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    Cuentos y leyendas populares de la Argentina. Tomo IV
     Berta Elena Vidal de Battini
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ArribaAbajo El castigo del oro

5 versiones


Cuentos del 884 al 888


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884. El avariento castigado

LA RIOJA

Éste que era un hombre muy rico en oro, plata y piegras preciosas, pero muy avariento y mezquino. Tuitas las noches bajaba pal sótano a ver el tesoro. Lo acariciaba y se lamentaba lo que tenía tan poco. Un día, lo que nunca, dio un pedazo de pan a un mendigo. En la noche cuando bajó pal sótano a ver el tesoro se quedó dormido y soñó que el Señor se le aparecía y le dijo que como había hecho caridá, lo quiera premiar y que le pida lo que quiera. Entó el avariento le dijo que quería que le tranforme en oro tuito lo que toque. El Señor le dijo que güeno y se desapareció. Pa'star seguro que era cierto, el hombre tocó una piegra y ésta se volvió oro. Asustau, corrió a tomar un trago di agua, pero no bien tocó el vaso las dos cosas se volvieron oro. Quería comer y no podía porque no bien tocaba las cosas se volvían di oro.

Se puso a llorar de pena, y su hija, que era muy linda y güena, sin saber qué le pasaba a su pagre se acercó y lo acarició pa consolarlo, pero no bien él la tocó a la niña, se volvió toda de oro. El hombre desesperau, le imploró de rodilla al Señor que lo perdone y le pidió por favor que le quitara el poder porque él quería comer y tener otra vez a su hija.

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El Señor, porque este hombre se había arrepentido lo perdonó. Hizo vivir a la niña, y el avariento no volvió a querer más oro ni riquezas.


Zapato roto,
pa que usté me cuente otro.



Pedro Guerrero, 68 años. El Vallecito. Chilecito. La Rioja, 1950.

El narrador es oriundo de la región. Tiene cierta cultura y es un buen narrador.



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885. El hermano avariento, el hermano comilón y el hermano bueno

SAN JUAN

Que era un matrimonio muy pobre que tenía tres hijos. Vivían di una majadita163 de cabras, en un puestito en las sierras, y no tenían otro recurso.

Un día el hijo mayor les pidió permiso a los padres pa ir a rodar tierra y ganar mucha plata pa remediar las necesidades.

-Voy a trabajar mucho y voy a trair oro pa llenar el rancho, mama y taita -les decía-. Dejemén que vaya por esos mundos. Yo no me voy a conformar con poco. Ya van a ver lo que voy a trair.

Los viejitos se pusieron tristes, pero eran tan pobres que lo dejaron ir. La madre le preparó un poco de fiambre pal viaje, y se jue.

A los tiempos el del medio les dijo lo mismo, que quería salir a rodar tierra como el mayor. Lo mismo le dijieron, que era para ellos muy triste que los dejara, pero eran tan   —328→   pobres que necesitaban ayuda. Este chango era muy comilón y la madre le preparó mucho quieso164 de cabra, de sus cabritas, y le hizo unas cuantas tortas, de esas que se hacen al juego, en arena. Con las alforjas bien repletas se despidió, y se jue.

A los tiempos, les dice también el menor, el shulco, que lo dejaran ir a rodar tierra, a trabajar y a ver si averiguaba algo de los hermanos, que no sabían nada. Áhi los viejitos se largaron a llorar y le pedían que se quedara, que era muy chico, que iba a correr muchos peligros. Pero al fin los convenció y le dieron permisio pa que se juera a rodar tierra. Ya 'taban tan pobres estos viejitos, que no tenían más que un pedacito 'e charque y eso le preparó la viejita para fiambre del viaje. El chango les pidió la bendición:

-¡La bendición mi mama! ¡La bendición mi taita!

-Que Dios te bendiga y ti ayude en todo, m'hijito -le dijieron-. Hais de tener cuidau que no te pase nada y hais de confiar en Dios siempre, si querís tener suerte.

Y el shulco salió y siguió por el mesmo camino qui habían seguíu los hermanos.

-Yo gua volver con lo que Dios me ayude -iba pensando el muchacho- aunque sea poco, total somos tan pobres.

El hermano mayor se topó en el camino con un viejito, que parecía muy pobre, mal vestido y barbudo. Se pararon, se saludaron, y el viejito le pidió algo pa llevar a la boca porque hacía tres diyas que no comía nada. Le dijo qui hacía tres diyas que no comía nada. Este muchacho que era muy avariento, le preguntó qué le iba dar él, si le daba algo de su fiambre. Entonce el viejito, que era Dios, le dijo que le iba a dar la virtú que él pidiera, que para eso tenía poder.   —329→   El muchacho desconfiaba, y entonce, como era tan interesado, le dice:

-Quero la virtú que lo que yo toque si haga oro.

-Tá bien -le dijo el viejito-, ya tenís la virtú.

-A ver, voy a comprobar si es cierto.

-Güeno, alzá una piegrita.

El muchacho alzó una piegrita del camino y se volvió oro, en el mesmo momento. Y ya se puso muy contento y le dio un pedazo de fiambre.

-Güeno, ya tenís la virtú, ya podís volver a tu casa, porque es pa ayuda de tus viejitos.

El muchacho resolvió volver a su casa con esta virtú.

El hermano del medio se encontró también con el viejito hilachento, éste. Se pararon a conversar y el viejito le pidió también algo de comer. Entonce este muchacho que era tan comilón, le preguntó al viejito qué le iba a dar si li hacía parte de su comida. El viejito le dijo:

-Te gua dar una virtú, lo que vos querís, pa eso tengo poder.

-Y, yo tengo aquí pan y quieso. Que cada vez que meta la mano a mis bolsillos o a las alforjas, se llenen de pan y quieso. Así tengo siempre qué comer.

-Güeno, probá la virtú, pero va ser mejor cuando lleguís a tu casa.

El muchacho metió la mano al bolsillo y sacó pan y quieso. Volvió a mater la mano y volvió a sacar pan y quieso.

El muchacho le hizo parte al viejito y se volvió a su casa muy contento con esta virtú.

El shulco también lo encontró al viejito. Se saludaron:

-Güen diya, taita viejo.

-Güen diya, hijito.

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-¿Cómo anda, taita viejo? ¿No necesita nada?

-Alguna comidita, si me podís proporcionar. Hacen tres diyas que no pruebo bocau.

El muchacho sacó en seguida su fiambrecito y le dio al viejito que se sirviera. Comieron y cuando se jueron a despedir, le dijo el viejito:

-¿Conque querís que te recompense?

-Con nada, taita viejo, ya voy a comenzar a trabajar en alguna parte y me voy a ganar unas monedas para seguir viaje.

Entonce le dice el viejito:

-Güeno, yo tengo una moneda de veinte, te la echo al bolsillo y te doy la virtú que cada vez que metáis la mano al bolsillo vas a sacar muchas monedas de veinte, todas las que ti hagan falta. Ya te podís volver a tu casa porque la virtú es para toda la vida.

El shulco no tenía palabras para agradecer al viejito y se volvió muy contento.

El mayor, al rato no más que dejó al viejito, tocó las alforjas y se le hicieron di oro. Agarró piegritas y llenó las alforjas, todas hechas di oro. Ya iba con su carga di oro que cuasi no podía caminar el caballo. Con el gusto si había olvidau de comer y ya le dolía el estómago di hambre. Entonce sacó su fiambre, pero en cuantito lu agarró se le hizo di oro. Lo guardó y siguió. Ya se moría de sé y se bajó a tomar agua en una vertiente qui había en el camino. Si agachó y tomó agua, y sintió que un chorro duro le tapaba la garganta. Escupió, y era la agua hecha oro. Subió al caballo y siguió. Encontró al rato no más a un arriero y le dijo que ya se moría di hambre y de sé, que le iba a dar la mitá de la carga di oro si le arrimaba un pedazo de fiambre y un poquito di agua, porque él no podía mover las manos.

