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—400→ 909. Los aparecidos SAN JUAN Una vez había uno que se burlaba de todos los aparecidos y fantasmas. Y se reiba de los que le tenían miedo a las cosas que no son de este mundo. Y creiba que de cobardes se disparaban y él se creiba muy valiente. Una vez hizo una apuesta, que él s'iba a pasar la noche en una casa abandonada qui asustaban todas las noches, y que no dejaban vivir a naide áhi. Por eso la habían abandonado los dueños y nadie podía cobijarse áhi. Este hombre se jue a la casa esa, que quedaba en medio di un campo solitario. Hizo juego, puso un asado, comió, y trató de dormir. A eso de la media noche, mientras trataba de tomar el sueño, siente una voz ronca que decía del techo: -¿Cairé?... ¿Cairé?... ¿Cairé?... Después de varias veces el hombre le contesta con rabia: -¡Cai, carajo! Entonces diz que cayó un brazo de dijunto. El hombre sintió un poco de recelo pero se aguantó. Al rato, mientras hacía juerzas por dormirse, otra vez la voz ronca en el techo que decía: -¿Cairé?... ¿Cairé?... ¿Cairé?... -¡Cai, carajo! -le volvió a decir el hombre. —401→El hombre ya 'taba viendo que no se trataba de susto sino que esto se 'taba poniendo fiero, pero como era corajudo, si aguantaba. Y así jue diciendo la voz del techo: ¿Cairé?, y el hombre contestando que caiga, y diciendo unos ajos pa darse valor y pa insultar al fantasma. Y así jueron caendo todas las partes del cuerpo en esqueleto, hasta que se hizo un montón y se formó el cuerpo. Y al fin dijo: -¿Cairé? ¿Cairé? ¿Cairé? -¡Cai di una vez, carajo! -Le volvió a decir el hombre valiente, ya muy enojau y tamién con algo de miedo. Áhi cayó la calavera y se formó el dijunto en esqueleto, y se levantó y lo devoró al hombre que creiba que todos eran cobardes. Lo devoró antes que cantaran los gallos, porque si se demora un poquito en contestar, y cantan los gallos, como todos los fantasma del otro mundo tienen que disparar, el hombre se salva. Domingo Pereyra, 72 años. Esquina del Sauce. Desamparados. San Juan, 1953. El motivo final del cuento es ajeno al cuento tradicional. —402→ 910. El chiquito de la fuerza SAN JUAN Sucede que una vez había una vieja flaca y fiera, que vivía en un molino muy viejo, que era del Rey Tuerto. Güeno, este... y di áhi la vieja nu hallaba cómo agenciarse un hijo. Un güen diya le pidió al santo de su devoción que le diera un hijo en alguna forma. Entós, este... al otro diya se levantó la vieja muy temprano y se jue pal riyo a juntar arena gruesa pa la torta. 'Taba juntando arena cuando viene una espina di árbol y se le entierra hasta la grasita en la rodilla. Al ratito no más se le empieza a hinchar la rodilla. La vieja lloraba a moco tendiu de dolor, y se vino hasta las casas y si acostó. La rodilla de la vieja se le siguió hinchando. Esa noche no durmió de dolor. Al otro diya, ante qui aclare, cuando el diya venía crespito, se levantó a hacer la necesidá. Entós sintió un dolor más grande y que se li abría la hinchazón. Entós siente una voz gruesa, que le dice: -Mama, deme torta que tengo hambre. La viejita miraba pa todos laus y no vía a naide. Pero otra vez le dice la voz: -Soy hijo suyo, mama, y me llamo Chiquito de la Juerza. —403→Entós miró y vio entre los yuyos un niñito recién nacido, claro, que lu había tenido por la rodilla. Y ya había nacíu tan adelantau qui hablaba y comía como un niño grande. Entós, muy contenta de este milagro lu alzó y se lo llevó pa su cuarto y lu envolvió con los trapitos que tenía, y unas lanas, y lo puso en su cama. El Chiquito 'e la Juerza pegó una hinchada y le dijo a la vieja: -Mama, no me venga con meterme en la cama, y pase un pedazo 'e torta; pasemé una güena troncha185 porque tengo hambre. Se la pasa a la torta y di una sola mordiscada se la come. Y ya se vía que crecía por minutos. Entós la viejita se asustó más mucho, ¡la pucha!, y el Chiquito le dijo: -Yo soy un hombre grande y me guá ir pasau mañana a rodar tierra, pa trairle algo a usté, pa ayudarla, pa eso soy su hijo. Así que preparemé desde ya el bastimento. La viejita se puso a llorar de ver su mala suerte que había teníu un hijo después de tantos años y a los tres días de nacido la dejaba. Güeno, llegó el tercer día, y el Chiquito montó un cabro macho. Le pidió la bendición a su mama y se jue por un camino que iba al pueblo del Rey Tuerto. Cuando había caminau, montau el chivato, un día y dos noches, llegó a unos caserones viejos, abandonáus. Desensilló, buscó ande podía dormir, arregló la cama con el apero y si acostó a dormir. Cuando pasó un rato, después del primer sueño, sintió que la tierra se le estremecía igual que cuando está temblando. —404→ Se dispertó y vio que un enorme gigante le estaba por poner una pata encima y matarlo. Pegó un salto, y en esto que se montó en la panza del gigante y le empezó a dejar cair cachetadas por las carretillas, por todos los lados. Por áhi vino y se refaló y le sonó el traste en el suelo. Entós sale corriendo y agarra del recau la cincha y le simpó186 un chirlo en todito el costillar y lo cortó por medio, pero el cuerpo del gigante se volvió a pegar. El caso era cortarle la oreja zurda187 y recién podía morir el gigante. Visto y haciendo le aplicó otro chirlo y cayó el gigante al suelo. Refaló el ala 'e buitre188 y l'hizo un corte en la oreja zurda, y el grandote no se levantó más. La peleya mortal, ¡la pucha!, l'hizo dar un hambre bárbaro al Chiquito y salió a buscar comida. Salió el Chiquito pa juera y vido un potrero lleno de novillitos que estaban miando grasita de gordos, y allá se jue. Le pegó un azote a uno, y al suelo; le dio otro azote a otro, y de espalditas cayó. Así hizo hasta que cuerió cinco novillos. Los alzó y los llevó pa las casas. Buscó ande asar la carne y se ganó en una cocina vieja de este caserón. Áhi hizo un gran juego y puso a asar los novillos. Al rato ya 'taban y los empezó a comer. Iba por los tres, cuando siente una voz del techo que le dice: -¿Cairé? El Chiquito para la oreja. Al ratito vuelta otra vez la voz. -¿Cairé? ¿Cairé? Y entós el Chiquito que no tenía miedo a nada le dice: -¡Cai, por los diantres, qué ti has creido! —405→Entós cayó del techo una bolsa 'e güesos y se empezó a formar una ánima grandotaza, puros güesitos la pobre, y le dice: -No si asuste, señor. Y el Chiquito le contesta: -A mí no me asustan güesitos. Y pa que viás, comé carne que 'tás muy flaca. Y áhi se sentó el esqueleto y empezó a comer. Y comía y comía la ánima y no se llenaba nunca. Al Chiquito le dio rabia y le tocó la panza, y nada. Cuando mira pal suelo y ve los altos de carne mascada que le pasaban de largo a la ánima. Entonce le dice: -¡Bandida!, me'tás botando la carne. Y áhi le pone unos azotes, y la desparece de otro. Entonces habla la ánima y le dice: -Sois el primer hombre valiente qui ha pasau por acá. Yo soy la hija mayor del Rey Tuerto y estoy encantada por una bruja por orden del gigante que vos mataste. Si me desencantáis me casaré con vos y te daré bolsas di oro y plata, y lo que más querás. La condición es que tenís que buscar la agua del pozo de los siete liones. Son los liones más malos qui hay en la tierra y rociarme los güesitos aquí, en esta cocina a los cuatro días y cinco noches desde agora. La cosa si iba poniendo fiera pal Chiquito, y le dice a la ánima: -Qué me guá casar con güesos yo. Y el ánima le contesta: -Yo soy una niña joven y güena moza, y soy muy rica y alhajita, paque viás. Y pa prueba, en este rincón