|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Hugo Méndez Ramírez
University of Virginia Al acercarnos a la obra de García Márquez con el fin de elucidar el mosaico transtextual donde se inscribe, nos damos cuenta que la crítica se ha centrado siempre en algunos escritores modernos. Con frecuencia se menciona a Faulkner, Hemingway, Greene, Dos Passos y otros autores norteamericanos. Hasta ahora, no se ha llevado a cabo un estudio detenido del gran impacto que ha tenido en García Márquez la literatura del Siglo de Oro. Gerard Genette en su libro Palimpsestes define «transtextualidad», o trascendencia textual del texto, como «todo aquello que lo relaciona [al texto] manifiesta o secretamente con otros textos» (1). Incorporamos en este estudio dicha terminología, y utilizamos específicamente, además, el concepto de «palimpsesto» o «hipertextualidad» desarrollado por Genette para describir «toda relación que une un texto B (que llamaré hipertexto) a un texto anterior A (que llamaré, está claro, hipotexto) sobre el cual se inserta de una manera que no es la del comentario» (6). Antes y después de la publicación de Crónica de una muerte anunciada, García Márquez ha declarado que algunas de sus lecturas favoritas son el Amadís de Gaula y el Lazarillo de Tormes; y ha afirmado que además de las influencias de Sófocles, Rimbaud y Kafka, la poesía española del Siglo de Oro debería ser incluida en su lista de lecturas32. Ninguna obra de García Márquez, sin embargo, ofrece tantas alusiones a la literatura del Siglo de Oro como Crónica de una muerte anunciada33. La lectura detenida de la obra descubre debajo de su estilo policial una magnífica parodia del tema central del teatro español del siglo XVII: el honor. Nuestra definición de parodia literaria se ajusta aquí a la establecida por Henry K. Markiewicz, según la cual una obra no es ridiculizada debido a su manera particular de ridiculizar al modelo; su comicidad resulta no de la discrepancia entre sus aspectos particulares, sino de la exageración y condensación de los rasgos característicos del modelo. La parodia, como la entendemos en nuestros días es, según Markiewicz, «the recast of a serious work for satirical purposes, directed, however, not against the model but aimed at ridiculing contemporary customs or politics» (1265). La selección del tema revela, por lo tanto, ciertas inquietudes y valores sociales, mientras su tratamiento indica la opinión del escritor sobre dichos valores. La exégesis sobre
Crónica es muy amplia y variada.
Algunos se han aproximado al texto desde la perspectiva feminista (K. Ross, S.
M. Boschetto, W. O. Muñoz). E. P. Mocega González ve en la novela
la trayectoria histórica latinoamericana de conquistadores y
conquistados. A. M. Penuel, W. O. Muñoz y otros, opinan que se trata de
un ataque indirecto, aunque persistente, contra la Iglesia Católica y
sus valores tradicionales. También hay aquellos que encuentran la figura
simbólica de Cristo (J. Concha, L. Ambrozio, W. O. Muñoz, A. M.
Penuel, etc.), o la antigua tragedia griega y el rito del sacrificio (G.
