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    Cuentos y leyendas populares de la Argentina. Tomo IV
     Berta Elena Vidal de Battini
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ArribaAbajo Las dos hermanas rescatadas por su hermana menor. La cámara prohibida

1 versión


Cuento 870


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870. El mano de oro

CORRIENTES

Había un señor que tenía tres hijas muchachas.

Un día dijo:

-Yo voy a salir, hija.

Y cortó tres gajos de albahaca de la India. Y dio a cada una un gajo de albahaca. Y le dijo:

-Esto es si usté van a tener mala suerte, se va secar el gajo para cuando yo vuelva. Si van a tener buena, no.

Hacía diez días que se jue. Apareció un joven lindo, una tarde. Pidió posada a las chicas. La más vieja no quería dar posada al joven. Y la menor de toda dijo que era una imprudencia.

-Yo le voy a decir que quede al galpón -dijo.

La otra hermana se enojaron, pero el joven quedó al galpón.

Depué ella le vino una idea. Que ese hombre podía tener un mal pensar con ella porque son tre chica sola y entonce dispuso de agarrar una costura y se puso a costurar de noche. Las demás hermanas dormían juerte. Y ella con el recelo estaba cosiendo. Sintió un golpe a la puerta. Vio una mano que destrancaba ya la puerta. Ella bajó un cuchillo,   —222→   un machete, y le corta la mano del que 'taba destrancando la puerta. Ella era de coraje.

El hombre desapareció, pero dijo:

-Me la han de pagar -eso oyó ella.

Ella no le contó ni a su hermana lo que hizo. Agarró la mano, temprano, y enterró en el jardín.

Se levantaron las demás. No 'taba el hombre. Le preguntaron a ella, como ella se levantó tan temprano, si no vio qué hora salió. Ella dijo que no.

-Pero mi albahaca se secó -dijo.

-Papá nos va a castigar a todas -dijo asustada la mayor.

Ella dijo:

-No es nada. Vayen ustedes por delante con la albahaca y yo más atrás. Y prestemé el de usté, que le voy a mostrá el de usté a papá.

Las demás por no castigarse ella, acetaron así.

La niña menor pensó que ese joven por arte le había hecho secar la albahaca. No era güeno eso. Pero no quería decir, porque ella le cortó la mano.

Todos los días miraban para donde fue el padre.

Un día de tardecita vio que venía. Y salieron a encontrale. Y la más joven salió más atrás para poder hacer el cambio de mano. El viejo contento con las tres hijas dijo:

-Bueno, ustedes tendrán suerte.

Poco día depué apareció un hombre con una mano de oro, de un lado. La que ella le cortó.

Él se jue y se mandó poner una mano de oro.

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Llegó de tarde y pidió posada al viejo. Ya 'taba el padre. El viejo tan contento que llegó una persona, le dio posada. La chica que le cortó la mano le conoció, pero ni la hermana sabía, ni el padre, ni nada.

Y entonce cenaron todo contento, pero la muchacha que le cortó la mano no jue a la mesa.

El mozo le dijo al viejo que buscaba novia, por eso salía a pasear por ahí. Y que si una de las hijas de él quería casarse que él se casaría. El viejo dijo que sí. Llamó la tre hija y preguntó:

-¿Con quién querés casate?

-Con la má joven -contestó el joven.

Dice ella:

-No puedo casame con usté.

Preguntó el padre:

-¿Por qué, hija?

-No es de mi agrado -contestó la chica.

Antonce le dice el viejo al joven:

-Casate con la más vieja -que ya tenía edad de casamiento.

Esa acetó. Se casó. Estuvieron unos días en la casa del suegro. Muy contento, muy bueno él con las cuñadas. Despué armaron viaje y se jueron.

-Dentro de quince día -dice el joven- he de venir a buscar una de mis cuñadas.

-Bueno -le dice el suegro.

Volvió a llevar a otra de las cuñadas. Se fue la del medio.

Le llevó lejo. Le hizo unas preguntas. Y le dice:

-¿Usté se acuerda cuando pedí posada y ustedes me cortaron la mano?

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Le dijo que recordaba cuando pidió posada pero que ella no era la que le cortó la mano.

Y entonce él dijo:

-Pero, bueno, ya me la van a pagar. Y ya me la están pagando.

Se agachó a llorar la chica. Y le dijo:

-Canalla, usté me está judeando119. Y a mi hermana, quién sabe usté qué le hizo.

Él le dijo a ella:

-Nada, pero me van a devolver mi mano.

Le llevó lejo adonde había mucha pieza pero toda cerrada. Sólo la pieza para ella 'taba abierta. Y la llama a la hermana, y nada, y vacía la casa.

Él le dijo:

-Quedate aquí. Mientra no me devuelva la mano no vas a ir.

Le dio muchas llaves de las piezas que 'taban cerradas y le mostró toda las piezas y le dijo:

-Esta pieza no me vaye abrir -y le dio una llave chiquita de esa pieza.

-Porque si usté abre yo voy a saber.

Todos los días él salía y venía tarde. Y le castigaba y le pedía la llave.

Cuando él salía ella sentía unos gemidos en esa pieza que nunca abría. Ella dijo:

-Quén sabe no es mi hermana -y jué y abrió la pieza.

Y áhi, en esa pieza, encontró la hermana muerta. Y un joven que 'taba mal, mal, degollado y hablaba. Y ése es el que gemía. Bueno, ella le curó al joven y jue mejorando.

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Volvió él y miró la llave. Y encontró una gota de sangre. Bueno. Y le dice él:

-Usté abrió la pieza que le dije que no abriera nunca. Y la mató a ésa y la tiró en esa pieza.

Y dijo:

-Bueno, yo voy a traer a la otra su hermana. Y la mataba toda y el viejo pavo iba dejando.

Entonce él jue y trajo la otra cuñada. El viejo confiado porque él le llevó mucho regalo. Y él le dijo al padre que dejase ir esa hija que las otras hermanas tenía mucha gana de verla.

La chica le dijo al padre:

-Bueno, papá, me voy, pero jamá voy a volvé.

-No sea tonta, si tu hermana 'tán bien, muy prontito van a volvé la tre -dijo el mano de oro.

Ella agarró un rosario y se va con el mano de oro.

Él le llevó a la misma distancia que la otra. Le bajó y le preguntó de la mano. Ella le dijo:

-Su mano 'tá en el jardín. Yo jui la que le corté. Antonce él le alzó y le llevó hasta la casa. Le entregó todas las llaves. Y le dijo que esa pieza no le abriera, donde tiene el secreto de lo cadáver.

-Porque si abrí, a lo tre día te voy a matar. Él salía todo lo día como de costumbre.

Ella jue y abrió la pieza. El mozo que curó la hermana, esa hermana que mató el mano de oro, estaba casi sano. Y habló mucho con ella. Y él le dijo:

-Yo soy hijo del Rey. Si usté me salva yo me caso con vos.

Ella jue y agarró el rosario y rezó. Y rezaba todo el día. Andaba por toda parte de la casa rezando y agarraba la cruz del rosario.

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El mano de oro era el diablo. Él no podía volver porque ella rezaba y él tenía miedo de la cruz del rosario. Ella resucitó la do hermana y le hizo llevá a la casa.

Y ella le salvó al joven. Y le dijo que se jueran que ya 'taban salvado.

Bueno... El día que ella le llevó al joven, pasaba tres carros llenos de leña. El joven conoció los carros, que llevaba siempre leña al palacio del padre. Y le pidió que lo llevase a lo do.

Y el mano de oro venía por el camino, porque él sabía todo, y le atajó a lo carrero. Le ofertó, pero mucha, mucha cantidá de plata por ese carro. Áhi iban lo jóvene. El carrero casi se lo da, pero ella sacó el rosario y rezó y el mano de oro no volvió en el carro. Y el carrero le llevó hasta la casa del Rey, en el pueblo.

