 Diálogo de la lengua
Juan de Valdés
[Nota preliminar: presentamos una edición modernizada de Diálogo de la lengua, de Juan de Valdés, E. Boehmer (ed.), Leipzig, Romanische Studien, 1895, basándonos en la edición de José F. Montesinos (Valdés, Juan de, Diálogo de la lengua, Madrid, Espasa-Calpe, 1976), cuya consulta recomendamos. La edición de Boehmer parte del manuscrito 8629 de la Biblioteca Nacional de Madrid, dicho manuscrito es considerado por toda la crítica como el más antiguo y fidedigno. No reproducimos el índice de palabras y materias citadas y el de refranes y frases que incluye al final esta edición. Con el objetivo de facilitar la lectura del texto al público no especializado se opta por ofrecer una edición modernizada y eliminar las marcas de editor, asumiendo, cuando lo creemos oportuno, las correcciones, reconstrucciones y enmiendas propuestas por Montesinos.]
PERSONAJES
|
| | MARCIO. | | | VALDÉS. | | | CORIOLANO. | | | PACHECO. | |
MARCIO.-
Pues
los mozos son idos a comer y nos han dejado solos,
antes que venga alguno que nos estorbe, tornemos a hablar
en lo que comencé a deciros esta mañana. | VALDÉS.-
No me acuerdo de qué cosa queréis decir. | MARCIO.-
¿Cómo no? ¿No os acordáis que os dije cómo
de aquello, en que habíamos platicado, me era venida
a la memoria una honesta curiosidad, en la cual hace muchos días
deseo platicar con vos? | VALDÉS.-
Ya me acuerdo;
no tenía cosa más olvidada. | MARCIO.-
Pues nosotros,
por obedeceros y serviros, habemos hablado esta mañana
en lo que vos habéis querido y, muy cumplidamente,
os habemos respondido a todo lo que nos habéis preguntado,
cosa justa es que, siendo vos tan cortés y bien criado
con todo el mundo, como todos dicen que sois, lo seáis
también con nosotros, holgando que hablemos esta tarde
en lo que más nos contentará, respondiéndonos
y satisfaciéndonos a las preguntas que os proponemos,
como nosotros habemos hecho a las que vos nos habéis
propuesto. | VALDÉS.-
Si no adornarais esta vuestra
demanda con tanta retórica, liberalmente me ofreciera
a obedeceros; ahora, viéndoos venir ataviado en vuestra
demanda con tantas razones, sospechando me queréis
meter en cualque cosa enojosa, no sé qué responderos
si primero no me decís claramente qué es lo
que queréis de mí. | MARCIO.-
Lo primero que de
vos queremos es que, sin querer saber más, nos prometáis
ser obediente a lo que os demandaremos. | VALDÉS.-
Confiando
en vuestra discreción que no querréis de mí
cosa que no sea razonable y honesta, os prometo ser obediente.
| MARCIO.-
No me contento con eso, y quiero que a todos tres
nos deis vuestra fe que lo haréis así. | VALDÉS.-
¿A qué propósito me queréis obligar
tan estrechamente? ¿Os habéis por ventura concertado
todos tres para el mohíno? Ora sus1, sea lo que fuere,
digo que os doy mi fe que responderé como mejor supiere
a todo lo que esta tarde me querréis preguntar. ¿Estáis
contentos? | MARCIO.-
Yo por mi parte estoy contentísimo.
| CORIOLANO.-
A mí harto me basta. | PACHECO.-
Pues para mí
no era menester más que la primera promesa. | VALDÉS.-
Sus pues, comenzad a preguntar, que me tenéis
confuso hasta saber qué misterios son estos
que queréis entender de mí. | MARCIO.-
¿Misterios?
¡Y cómo, si bien supieseis! | VALDÉS.-
Sea lo que fuere, acabad ya; por amor de Dios, decidlo. | MARCIO.-
Soy contento. Bien os debéis acordar cómo,
al tiempo que ahora ha dos años, partisteis de esta tierra
para Roma, nos prometisteis a todos tres que conservaríais
y entretendríais nuestra amistad, como habéis
hecho, con vuestras continuas cartas. Ahora sabed que, después
de vos ido, nosotros nos concertamos de esta manera, que cualquiera
de nosotros que recibiese carta vuestra la comunicase con
los otros, y esto habemos hecho siempre así, y con
ello habemos tomado mucho descanso, pasatiempo y placer,
porque con la lección refrescábamos en nuestros
ánimos la memoria del amigo ausente, y con los chistes
y donaires, de que continuamente vuestras cartas venían
adornadas, teníamos de qué reír y con
qué holgar y, notando con atención los primores
y delicadezas que guardabais y usabais en
vuestro escribir castellano, teníamos sobre qué
hablar y contender, porque el señor Pacheco, como
hombre nacido y criado en España, presumiendo saber
la lengua tan bien como otro, y yo, como curioso de ella, deseando
saberla así bien escribir como la sé hablar,
y el señor Coriolano, como buen cortesano, queriendo
del todo entenderla (porque, como veis, ya en Italia, así
entre damas como entre caballeros, se tiene por gentileza
y galanía saber hablar castellano), siempre hallábamos
algo que notar en vuestras cartas, así en lo que
pertenecía a la ortografía, como a los vocablos,
como al estilo; y acontecía que, como llegábamos
a topar algunas cosas que no habíamos visto usar a
otros, a los cuales teníamos por tan bien hablados
y bien entendidos en la lengua castellana cuanto a vos,
muchas veces veníamos a contender reciamente cuando
sobre unas cosas y cuando sobre otras, porque cada uno de
nosotros o quería ser maestro o no quería ser
discípulo. Ahora que os tenemos aquí, donde
nos podéis dar razón de lo que así
habemos notado en vuestra manera de escribir, os pedimos por
merced nos satisfagáis buenamente a lo que os demandaremos:
el señor Pacheco, como natural de la lengua, y el
señor Coriolano, como novicio en ella, y yo, como
curioso de ella. | VALDÉS.-
Si me dijerais esto
antes de comer, me pusierais en duda si lo decíais
de verdad o no, pero, considerando que es después
de comer, y creyendo que con mostraros hombre del palacio
habéis querido celebrar vuestro convite, me resuelvo
en no creeros nada de lo que decís, y digo que, si
queréis saber algo de mí, debéis dejar
los donaires por ahora, pues sabéis que si yo tomo
la mano, ganaréis conmigo «lo que suele ganar un cosario
con otro». | CORIOLANO.-
Mejor manera de burlar me parece la
vuestra, pues queriendo hacer del juego maña, pensáis
libraros de la fe que nos habéis dado; y os engañáis,
porque de ninguna manera os la soltaremos si primero no nos
respondéis muy entera y cumplidamente a todo lo que
os preguntaremos sobre la materia propuesta, en la
cual se os ha dicho realmente lo que en vuestra ausencia
pasaba y lo que queremos de vos. | VALDÉS.-
¿Queréis
que os diga la verdad? Aun con todo eso pienso que me burláis.
| PACHECO.-
Si no queréis creer a ellos, creedme a mí,
que todo lo que os dicen es la pura verdad. | VALDÉS.-
Más quisiera que fuera la pura mentira, porque me
parece cosa tan fuera de propósito esta que
queréis, que apenas oso creeros. | MARCIO.-
Me maravillo
mucho que os parezca cosa tan extraña el hablar en
la lengua que os es natural. Decidme: si las cartas de que
os queremos demandar cuenta fueran latinas, ¿tuvierais
por cosa fuera de propósito que os demandáramos
cuenta de ellas? | VALDÉS.-
No, que no la tuviera por tal.
| MARCIO.-
¿Por qué? | VALDÉS.-
Porque he aprendido
la lengua latina por arte y libros, y la castellana por uso,
de manera que de la latina podría dar cuenta por el
arte y por los libros en que la aprendí, y de la castellana
no, sino por el uso común de hablar, por donde tengo
razón de juzgar por cosa fuera de propósito
que me queráis demandar cuenta de lo que está
fuera de toda cuenta. | MARCIO.-
Si os demandásemos cuenta
de lo que otros escriben de otra manera que vos, tendríais
razón de excusaros, pero, demandándoosla
de lo que vos escribís de otra manera que otros, con
ninguna razón os podéis excusar. | VALDÉS.-
Cuando bien lo que decís sea así, no dejaré
de excusarme, porque me parece cosa fuera de propósito
que queráis vosotros ahora que perdamos nuestro tiempo
hablando en una cosa tan baja y plebeya como es punticos
y primorcicos de lengua vulgar, cosa a mi ver tan ajena de
vuestros ingenios y juicios que por vuestra honra no querría
hablar en ella, cuando bien a mí me fuese muy sabrosa
y apacible. | MARCIO.-
Me pesa oíros decir eso.
¿Cómo? ¿Y os parece a vos que el Bembo perdió
su tiempo en el libro que hizo sobre la lengua toscana? | VALDÉS.-
No soy tan diestro en la lengua toscana que pueda juzgar
si lo perdió o lo ganó; os sé decir que
a muchos he oído decir que fue cosa inútil
aquel su trabajo. | MARCIO.-
Los mismos que dicen eso, os prometo
se aprovechan muchas veces de esa que llaman cosa inútil,
y hay muchos que son de contraria opinión, porque admiten
y aprueban las razones que él da, por donde prueba
que todos los hombres somos más obligados a ilustrar
y enriquecer la lengua que nos es natural y que mamamos en
las tetas de nuestras madres, que no la que nos es pegadiza
y que aprendemos en libros. ¿No habéis leído
lo que dice sobre esto? | VALDÉS.-
Sí que lo
he leído, pero no me parece todo uno. | MARCIO.-
¿Cómo
no? ¿No tenéis por tan elegante y gentil la lengua
castellana como la toscana? | | VALDÉS.-
Sí que la
tengo, pero también la tengo por más vulgar,
porque veo que la toscana está ilustrada y enriquecida
por un Boccaccio y un Petrarca, los cuales, siendo buenos letrados,
no solamente se preciaron de escribir buenas cosas, pero procuraron
escribirlas con estilo muy propio y muy elegante; y, como
sabéis, la lengua castellana nunca ha tenido quien
escriba en ella con tanto cuidado y miramiento cuanto sería
menester para que hombre, queriendo o dar cuenta de lo que
escribe diferente de los otros, o reformar los abusos que
hay hoy en ella, se pudiese aprovechar de su autoridad. | | MARCIO.-
Cuanto más conocéis eso, tanto más
os deberíais avergonzar vosotros, que por vuestra
negligencia hayáis dejado y dejéis perder una
lengua tan noble, tan entera, tan gentil y tan abundante. | |
VALDÉS.-
Vos tenéis mucha razón, pero
eso no toca a mí. | | MARCIO.-
¿Cómo no? ¿Vos no
sois castellano? | | VALDÉS.-
Sí que lo soy. | MARCIO.-
Pues ¿por qué esto no toca a vos? | VALDÉS.-
Porque
no soy tan letrado ni tan leído en cosas de ciencia
cuanto otros castellanos que muy largamente podrían
hacer lo que vos queréis. | MARCIO.-
Pues ellos no lo
hacen y a vos no os falta habilidad para poder hacer algo,
no os deberíais excusar de ello, pues, cuando bien no
hicieseis otra cosa que despertar a otros a hacerlo,
haríais harto, cuanto más que aquí
no os rogamos que escribáis, sino que habléis;
y, como sabréis, palabras y plumas el viento las lleva.
| PACHECO.-
No os hagáis, por vuestra fe, tanto de rogar
en una cosa que tan fácilmente podéis cumplir;
cuanto más, habiéndola prometido y no teniendo
causa justa con que excusaros, porque lo que decís
de los autores que os faltan para defenderos no es bastante,
pues sabéis que para la que llamáis ortografía
y para los vocablos os podéis servir del autoridad
del Vocabulario de Antonio de Librija2 y, para el estilo,
de la del libro de Amadís de Gaula. | VALDÉS.-
Sí, por cierto, muy grande es el autoridad de esos
dos para hacer fundamento en ella, y muy bien debéis
haber mirado el Vocabulario de Librija, pues decís
eso. | PACHECO.-
¿Cómo? ¿No os contenta? | VALDÉS.-
¿Por qué queréis que me contente? ¿Vos no veis
que, aunque Librija era muy docto en la lengua latina, que
esto nadie se lo puede quitar, al fin no se puede negar que
era andaluz, y no castellano, y que escribió aquel
su Vocabulario con tan poco cuidado que parece haberlo escrito
por burla? Si ya no queréis decir que hombres envidiosos,
por afrentar al autor, han gastado el libro. | PACHECO.-
En eso
yo poco me entiendo. Pero ¿en qué lo veis? | VALDÉS.-
En que, dejando aparte la ortografía, en la cual muchas
veces peca en la declaración que hace de los vocablos
castellanos, en los latinos se engaña tantas veces
que sois forzado a creer una de dos cosas: o que no
entendía la verdadera significación del latín
(y esta es la que yo menos creo) o que no alcanzaba
la del castellano, y esta podría ser, porque
él era de Andalucía, donde la lengua no está
muy pura. | PACHECO.-
Apenas puedo creer eso que me decís,
porque a hombres muy señalados en letras he oído
decir todo lo contrario. | VALDÉS.-
Si no lo queréis
creer, id a mirarlo y hallaréis que por aldeano dice
vicinus, por brio en costumbres, morositas; por cecear
y ceceoso, balbutire y balbus; por loçano, lascivus;
por malherir, deligere; por moço para mandados, amanuensis;
por mote o motete, epigramma; por padrino de boda, paranymphus;
por ración de palacio, sportula; por sabidor de lo
suyo solamente, idiota; por villano, castellanus; y por rejalgar,
aconitum. No os quiero decir más, porque sé
que entendéis poco de la lengua latina y porque me
parece bastan estos vocablos para que, si los entendéis,
creáis que los hombres de letras que decís,
no debían tener tantas como vos pensáis, o
no lo debían haber mirado con tanta atención
como yo, y para que veáis que no me puedo defender
con el autoridad de Librija. | PACHECO.-
Confieso que tenéis
razón. | VALDÉS.-
Es tanta que, si bien la entendieseis,
soy cierto me tendríais antes por modesto en el notar
poco, que por insolente en el reprehender mucho. Mas quiero
que sepáis que aún hay otra cosa por que no
estoy bien con Librija en aquel Vocabulario, y es esta:
que parece que no tuvo intento a poner todos los vocablos
españoles, como fuera razón que hiciera, sino
solamente aquéllos para los cuales hallaba vocablos
latinos o griegos que los declarasen. | | PACHECO.-
Basta lo
dicho; yo estaba muy engañado. | | VALDÉS.-
Pues
cuanto al autor de Amadis de Gaula, cuánta
autoridad se le debe dar, podéis juzgar por esto que
hallaréis, si miráis en ello: que en el estilo
peca muchas veces con no sé qué frías
afectaciones que le contentan, las cuales creo bien que o
se usaban en el tiempo que él escribió, y en
tal caso no sería digno de reprehensión, o que
quiso acomodar su estilo al tiempo en que dice que aconteció
su historia, y esto sería cosa muy fuera de propósito,
porque él dice que aquella su historia aconteció
poco después de la pasión de nuestro redentor;
y la lengua en que él escribe no se habló en
España hasta muchos años después. Esto
mismo se puede decir de los vocablos. Cuanto a la ortografía,
no digo nada, porque la culpa se puede atribuir a los impresores
y no al autor del libro. | MARCIO.-
Ora sus, no perdamos tiempo
en esto. Si no tenéis libros en castellano con cuya
autoridad nos podáis satisfacer a lo que de vuestras
cartas os preguntaremos, a lo menos satisfacednos con las
razones que os mueven a escribir algunas cosas de otra manera
que los otros, porque puede ser que estas sean tales,
que valgan tanto cuanto pudiera valer el autoridad de los
libros; cuanto más que, a mi parecer, para muchas
cosas os podréis servir del Quaderno de refranes castellanos,
que me decís cogisteis entre amigos estando en Roma
por ruego de ciertos gentiles hombres romanos. | PACHECO.-
Muy
bien habéis dicho, porque en aquellos refranes se ve
muy bien la puridad de la lengua castellana. | CORIOLANO.-
Antes
que paséis adelante, es menester que sepa yo qué
cosa son refranes. | VALDÉS.-
Son proverbios o adagios.
| CORIOLANO.-
¿Y tenéis libro impreso de ellos? | VALDÉS.-
No de todos, pero, siendo muchacho, me acuerdo haber visto
uno de algunos mal glosados. | CORIOLANO.-
¿Son como los latinos
y griegos? | VALDÉS.-
No tienen mucha conformidad con
ellos, porque los castellanos son tomados de dichos vulgares,
los más de ellos nacidos y criados entre viejas, tras
del fuego hilando sus ruecas; y los griegos y latinos, como
sabéis, son nacidos entre personas doctas y están
celebrados en libros de mucha doctrina. Pero, para considerar
la propiedad de la lengua castellana, lo mejor que los refranes
tienen es ser nacidos en el vulgo. | PACHECO.-
Yo os prometo,
si no fuese cosa contraria a mi profesión, que me
habría, algunos días ha, determinadamente puesto
en hacer un libro en la lengua castellana, como uno que dice
que Erasmo ha hecho en la latina, allegando todos los refranes
que hallase y declarándolos lo menos mal que supiese,
porque he pensado que en ello haría un señalado
servicio a la lengua castellana. | | VALDÉS.-
También
era Julio César de vuestra profesión, pero
no tuvo por cosa contraria a ella con la pluma en la mano
escribir de noche lo que con la lanza hacía
de día, de manera que la profesión no os excusa.
¿No habéis oído decir que las letras no embotan
la lanza? | PACHECO.-
Vos decís muy bien, y yo
lo conozco. Dadme a mí el sujeto que tuvo César,
que escribía lo que él hacía y no lo
que otros decían, y estonces veréis si tengo
por deshonra escribir; pero, porque parece que escribir semejantes
cosas a esta pertenece más a hombres de haldas
que de armas, no me he querido poner en ello. | VALDÉS.-
Pues aunque yo no hago profesión de soldado, pues
tampoco soy hombre de haldas, pensad que no os tengo de consentir
me moláis aquí preguntándome niñerías
de la lengua. Por tanto me resuelvo con vosotros en esto,
que, si os contentan las cosas que en mis cartas habéis
notado, las toméis y las vendáis por vuestras,
que para ello yo os doy licencia, y que, si os parecen mal,
las dejéis estar, pues para mí harto me basta
haber conocido por vuestras respuestas que habéis entendido
lo que he querido decir en mis cartas. | MARCIO.-
Porque lo que
en vuestras cartas habemos notado es de calidad que ni lo
podemos tomar por bueno, porque no todos lo aprobamos del
todo, ni lo podemos desechar por malo, porque hay cosas que
nos satisfacen y hay otras que no entendemos, es menester
que en todo caso nos deis cuenta, no solamente de lo que
habéis escrito, pero aun de lo que de ello depende o
puede depender. Vuestra fe y palabra nos habéis dado
y, aunque no queráis, la habéis de cumplir.
| VALDÉS.-
No se haría más en el monte de
Torozos o, como acá decís, en el bosque
de Bacano; y pues, como dicen en mi tierra, donde fuerza
viene, derecho se pierde, yo me determino en obedeceros.
Empezad a preguntar, que yo os responderé.
Pero, ya que así lo queréis, será bien
que todos tres os concertéis en el orden que queréis
llevar en vuestras preguntas, porque no os confundáis
en ellas. Hacedlo así, y entre tanto me saldré
yo al jardín a tomar un poco de aire. | MARCIO.-
Muy bien
decís; en merced os lo tenemos. Andad con Dios, que
presto os llamaremos. | PACHECO.-
Pues habemos cogido y prendado
a Valdés, aún no lo dejemos de ninguna manera
sin que primero lo examinemos hasta el postrer pelo. Porque
yo lo tengo por tal, que ninguna cosa escribe sin fundamento,
y apostaría que tiene en sus papeles notadas algunas
cosillas sobre esta materia de que le queremos hablar.
Esto creo así, porque no vi en mi vida hombre más
amigo de escribir. Siempre en su casa está hecho un
San Juan Evangelista, la péñola en la mano,
tanto que creo escribe de noche lo que hace de día,
y de día, lo que ensueña de noche. | MARCIO.-
Bien
decís; y pues vos, que sois el más diestro
en la lengua, sabréis mejor lo que conviene preguntar,
a vos toca ordenarlo de manera que no nos confundamos. | PACHECO.-
Antes yo me remito a cualquiera de vosotros que sois leídos,
que yo más me entiendo de desordenar que de ordenar.
| MARCIO.-
Si os queréis gobernar por mí, haremos
de esta manera: En la primera parte, le preguntaremos lo que
sabe del origen o principio que han tenido, así la
lengua castellana como las otras lenguas que hoy se hablan
en España; en la segunda, lo que pertenece a la gramática;
en la tercera, lo que le habemos notado en el escribir unas
letras más que otras; en la cuarta, la causa que lo
mueva a poner o quitar en algunos vocablos una sílaba;
en la quinta, le pediremos nos diga por qué no usa
de muchos vocablos que usan otros; en la sexta, le rogaremos
nos avise de los primores que guarda cuanto al estilo; en
la sétima, le demandaremos su parecer acerca de los
libros que están escritos en castellano; al último
haremos que nos diga su opinión sobre cuál
lengua tiene por más conforme a la latina, la castellana
o la toscana. De manera que lo primero será del origen
de la lengua, lo segundo de la gramática, lo tercero
de las letras (adonde entra la ortografía), lo cuarto
de las sílabas, lo quinto de los vocablos, lo sexto
del estilo, lo sétimo de los libros, lo último
de la conformidad de las lenguas. ¿Os contenta esta
manera de proceder? | PACHECO.-
Es la mejor del mundo, con tal
condición que la guardemos de tal manera que ninguno
se pueda salir de ella. | CORIOLANO.-
Yo deseo siempre prevenir
por no ser prevenido, y así querría que pusiésemos
escondido en algún lugar secreto un buen escribano,
para que notase los puntos principales que aquí se
dijesen, porque podría ser que con este principio
engolosinásemos a Valdés de tal manera, que
le hiciésemos componer cualque diálogo de
lo que aquí platicaremos. | MARCIO.-
Lo habéis pensado
muy bien; hágase así: poned a meser Aurelio
que, como sabéis, es entendido en entramas lenguas,
y ordenadle lo que ha de hacer, mientras que yo voy a llamar
a Valdés, que lo veo pasear muy pensativo. Pero mirad
que mandéis que el casero esté a la puerta para
que, si viniere alguno, sea quien fuere, diga que no estamos
aquí, porque no nos estorben; y, porque los que vinieren
lo crean y se vayan con Dios, mandad que los mozos
se pasen a jugar hacia la parte de la mar, porque de otra
manera no haríamos nada. | CORIOLANO.-
Decís muy
bien; presto será hecho. | VALDÉS.-
Ora sus, vedme
aquí más obediente que un fraile descalzo
cuando es convidado para algún banquete. | MARCIO.-
Soy
cierto que la plática no puede andar sino bien, y,
porque no perdamos tiempo, con licencia de estos señores
quiero yo tomar la mano. | PACHECO.-
Yo, por mi tanto,
recibiré merced que vos hagáis todas las preguntas
principales, de manera que nosotros dos andemos sobresalientes.
| MARCIO.-
Acepto la merced y, comenzando a preguntar,
digo, señor Valdés, que lo primero que querría
saber de vos es de dónde tuvieron origen y principio
las lenguas que hoy se hablan en España, y principalmente
la castellana, porque, pues habemos de hablar de ella, justo
es que sepamos su nacimiento. | VALDÉS.-
Muy larga me
la levantáis; cuanto que esto más es querer
saber historias que gramática, y, pues vosotros holgáis
de esto, de muy buena gana os diré todo lo que acerca
de ello he considerado. Estad atentos, porque sobre ello
me digáis vuestros pareceres. Y, porque la lengua
que hoy se habla en Castilla, de la cual vosotros queréis
ser informados, tiene parte de la lengua que se usaba en
España antes que los romanos la enseñoreasen,
y tiene también alguna parte de la de los godos, que
sucedieron a los romanos, y mucha de la de los moros, que
reinaron muchos años, aunque la principal parte es
de la lengua que introdujeron los romanos, que es la lengua
latina, será bien que primero examinemos qué
lengua era aquella antigua que se usaba en España
antes que los romanos viniesen a ella. Lo que por la mayor
parte los que son curiosos de estas cosas tienen y creen, es
que la lengua que hoy usan los vizcaínos es aquella
antigua española. Esta opinión confirman con
dos razones harto aparentes: la una es que, así como
las armas de los romanos, cuando conquistaron la España,
no pudieron pasar en aquella parte que llamamos Vizcaya,
así tampoco pudo pasar la lengua al tiempo que,
después de haberse hecho señores de España,
quisieron que en toda ella se hablase la lengua romana.
La otra razón es la disconformidad que tiene la lengua
vizcaína con cualquiera de las otras lenguas que el
día de hoy en España se usan, por donde se tiene
casi por cierto que aquella nación conservó
juntamente con la libertad su primera lengua. De esta misma
opinión fui yo un tiempo, y creí que cierto
fuese así, porque la una razón y la otra
me contentaron; pero habiéndolo después considerado
mejor, y habiendo leído un poco más adelante,
soy venido en esta opinión: que la lengua que en España
se hablaba antiguamente era así griega como la que
ahora se habla es latina; quiero decir que, así como
la lengua que hoy se habla en Castilla, aunque es mezclada
de otras, la mayor y más principal parte que tiene
es de la lengua latina, así la lengua que entonces
se hablaba, aunque tenía mezcla de otras, la mayor
y más principal parte de ella era de la lengua griega.
En esta opinión he entrado por dos puertas. La una
es leyendo a los historiadores, porque hallo que griegos
fueron los que más platicaron en España, así
con armas como con contrataciones, y ya sabéis que
estas dos cosas son las que hacen alterar y aun mudar las
lenguas; cuanto más que se lee que griegos vinieron
a habitar en España, por donde es de creer que, no
solamente guardaron su lengua, pero que la comunicaron con
las otras naciones, las cuales, por ser, como es, rica y
abundante, la debieron de aceptar. La otra puerta por donde
soy entrado en esta opinión es la consideración
de los vocablos castellanos, porque, cuando me pongo a pensar
en ellos, hallo que muchos de los que no son latinos o arábigos,
son griegos, los cuales creo sin falta quedasen de la lengua
antigua, así como quedaron también algunas
maneras de decir, porque, como sabéis, el que habla
en lengua ajena siempre usa algunos vocablos de la suya propia,
y algunas maneras de decir. | MARCIO.-
Cosa nueva es para mí,
no lo que toca a las historias, sino lo que decís
que la lengua castellana tenga tanto de la griega, y, si
no me lo tuvieseis a mal, no lo querría creer
hasta ver primero cómo lo probáis. | |
VALDÉS.-
Aunque el creer sea cortesía, yo huelgo que de esto
que os he dicho no creáis más de lo que viereis. | MARCIO.-
Aceptamos la licencia, y mirad que no os admitiremos
los vocablos griegos que la lengua castellana ha tomado de
la sagrada escritura, como son escandalizar, atesorar, evangelio,
apóstol, ni otros que son como anexos a estos,
así como ciminterio y martilojo, ni tampoco los que
parece sean de la medicina, como cristal, paroxismo, efímera,
gargarismo, porque quiero que en sí muestren su antigüedad,
porque de otra manera no valdrá nada vuestra razón.
| VALDÉS.-
Bien me podría servir de alguno de los
que habéis dicho, pero no quiero sino dejarlos por
no contender, y deciros algunos otros que, a mi ver, muestran
ser antiguos así bien que bastan harto para que creáis
que lo que digo es verdad. Estos son apeldar por huir,
malatía por enfermedad, cillero por el lugar donde
poner la harina, fantasía por presunción,
gaçafatón por cosa mal dicha, tio,
rávano, cara, carátula, cadira por silla; también
creo que quedasen del griego trévedes y chimenea, y aun brasa y abrasar, porque brasso quiere decir hiervo, y açomar, masa, moço, mesta, cañada, barrio, cisne, pinjado, artesa, tramar, truhán, mandra, celemín, glotón, tragón y tragar. Hay también algunos que comienzan en pan, y tienen del griego, como son pantuflos, pandero, panfarrón, y otros muchos que debe haber en que yo no he mirado; hay también
otros vocablos que, aunque tienen del latín, parecen
claramente ser forjados a la significación de otros
griegos que significan lo que ellos; de estos es dexemplar,
que en algunas partes de España usan por disfamar;
el cual vocablo creo yo sea forjado de esta manera: que, soliendo
decir, como el griego dice paradigma que quiere decir exemplum,
el español queriendo hablar latín, habló
a su modo y dijo dexemplar; así como el francés,
porque, hablando su lengua, por sí dice uida, cuando
viene a hablar latín, no se contenta con decir ita,
sino añade el da de su lengua y dice itada. Esto me
parece que os debe bastar cuanto a los vocablos. Cuanto a
las maneras de decir, si miráis en ello, hallaréis
muy muchas. | MARCIO.-
Ea, decid algunas. | VALDÉS.-
Porque
Luciano, de los autores griegos en que yo he leído,
es el que más se allega al hablar ordinario, os daré
de él los ejemplos. | MARCIO.-
Más los quisiera de
Demóstenes. | VALDÉS.-
Y aun yo holgara de dároslos
siquiera de Isócrates, pero contentaos con
que os dé de lo que tengo. Cuando en castellano queremos
decir que uno tiene bien de bivir, decimos que tiene buena
passada; de esta misma manera, queriendo decir esto mismo,
dice Luciano ce diarci ton poron; y en castellano, queriendo
decir nuestra hazienda, o su hazienda, decimos lo nuestro
o lo suyo: Quien da lo suyo antes de su muerte, merece que
le den con un maço en la frente, adonde dice lo suyo
por su hazienda; y Luciano, en la misma significación,
dice ta imetera. También, si en castellano amenazamos
a un moço o muchacho, queriendo decir que lo castigaremos,
decimos: Pues si yo te empieço, y de la misma manera
dice Luciano mu catirxato, que quiere decir: me empeçó. Por medio para confirmación de esta mi opinión,
allende de lo dicho, puedo también alegar la conformidad
de los artículos y otras cosas, si no os contentáis
con lo alegado. | MARCIO.-
Antes abasta harto lo que habéis
dicho, y de verdad parece harto aparente y razonable esta
vuestra opinión, y yo tanto de hoy más la tendré
también por mía, y lo mismo creo que harán
estos dos señores. Ahora, presuponiendo que es así
como vos decís, que la lengua que en España
se hablaba antes que los romanos, habiéndola enseñoreado,
le introdujesen su lengua, era así griega como es
latina la que ahora se habla, proseguid adelante. | VALDÉS.-
La vida me habéis dado en no querer contender sobre esto,
porque por no porfiar me dejara vencer, haciendo mi cuenta
que más vale quedar por necio que ser tenido por porfiado.
