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Notas160. El adelanto de los estudios bibliográficos ha ido desterrando poco a poco de ese puesto a varios libros a los cuales se había atribuido esa gloria. Thomas, History of Printing in America, t. I, p. 194, al hablar de un libro impreso en México en 1604, decía: «Apenas cabe dudar que la imprenta se introdujo allí algunos años antes de ese período.» Cotton, Thipographical Gazetteer, Oxford, 1831, 8º, p. 172. siguiendo a Pinelo-Barcia y a Eguiara, que mencionan como tal las Ordinationes legumque collectiones (libro que jamás existió con el título en latín y la fecha del 1519 que se le atribuyen): error en que incurrió también, por copiar a los autores precedentes, Falkenstein en la p. 329 de su Geschichte der Buchdruck. Ternaux-Compans, Bibl. Amer., p. 13, señalaba el Vocabulario de Molina de 1571, sosteniendo equivocadamente que tal era la opinión de Thomas; y por fin, Rich en su Bibl. Amer. vetus, p. 5, n. 14, que afirmaba que correspondía ese puesto, sin género de duda, a la Doctrina Christiana de 1544. El descubrimiento de las hojas que se conservan del Manual de adultos, impreso en casa de Juan Cromberger
en fines de 1540, permitió a Harrisse colocarlo en el primer lugar; y, finalmente, la nota con que salió ilustrada la
carta de Pedro de Logroño entre las de Indias publicadas por el Ministerio de Fomento de Madrid, en 1877, señaló
ese honor a la Doctrina breve y más compendiosa de 1539, que hasta hoy, por lo menos, es el libro más antiguo
mexicano que haya sido visto y descrito en los tiempos modernos.
161. La identidad de apellido y la similitud de oficios nos inducen a sospechar que Esteban Martín tenía alguna
relación de parentesco con Andrés Martín, establecido como librero en México por aquellos años. De la diligencia
de toma de posesión de las casas del hospital del Amor de Dios, en 30 de julio de 1541, por el Cabildo, consta que
una de las tiendas que en ellas había estaba ocupada por Andrés Martín, librero. «Y ellos (los canónigos), dice el
acta respectiva, en señal de posesión, alanzaron de las dichas tiendas a Andrés Martín, librero.» -García Icazbalceta,
Todavía otra sospecha respecto de cuando ocurriera la muerte de Esteban Martín. El bibliógrafo a quien acabamos de citar, observa que «el autor anónimo de un prólogo añadido al Arte de la Lengua mexicana de Olmos (pág. 7 de la edición hecha en París por Rémi Simeón, 1875, 8º) refiere que siendo fray Martín de Hojacastro comisario general, dio orden de que el Arte se imprimiese; pero que «por la falta de imprenta que hay allá, y porque murió á aquella coyuntura el impresor, se dejó de imprimir». El Padre Hojacastro fue comisario de 1543 a 1547. Cuando el anónimo dice falta, querría decir «escasez de imprentas, por haber una sola, o carestía de la mano de obra». Hasta aquí García Icazbalceta, que trae las palabras precedentes a propósito de los trastornos que cree ocasionaría
en México la noticia de la muerte de Juan Cromberger. Tócanos advertir a este respecto, que por aquel hecho no se
interrumpieron en México las labores de la imprenta de que era dueño y cuya gerencia tenía Pablos en México, como
resulta del Tripartito de Gerson y de la Doctrina de fray Pedro de Córdoba, impresos cuando ya se sabía en México
la muerte de Cromberger. Por otra parte, el que se veía figurar allí como impresor era Pablos y no Cromberger. Se
imprimieron, además, por aquél a lo menos tres obras en 1546. ¿Aludía entonces, el anónimo a Cromberger, o se
refería acaso a Esteban Martín? Tal es nuestra duda.
162. El libro de fecha más antiguo que se conoce impreso por Jácome Cromberger es la 163. La nacionalidad de Cromberger, si no bastara para manifestarla desde luego su apellido, consta de varias
fuentes, y para no citar más de una, diremos que así se le llama en varias de las reales cédulas que a él se refieren
y en las que aquélla se consigna en virtud de propia declaración suya. En ocasiones él mismo suprimió su apellido
de familia y se puso el de «Alemán» simplemente.
164. Este es el nombre con que se le designa siempre en las reales cédulas a que aludíamos, pero en algunos de
los libros impresos por él lo cambió por el de Jacobo. Véase, entre otros, el colofón del 165. En los documentos españoles el apellido Cromberger aparece escrito de distinta manera, a cual más bárbara:
Conbrerger, Corumberger (forma latinizada), Convergel, etc. Según entendemos, su verdadero apellido debía ser Koberger, y a este respecto cúmplenos advertir que en el Die
Koberger, Leipzig, 1885, de Oscar Hase, dedicado por entero a los impresores de esa familia en Alemania, no se
encuentra una sola palabra relativa a los de Sevilla. Nos parece muy extraño que siendo ambos de la misma
nacionalidad y de idéntica profesión y apellido, no tuvieran relación alguna de parentesco, como pudiera sospecharse
en vista del silencio del autor de aquel libro respecto de Jácome y de Juan Cromberger.
166. Véase el Documento VII.
167. Así resulta al menos de la fecha que acusa el siguiente incidente. Quejése Cromberger al monarca de que
habiendo embarcado para enviar a las Indias cincuenta y nueve cueros vacunos curtidos, los oficiales de la
Alhóndiga de Sevilla entraron en la nave y le confiscaron los cueros, diciendo que los había embarcado sin licencia.
Siguiose pleito y lo perdió. Pidió entonces que se mandase pasar el conocimiento de la litis a los oficiales de la
Contratación, por cuanto aquéllos no eran los jueces a quienes competía el negocio; y el Rey, por cédula de 15 de
julio de 1525, dispuso que se enviase el proceso al Consejo de Indias, a lo que se negaron los oficiales, alegando
varias excepciones y privilegios, por lo cual Cromberger obtuvo nueva real cédula en 22 de septiembre del mismo
año para que se hiciese como lo pedía.- Archivo de Indias, 139-1-6. Cuando sabernos esto, es de creer que solicitara el permiso a que hace referencia la real cédula de 25 de julio de 1525 para evitar algún percance análogo en lo futuro. El incidente aquél siguió adelante y aún se trabó ejecución sobre los bienes de los jurados de la Alhóndiga por
la suma de 17.700 maravedís, según aparece de otra real cédula fecha en Madrid a 25 de junio de 1528, dirigida a
los Oficiales Reales de Sevilla, a favor de «Jácome Alemán, impresor de libros, vecino de esa cibdad».
168. Archivo Indias, 144-1-9. En el expediente se le llama Jácome Cromberger, imprimidor de libros, vecino de
Sevilla.
169. Documento VIII.
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