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Biblioteca de la Academia, códice E 124, fol. 21 r.-53 v., estante 27, grada 4. Á este informe, todavía inédito, se refiere el Sr. Cornide, en su Noticia de las antigüedades de Cabeza del Griego: «Las resultas, dice307, de lo que observó en estos viajes308 y de los trabajos en 17 días que permanecí en Cabeza del Griego, compondrán el informe que voy á dar á la Academia; para el qual he tenido presente el que en 12 de Noviembre del año de 1790 dimos el Señor D. Josef Guevara y yo309 con presencia de todos los documentos remitidos por el Sr. Tavira á S. M., y sobre los quales quiso el Rey oir el juicio de la Academia. Como en dicho Informe se ha tratado con bastante extension de los presupuestos generales, como son la region á que pertenecia este terreno, la ciudad que pudo haber sido de que existen las ruinas, la Sede á que perteneció su Obispo, etc., con las autoridad es de los Escritores antiguos y modernos, no deberá causar extrañeza á la Academia que, aunque en este informe varíe el método, me sirva á veces de las mismas razones que en aquel; pues aun quando esto se mire como una especie de plagio, lo será de un caudal en parte propio, y en parte perteneciente á uno de nuestros individuos, que solo tiene interés en que la Academia quede obedecida, y el público instruido del estado en que se hallan los vestigios de esta antigua poblacion, y del juicio que se puede formar de ellos.» En las notas al primer informe, debido en parte al Sr. Cornide, que sale ahora á luz, irá designado con la palabra Corn. el segundo impreso en el tomo III de Memorias.- F. F.
Excmo. Sr.: Los monumentos que la diligencia de D. Antonio Tavira, Capellán de honor de S. M. y Prior del convento de Uclés, ayudado del zelo de D. Juan Francisco Martínez Palero Alcalde de Sahelices y del del Cura Párroco de dicha Villa, han encontrado en las excavaciones que se han hecho á sus expensas en Cabeza del Griego y sus inmediaciones, cuyo expediente con orden de S. M. ha remitido á examen de la Academia el Excmo. Señor Conde de Floridablanca310, prueban que el sitio en que se encuentran tantas lápidas, inscripciones, sepulcros, vasos, y otros muchos monumentos, así romanos como góticos, fué una antigua población romana, y después habitada por los Godos. Ya merecía este sitio la atención, y observaciones de nuestros Literatos; pues el Cronista Ambrosio de Morales hizo una descripción de él, copiando algunas inscripciones311 que unidas con otras que recogió el Licenciado Francisco Porras de la Cámara, Prebendado de la Santa Iglesia de Sevilla, que floreció á fines del siglo XVI y principios del siguiente, forman el códice que se conserva manuscrito en la Biblioteca de San Isidro el Real de esta Corte, y al que añadió otras de su letra el Padre Rafael Pineda de la extinguida Compañía, Colector infatigable de estos monumentos, á mediados del siglo pasado. Posteriormente en los años de 1765 y 1766, nuestra Academia, atenta siempre á recoger quanto pueda ilustrar la Historia antigua y moderna de la Nación, con noticia de los descubrimientos que se hacían en el expresado sitio, comisionó á D. Josep Alsinet para que desde Aranjuez pasase á Cabeza del Griego; y por sí mismo examinó todo, y expuso su dictamen en carta dirigida á nuestro Secretario D. Lorenzo Diéguez con fecha de 26 de Octubre. En 27 de Diciembre del año siguiente de 1766, D.
Thomás de Torres y Moya Prior de Uclés contestó al encargo
que le hizo la Academia para que formase una Disertación, recogiendo
todos los monumentos que pudiese, y solo remitió algunas medallas
En este estado ha permanecido la excavación y descubrimientos, hasta que la diligencia y amor á las letras de D. Antonio Tavira Obispo electo de Canarias, y el zelo de Don Juan Francisco Martínez Falero, del Cura de Sahelices, del de la Fuente de Pedro Narro, del Padre Gabriel López Religioso Agonizante y Lector de Theología en su Colegio de Alcalá, de D. J. Ramón Martínez Falero Lector de Theología en su colegio de Alcalá, con otros muchos interesados en las glorias de aquellos pueblos, ó por naturales de ellos, ó por tener allí su residencia y empleos, han emprendido de nuevo las excavaciones; unos costeándolas de sus propios fondos y dirigiéndolas con juicio y acierto, otros ilustrándolas con oportunas y eruditas observaciones, otros depositando y conservando cuanto se extraía de las excavaciones, y finalmente contribuyendo todos á que se conserven como monumentos preciosos, que pueden ilustrar nuestra Historia antigua, profana y eclesiástica. Con presencia de todos estos documentos y de la que hemos visto en los historiadores y geógrafos que hemos consultado, expondremos nuestro dictamen. Parece innegable que en Cabeza del Griego, ó su inmediación, hubo una ciudad célebre en tiempo de los romanos; porque la multitud de inscripciones, medallas y sepulcros, y el particular culto y veneración que daban á Diana, á quien tenían consagrado un delubro ó templo con su bosque ó luco, de que hace prolija descripción Morales en el citado manuscrito, lo dan bastante á entender. No solo aquel sabio historiador nos ha conservado varias inscripciones descubiertas en este sitio, sino que prolijamente ha dibujado varios bajos relieves, entallados en una peña inmediata, en que se ven figuras alusivas á las ocupaciones de aquella diosa, como son cazadores, perros y animalillos que parecen conejos, debajo de los cuales se hallan algunas letras, que parecen resto de algunas dedicaciones y enterramientos. No solo tuvimos presente este códice que nos ha
franqueada la generosidad de D. Cándido María Trigueros, segundo
bibliotecario de los Reales Estudios de San Isidro, sino una noticia de
