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Cuentos del 849 al 855 —[64]→ —65→
849. Juan Pumpeño LA RIOJA Éstos eran dos viejitos que no tenían familia. Vivían solitos. El viejito era esclavo de un Rey y le acarreaba leña todos los días. A la viejita se le ocurrió una vez de pedirle a Dios que le diera un hijo, de verse tan solitos. Al poco tiempo a la viejita se le hinchó una rodilla, y Dios le había hecho el milagro. Dio a luz un hijo que nació por la rodilla. Al llegar el viejito de la leña, encontró a su señora muy enferma, y cuando nació el niño le pusieron por nombre Juan Pumpeño, porque así se llamaba el padre. Desde chiquito, este niño fue muy valiente y tenía mucha fuerza. A los ocho años le hizo una apuesta al Rey, que haría llegar una barreta de oro que pesaba 5 arrobas a una distancia de 500 varas para arriba. Si la hacía llegar a esa altura, sería dueño de la barreta de oro. La tiró primero el Rey, y apenas la hizo llegar a las 100 varas. Luego la tiró Juan Pumpeño, y la hizo llegar a las 500 varas. Recibió la barreta y se fue muy contento a su casa, y les contó a los padres lo ocurrido. El Rey le jugó a quién tiraba más lejos una espada más pesada que la barreta. La tiró el Rey, y cayó áhi cerca no más. La tiró el chico, y la hizo llegar más lejos que a la barreta, y se quedó con la espada. —66→El chico les pidió permiso a los padres para ir a rodar tierra y ganar plata para ellos, y se fue. Se llevó la espada que era muy filosa y cortaba un pelo en el aire. Después de mucho andar, encontró en el camino a unos arrieros, y como tenía hambre, les pidió pan y charqui47. Éstos le dieron un costal de cada cosa. Él los levantó a los dos costales y se los puso al hombro. El patrón del arreo48, al verlo con tanta fuerza, le dijo que si levantaba un toro chúcaro49 se lo daría. El chico dijo que bueno. Lo agarró al toro y lo puso en el hombro. El patrón se lo dio. Juan carnió el toro y se lo echó entero al hombro. Se fue y se lo llevó a los viejitos. Después de unos días salió otra vez a rodar tierra. Ya lejos se encontró con un gigante que estaba descansando abajo de un árbol. El gigante cuando lo vio le preguntó: -¿Qué hacís por acá, gusanillo de la tierra? ¿A que te como? Y el niño le contestó: -¡Comeme, si podís! Y áhi no más se pusieron a peliar. Antes de media hora el chico le cortó con la espada una oreja al gigante y se la guardó en un bolsillo. Y el gigante cuando se vio perdido se disparó. El chico lo siguió al rastro de la sangre. En el camino se encontró con unos piones que estaban cuidando la hacienda de un Rey para que el gigante no se la coma. Siguió y encontró que el rastro se perdía en el güeco de un cerro. Él iba con los piones. Tiró una soga por el güeco. Por la soga se largaron uno por uno de los piones. Los piones se volvían asustados porque adentro había mucho —67→ juego, hielo y piedras que se daban unas con otras. Al último se descolgó Juan y se encontró con una niña muy hermosa. La niña le dijo que no siguiera más allá porque a ella la cuidaba un gigante muy malo. Pumpeño le contestó que a ese gigante lo andaba buscando él. En eso llegó el gigante y se pusieron a peliar. El chico lo venció y le cortó la otra oreja con la espada, y lo mató. Ató la niña en la soga y tiró para que la sacaran para afuera. A la niña le dijo que ella no dijiera ni una palabra, pero que hiciera que volviera la soga. Siguió más adentro y encontró a otra niña más linda que la anterior. La niña le dijo que no siga más adelante porque a ella la cuidaba una serpiente. Juan le contestó: -A ésa la ando buscando yo. En eso vino la serpiente y se pusieron a peliar. La mató a la serpiente con la espada. Le cortó la cabeza, le sacó la lengua y la guardó en el bolsillo. La ató a la niña en la soga y tiró para que la sacaran. Le dijo que no diga nada y que le manden la soga. Siguió bajando y encontró a una niña mucho más linda que las otras dos. La niña le dijo que no siga, que a ella la cuidaba un tigre. Él le dijo que a ése lo andaba buscando. Vino el tigre y se pusieron a peliar. Lo mató con la espada, le sacó el cuero, lo dobló pien y lo guardó. La ató a la niña en la soga y tiró para que la saquen. Le dijo que no diga nada y que haga volver la soga para salir él. Las tres niñas eran las hijas del Rey que las había robado el gigante. El Rey había dicho que se iban a casar con el que las salvara. Cuando las vieron, los piones se pusieron de acuerdo para dejar a Juan adentro, y soltaron la soga. Se fueron con las niñas al palacio. Cuando llegaron le hicieron creer al Rey que ellos habían salvado a las niñas, del gigante. El Rey estaba loco de contento y dijo que se tenían que casar con los piones. —68→ Las niñas no decían nada porque así les había recomendado Juan. Se comenzaron a hacer los aprontes para las bodas. En eso la schulca50 quedó muda. Juan Pumpeño estaba encerrado en el lugar encantado. Se acordó de que su espada tenía una virtú, y le dijo: -«Espadita, por la virtú que Dios te dio, llevame 300 metros más abajo». Juan se equivocó, quiso decir para arriba. Y se fue para abajo. Se encontró con muchos pimeños51. Les preguntó si conocían la Ciudá del Rey, y le dijieron que no. Le pidió a la espada que lo llevara 200 metros para arriba, y se encontró con un labrador. Le preguntó si conocía la Ciudá del Rey, y le dijo que no. Juan siguió caminando. Anduvo mucho y un día se encontró con la tierra del Rey de los pajaritos. Le preguntó al Rey de los pajaritos si conocía la Ciudá del Rey. Él le dijo que no la conocía pero que iba a llamar a su gente. Tocó una flauta y vinieron todos los pajaritos, que eran muchísimos. Ninguno conocía la Ciudá del Rey. Sólo faltaba una águila. Llegó al rato, chumada52, y les contó que venía de la Ciudá del Rey, de una gran fiesta que había en el palacio, que por eso venía chumada. Dijo que se casaban las hijas del Rey con los piones que las habían salvado del gigante, pero que la schulca estaba muda. Juan Pumpeño le suplicó que lo llevara hasta allí. El Rey de los pajaritos la mandó. La águila dijo que bueno. L'águila lo subió en sus alas. Le dijo que cerrara los ojos, y se echó a volar. Cuando Juan abrió los ojos, se encontró —69→ en el palacio del Rey, en medio de una gran fiesta. Cuando lo vio la schulca corrió adonde estaba él, habló, y dijo: -¡Con éste me caso yo! El Rey y todos vinieron a ver lo que pasaba. Juan Pumpeño puso sobre de una mesa las orejas del gigante, la lengua de la serpiente y el cuero del tigre, y contó cómo las había salvado a las niñas. Ellas hablaron y contaron todo lo que tuvo que luchar Juan Pumpeño para salvarlas del gigante, la serpiente y el tigre. Dijieron que no habían dicho nada antes porque Juan Pumpeño les había dicho que no hablaran. Entonces el Rey los hizo matar a los piones. Los hizo atar a cada uno en cuatro potros chúcaros, por bribones. Y los potros los descuartizaron. A Juan Pumpeño lo hizo casar con la schulca, los coronó de reyes, y hicieron una gran fiesta. Irene Núñez, 71 años. Nonogasta. Chilecito. La Rioja, 1947. Originaria del lugar. Muy buena narradora. El cuento es una amalgama del cuento de La serpiente de siete cabezas y del cuento de El mundo subterráneo. —70→
