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    "El hombre acecha", como eje de la poesía de guerra
     © ensayo e ilustraciones de Ramón Fernández Palmeral ; prólogo de Manuel-Roberto Leonís Ruiz
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Este poema bien se pudo llamar «Las armas del pueblo», puesto que el nombre armas se repite directamente siete veces, abundan alusiones armamentísticas: proyectil de hueso, ametralladoras, cañones, dispara, explosión, desarmado. En algunas estrofas sigue usando la yuxtaposición de varios adjetivos, modelo de sintaxis que tan buenos resultados le da, con esta forma de enumerar se consigue dar velocidad a las estrofas. Serventesios de pie quebrado.

El segundo verso en hipérbaton Signo de cobardía son: las armas mejores. Lo que invoca de alguna manera la idea de que la guerra se debería hacer como en el pasado con igualdad de armas, y no con la ventaja de cobardes ametralladoras y cañones. Las sofisticadas armas modernas las vemos actualmente en la guerra de Irak o contra los palestinos de Gaza. El hombre sigue matando a ciegas y sin honor, desde los aviones o helicópteros. ¿Y qué hace la ONU? Nada.

Con la última estrofa repite el simbolismo del poder de los muertos, y nos hace la antítesis entre «hombre desarmado» y «firme bloque».

Fue publicado en Ayuda, junio del 38.

Para la ilustración he tomado la última estrofa:


Un hombre desarmado siempre es un firme bloque:
sabe que no es estéril su firmeza, y resiste.



Ilustración 12. El pueblo




    "El hombre acecha", como eje de la poesía de guerra
     © ensayo e ilustraciones de Ramón Fernández Palmeral ; prólogo de Manuel-Roberto Leonís Ruiz
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