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Francisco Coello
Con gran sentimiento recibió el que suscribe la noticia de haber sido nombrado para informar acerca de la obra del señor teniente general marqués de San Román, relativa á las Campañas del general Oráa en los años de 1837 y 1838, como parte de la Guerra civil de 1833 á 1840 en Aragón y Valencia. Ese sentimiento no lo motivaba sólo lo certidumbre de que el trabajo era superior á sus fuerzas: por desgracia lo han sido cuantos esta ilustre Academia se ha servido encomendarle. Lo sintió principalmente por el autor, que merecía juez más digno, y que debió hallarlo en nuestro egregio compañero el genetal Gómez de Arteche, autoridad irrecusable en todas las cuestiones de Historia militar. Comprendió luego la razón por la que se había relevado al último de este encargo, cuando leyó el magnífico Proemio del ilustrado colega, que encabeza el libro, recibiendo al mismo tiempo consuelo mayor, porque el trabajo encomendado al que esto dice, estaba realmente hecho, pues nada mejor, ni nada nuevo, podía añadirse al concienzudo juicio que, en dicho proemio, se hace de la obra. Verdaderamente el informe debiera limitarse, en vista de esto,
á adherirse completamente á lo manifestado por el general
Arteche; y si el que suscribe se permito ahora señalar algún
detalle, es sólo por no esquivar el mandato do nuestro dignísimo
Director accidental, y por añadir un elogio más al profundo
estudio que el libro representa, aunque bien poco puede honrar al autor el
aplauso de quien nada vale. Se ceñirá á la parte en que
puede tener alguna ligera competencia el que informa, pues media la
circunstancia de que no sólo conoce el territorio descrito en las
campañas del general Oráa por los trabajos geográficos
á que se ha dedicado principalmente, sino también por haber
recorrido gran parte de esta zona y hecho en ella su aprendizaje
práctico al salir de la
Además de la sorprendente ojeada general con la que empieza el libro, escrita como todo él en estilo castizo y elegante, admira la claridad y lo minucioso de los pormenores, no sólo en la descripción del terreno, sino en la de los varios sucesos de la campaña, descendiendo, á veces, á contar las empresas de las pequeñas partidas auxiliares. Se pinta con vivos colores el abandono en que stuvo constantemente el mal llamado ejército del Centro, que debió nombrarse más bien del Este, y los peligros, las miserias y hambres sufridas por sus oficiales y soldados, al mismo tiempo que su ardimiento y constancia, á pesar de hallarse siempre desatendidos. En todo campea un recto espíritu de imparcialidad, haciendo resaltar, en medio de ella, la figura del insigne general Oráa, sin ocultar tampoco las faltas que pudo cometer, ni aún algunos defectos de su carácter, bien disculpables, porque sólo patentizan su incomparable modestia, y muy compensados por dotes sobresalientes. Bien se conoce que el autor ha sido testigo de muchos de los hechos que describe, aunque lo calle casi siempre, y apenas lo deje traslucir en alguna ocasión. El que suscribe, si no ha tenido la honra de servir á las órdenes del general Oráa, pudo oir más de una vez de los labios de sus antiguos oficiales, y en varios casos sobre el mismo terreno en que habían ocurrido los sucesos, la reseña de ellos, y formar juicio de las altas prendas que adornaban á tan ínclito caudillo: por lo mismo puede garantizar la exactitud de las observaciones y la verdad de los hechos historiados. De uno de ellos, y por circunstancias especiales, pudo adquirir
todavía mayores detalles, y aunque no se refiere á la parte
tratada en el primer tomo de estas campañas, espera se le
disculpará que añada algunos renglones, tanto para ensalzar las
glorias del general, cuanto para confirmar los juicios de su cronista. Como
teniente de ingenieros fué encargado, el que esto escribe, por el
veterano y bizarro general Cortínez, de dirigir las obras de reforma del
camino desde Alcañíz á Morella, para conducir la
artillería en el segundo sitio de esta plaza, y en la sección
desde Fórnoles
Sensible es haber molestado á la Academia con estos
pormenores, ya que nada importante ha podido añadirse al lisonjero
juicio formado de la obra por nuestro compañero el Sr. Gómez de
Arteche. Debemos felicitarnos ciertamente de que el general marqués de
San Román, venciendo su modestia, que ha privado al país de
saborear muchos trabajos debidos á su talento y profundo saber, se haya
decidido á publicar las campañas del general Oráa que,
desde hace largo tiempo, tenía escritas. Si antes su ilustrado autor era
conocido ventajosamente, no sólo en la
República de la Letras, que alberga
muchedumbres abigarradas, sino en la más
FRANCISCO COELLO. Madrid 7 de Octubre de 1884.
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