El arriero creyó que era un enfermo y lo socorrió. Le arrimó a la boca un pedazo de fiambre, pero áhi no más se   —331→   le convirtió en oro. Le arrimó un jarrito di gua, y también se hizo oro la agua. Entonce se botó al suelo, como loco, maldiciendo la virtú que él había pedido, y decía:

-Por un bocau de comida y un trago di agua, cambiaría todo el oro del mundo si pudiera salvarme. ¡Que Dios me ayude, que Dios me salve!

Entonce vio que aparecía a la distancia el mismo viejito, que lu alcanzaba al trotecito de su burro. Llegó y le preguntó cómo le iba con la virtú que él le había pedido.

Y el muchacho le suplicó que lo librara, por caridá, de ese castigo. El viejito lu aconsejó que no juera más avariento y lo libró de la virtú y le dio comida y agua.

Y así volvió a su casa como era antes.

El del medio llegó al rato. Venía enfermo que ya se moría de tanto comer y con una carga de pan y quieso que ya no se podía mover el caballo que montaba.

También le pidió al viejito que lo librara de esa virtú, porque era tan comilón, que no podía librarse de la tentación de'tar comiendo todo el día. Y el viejito lo libró también.

Al rato llegó el shulco. Tráiba una carguita de cosas y comida pa su casa. Él, sólo metía la mano al bolsillo pa sacar un veinte cuando necesitaba y se conformaba con poco. Y entonce saludó, abrazó a sus hermanos, y al verlos, tan hinchado al del medio y tan seco al mayor, preguntó qué contenía eso. El viejito le esplicó todo y les dijo que él era Dios, y qui había venido para enseñarles el buen camino, y que por cariño al menor los salvaba a los otros mayores. Y que los dejaba pa que trabajaran siguiendo el ejemplo del shulco.

Y áhi se volvieron a la casa, los tres, y vivieron con la virtú del shulco y el trabajo de todos. Y los viejitos se quedaron muy contentos con la vuelta de los hijos y vivieron muchos años felices.

Fidel Castro, 80 años. Huaco. Jáchal. San Juan, 1958.

Campesino rústico y analfabeto.



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886. El agua que convierte en oro

LA RIOJA

Una vez que había un rey que tenía un caballo y un hombre para cuidarlo. El cuidador debía lavar el caballo con jabón en el agua de un pozo. Pero el Rey le avisó que no debía meter la mano en el agua, ojalita165 se le cayera el jabón, sinó que debía llamarlo a él.

Pero un día el hombre cuando se le cayó el jabón, no le hizo juicio al Rey y metió la mano adentro del pozo, y se le volvió di oro. Cuando el Rey lo vio, le cortó la mano por desobediente.

Varias veces se volvió a cair el jabón al pozo. Una vez al meter la cabeza para sacarlo se le volvió di oro, y por miedo de que se la hache el Rey, el hombre se disparó en su caballo, pero el Rey tenía un viejo que era adivino, y le dijo que lo buscara en cierto lugar. Llegó allí el Rey, pero como el caballo del hombre era también adivino, pegó un relincho y se convirtió en un perro y el hombre en un niño chico. Entonces se volvió el Rey a las casas. Le contó al adivino y éste le dijo que ese niño y ese perro eran los que buscaba, que fuera, que los iba a encontrar.

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Se jue el Rey adonde le 'bía dicho el adivino y no encontró más que un águila y un carancho.

Se volvió de nuevo a las casas. El adivino le dijo qu'el carancho y el águila eran el hombre y el caballo. Que fuera más allíta que los iba a encontrar. Volvió a irse el Rey adonde lo 'bía mandau el viejo y en ese lugar encontró nada más que dos osamentas. Y cansado de tanto dar vuelta se volvió para siempre a las casas. Las dos osamentas eran el hombre y el caballo. Y así se salvó el hombre.

Y se acabó el cuento.

Odila Escudero, 14 años. La Callana. General Roca. La Rioja, 1950.

La niña, buena narradora, aprendió el cuento de su padre.



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887. El rey de la laguna de oro

NEUQUÉN

Era un rey que tenía una laguna di oro y necesitaba piones. Siempre venían muchos muchachos a pedile trabajo. Él les decía que no tomen agua de esa laguna ni pongan el dedo. Algunos piones ponían el dedo del pie o de la mano y el Rey se los cortaba, porque se les volvía di oro.

Un día dice un muchacho que era hijo de dos viejitos que tenían un chivito guacho y tenían una gallinita, dice:

-Yo me voy a trabajar a la casa del Rey, a cuidale la laguna di oro.

-No, hijo, porque áhi los matan.

-No, yo voy -dice.

Entonce viene la mamá, la viejita, le mató la gallinita que tenían, le hizo una tortita, y se fue a trabajar al palacio del Rey que tenía la laguna di oro.

Llega allá. Dice el Rey:

-¿Qué andás haciendo?

-Ando buscando trabajo -dice.

-Yo te voy a dar trabajo, que me cuides una laguna. Que no dentre ni un bichito a tomar agua, ni vos vas a tocar l'agua de la laguna.

-Muy bien, mi Rey -le dijo.

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Y lo llevó con su chivito.

-Ni que tu chivito vaya a tomar agua ¿eh?

Andaba el chivito con él, era su compañerito.

Bueno, hacía mucho tiempo que 'taba trabajando él, áhi. Cuidaba la laguna, daba vuelta, iba y venía con su chivito.

-¿Por qué este Rey -dice- no quiere que nadie toque esta agua de esta laguna?

Y él fue y metió toda la cabeza y se le volvió di oro. ¡Ah!, cuando se vio la cabeza di oro él, se quería morir. El chivito le dice:

-No, sacame lanita mía, te vas poniendote en tu cabeza.

Y así fue poniendosé la lanita, la lanita del chivito en la cabeza, y se hizo un gorrito negro. Y la Princesa, una vez ella 'taba en su pesebre, onde él dormía y todo, en el galpón. Lo ve que él se 'taba peinando y lo ve que tiene la cabeza di oro y se enamoró de él. Entonce la Princesa quedó muda.

Y hacía mucho que 'taba muda y el Rey dice:

-Está muda por gana de casarse.

Entonce vino, y puso en el diario, entre los vecinos, entre los reyes, que vinieran. Vinieron muchos. Pasaban príncipes, todos. A ninguno ella lo quería. El Rey le dio tre manzana. Que al hombre que le gustara le tirara una manzana. Entonce ella agarró y pasaban todos a caballo. Y va este muchacho, como un tonto, a caballo en su chivito, y ella le tira la manzana y le pega en la cabeza.

-¡Ay!, mi señorita, que me pegó -le dice-. Me dolió tanto...

-¿Te dolió mucho? -le dice la Princesa.

Entonce el Rey dice:

-Palabra de Rey no puede faltar, que mi hija se tiene que casar porque habló. Entonce agarró y la hizo casarse con el muchacho y la llevaron al pesebre de caballos.

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Entonce la Reina, la madre, cayó enferma. Estaba enferma la madre y mucha gente le llevaba regalos, flores, perfume de las Malvinas166.

Y a él, el chivito, le dice un día:

-Mirá, a vos como no te quieren por acá, vas a hacer, a llevale un zorrino a tu suegra.

Y él le hacía caso. Como había sido compañero de su chivito y hablaba con él, encontró el zorrino y se lo llevó.

-¿Qué tal, suegra? -y qué sé yo.

Llegó él con su chivito. Su chivito siempre anda con él. Y viene y le larga el zorrino arriba de la cama y la mió. Le dejó todo, todo hediondo, con todo su perfume del zorrino. Entonce dice la Reina:

-¡Ay! -dice-, hay que matalo -dice.

Y dentra el Rey y dice:

-¿Qué pasó? ¿Que habís hecho, Juan?

-Nada, mi Rey -dice.

Y áhi se sanó la Reina como si nada hubiera tenido.

Se sacó su gorrito y tenía la cabeza di oro. Entonce él fue, el Rey, en ese momento. El Rey le regaló el palacio más lindo a la Princesa y a Juancito.

Entonce a él fue el chivito y le dice:

-Mirá, Juan, yo te hi salvado de todos los apuros que vos habís tenido. Yo soy una palomita del cielo. Ahora yo me despido de vos, que te hi acompañado hasta el último.

Y se volvió una palomita, una palomita volando, volando, y se fue al cielo, y en el cielo está.

