  Don Álvaro o la fuerza del sino
Drama original en cinco jornadas, y en prosa y
verso
Duque de Rivas
[Nota preliminar: Edición digital a
partir de la de Madrid, Tomás Jordán, 1835 y la de
Obras Completas, tomo IV, Madrid, Biblioteca
Nueva, 1855. Edición cotejada con las de Alberto Sánchez (Madrid,
Cátedra, 1976), Ermanno Caldera (Madrid, Taurus, 1986), Carlos Ruiz
Silva (Madrid, Espasa-Calpe, Col. Austral, 1991) y la de Miguel Ángel
Lama (Barcelona, Crítica, 1994), siendo esta última la utilizada
como referencia de autoridad en la mayoría de los casos por su rigor.
Actualizamos la ortografía y la puntuación.]
AL EXCMO. SR. D. ANTONIO ALCALÁ
GALIANO
en prueba de constante y leal amistad en
próspera y adversa fortuna.
ÁNGEL DE SAAVEDRA,
DUQUE DE RIVAS
PERSONAS
|
|
| DON ÁLVARO. |
|
| EL MARQUÉS DE CALATRAVA. |
|
| DON CARLOS DE VARGAS,
su hijo. |
|
| DON ALFONSO DE VARGAS,
ídem. |
|
| DOÑA LEONOR,
ídem. |
|
| CURRA,
criada. |
|
| PRECIOSILLA,
gitana. |
|
| UN CANÓNIGO. |
|
| EL PADRE GUARDIÁN DEL CONVENTO DE LOS
ÁNGELES.
|
|
| EL HERMANO MELITÓN,
portero del
mismo. |
|
| PEDRAZA y OTROS OFICIALES. |
|
| UN CIRUJANO DE EJÉRCITO. |
|
| UN CAPELLÁN DE REGIMIENTO. |
|
| UN ALCALDE. |
|
| UN ESTUDIANTE. |
|
| MESONERO. |
|
| LA MOZA DEL MESÓN. |
|
| EL TÍO TRABUCO,
arriero. |
|
| EL TÍO PACO,
aguador. |
|
| EL CAPITÁN PREBOSTE. |
|
| UN SARGENTO. |
|
| UN ORDENANZA A CABALLO. |
|
| Soldados españoles. |
|
| Arrieros. |
|
| Lugareños. |
|
| Lugareñas. |
|
  Jornada primera
La escena es en Sevilla y sus alrededores
La escena representa la entrada del antiguo
puente de barcas de Triana, el que estará practicable a la derecha. En
primer término, al mismo lado, un aguaducho, o barraca de tablas y
lonas, con un letrero que diga: Agua de Tomares; dentro habrá un
mostrador rústico con cuatro grandes cántaros, macetas de flores,
vasos, un anafre con una cafetera de hoja de lata, y una bandeja con
azucarillos. Delante del aguaducho habrá bancos de pino. Al fondo se
descubrirá de lejos parte del arrabal de Triana, la huerta de los
Remedios con sus altos cipreses, el río y varios barcos en él,
con flámulas y gallardetes. A la izquierda se verá en lontananza
la Alameda. Varios habitantes de Sevilla cruzarán en todas direcciones
durante la escena. El cielo demostraráel ponerse el sol en una tarde de
julio, y al descorrerse el telón aparecerán:
EL TÍO PACO, detrás del mostrador en
mangas de camisa;
EL OFICIAL, bebiendo un vaso de agua, y de pie;
PRECIOSILLA, a su lado templando una guitarra;
EL MAJO y los
DOS HABITANTES DE SEVILLA, sentados en los
bancos.
Escena I
|
|
|
OFICIAL.-
Vamos, Preciosilla, cántanos
la rondeña. Pronto, pronto: ya está bien templada.
|
|
|
PRECIOSILLA.-
Señorito, no sea su merced tan
súpito. Déme antes esa mano, y le diré la
buenaventura.
|
|
|
OFICIAL.-
Quita, que no quiero
zalamerías. Aunque efectivamente tuvieras la habilidad de decirme lo que
me ha de suceder, no quisiera oírtelo... Sí, casi siempre
conviene el ignorarlo.
|
|
|
MAJO.-
(Levantándose.) Pues yo
quiero que me diga la buenaventura esta prenda. He aquí mi mano.
|
|
|
PRECIOSILLA.-
Retire usted allá esa
porquería... ¡Jesús, ni verla quiero, no sea que se encele
aquella niña de los ojos grandes!
|
|
|
MAJO.-
(Sentándose.)
¡Qué se ha de encelar de ti, pendón!
|
|
|
PRECIOSILLA.-
Vaya, saleroso, no se cargue usted de
estera; convídeme a alguna cosita.
|
|
|
MAJO.-
Tío Paco, déle usted un
vaso de agua a esta criatura, por mi cuenta.
|
|
|
PRECIOSILLA.-
¿Y con panal?
|
|
|
OFICIAL.-
Sí, y después que te refresques el garguero y que
te endulces la boca, nos cantarás las corraleras.
|
|
|
(El aguador sirve un vaso de agua con panal a
PRECIOSILLA, y el
OFICIAL se sienta junto al
MAJO.)
|
|
|
HABITANTE 1º.-
Hola; aquí viene el
señor canónigo.
|
Escena II
|
|
|
CANÓNIGO.-
Buenas tardes, caballeros.
|
|
|
HABITANTE 2º.-
Temíamos no tener la dicha de
ver a su merced esta tarde, señor canónigo.
|
|
|
CANÓNIGO.-
(Sentándose y limpiándose
el sudor.) ¿Qué persona de buen gusto, viviendo en
Sevilla, puede dejar de venir todas las tardes de verano a beber la deliciosa
agua de Tomares, que con tanta limpieza y pulcritud nos da el tío Paco,
y a ver un ratito este puente de Triana, que es lo mejor del mundo?
|
|
|
HABITANTE 1º.-
Como ya se está poniendo el
sol...
|
|
|
CANÓNIGO.-
Tío Paco, un vasito de la
fresca.
|
|
|
TÍO PACO.-
Está usía muy sudado;
en descansando un poquito le daré el refrigerio.
|
|
|
MAJO.-
Dale a su señoría el
agua templada.
|
|
|
CANÓNIGO.-
No, que hace mucho calor.
|
|
|
MAJO.-
Pues yo templada la he bebido, para
tener el pecho suave, y poder entonar el Rosario por el barrio de la
Borcinería, que a mí me toca esta noche.
|
|
|
OFICIAL.-
Para suavizar el pecho, mejor es un
trago de aguardiente.
|
|
|
MAJO.-
El aguardiente es bueno para sosegarlo
después de haber cantado la letanía.
|
|
|
OFICIAL.-
Yo lo tomo antes y después de
mandar el ejercicio.
|
|
|
PRECIOSILLA.-
(Habrá estado punteando la
guitarra, y dirá al
MAJO:) Oiga usted, rumboso, ¿y
cantará usted esta noche la letanía delante del balcón de
aquella persona?...
|
|
|
CANÓNIGO.-
Las cosas santas se han de tratar
santamente. Vamos. ¿Y qué tal los toros de ayer?
|
|
|
MAJO.-
El toro berrendo, de Utrera,
salió un buen bicho, muy pegajoso... Demasiado.
|
|
|
HABITANTE 1º.-
Como que se me figura que le tuvo
usted asco.
|
|
|
MAJO.-
Compadre, alto allá, que yo soy
muy duro de estómago... Aquí está mi capa,
(Enseña un
desgarrón.) diciendo por esta boca que no anduvo muy lejos.
|
|
|
HABITANTE 2º.-
No fue la corrida tan buena como la
anterior.
|
|
|
PRECIOSILLA.-
¡Como que ha faltado en ella
don Álvaro el indiano, que a caballo y a pie es el mejor torero que
tiene España!
|
|
|
MAJO.-
Es verdad, que es todo un hombre, muy
duro con el ganado, y muy echado adelante.
|
|
|
PRECIOSILLA.-
Y muy buen mozo.
|
|
|
HABITANTE 1º.-
¿Y por qué no se
presentaría ayer en la plaza?
|
|
|
OFICIAL.-
Harto tenía que hacer con
estarse llorando el mal fin de sus amores.
|
|
|
MAJO.-
Pues, qué, ¿lo ha
plantado ya la hija del señor marqués?...
|
|
|
OFICIAL.-
No; doña Leonor no lo ha
plantado a él, pero el marqués la ha trasplantado a ella.
|
|
|
HABITANTE 2º.-
¿Cómo?...
|
|
|
HABITANTE 1º.-
Amigo, el señor marqués
de Calatrava tiene mucho copete, y sobrada vanidad para permitir que un
advenedizo sea su yerno.
|
|
|
OFICIAL.-
¿Y qué más
podía apetecer su señoría, que el ver casada a su hija
(que, con todos sus pergaminos, está muerta de hambre), con un hombre
riquísimo y cuyos modales están pregonando que es un
caballero?
|
|
|
PRECIOSILLA.-
¡Si los señores de
Sevilla son vanidad y pobreza todo en una pieza! Don Álvaro es digno de
ser marido de una emperadora... ¡Qué gallardo!...
¡Qué formal y qué generoso!... Hace pocos días que
le dije la buenaventura (y por cierto no es buena la que le espera si las rayas
de la mano no mienten), y me dio una onza de oro como un sol de
mediodía.
|
|
|
TÍO PACO.-
Cuantas veces viene aquí a
beber me pone sobre el mostrador una peseta columnaria.
|
|
|
MAJO.-
¡Y vaya un hombre valiente!
Cuando en la Alameda Vieja le salieron aquella noche los siete hombres
más duros que tiene Sevilla, metió mano y me los acorraló
a todos contra las tapias del picadero.
|
|
|
OFICIAL.-
Y en el desafío que tuvo con
el capitán de artillería se portó como un caballero.
|
|
|
PRECIOSILLA.-
El marqués de Calatrava es un
vejete tan ruin, que por no aflojar la mosca, y por no gastar...
|
|
|
OFICIAL.-
Lo que debía hacer don
Álvaro era darle una paliza que...
|
|
|
CANÓNIGO.-
Paso, paso, señor militar. Los
padres tienen derecho de casar a sus hijas con quien les convenga.
|
|
|
OFICIAL.-
¿Y por qué no le ha de
convenir don Álvaro? ¿Porque no ha nacido en Sevilla?... Fuera de
Sevilla nacen también caballeros.
|
|
|
CANÓNIGO.-
Fuera de Sevilla nacen también
caballeros, sí señor; pero... ¿lo es don Álvaro?...