Pero mirad que, si alguno querrá decir que la lengua
vizcaína es en España aún más antigua
que la griega, yo tanto no curaré de contender sobre
lo contrario, antes diré que sea mucho en buena hora
así como lo dirá, con tanto que a mí
me conceda el señor Pacheco lo que digo. | PACHECO.-
No
os concederé yo tan presto lo que habéis concluido,
porque Gayo Lucio y los tres Cipiones, Claudio Nerón
y Sempronio Graco, siendo romanos, latinos y griegos, no
hablaran con turdetanos, celtiberos, o iberos y cántabros
por intérpretes, si la lengua antigua de España
fuera griega, ni los mercadantes de Fenicia habían
necesidad de intérprete en el contratar de sus mercaderías
con los antiguos de España, antes que cartagineses
y romanos la combatiesen. | VALDÉS.-
Basta que la lengua
latina, como he dicho, desterró de España a
la griega, la cual, así mezclada y algo corrompida,
se platicó en España hasta la venida de los
godos, los cuales, aunque no desterraron la lengua latina,
todavía la corrompieron con la suya, de manera que
ya la lengua latina tenía en España dos mezclas,
una de la griega, según mi opinión, y otra
de los godos. El uso de esta lengua así corrompida
duró por toda España, según yo pienso,
hasta que el rey don Rodrigo en el año de setecientos
y diez y nueve, poco más o menos, desastradamente,
la perdió cuando la conquistaron ciertos reyes moros
que pasaron de África, con la venida de los cuales
se comenzó a hablar en España la lengua
arábiga, excepto en Asturias, en Vizcaya y Guipúzcoa,
y en algunos lugares fuertes de Aragón y Cataluña,
las cuales provincias los moros no pudieron sojuzgar, y así
se salvaron muchas gentes de los cristianos, tomando por
amparo y defensión la aspereza de las tierras, adonde,
conservando su religión, su libertad y su lengua,
estuvieron quedos hasta que en Asturias, adonde se recogió
mayor número de gente, alzaron por rey de España
al Infante don Pelayo, el cual con los suyos comenzó
a pelear con los moros, y, ayudándoles Dios, iban
ganando tierra con ellos, y así como los sucesores
deste rey sucedían en el reino, así también
sucedían en la guerra contra los moros, ganándoles
cuándo una ciudad y cuándo otra, y cuándo
un reino y cuándo otro. Esta conquista, como creo
sabéis, duró hasta el año de mil y cuatrocientos
y noventa y dos, en el cual año los Reyes Católicos,
de gloriosa memoria, ganando el reino de Granada, echaron
del todo la tiranía de los moros de toda España.
En este medio tiempo no pudieron tanto conservar los españoles
la pureza de su lengua, que no se mezclase con ella mucho
de la arábiga, porque, aunque recobraban los reinos,
las ciudades, villas y lugares, como todavía quedaban
en ellas muchos moros por moradores, se quedaban con
su lengua; y, habiendo durado en ella hasta que pocos años
ha, el emperador les mandó se tornasen cristianos
o se saliesen de España, conversando entre nosotros,
nos han pegado muchos de sus vocablos. Esta breve historia
os he contado, porque, para satisfaceros a lo que me preguntasteis,
me pareció convenía así. Ahora, pues
habéis visto cómo, de la lengua que en España
se hablaba antes que conociese la de los romanos, tiene
hoy la castellana algunos vocablos y algunas maneras de decir,
es menester que entendáis cómo de la lengua
arábiga ha tomado muchos vocablos; y habéis
de saber que, aunque para muchas cosas de las que nombramos
con vocablos arábigos tenemos vocablos latinos, el
uso nos ha hecho tener por mejores los arábigos que
los latinos; y de aquí es que decimos antes alhombra que tapete, y tenemos por mejor vocablo alcrevite que piedra
sufre, azeite que olio, y, si mal no me engaño, hallaréis
que para solas aquellas cosas que habemos tomado de los moros,
no tenemos otros vocablos con que nombrarlas que los arábigos,
que ellos mismos, con las mismas cosas, nos introdujeron;
y, si queréis ir avisados, hallaréis que un
al, que los moros tienen por artículo, el cual ellos
ponen al principio de los más nombres que tienen,
nosotros lo tenemos mezclado en algunos vocablos latinos,
el cual es causa que no los conozcamos por nuestros. Pero,
con todos estos embarazos y con todas estas mezclas,
todavía la lengua latina es el principal fundamento
de la castellana, de tal manera que, si a vuestra pregunta
yo hubiera respondido que el origen de la lengua castellana
es la latina, me pudiera haber excusado todo lo demás
que he dicho; pero mitad que he querido ser liberal en esta
parte, porque me consintáis ser escaso en las demás.
| PACHECO.-
Creo yo, según lo que conozco de vuestra condición,
que, aunque os roguemos seáis escaso, seréis
liberal, especialmente de esta mercancía en que con
la liberalidad no se desmengua el caudal. | MARCIO.-
No os ha
respondido mal; y vos nos habéis muy bien satisfecho
a nuestra pregunta, porque, así vuestra opinión
acerca de la primera lengua, como acerca de la corrupción
de la latina, parece no se puede negar; pero, pues tenemos
ya que el fundamento de la lengua castellana es la latina,
resta que nos digáis de dónde vino y tuvo principio
que en España se hablasen las otras cuatro maneras
de lenguas que hoy se hablan, como son la catalana, la valenciana,
la portuguesa y la vizcaína. | VALDÉS.-
Os diré
no lo que sé de cierta ciencia, porque no sé
nada de esta manera, sino lo que por conjeturas alcanzo,
y lo que saco por discreción; por tanto me contento
que vosotros a lo que dijere deis el crédito que quisierais;
y con este presupuesto, digo que dos cosas suelen principalmente
causar en una provincia diversidades de lenguas: la una es
no estar toda debajo de un príncipe, rey o señor,
de donde procede que tantas diferencias hay de lenguas, cuanta
diversidad de señores; la otra es que, como siempre
se pegan algo unas provincias comarcanas a otras, acontece
que cada parte de una provincia, tomando algo de sus comarcanas,
su poco a poco se va diferenciando de las otras, y esto no
solamente en el hablar, pero aun también en el conversar
y en las costumbres. España, como sabéis, ha
estado debajo de muchos señores, y es así
que -dejado a parte que aun hasta Castilla estuvo dividida,
no ha muchos años-, que Cataluña era de un señor,
al cual llamaban conde, y Aragón era de otro señor,
al cual llamaban rey; los cuales dos señores vinieron
a juntarse por casamientos, y después, por armas,
conquistaron el reino de Valencia que era de moros; y, andando
el tiempo, lo uno y lo otro vino a juntarse con Castilla;
y los reinos de Granada y Navarra tenían también
sus señoríos, aunque ya ahora, a su despecho,
el uno y el otro están debajo de la corona de Castilla;
y Portugal, como veis, aun ahora está apartada de la
corona de España, teniendo como tiene rey de por sí.
La cual diversidad de señoríos, pienso yo que
en alguna manera haya causado la diferencia de las lenguas,
bien que cualquiera de ellas se conforma más con la
lengua castellana que con ninguna otra; porque, aunque cada
una de ellas ha tomado de sus comarcanos, como Cataluña
que ha tomado de Francia y de Italia, y Valencia, que ha tomado
de Cataluña, todavía veréis que principalmente
tiran al latín, que es, como tengo dicho, el fundamento
de la lengua castellana, de la cual, porque os tengo dicho
todo lo que sé y puedo decir, no curo de hablar más.
De la vizcaína querría saberos decir algo,
pero, como no la sé ni la entiendo, no tengo que decir
de ella sino solamente esto: que, según he entendido
de personas que la entienden, también a ella se le
han pegado muchos vocablos latinos, los cuales no se conocen,
así por lo que les han añadido, como por la
manera con que los pronuncian. Esta lengua es tan ajena de
todas las otras de España, que ni los naturales de ella
son entendidos por ella poco ni mucho de los otros, ni los
otros de ellos. La lengua catalana dice que era antiguamente
lemosina, que es ahora lengua de oc; se ha apurado tomando mucho
del latín, sino que no le toma los vocablos enteros;
y tomando algo del francés puro, y también
del castellano y del italiano. La valenciana es tan conforme
a la catalana, que el que entiende la una entiende casi la
otra, porque la principal diferencia consiste en la pronunciación
que se llega más al castellano, y así es más
inteligible al castellano que la catalana. La portuguesa
tiene más del castellano que ninguna de las otras,
tanto que la principal diferencia que a mi parecer se halla
entre las dos lenguas es la pronunciación y la ortografía.
| MARCIO.-
Siendo esto que decís así, ¿cómo
en Aragón y Navarra, habiendo sido casi siempre reinos
de por sí, se habla la lengua castellana? | VALDÉS.-
La causa de esto pienso que sea que, así como los cristianos
que se recogieron en Asturias debajo del rey don Pelayo,
ganando y conquistando a Castilla, conservaron su lengua,
así también los que se recogieron en algunos
lugares fuertes de los montes Pirineos y debajo del rey don
Garci Jiménez, conquistando a Aragón y Navarra,
conservaron su lengua; aunque creo que también lo
haya causado la mucha comunicación que estas dos provincias
han siempre tenido en Castilla. Y la causa por que, según
yo pienso, en el Andalucía y en el reino de Murcia
la vecindad de la mar no ha hecho lo que en las otras provincias,
es que los castellanos conquistaron estas provincias en tiempo
que ya ellos eran tantos que bastaban para introducir su
lengua, y no tenían necesidad del comercio de otras
naciones para las contrataciones que sustentan las provincias.
| MARCIO.-
Bien me satisfacen esas razones, y, cuanto a esto,
con lo dicho nos contentamos, y así queremos que
dejéis a parte las otras cuatro lenguas y nos digáis
solamente lo que toca a la lengua castellana. | VALDÉS.-
Si me habéis de preguntar de las diversidades que hay en el hablar castellano entre unas tierras y otras, será
nunca acabar, porque como la lengua castellana se habla no
solamente por toda Castilla, pero en el reino de Aragón,
en el de Murcia con toda el Andalucía, y en Galicia,
Asturias y Navarra, y esto aun hasta entre la gente vulgar,
porque entre la gente noble tanto bien se habla en todo el
resto de España, cada provincia tiene sus vocablos
propios y sus maneras de decir, y es así que el aragonés
tiene unos vocablos propios y unas propias maneras de decir,
y el andaluz tiene otros y otras, y el navarro otros y otras,
y aun hay otros y otras, en tierra de Campos, que llaman Castilla
la Vieja, y otros y otras en el reino de Toledo. De manera
que, como digo, nunca acabaríamos. | PACHECO.-
No os queremos
meter en ese labirinto; solamente, como a hombre criado en
el reino de Toledo y en la corte de España, os preguntaremos
de la lengua que se usa en la corte, y si alguna vez tocaremos
algo de esas otras provincias, lo recibiréis en paciencia.
| VALDÉS.-
Mientras me mandarais acortar la materia
y no alargarla, de buena voluntad os obedeceré. | MARCIO.-
¿Creéis que la lengua castellana tenga algunos vocablos
de la hebrea? | VALDÉS.-
Yo no me acuerdo sino de solo
uno, el cual creo se le haya pegado de la religión;
este es abad, de donde viene abadessa, abadía
y abadengo. | CORIOLANO.-
Este último vocablo es muy nuevo
para mí; no paséis adelante sin decirme qué
quiere decir abadengo. | VALDÉS.-
Porque en la lengua
castellana de real se dice realengo, lo que pertenece al
rey, quisieron los clérigos, con su acostumbrada humildad,
por parecer a los reyes, que de abad se llamase abadengo,
lo que pertenece al abad o abadía. | PACHECO.-
¿Os parece
a vos que fueron muy necios? | VALDÉS.-
No me empacho con
clérigos. También saco por costal o talega
es hebreo, de donde lo ha tomado el castellano, así
como casi todas las otras lenguas que han sucedido a la hebrea. | MARCIO.-
¿Ay algunos vocablos deducidos de la lengua italiana?
| VALDÉS.-
Pienso yo que jornal, jornalero y jornada han
tomado principio del giorno que decís acá en
Italia; es verdad que también se lo puede atribuir
así Cataluña. | PACHECO.-
Verdaderamente creo
sea así como decís; nunca había mirado
en ello. | VALDÉS.-
Bien creo que haya también algunos
otros vocablos tan propios castellanos que, sin tener origen
de ninguna otra lengua, con el tiempo han nacido en la provincia.
| MARCIO.-
Cuanto al origen de la lengua, basta harto saber lo
que nos habéis dicho. Ahora querríamos saber
de vos, en lo que pertenece a la gramática, qué
conformidad tiene la lengua castellana con las otras lenguas
de que ha tomado vocablos con que ataviarse y componerse.
| VALDÉS.-
Muy larga me la levantáis, si queréis
meterme en reglas gramaticales; pero, porque no digáis
que no os obedezco, diré lo que así de presto
se me ofrecerá. | MARCIO.-
Nosotros nos contentamos con
eso. | VALDÉS.-
Cuanto a la conformidad, digo que se
conforma la lengua castellana con la griega en esto, que
tiene, como ella, sus artículos. | | PACHECO.-
¿A qué
llamáis artículos? | VALDÉS.-
A el, la y lo, los y las. | PACHECO.-
Ya lo entiendo. | MARCIO.-
¿De qué
manera usáis de estos artículos? | VALDÉS.-
El ponemos con los nombres masculinos diciendo el hombre,
y la ponemos con los nombres femeninos diciendo la muger;
y lo juntamos a los nombres neutros diciendo lo bueno, pero
de este solamente tenemos singular, y no plural como
de los otros, que tenemos los para masculino, diciendo los
hombres, y las para femenino, diciendo las mugeres. | CORIOLANO.-
¿Y para los otros casos tenéis artículos? | VALDÉS.-
Para el genitivo masculino tenemos del, diciendo del hombre, y para el femenino de la, diciendo de la muger. Aunque yo
creo, así en el un género como en el otro,
sobre el artículo del nominativo se añade un
de, sino que en el masculino se pierde la e, y por no decir
de el hombre, decimos del hombre. | PACHECO.-
Sin duda creo
que sea así. | VALDÉS.-
Estos mismos artículos
sirven para el ablativo, porque cuando decimos: Del lobo
un pelo y esse de la frente, aquel del lobo está
en ablativo. De la misma manera en el dativo y acusativo
ponemos sobre el artículo del nominativo una a, sino
que en el masculino perdemos la e, diciendo: Dixo el asno
al mulo: harre allá, orejudo, adonde aquel al está
por a el. En el femenino no se pierde nada, porque decimos
Dixo la sartén a la caldera: tira allá, culnegra.
De la misma manera hacemos en el artículo neutro que
en femenino, porque así, poniendo un de sobre el
artículo del nominativo, formamos el del genitivo
y ablativo, y poniendo una a formamos el del dativo y acusativo,
porque decimos de lo para genitivo y ablativo, y a lo para
dativo y acusativo: De lo contado come el lobo, etc.
Y así como en el singular decimos el, del y al en
el género masculino, y la, de la y a la en el femenino,
así en el plural en el masculino decimos los, de
los y a los, y en el femenino las, de las y a las; el artículo
neutro ya he dicho que no tiene plural. | MARCIO.-
Harto basta
lo dicho cuanto a la conformidad de los artículos;
proseguid adelante. | VALDÉS.-
Con la lengua hebrea se
conforma la castellana en no variar los casos, porque en
el singular tienen todos ellos una sola terminación
y en el plural otra, así como bueno y buenos, hombre y hombres. Con la misma lengua se conforma en poner en muchos
vocablos el acento en la última, y en usar algunas
veces el número singular por el plural, y así
dice mucha naranja, passa o higo, por muchas naranjas, pasas
o higos. Se conforma también en juntar el pronombre
con el verbo, diciendo dadle y tomaráse, como parece
por este refrán: Al ruín dadle un palmo, y
tomaráse quatro. Con la lengua latina se conforma
principalmente en algunas maneras de decir, y en otras, como
habéis oído, se conforma con la griega. Se conforma
también con el latín en el abc, aunque difieren
en esto, que la lengua castellana tiene una j larga que vale
por gi, y tiene una que nosotros llamamos cerilla, la cual
hace que la c valga por z; tiene más una tilde que
en muchas partes, puesta sobre la n, vale tanto como g. | PACHECO.-
De manera que, según eso, podremos bien decir que
el abc de la lengua castellana tiene tres letras más
que el de la latina. | CORIOLANO.-
Aun hasta en esto queréis
ganar honra; sea mucho en buena hora. | VALDÉS.-
Cuanto
a la gramática, con deciros tres reglas generales
que yo guardo, pensaré haber cumplido con vosotros,
las cuales a mi ver son de alguna importancia para saber
hablar y escribir bien y propiamente la lengua castellana.
| PACHECO.-
Conmigo tanto, y aun sin decir ninguna, cumpliríais.
| MARCIO.-
¿Por qué? | PACHECO.-
Porque nunca fui amigo de estas
gramatiquerías. | MARCIO.-
Y aun por esto es regla cierta
que tanto aprueba uno cuanto alcanza a entender; vos
no sois amigo de gramatiquerías, porque no sabéis
nada de ellas, y, si supieseis algo, desearíais
saber mucho, y así por ventura seríais amigo
de ellas. | PACHECO.-
Puede ser que sería así, no
lo contradigo. Decid vos vuestras tres reglas; quizá,
sabidas, aprobaré la gramática. | VALDÉS.-
La primera regla es que miréis muy atentamente si
el vocablo que queréis hablar o escribir es arábigo
o latino, porque, conocido esto, luego atinaréis cómo
lo habéis de pronunciar o escribir. | MARCIO.-
Está
bien, pero eso más pertenece para la ortografía
y pronunciación que para la gramática. | VALDÉS.-
Así es la verdad, yo os digo lo que se me ofrece;
ponedlo vosotros en el lugar que quisieseis. | MARCIO.-
Bien decís, pero sería menester que nos dieseis
alguna regla, la cual nos enseñase hacer diferencia
entre esos vocablos. | VALDÉS.-
Cuanto que yo no
os sabría dar más que una noticia confusa,
la cual os servirá más para atinar que para
acertar. | MARCIO.-
Con esa nos contentaremos; decídnosla.
| VALDÉS.-
Cuanto a lo primero, presuponed que por la
mayor parte todos los vocablos que viereis que no
tienen alguna conformidad con los latinos y griegos son arábigos;
en los cuales casi ordinariamente veréis h, x o z, porque estas tres letras son muy anexas a ellos, y de aquí
procede que los vocablos que tienen f en el latín,
convertidos en el castellano, la f se torna en h, y así
de faba decimos hava; y aun por la misma causa en muchas
partes de Castilla convierten la s latina en x, y por sastre
dicen xastre; lo mismo hacen comúnmente convirtiendo
la c latina en z, y así por faciunt dicen hazen; las cuales todas son pronunciaciones que tienen del arábigo,
pero son tan recibidas en el castellano que, si no es en
el sastre y otros como él, en los demás se
tiene por mejor la pronunciación y escritura arábiga
que la latina. Esto os he dicho porque, si viereis
un vocablo con una de estas tres letras, no penséis
luego que es arábigo hasta haber examinado si tiene
esta mudanza de letras o no. Cuanto a lo demás,
sabed que casi siempre son arábigos los vocablos que
empiezan en al, como almohada, alhombra, almohaça,
alhareme; y los que comienzan en az, como azaguán,
azar, azagaya; y los que comienzan en col, como colcha,
colgajo, cohecho; y los que comienzan en ça,
como çaherir, çaquiçamí, çafio; y los que comienzan en ha, como haxa, haragán,
harón; y los que comienzan en cha-, chi-, cho-,
chu-, como chapín, chinela, choça, chueca; y los que comienzan en en, como enhelgado, enhaziado,
endechas; y los que comienzan en gua, como Guadalherza, Guadalquevir, Guadarrama; y estos por la mayor parte
son nombres de ríos o de lugares; y los que comienzan
en xa, xe, como xáquima, xerga. De los vocablos latinos
enteros no es menester daros regla, pues sin ella vosotros
los conoceréis, como también atinaréis
en los corrompidos poniendo en ello un poco de diligencia
y trabajo. Pero advertid que, así como en los vocablos
arábigos no está bien al castellano aquel pronunciar
con la garganta que los moros hacen, así, tampoco
en los vocablos latinos no conviene pronunciar algunas cosas
tan curiosamente como las pronunciáis los latinos;
esto digo por la superstición con que algunos de vosotros,
hablando castellano, pronunciáis la s. | MARCIO.-
Digo
que tenéis mucha razón, y que tengo este aviso
por muy bueno, considerando que tampoco nosotros pronunciamos
en el latín los vocablos que tenemos de la lengua
griega y de la hebrea con aquella eficacia y vehemencia que
los pronuncian los griegos y hebreos. | VALDÉS.-
La segunda
regla consiste en saber poner en cada vocablo su propio artículo;
quiero decir, juntar con el nombre masculino y neutro sus
propios artículos, y decir: El abad de donde canta,
de allí yanta y Al ruín cuando lo mientan, luego viene,
y juntar con el nombre femenino los artículos femeninos,
diciendo así: La muger y la gallina por andar se
pierde aína, y El polvo de la oveja alcohol es para
el lobo; de manera que ni al nombre masculino pongáis
artículo femenino, ni juntéis con el femenino
artículo masculino. | MARCIO.-
¿En qué conoceremos
nosotros, entre los vocablos, cuál es de un género
y cuál de otro? | VALDÉS.-
Esa regla no os la
sabré yo dar, porque nunca me he parado a pensarla;
bien es verdad que he notado esto: que, por la mayor parte,
los vocablos latinos guardan en el castellano el mismo género
que en el latín, y digo por la mayor parte, porque
hay muchos que no lo guardan así, como son los nombres
de árboles, que en latín son, como sabéis,
casi todos femeninos, y en castellano son casi todos masculinos,
y los de la fruta son los más femeninos; pero por
lo más ordinario veréis que los nombres en
castellano guardan el género que en el latín
de esta manera: que los nombres acabados en a, serán
femeninos, y así por el consiguiente. | MARCIO.-
Pues
¿por qué no ponéis la por artículo a
todos los nombres femeninos? | VALDÉS.-
Sí, la
ponemos a todos, sacando aquellos que comienzan en
a, así como arca, ama, ala, con los cuales juntamos
el, diciendo el arca, el ama, el ala. Esto hacemos por evitar
el mal sonido que hacen dos aes juntas, y de verdad parece
mejor decir El mal del milano, el ala quebrada y el papo
sano, que no la ala. | MARCIO.-
¿No sería mejor, por no
caer en el inconveniente que parece sea poner artículo
masculino al nombre femenino, perder la a del artículo
y decir l'arca, l'ama, l'ala? | VALDÉS.-
No me parecería
mal, si se usase, pero como no se usa, yo por mí
no lo osaría decir ni escribir. | MARCIO.-
Pero, ¿no os
parecería mal adonde lo vieseis escrito? | VALDÉS.-
No, de ninguna manera. Esto es cuanto a los
vocablos que o son latinos o tienen alguna parte del latín;
cuanto a los otros, no os sabría dar regla ninguna.
El mismo cuidado que habéis de tener en poner bien
el artículo del nominativo conviene que tengáis
en poner el del genitivo y acusativo, estando sobre aviso
de hablar siempre de esta manera: Del monte salle quien el
monte quema y Del lobo un pelo y ése de la frente,
y Lo que da el nieto al agüelo y Allegadora de la ceniza
y derramadora de la harina.
| CORIOLANO.-
Me parece que
os aprovecháis bien de vuestros refranes, o como los
llamáis. | VALDÉS.-
Me aprovecho de ellos tanto
como decís, porque, habiéndoos de mostrar por
un otro ejemplo lo que quiero decir, me parece sea más
provechoso amostrároslo por estos refranes, porque
oyéndolos los aprendáis, y porque más
autoridad tiene un ejemplo de estos antiguos que un otro que
yo podría componer. | CORIOLANO.-
Bien está, pero
yo no entiendo los más de ellos. | VALDÉS.-
Abasta
que entendáis el propósito para que los digo;
la sentencia otro día la entenderéis. | CORIOLANO.-
Acepto la promesa; y decidme si tenéis por cosa de
mucha importancia la observancia de estos artículos.
| VALDÉS.-
Yo os diré de qué tanta, que
en Castilla tenemos por averiguado que un extranjero, especialmente
si no sabe latín, por maravilla sabe usar propiamente
de ellos, tanto que hay muchos vizcaínos en Castilla
que, después de haber estado en ella cuarenta o cincuenta
años, y sabiendo del resto muy bien la lengua, muchas
veces pecan en el uso de los artículos. Por tanto,
os aconsejo que miréis muy bien en ello. | MARCIO.-
Así
lo haremos como lo decís, por obedeceros. | VALDÉS.-
Hacedlo por lo que os cumple, que a mí poco me importa.
Más me cumple acabar esta jornada de hoy, y por esto
paso a la tercera regla. Esta es que en la pronunciación
de los vocablos miréis bien en qué sílaba
ponéis el acento, porque muchas veces el acento hace
variar la significación del vocablo, como parece en
este refrán que dice: Dure lo que durare, como cuchara
de pan, adonde, si ponéis el acento en las últimas
sílabas del dure y durare, no diréis nada,
porque haréis al uno pretérito y al otro futuro;
pero, si en el dure ponéis el acento en la u, y en
el durare en la a, la sentencia estará buena; y, si
diciendo Quien haze un cesto hará ciento, en el haze
ponéis el acento en la última haciéndolo
imperativo, gastaréis la sentencia; y por el contrario,
si diciendo Quien sufrió calló y vido lo que
quiso, en el calló ponéis el acento en la a, haciéndolo presente, no diréis nada. Esto mismo
acontece en otros muchos verbos, como en burlo y lloro, diciendo:
Quien con su mayor burló, primero riyó y después
lloró. Y por esta causa, cuando yo escribo alguna
cosa con cuidado, en todos los vocablos que tienen el acento
en la última, lo señalo con una rayuela. Bien
sé que tendrán algunos esta por demasiada
y superflua curiosidad, pero yo no me curo, porque la tengo
por buena y necesaria. | MARCIO.-
Luego ¿esta es la causa
que os mueve a señalar los acentos como hacéis?
| VALDÉS.-
Esta misma. | MARCIO.-
Pues yo os certifico que
esta de los acentos es una de las principales cosas
con que yo venía armado contra vos, y paréceme
lo que sobre esto decís tan bien, que no puedo
dejar de aprobarlo, aunque hasta aquí me parecía
cosa bien demasiada. | VALDÉS.-
Me huelgo de haberos
satisfecho antes que me lo preguntaseis. | MARCIO.-
¿Y querríais que todos usasen este señalar
de acentos en el escribir? | VALDÉS.-
Sí querría,
a lo menos los que escriben libros de importancia y los que
escriben cartas familiares a personas que no son naturales
de Castilla, porque a poca costa les enseñarían
cómo han de leer lo que les escriben. | MARCIO.-
¿Tenéis
alguna regla cierta para esto de los acentos? | VALDÉS.-
Ninguna tengo que salga siempre verdadera; es bien verdad
que por la mayor parte los verbos que tienen el acento en
la última son terceras personas, o de pretérito,
como amó, o de futuro, como enseñará. | |
MARCIO.-
¿Habéis notado alguna otra regla que pertenezca
al acento? | VALDÉS.-
Ninguna, porque ya sabéis
que las lenguas vulgares de ninguna manera se pueden reducir
a reglas de tal suerte que por ellas se puedan aprender;
y siendo la castellana mezclada de tantas otras, podéis
pensar si puede ninguno ser bastante a reducirla a reglas.
