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Antolín Sáinz de Baranda
Al Norte de la provincia de Burgos, partido judicial de Villarcayo, en la carretera que conduce á Bilbao, legua y media de la villa de Medina de Pomar, y otro tanto de Espinosa de los Monteros, se encuentra el hermoso establecimiento balneario, minero-medicinal denominado Fuente-Santa de Gayangos, recostado sobre una pequeña colina dentro de la antigua merindad de Montija. Divísase desde él un frondoso y dilatado valle, sembrado de caprichosos y diseminados pueblos que parecen caseríos, distinguiéndose entre estos los palacios del Sr. D. Buenaventura Rivaherrera, en el pueblo del Rivero, y el del diputado á Cortes que fué por este distrito, D. Teodoro Sainz Rueda en el pueblo de Baranda, distantes un cuarto de hora del establecimiento. La fértil vega poblada de montecitos, en donde abunda la caza, proporciona distracción á los aficionados, y es causa de que todos los años se vean en el establecimiento alegres y divertidos bilbainos que vienen con solo este objeto. El establecimiento está cercado
de un elegante jardín y hermoso paseo que, sembrado de acacias, pueden
los bañistas recorrer libremente todas las horas del día, aun en
las de más calor, sin
Entre las varias curiosidades que
tiene este pueblo dignas de visitarse y que me han movido á consignar
estas líneas, se hallan cinco lagos ó pozos, de los que uno mide
400 áreas próximamente, y tienen unos cinco metros de
profundidad. Sus aguas son claras y trasparentes, sin que aumenten ni
disminuyan en verano ni en invierno. No tienen comunicación con
río alguno, criándose en ellos abundantes anguilas, sangujas y
barbos; estos de dimensiones extraordinarias. Antiguamente hubo una
pequeña barca para recreo de los bañistas, pero hubo de
sumergirse por las desgracias que ocasionaba á jóvenes
intrépidos e inexpertos. Nada se sabe acerca de su origen y
formación, ni en los archivos parroquial y del pueblo existe dato
alguno, por más que las tradiciones á ellos referentes sean
varias, rindiendo la imaginación popular cierto respeto y
admiración á estos lagos, no faltando quien afirme que,
según tradición, existió en el mismo sitio un pueblo que
desapareció sumergiéndose en un
Pero lo que sobre todo llama la atención del arqueólogo y curioso observador, son unos sepulcros descubiertos en la parte del SO. á media legua escasa de dicho establecimiento. Diversas veces había oído hablar de dichos sepulcros, y por si podía adquirir algún conocimiento había registrado las crónicas é historias, especialmente las que se refieren á este país; y ni Florez, ni Berganza, ni Florián, ni Lope García Salazar en sus Buenas andanzas, ni el P. Gabriel Henao, ni otros muchos hacen mención alguna de ellos; solamente Gutierrez Coronel en su obra titulada Independencia del Condado de Castilla, dice «que en tiempo de Amalarico, Rey Godo, siendo Duque de Cantabria don Lupo VI, en el año 552, se dió una batalla contra los cántabros de la montaña alta, legua y media de Espinosa de los Monteros, en donde se hallan sepulcros cubiertos con lápidas.» Cuáles sean estos, á la historia corresponde el manifestarlo; yo por mi parte consignaré cuanto he podido observar en los sepulcros que motivan este escrito. Entre los comensales, que había en el referido establecimiento en el próximo pasado Julio, excitóse la curiosidad por ver y reconocer lo que encerraba ese recuerdo histórico; y al efecto formóse una expedición, compuesta del Dr. D. Mariano Viejo, Médico Director del establecimiento, de dos caballeros de la provincia de Santander, de un joven de Valmaseda, cuyos nombres siento no recordar, y del presbítero que suscribe y á cuya excitación debíase la principal parte de esta excursión, poniéndose en movimiento en la mañana del día 3 del referido mes. Siguiendo la carretera que pasando por
la puerta del establecimiento balneario se dirige á Villarcayo, cabeza
del partido judicial,
Deseábamos continuar nuestras investigaciones y ascenso á la cumbre del peñasco; pero siendo muy difícil por su pendiente y hallarse esta tapizada de hierba, hubo de cavarse, y se encontró debajo del musgo y maleza, abierta en la misma pella, con toda perfección, una escalinata que parecían asientos, los que con facilidad nos condujeron á la cumbre. Esta es una plaza pequeña, perfectamente circular, abierta en la misma peña, con sus asientos en la circunferencia y su barbacana, de media vara de altura para impedir un desprendimiento; sitio donde debía tener sus coloquios y reuniones la familia ó tribu que lo habitaba, y que dominando todo el promontorio, ofrece un aspecto maravilloso y al propio tiempo imponente al dirigir la vista á lo profundo del valle. Esta plaza mide veinte piés de diámetro. Avanzando en nuestras exploraciones
pasamos no sin gran dificultad á la otra cúspide del promontorio.
Esta y la que la sigue, debían ser las habitaciones ó viviendas,
pues en ellas se observa otra pequeña plaza, especie de cocina, trozos
como de bancos, graderías, estantes y tantos otros heterogéneos
indicios, que aun el más ignorante podría formarse un juicio
seguro de haber estado habitado. Desde una cumbre á otra se ven abiertos
en la misma peña varios zócalos, donde se colocaban las vigas que
horizontalmente cubrían estas viviendas. Más adelante, en la
cúspide postrera sobredicha se encuentra un pozo como de dos metros de
profundidad, el cual debía comunicarse (no se hizo excavación en
él) con la cueva que se descubre en la base del
Muchas y muy diversas son las opiniones que á su origen se refieren, siendo muy fácil la credulidad popular, tan dada siempre á lo maravilloso. Aseguran unos que traen su origen de la dominación goda, otros que fué habitado por los árabes, no faltando quien asegure que á manera de subterráneos ó catacumbas, fué lugar donde algunos cristianos se refugiaron en tiempo de persecución y sepultaban sus mártires. Pero todas estas opiniones desaparecen con solo tener presente que las distintas naciones que vinieron á España de griegos, cartagineses, romanos, godos y árabes, jamás penetraron y menos hicieron mansión en este país, ni en él se encuentra vestigio alguno de su dominación. Además, estas naciones no solo imponían á sus dominados sus usos y costumbres, sino también sus creencias gentílicas, y de aquí las persecuciones y martirios que sufrían muchos de los cristianos en el territorio de que se apoderaban, como nos refiere la historia, y en todo este territorio hasta el mar Cantábrico, que dista 17 leguas, jamás se hace mención de estas persecuciones, creyendo más probable el sentir de los que aseguran que la familia ó tribu que habitó este promontorio pudo ser alguna de nuestros pobladores. Algunos historiadores opinaron que los primeros habitantes de nuestra nación fueron Túbal y sus descendientes, que penetrando por el septentrión se extendieron por toda la costa del mar Cantábrico; que multiplicándose prodigiosamente, y no siendo suficiente el territorio en que primero se habían establecido, ni sus frutos y pastos para alimentarse, ni á sus ganados, fué necesario que se extendiesen á otros territorios, llevando cada tribu ó padre de familia, á sus hijos y sus respectivas partes de ganado, poblando otro nuevo país que descubrían, bien sea de los ríos ó montes, esto es, de algún objeto estable ó permanente, ó el nombre del jefe de la tribu ó padre de la misma. Sea cual fuere el origen de estos
sepulcros y fortificaciones, demuestran lo mucho que importa el cultivo de los
estudios prehistóricos,
Segovia 29 de Agosto de 1886. ANTOLÍN SÁINZ DE BARANDA,
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