Pellón, A. Rama, M. E. Davis). Jorge Ruffinelli, como Rama, se lanza a
deslindar los hechos que pertenecen a la realidad y los que son parte de la
ficción, para proponer que ambos son el recurso garcimarquiano para
expresar artísticamente la complejidad de la vida humana. Existen otros
estudios, pero en general todos ellos se podrían reducir a dos
interpretaciones básicas. Por un lado, se encuentran aquellos que
interpretan la novela en términos de la fatalidad tan persistente en la
obra de García Márquez (Donald Shaw, Ángel Rama,
Holzapfel,
De esta manera, McGrady sugiere que Santiago Nasar sí fue en realidad el responsable de la pérdida de las prendas de Ángela35. El perfil de la lectura que aquí se plantea intenta incrustarse en un marco crítico que cuestiona la enunciación del texto, considerando el discurso de éste un comentario paródico de ciertos valores sociales y culturales de una época. Al mismo tiempo, planteamos que la novela se presenta como un diálogo transtextual de la literatura tradicional, donde Crónica se convierte en el hipertexto de la comedia y ésta, a su vez, en el hipotexto en que se inserta el relato del colombiano. Crónica se convierte así en un palimpsesto que deja traslucir ciertos elementos del drama español. En nuestro ensayo, que se sumará a los estudios anteriores, cotejamos temas, acciones y algunas alusiones textuales del drama español que sugieren que García Márquez encontró en la comedia del Siglo de Oro -especialmente la de Lope- varios elementos para la elaboración de su novela. Con este enfoque nuestra interpretación pretende dar una visión más específica de la sociedad y una explicación al complejo mecanismo del comportamiento colectivo en el pueblo de los Vicario. Para entender mejor lo anterior, es necesario hacer una breve síntesis del concepto del honor representado en la comedia y su función social en el siglo XVII. El teatro español y la
sociedad del siglo XVII
El
concepto del honor formulado en la comedia tenía también una
función social importantísima,
Además, al público le fascinaba el tema. Lope de Vega, en su Arte nuevo de hacer comedias, así lo establece: «Los casos de honra son mejores / porque mueven con fuerza a toda gente» (Obras escogidas, 181). Es evidente que la comedia de Lope fortalecía una sociedad altamente estratificada, así como una concepción ideológica basada en una serie de normas establecidas en el código de honor español36. García Márquez -posiblemente el escritor latinoamericano más leído, el Lope de nuestro tiempo- se vale del tema del honor y los elementos de la comedia para armar su novela. Desde luego que lo que el autor colombiano se propone alcanzar es lo opuesto a lo que pretendía Lope en la comedia española. De un dudoso y trivial lance de honor, ocurrido 27 años atrás en el municipio de Sucre, García Márquez elabora su Crónica, agregándole elementos que pertenecen puramente a la ficción literaria; y con la ironización y la exageración de estos elementos García Márquez ridiculiza a los personajes y su código moral, para subrayar el carácter absurdo y brutal de los vestigios distorsionados de esta herencia cultural española que aún persiste en nuestra Latinoamérica de hoy. Los datos históricos
No ha cambiado mucho la manera en que los escritores buscan inspiración para sus relatos. García Márquez desentierra un episodio casi treinta años después de ocurrido «tratando de recomponer con tantas astillas dispersas el espejo roto de la memoria», (14) y lo ha llamado crónica y no novela para prestarles realidad histórica a los sucesos que narra. Los escritores del Siglo de Oro, curiosamente, también buscaban inspiración para la trama de sus comedias en las crónicas y en los romances, apegándose en parte a los datos históricos y enfatizando lo dramático de la fuente. Lope, por ejemplo, quería que su obra Peribáñez y el Comendador de Ocaña se desarrollara en la época de Enrique III. Para adornar de algunos datos históricos su pieza, acudió a la Crónica de Juan II. Al principio del acto tercero, comenta J. M. Marín, se ve como Lope
García Márquez, de manera similar a Lope, también encuentra su pretexto (trama) en una crónica (periodística), en un hecho histórico. Como Lope, parte de ahí, para luego entretejer su historia que pertenece completamente al mundo de la creación literaria. Es interesante observar también que los «hechos» presentados en Crónica coinciden en varios aspectos con los hechos que sirvieron de base a uno de los mejores dramas trágicos de Lope. Se trata de El caballero de Olmedo -drama inspirado, como otros tantos, en crónicas y romances. Francisco Rico, en su introducción a esta pieza, reproduce el texto de la crónica que utilizó Lope como fuente en su recreación de la tragedia:
De
esta crónica de la desgracia, hay dos elementos que nos interesan. El
primero es la muerte violenta de «dicho don Juan» en manos de estos
hombres armados con lanzas que aguardaban acechantes a su víctima cuando
llegaba a su casa37.
