuya insinuacion sola bastaba para darme por obligado; cuyo dictámen es, que en su línea será el fruto de este mi corto trabajo, no menor que el de la Historia General. Dicen en su línea, y con   —IV→   mucha razon; porque la pluma que describe dicha Historia, como de Aguila Real, vuela, y se remonta; descifrando las fundaciones de los Colegios, y las de aquellas árduas Misiones y poniendo á nuestra vista heróycas empresas, singulares exemplos y virtudes de Varones muy ilustres, que2 floreciéron en aquella mi Apostólica Provincia para modelo y exemplar nuestro.

Pero mi pluma apénas se levantará del suelo, ni perderá de vista el terreno á que se aplica, para dar noticia de algunas cosas de inferior tamaño; solo haré algunas reflexîones, que den luz y prevengan los ánimos de los Operarios que Dios nuestro Señor llamare al cultivo espiritual de aquella mies; fin á que miró el P. Antonio Ruiz de Montoya, para dar á luz la Conquista Espiritual de las gloriosas Misiones del Paraguay, y el P. Andrés Perez de Ribas los Triunfos de la Fe, conseguidos en la Nueva-España por los Misioneros de Cinalóa, Topia y otros Partidos: los Padres Combes, Colín y Rodriguez en sus Historias de Filipinas, Mindanao, y Marañón: el P. Nicolás Trigault, Misionero é Historiador del Nobílisimo Imperio de la China, y otros muchos Jesuitas, que al estudiar lo Natural, Civil y Geográfico de sus respectivas Misiones, nos dexáron de paso mucha enseñanza y mucha luz. Verdad es, que ni puedo ni pretendo compararme con tan insignes Varones y eruditos Escritores; pero procuraré (aunque á lo léjos) seguir sus huellas: apuntaré lo que ocurriere, y lo que ofreciere el contexto de la Historia: apartaré como tierra inútil, lo que hallare no ser conforme con la realidad de lo que tengo visto y experimentado, sea porque se han variado las cosas,   —V→   ó alguna circunstancia de ellas, ó sea porque se han extinguido unas, é introducido otras en su lugar, como acontece en los usos y costumbres, guerras ó paces, que se varían y dan vuelta al tiempo, á cuyo compás sa mueven, y de cuya inconstancia participan.

Y porque las taréas de los Padres Misioneros (con quienes principalmente hablo) no solo miran por la salud eterna de las almas, sino tambien por la temporal de los cuerpos; notaré las enfermedades propias de aquellos Paises, y sus remedios que la necesidad y la industria han descubierto en aquellos retiros: ni omitiré los antídotos, que se han hallado eficaces contra las vívoras y otros animales ponzoñosos, de que abunda todo aquel vasto terreno: parte de lo qual, y de otras noticias curiosas, apunta de paso la citada Historia General, por ser mas alto y mas noble su principal asunto. No obstante, no repetiré en esta Historia lo que ya está escrito en aquella, sino en tal qual materia, en que el tiempo ha introducido alguna novedad ó algunas noticias dignas de comunicarse; las quales deben mirarse únicamente como migajas caidas de aquella abundante Mesa, y como fragmentos menudos, que recogí en los desiertos del Orinoco, para que no perezcan en la soledad del olvido; en lo qual sigo la solicitud oficiosa con que Ruth recogia las espigas, que ya naturalmente, ya de industria, cahian de las manos de los Operarios de Boóz. De modo, que la cosecha abundante de copioso grano, en muchas y muy selectas noticias, hallará el curioso en dicha Historia General; y en ésta, solo el residuo de algunas espigas, fragmentos y migajas, con   —VI→   quienes concatenaré las cosas singulares que observé y noté acerca de las aves, animales, insectos, árboles, resinas, yervas, hojas y raíces: demarcaré tambien la situacion del Orinoco y de sus vertientes: apuntaré el caudal de sus aguas, la abundante variedad de sus peces, la fertilidad de sus vegas, y el modo rústico de cultivarlas: hablaré (con alguna novedad) del temperamento de aquellos climas, de los usos y costumbres de aquellas Naciones: daré mi parecer en algunas curiosas y útiles disertaciones; y por último insinuaré de paso algo de lo que fructifica en aquellas almas la luz del Cielo por medio de los Operarios, no solo de la Compañía de Jesus, sino también de otras esclarecidas Religiones, en cuya confirmacion referiré no pocos casos singulares: todo el qual conjunto y agregado de noticias dará motivo para que el gran rio Orinoco, hasta ahora casi desconocido, renazca en este Libro con el renombre de ilustrado, no por el lustre que de nuevo adquiere, sino por el caos del olvido, de que sale á la luz pública.

En el estilo solo tiraré á darme á entender con la mayor claridad que pueda, y no será poca dicha si lo consiguiere; porque acostumbrado largos años á la pronunciacion bárbara, á la colocacion y cláusulas, de los lenguages ásperos de aquellos Indios, será casualidad, si corriere mi narracion sin tropiezo, ya en la frase, ya en la propiedad de las palabras: no obstante procuraré que mi pluma unas veces ande, y otras veces corra al paso del rio Orinoco, cuyas vertientes sigue: éstas forman un fluido y dilatado cuerpo con la insensible y pausada agregacion de inmensas aguas,   —VII→   hijas de muy diversos y distantes manantiales, que naturalmente corren á su centro, sin otro impulso que el de su peso. Ya aplica sus caudales á enriquecer y fecundar sus deliciosas Vegas: ya los explaya en anchurosos lagos; y ya con furia los aparta destrozados del duro choque de incontrastables rocas: variedad natural, que si hermosea el fluxo natural del caudaloso Orinoco, debe dar el sér y la hermosura á la Historia Natural, que el mismo rio nos ofrece con amena variedad, para evitar el fastidio, y con novedad para conciliar la atencion.

Por lo que mira á la solidéz de la verdad, basa principal y fundamento de la Historia, protesto, que lo que no fuere3 recogido aquí de las dos Historias manuscritas por los Padres Mercado y Ribero, ambos Varones de heróyca virtud y Venerables en toda mi Provincia; serán noticias hijas de mi experiencia, y de aquello mismo que ha pasado por mis manos, y he visto por mis ojos, no sin cuidadosa observacion. Quando ocurra referir alguna cosa habida por relacion agena, no será sino de personas fidedignas, que citaré á su tiempo, con los demás Autores que apoyaren aquellas ó semejantes materias. No obstante todo lo dicho, debo manifestar la notable repugnancia con que emprendo esta Obra, que va á manos de doctos indoctos; los peritos, como versados en Historias de éste y del Nuevo Mundo, no me retraen; pero la crítica de los que por no tener mas que aquella corta luz, que en sus Paises les da en los ojos, miden por sola ella lo restante del Orbe Terráqueo, reputando por Parábola todo lo que excede á sus diminutas especies:   —VIII→   aunque por vulgar debe ser despreciable, por el mismo caso se debe temer; quando vemos que lo mas vulgar suele ser lo mas plausible. Debo entretanto prevenir á los que miran como fábulas las realidades del Mundo Nuevo, con la noticia cierta de que están muy bien correspondidos, por otro gran número de Americanos, que con otra tanta impericia y ceguedad, miden con la misma vara torcida las noticias de la Europa, con que acá miden estos deslumbrados las que vienen de las Américas. Es cierto que la notable distancia no solo desfigura lo verdadero, sino tambien suele dar visos de verdad á lo que es falso4; pero la prudencia dicta, que ántes de formar juicio decisivo, se haga madura reflexîon sobre la persona que da la tal noticia. Entretanto quisiera hallar algun colirio, para aquellos que apénas ven, por mas que abran los ojos; y se me ofrece, que para los tales no hay otro, sino ensancharles la pintura, añadir mas vivezas á los colores, y dar al pincél toda la valentía factible: de modo, que vista con claridad la exîstencia innegable del Nuevo Mundo Americano, vean que siendo nuevo aquel todo, han de ser también nuevas las partes de que se compone; porque no solo se llama Mundo Nuevo, por su nuevo descubrimiento; sino tambien porque comparado con este Mundo antiguo, aquel es del todo nuevo, y en todo diverso. De aquí es, que para su cabal comprehension, son precisas también idéas nuevas, nacidas de nuevas especies para el todo nuevo, y   —IX→   para 5 cada parte de por sí; aquel terreno, fecundo de muchos y riquísimos minerales de plata, oro y esmeraldas, á los Europeos pareció, y realmente es nuevo: las Costas de aquellos mares, por la freqüente pesquería de perlas y de nunca vistas margaritas, por el ímpetu de sus corrientes, por lo inconstrastable de sus hileros y canales, todo es nuevo: los rios formidables, por el inmenso caudal de sus aguas, por las diversas y jamás vistas especies de peces, por las arenas, ya de plata, ya de oro, que desperdician por sus playas, son, y siempre parecen uuevos. Ni causa menor novedad ver hermoseados los bosques y las selvas con árboles de muy diversas hojas, flores y frutos, poblados de fieras y animales de extrañas figuras, y de inauditas propiedades, y hermoseados y aun matizados de aves singularísimas en sí, en la variedad de sus vivísimos colores, y en la gallardía de sus rizados plumages: y aun crece la novedad en cada paso de los que se dan en las campañas; cuyos naturales frutos y frutas, en la fragrancia y suavidad al gusto, se diferencian tanto de los nuestros, quanto aquellos climas distan de estos. A vista pues de tantas cosas nuevas, es preciso que no cause novedad el que los hombres, que la Divina Providencia destinó para que disftuten tierras, mares, ríos, bosques, prados, y selvas nuevas, parezcan tambien hombres nuevos, y nos causen tanta menor novedad, quanto ménos se reconoce en ellos de racional.