Para proceder, pues, con algún orden, daremos primero noticia de ellos con distinción de los tiempos á que corresponden estas dos clases de monumentos; y procurando desentrañar, en cuanto nos sea posible, su sentido, pasaremos en segundo lugar á discurrir de qué población antigua pueden ser estas ruinas, concluyendo con la aplicación de los bienaventurados obispos que se han hallado enterrados en medio de ellas, y el descubrimiento de cuyas sedes debe interesar más nuestra curiosidad en cuanto contribuya (como observa el erudito Prior de Uclés) á aumentar el catálogo de nuestros prelados. Monumentos romanos
Todos los monumentos de que se dará razón se hallan en el distrito de la Cabeza del Griego; pero no sucede lo mismo con las inscripciones, pues algunas de ellas se condujeron con las piedras en que se hallaban esculpidas á la villa de Sahelices, en cuyos edificios se han empleado. Bajo el número I se contiene la vista perspectiva del sitio de las excavaciones y las villas de Uclés y Sahelices, vecinas á ellos. II. Contiene este número siete fragmentos de
inscripciones y una completa. Todas parecen sepulcrales por las fórmulas
en que están concebidas; pero solo forma sentido la quinta en orden, que
es una lápida sepulcral de forma bislonga, y de la cual resulta que un
tal Rufo, hijo del médico Philúmeno, cuidó de que
III. Contiene cuatro inscripciones, que igualmente parecen sépulcrales: la primera316, que solo conserva como la mitad de su largo, es una dedicación de una mujer llamada Octavia á otra llamada también Octavia Pliada317, que sería su madre ó su hija; adornan el cuadro en que se halla la inscripción, varios ramos de flores, y en la parte superior dos cabezas de leones, en medio de las cuales se descubre otra de mujer, colocada en el centro de una flor de siete pétalos. Los números 4.º, 6.º y 7.º no hacen sentido; el 2.º es un hierro plano y delgado de una figura caprichosa, según va representada, pero cuyo uso no se puede comprender. El 3.º es un sepulcro ó lucillo de una sola pieza, excepto la cubierta, y de cuya forma hay otros tres en el mismo sitio. El 5.º es una pieza de bronce de un palmo de diámetro, que según va diseñada, no percibimos á qué uso pueda haber servido; pero en las notas remitidas se dice que fué el de lámpara de cuatro vasos pequeños, y que se halló inmediata á los sepulcros; aunque no de la forma ordinaria, puede haber sido una lámpara sepulcral. El 8.º es un pedazo de estuco mezclado de yeso y cal, blanquísimo, de dos dedos de grueso y media vara de ancho, con algunos dibujos que parecen de estilo gótico. IV. Contiene varios fragmentos de vasos de barro de color
encarnado, con figuras de relieve, y en los que se reconocen las
marcas de los alfareros; entre las
figuras, hay en uno de los cascos los medios cuerpos delanteros de dos caballos
en ademán de tirar un carro de forma elegante; en otra, una cabra, y en
otro, dos figuras con ropa, talar y los brazos desnudos, que por hallarse sobre
unas ruedas imaginamos sean de la Fortuna, como en
V. Es una copia de los bajos relieves318 que ya describió Morales, y de que ahora hace mención y remite también el diseño el cura de la Fuente de Pedro Narro; la relación dice que ocupan más de dos varas de largo y como una de alto; representan como cuatro capillitas; las de los extremos tienen frontispicios circulares y las del centro triangulares, con dos figuras de hombres y dos de mujer alternadamente. Entre las pocas letras que se conservan, se conoce que esta obra fué dedicada á Diana, pues la primeras letras de la primera línea son VE SACRVM SIBI. Aunque la primera letra parece una V ligada con diptongo, como aparece campo suficiente para que hubiesen existido las tres primeras letras de la palabra DIANA, y la primera pierna de la N nos atrevemos á proponer esta conjetura, que se confirma muy bien con los atributos de una diosa cazadora mezclados con las figuras. Estas, dice la relación del Prior de Uclés, que son de relieve, y qué tienen poco primor; pero Morales, que sin duda las reconoció más bien conservadas, asegura que uno de los perrillos, no mayor que un dedo, estaba trabajado con esmero. VI. Contiene un frasquito de cristal de forma oval y con una especie de asilla para llevarle colgado. El olor agradable, que aún conserva, supone haber tenido el destino de conservar aromas ó perfumes. La relación dice que se halló dentro de un sepulcro, y que tenía unas líneas que vistas á la luz parecían rosas y esto no repugna al ministerio dicho. El núm. 2.º es una especie de pendiente de varias piedras y oro. Los números siguientes contienen siete fragmentos de inscripciones, de las cuales nada se puede comprender, ni aun unidas, como es verosímil (por la forma de las letras) lo estuviesen. El núm. 10 y el 11 no hacen sentido. VII. Contiene un vaso de bronce, de figura elíptica,
del tamaño
En este número viene igualmente diseñado un busto ó más bien un tronco de piedra sin cabeza, que la relación asegura es de bella forma, de tamaño mayor del natural y con su base. VIII. Contiene otro tronco de una estatua de alabastro, de vara de alto; el ropaje, que es de bella forma, le cubre los pechos y la parte inferior del vientre; lo que nos hace creer sería de mujer, y acaso de la casta Diana en traje de monte; el núm. 2.º es una hebilla de bronce ó latón dorado á manera de una aldaba del tamaño que viene figurada, y en cuya parte inferior se reconoce una cruz de Malta, que la relación dice pudo haber sido formada casualmente. El núm. 3.º contiene tres casquitos de ladrillo de figura de losange y de diámetro de línea y media, que parecen piececitas de algún pavimento mosáico. IX. Contiene las inscripciones conducidas al lugar de Sahelices y colocadas en varios edificios: 1.ª, un serafín319 de bella escultura antigua, según la relación, colocado en una piedra sobre la ventanilla de una casa; esta figura, por más que diga la relación, no nos parece de forma antigua, ni fué conocida sino de los Israelitas en el adorno del arca del Testamento. Los números restantes 2.º, 3.º, 4.º, 5.º y 7.º son fragmentos de inscripciones en piedra común. En el 5.º, que consta de los fragmentos de tres líneas ó renglones, contiene la última las cinco letras siguientes: GRINI. Lo advertimos por lo que más adelante se dirá. La 6.ª parece sepulcral, y la relación dice que es de alabastro, sospechando que pudiese haber sido parte del sepulcro de esta materia que va diseñado en papel aparte. X. El núm. 1.º es una piedra sepulcral320 de