850. El muchacho de la burra SAN LUIS Ésta era una viejita muy pobre. Todo el capital que tenía era una burra. Un día le dieron a la viejita un niño chiquito. Ella no tenía qué darle al chico, ni de dónde sacar leche. Lo que hizo la viejita, le quitó un burrito que tenía la burra, y lo comenzó a criar al niñito con leche de burra. El niño se crio hasta el tiempo que tuvo que ir a la escuela. Cuando fue a la escuela todos los chicos de la escuela le decían al chico el muchacho de la burra. Él no decía nada, hasta que un día se incomodó y cuando vino de la escuela le preguntó a la madre -él no conocía más madre que la viejita- que si era cierto que él era hijo de una burra. La madre le dijo que no, que era hijo de ella propio, y que no les hiciera juicio a los niños de la escuela. Y todos los chicos le decían: -¿Qué decís muchacho 'e la burra? Él les dijo que no le dijieran más así, porque él los iba a embromar. El chico era muy fortacho y gordo. Bué... Un día le avisó al maestro que él no quería que le dijieran el muchacho de la burra. El maestro se reía y le dijo también que no les hiciera juicio. Los niños de la escuela por hacerlo enojar, más le decían el muchacho de la burra. Se enojó un día con uno de los chicos y le pegó una trompada el muchacho de la burra -al otro chico- y lo mató. Al grito —71→ de todos los chicos, salió el maestro corriendo y les dijo que qué pasaba. Fue a ver adonde estaba el muchacho de la burra y le dijo que qué había hecho. El muchacho de la burra le contestó que lo había muerto porque ya lo tenían cansado diciendolé el muchacho de la burra. Entonce el maestro se enojó y le dijo que porque si le había dicho el muchacho de la burra, él iba hacer un crimen. Él le dijo que no dijiera dos veces, porque también lo iba a matar a él. Entonces el maestro le volvió a decir, y él lo mató también. Subió a caballo en su burro y trató de darse a la fuga. Fue por una herrería y le dijo al herrero que le hiciera una espada que pesara un quintal. Bué... Al otro día temprano, el herrero se fue a la casa del muchacho de la burra y le llevó la espada que había pedido. Salió el muchacho de la burra y le recibió la espada. El muchacho de la burra la manejaba a la espada como manejaba un tenedor. Bué... Le dijo a la madre que él se iba a ir porque iba a ser perseguido de la policía. Ensilló su burra y tomó viaje. A los tres días que anduvo que encontró un hombre que estaba sentado en un tronco muy grande y le preguntó, que si no había por ahí un pueblo ande trabajar. El hombre se levantó, y le pegó una patada al tronco ande estaba sentado y lo sacó de raíz. Y le dijo que para el lado que se ladió el tronco, había trabajo. El muchacho de la burra le llamó mucho la atención que era un hombre tan fortacho y le dijo, que si no quería que fueran a rodar tierra juntos. Bué... El que estaba sentado en el tronco le dijo qu'él, era con él, con el único que se juntaría, porque había visto en los diarios qu'él era fortacho y que era el muchacho de la burra. El muchacho de la burra le dijo que no dijiera eso dos veces porque lo mataba. -Güeno -le dijo. S'hicieron amigos y se jueron juntos. Siguieron los dos. A los seis días encontraron un hombre que estaba arando con unos bueyes, y llegaron y le dijieron que si no sabía adónde había trabajo. El muchacho de la burra le llamó la —72→ atención y lo convidó que jueran juntos. El hombre contestó que con el único que se juntaría era con él porque sabía que era el muchacho de la burra. Él le dijo que no dijiera dos veces porque lo iba a matar. Le dijo que bueno, que él no sabía porque se ofendía. Se fueron los tres. Al otro día temprano encontraron un hombre que venía a toda furia y cayó adónde ellos estaban y les dijo que venía corriendo con el viento. -Y ya le gani también -dijo y áhi era la raya. El muchacho de la burra lo convidó a rodar tierra con ellos, y se juieron. Llegaron a la casa de un Rey adonde les habían dicho que áhi ocupaba gente el Rey, pero que estaba de guerra. Llegaron los cuatro a pedir trabajo. El Rey les dijo que si querían entrar en la guerra que él tenía, que les podía pagar cien pesos por día para que pelearan contra los moros que en esos días antes le habían llevado al Rey tres hijas que tenía. El muchacho de la burra, el del tronco y el de los bueyes, aceptaron, y aquel hombre ligerón dijo que no, porque no se encontraba capaz. Entonce le dijo el muchacho de la burra al Rey que si no tenía él algún hombre que fuera ligero, que podían hacer una carrera. Entonce le dijo el Rey que tenía una negra que era muy ligera, que hicieran una carrera. Entonce hicieron la carrera. Jugaron todo lo que tenían. El Rey mandó la negra y al hombre pión del muchacho de la burra. El hombre ligero era un pión del muchacho de la burra. La carrera era de ir a la mar y traer una copa con agua. La negra era bruja. Bué... Salieron corriendo la carrera. El pión del muchacho de la burra la dejó muy lejos para atrás, áhi cerca no más, cuando salieron de la raya. Fue ligero, alzó el agua y pegó la vuelta. Cuando venía a mitad del camino recién la encontró a la negra que iba. Cuando vino a las casas el ligero, la negra tuavía no había llegado. Le ganó muy lejos la carrera. El muchacho de la burra y el de los bueyes y el del tronco, se ganaron muchos pesos. Bué... El ligero no quiso —73→ entrar en la guerra y se fue ya con sus pesos. El muchacho de la burra le pidió al Rey dos espadas como la que él tenía, que pesaran un quintal. Una era para el de los bueyes y otra para el del tronco. Al otro día el Rey los hizo llevar al campo de batalla. El muchacho de la burra y los dos compañeros se pusieron de acuerdo que cuando empezaran a pelear, se pusieran retirados uno de otro, porque las espadas eran muy grandes y podían pelearse entre ellos. Y ya entraron a pelear y a golpear moros todo el día. Esa tarde ya habían quedado poquitos. Dejaron de pelear y dijieron entre ellos que al otro día, antes de las diez, terminaban. Al otro día cuando fueron otra vez al campo de batalla encontraron miles sobre miles. Y así pasó una semana entera. El día sábado, en la noche, el del tronco y el de los bueyes se acostaron a dormir muy cansados y el muchacho de la burra se sentó a pensar que no debían ser tanto los moros, y se puso a mirar para el lado del campo de batalla, y devisó una lucesita que andaba en el campo. Alzó su espada, calladito, y se fue a ver qué era esa luz. Cuando fue allá encontró una viejita con un cuernito en las manos, que se lo pasaba por todas las heridas a los muertos y que así se levantaban vivos los moros. Bué... Llegó él y ya se habían parado muchos moros, y los volvió a matar a todos. Y la agarró a la viejita y la hizo hincar y le preguntó quién era ella y ella le dijo que era la madre de los diablos y le pedía por favor que no la fuera a matar. Él le dijo que le confesara adónde estaban las hijas del Rey. La viejita le dijo que estaban en un galpón que se vía en un bajo, que ahí estaba lleno de cueros de vaca y que había un pozo de balde muy hondo. El muchacho de la burra le preguntó cómo podía hacer para llegar adonde estaban las niñas. La vieja le dijo que tenía que hacer un lazo de todos los cueros de vaca que había en el galpón y un noque, y largarse con una rondana. Cuando le confesó todo eso le quitó él el cuernito de la mano a la vieja y la mató. Al otro día vinieron los tres a ese mismo lugar y había todavía tres o cuatro moros vivos y los terminaron —74→ y se fueron a ver en el galpón. Encontraron los cueros de vaca y el pozo 'e balde. Se pusieron entre los tres a trenzar el lazo y hacer el noque. Echaron dos meses. Tuvieron todo listo y se largó en el noque el del tronco, y dijo el del tronco que cuando él cimbrara la soga, que lo sacaran para arriba porque había peligro. A la mañana temprano lo largaron al del tronco y áhi como a las doce, cimbró la soga de abajo, y los otros lo sacaron arriba. Y les dijo que había ido para abajo hasta donde estaban dos liones peliando, y no se animó a seguir más. Al otro día se fue el de los bueyes a la misma hora. Cimbró la soga otra vez para que lo sacaran y lo sacaron arriba y les dijo cuando se juntó con ellos, que había ido hasta donde estaban dos piedras chocandosé. Al otro día se fue el muchacho de la burra. Llegó ande estaban los liones, les pegó una patada y los mató. Pasó y jue ande estaban las piedras, les pegó una patada y las despachó abajo. Llegó al fondo del piso, ande se terminaba el piso, y llegó a una casa que pa'ande miraba había