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¡Al fin llegaron... desde el turbio Sena
Almas afines hay; bésalas Jove
¿A quién, Señor, compararé tu alteza
Arroja el precio vil; desesperado
A ti, de ingenio y luz raudal hirviente
Brote del labio lo que el pecho siente
Cien veces los miré, mas nunca supe
Cierto médico afamado
Con larga mano te otorgó, señora
Erré, cándido Gino, largo tiempo
Frenética ambición devora a César
¿Leíste alguna vez allá en el Tasso
Nunca manché con vil lisonja el plectro
¡Ojalá cada sol que te amanezca
Plangit Hesperia dominam Reginam
Por el perfume de azahar difuso
¿Por qué dicen, señora
Pueblos y villas y sagrados templos
Puso Dios en mis cántabras montañas
¿Quién pudiera atajar, dulce señora
¡Salve, alegre, genial Primavera
¡Salve, titán de la cerúlea frente
Si dura ley, señora
Siempre la tierra odié seca y desnuda
¡Ved!... ya la vida universal fermenta
Volaste, alma inocente, alma querida
Vuelve a mis manos, olvidada lira
Odas, epístolas y tragedias
de Marcelino Menéndez y Pelayo ; con una introducción de Juan Valera
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