Índice
Confesiones
Presentación
Prólogo del traductor
Libro I
Confiesa San Agustín los vicios y pecados de su
infancia y de su puericia, y da gracias a Dios por los beneficios que
recibió de su mano en una y otra edad
Libro II
Llora amargamente el año decimosexto de su
edad, en que, apartado de los estudios, estuvo en su casa y se dejó
llevar de los halagos de la lascivia, y se entregó a una vida derramada
y licenciosa
Libro III
Confiesa cómo en Cartago se enredó en
los lazos del amor impuro, que leyendo allí el
Hortensio de Cicerón, al año 19
de su edad, se excitó al amor de la sabiduría, y cómo
después cayó en el error de los maniqueos. Últimamente
refiere el sueño que tuvo su santa madre y la esperanza y seguridad que
le dio un obispo acerca de su conversión
Libro IV
Recorre los nueve años de su vida, en que desde
el año 19 hasta el 28 enseñó retórica y tuvo una
manceba, y se dedicó a la astrología genetliaca. Después
se duele del excesivo e inmoderado dolor que tuvo por la muerte de un amigo, y
el mal uso que hacía de su excelente ingenio
Capítulo I
Del tiempo que empleó en engañar y
pervertir a otros, y de los medios que usaba para ello
Capítulo II
De cómo enseñaba retórica; de
la fidelidad que guardaba a una mala amistad que tenía; y cómo
despreció los pronósticos de un agorero
Capítulo III
Cómo dejó el estudio de la
astrología, a que se había dedicado por consejo de un anciano
bien instruido en medicina y física
Capítulo IV
Refiere la enfermedad y bautismo de un amigo suyo a
quien él había pervertido, cuya muerte sintió y
lloró amargamente
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII
Capítulo IX
De la amistad humana, y que es dichoso el que en
Dios y por Dios ama a sus amigos
Capítulo X
Cómo la bondad de todas las criaturas es muy
limitada y transitoria, e incapaz de dar quietud y descanso a los deseos del
alma
Capítulo XI
Que todas las cosas creadas son mudables, y
sólo Dios es inmutable
Capítulo XII
Que no es malo el amar las criaturas, con tal que en
ellas amemos a Dios
Capítulo XIII
Capítulo XIV
Cómo dedicó los libros
De lo Hermoso y
De lo Conveniente a Hierio, orador romano, y
del motivo por que amaba a dicho Hierio
Capítulo XV
Por estar oscurecido su entendimiento con las ideas
o imaginaciones corpóreas, no podía alcanzar a conocer las
criaturas espirituales
Capítulo XVI
Cómo entendió por sí mismo las
categorías o predicamentos de Aristóteles, y los libros de las
artes liberales
Libro V
Habla del año 29 de su edad, en el cual,
enseñando él retórica en Cartago y habiendo conocido la
ignorancia de Fausto, que era obispo, el más célebre de los
maniqueos, comenzó a desviarse de ellos. Después, en Roma fue
castigado con una grave enfermedad: interrumpido por eso en la enseñanza
de la retórica, pasó después a enseñarla a
Milán, donde por la humanidad y sermones de San Ambrosio fue poco a poco
formando menor concepto de la doctrina católica
Capítulo I
Capítulo II
Que los pecadores no pueden huir de la presencia de
Dios, y que debieran convertirse a Él
Capítulo III
De la llegada de Fausto, maniqueo, a Cartago: su
carácter y talentos; y de la ceguedad de los filósofos, que no
conocieron al Creador por medio de las criaturas
Capítulo IV
Capítulo V
El atrevimiento con que Fausto enseñaba lo
que no sabía acerca de los astros le hacía indigno de que le
creyesen acerca de otras materias
Capítulo VI
Que Fausto era naturalmente verboso, pero ignorante
de las ciencias y artes liberales
Capítulo VII
Capítulo VIII
Capítulo IX
Cómo enfermó en Roma con tan grave
calentura, que le puso a peligro de la vida
Capítulo X
Capítulo XI
Capítulo XII
Capítulo XIII
Cómo fue enviado a Milán por
catedrático de retórica, donde fue bien recibido de San
Ambrosio
Capítulo XIV
Libro VI
Cuenta lo que hizo en Milán en el año 30
de su edad, fluctuando en sus dudas todavía. Confiesa que San Ambrosio
poco a poco le hizo ir conociendo que la verdad de la fe católica era
probable. Mezcla también muchas cosas de Alipio y de sus buenas
costumbres, y refiere el intento que él y su madre tenían de que
tomase el estado del matrimonio
Libro VII
Explica las ansias de su alma, que se fatigaba en la
imaginación del mal; cómo llegó también a conocer
que ninguna sustancia era mala; y que en los libros de los platónicos
halló el conocimiento de la verdad incorpórea y del verbo divino,
pero no halló su humildad y anonadamiento
Libro VIII
Desechados todos los errores; encendido con los
consejos de Simpliciano, con los ejemplos de Victorino, de Antonio, de los dos
magnates y de otros siervos de Dios; después de una gran contienda y
lucha con la concupiscencia, y una dificultosa deliberación; amonestado
con una voz divina, y leídas las palabras de San Pablo en la
Epístola a los romanos (cap. XIII, 13 y
14), se convirtió todo a Dios, imitándole Alipio y
alegrándose mucho su madre
Capítulo I
Determina Agustín ir a verse con Simpliciano,
movido del deseo de disponer y arreglar mejor su vida
Capítulo II