Así es, y asentando el pié sobre esta firme basa notemos, que aquella novedad de hombres Americanos, que por extraña se admira, y por irregular no se cree, fué antigua, y peynó muchas   —X→   canas en nuestro Mundo antiguo6. ¿Qué hombres se halláron, y cada dia nuevamente se7 descubren en las Américas? hombres sin Dios, sin ley, sin cultivo, toscos, agrestes, con un bosquejo craso de racionalidad; ¿pero que mas tuviéron? ¿qué otras señas diéron por tan largos siglos, casi todas las Naciones de nuestro Mundo antiguo? digo casi, para exceptuar únicamente al Pueblo escogido de Dios; pero recórranse las Divinas Letras, y apénas se hallará barbaridad entre los Indios mas silvestres, que no executasen primero, los Hebréos: y si tal fué el porte del Pueblo escogido, cultivado y enseñado por el mismo Dios, ¿quál seria el desbarato del resto de los hombres entregados á la idolatría?

Es cierto que en las Misiones de la América cada dia descubrimos hombres, que parecen fieras, y tal barbaridad en ellos, que pudiera reputarse por naturaleza, á no ser fruto necesario, y maleza, hija de una total falta de cultivo: ¿pero qué otro porte? ¿qué otro estilo registramos con horror en los archivos de la antigüedad, no solo entre los Scitas, sino tambien entre los Egypcios, Atenienses y Romanos, aun quando blasonaban que sola Minerva dirigia sus aciertos?

¿Pero para qué es recurrir á las sombras de la antigüedad, si en nuestros dias vemos tantas lástimas que llorar? ¿tanto mas disonantes, quanto mas indignas de gentes, á quienes rayó y aun ilustró de asiento la luz santa del Evangelio? Presurosa vuela con el pensamiento la pluma sobre las   —XI→   infelices regiones de la Africa y de la Asia, por no contaminarse con las feas necedades de Mahoma, seguidas á ojos cerrados de innumerables Pueblos y Naciones; y falta valor al pulso para insinuar los delirios de las bárbaras Naciones, que hoy viven en aquellas dos principales partes de este Mundo antiguo: sí bien no le faltan al Divino Pastor de nuestras almas apriscos muy apreciables, que en medio de tanta maleza están al cuidado de los Misioneros, así de la Compañía de Jesus, como de otras Sagradas Religiones; pero prevalecen las tinieblas tan palpables, como las que antiguamente confundiéron á Egypto. Nuestra Europa, tierra de Jesén, ilustrada por el Divino Sol de Justicia, es feliz; y fuera enteramente dichosa, si tantas nubes negras y preñadas de malicia, impelidas del pestífero y siempre maligno Aquilón, no infestasen tanta parte de muchas nobles Provincias con tempestades de nuevos y antiguos errores, para ruina eterna de innumerables almas. Y en fin, si en nuestro escogido Pueblo, dichoso término de la Iglesia Santa, y delicioso Jardin del Señor, vemos con lástima quantas espinas de vicios, y quantos abrojos de escándalos retoñan, á pesar del continuo cultivo de tantos y tan incansables Operarios: si lloramos la perdicion de innumerables ovejas, que voluntariamente se despeñan á la vista, y con íntimo dolor de sus vigilantes Pastores: ¿quién habrá que extrañe; á quién no causarán novedad los errores, delirios, ceguedad y bárbaras costumbres; que voy á referir de las incultas y ciegas Naciones del Orinoco y de sus vertientes?

Nadie por cierto; ántes bien me persuado que piadosamente enternecidas nuestras almas por la   —XII→   ciega ignorancia de aquellas, levantarán sus clamores al Soberano Dueño de aquella mies, para que quánto antes envie muchos y muy esforzados Operarios que la recojan, disponiéndola para que reciba las Celestiales influencias, y aquella misma luz de gracia, que tantas y tan dilatadas Provincias de las dos Américas han recibido ya para tanta gloria de su Santo Nombre, y salvacion de un número sin número de Indios; y para que aquella verdadera Fe, culto y adoracion á Dios, desterrada de tantas Provincias de este Mundo antiguo, (á violencias de la malicia y del error) que por la Bondad Divina han puesto su tronco en tan vastas y numerosas Regiones de las dos Américas, ensanchen su dominio hasta los últimos términos del Nuevo Mundo; y la Celestial luz, que como aurora raya nuevamente sobre nuevas é incultas Naciones, pase quanto ántes al claro y perfecto día de aquella gracia, que sola puede convertirlas en Soles, que resplandezcan en perpetuas eternidades.



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ArribaAbajoIntroduccion á la primera parte

La historia que voy á emprehender, natural, civil y geográfica del rio Orinoco, comprehenderá Paises, Naciones, Animales y Plantas incógnitas, casi enteramente hasta nuestros dias: para cuya cabal inteligencia se requieren especial claridad y método. Lo uno y lo otro procuraré en quanto pueda: para lo qual no saldré un paso fuera de los límites, que me he propuesto, sino fuere para comprobar la materia que lo requiere, ó para refutar lo que no dice con la verdad de lo que tratare. Y para que con mas   —2→   suavidad corra el hilo de la narracion, quiero allanar de antemano el tropiezo, que en casi todos los capítulos de esta historia (por la novedad de las materias) veo que precisamente se ha de ofrecer: prevencion, á mi entender, necesaria, por lo que he experimentado y observado en Italia, Francia y España; en donde tratando de estas mismas materias con personas de notoria y calificada erudicion, me han molestado con redarguciones8, que no hicieran, si reflexionaran, que al paso que se varían los climas, se deben variar los frutos de la tierra, que les corresponden; y que aquí ni vale ni tiene fuerza la paridad9. «¿Cómo es posible (me han replicado muchas veces) que en el Orinoco no haya trigo, vino, ni ovejas, quando las Historias y los Prácticos de las Américas nos dicen, que en Chile, Paraguay, Lima y México hay abundancia de ello?» Respondo, que si al mismo tiempo esos declarantes hubieran dicho ó escrito las excesivas distancias, que los Paises nombrados tienen entre sí, y la notable variedad de climas que median entre unos y otros extremos, no hubieran dexado lugar á ésta ni á semejantes réplicas: es necesario hacerse cargo, que la basta extension de una y otra América excede mucho al concepto ordinario que se hace de ella; porque allá las leguas se cuentan á millares, y los viages de quinientas y de seiscientas leguas se reputan por ordinarios: de modo que el Arzobispado de Santa Fe del nuevo Reyno (sin hablar de sus tres Sufragáneos) comprehende un tanto mas de terreno del que ocupa   —3→   toda la España. Mídase desde Varinas á los Remedios, Leste Oeste; y desde Mérida á San Juan de los Llanos, Norte Sur, términos de dicho Arzobispado, y se hallarán en la primera línea mas de quatrocientas, y en la segunda mas de quinientas leguas, si no por elevacion, á lo ménos por lo árduo y fragoso de los caminos. Esta es una corta parte: ¿qué será el todo? ¿Quién habrá pues que en tales distancias y en tan diferentes climas pueda inferir los frutos del uno por los que produce el otro? Y mas quando aquí en un palmo de tierra (que no es mas, comparado con aquella inmensidad de Paises) se halla la misma razon de dudar. v. g. ¿Por qué en los Reynos de Murcia y Valencia abunda la seda, arroz y otros frutos, y no en las Castillas? ¿Por qué las tierras Australes de España y Francia carecen de aceyte y otros frutos, de que abunda la Andalucía en España y en Francia, el Languedoc y la Provenza? Y si la corta variedad de cinco ó seis grados de altura polar vasta aquí para esta notable variedad de frutos, de unas respecto de otras Provincias, ¿qué dirémos de los Reynos de las Américas, que distan unas de otras ya treinta, ya quarenta y aún pasan, si careamos la Meridional y Septentrional, de setenta grados arriba de distancia?

