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Notas100. Según la simbología del Extremo Oriente, la flor de peonía simboliza la Primavera; la de loto, el Verano; la de crisantemo, el Otoño, y la de ciruelo, el Invierno. Respecto al calendario lunar, véase Kim, S.-H., La Antigua China, Historia 16, n.º 17 de la serie Historias del Viejo Mundo, Madrid 1989, pp. 84 y 85. 101. La abundancia y la variedad de la flor de crisantemo han sido conocidas en Europa únicamente a través de las pinturas o dibujos, los bordados y las descripciones hechas por los que han podido viajar al Japón a finales del siglo XIX. Consecuentemente, ello contribuyó en la imaginación la añoranza, el sentido de lo lejano y el ensueño que están reflejados en las obras poéticas. 102. «Ilustración Española y Americana», Sección titulada «Ambos mundos», 15 de diciembre de 1890, p. 366. 103. Idem, 22 de marzo de 1892, p. 175. 104. «Álbum Salón», 1 de enero de 1899, p. 6. 105. Kim, S. H., Presencia del Arte de Extremo Oriente en España a fines del [87] siglo XIX y principios del siglo
XX, Universidad Complutense, Madrid 1988, pp. 255 ss.
106. CATALÁ, VÍCTOR, «Los crisantemas», «Joventut», 28 de noviembre de 1901, pp. 786 y 787.
107. RIQUER, ALEXANDRE DE,«Crisantemes», Barcelona 1899. Y para la comprensión de la cultura japonesa
desde el punto de vista occidental, véase: BENEDICT, R., El Crisantemo y la espada (Patrones de la cultura
japonesa), Alianza Editorial, Madrid 1974. Citamos unas frases del libro: «... Un estudio de la antropología cultural sobre las normas y valores de la sociedad japonesa... Se trataba de descubrir el sistema de coordenadas vitales dentro del que cobraban su pleno sentido la actitud económica, la estratificación social, la participación política, la estructura familiar, los métodos educativos, las creencias religiosas, las ideologías y las costumbres cotidianas de los súbditos del Mikado -las paradojas del estilo de vida japonesa- simbolizadas por la antinomia entre «el crisantemo y la espada», esto es el culto simultáneo a la estética y a la guerra.» (El libro fue escrito en 1944 por la antropóloga norteamericana.)
108. VILLAESPESA, F., Poesías completas, Tomo 1, Madrid 1954.
109. El sacerdote Francisco Piquer y Rodilla nació en el pueblo de Valbona, Teruel, en 1666. Ejerció su apostolado
en los pueblos de la serranía aragonesa, antes de llegar a Madrid, en 1700, prestando sus servicios espirituales como
capellán en un convento de monjas franciscanas, conocidas por entonces como «Las descalzas reales», denominación
que llega hasta nuestros días. En 1713, como comisionado del rey Felipe V, se hizo cargo de la institución,
declarándose al monarca como protector de la misma. Ese año el fondo del capital asciende a la cantidad de 400.808
reales.
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