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    Castelvines y Monteses
     Lope de Vega
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Jornada II

Las personas que hablan en la segunda jornada.
 

 
TEOBALDO.
FESENIO.
OTAVIO.
JULIA.
CELIA.
ROSELO.
ANSELMO.
ANTONIO.
MARÍN.
FABRICIO.
DOROTEA.
Un CAPITÁN.
El SEÑOR DE VERONA.
LUCIO.
TEODORO.
El CONDE PARIS.
 

Sale TEOBALDO y FESENIO.

 
TEOBALDO
¿Y queda ya en la iglesia Dorotea?
FESENIO
En ella está; mas triste y con cuidado,
que dos Montesas: Dorida y Andrea,
de su lugar quitaron el estrado.
TEOBALDO
¿No había un Castelvín allí?
FESENIO
Aunque sea
5
de todo el bando el más determinado,
solo no ha de atreverse; y fuera desto,
no ha de ser en la iglesia descompuesto.
Ya quise hablar con él, pero en un punto,
-fol. 296-
tantos Monteses juntos acudieron, 10
que parece que estaba el bando junto,
y así los Castelvines se rindieron.
TEOBALDO
¿Cómo rendir?
FESENIO
Callar.
TEOBALDO
Eso pregunto,
y aun en solo callar cobardes fueron.
¿Y dónde está mi hija Dorotea? 15
FESENIO
Callando está, que tu quietud desea.
TEOBALDO
En fin, ¿que las señoras Castelvines,
inferiores están a las Montesas?
FESENIO
No es bien que de esa suerte lo imagines,
si en peso de la paz, tu quietud pesas. 20
TEOBALDO
Apostaré que echaron los cojines
dos leguas del estrado.
FESENIO
Si profesas
el sosiego y la paz de tus parientes,
¿por qué tu agravio en tanto estremo sientes?
¿Quieres dar ocasión a que por dicha 25
tomen las armas y se pierdan todos,
y se atribuya a ti tanta desdicha?
TEOBALDO
¿Pues sufriré tan descorteses modos?
FESENIO
Y si no hay libertad hecha, ni dicha...
TEOBALDO
¿No es libertad hacerse de los godos, 30
y quitar un estrado de una dama
de nobles padres y de casta fama?
 

(Sale OTAVIO acompañando a JULIA, CELIA y CRIADOS.)

 
JULIA
¿Y vuestra hermana ha venido?
OTAVIO
Habrá una hora que salió.
JULIA
¿Tanto madrugó?
OTAVIO
Pensó
35
que te hubieran advertido
de la fama deste padre
que hoy predica, y que vinieras
antes.
JULIA
Si tú lo dijeras
a noche, primo, a mi madre, 40
ya estuviéramos acá,
que es devota por estremo.
OTAVIO
Que haya gente y damas temo.
Bien llena la iglesia está.
TEOBALDO
¿Es mi hijo aquel?
FESENIO
Sospecho
45
que la dama que acompaña
es su prima.
TEOBALDO
Cosa estraña.
FESENIO
Es ídolo de su pecho.
Ya se entran.
TEOBALDO
Di que le llamo.
FESENIO
Voy.
TEOBALDO
La deshonra me incita,
50
me premia y me solicita,
tanto esta gente desamo.
Yo, que siempre a mis parientes
la paz les aconsejaba,
porque entonces no pasaba 55
por estos inconvenientes,
agora a la guerra incito,
-fol. 297-
que en juzgar cosas ajenas
o propias, malas o buenas,
menos libertad permito. 60
 

(Salen OTAVIO y FESENIO.)