Ana Rosa Chandía, 67 años. Catán-Lil. Neuquén, 1970.

Campesina analfabeta. Buena narradora.



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888. Bilbao.

El niño de oro


SAN LUIS

Era un matrimonio, cuyo esposo sabía salir a trabajar a otros lugares. La esposa era muy buena dueña de casa y muy buena esposa, en todo sentido. No tenían hijos.

Una vez viene de visita a su casa una mujer del lugar, conocida de ellos, trayendolé de regalo dos naranjas, como nunca se habían visto de hermosas.

Cuando se fue la visita, la señora guardó las dos naranjas para comerlas cuando viniera el esposo. Pero no podía resistir la tentación de comer siquiera una, la que le correspondía a ella. La venció la tentación, y comió una. Guardó la otra en el fondo de un baúl.

Después que comió la naranja, la mujer no se sintió bien. Por varios días no sabía qué le pasaba. Se le empezó a hinchar el vientre como si fuera un embarazo. Y al poco tiempo tuvo un niño varón. Todo era de oro. Relumbraba con el sol, y era muy hermoso.

La madre del niño tenía miedo que volviera el esposo y pensara mal de ella. No sabía qué hacer. Resolvió buscar a una mujer de otra parte para que criara el niño. Le puso de nombre Bilbao, y lo llevó a una mujer para que lo criara con toda atención.

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Cerca de allí había un Rey que tenía una hija muy hermosa, que era muy regalona del padre y que le daba en todo en el gusto.

Fue tiempo ya que este niño estaba mozo, porque creció muy rápidamente. Este niño de oro era un milagro de Dios.

La hija del Rey sabía ir a pasearse a las playas del mar, y cierto día vio a este joven tan hermoso y dorado y le llamó poderosamente la atención. Se enamoró locamente de él, y siguió yendo con más frecuencia para verlo. Él también se enamoró de ella.

Cierto día que el mozo andaba por la orilla del mar, vino un negro mota a la oreja167, y lo invitó a jugar. Jugaron el pelecho168. Ganó el joven, y el negro se sacó el pellejo y se lo dio al joven.

El joven se lo puso, y quedó completamente negro. Cuando vino la niña, lo vio al joven renegrido. Le llamó mucho la atención, pero siguió enamorada de él, como antes.

La niña pensando siempre cómo podría hacer para casarse con este joven, ideó una estratagema y le dijo al padre:

-Papá, tengo que hacerle un pedido.

-Lo que guste, hijita. Diga no más -le contestó el Rey.

-Quiero que haga citar, un día, todos los mozos de su reino. Al que yo deje caer un ramo de flores, a ese voy a elegir para esposo.

El Rey le preguntó si le gustaba alguno de los príncipes que él conocía. Ella le contestó que el único que le gustaba era un joven que tal vez él no conociera. El Rey, deseoso de conocer el gusto de su hija, hizo grandes fiestas y ordenó   —339→   que concurrieran los mozos de su reino. Frente al palacio hizo hacer un arco, y por áhi tenían que desfilar, para que la niña eligiera su esposo.

Una vez dada la orden del Rey y fijado el día de la reunión, comenzaron a llegar los jóvenes, unos en carruajes, otros a caballo, otros a pie. Todos iban llenos de lujo. Ya comenzaron a pasar bajo el arco. Pasaron un día entero, y la niña no tiró su ramo. Al día siguiente, siguieron pasando, y nada. Al tercer día también desfilaron mozos, todo el día, y la niña no tiró su ramo. Ya no quedaban más que los sirvientes, los piones, los leñateros, los vendedores. El Rey se enojó mucho de que la niña no eligiera, y tuvo que dejar que pasaran todos estos mozos, por capricho de la niña. Ya comenzaron a pasar mal vestidos, sucios, en burro unos, otros a pie. Pasaron todo el día, y el Rey ya estaba muy enojado con la hija. Al fin, venía un joven negro, en una burra vieja, con unas tamañas árganas, vendiendo pasas de higos negros. Lo dejaron pasar, y cuál no sería la sorpresa del Rey, cuando vio que la niña le tiró el ramo. El Rey decía que era una broma, pero la niña dijo que ése era su elegido, que era el único que ella quería. Hizo todo lo posible el Rey por convencer a su hija de que no hiciera esa locura, pero no hubo nada que hacer. Al fin, el padre, muy enojado, dijo:

-Bueno, palabra de Rey no puede faltar, que se casen.

Hizo llamar al joven y le preguntó.

-¿Cómo te llamás?

-Bilbao.

-¿Cómo?

-Bilbao.

-Pero... ¿Bilbao de qué?

-Bilbao y nada más, mi Rey.

-¡Pucha!... ni el nombre tiene bueno.

Ya el Rey se enojó más y ordenó que se casaran en seguida. Ya se casaron y el Rey ordenó que le dieran de alojamiento   —340→   un chiquero de chanchos. Así se hizo, y al chiquero se fue la pareja a pasar su noche de bodas.

La niña le preguntó que cómo se había puesto de ese color si ella lo había conocido tan hermoso y dorado. El joven se sacó el pellejo del negro y quedó, otra vez, como era, deslumbrante como el sol. Tenía él una varillita de virtud y durante la noche la sacó, y le pidió que le hiciera un palacio más grande y mejor que el del Rey. Y se durmieron. Cuando la niña despertó, se encontró en una cama lujosísima y en un palacio todo de oro y de cristal como nunca se había visto otro.

Cuando amaneció, al otro día, la servidumbre del Rey corrieron con la noticia, de que parecía que algo ardía, para el lado que salía el sol. Se levantó el Rey muy apurado, y vio la maravilla del palacio que había aparecido allí, como un sueño. Mandó a los sirvientes, y todos les traían noticias de las riquezas y el lujo que veían por todas partes.

Al fin, el Rey se animó y fue a ver qué era aquello. Entró, y como agasajo le sirvieron mate. En eso que estaba tomandoló, se le desapareció el mate de la mano. Llegaron en eso los dueños de casa, la niña y el joven, y él no sabía qué hacer para pedirles que lo perdonaran porque había sido tan injusto con ellos. Ya comenzaron a buscar el mate, y se lo encontraron en el bolsillo del Rey. El Rey se quería morir, lo que pasaba por ladrón.

Por último, el Rey les ofreció su corona, para que siguieran reinando, en su lugar. El joven le dijo que ellos tenían otras mejores, y sacó y le mostró unas coronas que dejaban ciego de tanto que relumbraban.

Bueno... y la niña le hizo ver que Dios le había mandado ese esposo. Y ahí vivieron por muchos años reinando en lugar del Rey y muy felices.

Luis Jerónimo Lucero, 50 años. Nogolí. Belgrano. San Luis, 1945.



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ArribaAbajoNota

Nuestro cuento, con sus variantes, tiene su lejano antecesor en uno de los mitos del Rey Midas: Dionisos, a su pedido, le da la virtud de que todo lo que toque se convierta en oro. Esta virtud alcanzó a su comida y su bebida y, desesperado, le pidió lo librara de ese don fatal.

Dos de nuestras versiones son paralelas del mito: Dios da la virtud de que se convierta en oro todo lo que tocan dos personajes, que por avaricia, lo piden. Cuando se les convierte en oro la comida y el agua, ruegan a Dios que los libre de esta tragedia. En otras dos versiones, niños desobedientes, al tocar el agua mágica prohibida, ven que una mano y la cabeza, se les convierte en oro. En otra versión una mujer impaciente come una naranja mágica y tiene un hijo de oro.

El tema no aparece entre los cuentos hasta el presente recogidos, fuera del motivo del muchacho a quien se le convierte el pelo en oro al entrar a la habitación prohibida, del Tipo 314 de Aarne-Thompson.





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ArribaAbajo El rey tiene cuernos. El rey tiene orejas de burro

5 versiones


Cuentos del 889 al 893


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889. El rey tiene astas

CATAMARCA

Dice que una vez había un rey y una reina. Que eran muy queridos del pueblo. Habían tenido un hijo, y la mala suerte había querido que tuviera astas. No astas muy grandes sino unas astas medianas, dice, que le ocultaban con la corona y con adornos. Pero no era güeno que sepa el pueblo que el Príncipe tenía astas. Entonces, todos no querían ser, dice, peluquero, porque todo peluquero que le cortaba el cabello al Príncipe lu hacía matar el Rey para que no se divulgue. Porque no conseguía que haya un hombre en el mundo que pueda guardar un secreto.