oro. Abrió una puerta. Áhi estaba la hija mayor del Rey. La niña le dijo que se retirara por favor que él era perdido, que a ella la tenían los diablos y que la cuidaba un chancho muy malo, que tenía una cruz negra en la paleta. A todo eso, el muchacho de la burra sintió unos ruidos como si arrastraran cadenas, y eran los dientes del chancho. Y ya entró a la pieza y se agarraron a peliar. Pelió como una hora hasta que lo mató. Agarró la niña, vino ande 'staba el noque, y la despachó para arriba. Cimbró la soga, y la sacaron. Fue a otra pieza. Encontró la otra niña. A ésta la cuidaba una serpiente con siete cabezas. Siguió peliando. Le cortaba una cabeza a la serpiente y en el aire se volvía a juntar. Pero como Dios le ayudó logró matar a la serpiente. Vino ande 'staba el noque que lo habían vuelto a bajar, y la despachó también. Descansó un rato y siguió buscando la otra niña, que era la menor. Había una pieza muy segura que no la podía abrir. Rompió la puerta y entró. A esa niña la cuidaba el diablo más malo. Cuando entró el muchacho de la burra se agarraron a peliar —75→ a cuchillo. Peliaron como una hora adentro y salieron para ajuera, muy cansados los dos. El diablo viejo amagó retroceder para el lado de una laguna de agua que tenía allá, en el otro mundo. Tocando siquiera con un pie el diablo el agua, quedaba muy descansado como si no hubiera peliado. Entonce la niña, le gritó al muchacho de la burra que no lo dejara llegar al agua. Entonce el muchacho de la burra lo comenzó a atajar de aquel lado, hasta que por áhi le cortó un pedazo de oreja y se lo manotió en el aire y se lo metió al bolsillo. El diablo comenzó a ir a menos hasta que se rindió. El muchacho agarró una cadena y lo ató, y se puso a descansar. El diablo le pedía por favor que le entregara el pedazo de oreja. Él no lo atendía. Se jue y habló con la niña y le dijo que la iba a sacar en el noque. La niña era bruja, y le dijo que los compañeros d'él que estaban arriba lo iban a traicionar, que cuando ella saliera en el noque y lo mandaran al noque de vuelta para que subiera él, cuando fuera a la mitada del pozo, l'iban a cortar la soga pa que se matara de un golpe, que no subiera nada en el noque, que para que viera que era cierto, que en vez de subir él que echara una piedra pesada. Que ella le iba a dar una virtú, que en tres palabras que hablara, él iba a subir arriba. La niña le dio un anillo y dijo, que dijiera: -«Anillo 'e la virtú, por la virtú que Dios me dio, que me saque siete estados para arriba». La niña la mandó en el noque, y él guardó el anillo. El noque vino de vuelta y él, en vez de subir, echó una piedra pesada, y se puso a escuchar. Al rato no más sintió un ruido. Era la soga que la habían cortado, y la piedra que caiba. Los compañeros habían cortau la soga, como dijo la niña. Llegó la piedra al suelo y se enterró como diez metros para abajo. Él sacó el anillo y tuvo la poca suerte cuando dijo: -«Anillo 'e la virtú, por la virtú que Dios me dio, que me lleve siete estados para abajo». —76→Se jue ande estaban unos hombres muy chiquititos, que eran enanos. A él le decían Dios y lo miraban para arriba cuando le querían ver la cara. Ahí anduvo unos ochos días, muy triste. Y el diablo viejo lo iba a buscar siempre; no lo dejaba de molestar para que le entregara el pedazo de oreja. El muchacho de la burra le hizo un trato al diablo viejo. Le dijo que le iba a entregar el pedazo de oreja, si lo sacaba arriba adonde estaban los galpones con cuero de vaca. El diablo viejo le dijo que como no. Qu'él lo iba a llevar. Lo alzó en el hombro, y lo llevó volando, y lo asentó allá. El muchacho de la burra sacó el pedazo de oreja y se lo entregó. Se jue para la casa del Rey. Los otros ya 'staban allá y habían dicho que ellos habían hecho las hazañas. Entonce la hija menor salió llorando y lo encontró, y lo trajo del brazo adonde 'staba el Rey y le dijo al Rey que ése era el hombre que había salvado la vida a las tres niñas. Entonce el Rey lo hizo casar con la niña menor, y a los otros les pagó el dinero que habían ganado por día y los despachó. Yo 'stuve en ese casamiento, había zapallo asado y mate en jarro. Zapatito roto que usté me cuente otro. José Chaves, 26 años. San Martín. San Luis, 1939. Buen narrador. Aprendió el cuento de viejos de su comarca. —77→
851. Pompeira el valiente SAN LUIS Era un viejo y una vieja. El viejo era muy flojo, tan flojo que no servía para nada más que para 'tar sentado a la orilla del juego, en la cocina. La vieja hacía todo. Salía a ver la hacienda, a tráir la leña, a acarriar agua, a carniar, a componer los cercos, a sembrar las chacras, y iba al pueblo a comprar los vicios53 y todo lo que se necesitaba en las casas. Un día, la vieja andaba campiando unos animales y se encontró con un gigante. Entonces el gigante le dice: -No si asuste, no le voy a hacer nada, pero no hay más que usté se tiene que venir conmigo. Yo la voy a llevar a mi casa, la voy a tratar bien y usté va a tener todo lo que necesite sin andar trabajando como un hombre, como anda. -No, señor, no puedo ir porque tengo que atender a mi esposo. ¡Cómo me voy a ir y lo voy abandonar! Pero el gigante la llevó no más. Cuando llegaron a las casas del gigante, la hizo entrar y la encerró. Tenía puerta de fierro la casa y el gigante le echó llave. La vieja tenía todas las comodidades y vivía —78→ con el gigante. Al año tuvo familia, un niño varón. El niño era muy vivo y durísimo54, a los cinco o seis día ya andaba corriendo. Al mes, el chico ya 'taba grandecito y el gigante le dijo a la vieja que se juera, que ya no la necesitaba más. -Si me voy me va a matar mi marido -le dice la vieja. -El niño tiene que quedar. Es el único heredero de lo que tengo. Todas esas piezas llenas de plata van a ser para él -le dijo el gigante. El niño le dijo que él se iba con la madre no más. Se jue la vieja con el chico, pero él tenía que volver esa tarde. Cuando llegó a su casa, la vieja, el viejo le dice: -Te fuiste sin cría y volvís con cría. ¡Ya vas a ver lo que te va a pasar! Sacó, el viejo, un lazo trenzado y la jue a castigar a la vieja. El chico al lado de la madre 'taba y no se movía. Cuando le jue a pegar el viejo a la vieja, el chico lu echó al suelo di un chirlo. El viejo se enderezó y quiso pegarle, pero el chico lo volvió a echar al suelo. El viejo guardó el lazo y se jue a la cocina y se sentó a la orilla del juego. La vieja echó leña al juego que 'taba cuasi apagado y se puso a hacer la comida. Después comieron. Esa tarde, el chico se aprontó para irse a la casa del gigante, y le dijo al viejo: -Si la tocás a mi madre, mañana te mato -y se jue. El chico llegó a la casa del gigante y le dijo: -Mañana echemé una tropilla de yeguas para enlazar un potro en el corral. —79→El gigante le echó una linda tropilla al corral. Entró a enlazar el chico. Cada potro que enlazaba y le pegaba una estirada, lo mataba. Eran potros gordos y bravos y los mató a cuasi todos. Después le dijo al padre, al gigante: -Mire, padre, hagamé hacer una espada de catorce arrobas. El gigante se la hizo hacer de acero puro. A los pocos días el herrero que hizo la espada le mandó decir al gigante que ya 'taba hecha pero que él no se la podía tráir. El chico jue y la trajo. El padre lo bautizó con el nombre de Pompeira. El chico la encontró muy liviana a la espada y le dijo al herrero que le echara catorce arrobas más. Cuando tuvo hecha la espada, el herrero les mandó a decir que la podían tráir. El chico jue y la agarró a la espada y la manejaba con el dedo chico para todos lados. La encontró liviana todavía, pero para no ponerlo en más gastos al padre le dijo al herrero que la dejara así. Güeno... Jue a la casa, el chico, y le dijo al gigante: -Padre, no hay más, que ahora me voy a rodar tierra. El gigante le dijo que para qué se va a ir sin necesidad. Pero él le dijo que se