figura oblonga
La 3.ª es otra memoria sepulcral322 en que se señala la sepultura de Tilo Valerio, hijo de Cayo Apto de la Tribu Galeria, natural de Valeria, y muerto en edad de 5 años. Tiene de particular esta inscripción que la sigla de Cayo es un a K. La 4.ª es otra dedicación323 hecha por Cecilio Barsamis á su mujer Cecilia Pámphila, que murió á los 32 años 10 meses y 16 días de su edad. Las tres primeras de estas inscripciones están en la pared foral de la casa de D. Sebastián (así se explica la relación); la del núm. 4.º en la de D. Esteban Sánchez; las piedras del núm. 3.º y 4.º tienen unas colas de milano que indican haber sido hechas separadamente, y dispuestas de modo que pudiesen ajustarse á los sepulcros que estarían fabricados de antemano. XI. Este número contiene 9 inscripciones, algunas de
mala conservación, y entre todas, solo las del núm. 1.º,
2.º y 3.º se pueden considerar como romanas324,
debiendo referirse las demás al tiempo gótico. De aquellas, la
1.ª es una dedicación al Buen Suceso; la 2.ª una piedra
sepulcral puesta por Manilio Victorino y su mujer Fabia á su hijo
Quintiano Cecilio Porciano notario, muerto en la edad de 30 años; la
3.ª se refiere por las últimas cuatro letras de la fórmula
ordinaria de las piedras sepulcrales ser de las de este género puesta
por unos libertos á su patrono. De las góticas hablaremos cuando
se llegue á esta clase; y por ahora añadiremos al antecedente las
de que hace mención el cura
Expresamente habemos reservado para este lugar la del
número 9.º, porque las pocas letras que en ella se conservan pueden
dar materia á nuestras conjeturas328. No es
fácil adivinar lo que aquellas quieren decir; pero es probable que
hallándose las cuatro letras GOBR en la segunda línea y en la
tercera un DE fuesen parte de alguna dedicación de estatua hecha por los
segobrinenses, y pagada con su dinero, como lo da á entender la
fórmula DE á que se seguiría el
SVO FECERVNT.
Esta piedra no creemos esté bien copiada, ni en sus letras, ni en su
forma, pues se
A la noticia del cura de la Fuente de Pedro Narro acompaña un diseño de unos bajos relieves, que dice estar entallados en una montaña, camino de Almonacid y son los mismos que los de que hace mención Morales y el Sr. Tavira; pero nada añaden que pueda aumentar nuestras conjeturas sobre su destino. Monumentos góticos
1.º Las antigüedades góticas empiezan por el plano de una iglesia cementerial329 que por su forma se cree de arquitectura gótica, y en cuya descripción no nos detenemos porque acompaña la remitida por el Prior de Uclés, y la del cura de la Fuente aún más extensa y detallada. Los números 2.º y 3.º igualmente descritos por dicho Prior330, son varias tablas de alabastro con adornos de color rojo. Como estos principalmente señalan el lábaro ó monograma de Cristo, los suponemos de personas católicas. Los adornos se resienten todavía del buen gusto de las artes y tienen semejanza con los que ahora se llaman grecos. El cura de la Fuente se inclina á que el vaso ó
ánfora, y los peces sean señales de haber sido sepultado
allí algún santo mártir, y que aquel tinturado de color
rojo tenga alusión con la sangre derramada en el martirio, y los peces
ó animales indiquen haber sido echado el mártir á las
fieras ó las aguas, y aún que este santo mártir se llamase
San Félix y diese nombre al lugar de Sahelices. Nosotros solo
observaremos que los peces en sepulcros son señales de haber sido
enterrados en ellos personas cristianas regeneradas con el agua del Bautismo;
que á eso aluden los dichos peces, aunque no ignoramos que los delfines,
cuales
La materia de estas tablas es, según la relación, de alabastro; y esto supone la abundancia que de esta piedra había en las inmediaciones de Cabeza del Griego; y de su espesor, resulta la facilidad de dividirla en láminas en la forma que lo refieren Plinio y San Isidoro, como adelante se dirá. En el número 3.º se propone otra de estas láminas en que se halla dibujada una pirámide truncada por la parte superior, sin que se explique si era parte de dicho sepulcro, ó destinada á alguna obra; lo que hace el cura de la Fuente de Pedro Narro, pues dice estaba en el fondo de un sepulcro. Lo cierto es que las pirámides eran símbolo de la eternidad y adornos muy comunes de los sepulcros; aquella en su forma se aproxima más á la de obelisco, y en su elegancia no desdice del buen tiempo de las artes. 6.º Contiene dos piedras cuadrilongas, la una íntegra, y la otra truncada con adornos de bocel y media caña, y cuatro corazones en sus ángulos. Estas piedras se proponen en la relación como aras; pero el cura de la Fuente de Pedro Narro cree son sepulcrales; y nosotros nos inclinamos á lo mismo, y que los canales que tienen en la parte inferior sería para fijarlas en las tumbas ó lucillos como se verifica con las otras ya referidas. 7.º Este número contiene cuatro columnitas; las dos de ellas íntegras y las dos truncadas. La primera tiene en la parte superior una excavación cuadrada que supone haber tenido otra pieza que pudo haber sido cruz ó cosa semejante. 8.º Contiene tres capiteles de dos columnas y una pilastra; el primero supone el tronco estriado, y en el capitel se ha querido imitar el orden jónico. El segundo es caprichoso, y en lo que debía ser capitel figura una corona de hojas de encina. Nos parece de gusto romano, y que con la pilastra que igualmente tiene adorno de hojas pudo haber servido en algún templo de Diana que parece era la deidad favorita de estos contornos. 9.º Adornos de yesos con labores que parecen