Sólo sabemos que ha venido de Indias hace dos meses, y que ha
traído dos negros y mucho dinero... ¿Pero quién es?...
|
|
|
HABITANTE 1º.-
Se dicen tantas y tales cosas de
él...
|
|
|
HABITANTE 2º.-
Es un ente muy misterioso.
|
|
|
TÍO PACO.-
La otra tarde estuvieron aquí
unos señores hablando de lo mismo, y uno de ellos dijo que el tal don
Álvaro había hecho sus riquezas siendo pirata...
|
|
|
MAJO.-
¡Jesucristo!
|
|
|
TÍO PACO.-
Y otro, que don Álvaro era hijo
bastardo de un grande de España, y de una reina mora...
|
|
|
OFICIAL.-
¡Qué disparate!
|
|
|
TÍO PACO.-
Y luego dijeron que no, que era... No
lo puedo declarar..., finca... o brinca... Una cosa así..., así
como... una cosa muy grande allá de la otra banda.
|
|
|
OFICIAL.-
¿Inca?
|
|
|
TÍO PACO.-
Sí, señor, eso: inca...
inca.
|
|
|
CANÓNIGO.-
Calle usted, tío Paco, no diga
sandeces.
|
|
|
TÍO PACO.-
Yo nada digo, ni me meto en honduras;
para mí, cada uno es hijo de sus obras, y en siendo buen cristiano y
caritativo...
|
|
|
PRECIOSILLA.-
Y generoso y galán.
|
|
|
OFICIAL.-
El vejete roñoso del
marqués de Calatrava hace muy mal en negarle su hija.
|
|
|
CANÓNIGO.-
Señor militar, el señor
marqués hace muy bien. El caso es sencillísimo. Don Álvaro
llegó hace dos meses, nadie sabe quién es. Ha pedido en
casamiento a doña Leonor, y el marqués, no juzgándolo buen
partido para su hija, se la ha negado. Parece que la señorita estaba
encaprichadilla, fascinada, y el padre se la ha llevado al campo, a la hacienda
que tiene en el Aljarafe, para distraerla. En todo lo cual el señor
marqués se ha comportado como persona prudente.
|
|
|
OFICIAL.-
Y don Álvaro,
¿qué hará?
|
|
|
CANÓNIGO.-
Para acertarlo debe buscar otra
novia, porque si insiste en sus descabelladas pretensiones, se expone a que los
hijos del señor marqués vengan, el uno de la universidad, y el
otro del regimiento, a sacarle de los cascos los amores de doña
Leonor.
|
|
|
OFICIAL.-
Muy partidario soy de don
Álvaro, aunque no le he hablado en mi vida, y sentiría verlo
empeñado en un lance con don Carlos, el hijo mayorazgo del
marqués. Le he visto el mes pasado en Barcelona, y he oído contar
los dos últimos desafíos que ha tenido y ya se le puede
ayunar.
|
|
|
CANÓNIGO.-
Es uno de los oficiales más
valientes del regimiento de Guardias Españolas, donde no se chancea en
esto de lances de honor.
|
|
|
HABITANTE 1º.-
Pues el hijo segundo del señor
marqués, el don Alfonso, no le va en zaga. Mi primo, que acaba de llegar
de Salamanca, me ha dicho que es el coco de la universidad, más
espadachín que estudiante, y que tiene metidos en un puño a los
matones sopistas.
|
|
|
MAJO.-
¿Y desde cuándo
está fuera de Sevilla la señorita doña Leonor?
|
|
|
OFICIAL.-
Hace cuatro días que se la
llevó el padre a su hacienda, sacándola de aquí a las
cinco de la mañana, después de haber estado toda la noche hecha
la casa un infierno.
|
|
|
PRECIOSILLA.-
¡Pobre niña!...
¡Qué linda que es, y qué salada!... Negra suerte le
espera... Mi madre la dijo la buenaventura, recién nacida, y siempre que
la nombra se le saltan las lágrimas... Pues el generoso don
Álvaro...
|
|
|
HABITANTE 1º.-
En nombrando el ruin de Roma, luego
asoma... Allí viene don Álvaro.
|
Escena III
Empieza a anochecer, y se va oscureciendo el
teatro.
DON ÁLVARO sale embozado en una capa de seda,
con un gran sombrero blanco, botines y espuelas; cruza lentamente la escena
mirando con dignidad y melancolía a todos lados, y se va por el puente.
Todos le observan en gran silencio.
Escena IV
|
|
|
MAJO.-
¿Adónde irá a
estas horas?
|
|
|
CANÓNIGO.-
A tomar el fresco al Altozano.
|
|
|
TÍO PACO.-
Dios vaya con él.
|
|
|
MILITAR.-
¿A qué va al
Aljarafe?
|
|
|
TÍO PACO.-
Yo no sé, pero como estoy
siempre aquí de día y de noche, soy un vigilante centinela de
cuanto pasa por esta puente... Hace tres días que a media tarde pasa por
ella hacia allá un negro con dos caballos de mano, y que don
Álvaro pasa a estas horas; y luego a las cinco de la mañana
vuelve a pasar hacia acá, siempre a pie, y como media hora
después pasa el negro con los mismos caballos llenos de polvo y de
sudor.
|
|
|
CANÓNIGO.-
¿Cómo?...
¿Qué me cuenta usted, tío Paco?...
|
|
|
TÍO PACO.-
Yo, nada; digo lo que he visto; y
esta tarde ya ha pasado el negro, y hoy no lleva dos caballos, sino tres.
|
|
|
HABITANTE 1º.-
Lo que es atravesar el puente hacia
allá a estas horas, he visto yo a don Álvaro tres tardes
seguidas.
|
|
|
MAJO.-
Y yo he visto ayer, a la salida de
Triana, al negro con los caballos.
|
|
|
HABITANTE 2º.-
Y anoche, viniendo yo de San Juan de
Alfarache, me paré en medio del olivar a apretar las cinchas a mi
caballo, y pasó a mi lado, sin verme y a escape, don Álvaro, como
alma que llevan los demonios, y detrás iba el negro. Los conocí
por la jaca torda, que no se puede despintar... ¡Cada relámpago
que daban las herraduras!...
|
|
|
CANÓNIGO.-
(Levantándose y aparte.)
¡Hola! ¡hola!... Preciso es dar aviso al señor
marqués.
|
|
|
MILITAR.-
Me alegraría de que la
niña traspusiese una noche con su amante, y dejara al vejete
pelándose las barbas.
|
|
|
CANÓNIGO.-
Buenas noches, caballeros; me voy,
que empieza a ser tarde.
(Aparte,
yéndose.) Sería faltar a la amistad no avisar al instante
al marqués de que don Álvaro le ronda la hacienda. Tal vez
podamos evitar una desgracia.
|
Escena V
|
|
|
El teatro representa una sala colgada de
damasco, con retratos de familia, escudos de armas y los adornos que se
estilaban en el siglo pasado, pero todo deteriorado, y habrá dos
balcones, uno cerrado y otro abierto y practicable, por el que se verá
un cielo puro, iluminado por la luna, y algunas copas de árboles. Se
pondrá en medio una mesa con tapete de damasco, y sobre ella
habrá una guitarra, vasos chinescos con flores, y dos candeleros de
plata con velas, únicas luces que alumbrarán la escena. Junto a
la mesa habrá un sillón. Por la izquierda entrará el
MARQUÉS DE CALATRAVA con una palmatoria en la
mano, y detrás de él
DOÑA LEONOR, y por la derecha entra la
CRIADA.
|
|
| MARQUÉS |
|
(Abrazando y besando a su hija.)
|
| Buenas noches, hija mía; |
|
| hágate una santa el cielo. |
|
| Adiós, mi amor, mi consuelo, |
|
| mi esperanza, mi alegría. |
|
| No dirás que no es galán |
5 |
| tu padre. No descansara |
|
| si hasta aquí no te alumbrara |
|
| todas las noches... Están |
|
| abiertos estos balcones |
|
|
(Los cierra.)
|
| y entra relente... Leonor... |
10 |
| ¿Nada me dice tu amor? |
|
| ¿Por qué tan triste te pones? |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
(Abatida y turbada.)
|
| Buenas noches, padre mío. |
|
|
|
| MARQUÉS |
| Allá para Navidad |
|
| iremos a la ciudad, |
15 |
| cuando empiece el tiempo frío. |
|
| Y para entonces traeremos |
|
| al estudiante, y también |
|
| al capitán. Que les den |
|
| permiso a los dos haremos. |
20 |
| ¿No tienes gran impaciencia |
|
| por abrazarlos? |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
¿Pues no?
|
|
| ¿Qué más puedo anhelar yo? |
|
|
|
| MARQUÉS |
| Los dos lograrán licencia. |
|
| Ambos tienen mano franca, |
25 |
| condición que los abona, |
|
| y Carlos, de Barcelona, |
|
| y Alfonso, de Salamanca, |
|
| ricos presentes te harán. |
|
| Escríbeles tú, tontilla, |
30 |
| y algo que no haya en Sevilla |
|
| pídeles, y lo traerán. |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| Dejarlo será mejor |
|
| a su gusto delicado. |
|
|
|
| MARQUÉS |
| Lo tienen, y muy sobrado. |
35 |
| Como tú quieras, Leonor. |
|
|
|
| CURRA |
| Si, como a usted, señorita, |
|
| carta blanca se me diera, |
|
| a don Carlos le pidiera |
|
| alguna bata bonita |
40 |
| de Francia. Y una cadena |
|
| con su broche de diamante |
|
| al señorito estudiante, |
|
| que en Madrid la hallará buena. |
|
|
|
| MARQUÉS |
| Lo que gustes, hija mía. |
45 |
| Sabes que el ídolo eres |
|
| de tu padre... ¿No me quieres? |
|
|
(La abraza y besa tiernamente.)