El segundo es el recurso de «tomar
sagrado» con el cual los criminales intentaron evadir la justicia;
«se acogieron al monasterio de la Mejorada.» La asociación
de este pasaje con la victimización de Santiago Nasar en manos de los
gemelos Vicario, y el
Los presagios
En las comedias del Siglo de Oro, y en particular las de Lope, los presagios juegan un papel importante en el desenlace de la obra. No es necesario insistir que en Crónica los presagios forman parte de esa fatalidad característica de las obras de García Márquez. En Crónica, los presagios apuntan hacia la inmolación de Santiago Nasar. En El caballero de Olmedo de Lope los augurios aciagos de don Alonso también anuncian su muerte. Un pasaje de la comedia es revelador. Don Alonso -víctima de la tragedia- ha tenido unos sueños que le han inquietado, y le relata a su sirviente una escena premonitoria:
Desde la primera página, en Crónica encontramos también, que en los dos sueños aciagos de Santiago la noche antes de ser asesinado, hay elementos que se corresponden con el pasaje anterior. Santiago
Los dos pasajes están llenos de símbolos eróticos -árboles; jardines; flores; agua; llovizna; jilgueros que derraman sangre y plumas al aire; pájaros salpicando excremento; y sobre todo, hay dos imágenes interesantes: el azor o halcón, ave de presas altas como representación del don Juan en la caza del amor; y el almendro, símbolo de la imprudencia debido a que florece antes de que el invierno termine (ambos símbolos muy comunes en la literatura del Siglo de Oro)38. Si analizamos el primer fragmento bajo
el contexto total del drama, nos damos cuenta que don Alonso sufre una
metamorfosis. De ser un don Juan (halcón) que va a otro pueblo (Medina)
a conquistar a doña Inés (pretendida por don Rodrigo), se
convierte en un pequeño jilguero a punto de caer en manos de su rival
celoso don Rodrigo (el azor escondido en el almendro). Esta
transformación del personaje es análoga a la que sufre
también Santiago Nasar (gavilán pollero) hacia el final de la
novela cuando se entera de que los hermanos Vicario lo quieren matar. Nahir
Miguel, el que había de ser su futuro suegro, después de
informarle de las malas nuevas, describe la reacción de
Santiago: «Parecía un
pajarito mojado»
(183).
En cuanto a sus sueños, ya hemos
señalado el carácter simbólico de los mismos (llovizna
tierna, higuerones, pájaros, almendros, etc.). Para Santiago el
sueño de que iba solo volando entre los almendros es el augurio de su
muerte al cruzar la plaza llena de almendros. El almendro en ambos casos
representa la imprudencia de estos donjuanes. Tanto Santiago como don Alonso,
debido a sus lances amorosos, mueren prematuramente. Santiago muere en febrero
(invierno), después de que había cumplido tan sólo
veintiún años. En forma de una serie de presagios y casualidades
inexplicables, la fatalidad en
Crónica se va perfilando como
la fuerza que impulsa y dirige las acciones humanas. El
fatalismo
Las comedias de comendadores
Tal vez la comedia más famosa de Comendadores sea Fuenteovejuna de Lope. De manera similar a Crónica, encontramos en esta comedia que todo un pueblo decide por sí mismo vengarse del Comendador lascivo que ha mancillado a la hija del alcalde del pueblo. El alcalde de Zalamea y Peribáñez y el Comendador de Ocaña, también de Lope, son variaciones de este mismo tema. La correlación temática con Crónica es evidente, puesto que el narrador nos dice que la muerte de Santiago fue «una muerte cuyos culpables podíamos ser todos» (131), o sea, que todo el pueblo, al no impedir el crimen, se convierte en cómplice del mismo. Además, la identificación de Santiago con estos Comendadores lascivos es válida si consideramos que el narrador de esta Crónica insiste en