góticas. En el fragmento mayor se descubren vestigios de un monograma,
que
10.º Trozos de labores de yeso (según la relación), góticos, pero á nuestro juicio hay entre ellas algunas que parecen romanas. 11.º Otros labores y piedrecitas, cuyo uso no se comprende. Entre estos diseños se halla el de un vaso de figura cónica, que en la relación se propone como candileja de lámpara; pero á nosotros nos parece lacrimatorio; respecto su parte inferior parece acomodada, para que teniéndolo en la mano se pudiesen recibir las lágrimas. 12.º Fragmentos de vasos de barro encarnado con figuras de relieve. En el mayor que parece parte de una tinaja se reconoce la figura de una cabra con varios adornos de hojas de encina; y todo puede tener alusión al culto de Diana, y haber servido acaso para uso de su templo. Otro trozo tiene dos palomas; otro un pino, y en el fondo de dos de ellos se hallan las marcas de los fabricantes hechas con sello. 13.º Contiene la más extensa, la más inteligible y la más apreciable inscripción331 por ser un elogio de las virtudes de un obispo llamado Sefronio, en versos pentámetros y exámetros de mediano estilo. Está escrito en letra gótica del siglo VII según su forma, pues hallándose esta lápida dividida en varios trozos, por desgracia no se ha descubierto hasta ahora el en que se hallaba la era, quedando solo de ella su final, que con una V y III compone 8. Tampoco expresa de qué iglesia hubiese sido este obispo, pero más adelante formaremos algunas conjeturas para averiguarlo, pues ahora nos contentaremos con explicar el sitio en que fué descubierta esta lápida. Y para ello y para inteligencia de las siguientes, es menester
tener presente que, según las relaciones del Prior de Uclés y del
cura de la Fuente, consta que á la parte Oriente y fuera de la antigua
población se ha descubierto una iglesia de la forma que se demuestra en
el núm. 1.º de los monumentos góticos. Esta constaba
14.º Estas son dos de á diez palmos de largo y
tres y medio de ancho, y se hallaban en una capillita ó bóveda
inferior, elevadas del suelo como cinco palmos apoyadas contra las paredes y
sostenidas de unas murallitas por la parte que miraba al cuerpo de ella; debajo
de ellas fué adonde se hallaron varios huesos, que recogidos con la
debida decencia y precaución fueron conducidos á la iglesia de
Sahelices; estos huesos conjeturamos estuvieron resguardados en alguna caja de
madera por haberse descubierto con ellos algunos clavos; creemos igualmente que
sean de los venerables obispos Nigrino y Sefronio, por expresarlo así
una inscripción de letra de bella forma gótica332 de pulgada y media de alto, que en una línea
seguida dice:
hic sunt sepulcra sanctorum y en
otra dividida en dos en la lápida de la derecha,
Nigrinus
Episc. y en la de la
izquierda,
Sefronius
Episc., esto es:
«aquí están los sepulcros de los santos en el
Señor; este es el de Nigrino obispo, y este es el de
Sefronio.» La tal inscripción bien observada explica que la
caja ó separación era común á los dos sepulcros,
pero que estos se hallaban separados entre sí por medio de una murallita
y sostenidos de otras dos paredillas que serían como de durmientes.
Nosotros no entramos en la difícil cuestión, si la
expresión de su título y las demás señas de respeto
y veneración con que se observa fueron tratados estos cuerpos, como
igualmente las de que se sirve el elogio de Sefronio, son razones
15.º Contiene este varias inscripciones romanas que ya van explicadas bajo el núm. XI, y otras de carácter gótico; entre las cuales, la más notable333 es la del centro, señalado con el número 8.º Esta es una piedra de forma cúbica, ó como un dado de media vara de largo y un palmo de ancho; las letras están poco profundas, y al parecer grabadas con un clavo ú otro instrumento poco oportuno (según lo da á entender la relación) en sus dos costados; tiene dos muescas de alto abajo que parecen dispuestas para fijarla en algún pretil ó baranda, y hallándose escrita por la parte superior y anterior, se deja bastante entender que no estuvo embutida en alguna pared como lo supone la relación que se halló, sino en sitio bajo, de modo que se pudiese leer por arriba y por delante; esto y las ya citadas entalladuras ó muescas nos hace creer que primitivamente estuvo ingerida en una de las gualderas de un sepulcro compuesto de varias piezas. Las letras, que como va dicho, son de pésima forma, parecen componían epitafio sepulcral de persona llamada Honorato, que es la palabra con que empieza la primera línea, aunque puede haberle acontecido otra; pues en el hueco superior en que se descubre una cruz mal formada, con unos garabatos que parecen peana, aún queda campo para algunas letras y aun para una dicción que podía ser la de hic jacet. A la palabra noratus se sigue con separación la dicción BI y luego ATI, que puede haber sido principio de Antistes. Esto, y el leerse en el resto de la inscripción las expresiones super oves, Deo credat, y las palabras Ecclesia y vivere, nos hace creer, con los señores que han tratado de estos monumentos, que puede haber sido puesta á algún santo prelado de esta iglesia llamado Honorato, con lo que ya tendremos tres no conocidos hasta ahora.
