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I. La inscripción del Ara de Santa María de Naranco y la Monografía de esta antigua iglesia, por el señor Amador de los Ríos
Fermín Canella Secade
No descansa el estudioso viajero que visita la Ciudad de los Obispos después de evocar los recuerdos de su gloriosa historia y de admirar los primores del arte antiguo en los variados monumentos de su recinto. Sabe que nuevas emociones le esperan en el cercano monte de Naranco, á cuya falda se asienta Oviedo, en la mitad de aquella colina, que pinta la tradición cubierta de umbrosa arboleda, pero hoy escueta y pelada, mostrando rocas de caliza y las abiertas heridas por donde la bienhechora industria saca la roja vena del hierro. Allí están los famosos monumentos que levantó en lejana centuria la piedad del temido Vencedor de los Normandos, del justo Ramiro I que, si no fuera memorable por su feliz aunque breve reinado, el arte peregrino de sus iglesias de San Miguel y Santa María de Naranco, de igual manera se encargaría de ensalzar para siempre su nombre esclarecido. Allí están todavía: son páginas elocuentes y abiertas para quien lee la historia, tanto como en el libro, en los variados y vivos testimonios que dejaron tras de sí las generaciones que pasaron, porque es, sin duda, preferible beber el agua virgen y pura en el prístino manantial, antes que, después en su curso, se adultere y confunda con aguas de diversa procedencia. Cuanto debió decirse de aquellas bellísimas
iglesias por sabios y entusiastas amadores de nuestras antigüedades, no
hemos de repetirlo nosotros ahora. Un asturiano ilustre las pintó con
gráficas
No dedicada al culto, pero bien conservada después de
varias, obras en 1850 y en años sucesivos por la provincial
Comisión de Monumentos históricos y artísticos de Oviedo,
se conserva gallarda la basílica del arcangel San Miguel con caladas
ventanas y trabajados ajimeces, y poco más abajo, al otro lado del
arroyo que divide la montaña, está la iglesia de Santa
María, hoy parroquial de Naranco, de planta y disposición bien
diferentes del anterior, pero que no la cede en belleza y aún la
aventaja en la pureza de la conservación. Una y otra fueron siempre
señaladas, cual ya lo indicamos, como fundación religiosa del
sucesor de D. Alfonso el Casto, y en las viejas crónicas primero y
después por ilustrados escritores de la historia y del arte de
España, no se puso en tela de juicio el santo destino de aquellas
construcciones. Y quienes en su contemplación y examen se detuvieron
como Morales, Carballo, Risco, Trelles, Jovellanos, Caveda, Caunedo, Quadrado,
Rada12 y otros varios hablaron con deleite
Cómo fué recibido y es considerado semejante
trabajo, no hemos de decirlo nosotros, faltos de competencia para juzgar
á quien tenía tantos merecimientos y porque, además, en
mucho respetamos el recuerdo del finado académico que nos honró
con su amistad en vida desde los primeros años de nuestra niñez.
Esto, no obstante, si hemos de confesar que nunca nos convencieron sus
argumentos en lo que á la Iglesia de Santa María de Naranco se
refiere y que, antes bien nos parecieron deficientes á veces y en
ocasiones hasta aventurados. El tiempo, que todo lo pone en claro, se
encargó de derramar luz sobre la materia, pero luz intensa y
diáfana como hemos de acreditarlo, si tenemos fortuna, en la presente
Memoria. Se redacta por encargo de esta Comisión Provincial de
Monumentos históricos y artísticos y con especial auxilio del Sr.
D. José Braulio González Mori, vice-presidente, y de los vocales
D. José María Florez y González y D. Ciriaco Miguel Vigil,
éste miembro honorario, porque si personalmente no asiste á los
capítulos de la Junta Arqueológica Asturiana, siempre en ella se
cuenta con su consejo; y en sus valiosos trabajos, desgraciadamente
inéditos sobre Epigrafía y Diplomática del Principado, hay
riquísimo venero de datos para esclarecer los anales de este
país. En el curso de este trabajo se verá de cuánto
sirvió la cooperación de unos y otros, sin que esto estorbe
á las atinadas
- I -
Antes de todo cumple hacer aquí una manifestación importante, como explicación suficiente de muchas cosas que pasaron hasta los comienzos del año presente, y punto de origen para los sucesos que después vinieron. En Santa María de Naranco, joya de inestimable
mérito arqueológico, no fácilmente pudo ejercer su
acción esta Comisión Provincial de Monumentos desde su
creación en 1844. Poco después de 1823 entró á
regir la misma parroquial el Sr. D. Rafael García del Valle: hombre de
carácter fuerte y receloso, de ánimo enérgico, siempre
inclinado á la oposición y controversia, si bien de fondo
bondadoso y dispuesto con liberalidad á ser padre de los pobres, se
mostró incesantemente refractario á toda innovación
é ingerencia extraña para su iglesia. Poco amigo de las bellas
artes y menos conocedor de su historia, si bien entendido en los derechos de su
ministerio, cual lo manifestó en azarosas ocurrencias13, resistió siempre con tenacidad las indicaciones
de sus superiores y las de esta Junta para toda obra que se refiriese á
modificar en más ó en menos su querido templo. Cuando en 1856
vino á tierra la antigua espadaña de Santa María, sin
participar á ningún Centro semejante ocurrencia, hizo construir
otra nueva, muy á su gusto y la colocó cautelosamente sobre la
puerta de la iglesia, contestando con evasivas a esta Comisión
provincial
Se opuso igualmente el Sr. Valle al reconocimiento de los trozos inscripcionales empotrados en el altar mayor de la parroquial y así continuaron las cosas hasta que en 1882, bien sentido y llorado de sus feligreses, dejó esta vida el honrado y nonagenario párroco, siendo reemplazado con el carácter de Ecónomo por el joven y estudioso presbítero D. Leoncio Camblor. Entonces la Comisión de Monumentos se dirigió
á la Real Academia de San Fernando, solicitando su concurso para
emprender obras conducentes á la restauración del notable
monumento de Santa María de Naranco como las que en 1856 proyectara el
entendido Sr Parcerisa en la carta que, dirigida al Sr. Quadrado, figura en el
libro de
«Recuerdos y bellezas de
España».14 Mientras que dicha Real Academia evacuaba el
correspondiente informe, propuso á nuestra Comisión su
Vicepresidente D. José González Mori15, se diesen los pasos conducentes con el M. I.
