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    Historia de la imprenta en los antiguos dominios españoles de América y Oceanía. Tomo I
     José Toribio Medina ; prólogo de Guillermo Feliu Cruz ; complemento bibliográfico de José Zamudio Z.
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Notas

100.       Archivo de Indias, 143-3-11.- La carta a que corresponde este párrafo es la que lleva fecha 8 de Noviembre de 1537 y que se encuentra publicada, como hemos advertido, en las págs. 525-533 del tomo 42 de la Colección de Torres de Mendoza.

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101.       Esta Cartilla o Catecismo de fray Juan Ramírez ha motivado entre los bibliógrafos las dudas de si se imprimió alguna vez y de si su autor fuera el mismo de aquel nombre que figura entre los obispos de Guatemala.

     Respecto a la primera, González Dávila, Teatro eclesiástico, t. I, p. 7, afirma categóricamente que se imprimió en 1537.

     González de Barcia, Epítome, col. 738, sigue a ese autor, pero no da ya el Catecismo como impreso, sino que se limita a decir que fue el primero que se escribió, y todavía pone la salvedad de «si no está errado el año». Con esta frase quiere aludir a un fray Juan Ramírez, dominico también y obispo de Guatemala, quien, según Nicolás Antonio, fue autor de unas Advertencias sobre el servicio personal de los indios en Nueva España, y de un Parecer sobre la misma materia dado en Madrid a 20 de Octubre de 1595, refiriéndose por lo tocante a este último a Quetif y Echard, Bibl. Script., t. II, pág. 368.

     Engloba, pues, en un mismo párrafo lo relativo a la impresión del Catecismo y a si su autor fuera el obispo de Guatemala.

     Quetif y Echard para su aserto de que el Catecismo se imprimió, traen como fuente a González Dávila, y para lo demás a Remesal y a Nicolás Antonio, pero concluyen «sed, vel error in anno, vel alterius est opus».

     Sobrón, Lenguas indígenas, etc., p. 47, no sólo da el Catecismo como impreso, sino que añade que lo fue por Juan Pablos, que Ramírez era de Zaragoza y que profesó en esa ciudad.

     Menéndez Pelayo, Invent. bibl., t. III, p. 289, da como dudosa la impresión, y García Icazbalceta sostiene que, en todo caso, el Catecismo no debió imprimirse en 1537. El Conde de la Viñaza (p. 783), finalmente, sigue la opinión de este último.

     Queda ya indicada cuál es la nuestra respecto a si el Catecismo se publicó o no, y en cuanto a que su autor fuera el fray Juan Ramírez que sirvió el obispado de Guatemala durante los años de 1600-1609, nos parece que basta considerar esto sólo para caer en cuenta de que no pudo ser el autor de un libro que se dice impreso o escrito setenta años antes.

     Del que más tarde fue obispo de Guatemala son el Memorial y el Parecer de 1595 que quedan indicados y el lector los hallará descritos, junto con otra pieza análoga, bajo los números 442-444 de nuestra Biblioteca hispano-americana. En cuanto al Altar de las virtudes que se le atribuye y que se supone edición con distinto título de una obra suya impresa en 1580, diremos que el autor de aquel libro fue el licenciado don Juan Ramírez de Arellano, de quien ni siquiera se sabe si estuvo en América y que floreció más de medio siglo después del fray Juan Ramírez obispo de Guatemala, Véase el número 1291 de nuestra citada Biblioteca.

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102.       Véase el documento III.

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103.       Documento IV.

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104.       Documento V.

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105.       Documento VI.

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106.       Hacemos esta salvedad, por cuanto hay autor, que puede parecer bien informado, que sostiene que esa Doctrina se imprimió; nos referimos a don Juan José Moreno, quien en su Vida de D. Vasco de Quiroga, México, 1766, 4º, dice en la página 5:... «A la Doctrina que dejó impresa para los indios, hizo varias adiciones.» Y más adelante, pp. 139-140:... «De esto nacían aquellos anhelos de que se les enseñase a los indios la moral exterior y policía, y a este fin encaminó las notas y reflexiones que añadió a la Doctrina christiana, que imprimió...»

