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    Historia de la imprenta en los antiguos dominios españoles de América y Oceanía. Tomo I
     José Toribio Medina ; prólogo de Guillermo Feliu Cruz ; complemento bibliográfico de José Zamudio Z.
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Notas

180.       Estimados a razón de 450 por cada peso de oro, resultarían 433 pesos y 150 maravedís.

     Sobre esta base puede hacerse el cálculo de que, en moneda de oro de hoy, el capital de la compañía en los términos dichos, ascendería a unos tres mil pesos.

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181.       Documento XII.

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182.       En el texto del contrato adicional se expresa que «la prensa, papel é tinta é otros aparejos están cargados en la nao de Miguel de Jáuregui, en la cual, declara Pablos, yo tengo de fazer mi viaje a la dicha ciudad de México».

     Antes de conocer el texto de los contratos a que venimos refiriéndonos, habíamos registrado prolijamente los libros de pasajeros que se guardan en el Archivo de Indias, y nos consideramos muy compensados de nuestro trabajo cuando hallamos en ellos, a fojas 304, y bajo la signatura 45-1-1/17, la siguiente partida:

     «A XVIII de Septiembre de 1535 años, Juan Pablos é Bartolomé Pablos, hermanos, hijos de Juan Pablos, é de Mayor Alonso, vecinos de Fuente del Arco, que pasaron a la Nueva España en la nao de Diego Martín. Juraron Juan Morales é Luis García Morales, que no es de los prohibidos.»

     Tenemos aquí, nos dijimos, no sólo la fecha de su partida, sino también los nombres de sus padres y aún el de un hermano, y hasta el lugar de su nacimiento, que pensamos podía explicarse, sabiendo que era italiano, por haber rendido alguna información falsa para desvirtuar su calidad de extranjero. Fuente del Arco, según Madoz, Diccionario geográfico, etc., t. VIII, p. 213, es una villa con ayuntamiento en la provincia de Badajoz (21 leguas), partido judicial de Llerena, audiencia territorial de Cáceres, diócesis de San Marcos de León (Llerena), e. g. de Extremadura, situada en la falda norte de Sierra Morena, 1.100 almas.

     Estamos ya sobre el rastro, nos dijimos, y continuamos nuestras investigaciones respecto de ese Juan Pablos, y en los «Libros de cuenta y razón de penas de Cámaras», en el legajo marcado 38-1-14/11, hallamos la siguiente anotación:

     «En 13 de Noviembre de 1551 hacemos cargo de quinientos maravedís é los dos tercios de seiscientos en que fue condenado Juan Pablos, pasajero, vecino de la Fuente el Arco, por pena del juego.»

     Según esto, resulta, pues, que ese Juan Pablos partió de Sevilla para México en septiembre de 1535 y regresó a España en 1551. Pero nuestra sorpresa por tan curiosos hallazgos relativos a un español, o que se decía tal, de aquel apellido, subió de punto cuando, en el mismo Archivo, en el estante 45-1-1/17, libro V, hoja 123, encontramos que bajo la fecha 8 de septiembre de 1538 se hallaba anotada la partida siguiente:

     «Pablos (Juan) hijo de Juan Pablos y de Juana Rodríguez, vecinos de Xarayz de Labén (ó Libén) de Placencia: pasó a Nueva España en la nao ques maestre Juan Pizarro. Juraron por él Pedro Durán y Juan Manjón, vecinos de las casas de Don Millán, que lo conocen y que no es de los prohibidos.»

     Jarayz está situada en una ladera casi llana a la falda de la Sierra de Tormantos. Tenía una población de 2.520 almas en tiempo de Madoz, t. IX, p. 591.

     A este Juan Pablos parece referirse la anotación siguiente, que se encuentra en el indicado Archivo, en la hoja 221 vta. del legajo signado 139-1-11:

     «En Madrid, el dicho día cinco de Marzo de 1565 años, se despachó una legitimación para honras é oficios en las Indias para Juan Pablo. hijo de Juan Pablo, que le hubo su padre siendo soltero en mujer soltera», etc.

     Como se observará, en esta anotación se le llama Pablo y no Pablos.

     Con el hallazgo del contrato de 1539, se cae en cuenta de que ninguno de estos dos Pablos es el impresor; pero, en todo caso, los datos anteriores servirán para demostrar que el apellido existía en Extremadura en aquel entonces y que el impresor se encontró en México con dos individuos que le eran homónimos.

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183.       Partiendo de esta base, se ha creído (García Icazbalceta, Bibliografía, p. XIX) que «no es presumible que tuviera [Pablos] un apellido en castellano, que no recuerdo haber visto usado por ningún español. Se apellidaría Paoli, y por ser como plural de Paolo en italiano (Pablo en español), lo tradujo por i siguiendo la costumbre entonces muy generalizada de traducir los de familia».