Y porque me habéis preguntado de la gramática,
y pertenece también a ella saber juntar el pronombre
con el nombre, quiero que sepáis que la lengua castellana
siempre quiere el pronombre delante del nombre, si no es
cuando el nombre está en vocativo, que entonces el pronombre
sigue al nombre, de manera que, hablando bien, habéis
de decir mi señor y mi señora, mi padre y mi
madre, cuando están en nominativo, pero si estos nombres
están en vocativo, habéis de decir señor
mío y señora mía, padre mío y madre mía. Mas quiero sepáis que, si estando
estos nombres en vocativo, ponéis el pronombre antes
que el nombre, hacéis que la cortesía sea mucho
menor, y de aquí es que hay muy gran diferencia de
escribir a una dama señora mía o mi señora,
porque, luego que de industria os apartáis del propio
estilo de la lengua en que habláis o escribís,
mostráis tener por inferior a la persona con quien
habláis, o a quien escribís. | MARCIO.-
¿Tenéis
que esa regla sea siempre verdadera? | VALDÉS.-
Yo por
tal la osaría vender; bien puede ser que tenga alguna
excepción de que yo no me acuerde. | PACHECO.-
Mirad cómo
habláis, porque ecepción, pues yo no lo entiendo,
no es vocablo puro castellano. | VALDÉS.-
Tenéis
razón, pero, pues me hacéis hablar en esta
materia en que yo no he visto cómo otros castellanos
han hablado, es menester que sufráis me aproveche de
los vocablos que más a propósito me parecerán,
obligándome yo a declararos los que no entendieseis;
y así digo que tener excepción una regla es
tener algunas cosas que salen de aquella orden que la regla
pone. | PACHECO.-
Ya lo entiendo, y soy contento de sufriros
el uso de estos vocablos, pero con la condición que
decís. | VALDÉS.-
También pertenece a la
gramática el saber juntar el pronombre con el verbo,
en lo cual veo un cierto uso, no sé de dónde
sea nacido, y es que muchos dicen poneldo y embialdo por
decir ponedlo y embiadlo; porque el poned y embiad es el
verbo, y el lo es el pronombre, no sé qué sea
la causa por que lo mezclan de esta manera; yo, aunque todo
se puede decir, sin condenar ni reprehender nada, todavía
tengo por mejor que el verbo vaya por sí y el pronombre
por sí, y por esto digo: Al moço malo, ponedle
la mesa y embiadlo al mandado. La misma razón hay en
decir ayudarte a por ayudaráte; yo siempre digo:
Ayúdate y ayudaráte Dios. Lo mismo es sacarte
a o sacaráte, como diciendo: Cría cuervo,
y sacaráte el ojo. | PACHECO.-
¿Qué me daréis
y diré que con lo que habéis dicho estoy ya
un poco aficionado a la gramática y me va ya pareciendo
bien? | VALDÉS.-
¿Qué? Lo que dicen las viejas
en mi tierra: Un correverás y otro que te hallarás,
por que veáis en cuánto tengo que os parezcan
mal o bien. | PACHECO.-
Vos me habéis respondido como yo
merecía. Proseguid adelante. | VALDÉS.-
No tengo
más que proseguir, ni vosotros os podréis quejar
que no os he dicho hartas gramatiquerías. | MARCIO.-
No,
que no nos quejamos de lo dicho; pero nos quejaremos
si no nos decís más. | VALDÉS.-
Quejaos
cuanto quisiereis, que a mí no se me ofrece
otra cosa que deciros. | MARCIO.-
Según eso, no debéis
haber leído el Arte de Gramática Castellana
que dice que compuso vuestro Antonio de Librija para las damas
de la serenísima reina doña Isabel, de inmortal
memoria. | VALDÉS.-
Así es verdad, que no lo he
leído. | MARCIO.-
¿Por qué? | VALDÉS.-
Porque
nunca pensé tener necesidad de él, y porque
nunca lo he oído alabar; y en esto podéis ver
cómo fue recibido y cómo era provechoso que,
según entiendo, no fue imprimido más que una
vez. | | PACHECO.-
No importa; basta lo dicho cuanto a lo que pertenece
a la gramática; mejor haréis en demandar lo
que pertenece al poner en los vocablos más unas letras
que otras. | VALDÉS.-
¿De qué os reís? | MARCIO.-
Me río de ver cuán contra vuestra voluntad os
hacemos hablar en estas niñerías, y me huelgo
de considerar la paciencia con que las tratáis. | VALDÉS.-
Dejad hacer; que algún día también yo
me reiré de vosotros, o mal me andarán las manos.
| MARCIO.-
A vuestro placer, siempre me precié de tomar
fiado; ahora decidme por qué unas veces escribís
a con h y otras sin ella | VALDÉS.-
Por hacer diferencia
de cuando es verbo a cuando es preposición; y así
siempre que es verbo la escribo con h, y digo: Quien ha buen
vezino, ha buen maitino, y también: Quien asnos ha perdido,
cencerros se le antojan; y cuando es preposición la escribo
sin h, diciendo: A buen callar llaman sancho, y también:
A carne de lobo, salsa de perro, y: A perro viejo no cuzcuz.
Pero muy mejor veréis la diferencia que hay en el escribir
a sin h o con ella en este refrán: Quien lengua ha,
a Roma va; y para que veáis mejor lo que importa escribir
a con aspiración o sin ella, mirad este refrán
que dice: Quien no aventura no gana, el cual algunos no entienden
por hallar escrita la primera a del aventura con aspiración,
porque piensan ser razón que quiere decir: quien no
tiene ventura no gana; en lo cual ya vosotros veis el engaño
que reciben. | PACHECO.-
Eso está bien dicho, pero ¿cómo
hará quien no sabe conocer cuándo es verbo
o cuándo es preposición? | VALDÉS.-
Si no
sabe latín tendrá alguna dificultad, aunque
no mucha, si tiene un poco de discreción; si sabe
latín, no tendrá ninguna, porque él mismo
se lo enseñará. Bien es verdad que hay algunos
que, aunque saben latín, son tan descuidados en el
escribir que ninguna diferencia hacen en escribir de una
manera o de otra, y todavía es mi opinión que
la ignorancia de la lengua latina, que los tiempos
pasados ha habido en España, ha sido muy principal
causa para la negligencia que habemos tenido en el escribir
bien la lengua castellana. | MARCIO.-
Sin falta debe ser así;
mas he notado en vuestras cartas que, en algunos vocablos,
unas veces ponéis a al principio, y otras no, diciendo
cevadado y acevadado, sentado y asentado, donde y adonde,
llegado y allegado, ruga y arruga, vezado y avezado, basta y abasta, etc.
| VALDÉS.-
Si habéis bien mirado en ello, hallaréis
que pongo a cuando el vocablo que precede acaba en consonante,
y no la pongo cuando acaba en vocal; y así escribiendo
este refrán, pongo: Haz lo que tu amo te manda, y
siéntate con él a la mesa y no y asiéntate; como también en este: El abad de donde canta,
de allí yanta, y no de adonde; pero, si no precede
vocal, veréis que siempre pongo la a, como aquí:
¿Adónde irá el buey que no are?, y aquí:
Allégate a los buenos y serás uno dellos. | PACHECO.-
Mucha observancia es esa, y mucho cuidado es menester
para guardarla.
| VALDÉS.-
Así es verdad; y aun
por eso no os digo yo lo que otros hacen, sino lo que yo
procuro guardar, deseando ilustrar y adornar mi lengua.
El que no quisiere tomar este trabajo, déjelo estar,
que no por eso se irá al infierno. | PACHECO.-
Bien está,
pero vos juzgaréis que el que no guarda lo que vos,
no escribe bien castellano. | VALDÉS.-
Cuanto a eso,
yo sé bien lo que haré. | MARCIO.-
A mí,
tanto, no me suena bien una a que algunos de vosotros ponéis
en ciertas partes, como será diciendo atan
bueno; y, como dice vuestro Cancionero general: O qué
dichos atan vanos Yo no sé cómo os
suena a vos esto; sé que nunca os lo veo usar. | VALDÉS.-
Pues eso os debe bastar por respuesta; y sabed que aquella
a es superflua, y que en las coplas la ponen por henchir el verso
los ruines trovadores. | MARCIO.-
Bien me place eso. Pero ¿por
qué escribís truxo, escribiendo otros traxo?
| VALDÉS.-
Porque es, a mi ver, más suave la pronunciación,
y porque así lo pronuncio desde que nací.
| MARCIO.-
¿Vos no veis que viene de traxit latino? | VALDÉS.-
Bien lo veo, pero yo, cuando escribo castellano, no curo
de mirar cómo escribe el latín. | PACHECO.-
En
eso tenéis razón, porque yo siempre me acuerdo
oír decir: Fue la negra al baño y truxo que
contar un año, y no traxo. | MARCIO.-
No oso admitiros
este truxo. | VALDÉS.-
¿Por qué? | MARCIO.-
Porque
veo y siento que muchos cortesanos, caballeros y señores
dicen y escriben traxo. | VALDÉS.-
Por la misma razón
que ellos escriben su traxo escribo yo mi truxo; vosotros
tomad el que quisiereis. | MARCIO.-
Está bien,
así lo haremos. Pero decidme por qué vos escribís
siempre e donde muchos ponen a. | VALDÉS.-
¿En qué
vocablos? | MARCIO.-
En estos: decís rencor por
rancor, renacuajo por ranacuajo, rebaño por rabaño.
| VALDÉS.-
A eso no os sabré dar otra razón
sino que porque así me suena mejor y he mirado que
así escriben en Castilla los que se precian de escribir
bien. | MARCIO.-
¿Por qué en los vocablos que comienzan
en s, unas veces ponéis e y otras no?, ¿lo hacéis
por descuido o por observancia? | VALDÉS.-
Antes esta
es una de las cosas principales en que miro cuando escribo,
porque ni apruebo por bueno lo que hacen los que, queriendo
conformar la lengua castellana con la latina, en los semejantes
vocablos quitan siempre la e donde la latina no la pone;
ni tampoco lo que hacen los que siempre la ponen, porque
tengo por mejor, para conservar la gentileza de mi lengua,
hacer de esta manera: que si el vocablo que precede acaba en
e, no la pongo en el que se sigue, y así digo: casa
de sgremidores y no de esgremidores, y el socorro de Scalona
y no de Escalona; y si el vocablo precedente no acaba en
e, la pongo en el que se sigue, y así digo:
De los escarmentados se levantan los arteros. | MARCIO.-
Bien
me satisface eso; y primor es digno de ser alabado. Pero
¿a qué propósito ponéis unas veces en
esta, este, esto, e al principio, y otras no, aunque el vocablo
precedente no acabe en e? | VALDÉS.-
Yo os diré;
porque, como sabéis, unas veces esta, este y esto son verbos y tienen una significación,
y otras veces son pronombres demostrativos y tienen otra
significación; me ha parecido, por no hacer tropezar
al letor, poner la e cuando son pronombres, porque el acento
está en ella, y quitarla cuando son verbos, porque,
estando el acento en la última, si miráis en
ello, la primera e casi no se pronuncia, aunque se escriba.
| CORIOLANO.-
Mostradnos eso por algunos ejemplos. | VALDÉS.-
Soy contento. Si tengo de escribir: En salvo stá el
que repica o: Quien bien stá, no se mude, no escribo
está; pero si tengo de escribir: Si tras éste
que ando, mato, tres me faltan para quatro, o: Si desta escapo
y no muero, nunca más bodas al cielo, no escribo ste ni sta. | CORIOLANO.-
Ya lo entiendo muy bien. | MARCIO.-
A la fe
que es gentil primor este; porque a mí, tanto,
muchas veces me hace tropezar, leyendo, el no saber
así de presto conocer si aquel esta es pronombre
o verbo; especialmente que algunas veces vienen a caer dos
juntos, de los cuales el uno es pronombre y el otro verbo,
que os hacen desatinar, como aquí: Está esta
tierra tan estragada. | PACHECO.-
No os puedo decir sino que,
aunque no lo he visto usar sino a vos, me parece bien, pero
no me obligaría a guardarlo. | VALDÉS.-
En eso
vos haréis como quisiereis; abasta que os
parezca bien. | MARCIO.-
En algunos vocablos habemos mirado que
muchos de vosotros ponéis i donde otros ponen e. | VALDÉS.-
Decid algunos. | MARCIO.-
Vanedad o vanidad, envernar o invernar,
escrevir o escrivir, aleviar o aliviar, desfamar o disfamar,
etc. | VALDÉS.-
Si bien habéis mirado en ello, en
todos esos pongo yo siempre i y no e porque me parece
mejor, y porque siempre lo he usado así y veo que
los más primos en el escribir hacen lo mismo. Los
que hacen el contrario, por ventura es por descuido. | MARCIO.-
Por descuido no puede ser, porque Librija en su Vocabulario
los escribe con e. | VALDÉS.-
No me aleguéis otra
vez para la lengua castellana el autoridad de Librija andaluz,
que me haréis perder la paciencia. | MARCIO.-
Soy contento,
pero tampoco vos no os atuféis porque hombre os diga
lo que le hace dudar, pues al fin se conforma con lo que
vos decís. | VALDÉS.-
En eso tanto ninguna razón
tenéis. Vos queréis que os sufra yo vuestras
preguntas malas o buenas y no me queréis sufrir a
mí mi cólera sin razón o con ella. | PACHECO.-
Sea de esta manera; que vos nos sufráis a nosotros nuestras
preguntas y que nosotros os suframos a vos vuestra cólera.
¿Sois contento? | VALDÉS.-
Contentísimo; porque
os hago saber que para mí no hay igual tormento que
no poderme enojar o mostrar enojo por lo que oigo o veo que
no es según mi fantasía. | MARCIO.-
Bien es que
nos declaréis vuestra condición; y pues así
es, dejad hacer a mí. ¿Cuál es mejor decir,
taxbique o texbique, fraila o freila, trasquilar o tresquilar?
| VALDÉS.-
Yo, en esos vocablos y en los semejantes a
ellos, por mejor tengo usar la a que la e, y, si habéis
mirado en ello, siempre la uso; y creo cierto, hacen lo mismo
los que escriben con cuidado. | MARCIO.-
Pues Librija... | VALDÉS.-
No haya más Librija, por vuestra vida. | MARCIO.-
¡Picasteis!
Pues más de otras diez veces os haré picar
de la misma manera. | VALDÉS.-
Buen tiempo tenéis;
pues algún día me vendréis a la melena.
| CORIOLANO.-
¿Cómo es eso? ¿Qué quiere decir
a la melena? | VALDÉS.-
No me he obligado a declararos
los vocablos que hablo, sino a daros cuenta de lo que escribo.
| MARCIO.-
Tiene razón; dejadme decir: ¿Por qué
escribís salliré por saldré que escriben
otros? | VALDÉS.-
Porque viene de sallir. | MARCIO.-
Ahora
os quiero meter en un laberinto, de donde habréis menester
para descabulliros otro que palabras. Tres maneras de íes
tenéis en la lengua castellana: una pequeña,
otra larga, y otra griega, de las cuales, si mal no me engaño,
usáis indiferentemente, lo cual tengo por gran falta
de vuestra lengua, si no me dais alguna razón para
ello. | VALDÉS.-
No habéis dicho mal en llamarlo
laberinto, pero estad atentos, que pienso quedaréis
satisfechos, porque os mostraré cómo cada i
de estas tiene su lugar propio donde ninguna de las
otras está bien; y porque la i pequeña es más
general, quiero hacer de esta manera, que os diré de estas otras
primero, y, visto lo que se puede saber de estas, tendréis
por dicho lo de la pequeña. | PACHECO.-
Decís muy
bien. | VALDÉS.-
Cuanto a la j larga, ya al principio
os dije cómo suena al castellano lo que al toscano
gi, de manera que estará bien en todos los lugares
que hubiere de sonar como vuestra gi, y mal en los que hubiere
de sonar de otra manera. Está bien en mejor, trabajo,
jugar, jamás, naranja, y así en todos los
vocablos que tienen este ja, jo, ju. | PACHECO.-
¿Y en los que
tienen je? | VALDÉS.-
En esos no. | PACHECO.-
¿Cómo
no? ¿Queréis que escribamos gente de la manera que
escribimos gerra? | VALDÉS.-
No quiero yo tal, porque guerra
lo habéis de escribir con u, y gente no. | PACHECO.-
¿De
manera que queréis pronunciemos la g con la e siempre
como en gente? | VALDÉS.-
Sí que lo quiero, porque
así es el deber. | | PACHECO.-
Hágase así.
Pero ¿por qué vos algunas veces ponéis gi en
lugar de j larga? | VALDÉS.-
Porque esas veces será
escribiendo a algún italiano, por acomodarme a su
lengua, por ser mejor entendido. | | MARCIO.-
No me parece bien
que, por acomodaros a la lengua ajena, saquéis la
vuestra de sus quicios. | VALDÉS.-
Vos tenéis razón,
cuando de tal manera la sacase de sus quicios o quiciales,
que el natural de mi lengua no me entendiese; pero, si me
entiende tanto escribiendo megior como mejor, no me parece
que es sacar de quicios mi lengua, antes adornarla con el
ajena, mostrando que es tan general que, no solamente es
entendida de los naturales, pero aun de los extraños.
| MARCIO.-
Decís muy bien; pasemos adelante; ya nos habéis
dicho de la i larga; decidnos ahora de la griega. | | VALDÉS.-
En esta hay mayor dificultad, pero habéis de
saber que la y griega tiene dos lugares adonde necesariamente
se pone, y donde ninguna de las otras estará bien,
y uno donde se pone impropiamente. El uno de los dos es cuando
la y es consonante; el otro cuando es conjunción.
El impropio es cuando se pone en fin de la parte. En todos
los otros lugares creedme que no está bien. | MARCIO.-
Mostrándonos eso por ejemplos habréis cumplido
enteramente vuestra promesa. | VALDÉS.-
Largamente os
lo mostraré. Siempre que la y es consonante, yo pongo
la griega, como será en mayor, reyes, leyes, ayuno,
yunque, yerro; algunas veces parece que esta y griega afea
la escritura, como es en respondyó, proveyó,
y otros de esta calidad, pero yo no me curo de la fealdad,
teniendo intento a ayudar la buena pronunciación;
y con el que querrá hacer de otra manera no contenderé.
De esta misma y griega uso cuando ay es verbo y cuando es interjección,
y no cuando es adverbio, porque entonces escribimos aí.
Y cuando es adverbio, oy, y no cuando es verbo, porque entonces
escribimos oí. También escribimos ya y yo,
porque la y es consonante. Cuando es conjunción, ponemos
también y griega, diciendo Cesar y Pompeyo,
etc. Impropiamente se pone en fin de algunos vocablos, adonde
es vocal, como en assy, casy y ally. En todas
las otras partes yo pongo la i pequeña, sin faltar
ninguna. | MARCIO.-
Y en los vocablos que tomáis del
latín y del griego que tienen la y griega, como son
mysterio y sylaba, ¿usáis la y griega? | VALDÉS.-
No. | MARCIO.-
¿Por qué? | VALDÉS.-
Por no obligar
al que no sabe latín ni griego a que escriba como el
que lo sabe, pues todos podemos escribir de una misma manera,
poniendo misterio y sílaba (y aun de aquí quito
una de las eles, porque el que no es latino no pronuncie
las dos eles juntas), y también porque no quiero poner
y griega sino cuando es consonante; y, cuando es consonante,
no quiero poner la pequeña. Y si queréis ver
lo que importa, considerad que ley con y griega es muy diferente
significación de leí con i pequeña; lo
mismo veréis en rey o reí. | MARCIO.-
¿Qué
os parece de esta observación, por vuestra fe? | PACHECO.-
Me
parece tan bien que la tengo por la mejor que aquí
ha dicho, puesto caso que las otras son muy buenas; yo por
mí, tanto os confieso que no había mirado en
tanto primor. | MARCIO.-
¿De aquí adelante pensáis
guardar estas reglas? | PACHECO.-
Sí, mientras me acordare
de ellas; a lo menos las guardaré cuando escribiere cosa
que haya de andar por manos de algunos; y aun querría
corregir por ellas todo lo que hasta aquí he escrito.
| MARCIO.-
No vi en mi vida hombre de vuestra tierra que fuese
dócile sino a vos. | PACHECO.-
¿Qué quiere decir dócile?
| VALDÉS.-
Dócile llaman los latinos al que es aparejado
para tomar la doctrina que le dan, y es corregible. | PACHECO.-
Mirad, señores, así como no todos los que
traen hábitos y cugullas son frailes, así tampoco
son todos porfiados los que son de mi tierra, porque hay de
unos y de otros. | MARCIO.-
Mientras que vos hablareis
de esa manera, amigo seréis del señor Valdés;
y dejando esto, que es perder tiempo, nos decid: ¿por qué
en lugar del et latino e italiano ponéis unas veces
y griega y otras e? | VALDÉS.-
Solamente pongo e cuando
el vocablo que se sigue comienza en i, como en lo
que vos acabáis de decir ahora: latino e italiano.
| PACHECO.-
Es muy bien dicho y muy bien mirado, aunque es, en
la verdad, recia cosa obligaros a tantas sutilezas sin necesidad.
| VALDÉS.-
Sí que es recia sin necesidad, pero
con necesidad no es recia, y de necesidad tiene de observar
todo esto el que quiere escribir bien y propiamente, y ninguna
cosa voluntaria es dificultosa. | MARCIO.-
Digo que tenéis
razón en esto. Pero decidnos: ¿cuál tenéis
por mejor, ospital o espital? | VALDÉS.-
Ni el uno ni
el otro tengo por buenos, porque veo que aunque la pobreza
es de todos muy alabada, de todos es muy aborrecida y menospreciada. | MARCIO.-
Dejaos de decir donaires; no os pregunto sino
cuanto a lo que pertenece al vocablo.
| VALDÉS.-
Por mejor
vocablo tengo ospital, y veréis que pocos dicen ni
escriben espital. | MARCIO.-
Pues Librija... | VALDÉS.-
Tornaos
ahí con vuestro Librija; ¿no os digo que lo dejéis
estar? | MARCIO.-
Ya habéis picado otra vez. | VALDÉS.-
Andaos a decir donaires; y antes que paséis
adelante, diré esto en disculpa de Librija, que por
ventura escribe espital, porque en su tierra este vocablo
quedó entero del griego vulgar, porque ellos dicen
espital. | | MARCIO.-
En estos vocablos que diré, como son
abundar o abondar, rufián o rofián, ruído
o roído, cubrir o cobrir, jaula o jaola, tullido o tollido, riguroso o rigoroso, ¿cuál tenéis
por mejor, la u o la o? | VALDÉS.-
En todos esos
yo siempre escribo la u, porque la tengo por mejor; creo hacen
así los más. | MARCIO.-
¿Tenéis por bueno
lo que algunos hacen, especialmente escribiendo libro, poniendo
una v que parece superflua, donde, por decir yo os diré, dicen yo vos diré, y dicen también porque vos
hablen, por porque os hablen? | VALDÉS.-
Si lo tuviese
por bueno, lo usaría; pero por eso no lo uso, porque
no lo tengo por tal; y esa tal v nunca la veréis
usar a los que ahora escriben bien en prosa, bien que, a
la verdad, yo creo que sea manera de hablar antigua. | MARCIO.-
A la u y a la o nunca acabo de tomarles tino, porque unos
mismos vocablos veo escritos unas veces con la una letra
y otras con la otra. Acerca de esto deseo me digáis
vuestro parecer. | VALDÉS.-
Tenéis muy gran razón
en lo que decís; pero habéis de notar que la
mayor parte de este error nace de los vizcaínos, porque
jamás aciertan cuándo han de poner la una letra
o cuándo la otra; pecan también algunas veces
los castellanos en el mismo pecado, pero pocas, y una de ellas
es cuando la o es conjunción disyuntiva, poniendo
u en lugar de la o, lo cual de ninguna manera me contenta;
y si habéis mirado en ello, siempre escribo o, diciendo:
O rico o pinjado, o muerto o descalabrado. Bien es verdad
que, cuando el vocablo que se sigue comienza en o,
yo uso u, diciendo: Esto u otro lo hará; pero,
mientras puedo excusarme de que la necesidad me fuerce a
poner u, me excuso, porque no me suena bien; y porque
usamos de dos maneras de úes, una de dos piernas y
otra casi redonda, habéis de saber que de estas
yo no uso indiferentemente, antes tengo esta advertencia:
que nunca pongo la u de dos piernas sino donde la u es vocal;
en todas las otras partes casi siempre uso de la otra, y
aun también a principio de parte, pero aquí
más por ornamento de la escritura que por otra necesidad
ninguna. Otra cosa observo; que si el vocablo comienza
en u vocal, y después de la u se sigue e, yo pongo
una h antes de la u, y así digo huevo, huerto, huesso, etc. Hay algunos que ponen g adonde yo pongo h, y dicen güevo, güerto, güesso; a mí oféndeme el
sonido y por eso tengo por mejor la h. | MARCIO.-
Está
bien esto. Pero enseñadnos aquí cómo
hacéis cuando queréis huir de que vengan en
lo que escribís muchas vocales juntas, porque tengo
este por gran primor en el escribir. | VALDÉS.-
Esa es cosa que no se puede enseñar sino teniendo
un libro castellano en la mano. ¿Tenéis aquí
alguno? | MARCIO.-
Pienso que no. | VALDÉS.-
Pues acordaos,
cuando lo tengáis, que yo os lo mostraré; ahora
solamente os quiero decir que, huyendo yo cuanto me es posible
de la conjunción de muchas vocales, cuando la necesidad
forzosamente las trae, procuro ensolverlas, y así
escribo de esta manera: En achaque de trama stâca
nuestrâma, donde, poniendo todas las vocales, había
de escribir está acá y nuestra ama, y de la
misma manera: Ninguno no diga: destâgua no beveré,
por de esta agua. | CORIOLANO.-
Eso habéis vos tomado
del griego, y aun del italiano. | VALDÉS.-
La pronunciación
ni la he tomado del uno ni del otro; la escritura sí;
pero ¿no os parece a vos que es prudencia saberse hombre
aprovechar de lo que oye, ve y estudia, siendo aquél
el verdadero fruto del trabajo? | CORIOLANO.-
No solamente tengo
eso por prudencia, pero tendría el contrario por ignorancia.
| MARCIO.-
Veo en vuestras cartas que en algunos vocablos ponéis
b adonde otros no la ponen, y decís cobdiciar, cobdo, dubdar, súbdito; querría saber por qué
lo hacéis así. | VALDÉS.-
Porque a mi ver
los vocablos están más llenos y mejores con
la b que sin ella, y porque toda mi vida los he escrito y
pronunciado con b. | | MARCIO.-
Siempre que escribo algún
vocablo que comience en c o en q, y después se siga
u, estoy en duda si tengo de poner c o q, y mirando el Vocabulario de Librija, hallo que los escribe casi todos con c. Mirando
vuestras cartas, hallo muchos más escritos con q que
con c; deseamos nos digáis qué es lo que acerca
de esto guardáis. | VALDÉS.-
Ya os tengo dicho que
no me aleguéis a Librija. | MARCIO.-
Perdonadme por esta
vez, que fue sin malicia. | VALDÉS.-
Soy contento, y os digo
que en esto no tengo regla ninguna que daros, salvo que,
pareciéndome que conviene así, a todos los
nombres que significan número, como quatro, quarenta, pongo q, y también a los pronombres, como qual; y
de verdad son muy pocos los que me parece se deben escribir
con c; pero todavía hay algunos, como cuchara, que
decimos: Dure lo que durare, como cuchara de pan, y como
cuero, que también decimos: Bolsa sin dinero, dígole
cuero. Y si uno, siendo natural de la lengua, quisiere con
diligencia mirar en ello, la misma pronunciación le enseñará
cómo ha de escribir el vocablo, porque verá
que los que se han de escribir con q, tienen la pronunciación
más hueca que los que se han de escribir con c, los
cuales la tienen mucho más blanda; sé que más
vehemencia pongo yo cuando digo quaresma, que no cuando cuello.
| PACHECO.-
En eso no hay que dudar, sino que es así
como decís. | MARCIO.-
Un donaire muy grande he notado
en vuestras cartas; que en algunos vocablos no os contentáis
con la e ordinaria que los castellanos añadís
en los vocablos que comienzan en s, sino ponéis
otra añadidura con una d; de manera que, habiendo hecho
de scabullir, escabullir, y de sperazar, esperezar, vos hacéis
descabullir y desperezar. | VALDÉS.-
Mayor donaire es
querer vos ser juez en la provincia donde no sabéis
las leyes; ¿no habéis oído decir que cada gallo
cante en su muladar? | MARCIO.-
Sí que lo he oído
decir, pero esto es tan claro que me parece poder hablar
en ello como en cosa tan propia mía como vuestra.
| VALDÉS.-
Pues no os parezca, por vuestra vida; y sabed
que la gentileza de la lengua castellana, entre las otras
cosas, consiste en que los vocablos sean llenos y enteros,
y por esto siempre me veréis escribir los vocablos
con las más letras que puedo, si ya no son algunas
letras que indiscretamente se han mezclado en algunos vocablos,
de los cuales por ventura, antes que de aquí vamos,
nos toparemos con algunos; pero esto no cabe en ninguno de
los que habéis dicho ahora; ni tampoco soy de vuestra
opinión en cuanto a las añadiduras que decís;
antes pienso que el primero que comenzó a usar
estos vocablos en la lengua castellana los usó así
enteros como yo los escribo. | | PACHECO.-
Más os valiera
callar, pues, yendo por la lana, habéis tornado trasquilado.
| MARCIO.-
Así es verdad que torno trasquilado, pero
también llevo lana, pues he sabido lo que hasta ahora
no sabía. Pero dejemos esto; ¿qué es la causa
porque vos no ponéis una d entre dos aes como la ponen
muchos, diciendo ad aquel, y así en otras
partes? | VALDÉS.-
Eso hacen solamente algunos aragoneses,
lo cual, según parece, hacen por huir el mal sonido
que causan dos aes juntas; pero, a mi ver, por huir de un
inconveniente caen en dos: el uno es que dan a la lengua
lo que no es suyo, y el otro que no alcanzan lo que
pretenden, que es adobar el mal sonido, porque, si bien lo
consideráis, peor suena decir ad aquel que
a aquel. | MARCIO.-
Digo que, si sólo por eso
ponen la d, ellos a mi ver lo yerran, porque, allende de
lo que vos habéis dicho, no tienen autoridad de ninguna
otra lengua que haga una cosa semejante donde se puedan fundar;
por tanto, de hoy más, yo les dejo su d, que allá
se avengan con ella. Y vos decidnos por qué entre
vosotros, unos ponéis algunas veces una d al fin de
las segundas personas de los imperativos, y otros siempre
la dejáis, escribiendo unas veces tomá, otras
tomad; unas comprá, otras comprad; unas comé,
otras comed. | VALDÉS.-
A los que no la ponen querría
que demandaseis por qué la dejan, que yo
que la pongo, bien os diré la causa. | MARCIO.-
Esa
nos abasta a nosotros saber. | VALDÉS.-
La pongo
por dos respetos: el uno por henchir más el vocablo,
y el otro por que haya diferencia entre el toma con el acento
en la o, que es para cuando hablo con un muy inferior, a
quien digo tú, y tomad con el acento en la a, que es para cuando hablo con un casi igual, a quien digo
vos; lo mismo es en compra y comprad, en corre y corred, etc. | MARCIO.-
Cuanto a esto, yo quedo bien satisfecho, y holgaría
me satisficieseis también a lo que ahora
os preguntaré; ¿qué es la causa por que vos
escribís con h casi todos los vocablos que el latino
escribe con f? Y sabed que lo que me hace estar más
maravillado de esto, es ver que muchos castellanos los escriben
con f.
| VALDÉS.-
Si os acordaseis bien de lo
que habemos dicho, hallaríais que estáis respondido
a eso; pero, pues tenéis mala memoria, torno a decir
que de la pronunciación arábiga le viene a
la castellana el convertir la f latina en h; de manera que,
pues la pronunciación es con h, yo no sé por
qué ha de ser la escritura con f, siendo fuera de
propósito que en una lengua vulgar se pronuncie de
una manera y escriba de otra; yo siempre he visto que usan
la h los que se precian de escribir el castellano pura y castellanamente;
los que ponen la f son los que, no siendo muy latinos, van
trabajando de parecerlo. | MARCIO.-
No me desplace lo que decís,
pero veo también que en vocablos que no son latinos
hacéis lo mismo. | VALDÉS.-
Y en esos mucho
mejor quiero guardar mi regla de escribir como pronuncio.