señor Vicario capitular de la diócesis D. Pedro Moreno, para
obtener el oportuno permiso y reconocer los restos de la curiosa lápida
coetánea de la renovación de la iglesia. No se hizo esperar la
autorización solicitada16, que fué en seguida concedida á este
Centro para que, en unión del señor canónigo magistral Dr.
D. José María de Cos ó del señor Cura
ecónomo, se procediese al estudio y restauración, en su caso, de
la interesante inscripción del altar mayor, haciendo en este las obras
necesarias al efecto. A este fin se eligió una subcomisión
compuesta de los Sres. Mori, Florez y el que suscribe, los que realizaron su
encargo pasado el período
Los vocales comisionados llenaron su cometido el día 15 de Setiembre del año que termina, acompañados del arquitecto provincial Sr. D. Javier Aguirre, del académico correspondiente de la Historia, en Posada de Llanes, D. Sebastián de Soto Cortés, del Excmo. Sr. D. Bonifacio Cortés Llanos, Consejero de Estado jubilado, y de D. Juan María Acebal, inspirado poeta en el dialecto bable. Separadas que fueron las maderas del frontal y lados del altar, se vieron los cuatro trozos de inscripción como aparece en el grabado que acompaña al artículo del Sr. Amador de los Ríos con el siguiente equivocado titulo: «Primitiva inscripción del vestíbulo, desordenadamente empotrada en la mesa del altar mayor.» Parecía decir el primer fragmento, principiando por la derecha:
Seguía en el segundo del frente:
Continuaba en el otro siguiente:
Y terminaba, dando vuelta por el lado de la Epístola:
En el lado del Evangelio aparecieron otros tres nuevos y siguientes fragmentos:
Y, por último, levantadas las cubiertas del altar y escarbadas las junturas de argamasa, que unían las porciones de un ara de caliza blanca y blanda, se halló el complemento de la inscripción con tres nuevos letreros que decían:
El ara forma un paralelepípedo rectangular que mide por los lados A y C 105 á 106 mm. y por los B y D 0,80 mm., variando la altura de la piedra en sus cuatro caras entre 0,156 á 0,183; y está adornada en el plano superior por una graciosa greca que la limita por todas partes, á excepción de la del costado B y principio del A, escarbados para colocar otra ara superpuesta. Tiene en el centro del costado C de la greca, una cruz á manera de la ovetense de Alfonso el Casto é igual á la que está labrada en diferentes partes y labores de la misma iglesia de Santa María, pero en la greca sin el alfa y la omega que en aquellas se señalan. No es fácil a quien esto redacta, describir aquí
y aquí trasladar, tal como entonces se sintió, la entusiasta
satisfacción de todos los presentes ante tan importante y trascendental
hallazgo. Ajustadas las diferentes partes del ara y, puestas en orden y
perfecta relación los trozos, que antes ocultaba la argamasa, dió
por resultado la inscripción completa, como aparece en el dibujo; aunque
faltando un pequeño trozo de 0,37 mm. de largo en el comienzo. La
lápida había sido bárbaramente rota, tal vez en principios
del pasado siglo, y de un modo irregular por su centro á impulsos de un
fuerte instrumento contundente. Deshecho el altar en días consecutivos
para buscar el perdido fragmento, resultó infructuoso trabajo, cuando
otra vez se personaron en aquel sitio los señores
Aparecen los letreros en las cuatro caras del ara grabados clara y profundamente con caracteres latinos, no faltan las siglas y nexos, y aquellos están limitados en tres de las caras, que tienen uno ó dos renglones, por dos orlas compuestas de una sencilla y prolongada palmeta, empleada con frecuencia en los monumentos latino-bizantinos y que revelan á primera vista su origen griego, como indica el Sr. Amador.