di áhi hay un cántaro llenito di oro pal que me desencante. —406→Y el Chiquito buscó y halló el cántaro, y dijo: -Ya la cosa se 'tá poniendo linda. Güeno, agora te creo. Andate, dejame descansar y mañana gua hacer la diligencia. Dicho esto, la ánima se despareció y el Chiquito si acostó a dormir. Al otro diya se levantó temprano, aperó su chivito y salió en busca del pozo de los siete liones, los más malos del mundo. Después que había andado mucho, encontró en el camino un viejito que 'taba casi muerto di hambre. Le dio de todo lo que él llevaba y conversó con el viejito, y cuando se iba a despedir le dice el viejito: -¿Y pánde se va mi amito? -Yo guá a buscar la agua del Pozo de los siete liones malos. Y pa pior, ni sé ánde queda. Entós le dice el viejito: -Mire, joven, yo le digo pa su bien, los qui han ido pa allá nu han güelto más. Y entós le contesta: -Yo gua ir y gua volver. Entós le dice el viejito: -Y güeno, si es tan valiente, dejemé que le dé unos consejos. Cuando llegue, aguaite de lejo primero. Si los liones están con los ojos abiertos, es porque 'tan durmiendo; si 'tán con los ojos cerrados, es porque 'tan dispiertos. Ante de pasar el último cerro grande qui hay en el camino, va a encontrar un algarrobo muy alto y coposo. En ese algarrobo va 'tar un cóndor tuerto y rengo. Preguntelé a ese cóndor qui ánde queda el pozo de los siete liones malos, y le va a decir, porque es el único que sabe. —407→Y güeno, y de áhi se despidieron y cada uno tomó su camino. Siguió en su chivo el Chiquito. Pasaron unos cuantos diyas de viaje y por fin el Chiquito topó con el algarrobo grande, y en las últimas ramas 'taba el cóndor. Entós el Chiquito le preguntó: -¿Vos sois el cóndor tuerto y rengo? Y el cóndor le contestó: -El mismo que estáis viendo. -Bajate, entós, pa que conversemos. Y el cóndor se bajó y le dijo el Chiquito: -¿Qué tal ti halláis pa que me llevís al Pozo de los siete liones malos? Y entós le dice el cóndor que 'taba güeno. Y diciendo y haciendo, le dice: -Cerró los ojos y montó en mis alas. Y no vais abrir los ojos porque te volverís sapo y di áhi nu hay quien te salve. Montó el Chiquito y después de mucho volar si asentó en la punta di un cerro y le dice: -Abrí los ojos, ya 'tamos en el pozo de los siete liones. Abrió los ojos el Chiquito y vio que los liones 'taban con los ojos abiertos y entós atropelló con una bota en la mano. Llegó despacito y se agachó a sacar agua, cuando, ¡hijito 'e mi alma!, se dispertaron los liones y lu encerraron a comerlo al Chiquito. El chiquito agarró al primer lión que se le allegó del cogote, y con ése les pegó a los otros y los mató a todos, menos a uno, que pa que muriera había que sacarle un cormillo di oro que tenía junto al tronco 'e la lengua. Entós se puso a peliar con el del cormillo di oro que era el más malo. La batalla era muy grande y ya el Chiquito 'taba muy mal, y el lión en lo mejor. Entós vino el cóndor —408→ tuerto y le empezó a picar el ocote189 al lión, mientras le decía al Chiquito: -Sacale el cormillo di oro porque sinó no va a morir nunca. Y le seguía picando con más juerza el cóndor al lión. El lión pegaba unos bramidos muy juertes de dolor y de rabia, y en una de esas qui abrió la boca el Chiquito aprovechó y le pegó una pedrada tan grande, que le hizo volar el cormillo al lión. Entós el lión cayó muerto. Sacaron la agua y pegaron la güelta, volviendo al algarrobo. Entós el cóndor le dice: -Hasta aquí no más li acompaño. Y áhi se despareció sin que el Chiquito pueda darle las gracias. Entós vido que venía el chivato. Lo montó y se fueron a los caserones viejos del finau gigante. Después di unos días de viaje llegó el Chiquito a los caserones. Mató diez novillos pa comer porque tenía mucho hambre. Hizo juego en la cocina y los puso a asar. En lo mejor que 'taba comiendo, dice una voz en el techo: -¿Cairé? ¿Cairé? Entós contesta el Chiquito: -Cai, que ya hi traido la agua del Pozo de los siete liones pa rociarte. Cayó la bolsa de güesos y el Chiquito lo roció con la agua del Pozo de los siete liones y como un milagro, se cambiaron los güesos en la niña más bonita y mejor vestida que nunca vieron los ojos del Chiquito. Al Chiquito lo sorprendió tanto todo, que le dio un desmayo del que volvió cuando 'taba aclarando. La niña, que era una princesa, lo cuidaba, y cuando ya volvió en sí y salió —409→ el sol, él se levantó, y del brazo de la Princesa salió pa ajuera. Lo primero que vido entós, jue a su máma, que era tuerta y que estaba al lado del Rey Tuerto, y había muchos soldados y curas. Y áhi 'taban también muchos caballos cargados con petacas di oro y plata. Y también había mucha gente muy principal del reinado de este Rey. Y claro, todo era para festejar al Chiquito qui había desencantado a la Princesa y había salvau al reino del gigante que los tenía dominados. Y los caserones también si habían vuelto a lo que eran, un gran palacio todo di oro y plata. Entós ya se preparó la boda y vino un cura y los casó. Y si hicieron grandes fiestas. Y jueron muy felices y vivieron muchos años.
Carmen Caliva, 65 años. El Alto Huaco. Jáchal. San Juan, 1940. Lugareña rústica. Buena narradora. Al cuento tradicional se han interpolado motivos que parecen de creación comarcana. —410→ 911.
El muchacho que no tenía miedo SAN LUIS Que había un viejo que tenía un hijo que no sabía tener miedo. No conocía el miedo. Y se lo dio a un cura pa que lo hiciera tener miedo, pa que lo asustara. Y el cura pensaba como lu iba a hacer tener miedo. Un día el cura lo mandó al chico a que velara un cuerpo, a un muerto. Que era una noche muy oscura. Y el chico 'taba solo velando al muerto. Y de ver el cura que éste no tenía miedo, se vino en la noche a asustarlo. Cuando el cura llegó a la puerta para asustarlo, el chico lo cazó di adentro al cura y casi se murió de susto. Y áhi quedó solo otra vez el chico. Al rato no más se empezó a mover el dijunto, el muerto que 'taba velando. Y le dijo el muchacho: -¡No te movás! Y en eso se seguía moviendo. Y ya se levantó también y quiso tomar la puerta. Entonce el muchacho ya lo agarró al dijunto y le pegó un garrotazo. Y al grito del cuerpo ése vinieron a favorecerlo. Al otro día el cura fue y lo entregó a la madre porque no lo podía hacer tener miedo. —411→La madre no se podía avenir con él. Entonce él le dijo que s'iba a rodar tierra190. Ya cuando se iba a ir la madre le dijo que ande s'entrara el sol, áhi parara y durmiera. Un día del viaje llegó a una casa sola al dentro 'el sol. Y áhi se quedó. Dentró y si alojó en la casa. Y áhi se dejó estar. Y si acomodó para dormir. A eso de la media noche siente di arriba, del techo, que li hablan y le dicen: -¿Cairé? -¡Cai! -contestó él. Y áhi cayó un brazo de dijunto. -¿Cairé? -le volvieron a decir. -¡Cai no más! -le dijo. Cayó otro brazo. -¿Cairé? -otra vez. -¡Cai! -le dijo. Cayó una pierna. -¿Cairé? -¡Cai no más! Cayó la otra pierna. Y todas las partes del cuerpo s'iban juntando. -¿Cairé? -volvió a decir la voz. -¡Cai di una vez todo! Y áhi cayó la cabeza y la caja del cuerpo. Y áhi ya 'taba todo completo, y se formó un hombre. Y le dijo que se levantara y que qué quería. Entonce el cuerpo habló y le dijo que en una esquina de la casa había un entierro191, y que era una gran fortuna. Y —412→ cavó y sacó una botija con esterlinas di oro, plata y alhajas. Y entonce el cuerpo le dijo que s'iba, y que a la noche siguiente vería una niña que estaba encantada en esa casa. Y a la noche siguiente salió