Al tener veinticinco años el Príncipe iba hacerse cargo del reino. Y ya hacía veinte años que iban muriendo los peluqueros. Nadies quería ser peluquero. Ya eran contados los peluqueros. Había quedado uno que lo había hecho llamar el Rey y le dice:

-Mirá, voy a morir. Nu hay peluqueros en el reino. Mi hijo tiene cuernos. Confío en vos qui has sido mi amigo y que yo te he favorecido toda la vida. Y que has sido mi íntimo amigo. Confío en vos que vas a cuidar de mi hijo. Mi hijo tiene dos cuernos. Vos le vas a cortar el pelo porque él se va hacer cargo del reino. Yo voy a morir y como última gracia te pido esto, que guardes el secreto. Para tomar precauciones, vas a vivir encerrado en una torre, porque   —346→   no hay voluntá humana que resista contar una cosa que ve.

-Bueno -es que le dice-, pierda cuidado. Voy a guardar el secreto.

Había muerto el Rey. Li había cortado el pelo el peluquero al Príncipe y li había visto las dos astas.

Con la corona disimulaba.

Lu había encerrado en la torre al peluquero. Y sentía tantas ansias, este hombre, de contarle a alguien, y sentía también el remordimiento de traicionarlo al amigo. Entonces, dice, después de las fiestas, que habían sido unas fiestas enormes, que si había hecho cargo del reino el Príncipe, había pedido él, como gracia, que lo saquen al campo. Lu habían sacado con escolta, al campo, y todos iban taponados los oídos y vigilados por un capataz, por un comandante, en fin. Y dice que este hombre tenía tantas ganas de contar, que en un lugar húmedo había hecho un güequito, un hoyito en el suelo, y si había agachau y había dicho:

-El Rey tiene cuernos. El Rey tiene cuernos. El Rey tiene cuernos. El Rey tiene cuernos.

Le contaba a la tierra.

Había brotado un cañaveral enorme, dice, en ese lugar.

Los changos leñateros, dice, habían ido y habían visto este cañaveral.

Y como les gustaba, dice, tocar la flauta, la quena, habían cortado unas cañas y habían hecho una flauta. Y la soplaban.

-El Rey tiene cuernos. El Rey tiene cuernos. El Rey tiene cuernos -que decía la flauta.

Había llegado a oídos del Rey. Había querido comprobar el caso. Había ido y había hecho de las cañas una flauta, y tocaba, y decía:

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-El Rey tiene cuernos. El Rey tiene cuernos -las más gruesas.

Entonces había llamado en plaza pública a su reino, y si había descubierto, y les había avisado sinceramente, que tenía cuernos por defecto de la naturaleza o qué sería, que el Rey tenía cuernos. Si ellos creían que no podía gobernar, que nombren otro príncipe para rey. Todo el pueblo, como era bueno, generoso, lu habían aclamado, que ojala169 tuviera cuernos, era el indicado, dice, para seguir gobernando al pueblo. Reconoció, entonces, su defecto y siguió gobernando en la paz de Dios. Y al peluquero lo sacaron, lo premiaron y siguió viviendo por haber guardado su secreto.

Perfecto Bazán, 49. Belén. Catamarca, 1969.



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890. El rey tiene cuernos

CORRIENTES

En un país lejano había un rey que tenía cuernos, pero sólo lo sabía su peluquero, que se los disimulaba muy bien con el peinado.

Cierto día el Rey quiso cambiar de peluquero y fue a otro. Le descubrió su secreto o mejor dicho su defecto y le dijo que guardara el secreto porque sinó lo mataría.

El peluquero no pudo resistir y habló. Para ello hizo cavar un profundo pozo y allí comenzó a gritar.

-¡El Rey tiene cuernos!... ¡El Rey tiene cuernos!...

Tapó el pozo y el secreto quedó sepultado bajo tierra. El hombre quedó tranquilo y pudo dormir en paz.

Sobre el pozo creció una variedad de caña. Cierto día un pastorcillo cortó una caña para hacer una flauta, y al tocar decía:

-¡El Rey tiene cuernos!

Enterado de ello, el Rey lo perdonó al peluquero.

Juan Medina, 67 años. Colonia Juan Esteban Martínez. Lavalle. Corrientes, 1950.



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891. El rey orejas de burro

LA RIOJA

Éste era un rey que tenía un peluquero especial para que le arregle el pelo, porque usaba la melena hasta sobre los hombros y naide sabía por qué usaba así el pelo su Majestá. Un día que le estaba arreglando el pelo vio el Rey que se sosprendió el peluquero, y le dice el Rey:

-¿Por qué ti hais sosprendido, acaso me hais visto las orejas?

Y éste le contesta:

-Sí, mi Majestá.

-Bueno -le dice-, miramelás bien. Mirame la otra también, ¿cómo las tengo?

-Como el burro, mi Majestá.

-Bueno -le dice-, solamente vos sabís que tengo así las orejas. El día que yo sepa que hais contado, ese mesmo día te haré cortar la cabeza.

Y salió éste. Pasaron tres días, y éste parecía que se iba a reventar de lleno de deseos de contar, este, y un día, no pudiendo resistir ya, tomó la pala y un pico y se fue a un monte de donde sacaban leña, y cavó un hoyo como de dos metros, y pegó tres gritos diciendo que el Rey tenía las orejas como burro, y lo tapó y salió satisfecho porque había   —450→   cumplido el deseo de contar el secreto. Pero, éste, que resulta después, que como a los tres días había ido un leñador a sacar leña y al volver con la carreta llena vio unas tres cañas tan hermosas que se golpiaban unas con otras y que se sentían tan clarito que decían: El Rey tiene las orejas como burro. Entón a éste le llamó la atención y se arrimó y sacó el cuchillo de la cintura y le pegó un hachazo a una. Y siguió andando y trabajando una flauta. Y comenzó a tocar. Y le resultaba lo mismo, que solamente decía la planta:

-El Rey tiene las orejas como burro.

Y así entró al pueblo. Ofrecía la leña y a la vez tocaba la flauta. Y al poco andar lo tomaron preso y éste declaró que él había hallado tres cañas en el monte y le llamó la atención al oír lo que decían, y de ver las tan hermosas había cortado una. Entón lo buscaron al peluquero y lo llevaron ante el Rey. Y le dijo que él no había contado a naide.

-Bueno, porque no hais sabido guardar el secreto te haré cortar inmediatamente la cabeza -le dijo, pero lo perdonó.

Y el leñador fue puesto en libertá.

Rosa de Torres, 63 años. Punta de los Llanos. Vélez Sarsfield. La Rioja, 1950.

Campesina rústica, buena narradora.



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892. El rey Pilón

SAN LUIS

Había una vieja que tenía un muchacho y lo conchabó a un rey del lugar. Este Rey era pilón170, pero vivía tan afligido por este defecto, que no quería que nadie lo supiera. Había pensado que el que descubriera que él era pilón y lo dijera, lo iba hacer matar.

Un día, el muchacho conchabado descubrió que el Rey era pilón. Sabía que lo matarían si lo decía, pero no podía guardar el secreto. A cada momento tenía ganas de gritar: ¡El Rey es pilón! Todo el día se desesperaba para que no le saliera el grito. Ya no podía ni dormir; le había entrado como una fiebre. Como ya no podía soportar más esta enfermedad, se fue al campo, cavó un pozo hondo, se metió adentro, sacó la cabeza para ver que no hubiera nadie, y bajando la cabeza gritó:

-¡El Rey es pilón! ¡El Rey es pilón! ¡El Rey es pilón!

Salió del pozo y lo tapó con tierra. El muchacho se sintió aliviado como si se hubiera curado de una enfermedad grave.