El que extrañen muchos que en Lima, Quito, Santa Fe de Bogotá y otros temperamentos semejantes, se halle siempre flor en muchos árboles, frutos verdes y maduros, nace de no haber reparado, que en los algarrobos, limoneros y naranjos en los Reynos de Valencia   —4→   y Murcia sucede lo mismo: y los madroños en dichos Reynos; en el de Cataluña y en la Provenza se dexan ver por Septiembre y Octubre coronados de flores, y recargados de frutas verdes y maduras.

Por lo que mira á frutas, frutos y animales extraordinarios, y de inauditas propiedades, vengo en que debe causar novedad y harmonía su noticia; pero negarlos, ó porque no los hemos visto, ó porque no haya Autor que escriba de ellos, fuera (á mi ver) vulgaridad exôrbitante. En aquellos efectos, que por salir fuera del ordinario curso de los otros, llamamos milagro, ya de la gracia, ya de la naturaleza, como son recomendacion viva del Supremo Criador de todo, quando en ellos no se hallare contradiccion, repugnancia ni contrariedad, no hay razon para poner tasas ni límites á la Divina Omnipotencia, para que no los pueda producir: ni una vez zanjadas y comprehendidas las señales de racional y prudente credibilidad en órden á su exîstencia, puede caber el negarla; porque de otro modo se volvieran totalmente inútiles las Historias.

Esta, á que aplico mi atencion, tengo el consuelo de que no será inútil; porque sea lo que se fuere del dictámen que otros formarán de ella: por lo que toca á los operarios que Dios nuestro Señor llama, y con el tiempo llamará al cultivo de aquella su Viña Americana, que si abunda en frutos, le resta mucha maleza que desmontar, no dudo que la recibirán con gusto, y que les servirá mucho tener de antemano estas noticias; muchas de las quales   —5→   en la práctica, no se adquieren, sino á fuerza de congojas y amargas pesadumbres, que podrán evitar, una vez impuestos en la especulativa.

No obstante esta anticipada prevencion, como esta historia ha corrido por todas manos, ha sido exâminada por tanta variedad de genios, y revista por tantos ojos, unos linces, y otros argos: no es de extrañar haya sido registrada por otros, semejantes á los de aquellas Aves nocturnas, que abominando la luz, buscan y hallan su gusto y consuelo entre las sombras de la noche: Buhos funestos, que aficionados á los melancólicos sombríos, cierran los ojos, porque, ó no gustan, ó no pueden ver la hermosa Aurora, que les convida con la belleza de los prados y jardines. Esto mismo di por supuesto en mi Prólogo, y así no me causa novedad lo acaecido. Algunas personas han dificultado, con ánimo de averiguar mas la vervad, y otras, así Españolas como Estrangeras, de la mas sobresaliente Literatura, y de la mas ilustre Nobleza, cultivadas en las bellas letras, se han dignado reconvenirme sobre lo lacónico de algunas noticias, que indican mas fondo del que ligeramente apuntó: por lo qual en esta impresion procuraré dar á todos satisfacion, sin detrimento de la brevedad que deseo.

Y porque no solo he de responder á las dudas de las personas que dificultan con fundamento, sino tambien á otras, será preciso que mis respuestas sean correlativas, no solo á las dificultades, sino tambien al modo de dificultar; y que de paso hagan algun éco al   —6→   modo con que se propusiéron: de donde nacerá la variedad de frases, con que me introduciré en las addiciones que prometo: y así digo que en las primeras cláusulas de cada addicion se verá propuesta la duda y el modo de dudar; y en el contexto se hallará la respuesta pretendida, roborada y autorizada.



  —7→  

ArribaAbajoCapítulo I

Da á conocer la una y otra Costa marítima por donde se abrió paso el rio, Orinoco y resumen de las primeras noticias que de él hubo: sus descubridores: intentos y diligencias de los Estrangeros para poseerle; y la fundacion de su única Ciudad Santo Tomé de la Guayana



ArribaAbajo§. I

La primera diligencia de un perito Arquitecto, á quien un gran Señor encarga la fábrica de un magnífico Palacio, es formar en su mente la idéa, y despues, mediante las proporciones del compás y la regla, hacer visibles en un Plan las singulares maniobras que dibujó en su fantasía: diligencia precisa, pero no suficiente para todos; porque si bien el diestro en la facultad á la primera vista de aquel ceñido pitipié formará cabal concepto de la soberbia máquina que representa, al contrario, para el no versado en ella es precisa larga explicacion, para que comprehenda el diseño.

A ese modo y por el mismo fin, en la fábrica   —8→   (no magnífica, sino natural) de esta historia gravé en su frontispicio todo el terreno, sobre que á paso lento girará mi pluma, individuando variedad de curiosas noticias. Para que los que están en los términos de la Geometría, comprehendan la situacion y altura polar, así del Orinoco, como de sus vertientes y terrenos que fecundan, vasta la primera ojeada del Plán propuesto; pero como no escribo para solos los doctos, habré de acompañar al Orinoco, desde las vertientes que hoy están descubiertas, hasta que con inmenso caudal rinde al Occeano su tributo, endulzando por muchas leguas sus amargas espumas. Lo que dió motivo á que en aquellos antiguos Mapas, (gravados á expensas de contínuos peligros de los primeros Conquistadores) en las bocas del Orinoco se pusiese este letrero: Rio dulce; el qual (á mi ver) no fue error de la pluma, sino del buríl, gravando Rio dulce, donde para decir algo, debia haber escrito Mar dulce: ni tiene otras señas un rio tan formidable, que después de destrozado en mas de cincuenta bocas, ocupa ochenta leguas de costa, rechazando al mar de sus linderos, para introducirse soberbio al tiempo mismo que corre presuroso á rendirse. A cuyo orgulloso de ímpetu opuso el sábio Autor de la Naturaleza la Isla de la Trinidad de Barlovento; si ya no es que la furia de dichas corrientes rompió aquellas quatro bocas, que por su peligrosa rapidéz, se llaman de los Dragos, y desprendió á la Isla de la tierra firme de Paria. Lo cierto es que hasta hoy prosigue la porfiada batería con que los hileros y corrientes del Orinoco,   —9→   despues de consumida la tierra, tiran á consumir los duros peñascos, que sirven de antemural á la Isla, sin mas ventaja que el blanquearlos con el perpetuo choque de olas y de espumas: y aun por eso se llama aquella Costa, la de los Blanquizales: pero descendamos ya á individuar.




ArribaAbajo§. II

De la Costa por donde se abrió paso el rio Orinoco, para desahogar en el Golfo sus corrientes


Por dos motivos omití en la primera impresion la breve descripcion, que voy á formar de la Costa de Paria, Guayana y Cayana (que en contraposicion de la del Perú, que es la del Súr, se llama del Norte) porque lo primero me pareció no ser conveniente entretener, registrando las Costas, á los deseosos de entrar desde luego á ver y reconocer el grande caudal y las demás cosas que singularizan al rio Orinoco: lo segundo y principal, porque temí dar disgusto á los curiosos, poniéndoles en la misma fachada de este Libro las noticias de una Costa, que como para mí son en gran parte melancólicas, creí lo habian de ser tambien á los Lectores. Pero supuesto que no me puedo negar á las personas, cuya sola insinuacion fuera para mí de mucho peso, de tal modo correrá mi pluma, que al delinear una y otra Costa,   —10→   gravará lo geográfico y natural de ellas, sin hacer pié en lo civil y económico. Siguiendo la ingeniosa práctica de aquellos diestros Pintores, que desperdician con cuidado algunos colores entre confusas pinceladas, para que aquellos léjos mal expresados al uno y otro lado, hagan resaltar, y dén hermosura al Pais ameno, que pretenden dibujar y matizar en el centro.

El Golfo Triste, nombre que le dió el Almiranté Colón10; ó Mar Dulce11, como quieren otros, es campo muy corto para recibir las inmensas corrientes del rio Orinoco. Porque siendo así que la boca grande, que llaman Boca de Navíos, desagua á notable distancia del Golfo Triste ácia la parte Oriental de la Costa, donde rechaza todo el golpe del Occeano con tanto ímpetu, que su corriente domina palpablemente mar adentro entre las Islas del Tabaco y de la Trinidad: con todo, las restantes bocas, que rompen por el Golfo Triste, atropellan con tal furia los embates del mar por mas de quarenta leguas de Golfo, que los violenta á salir por las bocas de los Dragos. Y el choque furioso de unos montes de agua con otros, protesta Colón, que le pusiéron en la mayor confusion, espanto y peligro de quantos habia experimentado en todas sus largas y peligrosas navegaciones.