Descargaron la leña y sacaron el hijo del Rey y la muchacha que le salvó. El joven había estado en encanto por el diablo.

Y vino el Rey y la Reina y todo contento 'taban en el pueblo.

Le pidió el mozo a lo padre que él iba a casarse con esa chica. Concedieron lo padre, muy contento.

Pero el mano de oro siguió a lo do jóvenes para matarlo. ¡Que se le escapó, po!

Por todo lado ponían guardia lo Reye porque sabía que ése iba a matar el hijo y la niña.

Hasta que al fin se casó el joven con la gurisa120.

Criaron un perro bravo para vigilar la casa. Tenían un sirviente que cuidaba el perro. Un día en l'asquina se   —227→   encontró con un hombre y le trateó el perro. Él pensó un poco y como era mucho el dinero vendió el perro. Le prometió el comprador matar el perro y entrar adentro y hacer vivir el perro otra vez. Él acetó todo.

Y llevó el perro otra vez vivo a la casa del Rey. La dueña miró el perro y ve la panza grande del perro y estaba el otro adentro. Y le dice al sirviente:

-Pero, ¿qué comió el perro que 'tá tan grande la barriga del perro?

-El hígado que le di -dijo el sirviente.

¡Mire que hígado tenía adentro el perro!

La señora llamó el esposo y le dijo lo que pasaba.

-Mire este perro. Está el Mano de Oro adentro.

Y no creía el esposo. Ella adivinaba porque era muy viva.

El perro dormía entre la do cama y ella esa noche mandó poner muchos cascabel por la cama de él y de ella. Y le dijo a los guardias que cuidase esa noche, que algo malo iba a suceder.

Y jue a la medianoche. Sintió que tocó la cama y hizo ruido. Era el Mano de Oro que salía de adentro el perro para matarlo a lo do con revolve en mano. Ella, como era que siempre tenía el rosario, agarra el rosario y grita a la guardia. Y vinieron y le agarraron al Mano de Oro y lo quemaron en la plaza a él y al sirviente para que hubiera ejemplo de esa historia.

Y quedó de esposa del hijo del Rey. Y todo le quería mucho porque le había salvado al hijo del Rey. Así el diablo murió y no hizo mal a otra gente.

Narcisa Ramírez de González, 48 años. Yapeyú. San Martín. Corrientes, 1952.

Mujer originaria del lugar. Curandera de fama. Muy buena narradora.

La sintaxis de la narradora es la de muchos bilingües (guaraní-español) de la región, como lo es ella.



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ArribaAbajoNota

Nuestro cuento contiene, entre otros, los siguientes motivos:

A. Tres hermanas caen en poder del diablo, que se presenta a la casa como un huésped joven y las pretende. Casa con la mayor, pero vuelve a llevar, como invitadas, a las cuñadas, una después de la otra.

B. En la casa, el diablo les prohíbe la entrada a una habitación secreta, aunque les entrega las llaves. Las dos mayores abren la habitación y encuentran a otras víctimas del diablo. Son descubiertas porque en la llave aparece una gota de sangre. Son muertas y arrojadas al mismo recinto.

C. La hermana menor, a su turno, abre también la habitación, resucita a sus hermanas y desencanta al hijo del Rey que el diablo tenía ahí en encanto y herido. La doncella tiene en su poder un rosario y con la cruz aleja al diablo.

D. Todos vuelven a sus casas. La joven casa con el hijo del Rey y el diablo es derrotado en un último intento de hacer mal.

El cuento es poco común en nuestra tradición. Corresponde al Tipo 311 de Aarne-Thompson y tiene algunos motivos del 312.





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ArribaAbajo Belleza del Mundo. Blanca Flor. La fuga mágica

13 versiones y variantes


Cuentos del 871 al 888


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871. Las tres palomas hijas del diablo

SALTA

Resulta que era un muchacho de veinticinco años que no tenía ningún vicio. Había muchas tentaciones, pero él no se dejaba dominar por ninguna. Pero en una ocasión vinieron unos amigos, le enseñaron a jugar y él aprendió muy bien. Que ya en ese lugar no le quería jugar nadie porque les ganaba a todos. Y al ver que nadie le jugaba si aburrió, agarró una alforja y la llenó de plata -plata blanca121 era la que corría en ese tiempo-. Ensilló una mula de las mejores que tenía y dijo antes de salir:

-Si al diablo lo encontrara, al diablo le jugara.

Y cuando caminó más o menos seis leguas de la casa, encontró un señor que iba montado en una mula blanca y se saludaron. Caminó un trecho y lo encontró al mismo señor por segunda vez y lo saludó en la misma forma. Caminó otro trecho y lo encontró. La tercera vez ya lo habló. Le dijo el hombre al joven que qué había dicho al salir de su casa. Y él le dijo que no si acordaba. Y entonce él pensó hasta que si acordó que había dicho que si al diablo lo encontrara, al diablo le jugara.

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Y el hombre le dijo que él era el diablo y que se pusieran a jugar. Y jugaron. Y le ganó el diablo al joven todo el dinero que llevaba. Y siguieron jugando y el diablo le ganó la montura chapada y la mula. Le ganó todo. Y al verse perdido, el joven le dijo:

-Le juego mi alma.

Y le ganó el diablo hasta el alma.

Y le dijo el diablo al joven que le devolvía la mula ensillada y la plata, que tan sólo él quería el alma. Y le dio plazo di un año que vaya a un sitio que se llamaba La Laguna del Pan, donde lu iba a esperar pa que le entregue el alma. Que tomara la dirección donde nacía el sol. Y así hizo el joven.

Al año, el joven se encaminó por ese camino. Caminó mucho y al fin llegó a una casa ande vivía una viejita. Le preguntó dónde quedaba esa laguna. Le contestó la viejita que ella no sabía, pero iba a averiguar a los hijos.

-Tal vez mis hijos sepan de esa laguna -dijo.

Hizo sonar una caja122 y los hijos de ella, que eran las aves más pequeñas, vinieron. Preguntó y preguntó a los hijos y ninguno sabía de la laguna ésa.

Y le dijo la viejita que siga el camino más adelante, que vivía una hermana de ella, que tal vez ella supiera de esa laguna.

Siguió caminando el joven y llegó después de varias semanas a esa casa. Y preguntó de La Laguna del Pan. Y le dijo la viejita que ella no sabía, que tal vez los hijos lo sabían. Y agarró una quena123 y se puso a tocar hasta que   —233→   llegaron los hijos, que eran las aves medianas. La viejita preguntaba a todas por la laguna y ninguna sabía. Después le dijo la viejita que siga su camino. Y que iba a encontrar otra amiga.

Siguió el joven caminando y llegó al cabo de una semana a esa casa. Y le preguntó a la viejita dueña de casa si sabía dónde 'taba la Laguna del Pan. Y le dijo que ella no sabía, pero que tal vez los hijos sepan algo. Los hijos eran las aves grandes. Agarró una campana y llamó varias veces. Y empezaron a llegar las aves de toda clase: cuervos, caranchos, águilas, cóndores, halcones. Y faltaba una águila rial. Y la esperaron un buen rato. Y por fin llegó. Y le preguntaron si conocía la Laguna del Pan y le contestó que casualmente venía de ahí, que quedaba muy lejo.

Y entonce el joven le dijo a l'águila si lo podía llevar. Y le dijo l'águila que era imposible volar con él tan lejo, porque le faltaría de comer. Y él le dijo que no había inconvenientes. Compró un cordero gordo pa que comiera en el camino l'águila.

Cuando tuvieron todo pronto, emprendieron el vuelo. Y caminaron un día. L'águila se comió la mitá del cordero. Siguieron volando y l'águila se comió la otra mitá. Le faltaba volar toda una mañana, a las doce tenían que llegar, y ya no tenía comida. Entonce l'águila le dijo al joven que no podía volar por falta de comida. Y el joven se cortó una rebanada de una pierna y le dio de comer. Y llegaron a las doce a la Laguna del Pan. Áhi lo dejó l'águila.

