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    Historia del [sic] rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada
     Luis de Mármol y Carvajal
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Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada

Luis del Mármol Carvajal



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ArribaAbajoDedicatoria

Los antiguos y graves escritores procuraron siempre arrimar sus obras debajo de la protección y amparo de los príncipes más excelentes y estimados de sus tiempos; y con este ejemplo, habiendo yo escrito la Historia del rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada, puse los ojos en darle el favor de vueseñoría, en quien tanto florecen religión y milicia: dos cosas de que particularmente trata; y también por ser el real consejo de Castilla, donde vueseñoría preside, autores de un tan grande triunfo como fue desarraigar los moros de aquel reino, que tantos siglos tuvieron hecho torpe abismo de maldades, y haber vueseñoría derramado su sangre combatiendo por su persona el fuerte peñón de Fregiliana, donde herido de saeta mostró el invicto valor de sus antepasados, haciendo oficio de prudente capitán y de valeroso soldado. Poníame temor ser juzgado tan ignorante como atrevido en poner mi bajo estilo en manos de vueseñoría, trayendo consigo tanta desproporción; más asegurome su mucha afabilidad y nobleza, adornada de linaje, riquezas y letras: cuanto al linaje, Zúñiga, Avellaneda, Bazán y Cárdenas, nobilísimas y antiquísimas casas en los reinos de Castilla y de Navarra; cuanto a riquezas, conde de Miranda, marqués de la Bañeza y señor de las casas de Avellaneda y Bazán; pues cuanto a las letras, la buena gobernación del principado de Cataluña y del reino de Nápoles, donde vueseñoría fue visorrey, y el consejo de Estado del Rey nuestro señor, y las presidencias de los dos reales consejos de Castilla y de Italia, en que reside, lo testifican. Consideradas todas estas cosas, determiné de hacer atrevida elección, y escrebí a Pedro Zapata del Mármol, mi hermano, escribano de cámara del real consejo de Castilla, que besase a vueseñoría las manos y le suplicase se dignase de dar a la Historia su favor. Respondiome haber hallado en vueseñoría todo mi deseo con demostración de contento, el cual tengo tan grande en ver la hija de mi pobre entendimiento tan bien puesta, que no sé cómo poderlo explicar en los años que me quedan de vida sobre setenta y seis de mi edad. Los que fueren ofrezco al servicio de vueseñoría, cuyo criado y servidor me publico de hoy más, en comemoración de tanta merced y favor.

LUIS DEL MÁRMOL CARVAJAL.



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ArribaAbajoPrólogo

Es costumbre antigua, que aún dura el día de hoy entre los doctos varones y de buen entendimiento, escrebir y sacar a luz las cosas que por su ingenio o por documento de otros hallaron ser provechosas a sus repúblicas. Hubo muchos de singular doctrina que compusieron obras morales para instruir los ánimos en la virtud. Otros declararon a sus naturales las cosas extrañas y peregrinas por interpretación, y perpetuaron las proprias para un claro ejemplar en la memoria de las letras, dando a cada cual su medida, como jueces de la fama y testigos de la verdad. Los que juntando esta diligencia con la obligación para común aprovechamiento, y pesando los hechos de la fama, según lo que valieron y pesaron, procuraron dejar a sus sucesores fiel memoria, con razón deben ser loados, y tenido en mucho su trabajo, por el amor que tuvieron a su proprio ser. Todas las cosas en su modo trabajan por perpetuarse. Las que son naturales, en que solamente obra naturaleza, y no la industria humana, tienen en sí mesmas una virtud generativa que cuando debidamente son dispuestas, aunque peligren en su corrupción, la mesma naturaleza vuelve a renovar y les da nuevo ser, con que se conservan en su propria especie; más las que no son naturales, sino hechos humanos, como no tienen virtud animada para engendrar cosa semejante a sí, porque con la brevedad de la vida del hombre no acábasen con su autor, fue necesario que el mesmo hombre, para conservar su nombre en la memoria dellas, buscase este divino artificio de las letras, que representase en futuro sus obras. Porque la habla, siendo animada, no tiene más vida que el instante de su pronunciación, y pasa, a semejanza del tiempo, que no tiene regreso. Y las letras, siendo caracteres muertos, contienen en sí espíritu de vida, y lo dan entre los hombres a todas las cosas, multiplicándolas en la parte memorativa por uso de frecuentación tan espiritual, en hábito de perpetuidad, que por medio dellas en fin del mundo serán tan presentes nuestras personas, hechos y dichos a los que entonces fueren, como lo son el día de hoy, y vemos que vive lo que hicieron y dijeron los que fueron al principio dél por la literal custodia. Siendo pues el fruto de los hechos humanos muy diferente del natural, producido de la simiente de las cosas que fenecen en el mesmo hombre, para cuyo uso fueron criadas, y el de las obras eterno, por proceder del entendimiento y voluntad, donde se fabrican y aceptan, que por ser partes espirituales las hacen eternas; de aquí nos queda natural y justa obligación a ser tan diligentes y solícitos en conservar la memoria de nuestros hechos, para con ellos aprovecharnos en buen ejemplo, como prontos y constantes en hacerlos, por el común y temporal provecho de nuestros naturales. ¿Qué fuera de los trechos de los caldeos, asirios, medos, persas, griegos, romanos, si Beroso Caldeo, Metástenes, Diodoro Sículo, Procopio, Trogo Pompeyo, Herodoto, Halicarnasio, Justino, y Tito Livio y otros no los escribieran? Considerando, pues, que esta diligencia de encomendar las cosas con fieldad al archivo de las letras, conservadoras de todas las obras es tan necesaria en nuestra España, cuanto los españoles son prontos y diligentes en los hechos que competen por milicia, y descuidados en escrebirlos; porque no se perdiese la memoria de muchos y muy gloriosos sucesos, que estaban ya casi olvidados, recopilamos y pusimos todo lo que pareció digno de memoria en el segundo libro de nuestra Descripción de África, que salió a luz en el año de la redención del mundo 1573, y la dirigimos al católico rey don Felipe nuestro señor, segundo deste nombre, que la mandó poner en su librería del Escurial; y después, prosiguiendo en la aceptación del peligroso trabajo de la historia, escribimos el Rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada, con todas las cosas memorables dél: lo cual pudimos hacer con más comodidad que otro, por haber asistido desde el principio hasta el fin en el ejército de su majestad. Y trazada y dibujada la obra, la presentamos en el supremo consejo de Castilla, porque siendo la materia que en ella se trata uno de los mayores triunfos destos reinos, se publicase con licencia y autoridad de los autores dél. Y vista y examinada por el licenciado Juan Díaz de Fuenmayor, del consejo y cámara de su majestad, y últimamente por el licenciado Rivadeneyra, oidor que fue en la audiencia real de Granada durante esta guerra, que ya lo era del supremo Consejo, a quien fue cometida, con sus relaciones y pareceres se mandó imprimir. Cuanto a mí, fue un fruto voluntario que, imitando a la madre tierra, quise dar con más cuidado y diligencia que si me fuera encomendado, movido de natural obligación, y con celo casi envidioso de la gloria que los fieles cristianos que derramaron su sangre y padecieron martirio por nuestro Redentor, merecieron. Va repartida en diez libros. En el primero se contiene la descripción del reino de Granada, y la conquista que los Católicos Reyes don Hernando y doña Isabel hicieron en él, y la conversión de los moros a nuestra santa fe católica, y las alteraciones que sobre ello hubo; siguiendo en este particular a Hernando de Ribera, y Alonso de Palencia, y a Hernando del Pulgar, y a Luis de Carvajal, y a otros autores, y tomando de algunos libros árabes, que pudimos conformar con certidumbre. El segundo trata de los medios que los   —125→   príncipes cristianos procuraron con los nuevamente convertidos para que dejasen las costumbres y ceremonias de moros. El tercero trata las contradiciones que aquellas gentes hicieron con razones morales para no dejar de usar de aquellas cosas en que conservaban la memoria de suera y seta; y como revolviendo sus pronósticos o jofores, que tenían de tiempo de moros, trataron de hacer novedad. En el cuarto se pone el principio del rebelión, entrada que los principales autores hicieron en el Albaicín, y cómo declarándose por moros, hicieron elección de caudillo de su nación en el Alpujarra, y con bárbara crueldad pusieron hierro y fuego en los templos sagrados y en los sacerdotes de Jesucristo que moraban en sus alcarías. En el quinto se trata de la jornada que el marqués de Mondéjar hizo contra estos rebeldes, y la entrada del marqués de los Vélez por la parte del reino de Murcia, y el progreso que estos dos campos hicieron, y la venida del serenísimo don Juan de Austria, hermano del rey nuestro señor, a Granada, para con su autoridad dar fin a la importuna guerra; y cómo se comenzaron a reducir los alzados. El sexto trata de las desórdenes de nuestra gente de guerra, que molestaron tanto los reducidos, que la mayor parte dellos se volvieron a la sierra; y, cómo su majestad mandó retirar la tierra adentro los moriscos del Albaicín y vega de Granada, para asegurarlos, y asegurarse dellos. En el sétimo se contiene la entrada del marqués de los Vélez en el Alpujarra, y la victoria que hubo de Abén Humeya en Válor, y la muerte de aquel tirano, y cómo los alzados nombraron en su lugar a Aben Aboo, y el progreso del campo del marqués de los Vélez. El octavo trata la jornada que don Juan de Austria hizo por su persona sobre la fuerte villa de Galera, y por los ríos de Almanzora y Almería, y la entrada del duque de Sesa en la Alpujarra, y la saca de los moriscos que habían quedado en la vega de Granada. En el noveno se contienen los tratos que hubo sobre la redución general, y la jornada que don Antonio de Luna hizo en la serranía de Ronda para despoblar aquellos lugares. Y el deceno trata la redución de los moriscos de la dicha sierra de Ronda, y la entrada que don Luis de Zúñiga y Requesenes, comendador mayor de Castilla, hizo en la Alpujarra contra los que no se habían querido reducir, y el progreso que este campo hizo, y la saca de los moriscos reducidos que estaban en el reino de Granada, y la muerte de Aben Aboo y fin desta guerra. Muchas particularidades hallará el lector en estos diez libros; y si todavía le pareciere que falta algo de lo que él sabe, tome lo que hallare; porque siendo tan general y de tan varios sucesos, en tantas partes y a un mesmo tiempo, obligación tendrá de suplirlo con buena discreción, considerando que no nos faltaría diligencia para saberlos, y que se pudieron pasar algunas cosas por alto. -Vale.