En el núm. 6.º334 quiere el cura de la Fuente que se descubra otro, y que sea el Antonio que firmó en el Concilio IV de Toledo; pero el Prior de Uclés opina de distinto modo, y hallándose también opuestos en el de copiar la inscripción, no es muy fácil decidir. El primero la propone así:
esto es, una A en la segunda línea y la O, y vestigios
después de la I de haber habido una V y S. El Prior de Uclés solo
nos da en la segunda línea una
El núm. 7.º solo presenta inteligible la palabra EPISC, pues es un trozo de lápida335 que se conoce recortada por todo su contorno. En su parte superior hay vestigios de otras tres letras que nada dicen.
El núm. 4.º es otro trozo336 en el mismo estado, y del cual se conservan algunas letras en
tres líneas; la primera contiene una M, luego un claro; se sigue la
sílaba SE, y otro claro, y termina con RO; la segunda línea,
después de un claro capaz de cinco letras, termina con las tres PAT, la
tercera empieza con otra
Aún á esta no nos da lugar la lápida del núm. 9.º con que ponemos fin á esta fastidiosa explicación. Su inscripción337 se halla en una porción de piedra de poco más de un palmo de largo y menos de ancho, según dice la relación. Pero de su diseño se infiere que fué más larga. Aquella, añade, que se halló con natural colocación en la pared cerca de la del núm. 8.º338; pero nosotros creemos que allí no fué puesta, primitivamente. Sus letras son muy extrañas, pues tienen una mezcla de las llamadas góticas modernas y de las primitivas de esta nación; esto es, de las Ulphilanas, si acaso al tiempo de copiarlas no se han desfigurado, y esto puede ser causa de que por más que lo asegure la relación del señor Prior no las tengamos por semejantes en el todo á las del núm. 8.º, en que el cura de la Fuente propone estas letras con una regularidad, y dice que las cree un enigma indescifrable, para aclarar el cual se propone reconocerlas. En tanto que este señor cura no desempeña su oferta, suspendamos también nosotros nuestro juicio, pues tampoco nos hallamos con pretensiones de Edipos.
Otros monumentos. Caminos. Discusión
geográfica é histórica
Los restantes monumentos, de que no tenemos copia, de unos por no estar enteramente descubiertos, y de los otros por no ser susceptibles de ellas, son un amphiteatro, un delubro ó templete, dedicado á Diana, y vestigios de dos caminos. Los dos primeros ya se sabe el uso que pudieron tener, y que suponen ciudad célebre y habitada por gentes cultas y religiosas, como que la divinidad favorita entre los segobrigenses era la de Diana, acaso por ser este un país propio para la caza. Los caminos o vías militares suponen frecuencia de tropa, magistrados y comercio; pero no podemos ocultar que estos caminos no son de los contenidos en el Itinerario de Antonino, pues el más cercano de este sitio era el que pasaba de Laminio á Titulcia, por Muro, Alce y Consaburum, que corría más al Occidente, como va señalado en nuestro mapa339, y como es preciso sucediese para que se verifiquen las distancias señaladas en dicho Itinerario entre Laminio y Alce, reducida á Quero ó el Toboso, y entre Alce y Consaburum, hoy Consuegra; pero el no mencionarse en el Itinerario, no excluye estos caminos que pudieron ser muy bien como unas hijuelas de los mencionados para pasar con más brevedad ó por compendio á las partes de Calatayud y ciudades vecinas y dar comunicación á nuestra Segobriga. El determinar la dirección de estos caminos, y aun de las muchas antigüedades de esta región, merece un reconocimiento más detenido, hecho por persona instruída en ciertos principios, sin los cuales son comunes los errores. Para ello es menester averiguar primero á qué
parte de nuestra España pertenecen, según las divisiones
antiguas. Y siendo la primera de estas la que entendemos por Citerior y
Ulterior, basta solo leer á Plinio para que se conozca que el sitio de
Cabeza
Veamos ahora á qué región de la
España correspondía este sitio. Estrabón, de cuyo
conocimiento y exactitud en señalar los límites naturales de
aquellas no se puede dudar, nos dice que en esta parte de la España, y
después de vencido el monte Idúbeda por los que venían de
la Italia, se entraba en una extensa y montuosa región, áspera
por la mayor parte y regada de varios ríos, como son el Anas, el Tajo y
otros varios, entre los cuales cuenta igualmente el Duero, que naciendo todos
en esta región, iban á tributar sus aguas al Océano
occidental; que su nombre era el de Celtiberia, y que á su Norte
caían los pueblos llamados Verones; á su Occidente, los
Asturianos, Gallegos, Vacceos, Vettones y Carpetanos; al Mediodía, los
Oretanos y parte de los Bastetanos, que habitaban el monte de Oróspeda;
y que al Oriente (esto es, por donde empezó la descripción),
caía ya el dicho monte Idúbeda342.