Antes de irse l'águila vomitó el pedazo de pierna y se la puso al joven, en el mismo momento se curó y quedó como si no se hubiera cortado nada. Le dijo entonce l'águila, que ella quería salvarlo y que le iba a contar lo que áhi pasaba para que se defendiera.

-Hay acá tres palomas que se vienen a bañar en esta laguna. Son tres niñas convertidas en palomas. Son las   —234→   hijas del diablo. Las dos mayores son perversas, pero la menor es de güen corazón. Tenía que hacerte amigo de ésta, que ella te va a salvar. Se llama Turquía. Cuando s'entren al agua, le tenís que agarrar unas plumitas de la menor y así ella te va a encontrar, cuando busque sus plumitas. Y l'águila se despidió y se fue.

Y él se quedó esperando cerca de la laguna. Al fin llegaron las tres palomas. Se sacaron las plumas y se convirtieron en tres niñas y s'entraron a l'agua. El joven s'escondió cerca de donde dejaron el plumaje. Mientras ellas se bañaban, él escondió tres plumas de la menor.

Se bañaron las niñas y salieron. La menor echó de menos las plumas y se quedó buscandolás entre los pastos. Como eran perversas, las otras dos no la esperaron. Cuando se fueron ellas, se le apareció el joven y le habló a la chica. Entonce él le contó todo a la niña y le dijo cómo había llegado a ese lugar tan lejos para entregar el alma. Ella le dijo que el padre estaba en la casa y que esperaba a un joven, que era él. Y s'hicieron amigos con la niña, y ella le prometió salvarlo. Y le dijo que la llamara Turquía, y que cuando la necesitara dijiera su nombre y ella s'iba aparecer, y se dispidieron.

El joven se presentó ante el diablo. El diablo, que no creía que él viniera, le dijo que por primera vez cumplían una orden de él. Le dijo que por eso le perdonaba la vida y no lo mataba. Que lu iba a mandar a hacer algunos trabajos y que si los hacía bien lu iba a perdonar del todo. Le dio semillas de zapallo, de sandía y maíz y le dijo que las sembrara y que para las doce del día, que traiga zapallos y sandías maduras y choclos.

El joven se puso a llorar. Cómo iba a trair eso; di ánde iba a sacar eso. Y tanto llorar si acuerda de Turquía, la nombra, y ella se presenta.

Él le contó el trabajo que tenía qui hacer y ella le dijo que no era nada, que si acueste a dormir, que en seguida   —235→   ella le iba a trair. A la hora se despertó y encontró los zapallos, las sandías y los choclos.

El joven fue y le llevó al diablo todo. Y le dijo el diablo que 'taba muy bien, que descansara para mañana.

Al otro día temprano le dijo que le tenía que trair el anillo que perdió el padre de él, junto del mar.

Entonce se jue el joven más apenado que nunca. Se puso a llorar y si acordó de Turquía. Y la llamó y si apareció al momento. Le preguntó qué le pasaba y le dijo que lo había mandado el diablo, que buscara el anillo que perdió el padre. Ella le dijo que no si aflija, que ya l'iba a trair un polvito que le indicara dónde 'taba el anillo. Trajo un cartucho con polvos. Y le dijo que siguiera un camino hacia el mar y vaya largando el polvito ése por el camino. Donde caiga todo el polvo, que cavara. Y hizo así. Fue por el camino y en una parte cayó todo el polvito del cartucho. Áhi se puso a cavar y encontró el anillo. Y sacó el anillo. Y se fue a ver al diablo. Le entregó el anillo. Y le dijo que descansara para mañana, que tenía otra misión.

Al otro día lo llamó y le dijo que fuera a buscar la guitarra di oro, cuerdas de diamantes y clavijas de plata que perdió el agüelo de él en la orilla de la mar, que le daba dos días de plazo.

Y salió más triste que nunca. Se fue muy triste, y llamó a Turquía y le dijo la misión que tenía que cumplir. Ella le dijo que era muy difícil encontrar esa guitarra, pero que iba a hacer todo lo posible. Clavó un cuchillo en la orilla del mar, y le dijo que cuando la sombra del cuchillo llegue a las aguas del mar, que se largue él para el mar, porque ya no había esperanzas de encontrar la guitarra. Y ella se fue a buscarla.

Ella anduvo mucho. Preguntó a toda clase de animales. Dentró al mar, preguntó a los peces. Y después de mucho averiguar, uno solo le dijo que había visto la guitarra di   —236→   oro, en un reinato abajo del mar. Y ella se fue a buscarla áhi, que era muy lejos.

El mozo taba mirando la sombra del cuchillo, y 'taba desesperado porque pasaba tanto tiempo sin noticias de la niña y la sombra ya faltaba muy poco para que llegara al mar. Ya se iba a largarse al mar, cuando alcanzó a ver sobre las aguas una llamita. Y era la guitarra que venía a flote de agua, la traía ella. Y el joven se puso muy contento al verla llegar con la guitarra. Y áhi se saludaron muy contentos los dos. Y le dijo ella a él si la quería. Y él le dijo que sí. Entonce le dijo ella que le cortara un pedacito de un dedo, de estito124, el dedito chico. Y él no quería por nada, que cómo le iba a cortar el dedo. Entonce ella le esplicó por qué. El padre le iba a vendar los ojos a él, y a las tres niñas las iba a poner al frente para que él elija por esposa a una. Entonce así él podía reconocerla a ella por el dedito cortado. Y entonce él le cortó la punta del dedo. Y se fue con la guitarra a presentarse ante el Rey diablo.

Entregó la guitarra, y él le dijo que estaba muy bien.

Y después lo llamó y le dijo:

-Ahora te casarás con una de mis hijas.

Le vendó los ojos a él y a ellas las hizo poner al frente. Él tenía que elegir la que le gustara. Él les tocaba las manos a las tres hasta que dio con la menor.

Entonce los llevó a la orilla del mar a casarlos. Y entonce el mar se embraveció y lo llevó al diablo. Y el joven quedó dueño de todo y con el reinato. Se salvó él y se salvó la niña.

Alfonso Barrios, 31 años. Finca del Rey. Anta. Salta, 1952.



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872. La Belleza del Mundo

JUJUY

Antes había reinados.

Antes había también unas cosas secretas, unas cosas que eran de encantos y de brujerías.

Había un punto que había puramente brujos, pues. Y se había costiau rodando tierra, un joven, hasta ese punto, buscando trabajo. Y viene y se da con la casa de unos brujos. Y éstos habían teníu una hija. Y esa hija se llamaba Clara. Entonce llega el joven y cuando la ve a la niña que le llamaban Belleza del Mundo, porque era tan linda, se enamora de ella y ella se enamora del joven. Buen mozo, dicen que era el joven.

Bueno, resulta que esta vieja sinvergüenza y el viejo brujo, le dicen, ya con mala intención:

-¡Cómo no! Hay trabajo para usté. Su trabajo que va ser de sembrar.

-¡Cómo no! -dice el joven.

-Mañana va a dar principio a trabajar, y hoy día descanse.

Bueno. Le dieron de comer. Durmió. Y al otro día temprano se levantaron los viejos, ordenando lo que tenía qui hacer el mozo. Y li han dicho al mozo:

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-Bueno, usté va a sembrar en aquel cerro, aquella tierra. La va a desmontar, va sembrar y nos va tráir los choclos pal almuerzo.

Áhi el joven se entristeció mucho. Eso no podía ser.

Pero la joven era más fina que los mismos viejos. De los dos brujos, o los dos diablos mejor dicho, tenía que ser ella la más fina. Y li ha dicho al mozo:

-No se le dé pena. No tenga pena. No si asuste. Mi papá y mi mamá siempre son así.

Agarró, si arrancó, y le dio que guardara un botón.