iba no más. El gigante le trajo dos mulas pa que hiciera el viaje. Ensilló una de las mulas y a la otra la llevó de tiro. Se despidió y se jue. A los muchos días de caminar sin rumbo se le cansa la mula que montaba. Le pegó una estirada, le cortó la cabeza y la tiró. Ensilló la otra. A los dos o tres días se le cansó la otra mula. La tiró ensillada y no sacó del apero más que una bolsa de lona. Y siguió de a pié. Lejos, encontró un —80→ dijunto55. Lo estuvo mirando sin saber qué hacer. Al fin lo dejó. Después de caminar, va pensando y se vuelve y lo llevó al hombro. Al hacerse de noche, se tiró a dormir a la orilla del camino y lo puso al dijunto de cabecera. Al día siguiente se despertó y siguió andando con el dijunto al hombro. Llegó a un cementerio y lo enterró al muerto. Siguió de nuevo su viaje y cerca no más encuentra a un hombre que llevaba una iglesia en la cabeza. Le pregunta que para dónde va y el otro le contesta que la cambiaba de lugar porque no estaba bien ande la habían hecho. Le preguntó a este hombre tan fortacho56 que cómo se llamaba y le dijo que se llamaba Miliquinaco. Entós le dice: -Deje eso, amigo. Vamos, mejor, a rodar tierra juntos. Le pago lo que pida. El hombre dijo que güeno, lo conchabó y siguieron juntos. Por el camino encuentran a otro hombre que 'staba envolviendo una espesura57 con un hilo de carretel. Le preguntó, Pompeira, qué 'staba haciendo y el hombre le dice que 'staba por arrancar esos árboles. Áhi le pegó una estirada y sacó todos los árboles de ráiz. Entós le preguntó el nombre y le dijo que se llamaba Placamontaña. Era otro hombre muy fortacho, tan fortacho como el otro. Entós le dijo Pompeira: -Deje di arrancar árboles, amigo, y vamos juntos a rodar tierra. Yo le pagaré lo que usté quera. El hombre dijo que güeno, y lo conchabó Pompeira. Y siguieron camino los tres. —81→Caminando llegaron a una ciudá muy grande. Había casas de negocio muy surtidas. Pompeira le dijo que se quedaran por una noche áhi. Al otro día determinaron de ir a cazar aves para comer. Salieron de la ciudá y se entraron en medio de unos cerros. Dispusieron que se quedara Miliquinaco a hacer la comida y los otros dos salieron a cazar. Miliquinaco era el que alzaba las casas y las iglesias como si jueran un juguete. Miliquinaco hizo juego y preparó la comida en una olla grande de fierro qui habían comprado en la ciudá. Cerca de las doce del día retiró la olla con la comida cocida y se sentó en una piedra a esperar los compañeros. Cuando 'tá sentado se le presenta un viejo con una barba tan larga que se la pisaba con el dedo grande del pie, y le dice: -¿Qué hacís aquí, gusanillo de la tierra? -Callate, viejo zonzo, y vení que te voy a convidar con pan y vino. Entós el viejo se le arrimó y lo echó al suelo de una trompada. Y lo aporrió muchísimo. Este viejo parecía de fierro porque tenía muchas más juerzas que este hombre que era tan fortacho. Después que lo dejó tendido en el suelo a golpes, jue ande había hecho la comida y le volcó la olla, y se jue. Al rato llegaron los compañeros y lo encontraron revolcado, lleno de chichones y sin comida. Él les cuenta que un viejo había venido, lu había aporriado y li había volcado la comida. Que parecía que tenía manos de fierro porque él, con la juerza que tenía no se podía atajar las trompadas. Como los compañeros traían muchos animales cazados, se prepararon otra comida. Güeno... Al día siguiente quedó el segundo, Placamontaña, el que arrancaba con un hilo las montañas di árboles. Los otros dos se jueron a cazar. —82→Placamontaña hizo juego, preparó la comida, y cuando ya 'taba bien cocida se sentó a la sombra a descansar y a jumar58 un cigarro. En eso que 'taba llegó el viejo y le preguntó: ¿Qué hacís aquí, gusanillo de la tierra? Éstos son mis dominios y naide puede 'tar sin mi permissio -y áhi no más lo echó al suelo di una trompada. Placamontaña, con las juerzas que tenía, no se podía ni atajar una de las trompadas que le tiraba el viejo. Lo aporrió hasta que se llenó, como lo había aporriau al otro. Después jue y le volcó la comida y li apagó el juego. Volvieron los compañeros y Placamontaña contó lo mesmo que el otro cómo lu habían aporriáu y lu habían dejau en el suelo, y li habían volcau la comida. Güeno... Prepararon las aves qui habían cazau y se quedaron áhi. Al día siguiente, Pompeira dice: -Ahora me toca a mí. Vayan no más ustedes a cazar. Pompeira hizo juego, preparó la comida y después se sentó a jumar, y puso al lado la espada. Al rato no más se le para adelante el viejo de la barba y le dice: -¿Qué hacís en mis propiedades? ¿Quién ti ha autorizado a 'tar en este lugar? Y junto con lo que le dijo le tiró una trompada, pero Pompeira se la atajó. Áhi saltó con la espada en la mano y se trenzaron a peliar. El viejo peliaba a trompadas y Pompeira con la espada. Lo partía al viejo, por el medio, y las mitades del cuerpo se volvían a pegar. Así peliaron mucho tiempo hasta que Pompeira le pega un hachazo al —83→ viejo en el talón y lo mató. En el talón había teníu el viejo las fuerzas y la vida. Lo agarró a la rastra de la barba y lo colgó arriba di un algarrobo muy grande qui había. Áhi lo dejó y se fue a sentarse ande 'taba. Cuando vienen los compañeros, les dice: -Vayan a tráir la comida y miren al viejo. Áhi lo tengo colgau de la barba. Lo van a ver al viejo y no había más que las carretas, y las barbas del viejo que habían quedau colgando del algarrobo. Áhi jueron las crucijadas de Pompeira. -Güeno -dice- nu hay más que lo tenimos que seguir anque sea hasta el fin del mundo. Comieron, descansaron un rato y siguieron el rastro de la sangre que dejaba el viejo sin carretillas y sin barbas. Llegaron ande 'taba una piedra muy grande y áhi se pardían los rastros. Los dos hombres fortachos quisieron mover la piedra, pero no pudieron. Entós Pompeira la empujó y la hizo saltar. Áhi descubrieron un güeco. Se veía que este güeco era muy profundo. Intentaron medirle el fondo con los lazos que tenían y no alcanzaban todos los lazos yapados59. Entós echaron siete cueros de güey al agua y cuando tuvieron en condiciones hicieron una soga muy larga para bajar por el güeco. Al día siguiente se jueron al güeco. Ataron al lazo di un árbol y de la otra punta lo ataron a Miliquinaco. Le dijieron que lo tratara de sacar al viejo que ya debía 'tar muerto. Quedaron que cuando quisiera que lo sacaran por cualquier causa, que cimbrara el lazo. Lo bajaron a Miliquinaco. Pasó varios pisos claros, oscuros, medios oscuros... Llegó a uno de aire muy frío que —84→ congelaba, y lo soportó... Llegó a otro de aire muy caliente que causi se cocinaba; tuvo miedo y cimbró el lazo para que lo sacaran. En seguida lo sacaron los compañeros. Entós les contó los sustos qui había pasado, que soportó el aire frío, pero que no había podido soportar el aire caliente. Le tocó el turno a Placamontaña. Lo ataron y lo bajaron. Placamontaña pasó los lugares oscuros y claros, soportó el aire frío, también el aire muy caliente que lo asaba, y entró en otro de aire fétido. Intentó soportar, pero al fin no pudo más y cimbró el lazo. Áhi no más lo sacaron. Contó lo que había soportado, pero que al fin lu había vencido el aire fétido, porque no lo había podido sufrir. Güeno... Ahora le tocó el turno a Pompeira. Pompeira dijo que no lo vayan a sacar hasta que él no cimbre tres veces el lazo. -No voy a volver hasta que no lo traiga a ese viejo del diablo. Lo largaron a Pompeira. Pasó los lugares claros, oscuros, el aire frío que congelaba, el aire caliente que cocinaba, el aire fétido que augaba, y al fin llegó al otro mundo. Vio árboles, lagunas y casas. En el tronco di un árbol ató la soga y por la lista de la sangre lo siguió al viejo. Dio con unos palacios y áhi entraba la lista de sangre. Esos palacios eran del viejo de la barba y áhi tenía éste a una niña en encanto. Llega áhi Pompeira