Por esta individualidad de Estrabón se infiere lo mismo
Determinada ya la región á que pertenecen
nuestras ruinas, pasaremos á discurrir de qué población
puedan haber sido. Eran muchas las de los Celtíberos; pues en una sola
ocasión, después de rendida Contrebia, se le entregaron al
procónsul romano Cecilio Metelo ciento y tantas, de cuyos nombres no nos
ha quedado noticia; ni podemos persuadirnos que todas fuesen ciudades, tales
cuales hacen mención los historiadores de la guerra celtibérica y
de los generales que obraron en ella, y otras que nos refieren los
geógrafos. Las primeras son Contrebia, Nertobriga, Contobriga, Ercavica
ó Arcabica, Alce y Segobriga. Entre las segundas Plinio menciona
á Clunia, Numancia, Valeria; Strabón á Numancia,
Bílbilis y Segobriga; y finalmente, Ptholomeo, que es el que con
más extensión é individualidad emprendió la noticia
de los pueblos existentes en su tiempo, considerados, no solo por su
situación en la tierra, sino por la relación que tenía con
los grados celestes, aunque no tan feliz en lo segundo como en lo primero acaso
por incuria de los copiantes de sus códices, es el de quien podemos
sacar más noticias para atinar con los pueblos conocidos de nuestra
región. Eran estos, según el ya referido geógrafo,
Belsino pueblo en el camino de Osina
á Zaragoza,
Turiasa
Los ocho primeros caen indudablemente mucho más al
Norte y Oriente, que Cabeza del Griego, Consuegra es mucho más
occidental; Valeria, es indubitable su situación por las exactas
relaciones de su sitio que nos han dejado los Padres Burriel y Flórez;
Numancia, todo el mundo conoce su situación cerca del puente de Garray;
Ergabica la sitúa el mismo Flórez, Morales y el moderno cura de
Azañón á las márgenes del río Guadiela, bien
sea en Pella Escrita no lejos de Priego, bien siete leguas más abajo en
el sitio Santaver cerca de Cañaveruelas y Alcobufate, y el historiador
de Molina, Portocarrero, la quiere llevar á la capital de aquel
señorío; Alce la sitúa Flórez hacia el Toboso, y
así es preciso para que resulten las distancias entre esta ciudad y las
de Laminium y Consabura, propuestas en el itinerario de Antonino; con que,
queda reducida la cuestión entre Bursada, Laxta, Istonium, Libana,
Urcesa y Segóbriga. De las cinco primeras ni conocemos bien el sitio, ni
tenemos monumentos por donde rastrearlo345;
pues ni aun los autores que hablan de la guerra celtibérica se acuerdan
de ellas. Tampoco tenemos más noticia que la que nos da Ptholomeo, que
indistintamente señaló el dulas poblaciones famosas y el de los
pequeños lugares. Por eso debemos fijar nuestra consideración
sobre la última, esto es, sobre Segóbriga,
Segóbriga era, según Plinio, cabeza de la Celtiberia, atributo que es difícil entender en qué sentido lo toma este autor para que no se oponga al texto de Valerio Máximo, que atribuye igual distinción á Contrebia; y por esta razón, y por el contexto del mismo Plinio en el ya citado libro, cap. 3.º, en que trata de la España citerior, inferimos que la palabra caput no significa cabeza ó metrópoli, sino principio. Plinio había en la Andalucía recogido las memorias con que después escribió su historia natural y descripción de España; y por consiguiente, podía muy bien llamar principio de la Celtiberia á una ciudad la más próxima á la región en donde se hallaba, así como poco más adelante llamó finis Celtiberiæ á Clunia, que era la más distante hacia el Norte. Que Segóbriga no era Contrebia, se deduce de los textos de Valerio Máximo; pues suponiendo que por aquella hubiese entendido lo que llama Centóbriga, atribuye á estas dos ciudades dos acciones distintas á un mismo tiempo, hechas por Metelo, cuales fueron haberse retirado de la una por consideración á su amigo Rethógenes, y haber expugnado á la otra con cuatro cohortes, poniendo en uso el rigor de su disciplina. Por otra parte, la célebre batalla que nos refiere Strabón se dieron Metelo y Sertorio entre Bílbilis y Segóbriga, la contrae Salustio á Contrebia; lo que supone que eran ciudades distintas esta y Segóbriga. Esta batalla es una nueva prueba de que Segóbriga
debía caer por estas partes. Para hacerlo más demostrable, es
menester detenernos un poco en referir algunas acciones de la guerra
celtibérica, combinando lo que dicen Plutarco, Strabón, Livio,
etc., que explican Diego, Escolano, Ocampo y Morales, y que ha reproducido con
no menos individualidad el moderno Masdeu.