caracterizar a Santiago como «un gavilán pollero que andaba solo, igual que su padre, cortándole el cogollo a cuanta doncella sin rumbo empezaba a despuntar por esos montes» (144). Santiago Nasar, como los Comendadores de estas comedias, se vale de su posición social y su riqueza para cometer atropellos contra las doncellas del pueblo porque «[c]reía que su plata lo hacía intocable» (162), nos dice uno de los personajes de la novela. Crónica es una obra llena de ambigüedad. García Márquez se ha encargado de llenarla de elementos contradictorios. El tono grave y trágico que caracteriza a Fuenteovejuna, en Crónica se convierte en un discurso socarrón que tiende a invalidar el decoro del mismo. El dramatismo con el que se describe el linchamiento del Comendador contrasta con el ambiente casi carnavalesco que domina la escena final de la inmolación de Santiago. La ambigüedades aquí utilizada con el propósito de presentar una perspectiva multidimensional de la realidad, opuesta a la visión predeterminada contenida en la comedia, dado su carácter configurador. Por lo tanto, se convierte también en un elemento subversivo parodiante que sacude en el lector su cómoda y tradicional concepción de justicia. Por una parte, Santiago es presentado como un verdadero don Juan sin escrúpulos porque cree que su dinero lo hace intocable. Por la otra, el narrador defiende la posible inocencia del personaje e insiste que nunca hubo pruebas contundentes de su culpabilidad. Lo único que queda es el desconcierto del lector ante el misterio y una muerte brutal que nunca debió ocurrir. La falta de amor
Otro de los ecos de la obra de Lope en esta novela es también de orden temático. En este caso, se trata de un tema que al parecer obsesionaba a Lope: la no correspondencia del amor, o para ponerlo en palabras de García Márquez, «el inconveniente de la falta del amor» (Crónica, 57). Muchas de las obras de Lope (y de la comedia española) muestran el conflicto creado por la costumbre española de arreglar los matrimonios por motivos económicos y de poder sin tomar en cuenta el inconveniente de la falta del amor. En El caballero de Olmedo este tema se convierte en el motivo desencadenador de la desgracia. Don Alonso (la víctima), aludiendo a su amada Inés, pretendida por don Rodrigo (rival), inicia la obra con los siguientes versos:
García Márquez, en Crónica, muestra una especial insistencia en los matrimonios de conveniencia. A través de toda la obra se presentan personajes que están sujetos a las convenciones de la tradición. El narrador, al principio del segundo capítulo, nos dice que el matrimonio de Bayardo San Román y Ángela Vicario había sido arreglado por sus padres:
Además, Ibrahim Nasar, padre de
Santiago, se había casado con Plácida Linero porque
pertenecía a una familia «que fueron gentes
Con estos ecos, García Márquez se enfrasca en una crítica personal contra esa tradición absurda que aún persiste no sólo en la cultura latinoamericana, sino en todo el mundo. De nuevo, la hipérbole y la ironía le sirven al colombiano para expresar su grado de adhesión a esta costumbre en particular. Pero esto no es todo; García Márquez, además de estas afinidades que parecen ser eco de las obras mencionadas anteriormente, sigue cuidadosamente un paradigma de acción, o una serie de acciones características de los personajes de la comedia, acciones que estaban determinadas por las normas que imponía el código de honor. Magistralmente García Márquez echa mano de estos elementos con el fin de parodiar el tema del honor y su código. La parodia del código de
honor