 
OTAVIO
Mi padre me llama.
FESENIO
Aquí
te espera.
OTAVIO
¿Qué es lo que mandas?
TEOBALDO
¡Qué descuidado que andas
de lo que me importa a mí!
Para acompañar tu prima, 65
gran punto y lisonja vana,
pero no para tu hermana,
que tu amor en tanto estima.
¡Oh, qué bien echa de ver
en esto tu liviandad! 70
La honra y la autoridad
dejas, Otavio, perder,
por andar tras los antojos
de un imposible.
OTAVIO
¿A qué efeto
me riñes?
TEOBALDO
Yo te prometo
75
que no me faltan enojos,
Otavio, por tu ocasión.
Si con tu hermana vinieras,
y que lo es tuya hicieras
alguna demostración, 80
no me viera yo corrido,
ni en el estado que estoy.
OTAVIO
¿Cómo corrido?, ¿pues hoy
qué puede haber sucedido?
TEOBALDO
Si yo tuviera tus años, 85
si yo tus fuerzas tuviera,
hoy, hijo, la patria viera
sucesos varios y estraños;
y pues el tenerte amor
no me puede reportar, 90
ya debes de imaginar
que me han tocado al honor.
OTAVIO
¿Qué dices?
TEOBALDO
No te alborotes
hasta que me escuches bien.
OTAVIO
Eso es bueno, y que también 95
de ser cobarde me notes.
¿Quién te ha ofendido? Habla presto.
TEOBALDO
El estrado que a tu hermana
pusieron esta mañana,
le han quitado y descompuesto. 100
OTAVIO
¿Quién?
TEOBALDO
Tú lo sabrás allá.
OTAVIO
Aguárdame, padre, aquí.
TEOBALDO
No te animaba yo a ti
solo por quedarme acá;
a tu lado estaré bien. 105
OTAVIO
¿No has de entrar?
TEOBALDO
Tengo de entrar.
FESENIO
¡Que le ha querido incitar,
 

(Entrense los dos.)

 
y le vaya ayudar también!
Por Dios que es poca prudencia.
 

(Entren ROSELO y ANSELMO.)

 
ROSELO
Aquí ha entrado acompañada 110
de Otavio.
ANSELMO
Por olvidada
la juzgaba en esta ausencia,
que no me has escrito cosa
en que de Julia tratases.
ROSELO
Porque no te alborotases, 115
o no te fuese enojosa,
fuera de que tal secreto
no es para carta.
FESENIO
Estos son
Monteses, triste ocasión
si el enojo llega a efeto. 120
Quiero entrar a ver qué intenta
Otavio.
ANSELMO
Secretos tienes
en su amor.
 

(Éntrese FESENIO.)

 
ROSELO
A tiempo vienes,
que es forzoso el darte cuenta
del estado de mi amor, 125
-fol. 298-
porque hay una historia rara,
después que fuiste a Ferrara.
ANSELMO
Ya te escucho con temor.
ROSELO
La noche, Anselmo, que fuiste
a acompañarme contento, 130
para que pudiese hablarla
por las paredes del huerto,
concertamos que algún día
que pudiese, con secreto
ir a la iglesia, tuviese 135
para hacer el casamiento
prevenido o engañado
al beneficiado Aurelio,
porque quedasen allí
nuestros desposorios hechos. 140
Yo puse tanto cuidado,
que aunque él no pensaba hacerlo,
se dispuso a mi gusto,
con lágrimas y con ruegos.
Vino Julia a una capilla, 145
sola con Celia, diciendo
que quería confesarse.
Fuéronse los escuderos.
Entramos Aurelio y yo,
y la voluntad sabiendo 150
de los dos, nos dio las manos.
ANSELMO
¡Qué notable atrevimiento!
ROSELO
Porque si vio que los dos
habíamos presupuesto
la destruición de Verona; 155
si se escusaba de hacerlo,
porque si yo la robaba,
era poner a sus deudos
y los míos en peligro
de mil trágicos sucesos, 160
finalmente nos casó.
ANSELMO
Mejor dijeras, Roselo:
«finalmente fue mi fin»;
pues el mismo daño espero,
cuando se sepa el agravio. 165
ROSELO
No será queriendo el cielo.
ANSELMO
¿Puede dejar entenderse,
Roselo, tu pensamiento,
ya paseando de día
su calle, a su reja atento, 170
ya, como agora, en la iglesia?
ROSELO
En eso, Anselmo, procedo
con la cordura que basta.
ANSELMO
¿Pues hay hombre, amando, cuerdo?
ROSELO
No paseo yo su calle, 175
y de milagro a este templo
vengo a misa.
ANSELMO
¿De qué suerte
os veis?
ROSELO
Sin peligro, Anselmo.
ANSELMO
¿Cómo?
ROSELO
Poniendo una escala,
las más noches con silencio, 180
a la pared del jardín
de los naranjos y cedros,
bajo; y Celia, que me espera,
me guía hasta su aposento,
donde primero que el alba, 185
peine esos rubios cabellos.
Ya doy la vuelta a la escala,
donde Marín llega presto,
subo, y diciendo, y en casa
de día descanso y duermo. 190
ANSELMO
¿Y eso no tiene peligro?
ROSELO
No Anselmo, que cuando llego
todos duermen en Verona.
ANSELMO
¿Y no está Otavio despierto?
ROSELO
Otavio la quiere bien, 195
pero el peregrino ingenio
de Julia sabe engañarle.
ANSELMO
¿Cómo?
ROSELO
Por el mismo huerto,
desde las diez a las doce,
habla con él, y él con esto 200
vase acostar a su casa.
ANSELMO
Ingenioso pensamiento;
con eso andará seguro.
-fol. 299-
¿Pero tú no tienes celos
de que hable con tu esposa? 205
ROSELO
No, porque los oigo y veo
muchas veces, escondido,
y sé que es lenguaje honesto
el que pasa entre los dos.
ANSELMO
¿Y el tuyo?
ROSELO
Licencia tengo
210
de marido.
ANSELMO
¿Luego ya
en la posesión te ha puesto?
ROSELO
Pues si ya estamos casados,
¿quién nos obliga a respeto?
ANSELMO
Tiemblo de lo que me dices. 215
ROSELO
Yo con el calor no tiemblo.
ANSELMO
¿No te da miedo la casa?
ROSELO
Nada, Anselmo, me da miedo,
porque amor y posesión
son valientes en estremo. 220
ANSELMO
Ya no sé qué aconsejarte.
ROSELO
Mi bien no quiere consejo,
porque es llover en la mar
dar consejo a casos hechos.
ANSELMO
¿Pues qué habéis de hacer ansí? 225
ROSELO
Aguardar, Anselmo, al tiempo,
que levanta humildes valles
y humilla montes soberbios.
 