La Isla de la Trinidad de Barlovento puso   —11→   la Providencia Divina como antemural de peña viva, para quebrantar en parte la soberbia de los raudales del rio Orinoco enfrente de la mayor parte de sus bocas. De nueve grados de latitud para arriba corre la Isla de la Trinidad ácia el Norte, y en el trescientos diez y seis y diez y siete de longitud: y á la verdad, si Colón discurrió12, viendo tal amenidad en las costas de Orinoco en el mes de Agosto, que habia encontrado el Paraiso terrenal, por los mismos motivos le daria el mismo elogio á esta fértil y amena Isla, á quien ninguna de las de Barlovento le hace ventaja en lo fecundo. Toda ella es un continuo bosque de maderas exquisitas, como son: Cedros, Nogales, Guayacanes, Pardillos y otras muchas maderas apreciables para construir Embarcaciones: hay copia de Palmares de Cocos, que sin sembrarlos da de suyo la Isla: el terreno y temperamento son muy proporcionados para la Caña de azucar, y lo muestra la experiencia. En las orillas de los caminos y en los rastrojos nace de suyo el Añil con tanta abundancia, como en otras partes nacen los abrojos y otras malezas: crecen las parras, y llegan á sazón las ubas: hay abundancia de Naranjas agrias y de la China: de las Cidras y Limones, por la abundancia, no se hace caso: las cosechas de Maiz son tan abundantes, que se lleva á vender á la Isla Margarita y á otras partes.

Pero lo que mas se apreció en esta Isla, fué el grano del Cacao: cogiase en abundancia: excedia   —12→   en lo exquisito del sabor al de Caracas y al de las otras Costas: era tan apetecido y buscado, que de ordinario prevenian á los dueños con la paga ántes de llegar la cosecha, para mayor seguridad de conseguirle: y veis aquí la raiz mal advertida en los principios; de que se originó con el tiempo, primero el atraso de la paga á los acreedores, despues la tardanza en pagar los diezmos; y en fin, el que lo13 paguen ahora todo junto, no sin lágrimas, desde el año de 1727, en que Dios les quitó por entero las cosechas del Cacao á todos los de la Isla, ménos á uno de los vecinos de ella, que pagaba el diezmo con la debida puntualidad, como es cierto y notorio, no solo en dicha Isla, sino en la otras, y en la Costa de Tierra-Firme. En su Capital de San Joseph de Oruña oí de ellos mismos el caso repetidas veces; y en los quince dias de Mision que les hice, me empeñé en persuadirles los medios más oportunos, para que Dios aplaque su justo enojo, y les vuelva á dar aquel precioso fruto de su tierra.

Y para escarmiento de los que fueren omisos en dar á Dios lo que es de Dios14, y tan corto tributo al Dueño Soberano, que lo da todo liberalmente resumiré aquí el caso con brevedad; para lo qual advierto, que entre los árboles que Dios ha criado para la utilidad de los mortales, no sé que en este mundo antiguo se halle alguno, que pueda compararse en la copia de fruto que da á sus dueños, con el árbol del Cacao. Los olivos y las viñas dan su cosecha annual, y descansan lo restante del año, para reforzarse y dar la del siguiente año; no así el Cacao; da su   —13→   abundante cosecha por el mes de Junio, que llaman de San Juan; y al mismo tiempo están nevados de flores los árboles para la cosecha abundante que dan por el mes de Diciembre: no lo he dicho aun todo; porque éste es árbol tan agradecido al que le cultiva, que todos los meses le paga al Labrador su trabajo con singular puntualidad; porque de aquellas flores que se adelantan, y de otras que se atrasan, resultan las cosechas intermedias de las mazorcas que todos los meses van madurando. Ni se contenta este bello árbol con recargarse tanto de frutas, que es necesario el apuntalar sus ramas, para que no se desgagen con la carga; sino que tambien arroja flores y mazorcas por toda la corpulencia de su tronco. Y si acaso el tiempo y las lluvias han descarnado y descubierto, algunas raices, por ellas arroja sus frutas á borbotones: dígolo con esta frase; porque este fecundo árbol, así como arroja sus flores no de una en una, sino á modo de ramilletes; así retiene las mazorcas de dos en dos, de tres en tres, y muchas mas: esto así impuesto, y que los marchantes forasteros anticipaban la paga.

Se llegó el tiempo en que los dueños del Cacao recibian mas de lo que podian pagar: en esta cosecha daban palabra de pagar en la siguiente: y no pudiendo cumplir enteramente con ella, pasáron á valerse del Diezmero, ofreciéndole pagar, ya de la siguiente cosecha, ya de las intermedias. Esta palabra no la podian cumplir enteramente, porque tambien los Mercaderes urgian; y así de cosecha en cosecha se recargáron de modo los que debian al Diezmero, que éste quebró   —14→   y se perdió con los adeudados. En fin vino la flor de la cosecha en que pensaban pagarlo todo; pero por disposicion del Altísimo, al llegar las mazorcas al tamaño de una almendra, se cayéron todas (y aun se caen) de los árboles, con el desconsuelo que se dexa entender, de los Amos.

No convengo en que luego y á ojos cerrados se llame castigo de Dios aquello, que tal vez con sério y diligente examen se hallará que proviene de causas naturales. Los enemigos del Cacao en flor y tierno son los yelos y los vientos Nortes: yelos no los permite el templo perpetuamente cálido de aquella Isla: contra los Nortes, que en ella rara vez corren, hay el resguardo de otras arboledas inmediatas y bosques espesos: los árboles del Cacao, aunque ya abandonados y cerrados de maleza, se mantienen lozanos florecen, y se les cae la fruta tierna; y así es aquí preciso buscar superior causa, y confesar con toda humildad (como lo confiesan aquellos Isleños) que éste fué castigo de Dios por la culpable omision en pagar los diezmos. Y á la verdad en este caso ató su Magestad las manos á la crítica; porque como dixe, quitó el Cacao á todos, ménos á N. Rabelo, oriundo de Tenerife, una de las Islas Canarias, que era el único que pagaba, y prosigue pagando con toda puntualidad su diezmo, no solo de los árboles, que por aquel tiempo tenia fructíferos, sino de los que ha ido añadiendo, y van fructificando. Si se quiere replicar que la hacienda de Rabelo tal vez está fundada en mejor migajón de tierra y en sitio mas abrigado, responden los mismos vecinos de la Isla, que no; y que Dios ha premiado á éste su puntualidad, y que todavía reprehende   —15→   con este exemplar su mal considerada omision.

Aunque no nos habiamos apartado mucho de ella, volvamos á mirar con mayor cuidado la misma Isla: toda ella convida y provoca á su cultivo con la abundancia de otros frutos, ya que por ahora está privada del mas principal. Ella tiene suficiente gentío para defenderse de los enemigos, como se ha visto siempre que ha sido acometida; porque ella misma es su mayor defensa con la continuada espesura de bosques impenetrables. La práctica ha sido retirar sus haberes, mugeres y chusma: ponerse en emboscadas, y dexar entrar al enemigo por los dos únicos caminos que han abierto por el bosque: uno del Puerto de España, y otro del de Caroni. Viendo la Isla sin una alma y sin bienes que saquear, tratan de retirarse los enemigos, y aquí es quando oyen los tiros de las escopetas, ven caer muertos á sus compañeros, unos llenos de flechas, otros al golpe de las balas sin ver á los que las disparan, y sin atreverse á penetrar el bosque donde ven que hay mayor peligro; y así han padecido grandes pérdidas, y les han servido de escarmiento. Lo mas singular que tiene esta Isla, son los minerales ó manantiales de Brea: manantial llamó un lago de Brea líquida, que está no léjos de la punta ó cabo del Cedro. En la medianía del camino que hay desde la Capital á uno de aquellos Pueblos de Indios, poco ántes que yo fuese á la Isla, se hundió una mancha de tierra por donde estaba el camino, y luego en su lugar remaneció otro estanque de Brea, con espanto y temor de los vecinos, recelosos de que quando ménos piensen,   —16→   suceda lo mismo dentro de sus Poblaciones. Poco mas al Oriente del cabo del Cedro, en el mismo batidero del mar, hay un mineral de Brea endurecida, á modo de pizarra ó de greda seca: él es inagotable; porque todos los pasageros dan fondo allí, y cargan mucha cantidad de ella: (y yo tambien llevé para el calafate de las Embarcaciones de que usamos en Orinoco) á poco tiempo crece ó renace otra tanta, y llena los huecos de la que se han llevado, al modo de lo que sucede en las minas de sal de piedra, que tambien crece y llena el hueco de la que se sacó. Los prácticos de la Isla, que iban conmigo, me aseguráron dos cosas: la una que por estar cerca el lago de Brea líquida, están todos persuadidos que aquella que allí se endurece, es la que del lago se transmina; lo que no es dificil de creer: la otra cosa que aseguraban es, que algunos Navíos estrangeros van á cargar de Brea: que la sólida echan por lastre, y la líquida llevan en pipas y barriles. Valga esta noticia segun el dicho de los tales, y no mas; porque despues no se me ofreció oportunidad para averiguarla mas; sí bien por ser hijos de aquella Isla, no es despreciable su relacion.