| PACHECO.-
No sé yo si osaríais vos decir eso
en la Cancellería de Valladolid. | VALDÉS.-
¿Por
qué no? | PACHECO.-
Porque os apedrearían aquellos
notarios y escribanos que piensan levantarse diez varas de
medir sobre el vulgo, porque con saber tres maravedís
de latín hacen lo que vos reprehendéis. | VALDÉS.-
Por eso me guardaré yo bien de írselo a decir
a ellos. Ni aun a vosotros no lo dijera, si no me hubierais
importunado. | PACHECO.-
¿Por qué? | VALDÉS.-
Porque
es la más recia cosa del mundo dar reglas en donde
cada plebeyo y vulgar piensa que puede ser maestro. | PACHECO.-
Aunque sea fuera de propósito, os suplico me digáis
a quién llamáis plebeyos y vulgares. | VALDÉS.-
A todos los que son de bajo ingenio y poco juicio. | PACHECO.-
¿Y si son altos de linaje y ricos de renta? | VALDÉS.-
Aunque sean cuan altos y cuan ricos quisieren, en mi opinión,
serán plebeyos si no son altos de ingenio y ricos
de juicio. | MARCIO.-
Esa filosofía no la aprendisteis
vos en Castilla. | VALDÉS.-
Engañado estáis;
antes, después qué vine en Italia, he olvidado
mucha parte della. | MARCIO.-
Será por culpa vuestra.
| VALDÉS.-
Si ha sido por culpa mía o no, no digo
nada; basta que es así, que mucha parte de la que
vos llamáis filosofía, que aprendí en
España, he olvidado en Italia. | MARCIO.-
Esa
es cosa nueva para mí. | VALDÉS.-
Pues, para mí,
es tan vieja que me pesa. | MARCIO.-
No quiero disputar con vos
esto, pues tan bien me habéis satisfecho en lo que
os he preguntado. | VALDÉS.-
Me huelgo que os satisfaga,
pero más quisiera satisfacer a Garcilaso de la Vega,
con otros dos caballeros de la corte del Emperador que yo
conozco. | MARCIO.-
Si no se satisficieren cuando vieren alguna
cosa donde estuviere guardada la regla que decís,
ellos sabrán por qué; basta que nosotros quedamos
satisfechos. Pero, ¿sabéis qué querría?
| VALDÉS.-
¿Qué? | MARCIO.-
Que en los vocablos que
claramente tomáis del latín, los cuales se
escriben con dos efes, no les quitaseis ninguna,
de manera que dijeseis affetto y no afeto. | VALDÉS.-
También lo querría yo, pero sería dificultoso
de introducir, por la poca plática que hay de la lengua
latina entre los más de nosotros. | MARCIO.-
A lo menos,
si no podéis hacer que lo usen los otros, usadlo vos.
| VALDÉS.-
Soy contento, yo lo haré así
de aquí adelante. | MARCIO.-
Está bien. Decidme
ahora si resgate y rescate es todo uno. | VALDÉS.-
Todo,
y el propio es rescate. | MARCIO.-
Pues ¿por qué algunos
escriben resgate? | VALDÉS.-
Por ventura por hacer el
contrario de lo que el castellano hace en vuestro sgombrar,
que, mudando la g en c y añadiendo su ordinaria e, dice escombrar. | CORIOLANO.-
¿Qué quiere decir escombrar en castellano? | VALDÉS.-
Casi lo mismo que sgombrar
en italiano. | CORIOLANO.-
Según eso, hurtado nos habéis
este vocablo. | MARCIO.-
Sí, por cierto, hallado os habéis
la gente que se anda a hurtar vocablos. | CORIOLANO.-
Tenéis
razón, no supe lo que me dije. | VALDÉS.-
Siempre
vosotros estáis armados de espada y capa, para herirnos
cuando nos veis algo descubierto; pues ya sabéis que
donde las dan, allí las toman. | MARCIO.-
Lo sé
muy bien, y en esto tanto no quiero contender con vos, con
tanto que me digáis cuál tenéis por
mejor; decir quige y quigera, o quise y quisiera, y cuál
os contenta más, escribir vigitar o visitar, porque
veo algunos, y aun de los cortesanos principales, usar más
la g que la s. | VALDÉS.-
Yo por muy mejor tengo la s,
y creo que la g no la habéis oído usar a muchas
personas discretas nacidas y criadas en el reino de Toledo
o en la corte, si ya no fuese por descuido. | MARCIO.-
En la
verdad creo sea así, aunque no fuese sino porque
el vigitar tiene a mi ver del villanesco. Ahora decidme:
¿cuál os contenta más, escribir rígase
o ríyase? | VALDÉS.-
Yo por mejor tengo ríyase, con tanto que la primera i sea pequeña, porque es
vocal, y la segunda sea griega, porque es consonante; la
g yo no sé por qué se ha enjerido allí;
siempre diré: Ande yo caliente y ríyase la
gente. | MARCIO.-
Bien me place esto. Y ahora que nombrasteis
la g, me acuerdo que en los vocablos latinos, adonde después
de la g se sigue n, unas veces veo que quitáis la
g, y otras veo que la ponéis. ¿Por qué hacéis
esto? | VALDÉS.-
Cuando escribo alguna carta particular
en castellano para algún italiano, pongo la g por
la misma causa que en lugar de la j larga pongo gi; pero,
cuando escribo para castellanos, y entre castellanos, siempre
quito la g, y digo sinificar y no significar, manífico y no magnífico, dino y no digno; y digo que la quito
porque no la pronuncio; porque la lengua castellana no conoce
de ninguna manera aquella pronunciación de la g con
la n; y lo veréis porque no dice segnor, sino señor, sirviéndose de la tilde donde vosotros os servís
de la g. De manera que, cuando bien yo quisiese que el castellano
pronunciase como vosotros el manífico y el sinifico,
pondría en lugar de vuestra g nuestra tilde, como hago
en iñorancia, y diría mañífico y siñifico. ¿Qué os parece de esto, señor?
| PACHECO.-
Me parece tan bien que no os lo oso alabar,
porque no me tengáis por lisonjero. | MARCIO.-
Si va a
decir las verdades, os digo que tengo sospecha que vosotros
os vais haciendo del ojo para que apruebe el uno lo que dice
el otro. Hacedlo en buena hora, no me doy nada; y decidme
a qué propósito hacéis tantos potajes
de la h, que jamás puede la persona atinar adónde
está bien o dónde está mal. | VALDÉS.-
En eso tanto tenéis mucha razón, porque es
así que unos la ponen adonde no es menester, y otros
la quitan de donde está bien. La ponen algunos
en hera, havía y han, y en otros de esta calidad,
pero esto lo hacen los que se precian de latinos; yo,
que querría más serlo que preciarme de ello,
no pongo la h, porque leyendo no la pronuncio. Hallaréis
también una h entre dos ees, como en leher, veher, pero de esto no curéis, porque es vicio de los aragoneses,
lo cual no permite de ninguna manera la lengua castellana.
Y otros la quitan, digo la h, de donde está bien, diciendo
ostigar, inojos, uérfano, uésped, ueste, etc.,
por hostigar, hinojos, huérfano, huésped, hueste; y haciendo esto caen en dos inconvenientes: el uno es que
defraudan los vocablos de las letras que les pertenecen,
y el otro que apenas se pueden pronunciar los vocablos de
la manera que ellos los escriben. Hay otra cosa más,
que, haciéndose enemigos de la h, ninguna diferencia
hacen entre e cuando es conjunción, y he cuando es
verbo, porque siempre la escriben sin h, en lo cual, como
os he dicho del ha, yerran grandemente. Aun juegan más
con la pobre h, poniendo algunas veces, como ya os he dicho,
la g en su lugar, y así dicen güerta, güessa, güevo, por huerta, huessa, huevo, etc., en los cuales
todos yo siempre dejo estar la h, porque me ofende toda pronunciación
adonde se juntan la g con la u, por el feo sonido que tiene. | PACHECO.-
Así es verdad que el sonido es feo, pero
como veis es más claro.
| VALDÉS.-
Séase
cuan más claro vos quisiereis, que yo por
mí nunca escribiré ni pronunciaré de
otra manera que he hecho hasta aquí; y si queréis
ver el amistad que la lengua castellana tiene con la h, acordaos
que ya dos veces os he dicho que casi en todos los vocablos
que tiene latinos, si comienzan en efe, convierte la
f en h, diciendo por ferrum, hierro, cuando significa metal,
como en este refrán: A fuerça de villano, hierro
en medio, y en este: Cargado de hierro, cargado de
miedo. Pero advertid que, cuando tomamos este vocablo que
signifique error, no le escribimos con h, como aquí:
Quien yerra y s'enmienda, a Dios se encomienda; y notad que
la y ha de ser griega, porque es consonante. También
decimos, por fava, hava: Da Dios havas a quien no tiene quixadas.
Y aun la g latina convertimos algunas veces en h, diciendo
hermano por germano: Medio hermano, remiendo de mal paño. | PACHECO.-
Aunque más digáis que nos hacemos del
ojo, no callaré esto, que lo dicho de la h está
muy bien considerado.
| MARCIO.-
¿Cuál tenéis por
mejor, decir árvol, o árvor? | VALDÉS.-
Aunque árvor es más latino, tengo por mejor
decir árvol. | MARCIO.-
¿Y cuál os contenta más,
llanto o planto? | VALDÉS.-
Por mejor tengo decir planto.
| MARCIO.-
Y entre salir y sallir ¿hacéis alguna diferencia? | VALDÉS.-
No, cuanto a la significación, pero tengo
por mejor decir: El mal vezino vee lo que entra y no lo que
salle que no lo que sale. así como también
me contenta más resollar que resolgar. Esta variación
de letras en los vocablos creo sea nacida más presto
por inadvertencia de los que hablan y escriben, variando
cuando una letra o cuando otra, que no por industria.
| | MARCIO.-
Verdaderamente creo sea así. Pero veamos ¿cuál
tenéis por mejor decir levar o llevar? | VALDÉS.-
Yo por mejor tengo decir llevar, aunque no fuese sino porque
levar también significa levantar. | CORIOLANO.-
Uno de
los tropiezos en que yo caigo cuando leo algunas cosas
en castellano es el de las dos eles, porque como no las pronunciáis
como nosotros, nunca acabo de caer en la pronunciación
de ellas. | VALDÉS.-
Con esto que os diré, si quisiereis
estar sobre aviso cuando leéis, no tropezaréis
jamás en este canto. Esto es que el castellano pronuncia
siempre las dos eles como vosotros pronunciáis la
g con l y con i, de manera que vosotros escribís gagliardo,
y nosotros gallardo, y todos lo pronunciamos de una misma
manera; y lo mismo acontece en los otros vocablos semejantes
a este. | CORIOLANO.-
Por esto dicen que más ven
cuatro ojos que dos. Ya yo no tropezaré más
en esto. Proseguid adelante. | MARCIO.-
En los verbos compuestos
con pronombre hay muchos que convierten una r en l, y por
lo que vos decís dezirlo y hazerlo, ellos dicen dezillo
y hazello. Decidnos acerca de esto lo que os parece. | | VALDÉS.- | |
Lo uno y lo otro se puede decir; yo guardo siempre la r porque
me contenta más. Es bien verdad que en metro muchas
veces está bien el convertir la r en l por causa de
la consonante, como veréis en esta pregunta que envió
un caballero a otro, la cual dice así: | |
¿Quês la cosa que sin ella | | | | más
claramente la vemos | | | | y si acaso la tenemos | | | | no sabemos conocella? | | | | Quanto ella es más perfeta | | | | en aquel que la possee, | | | | tanto a él es más secreta | | | | y todo el mundo
la vee. | | | Adonde, como veis, dijo conocella y no conocerla porque respondiese al ella. |
|
| MARCIO.-
Antes que paséis
adelante, decidnos qué cosa es ésa que tiene
tantas contrariedades. | VALDÉS.-
Si os la dijese, la
sabríais. | MARCIO.-
Y aun por saberla os lo preguntamos.
| VALDÉS.-
Pues quedaos ahora con ese deseo.
| MARCIO.-
Descortésmente lo hacéis. Lo sufrimos
porque vos nos sufráis a nosotros nuestras importunas
preguntas. | VALDÉS.-
Como mandareis. | MARCIO.-
¿Qué
parecer es el vuestro acerca del poner m o n antes de la
p y de la b? | VALDÉS.-
Por mi fe, en eso tanto nunca
seré muy supersticioso. Bien sé que el latín
quiere la m, y que a la verdad parece que está bien,
pero, como no pronuncio sino n, huelgo ser descuidado en
esto, y así, por cumplir con la una parte y con la
otra, unas veces escribo m, y otras n; y así tanto
me da escribir: Duro es el alcacer para çampoñas,
como para çanpoñas, y de la misma manera escribo:
A pan de quinze dias, hanbre de tres semanas, como
hambre. | MARCIO.-
Pero todavía tendréis por mejor
la m que la n. | VALDÉS.-
Así es verdad. | MARCIO.-
Adonde vos escribís estonces, y assí, y desde,
otros escriben entonces, ansí, y dende, mudando la
s en n. ¿Tenéis alguna razón que os mueva a
escribir s antes que n? | VALDÉS.-
La principal razón
que tengo es el uso de los que bien escriben; podría
también aprovecharme del origen de los vocablos, pero
no quiero entrar en estas gramatiquerías. Os baste
saber que, a mi parecer, en los vocablos que habéis
dicho está mejor la s que la n, la cual creo se ha
metido allí por inadvertencia. | PACHECO.-
Y aun yo soy
de la misma opinión, aunque algún tiempo me
pareció mejor decir entonces que estonces, pero ya
me he desengañado. | MARCIO.-
Dos vocablos hallo de los
cuales vos, no sé por qué, quitáis una
n, diciendo por invierno y lenxos, ivierno y lexos. ¿Lo hacéis
por industria o por descuido? | VALDÉS.-
El descuido creo
yo que está en los que ponen la n sin propósito
ninguno. Y esta es una de las letras que yo digo que
por inadvertencia se han mezclado en algunos vocablos. | MARCIO.-
Yo bien creo que sea así. Pero, siendo esfera vocablo
griego, ¿por qué vos lo escribís con f y otros
con p, escribiéndolo el griego con ph? | VALDÉS.-
Los que lo escriben con p, darán cuenta de sí;
yo lo escribo con f por conformar mi escritura con
la pronunciación. | MARCIO.-
¿Y hacéis lo mismo
en los otros nombres griegos que el latino escribe con ph,
como son philosophía y phariseo? | VALDÉS.-
Lo mismo,
y por la misma razón. | MARCIO.-
A algunos oigo pronunciar guerra y tierra,
y así otros vocablos que se escriben con dos erres,
como si se escribiesen con sola una, y muchas veces he dudado
si lo hacen por primor o por ignorancia. ¿Qué
me decís acerca de esto? | VALDÉS.-
Que ni lo hacen
por primor ni por ignorancia, sino por impedimento
de sus propias lenguas, que no pueden pronunciar aquel sonido
espeso que hacen las dos erres juntas. | MARCIO.-
¿Cuál tenéis
por mejor decir querido o quesido? | VALDÉS.-
Yo nunca
jamás escribo quesido, sino querido, porque viene
de querer. | MARCIO.-
Bien me contenta.
En muchos vocablos he mirado que escribís dos eses
adonde otros se contentan con una, y una donde otros ponen
dos. ¿Tenéis alguna regla para esto? | VALDÉS.-
La regla más general que para ello tengo es doblarla
en todos los nombres superlativos, como son boníssimo
y prudentíssimo, y en todos los nombres que acaban
en essa, como huessa, condessa, abadessa, y en los que acaban
en esse, como interesse, en la cual terminación acaban
muchas personas en los verbos, como hiziesse, truxesse, llevasse,
etc.; y en los que acaban en esso, como huesso, professo,
traviesso; y, generalmente pongo dos eses cuando la pronunciación
ha de ser espesa, y donde no lo es, pongo una sola. | MARCIO.-
Bien me contentan estas reglas. Pero decidme: ¿haréis
alguna diferencia entre asperar y esperar? | VALDÉS.-
Yo sí, diciendo asperad en cosas ciertas, y esperad
en cosas inciertas, como vosotros usáis de aspettar
y sperar, y así digo: aspero que se haga hora de
comer y digo: espero que este año no avrá guerra.
Bien sé que pocos o ninguno guarda esta diferencia,
pero a mí me ha parecido guardarla por dar mejor
a entender lo que escribo. | PACHECO.-
Yo tan nunca guardé
esta diferencia, ni la he visto guardada. | MARCIO.-
No os maravilléis,
que ni aun en los dos vocablos italianos la guardan todos;
es bien verdad que la guardan los que la entienden, y así
me parecerá bien que en los dos vocablos españoles
la guarden también los que la entienden, de manera
que el que lee entienda qué ha de entender por esperar, qué por asperar, y qué por confiar; los cuales
tres vocablos por el ordinario confunden los que escriben.
Y pues esto está bien dicho, decidme: ¿cuál
es mejor escribir cien sin t o cient con t? | VALDÉS.-
Muchas veces he estado en duda cuál tomaría
por mejor, y al fin me he determinado en escribir sin t, y
decir: Un padre para cien hijos, y no cien hijos para un
padre. | MARCIO.-
Lo mismo que me prometisteis de hacer en las
dos efes, quiero que me prometáis en los vocablos
que el latín escribe con dos tees o con ct, como affetto, dotto, perfetto, respetto. | VALDÉS.-
Esto es un poco
más durillo, pero todavía, pues es bueno, no
os lo quiero negar. | MARCIO.-
Os lo tengo en merced.
¿Qué os parece de lo que muchos hacen en algunos vocablos,
escribiéndolos unas veces con t y otras veces con
d? | VALDÉS.-
Me parece que hacen mal en no estar
constantes en una misma manera de escribir. Pero decidme:
¿qué vocablos son esos? | MARCIO.-
Son duro y turo; tresquilar y desquilar. | CORIOLANO.-
¿Qué decís?
¿vos no veis que turo y duro no son una misma cosa? | MARCIO.-
¿Cómo no? | CORIOLANO.-
Porque, según a mí
me han dicho, turo quiere decir duravit, y duro toman
por escasso, hablando metafóricamente, porque del
escasso no se saca más çumo que de una piedra.
| VALDÉS.-
En eso tanto más os engañáis
vos, no haciendo diferencia entre duro, con el acento en
la u, que significa, como habéis dicho, escasso, y así
decimos: Más da el duro que el desnudo, y duró con el acento en la última, que significa durar. Porque
veáis si hace al caso señalar los acentos.
| CORIOLANO.-
Yo confieso haberme engañado. | PACHECO.-
Pues
también se engaña el señor Marcio, creyendo
que tresquilar y desquilar tienen una misma significación.
| MARCIO.-
Pues si yo me engaño, desengañadme vos.
| PACHECO.-
Soy contento. Habéis de saber que trasquilar no se usa jamás sino para significar cortar los cabellos,
y así parece por algunos refranes, como son este:
Trasquílenme en concejo, y no lo sepan en mi casa,
y este: Ir por lana y bolver trasquilado. Sabed más
que desquilar solamente pertenece al ganado. De manera que,
así como se engañaría el que no hiciese
esta diferencia en el uso de este vocablo, así también
os engañáis vos en decir que unos lo escriben
con t y otros con d, pues veis que mudando las letras se
muda la significación. | VALDÉS.-
Bien os ha desengañado;
se me antoja que estáis algo corrido. | MARCIO.-
Tenéis
razón; siempre me pesó ser vencido, especialmente
de quien no tiene habilidad para vencer. Pero mirad que no
quiero se pase entre renglones, el decirnos cuál
tenéis por mejor, escribir turo o duro. | VALDÉS.-
Cuando significan una misma cosa, por no hacer errar a quien
lee, como ha errado el señor Coriolano, me parecería
mejor decir turó, pero, porque en el más común
hablar se dice duró, yo también escribo duró,
señalando con una rayica el acento en la última. | MARCIO.-
Está bien eso, pero ¿por qué vos en
algunos vocablos, adonde muchos ponen s, ponéis x?
| VALDÉS.-
¿Qué vocablos son esos? | MARCIO.-
Son muchos, pero deciros he algunos: cascar o caxcar, cáscara
o cáxcara, cascavel o caxcavel, ensalmo o enxalmo,
sastre o xastre, sárcia o xarcia, siringa o xiringa, tasbique
o taxbique. | VALDÉS.-
Abastan harto los dichos; yo estoy
al cabo de lo que queréis decir. Y si habéis
mirado bien en ello, no escribo yo todos esos con x, como
vos decís, porque en los nombres de esa calidad guardo
siempre esta regla, que si veo que son tomados del latín,
los escribo con s, y digo sastre y no xastre, ensalmar
y no enxalmar, y siringa y no xiringa, y si me parece son
tomados del arábigo, los escribo con x, y así
digo caxcavel, cáxcara, taxbique, etc., porque, como
os he dicho, a los vocablos que o son arábigos o tienen
parte de ello, es muy anexa la x. | MARCIO.-
¿De manera que podremos
usar la s en los vocablos que viéremos tener origen
del latín, y la x en los que nos pareciere tienen
origen del arábigo? | VALDÉS.-
Ya os digo que yo
así lo hago; pienso que en hacer vosotros de la misma
manera no erraréis. | MARCIO.-
Pero de los nombres latinos
encabezados en ex, como excelencia, experiencia, etc.,
¿no querréis que quitemos la x? | VALDÉS.-
Yo siempre
la quito, porque no la pronuncio, y pongo en su lugar s,
que es muy anexa a la lengua castellana. Esto hago con perdón
de la lengua latina, porque, cuando me pongo a escribir en
castellano no es mi intento conformarme con el latín,
sino explicar el concepto de mi ánimo de tal manera
que, si fuere posible, cualquier persona que entienda el
castellano alcance bien lo que quiero decir. | PACHECO.-
Para
deciros verdad, esto se me hace un poco durillo. | VALDÉS.-
¿Por qué? | PACHECO.-
Porque yo no sé con qué
autoridad queréis vos quitar del vocablo latino la
x y poner en su lugar la s. | VALDÉS.-
¿Qué más
autoridad queréis que el uso de la pronunciación?
Sé que diciendo experiencia no pronunciáis
la x de la manera que diciendo exemplo. | PACHECO.-
Así
es verdad, pero... | MARCIO.-
Ese pero, si no os lo quisiereis
comer, tragáoslo por ahora; que, pues a nosotros dos
nos ha satisfecho, también vos os debéis contentar.
| PACHECO.-
Yo me contento. | CORIOLANO.-
Pues yo no puedo sufrir
que hagáis tanto hincapié en decir que no queréis
escribir sino como pronunciáis. | VALDÉS.-
¿Por
qué? | CORIOLANO.-
Porque no lo hacéis siempre
así. | VALDÉS.-
¿Adónde hago el contrario?
| CORIOLANO.-
Adonde escribís vuestra con r, y no siento
que lo pronunciáis sino con s, diciendo vuessa. | VALDÉS.-
Eso será cuando escribo el vra. abreviado, porque
está en costumbre que el abreviatura se escriba con
r; pero, si lo tengo de escribir por letras, no lo escribiré
sino con s. Esto habéis de entender que es así
por la mayor parte, pero no siempre; porque, si diciendo
vra. m., pronunciase el vra. con r, cualquier castellano
que me oyese juzgaría que soy extranjero; pero no
me juzgaría por tal, aunque, diciendo vra. s., pronunciase
en el vra la r. Es bien verdad que la pronunciación
más ordinaria es sin r, como vos habéis muy
bien notado. | MARCIO.-
Yo nunca había mirado en eso,
y como veía escrito vra. con r, creía que así
se había de pronunciar. Y pues así es, de hoy más no pronunciaré sino con s; y me parece
que hacéis mal en usar de abreviatura que hace tropezar.
| VALDÉS.-
Sí que hace tropezar, pero no
a los naturales de la lengua; así como tampoco hace
tropezar a los que saben latín el abreviatura
que hacen escribiendo xpo. con p y con x, no pronunciándose
la una letra ni la otra. | MARCIO.-
Tenéis mucha razón.
Y dejando esto, decidnos de dónde viene que algunos
españoles en muchos vocablos, que por el ordinario
escribís con z, ellos ni la pronuncian ni la escriben. | VALDÉS.-
Ese es vicio particular de las lenguas
de los tales, que no les sirven para aquella asperilla pronunciación
de la z y ponen en su lugar la s y por hazer dicen haser, y por razón, rasón, y por rezio, resio, etc.
¿No os parece que podría pasar adonde quiera por
bachiller en romance, y ganar mi vida con estas bachillerías?
| MARCIO.-
Largamente.
| CORIOLANO.-
Aunque no queráis, me
habéis de decir qué significa bachiller, y qué
cosa son bachillerías. | VALDÉS.-
Me maravillo
de vos que no entendáis qué cosa es bachiller
y bachillerías, que lo entienden, en buena fe, en
mi tierra los niños que apenas saben andar. | CORIOLANO.-
También en la mía los niños de teta
entienden algunos vocablos que vos no entendéis. | VALDÉS.-
Tenéis razón. Bachiller, en romance castellano,
quiere decir lo que baccalarius en latín. | CORIOLANO.-
Ahora lo entiendo menos. Vos me queréis enseñar
lo que no entiendo por lo que no sé. | VALDÉS.-
Bachiller o bacalario es el primer título de ciencia
que dan en las universidades de España a los que con
el tiempo y el estudio hacen después licenciados,
doctores y maestros; y porque estos presumen por el
ordinario más que saben, cuando alguno hace muestras
de saber, lo llamamos bachiller, y a las tales muestras llamamos
bachillerías. ¿Lo entendéis? | CORIOLANO.-
Ahora
sí. | MARCIO.-
Sirva esto por una manera de paréntesis,
y pasemos a lo que hace al caso. Al principio dijisteis que
la lengua castellana, de más del abc latino, tiene
una j larga, que vale lo que al toscano gi, y una cerilla
que, puesta debajo de la c, la hace sonar casi como z; y
una tilde que, puesta sobre la n, vale lo que al latino y
toscano g. Querríamos que nos dijeseis lo
que observáis acerca de estas letras o señales.
| VALDÉS.-
Cuanto a la j larga me parece haberos dicho
todo lo que se puede decir. | PACHECO.-
Así es verdad.
| VALDÉS.-
Cuanto a la cerilla, que es una señaleja
que ponemos en algunos vocablos debajo de la c, digo que
pienso pudo ser que la c con la cerilla antiguamente fuesen
una z entera. | MARCIO.-
Cuanto que eso, no os lo sufriré.
¿Queréis decir que el tiempo corta las letras como
las peñas? | VALDÉS.-
Donoso sois; no quiero decir
que las corta el tiempo, sino que los hombres por descuido
con el tiempo las cortan. Pero esto no importa; séase
como se fuere. Lo que importa es decir que la cerilla se
ha de poner cuando, juntándose la c con a, con o,
y con u, el sonido ha de ser espeso, diciendo çapato,
coraçón, açucar. | PACHECO.-
Y cuando
se junta con e y con i, para decir cecear y cimiento, ¿no
se ha de poner la cerilla? | VALDÉS.-
No, que no se ha
de poner. | PACHECO.-
¿Por qué? | VALDÉS.-
Porque con
cerilla o sin ella, siempre pronunciáis esos vocablos,
y los semejantes a ellos, de una misma manera; pues, pudiendoos
ahorrar la cerilla, indiscreción sería ponerla.
| PACHECO.-
Tenéis muy gran razón; yo me la ahorraré
de aquí adelante. | CORIOLANO.-
¿Cómo sabré
yo cuándo tengo de poner esa cerilla, o como la llamáis,
debajo de esas letras, y cuándo no? | VALDÉS.-
La
misma pronunciación os lo enseñará.
| CORIOLANO.-
De manera que para saber escribir bien ¿es menester
saber primero pronunciar bien? | VALDÉS.-
¿Quién
no lo sabe eso? La tilde generalmente sirve en el castellano
del mismo oficio que en el latín, y particularmente,
puesta sobre la n, vale lo que al latino y toscano la g cuando
está cabo la n; y así, donde el latino escribe
ignorantia, el castellano iñorancia, y donde el toscano
escribe signor, el castellano pone señor. | PACHECO.-
Porque no penséis que os lo sabéis vos todo,
quiero yo también sutilizar mi parte y decir que la
tilde no hace, o por mejor decir no debería hacer,
más sobre la n que sobre cualquiera de las otras letras,
porque así suple por n en esta como en cualquiera
de las otras; pero, por evitar un frío sonido que
al parecer hacen dos enes juntas, la una se convirtió
en g, y se hizo aquella manera de sonido que sentís.
| VALDÉS.-
No me desplace eso. | PACHECO.-
También
creo que lo que ahora decimos mañas, con tilde, sea
lo mismo que maneras, sino que la tilde los ha diferenciado,
porque, como sabéis, cuando queremos escribir maneras abreviado, lo escribimos de la misma manera que mañas,
y así creo que sea lo mismo decir: El que malas mañas
ha tarde o nunca las perderá, que El que malas maneras
ha, etc. De la misma manera creo haya acontecido en daño
y año, y en algunos otros, adonde primero valía
la tilde lo que en el latín, diciendo dañum
y añum, y después habemos hecho que suene de
otra manera, de suerte que la tilde, que servía antes
por n o m, con el tiempo habemos hecho que sirva por g cuando
la hallamos sobre la n. ¿Os parece que digo algo? | VALDÉS.-
Me parece que, si honra se gana en estas pedanterías,
os habéis hecho más honra con esto solo que
habéis dicho que yo, con todo lo que he parlado; y
por mí, os digo que nunca había mirado en esos
primores. | PACHECO.-
Ahora que veo os contentan a vos, empezaré
a tenerlos por primores, que hasta aquí no osaba tenerlos
por tales. Y porque veáis que soy hombre de tanta
conciencia que no quiero vender la hacienda ajena por propia
mía, sabed que esto no lo saqué de mi cabeza,
sino que lo aprendí de un hombre que todos conocemos,
cuyo nombre callaré por no lastimar a alguno. | VALDÉS.-
Aunque me maravillaba que fuese aquel primor de vuestra
cosecha, como os tengo por hombre de tanto ingenio que con
él podéis suplir la falta de letras, todavía
creí que fuese vuestro. | MARCIO.-
Dejad estar esas
vuestras ceremonias españolas para los que se comen
las manos tras ellas; y decidnos de qué sirve la tilde
sobre como y sobre muy. | VALDÉS.-
Solamente se pone por
ornamento de la escritura. | MARCIO.-
¿Y un rasguillo que ponéis
delante la o? | VALDÉS.-
De lo mismo. | MARCIO.-
De manera
que quien los dejase de poner no gastaría la sentencia.
| VALDÉS.-
No, de ninguna manera. | MARCIO.-
Y unos rasguillos
que vos ponéis sobre algunos vocablos, ¿sirven de
lo mismo que los que se ponen en griego y en toscano? | VALDÉS.-
De lo mismo, porque muestran al letor que falta de allí
una vocal, la cual se quitó por el ayuntamiento de
otra que seguía o precedía. | MARCIO.-
¿Por qué
no ponen todos esos rasguillos? | VALDÉS.-
Porque no
todos ponen en el escribir correctamente el cuidado que sería
razón. | MARCIO.-
Y los que no los ponen, ¿dejan de escribir
las letras que vos dejáis? | VALDÉS.-
Ni las dejan
todos, ni las dejan todas. | MARCIO.-
Y los que las dejan, ¿señalan
con aquel rasguillo las que dejan? | VALDÉS.-
No todos.
| MARCIO.-
¿Por qué? | VALDÉS.-
Pienso que porque no
miran en ello, como hacía yo antes que tuviese familiaridad
con la lengua griega y con la italiana. Y, si os parece,
será bien poner fin a estas inútiles pláticas.
| MARCIO.-
¿Cómo inútiles? | VALDÉS.-
Porque
estas cosas son de las que entran por una oreja y se salen
por otra. | MARCIO.-
Muy engañado estáis si creéis
esto, así como lo decís, porque os prometo
me bastaría el ánimo a repetiros todo lo sustancial
que aquí habéis dicho. | VALDÉS.-
Y aun no
haríais mucho, pues lo sustancial se podría
escribir en la uña. | | MARCIO.-
Aunque lo decís
así, yo sé bien que lo entendéis de
otra manera. | VALDÉS.-
Si no queréis creer lo
que digo, creed lo que quisiereis y preguntad a vuestro
placer. | MARCIO.-
Decís muy bien, y así lo haremos.
