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Fidel Fita
Es inédito y hasta hoy desconocido en nuestra historia eclesiástica52. Fué provincial de Toledo, y acordó normalizar y fijar la celebración de los sucesivos, prescribiendo que en adelante se juntasen dos veces todos los años, el día décimoquinto después de Pascua florida y el 11 de Noviembre, fiesta de San Martín. Tres poblaciones se designaron para los cuatro concilios que debían verificarse de bienio en bienio, por este orden:
Años conciliares
Las tres poblaciones, colocadas dentro del radio de la diócesis de Toledo, aseguraban en los palacios, propios del arzobispo, apto local para los respectivos congresos. Una ojeada sobre el mapa del dilatado espacio, comprendido por la provincia metropolítica de Toledo al uno y al otro lado del Guadarrama, demostrará cuán acertada fué la designación y atribución de estos puntos céntricos. Los archivos eclesiásticos de Buitrago, poco ó nada explorados hasta hoy acerca de este particular, atesoran probablemente datos de extrema valía.
La designación de tiempo y de lugar con arreglo á esa norma ordinaria, que decretaron los Padres del concilio de Alcalá, era susceptible de excepción siempre y cuando el Metropolitano, atendiendo por causa grave á la reclamación de alguno de sus sufragáneos, tuviese á bien cambiar el lugar ó anticipar el tiempo. Otra quizá no fué la razón de haberse celebrado durante el año 1258 en Madrid un concilio, del que hay cierta memoria53, sustituyéndose á uno de los dos que correspondían, según se ha visto, á Buitrago. La asistencia de los convocados era forzosamente personal, y no se admitía sustitución por procurador sino en caso de impedimento legítimo. El concilio, reunido, juzgaba de la validez del impedimento y de la idoneidad del procurador. La falta de uno u otro requisito era multada en 200 maravedís, que el obispo contraventor debía pagar al arzobispo y á los demás prelados asistentes. Tales son, en sustancia, los acuerdos notabilísimos del concilio de Alcalá de Henares, firmados y sellados en 15 de Enero de 1257 (de la Encarnación, 1256) por el arzobispo electo (1252-1259) de Toledo, D. Sancho54, hijo de San Fernando, y por sus sufragáneos D. Fernando, obispo de Palencia (1256-1265), D. Gil, obispo de Osma (1246-1261), D. Raimundo Losaña, obispo de Segovia (1249-1259), que luego fué arzobispo de Sevilla, D. Pedro de Sigüenza (1251-1259), y D. Mateo de Cuenca (1248-1257), quien no tardó en ser trasladado á Burgos55. Al infatigable P. Burriel hay que agradecer la siguiente copia y descripción del auto original, que vió en el archivo de la catedral de Toledo. Biblioteca Nacional, códice Dd 88, fol. 91, 92. «Nos Sancius, divina providencia
Toletane Sedis Electus, Hispaniarum Primas, Domini Regis Cancellarius, una cum
suffraganeis
Itaque prima vice apud Alcala de Fenares in festo beati Martini primo, Secunda quidem vice apud Butragum in quinta decima die post resurrectionis Dominicam, celebrando supradicto concilio intersimus. In secundo autem anno prima vice apud Butragum in festo sancti Martini, in secunda vero vice apud Briocem convenire quinta decima die post Resurrectionis Dominicam teneamur, ac sic deinceps in succedentibus annis singulis inviolabiliter observetur. Nisi forsan interim cuiquam nostrum ita gravis casus accideret ut uterque supradictorum terminus, vel saltem alter, necessitate cogente deberet merito preveniri. In quo casu, cum quemcumque nostrum necessitas talis coegerit, domino electo et aliis coëpiscopis significare procuret. Et si Dominus Electus magnum viderit inminere periculum si supradicti termini expectentur, preveniendo terminos supradictos acceleret; et alio termino, quem magis expedire cognoverit, assignato, ad locum et diem quem ipse elegerit et nobis assignandum decreverit teneamur, nisi legitimo impedimento detenti fuerimus, personaliter convenire; et uniuscuiusque nostrum iniurias tanquam proprias prosequamur, donec plenam exinde iustitiam assequamur. Quod quidem impedimentum, qui se impeditum dixerit, domino lecto et aliis coëpiscopis supradicis [quo] die et loco convenerint per procuratorem sufficientem suadebit modis omnibus intimare; et utrum legitimum impedimentum fuerit an non, domini Electi et episcoporum, vel maioris partis eorum, ibidem convenientium iuditio decernetur. Quod si forte minus legitimum impedimentum, vel quem miserit minus sufficientem procuratorem decreverint, in ducentis morabetinis usualis monete domino Electo et aliis eiusdem suffraganeis, qui ad assignatum per eum diem et locum cum eo convenerint, condempnetur. Hoc autem statuendum decrevimus, salvo
iure et dominio domini Regis, quod nos in omnibus et per omnia conservare
semper
Actum est hoc apud Alcala de Fenares, XVIII.º kalendas Februarii anno Domini Millesimo Ducentesimo Quinquagesimo Sexto. Pergamino de tercia de largo y quarta de ancho. Letra menuda entre redonda y quebrada. Penden cinco sellos de cera aovados. 1.º Figura un clérigo en
pié sosteniendo con ambas manos un libro sobre el pecho: á la
derecha un castillo y á la izquierda un León: sobre la cabeza un
adorno de talla: la orla es:
2.º Figura de un Prelado en
pié, revestido, con báculo, bendiciendo. La orla es:
3.º Figura de un prelado
revestido, en pié, bendiciendo. La orla es,
4.º La misma figura; y la orla
es:
5.º La misma figura; y la orla
es:
6.º Destrozado. Figura, la misma; y la orla es: S. MAGRI.57 [MATTEI CON]CHENSIS EPI.» Hasta aquí el códice. Profunda luz emana de este importante
documento sobre la Historia eclesiástica de España. La
multitud de concilios provinciales de
Tarragona durante el siglo XIII58
no puede ya, de hoy
«Primeramente mandamos que la constitución de los concilios provinciales et de los sínodos obispales, que han de facer por correpción et por reformación de las costumbres, fechas por salud de las almas et de los cuerpos, sean aguardadas firmemente segun su tener, et que non se deje de guardar por negligencia ó por otra razon ninguna.» La constitución del
ecuménico Lateranense IV62, cuya observancia
prescribió con entereza el concilio de Valladolid, se halla en las
Decretales de Gregorio IX63,
disponiendo que los concilios provinciales se celebren todos los años
(singulis annis), mas no exigiendo que esto
fuese más de una vez por año. Bien más, durante
algún tiempo después de publicada en esta región de
España, no se cumplió la constitución; y de ello se
quejó amargamente Honorio III al arzobispo D. Rodrigo y á los
obispos y demás prelados de la provincia de Toledo en bula
inédita64 que,
«Honorius Episcopus, servus servorum Dei, Venerabilibus fratribus... Archiepiscopo Toletano et Suffraganeis eius, ac Dilectis filiis ceteris ecclesiarum Prelatis in Toletana provincia constitutis, salutem et apostolicam benedictionem. Expectavimus hactenus expectantes si
monitis et statutis concilii generalis exculta domini vinea sabaoth floruisset;
si Aaron virga turgentibus gemmis erupisset in flores et dilatatis foliis
amigdala produxisset; si germinassent mala punica et ficus produceret grossos
suos; quia ficus precoquas anima sponsi desiderat, et sponsa diligit botros
cipri. Set ecce, quod dolentes dicimus, ante messem seges effloruit, et vinea
fere tota et ficus ac virga magis aruit, et vindemiator manum ad cartallum non
revocat; set sic semper vindemiat quod post vindemiatores racemos aliquos
colligere vix valemus. Nam unusquisque fere in viam suam abiit, et ad suam
negotiationem revolat a Regis nuptiis dampnabiliter se excusans. Jam quidam
ministri Altaris, sicut iumenta, non solum in stercore computrescunt, set
peccatum suum sicut Sodoma predicant nec abscondunt, facti ruina et laqueus
populorum. Quidam etiam ecclesiarum prelati, qui gladios ancipites in suis
manibus acceperunt ad faciendam vindictam et increpationes in populis, errantes
non corrigunt, membra putrida non excidunt, a caulis oves contagiosas et
morbidas non excludunt, vulnus livorem et plagam tumentem non ligant, nec
curant, neque fovent oleo vel emplaustro; propter quod, quia cicatrix populi
non obducitur, in Galaath non censetur esse medicus vel resina. Proinde in
consilium subditorum venire anima prelatorum convincitur. Tum iidem proximorum
vitiis non resistunt; sicque manus mulierum misericordium parvulos suos
coquunt. Hii etiam bona sibi commissa dissipant et consumunt; dispergunt
sanctuarii lapides in capite omnium platearum; indignos promovent,
Cum igitur non possimus dissimulare de
cetero vel con[n]iventibus oculis pertransire tantum cleri contagium et populi
christiani discrimen, quod procedit et proficit ex negligentia prelatorum,
evacuantium per incuriam et torporem sanctiones canonicas, statuta salubria
concilii generalis, increpationis securim comminantem excidium nunc radicibus
infructuose arboris applicamus, confosse ficulnee cophinum stercoris apponentes
antequam maledictionis gladio feriatur, et areat si fructum non
Dat. Viterbii, septimo Kalendas Novembris, Pontificatus nostri Anno Quarto67.
La bula está cuajada de textos bíblicos. Bajo este aspecto se asemeja a la que el mismo Papa dirigió cinco meses más tarde68 al pueblo de Madrid. En el fondo anda de par con la de Honorio I, á la que contestó San Braulio. Tal vez esté recargado el cuadro de la situación trazado por Honorio III. Otras cuatro contemporáneas69, cuyo texto expuse70, referentes á la inobservancia de las constituciones del concilio ecuménico tocantes á los judíos, manifiestan que el Papa, mejor informado sobre este punto peculiar, y cediendo á las representaciones de San Fernando, transigió, sí, pero por tiempo cortísimo (1219-1221). Mucho menos había de conceder dispensa para mayor tiempo en la celebración de los concilios provinciales; cuya intermitencia (si en realidad existió) ya no podían excusar las sangrientas revueltas, que envolvieron á Castilla durante el breve reinado de D. Enrique I y en los comienzos del de San Fernando. De todos modos claro se hace, ni se puede negar que á partir del año 1228 quedó asentada sobre fundamento solidísimo la celebración regular de los concilios provinciales y de los sínodos diocesanos en toda la jurisdicción metropolítica de Toledo. Resta averiguar cuáles fueron. Su descubrimiento nos dirá si el decreto del concilio de Alcalá en 1257, ha de juzgarse continuación ó bien ampliación del orden establecido. Madrid 11 de Febrero de 1887. FIDEL FITA.
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