la niña encantada en esa casa. Y que le dijo que a la noche siguiente vendría un gigante que la tenía encantada a ella y que vendría a matarlo. Y el cuerpo le había dicho que él lo había librado de la pena en que estaba, y que en recompensa le dejaba todo eso y desapareció. Y vino el gigante a la noche y lo invitó a tomar un licor que había sido veneno, para poderlo matar, y él no lo quiso tomar. A la siguiente noche volvió la niña y le dijo que el gigante iba a venir y qu'iba a trair un licor más fuerte. Y vino el gigante a invitarlo con el licor. Y no lo tomó. Que el gigante lo amenazó cerca de la casa y casi se lo echó encima, y lo quiso envadir, pero el muchacho sacó el cuchillo para peliarlo. Vio el gigante el coraje del muchacho y que él no era capaz de vencerlo, y se fue el gigante. Se desterró porque vio que el muchacho lo iba a matar. Como habían dos o tres noches sin dar señales de vida, en la casa, y al ver los vecinos que no salía el muchacho, vinieron a sacarlo para sepultarlo, porque el que entraba áhi no salía más. Y convida el cura a los vecinos, y venían rezando para sacar el cuerpo para sepultarlo. Cuando van llegando rezando, sale el muchacho y aguaita192, y salen todos disparando, creendo que el muerto se levantaba. Y esa noche se durmió profundamente, lo que había 'tado tres noches sin dormir. Y vino la niña del encanto, que ya 'taba desencantada, y en toda la noche no lo pudo dispertar. Y a la madrugada ya, la niña le dejó un pañuelo de mano con un letrero que decía que si la quería ver que la —413→ fuera a buscar a la Ciudá de los Pajaritos, que di áhi su padre era el Rey. Al otro día, cuando él se recordó y vio el pañuelo, y el letrero, áhi no más salió y siguió el camino sin saber para dónde era la Ciudá de los Pajaritos. Caminó meses hasta que encontró un carancho en los árboles y le preguntó si no conocía la Ciudá de los Pajaritos. Le contestó que no sabía, pero que podía saber algunos de los de él. Que los estaba esperando porque tenía una reunión. Y esa noche se juntaron muchísimos pájaros y ninguno conocía la Ciudá de los Pajaritos. Y siguió el camino. A los meses llegó ande 'taba un jote y le hizo la misma pregunta. Le contestó que no la conocía pero que lo podía saber alguno de la familia. Que los estaba esperando porque tenía reunión. Y vinieron muchísimos pájaros, pero todos decían que no sabían nada de la Ciudá de los Pajaritos. Y él siguió su camino. A los años encontró una águila y le preguntó de la Ciudá de los Pajaritos y le dijo que no la conocía pero que la podían conocer los de su familia, que tenían que venir a una reunión. Y comenzaron a venir todas las águilas y ninguna conocía la Ciudá de los Pajaritos. Faltaba una águila vieja que había ido muy lejos, y la esperaron; ésa podía saber. Y al fin llegó l'águila y dijo que sí, que conocía la Ciudá de los Pajaritos que di allá venía porque había ido a llevar una niña y que quedaba muy lejos. Entonce él pidió que lo llevara. L'águila le dijo que bueno. Que iba a descansar y que tal día iban a salir. Le pidió que le lleve qué comer porque el viaje era muy lejo. Él le dijo que él tenía que andar hasta llegar a su destino aunque muriera. Y ya habían pasado muchos años y el muchacho 'taba ya que era un hombre viejo, curcunchito193. Y llegó el día y vino l'águila vieja y le dice: —414→-Venga, suba encima de mis alas. Y subió el hombre y llevaba un cordero muerto para darle en el viaje. Y l'águila subió volando y elevandosé en la altura que casi no se vía. Y él l'iba dando de comer en el viaje. Y ya cuando habían andado muy mucho vieron un humito, y ésa era la Ciudá de los Pajaritos. Y áhi que se venía volando l'águila cuesta abajo, porque si había terminado la carne y estaba muy débil. Y entonce se había cortau él un pedazo de la pierna y li había dado. Y siguieron. Y ya cuando 'taban por llegar, que ya se venía abajo l'águila de debilidá. Y el hombre se cortó un pedazo de la otra pierna y le dio de comer, y siguieron. Al fin llegaron y bajaron a tierra. Y el hombre 'taba inútil de las piernas. L'águila le dio entonce una varita de virtú para que le pida lo que quiera. Que l'águila había sido el ángel de la guarda del hombre éste. Y l'águila lo dejó, se despidió y se voló. Lo primero que hizo él es pedir verse como cuando era joven y lo conoció la niña encantada. Y así se quedó hecho un joven muy buen mozo. Después le pidió que lo pusiera conforme un viejo y se quedó hecho un viejo. Entonce caminó y llegó a la casa de una viejita. Y áhi conversaron y le preguntó él qué novedades había en la ciudá. Y ella le dijo que la única novedá que había era que se casaba la hija del Rey. El viejito se fue a la iglesia. Se acomodó como pudo, de modo que la niña lo viera, cuando se fuera a casar. Y llegaron los novios y ya los iba a casar el cura. Y ya cuando se iba a casar la niña, él sacó el pañuelo, y tosió hasta que miró la niña y vio el pañuelo con el letrero. Y entonce ella dijo que se casaba con ese viejito y no con el novio que estaba para casarse. Y claro, todo fue un alboroto, pero la niña se puso firme, y la tuvo que casar no más el cura con ese viejito. Ella dijo —415→ que él la había salvado del encanto y ella le había dado palabra de casamiento a él ante que a otro. Y ya el Rey se oponía, que cómo dejaba ese joven tan lindo por ese viejo, pero ella se casó no más. Y se separaron de la familia del Rey y se fueron a vivir a una casa cerquita del palacio del Rey. Esa noche el hombre le pidió a la varillita de virtú que lo hiciera un joven y que la casita se convirtiera en un palacio mejor del que tenía el Rey. A la mañana siguiente, cuando quiso ver el Rey, que se encontró con un palacio que encandilaba con las luces que despedía. Y se fue a ver al yerno y lo encontró hecho un joven el más buen mozo que había. Y áhi vio las cosas como eran y se puso muy contento. Como el Rey era viejo ya, lo hizo Rey al yerno, lo remplazó a él. Y áhi se quedaron todos viviendo muy felices. Benito López, 71 años. Villa General Roca. Los Manantiales. Belgrano. San Luis, 1961. El motivo final del cuento pertenece al cuento de Los tres picos de amor. —416→ 912. Juan de la Rodilla SAN LUIS Había una viejita que vivía en el campo y que se ocupaba de criar una majada de cabras que era lo único que tenía. Como vivía tan sola, siempre le pedía a Dios que le diera una compaña. Un día decidió ir a ver al cura del pueblo. Di áhi le quedaban dos leguas, y jue. Se volvió con polvo di arroz, se puso el rebozo194 y se puso en camino. En el pueblo jue a la iglesia y se confesó con el padre y le dijo: -Me confieso Padre que quero tener un hijo pa mi compaña. El Padre le dijo que rogara a Dios, y que tuviera confianza en Dios, y que se juera no más a su ranchito. La viejita se volvió a su ranchito. Iba rezando por el camino para que Dios le diera un hijito. Al rato no más sintió que se l'iba hinchando la rodilla izquierda. Y se l'hinchaba cada vez más, hasta que casi no podía andar. Y 'taba tan pesada, con la rodilla hinchada como un bombo, que trompezó en una ráiz y se cayó. Al cairse se le partió el cuero de la rodilla, y cuál no sería su sospresa cuando saltó del hinchazón un niñito, vestidito y calzado, y que le dice: —417→-¡Mamita! ¡Mamita! La viejita lloraba de alegría, porque ese era un milagro que le hacía Nuestro Señor. Lo llevó al niñito y le puso Juan de la Rodilla. Y así no más lo llamaban todos. El niñito en seguida no más l'empezó a servir a la