En vuestras cartas habemos notado que en algunos vocablos,
donde otros ponen en, vos ponéis a. | VALDÉS.-
Decid algunos. | MARCIO.-
Otros dicen envergonçar, enhorcar, enriscar; vos ponéis avergonçar, ahorcar, arriscar.
| VALDÉS.-
No me acuerdo jamás haber visto escritos
esos vocablos con en. | MARCIO.-
Pues yo sí los he visto.
| VALDÉS.-
¿Adónde? | MARCIO.-
En Librija. | VALDÉS.-
Ya tornáis a vuestro Librija. ¿No os tengo dicho que,
como aquel hombre no era castellano, sino andaluz, hablaba
y escribía como en Andalucía, y no como en
Castilla? | MARCIO.-
Ya me lo habéis dicho, y ya yo lo
sé; pero también os tengo yo dicho a vos que
os he de hacer picar en Librija más de diez veces.
| VALDÉS.-
Paciencia. | MARCIO.-
También trocáis
la en por de en este vocablo: encentar, y decís decentar.
| VALDÉS.-
Eso hago porque me contenta más allí
la de que la en, y por la misma causa no me contenta decir,
como algunos, infamar ni difamar, porque me place mucho más
escribir, como otros, disfamar. | MARCIO.-
Cuanto que en eso
bien nos conformaremos vos y yo. Pero decidme, ¿cuál
tenéis por mejor, usar de la en o de la de? Quiero
decir si en semejante parte que esta diréis:
tiene razón de no contentarse, o: en no contentarse.
| VALDÉS.-
Muchas personas discretas veo que ponen la
de, pero a mí más me contenta poner en, porque
no me parece que el oficio de la de sea significar lo que
allí quieren que signifique, y del de la en es tan
propicio, que por justicia puede quitar de la posesión
a la de. | MARCIO.-
Esto está muy bien dicho; y antes que
se me olvide, nos decid si esta sílaba des en principio
de parte hace lo que el dis griego, el cual, como sabéis,
por la mayor parte, hace que el vocablo con quien se junta
muda la significación de bien en mal. | VALDÉS.-
Muchas veces he mirado en ello, y hallo entre ellos muy
gran conformidad, porque decimos amparar y desamparar: No
haze Dios a quien desampara; también decimos esperar
y desesperar: Quien espera, desespera; y de la misma manera
amar y desamar: Quien bien ama, bien desama; y atar y desatar:
Quien bien ata, desata. decimos también desgraciado, desvergonçado, desamorado, descuidado, y desordenado,
etc.; que todos ellos significan en mala parte. | MARCIO.-
A la
fe que es gentil observación esta, y que los
vocablos son muy galanos. ¿Tenéis muchos de ellos? | VALDÉS.-
Muchos. | MARCIO.-
Unas veces siento decir prestar, y otras enprestar;
¿cuál tenéis por mejor? | VALDÉS.-
Tengo
por grosero el enprestar. | MARCIO.-
¿No veis que está
más lleno? | VALDÉS.-
Aunque esté. | MARCIO.-
¿Y cuál tenéis por mejor, decir mostrar o demostrar?
| VALDÉS.-
Tengo por grosería aquel de demasiado,
y por eso digo mostrar. | MARCIO.-
Y por la misma causa debéis
de quitar un es de algunos vocablos, como son estropeçar y escomençar. | VALDÉS.-
Así es la verdad
que por la misma causa lo quito; y, porque no me tengáis
por tan escaso que no os doy sino cuando me demandáis,
os quiero avisar de esto: que el castellano casi siempre convierte
en en el in latino, y así por invidia dice embidia;
por incendere, encender; por incurvare, encorvar; por inimicus,
enemigo, por infirmus, enfermo; por inserere, enxerir; y
así en otros muchos. Y aún más quiero
que sepáis que así como el in latino priva
muchas veces, pero no siempre, así el en castellano
priva muchas veces, pero no siempre. ¿Os ha contentado esto? | |
MARCIO.-
Sí, y mucho. Y me contentare también
si me decís si, cuando componéis un vocablo
con re, es por acrecentar la significación o por otra
cosa. | |
VALDÉS.-
Unas veces acrecienta, como en reluzir, que significa más que luzir; es bien verdad que no
todas veces se puede usar el reluzir, como en este refrán:
Al buey maldito el pelo le luze, adonde no vendría
bien decir reluze. Otras veces muda la significación,
como en requebrar, que es otro que quebrar, y en traer que
es otro que retraer; el cual vocablo unas veces significa
lo que el italiano, en la cual significación he también
oído usar de otro vocablo que yo no usaría,
que es asacar, y otras veces lo usamos por escarnecer; creo
que sea porque, así como el que retrae a uno, su
intento es imitar su natural figura, así el que escarnece
a otro parece que quiere imitar o sus palabras o sus meneos.
| |
CORIOLANO.-
No querría que os pasaseis así
ligeramente por las sílabas. ¿A quién digo?
| |
MARCIO.-
Ya os entiendo, pero, como no hallo qué coger,
me paso como por viña vendimiada, deseoso
de entrar en el majuelo de los vocablos. Por tanto, si os atrevéis
a ir conmigo empezaré a preguntaros. | |
VALDÉS.-
Con vos no hay parte en el mundo adonde yo no ose entrar.
Y cuanto a los vocablos, si bien os acordáis, ya he
dicho todo lo que hay que decir. | |
MARCIO.-
¿Cuándo? | |
VALDÉS.-
Cuando dije que la lengua castellana consiste principalmente
en vocablos latinos, así enteros como corrompidos,
y en vocablos arábigos o moriscos, y en algunos pocos
griegos. | MARCIO.-
Ya me acuerdo, pero más hay que decir
y más diréis. | VALDÉS.-
Lo que más
os puedo decir es que, mirando en ello, hallo que por la
mayor parte de los vocablos que la lengua castellana tiene
de la latina, son de las cosas más usadas entre los
hombres y más anexas a la vida humana; y que los que
tiene de la lengua arábiga son de cosas extraordinarias
o, a lo menos, no tan necesarias, y de cosas viles y plebeyas,
los cuales vocablos tomamos de los moros con las mismas cosas
que nombramos con ellos; y que los, que tenemos de la
lengua griega, casi todos son pertenecientes a la religión
o a la doctrina. Y si miráis bien en esto, creo lo hallaréis
casi siempre verdadero. | MARCIO.-
Abástanos, para creerlo,
que vos lo digáis. Y porque, como sabéis, buena
parte del saber bien hablar y escribir consiste en la gentileza
y propiedad de los vocablos de que usamos; y porque también,
según entiendo, en la lengua castellana hay muchos
vocablos de los cuales algunos no se usan, porque con el
tiempo se han envejecido... | CORIOLANO.-
¿Qué decís?
¿Los vocablos se envejecen? | MARCIO.-
Sí que se envejecen;
y si no me creéis a mí, preguntadlo a Horacio
en su Arte Poética. | CORIOLANO.-
Tenéis razón. | MARCIO.-
... y porque otros vocablos no se usan por ser algo feos,
en lugar de los cuales los hombres bien hablados han introducido
otros, muy encargadamente os rogamos nos deis algunos avisos
con que no erremos en esta parte.
| VALDÉS.-
En eso tanto
no pienso obedeceros, pues sabéis que no me obligué
sino a daros cuenta de mis cartas. | | MARCIO.-
También
os obligasteis a satisfacernos en nuestras preguntas; y esto
no os lo pedimos por obligación, sino por gentileza. | VALDÉS.-
Vuestra cortesía me obliga más
que mi promesa; por tanto habéis de saber que, cuando
yo hablo o escribo, llevo cuidado de usar los mejores vocablos
que hallo, dejando siempre los que no son tales. Así,
no digo acucia, sino diligencia; no digo ál adonde
tengo de decir otra cosa, aunque se dice: So el sayal ay ál, y En ál va el engaño. No asaz, sino
harto. No adufre, sino pandero. No abonda, sino basta. No
ayuso, sino abaxo. Ni tampoco digo, como algunos, ambos y ambas por entramos y entramas; porque, aunque al parecer
se conforman más con el latín aquellos
que estos, son estos más usados y han adquirido opinión de mejores vocablos. Aya y ayas
por tenga y tengas se decía antiguamente, y aún
lo dicen ahora algunos, pero en muy pocas partes cuadra;
se usan bien en dos refranes, de los cuales el uno
dice: Bien aya quien a los suyos se parece; y el otro: Adonde
quiera que vayas, de los tuyos ayas. Arriscar por aventurar
tengo por buen vocablo, aunque no lo usamos mucho; y así
arriscar como a apriscar, que también me contenta,
creo habemos desechado porque tienen del pastoril; a mí
bien me contentan, y bien los usa el refrán pastoril
que dice: Quien no arrisca no aprisca. Ahe, que quiere decir
ecce, ya no se usa; no sé por qué lo habemos
dejado, especialmente no teniendo otro que signifique lo que
él. De venturas habemos hecho un muy galán vocablo,
del que yo, por buen respeto, estoy muy enamorado, y es aventurar,
del cual usa el refrán que dice: Quien no aventura,
no gana; de aventurar decimos también aventurero al
que va buscando la ventura, del cual vocablo están
muy bien llenos nuestros libros mintrosos escritos en romance.
Me pesa que no se use artero, porque, como veis, es
buen vocablo y está usado entre los refranes; uno dice:
A escaso señor, artero servidor; y otro: De los escarmentados
se levantan los arteros. Me pesa también que
hayamos dejado este: arregostar, pues un refrán
dice: Arregostóse la vieja a los bredos, y ni dexó
verdes ni secos. Aleve, alevoso y alevosía me parecen
gentiles vocablos, y me maravillo que ahora ya los usamos
poco.
| MARCIO.-
¿Se usaban antiguamente? | VALDÉS.-
Sí, mucho, y si os acordáis, lo habréis
leído en algunos libros; y un refrán dice:
A un traidor dos alevosos. | MARCIO.-
¿Qué significa
alevoso? | VALDÉS.-
Pienso sea lo mismo que traidor. Atender por esperar ya no se dice; se decía bien en tiempo
pasado, como parece por este refrán: Quien tiempo
tiene y tiempo atiende, tiempo viene que se arrepiente; en
metro se usa bien atiende y atender, y no parece mal; en
prosa yo no lo usaría. | MARCIO.-
Y esos vocablos que
vos no queréis usar, ¿los usan los otros? | VALDÉS.-
Sí usan, pero no personas cortesanas, ni hombres bien
hablados; lo podréis leer en muchas Farsas y comedias
pastoriles que andan en metro castellano, y en algunos libros
antiguos, pero no en los modernos. | MARCIO.-
Eso basta. Y pues
habéis comenzado, proseguid por su orden vuestros
vocablos, sin esperar que os preguntemos. | VALDÉS.-
Soy
contento. No digo buelto, pudiendo decir turvio, puesto caso
que el refrán diga: A río buelto, ganancia
de pescadores. Tampoco digo barajar, pudiendo decir contender; se decía bien antiguamente, como parece por el refrán
que dice: Cuando uno no quiere, dos no barajan. Tampoco digo
cabero ni çaguero, porque están desterrados
del bien hablar, y sirven en su lugar último y postrero.
Mejor vocablo es cobrir que cobijar, aunque el refrán
diga: Quien a buen árbol se arrima, buena sombra lo
cobija. Ya no decimos cuvil, aunque está autorizado
con un sentido refrán que dice: A los años
mil torna el agua a su cuvil. Esto mismo le ha acontecido
a cohonder, por gastar o corromper, estando también
él usado en aquel refrán que dice: Muchos maestros
cohonden la novia. Cara por hazia usan algunos, pero yo no
lo usaré jamás. Cada que, por siempre dicen
algunos, pero no lo tengo por bueno. También habemos
dejado cormano, por primo hermano, y si yo lo pudiese tornar
en su posesión, lo tornaría, porque a mi parecer
se le ha hecho mucho agravio, siendo tan gentil vocablo como
es. En lugar de cuita decimos fatiga, y por lo que antes
decían cocho ahora decimos cozido. Ca, por porque, ha recibido injuria del tiempo, siendo injustamente desechado,
y tiene un no sé qué de antigüedad que
me contenta. No cates por no busques, parece que usaban antiguamente,
y así decían: Al buey viejo no le cates abrigo,
y Haz bien y no cates a quien; también usaban
de cata en una significación muy extraña, como
parece por el refrán que dice: Barva a barva, vergüença
se cata. Vocablo muy plebeyo es cadira por silla, y pienso
que sea de los vocablos que quedaron de la lengua antigua,
porque el griego vulgar dice candela en la misma significación.
Costribar por trabajar, se usaba también, diciendo:
Quien no come, no costriba; ya no se usa. | MARCIO.-
Muy bien
vais; proseguir adelante, que me dais la vida. | VALDÉS.-
Nuestros pasados decían ducho, por vezado o acostumbrado,
como parece por el refrán que dice: A quien de mucho
mal es ducho, poco bien se le hace mucho; ahora ya parecería
mal. No me place decir durmiente, por el que duerme mucho,
como dice el refrán: Al raposo durmiente no le amanece
la gallina en el vientre. Tampoco usaré en prosa lo
que algunos usan en verso, diciendo dende por de ai, como parece en un cantarcillo que a mí me suena muy
bien, que dice: La dama que no mata ni prende, tírala
dende, y lo más. Algunos escriben desque, por cuando, diciendo desque vais, por decir quando vais, pero es mal
hablar. Otros dicen mi dueño, por decir mi amo o mi
señor, y aunque dueño sea buen vocablo para
decir: Adonde no stá su dueño, allí está
su duelo, y Dado de ruín, a su dueño parece, no es
bueno para usarlo en aquella manera de hablar. | CORIOLANO.-
Pues yo he oído decir ese mi dueño a un hombre
que... | VALDÉS.-
Ya sé por quién decís;
dejadlo estar. Duelo y duelos están tenidos por feos
vocablos, y por ellos usamos fatiga y fatigas, no embargante
que un refranejo dice: Duelo ageno de pelo cuelga, y otro
dice: Todos los duelos con pan son buenos. Por grosero hablar
tengo decir, como algunos, engeño; yo uso ingenio.
Nuestros pasados dicen que decían [...por...]; ya no
se usa. Por levantar se solía decir erguir, pero ya
es desterrado del bien hablar, y lo usa solamente la
gente baja; vosotros me parece que lo usáis y, si
bien me acuerdo, lo he leído en vuestro Petrarca. | MARCIO.-
Así es verdad.
| PACHECO.-
Algunas mujeres tienen
por cosa deshonesta decir preñada y dicen embaçada. | VALDÉS.-
Más me contenta decir embaraçado
que embaçado, y más tardar que engorrar, y
más partir que encentar, y más año que
era.
| CORIOLANO.-
¿Qué quiere decir era? | VALDÉS.-
Solían decir, y aun ahora dicen algunos, la era del
Señor, por el año del Señor. Mejor me
parece decir falta que falla, y faltar que fallecer, aunque
el refrán diga: Amigos y mulas fallecen a las duras.
Y por mejor tengo confiança que fiuzia ni huzia. Gentil
vocablo es feligrés y me contenta a mí
tanto, que lo uso no solamente para significar los que son
sujetos al cura de una parroquia, a los cuales llamamos
feligreses, pero para significar también los que acuden
al servicio de alguna dama, que también a estos
llamo feligreses de la tal dama. | PACHECO.-
Y aun tenéis
mucha razón en ello. | VALDÉS.-
Mejor vocablo es
cuchillo que no gavinete, y mejor guardar que condesar. Garrido
por gallardo está desechado, aunque tiene de su parte
un buen refrán que dice: Pan y vino anda camino, que
no moço garrido. También casi habemos dado de
mano a garçón por mancebo, no embargante que
lo favorece el refrán que dice: Prendas de garçón
dineros son. Gaván y balandrán habemos dejado
muchos años ha. Vocablo es plebeyo galduda, por perdida, aunque se dice bien: Sardina que gato lleva, galduda va.
Guisa solía tener dos significaciones: la una era que
decíamos hombre de alta guisa por de alto linage; la otra que decíamos cavalgar a la guisa por lo que
ahora decimos a la brida; ya no lo usamos en la una significación
ni en la otra. Librija pone helgado por hombre de raros
dientes; yo nunca lo he visto usado, y deseo se usase,
porque, aunque parece vocablo arábigo, no me descontenta;
y no teniendo otro que signifique lo que él, sería
bien usarlo. Henchir parece feo y grosero vocablo, y algunas
veces forzosamente lo uso por no tener otro que signifique
lo que él, porque llenar no cuadra bien en todas partes;
me conhorto con que lo usa el refrán que dice:
De servidores leales se hinchen los ospitales. Hueste, por
exército usaban mucho antiguamente; ya no lo usamos
sino en aquel refrán sentido que dice: ¡Si supiese
la hueste lo que hace la hueste!. Humil, por humilde, se dice
bien en verso, pero parecería muy mal en prosa. Lo
mismo digo de honor, por honra. Aún queda en algunos
decir hemencia por ansia. Hiniestra, por fenestra o ventana nunca lo vi, sino en Librija. Hito, por importuno, pocas veces
se dice, pero hay un refrán que lo usa, diciendo: Romero
hito saca çatico. Muchos dicen he aqui por
véis aqui; yo no lo digo. | MARCIO.-
En una copla, muy
donosa a mi ver, he leído dos vocablos que no me suenan
bien; no sé lo que vos juzgáis de ellos; los
vocablos son halagüeña y çahareña. | VALDÉS.-
Ea, decid la copla, si se os acuerda.
| | MARCIO.- | | Como el Ave-María la sé de coro, y es hecha
sobre aquel cantarcico sabroso que dice: La dama que no mata
ni prende, tírala dende. La copla es esta: | | Ha de ser tan a la mano, | | | | tan blanda y
tan halagüeña | | | | la dama desde pequeña | | | | que sepa caçar temprano, | | | | y si su tiempo loçano | | | | çahareña lo desprende, | | | | tírala dende. | | |
|
| VALDÉS.-
Vos sabéis más de las
cosas españolas que yo; nunca había oído
esa copla, y de veras que me contenta mucho en su arte,
y también los dos vocablos me parecen bien, y los tendría
por arábigos, sino que aquel halagüeña me huele un poco a latino; que del çahareña casi no dudo. Y prosiguiendo en mis vocablos, digo que por
sangrar he oído muchas veces jassar, pero yo no lo
diría. Yazer por estar hechado, no es mal vocablo,
aunque el uso lo ha casi desamparado, y digo casi, porque
ya no lo veo sino en epitafios de sepulturas. | MARCIO.-
Y aún
aquí en Nápoles hallaréis muchos epitafios
de españoles que comienzan: Aquí iaze. | VALDÉS.-
En España casi todos los antiguos comienzan
así.
| PACHECO.-
¿Queréis que os diga uno en una
copla, el más celebrado que tenemos?; y servirá
por paréntesis. | MARCIO.-
Antes holgaremos mucho de ello. | | PACHECO.- | | Dice así: | | Aquí iaze sepultado | | | | un conde dino
de fama, | | | | un varón muy señalado | | | | leal, devoto,
esforçado, | | | | don Perançurez se llama. | | | | El qual sacó de Toledo, | | | | de poder del rey pagano, | | | | al rey que con pena y miedo | | | | tuvo el braço rezio
y quedo | | | | al horadar de la mano. | | | ¿Qué os parece? |
|
| MARCIO.-
Muy bien, así Dios me salve. Hacedme merced
de dármelo escrito.
| VALDÉS.-
Eso se hará
después; ahora prosigamos como íbamos por los
vocablos adelante. | MARCIO.-
Sea así. | VALDÉS.-
Por lo que algunos dicen inojos o hinojos, yo digo rodillas,
no embargante que se puede decir el uno y el otro. Entre
gente vulgar dicen yantar, en corte se dice comer; un refrán
no malo usa yantar, diciendo: El abad de donde canta, de allí
yanta. Luengo por largo, aunque lo usan pocos, yo lo uso
de buena gana, y lo usa también el refrán
que dice: De luengas vías, luengas mentiras. Lisiar dicen algunos por cortar, y es vocablo antiguo, corrompido,
según pienso de laedere; y porque hay diferencia entre
cortar y lisiar, porque cortar es general a muchas cosas,
y lisiar solamente significa herir con hierro, no quisiera
que lo hubiéramos dejado. Bien es verdad que lo usamos
en otra significación; porque si vemos un caballo muy
grueso decimos que está lisiado, y cuando queremos
decir que uno quiere mucho una cosa decimos que está
lisiado por ella; la significación me parece algo torcida,
pero basta que así se usa. Ledo por alegre, se usa
en verso, y así dice el bachiller de la Torre: Triste,
ledo, tardo, presto; también dice el otro: Bive leda
si podrás; en prosa no lo usan los que escriben bien.
Lóbrego y lobregura por triste y tristeza, son vocablos
muy vulgares; no se usan entre gente de corte. Loar, por
alabar, es vocablo tolerable, y así decimos: Cierra
tu puerta y loa tus vecinos. Maguera, por aunque poco a poco
ha perdido su reputación; en el Cancionero general
lo hallo usado de muchos en coplas de autoridad, como en
aquella: Maguer que grave te sea; ahora ya no se usa.
Algunos de missa hacen missar, verbo frecuentativo;
yo no lo diría, aunque lo hallo en un refrán
que dice: Bueno es missar y casa guardar. He oído
contender a mujercillas sobre cuál es mejor vocablo,
mecha o torcida; yo por mejor tengo mecha, y el refrán
dice: Candil sin mecha, ¿qué aprovecha? Membrar, por
acordar, usan los poetas, pero yo en prosa no lo usaría.
Minglana, por granada, ya no se usa. Mentar, por nombrar
o hazer mención, vamos ya desechando, no embargante
que diga el refrán: El ruín, quando lo mientan, luego
viene. Mientras, por entre tanto, querrían algunos
desterrar, pero, porque me parece no tienen razón,
si pudiese lo defendería. | CORIOLANO.-
¿Lo usan
vuestros refranes? | | VALDÉS.-
Sí, que uno dice:
Mientras descansas, maja essas granças. | CORIOLANO.-
Pues usadlo
vos sin temor, que yo os doy licencia. | VALDÉS.-
Muchas
gracias. Mejor vocablo es ninguno que nadie, aunque a nadie
le da reputación aquel galanísimo dicho Quien
a sí vence a nadie teme. Odre y odrero solían
decir por lo que ahora decimos cuero y botero; a mí,
aunque soy mal mojón, bien me contenta el odre, porque
no es equívoco como el cuero, pero no lo osaría
usar; odrero sí, siquiera por amor de la profecía
de Toledo, que dice: Soplará el odrero y levantaráse
Toledo. | MARCIO.-
Donosa profecía debe ser esa;
por vuestra vida, que nos la declaréis. | VALDÉS.-
Demás me estaba; si me detuviese en cada cosilla de estas,
nunca acabaríamos. También vamos dejando omezillo
por enemistad; yo todavía me atrevería a usarlo
alguna vez, pero cuando cuadrase muy bien y no de otra manera. | |
MARCIO.-
¿Lo tenéis por arábigo o por latino? | |
VALDÉS.-
Pienso sea corrompido de homicidio, omezillo.
Al que, por haber muerto algún hombre anda, como dicen,
a sombra de tejados, llaman en Asturias homiziado; me parece
gentil vocablo, corrompido de homicidiario. Popar, por despreciar, me parece que usa un refrán que dice: Quien su enemigo
popa, a sus manos muere; ahora ya no lo usamos en ninguna
significación. Tampoco usamos puyar por subir; lo usan
bien los aldeanos; si tiene algún parentesco con vuestro
pogia, vedlo vosotros. Pescuda y pescudar, por pregunta y preguntar, nunca me contentó. Platel por plato,
vocablo es para entre plebeyos, entre los cuales también
se dice posar, por asentar; entre gente de corte no se usa.
De aldeanos es decir poyal por vancal, creo que porque usan
más poyos que vancos. | MARCIO.-
¿Qué diferencia
hacéis entre potage, caldo y cozina? y os lo pregunto,
porque he visto algunas veces que soldados prácticos
se burlan de los nuevamente venidos de España, que
nosotros llamamos bisoños, unas veces porque dicen
cozina al brodo, y otras porque al mismo llaman potage. | VALDÉS.-
Los que hablan bien nunca dicen cozina sino al lugar donde
se guisa de comer, y por lo que los aldeanos dicen cozina ellos dicen caldo, que es lo que vosotros decís brodo;
y potage llaman a lo que acá llamáis menestra.
Algunos escuderos que viven en aldeas, no sabiendo hacer
esta diferencia entre potage y caldo, por no conformarse
con los aldeanos en decir cozina, sin guardar la diferencia
dicen siempre potage. Sabido esto, entenderéis la
causa por qué los soldados prácticos burlaban
de la cozina y del potage de los bisoños. | MARCIO.-
Ya
lo entiendo; decid adelante. | VALDÉS.-
Puges,
por higa usan algunos, pero por mejor se tiene higa, puesto
que sea vergonzoso fruto. | CORIOLANO.-
¿En qué
veis vos que es vergonzoso fruto? | VALDÉS.-
En
que por tal es habido y tenido; decid vos lo que quisiereis.
| CORIOLANO.-
Yo digo que no es más vergonzoso
ni más desvergonzado de lo que la opinión
del vulgo lo hace. | VALDÉS.-
Pues yo digo que me dejéis
acabar de concluir mi baile, pues me sacasteis a bailar. | CORIOLANO.-
Soy contento. | VALDÉS.-
Un quillotro decían antiguamente
en Castilla por lo que acá decís un cotal;
ya no se dice de ninguna manera. | MARCIO.-
¿Ha sucedido algún
otro vocablo en su lugar? | VALDÉS.-
Ninguno, ni es menester,
porque aquel quillotro no servía sino de arrimadero
para los que no sabían o no se acordaban del vocablo
de la cosa que querrían decir. Rendir, por rentar,
y riende, por renta, dicen algunos, pero mejor es rentar
y renta, porque también rendir significa venciendo
forçar a alguno que se dé por vencido, y a
este tal llamamos rendido. Raudo por rezio, es vocablo
grosero, pocos lo usan. Raez, por fácil, está
usado en algunas coplas antiguas, pero ya lo habemos desechado,
aunque de raez hacemos rece, que vale tanto como fácil,
y está celebrado en el refrán que dice: Huésped
que se combida, rece es de hartar. Sandio, por loco, tengo
que sea vocablo nacido y criado en Portugal; en Castilla
no se usa ahora, no sé si en algún tiempo se
usó. So, por debaxo, se usa algunas veces, diciendo:
So la color stá el engaño, y So el sayal ay ál; se dice también: so la capa del cielo;
pero, así como yo nunca digo sino debaxo, así
no os aconsejo que digáis de otra manera. Sazón
es buen vocablo, sabiéndolo bien usar, y es malo usándolo
como algunos diciendo sazón será, por tiempo
será; se usa bien diciendo a la sazón; de donde decimos sazonar y sazonado. Soez, por vil, he leído
en algunos libros, pero no me contenta. Yo so, por yo soy,
dicen algunos, pero, aunque se pueda decir en metro, no se
dice bien en prosa. Sobrar, por sobrepujar, se sufre bien
en metro, pero en prosa no, de ninguna manera. Sage, por
cruel, he visto usar, pero yo no lo uso ni usaría,
aunque al parecer muestra un poco de más crueldad
el sage que el cruel, y debe ser derivado de sagax latino.