- II -
Dice la inscripción en su frente:
En el costado derecho:
En la parte posterior: Y en el costado izquierdo donde concluye:
De su examen gramatical resulta, que consta la
inscripción de siete oraciones de las llamadas de relativo que, aunque
no expreso á veces, está la conjunción que lo suple. El
latín de la redacción, si no clásico, como no
podría serlo en aquellos tiempos, no es bárbaro, ni mucho menos.
La traducción pudiera ser la siguiente,
«Cristo, hijo de Dios que.............. y entraste en María sin concepción humana y saliste sin detrimento, que por medio de tu siervo Ramiro, Príncipe glorioso y de la reina Paterna su consorte, renovaste esta habitación deteriorada por su excesiva vetustez y les edificaste este altar de bendición para honra de la gloriosa Santa María, en este lugar santo, desde la mansión de los cielos tu morada y para perdón de sus pecados. Que vives y reinas por los infinitos siglos de los siglos. Día 23 de Junio del año 848»18. Por las razones aducidas en la nota, así fué la primera lectura del ara inscripcional. Su importancia llevó tras de sí en Oviedo el inteligente interés de los amantes de la historia, y de la discusión y variadas conversaciones fué brotando luz para ver y leer mejor. Mucho debimos en este punto á nuestros buenos amigos el Sr. D. Ciriaco Miguel Vigil, ya mencionado, y mucho también al Sr. Ldo. D. Manuel Fernández Castro, celoso Rector del Seminario Conciliar y Canónigo Penitenciario de la Santa Iglesia Catedral Basílica, quienes con su ilustración, bien acompañada por la bondad y modestia de su carácter, nos ayudaron para resolver dificultades y suplir lo que en la piedra falta por saltos y roturas. Los nuevos trabajos dieron por resultado las siguientes variantes en la lectura, que ponemos á continuación de la anterior, para que de la comparación de ambos estudios resulte la genuina interpretación:
(Frente A)
(Costado derecho B)
(Cara posterior C) (Costado izquierdo D)
En el frente A se suplieron las palabras IN VTERVM, porque las pide el verbo INGRESSUS ES y se han añadido los adjetivos VIRGINALE BEATAE, porque en el trozo que falta procede la colocación de algunas palabras más y ningunas más propias que estas.
El demostrativo directo HOC, tiene espacio al final del
renglón primero de la
cara posterior C. Se lee en el segundo
renglón (PRO) EIS y no EIS, porque allí faltan letras y porque
los altares no se dedicaban á los hombres sino por estos ó en
sufragio de ellos, y porque hay más abajo otro dativo (Gloriosae Sanctae Mariae), en cuyo honor está
dedicada el ara. Al terminar la misma línea se corrigió
más la primera interpretación. PROPITIATIONIS leyó
primeramente el Sr. Fernández Castro, aduciendo que es el término
teológico que se aplica á los altares y porque veía PR en
el desconchado de la piedra, cuando en esta y, por lo tanto, en el
exactísimo calco se fija muy clara la B comenzando la siguiente letra en
forma de E. Así allí leyeron los más la palabra
BE(NEDI)-TIONIS, significando lo mismo que
consecrationis y en este sentido,
en que se toma en las cartas de San Pablo y en los Santos Padres, la palabra es
propia. En la línea siguiente se intentó la resolución de
más dificultades. Bien se ve que esta
Cara C está rota de arriba abajo
en dos pedazos: la rotura hizo desaparecer casi cuatro letras en el primer
renglón, en PA(TER)NA y otras cuatro en el segundo E(T PRO) EIS; por
consiguiente deben faltar otras tantas en el tercer renglón, siguiendo
el EX que se lee con toda claridad: la palabra que sigue es EOS, acusativo y,
por lo tanto, debe leerse EXAVDI. Admitido esto, la conjunción ET, que
está más adelante, debe ligar el EXAVDI con otro imperativo, y
así procederá leer ET DIMI(TTE PECCATA E)ORVM. El sentido
entonces es perfecto y la oración votiva ó súplica
completa, pero no dejó de objetarse que son muchas las letras suplidas,
que podría suprimirse, sobren tendiéndose,
peccata ó buscar otra
palabra que ligase con el ORVM del
costado izquierdo D. A estos reparos
contestaba acertadamente el ilustrado canónigo penitenciario Sr.