     Después de lo que hemos visto, de que resulta que no sólo existía entonces, al menos, el apellido Pablos en castellano, sino que, a la vez que el impresor, había dos personas en México que llevaban el propio apellido y hasta el nombre de pila, la hipótesis de Paoli traducido en Pablos pierde mucho de su fuerza, pero es indudablemente muy atendible, tanto más cuanto sabemos que otro impresor de aquel entonces que se firmaba en México Ricardo, es casi seguro que se apellidaría Ricciardi.

     En realidad, la cosa no tiene importancia, y para la posteridad siempre será el impresor Juan Pablos.

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184.       Así consta de lo que el mismo Pablos estampó por primera vez en la portada de la Recognitio Summularum de Veracruz, que lleva fecha de 1554: «Excudebat Ioannes Paulus Brissensis»; de la Dialectica resolutio del dicho autor y del propio año; y según parece también en la de los Diálogos de Cervantes de Salazar, asimismo de 1554, y en varias otras posteriores. En las Constituciones del Arzobispado (1556) se pone «Lombardo», y «Bressano» en el Sumario compendioso de Diez Freile (1556), en el Diálogo (1559) de Gilberti y en el Vocabulario (1559) del mismo autor. Como del testamento de Pablos sólo hemos podido hallar una parte, es posible que en lo que falta de él por conocer se contengan algunos datos respecto de sus padres y de otros particulares interesantes relativos a su persona y taller tipográfico, especialmente en lo tocante a las condiciones en que lo adquirió de los herederos de Cromberger, que es el dato que más falta hace. Es de creer que algún día se descubra íntegro.

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185.       García Icazbalceta dudaba de si el apellido de ésta sería Gutiérrez o Núñez, Bibliografía, p. XIX. Hoy no cabe cuestión al respecto.

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186.       En ningún repertorio bibliográfico italiano de los que han llegado a nuestras manos, ni en la Raccolta Colombina hemos hallado la menor noticia de Pablos.

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187.       De otro modo no se explicaría que en el contrato, al hablar de las obligaciones que se le imponían como cajista en México, dijera que ejecutaría la «tarea ques uso y costumbre de se fazer en esta cibdad de Sevilla, según que la hacen los componedores en la casa que vos el dicho Juan Coronverguer teneis en esta dicha cibdad de Sevilla...».

     Pablos no tuvo taller propio en Sevilla, y es de creer que Cromberger no le buscase en otro que no fuese el suyo.

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188.       Como prueba de lo que decimos, léase el prólogo o epístola al lector que incluyó entre los preliminares de la Dialectica resolutio de fray Alonso de Veracruz.

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189.       El doctor D. Nicolás León, con vista del contrato celebrado entre Cromberger y Juan Pablos y del cual ha dado un extracto en el número de 14 de marzo de 1909 de El Tiempo ilustrado de México, se pregunta enseguida:

     «¿Qué decir ahora de las fechas asignadas, de la Escala y de la Breve y más compendiosa Doctrina Christiana en la lengua mexicana y castellana, impresa en México el año de 1539?

     »Si Juan Pablos se encontraba a mediados de 1539 y salía en la flota de Miguel Jáuregui, ¿cómo podría haberse impreso en dicho año la 'Doctrina cristiana'?

     »De la legendaria Escala ni qué decir; en todo caso, si se imprimió, sería en 1540, y no creo que eso haya sido antes que el Manual de Adultos y éste ocuparía las prensas preferentemente.»

     Haciéndonos cargo de estas objeciones, sólo en lo que toca a la impresión de la Doctrina christiana, pues de las demás creemos haber dicho lo suficiente en sus lugares respectivos, no vemos la razón de la negativa de nuestro sabio amigo. Sin contar con el hecho mismo, que de por sí es argumento sobrado para probar la existencia de aquel libro, no divisamos que para que saliera a luz en la fecha que se le asigna haya la menor dificultad. Juan Pablos llegaría a la capital del virreinato en dos meses contados desde su salida, pongamos tres, si se quiere; añadamos todavía uno o dos para montar el taller, plazo por supuesto de sobra para semejante tarea, y tendremos que en el más extremo de los casos, la impresión se habría comenzado el 15 de noviembre; y como el libro no consta sino de doce hojas en cuarto, nos quedarían aún 45 días para que Pablos lo hubiese podido imprimir. Y añadamos todavía que, según el contrato, Pablos debía tirar tres mil pliegos diarios.

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