-No lo vaya a perder. Pongaló bien guardadito en su bolsillo del saco y prendaló con alguna cosa, cosa que no se le vaya a perder el botón o se lo vaya a robar mi papá.

Se va el joven. Empieza a desmontar. Cuando él acuerda 'taba desmontau. Agarra la yunta, ara, siembra. A las doce, justamente, están los choclos, de la clase más linda. Lleva los choclos y les dice:

Aquí 'tán los choclos.

Ya hasta se cocieron en el trayecto de que el joven llevaba los choclos.

-Ay, así nos gusta a nosotros un joven hacendoso como usté, ¿ve? Ahora, mañana, vamos a poner una huerta.

-¡Cómo no!, señor.

Tenía él ya el ayuda de la chica.

Bueno, se va. Al otro día llega y va a poner la huerta y justamente llega con toda clase de frutas a la hora del almuerzo, pa que se sirvan la vieja y el viejo. Pero, así sucesivamente lo mandaban a hacer cosas que las hacia rápidamente el joven, y nadie sabía que la chica intervenía en eso. La vieja y la chica sabían todo. La vieja ha dicho:

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-¡Ahora van a ver! Tenimos dos pichones, viejo -dice- para comer mañana. Los vamos a comer a la crema o al horno.

La chica le dice al mozo:

-¡Ah!, mi tata y mi mama, 'tán pensando que nos van a comer a nosotros. Van a comer miel de abejas125, no a nosotros. Bueno, usté va ir y va atar al burro y va estar allá, lejo, en el monte. Yo voy a aprontar las alforjas.

Había echau en la alforja el peine, la polvera con polvos, unas tijeras, un dedal, cosas como ésas, y hilo, un carretel d'hilo. Cosas de comer. Y si había aprontau la chica. Dejó tres escupidas para que contestaran cuando ella no estuviera y se fue la chica.

La vieja la llamó para que se levantara y barriera la casa:

-¡Belleza del Mundo!

-¡Señora! -contestó la primera escupida.

-¡Belleza del Mundo! Levantate a barrer la casa.

-¡Señora! -contestó la segunda escupida.

Áhi 'tá barriendo -dice la vieja-. Belleza del Mundo, Clara, ¿'tás barriendo?

-Sí -dice la última escupida.

'Tá barriendo. Ya que tenga la casa bien barrida pa comerlos. Así nos vamos a dar el banquete los dos, con los muchachos. Ya los vamos a comer.

Se levanta la vieja y se da cuenta de todo y se viene y le dice al viejo:

-Che, la chica nos ha hecho dormir con patas y todo a los viejos, y si han picado los dos en el burro.

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Ella iba en ancas y el joven manejando el burro, adelante. Y se largaron. Se levantó la vieja y no vio ni Clara, ni mozo, ni burro, ni nada.

-Ahora van a ver -dice la vieja-. Andá, viejo, y pillame al zaino, voy a darles alcance a estos pícaros, estos...

Y se fue la vieja. Ya los iba alcanzando y dice la chica:

-Allá viene mi mamá, che. Rápido tranformemos las cosas. Mirá, bajate di una vez.

Ya lo hizo al burro un árbol, al joven unas flores y unas ramas bien lindas y ella una paloma.

Llega la vieja. No vía nada de los muchachos. Y ya vio el árbol y dice la vieja:

-¡Ah, sinvergüenza, vos sois la que estáis arriba del árbol!

Y dice que la vieja si había subíu arriba 'el caballo pa yaparse126 pa pillar la paloma. Si ha espantau el caballo, ¡amigo!, y la ha tirau a la vieja patas pa arriba. ¡Ah, bueno! Si ha mandau a mudar el caballo y la ha dejau di a pie a la vieja. Y áhi si ha vuelto. Y los changos si han mandau a mudar no más.

-¡Esa bandida! Tá hecha una paloma hermosa. Áhi 'taba arriba 'el árbol -le ha dicho la vieja al viejo cuando ha vuelto.

-El árbol era el burro, po, zonza, vieja zonza. Y las ramas y las flores eran el joven, y ella la paloma -ha dicho el viejo-. Yo voy a ir.

Se las echa el viejo.

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Ya los alcanzaba y ha dicho la chica:

-¡Allá viene el taita! Ahora vamos hacer un río al burro, y yo una mojarra y vos l'agua.

Llegó el viejo y dice:

-Te vuá pillar -y le tira un manazo a la mojarra y se cae, ¡amigo!, a la profundidá y se descogotó.

No volvió más el viejo.

La vieja ya supo que li había pasau ese percance al viejo. Quedó de luto.

Ya se va la vieja, ella, a alcanzalos.

Ya cuando la ve la joven, saca la bellota127 y la caja con polvos y se la tira a la vieja, y se li hace una niblina, una melcocha. ¡Qué iba a ver! Se le desapareció todo y la vieja no pudo cruzar y se volvió.

-¡Vuá volver! ¡Mañana la vuá volver a alcanzar! ¡La voy a volar!

Si había montau la vieja en una escoba y si había ido a ver si la podía alcanzar. Cuando ha llegau li han tirau un peine. Y el peine se li ha hecho un champal128 a la vieja. Nu ha podíu pasar tampoco. Casi si ha agotado la vieja.

-¡Esta desgraciada! -decían-. ¡Cómo voy a pasar por allá! ¡Yo no voy a poder pasar!

-Bueno... Si ha aburrido, pues, la vieja, y ha dicho:

-¡Ah, que se vuelva lo que quiera!... ¡Ya 'tá muy lejo, que se vaya!, pero el que la lleva la olvidará -dijo como maldición.

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Bueno, ellos han seguido... Han dau con unos palacios del Rey. Y han parau en una casita del campo, ante de entrar al pueblo.

-Bueno, ahora qué hacemos ha dicho la niña.

-Yo me voy a ir a buscar trabajo -ha dicho el joven-. Usté se queda no más aquí en el campo hasta que vuelva.

Una vez en el palacio, el joven si olvidó de la chica. Pero la chica hizo un jardín precioso en la casita que vivía. Y crió una gallina y un gallo. Y eran de virtú. Y la gente, al ver la gallina y el gallito y las flores preciosas fueron a contarle al Rey. Y el Rey fue a ver eso tan curioso. Y fue el joven, pues, que era asistente del Rey a ver esta novedá. En eso sale el gallo y la gallina conversando y empiezan:

-¿Ti acordáis gallito cuando llegastes a mi casa por primera vez y mis padres te dieron trabajos que vos no los podías hacer y yo ti ayudé?

-No mi acuerdo -decía el gallo.

-¿Ti acordáis cuando te decían que sembrís máiz y que llevís los choclos a las doce del día?

-No mi acuerdo -decía el gallo.

-¿Ti acordáis ya cuando mi madre y mi taita nos iban a comer y nosotros se himos disparau en el burro?

-Ya me 'toy acordando.

Y el joven s'iba acordando ya.

Y ya le dijo todas las cosas que le habían pasado y al fin li ha dicho:

-¿Y ti acordáis, por último, cuando te fuistes a buscar trabajo y te quedastes vos todavía, ayudado por mí, para que te diera un buen trabajo?

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-¡Ah, sí, mi acuerdo!

Y la ve a la muchacha y se va y le da un abrazo. Y que dice el Rey:

-¡Ah, entonce usté conocía a la chica ésta tan hermosa y tan linda! Hoy día se casan y yo soy el padrino.

Y en eso se casan y yo 'taba también en el baile, pues. Yo vi el casamiento y 'tuve en el baile, también, pues. Y me vine aquí después.

Sixta Castro de Guerrero, 53 años. Tilcara. Jujuy, 1968.

Buena narradora y muy imaginativa.



