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    La isla posible
     Carmen Alemany Bay, Remedios Mataix, José Carlos Rovira, con la colaboración de Pedro Mendiola Oñate, (eds.)
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Notas

210.       Para el concepto de reenvío como característico de la ciudad, vid. Giuseppe Zarone, op. cit., pág. 50.

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211.       «Concolorcorvo»: El Lazarillo de Ciegos Caminantes, Ed. de Antonio Lorente Medina, Madrid, Editora Nacional, 1980, pág. 69. Todas las citas remiten a esta edición crítica por ser la más fiel a la primera edición limeña.

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212.       Idem. págs. 71-72. La alusión a esa primera ocasión en que el Visitador pregunta por San Borondón, «cuando nos calmó el viento entre las islas de Tenerife, Gomera, Palma y Fierro», se amplía al consultar el «Extracto del viaje que hizo la fragata nombrada El Tucumán, correo de S. M., desde la bahía de La Coruña hasta el puerto de Montevideo», donde Carrió relata que, tras costear Tenerife, la ausencia de viento los mantuvo entre dichas islas durante tres días. Como se verá, en esa zona se sitúan siempre las apariciones de San Borondón. Ese texto puede consultarse en Carrió de la Vandera, Alonso, El Lazarillo de Ciegos Caminantes, (ed. de A. Lorente Medina), Caracas, Ayacucho, 1985, Apéndice III.

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213.       Muchos puntos geográficos llevan el nombre de San Borondón, Samborombón, Sanbalandrán, etc., y aparecen tratados en casi todos los trabajos consultados. Sí conviene precisar aquí que el texto de Carrió ha sido objeto de correcciones y variantes, de modo que en la edición de la B. A. E. realizada en 1959 por J. J. Real Díaz, pág. 288, se lee Samborombón, mientras que en otras, como las de Lorente Medina y Emilio Carilla, leemos San Borondón. Benito Ruano, al utilizar la edición B. A. E., señala la identidad de tal designación con la de la Bahía de Samborombón, al sur del estuario del Río de la Plata, en Argentina, zona colonizada por canarios (La leyenda de San Borondón, octava isla canaria). Baste anotar que el nombre San Borondón y otras variantes se estiman corrupción de San Brandán, Brendán o Brandano, del que existen en Europa lugares de culto y reliquias, y cuya fiesta se celebra el 16 de mayo.

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214.       Aún aparecerá en un mapa de 1802. La mejor información cartográfica he podido consultarla en Tous Meliá, Juan, El Plan de las Afortunadas Islas del Reyno de Canarias y la isla de San Borondón. Agradezco a D. Ramón Linde que me la haya facilitado.

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215.       Vid. Benito Ruano, Eloy, La leyenda de San Borondón, la Octava Isla, págs. 13-27. Sobre el Physiologus, antecedente de bestiarios medievales, Hernández, Fremiot: «El episodio de la ballena en la Nauigatio Sancti Brendani y su precedente en el Physiologus» y «La leyenda de San Borondón».

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216.       Benito Ruano, Eloy, «Teoría de la Atlántida y San Borondón» recuerda que las islas antillanas, tras el descubrimiento colombino, fueron consideradas «Insule Chanaria Indiane».

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217.       Hernando Colón, en su Vida del Almirante, informa sobre las noticias que Colón conocía sobre islas flotantes que -ya presentes en Plinio y Séneca- eran vistas en su tiempo desde Canarias y las Azores. El hecho de que Colón estuviera al tanto de los derechos de conquista concedidos en Portugal a Fernand D'Olmo (Dûlmo o Van Olm) y de la expedición portuguesa en su busca, así como la presencia de la isla en los mapas de la época, ha dado pie a historiadores como Cioranescu y Benito Ruano a pensar que esas noticias fueron determinantes como incentivos del descubrimiento de América.

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218.       Bruquetas de Castro, F. y Toledo Bravo de Laguna, L., «San Borondón (El contexto socioeconómico de la expedición de 1721)». Los autores describen el oscuro panorama material que vivían las islas en aquellos años y deducen que San Borondón significaba una esperanza de riqueza y abundancia frente al hambre y las epidemias que asolaban las islas. Corbella y Medina, en Noticias de la Isla... también publican informes remitidos desde la isla de El Hierro donde se denuncia la hambruna, mortandad, indefensión y pobreza que azotaba en esas fechas a los herreños.

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219.       La expedición salió del puerto de Santa Cruz de Tenerife el 11 de noviembre de 1721 al mando del Capitán de Infantería D. Juan Fernando Franco de Medina. Las diligencias oficiales de Mur (44 folios), donde razona la necesidad de emprender el descubrimiento y conquista de la isla por temor a que «otras naciones se adelanten», así como los detalles preparatorios del viaje (navío, bastimentos, mapas, tripulación, etc.) se encuentra en parte en Corbella, Dolores y Javier Medina: Noticias de San Borondón, págs. 61-64. He podido encontrar en la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife otra parte, al parecer inédita, de ese expediente, donde se dan órdenes y nombramientos relacionados con la expedición, descubrimiento y toma de posesión de la isla.

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