Fernández Castro: «Aunque la palabra PECCATA podría
sustituirse por
debita y también por
proenas, es más propio la
primera; y, si á primera vista parece que falta espacio, debe repararse
que el grabador sabía escribir muchas letras en espacio limitado,
poniendo por ejemplo QVI PER FAMVLVM, trece letras en el sitio de cinco. El
espacio al terminar el
lado posterior, debe buscarse en la misma
cara C y al principio del
costado izquierdo D.» «Ahí va un
croquis, nos decía en
La versión literal resulta ahora de esta manera, que nos parece muy aceptable, si no segura: «Cristo, hijo de Dios, que en el vientre virginal de la Bienaventurada María entraste sin humana concepcion y saliste sin corrupcion: que por tu siervo Ramiro, Príncipe glorioso, con Paterna, Reina, su mujer, renovaste este templo por su excesiva antigüedad consumido y por ellos edificaste esta ara de bendicion á la Gloriosa Santa María en este lugar santo, óyelos desde tu habitacion de los cielos y perdona sus pecados. Que vives y reinas por infinitos siglos de los siglos. Amen. A 9 días de las Kalendas de Julio de la Era 886.» - III -
Tal es, en lo principal, ahora casi completa la antes truncada y faltosa inscripción de Santa María de Naranco, que no vacilamos en calificar de votiva y de verdadera importancia para la historia y para el arte; para la historia porque rectifica y aclara la vida de Ramiro I, insigne monarca llamado Vara de la justicia, y para el arte, porque resuelve la cuestión planteada por el señor Amador al dar carácter civil á la construcción religiosa, que el nieto de D. Fruela levantó cuando la basílica de San Miguel de Lino. Sobre estos puntos haremos algunas consideraciones en demostración de dichas tesis. Entre los elementos auxiliares de la historia, todos los
escritores de crítica consignan que, después de la
tradición, son las inscripciones los medios que con más fijeza y
seguridad suministran datos para la historia antigua, cuando dichas
inscripciones son auténticas y fidedignas. Y que la presente tiene
aquellos caracteres no podrá dudarse, siendo, por tanto, más
digna de crédito en
Refieren los historiadores que D. Alfonso II el Casto,
asoció á su gobierno al príncipe D. Ramiro, hijo de D.
Bermudo el Diácono y que, cuando murió aquel victorioso monarca
en 842, fué aclamado por rey de Asturias el dicho D. Ramiro, suceso que
Mariana coloca un año más tarde, siguiendo la Crónica del
Magno y apartándose del catálogo compostelano20. Estaba entonces el nuevo rey, dicen los cronistas, en
tierra de Castilla para casarse con Urraca por hallarse viudo de su primera
mujer Paterna, madre de Ordoño I, y de esta manera refieren sus dos
matrimonios, escribiendo tambien que la segunda esposa fué
espléndida
El padre Florez en sus Memorias de las Reinas católicas lo escribe de este modo: «Había ido (se refiere á D. Ramiro cuando
murió D. Alfonso II) á la tierra de Burgos á casarse. La
novia dicen el Tudense y D. Rodrigo que se llamaba Urraca: el Chronirón
de Sebastian la nombra Paterna. D. Luis de Salazar lo compone, dándola
los dos nombres de Urraca Paterna. Otros lo descomponen para asegurarlo mejor,
diciendo que son nombres de dos mujeres que el Rey tuvo, una Paterna, otra
Urraca; y esto es lo que se debe anteponer, por cuanto el hijo sucesor del Rey
no nació de la mujer con quien se fué á casar al tiempo en
que murió el Rey Casto, esto es, en el año de 842, pues á
los ocho años siguientes le sucedió su hijo D. Ordoño,
comandando por sí la tropa con felicidad, lo que no podía hacer
si fuera hijo del matrimonio contraído ocho años antes, pues solo
tendría edad de siete, incapaz de gobernar ejército; y en aquel
tiempo sabemos que no admitían por reyes á los niños. Es,
pues, forzoso decir que el hijo sucesor de D. Ramiro nació de matrimonio
contraído antes de la muerte del Rey Casto: y esto se convence tambien,
porque entonces tenía ya D. Ramiro más de 50 años, (pues
más de cincuenta hacía desde la muerte de su padre) y quien se
criaba para suceder en la Corona, no había de estar cincuenta
años sin casarse. Según esto había enviudado D. Ramiro
cuando murió el Rey Casto en el 842 y ya había nacido su hijo
primogénito
De todo se deduce, que no están ni exactos ni claros
los cronistas. Es seguro que Ordoño I nació en vida del Rey
Casto, cuando su padre era tan solamente un asociado regio, pero tambien
resulta más claro, por un monumento fehaciente, que su madre doña
Paterna vivía dos años antes de la fecha probable de la muerte de
su marido D. Ramiro. Solo puede suponerse, por lo tanto, que este, muerta
doña Paterna después de la fecha de la inscripción, 848,
pudo casarse con doña Urraca, cosa nada extraña porque en regios
matrimonios andan con prisa las razones del Estado y no sobraba por entonces la
amistad con el condado de Castilla, de donde fué la princesa, que dicen
sobrevivió á su esposo once años. Es esto más
verosímil que la suposición del Sr. Amador, que á la dicha
doña Urraca la figura viviendo con su regio cónyuge en uno de los
por él llamados
camarines del palacio de Naranco,
mientras resulta que, habiendo vivido doña Paterna cuatro años
después de los 842, si en esta fecha estaba D. Ramiro
Finalmente, por ver en la inscripción de Santa María rotas, saltadas y borradas letras de las palabras PATERNA Y REGINA (aquí como con cincel) alguno supuso con desconfianza que la renovación de Santa María fué un voto hecho en vida por doña Paterna, pero que, como ya no vivía en 848, se borraron aquellas palabras. No parece esto probable y sí casual la rotura de la piedra en aquella parte y el salto de letras y siglas del nombre y regia dignidad, lo cual no es extraño porque el ara fué maltratada y rota con ignorante desprecio al empotrarla en trozos en el altar. ¿Puede, pues, rectificar la actual historia de la mujer ó mujeres de Ramiro I la inscripción ahora aumentada y reconstruida de Santa María de Naranco?... - IV -
Con abundancia de datos, que su indisputable ilustración le sugería, adujo el Sr. Amador de los Ríos razonamientos variados para demostrar que la iglesia de Santa María de Naranco, fué palacio allí levantado por el sucesor de Alfonso II. Los testos concisos ó vagos de los cronistas en relación con documentos y citas de historiadores posteriores, los apuntes breves de Morales, de Carballo y de Risco y otras consideraciones artísticas y epigráficas, parece que vienen en apoyo de la aventurada tesis del diligente historiador de la literatura española.