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
(Afligida.)
|
| ¡Padre!... ¡Señor!... |
|
|
| MARQUÉS. |
|
La alegría
|
|
| vuelva a ti, prenda del alma; |
|
| piensa que tu padre soy, |
50 |
| y que de continuo estoy |
|
| soñando tu bien... La calma |
|
| recobra, niña... En verdad, |
|
| desde que estamos aquí, |
|
| estoy contento de ti. |
55 |
| Veo la tranquilidad |
|
| que con la campestre vida |
|
| va renaciendo en tu pecho, |
|
| y me tienes satisfecho; |
|
| sí, lo estoy mucho, querida. |
60 |
| Ya se me ha olvidado todo; |
|
| eres muchacha obediente, |
|
| y yo seré diligente |
|
| en darte un buen acomodo |
|
| Sí, mi vida... ¿quién mejor |
65 |
| sabrá lo que te conviene, |
|
| que un tierno padre, que tiene |
|
| por ti el delirio mayor? |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
(Echándose en brazos de su padre con
gran desconsuelo.)
|
| ¡Padre amado!... ¡Padre mío! |
|
|
|
| MARQUÉS |
| Basta, basta... ¿Qué te agita? |
70 |
|
(Con gran ternura.)
|
| Yo te adoro, Leonorcita; |
|
| no llores... ¡Qué desvarío! |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
|
| MARQUÉS |
|
(Acariciándola y desasiéndose
de sus brazos.)
|
|
Adiós, mi bien.
|
|
| A dormir, y no lloremos. |
|
| Tus cariñosos extremos |
75 |
| el cielo bendiga. Amén. |
|
|
|
|
(Vase el
MARQUÉS, y queda
LEONOR muy abatida y llorosa sentada en el
sillón.)
|
Escena VI
|
|
|
CURRA va detrás del
MARQUÉS, cierra la puerta por donde
aquél se ha ido, y vuelve cerca de
LEONOR.
|
|
| CURRA |
| ¡Gracias a Dios!... Me temí |
|
| que todito se enredase, |
|
| y que señor se quedase |
|
| hasta la mañana aquí. |
80 |
| ¡Qué listo cerró el balcón!... |
|
| Que por el del palomar |
|
| vamos las dos a volar |
|
| le dijo su corazón. |
|
| Abrirlo sea lo primero; |
85 |
|
(Ábrelo.)
|
| ahora lo segundo es |
|
| cerrar las maletas. Pues |
|
| salgan ya de su agujero. |
|
|
|
|
(Saca
CURRA unas maletas y ropa, y se pone a arreglarlo todo
sin que en ello repare
DOÑA LEONOR.)
|
|
| DOÑA LEONOR |
| ¡Infeliz de mí!... ¡Dios
mío!
|
|
| ¿Por qué un amoroso padre, |
90 |
| que por mí tanto desvelo |
|
| tiene, y cariño tan grande, |
|
| se ha de oponer tenazmente |
|
| (¡ay, el alma se me parte!...) |
|
| a que yo dichosa sea, |
95 |
| y pueda feliz llamarme?... |
|
| ¿Cómo, quien tanto me quiere |
|
| puede tan cruel mostrarse? |
|
| Más dulce mi suerte fuera |
|
| si aun me viviera mi madre. |
100 |
|
|
| CURRA |
| ¿Si viviera la señora?... |
|
| ¡Usted está delirante! |
|
| Más vana que señor era; |
|
| señor al cabo es un ángel, |
|
| ¡Pero ella!... Un genio tenía |
105 |
| y un copete... Dios nos guarde. |
|
| Los señores de esta tierra |
|
| son todos de un mismo talle. |
|
| Y si alguna señorita |
|
| busca un novio que le cuadre, |
110 |
| como no esté en pergaminos |
|
| envuelto, levantan tales |
|
| alaridos... ¿Mas qué importa |
|
| cuando hay decisión bastante? |
|
| Pero no perdamos tiempo; |
115 |
| venga usted, venga a ayudarme, |
|
| porque yo no puedo sola... |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| ¡Ay, Curra!... ¡Si penetrases |
|
| cómo tengo el alma! Fuerza |
|
| me falta hasta para alzarme |
120 |
| de esta silla... ¡Curra, amiga! |
|
| Lo confieso, no lo extrañes, |
|
| no me resuelvo; imposible... |
|
| Es imposible. ¡Ah!... ¡Mi padre! |
|
| Sus palabras cariñosas, |
125 |
| sus extremos, sus afanes, |
|
| sus besos y sus abrazos, |
|
| eran agudos puñales |
|
| que el pecho me atravesaban. |
|
| Si se queda un solo instante |
130 |
| no hubiera más resistido... |
|
| Ya iba a sus pies a arrojarme, |
|
| y confundida, aterrada, |
|
| mi proyecto a revelarle; |
|
| y a morir, ansiando sólo |
135 |
| que su perdón me acordase. |
|
|
|
| CURRA |
| ¡Pues hubiéramos quedado |
|
| frescas, y echado un buen lance! |
|
| Mañana vería usted |
|
| revolcándose en su sangre, |
140 |
| con la tapa de los sesos, |
|
| levantada, al arrogante, |
|
| al enamorado, al noble |
|
| don Álvaro. O arrastrarle |
|
| como un malhechor, atado, |
145 |
| por entre estos olivares |
|
| a la cárcel de Sevilla; |
|
| y allá para Navidades, |
|
| acaso, acaso en la horca. |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| ¡Ay, Curra!... El alma me partes. |
150 |
|
|
| CURRA |
| Y todo esto, señorita, |
|
| porque la desgracia grande |
|
| tuvo el infeliz de veros, |
|
| y necio de enamorarse |
|
| de quien no le corresponde, |
155 |
| ni resolución bastante |
|
| tiene para... |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
Basta, Curra;
|
|
| no mi pecho despedaces. |
|
| ¿Yo a su amor no correspondo? |
|
| Que le correspondo sabes... |
160 |
| Por él, mi casa y familia, |
|
| mis hermanos y mi padre |
|
| voy a abandonar, y sola... |
|
|
|
| CURRA |
| Sola no, que yo soy alguien, |
|
| y también Antonio va, |
165 |
| y nunca en ninguna parte |
|
| la dejaremos... ¡Jesús! |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
|
| CURRA |
|
Día grande.
|
|
| Usted, la adorada esposa |
|
| será del más adorable, |
170 |
| rico y lindo caballero |
|
| que puede en el mundo hallarse, |
|
| y yo, la mujer de Antonio. |
|
| Y a ver tierras muy distantes |
|
| iremos ambas... ¡Qué bueno! |
175 |
|
|
| DOÑA LEONOR |
| ¿Y mi anciano y tierno padre? |
|
|
|
| CURRA |
| ¿Quién?... ¿Señor?... Rabiará
un poco,
|
|
| pateará, contará el lance |
|
| al Capitán general |
|
| con sus pelos y señales; |
180 |
| fastidiará al asistente, |
|
| y también a sus compadres |
|
| el canónigo, el jurado |
|
| y los vejetes maestrantes; |
|
| saldrán mil requisitorias |
185 |
| para buscarnos en balde, |
|
| cuando nosotras estemos |
|
| ya seguritas en Flandes. |
|
| Desde allí escribirá usted, |
|
| y comenzará a templarse |
190 |
| señor, y a los nueve meses, |
|
| cuando sepa hay un infante, |
|
| que tiene sus mismos ojos, |
|
| empezará a consolarse. |
|
| Y nosotras, chapurrando, |
195 |
| que no nos entienda nadie, |
|
| volveremos de allí a poco, |
|
| a que con festejos grandes |
|
| nos reciban, y todito |
|
| será banquetes y bailes. |
200 |
|
|
| DOÑA LEONOR |
| ¿Y mis hermanos del alma? |
|
|
|
| CURRA |
| ¡Toma! ¡Toma!... Cuando agarren |
|
| del generoso cuñado, |
|
| uno, con que hacer alarde |
|
| de vistosos uniformes |
205 |
| y con que rendir beldades; |
|
| y el otro, para libracos, |
|
| merendonas y truhanes, |
|
| reventarán de alegría. |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| No corre en tus venas sangre. |
210 |
| ¡Jesús, y qué cosas tienes! |
|
|
|
| CURRA |
| Porque digo las verdades. |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
|
| CURRA |
| Desdichada, por cierto grande |
|
| el ser adorado dueño |
215 |
| del mejor de los galanes. |
|
| Pero vamos, señorita, |
|
| ayúdeme usted, que es tarde. |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| Sí, tarde es, y aún no parece |
|
| don Álvaro... ¡Oh, si faltase |
220 |
| esta noche!...¡Ojalá!...¡Cielos!... |
|
| Que jamás estos umbrales |
|
| hubiera pisado, fuera |
|
| mejor... No tengo bastante |
|
| resolución..., lo confieso. |
225 |
| Es tan duro el alejarse |
|
| así de su casa... ¡Ay, triste! |
|
|
(Mira el reloj y sigue en
inquietud.)
|
| Las doce han dado... ¡Qué tarde |
|
| es ya, Curra! No, no viene. |
|
| ¿Habrá en esos olivares |
230 |
| tenido algún mal encuentro? |
|
| Hay siempre en el Aljarafe |
|
| tan mala gente... Y Antonio |
|
| ¿estará alerta? |
|
|
| CURRA |
|
Indudable
|
|
| es que está de centinela... |
235 |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
(Con gran sobresalto.)
|
| ¡Curra!... ¿Qué suena?...
¿Escuchaste?
|
|
|
|
| CURRA |
|
|
| DOÑA LEONOR |
| ¡Ay, él es...! |
|
(Corre al balcón.)
|
|
|
| CURRA |
|
Si que faltase
|
|
| era imposible... |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
¡Dios mío!
|
|
|
(Muy agitada.)
|
|
|
| CURRA |
| Pecho al agua, y adelante. |
240 |
|
Escena VII
|
|
|
DON ÁLVARO, en cuerpo, con
una jaquetilla de mangas perdidas sobre una rica chupa de majo, redecilla,
calzón de ante, etc., entra por el balcón y se echa en brazos de
LEONOR.
|
|
| DON ÁLVARO |
|
(Con gran vehemencia.)
|
| ¡Ángel consolador del alma
mía!
|
|
| ¿Van ya los santos cielos |
|
| a dar corona eterna a mis desvelos? |
|
| Me ahoga la alegría... |
|
| ¿Estamos abrazados |
245 |
| para no vernos nunca separados? |
|
| Antes, antes la muerte |
|
| que de ti separarme y que perderte. |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
(Muy agitada.)
|
| ¡Don Álvaro! |
|
|
| DON ÁLVARO |
|
Mi bien, mi Dios, mi todo
|
|
| ¿Qué te agita y te turba de tal modo? |
250 |
| ¿Te turba el corazón ver que tu amante |
|
| se encuentra en este instante |
|
| más ufano que el sol?... ¡Prenda adorada! |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
|
| DON ÁLVARO |
|
¿Estabas enojada
|
|
| porque tardé en venir? De mi retardo |
255 |
| no soy culpado, no, dulce señora; |
|
| hace más de una hora |
|
| que despechado aguardo |
|
| por los alrededores |
|
| la ocasión de llegar, y ya temía |
260 |
| que de mi adversa estrella los rigores |
|
| hoy deshicieran la esperanza mía. |
|
| Mas no, mi bien, mi gloria, mi consuelo; |
|
| protege nuestro amor el santo cielo, |
|
| y una carrera eterna de ventura, |
265 |
| próvido a nuestras plantas asegura. |
|
| El tiempo no perdamos. |
|
| ¿Está ya todo listo? Vamos, vamos, |
|
|
|
| CURRA |
| Sí; bajo del balcón, Antonio, el guarda, |
|
| las maletas espera; |
270 |
| las echaré al momento. |
|
(Va hacia el balcón.)
