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Antonio María Fabié
Hace algunos años que el Sr. Oppert, al honrarnos con su presencia, leyó en una reunión de esta Academia una curiosa Memoria sobre el comercio del ámbar en tiempo de los asirios. Este asunto, que ofrece un interés especialísimo, porque suministra indicaciones muy importantes sobre los períodos más oscuros de la humanidad, ha sido objeto de varios estudios; y últimamente el Sr. Stoppani ha publicado un libro sobre la materia, que consta de dos partes, de muy distintas dimensiones. La primera, que es la más extensa, trata, como su epígrafe indica, del ámbar en la historia, y la segunda del ámbar en la geología. Parece que debiera invertirse este orden, pues antes de estudiar esa sustancia en sus relaciones con el hombre y su historia, conviene examinarla como cuerpo natural que forma parte del globo que habitamos. El ámbar ha sido desde la
más remota antigüedad objeto de la atención del hombre, y
puede decirse que fué una de las primeras materias que empleó
para la satisfacción de los instintos sexuales ó de las
necesidades estéticas, que son el fundamento del
lujo en la acepción más lata
de la palabra. Apenas vencidas las dificultades que siempre ofrece la
subsistencia material, esto es, la alimentación para conservar el
organismo y la manera de sustraerlo á las inclemencias del medio
ambiente, sin duda para satisfacer sus instintos estéticos el hombre
procuró embellecerse, y con este objeto, ya que no podía ostentar
los matizados colores
Sábese hoy que el ámbar
existe en muy diversas partes de nuestro globo; pero en la antigüedad casi
todo él procedía de las orillas del Báltico, y los
habitantes de aquellos parajes lo recogían entre los despojos que dejaba
el mar después de la agitación que producían en sus aguas
las tempestades. Esta circunstancia dió lugar á muy diversas
hipótesis sobre su naturaleza y origen pero hoy la ciencia
geológica ha demostrado que el ámbar procede de ciertas plantas
que formaban los bosques del período terciario, y por lo tanto es una
resina fósil, como lo prueban sus caracteres químicos y lo
confirma la existencia de animales, principalmente insectos, aprisionados en la
sustancia de muchos grumos de ámbar. Respecto de los animales que se
encuentran en el ámbar del Báltico, es de notar que hasta ahora,
y sin que la enumeración pueda tenerse por aproximada, se han
descubierto, además de vestigios de mamíferos y aves (pelos y
plumas), 856 especies de articulados, comprendidas en 330 géneros, y
divididas en 2.500 individuos, estudiados por Berendt y por Lœw, de cuyas
series la mayor parte no tienen hoy representantes vivos en la tierra. La
disposición de esta en la época del ámbar, por lo que
respecta especialmente á Europa, es asunto de mayor interés.
Supónese con gran fundamento en primer lugar, que la temperatura
El terreno ambarífero por excelencia es la península llamada Sandland, explorada y descrita minuciosamente por los geólogos, que se extiende entre Memel y Danzik, abarcando desde Kœnigsberg hasta el Báltico, y que tiene 20 millas geográficas de largo y 14 de ancho. En esta península se explota el ámbar por medio de excavaciones desde hace algún tiempo, porque bajo su superficie, formada por el terreno diluvial, se encuentra el terreno terciario, que después de su formación estaba cubierto de grandes bosques y surcado de corrientes de agua que iban á desembocar en el mar de que es residuo el Báltico, y que en aquella época se extendía mucho más por la región ártica del globo. Los fenómenos meteorológicos arrastraban los árboles desarraigados, formando grandes depósitos, análogos á los que todavía se ven en algunas regiones de América, y allí se convertían en masas de lignito, quedando esparcidos en el terreno los grumos de resinas producidas por algunos de esos árboles, y estas resinas son el ámbar. El Báltico, socavando los terrenos que forman principalmente su orilla meridional, arroja á la playa, entre otros cuerpos, esos grumos de ámbar que, por su poco peso específico, son fácilmente suspendidos por el agua agitada, y desde la más remota antigüedad los habitantes de aquella región los han recogido y recogen para sus usos y para entregarlos al comercio. La parte más interesante del
libro del Sr. Stoppani es la que trata del aspecto histórico del
ámbar, pues con este motivo hace un estudio de las edades llamadas
prehistóricas, especialmente en la península italiana,
fijándose con particularidad en la época llamada de bronce,
porque en ella aparece el ámbar. En efecto, ni entre los vestigios que
restan de la edad de la piedra tallada, ni