y si asoma y lo ve al viejo que se 'taba peinandosé una barbita chiquita que ya le estaba saliendo. Entós le dice Pompeira: -En busca tuya vengo. -Por irte a buscar estaba -le contesta el viejo. Ya se juntaron a peliar. Peliaron tanto, que no daban más ninguno de los dos. En cada hachazo que le daba con su espada Pompeira, lo partía en dos al viejo, pero cuando retiraba la mano se volvía a juntar. Hasta qui al fin le —85→ pudo pegar en el talón, y lo mató. Entós lo quemó al cuerpo del viejo pa que no volviera a vivir. Pompeira entró al palacio, y encontró a la niña que tenía en encanto el viejo. La niña lloraba di alegría lo que este joven valiente la salvaba, pero tamén le pidió que sacara a una hermana de ella que estaba más abajo, y que la tenía en encanto un gigante que era más malo que el viejo. Entós le dio ella un anillo de virtú para que lo llevara al reino de más abajo. Él tenía que decir: Dios y el anillo de virtud, que baje al reino del gigante. Pompeira lo dijo y al momento estuvo en el palacio del gigante. Por una ventana la vio a la niña que tenía en encanto el gigante, que era más bonita que la otra. La habló y la niña muy asustada le dijo: -¡Vayasé, vayasé, joven, que el gigante que me tiene en encanto es malísimo! Esos montones de güesos que 'stán áhi son toda la gente qui aquí viene y la mata el gigante. El gigante ha salido, pero va a llegar di un momento a otro. -No se le dé cuidau -le contestó Pompeira-. Por el momento, abra la puerta para entrar. -No, no -le dijo la niña-, porque somos perdidos los dos. Entós Pompeira le pegó un puntapié y la hizo pedazos. Entró al palacio y al ratito no más llegó el gigante bramando. Ya tomó el olor de que había gente del otro mundo y venía pronto a matarla. Pompeira lo esperaba con la espada en la mano. Cuando llegó el gigante lo encaró Pompeira y se pusieron a peliar. Peliaron muchísimo hasta que Pompeira lo mató al gigante. Entós vino llorando de contenta la niña, y le dijo que por favor salvara a otra hermana de ella, la menor, que 'taba más abajo encantada por una serpiente. -La serpiente es más mala que el gigante. -No tenga miedo por mí -le dice Pompeira, y se va. —86→Se jue Pompeira más abajo y llegó al palacio de la serpiente. Se asoma por la ventana y ve a la más joven de las niñas y que era la más bonita. Ya cuando lo vido, la niña le dice: -¡Ay, joven!, ¿quí anda haciendo por estos mundos? No entre que la serpiente los va a comer a los dos. Pompeira le pegó un puntapié a la puerta, la rompió y entró. Entós le dijo a la niña: -No tenga miedo. Yo hi venido para salvarla a usté como hi salvado a sus hermanas. Ya va a ver cómo mato a la serpiente. -Güeno... Se pusieron a conversar. Se sentaron. Él 'taba con la espada en la mano. Entós le dijo: -Venga, espulguemé hasta que llegue la serpiente. La niña se puso a espulgarlo y en eso se durmió Pompeira. Ya cuando sintió la niña el bramido de la serpiente que venía, lo quería despertar a Pompeira, pero no podía. Lo sacudía, le tiraba el pelo, pero el joven no se despertaba. Entós se largó a llorar y le cayó una lágrima en la cara a Pompeira, y se despertó. Le pregunta por qué llora, y le dice que lloraba porque venía llegando la serpiente y él no se despertaba. Que ya los iba a comer a los dos. Áhi no más se paró Pompeira, y ya llegó la serpiente, que tenía siete cabezas. Y se pusieron a peliar sobre el montón de güesos de las personas que la serpiente había muerto. Peliaron muchísimo. Le cortaba cuatro o cinco cabezas y se le volvían a pegar. Al fin di un golpe le cortó las siete cabezas, y la mató. Güeno, le dijo a la niña que se jueran. -Tiene que llevarme con una cabra mora -le dice- que tengo acá y que nos va a prestar muchísimos servicios. -¡Cómo no! -le contesta él. —87→Se jueron y se juntaron con las otras dos hermanas. Llegaron ande 'taba la soga. Las niñas le dijieron que salga él primero. Él dijo que no. Colgó a la mayor y cimbró la soga. Cuando salió ajuera, la niña, Miliquinaco dijo: -Ésta es pa mí. Mandaron la soga y colgó a la segunda. Cuando salió ajuera, Placamontaña dijo: -Ésta es pa mí. Mandaron la soga. Entós la niña menor le dijo que cuando se colgara él, que con seguridá le iban a cortar la soga los compañeros. Que él subiera con la cabra mora por que si no iba a ser perdido. Que la llevara colgando. Que si le cortaban la soga, subiera en la cabra y dijiera: Arriba con mil diablos, y que iba a estar ajuera. Y así sucedió todo. Cuando salió la niña ajuera, dijeron: -Ésta va a servir para piona60. Cuando lo iban subiendo a Pompeira, a la mitad de la subida, le cortaron la soga. Entós él subió en la cabra mora, y se equivocó y dijo: Abajo con los mil diablos. Y llegó muy abajo ande vivían los diablos. Ya se vio perdido y se jue a buscar trabajo. Llegó a una casa y se conchabó. Los diablos le dijieron que casualmente 'taban por ir a buscar un pión para cuidar una majada di ovejas. Éstas eran hijas del diablo. Le dijieron que no las llevara cerca del mar. -Mañana temprano ensille la mula negra que va a estar en el corral, pa cuidar las ovejas. La mula negra era la diabla. Cuando llega a ensillarla, la mula 'taba echando juego por boca y narices. Entró, agarró el bozal para ponerle, y cuando la mula se le vino encima, le pegó con la espada y la desmayó. Después la ensilló y la —88→ montó. La mula comenzó a corcoviar. Las ovejas se le dentraron a la mar y la mula tamén se iba di atrás para echarlo a él a la mar. Ya cuando iba a dentrar, la desmayó di un golpe. Después la hizo andar para el corral. Para bajarse, como corcoviaba tanto, la tuvo que desmayar otra vez de un palo. El diablo, como vio que li había pegado mucho a la mula, que era la diabla, le dice: -Mañana le voy a echar un machito negro, muy mansito, pa que cuide las ovejas. Con el machito le pasó lo mesmo. Era el hijo del diablo. Lo desmayó todas las veces que el diablo lo quería embromar. Al día siguiente la diabla y el hijo amanecieron muy lastimados y embichados61 en las lastimaduras. -Mañana va a tener que ensillar un machito moro, más mansito que el negro -era el otro hijo. Ocurrió lo mismo. El macho 'taba atado echando juego por boca y narices. Cuando iba para ensillarlo, siente Pompeira que lo silban. Él creyó que era el patrón. Miraba para todos lados y no vía a naide. Ya le pareció que era para el lado del monte. Ya vido que era una águila. Le preguntó que si ella lo silbaba, y l'águila le contestó que era ella. -¿Querís que te saque de penas? Soy el alma de aquel hombre que encontraste muerto y enterrastes. Por eso vengo a sacarte de este infierno. Aquí estos diablos te van a matar. Mañana, tú les dices que no te quieres conchabar más. Cuando te quieran pagar tú les pides el carnerito lanudo, ese que anda atrás de las ovejas. No te lo van a querer dar, pero no recibas dinero. No recibas dinero de ninguna manera. —89→ Así lo hizo. El águila le dijo que lo enlazara y lo matara al corderito. Y él lo enlazó y lo carnió. Ya 'taban pronto para viajar. El águila tomó la sangre y comió los menuditos. A los dos cuartitos y al espinazo se los llevaron para el viaje. Los dos cuartitos y el espinazo los pusieron en el cogote del águila y Pompeira subió a caballo atrás de las alas. Entonces el águila le dijo: -Agarrate, que nos vamos. Siempre mirá para arriba o adelante y nunca para abajo. Quiso volar y no pudo levantarse. Claro, Pompeira llevaba la espada que era muy pesada. -No ti aflijás -le dice el águila- ya vamos a ver la forma de arreglar todo. Se subieron a un cerro que había áhi no más, y se largaron. Volaron todo el día. Al anochecer, el águila le dijo que tenía mucho hambre y Pompeira le dio un cuartito del cordero. Siguieron volando. Volaron toda la noche. A la madrugada le volvió a pedir de comer y le dio el otro cuarto. Siguieron volando todo el día y a la tarde comió el espinazo. Volaron toda la