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
(Resuelta.)
|
|
Curra, aguarda
|
|
| detente...: ¡Ay Dios! ¿No fuera, |
|
| don Álvaro, mejor?... |
|
|
| DON ÁLVARO |
|
¿Qué, encanto mío?...
|
|
| ¿Por qué tiempo perder?... La jaca torda, |
|
| la que, cual dices tú, los campos borda. |
275 |
| la que tanto te agrada |
|
| por su obediencia y brío, |
|
| para ti está, mi dueña, enjaezada. |
|
| Para Curra el overo. |
|
| Para mí el alazán gallardo y fiero... |
280 |
| ¡Oh, loco estoy de amor y de alegría! |
|
| En San Juan de Alfarache, preparado |
|
| todo, con gran secreto, lo he dejado. |
|
| El sacerdote en el altar espera; |
|
| Dios nos bendecirá desde su esfera; |
285 |
| y cuando el nuevo sol en el oriente |
|
| protector de mi estirpe soberana, |
|
| numen eterno en la región indiana, |
|
| la regia pompa de su trono ostente, |
|
| monarca de la luz, padre del día, |
290 |
| yo tu esposo seré, tú esposa mía. |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| Es tan tarde... ¡Don Álvaro! |
|
|
| DON ÁLVARO |
|
(A
CURRA.)
|
|
Muchacha
|
|
| ¿qué te detiene ya? Corre, despacha; |
|
| por el balcón esas maletas, luego |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
(Fuera de sí.)
|
| Curra, Curra, detente. |
295 |
| ¡Don Álvaro! |
|
|
| DON ÁLVARO |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
¡Dejadlo os ruego
|
|
| para mañana! |
|
|
| DON ÁLVARO |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
|
| DON ÁLVARO |
|
(Demudado y confuso.)
|
| ¿Qué es esto, qué, Leonor? ¿Te falta
ahora
|
|
| resolución?... ¡Ay yo desventurado! |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| ¡Don Álvaro! ¡Don Álvaro!
|
|
|
| DON ÁLVARO |
|
|
| DOÑA LEONOR |
| . ¡Ay! me partís el alma... |
|
|
| DON ÁLVARO |
|
Destrozado
|
|
| tengo yo el corazón... ¿Dónde está,
dónde,
|
|
| vuestro amor, vuestro firme juramento? |
|
| Mal con vuestra palabra corresponde |
|
| tanta irresolución en tal momento. |
305 |
| ¡Tan súbita mudanza!... |
|
| No os conozco, Leonor. ¿Llevóse el viento |
|
| de mi delirio toda la esperanza? |
|
| Sí, he cegado en el punto |
|
| en que alboraba el más risueño día. |
310 |
| Me sacarán difunto |
|
| de aquí, cuando inmortal salir creía. |
|
| Hechicera engañosa, |
|
| ¿la perspectiva hermosa |
|
| que falaz me ofreciste así deshaces? |
315 |
| ¡Pérfida! ¿Te complaces |
|
| en levantarme al trono del Eterno, |
|
| para después hundirme en el infierno?... |
|
| ¿Sólo me resta ya?... |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
(Echándose en sus brazos.)
|
|
No, no, te adoro.
|
|
| ¡Don Álvaro!... ¡Mi bien!... vamos,
sí, vamos.
|
320 |
|
|
| DON ÁLVARO |
|
|
| CURRA |
|
|
| DON ÁLVARO |
| ¡Mi encanto! ¡Mi tesoro! |
|
(DOÑA LEONOR muy abatida
se apoya en el hombro de
DON ÁLVARO, con muestras de
desmayarse.)
|
| ¿Mas qué es esto?... ¡Ay de mí!...
¡Tu mano yerta
|
|
| Me parece la mano de una muerta... |
|
| Frío está tu semblante |
325 |
| como la losa de un sepulcro helado... |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
|
| DON ÁLVARO |
|
¡Leonor!
(Pausa.) Fuerza bastante
|
|
| hay para todo en mí... ¡Desventurado! |
|
| La conmoción conozco que te agita, |
|
| inocente Leonor. Dios no permita |
330 |
| que por debilidad en tal momento |
|
| sigas mis pasos, y mi esposa seas. |
|
| Renuncio a tu palabra y juramento; |
|
| hachas de muerte las nupciales teas |
|
| fueran para los dos... Si no me amas, |
335 |
| como te amo yo a ti... Si arrepentida... |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| Mi dulce esposo, con el alma y vida |
|
| es tuya tu Leonor; mi dicha fundo |
|
| en seguirte hasta el fin del ancho mundo. |
|
| Vamos, resuelta estoy, fijé mi suerte; |
340 |
| separarnos podrá sólo la muerte. |
|
|
|
|
(Van hacia el balcón, cuando de repente
se oye ruido, ladridos, y abrir y cerrar puertas.)
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
¡Dios mío!
¿Qué ruido es éste? ¡Don Álvaro!
|
|
|
CURRA.-
Parece que han abierto la puerta del
patio... y la de la escalera...
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
¿Se habrá puesto malo
mi padre?...
|
|
|
CURRA.-
¡Qué! No señora,
el ruido viene de otra parte.
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
¿Habrá llegado alguno de
mis hermanos?
|
|
|
DON ÁLVARO.-
Vamos, vamos, Leonor, no perdamos un
instante.
|
|
|
(Vuelven hacia el balcón, y de repente
se ve por él el resplandor de hachones de viento, y se oye galopar
caballos.)
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
Somos perdidos... Estamos
descubiertos... Imposible es la fuga.
|
|
|
DON ÁLVARO.-
Serenidad es necesario en todo
caso.
|
|
|
CURRA.-
La Virgen del Rosario nos valga, y las
ánimas benditas... ¿Qué será de mi pobre Antonio?
(Se asoma al balcón y grita.)
Antonio, Antonio.
|
|
|
DON ÁLVARO.-
Calla, maldita, no llames la
atención hacia este lado; entorna el balcón.
|
|
|
(Se acerca el ruido de puertas y
pisadas.)
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
¡Ay desdichada de mí!...
Don Álvaro, escóndete... aquí... en mi alcoba...
|
|
|
DON ÁLVARO.-
(Resuelto.) No, yo no me
escondo... No te abandono en tal conflicto.
(Prepara una pistola.) Defenderte
y salvarte es mi obligación.
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
(Asustadísima.)
¿Qué intentas? ¡Ay! Retira esa pistola, que me hiela la
sangre... Por Dios suéltala... ¿La dispararás contra mi
buen padre?... ¿Contra alguno de mis hermanos?... ¿Para matar a
alguno de los fieles y antiguos criados de esta casa?
|
|
|
DON ÁLVARO.-
(Profundamente confundido.) No,
no, amor mío... La emplearé en dar fin a mi desventurada
vida.
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
¡Qué horror! ¡Don
Álvaro!
|
Escena VIII
|
|
|
Ábrese la puerta con estrépito
después de varios golpes en ella, y entra
EL MARQUÉS en bata y gorro con un
espadín desnudo en la mano, y detrás dos criados mayores con
luces
|
|
|
MARQUÉS.-
(Furioso.) ¡Vil seductor!...
¡Hija infame!
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
(Arrojándose a los pies de su
padre.) ¡Padre! ¡Padre!
|
|
|
MARQUÉS.-
No soy tu padre... Aparta... Y
tú, vil advenedizo...
|
|
|
DON ÁLVARO.-
Vuestra hija es inocente... Yo soy el
culpado... Atravesadme el pecho.
(Hinca una rodilla.)
|
|
|
MARQUÉS.-
Tu actitud suplicante manifiesta lo
bajo de tu condición...
|
|
|
DON ÁLVARO.-
(Levantándose.)
¡Señor marqués!... ¡Señor marqués!
|
|
|
MARQUÉS.-
(A su hija.) Quita, mujer inicua.
(A
CURRA, que le sujeta el brazo.) ¿Y
tú, infeliz... osas tocar a tu señor?
(A los criados.) Ea, echaos sobre
ese infame, sujetadle, atadle...
|
|
|
DON ÁLVARO.-
(Con dignidad.) Desgraciado del
que me pierda el respeto.
(Saca una pistola y la
monta.)
|
|
|
(Corriendo hacia
DON ÁLVARO.)
DOÑA LEONOR.-
¡Don Álvaro!...
¿Qué vais a hacer?
|
|
|
MARQUÉS.-
Echaos sobre él al punto.
|
|
|
DON ÁLVARO.-
¡Ay de vuestros criados si se
mueven! Vos sólo tenéis derecho para atravesarme el
corazón.
|
|
|
MARQUÉS.-
¡Tú a morir a manos de un
caballero? No, morirás a las del verdugo.
|
|
|
DON ÁLVARO.-
¡Señor marqués de
Calatrava!... Mas ¡ah! no: tenéis derecho para todo... Vuestra
hija es inocente... tan pura como el aliento de los ángeles que rodean
el trono del Altísimo. La sospecha a que puede dar origen mi presencia
aquí a tales horas concluya con mi muerte; salga envolviendo mi
cadáver como si fuera mortaja... Sí, debo morir... pero a
vuestras manos.
(Pone una rodilla en
tierra.) Espero resignado el golpe, no lo resistiré: ya me
tenéis desarmado.
|
|
|
(Tira la pistola, que al dar en tierra se
dispara y hiere al marqués, que cae moribundo en los brazos de su hija y
de los criados, dando un alarido.)
|
|
|
MARQUÉS.-
Muerto soy... ¡Ay de
mí!...
|
|
|
DON ÁLVARO.-
¡Dios mío! ¡Arma
funesta! ¡Noche terrible!
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
¡Padre, padre!
|
|
|
MARQUÉS.-
Aparta; sacadme de aquí...,
donde muera sin que esta vil me contamine con tal nombre...
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
¡Padre!...
|
|
|
MARQUÉS.-
Yo te maldigo.
|
|
|
(Cae
LEONOR en brazos de
DON ÁLVARO, que la arrastra hacia el
balcón.)
|
|
|
|
FIN DE LA PRIMERA JORNADA
|
  Jornada segunda
La escena es en la villa de Hornachuelos y sus
alrededores.
Escena I
|
|
|
Es de noche, y el teatro representa la cocina
de un mesón de la villa de Hornachuelos. Al frente estará la
chimenea y el hogar. A la izquierda, la puerta de entrada; a la derecha, dos
puertas practicables. A un lado, una mesa larga de pino, rodeada de asientos
toscos, y alumbrado todo por un gran candilón.
EL MESONERO y
EL ALCALDE aparecerán sentados gravemente en el
fuego.
LA MESONERA, de rodillas guisando. Junto a la mesa,
EL ESTUDIANTE cantando y tocando la guitarra.
EL ARRIERO, que habla, cribando cebada en el fondo del
teatro.
