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Juan F. Riaño
La Comisión de monumentos de la provincia de Oviedo pide al señor ministro que se declaren monumentos nacionales, históricos y artísticos, las iglesias de San Miguel de Lino y Santa María de Naranco. Encargado de informar acerca de este asunto, tengo la honra de exponer á la consideración de la Academia las siguientes observaciones: Apenas hace un año que la activa é inteligente Comisión de Oviedo descubrió los fragmentos desconocidos del ara primitiva del altar de Santa María de Naranco, dando origen á que la Academia publicase en su BOLETÍN de Agosto último el dibujo de la piedra, con el letrero latino que la rodea, y juntamente la notable y extensa Memoria publicada por la Comisión. Del epígrafe, grabado en los
cuatro costados del ara, se deduce que D. Ramiro y su mujer Paterna
construyeron sobre otro edificio arruinado la iglesia de Santa María de
Naranco, en el año 848 de la era cristiana. No hay ya, por consiguiente,
lugar á dudas en cuanto á la fecha y personas que levantaron el
templo, quedando además sin fuerza la opinión, que había
comenzado á prevalecer, de que la iglesia no fué otra cosa sino
una dependencia del palacio que el mismo rey labró en aquella localidad.
La Comisión presenta dos versiones del letrero del ara, y en
Observo que la inscripción no refleja, bajo el punto de vista de la redacción y del estilo, los vicios de la época de decadencia á que pertenece. Está escrita en latín bastante correcto, no descubre faltas de ortografía, y demuestra, en suma, que su autor poseía el conocimiento de la lengua. Sentado este precedente, y volviendo á la frase mencionada antes, encontramos que se emplea la palabra edificar con aplicación á una sola piedra, al ara; y además de esto, se escribe la última voz con H, Haram. ¿Será que, tomando la parte por el todo, han querido significar que se edificó un templo? ¿Deberemos considerar la H, que se opone á la ortografía latina, como error del que grabó las letras? Aceptadas ambas soluciones, queda terminada la cuestión; pero si en vista de la corrección que domina en lo restante del epígrafe, la Academia desea penetrar un tanto en el asunto de estas que, señalo como faltas, cabe recordar algunos antecedentes que se presten á discutirlas. Tomada la palabra
Aedificasti en su sentido recto, no se
puede aplicar al hecho de labrar una sola piedra. No hallo ejemplo que lo
justifique en los léxicos, ya se refieran al período
clásico, ya al latín que se usaba en los tiempos medios. Buscando
de igual manera el sentido recto de la palabra Haram, escrita con H como se ve
en el dibujo, tampoco es posible que se entienda aplicada á lo que
representa el ara de un altar.
Hara, según el Diccionario latino,
equivalía á
establo, vivero, muladar, y análogas
significaciones continuó teniendo durante la Edad Media. De este modo
define la palabra Rodrigo Fernando de Santaella en su Vocabulario
eclesiástico dirigido á la Reina Católica: «Ara.
graece. piedra en latino. Ara. arae. foe. ge. el altar... Sed hara con h. es
Zahurda. ó cama de puercos. assi que son differentes. porque ara por
altar, produce la primera syllaba: y no se escriue con h. y por la Zahurda la
tiene breue y se escriue con h.» Estas indicaciones
Me atrevería á aconsejar que la Academia pidiese calcos de la inscripción, con el fin de estudiarla debidamente, y acaso entonces se descubra alguna modificación que permita establecer nuevas y más acertadas conjeturas. Nada tiene de extraño que un ligero rehundido, desdeñado antes, donde ahora leemos Haram, nos ofreciese la palabra Harahum (ú otra voz de la misma estirpe), que según Du Cange vale tanto como Locus Sacer, Basílica, y en este caso, traduciríamos sin vacilar la frase, dándole equivalencia exacta. Bien merecen estas y otras prolijas investigaciones monumentos tan insignes como Santa María de Naranco y San Miguel de Lino, objeto de continuos y justísimos elogios desde los tiempos de Ambrosio de Morales hasta los nuestros; joyas que ilustran uno de los períodos más oscuros de la historia del arte en España. Las numerosas descripciones que de uno y otro templo se han publicado, me dispensan de repetir ahora multitud de pormenores que conoce la Academia; lo cual me permite en cambio exponer algunos puntos que, en mi concepto, requieren ser sometidos al examen de su autorizada crítica. La iglesia de Santa María de
Naranco tiene planta rectangular, con dos estancias en sus extremos ó
lados menores, las cuales se comunican con la nave por medio de tres arcos que
hay en cada una de ellas. En la estancia de la parte de Oriente se halla
situado el altar, y en la opuesta, algo más elevada sobre el nivel de lo
restante del templo, no aparece indicio de haber tenido en lo antiguo destino
determinado. La decoración interior consiste en una serie de arcos
ciegos adosados á los muros de Norte y Sud, los cuales corresponden con
los indicados, que dan paso á los dos recintos de los extremos, y tanto
unos como otros afectan la forma semicircular. Entre arco y arco se destaca un
medallón redondo
Designan generalmente los autores con
el nombre de
coro la pieza que hay á los
piés de la iglesia, compañera de la otra donde se halla el altar.