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ArribaAbajoLibro primero


ArribaAbajoCapítulo I

Que trata de la provincia de la Andalucía, que los antiguos llamaron Bética, y cómo el reino de Granada es una parte della


La provincia Bética, tan celebrada de los antiguos escritores en España, es propriamente la que después llamaron Vandalia o Vandalocia, del nombre de una generación de gentes llamados vándalos, que moraron y tuvieron señorío en ella. Éstos eran de nación alemanes y entraron en la Galia, que llaman el día de hoy Francia, con el cónsul Estilicón, dos años antes que Alarico, rey godo, saquease la ciudad de Roma, en el año 412 de nuestra salud, que se contaron 1264 de su fundación por Rómulo; los cuales, acompañados con los borgoñones, alanos y suevos, que también eran alemanes, guerrearon con los francos, pueblos de la provincia de Franconia que ocupaban la Galia; y echándolos della por fuerza de armas, les hicieron dar vuelta a su provincia, y se quedaron ellos en la tierra, robándola a su voluntad. Contentándose, pues, los borgoñones con aquella parte que llamamos Borgoña, los vándalos, alanos y suevos pasaron a la provincia de Aquitania, que es en la de Narbona, y destruyendo y robando todas las comarcas, llegaron a los montes Pireneos; más no pudieron pasar por entonces a España, porque se lo defendió nuestra gente en la aspereza y fragosidad de aquellas montañas. Sucedió en este tiempo que un capitán del Imperio Romano, llamado Gracián, se apoderó tiránicamente de la isla de Bretaña, donde era natural, y durando poco en su tiranía, los mesmos soldados del ejército le mataron, y saludaron por emperador a un soldado particular llamado Constantino, el cual pasó luego a la Galia contra los vándalos, alanos y suevos, que estaban apoderados della, y guerreando fuertemente, nunca pudo sujetarlos, y al fin hubo de hacer paz con ellos, aunque con este nombre de paz le burlaron muchas veces. Envió también este emperador a España sus gobernadores, que llamaban jueces, para que rigiesen y gobernasen la tierra en su nombre; los cuales fueron muy bien recebidos en todas las provincias, y solamente dejaron de obedecer los dos nobles caballeros hermanos, naturales de la ciudad de Palencia, llamados Dindino y Veroniano, que siendo ricos y muy emparentados, tomaron la voz de Honorio, legítimo emperador romano, y por conservarle aquel reino resistieron mucho tiempo a su costa el ímpetu de los enemigos, y les defendieron la entrada en España por los Pireneos. Viendo Constantino la resistencia que los dos hermanos hacían a sus gentes, envió contra ellos a su hijo Constancio, que siendo fraile le había tomado por compañero en el imperio, con las escuadras de los pitios, que por otro nombre llamaban honoricianos, porque habían militado en Bretaña en servicio del emperador Honorio, el cual pasó a fuerza de armas los montes Pireneos, y llevando consigo los vándalos, alanos y suevos, que, como queda dicho, ocupaban toda la provincia de Aquitania, entró en España y peleó con Dindino y Veroniano, y los venció y mató, y destruyó toda la tierra de los palentinos. Desta vez quedó abierta la entrada a estas gentes, y pasando mucho número, así vándalos como alanos y suevos, usaron en España insultos, muertes y crueldades jamás oídas ni vistas. Saquearon la ciudad de Astorga, cercaron a Toledo, y no la pudiendo tomar, destruyeron toda su comarca, y arrimándose al río Tejo, pasaron a la ciudad de Lisbona y la cercaron; aunque no pararon allí mucho tiempo, porque los ciudadanos les dieron gran suma de dineros y se fueron a otras partes. Discurriendo pues victoriosos por España, andando el tiempo vinieron a ser señores de las provincias y a repartirlas entre sí. La Lusitania, que es Portugal, cupo a los suevos; Galicia y Mérida a los alanos, y la Bética a los vándalos, que también extendieron su señorío después por África. Esto dice Osorio, y papa Pío, en el compendio que hizo de la historia del Blondo de Forli, lo trata largamente. Estos vándalos dieron nuevo nombre a nuestra Bética, y por ellos fue después llamada Vandalia o Vandalocia, y agora la llamamos corruptamente Andalucía. Los escritores africanos hacen mucha mención de los vándalos, y los llaman nindeluz, y debajo deste nombre comprenden todos los moradores de la Bética y todo lo que poseyeron los vándalos en África, conviene a saber, la tierra que cae desde la sierra Morena hasta el mar Mediterráneo, y las dos Mauritanias, Tingitania y Cesariense, y parte de la Numidia y de la África propria, especialmente lo que cae hacia nuestro mar; los cuales destruyeron a Cartago, como lo dice el Johorí en su Loga, y Mahomete Aben Jouhor en su Geográfica. Y aunque este nombre nindeluz se ha ido perdiendo entre los moradores de Berbería, en España se ha conservado y conservó siempre entre los moros, y los cristianos   —127→   naturales desta provincia los llaman andaluces. No dejaré de decir en este lugar como algunos escritores árabes llaman por oprobrio a los vándalos nindelez, nombre derivado de delez, que en su latinidad árabe significa cosa de poca confianza o falsa, imputándolos de falsos; y si bien se considera, las grandísimas crueldades, la poca fe y sobra de malicia que los vándalos usaron en Francia, en España y en África, sin respetar cosa divina ni humana, parecerá haberles aplicado los alárabes tan satíricos aquel nombre con alguna manera de razón, siendo poco diferente del proprio. Pasando después los vándalos en África con Genserico su rey, so color de socorrer a Bonifacio contra Sisulfo, los visogodos, que habían movido las armas contra ellos, ocuparon la provincia Bética y la poseyeron hasta que los alárabes destruyeron a España; los cuales pusieron la silla de su imperio y seta en la ciudad de Córdoba, y la hicieron cabeza de la Bética o Vandalia. Más, declinando después las cosas de los alárabes, hubo entre ellos muchos reyes, y siendo poco poderosos, guerreando con ellos cuarenta y cuatro reyes cristianos por espacio de setecientos setenta y tres años, al fin les fueron ganando las ciudades, villas y castillos que tenían, yéndolos arrinconando siempre hacia la costa del mar Mediterráneo, donde está el reino de Granada, última parte de la provincia Bética. Con los moros que huían de las armas de los príncipes cristianos se ennobleció y pobló este reino, y floreció la famosa y gran ciudad de Granada, y su rey se hizo rico y poderoso de gente, armas y municiones; y tanto, que pudo sustentarse largos tiempos. Esta noble ciudad dio nombre a todo el reino, más no por eso perdieron los moradores della y dél el nombre de andaluces o nindeluces, como los otros pueblos de la Bética o Andalucía; y así los llaman todavía los africanos.




ArribaAbajoCapítulo II

Que trata de la descripción del reino de Granada, como lo poseía el rey moro Abul Hacen cuando los católicos reyes don Hernando y doña Isabel comenzaron a reinar en Castilla y en León


El reino de Granada, como queda dicho, cae en la última parte de la provincia Bética sobre el mar Mediterráneo, y fue lo postrero que los moros, enemigos de nuestra santa fe, sustentaron en España, y de lo primero que los alárabes ocuparon en su primera entrada, los cuales le llaman Belel el Nindiluz, como si dijésemos la tierra de los andaluces; más algunos antiguos le llamaron provincia de Iliberia, por una famosa ciudad que allí había, de que haremos particular mención en esta historia. Los límites deste reino, cuando los católicos reyes don Hernando y doña Isabel reinaron por divina permisión en Castilla y en Leen, eran en esta manera. A la parte de poniente comenzaba desde los términos marítimos más orientales de la ciudad de Gibraltar, que los alárabes llaman Gibel Fetoh, que quiere decir monte de la entrada de la victoria, desde una señal que hoy día llaman los moradores de aquella tierra las Tres Piedras, y extendiéndose largamente sobre el Mediterráneo, llegaba a la parte de levante hasta el reino de Murcia, bañándole los mares Hercúleo, Iberio y parte del Sardoo, que cae en el occidente del Mediterráneo. Al cierzo confinaba con otros lugares de la Andalucía que los reyes cristianos habían cobrado en diferentes tiempos y ocasiones de guerras, como son las villas de Castellar, Jimena, Espera, Zara, la Torre el Haquín, Olvera, Villa Martín, Cañete, Hardales, Estepa, el Pontón de Don Gonzalo, Lucena, Cabra, Baena, Rute, Luque, Martos, Torrejimena, Torre el Campo, la ciudad de Jaén, la Guardia, Pegalajar, Torres Jimena, Belmar, Jódar y Quesada. Y pasando más adelante, confinando con los lugares del adelantamiento de Cazorla, y por las faldas de la sierra de Segura se iba a juntar con el reino de Murcia. Todo lo que cae en este ámbito comprendía el reino de Granada, y era poseído por el rey moro en aquel tiempo, y había algunas ciudades y villas en él, que siendo ocupadas por los reyes cristianos, la sustentaban y tenían en ella sus fronteras. Estas eran Antequera y Alcalá la Real y la villa de Archidona, y otras que no se comprenden ahora en el reino de Granada, sino en la otra parte de la Andalucía; no embargante que todas las villas y castillos que no son de la antigua jurisdicción de las ciudades de Córdoba y Sevilla, fueron antiguamente de la provincia o reino de Iliberia, como lo dice Aben Raxid en un libro que hizo en Córdoba por mandado del halifa de Damasco, intitulado Departimiento de las tierras de España, y entrada y conquista que los alárabes hicieron en ella. Volviendo pues a nuestra descripción, atraviesan por el reino de Granada, de poniente a levante, dos sierras, la una mayor, más alta y más fragosa que la otra. La que es mayor cae hacia el mar Mediterráneo, y tomando principio cerca de la ciudad de Gibraltar, hace las serranías de Ronda, y prosiguiendo entre las ciudades de Málaga y Antequera, deja la hoya y la jarquía a mano derecha, y va por entre Vélez y Alhama. En este paraje hace el puerto que llaman de Zalia o Calha, llamado así del nombre de una fuerte villa que había junto a él en aquel tiempo hacia la parte de mediodía, la cual fue despoblada después que los Católicos Reyes ganaron aquel reino, y allí hicieron una fortaleza por bajo del sitio antiguo, donde hubo muchos años gente de guerra para la seguridad de aquel paso; y aun se ven el día de hoy los muros en pie, yendo por el camino que va de Vélez a Alhama sobre mano izquierda. Desde este puerto vuelve una cordillera de sierra, que procede de la mayor y va hacia la mar, llámanla tierra de Tejeda por los muchos tejos que hay en ella, que son unos árboles derechos y altos como el aciprés, y la madera es semejante al pino, y se aprovecha rolliza sin aserrar para enmaderar las casas y para otras muchas labores. Bajando pues por la cordillera desta sierra, que es alta y muy fragosa, a la mano derecha está pegada con ella otra sierra más baja, que la va acompañando hasta la mar, y la llaman sierra de Bentomiz, del nombre de una villa antigua que fue edificada en ella por los alárabes primeros que conquistaron en España, y por un linaje de ellos llamado Beni Tumi, que también pobló en la provincia de Argel en Berbería, y señoreó aquella ciudad muchos tiempos. En esta sierra de Bentomiz poblaron los moros muchos lugares, y vivían en ellos ricamente por la cría de la seda, y por las pasas, higos y almendras que allí se cogen. Hacia la mar se hace un peñón alto y muy fragoso, que llaman el peñón de Fixiniana, del nombre de otro lugar que está cerca dél, que los cristianos llaman corruptamente Fixiniana, del cual haremos   —128→   particular mención cuando tratemos de la jornada que don Luis de Requesenes, comendador mayor de Castilla, hizo sobre él. Volviendo pues al puerto de Zaha, donde se hace en lo alto de la sierra una hermosa dehesa de yerba y de encinares, que los moros llaman Hesfaaraaya, que quiere decir campo de pastores, y los nuestros Safarraya, prosigue todavía esta sierra mayor, dejando a mano derecha la ciudad de Almuñécar en la costa de la mar, y a la izquierda la de Alhama, y va a dar a otro peñón que está encima de los lugares de las Guájaras, no menos fragoso y fuerte que el de Fixiana, donde también hubo empresa memorable en esta guerra; y quedando a la marina en este paraje el fuerte castillo y villa de Salobreña, va a dar la sierra al valle de Lecrín. A mano izquierda del proprio valle está la fértil y espaciosa vega de Granada, y a la derecha la villa de Motril y su tierra. Luego se vuelve a levantar en mayor altura y prosigue todavía para Levante, teniendo al mediodía las sierras de Lanjarón y la taa de Órgiba, y a la parte del cierzo la nombrada y gran ciudad de Granada. Desde aquí para adelante llaman esta sierra Sierra Nevada, por la continua nieve que hay en ella, y los antiguos la llamaron Oróspeda, los alárabes Xolair; y en las vertientes della que caen hacia la mar están las taas de la Alpujarra, que Aben Raxid llama tierra del Sirgo, por la mucha seda que allí se cría. Los alárabes llaman esta tierra Abujarra, que quiere decir la rencillosa y pendenciera, porque, como dicen sus escritores, muchos tiempos después de haber conquistado los alárabes en España, se defendieron los cristianos en la aspereza de aquellas sierras, y si los sujetaron, fue con que los dejasen vivir en nuestra fe; la cual fueron después dejando poco a poco, y vinieron a tomar los ritos y ceremonias de su seta; y esta soberbia de ser invencibles en sus sierras les duraba hasta nuestros tiempos. Dice Aben Raxid, exagerando la fortaleza de España: «Esta provincia está cercada de tres fuertes muro, que su naturaleza le dio para guarda y defensa de sus naturales: al mediodía tiene las asperísimas sierras del Sirgo, que mucho tiempo estuvieron por los cristianos; a levante los montes Pireneos; a septentrión otras montañas, donde también se encastillaron los moradores de la tierra contra el poder de los romanos, de los godos y de los alárabes». Hasta aquí dice Aben Raxid. Nueve leguas a levante de Granada, en los llanos que se hacen al pie de Sierra Nevada, a la parte del cierzo está la ciudad de Guadix, y otras ocho leguas más adelante la de Baza, en el paraje de la cual hace la sierra mayor un valle que llaman río de Almanzora, por un río que corre por él con aquel nombre; y a la mano derecha, sobre la costa de la mar, está la ciudad de Almería, que en un tiempo compitió con Granada en riquezas y población. Proceden de la sierra mayor muchos ramos que van a dar a la mar con nombres de las poblaciones que han en ellos, como son Gádor, Filabres y otros muchos. Y aunque la sierra principal se quiebra en el río de Almanzora, después se vuelve a levantar y prosigue no con tanta altura; y dejando a la marina las ciudades de Vera y Mojácar, se va a meter en el reino de Murcia, donde la dejaremos, por no hacer más al propósito de nuestra historia. Toda esta sierra que hemos dicho, y las otras que proceder della, son muy fragosas, y por la mayor parte habitables las haldas y senos dellas, donde tienen los moradores muchas y muy buenas tierras de pan y mucha yerba para la cría de los ganados, especialmente en los llanos que caen de una parte y otra de la sierra mayor; de la cual proceden muchas fuentes de aguas frías que bajan por los valles y quebradas, con las riberas llenas de arboledas de toda suerte, y convirtiéndose después en diferentes ríos, corren diferentemente unos a la mar y otros a la parte del cierzo; y por todas partes tenían los moros muchos lugares poblados de gente rica por la cría de la seda y del ganado, que es la principal granjería de aquella tierra. La otra sierra menor cae a la parte del cierzo, en los confines que ahora llamamos Andalucía. Esta es la sierra de Illora, que los moros llaman Barbandara, y no es tan fragosa como la que hemos dicho. Hay en ella muchas villas y castillos fuertes, donde los reyes de Granada tuvieron grandes tiempos su frontera contra los cristianos; y la tierra es muy apropriada para labores, y se coge por toda ella mucho pan, porque se quiebra muchas veces, y hace valles, lomas y cerros bajos, que todo se puede romper con el arado; y desta manera va prosiguiendo por los mismos parajes que la sierra mayor de poniente hacia levante con diferentes nombres, seguir la población de las villas y castillos que hay en ella. Entre estas dos sierras está la nobleza de todo el reino de Granada, en las ciudades de Ronda, Antequera, Alhama, Loja, Granada, Guadix y Baza; y sobre la costa de la mar están otras ciudades marítimas, como son Marbella, Málaga, Vélez, Almuñécar, Almería, Mojácar, Vera; y en todas ellas hay muchos caballeros y gente noble, que proceden de los conquistadores de la tierra, a quien los Católicos Reyes dieron largos repartimientos en pago y remuneración de sus servicios. Otras tres poblaciones hay también con título de ciudades en este reino, llamadas Ugíjar y Cobda en la Alpujarra, y Purchena en el río de Almanzora, que son menos nobles que las otras. Esto es lo que en general se puede decir del reino de Granada; adelante le iremos describiendo más en particular en los lugares que tocaremos en el discurso de la historia.