EL TÍO TRABUCO, tendido en primer
término sobre sus jalmas.
LOS DOS LUGAREÑOS,
LAS DOS LUGAREÑAS,
LA MOZA y uno de los
ARRIEROS, que no habla, estarán bailando
seguidillas. El otro
ARRIERO, que no habla, estará sentado junto al
estudiante, y jaleando a las que bailan. Encima de la mesa habrá una
bota de vino, unos vasos y un frasco de aguardiente.
|
|
| ESTUDIANTE |
|
|
(Cantando en voz recia al son de la
guitarra, y las tres parejas bailando con gran algazara.)
|
|
Poned en estudiantes |
|
|
|
vuestro cariño, |
|
|
|
que son, como discretos, |
|
|
|
agradecidos. |
345
|
|
|
Viva Hornachuelos, |
|
|
|
vivan de sus muchachas |
|
|
|
los ojos negros. |
|
|
|
Dejad a los soldados, |
|
|
|
que es gente mala, |
350
|
|
|
y así que dan el golpe |
|
|
|
vuelven la espalda. |
|
|
|
Viva Hornachuelos, |
|
|
|
vivan de sus muchachas |
|
|
|
los ojos negros. |
355
|
|
|
|
|
|
MESONERA.-
(Poniendo una sartén sobre la
mesa.) Vamos, vamos que se enfría...
(A la criada.) Pepa, al
avío.
|
|
|
ARRIERO.-
(El del cribo.) Otra coplita.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
(Dejando la guitarra.)
Abrenuncio. Antes de todo, la cena.
|
|
|
MESONERA.-
Y si después quiere la gente
seguir bailando y alborotando, váyanse al corral o a la calle, que hay
una luna clara como de día. Y dejen en silencio el mesón, que si
unos quieren jaleo, otros quieren dormir. Pepa, Pepa... ¿No digo que
basta ya de zangoloteo...?
|
|
|
TÍO TRABUCO.-
(Acostado en sus arreos.)
Tía Colasa, usted está en lo cierto. Yo, por mí, quiero
dormir.
|
|
|
MESONERO.-
Sí, ya basta de ruido. Vamos a
cenar. Señor alcalde, eche su merced la bendición y venga a tomar
una presita.
|
|
|
ALCALDE.-
Se agradece, señor
Monipodio.
|
|
|
MESONERA.-
Pero acérquese su merced.
|
|
|
ALCALDE.-
Que eche la bendición el
señor licenciado.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Allá voy, y no seré
largo, que huele el bacalao a gloria.
In nomine Patri et Filii et Spiritu
Sancto.
|
|
|
TODOS.-
Amén.
|
|
|
(Se van acomodando alrededor de la mesa, todos
menos
TRABUCO.)
|
|
|
MESONERA.-
Tal vez el tomate no estará
bastante cocido, y el arroz estará algo duro... Pero con tanta Babilonia
no se puede.
|
|
|
ARRIERO.-
Está diciendo comedme,
comedme.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
(Comiendo con ansia.) Está
exquisito... especial; parece ambrosía...
|
|
|
MESONERA.-
Alto allá, señor
bachiller; la tía Ambrosia no me gana a mí a guisar ni sirve para
descalzarme el zapato; no, señor.
|
|
|
ARRIERO.-
La tía Ambrosia es más
puerca que una telaraña.
|
|
|
MESONERO.-
La tía Ambrosia es un
guiñapo, es un paño de aporrear moscas; se revuelven las tripas
de entrar en su mesón, y compararla con mi Colasa no es regular.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Ya sé yo que la señora
Colasa es pulcra, y no lo dije por tanto.
|
|
|
ALCALDE.-
En toda la comarca de Hornachuelos no
hay una persona más limpia que la señora Colasa, ni un
mesón como el del señor Monipodio.
|
|
|
MESONERA.-
Como que cuantas comidas de boda se
hacen en la villa pasan por estas manos que ha de comer la tierra. Y de las
bodas de señores, no le parezca a usted, señor bachiller...
Cuando se casó el escribano con la hija del regidor...
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Con que se le puede decir a la
señora Colasa,
tu das mihi epulis accumbere
divum
|
|
|
MESONERA.-
Yo no sé latín, pero
sé guisar... Señor alcalde, moje siquiera una sopa.
|
|
|
ALCALDE.-
Tomaré, por no despreciar, una
cucharadita de gazpacho, si es que lo hay.
|
|
|
MESONERO.-
¿Cómo que si lo hay?
|
|
|
MESONERA.-
¿Pues había de faltar
donde yo estoy?... ¡Pepa!
(A la
MOZA.) Anda a traerlo. Está sobre
el brocal del pozo, desde media tarde, tomando el fresco.
(Vase la
MOZA.)
|
|
|
(Al
ARRIERO que está acostado.)
ESTUDIANTE.-
¡Tío Trabuco, hola,
tío Trabuco! ¿No viene usted a hacer la razón?
|
|
|
TÍO TRABUCO.-
No ceno.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
¿Ayuna usted?
|
|
|
TÍO TRABUCO.-
Sí, señor, que es
viernes.
|
|
|
MESONERO.-
Pero un traguito...
|
|
|
TÍO TRABUCO.-
Venga.
(Le alarga el
MESONERO la bota, y bebe un trago el
TÍO TRABUCO.) ¡Jú!
Esto es zupia. Alárgueme usted, tío Monipodio, el frasco del
aguardiente para enjuagarme la boca.
(Bebe y se curruca.)
|
|
|
(Entra la
MOZA con una fuente de gazpacho.)
|
|
|
MOZA.-
Aquí está la gracia de
Dios.
|
|
|
TODOS.-
Venga, venga.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Parece, señor alcalde, que
esta noche hay mucha gente forastera en Hornachuelos.
|
|
|
ARRIERO.-
Las tres posadas están
llenas.
|
|
|
ALCALDE.-
Como es el jubileo de la
Porciúncula, y el convento de San Francisco de los Ángeles, que
está aquí en el desierto, a media legua corta, es tan famoso...
Viene mucha gente a confesarse con el padre Guardián, que es un siervo
de Dios.
|
|
|
MESONERA.-
Es un santo.
|
|
|
MESONERO.-
(Toma la bota y se pone de pie.)
Jesús, por la buena compañía, y que Dios nos dé
salud y pesetas en esta vida y la gloria en la eterna.
(Bebe.)
|
|
|
TODOS.-
Amén.
(Pasa la bota de mano en mano.)
|
|
|
ESTUDIANTE.-
(Después de beber.)
Tío Trabuco, tío Trabuco, ¿está usted con los
angelitos?
|
|
|
TÍO TRABUCO.-
Con las malditas pulgas y con sus
voces de usted, ¿quién puede estar sino con los demonios?
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Queríamos saber, tío
Trabuco, si esa personilla de alfeñique, que ha venido con usted, y que
se ha escondido de nosotros, viene a ganar el jubileo.
|
|
|
TÍO TRABUCO.-
Yo no sé nunca a lo que van ni
vienen los que viajan conmigo.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Pero... ¿es gallo o
gallina?
|
|
|
TÍO TRABUCO.-
Yo, de los viajeros, no miro
más que la moneda, que ni es hembra ni es macho.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Sí, es género epiceno,
como si dijéramos hermafrodita... Pero veo que es usted muy taciturno,
tío Trabuco.
|
|
|
TÍO TRABUCO.-
Nunca gasto saliva en lo que no me
importa. Y buenas noches, que se me va quedando la lengua dormida, y quiero
guardarle el sueño; sonsoniche.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Pues, señor, con el tío
Trabuco no hay emboque. Dígame usted, nostrama
(A la MESONERA.) , ¿por
qué no ha venido a cenar el tal caballerito?
|
|
|
MESONERA.-
Yo no sé.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Pero, vamos, ¿es hembra o
varón?
|
|
|
MESONERA.-
Que sea lo que sea, lo cierto es que
le vi el rostro, por más que se lo recataba, cuando se apeó del
mulo, y que lo tiene como un sol, y eso que traía los ojos, de llorar y
de polvo, que daba compasión.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
¡Oiga!
|
|
|
MESONERA.-
Sí, señor, y en cuanto
se metió en ese cuarto, volviéndome siempre la espalda, me
preguntó cuánto había de aquí al convento de los
Ángeles, y yo se lo enseñé desde la ventana, que, como
está tan cerca se ve clarito, y...
|
|
|
ESTUDIANTE.-
¡Hola, conque es pecador que
viene al jubileo!
|
|
|
MESONERA.-
Yo no sé. Luego se
acostó; digo, se echó en la cama, vestido, y bebió antes
un vaso de agua con unas gotas de vinagre.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Ya, para refrescar el cuerpo.
|
|
|
MESONERA.-
Y me dijo que no quería luz,
ni cena, ni nada, y se quedó como rezando el Rosario entre dientes. A
mí me parece que es persona muy...
|
|
|
MESONERO.-
Charla, charla... ¿Quién
diablos te mete en hablar de los huéspedes?... ¡Maldita sea tu
lengua!
|
|
|
MESONERA.-
Como el señor licenciado
quería saber...
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Sí, señora Colasa;
dígame usted...
|
|
|
MESONERO.-
(A su mujer.)
¡Chitón!
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Pues, señor, volvamos al
tío Trabuco. ¡Tío Trabuco, tío Trabuco!
(Se acerca a él y le
despierta.)
|
|
|
TÍO TRABUCO.-
¡Malo!... ¿Me quiere
usted dejar en paz?
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Vamos, dígame usted,
¿esa persona cómo viene en el mulo, a mujeriegas o a
horcajadas?
|
|
|
TÍO TRABUCO.-
¡Ay qué sangre!... De
cabeza.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Y dígame usted, ¿de
dónde salió usted esta mañana, de Posadas o de Palma?
|
|
|
TÍO TRABUCO.-
Yo no sé sino que tarde o
temprano voy al cielo.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
¿Por qué?
|
|
|
TÍO TRABUCO.-
Porque ya me tiene usted en el
purgatorio.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
(Se ríe.) ¡Ah, ah,
ah!... ¿Y va usted a Extremadura?
|
|
|
TÍO TRABUCO.-
(Se levanta, recoge sus jalmas y se
va con ellas muy enfadado.)No señor, a la caballeriza, huyendo de usted,
y a dormir con mis mulos, que no saben latín, ni son bachilleres.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
(Se ríe.) ¡Ah, ah,
ah, ah! Se atufó... ¡Hola, Pepa, salerosa! ¿Y no has visto
tú al escondido?
|
|
|
MOZA.-
Por la espalda.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
¿Y en qué cuarto
está?
|
|
|
MOZA.-
(Señala la primera puerta de la
derecha.) En ése...
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Pues ya que es lampiño, vamos
a pintarle unos bigotes con tizne... Y cuando se despierte por la mañana
reiremos un poco.