  —244→  
873. Guimán

SANTIAGO DEL ESTERO

Diz que en una casa, un matrimonio tenía una niña muy bonita. Y diz que la madre la cuidaba muy mucho. Que en una piecita separaíta129, diz que la tenía, pero al laíto130 ande dormían el matrimonio. Que la niña era muy bonita, como no había otra. Que se llamaba Guimán. Y áhi diz que cada vez que se dispertaba la madre, le llamaba a la niña para ver si estaba en su dormitorio. Que la llamaba varias veces, en la noche. Diz que no lo dejaba dormir al viejito, porque a cada rato decía:

-¡Guimán! ¡Guimán!

Y ella que le contestaba:

-Aquí estoy, mamita.

Y bueno, esta niña que era tan bonita, que encontró un novio. Y el novio que se quería casá con ella, pero diz que tenían miedo que la madre no la iba a dejar casar. Y él para que no la haga resentí a la madre que le había dicho que no le avise a la madre que él se está por casá con ella. Y que el novio era un joven muy bueno. Y que él le ha dicho a la niña cómo iban a hacer para casarse y que la mamita   —245→   la deje casarse y no se oponga. Y áhi dice que la niña le ha dicho que iban hacer lo que ella dijiera. Y áhi dice que la niña dejó tres escupidas pa que contesten por ella. Y que han salido y han ensillado un caballo que daba un tranco de una legua. Y se han ido.

Que ya a la medianoche la madre lo131 ha llamado:

-¡Guimán! ¡Guimán!

Y que una escupida ha dicho:

-Aquí estoy, mamita.

Que ya más tarde lo ha vuelto a llamar:

-¡Guimán! ¡Guimán!

Y que la otra escupida más delgadita que decía:

-Aquí estoy, mamita.

Que el viejo la retaba a la vieja porque no lo dejaba dormir, y que ella le ha dicho que le parecía que la niña se le andaba por ir.

Y ya que a la madrugada la vieja volvía a llamalo:

-¡Guimán! ¡Guimán!

Y que la voz de la última escupida ya era muy delgadita, y que agatas132 había dicho:

-Aquí estoy, mamita.

Bueno, que la vieja se ha sentado en la cama, y que ha dicho:

-Esa voz ya no es la de mi hija.

Que la desconocía porque era una voz muy delgadita. Y que el viejo se enojaba porque no lo dejaba dormir, y que la vieja se ha levantau no más.

  —246→  

-¡Ay! ¡Ay! -que ha gritado la vieja-. Me han robado m'hijita. Ya no está en su camita.

Diz que había teníu la vieja una chancha grande, como ternero, y que era negra, y que de un tranco pasaba tres leguas. Y áhi dice que la vieja agarra un lazo y le pone medio bozal a la cucha133 negra, y se monta hecha varón. Ha salido a buscar la niña. Que corría la chancha y que hacía ¡Cros!... ¡Cros!... ¡Cros!...

Diz que que el joven y la niña habían andado toda la noche, y que ya había síu la madrugada. Entó que le dice la niña:

-Mi mamita ya anda por alcanzarlos. Viene en la cucha negra que tiene el tranco de tres leguas.

-Y ¡qué vamos a hacer! -que dice el novio.

Entó134 diz que la niña tiró un pañuelo blanco. Áhi dice que s'hizo una gran niblina. Que ha llegado la madre y que se ha perdido en el medio de la niblina y que no ha podido pasar. Nai135, al fin ha podido pasar y que ya los iba alcanzando a la niña y al joven.

Y ya que la niña había tirau un peine, y que se había hecho un campo de espinas. Diz que la viejita no podía pasar. Que áhi andaba y andaba y la cucha se clavaba espinas. Nai, que al fin ha pasado y que los iba alcanzando a la niña y al joven.

La niña y el joven han visto que la madre iba llegando y le han tirau un espejo, y que se ha hecho un gran río. Que áhi la ha atajau el río. Y que la cucha quería pasar el   —247→   río y casi la llevaba l'agua. Y diz que así estuvo mucho tiempo tratando de pasar y no ha podido.

Diz que en ese tiempo los novios se han casado en la otra banda del río y han venido, y la han abrazado a la viejita y le han pedido perdón. Y diz que la viejita lloraba porque le han llevau la hija, pero que al fin los ha perdonado y se han vuelto todos juntos.

-Nosotros himos hecho eso porque usté la mezquinaba tanto -que han dicho.

Y áhi vivieron todos muy contentos.

Manuela Emilia Sosa, 38 años. Villa Salavina. Salavina. Santiago del Estero, 1951.

Lugareña rústica, bilingüe quichua-español.

Variante del cuento tradicional con un final nuevo.



  —248→  
874. La niña y la mujer mala

CATAMARCA

Había una vez una viejita sola que tenía su hija chica que la cuidaba. Y le había recomendado:

-No llegués nunca hasta aquella casa que se ve allá a la distancia porque es de una mujer mala.

Era una bruja, la mujer aquella.

-Si te agarra te come -le decía siempre.

Eso le despertó la curiosidá a la criatura. Bueno, tenía un deseo tremendo de conocer esta mujer. Y un día resuelve salir. Y se va. Pero antes de llegar encuentra a la mujer buena que ella conocía. La hace entrar a su casa, y le dice:

-Vos vas a la casa de la bruja. Tené cuidado que te va a comer. Pero si querés ir llevá estas tres cosas.

Le da un atadito con ceniza, un peine y una tijera. Recomendandolé:

-Si la bruja te corre, tirá primero la ceniza hacia atrás, después el peine, y si te va a alcanzar, tirá la tijera.

Bueno, la chica sigue no más. Quería conocerla a la bruja. Llega hasta la casa. Nadie, todo en silencio. Golpea la puerta. Se abre la puerta de golpe y la bruja la quiere tomar del brazo a la chica, y ésta dispara. Era vivísima.   —249→   Dispara... La deja atrás al principio a la bruja. Pero la bruja corre muy ligero y ya la alcanza, ya la alcanza, ya la toma, y ella se acuerda y le tira el atadito de ceniza hacia atrás, y se forma una niebla espesa que no le permite correr a la bruja porque tropezaba con los montes136, las piedras... Pero ella tenía el camino claro hacia su casa y le saca una ventaja tremenda. Pero la bruja, que echa trancos largos y corre ligero, sigue tras la chica. Llega un momento en que ya, ya la alcanza, y ella tira el peine hacia atrás y se forma un cerco de pencas con espinas muy lagas. Le detienen la carrera a la bruja, mientras ella puede seguir disparando. Dispara hacia su casa, todavía lejos. Cuando la bruja consigue eludir el cerco de pencas y dispara tras la chica, llega un momento otra vez en que ya la alcanza, ya la va a tomar, y tira la tijera, tira la tijera para atrás y la tijera corta la tierra, forma un tremendo barranco que no le permite pasar a la bruja. Y ella dispara y al fin llega a su casa salvandosé, gracias a la mujer buena que la previno contra la mujer mala, contra la bruja. El viejito ciego que me contaba este cuento en Las Tacanas, en Catamarca, decía que la mujer buena era la Virgen María.

Ernesto Gómez Molina, 72 años. Alta Córdoba. Córdoba (Capital de la Provincia), 1974.

Incluimos en este grupo este motivo de la fuga mágica, por ser el cuento de la Belleza del Mundo, en el que figura con mayor frecuencia.



  —250→  
875. Blanca Flor

LA RIOJA

Que era un viejo y una vieja que tenían un solo hijo a quien le gustaba mucho jugar a la taba y chupar vino. Un buen día el hijo les dijo a los padres que le echen la bendición porque estaba por ir a rodar tierra. Los viejos no querían que se fuera, porque era el único hijo que tenían y se pusieron a llorar, pero éste insistió tanto que no tuvieron más remedio que echarle la bendición. Llegó el día de la partida y el muchacho al despedirse les dijo a los padres que toda la vida jugaría y que al que encuentre lo iba a desafiar, aunque fuese el mismo diablo.