Si esta Isla se puebla con la gente que requiere el cultivo de toda ella, lo primero, los frutos que llevo insinuados (especialmente el Añil) fundarán un grande Comercio con notable utilidad de la Real Corona; lo segundo y principal, las Naciones bárbaras y los Indios, que después de haber quitado las vidas á cinco Venerables Padres Capuchinos, se hiciéron á monte, se podrán domesticar, y reducir á nuestra santa Fe:   —17→   y en fin se lograrán las utilidades que de lo que llevo referido, fácilmente se deducen. Pero ya es tiempo de que sin salir de esta Isla, demos una ligera, ojeada á una y otra Costa, de la Tierra-Firme.

Desde el promontorio ó cabo que se levanta en la parte Occidental ácia las bocas de los Dragos, se descubren las altas Serranías de la Costa de Paria: muros en que el Occeano rompe sus olages con estrépito furioso, y es terreno que pertenece al Gobierno de Cumaná, aunque no está del todo sujeto; porque por mas que se han esforzado y trabajado los Reverendos Padres Capuchinos de la Provincia de Aragon en su ministerio Apostólico, todavía hay Naciones de Gentiles en aquellas Costas, que gustan mas de la amistad y trato con los Estrangeros: punto digno de la atencion y reparo que requiere.

Digo pues que desde este cabo abanzado de los Dragos, en que nos consideramos hasta Cumaná, hay cincuenta leguas de Costa: hasta la Guaira, Puerto de Caracas, se computan doscientas leguas: hasta la boca de la laguna de Moraibo doscientas y sesenta; y hasta Cartagena poco mas de trescientas leguas. No me detengo en apuntar la fertilidad de estas Costas, por ser notorias: ni quiero decir la pena y lástima que me acongoja, viendo que aunque en ellas hay gran número de Indios reducidos á nuestra santa Fe, con todo en Cabo de Vela, en la Provincia de

Maracaibo, en la de Santa Marta, y en la de Cartagena ácia el Dariél, y desde éste hasta Portovelo y Panamá hay tanta multitud de Gentiles por domesticar, y tantos los daños que hacen á   —18→   los Christianos, asi Españoles como Indios, que rehusa la memoria trasladarlos á la pluma. Por lo qual, pasemos á la parte Oriental de la Isla, y puestos en la punta ó cabo de la Galera, observarémos la Costa Oriental de la Tierra-Firme; y aunque es preciso ver en ella mayores lástimas, por mas que procuremos cerrar los ojos, con todo pasemos de largo por las Colonias de Esquivo, Berbis-Corentín, y no hagamos pié en la Ciudad de Surináma, Costa de que se apoderáron los Olandeses despues de largos debates con los Indios Carives y Aruacas; cuya amistad ganáron finalmente, sin otra mira que la del Comercio y del interés; pues sus Ministros y Predicantes no han dado muestras de compadecerse, viendo morir sin enseñanza y sin Bautismo tantos Indios; pero todos cuidan de plantages de Achote, de Café y de grandes ingenios de labrar Azúcar; lo qual me consta de varios de ellos que me buscáron unos para abjurar sus heregías, y otros católicos ocultos, para confesarse; que á todas partes se estiende la paternal piedad de Dios para los que la imploran, y desean salvar sus almas.

Siguiendo la Costa, debemos consolarnos al llegar á la Cayana, Ciudad y Fuerza regular, con Gobernador y Capitan General, y la Guarnicion necesaria, Provincia sujeta al Christianísimo Rey de Francia: (los ménos inteligentes confunden la Cayana con la Guayana, que está en Orinoco á sesenta leguas de las bocas) los frutos del terreno de la Cayana son los mismos que insinué arriba darse en la Costa de Surináma. Digo los frutos de la tierra, porque se cogen á manos llenas otros mas apreciables para el Cielo en   —19→   muchas y muy floridas Misiones, que los Padres de la Compañía de Jesus han fundido, cultivan y aumentan cada dia á expensas de la Magestad Christianísima. Desde la Isla Trinidad hasta la Cayana se computan ciento y quarenta, y ciento sesenta desde la Cayana al rio Marañón

De modo que miradas en comun y á lo léjos esta Costa y la Occidental, hallarémos que el rio Orinoco ocupa y desemboca en la medianía y centro de los dos: véase el Mapa de M. Blaevv15 y otros, y se hallará que desde la boca grande del Orinoco hasta el cabo de Norte, donde empieza el Golfo dulce, que resulta del rio Marañón, hay trescientas leguas de distancia; y otras trescientas desde la boca última del Orinoco, llamada Manabo, hasta la Ciudad de Cartagena. Si algun brazo del Marañón entra en Orinoco, ó si entra al mar por la Costa de la Cayana, es qüestion curiosa, que trataré en el capítulo segundo de esta primera parte.

El primer descubrimiento de la Isla Trinidad del rio Orinoco y de Paria fué fruto de los afanes y de la constancia invencible del Almirante Colón16 en su viage tercero, año 1498; y fué la primera parte de Tierra-Firme que viéron los Españoles, de todo quanto es el basto continente de ambas Américas: gloria que han mirado con ceño las Naciones de Europa: blasón y honra que con cautelosa industria procuró apropiarse Américo Vespucio; pero en vano, como prueba17 muy   —20→   bien nuestro Herrera18, y con muchas hojas el R. P. Fr. Pedro Simon en su historia19. El descubrimiento reducido á Compendio, pasó así:

Oprimido, Colón de los calores de la línea equinoccial, habia vuelto ya la Proa ácia las Islas Antillas, que tenia conocidas y demarcadas en sus dos primeros viages: quando Martes, dia 31 de julio del citado año, á la hora del medio dia, divisáron los tres picachos de las bocas de los Dragos, Costa de Paria y de la Isla, á quien llamó Colón de la Trinidad; y por consiguiente viéron luego, ó poco despues, la Tierra-Firme: y aunque en ese dia y en el siguiente, que fué el primero de Agosto, navegáron entre la Trinidad y algunas bocas del Orinoco, no pensó Colón en que fuese Tierra-Firme; porque aquellas bocas le parecian otros tantos brazos de mar; y por lo tanto, admirado de la lozanía de las arboledas de las Islas del Orinoco20, las llamó Islas de Gracia; y á la Costa de Paria, que en forma de semicírculo ciñe al Golfo, llamó el dia siguiente Isla Santa; no acabando de creer (aunque lo deseaba mucho) que ella fuese Tierra-Firme21. Pero el dia 10 del dicho mes reconocieron las Lanchas22 quatro bocas solas, de las muchas que tiene el Orinoco, á quien los Indios llamaban Yuyápári: y con la noticia de solas aquellas quatro bocas   —21→   se maravilló mucho Colón de que hubiese en el mundo rio de tan soberbio caudal, que llenase de agua dulce un tan dilatado Golfo23; e hizo otros discursos que refiere Herrera, entre los quales sacó por firme conseqüencia, que tan copioso caudal de agua dulce no podía originarse ni recogerse, sino de muy vastos y dilatados terrenos, y de muy remotas Provincias; lo que es tan cierto, que hasta hoy solo conocemos la mitad de las que baña y fecunda el grande Orinoco, cuya descripcion (aunque diminuta, por lo mucho que resta por descubrir) es el objeto de esta historia, para la qual ofrece mucho y apreciable material.

Pero seame lícito hacer aquí una breve reflexion sobre el dia y circunstancias de su descubrimiento en honor y obsequio de mi grande Patriarca San Ignacio de Loyola. Dia 31 de Julio, dia feliz para el Almirante Colón, feliz para la Monarquía Española, feliz y dichoso para tan innumerables almas de Indios, que se han salvado y salvarán, y dia muy especialmente feliz, porque le tenia ya destinado la eterna y sábia Providencia del Altísimo, para que á su tiempo celebrase en él (como lo executa) nuestra santa Madre Iglesia todos los años la memoria de las heróicas virtudes, celo apostólico y las demás glorias del admirable Patriarca San Ignacio, á quien la Rota da el nombre de Apóstol24, no solo por los ministerios en que se empleó, sino tambien por   —22→   los Varones apostólicos que repartió por la Europa; y por el grande Apóstol San Xaviér, que envió á las Indias.

Y es digno de reparo, que en el año 1491, en que el Almirante Colón, despues de concebida aquella alta idea y dictámen, de que ácia el Occidente podia descubrir un nuevo mundo: y al tiempo que en Santa Fe, Vega de Granada, trataba vivamente del descubrimiento con los Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabél, á ese tiempo nació San Ignacio en Guypúzcoa, en su Casa Solariega de Loyola25: y que despues descubrió Colón la primera parte de la Tierra-Firme de las Américas, y el grande Orinoco en ella, año 149826, al entrar San Ignacio en los siete años de su edad. De modo que al mismo tiempo que á aquella grande alma se le aclaraba el uso de la razon, rayó y amaneció la noticia cierta del nuevo mundo Américano; campo basto, en donde con tanto sudor y sangre de sus venas han sembrado y siembran los hijos de Ignacio el grano del Evangelio, con tan abundantes cosechas de almas, como publican aun los enemigos de nuestra santa Fe.