Pero la enseña que más puede conducir para
hallar el nombre de nuestras ruinas, es una noticia que nos ha conservado
Plinio, y de quien después la tomó nuestro San Isidoro en sus
Etimologías. Esta es la de una
cantera de piedra alabastrina, á la cual, por su transparencia y por el
uso que hacían de ella, empleándola del mismo modo que nosotros
los cristales ó vidrios guardados para transmitir la luz á lo
interior de los edificios, cortando y reduciéndola á delgadas
tablas, que según su mayor ó menor grueso aumentaban ó
disminuían su transparencia. El naturalista dice que esta beta era solo
propia antiguamente de la España Citerior y circunscripta al preciso
espacio de 100.000 pasos, cercano á la ciudad de Segóbriga347. San Isidoro dice en
sustancia lo
Por ahora nos contentamos con decir que teniendo la cantera
indicada por Plinio y más circunstanciada por San Isidoro en la cueva
del Toro, distante solo una legua de nuestras ruinas; y aun más cerca de
ella la misma beta, como lo dice el cura de la Fuente de Pedro Narro, pues
asegura estar solo á media legua á donde llaman
Fuencaliente; teniendo en las mismas
ruinas tal abundancia de esta piedra en columnas, sepulcros y aun restos
No disimularemos que de este mismo argumento se han valido los autores valencianos que quieren atribuir este nombre á la moderna Segorbe, suponiendo como lo supone Escolano, que en ella hay cantera de piedra, de luz ó especular, y corroborándola con la autoridad de Antonio de Nebrija, en el prólogo de cuyo diccionario dice se halla la especie; pero con licencia de Escolano, Nebrija no dice tal cosa, como se puede ver en el citado prólogo; y el absoluto aserto de hallarse esta cantera cerca de Segorbe solo se funda en que creyendo que esta ciudad es la antigua Segóbriga le aplican lo que dicen Plinio y San Isidoro. Es cierto que en Valencia hay cantera de piedra de luz cerca de Picacente, como lo dice Escolano; lo es que la hay en Sarrial á siete leguas de Tarragona, como lo asegura Pons en su tomo XIII, pág. 119 de sus Viajes, que dice haberla visto en aquella ciudad; pero esto solo prueba que Plinio no tuvo buen informe en limitarla solo al espacio de los cien mil pasos ó que en su tiempo no estaban descubiertas las canteras de Valencia; pues sino, hubiera hablado de ellas. Pero para que este argumento tuviese toda su eficacia, era preciso que la cantera de piedras especulares estuviese cerca de Segorbe, como lo está la de Cabeza del Griego. Pero ya que hablamos de una de las razones en que se fundan
los autores valencianos para querer reducir á su reino la antigua
Segóbriga, y que este empeño puede disminuir la fuerza de las
conjeturas que tenemos de que pudiese haber estado en nuestra Cabeza del
Griego, será justo que procedamos ahora á poner en claro este
punto, que se reduce á que así como los sabios castellanos
Antonio Agustín, Morales y Mariana de que solo hacemos mención,
porque su celebridad los exime de que los escoltemos con otro gran
número de autores de inferior nota, no tuvieron dificultad en asignar el
sitio de nuestra antigua y célebre ciudad de Segóbriga al de
Cabeza del Griego; así los principales autores valencianos Beuter,
Escolano y Diago, se empeñaron en reducirla á la moderna Segorbe,
á cuya opinión dió nueva fuerza la autoridad de los
modernos Flórez y Masdeu, no obstante que el primero (como observa en su
ya citada carta nuestro académico
Entre los patronos de esta segunda opinión cuentan los que la llevan á los juiciosos Ocampo y Nebrija, mas el primero350, aunque supone el nombre de la moderna Segorbe, como equivalente de la antigua Segóbriga, no por eso deja de situar esta población en la Celtiberia, y á diez ó doce leguas de Moncayo, y ya se ve que este monte (que cae entre Tudela y Tarazona) está mucho más distante de Segorbe que de Cabeza del Griego. El segundo, hablando en su prólogo al Diccionario latino, de varias cosas de que hicieron mención los antiguos, y que ya no se hallan, dice: ¿dónde están en Aragón, cerca de Segorbe, aquellos mineros de piedras que traslucían? De lo que se infiere que juzgaba, que la cantera de que habla Plinio debía reducirse á este reino y no al de Valencia, ó que á lo menos estaba muy dudoso sobre la reducción de este pueblo. Por otra parte, dos razones de las más poderosas que
militan contra Segorbe son que, hallándose situado á la corta
distancie de dos leguas de
Liria ó
Edeta, capital de los edetanos, pueblos
distintos de los celtíberos, de quien los separaba el monte
Oróspeda, según los antiguos geógrafos, y á cuya
parte meridional caen Liria y Segorbe, ya se conoce, que no podía estar
en esta Segóbriga, pueblo celtíbero y septentrional al
Oróspeda. La segunda se funda en las graduaciones de las tablas de
Ptholomeo, que aunque con algunos errores no dejan á veces de tener
fuerza, cuando no obsta cosa en contrario. En dichas tablas se sitúa,
á Edeta ó Liria, en la latitud de 39º 25', y á
Segóbriga en 40º y 40', poniendo cuando menos entre las dos como
unas veinticinco leguas. Todos saben que Segorbe solo dista como unas dos
leguas al Nordeste de Liria; con que aun cuando se le rebajen estas de las
veinticinco, quedará reducida la diferencia entre la Segóbriga
celtibérica, y la que se supone cerca de Edeta, á veintitres
leguas, y no
La mayor fuerza de la opinión de los autores valencianos, y aun de los que les han seguido, se apoya en los documentos que se tuvieron presentes para la erección del obispado de Albarracín, y en la donación que hizo á esta iglesia el moro valenciano Zeite Albuzeite. Para poder hacer juicio de la fuerza de este argumento, es indispensable dar á V. E. una noticia ligera del motivo que hubo para la erección en obispado de la villa de Albarracín, y es en la manera siguiente: Sufocado el nombre de la Sede Segobricense, desde el
año de 693, en que cesa la memoria de sus obispos, con la asistencia de
Anterio al Concilio XVI toledano, y olvidado con el trastorno que por estas
partes causó la irrupción de los moros hasta el sitio adonde
había existido, suscitó la Divina Providencia la persona de un
caballero navarro, llamado D. Pedro Ruiz de Azagra, que habiendo hecho la
guerra á los moros en el confín de los reinos de Castilla,