Al poco andar se encontró con el diablo y lo desafió a jugar. Y el diablo le jugó, ganandolé todo lo que tenía, hasta la camisa. Como el muchacho le quedaba debiendo, para cobrarse la deuda lo llevó a su casa como pión. El diablo lo hacía sufrir mucho, dandolé trabajos imposibles de realizar y cuando no los podía hacer, lo amenazaba con echarlo al infierno.

El diablo vivía con sus tres hijas y una negra criada. Un día el diablo lo llamó al muchacho, le dio un pellón negro y un pan de jabón, y le dijo:

-Lavame este pellón hasta que quede blanco como la nieve o sinó te mando al infierno.

  —251→  

El muchacho obedeció y se fue al arroyo a cumplir la orden.

¡Lavaba y lavaba y el pellón siempre negro! A la hora de comer, el diablo le mandó a la negra criada, que llevara la comida al pión.

Y en el camino le salió la hija del diablo, que se llamaba Blanca Flor. Blanca Flor le quitó la olla a la negra y se fue ella. Cuando llegó, el pión estaba llorando y la niña le pregunta:

-¿Por qué llora, joven lindo? Él le contesta:

-¡Cómo no voy a llorar si su padre me ha dado el trabajo de que vuelva blanco este pellón negro y yo no puedo! Ella le dice:

-No llore, joven, coma tranquilo, yo lo voy a ayudar. Cuando el muchacho terminó de comer, el pellón estaba como un capullo de algodón. Regresó muy contento y se lo entregó al patrón.

El diablo se enojó por haber sido burlado.

-Tomá esta pala, rompé el cerro y hacé pasar el agua para el otro lado, sinó te echaré el infierno.

Obedeció el joven y se fuy muy triste pensando cómo iba a romper el cerro para hacer pasar el agua. Desesperao se sentó en una piedra a llorar. A la hora de comer, lo mismo que el día anterior, Blanca Flor le quitó a la negra la comida y se la llevó ella. Como lo encontró al joven llorando, le preguntó:

-¿Por qué llora joven lindo? Él le contesta:

-Cómo no voy a llorar si su padre me ha dado el trabajo que rompa el cerro para hacer pasar el agua al otro lado, y no puedo.

  —252→  

Ella le dice:

-No llore, joven. Coma tranquilo, yo le voy ayudar.

Cuando terminó de comer ya estaba corriendo el agua por el cerro.

Se fue muy contento y le avisó al patrón.

El diablo, nuevamente burlado, resolvió darle un trabajo imposible de realizar y poder así echarlo al infierno. Llamó al muchacho y lo mandó, diciendolé:

-Tomá esta semilla de alfa137 y esta otra de uva. Sembralas y a la tarde me tenés un potrero alfado y una viña con uvas, sinó te echo al inferno.

Se fue muy triste el muchacho y se puso a llorar, porque sabía que ahora no iba a poder hacer el trabajo y seguro lo echaría al infierno, en medio 'e las llamas.

A la hora de comer, lo mismo que en los días anteriores, Blanca Flor le quitó a la negra la olla con la comida y se la llevó ella. Como lo encontró al joven llorando, le preguntó:

-¿Por qué llora joven lindo?

Él le responde:

-Cómo no voy a llorar, si su padre me ha dado esta tarea que no puedo hacer.

Le cuenta lo que le mandó hacer el diablo. Ella le dice:

-No llore joven, coma tranquilo, yo le voy a ayudar.

Cuando acabó de comer ya estaba el potrero bien alfado y una hermosa viña con las uvas pintonas. Se puso muy contento y se fue a avisarle al patrón.

Al ver el diablo que no le podía ganar, le ofreció una hija para que se case.

La Blanca Flor, que lo quería mucho al joven, le dijo que el padre le iba a poner tres palomitas para que elija   —253→   una y que ella iba a estirar una alita, para que la elija a ella. Y así fue.

El diablo puso tres palomitas y una estiró la alita y el joven la eligió y ésa era Blanca Flor. Y con ella se casó y fueron muy felices. Tuvieron muchos hijos y se murieron de viejos.

Aquí se acaba este cuento. Que mi mamita me cuente otro.

Josefa Páez, 52 años. Distrito Pueblo. Sarmiento. La Rioja, 1950.

Originaria de la región. Muy buena narradora.

Este cuento es una recreación abreviada del cuento tradicional.



  —254→  
876. Mira

LA RIOJA

Ésta que era una bruja que tenía una hija un punto más bruja que ella. Cierto día había llegado un joven del cual se enamoró la hija llamada Mira. Entonce la bruja se dio cuenta, porque le dijo al joven que para las doce que le dé uva de un sarmiento. El joven se puso muy triste, vino Mira y le dijo que no se ponga triste, que se acostara a dormir al lado del sarmiento y cuando se despierte iba a tener uva; y así fue, se despertó y le llevó uva a la bruja.

La bruja le dijo que para la noche le diera duraznos de un gajo de duraznero. El joven nuevamente estaba muy triste.

Vino Mira y le dijo que hiciera la misma operación, y el joven se acostó a dormir. Cuando se despertó, el gajo que se estaba ladiando de durazno. Cortó los duraznos y le llevó a la bruja. Y así fue que no lo pudo matar la bruja.

En la noche le dijo Mira al joven que la robara, pero primero que le corte los garrones a la chancha de la vieja, que tenía un tranco de diez leguas. El joven de apurado le cortó una.

Cuando salieron de viaje, Mira dejó tres escupas138 en la cama y se fueron.

  —255→  

La bruja, eso de la media noche, le dijo a su esposo que la Mira no estaba. El viejo le dijo que ahí estaba. La bruja le pegó un grito:

-¡Mira!

Le contestaba la escupa:

-¡Mamita!

Se volvió acostar la bruja. Al alba se volvió a despertar la bruja.

-Viejo, Mira no está.

El viejo le dijo

-Pegale un grito.

La bruja le gritó:

-¡Mira!

-¡Mamita! -le contestaba la otra escupa.

El viejo dijo:

-Has visto, vieja zonza, que áhi'tá Mira.

Se volvió acostar la bruja y eso al amanecer se despertó la bruja y dio un grito:

-¡Mira!

-¡Mamita! -le contestaban las escupas.

Se levantó la bruja y se fue a la cama de la Mira y vio que no estaba.

-Has visto, viejo, que la Mira se disparó; andá a seguirla, ensillá tu caballo y seguila.

Cuando iba cerca, Mira se dio cuenta y le dijo al joven:

-Papá viene alcanzandolós. Bueno, vos te vas hacer el cura, yo una virgen y el caballo una iglesia.

  —256→  

Y así fue. Pasó el viejo por junto che la iglesia, se paró y pegó un grito:

-Cura, cura, ¿no has visto pasar unos pícaros?

El cura no le contestaba. El viejo enojado le dijo:

-Te podís ir a donde no te conozcan.

Pasó el viejo. Mira con el joven tomaron viaje.

-Papá ya vuelve. Ahora vos te vas hacer un jote, yo otro y el caballo una presa139 seca -y así fue.

Vino el viejo, pasó por junto de la presa y se paró a ver los jotes, y dijo:

-Pobres diablos, qué pueden sacar de esos huesos secos. Pasó el viejo y se fue a su casa. Mira tomó viaje con el joven. El viejo llegó al la casa y le dijo a la bruja, que no alcanzó nada, nada más que había visto una iglesia, un cura, después unos jotes. La bruja le dijo:

-Esos son la Mira con el joven, andá alcanzarlos.

Y se fue el viejo de nuevo al galope. Los volvió alcanzar. Entonce ella y él se transformaron en un picaflor y el caballo en un jardín; pasó el viejo por junto al jardín. Bueno, como les iba contando, el viejo dijo:

-¡Ve, tan lindas las flores! -pero pasó apurado.

Siguieron viaje nuevamente ellos. Al poco rato le dijo Mira al joven:

-Papá ya vuelve, ahora vos vas a llevar un cántaro. El caballo va a ser el cántaro y yo la olla.