Algunos creen que es aún más moderno el empleo del ámbar, sobre todo en las regiones meridionales de Europa; y el Sr. Pigorini defendió en el Congreso celebrado en Stokolmo en 1874 que el ámbar no se trabajó sino en la época de hierro; pero después en vista de hechos evidentes abandonó esta opinión, y hoy, como sostiene el Sr. Stoppani, no puede menos de admitirse que el ámbar aparece en la época del bronce, y se encuentra con mayor abundancia donde la industria de este metal está más desarrollada y perfecta; siendo de notar que en las regiones meridionales es más abundante el ámbar coincidiendo con el bronce y hacia el Norte coincidiendo con el hierro, resultando de estos hechos, como lo más probable, que el ámbar comienza á usarse en la época del bronce y se desarrolla su uso en el período de transición entre el bronce y el hierro, indicando una corriente de civilización del Sur al Norte, pues aparece trabajado como objeto de adorno en Italia en la época del bronce, luego en los Alpes, y más tarde en Dinamarca, donde no se encuentra sino acompañando al hierro, que, como se sabe también, fué extendiéndose del Sur al Norte, no llegando á estas regiones sino cuando en el Sur había pasado el período ó edad del bronce. Para determinar con la posible
exactitud el pueblo ó la raza, que introdujo el ámbar en los usos
de la vida, el Sr. Stoppani dedica una gran parte de su obra al estudio de los
antiguos pobladores de Italia. Existen en diversas regiones de esta
península como en otras de Europa, hachas y otros objetos de piedra
tallada, y el Sr. Pigorini llama
aborígenes á los que
produjeron estos objetos. Al mismo tiempo en las llanuras de la Emilia el Abate
Cayetano Chierici descubrió otros vestigios de antiquísimas
poblaciones, que consistían en espacios circulares cavados en el
terreno, donde se encontraban cenizas, y aun carbones y objetos de piedra de
los llamados arqueolíticos, á cuyos espacios denominó
fondos de Cabañas, que se hallan
alineados en los ribazos, á
El Sr. Stoppani cree que los
aborígenes fueron los habitantes de las cavernas alpinas y de las
cabañas sub-apeninas; y por tanto que procedían del tronco ariano
los hombres que pertenecían en Italia al período
arqueolítico, opinión que no parece muy
Aunque la existencia de los celtas en Italia, especialmente en la región transpadana, es un hecho evidente, el Sr. Stoppani no se ocupa de ellos, y presta particular atención á los Pelasgos; según su opinión, aun que la da solo como una de tantas hipótesis relativas al origen de este pueblo, supone que bajo el nombre de Pelasgos se comprenden diversos grupos, y tal vez hasta diferentes razas de hombres que se esparcieron por la tierra, separándose de aquella de que fué cabeza Heber, rama fecunda y robusta de la estirpe semítica. De todas suertes, parece conforme á los datos de la historia sagrada y profana y á los descubrimientos modernos, que los Pelasgos precedieron á los Helenos en las inmigraciones hacia el Occidente. Por otra parte, la existencia de
ciudades lacustres en los lagos de Italia ha suscitado diversas
hipótesis acerca de los hombres que las formaron y poblaron; el Sr.
Pigorini opina que pertenecen á la época neolítica y que
la civilización á que llegaron fué debida á la
fusión de los primitivos habitantes de Italia que él llama
indígenas y lígures; pero el Sr. Stoppani observa con
razón que los palafitos existen no solo en Italia sino en otras regiones
de Europa y de otros continentes; lo cual indica que su construcción
obedeció á necesidades locales y no fué precisamente
inventada por una sola raza; pero los palafitos italianos ofrecen la
particularidad de que se han encontrado en alguno de ellos objetos de bronce,
principalmente anzuelos, y por tanto los más modernos marcan una
transición de la edad neolítica á la del bronce, que
explica Stoppani suponiendo que al final de aquella tuvo lugar una
Á la misma época y á la misma civilización que estos palafitos pertenecen los terramare de la Emilia, los cuales son montones de tierra en que se encuentran huesos de animales domésticos, objetos de cerámica, aunque groseros, ya con las asas lunares características, é instrumentos de bronce. La civilización á que pertenecen estos vestigios, es debida á una invasión ó inmigración marítima de pueblos procedentes del Asia, según la opinión de Stoppani, distinta en esto de la de Pigorini, y los que la componían se establecieron en las faldas del Apenino. Stoppani se inclina á creer que esta raza que llama subapenina es la que constituyó el imperio pelásgico, que poseía una civilización mucho más adelantada que la de los Aborígenes y los Umbrios. Esta civilización subapenina se extendió gradualmente por Italia, y con ella el uso del bronce, que se hace luego general en Europa. En los terramare, especialmente en el de Castione dei Marchessi, se encuentran ya los primeros vestigios del ámbar; pero su presencia debe considerarse como accidental y ocasionada por el contacto de los habitantes de los palafitos con los individuos de la raza subalpina, llegados mucho después que aquellos á la península y por la vía marítima. De todas maneras, el Sr. Stoppani cree que el desarrollo del uso y del comercio del ámbar caracteriza una civilización más moderna y expansiva que empezó cuando ya el empleo del bronce era muy general, civilización que llama época etrusca y que se extiende hasta los orígenes de Roma.