viejita. Le cuidaba las cabras, le traiba leña, le cebaba el mate, y la ayudaba en todo. La viejita 'taba muy contenta y no se cansaba di agradecer a Dios. Juan de la Rodilla creció en seguida. Y había nacido mocito po. A los quince años ya era un hombre. Y era muy comilón. Se comía una cabra por día. Y ya vido que a la viejita la iba a dejar sin su majadita, y se resolvió ir a rodar tierra. Y le dijo a la viejita que fechara la bendición, que s'iba a rodar tierra y a trabajar para ayudarla. La viejita se puso a llorar, pero al fin tuvo que ceder. Y esa noche se puso a amasar cuatro tortas pa que llevara, y las asó en el rescoldo195. Al día siguiente Juan de la Rodilla se levantó tempranito como de costumbre, ensilló su caballo, arregló las tortas y un queso grande que le dio la viejita, en las alforjas, y puso azúcar y yerba para el mate, y ató media res de vacuno a los tientos. Y se despidió y se jue. La viejita se quedó muy triste y se lo pasaba rezando para que le juera bien a su hijito, y Dios lu ayudara. Juan de la Rodilla marchó todo ese día. Al atardecer se allegó a un gran algarrobo qui había cerca del camino, y decidió acampar abajo del algarrobo ése. Desensilló, hizo juego, ató el caballo con el lazo, áhi cerca, ca lentó agua, tomó mate con torta y queso, y asó la mitada de la carne y se la comió. Hizo la cama con el apero196 y si acostó. Muy tempranito se recordó, buscó su caballo, lu ensilló, tomó mate y siguió viaje. Caminó otra vez todo el día. Al atardecer iba —418→ buscando ande acampar cuando devisó unas casas. Y ya llegó y no vido a naide. Y el caballo se espantaba y bufaba y no se quería allegar. Y Juan l'obligó a espuela y rebenque a allegarse no más a las casas. Ató el caballo en un poste que había y jue y vido qu'eran unas casas abandonadas. Y ya desensilló el caballo que seguía bufando y lu ató áhi cerca, que comiera, y se vino a las casas. Ya 'taba escurito, y tiró las caronas adentro 'e la pieza para hacer la cama. Entonce vido que le tiraban las caronas197 pa ajuera. Y las volvió a poner y se las volvieron a tirar. Y entonce raspó un fóforo y no había naide. Juan de la Rodilla era muy valiente y no tenía miedo a nada. Se jue, buscó leña y hizo juego en la pieza. Se sentó en el recado y cuando cayeron brasas puso la carne que le quedaba, a asar. Y a medida que se iba asando la carne l'iba comiendo. Ya 'staba terminando l'última costilla, cuando del techo una voz le dice: -¿Cairé? Juan de la Rodilla se llevó una gran sospresa porque nu había naide. Y la voz volvía a decir: -¿Cairé? ¿Cairé? Entonce Juan le dice: -¡Cai! Y entonce ha caido un brazo de cristiano198. Y han vuelto a preguntar: -¿Cairé? -¡Caí! -ha dicho Juan de la Rodilla. —419→Y ha caido el otro brazo. Y han vuelto a decir: -¿Cairé? -¡Cai! -decía Juan. Y ha caído una pierna. Y han vuelto a decir: -¿Cairé? -¡Cai! Y ha caído la otra pierna. Y han vuelto a decir: -¿Cairé? Y entonce ha dicho Juan: -¡Cai, por los mil diablos! Y ha caido la caja 'el cuerpo y la cabeza, y si ha formao áhi todo el muerto. Juan tuvo un poco de recelo, pero como era tan valiente, se tranquilizó y dijo: -Hay qu'enterrar estos restos. Y jue a buscar con qué cavar. Encontró una pala, y áhi cerquita 'el bordo 'el patio199 cavó una sepultura. Llevó los restos y los puso, los tapó, l'hizo una cruz con dos palos, se la clavó y rezó un bendito. Y di áhi se jue a dormir. Y ya durmió muy tranquilo con el favor que li había hecho al dijunto, y naide lo molestó. Muy temprano se jue al pueblo que quedaba cerca, y le dio cuenta al cura y a la policía. Y se vino con las autoridades y comprobaron lo qui había hecho Juan de la Rodilla. Y ya se dieron cuenta que esos restos eran del dueño de esa estancia qu'era una estancia muy grande, que había muerto, —420→ y había quedau sin sepultura. Y este señor no tenía parientes a quienes heredar. Y lo tuvieron que poner en posesión de l'estancia a Juan de la Rodilla. Y ya Juan de la Rodilla quedó muy rico, con el campo, con mucha hacienda y sembrados. Y a los pocos días se jue en busca de su madre y la trajo. La viejita que lloraba di alegría lo que se juntaba otra vez con su hijito.
Rosa Espinosa de Sosa, 53 años. Alto Pencoso. La Capital. San Luis, 1925. Nativa del lugar. Muy buena narradora. —421→ 913. El muchacho corajudo SAN LUIS Había una vez una vieja que tenia un muchacho tan diablo y mañoso, que no acertaba qué hacer con él, cómo acomodarlo en algún poder que pudiese tomar otros modales y cambiar de costumbres. Porque le tiraba a todo lo malo. La vieja tenía un compadre que era cura. Quiso la suerte que el cura pensase en buscar un muchacho para los mandados, y pensó en la comadre. En seguida jue a verla, en procura del muchacho, pero no era éste su ahijado. Cuando llegó el cura a la casa de su comadre, después de los cumplidos, le hizo saber el motivo de su visita. La vieja consintió, pero le dijo que le iba a consultar al muchacho. Ya cuando vino, le dijo al muchacho: -Es güeno que te ocupís, hijo. Para eso ha venido mi compadre cura, para que lo acompañís y le hagáis sus mandados. Él te enseñará a ser güeno, los200 quere mucho. Y cosas por el estilo eran las que le decía la vieja al hijo. Entonces le contestó el muchacho: -Ya sabe, mama, que yo no me quero ucupar con naides, y mucho menos con curas. —422→-Pero, hijo, ¿cómo me va a hacer quedar mal, usté que es mi hijito? Ya he quedado de mandarlo mañana, ¡Qué vergüenza será si no va! ¡Vaya, hijo! Y así la vieja le proponía al muchacho, y lo sobaba por la cabeza y la espalda, mientras tomaban mate los dos. -Güeno -dijo al fin el muchacho-. Pero... ya sabe mama, por usté lo hago, pero yo no quero saber nada con curas. Queriendo y no queriendo, el muchacho jue a presentarse al cura, al otro día. El cura lo recibió muy contento y amable, tratandoló de hijo y palmeandoló. Anduvo bien el muchacho unos días, mientras la oportunidá faltaba. Cierto día que el cura no estaba en la casa, vino una mujer trayendolé de regalo, al cura, un envoltorio. El muchacho lo recibió y lo guardó. Cuando quedó solo, le picó la curiosidá por saber qué cosa le había traido la mujer al cura. Desató, desenvolvió, y viendo que era una gallina cocida, le arrancó una pierna y se la comió, volviendo a dejarla atada y envuelta conforme la había recibido. Cuando vino el cura, siendo ya tarde, se pusieron a cenar lo que tenían preparado para comer. Cuando habían terminado, el muchacho le dio cuenta al cura de que una mujer había venido cuando él estaba ausente y le había dejado un atado. -Traiga, hijo, ese atado -dijo el cura. El muchacho obedeció y trajo el atado al cura. El cura desató y desenvolvió, notando la falta y fingiendo admiración, dijo que le extrañaba mucho ver una gallina con una sola pata. Después que la hubieron depostado ya hubieron comido, volvió a decir el cura que no sabía cómo podía ser que una gallina tuviera una sola pata. El muchacho le aseguró que así no más había venido la gallina, y que eso no era raro, porque muchas veces se ven gallinas en una —423→ sola pata. Y para probarlo, lo invitó al cura a que fueran al gallinero. Y jueron. Entonces, el muchacho señalando las gallinas que estaban con una pata levantada, le decía: -¿No ve aquella gallina que tiene una sola pata? ¿No ve esta otra? ¿No ve aquel gallo? El cura fingía inocencia, y en eso, les hizo ¡chúi! espantandolás con un ademán de la mano. -¿No ves -le dijo el cura- cómo sacan la otra pata? -¡Ah! -contestó el muchacho-, si