Bayardo San Román, al devolver a Ángela Vicario la noche de bodas, hace pública la deshonra. A partir de entonces los personajes de la obra actúan bajo el dominio fatal del código de honor. El código establecía que la honra se equiparaba a la vida, y a la menor merma de la misma, seguía la reparación inmediata; determinaba, además, que la reparación tenía que ser desarrollada solamente por aquellos que tenían honra; esto es, los nobles. Había también que matar al agresor fuera quien fuera, salvo que se tratara del rey, en cuyo caso el interés nacional estaba por encima del honor particular. Dentro de este contexto, en Crónica, como en las comedias de Comendadores, los autores del crimen no eran nobles ni pertenecían a ninguna clase privilegiada, sino todo lo contrario -son villanos que toman en sus manos la reparación de la honra, ayudados por todo el pueblo. Por otra parte, si asociamos a Santiago Nasar, el «heredero de la mayor fortuna del pueblo», con la imagen de un rey, esto explicaría las sospechas del narrador cuando supone que Ángela «estaba protegiendo a alguien a quien de veras amaba, y había escogido el nombre de Santiago Nasar porque nunca pensó que sus hermanos se atreverían contra él» (145). En realidad, Ángela no estaba del todo equivocada al suponer lo anterior, pues -como el narrador reitera a través de la novela-, los gemelos Vicario hicieron todo lo posible para evadir el horrible compromiso que les había caído encima. Lo que no tomó en cuenta Ángela fue la fatalidad impuesta al agredido una vez hecha pública la ofensa. A partir de entonces, según el código tradicional, el ofendido, independientemente de su voluntad, era obligado, por ley, a la venganza y recuperación de su honra. Américo Castro apunta al respecto: «por muchas protestas que se lancen en esos momentos, el interesado sabe que su deshonra es cosa hecha; no hay vía alguna por donde pueda salvarse» (27). García Márquez ridiculiza esta situación arquetípica al mostrar que los gemelos Vicario trataron por todos los medios posibles y «mucho más de lo que era imaginable para que alguien les impidiera matarlo y no lo consiguieron» (81). García Márquez se burla aquí de las normas impuestas por el código de honor, las cuales adquieren un carácter absurdo y a la vez fatal en una sociedad que prefiere ser cómplice de un crimen que enfrentarse a sus prejuicios de tradición. Esto es «lo que me pareció -dice el autor- el elemento esencial: que los dos homicidas no querían cometer el crimen y habían hecho todo lo posible para que alguien se lo impidiera, y no lo consiguieron» (El olor, 37). Desde luego que este elemento es esencial para el autor, pues con él ataca lo aberrante y brutal del concepto del honor. Además, este nuevo elemento, agregado por García Márquez, pertenece totalmente a la parte de ficción de la novela. Mas, sin embargo, el clímax de la parodia del código de honor radica en el regreso de Bayardo después de las dos mil cartas que Ángela le había escrito. Hacia el final de la novela Bayardo
regresa después de diecisiete años llevando una maleta de ropa y
otra llena de un montón de cartas sin abrir (Crónica, 153). La clave de esta parodia la suministra
el propio escritor en un artículo publicado en
El País llamado «El
cuento del cuento», en el cual habla de los hechos verídicos de la
novela. Según García