(Se tizna los dedos y va hacia el
cuarto.)
|
|
|
ALGUNOS.-
Sí..., sí.
|
|
|
MESONERO.-
No, no.
|
|
|
ALCALDE.-
(Con gravedad.) Señor
estudiante, no lo permitiré yo, pues debo proteger a los forasteros que
llegan a esta villa, y administrarles justicia como a los naturales de
ella.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
No lo dije por tanto, señor
alcalde...
|
|
|
ALCALDE.-
Yo sí. Yo no fuera malo saber
quién es el señor licenciado, de dónde viene y
adónde va, pues parece algo alegre de cascos.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Si la justicia me lo pregunta de
burlas o de veras, no hay inconveniente en decirlo, que aquí se juega
limpio. Soy el bachiller Pereda, graduado por Salamanca,
in utroque, y hace ocho años que
curso sus escuelas, aunque pobre, con honra, y no sin fama. Salí de
allí hace más de un año, acompañando a mi amigo y
protector el señor licenciado Vargas, y fuimos a Sevilla, a vengar la
muerte de su padre el marqués de Calatrava, y a indagar el paradero de
su hermana, que se escapó con el matador. Pasamos allí algunos
meses, donde también estuvo su hermano mayor, el actual marqués,
que es oficial de Guardias. Y como no lograron su propósito, se
separaron jurando venganza. Y el licenciado y yo nos vinimos a Córdoba,
donde dijeron que estaba la hermana. Pero no la hallamos tampoco, y allí
supimos que había muerto en la refriega que armaron los criados del
marqués, la noche de su muerte, con los del robador y asesino, y que
éste se había vuelto a América. Con lo que marchamos a
Cádiz, donde mi protector, el licenciado Vargas, se ha embarcado para
buscar allá al enemigo de su familia. Y yo me vuelvo a mi universidad a
desquitar el tiempo perdido y a continuar mis estudios; con los que, y la ayuda
de Dios, puede ser que me vea algún día gobernador del Consejo o
arzobispo de Sevilla.
|
|
|
ALCALDE.-
Humos tiene el señor
bachiller, y ya basta, pues se ve en su porte y buena explicación que es
hombre de bien, y que dice verdad.
|
|
|
MESONERA.-
Dígame usted, señor
estudiante, ¿y qué, mataron a ese marqués?
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Sí.
|
|
|
MESONERA.-
¿Y lo mató el amante de
su hija y luego la robó?... ¡Ay! Cuéntenos su merced esa
historia, que será muy divertida; cuéntela su merced...
|
|
|
MESONERO.-
¿Quién te mete a ti en
saber vidas ajenas? ¡Maldita sea tu curiosidad! Pues que ya hemos cenado,
demos gracias a Dios, y a recogerse.
(Se ponen todos en pie, y se quitan el
sombrero como que rezan.) Eh, buenas noches; cada mochuelo a su
olivo.
|
|
|
ALCALDE.-
Buenas noches, y que haya juicio y
silencio.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Pues me voy a mi cuarto.
(Se va a meter en el del viajero
incógnito.)
|
|
|
MESONERO.-
¡Hola! No es ése; el de
más allá.
|
|
|
ESTUDIANTE.-
Me equivoqué.
|
|
|
(Vanse
EL ALCALDE y
LOS LUGAREÑOS; entra
EL ESTUDIANTE en su cuarto;
LA MOZA,
EL ARRIERO y
LA MESONERA retiran la mesa y bancos, dejando la
escena desembarazada.
EL MESONERO se acerca al hogar, y queda todo en
silencio y solos
EL MESONERO y
LA MESONERA.)
|
Escena II
|
|
| MESONERO |
| Colasa, para medrar |
|
| en nuestro oficio, es forzoso |
|
| que haya en la casa reposo, |
|
| y a ninguno incomodar. |
|
| Nunca meterse a oliscar |
360 |
| quiénes los huéspedes son. |
|
| No gastar conversación |
|
| con cuantos llegan aquí. |
|
| Servir bien, decir
no o
sí. |
|
| cobrar la mosca, y chitón. |
365 |
|
|
| MESONERA |
| No, por mí no lo dirás, |
|
| bien sabes que callar sé. |
|
| Al bachiller pregunté... |
|
|
|
| MESONERO |
|
|
| MESONERA |
| También ahora extrañarás |
370 |
| que entre en ese cuarto a ver |
|
| si el huésped ha menester |
|
| alguna cosa, marido, |
|
| pues es, sí, lo he conocido, |
|
| una afligida mujer. |
375 |
|
|
|
(Toma un candil y entra la
MESONERA muy recatadamente en el cuarto.)
|
|
| MESONERO |
| Entra, que entrar es razón, |
|
| aunque temo a la verdad, |
|
| que vas por curiosidad, |
|
| más bien que por compasión. |
|
|
|
| MESONERA |
|
(Saliendo muy asustada.)
|
| ¡Ay Dios mío! Vengo muerta; |
380 |
| desapareció la dama; |
|
| nadie he encontrado en la cama, |
|
| y está la ventana abierta. |
|
|
|
| MESONERO |
| ¿Cómo? ¿Cómo?... Ya lo
sé...
|
|
| La ventana al campo da, |
385 |
| y como tan baja está, |
|
| sin gran trabajo se fue. |
|
|
(Andando hacia el cuarto donde entró
la mujer, quedándose él a la puerta.)
|
| Quiera Dios no haya cargado |
|
| con la colcha nueva. |
|
|
| MESONERA |
|
(Dentro.)
|
|
Nada,
|
|
| todo está aquí... ¡Desdichada! |
390 |
| Hasta dinero ha dejado... |
|
| Sí, sobre la mesa un duro. |
|
|
|
| MESONERO |
| Vaya entonces en buena hora. |
|
|
|
| MESONERA |
|
(Saliendo a la escena.)
|
| No hay duda, es una señora, |
|
| que se encuentra en grande apuro. |
395 |
|
|
| MESONERO |
| Pues con bien la lleve Dios, |
|
| y vámonos a acostar, |
|
| y mañana no charlar, |
|
| que esto quede entre los dos. |
|
| Echa un cuarto en el cepillo |
400 |
| de las ánimas, mujer, |
|
| y el duro véngame a ver; |
|
| échamelo en el bolsillo. |
|
|
Escena III
|
|
|
El teatro representa una plataforma en la
ladera de una áspera montaña. A la izquierda precipicios y
derrumbaderos. Al frente, un profundo valle atravesado por un riachuelo, en
cuya margen se ve, a lo lejos, la villa de Hornachuelos, terminando el fondo en
altas montañas. A la derecha, la fachada del convento de los
Ángeles, de pobre y humilde arquitectura. La gran puerta de la iglesia
cerrada, pero practicable, y sobre ella una claraboya de medio punto por donde
se verá el resplandor de las luces interiores; más hacia el
proscenio, la puerta de la portería, también practicable y
cerrada; en medio de ella una mirilla o gatera, que se abre y se cierra, y al
lado el cordón de una campanilla. En medio de la escena habrá una
gran Cruz de piedra tosca y corroída por el tiempo, puesta sobre cuatro
gradas que puedan servir de asiento. Estará todo iluminado por una luna
clarísima. Se oirá dentro de la iglesia el órgano, y
cantar maitines al coro de los frailes, y saldrá como subiendo por la
izquierda
DOÑA LEONOR, muy fatigada y vestida de hombre
con un gabán de mangas, sombrero gacho y botines.
|
|
| DOÑA LEONOR |
| Sí..., ya llegué... Dios
mío,
|
|
| gracias os doy rendida. |
405 |
|
(Arrodíllase al ver el convento.)
|
| En ti, Virgen Santísima confío; |
|
| sed el amparo de mi amarga vida. |
|
| Este refugio es sólo |
|
| el que puedo tener de polo a polo. |
|
|
(Álzase.)
|
| No me queda en la tierra |
410 |
| más asilo y resguardo |
|
| que los áridos riscos de esta sierra: |
|
| en ella estoy... ¿Aún tiemblo y me acobardo? |
|
|
(Mira hacia el sitio por donde ha venido.)
|
| ¡Ah!... Nadie me ha seguido, |
|
| ni mi fuga veloz notada ha sido. |
415 |
| ... No me engañé, la horrenda historia
mía
|
|
| escuché referir en la posada... |
|
| Y ¿quién, cielos, sería, |
|
| aquel que la contó? ¡Desventurada! |
|
| Amigo dijo ser de mis hermanos... |
420 |
| ¡Oh cielos soberanos!... |
|
| ¿Voy a ser descubierta? |
|
| Estoy de miedo y de cansancio muerta. |
|
|
(Se sienta mirando en rededor y luego al
cielo.)
|
| ¡Qué asperezas! ¡Qué hermosa y clara
luna!
|
|
| ¡La misma que hace un año |
425 |
| vio la mudanza atroz de mi Fortuna, |
|
| y abrirse los infiernos en mi daño! |
|
(Pausa larga.)
|
| No fue ilusión... Aquel que de mí hablaba |
|
| dijo que navegaba |
|
| don Álvaro, buscando nuevamente |
430 |
| los apartados climas de Occidente. |
|
| ¡Oh Dios! ¿Y será cierto? |
|
| Con bien arribe de su patria al puerto. |
|
(Pausa.)
|
| ¿Y no murió la noche desastrada |
|
| en que yo, yo... manchada |
435 |
| con la sangre infeliz del padre mío, |
|
| le seguí... le perdí?... ¿Y huye el
impío?
|
|
| ¿Y huye el ingrato?... ¿Y huye y me abandona?
|
|
|
(Cae de rodillas.)
|
| ¡Oh Madre Santa de piedad! Perdona, |
|
| perdona, le olvidé. Sí, es verdadera, |
440 |
| lo es, mi resolución. Dios de bondades, |
|
| con penitencia austera, |
|
| lejos del mundo en estas soledades, |
|
| el furor expiaré de mis pasiones. |
|
| ¡Piedad, piedad, Señor, no me abandones! |
445 |
|
(Queda en silencio y como en profunda
meditación recostada en las gradas de la cruz, y después de una
larga pausa continúa.)
|
| Los sublimes acentos de ese coro |
|
| de bienaventurados, |
|
| y los ecos pausados, |
|
| del órgano sonoro, |
|
| que cual de incienso vaporosa nube |
450 |
| al trono santo del Eterno sube, |
|
| difunden en mi alma |
|
| bálsamo dulce de consuelo y calma. |
|
|
(Se levanta resuelta.)
|
| ¿Qué me detengo pues?... corro al tranquilo...
|
|
| corro al sagrado asilo... |
455 |
|
(Va hacia el convento y se
detiene.)
|
| Mas ¿Cómo a tales horas?... ¡Ah!... No
puedo
|
|
| ya dilatarlo más; hiélame el miedo |
|
| de encontrarme aquí sola. En esa aldea |
|
| hay quien mi historia sabe. |
|
| En lo posible cabe |
460 |
| que descubierta con la aurora sea. |
|
| Este santo prelado |
|
| de mi resolución está informado, |
|
| y de mis infortunios... Nada temo. |
|
| Mi confesor de Córdoba hace días |
465 |
| que las desgracias mías |
|
| le escribió largamente... |
|
| Sé de su caridad el noble extremo; |
|
| me acogerá indulgente. |
|
| ¿Qué dudo, pues, qué dudo?... |
470 |
| ¡Sed, oh Virgen Santísima, mi escudo! |
|
(Llega a la portería y toca la
campanilla.)
|
|
Escena IV
|
|
|
Se abre la mirilla que está en la
puerta, y por ella sale el resplandor de un farol que da de pronto en el rostro
de
DOÑA LEONOR, y ésta se retira como
asustada.