(Ruido de espadas dentro.)

 
ANTONIO
¡Fuera, cobardes Monteses!
FABIO
¡Fuera, infames Castelvines! 230
ROSELO
¿Qué es esto?
TEOBALDO
No te imagines
tan soberbio.
ANTONIO
Aunque tuvieses
sobre ellos estos cojines,
de allí te los quitaría,
y en el infierno pondría. 235
FABIO
¡Calla, que mientes!
ANTONIO
Afuera.
ROSELO
Mi padre es aquel.
ANSELMO
Espera.
ROSELO
¿Que espere?
ANSELMO
Por vida mía.
 

(Salgan al teatro las espadas desnudas, y póngase a una parte ANTONIO, CASTELVÍN, TEOBALDO, OTAVIO y FESENIO; y de la otra: FABRICIO, LIDIO, MARÍN y ANSELMO, y en medio solo ROSELO.)

 
ROSELO
Anselmo, a mi padre llega,
que Julia a ponerme obliga 240
en medio aunque me lo niega
la sangre.
ANSELMO
No hay más que diga,
quien de amor tanto se ciega.
ROSELO
¡Ah, caballeros!, teneos,
que aunque soy Montés y mozo, 245
no con tan malos deseos
que en vuestro daño me gozo
de vengativos trofeos.
¿Sobre qué fue la quistión?
¡Bueno está!, ¡bueno está ya!, 250
valga esta vez la razón,
pues que tan sigura está
la nobleza y la opinión.
Todos sois tan bien nacidos
como Verona lo sabe, 255
todos fuertes y atrevidos.
¿Es el negocio muy grave?
OTAVIO
Los nuestros, los ofendidos.
ROSELO
¡Cuéntalo, Otavio, por Dios!
OTAVIO
Mueran.
ROSELO
Refiérelo, Otavio,
260
que no es eso de hombre sabio.
OTAVIO
Mejor fuera entre los dos
averiguar este agravio,
y que se fueran los viejos.
ROSELO
Padre tengo aquí, y me holgara 265
ya mejor para consejos;
pero en que te amo repara,
-fol. 300-
aunque de amarme estas lejos.
OTAVIO
Que no quiero yo tu amor.
ROSELO
Ni yo el tuyo.
OTAVIO