ArribaAbajoCapítulo III

Que trata de la antigua ciudad de Iliberia, que fue en este reino de Granada


La antigua ciudad de Iliberia, de quien hacen mención algunos escritores antiguos, según lo que adelante diremos, fue en la provincia Bética. Aben Raxid, en aquel libro que dijimos que hizo en Córdoba, hablando desta provincia, dice desta manera: «Iliberia» (aunque otros leen Eliberia, porque como en la gramática árabe son las vocales puntos, fácilmente se toma la e por la i, y la o por la u, porque diferencian poco en los lugares de los caracteres donde se ponen, como se hace también en lo hebraico, que se diferencia la vocal solamente en ser un punto o dos puntos puestos en un mesmo lugar); finalmente, Aben Raxid dice: «Iliberia, ciudad grande y rica por el mucho sirgo que de allí sale a todas partes de España, está sesenta mil pasos de Córdoba hacia el mediodía, y seis mil pasos de la sierra de la Helada hacia el cierzo; están en sus términos los castillos siguientes: Jaén, Baeza, donde se labran ricas alhombras; Loja, Almería y Granada,   —129→   que antiguamente se llamó villa de los Judíos, porque la poblaron judíos, y es la más antigua población del término de Iliberia, por medio de la cual pasa el río Salón, que nace en el monte del Arrayán, y entre sus arenas se hallan granos de oro fino. Y con él se junta luego otro río mayor, llamado Singilo, que baja del monte de la Helada. Y en estos términos está el castillo de Gacela, que ninguno semeja tanto a la ciudad de Damasco en riqueza como él; y en su término hay ricas piedras de mármol fino, blancas y negras y matizadas de diversas colores». Hasta aquí dice Aben Raxid. De donde se colige haberse llamado Gacela en algún tiempo las alcazabas antiguas de la ciudad de Granada, que sin duda fue población de alárabes y la primera que hicieron en aquella ciudad, por lo que se dirá adelante, la cual hallamos haberse también llamado Hizna Román. Por estas razones se deja bien entender haber sido la antigua ciudad de Iliberia cerca de la ribera del río Cubila, que pasa al pie de la sierra que los modernos llaman sierra Elvira, a la parte del cierzo, donde hemos visto muchos vestigios y señales de edificios antiquísimos. Y los moradores de los lugares comarcanos se fatigan en vano cavando en ellos, pensando hallar tesoros, y han hallado allí medallas muy antiguas de tiempo de gentiles. Y lo que más arguye que sea esto así, es la distancia que hay de allí a Córdoba y a la sierra de la Helada, que es la mesma que dice Aben Raxid. Finalmente, Iliberia fue ciudad populosa, cabeza de obispado, y San Cecilio fue obispo della en la primitiva iglesia, y la iglesia catedral de la ciudad de Granada celebra su fiesta el día de hoy. Y el concilio iliberitano parece más verisímil haber sido en esta ciudad que en Iberia, ciudad de Cataluña, llamada hoy Colibre, de quien trata Pomponio Mela. Los que llamaron esta ciudad Eliberia dicen que la fundó Eliberia, hija de Ispán, y que le puso su nombre; a lo cual no contradigo, por la facilidad con que se pudo trocar aquella letra primera en tantos siglos; más si bien se consideran los nombres que Tito Livio y otros escritores antiguos nos dan de las ciudades que florecían en aquellos tiempos en España, hallaremos que la mayor parte dellos comienzan en I, que es la letra primera del nombre de Ispán, que la pobló, como son Iliturgi, Ilerda, Ilegita, Ilipa, Ilucia, Ibera y otras muchas. Y aun los nombres de las ciudades de África que eran principales comenzaban todas en T, muchas de las cuales mantienen todavía los nombres antiguos, como son Taftana, Taculet, Tagaost, Tarudant, Tazarot, Tamarrocx y otras muchas. Y la lengua antigua africana se llama tamazegt, y los moros en lo arábigo interpretan lengua noble, y la llaman quelem amaric, tomando aquella T por epíteto, por ser la primera letra del nombre del primer poblador, que fue Tut, nieto de Noé. Volviendo pues a nuestra Iliberia, aquel escritor árabe dice que los gentiles, a quien ellos llaman gehela, destruyeron esta ciudad antes que los alárabes conquistasen en España, y que los vándalos la ennoblecieron, y estuvo próspera en su tiempo, y que los alárabes la ganaron por fuerza de armas, y la destruyeron y asolaron gran parte della; finalmente, fueron ellos los que la acabaron de destruir, mudando la población que había quedado a la ciudad de Granada, de la cual diremos adelante: solamente se advierte al lector que Elvira es nombre corrompido al gusto de nuestra lengua vulgar, porque los moros llaman la sierra donde fue esta ciudad de Iliberia Gebel Elbeira, que quiere decir sierra desaprovechada o de poco fruto, porque no tiene agua ni leña ni aun yerba. Otros la llaman sierra de los Infantes, porque a un lado della, a la parte de Granada, junto a un lugar que llaman el Atarfe, tuvieron asentado su real los infantes don Juan y don Pedro, su sobrino, hijo y nieto del rey don Alonso el Sabio; y siendo desbaratados por Odrilán o Hozmín, alcaide de Ismael, rey de Granada, murieron entrambos a dos en el año del Señor 1320. Despoblada Iliberia, solamente quedó en pie el castillo y algunos barrios en la ribera del río, y los reyes moros daban aquella tenencia a deudos suyos o a personas de cuenta. Y estando en Granada el año de 1571, nos mostró un morisco dos títulos de aquella alcaidía, que había sido de sus pasados, los cuales estaban en un papel grueso como de estraza, muy bruñido y colorado, y algunas letras mayúsculas de oro, que cierto fue contento verlos por su antigüedad y por el estilo de las patentes de aquellos reyes. Este castillo estuvo muchos tiempos en pie, hasta que los Reyes Católicos le derribaron en las entradas que hicieron en la Vega. Vense todavía allí junto al río dos barrios, que llaman Pinos de la Puente.




ArribaAbajoCapítulo IV

En que se declara dónde fue la villa de los Judíos que Raxid dice


Conforme a lo que Raxid dice, la villa de los Judíos fue en aquella parte de la ciudad de Granada que está en lo llano entre los dos ríos referidos, que los naturales llaman por Salón Darro, y por Singilo Genil, desde la parroquia de la Iglesia Mayor hasta la de Santo Matía, donde se hallan cimientos de fábricas muy antiguas; y la fortaleza debió ser donde ahora están las torres Bermejas, porque según fuimos informados de los naturales de la tierra, el muro que baja destas torres, roto y aportillado en muchas partes, es el edificio más antiguo desta ciudad; y los demás que cercaban la villa debieron de irse deshaciendo como se fue acrecentando la población. Conforme a esto trae verisimilitud lo que el curioso Garibay, escritor moderno, dice en su Compendio historial, que Granada se llamó Garnat, que en lengua hebrea quiere decir la Peregrina, porque la poblaron los judíos que vinieron a España en la segunda dispersión de Jerusalén. Cuanto a esto, entiendo que debieron ser los de Nabucodonosor, que vinieron muchos años antes, y éstos eran de Fenicia, de Tiro y Sidón, y se llamaron mauros mauróforos. Poblaron en esta costa y en la de África las ciudades libias fenicias, y dellos tomaron nombre las Mauritanias Tingilania y Cesariense. En los altos pues que caen sobre Granada parece que pudo estar fundada la antigua ciudad de Illipa, que refiere Tito Livio en el quinto Ebro do la cuarta década cuando dice que cerca della Publio Cornelio Escipión, procónsul romano, venció a los lusitanos que andaban robando aquella tierra, y les mató quince mil hombres y les quitó la presa que llevaban; y llegándose a la ciudad de Illipa, lo puso todo delante de las puertas para que los dueños conociesen lo que les habían robado, y se lo restituyó. Y conforme a esto los judíos debieron de poblar entre los dos ríos referidos, y no en los altos, donde Dios habría permitido   —130→   la destruición de aquella ciudad, como de otras muchas deste reino. No he podido hallar más claridad, en cuanto a esta villa de los Judíos, de la referida; más en lo que toca a la población que los alárabes y moros hicieron en la ciudad de Granada, en qué tiempos y por qué razón, y los nombres de las fortalezas y barrios della, y de la manera que se fue aumentando y ennobleciendo, todo esto diremos con mucha certidumbre, porque pusimos diligencia en saberlo, así por relaciones de moriscos viejos, como por escrituras árabes y letreros esculpidos en piedras antiguas que vimos en las ruinas de los soberbios edificios desta ciudad.