noche y a la madrugada le dice a Pompeira: -Dame de comer porque si no los vamos abajo y somos perdidos. Entós Pompeira sacó la espada y se cortó un murlo62 y se lo dio. Siguió vuelo el águila. Volaron todo el día. A la caída de la tarde le volvió a pedir comida. -Ya 'tamos muy cerca, pero no tengo alientos pa seguir, ya me 'stoy por cáir. —90→Pompeira sacó l'espada, se cortó el otro murlo y se lo dio. Siguieron vuelo. Volaron toda la noche. A la madrugada salió al otro mundo. Se asentó en una higuera y le dijo que se bajara, pero Pompeira no se podía mover sin la carne de las piernas; 'taba enválido. Entós l'águila le dice: -Esperáte un momento. Date güelta, dame la trasa. Pompeira se dio güelta todo lo que pudo, y l'águila lanzó los dos murlos del joven, y áhi no más se los pegó a las piernas. Pompeira quedó como nuevo, más juerte y más joven. Entós le dijo l'águila, que ella era l'alma del muerto que él enterró, y le dice: -Himos llegado al mundo y al lugar ande querías llegar. En aquella ciudá que se ve allá, es donde 'tan tus piones y las niñas, las que salvaste del encanto. Tenís que castigarlos por la traición qui han cometido. A mí ya se me termina el permisio que Dios me dio para ayudarse y pagarte el favor que me hicistes. Pompeira li agradeció el favor que li había hecho y se despidió como si fuiera su mejor amigo. Y se voló l'águila. Pompeira se jue a la ciudad. Llegó a la ciudá y de averiguación en averiguación dio con la casa ande 'taban los piones con las niñas. A la menor la habían echau de piona, a la cocina; la pobre 'taba sucia y hilachenta63. Pompeira se vistió muy pobre de ropa como si juera un mendigo. Jue a la casa, Pompeira, y pasó a la cocina. Habló con la piona y le dijo que les dijiera a los patrones que venía en busca de trabajo. La piona les dijo a los patrones, pero ellos contestaron que después verían, que por la traza no parecía trabajador, este joven, que parecía más un flojo y cochino. Que vuelva más tarde, que en la casa ellos no atendían esa clase de gente. —91→La piona lo atendió. Lo hizo sentar y cuando sirvió la comida, sin que vieran los demás, le dio de comer. Después Pompeira le empezó a hablar y le dijo: -¿Usté no me conoce? ¿Usté no si acuerda de mí? La niña le dijo que no, que su vida era muy triste áhi y que ya ni tenía memoria de nada. Entós le dijo Pompeira: -Y si viera una prenda ¿me conocería? -¡Quién sabe! Entós sacó la espada y le dice: -A esta espada ¿la conoce? -Sí, es de Pompeira, que mi ha salvado a mí y ha salvado a mis hermanas de un encanto. -Soy yo. -No, no puede ser porque él ha quedado en el otro mundo por la traición de éstos que 'tán de patrones y eran sus piones. -No, yo hi venido, y ya me va a conocer. Y ya va a ver que los voy a degollar con mi espada a estos canallas. Ya me la van a pagar. Ya van a ir usté y sus hermanas al reino del padre de ustedes. Se jue, se vistió con el mejor traje y se presentó con la espada en la mano. Cuando lo vieron Miliquinaco y Placamontaña, se quedaron helados. No sabían qué hacer y le preguntaron si era alma del otro mundo. -No -les dice Pompeira-, soy de este mundo que vengo a hacerles pagar la traición a mí y el mal que les hacen a estas niñas. —92→Áhi no más, di un solo golpe con la espada les cortó la cabeza a los dos. A las niñas les dijo que si aprontaran y las llevó a la casa del padre de ellas, que era un rey. Cuando vido a sus hijas el Rey se puso muy contento y no sabía cómo pagarle a Pompeira que las había salvado. Lo hizo casar con la menor y se quedó en el palacio para que juera rey cuando él se muriera. Se hizo una gran boda y vivieron felices. Guillermo Ortiz, 70 años. San Martín. San Luis, 1932. Campesino rústico pero inteligente. Gran narrador. —93→
852. Trino, el joven valiente CÓRDOBA Que era un hombre pobre. Resulta que tenía la señora muy enferma. Hacía tres días que no podía tener familia. El hombre tenía justo para comer con lo que ganaba en el día, en el trabajo. Con la enfermedad de la señora, él no podía salir a trabajar. La señora se le estaba por morir y los hijos lloraban de hambre. Y él al ver llorar los hijos, intentó quitarse la vida para no ver el sufrimiento de la familia. Alzó un lazo y se jue retirado de la casa, con la intención de horcarse. Él que había atado el lazo en el árbol, y se iba subiendo arriba del árbol para largarse de áhi, llegó un señor en un coche, y le pregunta: -¿Qué está por hacer, señor? Y el hombre pobre le contesta: -Con avisarle a usté lo que me pasa no voy a remediar mi necesidad. El señor le contesta: -Muchas cosas puede remediar. Basta que me avise qué es lo qué 'tá por hacer usté con ese lazo atado al árbol. El hombre pobre le contesta: -Estoy por quitarme la vida. —94→-¿Cuáles son las razones, para que usté se quite la vida? -le dice el señor. El hombre pobre le contesta: -Mire, señor, mi señora hace tres días que 'tá penando y mis hijos se mueren di hambre. Para no verlos sufrire intento hacer esto. El señor le dice: -Vamos, amigo, yo le voy a arreglar esta situación con este compromiso, que si la criatura que va a tener su señora, es varón, va a ser para mí. Yo pagaré todos los gastos de médico y lo ayudaré para que lo críe y para que lo haga educar hasta cierto tiempo, que yo disponga llevarlo. Yo soy dueño de un regimiento, y cuando él sea útil para manejar el regimiento, yo lo haré llevar. El hombre pobre lo aceta y se van a su casa. Y nace la criatura, varón. Le pusieron de nombre Trino. El señor pagó todos los gastos y el hombre le avisó a la señora este compromiso, que él había sellado con este señor. La señora le contestó que estaba bien. El chico se iba criando hasta una edad de colegio. Rindió sesto gradó, siempre con la ayuda de este señor. Este niño, los padres nunca le avisaron a él que ellos habían sellado este compromiso con este señor. Una tarde llegó un señor a caballo, donde traía una carta y un traje militar para que se presentara el joven ante el ejército de este señor. El hijo, ese día, no se encontraba en las casas. Como este hijo era tan educado y tenía muy buenos amigos, él vino a la noche a la casa. Encontró a los padres que 'taban llorando. Él les preguntó qué pasa, porque lloran. Les pregunta, por dos o tres ocasiones y recién los padres le avisan este compromiso que ellos tenían con él. El hijo les contesta: —95→-Mis padres, no lloren. Si ustedes han sellado ese compromiso, está bien. Yo voy a ir gustoso a cumplir. En seguida los padres le entregan la carta de este señor, donde le dice: «Áhi te mando el caballo y la ropa militar, para que te informes y vengas al cuartel. Lo único que te advierto que tengas mucho cuidado en el viaje con la gente envidiosa». Este hijo siguió viaje. Salió en la mañana temprano. A la noche llegó a un pueblo y se dirigió a un hotel, pidiendo comida para él y alguna comodidar para guardar el caballo. Al estar él, adentro, en el hotel, si arrima un señor adonde él estaba y le pregunta que si venía de lejo, como buscando hacerlo amigo. Este joven olvidando lo que en la carta le decía el señor, le empezó a conversar lo que hacía y a donde se dirigía, y para qué iba. Este señor le dijo si no quería que lo acompañara a comer y así conversaban un rato, y este joven acetó. Comieron, y entonce le dice al joven, este señor: -Si quere vamos a dormir en la misma pieza, así los acompañamos. Y el joven ateta con mucho gusto. Este joven, rendido del viaje, se durmió fuerte, y el acompañante le roba la ropa militar y le roba el caballo. Y sigue viaje al cuartel en donde lo esperaba el señor. Este señor y la señora no lo conocían al joven, pero lo querían como a un hijo y lo esperaban como a un hijo. Ellos sólo tenían una hija que les habían robado y estaba en un castillo encantado. Este señor que le robó la ropa y el caballo al joven era calvo y se compró una cabellera del mismo color que el pelo