García Márquez se burla así de sus personajes y de los prejuicios que determinan sus actos, con el fin de ofrecer una reinterpretación de este código: con el propósito de destruir el mito en aquellos que piensan que el honor es más importante que la vida, a quienes García Márquez responde con las palabras de su madre: «La honra es el amor» (Crónica, 155; el subrayado es mío). Es importante mencionar que esta frase está libre del tono irónico que caracteriza la novela39. A lo largo de Crónica, pocas veces se hace burla del punto de vista de la madre. De hecho, la madre del narrador es la única que está por encima de las convenciones de la tradición, la que «apreció como un acto de valor» (68) -por ejemplo- el que Ángela «se atreviera a ponerse el velo y los azahares sin ser virgen» (67). Con esta frase: «la honra es el amor», el narrador antepone la fuerza del amor a la tradición y al culto del honor, y no hay más honra para el narrador y su madre que ésta. Es por esa fuerza del amor que Ángela Vicario, después de haber sido de vuelta y mientras era golpeada por la madre, se da cuenta que ama a Bayardo, y vuelve a nacer, nos dice el narrador (147-49). El amor real que siente Ángela le devolvió su honra; «se volvió lúcida, imperiosa, maestra de su albedrío y volvió a ser virgen sólo para él, y no reconoció otra autoridad que la suya ni más servidumbre que la de su obsesión» (150). El amor no sólo le devuelve la honra, si no que la libera de la opresión y fatalismo del concepto tradicional. Por esa fuerza del amor es que Ángela (después de las dos mil cartas que le escribe a Bayardo) logra vencer los prejuicios y reservas de Bayardo. Este episodio, que pertenece puramente a la creación literaria del autor, a pesar de lo kitsch que parezca, encierra la parodia central que hace García Márquez del código de honor. Se trata, pues, de un código de amor y no de honor; un código que se caracteriza por la carencia de normas y leyes preestablecidas y que sólo se rige por la libre voluntad de los amantes. Es de capital importancia reiterar el carácter subversivo y paródico de este desenlace. García Márquez ha alterado las normas del código con el fin de socavar su aparente validez trascendental. Conclusión
García Márquez ha insertado en Crónica varios elementos temáticos del drama español (lopesco), agregándole su nota personal. El «tomar sagrado», los presagios y el fatalismo; la probable inocencia de Santiago; la vacilación de los gemelos; el regreso de Bayardo; son los elementos claves dirigidos a ridiculizar e invalidar el código de honor. Si la comedia del Siglo de Oro, como dice Lope, «movía con fuerza a toda gente», y era considerada como un espejo de la sociedad, la novela de García Márquez es un espejo roto de la memoria que proyecta distintas realidades fragmentadas, y no sólo una cómoda y ordenada visión del mundo. Depende del lector, por lo tanto, reconstruir ese espejo roto. Desde luego que lo que el autor se propone es lo opuesto a lo presentado por Lope en sus comedias. A través de la parodia y ridiculización del tema y los personajes, García Márquez logra en esta obra reinterpretar el concepto del honor que existe en la imaginación de la sociedad, y a la sentencia barroca de «el honor es más importante que la vida», el autor antepone cinco palabras: «La honra es el amor.»
Obras citadas
Ambrozio, Leonilda. «Morte/Nao Morte: O Mito de Cristo em Cronica de uma Morte Anunciada.» Revista Letras 35 (1986): 17-36. Boschetto, Sandra Maria. «The Demythification of Matriarchy and Image of Women in Chronicle of a Death Foretold.» En Bradley A. Shaw y Nora Vera-Goodwin, eds. Critical Perspectives on Gabriel García Márquez. Lincoln, NE: Society of Spanish and Spanish-American Studies (1986): 125-37. Bandyopadhyay, Monabendra. «A Detective Story Turned Upside Down: Did They Not Warn Santiago Nasar?» En Alok Bhalla y Ramesh Mohan, eds. García Márquez and Latin America. New York: Envoy, 1987. 