EL HERMANO MELITÓN habla toda esta escena
dentro.
|
|
|
HERMANO MELITÓN.-
¿Quién es?
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
Una persona a quien interesa mucho,
mucho, ver al instante al reverendo padre Guardián.
|
|
|
HERMANO MELITÓN.-
¡Buena hora de ver al padre
Guardián!... La noche está clara, y no será ningún
caminante perdido. Si viene a ganar el jubileo, a las cinco se abrirá la
iglesia; vaya con Dios; él le ayude.
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
Hermano, llamad al padre
Guardián. Por caridad.
|
|
|
HERMANO MELITÓN.-
¡Qué caridad a estas
horas! El padre Guardián está en el coro.
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
Traigo para su reverencia un recado
muy urgente del padre Cleto, definidor del convento de Córdoba, quien ya
le ha escrito sobre el asunto de que vengo a hablarle.
|
|
|
HERMANO MELITÓN.-
¡Hola!... ¿del padre
Cleto el definidor del convento de Córdoba? Eso es distinto...
iré, iré a decírselo al padre Guardián. Pero
dígame, hijo, ¿el recado y la carta son sobre aquel asunto con el
padre General, que está pendiente allá en Madrid?...
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
Es una cosa muy interesante.
|
|
|
HERMANO MELITÓN.-
Pero ¿para quién?
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
Para la criatura más infeliz
del mundo.
|
|
|
HERMANO MELITÓN.-
¡Mala recomendación!...
Pero bueno; abriré la portería, aunque es contra regla, para que
entréis a esperar.
|
|
|
DOÑA LEONOR.-
No, no, no puedo entrar...
¡Jesús!
|
|
|
HERMANO MELITÓN.-
Bendito sea su santo nombre... Pero
¿sois algún excomulgado?... Si no, es cosa rara preferir el
esperar al raso. En fin, voy a dar el recado, que probablemente no
tendrá respuesta. Si no vuelvo, buenas noches; ahí a la bajadita
está la villa, y hay un buen mesón: el de la tía
Colasa.
|
|
|
(Ciérrase la ventanilla, y
DOÑA LEONOR queda muy abatida.)
|
Escena V
|
|
| DOÑA LEONOR |
| ¿Será tan negra y dura |
|
| mi suerte miserable, |
|
| que este santo prelado |
|
| socorro y protección no quiera darme? |
475 |
| La rígida aspereza |
|
| y las dificultades |
|
| que ha mostrado el portero |
|
| me pasmas de terror, hielan mi sangre. |
|
| Mas no, si da el aviso |
480 |
| al reverendo Padre, |
|
| y éste es tan docto y bueno |
|
| cual dicen todos, volará a ampararme. |
|
| ¡Oh Soberana Virgen, |
|
| de desdichados Madre! |
485 |
| Su corazón ablanda |
|
| para que venga pronto a consolarme. |
|
|
|
|
(Queda en silencio; da la una el reloj del
convento; se abre la portería, en la que aparecen el
PADRE GUARDIÁN y el
HERMANO MELITÓN con un farol; éste se
queda en la puerta y aquél sale a la escena.)
|
Escena VI
|
|
|
DOÑA LEONOR,
EL PADRE GUARDIÁN,
EL HERMANO MELITÓN
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| El que me busca ¿quién
es?
|
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| Yo soy, Padre, qué quería... |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| Ya se abrió la portería; |
490 |
| entrad en el claustro, pues. |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
(Muy sobresaltada.)
|
| ¡Ah!... Imposible; padre, no. |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| ¡Imposible!... ¿Qué decís?... |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| Si que os hable permitís, |
|
| aquí sólo puedo yo. |
495 |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| Si os envía el padre Cleto, |
|
| hablad, que es mi grande amigo. |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| Padre, que sea sin testigo, |
|
| porque me importa el secreto. |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| ¿Y quién...? Mas ya os entendí. |
500 |
| Retiraos, fray Melitón, |
|
| y encajad ese portón; |
|
| dejadnos solos aquí. |
|
|
|
| HERMANO MELITÓN |
| ¿No lo dije? Secretitos. |
|
| Los misterios ellos solos, |
505 |
| que los demás somos bolos |
|
| para estos santos benditos. |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
|
| HERMANO MELITÓN |
|
Que está tan
|
|
| premiosa esta puerta..., y luego... |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| Obedezca, hermano lego. |
510 |
|
|
| HERMANO MELITÓN |
| Ya me la echó de guardián. |
|
|
|
|
(Ciérrase la puerta y vase.)
|
Escena VII
|
|
|
DOÑA LEONOR,
EL PADRE GUARDIÁN
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
(Acercándose a
LEONOR.)
|
| Ya estamos, hermano, solos. |
|
| Mas ¿por qué tanto misterio? |
|
| ¿No fuera más conveniente |
|
| que entrarais en el convento? |
515 |
| No sé qué pueda impedirlo... |
|
| Entrad, pues, que yo os lo ruego; |
|
| entrad; subid a mi celda; |
|
| tomaréis un refrigerio, |
|
| y después... |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| ¿Qué os horroriza?... No entiendo... |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
(Muy abatida.)
|
| Soy una infeliz mujer. |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
(Asustado.)
|
| ¡Una mujer!... ¡Santo cielo! |
|
| ¡Una mujer!... A estas horas, |
|
| en este sitio... ¿Qué es esto? |
525 |
|
|
| DOÑA LEONOR |
| Una mujer infelice, |
|
| maldición del universo, |
|
| que a vuestras plantas rendida |
|
|
(Se arrodilla.)
|
| os pide amparo y remedio, |
|
| pues vos podéis libertarla |
530 |
| de este mundo y del infierno. |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| Señora, alzad. Que son grandes |
|
|
(La levanta.)
|
| vuestros infortunios creo, |
|
| cuando os miro en este sitio |
|
| y escucho tales lamentos. |
535 |
| Pero ¿qué apoyo, decidme, |
|
| qué amparo prestaros puedo |
|
| yo, un humilde religioso |
|
| encerrado en estos yermos? |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| ¿No habéis, Padre, recibido |
540 |
| la carta que el padre Cleto...? |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
(Recapacitando.)
|
| ¿El padre Cleto os envía? |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| A vos, cual solo remedio |
|
| de todos mis infortunios; |
|
| si, benigno, los intentos |
545 |
| que a estos montes me conducen |
|
| permitís tengan efecto. |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
(Sorprendido.)
|
| ¿Sois doña Leonor de Vargas? |
|
| ¿Sois, por dicha...? ¡Dios eterno! |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
(Abatida.)
|
| ¡Os horroriza el mirarme! |
550 |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
(Afectuoso.)
|
| No, hija mía; no por cierto, |
|
| ni permita Dios que nunca |
|
| tan duro sea mi pecho |
|
| que a los desgraciados niegue |
|
| la compasión y el respeto. |
555 |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
Señora,
|
|
| vuestra agitación comprendo. |
|
| No es extraño, no. Seguidme, |
|
| venid. Sentaos un momento |
|
| al pie de esta cruz; su sombra |
560 |
| os dará fuerza y consuelos. |
|
|
|
|
(Lleva el
PADRE GUARDIÁN a
DOÑA LEONOR, y se sientan ambos al pie de la
cruz.)
|
|
| DOÑA LEONOR |
| ¡No me abandonéis, oh, Padre! |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| No, jamás; contad conmigo. |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| De este santo monasterio |
|
| desde que el término piso, |
565 |
| más tranquila tengo el alma, |
|
| con más libertad respiro. |
|
| Ya no me cercan, cual hace |
|
| un año, que hoy se ha cumplido, |
|
| los espectros y fantasmas |
570 |
| que siempre en redor he visto. |
|
| Ya no me sigue la sombra |
|
| sangrienta del padre mío, |
|
| ni escucho sus maldiciones, |
|
| ni su horrenda herida miro, |
575 |
| ni... |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
¡Oh, no lo dudo, hija mía!
|
|
| Libre estáis en este sitio |
|
| de esas vanas ilusiones, |
|
| aborto de los abismos. |
|
| Las insidias del demonio, |
580 |
| las sombras a que da brío |
|
| para conturbar al hombre, |
|
| no tienen aquí dominio. |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| Por eso aquí busco ansiosa |
|
| dulce consuelo y auxilio, |
585 |
| y de la Reina del cielo, |
|
| bajo el regio manto abrigo. |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| Vamos despacio, hija mía; |
|
| el padre Cleto me ha escrito |
|
| la resolución tremenda |
590 |
| que al desierto os ha traído; |
|
| pero no basta. |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
Sí basta;
|
|
| es inmutable..., lo fío; |
|
| es inmutable. |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
|
| DOÑA LEONOR |
| Vengo resuelta, lo he dicho, |
595 |
| a sepultarme por siempre |
|
| en la tumba de estos riscos. |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
¿Seré la primera?...
|
|
| No lo seré, Padre mío. |
|
| Mi confesor me ha informado |
600 |
| de que en este santo sitio, |
|
| otra mujer infelice |
|
| vivió muerta para el siglo. |
|
| Resuelta a seguir su ejemplo, |
|
| vengo en busca de su asilo: |
605 |
| dármelo, sin duda, puede |
|
| la gruta que la dio abrigo, |
|
| vos, la protección y amparo |
|
| que para ello necesito, |
|
| y la soberana Virgen, |
610 |
| su santa gracia y su auxilio. |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| No os engañó el padre Cleto, |
|
| pues diez años ha vivido |
|
| una santa penitente |
|
| en este yermo tranquilo, |
615 |
| de los hombres ignorada, |
|
| de penitencias prodigio. |
|
| En nuestra iglesia sus restos |
|
| están, y yo los estimo |
|
| como la joya más rica |
620 |
| de esta casa, que, aunque indigno |
|
| gobierno, en el santo nombre |
|
| de mi padre San Francisco. |
|
| La gruta que fue su albergue, |
|
| y a que reparos precisos |
625 |
| se le hicieron, está cerca; |
|
| en ese hondo precipicio. |
|
| Aún existen en su seno |
|
| los humildes utensilios |
|
| que usó la santa; a su lado, |
630 |
| un arroyo cristalino |
|
| brota apacible. |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
Al momento
|
|
| llevadme allá, Padre mío. |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| ¡Oh, doña Leonor de Vargas! |
|
| ¿Insistís? |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
Sí, Padre, insisto.