De cómo Victorino, célebre orador
romano, se convirtió a la fe de Jesucristo
Capítulo III
Capítulo IV
Por qué razón debemos alegrarnos
más con la conversión de aquellos pecadores que son personas
nobles y principales
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Cómo interiormente se deshacía
Agustín, al oír esta relación de Ponticiano
Capítulo VIII
Cómo Agustín se retiró a un
huerto de su casa, y lo que en él le sucedió
Capítulo IX
En qué consiste que, mandando el alma en
sí misma, no se hace algunas veces lo que manda
Capítulo X
Contra los maniqueos, que por experimentar en un
sujeto a un tiempo mismo dos voluntades opuestas, inferían que
había en el hombre dos naturalezas contrarias
Capítulo XI
Capítulo XII
Cómo se convirtió de todo punto,
amonestado de una voz del cielo
Libro IX
Vase Agustín con su madre y los demás
compañeros a la quinta de Verecundo. Renuncia a la cátedra de
retórica y se ocupa en escribir libros. Después, a su tiempo
vuelve e Milán, donde con Alipio y Adeodato recibe el bautismo. Desde
allí dispone volverse a África en compañía de su
madre y de los demás. Después refiere la vida de su santa madre y
su muerte, acaecida en el puerto de Ostia. Finalmente cuenta piadosa y
elegantemente su sentimiento y llanto, como amante y buen hijo de tal
madre
Capítulo I
Reconociendo Agustín su miseria, alaba la
suma bondad de Dios
Capítulo II
Dilata Agustín renunciar la cátedra de
retórica hasta que llegasen las vacaciones del tiempo de la
vendimia
Capítulo III
Cómo Verecundo le cedió a
Agustín una casa de campo en que viviese mientras llegaba el tiempo de
recibir el Bautismo
Capítulo IV
De los libros que escribió, después de
retirado con todos los suyos a la dicha heredad de Casiciaco; de las cartas a
Nebridio; afectos que experimentaba leyendo los Salmos, y cómo
sanó milagrosamente de un vehementísimo dolor de dientes
Capítulo V
Capítulo VI
Vuelve Agustín a Milán, y en
compañía de Alipio y Adeodato recibe el sagrado Bautismo
Capítulo VII
Cómo en Milán comenzó la
costumbre de cantarse himnos y salmos en la iglesia. Y cómo fueron
hallados los cuerpos de los santos mártires Protasio y Gervasio
Capítulo VIII
De la conversión de Evodio; de la muerte de
su santa madre, Mónica, y de la crianza y educación que tuvo
desde sus primeros años
Capítulo IX
Capítulo X
Coloquio de Agustín con su madre, acerca del
reino de los cielos
Capítulo XI
Capítulo XII
Capítulo XIII
Libro X
Muestra por qué grados fue subiendo al
conocimiento de Dios; que se halla a Dios en la memoria, cuya capacidad y
virtud describe hermosamente; que sólo en Dios está la verdadera
bienaventuranza que todos apetecen, aunque no todos la buscan por los medios
legítimos. Después describe el estado presente de su alma y los
males de las tres concupiscencias
Capítulo I
Capítulo II
Siendo claras y manifiestas respecto de Dios las
cosas más ocultas, qué viene a ser lo que hace el hombre en
confesarse a Dios
Capítulo III
Del fruto que sacaba de confesar a Dios el estado
presente de su alma, a distinción de lo que antes había
sido
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Qué cosa es la que se ama cuando se ama a
Dios; y cómo por las criaturas se llega a conocer al Creador
Capítulo VII
Que ninguno puede hallar a Dios por medio de los
sentidos corporales ni de las potencias puramente sensitivas
Capítulo VIII
Capítulo IX
Capítulo X
Las ciencias no entran en la memoria por ministerio
de los sentidos, sino que salen de otro seno más profundo de ella
Capítulo XI
Qué cosa sea aprender, hablando de las
verdades que hallamos en nosotros mismos
Capítulo XII
Capítulo XIII
Capítulo XIV
Capítulo XV
Capítulo XVI
Capítulo XVII
Que no obstante ser tan grande la capacidad y virtud
de la memoria, es necesario, para hallar a Dios, subir más arriba de
esta potencia
Capítulo XVIII
Capítulo XIX
Capítulo XX
Para desear la bienaventuranza, como todos los
hombres la desean, es necesario que la conozcan
Capítulo XXI
Capítulo XXII
En qué consista la vida bienaventurada, y
dónde se ha de buscar
Capítulo XXIII
Prosigue explicando qué cosa sea la vida
bienaventurada, y dónde se halla
Capítulo XXIV
Capítulo XXV
Capítulo XXVI
Capítulo XXVII
Capítulo XXVIII
Capítulo XXIX
Capítulo XXX
Capítulo XXXI
Capítulo XXXII
Del estado en que se hallaba en orden a las
tentaciones de los olores y fragancias tocantes al olfato
Capítulo XXXIII
Capítulo XXXIV
Capítulo XXXV
De cómo se hallaba en orden al segundo
género de tentación, que es el de la curiosidad
Capítulo XXXVI
De cómo se hallaba en orden al tercer
género de tentación, que es el de la soberbia
Capítulo XXXVII
Capítulo XXXVIII
Capítulo XXXIX
Capítulo XL
Capítulo XLI
Cómo algunos han recurrido infelizmente a los
demonios, para que sirvieran de medianeros a fin de convertirse los hombres a
Dios
Capítulo XLII
Confesiones
San Agustín ; traducidas según la edición latina de la congregación de San Mauro, por el R. P. Fr. Eugenio Ceballos
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