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Vicente de la Fuente
D. Teodoro Creus y Corominas ha
presentado á nuestra Real Academia, su libro sobre la célebre
Abadía cisterciense de Santas Creus, intitulado:
Santas Creus, descripción
artística de este famoso monasterio y noticias históricas
referentes al mismo y a los Reyes y demás personas nobles sepultadas en
su recinto. El libro impreso en Villanueva y Geltrú, en este mismo
año de 1884, en buen papel y con buenos tipos, forma un elegante volumen
en 4.º de 222 páginas, más XIV de preámbulo.
Acompañan al texto seis preciosas láminas heliográficas
representando el costado de la iglesia fortificada y almenada, al estilo
estratégico monacal del
El autor refiere sencillamente en su preámbulo la causa ocasional de su libro: la publicación de algunos artículos en la revista La Renaixensa, en 1876, llamó la atención de la Asociación Catalanista de Barcelona, que tan bellos resultados está dando para las artes y las letras de aquel país, con gran honra suya y provecho para los amantes de ellas. Alentado por aquella Asociación el Sr. Creus, sintióse noblemente estimulado á más prolijo estudio y concienzudo exámen, de cuyas resultas publicó su libro en catalán con el modesto título de Ensayo monográfico. -Ensaitg monográfich sobre lo monastir de Santas Creus, el cual mereció los aplausos no sólo de la Comisión directiva del Album monumental de Cataluña, sino también de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, nuestra hermana. La excitación que esta hizo para que diese el libro vertido al castellano ha dado por feliz resultado este libro, aumentado además en su parte histórica, lo cual le hace ya entrar en el terreno de la jurisdicción y competencia de nuestra Academia, á la cual limitaremos nuestro informe, juzgado como está ya el libro en su parte artística, de la que no siempre podemos prescindir, según que las artes se hermanan con la historia. Sentimiento causa ver al frente de la
introducción, un pensamiento falso de Renan, que desdice del libro y de
su contenido. «Es cierto, dice el escritor francés, que perdiendo
la institución de la vida monástica el espíritu humano, ha
perdido una gran escuela de originalidad...» ¿De dónde saca
el pretendido racionalista que los monjes se despojaran del espíritu
humano? ¿Acaso se dejaban la carne y las pasiones al entrar en el
claustro? Pues
En la 2.ª cláusula dice Renan lo contrario de la anterior, asegurando que el «espíritu monástico es á pesar de todo digno de respeto por haber conservado en la humanidad una tradición de nobleza moral, siquiera fuese esto á costa de abusos y preocupaciones.» Sin duda el Sr. Creus, quiso cubrir su introducción con ese yelmo racionalista, á guisa de prólogo galeato, á fin de que los antropólogos le perdonen sus invectivas contra los profanadores de la riqueza histórica artística acumulada en Santas Creus por los que, despojados del espíritu humano, habían perdido allí la gran escuela de originalidad; pues el escritor Sr. Creus, impresionado como artista, al ver aquellas ruinas y su salvaje profanación, entra disparando bala roja contra los que llama con razón bárbaros del siglo XIX, raza que no se acaba, á pesar de esas y otras justísimas diatribas, y que promete mayores actos de brutalidad para en adelante; porque dado el materialismo científico, sórdido y grosero de las clases cultas, y aun de los que pasan por sabios y filósofos ¿qué puede esperarse del vulgo que ya pide, no, pan y toros, sino toros y pan? Pero bueno es que se levanten esas voces generosas, aunque se pierdan en el vacío, que peor fuera no se alzase alguna; y ¿cómo no había de comenzar así el Sr. Creus al describir la perdida riqueza de Santas Creus, sus profanadas tumbas, sus ruinosas bellezas artísticas? Oscura es la historia de Santas Creus,
y mezclada con inverosímiles leyendas al estilo feudal del siglo XII,
que la crítica no admite fácilmente, regalándoselas
á la poesía, de la cual salieron en romances de trovadores y
menestrales. Lo más sencillo es lo más cierto, pero la
imaginación no siempre se aplaca con aquello que satisface á la
razón. La casa de Moncada ofrece fundación á mediados del
siglo XII (1150) á unos monjes provenzales, para erigir en honor de la
Virgen María un monasterio en su montaña de Cerdañola, y
los cirtercienses vienen de la Gran Selva á fundar
