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Celestino Pujol y Camps
En mis Estudios sobre tan importante ramo de nuestra Arqueología no me ciño á llamar la atención de nuestra Real Academia hacia las variedades inéditas de cuños ibéricos que me sea posible descubrir; entiendo además, que ejemplares que se han dado á conocer incompletos ó dudosos, merecen estamparse de nuevo al encontrarlos en buen estado de conservación. Cúmplenos evitar, que copiándose unos á otros los autores, se perpetúen las equivocaciones, ó las dudas, con menoscabo de una serie numismática que tan merecidamente priva en la atención de la sabia Europa. La utilidad de mi plan de trabajo la patentiza la publicación de la moneda siguiente:
En pleito ha estado durante mucho tiempo la acertada lectura del epígrafe que campea en la rarísima moneda que acabo de describir. He aquí las piezas del litigio: Saulcy copió el letrero
Esto no obstante, nuestro estimado amigo y discretísimo
compañero el Sr. Zobel, al continuar en su obra los cuadros regionales
de monedas ibéricas, vuelve sobre sus pasos aceptando en definitiva la
transcripción de Heiss. (Ibid. 254, núm.
318,
y corrección de erratas 305-54.)
Este cambio de dictamen fué debido á la inspección de otro
ejemplar numismático, que se encuentra en
De lo dicho resulta que en opinión del último y
concienzudo autor que ha publicado un estudio general de las monedas
ibéricas, la tan controvertida leyenda consta de los siguientes
caracteres
Conozco los dos ejemplares referidos; y tanto el parisiense como el que pertenece al Sr. Arbex son tan menguados en la conservación de los letreros, que está justificada sobradamente la zozobra y perplejidad de los intérpretes. Con más suerte que los que me precedieron, he tenido en mi poder la pieza que reproduzco con el núm. 57, que es copia tan fiel como esmerada de la rarísima moneda que existe en la escogida colección ibérica de mi buen amigo D. José Saderra, hacendado de la villa de Olot, en la provincia de Gerona. La leyenda es, sin duda ninguna,
No veo medio por ahora de atribuir con algún fundamento
esta moneda á una localidad ó gente determinada. Comprendo que
Zobel la relacionara con las acuñaciones de
La cabeza imberbe y la fabrica relativamente bella de esta moneda, que es muy rara, me imponen su publicación, puesto que dichos caracteres son un elemento cronológico estimable para el estudio del abundante numerario emitido á nombre de los Thithios, cuyos ases bárbaros se encuentran profusamente en las provincias de Guadalajara, Zaragoza y Soria.
No habían sido grabadas estas dos preciosas monedas. La
última de ellas, debe ser única; al menos no he visto otra en mis
detenidas investigaciones en gran número de monetarios españoles
y extranjeros. La adquirí en Figueras en 1881, pocos días
después de haber sido comprada de primera mano en San Martín de
Ampurias, ó sea en el islote de
Palxopolis, hoy unido á la costa,
que formó antiguamente el abrigo septentrional del puerto de la asolada
Emporion. Cité el hallazgo de la
moneda en mi artículo
El Tesoro de Sagaró (Revista de Ciencias
Histórica, t. III; pág. 142) y la dí á
conocer por impronta al Sr. Zobel, que continuó tan interesante variedad
en sus cuadros con el núm. 48, leyendo en el anverso
Es indudable que el cuño que imprimió esta pieza
contenía una leyenda en el anverso, mas en puridad no es posible
averiguar lo que esta decía. Habiendo quedado fuera del cospel por
haberse corrido el cuño, en vano examino el ejemplar para descubrir los
dos signos que la engañosa impronta dió á conocer á
Zobel. Pero si deficiente es el anverso de esta moneda por la indicada causa,
en cambio se presenta con un reverso tan completo, que no deja duda acerca de
que el epígrafe superior sea tal como lo dejo copiado, viniendo de esta
suerte á enmendar, ó aclarar cuando menos, el mal conservado as
de Índica, que se guarda en el gabinete de medallas de Paris y cuya
leyenda transcribí
Desde que impugné en el
Memorial Numismático Español
la especie vertida por Heiss de que las dracmas ibero-emporitanas expresaban
leyendas sin sentido, he perseverado en la
publicación de cuantas monedas de esta clase fuera descubriendo, tanto
más apreciables en mi concepto, cuanto extremadas son las dificultades
que se oponen á su lectura y atribuciones. No vacilo en calificar de
bárbaros alguno de sus ejemplares y tanto es así, que tan solo
como ilustración de los artículos de Empurias y Rhode di á
la estampa varias imitaciones galas de las dracmas de aquellas dos poblaciones:
las cuales piezas con sus tipos y caracteres literarios desfigurados por
completo, están diciendo á veces que son copias
desmedradísimas del numerario ibero-focense. Mas de aquí
Pero no es este el método científico; y
así, prefiriendo no esquivar la cuestión, he sostenido y
sostendré con fundamento que estas monedas reflejan la luz de un
horizonte inexplorado á la numismática patria, y
continuaré buscando afanoso los ejemplares inéditos para darlos
al público, á fin de avanzar y llegar hasta donde me sea posible,
en el conocimiento de tan rica serie. Buen acopio de estas raras monedas pude
llevar á las láminas de la obra Delgado; otras posteriormente
conocidas exhibí en la
Revista de Ciencias Históricas
(tomo I, pág. 545), y seis piezas más añado hoy á
la colección, entre las cuales asoma alguna de leyenda privilegiada como
lo son las tres primeras. A buen seguro que no pueda llamarse bárbara la
moneda núm. 63, cuyo carácter helénico parece innegable,
según se advierte de su sola traducción
Zobel publicó el quinario de
Sesars (tomo I, lám. 4-9),
tomándolo de la colección Domingo Bazán, cuyo ejemplar
conocí por impronta en la que estaba restaurada al lápiz en el
anverso, la letra
Centro importantísimo de acuñaciones
ibéricas fué Turiaso; y ciertamente no resulta así de las
obras Heiss y Delgado, por la escasez de variedades de monedas que conocen de
dicha antiquísima población. A remediar las omisiones
acudió Zobel en la lámina VI de su tomo II mostrando por vez
primera el quinario ibérico turiasonense. Por mi parte puedo contribuir
al mismo fin, añadiendo otra variedad de quinario al conocido, pues si
el de Zobel fué divisor del denario -Delgado 4-; este nuevo lo es de
otra pieza de plata que no ha parecido aún. El denario de
las dos letras que grabó Zobel
(tomo I, lám. 4-25)
No está solo el catedrático cesaraugustano Sr. Gil en la posesión de esta moneda: otro ejemplar he visto en la colección de Don Ignacio Albericio, en Tarazona y un tercero acabo de adquirir con peso 3,30 gr. Pero la serie de monedas inéditas de Turiaso no termina aquí. Grabada estaba la lámina que acompaña estos apuntes cuando regresé de una excursión arqueológica á la Celtiberia; y de consiguiente, no me fué posible incluir en aquella un preciosísimo, cuanto inopinado Turiaso, también quinario, con dos caballos en el reverso, que además de dos denarios inéditos, examiné durante mi viaje. Doy cuenta á la Academia del hallazgo de estas tres monedas, esperando que logren salir á luz en mi próxima reseña numismática. Y doy término á la presente, publicando para mayor ilustración el siguiente denario que considero digno de la estampa por la disposición y trazado de los caracteres del rótulo.
CELESTINO PUJOL Y CAMPS. Madrid 20 de Setiembre de 1884.
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