ArribaAbajoCapítulo V

En el cual y en los que se siguen se trata de la descripción de la ciudad de Granada y de su fundación


El sitio de la ciudad de Granada como se ve el día de hoy es maravilloso y harto más fuerte de lo que desde fuera parece, porque está puesta en unos cerros muy altos, donde a mi juicio fue la antigua Illipa, que proceden de otros mayores que la ciñen a la parte de Levante y del cierzo; y ocupando los valles que hay entre ellos, se extiende largamente por un espacioso llano a la parte de poniente, donde está una hermosísima vega llana y cuadrada, llena de muchas arboledas y frescuras, entre las cuales hay muchas alcarías pobladas de labradores y gente del campo, que todas ellas se descubren desde las casas de la ciudad. A las espaldas destos cerros está una sierra, que se alza desde el río de Aguas Blancas, que corre entre ella y la de Güejar, y va hacia el cierzo con diferentes nombres. Al principio la llamaban sierra de Güete de Santillana, luego sierra del Albaicín, y al cabo sierra de Cogollos y de Hiznaleuz; por manera que estando cercado el sitio desta ciudad por esta parte de sierras ásperas y muy fragosas, llenas de muchas quebradas, y teniendo al mediodía la sierra Mayor y la Alpujarra, jamás fueron poderosos los reyes cristianos para poderla cercar, sino fue por la parte de la Vega, donde pusieron algunas veces su real para solo talar y destruir los panes y arboledas que había en ella y necesitar a los moradores con hambre. Estaba esta ciudad en tiempo de moros cercada de muros y torres de argamasa tapiada, y tenía doce entradas al derredor, en medio de fuertes torres con sus puertas y rastillos, todo doblado y guarnecida de chapas de hierro, y sus rebellines y fosos a la parte de fuera; y había tanto número de gente de guerra dentro y en los lugares de las sierras sus comarcanas, que con razón la podemos poner en el número de las muy fuertes y poderosas; más después acá se ha tenido y tiene menos cuenta con su fortificación, gozando los conquistadores de la dorada paz. La primera fundación desta insigne ciudad, como dijimos en el capítulo antes deste, fue la que llama Raxid Villa de Judíos, que debió ser cerca de la antigua Illipa, como queda dicho en el capítulo antes deste. Después desto, cuando Tarique Aben Zara ganó a España, unos alárabes de los que vinieron con él de Damasco edificaron cerca delta un castillo fuerte sobre un cerro que agora cae dentro de la ciudad, llamado el cerro de la Alcazaba antigua. A este castillo llamaron Hizna Román, que quiere decir el castillo del Granado, porque debía de haber allí algún granado, de donde tomaron la denominación, y desto dan testimonio las escrituras antiguas, que hemos visto en aquella ciudad, de posesiones que están dentro del ámbito dél; y aunque está desmantelado a la parte de la ciudad por razón de la población de casas que fue después creciendo, lo que cae afuera se tiene todavía los muros en pie, y los moriscos le llaman Alcazaba Cádima, que quiere decir castillo o fortaleza antigua. También nos mostró un morisco unas letras árabes, escritas en una tapia deste proprio muro antiguo, que parecía haber sido hechas con algún hierro o palo delgado, estando la argamasa blanda, al tiempo que tapiaban, en las cuales se contienen palabras del Alcorán, que es testimonio de haberse hecho en tiempo de alárabes setarios, y no antes. El mesmo nos certificó que podía haber cuarenta años que había visto unas letras árabes esculpidas en una piedra antigua, que estaba sobre la boca del aljibe de la iglesia de San Jusepe, que decían como los vecinos de Hizna Román habían hecho aquel aljibe de limosnas para servicio de los morabitos de aquella mezquita, porque en esta iglesia y al pie de la torre antigua que está en ella estaba una ermita o rábita, que llamaban Mezquit el Morabitín, y era de las primeras que los alárabes edificaron en aquella tierra, la cual estaba fuera de los muros de Hizna Román, y lejos del río Darro, en la mitad de la ladera del cerro. Y porque los morabitos tenían trabajo en haber de bajar por agua al río, acordaron de hacerles allí aquel aljibe, y que Diego Fustero, mayordomo de aquella iglesia, había quitado de allí la piedra, queriendo hacer un aposento sobre el proprio aljibe. Otros nos dijeron que cuando el emperador don Carlos fue a la ciudad de Granada el año del Señor 1526, un morisco principal, llamado el Zegrí, había hecho quitar todas las piedras de letreros árabes que había en el Albaicín y en la Alcazaba, y que había quitado aquella piedra entre las otras. Baste esto para testimonio de que se llamó esta Alcazaba Hizna Román. Creció después su población hacia el río Darro, y en el año del Señor 1006 había ya otra nueva Alcazaba entre la vieja y el río, que tenía más de cuatrocientas casas, la cual llamaron Alcazaba Gidid, que quiere decir Alcazaba Nueva. Esta segunda población dicen que hizo un africano, natural de las sierras de Vélez de la Gomera, llamado el Bedicí Aben Habuz, y que la llamó Gacela, tomando la denominación de un animal que hay en África, muy bien compuesto y de grande ligereza, que anda siempre tan recatado, que no se asegura sino en las cumbres y lugares altos de donde descubra y señoree la tierra, y le llaman los africanos gacela; porque este hombre guerrero la mucha experiencia le daba a entender que para sustentarse en aquella tierra era menester estar siempre en vela. En el ámbito de la Alcazaba nueva hay tres barrios, que parece haber sido cercados cada uno de por sí en diferentes tiempos, y todos estaban inclusos debajo de un muro principal. El primero y más alto está, junto con la Alcazaba antigua, en la parroquia de San Miguel, y allí fueron los palacios del Bedicí Aben Habuz, en las casas del Gallo, donde se ve una torrecilla, y sobre ella un caballero vestido a la morisca sobre un caballo jinete, con una lanza alta y una adarga embrazada, todo de bronce, y un letrero al través de la adarga que decía desta manera: Calet el Bedicí Aben Habuz guidate habez Lindibuz; que   —131→   quiere decir: Dice el Bedicí Aben Habuz que desta manera se ha de hallar al andaluz. Y porque con cualquier pequeño movimiento de aire vuelve aquel caballo el rostro, le llaman los moriscos Dic reh, que quiere decir gallo de viento, y los cristianos llaman aquella casa la casa del Gallo. El segundo, donde había la mayor contratación antiguamente, cuando florecía Gacela, es el de la parroquia de San Josef. Allí estaba la mezquita de los morabitos, y tenían sus casas los mercaderes y tratantes. Y el tercero era el de la parroquia de San Juan de los Reyes, iglesia edificada por los Reyes Católicos en el sitio de una mezquita que los moros llamaban mozchit el Teibin, que quiere decir mezquita de los Convertidos: llamábanle barrio de la Cauracha por una cueva que allí había, que entraba debajo de tierra muy gran trecho, porque caura en arábigo quiere decir cueva. De aquí fabularon algunos, diciendo que una señora llamada Nata moraba en Iliberia y encerraba su pan en aquella cueva, y que de allí se tomó el nombre de Garnata, porque gar quiere decir cueva o cosa honda. Andando pues el tiempo, vino a extenderse la población de la Alcazaba Nueva hasta llegar al proprio río Darro, donde se pobló otro barrio agradable y muy deleitoso, que llamaron el Haxariz, que quiere decir la recreación y deleite, el cual es muy celebrado en los versos de los poetas árabes por las muchas fuentes, jardines y arboledas que los regalados ciudadanos tienen dentro de las casas. Este barrio comienza desde San Juan de los Reyes, y llega hasta el río Darro, donde está la parroquia de San Pedro y San Pablo, y hasta llegar al monasterio de Nuestra Señora de la Victoria, que cae en él.




ArribaAbajoCapítulo VI

En que prosigue la descripción y fundación de la ciudad de Granada


Todas estas poblaciones vinieron después a incluirse debajo de un solo muro, cuyos vestigios y señales se ven en muchas partes entre las casas de los ciudadanos, y por defuera se está todavía en pie el muro desde la puerta de Guadix, por el cerro arriba, hasta bajar a la puerta Elvira por la otra parte. Algunos quisieron decir que por estar los barrios cercados cada uno de por sí, inclusos en el muro principal, de la manera que están los cascos dentro de la granada, y la Alcazaba antigua puesta en la corona del cerro, se llamó la ciudad Granada; lo cual yo no apruebo ni repruebo, aunque trae harta similitud la ciudad con el nombre. Poblose también otro barrio por bajo de las casas del Gallo y fuera de los muros de la Alcazaba, a manera de un arrabal llamado el Cenete, donde moraban una generación de moros africanos llamados Beni Ceneta, que venían a ganar sueldo en las guerras, y los reyes moros se servían dellos como de milicia segura, para guardia de sus personas; y por tenerlos cerca de sí, cuando sus palacios eran en las casas del Gallo les dieron aquel sitio donde poblasen, el cual es áspero, y se extiende por una ladera abajo hasta llegar a lo llano. Despoblose después la ciudad de Iliberia por los daños que los cordobeses hacían a los vecinos que habían quedado en ella, o por mejorarse en la nueva población que florecía y se iba cada día aumentando, y en todo se hacía muy semejante a la ciudad de Fez, que pocos años antes había sido edificada en la Mauritania Tingitania, y ennoblecida por los setarios de la casa de Idrís, como dijimos en nuestra África, y las gentes que della vinieron poblaron aquel llano, que está debajo del barrio del Cenete y de la parte de la Vega hasta la plaza Nueva, y andando el tiempo vino a henchirse de casas el espacio que había vacío entre la Alcazaba y la villa de los Judíos, que eran huertas y arboledas. Hecho un cuerpo y una ciudad, los Reyes la ciñeron de muros y torres, como se ve el día de hoy; en la cual hay catorce puertas principales, sin las dos que están en el barrio del Albaicín, para el uso de los moradores, que todas tienen nombres moriscos, aunque corruptos: la primera y principal llamaron Bib Elbeira; ésta es la puerta de Elvira, que cae a la parte de la sierra Elvira, donde estaba la ciudad de Iliberia; y volviendo hacia poniente está Bib el Bonaita, que quiere decir Puerta de las Eras, y agora se llama Puerta de San Jerónimo, porque se sale por ella al monasterio de señor San Jerónimo. Luego sigue Bib el Marstán, que quiere decir Puerta del Hospital de los Incurables, porque donde agora está Sant Lázaro había un hospital de incurables, y los cristianos la llaman Bib Almazán. Adelante está la puerta de Bibarrambla, que los moros llamaban Bib Ramela, puerta del Arenal. Luego está Bib Taubin, puerta de los Curtidores, y adelante Bib Lacha o puerta del Pescado; luego siguen Bib Abulnest, que llaman puerta de la Madalena; Bib el Lauxar, que hoy es la puerta del Alhambra, o de la calle de los Gomeres; Bib Gued Aix, Puerta de Guadix; Bib Adam, puerta del Osario, y agora puerta del Albaicín; Bib el Bonut, puerta de los Estandartes, porque en la torre que estaba sobre ella se arbolaba el primer estandarte cuando había elección de nuevo rey u otra cosa señalada en Granada. Y pasando más adelante, está deshecha la puerta que llamaban del Beiz, que quiere decir del Trabajo o de los Trabajadores; luego está Bib Cieda, puerta de la Señoría, la cual estuvo grandes tiempos cerrada, por un pronóstico que tenían los moros, que les decía que por allí había de entrar la destruición del Albaicín, que es otro barrio muy grande, de que haremos mención adelante; y la mandó abrir el año de 1573 don Pedro de Deza, presidente de la Real Audiencia de Granada, que después fue cardenal de la Santa Iglesia de Roma. La otra es Bib el Alacaba, que quiere decir la puerta de la Cuesta, la cual sale a la cuesta que baja por defuera del muro de la Alcazaba, encima de la Puerta Elvira, y es de las más antiguas puertas de Granada. Este barrio del Albaicín se comenzó a poblar en tiempo que reinaba en Castilla el rey don Hernando el Santo, cerca de los 1227 años de Cristo. Poblose de los moros que despoblaron las ciudades de Baeza y de Ubeda, los cuales, por no ser mudéjares del Rey, se fueron a vivir a Granada, y Aben Hut, rey de aquella ciudad, los recogió y les dio aquel sitio donde poblasen. Los primeros fueron los de Baeza, y siete años después los de Úbeda. Tomó nombre de sus primeros pobladores, creció tanto con las gentes que acudían de todas partes huyendo las armas de los príncipes cristianos, que vino a competir en riquezas, en nobleza de edificios y en contrataciones con los antiguos ciudadanos de Granada.