No veo justificado el nombre, ni acierto á explicar el destino exacto
que tuviera asignado en su origen, cuyas razones me inclinan á someter
mis dudas á la Academia. En el tiempo de la construcción de Santa
María de Naranco, según costumbre de siglos anteriores, estaban
inmediatos é íntimamente ligados entre sí, el coro, el
altar y el presbiterio: hay sobrados ejemplos que lo demuestren, sin que falten
tampoco en el mismo principado de Asturias. Asistían entonces al coro
los clérigos de órdenes menores, en su recinto se hallaban los
púlpitos ó ambones para la lectura de la epístola, del
Evangelio, de los edictos, cte., y el personal adscripto á estos
servicios, necesitaba indispensablemente hallarse situado cerca del altar y del
presbiterio. Colocarlo á los piés de la nave, sin
comunicación posible con el Santuario ni con parte alguna, en contra del
ritual del tiempo y de todos los casos conocidos, no me parece opinión
que deba admitirse, teniendo en cuenta que se trata de un edificio del siglo
IX. La idea de que fuese narthex, exedra, baptisterio ú otro
departamento parecido, tampoco
La iglesia de San Miguel de Lino, situada á corta distancia de la anterior, se considera por los autores como coetánea de Santa María, y esto mismo se deduce del estudio de sus diversas partes. Su estructura, sin embargo, es de todo punto diferente. Consta de planta cruciforme, que acusa procedencia bizantina, como resultado de la prolongación equidistante del espacio central en el sentido de la abertura de los cuatro arcos torales. La nave, propiamente dicha, comprende solo el brazo inferior de la cruz, mientras que el superior lo ocupan el altar y presbiterio. Sobre el espacio de la nave se levanta un piso de las mismas dimensiones, construido á manera de tribuna, al cual se sube por dos escaleras laterales. También los autores designan con el nombre de coro a este recinto alto, y tampoco creo que lo fuese, por las propias razones aducidas al hablar del de Naranco. Cabe aquí, sin embargo, emitir opinión probable acerca del uso que debió tener en lo antiguo esta parte de la iglesia. Siendo como es la referida tribuna
proporcionada al tamaño de la nave, y hallándose frontera al
altar, parece dispuesta para contener la concurrencia de mujeres, separadas de
este modo de los hombres, los cuales ocuparían el mismo lugar de la
planta baja. La separación de sexos desde la primitiva iglesia en
adelante, y lo mismo en Oriente que en Occidente, es un hecho tan común
y conocido, que no debo molestar á la Academia, alegando la multitud de
citas de autores sagrados y profanos que lo demuestran hasta en sus más
pequeños pormenores, y entre los varios medios practicados entonces para
conseguirlo, era el más frecuente de todos este de que las mujeres se
colocasen en las galerías
En los capiteles y basas de las
gruesas columnas que sustentaban los arcos torales del templo, en las
archivoltas, ventanas y otros restos del edificio, se descubren curiosas
labores de carácter bizantino. En los techos se ven trozos maltratados
de antiguas pinturas, y el estado general de conservación de la
fábrica se resiente de abandono, reclamando con urgencia una
reparación discreta. En las jambas de la puerta de entrada se destacan
varias figuras de relieve bárbaramente esculpidas, que dan idea del
estado del arte escultórico en aquellos tiempos. Los asuntos
representados han ofrecido ancho campo á las opiniones encontradas de
los arqueólogos, sin que ninguno hasta ahora, que yo sepa, haya
conseguido descifrarlos. La empresa, sin embargo, no me parece tan
difícil. Las placas, sobre las que se destacan los relieves,
están divididas en tres espacios, inscritos en franjas de adorno, dentro
de los cuales aparecen las figuras. El conjunto reproduce exactamente las hojas
de un díptico de marfil de la época romana, de los que comunmente
se denominan
dípticos consulares. En el centro
del recuadro superior (que es análogo al inferior) se observa la figura
de un cónsul, sentado en la silla curul y los piés sobre el
taburete ó
suppedaneo, lleva en la mano izquierda el
cetro, insignia del cargo, y en la derecha el pañuelo
mappa circensis, que servía
para hacer las señales en los juegos; está acompañado el
cónsul de dos personas, una á cada lado, las cuales carecen de
atributos, y sospecho que sean la representación de Constantinopla y
Roma, porque se ven con frecuencia en los dípticos. El recuadro central
ostenta una muestra de los Juegos que daba ó prometía dar el
magistrado: un hombre, con látigo en la mano izquierda y palo en la
derecha, parece como que obliga á un león amaestrado, que se
presenta de pie, á que ejecute
De las observaciones que anteceden, se deduce sin esfuerzo que San Miguel de Lino y Santa María de Naranco son dos monumentos de inestimable valor artístico. Construidos en el siglo IX, cuando arreciaban las dificultades para el pequeño reino cristiano de la península, demuestran la voluntad sostenida de perpetuar por medio de obras de arte la expresión del sentimiento religioso que dominaba en aquella sociedad. La extraordinaria escasez de edificios del tiempo aumenta la importancia de estas iglesias; porque solamente cuando se estudian sus interesantes pormenores es posible apreciar la altura de conocimientos artísticos que alcanza la reducida corte asturiana, así como nos permite establecer los antecedentes que preparan la transición á la época románica, y conjeturar por igual procedimiento las influencias romanas, latinas ó bizantinas que debieron constituir en España la cultura entera de la monarquía visigoda. La necesidad urgente de que se conserven y reparen ambas iglesias, como vivos recuerdos de nuestras glorias, me mueven á proponer á la Academia que aconseje al Gobierno su inmediata declaración de monumentos nacionales. La Academia, con superior criterio, resolverá lo que estime más conveniente. JUAN F. RIAÑO. Madrid 7 Noviembre 1884.
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