  —352→  

Pasó el tiempo, y el muchacho casi se había olvidado de lo que pasó. Pero, un día llegó un hombre del campo con una gran novedad. Contó que dos árboles criados a la par y medio cruzados, en un lugar no muy lejos de ahí, al moverse y tocarse, decían, en cada movimiento:

-¡El Rey es pilón!

Inmediatamente el Rey hizo averiguar por todas partes a qué se debía esto. Mandó gente a todos lados, ¡y nada! No se podía descubrir cómo aquellos árboles había aprendido a decir que el Rey era pilón. Todos se enteraron del defecto del Rey y el Rey sufría mucho.

Se había publicado que si se descubría el culpable lo haría matar, el Rey. El muchacho se guardaba muy bien de ni hablar del asunto en ninguna parte.

Como vio el Rey que no podía descubrir el culpable, echó un bando diciendo que el que diese razón de lo que había ocurrido con los árboles, lo haría casar con su hija.

El muchacho, cuando lo supo, no sabía cómo hacer para casarse con la hija del Rey, y que no lo mataran. Entonce buscó la vuelta al asunto. Empezó a afilar un cuchillo en una piedra, y le hacía decir:

-¡Yo jui! ¡Yo jui!

-¿Qué decís, muchacho? -le preguntaban los que lo oían.

-Que él es -dice el cuchillito- contestaba el muchacho.

Esto jue una gran novedad, en la comarca, otra vez. Se presentó el muchacho al Rey y dijo que iba a decir quién había enseñado a los árboles a descubrir la falta171 de Rey.

  —353→  

-¿Y quién es? -dijo el Rey.

El muchacho comenzó a afilar el cuchillito, y el cuchillito decía:

-¡Yo jui! ¡Yo jui!

El Rey no sabía qué hacer. Si lo hacía matar al muchacho no podía hacer casar a su hija con un muerto. Y en eso estaba, cuando lo aconsejaron que lo hiciera casar y lo perdonara. Así lo hizo el Rey, y al fin se acostumbró a que lo llamaran El Rey Pilón.

Luis Jerónimo Lucero. Nogolí. San Luis, 1947.



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893. El rey Pilón

NEUQUÉN

Se cuenta que era un rey pilón, que tenía las dos orejas cortadas.

Todos los días iba al palacio de este Rey, un niño a buscar un almú de afrecho y de trigo. El Rey tenía siempre las orejas tapadas. Un día que vino el niño al palacio, que era hijo de un compadre del Rey, vio que el Rey tenía la cabeza destapada y que no tenía orejas. Al niño le llamó mucho la atención y lo miró con mucha curiosidá, a lo que el Rey le preguntó:

-¿Qué me mirás tanto?

-Le miro, señor, que usté no tiene orejas -contestó el niño muy sosprendido.

Entós el Rey le dijo que no contara que él estaba sin orejas, y que si contaba le iba a cortar la cabeza.

-No, señor, no voy a contar a naide -dijo el niño asustado.

El niño se jue a la casa. No sabía cómo hacer pa contar que el Rey era pilón, pero tenía miedo porque le iban a cortar la cabeza. Ya no podía comer ni dormir con ese secreto. Entós lo que hizo, es sacar una pala y un pico y salió al campo. A la orilla de un río hizo un pozo bien hondo,   —355→   se agachó sobre la boca del pozo pa que naide lo oyera, y dijo tres veces:

-El Rey es pilón, el Rey es pilón, el Rey es pilón. Después tapó bien el pozo y se volvió a su casa más tranquilo.

Al tiempo, del pozo nacieron tres plantas de caña y crecieron muy altas estas cañas.

Por ese lugar pasó, después de mucho tiempo, un pastorcito de cabras, y al ver las cañas tan lindas, cortó una pa hacer una flauta. Hizo una flauta y empezó a tocar. La flauta en vez de sonar como las otras flautas hablaba y decía:

-El Rey es pilón.

Ya empezó a llamar la atención a todo el mundo esto y llegó a conocimiento del Rey. Entós lo mandó llamar al pastorcito, y claro, ya se enteró de todo y vio que el niño no había delatado el secreto.

Luego pasó por una planta de porotos, pa que usté me cuente otro.

Cesáreo González, 84 años. Barrancas. Pehuenches. Neuquén, 1952.

Campesino afincado en el lugar. Muy buen narrador.



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ArribaAbajoNota

El tema de nuestro cuento con sus versiones y variantes conserva la tradición antigua de un conocido mito del Rey Midas: En una contienda musical entre Marcio (o Pan) y Apolo, Midas juzgó superior a Marcio. Apolo se vengó poniéndole orejas de asno. Midas las ocultó con un bonete y sólo conocía el secreto su barbero. El barbero con la angustia de no poder descargar este secreto, cavó un pozo en la tierra, allí lo dijo y lo tapó nuevamente. Sobre el pozo crecieron unas cañas y con voz humana propagaron el secreto a todos los vientos.

Nuestras versiones son recreaciones del mito. En una, el rey tiene orejas de asno; en dos, el rey tiene cuernos; en las otras dos, el rey no tiene orejas, es pilón, según la expresión regional.

Las tres formas del cuento viven en nuestra tradición. Susana Chertudi ha publicado el cuento El rey pilón de Santiago del Estero; Jesús María Carrizo otro, El rey tiene cuernos, de Catamarca. En su clasificación podemos indicar el motivo D 1316.5 de Aarne-Thompson.





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ArribaAbajoCuentos de brujos. Cuentos del diablo. El aprendiz de brujo

10 versiones


Cuentos del 894 al 903


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894. El muchacho que aprendió más que el maestro mago

La Gata


LA RIOJA

Un padre tenía tres hijos. Como eran muy pobres, el mayor sale en busca de trabajo y llega a la casa de La Gata. La Gata era un joven que estaba trasformado por magia. Le ofrece cincuenta pesos por mes para que lo vele de noche y le encarga que aunque tenga miedo no dispare porque era perdido. Al llegar la noche, La Gata le da un porongo y velas y él se acuesta en un cuero, salta, da en el techo y se trasforma en víbora, iguana, y en muchas visiones más. Era de magia y él tenía que aprender. El joven no duerme de miedo, descansa en el día y trabaja de noche. Está un mes y se va. Viene el segundo hermano y le sucede lo mismo. Está un mes y no aprende nada.

Llega el más chico que le llaman el Chiquillo y cuando sale al mes, sabe trasformarse en las visiones que quiere. Éste no tenía miedo y aprendió más que La Gata y por eso le agarra rabia y trata de perseguirlo.

La Gata sale a buscarlo para matarlo porque sabe más que él; que era hasta entonces el mejor mago.

Como son tan pobres, hay unas carreras y el padre se lamenta lo que no tiene en qué ir. El Chiquillo le dice que   —360→   puede trasformarse en un caballo zaino, que lo haga correr y juegue sin temor a perder.

En el camino le recomienda que si lo quieren comprar, no lo venda y si lo vende, que no se olvide de sacarle el freno.

Llegan a la cancha, lo hace correr varias veces y gana. Este caballo era el Chiquillo trasformado. La Gata que se encuentra trasformado en joven, lo reconoce y le pide le venda el caballo; tanto lo molesta, que al fin lo vende y se olvida de sacarle el freno. El caballo se acerca, se refriega en el padre para hacerlo acordar, pero éste se va sin acordarse lo que el hijo le pidió.

La Gata lleva el caballo y lo ata bien alto para que se muera. La sirvienta, que lo ve, le da lástima del animal y va y lo desata. El caballo se saca el freno y para defenderse de La Gata que lo ve, se mete al agua y se trasforma en pescado. La Gata lo ve y se trasforma en rana para perseguirlo. El Chiquillo se trasforma en paloma; La Gata en halcón. Pasan volando por donde se encuentra una niña. Caen en la falda de la niña dos anillos y siente que le dicen que no los venda por poca plata y que si los vende que los tire, que no los dé en la mano.

Se pone los anillos y llega un joven a comprarlos, pero ella no los quiere vender, tanto insiste el joven que la niña le pide dos cargas de plata y se los tira. Caen al suelo los anillos y se transforman en una granada. Se abre la granada y los granos se desparraman. Y aparece una gallina con pollos y comen los granos. Queda uno escondido, y cuando terminan todos los granos, sale el escondido en forma de zorro y come la gallina. El zorro es el Chiquillo y la gallina el mago que anda en forma de gata. Así vence el Chiquillo a La Gata, que era el maestro mago y habían luchado para ver cuál tenía más poder y sabía más.