La civilización etrusca ha sido objeto desde la antigüedad de especial atención, y mucho más en los tiempos modernos, porque, en efecto, los vestigios que de ella quedan dan idea de un adelanto considerable en las diversas esferas de la actividad humana, y porque además adquirió una considerable extensión, que no se contuvo en los límites de la península italiana, y parece que sirvió de preparación al gran movimiento romano, que, como se sabe, difundió los adelantos alcanzados por la humanidad á todos los pueblos de Occidente. En nuestros días han tratado especialmente de la civilización etrusca los italianos Chierini y Pigorini, y los alemanes Strobel, Melbig y Unsteed, y sobre sus opiniones, datos y noticias, ha fundado su teoría Stoppani. Todos convienen en que la época etrusca puede considerarse dividida en tres períodos, caracterizado el más antiguo por los sepulcros en forma de pozo; el segundo por los que la tienen de simples tumbas ó cajas de piedra en que se encerraban los cadáveres; y el tercero por las cámaras sepulcrales ó hipogeos. Stoppani, de acuerdo con los referidos arqueólogos, cree que estos tres períodos forman una verdadera serie y constituyen un progreso de cultura; pero afirma que se comprendieron en ella diferentes pueblos originarios de diversas emigraciones, como ha sucedido y sucede en las modernas colonias de América y de Australia, compuestas en proporciones diferentes de individuos originarios de diversas naciones de Europa. En opinión de Stoppani, este movimiento civilizador provino de un pueblo que llegó á Italia por sus costas, al que denomina pelasgo tirreno; y fijando la cronología de esta civilización, no contradice Stoppani á Melbig, quien supone que los etruscos llegaron á Italia en el siglo X, ó todo lo más en el XI, antes de Jesucristo, y que las sepulturas de pozo pertenecen al siglo VII. Es cosa por todos los
arqueólogos admitida, y comprobada por multitud de datos, que los
fenicios y los helenos visitaron durante esta época las orillas del mar
Tirreno, y aun se establecieron en ellas, y por tanto no se puede negar que
influyeron poderosamente en la civilización etrusca; pero esta
adquirió un carácter propio que puede llamarse nacional, y sin
duda fué la primera que alcanzó en Italia un alto grado de
desarrollo. La fabricación
Al mismo tiempo que objetos de bronce
se encuentran en los sepulcros etruscos y en otros lugares habitados por ellos
adornos y figurillas humanas ó de animales hechas con ámbar,
habiendo sido esta materia objeto de especial estudio, y siéndolo, como
hemos dicho, de la obra del Sr. Stoppani, quien, en vista de los datos y de las
opiniones más recientes sobre la materia, afirma que los etruscos
trajeron el ámbar, de que hicieron tan abundante uso, de las costas del
Báltico, y que fueron ellos los que le suministraban á los
fenicios, quienes llevaron esta sustancia al Asia, especialmente á la
Palestina, cuando habitaban en ella los cananeos antes de que en tiempo de
Salomón se consumara la conquista de aquel país por los hebreos.
Funda su opinión en que no hay vestigio ni dato alguno que indique que,
los fenicios llegaran con sus navegaciones al mar del Norte, y que, contra lo
que opina M. Oppert, es más natural suponer que los fenicios tomaban el
ámbar en el puerto de
Adria y en otros del mar Adriático
que no en Francia, porque en aquellos tiempos este país estaba en gran
atraso, y no es verosímil que sus habitantes fueran ni por mar ni por
tierra á las orillas del Báltico. El Sr. Capellini sostuvo en el
Congreso de Stockolmo que los etruscos pudieron emplear el ámbar, que
existe en estado nativo en diferentes regiones
Tal es, en resumen, la obra de que, me ha parecido curioso é interesante dar esta noticia, porque contiene teorías y datos muy verosímiles acerca de los pueblos prehistóricos de Europa y de sus emigraciones. Madrid 13 de Mayo de 1887. ANTONIO MARÍA FABIÉ.
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