El carácter de la presente Memoria no permite seguir al detalle la monografía sobre el supuesto palacio de D. Ramiro I en los Monumentos arquitectónicos de España, ni tanto pudiera conseguir el que con otros fines y analizando brevemente una inscripción, á su sentido debe atenerse sobre todo. Sin embargo, como están ambos puntos íntimamente enlazados, no es posible tratar este sin que al primero dediquemos también alguna atención. ¿Pudieron convencer á los entendidos en el arte
antiguo los distintos razonamientos del Sr. Amador de los Ríos? La
omisión del Obispo Sebastián, que no menciona á San Miguel
de Lino y habla de Santa María,
de admirable belleza y perfecto
ornato24, ¿es motivo bastante para quitar autoridad
á su texto y darla al Silense, por escribir que el palacio levantado en
Naranco por Ramiro I, fué convertido en iglesia y consagrado á
Santa María?25 La crónica de Sebastián es tenida
generalmente por más antigua que la del Monge de Silos y, por tanto,
más próxima á la construcción de los dos monumentos
religiosos. La omisión de la de San Miguel por el Salmanticense es una
de tantas como se han notado en todas las crónicas de la Edad Media, con
frecuencia corregidas en posteriores descubrimientos. Cita, en cambio, el
palacio y los baños, no muy distantes de la dicha iglesia26, mientras que otro cronista, el Albeldense, menciona
efectivamente la iglesia de San Miguel de Lino y el Palacio, omitiendo la de
Santa María y los baños27, y el Sr. Amador bien pronto explica la omisión
de la casa balnearia, porque el de Albelda, dice, la tomó como parte
integrante del palacio, que todos los escritores citan como obra separada y
diferente, pero sin justificar el silencio de la de Santa
No satisfecho, sin duda, el Sr. Amador con lo aseverado
rápidamente y en medio de grandes omisiones por los cronistas, dice que
resuelve la cuestión del palacio, convertido en templo, la carta
testamento de Alfonso el Magno á la iglesia de Oviedo en 15 de Enero de
905, donde se cita la iglesia del Arcangel en Lino, el Palacio y los
Baños, omitiendo á Santa María31. Sin tener nosotros por sistema apreciar como
deficiente la diplomática de la Edad Media, notaremos cuán
fácil pudo ser la voluntad del Monarca no incluir la iglesia de Santa
María, y si en tal documento están separadamente el Palacio y los
Baños, hay aquí un reparo contra la exactitud del Albeldense que,
como ya escribimos, pasó estos en silencio. Pero avanza más el
señor Amador porque con dicho diploma quiere acreditar error en la
escritura de asignación de iglesias á los obispos convocados
á concilio y refugiados en Asturias, en 901, esto es, cuatro años
antes de la carta testamento dicha y en donde se señalaban
¿No están aquí mencionadas las dos iglesias? pues, no obstante, el ilustrado autor de la Memoria, á que nos referimos, pretende desposeer á Oviedo del nombre histórico de Ciudad de los Obispos con que fué siempre nombrada por la tradición y las crónicas como refugio de los prelados perseguidos, y de sus iglesias separados por los enemigos de la patria. Si no es apócrifo tal documento es incompleto y defectuoso, añade el diligente académico, porque es error grosero é inconcebible suponer que el ilustrado y magno Alfonso ignoraba al donar á la iglesia de San Miguel que á su lado existía la de Santa María. Sin ser error, decimos nosotros, bien pudo ser un acto voluntario del Monarca. ¿No vió el Sr. Amador de los Ríos otro
documento anterior á la que podemos llamar escritura episcopal de 901?
Si le vió ¿le tuvo tambien por falsificado? De D. Ordoño
I, hijo de D. Ramiro es el documento de la iglesia de San Salvador de Oviedo,
en el que aquel rey,
padre de las gentes como le llama el de
Albelda, dona al obispo Serrano y á la iglesia la mitad del portazgo de
la ciudad,
calumnias de su mercado y varios templos
entre ellos San Miguel, y Santa María de Naranco citados clara y
distintamente. Es el tal diploma de 21 de Abril de 85833, esto es, nueve años después de la fecha
inscripcional de Santa María y cuarenta y ocho antes de la decantada
escritura testamento de D. Alfonso el Magno. El valor histórico para el
punto que se ventila, de esta escritura de D. Ordoño I, padre de Alfonso
III, no puede desconocerse y creemos que, á mayor abundamiento, combate
al Sr. Amador cuando supone que el palacio se convirtió en iglesia en el
período de 905 á 1065 (eras 943 á 1103) ó desde la
carta del Magno á la conversión indicada por el Silense. El P.