Aragón y Valencia, llegó á tener tanta mano con el rey
Lobo de Valencia, que le concedió en pleno dominio el castillo de
Albarracín, situado en aquella parte de montañas que cae ya
dentro de Aragón, y fijando en él su residencia se declaró
vasallo de la Virgen, porque su nueva adquisición se intitulaba
Santa María de Albarracín,
y para que sus vasallos no careciesen del debido pasto espiritual
solicitó con el legado pontificio de Alejandro III, y con el arzobispo
de Toledo Zerebruno, que erigiesen la ciudad en silla episcopal, eligiendo por
primer obispo á D. Martín, como efectivamente se verificó
en el año 1172. Y discurriendo el arzobispo qué nombre le
impondría á la nueva Sede, la dió el de
Arcavicense, por creer que
Albarracín caía en el distrito de esta antigua silla, no menos
ignorado que el de Segóbriga, pero dudando luego de lo mismo que antes
había creído, ó reclamando acaso el obispo de Cuenca la
Silla Ercavicense, al cabo de cuatro años convirtió este en
Segobrigense; y de este
En Segorbe se ha conservado hasta el tiempo de Llanzol de
Romani y de Molina, la base de una estatua, erigida por los segobricenses
á un tal Lucio Emilio, según asegura Escolano y Diago, y de la
cual se han valido todos los que han reducido á Segorbe la antigua
Segóbriga, para probar allí su existencia. Pero dejando aparte el
argumento de que por igual razón se podría reducir á
Tarragona y aun á Narbona el sitio de Segóbriga, pues allí
se hallan también dedicaciones de los segobricenses que trae Masdeu, y
no deteniéndonos en que el Dr. Siruela niega la existencia de tal
inscripción en Segorbe y la supone en Tarragona, porque su autoridad no
es comparable en esta, parte con la de Llanzol de Romani y Molina, que aseguran
positivamente haberla visto, creemos que esta base, que sin duda se
conservó visible, ó en todo ó en la mayor parte, todo el
tiempo de los godos y aun de los moros, pues existía en el del Llanzol;
fué la que dió origen al nombre de Segorbe tomado de las tres
primeras sílabas de la palabra segobrigenses, que acaso serían
las únicas visibles ó existentes en algún trozo de la
base, y que por ellas se denominó castillo de Segorbe, dando motivo
á que los de aquel tiempo, que no eran grandes latinos, le latinizasen
llamándole
Seurbium. Tampoco tenemos por prueba
suficiente el hallazgo ó existencia de algunas monedas con el nombre de
Segobrica en aquella ciudad, porque sobre
ser débil y equívoco este argumento, aun de algunas de las que se
han publicado como existentes en el Archivo del Cabildo, dice Diago,
habían sido conducidas por un obispo; y á dársele
algún valor á este argumento, más prueba á favor de
Cabeza de Griego, adonde en sola una ocasión recogió nuestro
académico el Sr. Alsinet como unas veinticuatro, no pocas el reverendo
Flórez, y adonde existen algunas entre los naturales; pero este
argumento, que parece débil, reunido á las ruinas de edificios
solo propios de una ciudad célebre, á las señales
Pero dejemos á parte estas conjeturas; y volvamos á ver qué fuerza puede dar á la de los valencianos la división de Wamba, de cuyo orden en contar los obispados sujetos á la metrópoli toledana, y del señalamiento de términos entre estos, nos parece se sacan dos argumentos poderosos en favor de nuestras sospechas. Entre los códices publicados por Loaysa se propone en la página 133 de su colección, uno de la Iglesia de Oviedo, escrito en carácter gótico; y en él refieren las iglesias sujetas á Toledo en la forma siguiente: Oretum, Mentesa, Acci, Asti, Urgi, Bigastrum, Illice, Sætabis, Denia, Valentia, Valeria, Secobrica, Arcabrica, Complutum, Segontia, Oxoma, Secobia, Palentia. Ya se ve que por este orden resulta que empezando en Oreto, que suele reducirse á las inmediaciones de Calatrava baja la noticia al Mediodía hasta encontrarse con el Mediterráneo, y que sigue dando noticia de las ciudades obispales de su costa en busca del Oriente hasta llegar á Valencia; vuelve desde allí al Norte hasta Segontia, y desde esta al Poniente hasta Palentia, sin colocar silla intermemedia entre Valentia y Valeria, y poniendo la de Secobrica ulterior á esta, y por consecuencia más al Norte, que es el punto adonde corresponde nuestra Cabeza del Griego. El segundo argumento es la división de términos.
Esta dice que
Valentia tenga desde Silva á
Morveto, y desde el mar hasta Alpont. No nos empeñaremos en descubrir
los dos puntos primeros sobre que pueden verse á los autores
valencianos; pero confesando estos que Alpont corresponde al moderno Alpuente,
que
El ya expresado códice propone por término más septentrional de Segobrica un pueblo llamado Obvia; y nosotros creemos pueda ser un lugar inmediato á los baños de Trillo, de quien con el nombre de Obila habla Pons en el tomo 13, pág. 43. El mismo códice propone los términos de Arcabrica empezando en Alpont y acabando en el ya dicho Obvia; lo que nos hace conjeturar que Arcabrica cogía en su término ó línea occidental todo el largo oriental de los obispados de Valeria y Segobrica, y que empezando hacia el reino de Valencia venía á confinar con el obispado de Compluto hacia dichos baños de Trillo. Creemos que esta explicación será suficiente para que se comprenda á lo que se dirigen nuestras conjeturas; y no nos detenemos en la opinión común de los que suponen la primitiva existencia de la silla Segobricense en la ya dicha ciudad de Segorbe. El tercer punto sobre que nos habemos propuesto informar
á la Academia, es la aplicación de los venerables obispos cuyos
sepulcros se han descubierto en nuestras ruinas á determinada iglesia de
las conocidas en nuestros catálogos. Para ello debemos suponer que tanto
número de Prelados en un mismo templo, como aquí se verifica, es
una señal casi indubitable de que aquella iglesia es su legítima
Sede, y la ciudad adonde esta se halla la que denomina su obispado; y que
á no ser así, no se omitirá por lo común en las
lápidas sepulcrales el nombre de los obispados en aquellos obispos que
se entierran en su catedral; con que el no hallarse expresada esta
circunstancia no debe ser argumento para excluirlos de una Sede, que casi
dejamos demostrado haberse | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||