Clorinda de Flores, 45 años. Catuna. General Ocampo. La Rioja, 1950.



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895. La suegra bruja

JUJUY

Dice que había una vez un matrimonio que vivía en un lugar muy retirao del poblao, y el nuero172 se llevaba muy mal con la suedra. Y pasaban siempre de pelea con su mujer por culpa de ésta. Y como estas peleas eran cada vez más seguidas, la suedra ha disponío quitarle la mujer a su yerno y se la ha llevau pa su casa, y lo ha dejao con cuatro changos que tenía, pa que se las arregle como pueda.

Con estos los rincores se han aumentao, y el nuero le dio una tratada a la suedra, y la ha amenazao matarla, y volver a trayer a su mujer.

La suedra había sío bruja y queriya librarse de este enemigo y le hizo el mal. Lo puso enjermo y al muera.

El hombre se jue a un curandero para hacerse curar y de suertiarlo173 para saber lo que pasaba, le encontró que la suedra lo había travesiado para que se enjerme y muera de a poco. Y el curandero le ha enseñao como se hai defender. Le ha dicho que los martes y viernes, no se eche a dormir, ni por la noche. Que tenga un cuchillo grande bien afilao, y el fuego prendido. Que prepare harta leña para hacer una   —362→   güena fogata. Y que el mismito momento que sienta que se arrima la lechuza, gritando, que él se ponga tras la puerta de su cuarto, y cuantito quiera dentrar le pegue un hachazo y no se deje tocar hasta que la voltie al suelo, y que la ramie174 pal fuego, y que la queme con harta leña.

El hombre ha hecho así y cuando se ha estao quemando la cabeza que él ha visto que era la suedra, ha llamao los changos pa que la veyan para que ellos apriendan y no se casen cuando la suedra seya bruja, y toditos la han visto quemarse. Al otro día se han ido a ver a la abuela, y la mama les dijo que la agüela amaneció muerta, y sin cabeza. Entonces han visto que la agüela había sido bruja. De este modo se han vuelto a juntar con las guaguas y han vivío contentos.

Y ha dentrao por un canastito roto, pa que usté me cuente otro.

Presentación Zerpa, 25 años. Hornillos. Tilcara. Jujuy, 1953.

Pastora colla. Muy rústica.



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896. La vieja bruja

LA RIOJA

Que eran dos chicos que se sentaban a jugar y que se llamaban, Mercedes, la chica, y el chico también.

Bueno, una de esas güeltas que jugaban, el varón llevó un rosario con crucifijo di oro y que le regaló a la chica con el compromiso de que se iban a casar.

Después, que realizó un viaje con el padre, el chico varón, y que cuando fueron por el camino tenía ser, y que el chico se bajó a tomar agua de un río que cruzaba, y que cuando tomó agua se volvió un viborón. El padre lloraba muchísimo y el chico hecho viborón se disparó al monte y no lo encontraron más. Y después de pasados algunos años, Mercedita era grande, y que tenía otro novio. Y estaba para casarse, y entonces que había una vieja bruja y que le había contado a Mercedes que se había hecho víbora el que era su primer novio.

Y ella siempre lo esperaba. Y ella se valió de la vieja bruja que lo hallara al viborón. La bruja lo veía siempre tomar agua en el lugar donde se había hecho viborón. Y la vieja le dijo a la niña que el viborón iba a venir a la pieza de ella el día antes de que ella se case. Y que a la mañana le ponga una palangana con agua limpia. Y así pasó. Mercedita le puso el agua y a la mañana tempranito llegó el viborón.   —364→   Se bañó en la palangana y se convirtió otra vez en joven. Y ella que lo escondió. Y que le mandó hacer un traje para que se fueran a casarse. Al otro día, se iba a casar con el otro.

Entonces iba a salir este novio y no el otro. Y al otro día se fueron a la iglesia y se casaron con Mercedita. Y cuando vinieron a la casa tenían el crucifijo clavado en la pared, aquél qu'él le regaló. Y cuando volvieron, se despegó el Cristo del crucifijo y les dio la bendición.

Después continuaron con baile y siguieron viviendo juntos muchos años.

Y así pasó por un zapato roto, pa que usté me cuente otro.

Gerarda A. de Campillay, 58 años. Santa Cruz. Famatina. La Rioja, 1950.



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897. Celina, la maga

LA RIOJA

Era un joven muy bien parado. Invitaba a los amigos que vengan a almorzar o cenar con él. Los obsequiaba muy bien. Un día les presenta su novia. Era una niña que se llamaba Celina, y había sido una maga consumada, de éstas que estudian la magia.

Se casó y ésta le había sabido dar unos polvos preparados para hacerlo dormir, y se había sabido ir al cementerio a comer dijuntos, con otras brujas. Con las uñas largas, sacaban y comían.

Una noche él se hizo el dormido. Estaba roncando, y entonces ella lo vio, se vistió y salió. Él la vio y la siguió. Y la vio lo que hacía.

Después se vino y luego cayó ella. Él se hizo el dormido. Al otro día, en la mesa, como siempre, ella no comía. Apenas si pinchaba unos fideítos para comer porque, es claro, ella comía de nochi. Entonces el hombre le dijo:

-Pero, hija, ¿por qué no comís? ¡Comé!

Y como ella no comía, entonces, como el marido sabía, le dice:

-Claro, qué vas a comer, si de noche te llenás con carne de dijuntos, ¡sucia! -y otras cosas.

  —366→  

Entonces ella se enojó y se fue al cuarto. Sacó unos polvos, echó en una copa con agua, los meció, y vino donde él estaba y le dijo:

-Si sos cristiano, volvete perro -y le roció con el agua.

Allí no más se hizo perro. Le daba de comer y de nochi lo encerraba en un cuarto para que no se vaya. Todos los días le pegaba, y un día se disparó el perro y entró en la casa de un panadero. El panadero al verlo al perro tan lindo, le dio pan y lo hizo quedar. Lo llamaba Rosquizo. Lo cuidaba mucho. Un día va una señora a comprar pan y le pagó con una moneda falsa. Entonces el panadero le dice que no.

-Mire -le dice el panadero-, hasta Rosquizo la va conocer.

Lo llama a Rosquizo y le dice:

-Separe la moneda falsa -y la separó.

-Ha visto -le dice.

Otro día viene una vieja a comprar pan con otra moneda falsa. El panadero le dice:

-Esta moneda es falsa y hasta mi perro Rosquizo la va conocer.

Lo llama al perro y la separa. Como vio que el perro la conocía a la moneda falsa, en cuanto sale el panadero ajuera, la vieja le dice:

-Vamos a casa. Se vamo Rosquizo -y lo llevó al perro.

Cuando viene el panadero no lo halla al perro, ni a la vieja. Lo busca por todos lados y no lo encuentra.

La vieja llegó a la casa donde la hija había sido otra de las brujas finas, y la conocía a Celina, a la mujer del hombre. Entonces la mujer le dice:

-Hija, hi tráido este perro porque conoce las monedas falsas.

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Y la hija le dice:

-¿Cómo no las va conocer, si es un joven convertido en perro? Ya va ver.

Entra adentro y saca unos polvos, echa en una copa y le dice al perro:

-Si no sos perro, convertite en cristiano -y lo roció. Allí no más se volvió el joven de antes.

Entonces la niña le dice:

-Si se va a la casa, joven, su mujer lo va a volver a convertir en animal y maltratarlo. Pero vea, yo le voy a dar unos polvos. Usté se va a la casa, abre la puerta, y ella no se va dar cuenta que usté va dir, entonces despacito entra, y le dice:

-Si no sos cristiana, volvéte yegua, y todos los días usté la castiga. Así le va a pagar lo que le ha hecho.

El joven se fue, entró despacito y le echó la agua con los polvos, y al ratito se convirtió en yegua.

La agarró y la castigó, y de noche la encerraba en un cuarto. Todos los días la mortificaba.