usté le hubiera hecho ¡chúi! a la gallina cocida, cuando la desató, también hubiera sacado la otra pata. Por esta vez le ganó el muchacho al cura. El muchacho era de una condición que no tenía miedo a nada y a naides. El cura, que se había propuesto escarmentarlo por medio del miedo, tramó un hecho. Buscó a un hombre que era conocido por su coraje y le propuso pagarle bien, para que se hiciese el muerto y que permitiese velarlo en un lugar. El cura buscó gente que viniera a ayudar a pasar la mala noche. Todos estaban de acuerdo para ir saliendo, uno a uno la noche del velorio y dejar al muchacho solo, con el cuerpo, velandoló. El que hacía de muerto iba a tratar de asustar al muchacho, en toda forma. Y así lo hicieron, después de estar todo arreglado. Cuando llegó el día, el cura le dijo al muchacho: -Ha muerto un vecino y tenimos que ir, hijo, a ayudar a pasar la mala noche, velando al dijunto. Cuando llegó la noche, jueron el cura y el muchacho, que estaba entre todos los concurrentes, que no demostraba ningún temor. Después de algunas horas, jueron saliendo los del velorio uno tras otro. Cuando quedaron pocos, el cura también se trató de ir, y le recomendó al muchacho que no abandonara al muerto; que despavesara las velas y atendiera que no se juera a quemar algo. Le dijo que él —424→ iba a volver luego. Y así iban saliendo todos para dejar solo al muchacho. El cura llevaba propósito de no volver. Así jue, y cuando quedó solo el muchacho con el cuerpo, en el mayor silencio, el muchacho vio que el dijunto se movía. Áhi no más le dijo: -¿Por qué te 'táis moviendo, che? ¿Estáis cansado? Te voy a dar güelta. Nada contestó el fingido dijunto, pero el muchacho lo dio güelta de un lado pa otro. Pasado un momento, ¡güelta a moverse el dijunto! El muchacho le hace las mismas preguntas y lo da güelta otra vez. Y así estuvo el dijunto moviendosé y el muchacho dandoló güelta. Al fin, cansado el muchacho se fastidió y dijo, hablando juerte: -Pero... ¡si lo voy a capar a este maula! Voy a ver, así, si a los muertos les sale sangre de la capadura. Y acto seguido se buscó cerca de la barriga un pupero201, que tenía el muchacho, y que acostumbraba no dejarlo nunca. Haciendo ademán y uniendo la acción a lo dicho, se jue cuchillo en mano hacia el muerto. El muerto, que vio que no era broma, se bajó volando y disparó puerta ajuera, perdiendo flores, mortaja y todos los arreglos, y voltiando las velas. El muchacho iba que se las pelaba detrás del muerto, llegaba hasta alcanzarlo en partes y lo punteaba con el pupero. El caso es que lo dejó al falso muerto malherido y bastante julepiado. Al fin, el dijunto, con el susto que llevaba, le sacó ventaja al muchacho, y se le perdió en la oscuridá de la noche. Cuando el muchacho se cansó de correr, se volvió al cuarto mortuorio, puso en orden lo que estaba desarreglado y se sentó a esperar. Más tarde, a eso de la madrugada, llegó el cura y le dijo al muchacho: —425→-¿Cómo le va, hijo? ¿Y la gente? ¿Y el dijunto? ¿Y esto? ¿Y aquéllo? -¡Qué va a ser dijunto! -dijo el muchacho-. ¡Había síu más vivo que nosotros! Se empezó a mover, le preguntí si 'taba cansau y lo di güelta varias veces. Nada dijo. Y se movió tantas veces, que al fin lo iba a capar, para ver si les salía sangre a los muertos. Pero... ¡Va jodido, señor! Vea, con este pupero lo puntié por donde lo alcanzaba. -¡Bárbaro! ¡Qué habrás hecho! ¡Cuándo menos!... -Nada, señor. Como se me alzó lo corría pa velarlo. -Bueno -dijo el cura-, vamos a casa. Y se jueron. El cura se jue a la casa del que hizo de muerto, y jue grande su aflición al encontrarlo en cama, bastante malherido. Le costó al cura convencerlo de que no se trataba de una mala acción, sinó de dar un susto al muchacho para corregirlo. Tuvo que correr con los gastos de curación y de los días que perdió en el trabajo, el hombre. Se jue el cura pensando en devolver el muchacho a la comadre. Al día siguiente, el cura se jue con el muchacho y lo entregó. Al fin la madre, la pobre vieja, lo tenía que soportar. La aconsejaba a cada picardía que hacía, ¡pero, nada! Y hasta llegó el caso que lo pusieron preso. La madre rogaba a Dios que se le presentase una ocasión de empliarlo con algún hombre que pudiese gobernarlo. Hubo un día que acertó a pasar por allí un ciego que cantaba con una guitarra, en la puerta de las casas, para que le diesen alguna cosa. Y llegó a la casa de la vieja, y le dijo que le conchabara el muchacho, que le iba a pagar bien. Que el muchacho lo iba a llevar por los caminos, que iba a recibir lo que les dieran y que le iba ayudar a vender cositas que llevaba. —426→Le dijo la madre al muchacho si quería ocuparse con este ciego y él no quería por nada. -¡Qué me voy a ucupar con un ciego, mama! ¡Yo no! -¡Ucupate, hijo! ¡Sí, mi hijito! ¿No ves que no tengo qué hacerte hacer? Ya estás cada día más mozo y hay que aprender a trabajar. Y a la vez que te ganís algo, se hace un favor a ese pobre. Y a tanto clamor de la vieja, el muchacho le dijo güeno. -Güeno, mama. Ya li hi dicho que no me voy a ucupar con ese ciego, pero por usté y no por naides lo voy a hacer. Ya llegó el día que tenía que tomar el muchacho su nuevo empleo. Llegó el ciego y salieron los dos a caballo, con rumbo hacia el pueblo. Cuando llegaron a las primeras casas, que eran de una familia que quedaba dando frente al camino, se pararon. El ciego cantó y esperó que le dieran algo. El muchacho recibió lo que le dieron y lo echó a la alforja. No le dijo nada al ciego de que le hubieran dado algo. Se adelantó un trecho, el muchacho, y sacó del envoltorio un pedazo de arrollado y se puso a comer, muy campanente. El ciego seguía di atrás y tomó el olor. Cuando se reunieron más allá, en la sombra de un árbol, y se pusieron a descansar para pasar la siesta, se pusieron a comer. Mientras comían, el ciego le preguntó al muchacho: -Decime, hijo, en la casa aquella que canté, ¿nada te dieron? -¡Nada! -le dijo el muchacho. -¡Cómo, nada! Si yo tomí el olor. Yo olfatié que era arrollado lo que te dieron. -A mí no me han dado nada -le volvió a decir. En eso quedaron, y el muchacho juró vengarse del ciego y demostrarle que su olfato no andaba bien. —427→Estuvieron en el pueblo. Anduvieron vendiendo. Compraron cosas y pegaron la güelta. En una parte dejaron los caballos y tenían que andar a pie, un trecho. Había una acequia por la costa202 de una paré. Entonces, el muchacho le dice al ciego: -Preparesé a dar un salto bien largo, porque aquí hay una acequia, y es muy ancha. Ya está en la orilla. Vamos. ¡Salte! El ciego dio un salto lo más largo que pudo y con toda su juerza, y se llevó la paré por delante. Se cayó en medio de la acequia, todo machucado y con la cara lastimada. El ciego lo echó al diablo al muchacho y se encaró con él, diciendolé que cómo no le había avisado que se encontraba al frente de una paré. -¿Y cómo no la olfatió, po? Así como olfatió el arrollado, así hubiera también olfatiau la paré203. El ciego resolvió entregar el muchacho tan mal intencionau, a la madre. Ya se jueron y cuando llegaron a la casa de la vieja se lo entregó. El ciego, aunque creiba que el muchacho nada merecía, le pagó a la vieja lo que le había ofertado204. La vieja quedó muy apenada por lo que había hecho el hijo y sin saber qué hacer con este niño. Resolvió consultarle otra vez a su compadre cura, y al otro día se jue a la casa de él. El cura, que había quedado con ganas de darle un buen susto al muchacho, le dijo: -Dejeló, no