del joven. Y llegó, y lo recibieron muy bien y le entregaron el mando del regimiento. —96→El joven, cuando se despertó, se dio cuenta de todo y si acordó de las palabras de la carta, que se cuide de los envidiosos. Entonce empieza a ver cómo llega allá, a la casa del señor. Se pone en camino y llega a un pueblo. Áhi 'taba en una esquina y llega un militar buscando pión pa manejar un sulke, casualmente del señor que le mandó el uniforme. Él se ofrece y se va de pión. Para que no lo conozca, él andaba siempre con la cabeza atada. Y áhi le tenían mucho cariño porque lo ven que es muy trabajador y valiente. Y un día le dice la señora al señor: -Más bien a este pión lo hubieras puesto al mando del ejército y no a ese burro que has puesto. Ya lo querían como hijo al pión y él hacía todo en la casa. El jefe del regimiento tenía que buscar la niña encantada y casarse con ella. Éste que le robó la ropa, lo reconoció al joven y para hacerlo matar, le dijo al señor que se había dejado decir que él era capaz de tráir la niña encantada. Y claro, él se quería casar con la niña, pero como no era valiente, no era capaz de ir a tráila. Y él mismo como jefe del regimiento lo llama, y le dice: -Mirá, la niña con quén yo me tenía que casar la han robado, y si vos no me la tráis aquí, inmediatamente te afusilo. Trino se dio cuenta que éste ahora lo quería hacer matar. Esa noche no durmió, pensando, y en eso oye que lo llaman para ajuera: -Trino... Trino... Él no sabía quén podía ser, porque áhi nadie sabía que él se llamaba Trino. Y va. Era un cuartito di ande salía la voz. Y le dice un hombre: -¿Qué te pasa? —97→Y él le cuenta lo que le pasa, y entonce le dice: -Mirá, yo soy un mago y te voy a ayudar, yo te vengo a salvar. Mañana pedí que te den la caja de fierro, ésa que tiene el padre de la niña, cien bueyes, cien bolsas de trigo, cien conejos, un barco cargado con proveeduría y cien conscritos64 para ir a buscar la niña. Todo le dieron. No le querían dar la caja, pero al fin se la dieron. En esa caja se acomodó el mago, y nadie, juera del joven, sabía este secreto. El joven tenía la orden de no tocar los bueyes, ni el maíz, ni el trigo, para nada. Salieron de viaje. A los diez días se termina la proveeduría. Lo jue a hablar al mago y éste le dice que tenga paciencia, que ya iban a llegar a tierra, y que áhi podía cargar comida. Llegan a tierra, pero había una gran cantidar de tigres, que no podían bajar. Entonces el mago le dice que les largue los cien bueyes. Y áhi, mientras los tigres comen los bueyes, ellos cargan de todo. Entonce se le presenta un tigre, al joven, y le dice que cuando necesite algo, que lo llame, que él lo va ayudar. Él se sorprende, pero el mago le dice que es el rey de los tigres, que ya lo va a necesitar. Y siguen. Y se les vuelve a terminar la comida. Y el mago le dice que ya van a llegar a tierra. Llegan, pero no pueden bajar por la gran cantidar de hormigas que hay. Entonces el mago le dice que le largue las cien bolsas de trigo. Y se las largó. Y mientras las hormigas comen, ellos cargan de todo. Entonce se le presenta la reina de las hormigas y le dice que cuando la necesite la llame. —98→Siguen y llegan a tierra pero no pueden bajar por la gran cantidar de águilas que hay. Entonce el mago le dice que les tire los cien conejos y que carguen tranquilos. Y largaron los conejos y cargaron comida. Entonces se presentó una águila, el rey de las águilas, y le dijo que cuando algo necesitara, la llamara, que al momento iba a llegar. Y siguieron viaje. Hasta de tanto viajar llegaron a la orilla ande 'taba el castillo encantado. Áhi 'taba abandonado por la razón de que todos los que habían ido áhi, 'taban encantados en el castillo en forma de maceta. Todos 'taban dehesperados al ver esto. Entonce el mago le dijo al joven: -Vos tenís que ir con mucho coraje a tráir la niña. Si no volvís todos los del barco van a quedar encantados. No tenía que recibir nada, que te van a envitar con toda clase de atenciones, ni te tenís que dejar besar con nadie. Tenís que decir que vas a buscar la niña nada más. Y él jue y llegó. Cuando él estaba adentro, había muchas niñas, una lo hablaba di un lado, otra de otro. Él no atendía nada. Buscó la niña y le dijo que venía a llevarla. Y mientra la niña se preparaba para viajar, las otras lo volvían loco, y en un descuido, una viene de atrás y lo besa. Y ya quedó encantado él adentro del castillo. Y bueno. Entonce le dieron de penitencia 'tar adentro de una pieza que 'taba al frente de una sierra altísima, que nunca podrían dentrar los rayos del sol, porque atajaba la sierra. Él se iba dehencantar sólo cuando áhi dentraran los rayos del sol. Él se afligía por la gente que había quedado en el barco, que se iban a perder todos. Entonce se acuerda de aquellos animales que le supieron ofertar ayuda, y en seguida hace el pedido al tigre, a la hormiga y al águila, que lo salven. —99→Al momento vido en la punta de la sierra que 'taba llena de tigres que cavaban con las uñas, de hormigas que desprendían pedacitos de piedra y de águilas que acarriaban tierra para todos lados. Al poco rato no más abrieron un pedazo en la sierra y dentraron a su pieza los rayos del sol. Áhi no más se dehencantó y salió libre. Y áhi vino la niña con un pincel, le dijo: -Paselé el pincel a estas macetas que 'tan en fila. Cada maceta que le pasaba el pincel era un contristo que se paraba, y li hacía la venia. Áhi no más Trino sacó la niña y se jue al barco, con el regimiento qui había desencantado. Eran de otro barco. Y ya todos contentísimos se pusieron de viaje en los dos barcos. Y la niña no sabía cónque agradecerle a Trino, y le dijo que se iba a casar con él. Entonce, en el viaje, la niña le preguntó cómo había sido el caso. Entonce él le contó toda su historia. Ella sabía que ella tenía que casarse con este joven, que el padre había ayudado. Y ésa era la casualidar. Ella le dijo que siempre lo esperaba en el castillo porque sabía que él era muy valiente. El otro, el que le había robado el traje de militar y el caballo, ya había pensado de hacerlo fusilar a este joven si venía. Él sabía que era muy valiente. Y así se casaba él con la niña. Los padres de la niña siempre se subían arriba de la casa para devisar con larga vista65 a ver si volvían los barcos. Y por fin una tarde vieron estos dos barcos que venían a poca distancia di áhi. —100→Y ya el jefe del regimiento cuando vido que venían llegando, mandó a formar las tropas para recibir la niña, y él iba con los que créiba que iban a ser los suedros66. Cuando llegan, baja la niña primero, y éste va primero a darle la mano, y ella no le da la mano y le tira un manotón a la cabeza y le saca la cabellera, y corre ande 'tán los padres. Y áhi quedó mal él. Y él entonce quere hacer afusilar a Trino. Pero los afusilaron a él. Ya se supo todo. Los padres estaban contentísimos, y Trino se casó con la niña, y él jue el jefe del regimiento. Y áhi vivieron felices. Agustín Cruz Bustamante, 40 años. Villa de María del Río Seco. Córdoba, 1952. El narrador campesino, es nativo del lugar. Variante del cuento tradicional. —101→