Risco examina este punto con su acostumbrada claridad34 y viene por tierra lo que dijeron
En el viaje de Ambrosio de Morales, se describe rápidamente la iglesia de Santa María: «es la misma, dice, que edificó allí el rey D. Ramiro I;» «es grande para hermita y chica para iglesia,» añade, y en semejantes palabras se detiene el Sr. Amador como para indicar la extrañeza del famoso cronista creyendo que por su pequeñez no fué para iglesia el primitivo destino del edificio. ¿Lo sería para palacio? preguntamos nosotros ¿Son mucho mayores las proporciones de San Miguel de Lino? ¿Es más grande la iglesia de Santa María, hoy Cámara de las reliquias de Oviedo, levantada en el reinado anterior á D. Ramiro? ¿Es tanta la diferencia dimensional de Santa María de Naranco comparada con tantas iglesias asturianas, joyas del arte latino bizantino, harto raducidas casi todas? Con igual extrañeza aduce el Sr. Amador lo que el
diligente P. Carballo escribió sobre los palacios en Naranco del
Vencedor de los Normandos «no hay
rastro de ellos en nuestros días, escribió, que parece que estos
reyes edificaban los templos perpetuos y los palacios de por vida.» No
indican seguramente estas frases que, al no hallar el Padre Alfonso los restos
del alcázar (que citó Morales), fué por su
conversión en iglesia de Santa María. No es nuevo, decimos
nosotros, y en todos los pueblos es hecho constantemente acreditado, que con
frecuencia quedan en pié las casas levantadas para morada de Dios,
permaneciendo guardadas por religioso y general respeto, mientras que vienen
á tierra
Consta aquí de un modo terminante la existencia del palacio al lado de la iglesia de la Virgen. Excavando muchas veces por sitios próximos á Santa María, se hallaron con frecuencia restos arquitectónicos que no acusaban estilo y destino religioso. «Los palacios ricos y muy celebrados en nuestra historia, dijo el citado Morales, que el Rey Don Ramiro también labró aquí cabe estas dos iglesias, están por tierra, solo quedan rastros de ellas. Así parece bien cuanto más cuidado ponía el Rey y mandaba poner en labrar los templos que no en su casa. Aquellos duran enteros y con buena firmeza y está la casa ya caida36.» Combatiendo al Sr. Quadrado, porque dijo que la iglesia de
Santa María tenía forma de
cella, el Sr. Amador analiza esta palabra
en su acepción arquitectónica y viene á darla, cual no
podía menos, sentido y destino religiosos, que en nada figuran con el de
Santa María para ser lugar de recogimiento y oración. Aún
presenta nuevos razonamientos el infatigable académico, asegurando
Extrañamos la afirmacion que, respecto a la orientación de Santa María de Naranco consigna el Sr. Amador de los Ríos, pues que, a semejanza de iglesias construidas en aquella época, tales como San Tirso y San Juan de Oviedo, Santullano (San Julian de los Prados) y San Miguel de Lino, el ábside se halla dirigido al Oriente sin que obste la colocación del ingreso ó puerta que no es la que determina la orientación del edificio sino el eje de la nave principal: porque el ingreso podía obedecer á circunstancias especiales del terreno; como para la iglesia de Santa María hace notar el erudito Sr. Caveda37, mientras que el señor Amador no pudo menos de confesar también, que el vecino templo de San Miguel de Lino no obedecía «con entera exactitud» á la prescripción usual. Por otra parte, no debe darse demasiada importancia á la exactitud matemática de la orientación en aquellas centurias en que no se contaba con instrumentos precisos. Por lo que toca á su planta, no muy desemejante se presenta la iglesia de Santa María, hoy Cámara santa de las reliquias de Oviedo, trazada por Tioda, maestro de obras del segundo Alfonso, y no es de olvidar tampoco que el destruido cuerpo arquitectónico de la fachada N. del pretendido palacio de Naranco, respondía perfectamente al actual vestíbulo de ingreso por el mediodía, y ambos daban al edificio planta de cruz. La novedad y primores con que fué construida la
iglesia,
sin igual en España38 según expresión de Sebastián,
fueron causa de admiración y variados comentarios para todos los
inteligentes antiguos y modernos. Dando vuelo á la imaginación
pudo haber exagerado con ciertas apreciaciones el artista Parcerisa en su carta
En lo que al decorado se refiere, hace notar que en los relieves de San Miguel de Lino, «á pesar de cierto recuerdo gentílico» hay espíritu esencialmente religioso, lo que no sucede con los discos de Santa María, que respiran idea y sentimientos profanos. No reparó que esta Iglesia tiene en diferentes sitios grabado el signo de la redención humana ó la cruz del Casto Alfonso con alfa y omega, símbolos de la divinidad. Esto se ha comprobado más con las recientes obras del económo Sr. Camblor, que poco á poco va descubriendo arcos y columnas ocultas, pero señalados y adivinados siempre por inteligentes artistas. Apunta igualmente, ocupándose de la espadaña
«construída por el celo indiscreto y la ignorante osadía
del cura párroco», cómo es muy probable, examinadas las
formas del anterior campanario39 que fuese levantado al transformarse el palacio en
iglesia, porque su fábrica más acusaba á los tiempos de
Alfonso VI que no los del siglo IX. En tanto no repararon Morales, Carballo y
Risco y otros que la vieron; y aunque la suposición del señor
Amador fuese cierta, no es de callar que en Asturias, y particularmente en las
iglesias de lugares altos ó de montañas, cayeron y se levantaron
sucesivamente por distintos accidentes las espadañas,