Solaz, por placer o regocijo, no me place. Seruenda, por
cosa tardía, nunca lo he oído ni leído
sino en Librija, y por esto ni lo he usado ni lo usaría;
no me parecería mal que se usase, pues no tenemos
otro que signifique lo que él. Sayón, por verdugo, se usa mucho, pero es mejor vocablo verdugo. Algunos dicen
saldrá por salirá; a mí más me
contenta salirá, porque viene de salir. Suso, por
arriba, se usó un tiempo, como parece por el refranejo
que dice: Con mal anda el huso quando la barva no anda de
suso, pero ya no lo usamos, especialmente en cosas graves
y de autoridad. No sé qué se le antojó
al que compuso el refrán que dice: Castígame
mi madre, y yo trómposelas, y digo que no sé
qué se le antojó, porque no sé qué
quiso decir con aquel mal vocablo trómposelas. De
buen talante, por de buena voluntad o de buena gana, dicen
algunos, pero los mismos que lo dicen creo que no lo escribirían
en este tiempo. Vegada, por vez, leo en algunos libros, y
aún oigo decir a algunos; yo no lo diría ni
lo escribiría. Se dice entre gente baja vezo,
por costumbre, y vezado, por acostumbrado; un refrán
dice: Vezo pon que vezo quites; y otro: No me pesa de mi
hijo que enfermó, sino del mal vezo que tomó;
es bien verdad que casi siempre vezo se toma en mala parte,
aunque de vezo hacemos vezar por enseñar. El que
compuso a Amadis de Gaula, huelga mucho de decir vaiais
por vais; a mí no me contenta. Verter, por derramar,
habemos ya dejado, a pesar del refranejo que dice: Agua vertida,
no toda cogida. Unos dicen xáquima y cabestro, porque
xáquima es lo que se pone en la cabeza. Zaque
lo mismo es que odre o cuero de vino, y a uno que está
borracho decimos que está hecho un zaque; también
he oído en la Mancha de Aragón llamar zaques a unos cueros hechos en cierta manera, con que sacan agua
de los pozos; vocablo es que se usa poco; yo no lo uso jamás.
Ni vosotros podéis quejaros que no os he dicho mucho
más de lo que me supierais. | MARCIO.-
Vos tenéis
razón, pero todavía queremos que, si os acordáis
de algunos otros vocablos que no os contenten, nos lo digáis. | VALDÉS.-
Si pensase mucho en ello, todavía me
acordaría de otros, aunque, como no los uso, no los
tengo en la memoria; y de los que os he dicho me he acordado
por haberlos oído decir cuando caminaba por Castilla,
porque en camino, andando por mesones, es forzado
platicar con aldeanos y otras personas groseras. Pero en
esto podéis considerar la riqueza de la lengua castellana;
que tenemos en ella vocablos en que escoger como entre peras.
| CORIOLANO.-
Decís muy gran verdad.
| MARCIO.-
¿Y de vocablos
sincopados usáis algunas veces? | PACHECO.-
¿Qué
quiere decir sincopados? | MARCIO.-
Entresacados. | PACHECO.-
Ahora
lo entiendo menos. | MARCIO.-
Cuando de en medio de algún
vocablo se quita alguna letra o sílaba, decimos que
el tal vocablo está sincopado; como si digo puson por
pusieron, diré que aquel puson está sincopado.
¿Lo entendéis ahora? | PACHECO.-
Largamente. | VALDÉS.-
Respondiendo a lo que vos me preguntasteis, digo que en dos
maneras principalmente usamos de vocablos sincopados. La
una no la tengo por buena; esta es la que en cierta
parte de España usa el vulgo, diciendo traxon, dijon,
hizon por traxeron, dijeron, hizieron; y digo que no la tengo
por buena, porque los que se precian de escribir bien, tienen
esta manera de hablar por mala y reprobada, porque quieren
que los vocablos se pronuncien y escriban enteros cuando
el ayuntamiento de vocales no causa fealdad. La otra manera
de vocablos sincopados es buena, y, por ser tal, la usamos
todos, y decimos: Allá van leyes do quieren reyes,
y también: Do quiera que vayas, de los tuyos ayas,
en los cuales, si miráis, decimos do por adonde; decimos
también hi por hijo, diciendo hi de vezino por hijo
de vezino, hi de puta, por hijo de puta, y hidalgo por hijo
dalgo. | CORIOLANO.-
¿Qué quiere decir hijo dalgo? | | VALDÉS.-
A los que acá llamáis gentiles hombres, en Castilla
llamamos hidalgos. De la misma manera sincopamos o cortamos
algunos verbos cuando los juntamos con pronombres, como aquí:
Haz mal y guarte, por guárdate. También decimos
en cas del por en casa del. | | PACHECO.-
Esa síncopa
no me acuerdo oírla jamás. | VALDÉS.-
Luego,
¿no habéis oído el refrán que dice: En
cas del bueno, el ruín tras fuego, ni el otro: En cas del
hazino más manda la muger que el marido? | PACHECO.-
Bien los había oído, pero no me acordaba de ellos. | VALDÉS.-
También decimos de la ventana por desde
la ventana, y esto así en prosa como en verso, porque
se dice bien: De Parla van a Puñonrostro, por desde
Parla. Desher por deshazer, hallaréis algunas veces
en metro, pero guardaos no lo digáis hablando
ni escribiendo en prosa, porque no se usa. También
decimos diz que por dizen, y no parece mal.
| MARCIO.-
Si no
tenéis más que decir de los vocablos sincopados,
decidnos si es muy abundante de vocablos equívocos
la lengua castellana. | PACHECO.-
¿Qué entendéis
por vocablos equívocos? | MARCIO.-
Así llaman
los latinos a los vocablos que tienen más de una significación,
y pienso que vosotros no tenéis propio vocablo que
signifique esto. | VALDÉS.-
Así es verdad y, por
tanto, yo uso siempre del latino que ya casi los más
lo entienden; y respondiendoos a vos, digo que tenemos
muy muchos vocablos equívocos; y más os digo
que, aunque en otras lenguas sea defecto la equivocación
de los vocablos, en la castellana es ornamento, porque con
ellos se dicen muchas cosas ingeniosas, muy sutiles y galanas. | MARCIO.-
Si os acordáis de algunas que sean tales como
decís, nos haréis merced en decírnoslas.
| VALDÉS.-
De muy buena voluntad os diré las que
me vinieren a la memoria, pero con condición que,
porque estos cuentos son sabrosos muchas veces para el que
los dice y desabridos para el que los oye, si me viereis
embebecido en ellos, tengáis cuidado de despertarme.
| PACHECO.-
En eso tanto dejadme a mí el cargo.
| | VALDÉS.- | | Correr, demás de su propia significación, que
es currere, tiene otra, y es esta, que decimos que
se corre uno cuando, burlando con él y motejándolo,
se enoja. Esto mostró galanamente un caballero en
una copla que hizo a otro caballero que, siendo él
flaco, cabalgaba un caballo flaco, y era hombre que le pesaba
que burlasen con él. La copla decía así: | | Vuestro rocín, bien mirado, | | | | por
compás y por nivel, | | | | os es tan pintiparado | | | | en lo
flaco y descarnado, | | | | que él es vos, y vos sois él; | | | | mas una cosa os socorre | | | | en que no le parecéis: | | | |
que él de flaco no corre, | | | | y vos de flaco os corréis. | | |
|
| MARCIO.-
Tenéis razón de alabarla, que
cierto tiene ingenio. | CORIOLANO.-
Yo no entiendo bien aquel
pintiparado. | VALDÉS.-
No importa, otro día lo
entenderéis. Ostia ya sabéis que es la que
se consagra en el altar. | MARCIO.-
Sí que lo sé. | VALDÉS.-
También sabéis que hay ciertos
pescados de mar que llaman ostias.
| MARCIO.-
Y eso también. | | VALDÉS.- | | Pues mirad ahora cuán gentilmente jugó
de este vocablo en una copla don Antonio de Velasco; y fue
así: Pasaba un día de ayuno por un lugar
suyo, adonde él a la sazón estaba, un cierto
comendador que había ido a Roma por dispensación
para poder tener la encomienda y ser clérigo de misa,
lo cual el comendador mayor, que se llamaba Hernando de Vega,
contradecía; y no hallando en la venta qué
comer, envió a la villa a don Antonio le enviase
algún pescado. Don Antonio, que sabía muy bien
la historia, entre dos platos grandes, luego a la hora le
envió una copla que decía: | | Ostias pudiera embiar | | | | d'un pipote que
hora llega, | | | | pero pensará el de Vega | | | | que eran para
consagrar. | | | | Vuessa merced no las coma, | | | | de licencia y'os
despido, | | | | porque nunca dará Roma | | | | lo que niega su
marido. | | | Y habéis de notar que en aquel Roma
está otro primor, que aludió a que la reina
doña Isabel, que tenía las narices un poco
romas, aunque mostraba favorecer al comendador, al fin no
lo favorecería contra la voluntad del rey su marido. |
|
| MARCIO.-
Yo os prometo que la copla me parece tan galana que
no hay más que pedir, y muestra bien el ingenio del
que la hizo; al fin no lo negamos que los españoles
tenéis excelencia en semejantes cosas. | VALDÉS.-
Y otras muchas solía yo saber de coro, las cuales he
ya olvidado, y aún me maravillo cómo me han
quedado estas en la memoria. Tocar es lo mismo que
tangere y que pertinere, y significa también ataviarse
la cabeça; creo que venga de toca, que es lo que
dicen: Cabeça loca no sufre toca y La moça
loca por la lista compra la toca. Ahora mirad cómo
un fraile en tres palabras aludió sutilmente a las
tres significaciones, y fue así que, demandándole
una monja le diese una toca, él respondió:
Quando toque a mí tocaros, con más que esso
os serviré. | PACHECO.-
¡Oh hijo de puta y qué buen
fraile! ¡Guijarrazo de villano y palo de sacristán! | VALDÉS.-
¡Cómo os alteráis en oyendo hablar
de frailes! Como si no fuesen hombres como nosotros.
| PACHECO.-
Ya, ya, no curemos de más; pues vos defendéis
a los frailes, yo quiero de hoy más defender la causa
del rey de Francia contra el Emperador. | | VALDÉS.- | | Cuerda
quiere decir prudente, y también lo que el latino
dice funis. De esta equivocación se aprovechó
galanamente don Antonio de Velasco hablando del juego de
la pelota, donde, como sabéis, se juega por encima
de la cuerda, en una copla que hizo a don Diego de Bovadilla
que hacía profesión de servir una dama, hija
del señor de la casa donde se jugaba. La copla decía
así: | | Don Diego de Bovadilla | | | | no se spante, aunque
pierda; | | | | siendo su amiga la cuerda, | | | | ganar fuera maravilla. | | | | El sabe tan bien servilla | | | | y sacar tan mal de dentro, | | | | que stá seguro Sarmiento. | | |
|
| | MARCIO.-
¡Oh cómo
perseveró diestramente en la metáfora! No vi
mejor cosa en mi vida. | VALDÉS.-
Lonja llama el español
a algún cierto lugar diputado para pasear, y dice
también lonja de tocino. | MARCIO.-
Pues se hace mención
de tocino, no puede ser malo el dicho. | VALDÉS.-
Estaba
una vez un mancebo paseándose delante la casa de
una señora, adonde un caballero, por estar enamorado
de la señora, se solía continuamente pasear;
el cual, viendo allí al mancebo, le dijo: Gentilhombre, ¿no dejaréis estar mi lonja? El otro, queriendo
hacer del palanciano, le respondió: ¿Cómo
lonja? Sé que no es de tocino. El otro a la hora
le replicó: Si de tocino fuese, segura estaría
por vuestra parte. | MARCIO.-
Eso fue jugar muy a la descubierta. | VALDÉS.-
Fiel llamamos a un hombre de confianza, y llámase
fiel en el que juegan las tijeras cuando cortáis con
ellas. Mandando, pues, una vez un señor a un su criado
en un lugar suyo que hiciese poner un fiel en unas tijeras
que, cercenando una carta, se le habían desenfielado,
le respondió de presto: «no halláis vos en
todo el lugar un fiel para vuestra hacienda, y ¿queréis
que lo halle yo para vuestras tijeras?»
| MARCIO.-
Este
me parece más sutil. | VALDÉS.-
No habéis
de mirar sino a la alusión de los vocablos, que por
esto os cuento estos, pudiendoos contar otros
muy más primos y mejores. | MARCIO.-
Así lo entendemos.
| VALDÉS.-
Yervas llamamos en Castilla a lo que acá
llamáis tossico, y también a los pastos donde
se apacientan los ganados, y así decimos: Yerva pace
quien lo paga, y de yerba llamamos ervage y ervajar. Un escudero
muy honrado, habiendo arrendado ciertas yerbas o pastos en
su tierra y no teniendo con qué pagarlas, se ausentó
de la tierra, y topándose acaso en el camino con un
su vecino que de la feria de Medina del Campo se tornaba
a su casa, le encargó mucho que, en llegando a la
tierra, publicase que era muerto, «y si os preguntaren,
dijo él, de qué morí, decid que de
yerbas». Este mismo, viniendo un día muy en
amaneciendo de velar en la iglesia, a la usanza de
España, una prima suya, que era muy necia, preguntó
al clérigo si venía de velar la prima o la
modorra, donde metió tres vocablos equívocos
harto propiamente. | MARCIO.-
Muy bien los entiendo todos, y
paréceme que lo dijo muy galana y sutilmente. | VALDÉS.-
A lo que en latín llamáis vibex, en España
llamamos cardenal, pienso que porque es cárdeno; también
llamados cardenales a los reverendísimos que hace
Su Santidad. Ahora sabed que, cuando el papa León crió
los XXXI cardenales, un fraile en un sermón introdujo
la iglesia que se quejaba a Dios que su marido la trataba
mal, y le hizo que dijese: «y si no me queréis,
Señor, creer, mirad los cardenales que me acaba de
hacer». | MARCIO.-
Cuanto que ese dicho, siempre tiene sazón.
| | VALDÉS.- | | Falta sirve, como sabéis, para el juego
de la pelota, también como para decir: Malo es Pasqual,
mas nunca le falta mal. A estas dos significaciones aludió
don Antonio de Velasco en una copla que, al mismo propósito
de la otra, hizo a un caballero de la Casa de la Cuerda,
que era tenido por poco sabio; la cual decía así: | | El de la cuerda, a mi ver, | | | | allí
no ganará nada; | | | | si no es falta de tomada, | | | | será
falta de saber; | | | | tantas le vemos hazer, | | | | y de ver que son
sin cuento, | | | | no vaya a cas de Sarmiento. | | |
|
| MARCIO.-
Bien
parece esa cosa del ingenio de don Antonio de Velasco. | VALDÉS.-
Decimos pensar por cogitare, y también pensar por
governar las bestias, de donde nació la simpleza
del vizcaíno que, sirviendo a un escudero, porque
tenía cargo de pensar el caballo, no lo quería
ensillar; preguntado por qué, dijo que porque había oído un refrán que decía: Uno piensa
el bayo y otro el que lo ensilla. | MARCIO.-
Propia inteligencia
de vizcaíno. | VALDÉS.-
Porque sería nunca
acabar si para cada vocablo equívoco os contase un
contezuelo de estos, los quiero atajar, y decir que pecho es
lo mismo que pectus, y es un certum quid que pagan al rey
los que no son hidalgos, por donde los llamamos pecheros.
Corredor es el que corre, y corredor es lo que acá
decís loja, y también a lo que decís
sensale. Moço y moça son nombres de servidumbre
y son nombres de edad, de donde decimos mocedad y mocedades.
Que sean nombres de servidumbre lo muestran los refranes
que dicen: Guárdate de muger latina y de moça
adivina, y A escudero pobre moço adivino, y Al
moço malo, ponedle la mesa y embiadlo al mandado. Que
sean nombres de edad, también se ve en este refrán:
Moça, guárdate del moço cuando le salle
el boço. También cuento es equívoco,
porque decimos cuento de lanza y cuento de maravedís
y cuento por novela. Tacha es lo mismo en castellano que
en italiano, y tachas llamamos los clavicos que ponen en
los cofres encorados. | MARCIO.-
No me place tanto ensartar de
vocablos; más quisiera que prosiguierais como
habíais comenzado. | VALDÉS.-
Dejadme,
por vuestra vida, que otro día os cansaré contandoos
estos contezuelos. Hacha llamamos a la que por otro nombre
decimos antorcha, y hacha llamamos también a la segur.
Servidor, allende de su propia significación, que es
común a las tres lenguas de que platicamos, tiene
otra deshonesta. | MARCIO.-
No la digáis, que ya la sé. | VALDÉS.-
De mancebo hacemos también manceba,
que quiere decir mujer moza y quiere decir concubina.
Otros hay a quien la semejanza solamente hace equívocos,
así como capón, que por la semejanza hacemos
que signifique lo que eunuco. Sobre lo cual se celebra un
dicho de una dama que, habiendo después de viuda tomado
otro marido, del cual no se podía aprovechar, por
quitárselo de delante, le dio quinientos ducados con
que se viniese en Italia. El dicho es este, que estando
en un banquete alababan todos ciertos capones que allí
se comían, y diciendo uno que valían caros,
porque costaba un ducado cada uno, respondió la dama:
¿a eso llamáis caro?, pues yo compré uno
por quinientos ducados y no gocé de él.
| PACHECO.-
Concluid con eso, por vuestra vida, porque tengamos tiempo
para lo demás. | VALDÉS.-
En merced os tengo que
me hayáis atajado; y vos ved si tenéis más
que preguntar. | MARCIO.-
Pues no nos queréis decir más
equívocos, porque me acuerdo, algunas veces oíros
decir que deseáis introducir ciertos vocablos en
la lengua castellana, antes que pasemos adelante, decidnos
qué vocablos son estos. | VALDÉS.-
De buena
voluntad os diré todos los que me vendrán a
la memoria. De la lengua griega deseo introducir estos
que están medio usados: paradoxa, tiranizar, idiota,
ortografía. | PACHECO.-
Larga nos la levantaríais
a los que no sabemos griego ni latín, si, por introducirnos
nuevos vocablos, no pusieseis necesidad de aprenderlos.
| VALDÉS.-
Por vuestra vida, que me consintáis
de usar de estos vocablos, pues, si bien miráis en ello,
fácilmente los entenderéis. | PACHECO.-
El tiranizar y la ortografía bien los entiendo, pero los otros
no sé qué quieren decir. | VALDÉS.-
Pues
yo os lo diré ahora, y lo tendréis por dicho para
siempre: paradoxa quiere decir cosa que viene sin pensarla;
idiota significa hombre privado y sin letras. ¿Los entendéis? | PACHECO.-
Sí, muy bien. Decid adelante.
| VALDÉS.-
De la lengua latina querría tomar estos vocablos:
ambición, ecepción, dócil, superstición,
obieto. Del cual vocablo usó bien el autor de Celestina:
la vista a quien obiecto no se pone; y digo que lo usó
bien, porque, queriendo decir aquella sentencia, no hallara
vocablo castellano con que decirla, y así fue mejor
usar de aquel vocablo latino que dejar de decir la sentencia;
o para decirla había de buscar rodeo de palabras. Tomaría
también decoro. | PACHECO.-
¿Qué quiere decir decoro?
| VALDÉS.-
Cuando queremos decir que uno se gobierna en
su manera de vivir conforme al estado y condición
que tiene, decimos que guarda el decoro. Es propio este
vocablo de los representadores de las comedias, los cuales
estonces se decía que guardaban bien el decoro, cuando
guardaban lo que convenía a las personas que representaban.
| PACHECO.-
Bien lo entiendo. Decid adelante. | VALDÉS.-
Querría
más introducir paréntesis, insolencia, jubilar, temeridad, professión. | PACHECO.-
¿Qué decís?
¿professión no es castellano? | VALDÉS.-
Sí
que es castellano, pero se han alzado con él
los frailes, y yo querría que lo usásemos
como lo usan el latín y el toscano, diciendo: Juan
haze professión de loco y Pedro haze professión
de sabio. Persuadir y persuasión, estilo, y observar
y observación. | PACHECO.-
Esos tres postreros quiero
que me declaréis. | VALDÉS.-
Estilo llamamos a
la manera de decir buena o mala, áspera o dura; observar vale tanto como notar, sino que sirve para más cosas;
lo mismo digo de observación. Y porque me he visto
en aprieto queriendo exprimir en castellano lo que significa
obnoxius y abutere, los introduciría si me atreviese,
pero son tan remotos del hablar castellano que de ninguna
manera me atrevería a usarlos; holgaría bien
que otros lo usasen por poderlos usar también yo.
De la lengua italiana deseo poderme aprovechar para la lengua
castellana de estos vocablos: facilitar, fantasía, en
la significación que lo tomáis acá; aspirar, por tener ojo, como quien dice: Cada cardenal aspira al papado;
dinar, entretener, discurrir y discurso, manejar y manejo,
deseñar y deseño, ingeniar por inventar con
el ingenio, servitud, novela y novelar, cómodo o
incómodo, comodidad, solacio, martelo, porque no parece
que es lo mismo que celos, pedante y assassinar. | CORIOLANO.-
¿Queréis que os diga la verdad? No me place que seáis
tan liberal en acrecentar vocablos en vuestra lengua, mayormente
si os podéis pasar sin ellos, como se han pasado
vuestros antepasados hasta ahora. Y si queréis ver
que tengo razón, acordaos cuán atentadamente
y con cuánta modestia acrecienta Cicerón en
la legua latina algunos vocablos, como son qualitas, visum
que significa fantasía, y comprehensibile, aunque sin
ellos no podía exprimir bien el concepto de su ánimo
en aquella materia de que hablaba, que es, si bien me acuerdo,
en sus Questiones que llama académicas. | VALDÉS.-
Toda esa atención y toda esa modestia que decís
tiene Cicerón con mucha razón cuando introduce
en la lengua latina esos vocablos que él componía;
pero, si bien os acordáis, cuando usa y se aprovecha
de vocablos griegos en el mismo libro que vos habéis
alegado, no cura de demandar perdón, antes él
mismo se da licencia para usar de ellos, como veis que los usa,
no solamente escritos con letras griegas, pero con latinas,
como son asotus, idea, atomus, etc. De manera que, pues yo
no compongo vocablos nuevos, sino me quiero aprovechar de
los que hallo en las otras lenguas con las cuales la mía
tiene alguna semejanza, no sé por qué no os
ha de contentar. | MARCIO.-
Os dice muy gran verdad, y
vos, señor Pacheco, decidnos ¿qué sentís
de estos vocablos añadidos? | PACHECO.-
Que para todos ellos
yo de muy buena gana daré mi voto, siempre que me
será demandado, aunque algunos se me hacen durillos;
pero, conociendo que con ellos se ilustra y enriquece mi
lengua, todavía los admitiré y, usándolos
mucho, poco a poco los ablandaré. | MARCIO.-
Esto es verdad,
que ninguna lengua hay en el mundo a la cual no estuviese
bien que le fuesen añadidos algunos vocablos; pero
el negocio está en saber si querríais introducir
estos por ornamento de la lengua, o por necesidad
que tenga de ellos. | VALDÉS.-
Por lo uno y por lo otro. | CORIOLANO.-
Pues os faltan vocablos con que exprimir los conceptos
de vuestros ánimos, ¿por qué hacéis
tantos fieros con esta vuestra lengua castellana?
| VALDÉS.-
Ni nos faltan vocablos con que exprimir los conceptos de nuestros
ánimos, porque, si algunas cosas no las podemos explicar
con una palabra, las explicamos con dos o tres como
mejor podemos; ni tampoco hacemos fieros con nuestra lengua,
aunque, si quisiésemos, podríamos salir con
ellos, porque me bastaría el ánimo a daros
dos vocablos castellanos, para los cuales vosotros no tenéis
correspondientes, por uno que me dieseis toscano,
para el cual yo no os diese otro castellano que le respondiese.
| CORIOLANO.-
Esa bravería española no la aprendisteis
vos en San Pablo. | VALDÉS.-
Abasta que la aprendí
de San Pedro, y en Roma. Pues más quiero decir, porque
veáis quién son los Chacones, que haré
lo mismo con la lengua latina. | CORIOLANO.-
Nunca os vi tan
bravoso. Ea, quebradme el ojo con media docena de vocablos
españoles que no tengan latinos que les correspondan. | VALDÉS.-
No os quebraré el ojo, pero daros he
sin más pensarlo dos docenas de ellos por media que
me demandáis.
| CORIOLANO.-
Esos serán
plebeyos. | VALDÉS.-
No serán sino hidalgos, de
las migajas del rey de Portugal. Y porque veáis si
decir y hacer comen a mi mesa, empezad a contar: Aventurar, escaramuçar, escarpiar, madrugar, acuchillar, amagar,
grangear, acaudalar, aislar, trasnochar, esquilmo, fulano, axuar, peonada, requiebro, desaguadero, retoçar, maherir,
çaherir, trafagar, amanecer, jornada, ospitalero,
carcelero, temprano, mesonero, postremería, desenhadamiento, desmayar, albricias, engolfar, escuderear, amortecer, sazonar,
alcahuetar. ¿He dicho hartos? | MARCIO.-
Habéis dicho tantos,
que ya me pesaba haberos metido en la danza, viendoos
tan embebecido en ella que me parecía que aun sin
son bailaríais; pero os quiero desengañar,
porque no os engriáis mucho pensando haber hecho una
gran prueba de vuestra lengua; que de esa suerte de vocablos
también os diré yo cuatro docenas de la lengua
toscana. | CORIOLANO .-
Y aun yo diré diez. | VALDÉS.-
También diré yo ciento, si quiero entrar en
los vocablos arábigos que son nombres de cosas, como
guadamecil, almairaz, almirez, etc.; pero esto no importa.
Decid vosotros cuantos quisiereis, que a mí
harto me basta haber cumplido con lo que prometí. | MARCIO.-
No lo habéis cumplido tan enteramente como pensáis.
| VALDÉS.-
¿Cómo no? | MARCIO.-
Porque no a todos los
vocablos que habéis dicho falta correspondiente latino. | VALDÉS.-
Decidme cuáles lo tienen, que holgaré
aprender esto de vos.
| MARCIO.-
¿No os parece que lascivire
exprime bien lo que el castellano dice retoçar? | VALDÉS.-
No, que no me parece, porque puede uno lascivire sin segunda
persona, y no retoçar. | MARCIO.-
Tenéis razón
en esto; pero, senectus y postrimería ¿no es todo
uno? | VALDÉS.-
No, porque senectus, que nosotros decimos
vejez, es más general que postrimería. | MARCIO.-
Sea así, pero mesonero ¿no es lo que dice el latino
pandochius? | VALDÉS.-
Lo mismo, pero ¿vos no veis que
ese vocablo no es latino, sino griego, y que así
podéis tomar desmophilax por carcelero? Yo no os hablo
sino de los vocablos que la lengua latina tiene propios suyos. | MARCIO.-
Confieso que tenéis razón; pero, si
habéis romanzado alguna cosa latina o italiana,
bien creo habréis también hallado otros muchos
vocablos allende de los que habéis dicho, que os han puesto en aprieto, queriendo exprimir enteramente en castellano
lo que significan en latín o italiano.
| VALDÉS.-
Y aun porque cada lengua tiene sus vocablos propios, y sus
propias maneras de decir, hay tanta dificultad en el traducir
bien de una lengua en otra; lo cual yo no atribuyo a falta
de la lengua en que se traduce, sino a la abundancia de aquella
de que se traduce; y así unas cosas se dicen en una
lengua bien que en otra no se pueden decir así bien,
y en la misma otra, otras que se digan mejor que en
ninguna. | CORIOLANO.-
Eso está muy bien dicho y es así
en la verdad. | VALDÉS.-
Por esto es grande la temeridad
de los que se ponen a traducir de una lengua en otra sin
ser muy diestros en la una y en la otra. | MARCIO.-
De esta manera
pocas cosas se traducirían. | VALDÉS.-
Así
habría más personas que supiesen las lenguas
necesarias, como son la latina, la griega y la hebrea, en
las cuales está escrito todo cuanto bueno hay que pertenezca
así a religión como a ciencia. | MARCIO.-
Ora
sus, atajemos esta materia y tornemos a la nuestra, otorgandoos
primero estar bien dicho todo cuanto habéis hasta aquí
propuesto. | VALDÉS.-
Muchas gracias, y en pago de vuestra
liberalidad, antes que salgamos de hablar en los vocablos,
os quiero decir un aviso que yo tengo cuando escribo en castellano
alguna letra a algún italiano. | PACHECO.-
Ya lo habéis
dicho; ¿no es lo de la j larga y lo de la tilde? | VALDÉS.-
Vos sois como el ánsar de Cantipalo, que salió
al lobo al camino. No, que no es eso. | PACHECO.-
Pues perdonadme
y decidnos lo que es. | VALDÉS.-
Que voy siempre acomodando
las palabras castellanas con las italianas, y las maneras
de decir de la una lengua con las de la otra, de manera que
sin apartarme del castellano sea mejor entendido del italiano. | PACHECO.-
¿De qué manera hacéis eso?
| VALDÉS.-
Yo os diré. Cuanto a las palabras, si tengo de decir:
Honra sin provecho, sortija en el dedo, por sortija digo
anillo; si puedo decir salario, no digo acostamiento. | MARCIO.-
¿Es lo mismo acostamiento que salario? | VALDÉS.-
Lo mismo. | MARCIO.-
Nunca oí ese vocablo.
| VALDÉS.-
¿No? Luego
no habéis oído una copla muy galana que un caballero
envió a un gran señor de Castilla a propósito
que le envió a rogar viviese con él, y le daría
buen acostamiento. | MARCIO.-
No la he oído y holgaré
de oírla, porque, pues vos la alabáis y el
sujeto parece bueno, no puede ser que ella no sea buena. | | VALDÉS.- | | La copla decía así: | | Diez marcos tengo de oro | | | | y de plata cien y ochenta, | | | | buenas casas en que moro | | | | y un largo cuento de renta, | | | | diez
escuderos de cuenta, | | | | de linage bien contento, | | | | de señor
no acostamiento, | | | | quês lo que más me contenta. | | |
|
| MARCIO.-
¡Cómo debiera ser ese honrado
caballero, y de ingenio! Decidme, por vuestra vida, a qué
propósito enviaba aquel gran señor, por rico
que fuese, a requerir que viviese con él un caballero
que tan cumplidamente tenía lo que había menester. | VALDÉS.-
Yo os lo diré. Se acostumbra en
Castilla que los grandes señores que quieren tener
parte en las ciudades principales, que son del rey, procuren
tener salariados, de los caballeros que viven en ellas, los
más principales y valerosos, de los cuales se sirven
así en las cosas que ocurren en las ciudades donde
viven, como en acompañarse de ellos cuando sus personas
van a la guerra y cuando van por alguna cosa señalada
a la corte, dejándolos estar todo el otro tiempo en
sus casas, y a lo que dan a estos tales llaman acostamiento.
| MARCIO.-
¿Y tienen muchos de estos? | VALDÉS.-
Sí,
tenían antiguamente, pero ya ahora, que con la grandeza
del Emperador no es en Castilla lo que solía, no curan
tanto de estas grandezas. | MARCIO.-
Y lo que gastaban en aquello,
¿en qué lo gastan ahora? | VALDÉS.-
¿En qué?
