Índice
Índice alfabético
A Dios, adorada ingrata
A el ara sacra del amor divino
Alaben otros de la sabia Atenas
Al alma enamorada
Alcino, quien los ásperos rigores
Al dios celebremos
Aletino, ya en fin de amor anhelas
Alma beneficencia, ya te canto
¿Al primer asalto mía?
Amante pastor de Filis
Amante pecho mío
Amo a Leucipe: aunque Leucipe ignora
Amoroso suspiro
Amor, ¿quién entiende tus fieros engaños
Amor, ya libre respiro
Aquí, do de Vendoma la alta gloria
Aquí yace el gran Tito, que elegido
Arrojas de tu gremio, pueblo insano
Asaz de nieve y hielo
Así en continua acción la fantasía
Así la amable diosa
A ti, sublime Aurelio, que el romano
A un eminente olmo
¡Ay! cuándo brillarás, felice día
¡Ay Dios! ya, mi dulce amado
¡Ay! ¿dónde huyeron
Bendice mil veces, bendice, alma mía
Borrar del pecho quise
Cantemos al Señor. Desde la cumbre
Como el ave, del rayo devorante
Con horrible agüero fuiste
Corazón, guarda tu llama
¿Cuál desusado canto, lira mía
Cual la selvosa cumbre de Apenino
¡Cuál silba en el otero
Cual suele venciendo su margen riscoso
Cuando a los campos sales, bella Elisa
Cuando amanece al angustiado mundo
Cuando el planeta, que embellece el día
Cuando el rigor, bien mío
Cuando Febo en los piélagos de Atlante
Cuando tú alabas, Filis, de Cratilo
¡Cuán sereno esplendor el sol hermoso
Dame, dulce Talía
Deja, oh madre del Amor
Deja siempre una parte
De la hervorosa Sirte se desata
Del álamo de Alcides
Del almo Pindo la mansión gozaba
De la miseria en el profundo seno
De la regia amistad por fruto adquiere
De mil sospechas cercado
Descanso pide al cielo el navegante
Desciende a mí, consolador Morfeo
Desde los mares de mi patria suena
Desprendiose aquilón del polo umbrío
Después de tan larga ausencia
De tu triunfo es el día
Dime por todos los dioses
Dirige, Atrida, un numen enemigo
Doctas Pimpleas, que las verdes faldas
Do el bárbaro habitó choza mezquina
¿Dónde cogió el Amor o de qué vena
Donde el regio Manzanares
¿Dónde, santa amistad, tu pura llama
Dulce es a la codicia, cuando alcanza
Dulce esperanza, del prestigio amado
El Amante sagrado
El duro remo en la cansada mano
El himno santo de amistad rebosa
El que escapó del piélago violento
En los jardines de Gnido
Entre las cimas del Alpe
En tus hermosos ojos templar pudo
En vano, Elisa, describir intento
En vano, traidora Elisa
Es hoy el fausto día
Esta es la mansa y cristalina fuente
Esta, que aún lleva la encarnada espina
Es tarde ya para que amor me prenda
Estos son los preciosos momentos
Expuesto fue del Nilo en la corriente
Feliz el alma que huye
Fernando, honor del trono, tú el primero
Fileno cantará, Dalmiro mío
Filis, tu amistad hiciera
Filis, tus adoradores
Himnos de honor las puertas eternales
Hora que callan cielo, tierra y viento
Huyó del polo el aquilón sombrío
Huyó el sañudo invierno
Huyó la nieve fría
Injusto es tu enojo, querido bien mío
Invierno erizado
Jamás, Filis hermosa
La bella Narcisa ilustra
La gloria de Dios vivo
La ilusión dulce de mi edad primera
Lamento, infiel, lamento
Las lides, por tantos años
Las Musas, caro Aristo, dulcemente
Lazo de blandas flores
Madre de los romanos, alma Venus
Me agraviaste y pretendes
Me amaba ayer con furor
Modera, dueño mío
Mueres, Enrique, y en la tumba encierra
Mueve la luna el carro soñoliento
Mujer, que destrozó con furia impía
Nace la aurora, y el hermoso día
Noble Sully, tú osaste ser humano
No hay diosa, que iguale
No muere el genio, no. Pudo la tumba
No te contentes, Fabio
¿No ves cómo blanquea
¿No ves, Fileno, en la florida espalda
Nunca esperes, ingrata
¡Oh mil veces feliz quien del profano
Pan y circenses pide el pueblo fiero
Partió mi bien a la lejana aldea.
¿Pensaste, oh Bruto, que a nacer volviera
¿Perdiste, pueblo ingrato, la memoria?
Pide al viento sus alas
Plácido vuelve el delicioso día
¿Por qué no tienes ojos, dulce niño
¡Qué bien dijo, Amor, quien dijo
¿Qué hechizo derrama el cielo
¡Qué horror! La fiera noche
¿Qué lloras, Serafina? El caro esposo
¿Qué te importa, si el galo belicoso
¿Quién fue, quién fue el primero
Quien las penas de Amor ha sentido
¿Quién roba de mi cítara suave
Rayo de amor, celeste simpatía
Rayo de la elocuencia, ¿por qué truenas
Reclinado está el amor
Reina inmortal de la tercer esfera
Reina ya en nuestros climas: la ribera
Renace estación de los amores
Rompe la niebla el sonrosado día
Ruiseñor amoroso
¿Sabes, hermosa Emilia
Salve, oh alcázar de Edetania firme
Se exhalan ya de mi vergel frondoso
Si alguna vez de afanes olvidado
Si ardientes suspiros
Si es cierto, que amistad blanda
Si las tranquilas ondas de occidente
Si me niegan la dicha
Si pudo el llanto mío
Si quieres ver, Zaide amigo
¿Si será de amistad, Filis hermosa
Si tu desdén, bien mío
Si vi tus ojos, Delia, y no abrasaron
Sobre las cuerdas de mi lira vuela
Suele al mirar la nave zozobrando
Sufriste mis desdenes
Tal vez, amor, bajo el sagrado velo
Tiende, noche benigna
Tronco infeliz; desnudo y sin verdura
Tronó la alzada cumbre de Pirene
Tú del bien de mi vida
Tú del sacro Helicón, mi dulce Albino
Tú, Gonzalo inmortal, fuiste el primero
Tú, querido Dalmiro, tú conmigo
Un desdén agradable
Un retrato formó el cielo
Ven, hermosa serrana
Ven, mi pastora: los templados rayos
Ven, primavera, ven; y antes que dores
Ven, suspirado mayo: ya en las urnas
Ven, ya baja la noche, amada mía
Vi a Baco, sí, (generación futura
Vive el inicuo, y logra sosegado
Vuela, Virginia, por la vez postrera
Vuelve, adorada Filis, vuelve al seno
Ya, caro Anfriso, de la flecha impía
Ya de fulgentes flores se adorna primavera
Ya, dulce Albino, deshojó el noviembre
Ya el ave de la noche
Ya el rayo declina, ya Febo el último otero
Ya Filis del Gers odioso
¿Y eres tú el que velando
Yo desdeñé celoso
¿Y quién podrá, mi Silvio, el lloro triste
Poesías
de Don Alberto Lista
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