De aquí es lícito inferir, que como á la sábia y suprema Providencia del Altísimo está patente toda la série de lo que ha de venir, sin la menor sombra de aquellas, que para nosotros son y llamamos contingencias; dió su Magestad á Ignacio, y le previno con aquella grandeza de ánimo,   —23→   en atencion á la alteza del espírítu y celo apostólico, á que habia de subir: y al mismo tiempo que su Magestad formaba los senos de aquel grande corazon, descubriria nuevos Mundos, Reynos y Provincias incógnitas para dilatadas Palestras del ardiente espírítu de Ignacio, que habian de heredar sus hijos. Es verdad que los Operarios de la Mínima Compañía de Jesus llegáron mas tarde á las Indias que los de algunas otras esclarecidas Religiones, porque nacieron éstas mas temprano que la nuestra. Tambien es cierto, que (exceptuando al glorioso Apóstol San Francisco Xaviér y sus apostólicos Compañeros) el resto de aquellos primeros jesuitas, especialmente en las dos Américas, entráron en aquella inmensa mies como Ruth, recogiendo las espigas, á que no podia alcanzar el afan de tan fervorosos y atareados Segadores; pero como el campo era, y aun es, tan sumamente dilatado, dispuso luego el Supremo Padre de familias y Dueño de la heredad, que los hijos del grande Ignacio se incorporasen como Ruth con los demás Segadores Evangélicos, y á hoz tendida recogiesen las almas de los infieles, copioso fruto y tambien premio de su fervor y espíritu.

Por todo lo qual me persuado que con altísimo acuerdo dió su Magestad al Mundo antiguo las primeras noticias del Mundo nuevo, quando en Ignacio tiraba aquellas primeras líneas tan singulares, que cada una pudo ser diseño de un gigante de santidad. Y que por la misma causa dispuso y acordó que el dia 31 de julio fuese el señalado en el secreto de su eterna Sabiduría, para descubrir á España las Américas, y para que   —24→   después en ellas, en España y en ambos Mundos, antiguo y nuevo, se celebren todos los años en el mismo dia los méritos y gloria singular de San Ignacio.

En fin ruego al benévolo y piadoso Lector prepare su ánimo, y con la mas profunda reverencia adore y venere conmigo los recónditos juicios del Altísimo, y la oculta, pero siempre sábia y acertada Providencia del todo Poderoso, al ver y considerar, que siendo Orinoco y sus Costas las Provincias de todo aquel vasto Mundo, que se fué descubriendo poco á poco, se ve tantos años ha florecer la Religion Católica en los dilatados Reynos de la Nueva España, del Perú y en muchas de sus recónditas Provincias: reducidos á policía y vida racional sus Indios: edificadas Ciudades populosas con los adelantamientos que son notorios. Y al contrario, vemos las Costas internas y las marítimas del Orinoco todavía llenas de bárbaros, sepultados en las sombras de su ignorancia, y batallando la luz del santo Evangelio, para abrirse paso por entre el horror de aquellas tinieblas. Es verdad que ilustra ya la luz de la santa Doctrina á muchas de aquellas Naciones; pero son muchas mas las que cierran los ojos, por no ver su claridad, y se tapan los oidos para no oirla ni entenderla, frustrando el anhelo y afan de los Operarios, que insisten en procurar su salvacion eterna. ¡Oh, quiera la Divina Piedad logren estas Naciones el bien que tanto ha logran otras muchas de las Américas! y aunque entren tarde, y casi con los últimos, sean contados entre los primeros; y ya que fuéron los primeros en dar buenas esperanzas á los Argonáutas Españoles, se cumpla en   —25→   ellos el vaticinio de nuestro Redentor27, agregándose quanto ántes estas ovejas perdidas al rebaño de esta santa Iglesia.

A este nobilísimo fin, como á centro único, corren todas las líneas de esta breve historia; el qual á la verdad será mas asequible, sabiendo los Operarios de antemano, las calidades de los terrenos, los genios de las Naciones, sus estilos, sus errores, y el método mas fácil de domesticar y enseñar28 á aquellas gentes: para lo qual registremos primero el terreno que ocupan.




ArribaAbajo§. III

Noticias prévias del gran rio Orinoco


El primer Européo que vió el Orinoco, y toleró la rapidéz de los hileros, que son canales de agua del mismo rio, que rompiendo camino por el Golfo, arrebatan las Embarcaciones, aunque sean de alto bordo, fué (como ya dixe) el célebre Almirante Colón, en el año 1498; en cuyo Diario apuntó, que atravesando el Golfo Triste, desembocó por los Dragos, y pasó por la Isla Margarita29; y como consta del Plan, no pudo atravesar dicho Golfo, sin costear á vista de las bocas de Orinoco, dexando al Golfo el nombre de Triste, porque desde su centro no ofrece resquicio   —26→   para hallar salida; y á la única y estrecha que tiene, llamó Bocas de los Dragos ó Dragones, por el mal pasage que le diéron, y dan todavía á los navegantes, que en cada nuevo monte de agua temen un naufragio.

Despues de treinta y siete años de este primer descubrimiento fué Diego de Ordáz el primer Español que se atrevió á tantear las bocas del Orinoco, año 1535; pero todo su afan paró en desgracias, pérdidas de gente y de Embarcaciones30. No por eso perdió el ánimo Alfonso Herrera; el qual, excediendo los brios de Ordáz, venció las bocas, penetró y superó los raudales furiosos de Camiseta y Carichana, que en cada escollo amenazan muchos naufragios31: dió fondo en la boca del rio Meta; y perdida casi toda su gente, ya en los convates con los Indios, ya por falta de Bastimentos, como latamente se ve en Herrera32 y M. Laet, se retiró tan perdido como Ordáz.

Poco despues, en el año 1536, creciendo la voz y fama del Dorado33, esto es de cierta Provincia de Enaguas ó de Omaguas, que en los Mapas se apunta con nombre de Manoa, y que se ideaba (y aun hay fundamento para ello) llena de grandes tesoros, se arrestáron á descubrirlos Pizarro desde el Perú, Pedro de Ordáz desde Quito, y Gonzalo Ximenez de Quesada desde el Nuevo Reyno despachó á Don Antonio Berrió: éste llegó   —27→   al Orinoco; perdió casi toda su gente, y murió en la demanda. No fué mas feliz el éxîto de los enviados, así de Quito como del Perú, porque muy pocos de ellos saliéron con vida: ciega los ojos el amor á las riquezas, para que no se vean los peligros.

Después, en el año 1541, habiendo el Adelantado Pizarro dado la Presidencia de Quito á su hermano Gonzalo Pizarro, hizo éste reclutas para descubrir el Dorado; cuya fama crecia como espuma: él mismo con parte de las tropas tomó su rumbo por los Andes y Páramos, que dan paso muy árduo para la Provincia de los Mojos34: con el resto de la gente destinó en Gefe á Don Francisco de Orellana: el Presidente Pizarro, perdida su gente, rico de trabajos y miserias, salió á Quito: Orellana se llevó la Piragua, y sin acordarse mas de Pizarro, se dexó llevar de las corrientes del rio Marañón con grandes fatigas y trabajos; con las mismas costeó la Cayana, hasta que se encontró con las bocas del Orinoco y Golfo Triste en el mismo año 1541, sin mas utilidad de tan árduo viage, que haber demarcado (como mejor pudo) el rio Marañón.

Entretanto, ya Diego de Orgáz que como dixe, fué el primero que recejó y venció las corrientes del Orinoco, habia vuelto de España con los poderes del Señor Emperador Cárlos Quinto, para que solo Ordáz y no otro, corriese con el descubrimiento del Dorado y de todo el Orinoco: el qual magnífico aparato paró en la desgraciada fundacion de Santo Tomé de la Guayana; fabricada de casas   —28→   pagizas en la boca del rio Caroní, enfrente de la Isla que se le dió á Fajardo, que hasta hoy retiene el nombre de su Amo. En su mayor auge tuvo dicha Ciudad ciento y cincuenta casas: las abundantes cosechas de tabaco, y el ganado mayor, que multiplicó mucho, daban vastante útil á los Fundadores; pero sonó en Inglaterra el eco de Orinoco y del Dorado; y luego partió en su busca Monsieur Ralego35, y entró en dicho rio con mano armada, año 1545, para ser testigo de sus pérdidas y desgracias, y no mas. El año siguiente 1546, otro Inglés, llamado Keymisco, envidiando los tesoros, que suponia en manos de Ralego, se armó, navegó y se asomó á la Guayana: temió, y se retiró sin honra y sin dinero.