Un día ve el Rey lo que le hacía a la yegua, y lo hizo llamar y le preguntó porque trataba, así a ese animal. Entonces el joven le contó y el Rey le dijo:

-Güeno, está bien, pero dejala aquí, yo la voy a tener, y tené cuidado porque si se te dispara te va a embromar a vos.

El joven se la dejó y no supo más de la perra negra bruja. Aquí termina el cuento.

Laureano de la Fuente, 66 años. Pinchas. Castro Barros. La Rioja, 1950.



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898. Los tres hermanos

SAN LUIS

Que había tres hermanos que tenían una herencia de un peso y no podían repartirse porque uno era muy avariento. Dos querían agarrar de 35 centavos y le quedaba a otro 30. El avariento quería 40 centavos. Un día que estaban discutiendo por repartirse, se presentó un viejecito que había sido San Antonio y les dice:

-¿Qué hacen hijos, aquí?

-Acá estamos con esta herencia y no los podimos repartir, porque mi hermano es muy avariento.

-¿Queren que yo los reparta? -les dice.

-Bueno -contestan los tres.

El viejecito les dio 35 centavos a los que no eran avarientos, y al avariento le dio los 30. Y le dice:

-Tomá mi sombrero y andate. ¿Estás conforme?

-Sí -le dice.

-Bueno, andate, y ustedes sigan conmigo, les dice a los otros dos.

Cuando había caminau el avariento, unas cuadras, pensó volverse y ir a devolver el sombrero. Le dice:

-Señor, tome su sombrero, y yo quero ir en su compaña.

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Le dice San Antonio:

-Bueno, sigan conmigo.

Bueno, ya cuando se les hizo la noche, llegaron a una casa. Preguntaron de trabajo, y que si les podían dar alojamiento. Entonce, áhi les dieron trabajo tres diyas. La dueña de la casa había síu una vieja bruja. Esta vieja los maltrataba a los que les daba posada y trabajo, y se los comiya, a los tres días. En la noche, les dice:

-Bué, cada uno va a dormir con una de mis hijas.

Tenía tres hijas. Bue, entonce, ella cosió unos gorros colorau para ponerle a las hijas y distinguirlas. Cuando echó ya de ver la vieja que estaban dormidos, la mandó a una negra criada a ver si estaban dormidos. Como el viejecito sabía lo que iba a ocurrir, cuando andaba la negra caminando, dice él:

-¡Ay!, ¡que tengo sé!

-Le preguntó qué es lo que quere.

-Quero un jarro di agua.

Le dice la negra a la vieja:

- 'Stán despiertos.

Le llevó el jarro de agua. Ya volvió la negra a andar el ruido no más, a ver si estaban despiertos. Y le dice:

-Viejecío ¿que no duermes?, ¿qué te pasa?

-Tengo frío los pieses -le dice-. No puedo dormir. Quero una bolsita 'e ceniza caliente.

Y se la llevó la negra. Él guardó el jarro di agua y guardó la bolsita de ceniza. Al rato volvió la negra y le dice a la vieja:

-Yo no sé, 'stán despiertos no más.

Dejaron pasar otras horas, otra vez. Y vuelve a ir a andar la negra, tranqueando. Le dice la negra:

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-Viejecío, ¿qué tienes que no te puedes dormir?

-Quero unas áujas.

Le trajo las áujas.

-Bue -le dice-, dormite viejito. ¡Dejame de molestar!

En seguida se jue. Cuando se jue la negra, se levantó él y les sacó los gorros a las niñas y se los puso a los mozos. Ya cuando volvió la negra, ya 'staban todos dormidos, y el viejo también se hacía el dormío. Y se vuelve ande 'staba la vieja la negra y le dice que 'stán dormidos. Se levantó la vieja con una guadaña muy cortante y les pasó a degüello a los que 'staban sin el gorro, creyendo qu'eran los mozos. La vieja no se fijó que jueran las hijas.

Le dice a la negra:

-Negra, echale leña al horno y acostate a dormir, para que después asemos los chanchos gordos.

Después se levantó la vieja, y la hizo levantar a la negra para que jueran a traer los chanchos para echarlos al horno. Ya va la negra, y le dice:

-¡Ay! ¡Son las niñas las que han muerto! ¡Y ésos se han ido!

-No creu -dice la vieja-, no creu.

Se va la vieja a ver si era cierto. Ya, ¡claro!, vio que eran las hijas.

-Andate -le dice a la negra-, pedí la chancha negra que camina tres trancos por legua.

Ya vino la negra con la chancha y subió a caballo la vieja en la chancha. Salió atrás de ellos.

Cuando iba muy lejo la vieja, había andau muchas leguas, dice el viejecío:

-¡Allá viene la vieja bruja; ya los viene alcanzando! ¡Ya los alcanza!

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Y le tiró el jarro de agua. Y ya se hizo un mar. Ya adelantaron ellos una cantidá de leguas. La vieja no podía pasar, pero al fin pasó después de muchísimo trabajo. Y cuando los iba alcanzando otra vez, la volvieron a ver, y el viejecío le tiró la bolsa 'e ceniza, y s'hizo una niblina muy grande, que la vieja no sabía pa dónde seguir. Cuando después de muchísimo porfiar pasó, ya los otros iban muy lejos. Habían caminau leguas. Les dice otra vez el viejecío:

-Miren, hermanos, ya viene la vieja alcanzándolos otra vez.

Le tiró entonce, las áujas. S'hicieron leguas de pencales, que la vieja, ¡claro!, ya no podía pasar.

Bue... Cuando ya iban muy lejos, volvió el viejecío a devisar a la vieja que había lograu pasar. Les dice a los otros:

-¡Allá viene la vieja! ¡Ya los viene alcanzando otra vez! Nu hay más que los vamos a subir a aquel árbol muy alto que se ve allá.

Ya se subieron arriba del árbol, los cuatro. Ya viene la vieja y llegó al árbol. Cortaba rastros y venteaba, y decía:

-¡Carne humana! ¡Carne humana!

San Antonio les había dicho que cuando la vieja hablara no miraran para abajo, sinó para arriba.

Y el viejecío decía:

-Cairé', cairé, cairé...

-Cái -decía ella- no más.

Miró uno de los jóvenes y áhi no más cayó y áhi no más lo echó la vieja a una bolsa. Ya empezó otra vez a dar vueltas y a decir:

-¡Carne humana!

-Cairé, cairé, cairé -decía San Antonio.

-¡Cái, cái! -decía la bruja.

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Volvió a mirar el otro para abajo y ya cayó al suelo también. Y ya corrió la vieja y lo echó a la bolsa.

-¡Carne humana, carne humana! -decía la vieja otra vez.

-Cairé, cairé, cairé...

-¡Cái, cái, cái! -decía ella, no más.

Miró el otro y cayó lo mismo. La vieja lo echó también a la bolsa. Ya empezó otra vez a dar vueltas y a decir:

-Carne humana, carne humana.

-Cairé, cairé, cairé... -decía San Antonio.

-Cái, cái, cái -decía la vieja.

Y San Antonio no cayó nada. Ya se había cansado la vieja y se subió al árbol. Cuando se subió arriba, San Antonio de un salto 'stuvo en el suelo, y entonce empezó a decir San Antonio:

-¡Cái, cái, cái!

Y cayó la vieja. Y la echó a la bolsa y la cosió. Y los desató y los sacó a los jóvenes. Y después quemó a la vieja, y la quemó a la chancha.

-Bue -les dice a los jóvenes-, ustedes se van a andar unidos así como les he enseñau, no con avaricia, que deben de tener los tres hermanos por igual. Yo soy San Antonio que lo hi veníu a salvar por pedido de su padre muerto.

Salió por un zapato roto que yo no voy a contar otro.

María Adolfina Díaz, 54 años. El Porvenir. Capital. San Luis, 1940.

La narradora, campesina rústica, es nativa de la región.

El cuento es una mezcla de otros cuentos. Puede considerarse una variante del cuento de la vieja bruja que mata a las hijas.