más. Prestemeló a mí. Yo lo voy a mandar a que me traiga un caballo de un lugar lejos. —428→El cura pensaba hacer llegar de noche, al muchacho, a unas casas viejas, donde asustaban para que sufriera un mal rato. La vieja le dijo al muchacho que se lo iba a mandar otra vez al compadre cura. El muchacho le empezó a rezongar y a decir que no quería saber nada con curas. -¡Andá, hijo, haceme quedar bien! Un favor nunca se pierde, hijo. El muchacho por el pedido de la madre dijo que lo haría. Se presentó al cura, y él le dio las órdenes para que trajera un caballo de un lugar distante. El cura calculó que tenía que pasar la noche por las casas viejas donde se sabía que asustaban. Salió el muchacho a la hora que el cura lo despachó. Ya bastante tarde, se encontró por el camino con un matrimonio anciano, que venían a caballo. Con ellos entabló conversación y le preguntaron por el lugar al que iba. Le dijeron que quedaba muy lejos, todavía, y que seguramente lo sosprendería una tormenta que se acercaba. Le recomendaron que se apurara mucho, no tanto por la tormenta sinó por unas casas viejas que iba a topar, por donde no pasaba naides de noche sin que lo asustasen. Le preguntaron si tenía miedo y él dijo que no tenía miedo a nada. Se despidieron y los viejitos le desearon que Dios lo ayudara. Siguió su camino y casualmente, cuando más se avecinaba la tormenta, pasaba por frente de las casas viejas. Resolvió llegar y pasar la noche allí. Cuando ya desensilló y ató el caballo, se dirigió a las casas, y de la puerta de un cuarto le salió al encuentro un bulto y le preguntó qué hacía áhi. Él lo invitó a pelear y le contestó los insultos que el otro le dijo. Sacó su pupero y se juntaron a peliar como dos gauchos bravos. Peliaron un buen rato. Cuando el muchacho lo alcanzaba al bulto con el pupero, sonaba —429→ como si juera un cuero seco. Por puñaladas que le pegara, nada le hacía; seguían peliando. Peliaron tanto, que ya no podían más de cansados los dos. Entonce el bulto le dijo que no peliaran más, que con su valor lo había vencido, que se sentaran, que conversaran, que tenía algo que contarle. -¿Y quién sois vos? -le preguntó el muchacho. El bulto no le contestó, y entonce el muchacho dijo: -¡Pero... si voy a encender un fósforo para ver la casa de con quién hi peliau! -¡No, no encendáis fósforo! -¡Qué no!... -No, no encendáis, mirá que yo soy un alma del otro mundo y no puedo ver luz. Consintió el muchacho en no encender luz y se sentaron a conversar. -Mirá -le dijo el aparecido-, sois el único hombre que me ha podido sacar de penas, llegando a mi casa y peliando conmigo. Éste era mi castigo. En premio te voy a dar una botija llena de plata, que tengo enterrada en aquella esquina del cuarto. Vení y cavá allí. -No, no, cavá vos si me hais de dar algo. El dijunto cavó y sacó una botija llena de plata y se la entregó. -¡Me armé! -dijo el muchacho muy contento. Como venía el alba, el alma en pena se despidió y desapareció, agradeciendolé otra vez al muchacho, y diciendolé que cada vez que estuviera apurado se acordara de ella. El muchacho ensilló el caballo, acomodó el regalo y se dispuso a seguir viaje. Cuando estuvo en el carril, dijo: -Nu hi dir nada pa donde mi han mandau. Me vuelvo a mi casa. —430→Se volvió, y tarde de la noche, llegó. Abrió su cuarto, guardó la botija con plata y se acostó a dormir. Al día siguiente nada le dijo a su madre del tesoro encontrado. Luego jue a devolverle el caballo al cura y le dijo que el hombre que tenía que entregarle el caballo no estaba, y otras mentiras, como disculpas. El cura creyó que se había vuelto de miedo. El muchacho se volvió a su casa y siguió haciendo pillerías tras pillerías, hasta que la vieja no sabía qué hacer con él. Una vez tuvo noticias de que un hombre que viajaba pasaba por un desierto, y resolvió, por consejos del cura, hacer que este hombre lo dejara áhi al muchacho, para ver si sufriendo un poco se componía. La vieja le pidió a este hombre que lo llevara al hijo y que con engaño lo dejara, al pasar, en el desierto. Cuando la vieja le comunicó al muchacho que tenía que acompañar a este hombre, él le dijo que aceptaba con la condición que le comprara la mejor escopeta que hubiera. La vieja le dijo que güeno. Entonce el muchacho, muy contento, le contestó: -Yo tengo plata, mama, yo me la voy a comprar. Jue, sacó de sus botijas unas monedas de plata, y se compró la mejor escopeta que había y una güena cantidá de tiros. Ya cuando se despidieron, le dijo a la vieja: -Yo bien sé, mama, que usté quere que no esté con usté, pero yo me voy no más. ¡La bendición, mi mama! -¡Que Dios te bendiga, te ayude y te haga güeno, hijo! Ya se jueron. Cuando llegaron al desierto se bajaron y anduvieron caminando. El hombre dijo que se quedara allí, que él iba a buscar agua, y con ese pretesto lo dejó solo y siguió viaje. El muchacho anduvo mucho, y al fin dijo: -Voy a cazar algo con mi escopeta. —431→Tiró un tiro a una bandada, y al mismo tiempo se le presentó un loro y le dijo: -¿Quién tiró ese tiro? ¿Vos hais sido? -Yo jui, y te voy a meter otro a vos también. Y levantó la escopeta y le apuntó, y el loro le rogó que no le tirara. Le suplicó que jueran amigos y le prometió confiarle un secreto. Pero, le dijo que tenía que ir con él y presentarse ante el Rey. Le dijo que el Rey lo mandaba a llevar para hacerlo matar porque con ese tiro le había pegado al Rey en un ojo y estaba furioso. El loro le explicó cómo tenía que hacer para salvarse de la rabia del Rey. Se jueron. En el camino el loro le dijo que el Rey le iba a preguntar si él tiró ese tiro, y que él dijiera que sí. Que lo iba a mandar a un cuarto a sacar una piedra laja, que había en un rincón. Que no la sacara a la piedra porque se iba a hundir y a morir sepultado. Que mirara en otro rincón, que había una valijita, que la agarrara y saliera disparando con ella. Que tratara de escapar lo más rápido que pudiera, porque en la puerta lo iba a esperar el Rey con una escopeta para matarlo. Ya cuando llegaron, pasó todo como le había dicho el loro, y el Rey le dijo: -¿Vos tirastes ese tiro? -Sí, mi Rey. -¿No ves lo que me hais hecho? ¿No ves cómo me has pegado en el ojo? -Sí, mi Rey. -Güeno, entrá a ese cuarto y alcanzame una piedra laja que hay en un rincón. El muchacho obedeció. Entró, vio la valijita, la agarró y salió disparando, agachadito. Que el muchacho éste era muy ligero. Lo estaba esperando el Rey con la escopeta, y cuando le tiró, el muchacho ya había desaparecido. —432→El muchacho agarró el camino en dirección a su casa. Ya cuando iba lejos, tuvo curiosidá y abrió la valijita para ver qué había adentro. Encontró una catita muy bonita, y la catita le habló y le dijo que la cuidara, que ella era una niña, la hija del Rey, que estaba encantada. Y tomó la forma de una persona, y que era la niña más hermosa del mundo. Y se volvió a hacer catita y se entró a la valijita. El muchacho, muy pensativo se jue a su casa. Llegó de noche, guardó la valijita y se botó a dormir. La madre había estado pensando que cuando volviera el hijo lo iba a hacer casar para ver si así se componía. El muchacho se había enamorado de la niña en cuanto la vio y pensó en casarse con ella. Al otro día, muy temprano, antes que se levantara la madre, se jue al pueblo a comprar lo necesario para casarse. Se levantó la madre, y estaba tomando mate cuando vio la puerta entreabierta del cuarto del hijo. Jue, vio que había llegado el hijo, y descubrió la