Pero Ralego, encaprichado con su Dorado, armó al Capitan Mathamo, año 1547, con tal desventura de vientos y borrascas, que ni aun llegó á ver las bocas del Orinoco36. Entretanto, Ralego estuvo catorce años preso en Londres; y por salir de su prision, hizo tan factible á su Rey en varios memoriales la conquista del Dorado, que consiguió libertad y poderes para aviarse, como lo hizo, armando cinco Naos á costa de sus amigos, esperanzados con una rica recompensa: llegó al Golfo Triste, llevando consigo á Keymisco por práctico, á quien Ralego envió bien armado á la Guayana, y con él á un hijo único, para mas asegurar el lance. Era ya Gobernador de la Guayana Don Diego Palomeque, quien á causa de los ataques pasados, habia agenciado y   —29→   conseguido del nuevo Reyno ciento y cincuenta hombres de socorro, á tan buen tiempo, que Keymisco fué vigorosamente rechazado con pérdida de mucha gente, y muerte del hijo del General Ralego, el qual gastó el resto de su vida llorando sus infortunios, la muerte de su hijo y el parto infeliz de sus mal concebidas ideas; cuyo fatal éxîto fué causa de que los Ingleses no pensasen mas en Guayana ni en el Dorado; del qual trataré en el capítulo último de esta primera parte.

No así los Olandeses; porque estos entabláron en Guayana el trato del tabaco con tanto calor, que habia año que subian y baxaban nueve ó diez Fragatas cargadas37. Pero como despues se hubiese publicado la Real Cédula, en que su Magestad prohibió todo género de tratos con los Estrangeros, el Capitan Jansón, año 1579, socolor de cobrar la deudas atrasadas, se puso á vista de la Guayana con una Fragata armada en guerra, ocultos los Soldados baxo de la escotilla, para que los vecinos no los viesen; y al anochecer asaltó, saqueó y pegó fuego al Lugar. De los fundadores y vecinos, unos se refugiáron á Cumaná, otros se esforzáron á reedificar la Guayana en el lugar que tiene hoy, diez leguas mas abaxo de Caroní; para cuyo resguardo se fundó el Castillo, que despues fué saqueado por los Franceses juntamente con el Lugar, con tan poco útil del Corsario, que á costa de varios mercantes de la Martinica se habia armado, que él y ellos quedáron destruidos; porque   —30→   en la nueva Guayana no habia otra cosa que saquear sino desdichas; y así, su misma pobreza fué su mayor resguardo y defensa. Es verdad que despues se animáron los vecinos y gentes de la Guayana; y de los Llanos de Cumaná y Barcelona traxeron ganados y yeguas, de que han resultado crias, que dan jugo y utilidad. Fuera de esto, se restableció la siembra del tabaco y otros frutos, lo qual junto con el camino real que se abrió y se trajina á los Llanos de Cumaná, se ha hecho habitable y llevadero el sumo retiro ó destierro de la Guayana.

Por aquel mismo tiempo los Padres Ignacio Llauri y Julian de Vergara, despues de haber hecho mucho fruto en San Joseph de Oruña, Isla de la Trinidad, domesticáron reduxéron á vida civil á la Nacion Guayana; fundáron cinco Iglesias, y pusiéron todo esfuerzo en doctrinar aquellas gentes, como consta de los mismos libros de Bautismos, que hoy tienen en dichos Pueblos los RR. PP. Capuchinos, y yo los he visto y leido; pero como con la invasion del dicho Corsario quedó todo saqueado y destruido, muriéron muchos al rigor de la hambre; y entre ellos el Venerable Padre Llauri, Varon de abanzada edad y de conocida virtud, de quien hace mencion la Historia General de mi Provincia. El Padre Julian de Vergara tuvo órden de restituirse á las Misiones de Casanare, como lo executó despues de haber entregado los Pueblos Guayanos á un Religioso del Gran Patriarca Santo Domingo, y á un Padre Recoleto del Doctor de la Iglesia San Agustin. Poco despues tomáron posesion los RR. PP. Capuchinos, que hasta hoy cultivan aquella Nacion, sin que jamás   —31→   hayan pensado los Misioneros jesuitas volver á dichos Pueblos, y mas estando en manos de tan fervorosos y Apostólicos Operarios. La verdad cierta es ésta; y todo lo que se ha dicho en contrario, son palabras que se lleva el viento. Y mas quando media un compromiso hecho por los Superiores de las Misiones de Piritu de Padres Observantes de San Francisco, por el Prefecto de los Padres Misioneros Capuchinos y por el Superior de las Misiones de la Compañia de Jesus, con autoridad de su Padre Provincial Francisco Antonio Gonzalez; el qual compromiso autorizáron los Señores Gobernadores Don Cárlos de Sucre, que entraba, y Don Agustin de Arredondo, que salia de aquel Gobierno, año 1734. El qual aprobó la Magestad del Rey nuestro Señor, como muy conveniente al servicio de ambas Magestades; porque en dicho compromiso se señalan los terrenos y términos, á que cada uno, de los tres Cuerpos de Mision se debe, y puede estender en el cultivo y bien de aquellos Gentiles. Van dichas divisiones demarcadas y rotuladas en el Plan que puse al principio; y ojalá (como dixo allá Moysés) todos fuéran Profetas38, para que todas aquellas Naciones entrasen quanto ántes por la puerta de la Santa Iglesia.

Al tiempo que el Venerable Padre Llauri y su Compañero doctrinaban la nueva Guayána, trabajaba apostólicamente al Poniente del Orinoco aquel gran Siervo de Dios y Venerable Padre Caravantes, Religioso Capuchino, con los prodigios y fruto espiritual que se ve en su vida, que anda impresa   —32→   con general edificacion; pero debemos venerar los ocultos juicios de Dios; porque como gran parte de aquellas gentes, que convirtió y bautizó S. Luis Beltrán, gloria de la esclarecida Religion de Predicadores, en la Provincia de Santa Marta, se volviéron despues á su bárbara gentilidad, en que hoy persisten rebeldes á Dios y al Rey nuestro Señor: así en Orinoco apénas quedó rastro ni memoria del fruto, afanes y sudores del Venerable Padre Caravantes; y prevaleció la cizaña.

Pero ya es hora de dar á conocer el gran rio Orinoco, sus caudalosas corrientes las vertientes que recoge, su altura Polár y grados de longitud.






ArribaAbajoCapítulo II

Situacion del rio Orinoco, y caudal de aguas que recoge


Como quiera que cada rio es una cadena dilatada de muchas aguas enlazadas unas con otras, que se van deslizando por varios terrenos, segun la longitud de sus corrientes; siendo la del rio Orinoco de tantos centenares de leguas, quantas por el ayre corresponden á veinte y cinco grados y algo mas de longitud, que corren sus raudales, suman quinientas leguas; y otras tantas mas, que, dando vueltas y revueltas, se arrastra por tierra, buscando paso franco: no vasta pues (para la claridad que deseo) demarcar solamente la altura al Norte de sus bocas, para que todos entiendan la variedad del terreno que fecunda y baña el Orinoco; y así daré señas mas individuales. Su   —33→   boca grande, que llaman Boca de Navios, está en ocho grados y cinco minutos de latitud, y en trescientos diez y ocho grados de longitud. Dixe la Boca grande, que cae al Barlovento de la Costa; porque de ésta hasta la última, que entra en el Golfo Triste, hay notable diversidad; y es hallarse esta última boca, llamada Manabo pequeño, en trescientos y catorce grados de longitud esto es, quatro grados distante la primera boca de la última: tan dilatadas como esto son las fauces por donde el Orinoco se desagua. Es verdad que forman tal laberinto de Islas que despues de exquisitas diligencias para averiguar el número puntual de las bocas de Orinoco, que con ellas se forman, di por inasequible el empeño. La última diligencia que hice, fué congratular á un vecino de la Guayana, que habia vivido quince años en dichas Islas con los Indios Guaraúnos sus habitadores; por lo qual era tenido por el mas noticioso y práctico en las dichas bocas: fui formando el borrador segun lo que yo tenia demarcado, y lo que el tal práctico añadia, hasta que apuntadas ya casi treinta bocas por sus nombres, protestó que no sabia mas. Por esta causa, ni mi Plan, ni el de Mapista alguno es ni puede ser puntual en la individuacion de dichas bocas, que aun en la voz comun no hallan certidumbre: unos afirman que son quarenta bocas: otros que son cinquenta y cinco; y muchos dicen que son sesenta. Yo digo que todo es adivinar; porque sé que los mismos Guaraúnos, dueños de las Islas y de las bocas, no solo no saben el número de ellas, sino que muchas veces se pierden en el laberinto de caños, y se ven obligados á   —34→   salir al Golfo, para tomar el rumbo que perdiéron. Lo mismo ha sucedido y sucede á los pasageros, si no llevan Piloto diestro, tanto al ir al mar como al volver; y han perecido muchos de hambre, sin saberse en donde, sino por las señas de la Piragua que se encuentra abandonada: ni vale aquí dexarse llevar de la corriente (esto solo es bueno en las bocas y brazos caudalosos) en los demás, entretegidos unos con otros, suben y baxan las maréas con mas fuerza; por lo qual, lo que el Barco anda en seis horas, lo desanda en otras seis; y lo peor es que ni al andar ni al desandar saben los pasageros, si suben ó baxan, sino es los que llevan abuja, y quien la entienda.