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ArribaAbajoCapítulo VII

En que prosigue la descripción de Granada, y trata del reino de los Alahamares, y de los edificios que edificaron


Sucedieron después desto grandes guerras entre los moros de España, levantándose muchos caudillos con título de reyes, más molestos que poderosos, y entre ellos uno llamado Mahamete Abuzaid Ibni Aben Alahamar de quien hacemos particular mención en nuestra historia de África, que se apoderó de todo el reino de Granada, y reinaron en él sus descendientes hasta el año de 1492. Estos reyes se hicieron ricos y poderosos con las ocasiones de los tiempos, y ennoblecieron su ciudad unos a porfía de otros; renovaron los muros y acrecentáronlos por muchas partes; cercaron el Albaicín, hicieron castillos y fortalezas, y edificaron suntuosos palacios para su morada. Reinando pues Abí Abdilehi, hijo de Abuzaid, segundo rey desta casa de los Alhamares, y siendo muy victorioso contra sus enemigos, se comenzó a edificar la fortaleza del Alhambra, y le puso nombre de su mesmo apellido. Su primera fundación fue en el lugar donde agora está la torre que dicen de la Campana, en la cumbre de un alto cerro que señorea la ciudad, opuesto al cerro de la Alcazaba, y tan cerca dél, que sólo el río Darro los divide. Este mesmo rey edificó otro castillo pequeño con su torre de homenaje en las ruinas de otra fortaleza antigua, que debió ser la de la villa de los Judíos, y la llaman agora las Torres Bermejas. Edificó ansimesmo una fuerte torre en la puerta de Bib Taubin, sobre la cual hicieron los Reyes Católicos, don Hernando y doña Isabel un pequeño castillo; y demás desto hizo cinco torres en el campo alderredor de la ciudad a una parte de la Vega, donde se pudiesen recoger los moros que andaban en las labores en tiempo de necesidad. A este rey imitaron otros que le sucedieron con mayor fuerza y riqueza, los cuales, prosiguiendo en el edificio del Alhambra, la ensancharon y ennoblecieron maravillosamente, en especial Abil Hagex Jucef, hijo de Abil Gualid, que reinó cerca de los años de Cristo 1336, que fueron 745 de la hijara, y labró los suntuosos edificios de los alcázares, donde gastó mucha parte de sus tesoros, en veinte y dos años que reinó felicemente gozando de una larga paz. Estos alcázares o palacios reales son dos, tan juntos uno de otro, que sola una pared los divide. El primero y más principal llaman cuarto de Comares, del nombre de una hermosísima torre labrada ricamente por de dentro de una labor costosa y muy preciada entre los persas y surianos, llamada Comaragia. Allí tenía este rey los aposentos del verano, y desde las ventanas della, que responden al cierzo y al mediodía y al poniente, se descubren las casas de la Alcazaba, del Albaicín y de la mayor parte de la ciudad, y toda la ribera del río Darro, y la Vega, con hermosa y agradable vista de jardines y arboledas, que recrean grandemente a quien lo mira. A la entrada deste palacio está un pequeño patio con una pila baja a la usanza africana, muy grande y de una pieza, labrada a manera de venera, y de un cabo y de otro están dos saletas labradas de diversos matices y oro, y de lazos de azulejos, donde el Rey juntaba a consejo y daba audiencia; y cuando él no estaba en la ciudad, oía en la que está junto a la puerta el Cadí o Justicia mayor a los negociantes, y a la puerta della está un azulejo puesto en la pared con letras árabes que dicen: «Entra y pide: no temas de pedir justicia; que hallarla has». El segundo palacio, que está a la parte de levante, llaman el cuarto de los Leones, por una hermosa fuente que tiene en medio de un patio enlosado todo de alabastros, y con muy ricos pilares al derredor, que sustentan los sopórtigos de los palacios y salas. Esta fuente tiene una gran pila de alabastro, alta sobre doce leones de lo mesmo puestos en rueda, tamaños como becerros, y por tal artificio horadados, que responde el agua de uno en otro, y todos la echan a un tiempo por las bocas, y por encima de la pila sale un golpe muy grande, que vierte y baña todos los leones. En este cuarto están los aposentos, alcobas y salas reales, donde los reyes moraban de invierno, no menos costosos de labor que los de la torre de Comares. Allí tenían su baño artificial solado de grandes alabastros y con sus fuentes y pilas, donde se bañaban. A las espaldas del cuarto de los Leones, hacia mediodía, estaba una rauda o capilla real, donde tenían sus enterramientos, en la cual fueron halladas el año del Señor 1574 unas losas de alabastro que, según parece, estaban puestas a la cabecera de los sepulcros de cuatro reyes desta casa; y en la parte dellas que salía sobre la tierra, porque estaban hincadas derechas, se contenían de entrambas partes epitafios en letra árabe dorada puesta sobre azul, en prosa y en verso, en loa y memoria de los yacentes. De las cuales sacamos un traslado que poner en esta nuestra historia, por ser estilo peregrino diferente del nuestro, y por no interromper el orden de la descripción de la ciudad, lo pornemos al cabo della en un capítulo de por sí.




ArribaAbajoCapítulo VIII

Que contiene la materia del pasado, y trata de las recreaciones que tenían los reyes moros en esta ciudad


Demás destos dos ricos alcázares, tenían aquellos reyes infieles otras muchas recreaciones en torres, en palacios, en huertas y en jardines particulares, ansí dentro como fuera de los muros de la ciudad y de la Alhambra, como era el palacio y huerta de Ginalarife, que quiere decir huerta del Zambrero, que está como un tiro de herradura de la puerta falsa de aquella fortaleza, a la parte de levante, y tiene dentro grandes arboledas de árboles frutales y de plantas y flores olorosas, y mucha abundancia de agua de una acequia que se toma del río Darro, y se trae por lo alto de la loma de aquel corro muy gran trecho, con la cual se regaban las huertas y cármenes que estaban en aquella ladera hasta llegar al río. Tenían asimesmo otro palacio de recreación encima deste, yendo siempre por el cerro arriba, que llamaban Darlaroca, que quiere decir palacio de la Novia; el cual nos dijeron que era uno de los deleitosos lugares que había en aquel tiempo en Granada, porque se extiende largamente la vista a todas partes, y agora está derribado, que solamente se ven los cimientos. A las espaldas deste cerro, que comúnmente llaman cerro del Sol o de Santa Elena, se ven las reliquias de otro rico palacio, que llaman los Alijares, cuya labor era de la propria suerte que la de la sala de la torre de Comares, y al derredor dél había grandes estanques de agua y muy hermosos jardines,   —133→   vergeles y huertas; lo cual todo está al presente destruido. Yendo pues el cerro abajo al río de Genil, que cae de la otra parte hacia mediodía, estaba otro palacio o casa de recreación para criar aves de toda suerte, con su huerta y jardines, que se regaba con el agua de Genil, llamado Darluet, casa de río, y hoy casa de las Gallinas. Y demás de todos estos palacios y jardines, tenían las huertas reales en la loma y campo de Abulnest, donde llaman agora campo del Príncipe, que llegaban desde la halda del cerro donde está la ermita de los Mártires, hasta el río Genil. En estos jardines estaban los veranos los reyes, por ser al derredor de la Alhambra; y aunque tenían otros palacios en la Alcazaba con jardines y huertas a la parte de la Vega, no moraban en ellos, por quitarse del tráfago y comunicación del pueblo escandaloso y amigo de novedades; y por esto comenzaron y acabaron aquella fortaleza fuera de los muros de la ciudad y cerca della, a imitación de los reyes de Fez, que hicieron otro tanto por la mesma razón pocos años antes; los cuales, dejando los palacios que tenían en la alcazaba de Fez el viejo, edificaron la fortaleza de Fez el nuevo, que llamaron la Blanca, donde vivían más seguros con sus casas y familias, porque los reyes de Granada siempre fueron imitando a los de Fez, y las ciudades en sitio, aire, edificios y gobierno, y en todo lo demás, fueron muy semejantes.




ArribaAbajoCapítulo IX

Que prosigue la materia del pasado, y trata de otras poblaciones y de los ríos Darro y Genil


Reinando Abí Abdilehi Abil Hagex Jucef, en tiempo del rey don Alonso el Onceno, cerca de los 1304 años de Cristo, se pobló el barrio que hoy llaman la calle de los Gomeres, de una generación de africanos naturales de las sierras de Vélez de la Gomera, llamados Gomeres, que venían a servir en la milicia; y por la mesma razón que los Cenetes poblaron el otro barrio, hicieron ellos allí su morada cerca de los alcázares de la Alhambra. Lo que agora llaman la Churra se llamó en otro tiempo el Mauror, que quiere decir el barrio de los Aguadores, porque moraban en él hombres pobres que llevaban a vender agua por la ciudad. Después desto, en el año del Señor 1410, los moros que vinieron huyendo de la ciudad de Antequera cuando el infante don Hernando, que después fue rey de Aragón, la ganó, siendo tutor del rey don Juan el Segundo, poblaron el barrio de Antequeruela, que está en la loma de Ahabul, cerca de la ermita de los Mártires. En esta loma se ven grandes mazmorras y muy hondas, donde antiguamente, cuando los reyes de Granada no eran tan poderosos, encerraban los vecinos su pan, por tenerlo más seguro; y después las hicieron prisión de cristianos captivos para encerrarlos de noche, y detenerlos de día cuando no los llevaban a trabajar; y la católica reina doña Isabel, en comemoración del martirio que padecieron en aquel captiverio muchos fieles cristianos por Jesucristo, ganada la ciudad, mandó edificar allí una ermita de la advocación de los Mártires, y la dotó, y hizo aneja a su capilla real. Y en el año del Señor 1573 un bendito padre llamado fray Jerónimo Gracián de Antisco, hijo de Diego Gracián, secretario de su Majestad, siendo provincial de la orden de los carmelitas de Nuestra Señora de Monte Carmelo de la Observancia, favorecido de las limosnas que el conde de Tendilla y la condesa doña Catalina de Mendoza, su mujer, hicieron para la obra y sustento de los frailes, fundó en aquella ermita un monasterio de frailes de su orden, andando edificando otros muchos por Castilla y por la Andalucía en compañía del Padre Mariano, de nación senés, hombre religioso y de santa vida, que fue el primero que en España la resucitó. Había en Granada cuando la poseían los moros, y especialmente en tiempo de Abil Hascen, cerca de los 1476 años de Cristo, treinta mil vecinos, ocho mil caballos y más de veinte y cinco mil ballesteros, y en solos tres días se juntaban de los lugares de la Alpujarra, sierra, valle y vega de Granada más de otros cincuenta mil hombres de pelea. Los muros que la rodean tienen mil y trescientas torres; las salidas hacia la parte de la vega son llanas y muy deleitosas de arboledas, y las que responden a la parte de la sierra, no con menor recreación se sale por ellas entre cármenes y huertas de muchas frescuras, especialmente saliendo por la puerta del Albaicín, que llaman Fex el Leuz, donde están los cármenes de Aynadamar, y por la ribera del río Darro arriba. Este río nace cuatro leguas a Levante de la ciudad, de una fuente muy grande que sale de la sierra del Albaicín, donde están los lugares de Güetor, Veas y Cortes, y con muchas frescuras de huertas, que toman más de dos leguas. Corre por entre dos cerros muy altos, y va a meterse en la ciudad por junto a la puerta de Guadix. Sácanse dél las acequias con que se riegan los cármenes y huertas que están en las laderas de los dos cerros; una de ellas va a Ginalarife, y de allí a la Alhambra y a otras partes; otra va a entrar en la ciudad por la falda del cerro de la Alcazaba, donde está el monasterio de Nuestra Señora de la Victoria, y pasa derecha a San Juan de los Reyes, y proveyendo las fuentes de las casas del barrio del Haxariz, va a los pilares públicos y casas de particulares. Demás destas dos acequias, hay otra que se toma del mesmo río, y la llaman acequia de los molinos; la cual a la parte de la Alhambra y por bajo del barrio de la Churra va a la parroquia de Santa Ana, y de allí se reparte de manera, que no se tiene por casa principal la de este barrio que no tiene agua propia dentro. El restante, del río atraviesa por medio de la ciudad, y llevándose las inmundicias, va a meterse, en el río Genil fuera de la puerta de Bibarrambla. El agua y el aire deste río Darro es muy saludable. Hállanse en él, como queda dicho, granos de oro fino entre las arenas, que según dicen los moriscos, las trae la corriente de las raíces del cerro del Sol, que está detrás de Ginalarife, en el cual se entiende que hay mineros de oro, por lo mucho que reverbera allí el sol cuando sale y cuando se quiere poner. Llamose antiguamente este río Salón, y algunos escritores lo llamaron Dáureo; más los moros le llamaron Darro, y dicen que es nombre corrupto derivado de Darrayhan, porque nace en aquella sierra del Albaicín de un monte que llaman Darrayhan; otros dicen que es nombre derivado de Diarcheón, como le llamaron los griegos; finalmente, llámese como quisiere, él es un río muy provechoso, y los ciudadanos se sirven de su agua dentro y fuera de la ciudad, así para beber, como para regar los campos. Por la otra parte, hacia el mediodía, cerca de los muros pasa el otro río mayor llamado Genil, a semejanza del Nilo. Los antiguos le llamaron Síngilo; su fuente es en Sierra Nevada en una   —134→   umbría que está encima del lugar de Güejar, y los moros la llaman Hofarat Gihena, que quiere decir valle del Infierno; y procede esta agua de una laguna muy grande que está en la más alta cumbre de la sierra junto al puerto Loh. De allí se despeña por valles fragosísimos de peñas entre aquellas sierras y la de Güejar, y en él se hallan ricos mineros de jaspes matizados de diversas colores, de donde el rey don Felipe nuestro señor hizo sacar las ricas piedras verdes de que está hecho su sepulcro en San Lorenzo el Real; y sale al lugar de Pinos, y de allí a Cenes y a Granada, llevando consigo otros siete días, cuyas fuentes nacen de la mesma umbría, llamados Huet Aquila, Huet Tuxar, Huet Vado, Huet Alguaar, Huet Belchitat, Huet Beleta y Huet Canales. Demás destos, entra después en el otro río, que llaman de aguas blancas, que viene de más lejos, y corre al norte de la sierra de Güejar por los lugares de Dúdar y Quéntar. Con todas estas aguas pasa Genil por defuera de los muros de Granada; y tomando consigo a Darro al río de Monachil, que los antiguos llamaron Flum, y al de Dílar, dejando regada toda la Vega con el agua de sus acequias, que la hacen fertilísima de trigo, cebada, panizo, alcandía, lino, frutas y hortalizas de todas maneras, corre hacia poniente; y recogiendo el río Cubila por bajo de la puente de Pinos de la Vega, deja la villa de Illora y la sierra de Barbandara a la mano derecha, y va a la ciudad de Loja; y haciendo fértiles aquellos campos y valles por do pasa, se va después a meter en Guadalquivir, río caudaloso, a quien éste y otros que no conocen la mar encomiendan sus aguas.