valijita. La abrió, vio la catita y pensando que sería alguna brujería, la tiró al suelo. En eso oyó que volvía el hijo y salió rápido. Llegó el muchacho, saludó a la madre y se jue a su cuarto. Abrió la valijita y vio a la catita a las rengueadas, y que le dijo: -¡Para eso me has traído aquí? ¡Ingrato! Ahora, si querís verme otra vez, me tendrás que buscar adonde me sacastes. Se voló, y el muchacho la siguió de atrás. Se asentaba en los árboles y el muchacho la escapaba de agarrar, y volvía a seguir. Así anduvieron leguas por muchos días. Cuando ya no podía más, de cansado, y con la ropa hecha pedazos por las ramas, lastimado y sangrando lo que se metía —433→ por entre los árboles, las pencas, los barrancos y pedregales, oyó una voz que lo hablaba: -¡Joven! ¡Joven! ¡Paresé! ¿Qué anda haciendo? Miró para todos lados y vio tres palomitas que estaban en lo alto de un árbol. Y le volvieron a decir: -Es para su bien, joven. Dejesé de perseguir a esa catita. Es muy difícil que usted pueda alcanzarla. Nosotros somos las Tres Marías del cielo, que venimos a ayudarlo. Atienda que es para su bien. Aquí le traemos estas cosas de virtud que lo salvarán. Y las palomitas dejaron cair: una, una bota; la otra, otra bota, y la tercera, un sombrero. Con las botas podía correr leguas, y con el sombrero, hacerse invisible. Así es que agradeció esa ayuda del cielo. Se puso las botas y salió corriendo más ligero que el viento. Naides lo vía porque se puso el sombrero que lo hacía invisible. Cuando llegó al palacio del Rey, la niña ya estaba bajo siete llaves. Así que era imposible saber nada de ella. El muchacho se puso el sombrero y llegó hasta donde estaba el Rey comiendo, en ese momento. Vio que a la niña le llevaba la comida una sirvienta, y que el mismo Rey vigilaba la puerta. El muchacho aprovechó en la primera oportunidá que pasó la sirvienta, y entró atrás de ella. El Rey cerró la puerta y casi lo aprieta, al entrar, ¡claro!, ¡como él era invisible!... El mozo se puso atrás de la puerta, y en cuanto salió la sirvienta, se sacó el sombrero. La niña tuvo una gran sorpresa y una gran alegría al verlo aparecer, pero quedó muy triste cuando lo vio todo lastimado y ensangrentado. -Ahora sí serás mi esposo -le dijo- porque has hecho un sacrificio por mi cariño, porque has sufrido tanto para encontrarme. —434→Conversaron en momentos en que se iba la sirvienta y arreglaron para irse. La niña, cuando le trajieron el último plato, se calzó una de las botas. Se pusieron el sombrero del modo de hacerse invisible los dos, y salieron atrás de la sirvienta. El Rey volvió a echar llave a la puerta. Así salieron sin ser vistos y tomaron el camino para el lado de la casa del muchacho. Llegaron a un pueblo y compraron toda la ropa y lo que necesitaban. Ya llegaron a la casa. La vieja estaba loca de contenta de ver que su hijo se iba a casar con una niña tan linda. Allí mismo se mandó hacer un gran palacio con el dinero del tesoro que tenía. El alma del dijunto que había salvado el muchacho, era lo que lo ayudaba de esta suerte. Concertaron el casamiento. Se casaron y se quedaron a vivir ricos y felices. El muchacho ya no hizo más picardías y se hizo un hombre serio y formal. Y yo me vine de allí, así es que no sé qué más pasó. Cecilio Agüero, 70 años. Nogolí. Belgrano. San Luis, 1950. Campesino nacido en la región, de la que no ha salido nunca. Escasamente sabe leer y escribir. Aprendió el cuento del padre, que era un gran narrador y de quien heredó esta aptitud. El cuento reúne motivos diversos de otros cuentos. —435→ 914. Cairé SAN LUIS Que había un hombre que tenía tres hijos. Y un día los hijos se jueron a rodar tierra. Y el padre cuando los despidió les dio un consejo: -No despreciar lo viejo por lo mozo, ni lo cierto por lo dudoso. Llegaron a un lugar ande se dividían dos caminos, uno era viejo, y el otro nuevo. -Yo voy a tomar por el camino viejo -dijo el menor. -Nosotros vamos a tomar el camino nuevo; el viejo ha d'estar lleno de pozos -dijieron los mayores. Entonces dijieron los tres: -En tal fecha los vamos a juntar en este mismo punto, los vaya como los vaya. El menor llegó a una estancia y trabajó muy bien. El mayor llegó en la noche a una tapera. Hizo juego y 'taba áhi cuando del techo le dijieron: -¿Cairé? Y áhi no más salió disparando. —436→Al otro día llegó el del medio, al mismo lugar. Hizo juego y 'taba áhi cuando del techo dijieron: -¿Cairé? Salió disparando, muerto 'e mido. Llegó el mayor a una estancia muy grande y si ocupó. El patrón le dijo que le pagaba toda la plata que quisiera si no s'enojaba. Que si s'enojaba le pegaba una paliza y no le pagaba nada. Y que si el que s'enojaba era el patrón, qu'el le podía pegar la paliza y se llevaba la plata. Este patrón le dio unos trabajos muy malos y el pión s'enojó. Le dio la paliza y lo despachó. Al hermano del medio le pasó todo lo mismo. Cuando se cumplió el plazo se juntaron. Y ya se contaron cómo les había ido. Entonce el menor les dice: -¿Han visto? Eso les pasa por no seguir el consejo de mi padre. Yo voy a ir ahora para hacerles pagar lo que los han aporriau a ustedes. Y se jue. Ya llegó a la casa abandonada. Y hizo juego y puso un asau. Entonces le dicen del techo: -¿Cairé? -¡Cai! -le dice el joven. Cayó una pierna de cristiano. Al rato vuelven a decir: -¿Cairé? -¡Cai! -le dice el muchacho. Cayó otra pierna de cristiano. Al rato vuelta a decir: -¿Cairé? -¡Cai! -dijo el joven. —437→Cayó el resto del cuerpo di un cristiano, y li hablaron los restos. -Yo soy un hombre riquísimo qui ando penando. Y agora qu'hi teníu la dicha de dar con un hombre corajudo le voy a entregar mi fortuna. Y ya le dijo ande tenía unos cántaros con oro y plata. Y le dice: -Saque los cántaros. Y mandemé a decir tres misas. Por eso ando penando. Y lo demás es para usté. Si me cumple, yo lo voy a ayudar en todo lo que usté haga. Al día siguiente este joven cumplió con lo que le había dicho el finado. Sacó plata para las misas y dejó lo demás enterrado. Y se jue. Llegó a la misma estancia que los hermanos y el patrón l'hizo la misma propuesta. Y ya quedaron di acuerdo: el que se enojara, ése iba a perder todo y iba a recibir una paliza. Al día siguiente le dice el patrón: -Áhi 'tán esos güeyes. Atelós a ese castillo. Que el castillo205 era una carreta grande. Y va trair leña. Y va con esa perra. Ande se revuelque la perra, áhi se va hacer una montaña206, y áhi va a cargar el castillo con leña, y se güelve. El joven se puso a afilar su hacha. La dejó que cortaba un pelo en el aire. Se jueron. Llegaron a un punto y áhi se revolcó la perra y s'hizo una montaña. Y él comenzó a hachar árboles y llenó el carro y se volvió pa las casas. No le dieron casi ni de comer, en la noche. Le dijo el patrón que al otro día tenía qui hacer lo mismo. Casi si había muerto del sol qui hacía y del trabajo, y encima no le deban de comer. —438→Al día siguiente ató los güeyes al castillo y se jue. La perra iba adelante. Y como había un bordo207, áhi cerca, en cuanto lo traslomó y bajó a una cañadita, le dice a la perra: -¡Vení, chey, para acá! Entonce la perra le contestó que no s'iba a volver nada. Y áhi se bajó y la amenazó que l'iba a partir con l'hacha, y la mandó que se revolcara. Y ya se volvió la perra y se revolcó. Y mientra la perra se revolcaba, él ya mató un güey y lo carnió y se puso a hacer un asau. Hachó leña y cargó el carro. Comió y agarró y ató a la perra en lugar del güey. Y agarró a guascazos208 a la perra y