Vino el viejo y se paró.

-Oiga, amigo, ¿no ha visto pasar unos pícaros por acá?

  —257→  

Y el joven repetía:

-Llenate cantarito, llenate cantarito.

-Oiga, joven ¿no ha visto pasar unos pícaros por acá?

-Llenate cantarito, llenate cantarito.

El viejo enojado se fue a las casas. Llegó allá y Mira seguía viaje.

La bruja le preguntó:

-¿Y la Mira?

-No la he alcanzado.

-¿Y qué has visto?

-En un jardín, un zonzo que estaba llenando un cántaro y no me contestaba.

-Más zonzo sos vos que no le has quitado la olla; ésa es la Mira.

Y entonce se fue la vieja en la chancha, y áhi no más los alcanzó. Y entonce ella y él se convirtieron en peces y el caballo en una laguna. Llegó la vieja. Le gritaba:

-¡Mira! -¡Mamita! -le contestaba de una punta la Mira.

La bruja se iba para la punta del lago y le gritaba.

-¡Mira!

-¡Mamita! -le decía, para la otra punta.

Y así la cansó a la vieja. La bruja enojada le echó una maldición, que a la primera que alguien lo abrace al joven, que él se olvide de ella.

Llegaron al pueblo del joven y Mira le dijo al joven:

-No vaya a abrazar a nadie.

Llegó a la casa y la abrazó a su madre, y áhi no más se olvidó de Mira. Y él había tenido novia y apenas llegó se   —258→   quiso casar con la otra novia. Y ya estaba listo. Y estando en el baile, antes de ir a la mesa, dijo Mira que la dejen hacer una prueba. Le aceptaron y entonce sacó una gallina y un gallo, y los hacía bailar. Dejaban el baile, y se decían:

-¿Te acuerdas gallito, cuando tatita nos iba alcanzando y el caballo se hizo una iglesia y yo una virgen y vos un cura?

-No me acuerdo -decía el gallito.

Seguían bailando. Se volvían a parar.

-¿Te acuerdas gallito cuando tatita nos iba alcanzando y vos te has convertido en jote y el caballo en presa?

-No me acuerdo -decía.

Seguían bailando los dos, se volvían a parar, y le decía la gallina al gallito:

-¿Te acuerdas cuando tatita nos alcanzaba y vos te has convertido en picaflor y yo también, y el caballo en jardín?

-Medio me estoy acordando.

Seguían bailando y volvían a pararse y le dijo:

-¿Te acuerdas gallito cuando mamita nos alcanzó y el caballo se hizo un lago y nosotros peces?

-Ya me acuerdo.

Y entonce salió el joven de adentro y la abrazó a Mira y dejó la otra novia preparada.

Pablo Aballay, 75 años. Quebrada del Vallecito. General Roca. La Rioja, 1950.

Lugareño originario de la región. Oyó muchas veces este cuento a su madre.



  —259→  
877. Belleza del Mundo

SAN LUIS

Un día, había un joven trabajando en la casa de un matrimonio muy rico. Todos los días, a la doce, notaba él que la señora preparaba una oíta140 con comida y la llevaba para adentro de la casa. Y él pensaba, ¿para qué será esto? Un buen día dijo:

-Voy a vigilarla a esta señora.

Y fue, y se escondió. Y ya vido que la señora habría una puerta de una pieza muy secreta y desaparecía la oíta con comida.

Por varios días el joven se escuende, y al fin logra entrar a la pieza oculta. Se encuentra con una niña tan hermosa como no había otra en el mundo. Ella se sosprende mucho de verlo, pero al fin le cuenta que la tienen encerrada porque era tan bonita, para que no se case con naides. Le dijo que se llamaba Belleza del Mundo. Entonce él le dio su palabra de que la iba a sacar de esa prisión, y que se iba a casar con ella para que viviera contenta y como ella quisiera. La niña le dijo que tenían que tener mucho cuidado porque la madre adivinaba todo.

  —260→  

-No se te dé cuidado -le dijo él.

Ya se pusieron de acuerdo y el joven arregló todo para la huida.

Una noche trató el joven de sacarla. Entonce Belleza del Mundo dejó tres salivas en la paré para que contesten por ella cuando la llamen. Y salieron. El mozo ya tenía ensillado su caballo. Subieron y se fueron.

Al rato no más, la madre sueña que la Belleza del Mundo se le va.

-¡Viejo! -le dice al esposo-, ¡la Belleza del Mundo se los141 va!...

-¡No puede ser! -le dice el viejo.

-¡Sí! ¡Te digo que se los va!

Entonce la llama:

-¡Belleza del Mundo!

-¿Señora142? -contesta la primera saliva.

Se vuelven a dormir, y vuelve a soñar la madre que se les va la hija. Lo despierta al padre, y la vuelve a llamar.

-¡Belleza del Mundo!

-¿Señora? -contesta ya más débil la otra saliva.

Se vuelven a dormir y vuelve a soñar la madre que se les va la Belleza del Mundo. Lo despierta al viejo, y él la llama:

-¡Belleza del Mundo!

-¿Señora? -contesta la última saliva, muy débil, porque ya 'taba casi seca.

  —261→  

Se vuelven a dormir y vuelve a soñar la madre que se les va la hija. Lo despierta al viejo, y la llama:

-¡Belleza del Mundo!

Y ya no contesta nadies.

-¿Has visto, viejo? ¡La Belleza del Mundo se los va! -dice la vieja, apuradísima.

Se levantan, y van y ven que la niña se les ha huído.

-¡Ensillá el caballo y alcanzalos! ¡La lleva un mozo, y se van a casar! No te vas a dejar engañar porque Belleza del Mundo es muy ardilosa143 y va a tomar cualquier forma para engañarte.

Salió el padre a seguirlos. Ya cuando los iba alcanzando, la Belleza del Mundo le dijo al joven:

-Mi madre lo manda a mi padre que los alcance. ¡Pero la vamos a engañar!

Entonce ella hizo que el caballo se conviertiera en una planta, ella en una flor preciosa y el joven en un picaflor144.

Cuando llegó el viejo vio esta planta y esta flor tan curiosa y tan linda, y el picaflor que la revolotiaba. Quiso cortar la flor, pero por mucho que se estiró no alcanzó. Ya no supo para dónde agarrar y se volvió.

Cuando llegó a las casas, le contó a la vieja lo que había visto, y ella le dijo que áhi lo habían engañado. Que el caballo era la planta, Belleza del Mundo la flor, y el joven el picaflor. Y lo volvió a mandar que siguiera a los jóvenes y que no se dejara engañar.

El viejo ensía145 otra vez el caballo y vuelve a salir a perseguir a los jóvenes.

  —262→  

Iban lejos los jóvenes, cuando la niña le dice al compañero que apurara, que el padre los venía alcanzando, que la madre le había dicho cómo se habían escapado ellos. Entonce, el caballo lo hizo que se hiciera una laguna, ella se hizo una patita y el joven un patito. Llegó el viejo, quiso meterse a la laguna y casi se áuga146. Orilló y orilló por pasar, y no pudo. Entonce, ya cuando vio que nada podía hacer, se volvió dando por perdida a la Belleza del Mundo.

Cuando el viejo llegó a la casa y le contó todo, la vieja le dijo:

-¡Ah, viejo, ti han vuelto a engañar! La laguna era el caballo, la patita la Belleza del Mundo, y el patito el mozo. ¡Ah, hija ingrata! ¡Andá no más que el que te lleva ti ha de olvidar!

Siguieron viaje los jóvenes y llegaron al pueblo ande vivía el mozo. A la entrada, en la oría del pueblo, le dijo a la niña que la iba a dejar en el rancho de una viejita, hasta que él fuera a arreglar todo y recibirla bien. La niña entonce le recomendó que no se fuera a dejar abrazar con naides, porque se iba a olvidar de ella.