Sabréis que cada uno tiene sus desaguaderos por donde
se le va. | CORIOLANO.-
¿A qué llamáis desaguaderos? | VALDÉS.-
Al juego, al vestir, al banquetear, que son
tres cosas que con la venida de Su Majestad en España
han crecido en tanta manera, que os prometo que se siente
largamente por todas partes.
| MARCIO.-
No queremos saber nada
de eso. Proseguid en vuestros vocablos, que hace más
al propósito. | VALDÉS.-
Soy contento, pero ya
sabéis que estos paréntesis no son malos a
ratos, como entre col y col lechuga. Si tengo de decir doliente, digo enfermo. | MARCIO.-
¿Son todos dos castellanos? | VALDÉS.-
Todos dos están celebrados en los refranes; uno dice:
Con lo que sana el hígado, enferma la bolsa, y el
otro dice: Con lo que Pedro sana, Sancho adolece. Cuando
tengo de decir: de cada parte, digo: de cada canto. | MARCIO.-
¿Y se puede decir así en castellano? | VALDÉS.-
Así hallo en mis refranes, que dice uno: De cada
canto, tres leguas de mal quebranto. Si puedo decir fenestra no digo ventana. Ni cumple cuando está bien conviene. Antes digo comprar que mercar. Antes letra que carta. Antes
hinojos que rodillas. Antes lecho que cama. | CORIOLANO.-
¿Lecho
es español? | VALDÉS.-
Preguntadlo al refranejo
que dice: La pierna en el lecho y la mano en el pecho. Más
presto diré malencónico que mohino. | MARCIO.-
No me parece a mí que es lo mismo malencónico,
que mohino; a lo menos no significa lo mismo el refrán
que dice: Dos a dos y tres al mohino.
| VALDÉS.-
Antes, si bien miráis en ello, es lo mismo. Es bien
verdad que tomamos algunas veces mohino por desgraciado
o desdichado en el juego, y así decimos que uno está
mohíno cuando pierde, y decimos que se amohína
cuando toma alguna cosa por agüero, pero esto no impide
que yo no pueda usar, en lugar del mohino, del malencónico donde cuadrare bien. | MARCIO.-
Tenéis razón. Proseguid
adelante. | VALDÉS.-
Antes digo planto que lloro, antes
candela que vela, antes tapete que alhombra, antes abrasar
que quemar, antes máxcara que carátula, antes
cuello que pescueço, antes roña que sarna, antes presto que aína, antes segur que hacha, y antes antorcha que hacha; antes acostumbrar que soler. Antes digo
de buena voluntad que de buen talante, y antes jardín que vergel, y antes favorecido que privado, y antes demandar que pedir, y antes can que perro. | CORIOLANO.-
Sé que
can no es vocablo español. | VALDÉS.-
Sí,
es, porque un refrán dice: El can congosto a su amo
vuelve el rostro, y otro: Quien bien quiere a Beltrán,
bien quiere a su can. Antes diré mur que ratón,
pues tan bien es castellano lo uno como lo otro, porque dicen:
Lo que as de dar al mur, dalo al gato, y también:
Al mur que no sabe sino un agugero, presto lo toma el gato.
Por deshonrar diré denostar, pues me lo permite el
refrán que dice: Casa ospedada, comida y denostada,
y el otro: Fuí a casa de mi vezina y denostéme, vine
a mi casa y conhortéme. Por mañana diré
cras, pues me da licencia el refranejo que dice: Oy por mí
y cras por tí. Muro y adarve son una misma cosa, y así
antes diré muro que adarve. | | CORIOLANO.-
Bien, pero muro
no creo sea puro castellano. | VALDÉS.-
Yo sí,
que un refrán dice: No pasa seguro quien corre por
el muro. Cuanto a las maneras de decir, hago de esta arte.
Si tengo de decir no quiero tener que dar ni que tomar con
vos, digo: no me quiero empachar con vos. Y si tengo de decir:
con la qual uve mucho plazer, digo: la qual me fué muy agradable.
De la misma manera, queriendo decir: mañana me purgo, digo: mañana tomo medicina. | MARCIO.-
No digáis
más, pues lo dicho basta, y aun sobra, para entender
lo que queréis decir. Y si queréis que alabemos
vuestra prudencia con esto y que os tengamos en merced la
honra que nos hacéis con ello, no nos desavendremos;
con tal que nos digáis qué quieren decir ciertas
palabrillas, que algunas personas en su hablar usan ordinariamente,
las cuales ni se escriben, ni tampoco me acuerdo oíroslas
decir jamás a vos. | VALDÉS.-
¿Qué suerte
de palabras es esa? Decidme alguna de ellas. | MARCIO.-
Aqueste, pues, así, no sé qué, etc. | VALDÉS.-
¿De qué manera habéis visto vos
usar ese no sé qué?
| MARCIO.-
De muchas; pero
donde me ha contentado es en una copla, compañera
de la que os dije antes sobre halagüeña y
çahareña. | VALDÉS.-
Bien me acuerdo. Decid
la copla. | | MARCIO.- | | | La dama boquicerrada, | | | | sorda y muda, no sé qué, | | | | no sé para
qué se fué | | | | entre las otras criada. | | | | La necia desamorada | | | | que nada no da ni vende, | | | | tírala dende. | | |
|
| VALDÉS.-
¿Adónde diablos habéis aprendido esas coplas? | MARCIO.-
Qué sé yo. Entre vosotros.
| VALDÉS.-
Nunca las oí. ¿Sabéis más que las dos
que habéis dicho? | MARCIO.-
Sí, sé otra. | VALDÉS.-
Decidla.
| | MARCIO.- | | | La dama que
dama fuere | | | | de las de dar y tomar, | | | | solamente con mirar | | | |
ha de matar do quisiere, | | | | matar y mostrar que muere. | | | | Si
desto no se l'entiende, | | | | tírala dende. | | |
|
| VALDÉS.-
En extremo me contentan. Ojalá hubiera hecho más
el que hizo esas. Y tornando a nuestra materia, digo
que el no sé qué es muy diferente de esas otras
partecillas, porque el no sé qué tiene gracia,
y muchas veces se dice a tiempo que significa mucho; pero
esas otras partecillas son bordones de necios. | MARCIO.-
¿Qué
llamáis bordones? | VALDÉS.-
A esas palabrillas
y otras tales que algunos toman a que arrimarse cuando, estando
hablando, no les viene a la memoria el vocablo tan presto
como sería menester. Y así unos hay que se
arriman a ¿entendéisme? y os lo dicen muchas veces,
sin haber cosa que importe entenderla o que sea menester mucha
atención para alcanzarla; por donde conocéis
que no os preguntan si los entendéis por duda que
tengan de ello, sino porque, mientras os preguntan aquello
les venga a la memoria lo otro. Otros hay que por la misma
razón se arriman a no sé si m'entendéis, aunque conozcan claramente que son entendidos. Otros dicen:
¿estáis conmigo?, que vale tanto como ¿entendéisme? Otros se sirven de pues, y otros de tal, y los repiten
tantas veces que os vienen en fastidio grandísimo.
Muchos se sirven de aqueste, y se sirven más de él
que de caballo de muchas sillas. Otros se aprovechan de así,
y tras cada palabra os dan con él en los ojos. Otros
se sirven de tomé y de tomamos, diciendo tomé
y víneme, y tomamos y vinimos, y si les preguntáis
qué es lo que tomaron, no os podrán decir con
verdad sino que aquel vocablo no sirve sino para un malo
y feo arrimo. Otros semejantes a estos creo que hay de que yo no me acuerdo. Si más queréis, por
buen dinero. | MARCIO.-
Sí que queremos más, pero
no por buen dinero, sino de balde. | VALDÉS.-
¿Qué
es lo que queréis? | MARCIO.-
Que nos digáis lo
que observáis y guardáis acerca del escribir,
y hablar en vuestro romance castellano cuanto al estilo. | VALDÉS.-
Para deciros la verdad, muy pocas cosas observo,
porque el estilo que tengo me es natural, y sin afectación
ninguna escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar
de vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y lo digo
cuanto más llanamente me es posible, porque a mi
parecer en ninguna lengua está bien el afectación.
Cuanto al hacer diferencia en el alzar o abajar el
estilo, según lo que escribo, o a quién escribo,
guardo lo mismo que guardáis vosotros en el latín.
| MARCIO.-
Si acerca de esto hubieseis de aconsejar a alguno,
¿qué le diríais?
| VALDÉS.-
Le diría
primeramente que guardase lo que al principio dije de los
artículos, porque esto pertenece así para
el hablar bien como para el escribir. Le avisaría más
que no curase de un que superfluo que muchos ponen tan continuamente,
que me obligaría quitar de algunas escrituras, de
una hoja, media docena de quees superfluos. | MARCIO.-
Dadnos
algunos ejemplos para que entendamos eso. | VALDÉS.-
De refrán no se me ofrece ninguno que tenga este que
demasiado, y creo lo causa la brevedad con que están
escritos, pero, si miráis en lo que leéis,
hallaréis ser verdad lo que os digo en partes semejantes
que esta: creo que será bien hazer esto. Adonde
aquel que está superfluo, porque diría mejor:
creo será bien hazer esto. | MARCIO.-
Bien me contenta
eso, pero ¿qué señal tendremos para ver cuándo
está superfluo y cuándo no? | VALDÉS.-
La
misma escritura, si la miráis con cuidado, os lo mostrará.
Como también en un de que se pone demasiado y sin
propósito ninguno, diciendo: no os he scrito, esperando
de embiar, donde estaría mejor, sin aquel de, decir:
esperando embiar. Y creedme que estas superfluidades no
proceden sino del mucho descuido que tenemos en el escribir
en romance. | MARCIO.-
Bien creo eso, y bien me ha parecido
esto otro; proseguid adelante. | VALDÉS.-
También
avisaría que conviene usar la composición del
verbo con lo y la, los y las muy libremente, sin pensar decir
por otra manera lo que se puede decir por aquella. | MARCIO.-
¿Cómo se hace esa composición?
| VALDÉS.-
Diciendo hablarlo y traerla, hablarlos y traerlas. | MARCIO.-
¿Qué queréis en esto, que no os entiendo? | VALDÉS.-
Que se debe usar esta composición de la manera que
digo, y no andar por las ramas como algunos, que por no hablar
como los otros, dicen por ponerlos, los poner, y por traerlas, las traer, etcétera. Es bien verdad que lo uno y lo otro se puede
seguramente usar, pero el decir ponerlos y traerlas a mi
parecer es más llano y más puro, y aun más
galano y más castellano. Se debe también
huir toda manera de decir que tenga mal sonido, como es diciendo
me he de perder, adonde, como veis, estaría mejor
y más galanamente he de perderme; y de estas maneras
de decir hallaréis muy muchas, si miráis un
poco en ellas. Hablar o escribir de suerte que vuestra razón
pueda tener dos entendimientos, en todas lenguas es muy gran
falta del que habla o escribe. | CORIOLANO.-
Eso mismo enseña
Quintiliano. | VALDÉS.-
Así es verdad. En este
error caen especialmente los que quitan una a que se debe
poner delante de algunos acusativos, y así, habiendo
de decir: el varón prudente ama a la justicia, dicen
ama la justicia, la cual manera de hablar, como veis, puede
tener dos entendimientos; o que el varón prudente
ame a la justicia, o que la justicia ame al varón
prudente; porque sin la a parece que están todos dos
nombres en un mismo caso. También es falta poner dos
partes una cabe otra de tal manera que, juntándose
la una con la otra, de todas dos se haga una, porque hacen
desatinar al letor. | CORIOLANO.-
Para entender bien eso, es
menester que nos lo mostréis por algún ejemplo. | VALDÉS.-
Por ejemplo os puede bastar esto, que si habéis
de decir es bien, no digáis bien es, y de otra suerte
si habéis de escribir es verdad, no digáis verdad
es, y si es mal, no digáis mal es, porque no parezcan
plurales. Otros muchos os podría señalar, pero,
para entender lo que digo, harto bastan estos. Algunos
ay que, por no poner a los casos sus propios artículos,
hacen que a lo que escriben se puedan dar muchos entendimientos;
por tanto el que quisiere escribir bien, debe siempre poner
los artículos como tengo dicho, conviene a saber:
el y la en el nominativo, del y de la en el genitivo, al
y a la en el acusativo, y lo que es neutro; de manera que,
si habéis de decir: Dijo la leche al vino: bien seais
venido, amigo, miréis bien adónde ponéis
la, y dónde al. ¿Entendéis bien esto?
| CORIOLANO.-
Largamente. | VALDÉS.-
Muchos hay que, porque saben o han oído decir que en la lengua latina dos negaciones
afirman, pensando que hacen lo mismo en la castellana, huyendo
de ellas, gastan algunas veces el estilo; porque, si han de
decir: No diga ninguno: destâgua no beveré,
dicen: No diga alguno. Esta, como veis, es grande
inadvertencia; pues es así que no todas las lenguas
tienen unas mismas propiedades, antes, porque cada una tiene
las suyas propias, por eso se llaman propiedades; y así
como el latino con dos negaciones afirma, así también
el griego con dos negaciones niega más, y esto mismo
tiene el castellano y aun el hebreo. | PACHECO.-
Si eso es pecado,
yo os prometo que he pecado en él muchas veces. | VALDÉS.-
Pues sabed que lo es; por tanto guardaos de caer en él,
y también de caer en otro que es a mi parecer aún
más feo que este, y por esto creo que son más
los que tropiezan en él; este es que
no pongáis el verbo al fin de la cláusula cuando
él de suyo no se cae, como hacen los que quieren imitar
a los que escriben mal latín. | MARCIO.-
Eso declaradnos
un poco más. | VALDÉS.-
Digo que os debéis
guardar siempre de hablar, como algunos, de esta manera: Siempre
te bien quise y nunca te bien hize, porque es muy mejor
decir: Siempre te quise bien y nunca te hize bien. | CORIOLANO.-
¿Eso no es todo uno? | VALDÉS.-
Sí, pero no le
contentó al Conde de Ureña una vez aquella
manera de hablar. | MARCIO.-
Ea, contadnos eso. | VALDÉS.-
Soy contento. Dicen que yendo de camino el Conde de Ureña,
y llegando a un lugar mal proveído de bastimentos,
mandó a un su mayordomo, que pocos días antes
había recibido, que le tuviese... | MARCIO.-
Así
se hará; proseguid en decirnos lo que pertenece al
estilo de vuestra lengua castellana. | VALDÉS.-
Con deciros
esto, pienso concluir este razonamiento desabrido: que todo
el bien hablar castellano consiste en que digáis lo
que queréis con las menos palabras que pudiereis,
de tal manera que, explicando bien el concepto de vuestro
ánimo, y dando a entender lo que queréis decir,
de las palabras que pusiereis en una cláusula
o razón no se pueda quitar ninguna sin ofender a la
sentencia de ella o al encarecimiento o a la elegancia. | MARCIO.-
Declaradnos más eso. | VALDÉS.-
Que me place.
Si quisieseis quitar algo de este refrán: Ama
a quien no te ama, y responde a quien no te llama, con cualquier
cosa que le faltase gastaríais la sentencia que
tiene. Y si de este refrán: Quien guarda y condesa,
dos veces pone mesa, donde lo mismo es guardar que condesar, quitaseis el uno de ellos, aunque no gastaríais
la sentencia, quitaríais el encarecimiento que suelen
hacer dos vocablos juntos que significan una misma cosa. De
la misma manera, si de este refrán Qual la madre, tal
la hija, y tal la manta que las cobija quitaseis
el segundo tal, o de este: Del monte salle quien el monte quema
quitaseis el segundo monte, aunque no gastaríais
la sentencia, ni disminuiríais el encarecimiento,
estragaríais de tal manera el estilo, que las cláusulas
quedaban cojas. | MARCIO.-
Muy bien me parece esto, pero decidme:
¿tenéis por buena manera esta de estos refranes,
que parece van con no sé qué consonantes? | VALDÉS.-
Sí que es buena por estas sentencillas así
breves, pero siempre aconsejaría a quien quisiese
hablar o escribir bien que se guardase de ella, porque, si
no es en semejantes dichos breves, en lo demás es
muy ajena del estilo castellano. | MARCIO.-
Pues ¿cómo
hay algunos que imprimen libros en este tiempo que usan esta
manera de escribir? | VALDÉS.-
Porque también hay algunos que imprimen libros en latín que usan otras
obras muy ajenas del buen estilo de la lengua latina. | MARCIO.-
Tenéis razón, y en efecto es así, que
en todas las lenguas del mundo hay unos que escriben mejor,
más propia y más galanamente que otros; y por
esto los que quieren aprender una lengua de nuevo deberían
mucho mirar en qué libros leen; porque siempre acontece
que, así como, naturalmente, tales son nuestras costumbres,
cuales son las de aquellos con quien conversamos y platicamos,
de la misma manera tal es nuestro estilo, cuales son los
libros en que leemos. | VALDÉS.-
Decís muy gran
verdad. | CORIOLANO.-
Pues conocéis ser esto así,
para que hayáis enteramente cumplido vuestra jornada,
resta que nos digáis qué libros castellanos
os parece podemos leer para hacer buen estilo, y también
de cuáles tenéis por bien que nos guardemos. | VALDÉS.-
Demanda es más dificultosa de lo que
pensáis. Ya sabéis en qué laberinto
se mete el que se pone a juzgar las obras ajenas.
| CORIOLANO.-
Vos decís verdad cuando lo que se dice es público,
pero aquí estamos solos y todo puede pasar. | VALDÉS.-
Con condición que no me deis por autor de lo que aquí
sobre esto os diré, soy contento de deciros mi parecer
acerca de los escritores. Ya sabéis que, así
como los gustos de los hombres son diversos, así
también lo son los juicios; de donde viene que muchas
veces lo que uno aprueba condena otro, y lo que uno condena
aprueba otro. Yo, que hago profesión de estar bien
con todo el mundo, no querría sin propósito
ofender a otros por complacer a vosotros. | MARCIO.-
Seguramente
podéis decir lo que quisiereis, que yo por
todos tres prometo el secreto. | VALDÉS.-
Confiando en
esa promesa, digo que, como sabéis, entre lo que
está escrito en lengua castellana principalmente hay tres suertes de escrituras, unas en metro, otras en prosa,
compuestas de su primer nacimiento en lengua castellana,
ahora sean falsas, ahora verdaderas; otras hay traducidas
de otras lenguas, especialmente de la latina. El leer en
metro no lo apruebo en castellano, ni en ninguna otra lengua,
para los que son aprendices en ella. | MARCIO.-
Mucho ha que
yo soy de esa misma opinión. | VALDÉS.-
Pero, porque
digamos de todo, digo que, de los que han escrito en metro,
dan todos comúnmente la palma a Juan de Mena, y, a
mi parecer, aunque la merezca cuanto a la doctrina y alto
estilo, yo no se la daría cuanto al decir propiamente
ni cuanto al usar propios y naturales vocablos, porque, si
no me engaño, se descuidó mucho en esta parte,
a lo menos en aquellas su Trecientas, en donde, queriendo
mostrarse docto, escribió tan oscuro, que no es entendido,
y puso ciertos vocablos, unos que por groseros se deberían
desechar y otros que, por muy latinos, no se dejan entender
de todos, como son rostro jocundo, fondón del polo
segundo, y cinge toda la sfera, que todo esto pone en una
copla, lo cual a mi ver es más escribir mal latín
que buen castellano. En las coplas de amores que están
en el Cancionero general me contenta harto, adonde en la
verdad es singularísimo. En el mismo Cancionero, hay
algunas coplas que tienen buen estilo, como son las de Garci
Sánchez de Badajoz y las del bachiller de la Torre
y las de Guevara, aunque estas tengan mejor sentido
que estilo, y las del marqués de Astorga. Y son mejores
las de don Jorge Manrique, que comienzan Recuerde
el alma dormida, las cuales, a mi juicio, son muy dinas de
ser leídas y estimadas, así por la sentencia
como por el estilo. Juan del Enzina escribió mucho,
y así tiene de todo; lo que me contenta más
es la farsa de Plácida y Vitoriano, que compuso en
Roma. El estilo que tiene Torres Naharro en su Propaladia, aunque peca algo en las comedias, no guardando bien el decoro
de las personas, me satisface mucho, porque es muy llano
y sin afectación ninguna, mayormente en las comedias
de Calamita y Aquilana, porque en las otras tiene de todo,
y aun en estas hay algunas cosas que se podrían
decir mejor, más casta, más clara y más
llanamente. | MARCIO.-
Decidnos alguna. | | VALDÉS.- | | En la Aquilana
dice: | | Pues ¿que's esto? | | | | Tórnome loco tan presto | | | | por
amores d'una dama | | | | que tarde niega su gesto | | | | lo que promete
su fama. | | | Adonde, si no me engaño, dijera mejor,
más clara y más galanamente: | | que trae scrito en su gesto | | | | lo que publica su fama. | | |
|
| | PACHECO.-
Mejor dijera así; pero no se lo neguemos,
que mucho ha ilustrado la lengua castellana.
| VALDÉS.-
No os negaré yo eso jamás, y tampoco quiero
que me neguéis vos a mí que, así como
escribía bien aquellas cosas bajas y plebeyas que
pasaban entre gentes con quien él más ordinariamente
trataba, así se pierde cuando quiere escribir lo que
pasa entre gente noble y principal, lo cual se ve largamente
en la comedia Aquilana; pero esto no hace al caso, pues aquí
no hablamos sino de lo que pertenece a la lengua. Muchas
otras cosas hay escritas en metro que se podrían alabar,
pero así porque muchas de ellas no están impresas,
como por no ser prolijo, os diré solamente esto, que
aquella comedia o farsa que llaman de Fileno y Zambardo me
contenta. | PACHECO.-
Y de Yanguas, ¿qué os parece? | VALDÉS.-
Que muestra bien ser latino. | PACHECO.-
Eso basta, ya os entiendo. | MARCIO.-
Deseo que nos dijeseis algunas señales
por donde conociésemos cuáles son las buenas
coplas y cuáles no.
| | VALDÉS.- | | Por buenas tengo
las que tienen buena y clara sentencia, buenos vocablos,
acomodados a ella, buen estilo, sin superfluidad de palabras
y sin que haya ni una sílaba superflua por causa del
metro, ni un vocablo forzado por causa del consonante;
y por malas tengo las que no son de esta manera; y mirad que
digo buena y clara sentencia, porque hay algunas cosas trovadas
que al parecer dicen algo, y si las queréis examinar
bien, las hallaréis vacías de sentencia. Y porque
veáis que esto es así, escuchad este villancico
que al tiempo que yo partí de España reinaba
entre los músicos, y mirad cómo hallaréis
en él lo que digo: | | Pues que os vi, merecí veros, | | | | que si, señora,
n'os viera, | | | | nunca veros mereciera. | | |
|
| MARCIO.-
Cuanto
que a mí bien me contenta; no sé qué
mal le halláis. | VALDÉS.-
Con razón os
contentara si el primero verso, que dice: Pues que os vi,
merecí veros, dijera: Porque os vi merezco veros,
pues, como veis, la sentencia estuviera clara y amorosa;
pero, estando como está, yo no hallo que diga nada,
antes me parece que contradice en los dos últimos
versos lo que afirma en el primero. De esta suerte os podría
decir otros muchos, los cuales nacen de personas que no van
acomodando, como dije se debe hacer, las palabras a las cosas,
sino las cosas a las palabras, y así no dicen lo
que querrían, sino lo que quieren los vocablos que
tienen. | PACHECO.-
Por mi fe, que tenéis razón
y que ahora caigo en ello. | | VALDÉS.- | | Pues las palabras
o partecillas que se ponen solamente por henchir el verso
o por hacer la consonancia, ya vosotros podéis ver
cuán mal parecen. Y porque mejor lo entendáis,
miradlo en esta canción que dice: | | Destas aves su nación | | | | es cantar con alegría, | | | | y de vellas en prisión | | | | siento yo grave pasión, | | | | sin sentir nadie la mía. | | | Adonde muy impropiamente puso su nación, queriendo entender su natural condición, porque respondiese a prisión y passión. Lo mismo veréis en esta canción: | | Ninguno haga mudança | | | | por mal que vea de sobra, | | | | mas tenga tal esperança, | | | | que lo que razón alcança | | | | la vida todo lo cobra. | | | Adonde puso de sobra por
sobrado o demasiado, solamente por la consonancia de cobra.
Y siendo así que la gentileza del metro castellano
consiste en que de tal manera sea metro que parezca prosa,
y que lo que se escribe se dice como se diría en prosa,
tengo por buenos muchos de los romances que están en
el Cancionero general, porque en ellos me contenta aquel
su hilo de decir que va continuado y llano, tanto que pienso
que los llaman romances porque son muy castos en su romance.
De las canciones me satisfacen pocas, porque en muchas veo
no sé qué decir bajo y plebeyo y no nada conforme
a lo que pertenece a la canción. Algunos motes hay
buenos y bien glosados. En las invenciones hay que tomar y
que dejar, y entre las preguntas hay muchas ingeniosas. Los
villancicos, en su género, no son de desechar; pero
advertid que si no hallareis guardadas las reglas
que aquí os he dicho, ni aun en lo que os alabo, no
os maravilléis, porque habéis de pensar que
parte de la culpa tiene el tiempo, que no miraba las cosas
tanto por el sutil como conviene, y parte tienen los impresores
que en todo extremo son descuidados, no solamente en la ortografía,
pero muchas veces en depravar lo que no entienden. |
|
| |
MARCIO.-
Cuanto que eso, ya sabéis que también
nos acontece en la lengua latina. | | VALDÉS.-
Lo dicho
basta cuanto al metro. Cuanto a la prosa, digo que de los
que han romanzado he leído poco, porque, como
entiendo el latín y el italiano, no curo de ir al
romance. De eso poco que he leído me parece haber visto
dos librillos que me contentan así en el estilo,
el cual tengo por puro castellano, como en el exprimir muy
gentilmente y por muy propios vocablos castellanos lo que
hallaban escrito en latín. El uno de estos es
Boecio de consolación, y porque hay dos traducciones,
parad mientes que la que yo os alabo es una que tiene el
metro en metro y la prosa en prosa, y está dirigido
al conde de Ureña. | MARCIO.-
¿Cómo se llama el
autor? | VALDÉS.-
No me acuerdo, por mi fe; pero os sé
decir que a mi ver era hombre de vivo ingenio y claro juicio. | PACHECO.-
Decidme, por vuestra fe, aunque sea fuera de propósito,
porque ha muchos días que lo deseo saber: ¿qué
diferencia hacéis entre ingenio y juicio?
| VALDÉS.-
El ingenio halla qué decir, y el juicio escoge lo mejor
de lo que el ingenio halla, y lo pone en el lugar que
ha de estar; de manera que de las dos partes del orador, que
son invención y disposición, que quiere decir
ordenación, la primera se puede atribuir al ingenio
y la segunda, al juicio. | PACHECO.-
¿Creéis que pueda
haber alguno que tenga buen ingenio y sea falto de juicio;
o tenga buen juicio y sea falto de ingenio? | VALDÉS.-
Infinitos hay de esos; y aun de los que vos conocéis
y platicáis cada día, os podría señalar
algunos. | PACHECO.-
¿Cuál tenéis por mayor falta
en un hombre, la del ingenio o la del juicio? | VALDÉS.-
Si yo hubiese de escoger, más querría con mediano
ingenio buen juicio, que con razonable juicio buen ingenio. | PACHECO.-
¿Por qué?
| VALDÉS.-
Porque hombres de
grandes ingenios son los que se pierden en herejías
y falsas opiniones por falta de juicio. No hay tal joya en
el hombre como el buen juicio. | MARCIO.-
Dejaos de eso,
tornad a vuestros libros y decid cuál es el otro romanzado
de latín que os contenta. | VALDÉS.-
El Enquiridion
de Erasmo que romanzó el Arcidiano del Alcor,
que a mi parecer puede competir con el latino, cuanto al
estilo. | MARCIO.-
Si el estilo castellano no es mejor para castellano
que el latino para latino, poco hizo el que lo romanzó. | VALDÉS.-
No es posible que vosotros concedáis,
que uno, que no sea italiano, tenga buen estilo en latín.
| MARCIO.-
¿No habéis leído algún otro libro
romanzado que os contente?
| VALDÉS.-
Si lo he
leído, no me acuerdo. | MARCIO.-
Pues he oído decir
que el del Pelegrino y el del Cortesano están muy bien
romanzados. | VALDÉS.-
No los he leído,
y creedme que tengo por mayor dificultad dar buen lustre
a una obra traducida de otra cualquier lengua que sea en
la castellana, que en otra lengua ninguna. | MARCIO.-
¿Por qué? | VALDÉS.-
Porque, siendo así que la mayor parte
de la gracia y gentileza de la lengua castellana consiste
en hablar por metáforas, atándose el que traduce
a no poner más de lo que halla escrito en la lengua
de que traduce, tiene grandísima dificultad en dar
al castellano la gracia y lustre que escribiendo de su cabeza
le daría. Porque si uno traduce aquello de Terencio
Idne estis auctores mihi? no queriendo apartarse de la letra,
habrá de decir ¿De esto me sois autores? y así
no se entenderá lo que el poeta quiso decir, pero,
si, escribiendo de su cabeza, querrá decir aquella
misma sentencia dirá: ¿Esto me aconsejáis a
mí?, y es lo mismo que sintió el poeta, aunque
se dice por otras palabras. Y de la misma manera, si otro
querrá poner en romance aquello mismo de Terencio:
O factum bene, beasti me, dice: ¡Oh cómo está
hecho bien! me has hecho bien aventurado, no hablará
el propio castellano, ni exprimirá tan bien lo que
el poeta quiso decir como si, no curando de mirar a la palabra,
sino al sentido, dice: Está lo mejor del mundo, me has
dado la vida.