Viene luego la disputa de antigüedad con el otro monasterio de Poblet: esto era también de rigor, y el autor la resuelve á favor de Santas Creus. Entra en seguida á describir la parte arquitectónica de la iglesia en su exterior estratégico y su interior desnudo de belleza en su nave central. Hay observaciones que hacer respecto á estas dos cosas. En el extranjero se ha escrito ya bastante sobre lo que se ha dado en llamar arquitectura estratégica eclesiástica. Que esta obedecía á veces á la necesidad de la defensa es indudable, cuando los monasterios estaban cerca del mar ó de fronteras enemigas. A veces y por motivos análogos, se explica este género de arquitectura por las luchas con los señores feudales y los obispos, y los pleitos entre unos y otros. Pero yo creo que en muchos casos no pasaba de ser un capricho. ¿Qué significaban por ejemplo las murallas y fortificaciones de los monasterios de Piedra y de Veruela, levantadas por el abad D. Fernando de Aragón en el siglo XVI, cuando de nadie tenían que defenderse? Había allí mucha y buena piedra, y en vez de las primitivas tapias hicieron altas y sólidas murallas almenadas, para que no las escalaran fácilmente los que quisieran molestarles, ó arrebatarles sus frutos ó sus muebles. En cuanto á la desnudez de las
primitivas iglesias cistercienses, debe tenerse en cuenta que San Roberto y sus
discípulos y San Bernardo, se separan de los cluniacenses, huyendo de
sus privilegios, exenciones, lujo y riquezas. Las cartas de San Bernardo sobre
esto fueron el pasto delicioso de los jansenistas del siglo pasado, que se
sabían de memoria sus enérgicas invectivas contra aquellos. Pero
hay frases en la pluma de los santos, que debemos mirar con reparo cómo
las usamos los que no somos tales ni con mucho. Por eso los primitivos
cistercienses no querían iglesias
En Santas Creus hubo de cambiar todo esto desde el momento en que su iglesia hubo de pasar á ser panteón regio. ¿Por qué motivo los hijos de D. Jaime el Conquistador prefirieron el enterrarse en Santas Creus, mejor que en Poblet junto al sepulcro de su padre? Ni D. Pedro el Grande, ni sus hermanos corrieron siempre bien con éste, ni aquél se mostró siempre muy afectuoso con sus hijos legítimos, cegado por la pasión desmedida á favor de los espúreos y adulterinos, alguno de los cuales se tomó la molestia D. Pedro el Grande, de hacer que lo ahogaran en el Segre, por haberse sublevado contra él y contra su padre, á quien castigaba Dios por do más pecado había. Pero muertos estos dos Reyes, D. Pedro y su hijo D. Jaime, los Reyes siguientes continuaron enterrándose en Poblet. Las noticias históricas que ilustran el texto del tomo en su parte 5.ª y última, son tan interesantes ó más que las del resto de aquel libro, y comprenden una tercera parte de él (páginas 115 á 208). En el número 20 está la tradición relativa al cautiverio y libertad milagrosa del almirante D. Galceran de Pinos, en la que hay petición de cien doncellas para librarle. Los moros no se ponían por poco, pues pedían todo por cientos: cien caballos blancos, cien vacas, cien paños de brocado y 100.000 doblas de oro. Ya iban andando las cien doncellas catalanas dispuestas y resueltas á ser mártires, á pesar de los halagos que les hicieran los moros, cuando quiso Dios que se libraran de tan terrible prueba, sacando milagrosamente del cautiverio al dichoso almirante, que se halló cerca de Tarragona con los conductores de todos aquellos centenares de personas y cosas pedidas por su rescate. Los documentos más curiosos
entre otros varios, son los contenidos en los números 30 y 31. En el
primero consta el nombramiento
En el 31 se prueba la prelación y precedencia de Santas Creus sobre Poblet, con documentos irrecusables sacados del mismo monasterio de Claraval, varias sentencias rotales, y la bula de Benedicto XIV fallando á favor de Santas Creus, é imponiendo perpetuo silencio á la parte de Poblet, en 1751. Merece pues plácemes el autor de la historia de Santas Creus por el libro con que ha venido á enriquecer nuestra literatura histórica, y no creo perdido el tiempo invertido por la Academia en escuchar este juicio acerca de su mérito histórico, á no ser por lo desaliñado del informe. VICENTE DE LA FUENTE. Madrid 29 de Diciembre de 1881.
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