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    Historia de la imprenta en los antiguos dominios españoles de América y Oceanía. Tomo I
     José Toribio Medina ; prólogo de Guillermo Feliu Cruz ; complemento bibliográfico de José Zamudio Z.
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Notas

20.       A veces ampliando las noticias y en otras refundiéndolas según fuese el caso, la mayor parte de las que aquí consignamos las hemos tomado de nuestro libro intitulado Historiografía Colonial de Chile. Tomo I. (1796-1888), editado por el Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina, Santiago de Chile. 1957. Consúltese el capítulo V. La ruta de las investigaciones de Medina (1873-1884), págs. 205 a 265.

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21.       Véase nuestra Historiografía Colonial de Chile, tomo I, cap. v, págs. 225-226.

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22.       Medina. La Araucana de don Alonso de Ercilla y Zúñiga, Ilustraciones II, Santiago de Chile. Imprenta Elzeviriana, 1918. Véase la pág. 475.- El juicio de Medina sobre Ercilla y La Araucana pudo considerarse hasta entonces, 1878, como uno de los mejores, superior al de Antonio Ferrer del Río. La parte biográfica del poeta y la bibliografía de las ediciones de su obra, carecen de toda importancia. «Para estos apuntes -escribió- hemos seguido en todo a don Antonio Ferrer del Río en si Introducción a la edición de La Araucana de la Academia». Sin embargo, anotó otras fuentes. «Se encuentran también algunas noticias sobre Ercilla -continua- en el Semanario Pintoresco, 1842, pág. 195; en Garibay, Grandezas de España, que en la pág. 496, cuenta que los esposos Ercilla fueron padrinos de uno de sus hijos. El licenciado Mosquera de Figueroa publicó también un pomposo Elogio de Ercilla, por primera vez en Barcelona en 1592; un autor anónimo que se ha descubierto ser Cerdá y Rico, publicó otra biografía de Ercilla (que por su sencillez, buena forma y acopio de datos forma contraste con la anterior), en la edición de Sancha de 1779, y posteriormente con la generalidad de las que se han hecho; Álvarez Baena, Hijos ilustres de Madrid. La Academia Española después de la restauración de los Borbones proyectó una edición de La Araucana, dando el encargo de escribir la vida del autor a don José Vargas Ponce; pero habiéndolo sorprendido la muerte en 1821, siguió con la comisión Ferrer del Río, que ha sabido utilizar bien los datos dejados por su antecesor. A propósito de la publicación de La Araucana por la Academia, el señor Barros Arana ha insertado en la revista Sud-América. 1873, pág. 368, un interesante artículo bibliográfico sobre la obra de Ercilla». Hemos copiado esta nota como un ejemplo, acaso el primero que se encuentra en la obra de Medina, por lo menos en las primeras páginas de erudición que escribió, de su inclinación hacia la bibliografía y la tendencia que la cita demuestra de abarcar el conjunto de la cuestión de estudio que está en sus manos. Esta actitud expansiva de información hizo al bibliógrafo, proyectado aquí en ciernes. El procedimiento será más tarde perfeccionado. Es el mismo sistema de Barros Arana. Volviendo a Ercilla, parece demás decir que sería él mismo quien agotaría el estudio acerca del poeta.

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23.       El mismo Medina, años más tarde en otros escritos históricos y bibliográficos, reharía la vida de Oña.

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24.       Los datos anotados por Medina tienen una rigurosidad absoluta. Son exactamente los mismos que se encuentran en la obra de Ernesto Nelson que lleva por título Las Biblioteca en los Estados Unidos. Edición revisada. Nueva York, 1929. Forma parte este libro de Biblioteca Interamericana, vol. VI de la dotación Carnegie. Consúltese el cap. II, págs. 15 y 16. -Medina dispuso, sin duda, de la memoria del gobierno de la Unión sobre bibliotecas.

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25.       Un estudio muy completo sobre esta notable biblioteca, tan rica en impresos y manuscritos sobre América, puede leerse en el libro de Lawrence C. Wroth, The first century of the John Carter Library. A history with a guide to the collections. Providence, Rodhe Island, MDCCCXVI, 89-88 págs., láminas.

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26.       Carta de Medina a su padre, Londres, 21 de agosto de 1876. Lo subrayado lo ha sido por nosotros. Original en nuestro poder. Puede leerse este documento en la revista Atenea. Homenaje a José Toribio Medina, 1952, donde lo dimos a conocer junto con otras cartas. Véase también nuestra Historiografía Colonial de Chile, tomo I, pág. 268.

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27.       Se ha dicho que Gaspar del Río era español y ocupábase en el Museo Británico en estudiar la Historia de la Inquisición en los Países Bajos, libro al cual, dice Armando Donoso, consagró veinte años de su vida. A menos que se trate de un homónimo, el Gaspar del Río de que habla Medina en sus cartas y a que se refiere Donoso, (Vida y viajes de un erudito, edic. de 1952, con el título de José Toribio Medina pág. 8), había nacido en Concepción en 1822 y recibídose de abogado en 1856. Fue Rector del Liceo de Talca, Intendente de Llanquihue en dos ocasiones y Diputado al Congreso en varios períodos. Residió diez años en Inglaterra. Regresó a Chile en 1880. Durante su permanencia en Londres se ocupó en el -Museo Británico, con particular asiduidad, en el estudio de la cuestión de límites con la Argentina. De sus investigaciones sobre el particular, junto con algunas cartas dirigidas al Ministro de Relaciones Exteriores Adolfo Ibáñez, poseemos un manuscrito suyo que lleva por título: Copia de las partes relativas a los límites de Chile, tomada de 42 autores que han escrito sobre la historia y geografía de América, desde 1601 a 1812, incluyendo las tierras Magallánicas dentro de los límites del Reino de Chile. Todas las citas de los libros, tomadas en el Museo Británico, están reproducidas in extenso. El manuscrito corresponde a 1876, como se colige por la carta con que del Río lo acompañó a Adolfo Ibáñez, cuando ya no era Ministro.

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28.       Barros Arana había dado con este manuscrito en 1860 en el mismo palacio y ordenado tomar una copia, encargando su revisión a Pascual de Gayangos. Como el manuscrito, todavía a la vuelta de un siglo conservase el título de «Reservado», el bibliotecario Manuel Carnicero Weber tuvo escrúpulos en facilitar el documento en la creencia de que podían debelarse secretos de Estado, y exigió una autorización Real. Gayangos le decía a Barros Arana: «Yo ya sabía que Carnicero era un hombre de recursos, y aunque galante y obsequioso sobremanera, muy aficionado a que los libros de S. M. no vean la luz pública». Consúltese el cap. II del tomo I, pág. 95 de nuestra Historiografía Colonial de Chile, ya citada.

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29.       En el capítulo XII, Lengua Araucana, págs. 385-388, del tomo II de la Historia de la Literatura Colonial, 1878, Medina se ha ocupado de Havestadt, y en la página 125 del tomo III de esta misma obra, lo describió bibliográficamente, sin la técnica perfecta que empleó en 1899, 21 años después, en el tomo III de la Biblioteca Hispano Chilena, núm. 543, págs. 55-61. En la Bibliografía de la Lengua Araucana, 1897, núm. 19, pág. 388. Medina describe también el Chilidugú.

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