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    La isla posible
     Carmen Alemany Bay, Remedios Mataix, José Carlos Rovira, con la colaboración de Pedro Mendiola Oñate, (eds.)
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Notas

190.       Ibidem, pág. 177.

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191.       Sánchez, Luis Rafael, «La guagua aérea», en La guagua aérea, Río Piedras, Cultural, 1994, pág. 19.

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192.       Ibidem, pág. 19.

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193.       Ibidem, pág. 22.

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194.       Al respecto, no olvidemos los relatos policiales, pero éstos sí plenamente paródicos en el sentido cómico, de Seis problemas para don Isidro Parodi, escritos en colaboración con Bioy Casares, bajo el seudónimo Bustos Domecq. En ellos, esta condición se exaspera al máximo, ya que el protagonista, cimarrona versión criolla de un detective a lo Poirot, resuelve los enigmas sin salir de la celda carcelaria donde purga un delito menor.

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195.       Es de rigor citar el libro de Ana María Amar Sánchez, El relato de los hechos. Rodolfo Walsh: testimonio y escritura, Rosario, Beatriz Viterbo, 1992.

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196.       Consúltese, al respecto, tanto Asesinos de papel. Ensayos sobre la narrativa policial, Buenos Aires, Colihue, 1996, especialmente págs. 145 y sigs., como el número especial de la revista Nuevo Texto Crítico, año VI, núms. 12-13, julio 1993-junio 1994.

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197.       Cabe una nota anecdótica pero ilustrativa. En 1980, luego de la aparición de Respiración... y aún en plena dictadura militar, debido al interés que me despertó la lectura de la novela, asistí a una conferencia de Piglia, en el teatro Auditorium, de Mar del Plata, donde pude apreciar no solamente la creatividad de su lectura de Borges, sino la concomitancia entre su propia ficción y la tesis que desplegaba acerca de la ficción paranoica y criminal de éste. Un dato más que se suman a otros testimonios acerca de la importancia política que el escritor otorga a la ficción criminal, en su versión «negra», al opinar que tiene una «óptica materialista». Por otra parte, explica cómo se trataba, con la colección que dirigió, de modificar los modos de leer, ya que las novelas de los «duros» (Chandler, Hammett, Mac Donald, Cain, Mc Coy, etc.) eran vistas como informes y caóticas para una sensibilidad formada en el rigor lógico de las novelas policiales clásicas. (Cfr. págs. 51-53 de Asesinos de papel, loc. cit.).

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198.       Me refiero al ensayo «Estado policial y novela negra argentina», incluido en el volumen colectivo Los héroes «difíciles». Literatura policial en la Argentina y en Italia, Buenos Aires, Corregidor, 1991.

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199.       Al respecto, Feinmann es claro cuando describe la atmósfera paranoica que, paradojalmente, envuelve al asesino, quien queda preso de su propia trampa. Escribe Feinmann: «Paulatinamente, todo irá trastocándosele a Mendizábal. La realidad no es la que él ve. Ni la que él imagina. Quien creía dominar y poseer a los otros asesinándolos... termina envuelto en su propia trama, en sus propias redes, en su propia y criminal patología». (Op. cit., pág. 150).

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