Arriba, donde el rio Meta entra en Orinoco, se halla ya éste en solos dos grados de latitud, y en trescientos y seis de longitud. Después, en todo lo que tenemos registrado hasta el rio Guabiare y sus contornos, camina Orinoco á veces un grado, y á veces medio, apartado de la línea Equinocial, sí bien sus mas retiradas cabeceras, conocidas por tales en Timaná y Pasto, se apartan hasta grado y medio del Equinoccio.

Ahora es bien que tomando el Orinoco contra su corriente, registremos de paso las bocas de los caudalosos rios que recibe. Digo caudalosos, porque como en el Plan no puse de industria los rios pequeños, caños ni arroyos innumerables que recibe, para evitar la confusion, por la misma causa no haré aquí mencion sino de los rios de primera magnitud. Sea el primero de estos, como vamos rio arriba, el que realmente es último, si miramos á Orinoco agua abaxo. Llámase Caroní, distante de la Boca grande setenta   —35→   y seis leguas: es rio caudaloso, y sus cabeceras todas están, como indica el Mapa, de este lado de la gran Cordillera, que acompaña el Orinoco por la vanda del Súr, desde que nace en los Páramos de Pasto y Timaná, hasta que se descarga en el Occeano. Baxa Caroní precipitado continuamente entre peñascos: y una legua ántes de entrar en Orinoco, se desgaja con un formidable salto, con tal estrépito, que se dexa oir de muy léjos; de donde sale tan rápido, que al entrar rechaza las corrientes del Orinoco, un largo tiro de fusíl, con la evidente señal que distingue por largo espacio de rio abaxo las unas de las otras aguas; las del Orinoco siempre turbias en tiempo de lluvias por las crecientes, y en tiempo sereno por los vientos que levantan olage como en el golfo, y éste derriba barrancas, levanta arenas, y enturbia el agua: la del río Caroní corre con aspecto negro, por el fondo de arena negra que trae, y sobre que corre; pero cogida en en un39 vaso el agua que parecia negra, se ve clara como un cristal: es delgada y sana: y es voz comun de los Naturales, que aquella arena negra (que se aprecia mucho para las salvaderas) la extrae el rio Caroní de los minerales de plata, por donde dicen que pasa.

A ochenta leguas de Caroní (medidas por elevacion, porque atendiendo á las vueltas del Orinoco hay mucho mas de cien leguas) damos en la boca del rio Caura, que al primer aspecto, parece tan caudaloso como el mismo Orinoco, y entra también por el lado del Súr; de cuyas altas Serranías recoge su caudal: sus cabeceras son conocidas, y son como van expresadas en el Plan: está   —36→   su boca en cinco grados y medio de latitud, y en trescientos y doce de longitud; y ésta es puntualmente la altura, en la qual la carta última sobre las observaciones de los Científicos de la Real Academia de las Ciencias de París pone comunicacion mútua entre Marañón y Orinoco, por un brazo ó rio llamado Negro; y si bien en la longitud convienen, le ponen en un solo grado de latitud.

Monsieur Sansón Fer, Geógrafo particular de la Magestad Christianísima, en la Carta moderna de 1713 pone la misma comunicacion de aguas por el dicho rio Negro, en los mismos dichos grados, uno de latitud, y trescientos y doce de longitud. Bien sé que aquellos Señores, sutíles argos de las Ciencias, y linces para averiguar y establecer lo mas cierto, no solo no llevarán á mal, sino que apreciarán el que yo afirme, que despues de costeada una y muchas veces la dicha altura, y las demás de latitud y longitud, que baxa Orinoco bañando por la vanda del Súr, desde mas arriba del raudal Tabaje, situado en trescientos seis grados y medio de longitud, y un grado y quatro minutos de latitud: ni yo, ni Misionero alguno de los que continuamente navegan40 costeando el Orinoco, hemos visto entrar ni salir al tal rio Negro. Digo ni entrar ni salir, porque supuesta la dicha union de rios, restaba por averiguar de los dos, quién daba de beber á quien; pero la grande y dilatada cordillera que media entre Marañón y Orinoco, escusa á los rios de este cumplimiento, y á nosotros de esta duda. Fuera de que, aunque la cuidadosa observacion del Padre Samuél Fritz en su Plan del grande rio Marañón demarca la cabecera del rio Negro casi en   —37→   cinco grados de latitud, no se atreve á unirlo con el rio Orinoco; ni pudiera, sin romper una elevada Serranía, para dar paso al Orinoco ácia Marañón, ó al Marañón ácia el Orinoco. Finalmente, Guillermo y Juan Bleau41, en la Parte segunda de su Teatro ó Atlas nuevo y Monsieur Laet en la décima Parte de sus Recopilaciones, no ponen al tal rio Negro unido con Orinoco, ántes bien demarcan las cordilleras que separan á uno de otro rio. Verdad es que como estos Autores puramente recopilan variedad de noticias, mas me atengo á lo que vió el Padre Fritz en Marañón, y á lo que yo tengo visto con cuidado en Orinoco.

Ni obsta á lo dicho el que el Regio Historiador Herrera, el Reverendísimo Padre Fray Pedro Simón, y uno ú otro moderno se aleguen en contrario porque aunque aquellos por mas antiguos, y estos por otros debidos respetos, se deben apreciar y atender; con todo, habiéndose registrado muy de propósito por sugetos inteligentes y fidedignos los rios de Marañón42 y Orinoco, y escrito lo que hay, como testigos oculares, es necesario dexar la opinion dudosa, y seguir la mas averiguada, sin que esto sea desairar á los de la opinion antigua, como se ve á cada paso entre los Autores en todas las materias controvertidas de Geografía.

Y descendiendo al punto de la nuestra, véase á Herrera43, y se hallará que realmente confunde, no solamente las bocas del rio Marañón con   —38→   las del Orinoco, sino tambien el orígen y cabeceras de uno y otro rio: de aquí es, que el Reverendo Padre Fray Pedro Simón en su Historia del nuevo Reyno44, siguiendo al mismo Herrera, (á quien allí cita) robora y confirma la misma confusion que halló escrita, y dice: Que el Capitan Ordáz entró en el Marañón por la boca del Drago, que es lo mismo que si nos dixera: que el insigne Navío la Victoria, despues que dió vuelta á todo el mundo, entró en Guadalquivir, no por la Barra de San Lucar, sino por la de Bilbao; porque tanto como estas Barras distan tambien entre sí la boca de los Dragos, que es una (ó por mejor decir las unas) del Orinoco, de la boca del Felipe, que es una de las del rio Marañón; de modo que, como ya dixe, las bocas del Orinoco distan de las de Marañón trescientas leguas45.

Fuera de que el mismo Fray Pedro Simón46 se hace cargo de que otros juzgaban, que el Marañón entraba en el Mar mas al Este, como realmente sucede; y sin dar prueba alguna, añade una noticia curiosa, diciendo: Que ni éste ni el otro rio se llamáron Marañón, hasta que el Tirano Lope Aguirre les puso el nombre con sus marañas. Y concluye su capítulo, dexándolo todo en la misma duda47 en que lo halló, diciendo: Que sea ó no sea Marañón el rio Orinoco, así lo llamará quando ocurra hablar de él. De esta confusion nació despues el afirmar contra lo que despues ha mostrado la experiencia, que el rio Negro   —39→   iba ó venia (venciendo imposibles) y unia á los dos famosos rios; con lo qual quedó compuesto (pero no averiguado) «que el Tirano Aguirre navegó parte del rio Marañón; y después por el ideado paso del rio Negro se traspasó al rio del Orinoco, por cuyas bocas salió al mar del Norte».

Pero oigamos ya lo que el Padre Acuña de la Compañía de Jesus nos certifica en el Memorial que presentó al Rey nuestro Señor, de todo lo que exâctamente observó en la exploracion del Marañón por órden de la Real Audiencia de Quito: habla del rio Negro, que en el márgen le llama el Felipe, rio treinta y cinco; y dice: «Que un brazo del rio Negro se va y entra en el rio que llaman Mar dulce, que segun su parecer es la boca grande del Marañón, llamada rio de Felipe». Y luego añade el Padre Acuña: «Y lo que puedo asegurar es, que el tal rio de Felipe en ninguna manera es Orinoco; cuya boca principal cae enfrente de la Isla de la Trinidad, cien leguas (diga trescientas) mas abaxo del rio de Felipe; (nota) por el qual salió al mar del Norte Lope de Aguirre». Palabras son éstas, que á fuer de clarísima luz no dan lugar á la menor sombra de duda en esta controversia.

Y si alguno replicare que el tal brazo del rio Negro entra en el rio que llaman Mar dulce, segun el Padre Acuña: como quiera que el Almirante Colón48 y Herrera49 llamen Mar dulce al