89-100. Calderón de la Barca, Pedro. La vida es sueño. Edición crítica al cuidado de Ciriaco Morón Arroyo. Madrid: Cátedra, 1982. Castro, Américo. «Algunas observaciones acerca del concepto del honor en los siglos XVI y XVII» RFE 3 (enero-marzo 1916): 1-50. Concha, Jaime. «Entre Kafka y el Evangelio.» Araucaria 21 (1983): 105-09. Davis, Mary E. «The Town That Was an Open Wound.» Comparative Literature Studies 23.1 (Spring 1986): 24-43. Fowles, John. «The Falklands, and a Death Foretold.» Georgia Review (Winter 1982): 721-28. García Márquez, Gabriel. Crónica de una muerte anunciada. Barcelona: Bruguera, 1982. ——. El olor de la guayaba: Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza. Barcelona: Bruguera, 1982. Genette, Gerard. «Transtextualidad» tomado de Palimpsestes, tr. Felipe Ardila. Bogotá: Centro de Estudios Literarios, Universidad Nacional de Colombia, 1987. Holzapfel, Tamara y Alfredo Rodríguez. «García Márquez's Crónica de una muerte anunciada: History, Literature and Tradition.» En Elizabeth Rogers y Timothy Rogers, eds. In Retrospect: Essays on Latin American Literature. York, SC: Sp. Lit. Pubs. Co., 1987. 170-76. Iglesias, Daniel y Barbara Jarvis. «El halcón y la presa: Identidades ambiguas en Crónica de una muerte anunciada.» En Ana María Hernández de López, ed. En el punto de mira: Gabriel García Márquez. Madrid: Pliegos, 1985. 219-29. Kercher, Dona M. «García Márquez's Crónica de una muerte anunciada [Chronicle of a Death Foretold]: Notes on Parody and the Artist.» LALR 13 (1985): 90-103. Maravall, José Antonio. Teatro y literatura en la sociedad barroca. Madrid: Seminarios y Ediciones, 1972. Markiewicz, Henry K. «On the Definitions of Literary Parody.» En To Honor Roman Jakobson. Vol. II. La Haya: Mouton, 1967. 1264-72 McGrady, Donald. «La función de las imágenes eróticas en la Crónica de una muerte anunciada de García Márquez.» En Raymond L. Williams, ed. Ensayos de literatura colombiana. Colombia: Plaza & Janes, 1984. 100-10. Mocega-González, Esther P. «Crónica de una muerte anunciada: Historia y mito.» Confluencia 2.2 (Spring 1987): 78-84. ——. «La mecánica de los triángulos históricos y la trampa del círculo en Crónica de una muerte anunciada.» Revista Iberoamericana 53.141 (Oct.-Dic. 1987): 807-22. Pellón, Gustavo. «Myth, Tragedy, and the Scapegoat Ritual in Crónica de una muerte anunciada.» RCEH 12.3 (1988): 397-413. Penuel, Arnold M. «The Sleep of Vital Reason in García Márquez's Crónica de una muerte anunciada.» Hispania 68.4 (Dec. 1985): 753-66. Predmore, Richard L. «El mundo moral de Crónica de una muerte anunciada.» CHA 390 (1982): 703-12. Rama, Ángel. «García Márquez entre la tragedia y la policial o Crónica y pesquisa de la Crónica de una muerte anunciada. » Sin Nombre 13.1 (1982): 7-27. Ross, Kathleen. «La casa de amor es la alternativa: Women in Spanish-American Narrative.» En Ramón Fernández-Rubio, ed. Selected Proceedings of the Thirty-Fifth Annual Mountain Interstate Foreign Language Conference. Greenville, SC: Furman Univ., 1987. 301-07. Ruffinelli, Jorge. «Crónica de una muerte anunciada: Historia o Ficción.» En Ana M. Hernández de López, ed. En el punto de mira: Gabriel García Márquez. Madrid: Pliegos, 1985. 271-83. Shaw, Donald L. «Chronicle of a Death Foretold: Narrative Function and Interpretation.» En Bradley A. Shaw y Nora Vera-Godwin, ed. Critical Perspectives on Gabriel García Márquez. Nebraska: Society of Spanish American Studies, (1986): 91-104. Vega, Carpio, Lope de. El caballero de Olmedo. Edición crítica al cuidado de Francisco Rico. Madrid: Cátedra, 1983. ——. El castigo sin venganza. Edición de Alfredo Rodríguez. Madrid: Ebro, 1976. ——. Fuenteovejuna. En Diez comedias del Siglo de Oro. 2a ed. Edición de José Martel y Hymen Alpern y revisada por Leonard Mades. New York: Harper and Row, 1968. ——.
Obras de Lope de Vega, Vol. IV
Edición
——. Obras escogidas. Edición de Elías Zerolo. París: Garnier Hermanos, 1919 (?). ——. Peribáñez y el Comendador de Ocaña. Edición crítica de Juan María Marín. Madrid: Cátedra, 1980.
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||