l'obligó a tirar el carro. Y le decía: -¡Tirá, caráfita209! ¡Tirá, caráfita! -y le pegaba por todos lados. Y, ¡claro!, llegó tempranito a las casas. Cuando vido la perra atada y maltratada en esa forma, que le dice el patrón: -Pero, ¿pórque mi hais atau la perra? ¿Y pórque la maltratáis así? ¿Y pórque mi hais matau el güey? -¿Si ha enojau, patrón? -le dice. -No m'hi enojau, pero no me gusta -les contestó el patrón. -A mí tampoco mi ha gustau -que le dice el mozo. Que esta perra era la mujer del patrón, que si hacía perra, y que el patrón le dice: -¡Cómo hais hecho esto! -Pero s'hi dau con un hombre malísimo. Mirá en el estau que mi ha dejau. Yo no voy más... -dijo la perra. —439→Entonce el patrón le cambió el trabajo al pión y le dice: -Mañana va a ir a sacar leche de las vacas que 'stán en aquél corral. Me va a trair un cántaro lleno de leche. Que va el joven al otro día. Que las vacas eran malísimas. Y lo mandaban pa que lo mataran. Ya en cuanto entró se le vinieron encima, qu'eran vacas muy bravas. Entonce él se puso con l'hacha. A la vaca que si allegaba le pegaba con l'ojo 'e l'hacha y la tiraba al suelo. Cuando voltió la tercera no más, las otras se pusieron mansitas. Y les sacó leche y trajo el cántaro lleno 'e leche. Y ya cayó a las casas. -¡Chey! -que le dice la mujer al patrón- ¡no lu han muerto las vacas! Áhi viene. ¿Quién será esti hombre con ese poder? Al día siguiente lo manda el patrón a domar, y que le dice: -Güeno. Vayasé a aquel corral a domar aquellas mulas. Entonce se jue al corral. Entonce se le vino encima un macho moro malísimo, a atropellarlo y a cociarlo. Y áhi no más le pegó con el ojo 'el hacha y lo mandó al suelo. Lo dejó morimundo210. Al rato lo sacó ajuera del corral, lo ensilló y lo montó. Y el macho salió corriendo derechito, para botarse en una barranca muy profunda qui había. Y entonce él se bajó rápido, li arrancó una oreja y lo largó al macho a la barranca. Y entonce vino al corral y encontró que todas las mulas 'taban con miedo y las amansó a todas. Y al último, agarró una mulita que 'taba áhi y la sacó al trote p'al campo. Entonce jue a quebrantarla, a lastimarla en la boca, como hacen —440→ los domadores cuando los animales son chúcaros211 y muy malos, y ella le dice: -No me quebrantís. Yo soy una niña que me tienen encantada los diablos. Tu patrón es un diablo, y la perra que jue con vos es la mujer d'él. El macho moro era el mismo patrón. Los hijos si hacen animales para matarte. Llevame cuando te vas, porque ya los 'stás venciendo a todos. Ya llegó a la casa y que le dice la mujer al patrón. -¡Chey, allá viene, no lu han muerto nada las mulas! ¿Y qué hacimos con esti hombre? -Y... ¡lo tenimos que matar! -¡Pero, hombre -le dice el patrón- porque me maltratás así los animales! Casi los has muerto a todos. -¿Si ha enojau, patrón? -No, pero no me gusta. -Tampoco me gusta a mí -le dice el joven. Al día siguiente el patrón lo mandó con una tropa 'e mulas gordas, cargadas con trigo y le dijo que juera a un molino a hacer moler el trigo. Encontró áhi otra tropa de mulas flaquísimas y mal aperadas, que venían con harina. Entonce que le dijo al que venía con la tropa: -¿Quiere qui hagamos un trato? Yo le doy mi tropa de mulas gordas con trigo y usté me da su tropa flaca con l'harina. -¡Cómo no! -que le dice el hombre. Y... ¡qué más quería! Y áhi no más hicieron el trato y él se volvió con las otras mulas. —441→Cuando el patrón lo vido llegar se puso muy enojau y le dijo que de ánde traiba esas mulas tan flacas y esos aperos212 tan pobres. Él le dijo que las había cambiado. -¿Si ha enojau, patrón? -No m'hi enojau, pero no mi ha gustau. -A mí tampoco mi ha gustau. -Güeno -que le dice- me vas a cernir esta harina. Aquí me vas a echar el afrecho. Y el mozo en cuanto vido que si acostó el patrón empezó a cernir l'harina por todas partes, por el patio, por los techos. Y al afrecho sí, lu echó como li había señalau el patrón. Al día siguiente se levanta el patrón y ve esto, y áhi no más dice: -Pero, hombre, ¡cómo hais hecho esto! -Y... ¿si ha enojau, patrón? -No m'hi enojau, pero no mi ha gustau. -Güeno -le dice-, mañana vamos a ir los dos al campo. Tempranito recordame213 con agua caliente. El diablo lo iba a sacar para matarlo en el campo. El joven ya si había dau cuenta. El joven se quedó en la cocina esa noche. Con un poquito di harina que tenía hizo una sopaipilla214 y tomó mate. A la media noche puso unos tachos con agua al juego. A la madrugada jue y le zampó l'agua hirviendo al diablo y a la —442→ diabla, y los despertó, y los asó vivos. Y se enderezó también, furioso el patrón, y insultandoló. Y que el joven le dice: -¿Si ha enojau, patrón? -¡Claro! ¡Cómo no me voy a enojar, si me estoy muriendo, y mi mujer también, quemados vivos! Y áhi no más lo sacó y lo ató a un árbol, y le dio una biaba215 que le dejó por muerto. Y jue y largó todos los animales que tenía encantados el diablo, y él sacó la mulita del corral. Áhi no más s'hizo una niña lindísima, y se jue con ella. Y sacó las bolsas de plata que li había ganau al diablo y los cántaros que li había dau el dijunto. Y así se jue a su casa con una tropa de cargas de plata y oro. Y salvó a la gente di aquellos diablos malísimos. Y todo era porque lo ayudaba l'alma del dijunto que salvó. Tomasa Muñoz de Leonti, 56 años. El Durazno. Pringles. San Luis, 1943. Campesina rústica, muy buena narradora. El cuento es una amalgama de motivos de otros cuentos. —443→ 915. El niño sin miedo SAN LUIS Había una señora muy pobre que tenía un chico inavenible216, que la pobre señora no hallaba qui hacer con el chico. Tantos malos ratos pasó, hasta un fin ya tomó parte la polecía. Pero tamién se lo entregaron otra vez a la madre porque nu había manera de componerlo, no tenía miedo a naides. Ya la madre desesperada, una mañana temprano se lo lleva al Padre, a la iglesia, a ver si dejandoló encerrado en la iglesia este chico se reducía un poco. Y el Padre se comprometió hacerseló un niño bueno. Pero el Padre no pudo con él, y se lo tuvo que entregar otra vez a la madre. Un día, llamó un hombre el Padre y hizo hacer un cajón de dijunto, y lu echó vivo en el cajón a un hombre vecino para hacerle tener miedo al chico. Y en la noche le dijo el cura al chico si se animaba a velar un dijunto, solo, porque no podía venir naides y él estaba ocupado. -Cómo no -le dijo el chico. Porque éste no tenía miedo a nadies. El chico tenía la edá de doce años. —444→El cura le dijo al hombre que estaba en el cajón que a la media noche se quejara, qui hiciera crujir el cajón, y que se lamentara, para hacerlo tener miedo al chico. Tarde la noche el hombre, hizo todo lo que el cura le dijo. El muchacho estaba despavesando las velas, cuando oyó el ruido, tomó un palo y le dice al dijunto: -Ya te vuá terminó de matá. ¿Qu'estás haciendo tanto ruido? Ya te vuá arreglá. Así que el chico jue enfurecido a abrir el cajón. Y el hombre, cuando lo vido, salió corriendo. El muchacho salió di atrás y ya lo llevaba estrecho, pero alcanzó a llegar adonde estaba el Padre y se salvó. Entonce el Padre, al otro día temprano, llamó a la madre del chico para entregarseló; no lo podía reducir. La madre lo más desesperada no sabía qué hacer. Tenía una yegua, y le dice al chico: -Hijo, has cansau a la polecía, has cansau al cura, tomá esta yegua y andá a rodar tierra. Lo que tengo pa darte que llevís de comida es este pedacito 'e carne. -Güeno -que le dice el chico y muy contento lu agarró y se jue. |