A propósito, después de tan prolijas observaciones dejamos para este lugar la parte más interesante, volviendo á tratar de la inscripción de Santa María de Naranco, verdadera clave del asunto, guía segura y cierta para resolver con confianza el problema, si aun alentara la duda en algunos de los puntos tratados; y más aun, es la inscripción origen y fundamento para nuevos temas, á cual más importantes. Si por los escasos fragmentos pudo decir el Sr. Amador «que no era su examen indiferente para el estudio que realizamos», ¿qué podemos decir nosotros que vemos casi completa la piedra inscripcional? Cuando en 1571 visitó el perspicuo Morales las antiguas construcciones de Naranco, apuntó que «la iglesia de Nuestra Señora estaba encalada de nuevo por de dentro, y esta de San Miguel por defuera, y así creo que se han tapado las letras que ambas tenían». No pudo, pues, el regio cronista decirnos nada de la inscripción, y tampoco la menciona el autor de las Antigüedades de Asturias. Risco, en cambio, da cuenta sucinta, pero clara, de los trozos inscripcionales ajustados en el altar, aunque refiriéndose á dos lápidas, leyendo en una:
y, suponiendo que se confiesan siervos de Dios el rey y la reina, cuyos nombres estaban borrados, consigna la fecha de renovación del altar y templo de la bienaventurada Virgen María40:
Antes de pasar adelante observaremos los siguientes extremos ó que el sabio agustino ordenó á su modo los restos inscripcionales, que nosotros vimos en otra colocación, y omitió el texto de algunas palabras, á que sólo hace referencia y traducción, ó se atuvo á copia incompleta que le facilitaron de las lápidas, tal vez el insigne Jovellanos, el secretario de la diputación Sr. Ecosura ú otras personas ilustradas que le ayudaron en los tomos de Asturias de su preciosa obra; pero siempre resulta que no vió los nombres de los príncipes, pues no hubiera dicho que estaban borrados, cuando el de RAMIRO se lee ahora perfectamente, el de PATERNA bien se adivina, y fácilmente se colocan las letras que á Regina faltan. Veamos ahora el examen de la inscripción por el Sr. Amador, adelantando que no estuvo acertado en lo que escribió del P. Risco en texto y nota, porque primeramente ha resultado muy exacto lo que con la ingenuidad de los buenos historiadores dijo y supuso el muy docto continuador de la España sagrada, y en segundo lugar, ningún despropósito y anacronismo resulta de aceptar sus aseveraciones, tal como las combate el moderno y competente académico de la Historia y Bellas Artes de San Fernando, porque después ha parecido verídica la participación de PATERNA en la obra renovada en 848. Equivocado, aunque con laudabilísimo celo, en las anteriores conjeturas, no es de extrañar que al hacer otras de nuevo se perdiera con apreciaciones desposeídas de sólido fundamento y aun hiciera más, que radicalmente se han visto negadas de un modo absoluto. Describiendo la puerta de ingreso de Santa María de
Naranco, alterada en el siglo XIII, dice que «la inscripción
latina que hubo de ilustrar la obra de Ramiro I, como ilustraron otras
análogas las áulas regias construidas por diferentes reyes
asturianos, fué trasladada al interior del monumento, hasta ser colocada
de un modo poco artístico dentro del departamento occidental, que
Aseguró el padre Risco que eran dos las lápidas, y el Sr. Amador rectifica añadiendo dos más, refiriéndose á los cuatro trozos desordenados en el altar y cubiertos modernamente con maderas. No pudo entonces suponer, quizá por su breve examen de las piedras, que estas eran tres, formando una ara con siete letreros en las cuatro caras, no descubriéndose a la sazón ni el comienzo de la inscripción ni la parte más nutrida de lectura en el lado posterior. No juzgó, además, propia del altar la colocación de la «inconexa é incompleta» inscripción que debió «aparecer en sitio público y preferente» «por la devota costumbre á la sazón preponderante de invocar el favor divino sobre con títulos piadosos», costumbre que «no debió ser desconocida al Vencedor de los normandos», como sucedió después en el palacio de Alfonso el Magno, en Oviedo. Aun expuso, si bien refiriéndose á los cuatro fragmentos que figuran en el dibujo de los Monumentos arquitectónicos de España, «que no existían ni podían existir los nombres de los reyes», y concluye esta parte interesante con las siguientes palabras: «No cabe duda que los fragmentos de la inscripción formaron parte del alquitrave de la puerta principal de ingreso del palacio, cobijado bajo un arco de igual altura y dimensiones que el frontero del vestíbulo, hasta que sustituida aquella por la romano-ojival del siglo XIII no tuvieron mejor aplicación que la de coronar el altar levantado junto al muro occidental del palacio42 por muy distinto arte del que erigió una y otra vez las aras asturianas». Nada más lejos de la verdad. Las investigaciones realizadas por esta Comisión
provincial de Monumentos históricos y artísticos el día 15
de Setiembre del presente año destruyeron todos estos cálculos,
como la lectura de
Vamos á verlo. - V -
Es tan claro, tan explícito el texto de la inscripción que no deja lugar á duda sobre su sentido, así como del mismo se deducen y se desprenden sin violencia otras consideraciones de la mayor importancia. Como todos los reyes asturianos, celosos en levantar ó reconstruir los templos de la fe cristiana, el primero de los Ramiros mandó edificar las dos iglesias de Naranco, y la que nos ocupa, «para honra de la gloriosa Santa María,» cuya pura Concepción aclama indirectamente con su mujer Paterna, confesando así un dogma siempre sentido y respetado en nuestro pueblo, antes de su definición solemne en el presenta siglo. Es, pues, la inscripción, nuevo testimonio del antiguo asentimiento español al dogma de la Concepción pura y sin mancha de la Santa Virgen, y adquiere así un mérito religioso que más avalora la lápida, con los otros aspectos histórico y artístico y epigráfico, con que puede ser considerado tan preciado monumento del siglo IX43.