853. Antoñito CORRIENTES Que había do señore que tenía un solo hijo. El hijo se llamaba Antoñito. Este hijo tenía mucha juerza, como diez hombre junto. Antoñito le dijo al padre que le mande hacer una espada muy grande y una cadena. El padre gastó y le encargó a la do cosa. Entonce, lo que le había hecho la espada y la cadena le avisó cuando tenía que vení a levantala. Le dijo que la levantara en un carro, que ni diez hombre no podía levantá eso. Él estaba mirando. Entonce pa mostrale a lo que no pudieron, levantó él solo. De ahí se vino a la casa y le dijo a lo padre que él iba a salir a rodá mundo. Lo padre no quería, se pusieron a llorar. Y él le obligó que le diera permiso, que le pusiera la bendición, que él quería salir. Entonce le dio lo padre, y salió y se jue. Salió y jue lejo. Seguía por un monte, y se encontró con un hombre que 'taba arando con leone. Le dijo si él quería acompañale hasta donde él seguía. Entonce el hombre le dijo que él no ía a dejar el trabajo por ir con él. Entonce él, Antoñito, le dijo que a güena o a mala ía a ir con él. Levantó la espada y le dio vuelta con arado y leone. Y se levantó el hombre desfavorido y le dijo que —102→ bueno, que le acompañaba. Y le acompañó, se jue de compañero con él. 'Espué, en otro camino, se encontró con otro hombre que 'taba arando con tigre. Y le dijo lo mismo que le dijo el primero. Y él le hizo lo mismo con la espada. Entonce le acompañó ese otro. Se jueron a un cerro. Entonce, ese cerro, él tenía que partir para ir a Siete Siglos. Era una ciudá que 'taba tre princesa encantada, que le había llevado un gigante. Cuando llegó a ese cerro, él tenía que trabajá para matá animale y hacé con ese cuero una soga bien larga. Primeramente le dijo al que araba con leone, que se ocupe para hacer la comida para ello. Él se ía con uno y dejaba el otro. Cuando 'taba el hombre solo con la comida, subía un negro del cerro, y le decía: -La vida o la comida. Y el hombre de miedo que lo mate, le decía: -La comida. Entonce el negro agarraba la olla de la comida y se perdía. Volvía a entrar al cerro. Y ello quedó sin comida. Cuando vino Antoñito le contó lo que le había pasado. Entonce el otro hombre dijo: -A mí no me va a quitar la comida. Y entonce él quedó y se jueron lo otro. Y él hizo la comida. Y cuando ya 'taba la olla llena de comida salió el negro del cerro y le dijo lo mismo: -La vida o la comida. Y el negro daba mucho miedo, y él se asustó como el otro y le dijo: -La comida. —103→Y entonce dijo Antoñito: -Yo me voy a quedar ahora. A mí no me van a quitar la comida. Se quedó Antonito y preparó la comida. Salió el negro y le dijo: -La vida o la comida. Y él le dijo: -La vida -y se pusieron a pelear. Cuando agarró la olla y la adentro, él le agarra la espada y le da, y le abre la cabeza y le saca una oreja. Vienen lo compañero y encuentran comida y le dice que lo corrió al negro, que lo ía a buscar adentro. Y ya tenía el lazo. Entonce se enlazó y se largó él. Dejó encargue para cuando él tirara, que tiren la soga, que él tenía que salir, que le saquen. Bajó. Llegó en la casa de la Princesa. Y salieron ella. Y le dijo qué andaba haciendo, que venía el gigante y lo ía a fundí. Entonce le dijo que le escondiera no más. Entonce llegó el gigante. Llegó enojado. Decía que había olor a carne humana. La Princesa menor, ésa lo agüenó. Y entonce ella le dijo, si peleaba, que sí le podía vencé. Y él dijo que no porque la vida de él no la tenía en el cuerpo. Y entonce le conversó mucho la Princesa hasta que él dijo el secreto. Entonce él dijo que la vida de él estaba en un árbol, que adentro del árbol estaba un chancho, que adentro del chancho estaba una palomita, que adentro de la palomita estaba un güevo y que ahí 'taba su vida. Antoñito oyó todo, que estaba escondío ahí y no le podía pelear al gigante porque no le podía matar así. Y se jue a buscar el árbol. —104→Encontró el árbol y voltió el árbol. Y salió el chancho. Era un chancho muy malo. Le peleó al chancho. Y le mató al chancho, y salió la paloma. Cuando él voltió el árbol, el gigante se enfermó. Cuando mató al chancho, se puso grave. Y le decía a la Princesa que lo había traicionado, que ía a morí por ella. Entonce salió la paloma, y con mucho trabajo la mató. Le sacó el güevo y lo rompió. Ahí sacó la vida del gigante, que era una vela, le apagó, y con eso se murió. La vela 'taba ahí ande 'taba el gigante. Entonce él le trajo a la tre Princesa para hacerle salir. Ató a la mayor y tiró la cuerda. Salió. Ató a la del medio. Le sacó. La menor, que era la má linda, que esa le quería Antoñito, ella le dio un pañuelito y un anillo de virtú. Ella sabía que no le ían a sacá a él, lo otro compañero. Cuando él quisiera salir tenía que decir: -Siete siglos más arriba -y salía. Entonce ató a la menor y le sacó. Ya no volvió la cuerda. Lo compañero le dejó adentro. Entonce él se equivocó y dijo: -Siete siglos más abajo. Allí se jue siete siglo más abajo. Llegó a la casa del Rey de todo lo pájaro. Entonce le contó lo que le había pasado a él. Entonce le dijo que había desencantado a la Princesa y tenía que ir al palacio del Rey, del padre de ella. El Rey de lo pájaro le dijo que no sabía, pero que lo soldado de él había de sabé. El Rey de lo pájaro llamó a todo lo pájaro. A todo lo que llegaba le preguntaba, pero no sabía. 'Espué él reparó la fila de la águila y faltaba una. Entonce ella llegó y dijo que ella se tardó en venir porque en ese palacio 'taba entretenida en el casamiento de la Princesa que habían desencantado. —105→Entonce el Rey de lo pájaro le dijo que güeno, que tenía que llevar a ese señor a ese lugar. Entonce Antoñito tuvo que comprar mucha carne, porque el águila comía sólo carne. Tenía que pasar la mar; Antoñito tenía que ir sobre el águila. Cada vez que el águila pedía carne tenía que dar, si no comía carne no podía volar. Güeno, se jueron. Cada vez que pedía carne el águila, él le daba. 'Espué se terminó la carne. Y ya ía mal el águila por fundirse. Y ahí le pensó. Se sacó un pedazo de carne de la nalga. Le dio al águila. Y voló con fuerza nuevamente. Cada67 que le pedía, le tenía que dar. Y el negro, por todo lado donde andaba le pedía la oreja. Él tenía la oreja del negro en el bolsillo. Él le decía que no era tiempo. Volvió a tener otra vez hambre el águila. Se volvió a sacar otro pedazo de las nalgas, del otro lado. Con ese pedazo fue suficiente. Llegó a tiempo ya. Cuando se baja Antoñito del águila le preguntó qué le pasó. Y él le contesta que cuando no tenía más mantención para ella, él se sacó un pedazo de las nalgas de él. Entonce lanzó los pedazos de las nalgas de él y le pegó por él nuevamente. Y él quedó sano. Y le dejó que le sacara una pluma del ala de ella, porque él tenía que pasar un peligro antes de llegar al palacio. Cuando necesitara tenía que decir: «Válgame el Rey de las Águilas». Entonces él se volvía con alas. 'Espué, el negro ése era el diablo. Le dijo que si él quería la oreja que le presentara un buen caballo, bien aprendado y un traje de Príncipe. La Princesa menor, que salió último, quedó muda, de sentimiento, que no era ese hombre que le salvó a ella. Ella le —106→ dijo al padre, que mientra no saliera el hombre que la salvó a ella, ella no se casaba. Y se quedó muda. Bueno, 'espué le apareció el caballo aprendado, y al caballo siempre le faltaba una oreja, porque era el mismo diablo que se hacía caballo. Entonce Antoñito pasó por enfrente del palacio de la Princesa y se fue en un almacén que 'taba cerca del palacio. La sirvienta de la Princesa salía en ese momento del almacén y se encontró con ese hombre tan hermoso y tan elegante que ella nunca vio. Y va y le dice a la Princesa eso. Entonce ella de alegre, que se daba cuenta que era él, le dijo que fuera a verle, que le trajiera. Y entonce la sirvienta le trajo al joven. Y la Princesa le reconoció. Entonce le dijo al padre que con ése sí ía a casar, y que él tenía la prueba de ese anillo y ese pañuelito que ella le había dejado. Entonce se casó con ella. Y entonce castigaron a lo malo compañero, le fundieron. Y el negro siempre pidiendo la oreja. Entonce para darle la oreja al negro, se jue en el campo, y la puso en la punta de una tacuara68 larguísima, cosa que el negro la alcanzara cuando se cayera al suelo. Cuando cayó la tacuara con la oreja, se hizo una explosión, y ahí él quedó salvo. Y se quedó con la Princesa de él. Y hasta ahora estará si es que es viva. Silveria Pérez, 42 años. Paso de los Libres. Corrientes, 1952. Mujer del pueblo. Bilingüe guaraní-español. Buena narradora.
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