     Y todavía es más explícito al decirnos:... «Cuando estuvo en España, solicitó una Doctrina christiana, que fué compuesta en Roma, y de la cual se usaba en la ciudad de Jaén para la enseñanza del pueblo. Habiéndola conseguido, la mandó imprimir a su costa en Sevilla, anotándola y adicionándola con referencias adecuadas.»

     Este dato del biógrafo de Quiroga, halla su comprobación en lo que consta de la siguiente cláusula del testamento de ese prelado: «La Doctrina christiana... que para este efecto hice imprimir a mi costa en Sevilla... que fué fecha en Roma para se enseñar en una capilla que está en Jaén...» Don Vasco de Quiroga, por el doctor D. Nicolás León, p. 89.

     Después de esto, pues, no cabe vacilación alguna de que hubo una Doctrina christiana impresa en Sevilla con adiciones de Quiroga. Queda por averiguar la fecha en que el hecho tuvo lugar, la cual debe fluctuar entre los años de 1547 a 1554, que son los que duró la residencia de aquél en España. En cuanto al impresor, no pudo ser Juan Cromberger, porque falleció en 1540.

     Resta todavía en pie la duda de si esa Doctrina christiana era en lengua de indios de Michoacán, o sea, la misma de cuya impresión se había tratado en 1538.

     Beristain, t. II, p. 467, que tomó, evidentemente, la noticia del libro de Moreno, dice al mencionar esa Doctrina, que estaba destinada a los indios, como era la verdad, pero sin pronunciarse sobre si se hallaba o no escrita en su lengua.

     Los términos en que se consigna la noticia de su impresión por el propio Quiroga o por su biógrafo son al respecto enteramente vagos, como se ha visto. De su contexto, si no estamos equivocados, parece más bien deducirse que esa Doctrina fue simplemente la compuesta en Roma y usada en Jaén, con las adiciones, comentarios o esclarecimiento s de Quiroga, y, por consiguiente, en castellano.

     Se dirá, quizás, que desde que la Doctrina era para la enseñanza de los indios, de muy poca o de ninguna utilidad les hubiera sido en este caso. Pero, ¿cómo es, nos preguntamos, que Quiroga, que cuidó de advertir la procedencia de esa Doctrina, el lugar en que se usaba en España, y el que se imprimiera a su costa, no diga una palabra respecto al hecho importantísimo y capital de que había sido traducida en lengua de indios? Insistimos, pues, en creer que esa Doctrina se imprimió en castellano y que ha debido usarse en la forma dicha en el obispado de Michoacán.

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107.       Ubi supra. Es extraño que nuestro amigo que fue, a pesar de haber tenido a la mano los extractos de León Pinelo y los apuntes de Muñoz, únicos documentos que para el caso conoció, pero bastante decisivos en la materia, si no estamos equivocados, haya dado asenso a la especie de que la Santa Doctrina llegara a imprimirse en Sevilla: todo derivado de su empeño por justificar el título que lleva la Breve y más compendiosa Doctrina christiana, y suponer así, que ese más pudo referirse al libro de Ramírez. Asiente, pues, a lo aseverado por González Dávila, y sólo respecto a la noticia que da de un libro impreso en México antes de 1539 le sugiere algunos reparos la fecha de 1537, que aquél parece asignarle a la impresión de la Santa Doctrina, pues bien sabía por los extractos de León Pinelo y de Muñoz que aún en 1538 permanecía inédita. Y luego se pregunta: «¿Volvió, en efecto, a manos de Juan Cromberger, o se quedó en México, y debe contarse entre aquellas obras que dice el obispo Zumárraga en su carta de 6 de Mayo de 1538, estaban aparejadas y esperando papel para darse a la estampa?»

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108.       «ESTAMPA. Vale también la Imprenta, por razón del torno que estampa las letras en el papel. Lat., Thypographia. CERV. Quix. tom. 2 cap. 3. Y ya quería que anduviesen en estampa sus altas caballerías. QUEV. Tacañ. cap. 23. Y si tratares con gente honrada, guárdate del naipe, que desde la estampa fué concebido en pecado.» Diccionario de autoridades de la Real Academia.

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109.       Colección Rivadeneyra, t. XXII, p. 402.

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