ArribaAbajoCapítulo X

Que prosigue la materia de los pasados, y trata de la fuente de Alfacar, y de otras fuentes y huertas fuera de Granada


Todas estas aguas que hemos dicho no alcanzan a la Alcazaba ni al barrio de Albaicín, más no por eso deja de haber abundancia de agua muy buena hacia aquella parte, de una fuente que nace en la sierra del Albaicín. Está en esta sierra una cueva muy honda ir manera de sima, y en lo más bajo della sale un golpe de agua tamaño como dos bueyes, la cual se divide a diferentes partes, y especialmente proceden de allí tres fuentes principales y muy notorias. La una es la fuente del Rey, que está junto al lugar de Güete; la otra la de Dayfontes, que sale junto a una venta, donde en tiempo de moros había una casa fuerte, que llamaban Dar Alfun, y está cuatro leguas de Granada, en el camino que va a la villa de Hiznaleuz; y la tercera la de Alfacar, que nace una legua de Granada, encima de una alcaría del mesmo nombre, y en su nacimiento echa tanta agua como un buey. Ser estas tres fuentes de una mesma agua se ha visto por experiencia, echando aceite o paja en la fuente principal, porque responde luego a las otras, y así nos lo certificaron moriscos viejos del Albaicín. Con el agua de la fuente de Alfacar, que recogen los moradores en una acequia, y la llevan por las laderas y cumbres de los cerros que hay desde allí a Granada, se riegan las huertas y hazas de Alfacar, Biznar y Mora, y buena parte de viñas de la Vega, y los cármenes y jardines de Aynadamar, donde los regalados ciudadanos, en tiempo que la ciudad era de moros, iban a tener los tres meses del año que ellos llaman la azir, que quiere decir la primavera; imitando también en esto a los de Fez, que en el mesmo tiempo se van a los cármenes y huertas de Cingifor, que es otro pago de arboledas y frescuras, en que tienen sus casas y vergeles con muchas recreaciones. Ocupan los cármenes de Aynadamar legua y media por la ladera de la sierra del Albaicín que mira hacia la Vega, y llegan hasta cerca de los muros de la ciudad; y es de saber que este nombre está corrompido, porque los moriscos llaman aquel pago Aynadoma, que quiere decir fuente de lágrimas; y dicen algunos que antes que los vecinos llevasen la acequia de Alfacar a Granada no había en él más que una fuentecica que destila gota a gota como lágrimas, la cual se ve el día de hoy, y es buena aquella agua para mal de ijada; más otros curiosos del Albaicín nos certificaron que por las muchas penas, achaques y calumnias que los administradores de las aguas y las justicias llevan a los que tienen repartimientos de aquella agua en el campo o en la ciudad, si la hurtan, o toman más de la que les pertenece, o echan inmundicias en la acequia, la llamaron Fuente de lágrimas. Finalmente, entrando esta acequia por bajo de la puerta del Albaicín, tiene sus tomaderos y cauchiles, por donde se reparte a las casas de los vecinos y a los aljibes públicos que están en las parroquias para servicio de los que no tienen repartimientos; y provee todo el Albaicín y la Alcazaba bastantemente, y se riegan con ella algunas huertas y jardines que hay dentro de los muros. Fuera de la ciudad, a la parte de la Vega, hay grandes huertos y arboledas que se riegan con el agua de las acequias que proceden dolos dos rías arriba referidos; con las cuales muelen también muchos molinos de harina; por manera que de todas partes es Granada abundantísima de agua de rías y de fuentes. Desde las casas se descubre una vista jocunda y muy deleitosa en todo tiempo del año. Si miran a la Vega, se ven tantas arboledas y frescuras, y tantos lugares metidos entre ellas, que es contento; si a los cerros, lo mesmo; y si a la sierra, no da menor recreación verla tan cerca, y tan cargada de nieve la mayor parte del año, que parece estar cubierta con una sábana de lienzo muy blanca.




ArribaAbajoCapítulo XI

Que prosigue la materia del pasado, y trata de la fertilidad y abundancia de Granada. Pónense aquí los cuatro epitafios que estaban en la rauda de la Alhambra, y la computación del año árabe lunar con el latino solar


Es Granada abundante de frutas de toda suerte, muy proveída de leña, bastecida de carnes, regalada de pescados frescos, de mucha pasa, higo, almendra, que le traen de los lugares de la costa; tiene mucho aceite, vino y muy hermosas hortalizas, y toda suerte de agro, como son naranjas, limones y cidras; y lo que más importa es estar en muy buena comarca de pan, trigo y cebada; porque demás de lo que se coge en sus términos, donde entran las villas de Illora, Montelrío, Moclín, Colomera, Hiznaleuz, Guadahortuna, Montexícar, y otras que tienen grandes cortijos y rozas, se provee ordinariamente de la ciudad de Loja, y de Alhama, y de Alcalá la Real, y de los lugares de la Andalucía que confinan con ella. El trato de la cría de la seda es tan rico en aquel reino, que se arrienda el derecho que pertenece a su majestad en sesenta y ocho cuentos de maravedís cada alto, que valen ciento y ochenta   —135→   y un mil y quinientos ducados de oro. Todos los términos de Granada que caen a la parte de la mar, aunque son sierras ásperas y fragosas, no por eso dejan de ser fértiles y abundantes de muchas aguas de fuentes y de ríos, con que riegan los campos, huertas y sembrados; y las frutas y carnes de las sierras son mejores, más sabrosas y de más dura que las de la Vega; y por el consiguiente el pan es de más peso y mejor, las aguas muy frescas, y los aires por extremo saludables. Estaban las casas desta ciudad juntas en tiempo de moros, y eran las calles tan angostas, que de una ventana a otra se alcanzaba con el brazo, y había muchos barrios donde no podían pasar los hombres de a caballo con las lanzas en las manos, y tenían horadadas las casas de una en otra para poderlas sacar; y esto dicen los moriscos que se hacía de industria para mayor fortaleza de la ciudad. Tenía algunos edificios principales labrados a la usanza africana, muchas mezquitas, colegios y hospitales, y una muy rica alcaicería como la de la ciudad de Fez, aunque no tan grande, donde acudía toda la contratación de las mercaderías de la ciudad. En lo espiritual había un alfaquí mayor y otros menores, y en lo temporal sus cadís y jueces civiles y criminales; y ansí en esto como en lo que toca a la policía y buena gobernación, era Granada muy semejante a la ciudad de Fez. Los moradores muy amigos y conformes, y los reyes deudos y confederados tan setarios los unos como los otros, y tan enemigos del nombre cristiano.

CONTIÉNENSE LOS EPITAFIOS ÁRABES, QUE FUERON HALLADOS EN LAS LOSAS DE LOS SEPULCROS DE LOS REYES MOROS DE GRANADA

Estaban escritos los epitafios de las losas de los cuatro sepulcros de los reyes moros, que dijimos que se hallaron en la rauda en los alcázares de la Alhambra, en letra árabe muy hermosa por ambas partes, por la una en prosa, y por la otra en versos de metro mayor, en loa y memoria de cuatro reyes llamados Abí Abdilehi, hijo de Mahamete Abuceyed, segundo rey de la casa de los Alahamares, que reinó en tiempo del rey don Alonso el Sabio; Abil Gualid Ismael, hijo de Abí Ceyed Farax, que reinó en tiempo del rey don Alonso el Onceno (fue cuarto Rey de la casa de los Alahamares); Abil Hagex Jucef, hijo de Abil Gualid, que reinó en tiempo del sobredicho rey don Alonso el Onceno, y fue sexto rey de la casa de los Alahamares; y Abil Hagex Jucef, llamado por sobrenombre Ganem Bilehí, que reinó en tiempo del rey, don Juan el Segundo, siendo su tutor el infante don Hernando que ganó a Antequera; y fue treceno rey de la casa de los Alhamares. Y lo que en cada una dellas decía es lo siguiente:

La losa más antigua decía por la una haz en prosa:

«Con el nombre de Dios piadoso y misericordioso. Éste es el sepulcro del rey virtuoso, valeroso y justo, el más alto de los temerosos de Dios, único, religioso, sabio, escogido, el muy respetado, el que guerreaba en servicio de Dios, contento, devoto y muy amigo de Dios altísimo en público y en secreto; el que siempre pensaba en sus grandezas y le glorificaba por su lengua, el que atendía y se ocupaba de ordinario en la salud y gobierno de sus vasallos, y en administrar verdad y justicia; el dechado de la religión de gracia, el que procuraba el bien de las gentes y miraba por ellos con piedad y buen celo, para darles toda libertad, sosiego y descanso, con celo de su buena intención, bondad y lealtad en sus obras y luz de su espíritu; el que siempre se ocupaba en hacer cosas mediante las cuales entendía hallar luz manifiesta concomitante el día del juicio. El rey de esclarecido hechos y santas y altas obras; el victorioso en la conquista de los descreídos, con esfuerzo, ánimo y limpia intención; el que administraba el peso de la justicia y continuaba la manera y uso de la clemencia; el defensor de las gentes y ensalzador de la ley del escogido Profeta; el dechado del valor de sus predecesores, los socorredores victoriosos adelantados de santa intención, el que presumió y juró de hacer en servicio de Dios, y en demonstración ejemplar de sus antepasados, santas obras y altas hazañas en la conquista de sus enemigos y salud y conservación de sus tierras y de sus vasallos; el gobernador de los moros, y dechado de los creyentes, y abatidor de los descreídos, Abí Abdilehi, hijo del adelantado belicoso guerrero en servicio de Dios, y victorioso mediante su gracia, Mahamete Abuzeyed Ibni Nacer, gobernador de los hijos de salvación y ensalzador de la ley. Alumbre Dios su sepulcro, y dele todo su descanso mediante su gracia y misericordia. Nació, Dios le dé su gloria, en 23 días de la luna de Maharam, año 633, y fue alzado por rey la primera vez en la entrada de la luna de Xahabán, año de 655, y confirmaron su alzada los moros a 6 días de la luna de Xahabán, año de 671. Falleció (glorifique Dios su espíritu) acabando la oración de la ocultación del sol última, la noche del domingo, 8 días de la luna de Xahabán el acatado año de 701. Subiole Dios a la más alta mansión de los bienaventurados, y colocole con los principales que siguieron la verdad, a quien prometió descanso y bienaventuranza.»