|
635 |
| Dios me manda... |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
Raras veces
|
|
| Dios tan grandes sacrificios |
|
| exige de los mortales. |
|
| Y, ¡ay de aquel que de un delirio |
|
| en el momento, hija mía, |
640 |
| tal vez se engaña a sí mismo! |
|
| Todas las tribulaciones |
|
| de este mundo fugitivo, |
|
| son, señora, pasajeras; |
|
| al cabo encuentran alivio. |
645 |
| Y al Dios de bondad se sirve, |
|
| y se le aplaca lo mismo |
|
| en el claustro, en el desierto, |
|
| de la corte en el bullicio, |
|
| cuando se le entrega el alma |
650 |
| con fe viva y pecho limpio. |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| No es un acaloramiento, |
|
| no un instante de delirio |
|
| quien me sugirió la idea |
|
| que a buscaros me ha traído. |
655 |
| Desengaños de este mundo, |
|
| y un año, ¡ay Dios!, de suplicios, |
|
| de largas meditaciones, |
|
| de continuados peligros, |
|
| de atroces remordimientos, |
660 |
| de reflexiones conmigo, |
|
| mi intención han madurado |
|
| y esfuerzo me han concedido |
|
| para hacer voto solemne |
|
| de morir en este sitio. |
665 |
| Mi confesor venerable, |
|
| que ya mi historia os ha escrito, |
|
| el padre Cleto, a quien todos |
|
| llaman santo, y con motivo, |
|
| mi resolución aprueba, |
670 |
| aunque, cual vos, al principio |
|
| trató de desvanecerla |
|
| con sus doctos raciocinios, |
|
| y a vuestras plantas me envía |
|
| para que me deis auxilio. |
675 |
| No me abandonéis, ¡oh Padre!, |
|
| por el cielo os lo suplico; |
|
| mi resolución es firme, |
|
| mi voto, inmutable y fijo, |
|
| y no hay fuerza en este mundo |
680 |
| que me saque de estos riscos. |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| Sois muy joven, hija mía. |
|
| ¿Quién lo que el cielo propicio |
|
| aún nos puede guardar sabe? |
|
|
|
| DOÑA LEONOR. |
| Renunció a todo, lo he dicho. |
685 |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
|
| DOÑA LEONOR |
| ¿Qué pronuncias?... ¡Oh martirio! |
|
| Aunque inocente, manchado |
|
| con sangre del padre mío |
|
| está, y nunca, nunca... |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
Entiendo.
|
690 |
| Mas de vuestra casa el brillo. |
|
| Vuestros hermanos... |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
Mi muerte
|
|
| sólo anhelan vengativos. |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| ¿Y la bondadosa tía |
|
| que en Córdoba os ha tenido |
695 |
| un año oculta? |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
No puedo,
|
|
| sin ponerla en compromiso, |
|
| abusar de sus bondades. |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| ¿Y qué? ¿Más seguro asilo |
|
| no fuera, y más conveniente, |
700 |
| con las esposas de Cristo, |
|
| en un convento?... |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
No, padre;
|
|
| son tantos los requisitos |
|
| que para entrar en el claustro |
|
| se exigen... y..., ¡oh no, Dios mío!, |
705 |
| aunque me encuentro inocente, |
|
| no puedo, tiemblo al decirlo, |
|
| vivir sino donde nadie |
|
| viva y converse conmigo. |
|
| Mi desgracia en toda España |
710 |
| suena de modo distinto, |
|
| y una alusión, una seña, |
|
| una mirada, suplicios |
|
| pudieran ser que me hundieran |
|
| del despecho en el abismo. |
715 |
| No, ¡jamás!... Aquí, aquí
sólo;
|
|
| si no me acogéis benigno, |
|
| piedad pediré a las fieras |
|
| que habitan en estos riscos, |
|
| alimento a estas montañas, |
720 |
| vivienda a estos precipicios. |
|
| No salgo de este desierto; |
|
| una voz hiere mi oído, |
|
| voz del cielo, que me dice: |
|
| «Aquí, aquí», y aquí respiro.
|
725 |
|
(Se abraza con la cruz.)
|
| No, no habrá fuerzas humanas |
|
| que me arranquen de este sitio. |
|
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
(Levantándose y aparte.)
|
| ¿Será verdad, Dios eterno? |
|
| ¿Será tan grande y tan alta |
|
| la protección que concede |
730 |
| vuestra Madre Soberana |
|
| a mí, pecador indigno, |
|
| que cuando soy de esta casa |
|
| humilde prelado venga |
|
| con resolución tan santa |
735 |
| otra mujer penitente |
|
| a ser luz de estas montañas? |
|
| ¡Bendito seáis, Dios eterno, |
|
| cuya omnipotencia narran |
|
| estos cielos estrellados, |
740 |
| escabel de vuestras plantas! |
|
| ¿Vuestra vocación es firme?... |
|
|
(A
LEONOR.)
|
| ¿Sois tan bienaventurada?... |
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
| Es inmutable, y cumplirla |
|
| la voz del cielo me manda. |
745 |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| Sea, pues, bajo el amparo |
|
| de la Virgen Soberana. |
|
|
(Extiende una mano sobre ella.)
|
|
|
| DOÑA LEONOR |
(Arrojándose a las plantas del
PADRE GUARDIÁN.)
|
| ¿Me acogéis?... ¡Oh Dios!... ¡Oh
dicha!
|
|
| ¡Cuán feliz vuestras palabras |
|
| me hacen en este momento!... |
750 |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
(Levantándola.)
|
| Dad a la Virgen las gracias. |
|
| Ella es quien asilo os presta |
|
| a la sombra de su casa. |
|
| No yo, pecador protervo, |
|
vil gusano, tierra, nada.
(Pausa.)
|
755 |
|
|
| DOÑA LEONOR |
| Y vos, tan sólo vos, ¡oh padre mío!, |
|
| sabréis que habito en estas asperezas, |
|
| no otro ningún mortal. |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
Yo solamente
|
|
| sabré quién sois. Pero que avise es fuerza |
|
| a la comunidad de que la ermita |
760 |
| está ocupada, y de que vive en ella |
|
| una persona penitente. Y nadie, |
|
| bajo precepto santo de obediencia, |
|
| osará aproximarse de cien pasos, |
|
| ni menos penetrar la humilde cerca |
765 |
| que a gran distancia la circunda en torno. |
|
| La mujer santa, antecesora vuestra, |
|
| sólo fue conocida del prelado, |
|
| también mi antecesor. Que mujer era |
|
| lo supieron los otros religiosos |
770 |
| cuando se celebraron sus exequias. |
|
| Ni yo jamás he de volver a veros; |
|
| cada semana, sí, con gran reserva, |
|
| yo mismo os dejaré junto a la fuente |
|
| la escasa provisión; de recogerla |
775 |
| cuidaréis vos... Una pequeña esquila, |
|
| que está sobre la puerta con su cuerda, |
|
| calando a lo interior, tocaréis sólo |
|
| de un gran peligro en la ocasión extrema |
|
| o en la hora de la muerte. Su sonido, |
780 |
| a mí, o al que cual yo, prelado sea, |
|
| avisará, y espiritual socorro |
|
| jamás os faltará... No, nada tema. |
|
| La Virgen de los Ángeles os cubre |
|
| con su manto; será vuestra defensa |
785 |
| el ángel del Señor. |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
Mas mis hermanos...
|
|
| O bandidos tal vez... |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
Y ¿quién pudiera
|
|
| atreverse, hija mía, sin que al punto |
|
| sobre él tronara la venganza eterna? |
|
| Cuando vivió la penitente antigua |
790 |
| en este mismo sitio adonde os lleva |
|
| gracia especial del brazo omnipotente, |
|
| tres malhechores, con audacia ciega, |
|
| llegar quisieron al albergue santo; |
|
| al momento una horrísona tormenta |
795 |
| se alzó, enlutando el indignado cielo, |
|
| y un rayo desprendido de la esfera |
|
| hizo ceniza a dos de los bandidos, |
|
| y el tercero, temblando, a nuestra iglesia |
|
| acogióse, vistió el escapulario, |
800 |
| abrazando contrito nuestra regla, |
|
| y murió a los dos meses. |
|
|
| DOÑA LEONOR |
|
Bien, ¡oh Padre!,
|
|
| pues que encontré donde esconderme pueda |
|
| a los ojos del mundo, conducidme, |
|
| sin tardanza llevadme... |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
Al punto sea,
|
805 |
| que ya la luz del alba se avecina. |
|
| Mas antes entraremos en la iglesia; |
|
| recibiréis mi absolución, y luego |
|
| el pan de vida y de salud eterna. |
|
| Vestiréis el sayal de San Francisco, |
810 |
| y os daré avisos que importaros puedan |
|
| para la santa y penitente vida |
|
| a que con gloria tanta estáis resuelta. |
|
|
Escena VIII
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| ¡Hola!... Hermano Melitón. |
|
| ¡Hola!... Despierte le digo; |
815 |
| de la iglesia abra el postigo. |
|
|
|
| HERMANO MELITÓN |
|
(Dentro.)
|
| Pues qué, ¿ya las cinco son?... |
|
|
(Sale bostezando.)
|
| Apostaré a que no han dado. |
|
|
|
|
| |
(Bosteza.)
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
|
| HERMANO MELITÓN |
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
| ¿Replica?... ¡Por vida mía!... |
820 |
|
|
| HERMANO MELITÓN |
| ¿Yo?... En mi vida he replicado. |
|
| Bien podía el penitente |
|
| hasta las cinco esperar; |
|
| difícil será encontrar |
|
| un pecador tan urgente. |
825 |
|
|
|
(Vase y en seguida se oye descorrer el cerrojo
de la puerta de la iglesia, y se la ve abrirse lentamente.)
|
|
| PADRE GUARDIÁN |
|
(Conduciendo a
LEONOR hacia la iglesia.)
|
| Vamos al punto, vamos. |
|
| En la casa de Dios, hermana, entremos, |
|
| su nombre bendigamos, |
|
| en su misericordia confiemos. |
|
|
|
|
|
FIN DE LA JORNADA SEGUNDA
|

Don Álvaro o la fuerza del sino
Ángel de Saavedra Rivas
|







|
|