Llegó el mozo a la casa de los padres. Todos salieron a recibirlo y lo queren abrazar, pero él no se deja. En eso viene un perrito que él tenía, muy regalón, y se para en dos patitas y lo abraza por las piernas, y en se momento se olvidó de la niña y de todo lo que había pasado.

Pasó el tiempo y el joven se puso de novio con una niña muy linda que conoció. Se preparó una gran fiesta y vino gente de todos lados. Llegó a la fiesta también la Belleza del Mundo. Traía un gaíto147 y una gainita148. Pidió permisio   —263→   para que vieran cómo hablaban, y en seguida le dijieron que sí, todos con mucha curiosidá. Pasó Belleza del Mundo, y adelante de los novios puso al gaíto y la gainita, y empezaron a hablar. La gainita le preguntaba, y el gaíto le contestaba:

-¿Ti acordás gaíto cuando me sacaste de ande me tenían encerrada mis padres para que no me casara con naides?

-¡No mi acuerdo! -contestó el gaíto.

-¿Ti acordás gaíto que cuando mi padre los venía alcanzando, el caballo se volvió un árbol, yo una flor preciosa, y vos un picaflor?

-¡No me acuerdo! -volvió a contestar el gaíto.

-¿Ti acordás gaíto que cuando mi padre los volvía a alcanzar, el caballo se hizo una gran laguna, yo una patita, y vos un patito?

-No me acuerdo bien... pero medio me acuerdo.

-¿Ti acordás gaíto que cuando los separamos te dije que no te dejaras abrazar con naides porque te ibas a olvidar de mí?

-¡Sí, mi acuerdo!... -dijo el joven como si se despertara di un sueño.

En el mismo momento el joven si acordó de todo y dejó la novia nueva y les dijo a los padres y a la gente que ésta era su verdadera novia. Contó lo que le había sucedido, que se olvidó de su promesa. Y con la fiesta preparada, se casó con la Belleza del Mundo.

Magdalena Bastilla de Muñoz, 23 años. El Durazno. Pringles. San Luis, 1939.

Aprendió este cuento de una tía, Isabel de Tovares, de más de 60 años, que sabe muchísimos cuentos.

La narradora tiene una gran memoria; es la rezadora de la comarca.



  —264→  
878. Blanca Flor

SAN LUIS

Éste era un joven, que tuvo cierto trato con el demonio, y le dijo el diablo que tenía que ir a la casa de él, a tal fecha, más u menos. Pasaron los años. Un trato corto, ¿no? Entonce dice:

-Bueno, me tengo que ir a la casa del diablo. ¡Qué voy hacer!

Charquió un animal. Bien salada la carne, bien preparado el charque. Porque tendría que andar mucho. Sabía algo. Más o menos el nombre le dijo, más o menos donde vivía. Se preparó y se fue con un bastimento para mucho tiempo. Llevaba de todo un poco, ¿no? Llega una tarde a una casa de una señora.

-Decidasé pa donde va yendo -le dice.

-No puede saber si yo no l'hi dicho.

-No, si yo sé. Usté va yendo a la casa 'el diablo.

-Sí, ¿quién li ha dicho?

-No, si yo soy adivina.

-No puede ser.

-Sí, ¡cómo no!, yo se lu hi dicho. Vaya a la casa de él. Basta que vaya allá, le va a dar una niña pa que se case.

  —265→  

-¡Es cierto que sabe! -que dice-. Así es. ¿Y cómo si hace pa llegar allá?

-¡Oh!, es muy difícil. Porque acá cerca di adonde yo vivo, hay un arroyo. Tiene que pasalo a ése. Y nu hay quien pase esi arroyo. Tiene que pasalo a ése. Y nu hay quien lo pase.

Son trabas que pone el diablo como para que no lleguen allá. Pero hay una facilidá. Áhi vienen las hijas del diablo. Son tres. Y las tres vienen hechas palomas. Y pasan para este lado. Y áhi se desvisten y se van y se ponen a bañarse en la oría del río aquel. Después que si han bañau, levantan vuelo y se van otra vez. Usté va y las espera. Saque la ropa de la más chiquita de las palomas. Ésa es la Blanca Flor, ¿no? Le escuende un zapato pa que se quede buscando el zapato, y entonce puede hablar con la niña ésta, sola. Y le pide que lu ayude, ¿ve? Le conviersa que li han ofrecíu una niña para casarse y le ruega a ella que lu ayude. Ella lo va ayudar. Ella es capaz di ayudar, las otras no. Las otras son diablas, no más.

Lu hizo así. Todas las semanas tenían un día que se venían a bañar las niñas. El día indicau se jue. Se dejó 'star tapau con basura por áhi, con yuyo. 'Taba bien escondido. Vio ande se sacaban la ropa una y otra. Entonce salieron del baño, se vistieron y se jueron, ¿no? Y dijo que li había ido bien. Había visto ande se sacaba la ropa la palomita más chica, ¿no? Y había indicau que tenían que volver otra vez las aves a bañarse. Ese día 'taba posesionau cerca, ande s'iba a vestir la palomita. Entonce, cuando 'tán bañandosé, estiró la mano y le robó un zapatito, ¿no? Y se dejó 'star tapau con los yuyos, ¿no?

Entró a buscar los zapatos, ella. Se vistió y le faltaba uno, y buscaba, y las otras se fueron. Entonce cuando se fueron las otras dos, le dice:

-Mire, aquí 'stá el zapato. Yo se lu hi escondido. Y quiero que usté mi ayude porque tengo un trato con su padre,   —266→   que basta que yo llegue a la casa de él, él me da una niña para que me case.

Dice:

-Bueno, yo lo voy ayudar. Si la cosa es así, yo me voy a casar con usté.

Le pidió un anío, la niña, porque en la casa del diablo no había ninguno, ¿no?

Entós la niña le dijo:

-Mire, mi padre le va dar tres trabajos. Lo que le va dar que haga por primera vez, es que le va dar una espiga de maíz pa que se vaya, la desgrane y la siembre. Y al otro día, a la mañana a las doce, le tiene que traer choclos. Se va y la desgrana como le dije. Le va dar herramientas y la espiga nada más.

Entonce llegó.

-Pero, ¡caramba! ¡Así qui ha llegau mi amigo, a mi casa! -le dice el diablo.

-Sí.

-Me parecía que yo no más era diablo. El primer hombre que llega aquí, a mi casa.

-En cumplimiento de lo que me dijo, que me iba a dar una niña para que me casara, basta que llegara a su casa.

-Sí, amigo, así es. Pero usté me tiene que hacer tres trabajos.

Eran como le dijo la niña.

Se jue pa adentro y vino con una espiga de maíz.

-Tome. Usté la lleva a esa espiga de maíz y la va a sembrar en tal parte, en una vertiente que había, nada lejos de ahí -le dio una azada-. Y mañana, a las doce usté me va a traer choclos de este maíz mío.

  —267→  

-Bueno, señor.

Se jue. Y entró a cavar despacito, con pocas ganas, un surquito. Y entonce le cae la Blanca Flor.

-¿Ya ha sembrau el maíz?

-No, voy despacito.

-Pero, apuresé. Haga rápido los surcos. Ya vengo yo a sembrar el maíz. Al ratito ya había preparado dos o tres surcos cortos, ¿no?

Y dele agua. Y dele riego a cada rato. Lo riega, y le corta l'agua y lo vuelve a regar.

Nació en seguida no más el maíz. Comenzó a crecer y a crecer. Esa noche no durmió nada, dele regar no más el maíz. Así que para las doce ya había granau, ¿ve? Cuando ya fueron bien las doce, echaron unas espigas hermosas. Cortó una buena brazada de choclos y le trajo. Llegó a las doce.

-Acá 'tán los choclos, señor -le dice muy contento.

-Sí, propiamente son de mi maíz estos choclos -dice el diablo.

L'hizo dar de comer.