De la otra parte de la mesma losa decía en versos o metros árabes:

«Con el nombre de Dios piadoso y misericordioso. Éste es el lugar de alteza, honestidad y bondad, el sepulcro del adelantado, valeroso, limpio, único. A Dios sea el sacrificio que en este hueco se oculta de alteza, valor y virtud. En él yacen la crueldad, bondad y clemencia; no la crueldad de las fierinas fuerzas, ni menos la liberalidad que nace de insensibilidad y falta de discreción, sino el dechado y ejemplo de toda honestidad y religión; la honra y presunción de los reyes, el señor de limpio ser y hechos; el que se ocupaba en todo tiempo en dispensar su magnificencia y en extirpar a sus enemigos, así como la pluvia en la tierra o el león en su morada. Desto son testigos sus mesmas obras, y con verdad lo testifican todas las lenguas de los hombres, pues jamás salió en ejército, que ante su poder no se mostrasen angostas las tierras de los alárabesy agames1, y jamás en el acto de la milicia salió al encuentro de sus enemigos, sin que en tal ocasión observase su bondad y esfuerzo, y alegría de rostro; ni menos consintió, en ejemplo de su valor, que los suyos subiesen en caballos que bebiesen   —136→   el agua menos que en las albercas y hoyos de sangre; ni menos consintió que se hiciese juicio en su gobernación en ofensa o agravio del menor de sus súbditos. Y ansí, los que no saben destas virtudes ni de la gran defensa que en él tuvo la ley de Dios excluyendo y abatiendo a sus enemigos, oigan la voz de sus hechos, que es más notoria y manifiesta que un fuego encendido en la cumbre de una sierra. Siempre se humillarán al sepulcro que a este señor contiene las nubes de misericordia con su rocío y descanso».

La segunda losa en antigüedad decía por la una haz en prosa:

«Con el nombre de Dios piadoso y misericordioso. Éste es el sepulcro do yace el rey glorioso que murió en defensa de la ley de Dios; el conquistador de los Anzares, ensalzador de la ley del escogido y amado Profeta; el resucitador de la santa intención de sus predecesores los conquistadores victoriosos: el gobernador justo, valeroso, animoso señor de la milicia y decreto de la ley; el de claro linaje y hechos; el más venturoso en era de todos los reyes, y el más celoso de la honra de Dios en dicho y en hecho; cuchillo de la milicia, luz de las ciudades; el que siempre afiló su espada en defensa de la ley; el que tuvo llenas las entrañas del amor del piadoso Dios; el belicoso y triunfante por la gracia de Dios; el gobernador de los moros, Abil Gualid Ismael, hijo del valeroso; excelente, de limpio ser y linaje, en obra, mayor de los halifas, ensalzador de la ley y fortaleza de la era triunfante, glorioso difunto, Abiceyed Farax, hijo del único de los únicos escogidos defensores de la ley de la salvación, progenie del gran gobernador venturoso, y su dechado en hechos de alto nombre, difunto, Abil Gualid Ismael, hijo de Nacer. Glorifique Dios su buen espíritu, y le hincha de salubérrimo socorro de su misericordia, que le aproveche con la milicia y confesión de que no hay otro dios, y le cumpla de su gracia. Guerreó en defensa de la ley de Dios y por su amor en toda perfición militar. Y diole Dios victoria en la conquista de las tierras y en la muerte de los reyes descreídos sus enemigos; que es lo que hallará reservado el día que fuéremos llamados ante el acatamiento de Dios, hasta que fue servido de dar fin a sus días, los cuales acabó estando en la mayor gracia de su buen vivir, y en ella le llamó para lo que le estaba aparejado por su inmensa misericordia, teniendo el polvo de la milicia en los dobleces de sus vestiduras. Y fue muerto en servicio de Dios, habiendo dado con furia en sus enemigos, de tal manera que por él se reconoció notable ventaja entre los confesantes de la ley de Dios a todos los reyes que han precedido, y con ella en esta gracia alzó bandera de guerrero del inmenso Dios. Nació (cúmplale Dios de su gracia) en la felice hora del alba del día viernes 17 días del mes de Xaguel, año de 677. Fue alzado por rey jueves 27 días del mes de Xaguel, año de 713. Falleció en la milicia lunes 26 días del mes de Argeb el Fard, año de 725. «Bendito y ensalzado sea el Rey verdadero, que queda después del acabamiento de todos los nacidos».

De la otra parte desta mesma losa decía en metros árabes:

«Con el nombre de Dios piadoso y misericordioso. ¡Oh el mejor de los reyes! Comprehenda tu sepulcro salubérrima salutación, que ansí como la dulce aurora de la mañana conmixta con fragrantísimo olor de almizcle, te conhorte. En este sepulcro yace un adelantado grande en bondad de los reyes de Nacer, alto en dignidad y el estado temporal y espiritual, Abil Gualid. ¡Qué alteza de rey! Verdaderamente terror y espanto a sus enemigos, triunfante magnificencia, temor de Dios altísimo, condición y conversación muy amorosa. A Dios sea el sacrificio de la alteza que la muerte aquí ha encerrado, el secreto de generosidad que en él oculta, la lengua tan ejercitada en nombrar a Dios y el corazón tan aposentado en su amor. Este es el que dispensaba el arte de la milicia y el uso de los preceptos della que Dios manda guardar; guerrero verdadero, que alcanzó en el estado de los creyentes el martirio por Dios en tan supremo grado, que con él resucitará con muy aventajado premio. Pasó desta vida con muerte semejante a la del halifa Odmen, a las primeras horas de la mañana; buena y dulce muerte, como la deste Odmen, que a tal hora fue alanceado dentro de su casa, teniendo el polvo de la milicia en su rostro, el cual le alimpiarán en el paraíso de la eternidad las damas celestiales con sus manos, y le darán a beber de la sabrosísima agua que corre por cima de los alcázares del paraíso. Y al que lo mató darán los demonios a comer en el infierno, donde estará perpetuamente encarcelado, del fruto de los árboles endemoniados, y le darán a beber de la hediondez de las inmundicias que se derriten de los vientres de los condenados. Endechen a este rey los pueblos, y todos los nacidos juntamente con diversas maneras de llantos; aunque deben consolarse con que este es juicio de Dios tan poderoso, que dél hemos de tomar con paciencia todo cuanto su alta providencia ordenare, por ser señor que manda y ordena lo que es servido. La misericordia deste sumo Dios de los nacidos sea con este rey de verdad, que en este sepulcro yace.»

La tercera losa en antigüedad decía por la una haz, en prosa:

«Con el nombre de Dios piadoso y misericordioso. Éste es el sepulcro del rey que murió en servicio de Dios, descendiente de alto y honroso linaje. Su ser y condición fue conveniente a su reinado. Es notorio entre las gentes su fortaleza, virtud y gracia, señor de ilustre progenie y de felice y próspera; era de buenas y agradables costumbres y de condición amorosa, adelantado grande, cuchillo del reino, único de los grandes reyes en quien resplandece la gloria de Dios, el que tuvo los tiempos buenos y acomodados en la tranquilidad y gobernación de su reino; polo de bondad y de crianza, progenie y linaje del imperio de los Anzares socorredores. El defensor del estado de salvación con su consejo y esfuerzo, el encumbrado en el trono de toda alteza sumamente, el que fue acompañado de toda felicidad y privanza desde que comenzó a reinar hasta su fin; el gobernador de los moros, Abil Hagex Jucef, hijo del gran rey adelantado, llamado León de la ley de Dios, a cuyo gran poder los enemigos se sujetaron, y los tiempos se mostraron benévolos a su querer y mando; el que extendió el velo de la verdad en el universo; el defensor del estado de la ley con las lanzas agudas, el conservador de los libros de los oficios divinos, perpetuos en la alteza   —137→   perdurable. El que murió por Dios, venturoso y glorioso rey Abil Gualid, hijo del esforzado, alto y de conocido linaje y valor, en prosperidad, grandeza y honra, muy notorio en ser y hechos; el mayor del reinado de los de Nacer, y fuera de la era triunfante, glorioso difunto, Abí Ceyed Farax, hijo de Ismael, hijo de Nacer. Cúbrale Dios con su piedad de su parte, y póngale en la gloria junto a Zabade Aben Obeda, su claro linaje, porque aproveche su loable ventura, su buen celo y esfuerzo a la ley de salvación y a los hijos della. Gobernando el cargo de la gobernación de los moros, gobernación aprobada, y asegurándoles con tranquilidad el curso de los tiempos, les manifestó la haz de la paz y quietud que en hermosura resplandece, y dispensó con ellos todo ejemplo manifiesto de su humildad y virtud, hasta que Dios fue servido de dar fin a sus días, estando en la mejor disposición y gracia de su buen vivir, y le cumplió de su felicidad, acomodándole este acabamiento en lo último del mes de Ramadán, en gracia y beneficio de su felicidad, porque en él le recibió en su gloria, estando en la oración que a Dios poderoso se debe, y confiado en él, contrito y humillado ante sus manos, salvo y seguro en aquel ser y acto que más cercano y propicio puede estar el hombre a su Dios. Y esto fue por mano de un hombre pecador, de bajo ser y condición, que Dios permitió fuese causa de que en él se cumpliese lo que en su alta providencia le tenía reservado, escondiéndosele entre los paños y atavíos de su aposento y estrado, donde tuvo buen aparejo la ejecución de su traición, mediante la voluntad de Dios y el aparejo que tuvo, hallándole ocupado adorando a Dios altísimo. Lo cual fue en la humillación postrera de la oración pascual a la entrada de la luna de Xevel del año 755. Dios le aproveche con tan salubérrima muerte, pues con ella fueron dichosos tal tiempo y lugar, y le prescribió y manifestó con ella su gracia y perdón, y le colocó con la generación de los Anzares de Nacer, defensores de su ley, con los cuales la ley de salvación fue honorificada, y están en el descanso que Dios les aparejó por ello. Fue alzado por rey en 14 días de la luna Dilhexa año 733, y nació en 18 días de la luna de Orbea el último del año 718. Soberano y ensalzado sea el que para si escogió la perfeta eternidad, y proveyó el acabamiento a todos los nacidos que son sobre la haz de la tierra, a los cuales después juntará en el día de la cuenta y justificación, que es el verdadero Dios, que no hay otro sino él, que para siempre vive y reina.»