| MARCIO.-
Digo que me parece esa una cosa
muy bien considerada y muy verdadera. | VALDÉS.-
Me place
que os contente. | PACHECO.-
Pues yo me maravillo mucho de vos
que digáis que de los libros romanzados os
contentan solamente esos dos, habiendo tanta muchedumbre
de ellos muy buenos, como son: devotos, las Epístolas
y Evangelios del año, los Cartuxanos, las Epístolas
de santa Catalina de Sena, san Juan de Clímaco, las
Vidas de los Padres que compuso san Gerónimo, y otros
muy muchos y muy buenos; y profanos, como Tito Livio, César,
Valerio Máximo, Quinto Curcio, y otros de esta calidad. | VALDÉS.-
Por ventura yo no alabo ninguno de esos
porque no los he leído; por eso no os debéis
maravillar, y haréis mejor en dejarme decir. Entre
los que han escrito cosas de sus cabezas comúnmente
se tiene por mejor estilo el del que escribió los cuatro
libros de Amadis de Gaula; y pienso tienen razón,
bien que en muchas partes va demasiadamente afectado, y en
otras muy descuidado; unas veces alza el estilo al
cielo, y otras lo abaja al suelo; pero al fin, así
a los cuatro libros de Amadis, como a los de Palmerín y Primaleón, que por cierto respeto han ganado crédito
conmigo, tendré y juzgaré siempre por mejores
que esos otros Esplandián, Florisando, Lisuarte, Cavallero
de la Cruz, y que a los otros no menos mentirosos que estos:
Guarino mezquino, La linda Melosina, Reinaldos de Montalván,
con La Trapisonda, y Oliveros que es intitulado de Castilla, los cuales, demás de ser mentirosísimos, son
tan mal compuestos, así por decir las mentiras muy
desvergonzadas, como por tener el estilo desbaratado,
que no hay buen estómago que los pueda leer.
| MARCIO.-
¿Los habéis vos leído? | VALDÉS.-
Sí
que los he leído. | MARCIO.-
¿Todos? | VALDÉS.-
Todos. | MARCIO.-
¿Cómo es posible?
| VALDÉS.-
Diez años,
los mejores de mi vida, que gasté en palacios y cortes,
no me empleé en ejercicio más virtuoso que
en leer estas mentiras, en las cuales, tomaba tanto sabor,
que me comía las manos tras ellas. Y mirad qué
cosa es tener el gusto estragado, que si tomaba en la mano
un libro de los romanzados en latín, que son
de historiadores verdaderos, o a lo menos que son tenidos
por tales, no podía acabar conmigo de leerlos. | MARCIO.-
Esa es cosa tan natural que no nos maravillamos de ella. | PACHECO.-
Mucho me maravillo de lo que decís de Amadis,
porque siempre lo he oído poner en las nubes, y por
tanto querría me mostraseis en él
algunos vocablos de los que no os satisfacen, y algunos lugares
adonde no os contenta el estilo, y algunas partes adonde
os parece que peca en las cosas.
| VALDÉS.-
Larga me la
levantáis. | PACHECO.-
No es tan larga que no sea más
largo el día de aquí a que sea hora de irnos
a Nápoles. | VALDÉS.-
Pues así lo queréis,
sin salir de los dos primeros capítulos os mostraré
todo lo que pedís. Cuanto a los vocablos, no me place
que dice estando en aquel solaz, por estando en
aquel placer o regozijo. Tampoco me contenta decir: quando
vió ser sazón, por quando vió ser tiempo; mejor lo
usa en otra parte, diciendo: a aquella sazón. Y muchos
menos me satisface donde dice: en vos dexo toda mi hazienda,
por todo lo que me toca. No me suena bien viniera por avía
venido, ni passara por avía passado. ¿Tengo razón? | PACHECO.-
No mucha.
| VALDÉS.-
¿Por qué? | PACHECO.-
Porque si esos vocablos se usaban en Castilla en el tiempo
que él escribió, o, si ya que no se usasen
estonces, se usaron en algún tiempo, el autor del
libro tuvo más razón en usarlos, para acomodar
su escritura a lo que en su tiempo se hablaba, o por querer
mostrar el antigüedad de lo que escribía, que
vos tenéis en reprehendérselos. | VALDÉS.-
Y si quiero decir que no son imitables para este tiempo,
¿tendré razón? | PACHECO.-
Sí que la tendréis,
con tanto que no le reprehendáis que los haya usado
en su historia. | VALDÉS.-
Sea así, digo que él
hizo bien en usarlos y que creo que en aquel tiempo parecía
bien, y digo que vosotros haréis mejor en no usar
de ninguna manera estos, ni otros que hay semejantes
a ellos. En el estilo mismo no me contenta donde de industria
pone el verbo a la fin de la cláusula, lo cual hace
muchas veces, como aquí: tiene una puerta que a la
huerta sale, por decir que sale a la huerta. Tampoco me
place dejar las cláusulas eclipsadas, como hace en
los tres versos primeros, adonde dice: el qual, siendo en
la ley de verdad de mucha devoción y buenas maneras
acompañado. Esse rey, etc. Adonde, o había de
haber un era que respondiese al siendo, o en lugar del siendo
había de estar era. Me descontenta también
mucho cuando pone una e que quiere que signifique más
de su natural, que es ser conjunción copulativa, como
cuando dice: este rey ovo dos hijas en una noble reina, su
muger, e la mayor fué casada con, etc., por de las quales
la mayor; bien se entiende con la e, no porque signifique aquello,
sino porque el uso de los que escriben descuidadamente ha
hecho que signifique así, pero ya vos veis cuán
mejor y más galanamente estuviera diciendo de las
quales. Me parece también mal aquella manera
de decir: si me vos prometéis por si vos me prometéis,
y aquello: de lo no descubrir por de no descubrirlo. ¿Qué
os parece de esto? | PACHECO.-
Que lo habéis considerado
bien, con tanto que haya siempre lugar la disculpa del antigüedad,
la cual vos no le podéis negar de ninguna manera. | VALDÉS.-
Antes huelgo de admitírsela en todo
lo que se le pudiera admitir, y ojalá pudiera tener
lugar en todo, pero en esto que diré no lleva medio.
| PACHECO.-
Decid.
| VALDÉS.-
Cuanto a las cosas, siendo esto
así que los que escriben mentiras las deben escribir
de suerte que se lleguen cuanto fuere posible a la verdad,
de tal manera que puedan vender sus mentiras por verdades,
nuestro autor de Amadis, unas veces por descuido y
otras no sé por qué, dice cosas tan a la clara
mentirosas, que de ninguna manera las podéis tener
por verdaderas. Ignorancia es muy grande decir, como
dice al principio del libro, que aquella historia que quiere
escribir aconteció no muchos años después
de la passión de nuestro redentor, siendo así
que algunas de las provincias de que él en su libro
hace mención y hace cristianas, se convirtieron a
la fe muchos años después de la pasión.
Descuido creo que sea el no guardar el decoro en los amores
de Perión con Elisena, porque, no acordándose
que a ella hace hija de rey, estando en casa de su padre,
le da tanta libertad, y la hace tan deshonesta, que con la
primera plática la primera noche se la trae a la cama.
Se descuidó también en que, no acordándose
que aquella cosa que cuenta era muy secreta y pasaba en
casa del padre de la dama, hace que el rey Perión
arroje en tierra el espada y el escudo luego que conoce a
su señora, no mirando que, al ruido que harían,
de razón habían de despertar los que dormían
cerca, y venir a ver qué cosa era. También
es descuido decir que el rey miraba la hermosura del cuerpo
de Elisena con la lumbre de tres antorchas que estaban ardiendo
en la cámara, no acordándose que había dicho que no había otra claridad en la cámara
sino la que de la luna entraba por entre la puerta, y no
mirando que no hay mujer, por deshonesta que sea, que la primera
vez que se ve con un hombre, por mucho que lo quiera, se
deje mirar de aquella manera. De la misma manera se descuida
haciendo que el rey no eche menos el espada hasta la partida,
habiéndosela hurtado diez días antes, porque
no se acordó que lo hace caballero andante, al cual
es tan aneja la espada como al escribano la pluma. Pues siendo
esto así, ¿no os parece que, sin levantarle falso
testimonio, se puede decir que peca en las cosas? | PACHECO.-
En esto tanto vos tenéis razón de no admitir
disculpa del tiempo. | MARCIO.-
Ahora disculpémoslo con
la disculpa ordinaria que dice: Quandoque bonus dormitat
Homerus. | PACHECO.-
La disculpa è magra; pero valga lo
que valiere, que yo tanto, por lo que os he oído,
vengo a creer lo que jamás me había podido persuadir,
que, para saber ordenar un libro de estos fingidos, es menester
más que ser letrado en romance. | VALDÉS.-
Pues
si discurriésemos por el libro adelante, os mostraría
maravillas; pero por la víspera podéis sacar
el disanto y por la muestra podréis juzgar de la color
del paño. Esto he dicho contra mi voluntad, por satisfaceros
a lo mucho que dijisteis os maravillabais de lo que
me oíais decir del libro de Amadis, y no porque
me huelgue de decir mal ni de reprender lo que otros hacen.
Y vosotros, señores, pensad que, aunque he dicho esto
de Amadis, también digo que tiene muchas y
muy buenas cosas, y que es muy digno de ser leído de
los que quieren aprender la lengua; pero entended que no
todo lo que en él hallareis lo habéis
de tener y usar por bueno. | MARCIO.-
Así lo entendemos.
Y decidnos si de los que han escrito las historias de los
reyes de España, tenéis algunos que tengan buen
estilo. | VALDÉS.-
Para deciros verdad, ninguno de los
que he visto me satisface tanto que osase alabároslo
enteramente. Mosén Diego de Valera, el que escribió
la Valeriana, es gran hablistán, y aunque al parecer
lleva buena materia de decir, para mi gusto no me satisface
y lo tengo por gran parabolano. Del mismo autor creo
que sea parte de la corónica del rey don Juan, segundo
de este nombre, en la cual, como hay diversos estilos, no puede
hombre juzgar bien de toda la obra; pero, a mi ver, se puede
leer para lo que pertenece a la lengua después de
Amadis de Gaula, Palmerín y Primaleón. | PACHECO.-
Me maravillo de vos que tratéis tan
mal a Mosén Diego de Valera, siendo de vuestra tierra,
y habiendo escrito muchas y muy buenas cosas en castellano;
yo no sé por qué le llamáis hablistán
y parabolano.
| VALDÉS.-
Que sea de mi tierra o no, esto
me importa poco, pues, cuanto a mí, aquél es
de mi tierra, cuyas virtudes y suficiencia me contentan,
si bien sea nacido y criado en Polonia. Y habéis de
saber que llamo hablistán a Mosén Diego, porque,
por ser amigo de hablar, en lo que escribe pone algunas cosas
fuera de propósito y que pudiera pasar sin ellas;
y lo llamo parabolano porque, entre algunas verdades,
os mezcla tantas cosas que nunca fueron, y os las quiere
vender por averiguadas, que os hace dudar de las otras;
como será decir que el conducto de agua que está
en Segovia, que llaman Puente, fue hecho por Hispán,
sobrino de Hércules, habiéndolo hecho los romanos,
como consta por algunas letras que el día de hoy en
ella se ven, y también que los de la Coruña,
mirando en su espejo de la Torre, veían venir el armada
de los Almónidas, y que, porque venía enramada,
creyendo que fuese isla nuevamente descubierta, no se apercibieron
para defenderse, y así fueron tomados. De estas cosas
dice tantas, que con mucha razón lo he llamado parabolano;
y si lo quisiese alguno disculpar, diciendo que estas cosas
no las inventó él de su cabeza, sino
las halló así escritas por otros, en tal caso,
dejaré de llamarle parabolano y llamarlo he inconsiderado,
pues es así que la prudencia del que escribe consiste
en saber aprovecharse de lo que ha leído, de tal manera
que tome lo que es de tomar y deje lo que es de dejar; y
el que no hace esto muestra que tiene poco juicio, y, en
mi opinión tanto, pierde todo el crédito. | PACHECO.-
Abasta harto; por lo mío, llamadlo como quisiereis. | MARCIO.-
¿Qué decís de Celestina? Pues vos mucho
su amigo soléis ser.
| VALDÉS.-
Celestina me
contenta el ingenio del autor que la comenzó,
y no tanto el del que la acabó; el juicio de todos
dos me satisface mucho, porque exprimieron a mi ver muy bien
y con mucha destreza las naturales condiciones de las personas
que introdujeron en su tragicomedia, guardando el decoro
de ellas desde el principio hasta la fin. | MARCIO.-
¿Cuáles
personas os parecen que están mejor exprimidas? | VALDÉS.-
La de Celestina está a mi ver perfectísima en
todo cuanto pertenece a una fina alcahueta, y las de Sempronio
y Pármeno; la de Calisto no está mal, y la de
Melibea pudiera estar mejor. | MARCIO.-
¿Adónde? | VALDÉS.-
Adonde se deja muy presto vencer, no solamente a amar, pero
a gozar del deshonesto fruto del amor. | MARCIO.-
Tenéis
razón. | PACHECO.-
Dejaos ahora, por vuestra vida,
de hacer anatomía de la pobre Celestina; basta que
la hicieron los mozos de Calisto. Decidnos qué
os parece del estilo. | VALDÉS.-
El estilo, en la verdad,
va bien acomodado a las personas que hablan. Es verdad que
peca en dos cosas, las cuales fácilmente se podrían
remediar; y quien las remediase le haría gran honra.
La una es el amontonar de vocablos algunas veces tan fuera
de propósito como Magnificat a maitines; la otra es
en que pone algunos vocablos tan latinos que no se entienden
en el castellano, y en partes adonde podría poner
propios castellanos, que los hay. Corregidas estas dos cosas
en Celestina, soy de opinión que ningún libro
hay escrito en castellano donde la lengua esté más
natural, más propia ni más elegante. | MARCIO.-
¿Por qué vos no tomáis un poco de trabajo y
hacéis eso? | VALDÉS.-
De más estaba. | MARCIO.-
Del libro de Questión de Amor, ¿qué os parece? | VALDÉS.-
Muy bien la invención, y muy galanos
los primores que hay en él; y lo que toca a la cuestión
no está mal tratado por la una parte y por la otra.
El estilo, en cuanto toca a la prosa, no es malo; pudiera
bien ser mejor; en cuanto toca al metro, no me contenta.
| MARCIO.-
Y de Cárcel de amor, ¿qué me decís?
| VALDÉS.-
El estilo de ese me parece mejor; pero
todos esos librillos, como están escritos sin el
cuidado y miramiento necesario, tienen algunas faltas, por
donde no se pueden alabar como alabaréis entre los
griegos a Demóstenes, a Xenofón, a Isócrates,
a Plutarco, a Luciano, y así a otros príncipes
de la lengua, y en latín a Cicerón, a César,
a Salustio, a Terencio, y así a otros que, como escribieron
con cuidado, se ve en ellos la natural propiedad y puridad
de la lengua. Y de estar los libros españoles escritos
con descuido, viene que casi todos los vocablos que la lengua
castellana tiene de la latina, unos están corrompidos,
cuál más cuál menos; otros están
mal usados; porque, como no han andado escritos de personas
dotas y curiosas en lo que habían de decir, sino de
mano en mano, o, por mejor decir, de boca en boca su poco
a poco se han ido corrompiendo, de manera que hay ya muchos
que no se dejan conocer de ninguna manera, y hay otros que
con mucha dificultad y casi por rastro los sacáis,
y hay otros que, aunque os parece conocerlos, no acabáis
de caer en quién son, tanto están desfigurados.
¿Queréis que os diga una cosa que os parecerá
extraña? Tengo por averiguado que si los vocablos
que la lengua castellana tiene tomados de la latina los escribiese
y pronunciase enteramente, apenas habría latino que
no entendiese cualquier libro escrito en castellano, y apenas
habría castellano que no entendiese lo más
de cualquier libro latino. Pero la corrupción de los
vocablos ha sido tanta y tan grande, que sólo por
esto hay algunos que contra toda razón porfían
que la lengua toscana tiene más de la latina que la
castellana.
| MARCIO.-
Mucho me huelgo que, sin meteros en esta
cuestión, vos de vuestra voluntad seáis entrado
en ella, porque, deseando examinarla con vos, tenía
temor que no querríais entrar en ella. Ahora, pues
habéis comenzado, decidnos lo que acerca de esto
sentís, y mirad no os dejéis cegar de la afición
que tenéis a vuestra lengua, ni del deseo que tenéis
de complacer a los italianos, por estar, como estáis,
en Italia. | VALDÉS.-
Tan seguros podéis estar
de lo uno como de lo otro, porque jamás me sé
aficionar tanto a una cosa que el afición me prive
del uso de la razón; ni deseo jamás tanto
complacer a otros que vaya contra mi principal profesión,
que es decir libremente lo que siento de las cosas de que
soy preguntado. | MARCIO.-
Con ese presupuesto podéis
comenzar a decir, y según lo que dijereis,
así daremos crédito a vuestras palabras. | VALDÉS.-
Eso mismo quiero yo. Y comenzando, digo que, habiendo
considerado bien estas tres lenguas, conviene a saber, latina,
toscana y castellana, hallo que la lengua toscana tiene muchos
más vocablos enteros latinos que la castellana, y
que la castellana tiene muchos más vocablos corrompidos
del latín que la toscana. La primera parte de los
vocablos enteros bien sé que, siendo en favor de vuestra
lengua, me la concederéis. | MARCIO.-
La concederemos,
no porque es en favor de nuestra lengua, sino porque es la
verdadera. | VALDÉS.-
Sea como mandareis. Para
confirmación de la segunda, que sé no me la
querréis conceder si no la pruebo, digo esto que,
si me ponéis en las manos un libro castellano, os
mostraré cómo los más de los vocablos
o son del todo latinos, o son corrompidos, o se pueden poner
latinos adonde habrá algunos que no lo sean; y digo
los más, porque todavía, como os he dicho,
hay algunos los cuales de ninguna manera podemos excusar,
mayormente en las partes pequeñas, como son adverbios,
conjunciones y artículos. | MARCIO.-
No basta que digáis
ser así, sino que mostréis cómo en
efecto es así. | VALDÉS.-
Soy contento, y porque
tenemos ya averiguado que lo más puro castellano que
tenemos son los refranes, en ellos mismos os lo quiero mostrar.
Uno dice: Esse es rey, el que no vee rey, en el cual
el latín, tomando palabra por palabra, dirá:
Ipse est rex qui non videt regem. Otro dice: Malo verná
que bueno me hará, y de la misma manera, el latín
dirá: Malus veniet qui bonum me faciet. Otro dice:
Oy por mí y cras por tí, y el latín: Hodie
pro me et cras pro te. Otro dice: Malo es errar y peor es
perseverar, y el latín: Malum est errare et peius
perseverare. El latín bien veo que es, como dicen,
de cocina, pero todavía se entiende. ¿Qué os
parece? | MARCIO.-
Que es casi lo mismo. | VALDÉS.-
Pues así
os podría mostrar trescientos de estos; y porque
mejor os satisfagáis en esta parte, tomad algunos
versos latinos y mirad cómo, palabra por palabra,
os los mostraré casi todos castellanos. | MARCIO.-
Tomo
el principio del Arte poética, de Horacio. | | VALDÉS.- | |
Bien está. | | Humano capiti cervicem pictor equinam | | | | iungere si velit et
varias inducere plumas | | |
|
| MARCIO.-
Abastan esos. | VALDÉS.-
Ahora escuchadlos, palabra por palabra: Humana cabeça
cerviz pintor de yegua ayuntar si querrá y varias
poner plumas. | CORIOLANO.-
Para mí es esa una
muy cerrada algarabía. | | VALDÉS.-
Tenéis
razón, porque va dicho palabra por palabra, pero con
las mismas palabras, poniendo cada una de ellas en su lugar,
lo entenderéis. | CORIOLANO.-
Ea, ponedlas. | VALDÉS.-
Si a una cabeça humana querrá un pintor ayuntar
una cerviz de yegua y ponerle varias plumas, etc. ¿Lo entendéis
ahora? | CORIOLANO.-
Sí, y muy bien. | VALDÉS.-
Pues
vos también creo que veis cómo en estos dos
versos no halláis vocablo ninguno que no lo conozcáis
casi por latino, si no es el querrá. | | MARCIO.-
Decís
muy gran verdad, y no se puede decir sino que es esta
una prueba harto bastante; y por ella y por lo demás
veo que tenéis razón en lo que decís
de los vocablos corrompidos. | VALDÉS.-
Pues, si bien
lo supieseis, yo os prometo que lo diríais
más de verdad, porque hallaríais algunos vocablos
que ni por pensamiento parecen latinos, y son latinísimos,
y si queréis os diré algunos. | MARCIO.-
Antes
nos haréis grandísima merced. | | VALDÉS.-
Ogaño, ¿quién pensará que haya sido latino?
| MARCIO.-
Nadie. | | VALDÉS.-
Pues convertid la g en c y ponedle
su aspiración que perdió, y haréis hoc
anno, que significa lo mismo que ogaño. Esto mismo
hallaréis en ahora; convertid la g en c y aspirad
la a y la o, y diréis hac hora, que es la misma significación
que ahora. | | MARCIO.-
Digo que tenéis mucha razón. | |
VALDÉS.-
De la misma manera hallaréis otros muchos
que están de tal manera enmascarados, que no basta
a conocerlos sino quien es muy curioso en la una lengua y
en la otra. Otros hay que, como van atapados y no enmascarados,
son más fácilmente conocidos, como son agua por aqua, leño por lignum, tabla por tabula, lecho por lectus; y de verbos, hacer por facere, traer por trahere,
pedir por petere, etc., que sería nunca acabar. Hay también otros vocablos en los cuales no solamente
habemos mudado letras, pero habemos también alterado
la significación, y así de fabula decimos habla, de donde viene hablar, y de indurare decimos endurar, que
significa guardar como escaso, y así lo usa el
refrán que dice: Ni al gastador que gastar ni al endurador
que endurar. También de finis, decimos finado por
muerto, y de forum decimos fuero, del cual vocablo usamos
de la manera que veis en el refrán que dice: No por
el huevo, sino por el fuero. Decimos también de mora,
morar, que quiere decir habitare, como parece por el refrán
que dice: Quien cabo mal vezino mora, horas canta y horas
llora. De la misma manera, de tangere habemos hecho tañer,
y así decimos: Quien las sabe, las tañe. Usamos
también civil en contraria significación que
lo usa el latín, diciendo en un refrán: Caséme
con la cevil por el florín, adonde cevil está
por vil y baja. Lo mismo hacen algunos con regular, del cual,
como sabéis, en latín usan por gloria, y ellos
en castellano usan por vituperio. Pero al fin, en una significación
o en otra, para mi intento basta esto; que claramente se
conocen todos estos vocablos por latinos. Ahora, si en la
lengua toscana se pueden hacer las dos experiencias de los
vocablos que yo he hecho en la castellana, y si se puede
mostrar la corrupción de vocablos que yo os he mostrado,
lo dejo considerar a vosotros, que sabéis más
que yo de ella; a mí tanto, me parece que no lo
haréis de ninguna manera. | |
MARCIO.-
Cuanto que a mí,
no me bastaría el ánimo. | |
CORIOLANO.-
Ni a mí
tampoco. Bien es verdad que podría ser que, pensando
un poco en ello, pudiese hacer algo. | |
VALDÉS.-
Pues
yo os dejo pensar hasta de hoy en ocho días que, placiendo
a Dios, nos tornaremos a juntar aquí y concluiremos
esta contienda. Ahora ya es hora de ir a Nápoles.
Haced que nos den nuestras cabalgaduras y vámonos
con Dios, que a mí tanto, cara me ha costado la comida;
podré decir que ha sido pan con dolor. | |
MARCIO.-
No consiento
que digáis eso, pues veis que, aunque lo que aquí
habemos platicado ha sido desabrido para vos, ha sido provechoso
para nosotros. Y aún, si yo pensara no enojaros, yo
os prometo que hubiera puesto algún escribano en secreto
que notara los puntos que aquí habéis dicho,
porque no fío tanto en mi memoria que pienso me tengo
de acordar de todos. | |
VALDÉS.-
Vuestro daño si
no lo hicisteis; ¿qué culpa os tengo yo? | |
MARCIO.-
Sí
tenéis, y muy grande, que os hicisteis al principio
tanto de rogar que, temiendo lo tendríais por mal,
no osé hacer lo que quería. | |
VALDÉS.-
Esa
fue muy gran cortedad. ¿Por qué lo había de
tener por mal? | |
MARCIO.-
Porque os tengo por tan delicado, que
de cada mosquito que os pasa por delante la cara, si no
va a vuestra voluntad, os ofendéis. | |
VALDÉS.-
En eso tanto tenéis razón; que demasiadamente
soy amigo de que las cosas se hagan como yo quiero, y demasiadamente
me ofendo cuando una persona que yo quiero bien hace o dice
alguna cosa que no me contente, y soy tan libre, que luego
le digo a la clara mi parecer. Esta tacha me han de sufrir
mis amigos. | |
MARCIO.-
Mejor sería que, pues conocéis
ser tacha, la dejaseis. | |
VALDÉS.-
Mejor, pero
¿vos no sabéis que mudar costumbres es a par de muerte? | |
MARCIO.-
Lo sé muy bien, pero diferencia ha de haber de
hombres a hombres. Donosa cosa es que queráis vos
que vuestros amigos os sufran una cosa que vos mismo tenéis
por tacha, no queriendo vos sufrirles a ellos las que no
tienen por tachas.
| |
VALDÉS.-
En decir que ha de haber
diferencias de hombres a hombres vos decís muy bien,
pero eso otro habéis considerado mal, porque por eso
es mi tacha más sufridera que las de los otros, porque
la conozco, y por tanto hay esperanza que me corregiré
un día u otro; y por eso son las de los otros menos
sufrideras que la mía, porque no las conocen, y por
tanto no se pueden enmendar, y así yo no haría
oficio de amigo si no les dijese lo que me parece mal. Pero
esto importa poco; vámonos, que es tarde. | |
MARCIO.-
Esperaos
un poco, que aún os queda la cola por desollar. | |
VALDÉS.-
¿Qué queréis decir con eso? | |
MARCIO.-
Que os
habemos tomado a mano, haciendo por buen estilo que tengáis
por bien que hayamos hecho lo que temíamos os diera
mucho enojo. | |
VALDÉS.-
¿Qué cosa? | |
MARCIO.-
Ahora
lo veréis. Aurelio, daca lo que has escrito. Veis aquí
anotado todo lo que habéis dicho, y yo tengo por tal
al escribano que ha sabido bien lo que ha escrito. | |
VALDÉS.-
Con la bendición de Dios, yo huelgo de ello, pero con
tanto que lo tengáis para vosotros y no lo traigáis
de mano en mano, porque ya veis el inconveniente. | |
MARCIO.-
Antes porque veo el provecho, y no el inconveniente, pienso
darlo a todos los que lo querrán, y aun, si me pareciere,
lo haré imprimir. | |
VALDÉS.-
¡Esa sería
una gentil cosa! No creo que vos caeréis en esa
indiscreción. | |
PACHECO.-
Dejémonos de andar por
las ramas, mejor será decirle claro lo que hace al
caso. Yo conozco al señor Valdés, y sé
de él que se huelga que se le demande a la clara lo
que sus amigos quieren de él. Habéis de saber
que lo que todos os pedimos por merced es que, tomando esto
que está anotado de lo que aquí habemos hablado,
lo pongáis todo por buena orden y en buen estilo castellano;
que estos señores os dan licencia que les hagáis
hablar en castellano, aunque ellos hayan hablado en italiano. | |
MARCIO.-
Antes se lo rogamos cuan encarecidamente podemos.
Y, si os parecerá, podréis hacer la primera
parte de la obra de lo que platicamos esta mañana,
y la segunda de lo de esta tarde.
| |
VALDÉS.-
¿Esto me teníais
guardado por fruta de postre? Íos con Dios. | |
MARCIO.-
No nos iremos, ni vos os iréis de aquí, si
primero no nos prometéis que haréis esto que
os rogamos. | |
PACHECO.-
No os hagáis de rogar, por vuestra
vida, pues sabemos que no son otras vuestras misas, sino
ocuparos en cosas semejantes; y sabemos también que,
si de buena tinta os queréis poner en ello, lo haréis
de manera que os hagáis honra a vos y a nosotros,
y al lugar adonde habemos estado. | |
VALDÉS.-
Esta cosa,
como veis, es de mucha consideración; dejadme pensar
bien en ella, y si me pareciere cosa hacedera, y si viere
que puedo salir con ella razonablemente, yo os prometo de
hacerla. | |
MARCIO.-
Con esto nos contentamos, y yo, en nombre
de los tres, acepto la promesa, y os convido desde ahora
para de hoy en ocho días, porque el señor Coriolano
pueda decir lo que, después de haber bien pensado,
hallará acerca de la conformidad de la lengua toscana
con la latina. Una cosa me queda que demandar; prometedme
todos de no negármela, toque a quien tocare. | |
VALDÉS.-
Yo por mi parte lo prometo, pues ya no puede ser más
negro el cuervo que sus alas. | |
PACHECO.-
También yo lo
prometo por la mía. | |
CORIOLANO.-
Pues de mí ya
sabéis que tanto tenéis cuanto queréis. | |
MARCIO.-
Mi demanda es esta: que el señor Pacheco
nos prometa aquí de hacer, en los refranes españoles,
lo que dice ha estado muchas veces por hacer.
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PACHECO.-
Por
no estar a contender, soy contento de prometerlo, pero para
cuando tuviere el lugar y aparejo que conviene. | |
VALDÉS.-
Que será nunca; pero, sea cuando fuere, ¿qué
se me da a mí? Más me importa esto. ¿Oyes?
dame el caballo. Camine quien más pudiere, que yo
ni estorbaré al que me fuere adelante, ni esperaré
al que se quedare atrás.
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Diálogo de la lengua
Juan de Valdés
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