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899. El pescador y el diablo

SAN LUIS

Había una vez un viejito que tenía un perrito y un muchachito. Y el viejito se ocupaba de pescar para poder comer, porque era pobre. Todos los días iba a pescar. Y un día, no podía agarrar ningún pescado. Iban llegando las doce del día y no había agarrado ninguno. Entonce el viejito, furioso de rabia, dijo:

-Siquiera viniera el diablo a ayudarme a pescar.

Y se le apareció un hombre en una mula negra, y le dijo al viejito:

-Acá vengo, amigo, ¿para qué me quere?

-Yo lo desiaba para que me ayude a pescar, porque no puedo agarrar ningún pescado.

-Bueno -le dijo el hombre-, traiga la canasta.

Y se la dio y la metió al agua y salió llena de pescado. Y la llenó otra vez. Le dijo el viejito:

-Basta, ya está bien por hoy.

-Bueno -le dijo el diablo-, ¿qué me va pagar?

Le dijo el viejito:

-No tengo qué pagarle.

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-Cómo, no -dijo el diablo-, tiene un chico y un perrito.

-Bueno -le dijo el viejito.

Como él sabía que siempre llegaba primero el perrito, le dijo al diablo:

-El que llegue primero de los dos se lo voy a dar.

Bueno... ya vienen. Venía muy adelante el perrito, pero se clavó una espina, y el perrito se puso a sacarselá. Y llegó el chico, y pasó, y llegó primero. Entonce dijo el diablo:

-El chico es mío y me lo llevo.

Y lo alzó en anca de la mula y lo llevó. El viejito quedó llorando. Y se fue el diablo para la casa de él. Y allá había un corral lleno de mulas, y entre ellas había una mula blanca. El diablo le dio una plancha de hierro, al chico, y le dijo que la pusiera en el medio del corral. Y cuando amaneciera la plancha rota, lo iba a dejar ir para la casa d'él.

La mulita blanca, todas las noches iba y le pegaba unos golpes con las manos a la plancha. Hasta que una mañana, amaneció rota la plancha.

-Bueno -le dijo el diablo al chico-, te agarrás una mula para que te vas para tu casa.

Bueno, el chico entró al corral, y la mulita blanca le hacía señas con las orejitas que la agarra a ella. Y él fue a agarrarla a ella. Entonce le dijo el diablo:

-¿Para qué agarrás esta mula tan flaca? Agarrá otra más gorda.

-No -dijo el chico-, ésta es más mansita.

Y la ensilló y se fue. Entonce, cuando salieron detrás de un bordo175, le dijo que se bajara. Y la mulita se hizo una   —375→   palomita y lo alzó sobre el lomito y se voló llevando el chico encima. Cerca de la casa del viejito, se asentó la palomita y le dijo al chico que ahí cerca, quedaba la casa del padre. Y le dijo, ya mulita otra vez:

-Mirá, yo te voy a dar una virtú. Con esa virtú, los domingos te vas hacer un caballito blanco. Que te ensille tu padre y te haga correr176 por la plata que él tenga, que vos vas a ganar.

Bueno... Se llegó el domingo y así lo hicieron.

Corrió unas cuantas veces y ganó el caballito blanco. Así que ganó mucha plata el viejito. Y una vez hizo una carrera depositada177 para el domingo siguiente. Y cuando se llegó el domingo, le dijo el chico al viejito:

-Mire, mi padre, ahora cuando corra la carrera, la voy a ganar, y entonce va a venir un hombre en una mula negra y me va querer comprar y usté no me venda hasta que no le oferte mucha plata. Bueno, cuando usté me venda, y cuando me quera entregar me saca el freno.

Bueno, una vez que corrió la carrera el viejito con el caballito blanco, ganó la carrera. Y vino un hombre en una mula negra y le dijo:

-Señor, ¿me vende el caballo que acaba de correr?

-No -le dijo el viejito-, no lo vendo porque este caballito me da qué comer con las carreras que gana.

-No -dijo el hombre-, yo se lo pago en lo que usté quera. Le voy a dar bastante dinero.

Y se lo pago ya.

-Bueno -dijo el viejito.

  —376→  

Y había tomado unos tragos de vino, el viejito, y se había olvidado que le había dicho el chico que lo vendiera, pero sin freno, así que lo entregó con freno y todo. Entonce el diablo lo ensilló y largó la mula d'él. Y esa noche se fue a farriar a la casa de unas niñas. Y se amaneció. Y lo ató al caballito con las riendas colgadas de un monte, como para que no se sacara el freno el caballo.

Al otro día fue una de las chicas a sacar agua de un pozo de balde que había cerca de donde estaba atado el caballo, y cuando la vido el caballo a la chica que se acercaba, le relinchó como diciendo que lo largara. Entonce dijo la chica:

-¡Pobre animal! Tiene sé. Le voy a sacar el freno para darle agua.

Y entonce lo desató. Y le estaba sacando el freno, cuando salió el diablo, y le gritó:

-No me le saque el freno.

Pero se lo sacó no más. Entonce corrió el diablo, pero el caballito se hizo una rana y se largó al pozo. Entonce el diablo se hizo un sapo y se largó al pozo, persiguiendo la rana. Anduvieron las vueltas... La ranita se hizo una palomita y salió por la boca del pozo. Y se elevó volando. Y el sapo se formó un halcón y la siguió a la paloma que iba volando muy alto. Entonce la palomita vido un palacio muy lejo. Entonce se dirigió allá. Que el halcón la iba alcanzando, pero alcanzó a llegar. Había una ventana abierta y se metió por allí y cayó sobre la falda de la chica del palacio. Entonce ella cerró la ventana. Y el diablo dio la vuelta por la puerta y habló con el dueño de casa, y le dijo:

-Señor, vengo a buscar una prenda que me tiene su hija.

-Bueno. Vamos a ir donde está mi hija.

-Bueno. Fueron el padre y el diablo adonde estaba la hija. Le dijo el padre:

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-Acá viene este señor para que le entregue una prenda que le tiene.

-Yo no le tengo ninguna.

Tanto le insistió el diablo, que le dijo la chica:

-Si es por este anillo -que el chico se había hecho un anillo en el dedo de la nena- tomeló y se lo tiró al suelo.

Y el anillo se hizo una granada y se desgranó. Entonce el diablo se hizo una gallina con pollos y se puso a comer la granada. Entonce la chica había pisado una semillita, la cual se trasformó en una zorra con zorritos chicos y se comió la gallina con pollos. El zorro era el chico y la gallina era el diablo. Y así se salvó del diablo, que lo dejó al chico. El chico se casó con la niña y fue y buscó al viejito, y trajo toda la riqueza que había ganado cuando era el caballito blanco. Y fueron felices para toda la vida.

Y se terminó el cuento.

Julián Aguilera, 65 años. Las Barranquitas. Pringles. San Luis, 1971.

El narrador es un campesino dueño de una pequeña propiedad en el campo. Los numerosos cuentos que sabe los aprendió del padre y de la madre, de niño, cuando era costumbre en rueda familiar, alrededor del fuego, contar cuentos todas las noches. Es oriundo de El Saladillo.



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900. Los tres cabezudos

La bruja


CHACO

Dicen que una vez habían tres muchachitos cabezudos178, como mis hijos.

Andaban mariscando179 por el monte, cuando se perdieron y ya era tarde. Entonces vieron una lucita lejos. Con miedo se acercaron y golpearon la puerta. Salió una viejita fea y narigona, que les dijo:

-Pasen mis hijitos, que hace mucho que no como criatura, pero están muy flaquitos, los voy a engordar primero.

Y les encerró en una jaula grande. Cuando la bruja salió a juntar leña, entró un pajarito por el ojo de la llave, les abrió la jaula y les dio un espejito, una toalla y un peine. Les dijo:

-Escapensé pronto, antes que vuelva la bruja y cuando los alcance le tiran con estas cosas.

Los chicos salieron corriendo, pero les vio la bruja y les siguió. Cuando les estaba por alcanzar, echaron el espejo y   —379→   se hizo una laguna grande. La bruja nadó y nadó hasta que cruzó la laguna, y ya les estaba por alcanzar otra vez. Entonces echaron la toalla y se formó un pastizal alto; toda rajuñada y rabiando pudo cruzar la b