De la otra parte desta losa decía en metros árabes:

«Con el nombre de Dios piadoso y misericordioso. Saluden al que en este sepulcro yace, la gracia de Dios, con descanso y gloria perpetuamente, hasta el día que resucitaren los muertos, humillando sus rostros ante el acatamiento de Dios en el consistorio del juicio. Verdaderamente este no es sepulcro, sino jardín fructífero de flores de fragrantísimo olor. Y si la verdad he de decir, aquí no hay otra cosa sino pimpollos de azahar y perlas clarísimas. ¡Oh lugar donde yace toda verdad y temor de Dios! ¡Oh lugar donde descansa la alteza!, ¡Oh lugar donde ha venido a esconderse la luna! En ti ha depositado el carruaje de la muerte un adelantado de ilustre casa, uno de los reyes de Nacer. En ti moran generosidad, alteza y honra, y el que de todo temor se ha asegurado. ¿Quién otro como Abil Hagex defendió el estado de la honestidad? ¿Quién como Abil Hagex confundió la escuridad de la herejía? Estema2 y progenie de Zahade Aben Obeda el Hazragí. ¡Oh qué perfición y grandeza de casa valerosa! Hablar de la vergüenza, caridad y amor de Dios, y de la grandeza deste rey, es hablar de las maravillas incomprehensibles de la mar. Salteole la ocasión del tiempo, y no vemos perpetuidad de cosa viva, ni firmeza en ningún estado. Es el tiempo señor de dos haces, del ser presente y del porvenir, y el que desta manera es con dureza nos saltea. Más hallole conociendo a Dios, humillado en su oración y en resplandeciente gracia, su lengua humedecida en nombrar su santo nombre, conociendo el felice mes y el valor de los bienes que en él dispensó, y sintiendo la pascua de los ácimos su ocasión y desgracia, dándole el cáliz de tan salubérrima muerte por almuerzo. A Dios sea sacrificio de muerte tan viva, y a los progenitores deste gloria y honra. Permitiose, siendo alto en estado, que hubiese fin por manos de tan bajo hombre pecador, por quien tanto bien le vino, siendo tan malo; correspondió a su hecho tan detestable, y no se debe sentir tanto la maldad del bajo en los grandes, pues las maravillas ocultas del juicio de Dios no se pueden comprehender ni prevenir. Póngase esta muerte con la del halifa Alí, que siendo tan gran señor, le mató el vilísimo Aben Muejam, y con la del escogido en valor Abil Hascen, que acabó por manos de una fiera. Ponemos terror con los afilados alfanjes muxarafíes, y cuando la voluntad de Dios ocurre, la más mínima ocasión nos mata. Por tanto, el que en este mal mundo estuviere muy confiado, y firme le pareciere con soberbia, hallarse ha perdido. Pues ¡oh rey del reino que jamás se acabará! ¡Oh aquel que de veras tiene el mando y juicio sobre sus criaturas! Cubre con el velo de tu piedad nuestras culpas, pues no tenemos otro amparo en ellas más que tu misericordia, y cubre y amortaja al gobernador de los moros con tu piedad y gracia, con la cual merezca el aposento de tu sosiego por gualardón, pues tu misericordia es la que nos ha de valer, y esta vida emprestada del hombre es cebo de quien a lo poco se aficiona. Dios por su piedad le ponga en descanso con sus grandes predecesores, y le cumpla de su gracia.»

La cuarta losa y última en antigüedad decía por la una haz en prosa:

«Con el nombre de Dios piadoso y misericordioso. Éste es el sepulcro del rey generoso, de limpio ser y linaje, cumplido en crianza, victorioso, misericordioso, caritativo y prudentísimo entre los reyes de la mesma. Adornado de gracia y temor de Dios, maestro de toda elocuencia, dispensador de todo juicio, virtud, justicia y bondad; dotado de su divina gracia, que es su alto ser y valor. Polo de la crianza y vergüenza, en quien luce la hermosura del temor de Dios, y el que dispensó todo género de venganza contra los que ofendían a sus vasallos. Defensor de la bandera de la ley, el de excelente linaje, progenie de los Anzares defensores. El gobernador de los moros, ensalzador de la ley de Dios, Abil Hagex Jucef, hijo del rey alto, gobernador valeroso, piélago de los sabios y vergel de   —138→   prudencia: el muy acatado entre reyes, defensor de las ciudades con su valor y esfuerzo, fortaleza de las gentes, con su prudencia y saber, el dispensador de los bienes que poseyeron sus liberales manos, el que administraba todas sus fuerzas en la guerra de sus enemigos. El valiente, animoso y glorioso distinto gobernador de los moros, y rico en Dios, Abil Hagex Jucef, hijo del rey alto, grande nombrado, el mayor de los reyes, el aniquilador con la luz de su justicia, de la obscuridad de los reyes descreídos, con la felicidad de su ventura y correspondencia de los planetas celestiales, que todo buen suceso le disponían para los abatir. El que poseyó los dos aquendes sin contradicción. Aquel cuyo estado Dios ensalzó, y por ello y por su amor y temor se apartó y recogió de las cosas del mundo, y se humilló a Dios. El conquistador de los principales reinos, el que aprovechó a la ley y a sus preceptos, el que en sus conquistas hizo maravillas, el adornado con el temor de Dios, el de alto estado y próspera era, el gobernador de los moros, el rico en Dios, Abí Abdilehi, hijo del rey de conocida virtud y conquista venturosa en la exclusión del enemigo de la ley, el de probada intención, y el atento y ocupado en ensalzar la honra de Dios; el que hizo en favor y defensa de todas las ciudades grandes cosas con su bondad, misericordia y honestidad. El glorioso gobernador de los moros, adestrado y guiado por Dios, Abil Hagex Jucef, hijo del rey adelantado mayor de los reyes, auxilio de toda misericordia, el más alto del estado y casa de Nacer, y el más hermoso pimpollo deste árbol, cuyas raíces son firmes y bien plantadas, y sus ramas alcanzan al cielo. El conquistador de las tierras y pacificador de los Anzares, dechado de las costumbres de sus antepasados, los ensalzadores de la ley. El guerreador en servicio de Dios, el venturoso gobernador de los moros, Abil Gualid Ismael Farax, hijo de Nacer. Recibiole Dios en su gracia, y colocolo en lo alto del paraíso en su gloria, y recibiole para aquella honra y descanso que lo estaba aparejado, en el alba del día martes 29 días de la luna de Ramadán del año de 820. Fue alzado por rey domingo 16 días de la luna de Dilhexa, año de 810. Nació (Dios le haya) viernes 27 días de la luna de Zafar a media noche, año de 798. Bendito y ensalzado sea aquel que escogió para sí el reinar y permanecer para siempre, y proveyó a todas sus criaturas el acabamiento y fin, que es el verdadero Rey, que no hay otro dios sino él.»

De la otra parte de la losa decía en metros árabes:

«Con el nombre de Dios piadoso y misericordioso. Vivifican la tierra deste sepulcro el espíritu y el rocío de las nubes, y comunícale el vergel celestial la fragrancia de sus licores, pues la fertilidad y socorro es lo que aqueste hueco incluye, y el mérito y perdones para quien aqueste lugar visitare. La gracia de Dios, el paraíso del descanso es su paradero, pues toda esta gracia con entrambas manos la recibe, por manera que esta es la riqueza que en esta tierra yace, el adelantado de los únicos. Glorifique Dios su espíritu. Sucedió Jucef, estema del adelantado Jucef, ciertamente en la casa de los trabajos, y salteole la vida la condición desta casa. Ella es fenecimiento, y fenecerá por más que resista, pues que pretendió fenecer su memoria, y le escondió, según su condición de fortuna, debajo de la tierra, estando las pleyes3 celestiales en más bajo lugar que a él se debe. Más es la providencia del sumo Dios, que así proveyó su suerte, y quiso que su reinado y señorío se comutase en este polvo, salvo que la claridad de su nombre, el resplandor de su lealtad y lo mejor de sus hechos quedó todo muy encumbrado, muy espléndido y muy claro; porque Abil Hagex es lucero y guía de salud; cuando se ponía el sol suplía su buena cara y alegría de rostro. Era Abil Hagex socorro de pluvias, y por ellas sus liberalísimas manos suplían. Faltó ya su hartura, cesaron sus maravillas, secose su pasto, paró su liberalidad, enflaqueciéronse sus ejércitos, enmudecieron sus consejos, deshiciéronse sus alcázares, callaron sus razones, escureciose su hemisferio, alejose su favor y amparo, y finalmente se deshizo su morada. Empero con la gracia del piadoso Dios (ensalzada sea su alteza) escapó en la eternidad cuando se presentó delante de sus manos. ¡Oh lástima digna de ser sentida, que a tal gobernador, dotado de tantas gracias, le faltaron los días de la vida! Aposentose con descanso entre las paredes del hueco deste sepulcro, y de veras quedó más aposentado en los corazones de los hombres. Su socorro suplía cualquier abundancia y liberalidad; por la luz de vida suplió su alegría y honestidad, y sus manos eran semejantes a las pluvias. Veamos: ¿no era este rey un hemisferio de alteza? ¿No era su virtud y bondad luz, ante la cual presentándose la luz del sol, temblaba? Su celo ¿no era extirpar el mal y enseñar la virtud y la honestidad? La curiosidad de las letras ¿no eran parte de su honestidad y virtudes, vergüenza, temor de Dios, magnificencia y generosidad? Veamos: ¿no era único en todas las partidas del mundo, y siempre que hubo en ella dificultades, las declaraba con su prudencia? Veamos: ¿no se mostraba la crianza en su hablar más resplandeciente que los claros luceros? Veamos: ¿no era la poesía una de sus partes, con la cual adornaba las delanteras de su tribunal mejor y más hermosamente que con finas y escogidas piedras? Veamos: ¿no era protección y amparo de sus continos y privados, y en las guerras sus fuerzas y valor defensa muy bastante? Veamos: ¿no era de valeroso esfuerzo en la guerra, pues tantas fuerzas de enemigos desbarató y venció el valor de su espada? Este pues era el buen rey y señor que presumió de cumplir siempre su palabra, y el que sin faltar en ella le faltó y fue adversa la ocasión del mundo.»

Hasta aquí dice la letra de los epitafios, y por si el lector quisiere computar los tiempos en que nacieron reinaron y murieron estos cuatro reyes, se advierte que los moros tienen año solar y año lunar. El solar es conforme al nuestro latino, y nombraron los doce meses como los latinos, y generalmente se sirven desta cuenta para las cosas de agricultura en toda África; porque tienen un libro dividido en tres cuerpos que llaman el Tesoro de los agricultores, y este parece haber sido traducido de latín en lengua árabe en la ciudad de Córdoba, y por él se gobiernan cuanto al sembrar, plantar, cavar, engerir, y en todo lo demás, y comprehenden en él trece lunas. Más los teólogos árabes y los legistas y escritores cuentan el año diferentemente, porque le hacen de doce lunas enteras,   —139→   seis de a veinte y nueve, y seis de a treinta días, que vienen a ser trescientos cincuenta y cuatro días, once días y seis minutos menos que el año latino, y éstos hacen volver atrás el año lunar en treinta años uno, menos cuarenta y cinco días. El primer mes del año es la luna que nace en julio, y le llaman Maharrán, que es tanto como si dijésemos canícula; el segundo Zafar, el tercero Arbea el Aul, el cuarto Arbea el Teni, el quinto Gumen el Aul, el sexto Gumen el Teni, el sétimo Argeb, el octavo Zaabán, el noveno Arromadán, el deceno Xevel, el onceno Delcaada, el doceno Delhexa. Otros que cuentan trece lunas en los doce meses latinos, añaden la una al principio del año, y hacen luna de Maharrán primero y Maharrán segundo. Sus fiestas son movibles, y lo mesmo los ayunos; sola la fiesta que celebran del nacimiento de su Mahoma, que llaman el Maulud, es la tercera luna del año a los doce días della, porque en tal día dicen que nació. Esto baste para la computación, contando siempre el milésimo de los moros desde el año de Cristo 621, por la luna de julio, que según se cuenta, fueron seiscientos cincuenta y siete años de la era de César, y no desde 613 de Cristo, como dijimos en la primera impresión de nuestra África, porque hubo yerro; y así lo emendamos en la segunda, que saldrá con brevedad.




ArribaAbajoCapítulo XII

De la conquista que los Católicos Reyes don Hernando y doña Isabel hicieron en el reino de Granada desde el año 1482 hasta el de 1485