La inscripción completa, alrededor del ara, niega rotundamente que fuera su destino la puerta de ingreso del pretendido Palacio, como intentó demostrar el Sr. Amador, y el nombre de los príncipes, que apareció ahora perpetuando su piadoso pensamiento, acabó por destruir toda conjetura del inolvidable académico. Los príncipes, siervos de Dios, levantan el altar de su Madre Santa María, y lo que es más, renuevan otro templo antiguo en aquel mismo sitio, LOCVM SANCTUM. La dicha renovación consta de un modo terminante en la lápida:
HABITACULUM, esto es, habitación, empleando en sentido
figurado el nombre general por el particular, como se dice por la Iglesia
domus Dei, casa de Dios;
HABITACULVM, con la terminación que indica diminutivo, ó lo que
es lo mismo, habitación pequeña para la grandeza divina, para
morada de Cristo, Hijo de Dios, y ara dedicada especialmente á su Madre,
concebida sin humana mancilla. Allí se renovó el templo que el
excesivo y largo espacio de tiempo había consumido ó devorado,
NIMIA VETUSTATE CONSUMPTUM, y cómo en este punto nace una
cuestión sumamente curiosa, hasta ahora por ninguno indicada, es materia
que no se ocultará seguramente á los que favorezcan con su
lectura esta Memoria, ó se limiten tan solo á la
interpretación independiente de la inscripción de Santa
María. No faltó quien dijo en estos días, conjeturando
sobre el destruido edificio, que renovó la piedad de Ramiro,
príncipe glorioso y de la reina Paterna su mujer, que á este
templo debieron pertenecer los arquitectónicos restos de carácter
romano, traídos al Museo de Oviedo desde Naranco y á esta
montaña desde
Lucus Asturum ó Lugo de Llanera.
Los mencionados materiales latinos es posible que se emplearan en las nuevas
iglesias de Naranco, y por esto, tal vez, escribió el P. Carvallo,
hablando de la de San Miguel de Lino y de sus columnas de mármol y
jaspe: «Que debieron venir, dice, de las ruinas de la antigua ciudad de
Lugo, ó haberse sacado de los
Los doctos resolverán este y otros problemas que la inscripción inicia, al mismo tiempo que contradice lo aseverado por el señor Amador de los Rios, porque el ara pertenece al templo, y con este destino se levantó el edificio de Santa María de Naranco EN LUGAR SANTO. ¿Hubo allí antes otro templo cristiano?... Nosotros contestaríamos afirmativamente45. Damos aquí por terminada nuestra tarea con ingenua desconfianza de no haber llenado el cometido á nosotros confiado. La inscripción fué nuestra guía con el erudito discurso del Sr. Amador de los Rios. Le impugnamos en cuanto alcanzaron nuestras débiles fuerzas, y si pudimos conseguir nuestro intento, en nada empece á su respetable memoria académica un equivocado concepto, tras de difíciles estudios en un incompleto monumento de los primeros siglos de la reconquista, periodo tan cubierto por densa bruma, que impide caminar con seguro paso. Para quien como el Sr. D. José Amador de los Rios contó en su laboriosa vida con tantos merecimientos: quien de sus brillantes dotes dejó tan indelebles huellas en ricas y apreciables producciones de historia, literatura y arte antiguo y más ramos del humano saber, poco significa una equivocación padecida en un trabajo tan breve como notable. Para terminar el humildísimo nuestro, nada más oportuno que repetir aquellas sentidas palabras de Quadrado: «¡Santa María de Naranco y San Miguel de
Lino! ¡Monumentos inapreciables que ilustran un mismo suelo, una misma
FERMÍN CANELLA SECADE. Oviedo, 15 de Noviembre de 1883.
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